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Persecución del protestantismo en Colombia

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Persecución hacia los protestantes en la República Liberal (1930-1946): la

intransigencia católica como medio para mantener su hegemonía


Joan David Acuña Orozco – 2190956

Introducción
La discordancia que se generó dentro del Partido Conservador abrió el camino para
que el liberalismo ganara las elecciones presidenciales y llegara al poder por primera vez en
el siglo XX; hacía más de 40 años del último gobierno rojo. Esto mismo dio a luz a lo que
posteriormente sería conocido como la República Liberal en la cual, durante dieciséis años
ininterrumpidos, pasaron ellos a tener la autoridad. Con esto se inició, también, un período
de cambios sociales y estamentales en los cuales la religión también ser vería inmiscuida.
Como ya es bien sabido, el pensamiento liberal colombiano se inspiraba en las ideas
modernizadoras provenientes de Europa -especialmente Inglaterra y Francia- y de Estados
Unidos. Las grandes potencias mundiales entendieron que el camino a seguir para la
consolidación de su hegemonía estaba marcado por la separación del Estado y la Iglesia
católica, además de que la segunda debía actuar en favor del primero y no de otra manera 1.
Así fue como se le abrió camino al capitalismo como modelo económico que le permitió a
los países mencionados aumentar las diferencias entre el ‘primer mundo’ y el resto del
globo terráqueo. Estas consideraciones aterrizaron nuevamente en Colombia en la década
del 30 del siglo XX2 y dieron mucho de qué hablar en lo largo y ancho del territorio
nacional.
Ahora, sería imposible pretender que de un día para otro se erradicara el catolicismo
del imaginario social colombiano decimonónico. Es más, el estar enlistado en el Partido
Liberal no era sinónimo de rechazar la existencia de Dios; muchos de los líderes liberales
profesaban su fe a la par que sus nociones políticas. Inclusive, la totalidad de los
conservadores no eran creyentes, lo que demuestra una heterogeneidad dentro de los
partidos políticos tradicionales respecto a las cuestiones religiosas. Sin embargo, también es
cierto que estas personalidades liberales requerían de una religión que no viera con recelo
su pensamiento, por lo que terminarían encontrando en el protestantismo estadounidense
una vía para continuar profesando su fe.
Es así como la República Liberal le abriría las puertas de Colombia al
protestantismo, pues vio en él la herramienta predilecta para llevar a cabo su proyecto
modernizador, para el cual se requería la secularización de la sociedad y poder implantar
una serie de reformas3. Esto a razón de que era necesario quitarle fuerza a la Iglesia, ya que
1
Claro está que Inglaterra contaba con su propia iglesia ortodoxa y que, en este sentido, allí las cosas se
distanciaban de los países con presencia del catolicismo. España, por su parte, además de haber perdido su
hegemonía, estaba emparentada con la Iglesia.
2
Recordemos que Fue Francisco de Paula Santander el primero en interesarse por limitar la influencia de la
Iglesia en las decisiones del Estado, a la par que quiso utilizarla para poder realizar su proyecto republicano.
3
Reformas de índole social, cultural y educativo. Precisamente, fue la educación la que más malestar causó en
la Iglesia católica.
se había convertido en la gran piedra en el zapato que le negaba toda posibilidad de
progreso a la nación. La otra cara de la moneda era que, gracias a la romanización
evidenciada en el siglo XIX, la Iglesia católica se veía a ella misma como el estandarte de
los valores sociales.
El choque entre protestantismo y catolicismo fue muy grande y quienes saldrían
peor librados serían los misioneros. Es esto lo que tratará de demostrarse a lo largo del
presente ensayo al afirmar que la Iglesia llevó a cabo una campaña de represión hacia el
protestantismo debido a su afinidad con el liberalismo y su aporte a la secularización de
Colombia, a pesar de negarlo por medios oficiales. Se hará uso de ciertos acuerdos y
resoluciones resultantes de las Conferencias Episcopales de Colombia, tomo I (1908-1953)
para darle sentido a la tesis planteada.

