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NietzscheFSComentario-1

El texto de Nietzsche en 'Aurora' explora la crítica a la concepción tradicional de la verdad asociada a Dios, sugiriendo que esta creencia es el resultado de necesidades humanas como el miedo y la vanidad. También se aborda la importancia de confrontar diversas opiniones para desarrollar un espíritu crítico y se reflexiona sobre la soledad compartida de los pensadores en su búsqueda de la verdad. Finalmente, se cuestiona la tiranía de la verdad absoluta, abogando por una relación dinámica y enriquecedora con el conocimiento.

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NietzscheFSComentario-1

El texto de Nietzsche en 'Aurora' explora la crítica a la concepción tradicional de la verdad asociada a Dios, sugiriendo que esta creencia es el resultado de necesidades humanas como el miedo y la vanidad. También se aborda la importancia de confrontar diversas opiniones para desarrollar un espíritu crítico y se reflexiona sobre la soledad compartida de los pensadores en su búsqueda de la verdad. Finalmente, se cuestiona la tiranía de la verdad absoluta, abogando por una relación dinámica y enriquecedora con el conocimiento.

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3

NIETZSCHE
nietzsche

1. AU RO R A

§ 93 ¿QUÉ ES LA VERDAD? — ¿Quién no ha de asentir a la conclusión que gustan de hacer los


creyentes?: ‹‹La ciencia no puede ser verdadera, porque niega a Dios. Por consiguiente, no procede
de Dios; lo que equivale a decir que no es verdadera, porque Dios es la verdad.» El error aquí no
está en la conclusión, sino en la presuposición: ¿Y si Dios no fuera la verdad, y estuviera demostrado
que es así? ¿Y si él no fuera más que la vanidad, el ansia de poder, la impaciencia, el miedo, la
ilusión embriagada y aterrorizada de los hombres?”

§ 297 CORRUPTIBLE. — El modo más seguro de corromper a un joven consiste en instruirlo para
apreciar más a los que piensan como él que a los que piensan de otra manera.

§ 314 DE LA COMPAÑÍA DE PENSADORES. — En medio del océano del devenir, nosotros


aventureros y aves viajeras, nos despertamos en una pequeña isla no mayor que una barquita, y
miramos por un momento en torno nuestro con toda la prisa y la curiosidad que nos son posibles,
pues un golpe de viento puede arrastrarnos de repente, o una ola puede barrernos de la pequeña
isla sin dejar el menor rastro de nosotros. Pero aquí, en este estrecho espacio, encontramos a
otras aves viajeras y oímos hablar de otras más antiguas, y así disfrutamos de un delicioso minuto
de conocimiento y de comprensión, entre mutuos gorjeos, trinos, agitando alegremente las alas,
mientras nos aventuramos con nuestro espíritu hacia el océano, y no con menos orgullo que el
mismo océano.

1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales


del texto elegido.
1.1. Identifica y expone con precisión la idea principal del texto (0,5 puntos).

La idea principal del aforismo 93 es la crítica radical a la concepción tradicional de la verdad


asociada a Dios. El filósofo cuestiona la presuposición de que Dios encarna la verdad absoluta.
Nietzsche sugiere que esta creencia es el resultado de necesidades humanas como el miedo, el
deseo de seguridad o la vanidad.

La idea principal del aforismo 297 es la necesidad de confrontar otras opiniones para poder
construir un espíritu crítico y evitar el dogmatismo de las verdades ciegamente aceptadas.

La idea principal del aforismo 314 es la soledad compartida de aquellos que se atreven a pensar
a pesar de las vicisitudes que deben enfrentar en esta tarea. Los que piensan están solos, pero
comparten un proyecto y el orgullo de enfrentarse a una tarea titánica.

2
Aurora

1.2. Desarrolla con coherencia la vinculación entre la idea principal y el resto de ideas y argumentos que
aparecen en el fragmento, utilizando lenguaje propio del autor o de la autora y argumentación personal, sin
parafrasear (1,5 puntos).
Nietsche plantea la cuestión de la verdad en relación a cómo la entienden los creyentes, aunque
siempre hay que matizar que Nietzsche comprende la religión a opartir de su experiencia con el
opresivo ambiente protestante de su familia. El autor parte de cómo los creyentes suelen afirmar que
la ciencia no puede ser verdadera porque niega a Dios. Pero si Dios es la verdad absoluta y esto es así
para los cristianos, la ciencia no puede «ser verdadera». Dando por establecido este posicionamiento
Nietzsche desmonta esta presuposición sugiriendo que lo que llamamos «Dios» podría no ser más
que un conjunto de experiencias humanas como el miedo, la vanidad o la ilusión. Hemos creado a
Dios como consuelo frente a todo lo que amenaza nuestra existencia.

Nietzsche ofrece una advertencia contra la tendencia a valorar únicamente a quienes comparten
nuestras propias ideas. Teniendo en cuenta que el joven es por antonomasia el que está aprendiendo
y tiene una actitud abierta y ductil, enseñarle preferir a quienes piensan como él sobre quienes piensan
diferente es una forma de corromper su juicio y su carácter. Esta actitud limita la capacidad crítica, el
respeto por la diversidad de opiniones y la apertura al diálogo, que son esenciales en una etapa de
su vida en la que se está formando intelectual y moralmente.

De forma poética Nietzsche hace una reflexión sobre aquellos que se dedican a pensar. En el aforismo
no hay ninguna mención a qué es lo que une a esas aves viajeras que se encuentran en una pequeña
isla en medio del mar. Debemos ir al título del aforismo para conocer que esos que se atreven a
volar en soledad son pensadores. En ocasiones, estos pensadores se encuentran con otros y pueden
regocijarse por compartir una tarea-aventura similar. Nietzsche acentúa la debilidad, el devenir, el
riesgo, pero al mismo tiempo habla de la alegría, de disfrutar del encuentro momentáneo y ocasional
de otros que se dedican a pensar. Es una tarea ímproba, pero a veces reconfortante por la coincidencia
con otros.

1.3. Identifica y expone la cuestión filosófica fundamental a la que el texto pretende dar respuesta (0,5 puntos).

Los aforismos 93, 297 y 314 de Aurora comparten una cuestión filosofía fundamental, el de
la búsqueda de la verdad como un proceso abierto y dinámico, en contraposición a una verdad
fija establecida por la religión y la filosofía tradicional. Frente a la engañosa paz que aporta la
convicción de que ya se ha alcanzado la verdad, Nietzsche propone una arriesgada búsqueda de
la verdad, no exenta de los peligros del devenir de la vida humana. La comodidad de lo conocido
supone una traición a la verdad. Aurora es una obra en la que Nietzsche desafía la moral tradicional.
Preguntarse por la verdad es, a la vez, una renuncia a poseerla ya y un proyecto que construir.

3
nietzsche

§342 ¡NO CONFUNDIR! — Sí, examina la cosa, mirándola por todos los lados, y por eso creéis que
es un auténtico hombre de conocimiento. Pero lo único que pretende es rebajar el precio — ¡quiere
comprarla!

§424 ¿PARA QUIÉN EXISTE LA VERDAD? — Hasta el momento han sido los errores los poderes
más consoladores: ahora esperamos el mismo efecto de las verdades reconocidas, pero la espera
se va haciendo un poco larga. ¿Cómo? ¿Qué pasaría si las verdades no fueran capaces de prestar
este servicio — de consolar? — ¿Sería acaso esto una objeción contra las verdades? ¿Qué tienen
estas en común con el estado de sufrimiento, enfermizo y afligido de ciertos hombres para que se
les pueda exigir que sean precisamente útiles a estos? En realidad, no supone una objeción contra
la verdad de una planta demostrar que no sirve en absoluto para curar a los enfermos. Pero antaño
era una convicción la idea de que el hombre era el fin de la naturaleza: hasta el punto de aceptar,
sin más, que el conocimiento no podía revelarnos nada que no fuese útil y curativo para el hombre;
sí, no podía, no estaba permitido en absoluto que existieran otras cosas.

— Tal vez se pueda deducir de esto la tesis de que la verdad como totalidad armónica no existe
más que para almas al mismo tiempo fuertes y desinteresadas, alegres y pacíficas (como era la de
Aristóteles), precisamente por ser estas almas las únicas que estarían en condiciones de buscarla,
puesto que los demás solo buscan remedios curativos para ellos mismos; estos, por muy orgullosos
que estén sobre su inteligencia y su libertad, en realidad no buscan la verdad. De aquí se deduce
el que estos sientan tan poca auténtica alegría por la ciencia y que le reprochen su frialdad, su
sequedad y su inhumanidad: del mismo modo enjuician los enfermos los juegos que realizan los
sanos.

— Los dioses griegos tampoco sabían como consolar. Cuando, finalmente, la totalidad de los
hombres griegos acabaron cayendo enfermos, sus dioses alcanzaron el ocaso.

La idea principal del aforismo 342 es denunciar la búsqueda interesada de la verdad. La reflexión
en torno a ideas u opiniones puede esconder la comodidad de no esforzarse por llegar a su verdad.

La idea principal del aforismo 424 es la relación entre verdad y consuelo. Ha sido habitual pensar
que lo que el ser humano va descubriendo debe servir para aliviar el sufrimiento humano. Sin
embargo, esta idea esconde una concepción antropocéntrica de la naturaleza y el conocimiento
están al servicio del ser humano. Solo quienes renuncian a esta idea y no buscan consuelo pueden
buscar la verdad auténticamente. Esta reflexión enfrenta la visión científica, despojada de
consuelo, con las narrativas religiosas o filosóficas tradicionales.

