COMENTARIOS AL CAPITAL
Karl Kautsky
[Capítulo Cuarto; pp. 105-127]
Francisco Javier Correa López
408094757
Reporte de Lectura 6
El objetivo primordial de la obra cumbre de Marx, Das Kapital, fue desentrañar el
funcionamiento del sistema de producción capitalista. Para ello se remitió a buscar cuál,
de entre todo el entramado conceptual, era el que encerraba la esencia misma del
capitalismo. Y lo encontró, en efecto. Y es que, si observamos detenidamente a la
sociedad moderna, podemos darnos cuenta cómo todo gira alrededor de la mercancía.
“Una mercancía –explica Kautsky– no es un producto para uso personal del productor o de
sus familiares, sino que está destinado al cambio por otros productos. Es decir, que las
características que convierten en mercancía a un producto del trabajo no son naturales
sino sociales.”1
Por supuesto que la mercancía es también un objeto de uso personal (valor de
uso), pero la esencia misma de la mercancía yace en que representa un papel social
determinado: el cambio (valor de cambio). De no jugar esta función social, no sería
mercancía, y se limitaría únicamente a cumplir un objetivo de autosatisfacción. Empero,
ya no vivimos en los tiempos de la producción para el autoconsumo; todo lo que se
produce tiene el destino mercantil, todos los productos del trabajo, en la época actual,
adquieren la forma de mercancías.
Estos entramados en los que los hombres comparten entre sí tiempo y espacio,
intercambian productos y colaboran para producir más mercancías, es lo que Marx
denomina como relaciones sociales de producción. Es decir, las actividades sociales
determinadas en las que los hombres se organizan para producir, de cierta manera, las
mercancías necesarias para su vida. Por lo tanto, la producción únicamente es posible en
1
Kautsky. Comentarios al capital. p. 16.
sociedad, fuera de ésta no existe producción alguna, pues su producto (la mercancía) no
entraría a ningún mercado.
Aunado a lo anterior, hemos de tener en cuenta que estas relaciones sociales de
producción están determinadas al desarrollo de los medios de producción, es decir, a la
manera en que se producen las mercancías, ya sea desde la fuerza de trabajo meramente
humana, animal, o ayudado por herramientas o por máquinas que hagan la mayor
cantidad del trabajo. Estas características, sumadas a las condiciones en las que se
encuentran los medios de producción y las relaciones sociales de producción, constituyen
en su totalidad lo que conocemos por sociedad. Así entonces, desde el punto de vista de
Marx, la sociedad es el conjunto de las relaciones sociales de producción y los medios de
producción, en determinado punto de desarrollo, lo que explica al mismo tiempo el grado
de desarrollo que posee una sociedad.
Otro de los conceptos elementales en el corpus económico marxiano es la división
del trabajo. Para comprenderlo, establezcamos las diferencias históricas que, desde el
principio de los tiempos humanos, ha tenido el hombre en sus relaciones sociales de
producción. Así, ha pasado del cazador y recolector, al agricultor y labrador, al constructor
y organizador, etc., en donde, conforme se desarrollan las condiciones sociales de
producción, se va desarrollando y especializando igualmente la división del trabajo. Cada
miembro de la sociedad se especializa en una forma determinada de trabajo, lo que va
polarizando las clases sociales y acentuando sus diferencias.
Volvamos nuevamente la mercancía y tomemos en cuenta que la clave para
comprenderla es el proceso por el cual se convierte en ella, es decir, el cambio. El proceso
de cambio trasforma los productos en mercancías. Y este proceso es resultado del
desarrollo de las fuerzas productivas. Pero, mientras el objetivo primordial del capitalismo
sea, en sí misma, la producción de mercancías, lo que es originalmente relación de
personas entre sí, aparece ahora como relación entre personas y objetos. “A las formas
naturales de las mercancías se atribuyen ahora propiedades que parecen místicas […].”2
A este reconocimiento de que existe un ‘valor agregado’ en las mercancías; de que
posee una característica ajena al trabajador y que ya no se identifica con éste; o de que
2
Ibid. p. 26.
aparece en la mercancía una propiedad única, que se asemeja a los poderes divinos
atribuidos a una imagen religiosa, Marx lo denominó fetichismo de la mercancía. “Marx
fue el primero en reconocer este carácter fetichista de la mercancía y […] también del
capital.”3
Pasemos ahora a analizar más detenidamente la mercancía. Ésta tiene la finalidad
de ser cambiada para satisfacer alguna necesidad humana. No es posible que alguien
cambie un producto por otro si éste no le representa alguna utilidad. Por tanto, hay una
primera característica dentro de la propia mercancía, y esa es el uso que intrínsecamente
posee. A éste, Marx le llama valor de uso, el cual es determinado por las propiedades
físicas del objeto. Pero en el momento en que este objeto ingresa al proceso de cambio,
se convierte en mercancía y adquiere un nuevo valor, precisamente un valor de cambio,
determinado por la relación de cantidad en la que se intercambia una y otra mercancía.