El asentamiento de las misiones protestantes en Colombia durante la República


Liberal
El Partido Liberal vio con buenos ojos que las misiones protestantes se consolidaran
en Colombia porque estas estaban fundamentadas en los principios capitalistas
estadounidenses, lo que a la larga podría haber significado que se replicara en nuestro país
este modelo económico; las leyes empezarían a cambiar en favor de este fenómeno. Con la
República Liberal se daría inicio a una industrialización en ciertas zonas como, por
ejemplo, el eje cafetero, el Urabá antioqueño o el Valle del Cauca, territorios clave para la
economía nacional gracias a la agricultura y a la extracción de materia prima.
Decir que el gobierno liberal determinó de antemano las zonas en la que se
asentarían los protestantes sería erróneo, de la misma manera que argumentar que estos no
tuvieron una participación activa en la toma de decisiones concernientes a su metodología y
que simplemente se limitaron a seguir órdenes. Los misioneros entendieron que llevarían
las de perder si entraban en la disputa por la fe de los colombianos de manera directa,
debido al sentimiento católico tan impregnado en la zona central del país, por lo que
pasarían a concentrarse en los lugares a los que ni siquiera la Iglesia había podido -o
querido- evangelizar. Entonces, fue el protestantismo el que asumió la tarea de convivir con
aquellas personas a quienes los gobiernos conservadores habían ignorado tiempo atrás y de
esta manera empezar a promulgar la fe.
Nos referimos a zonas periféricas a las cuales el Estado no había llegado con
anterioridad y que necesitaban ponerse a disposición para llevar a cabo un proyecto
modernizador. Lo importante es que estos lugares contenían a potenciales fieles para
encarrilar en el proyecto protestante y empezar a mover fichas en el tablero de la fe, cosa
que no dejaría pasar por alto. Allí donde llegaron las misiones se empeñaron en persuadir a
los más necesitados para darles cura a sus almas tan golpeadas por la desigualdad social y
por la violencia de finales del XIX e inicios del XX.
El protestantismo posee una gran capacidad para acoplarse a diferentes contextos
según lo que se requiera para ello. Cepeda sintetiza estas características en cuatro puntos,
así:
[…] 1) son pluriformes tanto en sus estructuras institucionales como en sus sistemas
simbólicos; 2) son variables de acuerdo con las condiciones de clase y por lo tanto
pueden amoldarse con relativa facilidad; 3) son movimientos no hegemónicos en la
medida en que en un principio no están ligados a la estructura del poder de los estados
nacionales; 4) son diseñadas dentro del contexto del capitalismo del siglo XIX y XX
[…]4
Cuestiones que le serían de gran ayuda para ganar adeptos en las comunidades más
humildes, en donde se podría llegar a pensar que el catolicismo estaba más arraigado. El
protestantismo no exigía que los feligreses se acoplaran a él, sino que este se adaptaba a
ellos, así pues, los campesinos tenían la posibilidad de vivir la fe cristiana sin tener que
perder lo que los definía como tales y empezaba a difundir ideas para mejorar el bienestar
social.
Consecuente a lo anterior, mediante el Pacto de Caballeros de 1929 5, las misiones
decidieron actuar en conjunto para poder extender su alcance en Colombia. Lógicamente,
no había una única gran institución protestante -ya que todas actuaban por su parte, pero
respondían a un único interés, lo que les daba la capacidad de tomar a consideración
muchas regiones que los católicos habían descuidado-, pero sí se consideraba conformar
una Iglesia Nacional protestante. Esto gracias a la adecuación de centros de operaciones
mediante los cuales se planeaba hacia dónde debían partir las referidas misiones, los cuales
fueron llamados estaciones. Los protestantes iban y volvían a sus estaciones
constantemente.
Ahora bien, como era de esperarse, la Iglesia católica no se quedaría de brazos
cruzados viendo cómo estaban invadiendo su territorio, uno en el que se había empeñado en
construir para sí misma. Es por esto que, en la cuarta resolución de las ‘Leyes de carácter
general’ del apartado de ‘Leyes nocivas a la Iglesia’ de las Conferencias Episcopales, se
condena la violación de los derechos de esta al afirmarse que:
[…] El Art. 50 de la Constitución de 1936 establece la libertad de conciencia y deja la
puerta abierta a la entrada de otras religiones, reemplazando así el Art. 38 de la
Constitución de 1886, que declaró: “La religión católica, apostólica, romana es la de la
nación; los poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial
elemento del orden social” […]6
Así se consolidaba el rechazo de la existencia de otras religiones en el país. La
Iglesia católica empezaba a reducir el espectro de las posibles respuestas para frenar la
expansión del protestantismo, ya que con el Estado en su contra tendría que hacer uso de su
influencia en la sociedad para llevar a cabo lo que las leyes ya no le permitían. Es decir, era
necesario que la institución eclesiástica llegara hasta últimas instancias para proteger sus
intereses, pues ya no contaban con un gobierno que lo hiciera por ella.
Por ende, la persecución se consolidaría como el método predilecto para reducir la
amenaza liberal-protestante, y los feligreses se enlistarían en una especie de ejército
4
Van Houten, 27
5
Jeiman 73
6
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 229.
amparado por el catolicismo. Y es que, más allá de lo que significaban las reformas en el
plano material, el liberalismo estaba negando la razón de ser de la Iglesia católica, además
de la libertad para actuar a su antojo; estaba arrebatándole “aquella misión de la cual la
Iglesia se sentía portadora”7. Era necesario, pues, probarle a la sociedad que los
fundamentos filosóficos y teológicos que le habían dado sentido no podían caducar.
El cuestionamiento a la Iglesia católica caló hondo en la institución, haciéndola
trastabillar como desde hacía tiempo no le pasaba. La República Liberal no simplemente
estaba reacomodando las fichas para un correcto funcionamiento en su proyecto en el que el
catolicismo haría parte, sino que de plano erradicó a la Iglesia de toda incumbencia
promovida por ella. Entonces, entendiendo que se le arrebató el papel del que tanto se
enorgullecía dentro del mundo, los dirigentes eclesiásticos sentenciaron en sus
Conferencias que
[…] En especial en Colombia, fue la Iglesia desde el principio, por medio de sus
misiones, la que defendió al indio de sus opresores, la que le dio instrucción y cultura
para ponerlo al mismo nivel de los colonizadores, la que atendió con obras sociales y
con obras de caridad al remedio de todos los males […]8
Gracias a esto podemos evidenciar dos cuestiones que, se podría decir, van de la
mano. La primera de ellas ratifica el grado de maleabilidad del protestantismo, ya que este
no buscaría ‘civilizar’ al campesino como lo proponía el catolicismo, sino que pretendía
acercarle la posibilidad de un progreso, pero permitiéndole seguir teniendo su esencia de
campesino. La segunda muestra que, efectivamente, la iglesia católica pretendía hacerle
saber al liberalismo que sí estaba en plena capacidad para continuar incidiendo en el
imaginario social de la nación.
El integrismo católico como legitimador de la intransigencia
Llegados a este punto considero importante señalar que la figura del protestante se
convirtió en la predilecta para llevar a cabo la represión tanto por el aspecto religioso como
por el político. Lo explico de la siguiente manera: el liberal lo era por sus convicciones
políticas, pero esto no necesariamente lo hacía renegar del catolicismo; sin embargo, el
protestante era tanto liberal en su postura política como no-católico. Se deja claro que los
azules arremetieron contra los rojos por sus diferencias ideológicas, pero en las
congregaciones religiosas muchas veces llegaron a coincidir. Mientras que, por otro lado,
un católico veía en el protestante un error que debía erradicarse sobre todo por ir en contra
del mandato de Dios. La validación, por tanto, sería un factor necesario.
Las normas que rigen una sociedad son muy claras en cuanto a lo que se considera
como legítimo y lo que se toma por arbitrario. Toda acción necesita de un trasfondo que
haga que los demás la tomen como válida sin importar la índole de ella o las implicaciones
que tenga. Por ende, si la intransigencia tiene un sentido ‘romántico’ para quienes la
apoyan, no será menos que una campaña santa y sus detractores pasarán a ser insensibles o,
incluso, promotores del mal.