4
Aurora

Para Nietzsche el interés en las cosas no tiene siempre un motivo honesto. Con la expresión «hombre
de conocimiento», queda claro que esas cosas a las que se refiere el autor son ideas, pensamientos,
opiniones... El interés no es auténtico en tanto que lo que se busca no es la verdad sino regatear el
esfuerzo de alcanzarla.

La verdad vuelve a aparecer en este aforismo de Aurora. Nietzsche plantea que los errores han sido
fuente de consuelo. ¿A qué errores se refiere? A los que sitúan al ser humano en el centro de la
realidad y, por tanto, asumen que todo conocimiento lo es siempre en provecho del ser humano,
para aliviar sus angustias. Este antropocentrismo define a la naturaleza en función del ser humano,
ampliando la idea de Protágoras de que el hombre es la medida de todas las cosas. Nietzsche le niega
la capacidad de consuelo a la realidad y, por tanto, hay que aceptar que la verdad es independiente
de lo que pueda beneficiar al ser humano. El «estado de sufrimiento, enfermizo y afligido» es una
condición que el ser humano debe afrontar desde la verdad, no dejándose engañar pensando que
el estado natural de las cosas es consuelo para el ser humano y útil para él. Resuena, de fondo, un
desafío a la concepción judeo-cristiana del ser humano como culmen de la creación. La exhortación a
«llenad la tierra y sometedla» se enfrenta con que la naturaleza no es dócil sino hostil al ser humano.

Nietzsche no niega la verdad, pero la desposee de su caracter curativo. La verdad (está pensando en
la verdad que descubren las ciencias) existe pero está al alcance de quienes no tienen otros intereses
más que conocerla. Es significativo que el autor relaciones el verdadero conocimiento, con la alegría,
la fuerza y la paz, y señala como epitome de esta actitud a Aristóteles. La animadversión de Nietzsche
por Platón lo lleva a alabar al primer impugnador del griego. Los que buscan curar sus carencias
o sufrimientos no buscan sinceramente la verdad, por más que se feliciten por su inteligencia y su
libertad. En último término, Nietzsche toma partido en el áspero debate de ciencia - religión que
tuvo lugar en el siglo XIX, donde el desprecio y la condena eran mutuos. Copérnico quito a la tierra
del centro del universo; Darwin quitó al ser humano de la cúspide de la creación; la ciencia quita al
ser humano del centro de la realidad. Estos descentramientos provocan desasosiego y tristeza, pero
responden a la verdad.

Nietzsche concluye afirmando que los dioses griegos, a diferencia de otras divinidades, no tenían
como función principal consolar a los humanos, sino que eran representaciones de la vitalidad, la
fuerza y la belleza de la vida. Cuando la civilización griega perdió su vitalidad, la concepción religiosa
se transformó en otra centrada en la búsqueda del consuelo y la certidumbre.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la diversidad de formas en que la búsqueda


de la verdad puede pervertirse. Nietzsche identifica una distorsión de la verdad cuando su
búsqueda se ve subordinada a las necesidades humanas de consuelo y seguridad. La moral, la
religión y la filosofía tradicional son ámbitos donde la verdad se deforma para ofrecer respuestas
reconfortantes que alivien el sufrimiento y la angustia existencial del ser humano. Esta perversión
consiste en buscar verdades que validen la centralidad del ser humano en el cosmos o que otorguen
un sentido beneficioso a la existencia. Frente a esta tendencia, Nietzsche propone una concepción
de la verdad independiente de las necesidades humanas. La verdad que ofrecen las ciencias debe
estar desprovista de cualquier interés antropocéntrico y reflejar más bien las dinámicas de la vida
con sus contradicciones.

5
nietzsche

§459 LA GENEROSIDAD DEL PENSADOR. — Rousseau y Schopenhauer — ambos fueron lo bastante


orgullosos para grabar como divisa de su existencia este lema: vitam impedere vero. ¡Y cuanto debió
de sufrir su orgullo al no lograr el verum impendere vitae — entendiendo el verum como cada uno lo
hizo: ¡para que su vida marchara, paralelamente junto a su conciencia como un bajo que no quiere
armonizar con la melodía!

— ¡Pero el conocimiento quedaría en una mala posición si únicamente se relacionara con cada
pensador en la medida en que se ajustara a su cuerpo! ¡Y los pensadores también estarían en una
mala situación si su vanidad fuese tan grande que solo tuvieran que soportarla ellos!

Precisamente aquí es donde brilla la más hermosa virtud de los grandes pensadores: la generosidad
que manifiestan, cuando buscan el conocimiento, al ofrecerse a sí mismos y a su propia vida en
sacrificio, unas veces pudorosamente, muchas otras con sublime ironía y con una sonrisa en los
labios.

§507. CONTRA LA TIRANÍA DE LO VERDADERO. — Aunque fuéramos lo bastante insensatos como


para considerar verdaderas todas nuestras opiniones, sin embargo, no desearíamos que fuesen
las únicas. No comprendo por qué hay que desear la omnipotencia y la tiranía de la verdad; me
basta saber que la verdad posee un gran poder. Pero es preciso que pueda luchar, que tenga una
oposición, y que de cuando en cuando, podamos descansar de ella en lo que no es verdad — de
lo contrario, lo verdadero se volvería aburrido, trivial y sin gusto alguno, y haría que a nosotros nos
pasara lo mismo.

La idea principal del texto del aforismo 459 es la tensión entre la búsqueda de la verdad y la
dificultad de armonizarla con la vida. A través de los ejemplos de Rousseau y Schopenhauer,
Nietzsche constata que no es posible lograr una coherencia entre el pensamiento y la vida. Sin
embargo, esto no resta mérito a su pretensión, puesto que son ejemplos de generosidad, ya que
sacrifican su vida por el conocimiento.

La idea principal del texto del aforismo 507 es la crítica a la tiranía de la verdad. No debemos desear
que la verdad sea absoluta ni omnipotente, ya que confrontar otras opiniones permite una relación
dinámica y gustosa con el conocimiento.

6
Aurora

En este aforismo, Nietzsche reflexiona sobre la relación entre el pensamiento, la verdad y la vida,
utilizando como ejemplos a Rousseau y Schopenhauer. Ambos adoptaron como lema de vida vitam
impendere vero, es decir, «consagrar la vida a la verdad», aunque cada uno entedió la verdad (verum)
a su modo y manera. Este lema es un compromiso con el conocimiento y la búsqueda de la verdad.
Sin embargo, ninguno de ellos alcanzo este ideal en sus vidas: verdad y existencia no se integraron
con armonía. La metáfora del bajo que no armoniza con la melodía representa esta disonancia entre
su conciencia y su vida.

Sin embargo, señala Nietzsche, el conocimiento no puede ser medido por la coherencia de cada
pensador. Las peculiaridades, características, grandezas y carencias de cada pensador no pueden
constreñir el conocimiento, sino que este desborda las limitaciones de cada autor. Y esta bien que
sea así, porque de otro modo cada pensador debería llevar la carga del conocimiento en su totalidad.
Ningún pensador puede ni debe cargar como Atlas con la tarea de sostener todo el conocimiento ni
toda la verdad.

En esta empresa del conocimiento de la verdad, los grandes pensadores sí comparten una misma
grandeza. Son capaces de sacrificarse en aras de la verdad. A veces con una actitud más pudorosa y
otras con atrevimiento, los grandes pensadores dedican su vida a escudriñar la verdad. Rousseau y
Schopenhauer pueden haber fracasado al no haber encarnado en sus vida su pensamiento, pero eso
no le resta grandeza a su intención.

Como en el aforismo en el que menciona a Rousseau y a Schopenhauer, Nietzsche plantea la tensión


que sufre todo aquel que se empeña en conocer la verdad. Por un lado, tacha de insensato a aquel
que quiera pensar que todo lo que él conoce es verdad, la verdad. Pero suponiendo que alguien
considerara tener siempre la razón, ese alguien también querría encontrar otras opiniones. Poseer
la verdad supone estar por encima de los demás porque la verdad dota al que la posee de un
gran poder, pero aun así se hace necesario y deseable poder confrontar otras opiniones. Tener el
desafío de lo contrario evita el aburrimiento. El ser humano necesita escapar, de vez en cuando, de
la rigidez de lo verdadero hacia espacios donde tenga espacio lo no verdadero, donde pueda darse
la creatividad y el juego.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la crítica a la búsqueda de una verdad


absoluta. Nietzsche constata que la búsqueda de la verdad está amenazada por la incoherencia
entre el pensamiento y la existencia de cada uno de los pensadores, pero esta disonancia no
obliga a condenarnos. El autor plantea que la búsqueda de la verdad no debe estar al servicio de
un orden establecido ni convertirse en una tiranía, sino que debe estar abierta al cambio, incluso a
confrontarse con otras opiniones. Con Aurora, Nietzsche pretende liberarse de los valores antiguos
y de una concepción de verdad que limita la creatividad y el dinamismo de la vida. La verdad no
debe ser algo fijo y absoluto, sino una fuerza que provoque continuamente nuevas perspectivas y
descubrimientos. Las verdades absolutas de religión, filosofía y moral no deben tener cabida.

7
nietzsche

§535. LA VERDAD NECESITA DEL PODER. — Por sí misma, la verdad no es de ningún modo un
poder, pese a lo que acostumbra a decir el ilustrado melindroso. — Por el contrario, necesita que
el poder se ponga de su parte o ponerse ella de parte del poder, ya que de lo contrario, perecerá
siempre. ¡Esto ha quedado demostrado más que suficientemente!

