El infierno musical de las palabras
El pasado viernes 21 de marzo se realizó, en el Centro Cultural Estación Esperanza, el
evento poético-musical denominado “El festivalito”, una mixtura entre música,
performance y poesía que reunió a diferentes artistas de Rafaela, Santa Fe, Rosario y
Buenos Aires.
Acto I
El escenario, mínimo pero atestado de sillones, banquetas, amplificadores, micrófonos y
cables, más algunos objetos absurdos a medio camino entre lo kitch y lo bizarro
(percheros en desuso, lamparillas a kerosene) le daba a la noche un aire cálido y un
color especial, como de fiesta. Allí, sentado sobre una alfombra y acompañado por el
furioso fondo musical del guitarrista Mono Marchesini, Alejandro Menardi dio inicio a
la frescura de El Festivalito leyendo varios poemas de su nuevo libro, Instantáneo,
recientemente editado y distribuido de manera artesanal e independiente. Con las sutiles
pausas de su tono cadencioso, el poeta local desprendió las reminiscencias a
cotidianeidad absurda y vacía de sentido que tan nítidamente rebalsan sus textos. Así, la
televisación de la realidad y el amor como única salvación posible hacen de Instantáneo
la lógica continuación de Pop, el anterior poemario de Menardi. Luego fue el turno de
Francisco Marzioni, otro escritor rafaelino que presentó varios trabajos de su primer
libro, Remeras Rockeras, de próxima aparición. Con gran soltura y buen manejo
escénico, lo mejor del repertorio de Marzioni fue La palabra justa, su poema en clave
de homenaje al escritor montonero Paco Urondo. Tomando aquella consigna memorable
de “empuñar las armas para encontrar la palabra justa”, el texto funcionó como una
relectura hecha desde el siglo XXI, es decir, de vuelta de las utopías revolucionarias,
para indagar en los inauditos márgenes de lucha por el sentido trascendente de las
palabras que pueden abrirse a cada paso, incluso en los rincones aparentemente
inocentes del ámbito doméstico. A continuación, el poeta, novelista y músico
entrerriano residente en Santo Tomé, Fernando Callero (cuya novela El espíritu del
joven Borja, publicada en 2007 en el sello editorial Bajo la luna, continúa cosechando
una buena acogida entre críticos y lectores), brindó un exquisito show mediante la
lectura de dos largos poemas inéditos. Envuelto en una extraña parquedad, Callero evitó
caer en sus acostumbradas excentricidades y ofreció, con destellos de una sobriedad
impactante, el paisaje agreste de El albañil, poderoso texto que se funda en el
despliegue de las líneas imaginarias de una relación amorosa subyacente bajo la soledad
de dos albañiles. El albañil temeroso / le escribe confundido en la mente / este poema
de amor a su compañero: / no sé qué podría estimularme / más que ser llamado a
comparecer / a los pies de tu trono magnífico, retumbó la voz de Callero en las paredes
desgastadas del galpón. Más tarde, la experimentada poeta rafaelina Margarita Oliva
ofreció varios poemas cortos e inéditos, más algunos escritos “en proceso de
culminación que conforman un borrador”, como afirmó al terminar su lectura. Así se
llegó a la primera performance de la noche, que estuvo a cargo de la escritora rosarina
Mercedes Gómez de la Cruz, quien interpretó algunos pasajes de su poemario Soy
fiestera, publicado en 2006 por la editorial cordobesa e independiente La Creciente.
Excitada por los vaivenes de la música bolichera emanados desde los pequeños
parlantes de un equipo casero, Mercedes Gómez de la Cruz bailó, cantó y zarandeó su
violeta boa de plumas, encandilando a los espectadores con los brillos espejeantes de la
cartera forrada con lentejuelas que colgaba del micrófono. Sientan la piel moverse / la
sangre activar el bum bum / del corazón / sin desazón estarán / después de danzar / y
será / más liviana la luz de la mañana / cuando vuelvan al hogar, invitó la poeta, para
terminar en la repetición frenética de una pregunta que buscaba sacudir al público con el
mejor estilo de Raymond Carver: ¿Por qué no bailan? / ¿Por qué no bailan? De esta
manera, el primer acto llegó a su fin cuando el músico local Pablo Fernández interpretó
varios covers y algunos temas propios, entre los que se destacó su balada Extraño.