7
Vázquez piñeros 318
8
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 165.
Consecuente a lo anterior, todo acto de irrespeto hacia la institución y hacia la
tradición pasa a ser catalogado como punitivo, por lo que la represión como método de
retractación se vuelca a un primer plano. Al protestantismo se le acuñó todo lo malo dentro
de las concepciones católicas y que “como consecuencia de ellos aumenta el peligro de que
se extienda en el país el indiferentismo religioso y la degradación de las costumbres, y se
quiebre la unidad religiosa y nacional”9.
Es por esto por lo que, para la continuación del presente ensayo se hace necesario
destacar el postulado de Figueroa acerca de la existencia de un ethos colombiano que será
defendido a capa y espada por la Iglesia. Este está relacionado íntimamente con la esencia
del ser colombiano y con los ideales patrióticos que se pregonan desde la fundación de la
nación, dentro de los cuales se encuentra la religión católica como regidora del orden
social10. Otros, como por ejemplo la familia y la propiedad, estaban sustentados en cierta
medida en la fe, por lo que también se vieron afectados, sin embargo, no se tratará este
tema.
También se debe hacer la diferenciación entre lo que es el tradicionalismo católico,
del integralismo religioso y del integrismo, para comprender de mejor manera porqué se dio
paso a la intransigencia como solución a los problemas. Entonces, en el intregalismo entran
a colación los elementos fundacionales de toda religión y que le dan un sentido estricto y
lógico a todo lo que derivan de ellos. El protestantismo se distancia del catolicismo en
ciertos fundamentos que claramente las hacen religiones distintas a pesar de creer en el
mismo Dios, como lo pueden ser la adoración a las imágenes, la predestinación o la
sumisión ante el Papa.
El tradicionalismo, por su parte, toma aquellas cuestiones propias de un espacio-
tiempo y que se le acuñan a una religión, lo que resulta en la apropiación de la fe por parte
de una sociedad en particular. En nuestro país se generó un catolicismo colombiano en el
que la adoración a la Virgen se hizo fundamental para su funcionamiento -no por nada el
símbolo más representativo es la Virgen de Chiquinquirá- y que confeccionó la cultura
popular. Teniendo en cuenta esto, el protestantismo llegó a romper no solo con el modo de
entender la religión sino, y más importante, con el modo de vivirla, cosa que no dejaron
pasar los católicos en ningún momento.
Por último, el integrismo hace referencia a la postura intransigente que se asume
para defender el integralismo y el tradicionalismo de una religión de cualquier peligro que
aseche11. No importa que se tergiversen los principios cristianos del amor, de la
comprensión y del diálogo si dicha postura es la que garantiza de una vez por todas la
prevalencia de la fe.
Ese integrismo como justificación para la persecución y la intransigencia hacia los
protestantes es el que llevó a la Iglesia a sentenciar que “es un deber de los Pastores el
mantener la incolumidad de la fe y evitar la perdición de las almas, trabajando por todos los
medios para que no se rompa la unidad católica de la nación”, meta que se haría realidad
9
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 294.
10
Helwar 194
11
Vázquez Piñeros, 328.
gracias a la conformación de comités antiprotestantes que “organizarán la lucha en sus
respectivos territorios de una manera conjunta pero con la debida independencia para el
desarrollo de sus actividades”12.
Fue así como la Iglesia católica hizo de la persecución a los protestantes una
bandera por la defensa de la nación para poder arremeter en su contra. Es por esto que los
párrocos empezaron a promocionar los actos violentos, ya que cada uno de los feligreses
que arremetía contra el enemigo misionero estaría, en cierta forma, protegiendo sus
creencias. Los colombianos no actuarían únicamente en nombre de la institución, sino que,
más bien, se estarían salvando a sí mismos de las sectas herejes que buscaban llevarlos a la
perdición.
La herejía dio rienda suelta al imaginario católico para arremeter contra los
protestantes. Cualquier acción hecha por ellos, desde su mera existencia, iba en contra de
los verdaderos designios de Dios y se vería reflejado en la inestabilidad social que se
generaría; empoderar a los desfavorecidos no fue bien visto por los altos mandos de la
Iglesia ya que trastocaba el orden preestablecido que se debía mantener inalterable. La
Iglesia entendió las acciones sociales de las misiones como intentos de instaurar el
comunismo en la región -a pesar de que, como ya se dijo, en realidad se encargó de
promocionar el capitalismo-, a la par que relacionaba al Partido Liberal con este.
Todo lo anterior nos sirve para comprender los motivos que llevaron a que los
colombianos católicos dentro de la República Liberal se armaran y se olvidaran de la
transigencia como método para resolver los problemas sociopolíticos. En el siguiente
apartado se mostrará cómo se pasó ‘de la teoría a la realidad’, repercutiendo en la
materialización de la intransigencia.