§543. NO CONVERTIR A LA PASIÓN EN UN ARGUMENTO DE VERDAD. — ¡A vosotros, hombres de


buen talante, incluso nobles fanáticos, yo os conozco! ¡Queréis tener la razón delante de nosotros,
pero también, y sobre todo, delante de vosotros mismos! ¡Y una mala conciencia, sutil e iracunda,
os impulsa frecuentemente contra vuestro fanatismo! ¡Qué ingeniosos os sentís entonces para
engañar y adormecer a vuestra conciencia! ¡Cómo odiáis a los honrados, sencillos y limpios de
corazón! ¡Ese conocimiento mejor, cuyos representantes son ellos y cuya voz oís dentro de vosotros
mismos, dudando de vuestra conciencia, tratáis de hacerlo sospechoso bajo los nombres de mala
conciencia, de enfermedad de la época, de negligencia en los cuidados de vuestra propia salud
espiritual! ¡Llegando al extremo de odiar la crítica, la ciencia, la razón!
¡Necesitáis falsificar la historia para que esta os dé la razón, negar virtudes para que hagan sombra
a las virtudes de vuestros ídolos y de vuestro ideal! ¡Donde harían falta argumentos racionales,
colocáis imágenes llenas de color, fuerza y ardor en la expresión, niebla plateada, noches de
ambrosía…! ¡En verdad sabéis iluminar y oscurecer, oscurecer con luz!
Y cuando vuestra pasión realmente se enfurece, llega un momento en que decís: «Acabo de
conquistarme la tranquilidad de conciencia: ahora soy magnánimo, esforzado, desinteresado,
grandioso: ¡soy honesto!»¡Qué sed tenéis de estos momento en que vuestra pasión os confiere un
derecho pleno y absoluto ante vosotros mismos!, momentos en que recobráis, en cierto modo, la
inocencia de esos momentos de lucha, de embriaguez, de valor, de esperanza, momentos en los
que estáis fuera de vosotros mismos, por encima de toda duda, y decretáis: «¡aquel que no esté
fuera de sí como nosotros no puede saber en absoluto qué es la verdad, ni donde está!»
¡Qué sed tenéis de encontrar hombres que tengan vuestra fe en ese estado — el de la depravación
de la inteligencia — y azuzar con vuestras llamas su incendio! ¡Qué martirio el vuestro! ¡Qué victoria
de la mentira santificada! ¿Os tenéis que infligir a vosotros mismos tanto sufrimiento? — ¿Es
necesario?

La idea principal del texto del aforismo 535 es la necesidad que tiene la verdad de echar mano del
poder para no perecer. El texto de Nietzsche es digno del propio Maquiavelo.

La idea principal del texto del aforismo 543 es la crítica a la pasión como argumento de verdad.
Nietzsche señala que, en lugar de buscar la verdad a través de la razón, algunas personas se dejan
llevar por sus emociones y su fanatismo. Esta pasión reemplaza el razonamiento, distorsiona
la realidad y genera una falsa sensación de certeza. Las personas que caen en esta trampa se
autoengañan, creyendo que su pasión es la manifestación de la verdad. En vez de aceptar la duda y
la crítica, buscan refugio en una visión idealizada que les otorga tranquilidad, pero que les aleja de
la verdadera comprensión.

8
Aurora

Nietzsche enfrenta una de las contradicciones de la verdad. Tener razón no supone en la práctica
situarse por encima de nadie. Nietzsche rechaza la ingenuidad ilustrada de creer que la verdad
impera y puede abrirse paso por sí misma. Muy al contrario, la historia da muestras de que la verdad
desaparece a manos de los que ejercen el poder. La verdad, de modo pragmático, debe aliarse con
el poder si quiere pervivir. Los que conocen la verdad deben apoyarse en los que detentan el poder.
Mutatis mutandis, ya lo entendió así Maquiavelo.

Nietzsche comienza analizando a determinados individuos que pueden tener buen talante, que
pueden ser nobles pero que son fanáticos. Nietzsche dice conocerlos y todo el aforismo es un análisis
de la psicología de estas personas. Los fanáticos quieren tener razón ante los demás pero también
ante su conciencia, por lo que recurren al autoengaño. Sin embargo, estas personas se hallan en
una situación de hipocresía, que Nietzsche califica como «sutil e iracunda». Son conscientes de su
fanatismo pero prefieren acallar su conciencia y, por extensión, todo lo que suponga un conocimiento
profundo y honesto. Odian a los honrados que alcanzan un mejor conocimiento y reconocen ese
conocimiento pero lo desprecian. Por eso son capaces «odiar la crítica, la ciencia, la razón».

En este autoengaño culpable, los fanaticos pervierten la historia y niegan las virtudes de la vida
para sustituirlas por las virtudes de ídolos e ideales, es decir, las virtudes religiosas que propugnan
la humillación, el perdón, la pobreza... Frente a la razón, utilizan la propaganda, luces y colores que
distraigan la atención. Son vendehumos, que son capaces de oscurecer la luz de la razón.

Su beligerancia les lleva a forzar su conciencia hasta convencerse de que son honestos y desinteresados.
Estos momentos de falsedad son, sin embargo, objeto de deseo puesto que en tales momentos se
deja atrás el dedo acusador de la conciencia que los retratata como fanáticos y mentirosos. Acallada
la conciencia, estos individuos se convencen de su propia honestidad, de su actuar heroico y de
poseer la verdad. Además, en esta situación, estas personas niegan que otros, que no estén en sus
mismas circunstancias puedan conocer la verdad. Como ha referido antes, la ciencia no estará nunca
en los cierto.

Esta actitud cerrada al diálogo crítico y racional alimenta el propio fanatismo y el deseo de convertir a
otros en cómplices de su fe. Estos fanáticos santifican su mentira y la proponen a los demás con ánimo
de captar adeptos. El uso de Nietzsche de un vocabulario religioso sugiere que esta traición racional
tiene un anclaje espiritual muy profundo. Nuestro autor concluye preguntándose si esta violencia
ejercida contra la propia conciencia y la propia razón merece la pena. En último término, se plantea la
cuestión de las creencias irracionales como fuente de consuelo, frente a la honestidad racional, que
provoca más desasosiego, pero que permite vivir con más paz.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la crítica a la búsqueda de una verdad


absoluta. Con Aurora, Nietzsche pretende liberarse de los valores antiguos y de una concepción
de verdad estática y universal. Esta concepción de la verdad ha sido la que han consagrado la
filosofía, la religión y la moral a lo largo de toda la historia. Cuando la verdad absoluta se pone
en cuestión existe el riesgo de querer defenderla con declaraciones pasionales, donde la emoción
reemplaza a la razón. Aquellos que recurren a estos métodos son conscientes del autoengaño que
están cometiendo, pero prefieren la tranquilidad de creer que poseen la verdad absoluta antes que
el riesgo de cuestionarse y buscar la verdad con honestidad. Los fanatismos son muestra del odio
a la razón, la crítica y el conocimiento.

9
nietzsche

2. L A G AYA CI E N C I A

§108 NUEVAS LUCHAS. — Después de la muerte de Buda, se mostró aún durante siglos, en una
cueva, su sombra —una sombra colosal y pavorosa. Dios ha muerto: pero, siendo los hombres
lo que son, habrá acaso aún por espacio de milenios cuevas donde se muestre su sombra. — ¡Y
nosotros — tendremos que vencer también a su sombra!

§110 EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO. — Durante lapsos tremendos, el intelecto no producía más
que errores; algunos de ellos resultaban útiles y beneficiosos para la conservación de la especie:
quien los encontraba, o los heredaba, contaba con ventajas en su lucha por sí mismo y su prole.
Tales erróneos artículos de fe, que se transmitían de generación en generación y que finalmente
llegaban a ser algo así como parte integrante del acervo humano, son por ejemplo los siguientes:
que hay cosas perdurables, que hay cosas idénticas, que hay cosas, sustancias, cuerpos, que una
cosa es tal como aparece, que nuestra voluntad es libre, que lo que para mí es bueno es bueno en
sí.

Solo en una etapa muy tardía surgieron los que negaron y pusieron en duda tales proposiciones.
Solo muy tarde se presentó la verdad, como la forma más precaria del conocimiento. Parecía que
con ella no fuera posible vivir, nuestro organismo estaba ajustado a lo contrario de ella: todas sus
funciones superiores, las percepciones sensibles y, en un plano general, todas las sensaciones, de
cualquier tipo, funcionaban con arreglo a esos antiquísimos y asimilados errores fundamentales.
Aún más, esas proposiciones incluso dentro del conocimiento llegaron a ser las normas según las
cuales se valoraba «verdadero» y «falso» —extendiendo su imperio hasta las esferas más apartadas
de la lógica pura.
Entonces: la fuerza de los conocimientos no reside en su grado de verdad, sino en su antigüedad,
en su asimilación, en su carácter de condición vital. Cuando parecía surgir un conflicto entre la vida
y el conocimiento nunca se luchaba seriamente: se consideraba una locura negar y dudar.

Continuación del aforismo 110 EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO...

La idea principal del texto del aforismo 108 es la muerte de Dios. Dios ha muerto, cualquier Dios.
En este caso Nietzsche nombra a Buda. Sin embargo, este hecho no es admitido por todos y hay
muchos que escondidos en la cueva de sus creencias siguen creyendo en la presencia de Dios.

