Programación Efectiva del Entrenamiento de Fuerza
Programación Efectiva del Entrenamiento de Fuerza
ENTRENAMIENTO DE FUERZA
Por tanto, una vez alcanzado un nuevo escalón en el rendimiento, cesan o disminuyen los
mecanismos de adaptación positiva. Este cese de la adaptación, en la mayoría de los casos,
ni siquiera se evita aumentando la carga de trabajo, sino que se hace necesario un cambio
más profundo en todos los elementos del sistema de entrenamiento. En esta situación se
impone iniciar de nuevo el camino recorrido, introduciendo las variaciones oportunas en
los estímulos, hasta llegar a superar otra vez los resultados. Precisamente, la función de la
programación es la de evitar el estancamiento y conservar una respuesta efectiva al
estímulo que supone cada ejercicio o carga (Fleck y Kraemer, 1987).
Para obtener una mejora en el rendimiento de fuerza, la organización de las variables del
entrenamiento o programación ha de hacerse de manera que se produzca una sobrecarga
sistemática y una variación secuencial en la carga de entrenamiento, pero además la
carga ha de ser específica, es decir, ha de tener elementos comunes con el tipo de
rendimiento que se pretende obtener.
Parece ser que tanto la sobrecarga progresiva como la variación de la carga son positivas
para mantener la mejora de la fuerza y el rendimiento deportivo durante un tiempo
prolongado. Un problema que está más lejos de la solución es la forma de llevar a cabo la
manipulación del volumen y la intensidad para proporcionar la óptima progresión y
variación de las cargas. Los estudios que se han planteado esta problemática no permiten
por ahora llegar a conclusiones definitivas. La solución actual está en una mezcla adecuada
de las aportaciones de la ciencia y del "arte" y sentido común del entrenador.
A continuación describimos las alternativas básicas que se pueden utilizar, pero sin que
esto signifique que nosotros estemos proponiendo utilizar ninguna de ellas, ya que esto se
verá en otros apartados:
100
90
Intensidad y volumen (%)
80
Volumen
70
Intensidad
60
50
40
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
Número de sesiones
Figura 2.1 Evolución esquemática de la intensidad y el volumen en la PIP
100
Intensidad y volumen (%)
90
80
Volumen
70 Intensidad
60
50
40
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
Número de sesiones
100
95
Intensidad y volumen (%)
90
85
80
Volumen
75 Intensidad
70
65
60
55
50
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23
Número de sesiones
90
Intensidad y volumen (unidades arbitrarias)
80
70
60
Volumen
50 Int. relativa
Int. absoluta
40
30
20
10
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23
Número de sesiones
Algunos de los trabajos que han estudiado los efectos de estos modelos encuentran que
algunos son más efectivos en la mejora de la fuerza, mientras que otros concluyen que no
hay diferencias significativas entre los resultados obtenidos. Baker y col., (1994a) no
encontraron diferencias significativas en 1RM en sentadillas y press de banca, en salto
vertical y en composición corporal (masa muscular libre de grasa) entre tres grupos que
realizaron una PIP/PIPM, una PAO y una PIE. El entrenamiento se realizó durante doce
semanas, con sujetos que habían realizado seis meses de entrenamiento de fuerza
previamente. El volumen y la intensidad media fueron igualadas: las repeticiones en press
de banca y en sentadillas durante las 12 semanas oscilaron entre 720 y 738 repeticiones,
según los grupos, en el ejercicio de tirón de cargada entre 360 y 366, en los ejercicios
auxiliares fueron las mismas para los tres grupos; la intensidad media fue de 6-RM para el
grupo de PIE, 6,25-RM para el grupo de PIP y 6,27-RM para el grupo de PAO. La PIE se
llevó a cabo con cinco series de seis repeticiones por serie en todo el ciclo (5x6). Los
entrenamientos de PIP/PIPM y la PAO se hicieron de la siguiente forma en los ejercicios
fundamentales:
Parece, por tanto, que igualando los volúmenes e intensidad no se encuentran diferencias
entre diferentes formas de programar. A la misma conclusión llegaron Schiotz y col.