La intransigencia católica
El proceder de la Iglesia católica se puede tomar como si de una doble misión se
tratara. Así, frente a la posteridad rechazaba todo acto de violencia cometido hacia los
protestantes y califica esto como calumnias y mentiras al sostener q ue “el atrevimiento de la
propaganda protestante ha llegado hasta el extremo de difundir en el país y en el extranjero
informaciones calumniosas contra los católicos y contra los Prelados mismos de la Iglesia,
imputándoles incitaciones a actos de violencia”13, además de
[…] Rechazar enfáticamente las calumniosas informaciones que los pastores
protestantes han difundido en el país y en el extranjero, reñidas con la verdad, acerca
de supuestas persecuciones por parte de los católicos contra los protestantes y sólo en
con el fin de desacreditar la Iglesia […]14
No menos cierto es que la relación que los protestantes desarrollaron con los
liberales los hizo un blanco perfecto para la intransigencia, aunque la institución lo negara.
12
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 163.
13
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 293.
14
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 295.
Francisco Ordóñez sentencia que sí existió una persecución y que, en efecto, fue muy
incisiva15. Este hecho retoma la idea expuesta anteriormente de que los conservadores
consideraban urgente acabar con los protestantes.
El mal personificado dejó de ser el diablo y pasó a ser el misionero, quien gracias a
la distribución de sus biblias de muy bajo costo lograba transmitir ideas indeseadas por la
Iglesia católica. Esta asociación fue efectiva para con el pensamiento intransigente, pues
permitía salvar del pecado a los suyos. Los protestantes fueron víctimas de saqueos y
quemas a sus templos y residencias, expulsiones de las zonas en las que estaban asentados,
apedreamientos por la calle y cuando se encontraban realizando sus cultos. La
intransigencia física culminaría, por supuesto, en la muerte de feligreses y pastores.
Complementario a lo anterior, considero que un factor sustancial para comprender
la violencia vista en la República Liberal era ese carácter simbólico que iba más allá de
romper vidrios y de quemar cosas. Como ya se dijo, la Iglesia tenía la necesidad de
demostrarle al liberalismo que sus dirigentes estaban equivocados si la tomaban como
ineficaz para guiar al país hacia un punto determinado y, de una u otra forma, le
demostraría que continuaba siendo capaz de hacerlo. Entonces, qué mejor que negarle
rotundamente la estancia a la religión que había traído el liberalismo para hacerle
competencia.
Lo que se buscaba era reducir al protestante al mismo lugar que le querían asignar al
católico. La Iglesia conoce muy bien el significado que tienen las instalaciones para la fe: la
conexión entre lo sagrado y el hombre gracias a un espacio que se lo permita. Entonces,
destruir los templos protestantes era una respuesta semejante que dejar al catolicismo sin su
misión de cuidar a los creyentes. El liberalismo le quitó el objetivo primordial a la Iglesia y
ella haría lo mismo con las misiones, teniendo siempre presente que era un recado de Dios
por mostrarle oposición.
Otro tipo de violencia simbólica que se evidenció en este período fue el de la
excomunión a los infieles y a quienes cometieran actos que mancillaban la ética católica.
Precisamente, el siguiente apartado ahondará acerca de esta herramienta.