10
La gaya ciencia

La muerte de Dios es el tema de este aforismo. Nietzsche proclama que Busa ha muerto, y con Buda
hace referencia a cualquier Dios. Sin embargo, debemos entender que la idea de «la muerte de Dios»
no hace referencia a un hecho concreto. Dios ha muerto en la conciencia de los seres humanos. Los
seres humanos no sienten la necesidad de Dios pero, a pesar de todo, muchos siguen creyendo en
Dios y lo seguirán haciendo. Contra grupos reducidos de creyentes, plantea Nietzsche una llamada a
vencer esa resistencia.

Nietzsche plantea en este aforismo que los seres humanos han vivido engañados durante mucho
tiempo por y con la religión. Este engaño producía consuelo y beneficiaba a los grupos humanos
que compartían tales errrores como si se tratase de una adaptación evolutivo-cultural al medio.
Sin embargo, nuestro autor está hablando de religión en sentido amplio, puesto que la adhesión
incondicional a determinados postulados metafísicos dista muy poco de la actitud teísta. Tales
postulados son los elementos básicos de la metafísica occidental y se remontan a Sócrates y Platón,
grandes males de la cultura occidental a decir de Nietzsche en otros fragmentos. La libertad, la
bondad en sí misma, la persistencia e identidad de entes sustanciales forman parte de los dogmas
metafísico-religiosos que han engañado y acompañado a muchos en la historia.

Acostumbrados a esta forma de engaño, todo se percibía conforme a esta distorsión de la verdad,
porque los errores se habían convertido casi en parte sustancial de la vida humana. Lo verdadero, lo
falso, lo bueno, lo malo, lo permitido, lo prohibido... se dilucidaban conforme a esas falsas y antiguas
creencias. Solo muy tarde en la historia aparecieron las personas que negaron esa metafísica y el
engaño que había supuesto a lo largo de toda la historia. Renunciaban así a un conocimiento cierto,
a haber alcanzado la verdad absoluta y se conformaban con un conocer más precario.

La verdad queda en suspenso y cualquier pensamiento es evaluado a partir de cuánto tiempo


ha formado parte de las convicciones del ser humano a lo largo de toda la historia. Y cuando el
conocimiento parecía desafiar estas ideas que llevaban toda la vida instaladas entre nosotros se
descartaba afirmando que negarlas o, si quiera, dudar de ellas era producto de la locura. ¿Cómo
vamos a cuestionar lo que hemos vivido y creído durante tanto tiempo?

...

La cuestión fundamental a la que el texto del aforismo 108 responde es la muerte de Dios, tema
absolutamente central en La gaya ciencia. Esa muerte de Dios es anunciada primero por un profeta,
el propio Nietzsche, pero lo que él hace no de asesinar a Dios, sino anunciar su asesinato a manos
de los hombres. Dios ha muerto porque el hombre se ha olvidado de Dios. Sacar las consecuencias
de este hecho será una cuestión que tarde un tiempo.

11
nietzsche

... continuación del aforismo 110 EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO

Los pensadores excepcionales tales como los eleáticos, que, no obstante, establecían y proclamaban
las antítesis de los errores naturales, creían que era posible vivir esta antítesis; inventaban al sabio,
como hombre de concepción inmutable, impersonal y universal, que era uno y todo a un tiempo,
con una capacidad específica para ese conocimiento opuesto; opinaban que su conocimiento era
al mismo tiempo principio de vida. Más para poder afirmar todo esto, tenían que engañarse sobre
su propia situación: tenían que atribuirse impersonalidad y duración sin cambio, interpretar mal la
esencia del cognoscente, negar la fuerza de los impulsos en el conocimiento y, en un plano general,
concebir la razón como actividad completamente libre que tenía su raíz en sí misma. Cerraban
los ojos ante el hecho de que también ellos habían llegado a sus proposiciones contradiciéndolo
imperante por el ansia de reposo o de posesión exclusiva o de dominio. [...]

La idea principal del texto del aforismo 110 es el origen genealógico de lo que ha formado el
conocimiento humano a lo largo de la historia. Nietzsche sostiene que el conocimiento tiene su
origen en creencias erróneas que fueron útiles para la supervivencia y que se transmitieron de
generación en generación. Estas ideas, religiosas, filosóficas y morales, fueron fundamentales
para la conservación de la especie. Así, el conocimiento no se mide por su verdad, sino por su
antigüedad y utilidad práctica en la vida. Solo mucho tiempo después aparecieron quienes
afirmaron que el conocimiento debe sostenerse por su verdad y no por su antigüedad.

12
La gaya ciencia

Nietzsche critica que los pensadores de la escuela de Elea, es decir, Parménides y Zenón como más
representativos, pensaban que negar (antítesis) las creencias habituales de la vida humana a las que
califican como errores naturales. Ideas como el cambio, la multiplicidad y la transitoriedad del mundo
forman parte de esos errores naturales. Los eleatas consideraban que podían apartarse de esas ideas
y alcanzar una verdad absoluta y eterna. El sabio era, para ellos, aquel que poseía un conocimiento
inmutable, eterno, perfecto y universal y que, además, podía hacer de esas creencias una forma de
vida. Los eleatas pensaban que el sabio podía ser un ser impersonal, que no se dejaba afectar por
las particularidades y elementos propios de su existencia, que no cambiaba en el tiempo, que podía
evitar sus impulsos personales y que poseían una razón pura y libre, que de nada dependía ni de nada
se dejaba afectar. Nietzsche conluye que esta forma de pensar es cerrar los ojos a que esas verdades
que los sabios pretendían alcanzar estaban por impulsos humanos, como el deseo de estabilidad,
el afán de poseer la verdad con exclusividad o el deseo de imponer su visión sobre otras. Es decir,
incluso sus teorías «universales» estaban influenciadas por motivos humanos.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la impugnación de la concepción


antropocéntrica de la verdad y, con ello, la eliminación todo lo absoluto de la religión, la filosofía
y la moral, o dicho con otra expresión, la muerte de Dios. Haciendo uso del método genealógico de
acercarse a las distintas cuestiones tan habitual en Nietzsche, nuestro autor quiere responder a la
cuestión epistemológica del origen histórico del conocimiento y a los rasgos definitorios de este
conocimiento. Con este análisis Nietzsche busca desvelar cómo los valores y creencias tradicionales
han sido naturalizados y presentados como incuestionables, cuando en realidad son el resultado
de procesos históricos, sociales y de poder. El verdadero conocimiento, defiende Nietzsche, no
puede dejar al margen la vida, con su dinamismo, su temporalidad y sus contradicciones.

13
nietzsche

§125 EL LOCO. — “¿No habéis oído hablar de aquel hombre loco que en pleno día encendió una
linterna, fue corriendo a la plaza y gritó sin cesar: «¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!?» Como en aquellos
momentos estaban allí reunidos muchos de los que no creían en Dios, provocó gran regocijo.
¿Es que se ha perdido?, dijo uno. ¿Es que se ha extraviado como un niño?, dijo otro. ¿O se está
escondiendo? ¿Es que nos tiene miedo? ¿Se ha embarcado? ¿Emigrado? — así gritaron y rieron a
coro.

El hombre loco saltó hacia ellos y los fulminó con la mirada. «¿Dónde se ha ido Dios?», gritó. «¡Os
lo voy a decir! ¡Lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! Pero, ¿cómo
hemos hecho esto? ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar todo el
horizonte? ¿Qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol? ¿Hacia dónde va ella ahora? ¿Adónde
vamos? ¿Alejándonos de todos los soles? ¿No estamos cayendo continuamente? ¿Hacia atrás, hacia
un lado, hacia delante, hacia todos los lados? ¿Existe todavía un arriba y un abajo? ¿No estamos
vagando como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del vacío? ¿No hace ahora más
frío que antes? ¿No cae constantemente la noche, y cada vez más noche? ¿No es preciso, ahora,
encender linternas en pleno día? ¿No oímos aún nada del ruido de los sepultureros que entierran a
Dios? ¿No percibimos aún nada de la podredumbre divina? — ¡también los dioses se pudren! ¡Dios
ha muerto! ¡Dios sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!
¿Cómo podemos consolarnos, asesinos de asesinos? Lo más santo y poderoso que ha habido en el
mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos, — ¿quién nos limpia de esta sangre? ¿Con qué
agua podríamos limpiarnos? ¿Qué fiestas expiatorias, qué juegos sagrados tendremos que inventar?
La grandeza de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros? ¿No hemos de convertirnos
nosotros mismos en dioses para aparecer dignos de él? ¡Jamás ha habido acto más grande y todos
los que nazcan después de nosotros pertenecerán por obra de este acto a una historia más grande
que toda historia hasta ahora habida!»

Entonces se calló el hombre loco, mirando de nuevo a sus oyentes: también estos callaron, mirándolo
extrañados. Al fin él arrojó al suelo su linterna, así que se rompió en pedazos y se apagó. «Llego
demasiado pronto», dijo luego. «Este acontecimiento tremendo está todavía en camino, — no ha
llegado aún hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno requieren tiempo, la luz de los astros
requiere tiempo, los actos requieren tiempo, aún después de cometidos, para ser vistos y oídos.
Este acto para ellos está todavía más lejos que los astros más lejanos — ¡y sin embargo, han sido
ellos quienes lo cometieron!»
— Se cuenta que ese mismo día el hombre loco penetró en varias iglesias y en ellas entonó su
requiem aeternam deo, y que cada vez que lo expulsaron y le pidieron cuentas se limitó a replicar:
«¿qué entonces son aún estas iglesias sino las tumbas y monumentos fúnebres de Dios?»