(1998) al aplicar un entrenamiento de PIP y otro de PIE con igual volumen durante diez
semanas de entrenamiento. Herrick y Stone (1996) utilizaron un entrenamiento de PIP que
osciló desde 3x10 a 3x2-RM, y otro de PIE de 3x6-RM durante 15 semanas. Se concluye
que no se produjeron diferencias significativas en las ganancias de fuerza entre grupos,
pero sí que apareció una tendencia a producirse una estabilización de la mejora a las 15
semanas en el grupo de PIE, y los porcentajes de mejoras, aunque no de manera
significativa, sí fueron mayores en el grupo de PIP. Se considera que el volumen tuvo un
efecto mayor que la manipulación de las repeticiones por serie y las series.
Por el contrario, Willoughby (1993) comparó los efectos de dos entrenamientos de PIE,
uno con 5x10-RM con una media del 78,9 por ciento de 1RM y otro con 6x8-RM con una
media de 83,3 por ciento de 1RM, así como un grupo de PIP que incluía el siguiente
entrenamiento:
Los resultados indican que la PIP se muestra superior a las dos PIE a medida que se avanza
en el entrenamiento. En el ejercicio de press de banca, a las cuatro semanas no se observan
diferencias significativas entre los tres grupos. A partir de las ocho semanas el grupo de
PIP alcanza mejoras significativamente superiores a las obtenidas por los grupos de PIE, y
estas diferencias aumentan a medida que se avanza en el entrenamiento, hasta alcanzar las
máximas diferencias a las 16 semanas. El grupo que hace 6x8-RM tiende a mejorar más
que el que hace 5x10-RM, pero no de manera significativa.
En el ejercicio de sentadilla, a las 4, 8 y 12 semanas, los grupos de PIP y el que hace 6x8-
RM fueron superiores al que hace 5x10-RM, pero no hubo diferencias significativas entre
los dos primeros. A las 16 semanas, el grupo de PIP fue superior a los dos grupos de PIE.
El grupo de 6x8-RM fue significativamente superior al de 5x10. Se concluye que durante
16 semanas de entrenamiento, la incorporación de la PIP es más efectiva que la PIE con
volúmenes muy próximos si se quiere mejorar la fuerza tanto en las extremidades
superiores como en las inferiores.
Por tanto, este estudio parece indicar que la PIP es superior en sujetos entrenados y que la
mejora se produce, sobre todo, a medida que avanza el ciclo de entrenamiento. Pero a este
estudio habría que hacerle una pequeña objeción, y es que no sólo se ha comparado el
efecto de distintas formas de evolución del volumen y la intensidad, sino distintos valores
de volumen e intensidad media. Esta circunstancia podría restar valor a los resultados en
cuanto a la importancia de la forma de programar, aunque a favor tendríamos que
considerar que las formas de entrenamiento contrastadas se ajustan bastante a una
programación real.
Bradley-Popovich, (2001) sostiene que no hay razones para considerar que la PAO sea
superior al modelo clásico (PIP/PIPM), y que la inclusión de sesiones de entrenamiento
ligeras no tiene justificación e incluso puede ser erróneo si no es para estimular la potencia.
Sin embargo, Haff (2001) considera que la incorporación de fluctuaciones de la intensidad
podría evitar la fatiga y sus efectos negativos sobre la técnica y la prevención de lesiones.
Indica, además, que es muy probable que la PIP de manera pura, sin ninguna oscilación,
pudiera llevar al sobreentrenamiento, por lo que las oscilaciones propias de la PIPM puede
ser teóricamente una forma más adecuada de entrenamiento.
En dos revisiones llevadas a cabo por Fleck (1999, 2002) se llega a la conclusión de que a
pesar de los pocos estudios realizados sobre esta problemática las PIP y PIPM ofrecen
mejores resultados en fuerza y potencia que la PIE con una y múltiples series. La mayor
ganancia de fuerza puede estar relacionada con los cambios en el volumen (reducción del
volumen al final del ciclo) de entrenamiento que se produce en las PIP y PIPM. Este tipo
de programación también parece tener mayor efecto en la resistencia muscular local, en la
ganancia de peso magro y en la reducción de la grasa corporal. Es probable que cuando los
sujetos están poco o nada entrenados la PIE sea suficiente y no sea necesario utilizar las
PIP y PIPM, pues los resultados no han mostrado diferencias significativas entre ambos
tipos de programación. Es necesario el análisis de los resultados en periodos más largos de
entrenamiento para mejorar el conocimiento sobre el efecto de la programación.