La excomunión
El historiador Pablo Moreno define a la excomunión como “una de las maneras que
la Iglesia católica utilizó para controlar la difusión del protestantismo y de otras disidencias
anticatólicas… Esta pena consistía en una declaración pública con la que se excluía a los
sancionados de la Iglesia y se les exponía al escarnio público” 16. Desde los altos mandos de
la institución eclesiástica se promovió recurrir a la excomunión al publicarse que “no olviden
los párrocos y sacerdotes que la bula “Apostolicae Sedis”, de Pío IX, no sólo contra los que

15
Helwar 199
16
Pablo moreno 1
se afilian a las sectas masónicas y carbonaria, sino también contra los que les presten
auxilio y favor, o que no denuncien a sus corifeos o caudillos ocultos”17.
La excomunión se convirtió en una herramienta para contrarrestar las reformas
liberales debido a ese ethos colombiano que mantenía vigente el sentimiento católico en la
cotidianidad de las personas. Entonces, la respuesta a la ofensa de querer desunir a la
Iglesia de las personas sería, precisamente, distanciar a los protestantes de la sociedad. Está
claro que esto no conlleva una agresión directa, pero sí repercutía en una desconexión
forzada del ámbito público, pues en un país tan creyente el hecho de que alguien fuera
expulsado de la Iglesia llevaba a que los demás no lo consideraran como un igual sino
como alguien extraño cuando menos.
Esto caló en el subconsciente de las personas de una sociedad tan excluyente como
la de nuestro país al punto en que una comunidad terminaba por negarle su existencia a
dicha persona o a dicha familia señalada. Los excomulgados perdían todo tipo de derechos
en el mundo católico que, así no lo quisiera el Estado, seguía vigente. Las Conferencias
Episcopales nos permiten ver este fenómeno
[…] Igualmente ordenamos que se les excluya de toda participación en las funciones
eclesiásticas, cuando quieran presentarse delegados de la secta, no sea que bajo la
máscara de religiosidad pretendan engañar a los incautos, no apareciendo ante el
pueblo católico tales como son en realidad […]18
Añadido a lo anterior, a los feligreses se les obligaba a ‘desconectarse’ de cualquier
tipo de relación que tuvieran con los llamados herejes, puesto que el ser asociado a ellos
también los haría ser considerados como tal. Todo lo anterior tenía otra consecuencia que
va de la mano con la asociación del catolicismo a la patria, pues se les tacharía como “no-
colombianos”19 y esto terminaría de configurar el rechazo hacia ellos. Si los protestantes no
existían, socialmente hablando, no tendría éxito el proyecto de competir contra la Iglesia
católica.

Conclusiones
La Iglesia católica consiguió moldear su proyecto antiprotestante en base a una
campaña patriota al venderse a sí misma como la protectora de los ideales colombianos que
definían a todo el país. La modernización promovida por el Partido Liberal fue catalogada
como perjudicial para un orden que la Iglesia se había encargado de construir junto a los
conservadores tiempo atrás. Con la República Liberal no solo perdió el poder político, sino
que la Iglesia vio en los protestantes un enemigo potencial que, a pesar de no disputarle la
fe de las ciudades importantes, empezó a ganar relevancia en ciertas zonas estratégicas para
el país.