La idea principal del texto del aforismo 125 es la proclamación de la «muerte de Dios». Nietzsche,
con probablemente el más famoso de sus aforismos, relata cómo la sociedad ha perdido la fe en
Dios y cómo esto afecta profundamente a la moral, la filosofía y el sentido de la vida. A través de
una serie de símbolos y metáforas, nuestro autor no se queda solo en el anunció de la muerte de
Dios sino en las consecuencias que eso tiene para el ser humano de ahora en adelante. No son
todavía evidentes las consecuencias de esta muerte, pero ya no tiene vuelta atrás.

14
La gaya ciencia

Este es uno de los aforismos más conocidos de Nietzsche. Un loco, que es identificado como Diógenes
de Sinope, aparece con una luz en pleno día preguntando por Dios. La anécdota original habla de
que Diógenes busca a un hombre, pero Nietzsche cambia ese objeto de búsqueda. El regocijo se
produce entre muchos que no creen en Dios. Esto es impensable en la Atenas de Diógenes, pero
no es extraño en el contexto histórico de Nietzsche. Cualquier persona medianamente ilustrada
encontraba la fe religiosa como algo cada vez más ajeno. El regocijo es muestra de la ridiculez con la
que los testigos rechazan la loca pretensión de un loco.

Sin embargo, el loco no se deja amedrentar y se dirige a ellos directamente y proclama que todos
ellos han matado a Dios. Todos son los asesinos de Dios. El término «asesino» tomará en Así hablo
Zaratustra un contenido nuevo. El asesino de Dios es también «el más feo de los hombres», el que tenía
más que avergonzarse ante Dios, pero en este momento solo representa a una sociedad occidental
que ya no tiene más necesidad de Dios. Dios ha muerto en la conciencia de los hombres. El loco no se
queda solo en la muerte de Dios sino que saca las conclusiones existenciales qué supone esa muerte.
Las imágenes que usa Nietzsche son hiperbólicas: vaciar el mar, borrar el horizonte, soltar a la Tierra
del sol. El resultado es que no hay ya ningún punto de referencia que podamos usar para guiarnos en
la vida. No hay consuelo, no hay calor, no hay suelo, no hay dirección. Estamos completamente solos y
perdidos. Sejustifica ahora que el loco busque a Dios a plena luz. Es el resultado de la desesperación.
Pero Dios, definitivamente, ha muerto. Lo hemos enterrado. Y se pudre en nuestra conciencia.

No hay consuelo posible porque con la muerte de Dios Nietzsche señala que ha muerto cualquier
referencia fija y objetiva que permita al individuo y a las sociedades tener una referencia para actuar
y vivir. Frente a este hecho no hay redención posible, ni consuelo, ni chivo expiatorio. Las pruebas
del delito son imborrables. Este acontecimiento es calificado por Nietzsche como el más grande y
decisivo de toda la historia de la humanidad. Desde sus orígenes, el ser humano ha buscado apoyo
en entidades externas que le sirvieran para ordenar su vida personal, moral, social, etc. Este es un
nuevo comienzo en la historia de la humanidad y puesto que Dios no existe más, solo cabe que
nosotros estemos a la altura de semejante hazaña y nos convirtamos en dioses.

Los oyentes del loco, también asesinos de Dios, no acaban de comprender la magnitud del deicidio
cometido. Adaptando una estructura teológica, la del «ya pero todavía no», Nietzsche proclama
que ya se ha producido la muerte de Dios pero todavía no se ha llevado a su plenitud. Está todavía
por completar. El loco ha realizado un signo pródromo, que anticipa lo que vendrá, pero dado que
la muerte de Dios supone la renuncia a lo sólido, a lo objetivo y a lo absoluto, es preciso que las
personas vayan desembarazándose de sus esclavitudes. Este es un proceso que no tiene vuelta atrás
pero que se irá realizando progresivamente. Podríamos acuñar la expresión «Dios está muriendo».

La última reflexión cierra el relato situando al loco en varias iglesias, donde no se han enterado
aun de que Dios ha muerto. El loco entona «descanso eterno a Dios» como exigencia lógica de su
anuncio de la muerte de Dios. Las iglesias no son ya nunca más algo vivo, sino tumbas de un muerto.
Ninguna metafísica, ninguna moral, ninguna religión... sirven ya de orientación para el ser humano.
Son monumentos funerarios de lo que fue.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la constatación de muerte de Dios, que es


el propio tema de la obra completa de La gaya ciencia. El cristianismo y sus valores han dejado de
ser la base sólida sobre la cual se construía la realidad y la moralidad. La muerte de Dios simboliza
el fin de una era en la que las certezas religiosas y absolutas guiaban la vida humana, y abre la
posibilidad de crear nuevos valores en un mundo sin esa referencia. Hay que entender la muerte de
Dios también como la abolición de la moral tradicional y de una filosofía que propugna la existencia
de conceptos eternos e inmutables como elementos fundamentales de la ontología. La muerte de
Dios supone quedar a la deriva en un mundo contradictorio y desafiante, pero a la vez es un acicate
para ejercer la voluntad de poder.

15
nietzsche

§164 LOS QUE BUSCAN REPOSO. — Yo reconozco a los espíritus que buscan reposo por la
multitud de objetos oscuros que colocan en su derredor: quien desea dormir sume su cuarto en
oscuridad o se mete en una cueva. — ¡He aquí una sugestión para los que no saben lo que están
buscando, en definitiva, y quisieran saberlo!
§165 DE LA FELICIDAD DE LOS QUE RENUNCIAN. — Quien renuncia a una cosa en forma categórica
y durante largo tiempo, cuando luego casualmente la vuelve a encontrar, por poco cree que la
ha descubierto — ¡y hay que ver la felicidad que experimenta todo descubridor! ¡Seamos más
prudentes que las serpientes que están tendidas demasiado tiempo al mismo sol!
§173 SER PROFUNDO Y PARECER PROFUNDO. — Quien sabe que es profundo, se esfuerza en ser
claro; quien quiere parecer ante la masa como profundo se esfuerza en ser oscuro. Pues la masa
tiene por profundo todo aquello cuyo fondo no alcanza a ver: ¡es tan miedosa y le repugna tanto
entrar en el agua!

§175 DE LA ELOCUENCIA. — ¿Quién ha poseído, hasta ahora, la elocuencia más persuasiva?


El redoble de tambor. Y mientras los reyes tengan este en su poder, serán siempre los mejores
oradores y agitadores del pueblo.

§179 PENSAMIENTOS. — Los pensamientos son las sombras de nuestras sensaciones, — siempre
más oscuros, más vacíos y más simples que estas.

§196 LÍMITE DE NUESTRO OÍDO. — Solo se oyen las preguntas a las que se es capaz de contestar.

La idea principal de los distintos aforismos es el modo en que es posible enfrentarse al conocimiento.
Algunos prefieren evitar el esfuerzo de pensar, porque el verdadero conocimiento no es motivo de
consuelo. Se oscurece el discurso (aforismos 164 y 173) o sencillamente se evita (aforismo 196).
En otras ocasiones se recurre a la fuerza (aforismo 186). La dificultad estriba en que nuestros
pensamientos son torpes articulaciones de nuestras experiencias (179). La actitud contraria es la
renuncia a las propias convicciones. Esta actitud permite recuperarlas de nuevo y lejos del miedo,
el redescubirmiento de lo que un día se dejó atrás es motio de felicidad (aforismo 165).

16
La gaya ciencia

La vida no produce sosiego ni consuelo. Para evitar los conflictos de la vida lo mejor es aislarse, procurar
la mayor oscuridad, puesto que el espíritu que no ve nada puede dormir, es decir, despreocuparse
de todo lo que nos mantiene en vilo. La última frase es una acusación velada: ¿pones cosas a tu
alrededor que provocan oscuridad? Entonces es que no quieres afrontar la realidad.

Las serpientes tendidas al mismo sol pecan de imprudentes. Esta última frase ofrece una clave para
comprender el aforismo. Renunciar a algo de forma categórica es una actitud valiente de cambio. Si
el tiempo hace aparecer aquello a lo que se renunció de nuevo, la experiencia de encuentro produce
felicidad en el descubridor.

Se atribuye a Einstein la frase de que alguien ha comprendido algo cuando es capaz de explicárselo
a su abuela. Ser oscuro o querer parecer oscuro no es signo de sabiduría, más bien al contrario.
Quienes han comprendido cosas complejas intenta trasladar su conocimiento a otros. Sin embargo,
la masa tiende a creer que la oscuridad es signo de sabiduría, porque adentrarse en el conocimiento
da miedo.

Nietzsche plantea que la elocuencia, la capacidad de hablar con más capacidad de convencer es la de
los tambores. Los tambores ejercen su elocuencia por la fuerza, anunciando la violencia de las armas.
El poder, respaldado por las armas, es la forma más convincente de hablar.

Nuestras ideas responden a experiencias interiores más complejas. Al darle a tales experiencias la
forma de pensamiento, esas vivencias se muestra simplificadas. La palabra deja fuera mucho de la
experiencia interior.

Nietzsche denuncia que hacemos oídos sordos a aquello que supera nuestra comprensión o nuestra
capacidad de expresarnos. Nos cerramos a aquello que obliga a dejar una respuesta en el aire. La
ansiada tranquilidad de saber dar respuestas lleva a omitir aquello a lo que no podemos contestar.