En síntesis, parece que la PIP y, sobre todo, la PIPM son las más apropiadas para
manipular el volumen y la intensidad si se pretende mejorar la fuerza y la potencia en
periodos de entrenamiento que duren hasta 16 semanas. La superioridad de la PIPM se
manifiesta en mayor grado a medida que se prolonga el periodo de entrenamiento. De esta
tendencia se podría deducir que cuanto más largo fuese el periodo de entrenamiento, más
útil podría ser para la mejora del rendimiento. La combinación de la progresiva reducción
del volumen y el aumento de la intensidad parece tener mucha relación con la superioridad
de esta forma de programar. Quizá adquiere más importancia este tipo de programación
cuanto mayor nivel deportivo y desarrollo de la fuerza haya alcanzado el sujeto. Es
probable, incluso, que la PAO sea necesaria en sujetos muy avanzados o como forma de
introducir una variación importante en el proceso de entrenamiento de los deportistas que
tienen mucha experiencia en el entrenamiento de fuerza.
Cada uno de estos tipos básicos de programación tiene su aplicación más adecuada. La PIE
es la más adecuada si los sujetos están poco o nada entrenados o si son muy jóvenes o
ambas cosas, sin tener ni siquiera en cuenta el grado de desarrollo de fuerza máxima que
necesiten los sujetos. En esta situación, afirmamos, basándonos en los resultados obtenidos
en diferentes estudio personales, que para mejorar el rendimiento en fuerza es suficiente
mantener estable un determinado grado de esfuerzo bajo, que en la práctica podría ser tan
bajo como el equivalente al 30-40% de la RM, durante un periodo de 6 a 12 meses siempre
que la carga absoluta se vaya aumentando paulatinamente. La PIP es la más común y útil
para la mayoría de los sujetos. Se debería aplicar a sujetos algo entrenados con necesidades
de fuerza media o alta y que ya hayan pasado por la etapa anterior, y a sujetos con
experiencia que tengan necesidades bajas o medias de fuerza. Según las necesidades de
fuerza se aumentará en mayor o menor medida la carga. La PIPM es una programación
que deberá aplicarse sólo a sujetos con necesidades de fuerza media o alta, que hayan
trabajado con las programaciones anteriores y, por tanto, con experiencia en el
entrenamiento de fuerza, aunque consideramos que sólo es necesaria en pocos casos. La
PAO probablemente no es necesaria en ningún caso, pero si se aplica, sólo sería necesaria
en el caso de sujetos con muy altas necesidades de fuerza máxima y con mucha
experiencia en el entrenamiento
Las exigencias de condición física del deporte en relación con la fuerza. Esto implica
que previamente se ha de hacer un estudio de las características del deporte en general
y muy especialmente de la importancia que puede tener la fuerza en la mejora de los
resultados y de su relación con las demás capacidades que contribuyen a la mejora del
rendimiento específico
Valorar la condición física del sujeto. Para programar el entrenamiento no es suficiente
con conocer las necesidades de fuerza en un deporte concreto. Ante una misma
exigencia no hay una única solución. Ante un mismo objetivo, el entrenamiento puede
ser distinto en función de las características y del estado de entrenamiento del sujeto al
que hay que aplicarle el entrenamiento. Por tanto, sólo después de conocidas las
exigencias y las necesidades del sujeto, se estará en condiciones de diseñar una
programación de una manera racional.
Por tanto, los pasos mínimos a seguir antes de iniciar una programación son los siguientes:
Para determinar el número total de ciclos se debe tomar como referencia el número y
localización temporal de las competiciones importantes, pero fundamentalmente hay que
respetar los tiempos de adaptación, que son los que determinan la longitud de los ciclos de
entrenamiento para la mejora de la fuerza.