Acto II
La segunda parte de El Festivalito comenzó con una esotérica performance realizada por
Luis Meinberg, el escritor y músico local, fundador y cantante de la inclasificable banda
de rock Olga Zubarry. Luego de leer un par de poemas, Meinberg empezó a retorcer el
cuerpo algodonoso de una muñeca hasta terminar arrojándola por los tensos aires que a
esa altura ya se habían instalado a su alrededor, mientras pronunciaba un furioso grito
de guerra lanzado a los pies del público: ¡he parido a la hija del universo, los he parido
a todos ustedes! En silencio, Meinberg cerró abruptamente su participación retirándose
del escenario para dar paso a Francisco Bitar, el poeta, traductor y ensayista oriundo de
Santa Fe que leyó algunos textos de su libro Negativos, editado en 2007 por el sello
independiente El niño Stanton. Con voz cortante y seca, sin falsas impostaciones Bitar
tendió en el aire el mantel necesario para un banquete hecho a base de sus poemas,
dignos del mejor objetivismo: aquel que no se trunca en nombrar solamente a las cosas,
sino que también señala los fenómenos y los mecanismos que las unen. El amor y lo que
queda de él en la familia, las horas muertas de la jornada vistas a la luz de una tenue
lámpara en el living de la casa, ritos como el almuerzo, la cena y la salida con amigos,
son algunos de los paisajes que trasuntan sus versos y que inevitablemente dejan al
descubierto una carga de incomodidad, la parte oscura de lo que es real y se muestra a
los ojos del poeta. Después de la participación de Bitar, subió al escenario el escritor
local Gustavo Lombardo, que deleitó a los presentes con la lectura de tres cuentos
pertenecientes a su libro De piecitas y pensiones, publicado en el año 2004. Así, el
integrante del grupo Prima Liter ofreció su imponente presencia, su voz aguardentosa y
su indiscutible talento para despertar las carcajadas de un público ávido por encontrar
un resto de humor en el medio de la noche. Ya cerrando la vasta ronda de lecturas, el
joven escritor de Buenos Aires y creador de faniznes, Esteban Yáñez, realizó la última
performance de la noche. Acostado en la camita ubicada en el fondo del escenario,
Yáñez balbuceó durante un rato unas palabras inaudibles hasta que, parándose de un
salto, hizo que penetraran en los oídos de quienes aun quedaban en el lugar: matar sin
más es más grave que matar para comer. Finalmente, El Festivalito tuvo su epílogo de
lujo en las canciones interpretadas por el guitarrista local Pablo Morales, acompañado
por Emanuel Borgna en percusión.
La noche de los mecanismos
Con las primeras aceleraciones
por la mañana y temblando
gotea el escape del auto,
se descongela el caño
frizado durante la noche
con el humo caliente que le pasa
procedente del motor.
El conductor también sopla en sus manos,
todos los vidrios se empañan
y el motor de golpe se ahogó;
se escucha solamente el tren ahora
desfilando en alguna parte.
El mecánico en su pozo
levanta los brazos hacia la extraña noche
de mecanismos cubiertos de tierra y hollín
bajo el piso del auto.
Francisco Bitar
Tapa:
La noche del verso
Voces y sonidos de El Festivalito, un cruce entre escritores, músicos y performers de
Rafaela, Santa Fe, Rosario y Buenos Aires. Lo que dejó la primera realización de un
evento que apunta a generar y sostener un espacio de encuentro e interacción entre los
géneros artísticos.