La cuestión fundamental a la que los distintos aforismos responden es la denuncia sobre cómo
afrontan el conocimiento aquellos que prefieren un saber que sirva de consuelo. Nietzsche propone
en su filosofía una vuelta a la vida y la abolición de todos los absolutos, encarnados en la religión,
la filosofía y la moral. A esta negación de lo absoluto, lo estable y lo universal hace referencia
la expresión de la muerte de Dios, que es el tema fundamental de La gaya ciencia. Pero frente a
este hecho histórico siguen existiendo muchas resistencias, de aquello que no soportan vivir la
vida sin las antiguas seguridades. Para los que se niegan a aceptar la muerte de Dios, el saber se
convierte en un refugio y en un medio para evitar la confrontación con la finitud humana y la falta
de certezas.

17
nietzsche

§298 SUSPIRO. — Capté esta verdad en el camino y eché mano rápidamente de las primeras,
pobres, palabras para atarla, para que no se me volviera a escapar. Y ahora se me ha muerto con
estas áridas palabras y cuelga de ellas floja y desamparadamente — y mirándola ahora, apenas si
me explico yo cómo pude sentirme tan feliz al capturar este pájaro.

§307 EN FAVOR DE LA CRÍTICA. — Ahora te parece un error lo que en un tiempo amaste como
verdad o probabilidad: lo rechazas, y crees que se trata de un triunfo de tu razón. Sin embargo, tal
vez ese error fuera para ti en ese entonces, en que aún fuiste otro –siempre eres otro– tan necesario
como todas tus «verdades» de ahora, algo así como una piel que ocultaba y disimulaba mucho que
por entonces aún no debías ver. Tu nueva vida, no tu razón, ha matado para ti esa opinión: no la
necesitas más, por lo que ahora se deshace y la sinrazón sale de ella como un gusano a la luz.

Cuando criticamos, no se trata de una actitud arbitraria e impersonal — se trata, con harta frecuencia
por lo menos, de una prueba de que se encuentran en nosotros fuerzas vitales y dinámicas que
provocan el desprendimiento de una costra. ¡Negamos y tenemos que negar, porque algo en
nosotros quiere vivir y afirmarse, algo que acaso no conocemos aún, no vemos aún! — Esto en
favor de la crítica.

§320 AL VOLVERSE A VER. — A: ¿Te entiendo todavía? ¿Estás buscando? ¡Dónde está, en medio
del mundo real de hoy, tu rincón y estrella! ¿Dónde puedes tenderte tú al sol, para que recibas un
excedente de bien y se justifique tu existencia? ¡Cada cual debe hacer esto por su cuenta –pareces
decirme– y eliminar de su cabeza el hablar en general y el preocuparse por los otros y por la
sociedad! — B: Yo aspiro a más; no soy un buscador. Quiero crearme un sol propio.

§327 TOMAR EN SERIO. — En los más, el intelecto es una máquina torpe, lóbrega y chirriante que
cuesta poner en marcha: le llaman «tomar en serio las cosas» cuando se proponen trabajar y pensar
bien con esta máquina — ¡cuán molesto ha de ser para ellos el pensar bien! La graciosa bestia
«hombre» pierde al parecer el buen humor cada vez que piensa bien: ¡se pone «seria»! Y «donde hay
risa y alegría, el pensamiento no vale nada» — así reza el prejuicio de esta bestia seria contra toda
«gaya ciencia» — ¡Muy bien! ¡Demostremos, pues, que se trata de un prejuicio!

La idea principal del texto de los aforismos 298, 307 y 320 es la experiencia ambivalente de búsqueda
de la verdad. La búsqueda de una verdad personal se enfrenta con siutaciones paradójicas. Lo que
en un principio se consideraba acertado, se muestra después como vacío (aforismos 298 y 307).
Tanto al principio como al final ha habido una actitud honesta de comprender. El cambio se
produce porque es la vida la que ha cambiado. Sin embargo el cambio radical está expresado en el
aforismo 320. No se busca ya una nueva referencia que sustituya a las anteriores. Ahora la persona
está dispuesta a crear la propia referencia. el propio sol.

La idea principal del texto del aforismo 327 refleja el cambio de tono vital a la hora de afrontar el
conocimiento. Para algunos pensar es un ejercicio fastidioso y muy serio. Es un prejuicio. La risa y
la alegría son compatibles con el pensamiento.

18
La gaya ciencia

Con un estilo poético, Nietzsche habla de la verdad como un pájaro y de las palabras como un hilo
que lo ata. Sin referencia a una verdad concreta, el autor expresa la tensión que se produce entre una
idea y su expresión con palabras. Poder verbalizar algo permite evitar que la idea de fondo se diluya.
Sin embargo, una vez que esa verdad deja de considerarse como tal o se renuncia a una idea, las
palabras se quedan vacías de contenido y la felicidad de haber conseguido expresar inicialmente tal
verdad se desvanece. ¿Cómo pude alegrarme de haber llegado a esa verdad?

Nietzsche describe en este aforismo la experiencia de cambio en las ideas cuando cambia la propia
vida. Resulta absurdo pensar que las ideas reflejan un estado eterno e inmutable de cosas. Las ideas
surgen de las dinámicas de la propia vida, de las necesidades del momento. Por eso, lo que antes era
una verdad amada, se percibe ahora como un error pasado. Pero no debemos, sin más, despreciar
aquella verdad primera. En aquel momento vital, era importante y hasta necesaria. No cabe hablar
de error de la razón, sino de una adaptación de la razón a una vida distinta. Del mismo modo, las
verdades de hoy están abiertas al cambio, al devenir.

La crítica, entendida como renuncia a ciertas ideas, no son un producto del ejercicio de la razón.
Generalmente, no llegamos a criticar algo a base de pensarlo, sino movidos porque nuestra vida
anda otros derroteros y tiene otras inquetudes y otras necesidades. Nos desprendemos de aquella
verdad como «de una costra». La crítica es prueba de que nuestra vida evoluciona y queremos vivir
cosas que no acertamos a explicar bien qué son, pero que las sentimos dentro. La crítica es síntoma
de la vida en devenir.

Nietzsche retrata tres actitudes en este aforismo. En boca del primero se presenta una actitud nueva,
que no es la antigua, en la que se podía hablar en general y se debía tener en cuenta a los otros y a
la sociedad. Frente a ese pasado, ahora surge una nueva actitud por la que cada uno determina su
sol y su rincón, es decir, los absolutos que le ofrecen personalmente orientación y refugio. Pero esta
segunda actitud no es la última. Todavía hay una tercera, la de quien crea su sol, renuncia a referencias
externas. No busca lo que esta fuera, sino que lo crea. En boca del segundo, parece encarnarse la
«voluntad de poder» de un nihilismo activo y creador.

Nietzsche está convencido que pensar es un ejercicio alegre de la razón. «La gaya ciencia», título del
libro, se traduce en ocasiones como «la ciencia alegre», entendiendo ciencia como conocimiento.
Con esta premisa, identificar pensar con tomarse algo en serio y renunciar al buen humor es un
prejuicio rechazable. Es evidente cuando la razón se experimenta como una maquinaria lenta y torpe,
pensar se convierte en un ejercicio extenuante, que se lleva a cabo con tristeza y pesar. Nietzsche está
convencido de todo lo contrario: risa, alegria y pensamiento han de ir de la mano, pues en definitiva,
son producto de la vida.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la consecuencia de la muerte de Dios y de


la irrrupcion del nihilismo. En la búsqueda de la verdad y durante toda la historia se ha procurado
encontrar algo definitivo y permanente. Sin embargo, en la nueva situación inaugurada por la
muerte de Dios las verdades de antaño deben ser abandonadas. Pero el nihilismo pasivo o negativo
que se enfoca en la pérdida de seguridades y en la destrucción de los absolutos, permite también
un nihilismo activo que se muestra no al buscar y adoptar nuevos valores, sino al crearlos. Si el
nihilismo pasivo puede llevar a la crisis existencial por la falta de sentido, el nihilismo activo
afronta la tarea de pensar con alegría. Con la muerte de Dios, resucita a la vida el ser humano.

19
nietzsche

§343 COMO ESTÁ NUESTRA ALEGRÍA. — El más grande de los acontecimientos recientes – que
«Dios ha muerto», que la creencia en el Dios cristiano se ha desacreditado – empieza ya a proyectar
sus primeras sombras sobre Europa. A los pocos, por lo menos, cuya mirada, cuya suspicacia en
la mirada, es lo suficientemente aguda y sutil para este espectáculo, les parece que se hubiera
puesto algún sol, que alguna inveterada y profunda confianza se hubiera trocado en duda: nuestro
viejo mundo se le aparece forzosamente cada día más vespertino, más receloso, más extraño, «más
viejo».
Pero se puede decir en general: que el acontecimiento mismo es demasiado grande, demasiado
remoto, demasiado apartado de la capacidad de comprensión de los muchos como para que pueda
decirse que la noticia de ello ya ha llegado; y menos aún que muchos sepan lo que en efecto
resultará de ello — y cuántas cosas, una vez socavada esa fe, tendrán que desmoronarse por estar
fundamentadas sobre ella, adosadas a ella, trabadas con ella: por ejemplo, toda nuestra moral
europea.
Esa larga plenitud y sucesión de demolición, destrucción, hundimiento y cambio que ahora se avecina:
¿quién lo adivina hoy por hoy suficientemente para tener que ser el predicador y pregonero de esta
pavorosa lógica de terror, el profeta de un ensombrecimiento y eclipse tal como probablemente
jamás lo ha presenciado la tierra?...