2ª Fase:
- Objetivo prioritario: mejorar la fuerza máxima, la RFD y la fuerza específica
(fuerza útil)
- Entrenamiento básico: reducción del número de repeticiones por serie y aumento
del CE
- Duración: entre 3 y 4 semanas
3ª Fase:
- Objetivo prioritario: mantener la fuerza máxima y mejorar la RFD y la fuerza
específica (fuerza útil)
- Entrenamiento básico: número de repeticiones por serie desde medio a bajo, CE
alto, medio y bajo
- Duración: entre 3 y 4 semanas
4ª Fase:
- Objetivo prioritario: mejorar la fuerza específica y mantener la fuerza máxima y la
RFD
- Entrenamiento básico: número de repeticiones por serie desde medio a bajo, CE
alto, medio y bajo
- Duración: entre 3 y 4 semanas antes de una competición, pero se puede prolongar
en una fase de mantenimiento durante otras dos o tres semanas
5ª Fase
- Objetivo prioritario: recuperar
- Entrenamiento básico: muy poco o ningún entrenamiento típico de fuerza
- Duración: entre 1 y 4 semanas, depende del momento de la temporada
La duración del ciclo completo no debería ser superior a las 12-16 semanas. La longitud
óptima podría estar entre 8 y 12 semanas, aunque también son muy eficaces y necesarios
ciclos de 4 a 6 semanas. Otros ciclos más cortos pueden servir para mantener o recuperar o
al menos para acercarse a los niveles de manifestación de fuerza alcanzados recientemente.
La distribución del tiempo total del ciclo entre las fases no tiene que ser de manera
estrictamente proporcional a los márgenes que le hemos dado a cada una, de tal manera
que, según el momento de la temporada, las fases se pueden alargar o acortar en distinta
proporción. Por otra parte, difícilmente se utilizará el máximo número de semanas
propuesto para cada una dentro del mismo ciclo.
Tabla 2.1 Cargas máximas aplicables en el entrenamiento de fuerza según las exigencias de los deportes en un
ciclo de entrenamiento.
Carácter del Ejer. localizados 8 (12) a 1 (2-3) 8 (18) a 3 (7-8) 8 (12) a 2 (3-5)
esfuerzo:
Ejer. sentadilla 8 (12) a 1 (2-3) 8 (18) a 3 (7-8) 8 (14) a 2 (4-5)
Ejer. Complejos
(p. ej: cargada de 6 (8-10) a 2 (3-4) 6 (8-10) a 2 (4) 6 (8-10) a 2 (3-4)
fuerza)
Para aclarar un poco más –en estos momentos– la aplicación de este ciclo básico de
entrenamiento de la fuerza a las necesidades de las diferentes especialidades, en la tabla 2.1
exponemos un esquema con las características de las variables básicas del entrenamiento
para deportes que dependen en gran medida de la fuerza máxima, RFD y velocidad, para
deportes de equipo y necesidades medias-bajas de fuerza y para deportes con necesidades
importantes de resistencia a la pérdida de fuerza.
Lo más importante que debe tenerse en cuenta para interpretar adecuadamente esta tabla es
que las cargas indicadas se refieren a la máxima carga que debería aplicarse al final de la
vida deportiva. Esto indica que de ninguna manera estas cargas deben aplicarse al inicio
del entrenamiento de fuerza, sino después de 4-5 años de entrenamiento de fuerza
progresivo y continuo.
Los porcentajes de 1RM indicados en dicha tabla, como hemos indicado en puntos
anteriores, son orientativos, y sólo son útiles si se entienden como el reflejo del esfuerzo
real que se está pidiendo al deportista, no como un mero valor relativo a 1RM, que en la
mayoría de los casos es falsa.