17
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 246.
18
Conferencias Episcopales de Colombia, vol. I. (Bogotá: Editorial El Catolicismo, 1956 – 1962) p. 246.
19
Pablo moreno 10
De este modo, la Iglesia católica consiguió legitimar un discurso violento en contra
de todo aquel que la pusiera en duda. Por esto, la intransigencia fue el método más efectivo
para cortar el incipiente ascenso del protestantismo, ya que por los medios legales estaba
imposibilitada y el nuevo gobierno liberal no haría caso a una posible intervención del
Vaticano. A pesar de la tergiversación que puede denotarse, el país adoptó un integrismo
para defenderse de los herejes como si de un designio de Dios se tratara.
En conclusión, la violencia ejercida era a modo de revalidar su posición en el
entramado social colombiano de mediados del siglo XX. La alternativa ante la violencia
física fue la excomunión: llegar al extremo de excomulgar a alguien realmente tenía peso;
se podría pensar que quien no fuera católico simplemente haría caso omiso a esto, pero la
realidad es que sería borrado de toda posibilidad de subsistencia, como resultado del ser
considerado como persona no grata ante la sociedad. Sin embargo, no conseguiría erradicar
de raíz al protestantismo y la persecución ejercida se haría más severa en el período de La
Violencia.
OBRAS CITADAS

Fuentes primarias
Conferencias Episcopales de Colombia. Vol. I (1908-1953). Bogotá: Ed. El Catolicismo,
1961.

Fuentes secundarias
Beltrán Cely, William. La expansión pentecostal en Colombia. Una revisión del estado del arte.
Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá Facultad de Ciencias Humanas Departamento de
Sociología. Universidad Nacional de Colombia- Facultad de Ciencias Humanas- Centro de Estudios
Sociales (CES). 2010.
Cepeda van Houten, Álvaro. “Del protestantismo histórico al pentecostalismo”. Neopentecostalismo
y política. El caso colombiano. Editorial Bonaventuriana, 2017.
http://www.bibliotecadigital.usb.edu.co/handle/10819/4639?mode=full
Cepeda van Houten, Álvaro. “Génesis del protestantismo latinoamericano”. Neopentecostalismo y
política. El caso colombiano. Editorial Bonaventuriana, 2017.
http://www.bibliotecadigital.usb.edu.co/handle/10819/4639?mode=full
Cifuentes T., María Teresa y Figueroa Salamanca, Helwar Hernando. "Corrientes del catolicismo
frente a la guerra y la paz en el siglo XX". Una mirada a la institución eclesiástica y su incidencia
en la sociedad colombiana durante el siglo XX. Ensayos críticos No. 4, Bogotá, 2º semestre de
2008. http://www.espaciocritico.com/node/24
Figueroa Salamanca, Helwar Hernando. "Historiografía sobre el protestantismo en Colombia. Un
estado del arte, 1940-2009." Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 37, no. 1
(2010):191-225. Redalyc, https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=127113487007
López Amaya, Jeiman David, "Misiones protestantes en Colombia 1930-1946. Geografía y política
de la expansión evangélico-pentecostal." Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 41,
no. 2 (2014):65-103. Redalyc, https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=127135722003
Moreno, Pablo. 2014. «EXCOMUNIONES Y PROTESTANTISMO: El Caso Del Valle Del Cauca,
1930-1940». Historia Y Espacio 1 (25):97-123. https://doi.org/10.25100/hye.v1i25.1643.
Vázquez Piñeros, María del Rosario, y "La Iglesia y la violencia bipartidista en Colombia (1946-
1953). Análisis historiográfico." Anuario de Historia de la Iglesia 16, no. (2007):309-334. Redalyc,
https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35516021

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