Hasta nosotros, descifradores natos de enigmas que esperamos, por así decirlo, en las montañas
colocados entre el hoy y el mañana y encajonados en la contradicción entre el hoy y el mañana,
nosotros, primogénitos y prematuros del siglo futuro, que en rigor debiéramos ya percibir las
sombras que no tardarán en volver a Europa: ¿cómo se explica que hasta nosotros aguardemos
su advenimiento sin interés por este ensombrecimiento, sobre todo sin preocupación ni temor por
nosotros mismos?
Será que nos hallamos todavía demasiado sujetos a las consecuencias inmediatas de este
acontecimiento y estas consecuencias inmediatas, sus consecuencias para nosotros no son,
contrariamente a lo que pudiera acaso suponerse, en manera alguna tristes y ensombrecedoras,
sino muy al contrario como una especie nueva, difícil de definir, de luz, ventura, alivio, alegría,
aliento, aurora...

En efecto, los filósofos y «espíritus libres», al enterarnos de que «ha muerto el viejo Dios ha muerto»,
nos sentimos como iluminados por una aurora nueva; con el corazón henchido de gratitud, maravilla,
presentimiento y expectación — por fin el horizonte se nos aparece otra vez libre, aunque no esté
aclarado, por fin nuestras naves pueden otra vez zarpar, desafiando cualquier peligro, toda aventura
del cognoscente está otra vez permitida, el mar, nuestro mar, está otra vez abierto, tal vez no haya
habido jamás mar tan abierto

La idea principal del texto es el nihilismo al que nos aboca la muerte de Dios. Ya en el aforismo
125 Nietzsche proclamaba la muerte de Dios. Ahora plantea que las consecuencias desoladoras de
dicha muerte no han sido todavía asumidas ni por los creyentes, ni por aquello que reciben con
júbilo la muerte de Dios. Nuestro autor señala que esta muerte proyecta sobre la sociedad una
sombra, es el nihilismo que despoja todo de sentido. Con este panorama, solo algunos son capaces
de entender que si no hay ya ningún puerto en el que hacer escala, el mar se hace más grande que
nunca.

20
La gaya ciencia

La muerte de Dios es una constatación. Dios ha muerto porque los seres humano no lo necesitan
más. Pero las consecuencias de un acontecimiento que Nietzsche califica como el más grande
recientemente se perciben muy poco a poco. Solo los más atentos son capaces de vislumbrar que
ha desaparecido una referencia y una seguridad. El mundo se vuelve irremediablemente más hosco.
No hay ya absolutos adonde asirse. Y aunque Nietzsche lo expresa en clave religiosa, lo que ha
desaparecido es cualquier absoluto, también los metafísicos o los morales.

El acontecimiento es tan grande y de tal trascendental, que en sus primeros momentos es difícil
de comprender para muchos. Han fallado los cimientos de nuestra cultura greco-cristiana, pero las
paredes aguantan por inercia. Nietzsche anuncia un cambio radical por el que se desmoronará todo,
pero del que la mayoria no es suficientemente consciente. Como en cualquier crisis social, económica,
política o moral. los indicios primeros no permiten imaginar hasta donde calará el cambio, pero una
vez comenzado esta ya no tiene vuelta atrás.

Nietzsche hace de profeta único de la muerte de Dios. Muchos han sido los asesinos de Dios pero
ninguno acierta a sacar las consecuencias. El nihilismo que conlleva es una consecuencia demasiado
terrorífica. Nuestro autor, tan aficionado a la genealogía como método, apunta que el abandono de
Dios es un acontecimiento mayor que cualquier otro que haya sufrido la humanidad en su historia- Al
fin y al cabo, el ser humano desde sus comienzos ha buscado siempre referencias externas para guiar
su vida, su pensamiento y su acción.

Esta situación de incapacidad de vislumbrar las consecuencias de la muerte de Dios se extiende


no solo a los que siguen creyendo, sino a los que ya no lo hacen. Quienes son conscientes de la
muerte de Dios se sienten como primogénitos de una nueva época. No pertenecen al presente, pero
tampoco pertenecen al futuro. El nihilismo resulta una amenaza tan ensordecedora que ni los que
están avisados de su llegada son capaces de captar lo que supone de «ensombrecimiento».

¿A qué se debe esta incapacidad para contemplar las consecuencias a largo plazo? La alegría por ver
desaparecer lo absoluto, por ver las cosas desde otra perspectiva y por contemplar otra luz ciegan los
ojos de quienes deberían extraer las consecuencias del nihilismo nietzscheano. La nueva libertad de
poder regir la propia vida oscurece el hecho de que ya no hay sol ni horizonte con el que orientarse.
Los valores de antes eran tan opresivos que perderlos de vista impide caer en la cuenta que ya no
hay valores.

La proclamación de que «el viejo Dios ha muerto» simboliza el colapso de los valores que sustentaban
la moral y la metafísica en Occidente. Para los «espíritus libres», este evento abre un horizonte nuevo
ya sin las restricciones que imponían las antiguas verdades inmutables. Ahora la humanidad puede
trazar su camino en el mar. Abandonadas las certezas en tierra, el mar se convierte en una promesa
y un desafío que obliga a la valentía y a la creatividad. En este momento de la historia, la humanidad
tiene más posibilidades que nunca pero debe afrontar el mayor de los vacíos.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es el anuncio de la muerte de Dios y el nihilismo


como las dos caras de una misma moneda. Nietzsche revela cómo el cristianismo y sus valores han
dejado de ser la base sólida sobre la cual se entendía la realidad. La muerte de Dios simboliza el fin
de una era en la que las certezas religiosas y absolutas guiaban la vida humana, y abre la posibilidad
de crear nuevos valores en un mundo sin ya ninguna referencia estable. Hay que entender la
muerte de Dios como la abolición también de la moral tradicional y de una filosofía que predica la
existencia de conceptos eternos e inmutables. La muerte de Dios supone quedar a la deriva en un
mundo contradictorio y desafiante, pero es también un acicate para ejercer la voluntad de poder.
Solo los espíritus libres recibirán con alegría la posibilidad de navegar conforme al libre albedrío.

21
nietzsche

§344 EN CUANTO TAMBIÉN NOSOTROS SOMOS AÚN PIADOSOS. [...] De este modo que la
«voluntad de verdad» no significa «no quiero dejarme engañar», sino —no queda otra alternativa—
«no quiero engañar, ni aún a mí mismo»: —y con esto nos encontramos en el terreno de la moral.

Pregúntese con profundidad: ¿por qué no quieres engañar?, sobre todo si parece — como parece
en efecto — que la vida tiende a la apariencia, es decir, al error, al engaño, la simulación, el
deslumbramiento, el autodeslumbramiento […] La «voluntad de verdad» pudiera ser una oculta
voluntad de muerte.
— De esta suerte, el interrogante: ¿por qué ciencia?, retorna al problema moral: ¿por qué aún la
moral, si la vida, la Naturaleza y la historia son «inmorales»? No cabe duda que el [hombre] veraz,
en ese sentido audaz y último que presupone la fe en la ciencia, afirma con eso un mundo diferente
al de la vida, de la naturaleza y la historia; y en tanto que afirma este «otro mundo», ¿cómo?, ¿no
niega por fuerza su antítesis, este mundo, nuestro mundo? …

Se habrá comprendido lo que me propongo decir, que sigue siendo una fe metafísica, la fe sobre
la que descansa nuestra fe en la ciencia — que también nosotros, los cognoscentes de ahora, los
ateos y antimetafísicos, tomamos nuestra llama del fuego que ha encendido una fe milenaria, esa
fe cristiana, que fue también la fe de Platón, según la cual Dios es la verdad y la verdad es divina…
Pero ¿y si esta fe precisamente se hace cada vez menos creíble, y si ya nada se muestra divino
como no sea el error, la ceguera y la mentira — y si Dios mismo se muestra nuestra más inveterada
mentira?

La idea principal del texto es la constatación que la búsqueda de la verdad debe ser inmoral. Si en la
búsqueda de la verdad asumimos que no queremos engañar, ni a nosotros mismos ni a los demás,
estamos adoptanto un principio moral. Sin embargo, la moral es una negación de la vida, puesto
que nuestor mundo incluye el error, la apariencia y el engaño. Cuando la ciencia pretende una
verdad universal también está cayendo en el terreno de la moral y por tanto de lo absoluto, de lo
bueno y lo malo. La fe en la ciencia es un error al mismo nivel de la fe en Dios.

22
La gaya ciencia

La «voluntad de verdad» a la que alude el fragmento no tiene solo una referencia personal, la de no
engañarme, sino también una referencia externa, la de no engañar a los demás. El título del aforismo
indica que hablamos de nosotros, los que han asesinado a Dios, los que deben inventar su vida. Pues
bien, «nosotros» seguimos pisando los terrenos de la moral. Seguimos dentro de una estructura moral
que hemos heredado de una tradición religiosa que nos ha acompañado hasta ahora.

Enfrentado con la voluntad de no querer engañar, Nietzsche asocia el deseo de verdad y con el
deseo de muerte. La vida es una mezcla de engaño, apariencia y error, por lo que querer encontrar y
proponer una verdad es eliminar el dinamismo de la vida, es decir, es optar por la muerte. Al insistir
en la verdad, estamos negando la vida misma.