Con lo antes expuesto, pasamos ahora a uno de las interrogantes más importantes
de toda la Economía Política: ¿Cómo se determina el valor de una mercancía? Para
intentar dar una respuesta, Marx encuentra que es necesario primero hallar un
denominador común en las mercancías que se han de intercambiar. Este denominador es
precisamente su valor. Y el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de
fuerza de trabajo necesaria para producir esa mercancía. Así, una mercancía tiene valor
porque es la cristalización de trabajo humano.
Pero ahora resulta la pregunta: ¿cómo medir la magnitud de valor de esa
mercancía? Se medirá pues, en función del tiempo. Tiempo suficiente para imprimir la
cantidad de fuerza de trabajo necesaria en la producción de la mercancía. A este aspecto,
Marx le denomina tiempo de trabajo socialmente necesario. Y es el trabajo que se
necesita, ya no para crear meramente la mercancía, sino aún más, para crear el valor de
uso de la mercancía. Si bien David Ricardo ya había expuesto que era precisamente el
trabajo el que determinaba el valor, Marx supera a Ricardo al imprimirle el carácter social
de este trabajo, que yacía oculto en la forma de valor propio de la mercancía.
En cuanto a la relación de las mercancías en el mercado y al intercambio de éstas,
éste sólo se puede llevar a cabo por que las mercancías poseen con común el valor de
3
Ibidem.
cambio. Y al cambiarse, se puede llevar a cabo de dos maneras: 1) como forma simple o
accidental de valor, es decir cuando el intercambio de mercancías se da rara y
ocasionalmente; y 2) como forma total o desarrollada del valor, cuando el intercambio se
realiza con regularidad.4
Ahora bien, conforme se desarrolla la sociedad, el intercambio entre mercancías
también se va desarrollando, lo que no siempre permite cambiar valores de uso entre sí,
es decir, cambiar determinada cantidad de cualquier mercancía por cualquier otra; sino
que llega el momento en que se hace necesaria la aparición de un equivalente general que
exprese los valores de ambas mercancías y que funcione también no sólo para ser
intercambiado por esas dos, sino por cualesquiera otras.
Kautsky sintetiza las condiciones para que se lleve a cabo un cambio de mercancías
en estos dos preceptos:
“1. Los productos a cambiarse deben ser valores de uso para quienes no los poseen,
y no ser valores de uso para sus propietarios.
2. Quienes efectúan el cambio deben reconocerse mutuamente como propietarios
privados de las mercancías sujetas al cambio.”5
El primer punto hace explícito que únicamente los productos cuyo valor de uso se
posee en exceso, son susceptibles de intercambio y por lo tanto, mercancías. El segundo
punto expone que a partir de este intercambio de mercancías, pero más aún, del
reconocimiento del otro como propietario de las mismas, surge el derecho como reflejo de
la voluntad de las personas que realizan el intercambio, y se convierte en legitimador de la
propiedad (privada).
Así entonces, ese equivalente general que mencionábamos con anterioridad tiene
que ser también una mercancía, pero a condición de que todos los propietarios
reconozcan su valor como intercambiable por cualquier otra mercancía. Históricamente y
por distintas razones, el equivalente general fueron los metales nobles (oro y plata), pues
en ellos se hallaron las condiciones necesarias para su intercambio universal: perduran a
pesar de las condiciones climáticas, son fácilmente maleables y divisibles, y eran
aceptados por todos o casi todos los miembros que participaban del mercado. Surge
4
Cfr. Ibid. p. 41.
5
Ibid. p. 43.
entonces el dinero, no como la decisión arbitraria de uno sólo ente, sino como resultado
de un proceso histórico determinado por las formas de producción y las condiciones del
intercambio mercantil.
BIBLIOGRAFÍA:
KAUTSKY, Carlos. Comentarios al capital. Trad. Manuel Sacristán. Ediciones de Cultura
Popular. México, s/a.