Nietzsche hace una afirmación que puede llamar la atención «la vida, la Naturaleza y la historia son
‘inmorales’.» Antes incluso de proclamar que con Dios también ha muerto la moral, porque ya no se
puede definir lo bueno y lo malo en general, hablamos de una vida inmoral. Nuestro autor no afirma
que vaya en contra del bien, sino que la vida es lo que es y no es ni buena ni mala, simplemente es.
La Naturaleza y la historia son lo que son y no cabe atribuirles moralidad. El empeño de la ciencia en
buscar la verdad es una declaración en contra de la vida, que es contradicción, error y apariencia. El
idel de objetividad de la ciencia supone rechazar nuestor mundo real de la vida.

Nietzsche lleva la reflexión al límite. La fe en la ciencia es una forma de fe en la metafísica, en los


conceptos absolutos. En el fondo, poco se diferencian entre sí los que creen en un Dios, los que piensas
con conceptos metafísicos y los que buscan a través de la ciencia una verdad única y universal. En el
fondo, todos están sometidos a la idea de la fe en la verdad, aunque la vida se sigue manifestando
como todo lo contrario: «el error, la ceguera y la mentira». Concluye Nietzsche el aforismo con una
pregunta que apunta al desmoronamiento de toda referencia: no hay absolutos y Dios ya no es Dios
sino una mentira. Estamos en el más absoluto de los vacíos existenciales.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la intención de Nietzsche de sacar las


consecuencias de la muerte de Dios en cualquier ámbito. La ciencia no se libra del nihilismo
que surge del asesinato divino. Además, nuestro autor vincula indefectiblemente absolutos con
moralidad. Si algo se puede definir como absoluto, universal e inmutable, automáticamente se
convierte en marco moral que define lo bueno y lo malo. Cuando algo es incuestionable, la voluntad
de poder del ser humano queda truncada, sea ese incuestionable la religón, la filosofía, la moral
o la ciencia. La fe, sea del tipo que sea, supone rechazar el dinamismo de la vida y es, por tanto,
equivalente, a la muerte. El título del aforismo podría completarse para que dijese: «en cuanto
también nosotros somos aún piadosos, pero debemos librarnos de toda fe».

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nietzsche

§355 EL ORIGEN DE NUESTRO CONCEPTO DE «CONOCIMIENTO». — Tomo esta explicación de la


calle; oí a alguien del pueblo decir que «él me ha conocido» — entonces me pregunté: ¿qué entiende
el pueblo, en definitiva, por conocimiento? ¿qué quiere cuando quiere «conocimiento». Nada más
que esto: algo desconocido debe ser reducido a algo conocido.
¿Y los filósofos — hemos entendido, en rigor, más por el conocimiento? Lo conocido quiere decir
aquello a que estamos acostumbrados, así que ya no nos sorprendemos de eso, nuestra rutina
diaria, alguna regla a la que estamos atados, todo aquello con que nos sentimos familiarizados —
¿cómo?, ¿no es nuestra necesidad de conocimiento precisamente esta necesidad de lo conocido,
la voluntad de descubrir en medio de todo lo extraño, lo insólito y problemático algo que ya no nos
inquiete? ¿No será el instinto del miedo lo que nos impulsa al conocimiento? ¿No será la exultación
del cognoscente la exultación de la sensación de la seguridad recuperada?…

Tal filósofo creía «conocido» el mundo al haberlo reducido a la «idea»: ay, ¿no sería porque la «idea»
le era tan conocida, tan familiar?, ¿porque la idea ya no le daba tanto miedo? — ¡Qué contentadizos
son los cognoscentes! ¡No hay más que ver sus principios y sus soluciones de los enigmas del
mundo! ¡Cuán contentos se ponen no bien encuentran en las cosas, debajo de las cosas y detrás
de las cosas algo que desgraciadamente nos es harto conocido, por ejemplo nuestro uno-por-uno o
nuestra lógica o nuestra voluntad y deseo!

Pues «lo que es conocido es reconocido»: en eso están de acuerdo. Hasta los más cautelosos de
ellos opinan que lo conocido por lo menos es más fácilmente reconocible que lo ajeno; así, por
ejemplo, se exige metódicamente partir del «mundo interior», de los hechos de la conciencia»
¡porque este sería el mundo que nos es más conocido!

¡Error de los errores! Lo conocido es lo acostumbrado; y lo acostumbrado es lo más difícil de


«reconocer», es decir, de verlo como problema, vale decir, como cosa ajena, lejana, «exterior a
nosotros»…

La gran seguridad de las ciencias naturales, en comparación con la psicología y crítica de los
elementos de conciencia — ciencia innaturales, casi pudiera decirse —, se basa precisamente en el
hecho de que toman como objeto lo ajeno; mientras que es algo que casi incurre en lo contradictorio
y en el absurdo el querer tomar lo no ajeno como objeto…

La idea principal del texto es que el concepto de conocimiento está profundamente vinculado a
nuestra necesidad de convertir lo desconocido en algo familiar para obtener seguridad. Nietzsche
critica esta tendencia humana y filosófica, ya que el conocimiento suele ser solo una forma de
aferrarse a lo que ya nos resulta habitual. Confundir lo acostumbrado con lo verdadero genera una
ilusión de certeza, pero impide cuestionar aquello que debería ser investigado. Para Nietzsche,
esta búsqueda de seguridad refleja un instinto de miedo que limita el pensamiento. Pensar algo
exige considerarlo como ajeno y es difícil considerar con distancia aquello que nos resulta familiar.

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La gaya ciencia

Nietzsche comienza exponiendo la idea de conocimiento más popular que entiende que conocer
es pasar algo de lo desconocido a lo conocido y otro más filosófico. El uso del término «reducir» da
a entender que los desconocido es siempre más amplio y al conocer comprimimos, recortamos o
adaptamos.

¿Comparten los filósofos esta concepción del conocimiento? Básicamente sí. Nietzsche señala que
el conocimiento consiste en reducir lo desconocido, que es «extraño, insólito y problemático», a
lo conocido. Las cosas en cuanto que son conocidas se convierten en familiares y son desprovistas
de su posible carácter amenazante. Sin embargo, al convertir el conocimiento en una especia de
domesticación de lo extraño podemos hablar que el conocimiento no está movido por la búsqueda
de la verdad, sino por el miedo a lo extraño y el deseo de rutina y control. La alegría que experimenta
el que conoce no se debe a haber descubierto ninguna verdad eterna, como diría Platón, sino al
sentimiento de haber recuperado la seguridad. Cualquiera de nosotros se altera cuando escucha un
ruido que se sale de lo normal; la calma se recobra al conocer de dónde ha venido ese ruido.

La filosofía ha ejemplificado como nadie esta actitud. Lo convulso del mundo, el devenir, el cambio...
son reducidos a la idea, al concepto. Lo temporal, múltiple, movible y cambiante se reduce a lo
eterno, único y fijo. Poder usar una idea para definir el mundo, permite conjurar las contradicciones
de la vida y la alegría que nace de alcanzar el conocimiento es producto de alejar el miedo. Nada
reconforta más que descubrir en lo extraño del mundo esquemas que ya conocemos, conceptos
habituales o costumbres familiares. Al dar explicación de algo eliminamos su carácter amenzante y,
por el contrario, tachamos de locura aquello que no llega a encajar en nuestros esquemas mentales.

En este sentido, conocer es reconocer. Si vemos en lo extraño un patrón que ya conocemos, decimos
que hemos conocido lo que nos era desconocido. Partir por tanto de los contenidos de la conciencia,
de lo que ya conocemos, a la hora de querer entender algo es una recurso metodológicamente muy
habitual y que nos aporta seguridad. Antes de pensar que aquello a lo que nos enfrentamos es algo
extraño y ajeno, preferimos comparar con lo que ya conocemos.

Sin embargo, esta actitud de preferir explicar algo a través de lo que ya conocemos y no como
algo nuevo es un error. Este fenómeno tiene una consecuencia paradójica: aquello que parece más
evidente es, en realidad, lo más difícil de analizar críticamente. Nietzsche subraya que la verdadera
tarea del conocimiento debería consistir en mirar lo acostumbrado como si fuera ajeno, en convertir
lo familiar en algo problemático.

Nietzsche finaliza el aforismo vinculando lo dicho con distintos ámbitos de conocimiento. Las ciencias
naturales obtienen su «seguridad» porque estudian fenómenos externos, ajenos al observador. Esto
permite un análisis más objetivo y metodológico. Por el contrario, la psicología enfrenta una dificultad,
pues intenta estudiar aquello a lo que estamos acostumbrados, nosotros mismos. Es prácticamente
imposible observar objetivamente lo que forma parte de nuestra experiencia cotidiana.

La cuestión fundamental a la que el texto responde es la revisión de la noción de conocimiento a la


luz de la muerte de Dios y la cancelación de todos los absolutos que conlleva. Nietzsche afirma que
las concepciones tradicionales del conocimiento surgen de una necesidad psicológica de seguridad
y estabilidad. En el contexto de La gaya ciencia, obra marcada por el cuestionamiento de las certezas
filosóficas y científicas, Nietzsche busca desmantelar las ilusiones del saber objetivo. La temática
de fondo radica en una crítica al racionalismo y al miedo humano frente a lo desconocido, invitando
a mirar el mundo con ojos renovados. Esta reflexión se alinea con el tono vitalista y experimental
del libro, que incita a pensar sin los prejuicios impuestos por la tradición y la costumbre.

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