1ª Fase:
Objetivos fundamentales:
- Mejorar la fuerza máxima y la RFD ante los ejercicios de entrenamiento (no se
descarta la mejora de la fuerza útil)
Aclaraciones sobre los objetivos:
- Estimular el aumento de la masa muscular. Esto puede no ser deseable en
algunos casos. Si es así, se realizarían menos repeticiones por serie, un CE algo
menor y más recuperación entre series. No obstante, esta fase seguirá siendo la
de mayor número de repeticiones por serie de todo el ciclo, y debería llegarse
siempre como mínimo a las seis repeticiones por serie en la mayoría de los
entrenamientos. El efecto durante las primeras semanas, a pesar del número
relativamente alto de repeticiones por serie, es principalmente de carácter
neural, aunque también, desde los primeros días se produzcan cambios
cualitativos en la composición de las fibras musculares
- Mejorar la resistencia a la pérdida de fuerza, pero en especialidades donde esta
capacidad no es específica o limitante
- Acondicionar el sistema músculo-tendinoso para el entrenamiento con las
máximas intensidades (mayores resistencias para menos repeticiones por serie)
programadas en el ciclo
Series: Las incluidas en la tabla. Las series siempre se refieren al máximo peso
empleado. No se incluyen aquí las series de calentamiento. Esto es válido para todas
las fases
Velocidad de ejecución: Alta o máxima para todos los ejercicios y especialmente en los
complejos (carga de fuerza)
Pausas: Las más cortas de todo el ciclo. Las indicadas en la tabla para cada ejercicio
2ª Fase:
Objetivos fundamentales:
- Mejorar la fuerza máxima, la RFD y la fuerza específica (fuerza útil)
Tabla 2.2 Esquema básico de la estructura de un ciclo completo de entrenamiento para sujetos con altas
necesidades de fuerza máxima y RFD aplicando una PIPM y con carácter del esfuerzo alto o máximo
1ª Fase 2ª Fase 3ª Fase 4ª Fase
Objetivos Mejorar la fuerza Fuerza máxima ante Mantener fuerza Optimizar la
Fundamentales máxima y la RFD ejercicios de máxima manifestación de
ante los ejercicios entrenamiento RFD fuerza específica
de entrenamiento RFD Fuerza útil (pico de fuerza y
(no se descarta la Fuerza útil RFD específica) y
mejora de la fuerza mantener la fuerza
útil) máxima o perder
poca fuerza ante
cargas no
específicas
Duración (semanas) 2-6 2-4 2-4 2-4
Repeti. 1 (1) 6-8 4-6 3-4 2-3
por 2 5-8 3-6 3-4 1-2
serie 3 4-6 3-5 3-4 2-3
Series 1 3-4 3-5 3-4 2-3
2 3-4 3-5 3-4 2-3
3 3-4 3-5 3-4 2-3
Carácter 1 8(12), 6(8) 6(8), 4(6) 4(6), 3(5) 3(5-6), 2(4-5)
del 2 8(12), 5(8) 6(8), 3(6) 4(6), 3(5) 2(4), 1(2)
esfuerzo 3 6(8), 4(6) 5(6-7), 3(4-5) 4(5), 3(4) 3(4), 2(3)
Porcenta 1 70-80 80-85 83-88 83-88
jes 2 70-80 80-85 83-88 90 (95 poco
orientati 3 80-85 80-85 85-88 frecuente o no
vos emplearlo)
88-90
Velocidad de Alta o máxima Alta o máxima Alta o máxima Alta o máxima
ejecución
Pausas 1 2-3 3-4 3-4 3-4
(min) 2 3-4 3-4 3-5 3-5
3 2-4 3-4 3-5 3-5
Dinámica de la Tendencia a Máx. carga global Disminuye carga Disminuye carga
carga aumentar Volumen Tendencia a global global
e Intensidad aumentar Volumen Menor volumen Menor volumen
e Intensidad Intensidad se Intensidad se
Mayor oscilación mantiene o sube mantiene o sube
Oscilación de la Menor oscilación de
Intensidad la Intensidad
(1) 1: Ejercicios localizados
2: Sentadilla
3: Ejercicios complejos (p. ej., la cargada de fuerza)
3ª Fase:
Objetivos fundamentales:
- Mantener la fuerza máxima y mejorar la RFD y la fuerza específica (fuerza
útil)
Carácter del esfuerzo: Lo indicado en la tabla. Con ejercicios específicos siempre está
determinado por la velocidad del gesto de competición
Pausas: Tan amplias como para no perder velocidad o que la pérdida sea muy pequeña en
cada serie. Se mantienen o aumentan en relación con la fase anterior (ver tabla)
4ª Fase:
Objetivos fundamentales:
- Optimizar la manifestación de fuerza específica (pico de fuerza y RFD
específica) y mantener la fuerza máxima o perder poca fuerza ante cargas no
específicas
Carácter del esfuerzo:. Con los ejercicios específicos: siempre viene determinado por
la velocidad del gesto de competición
Pausas: Tan amplias como para mantener la velocidad o perder muy poca velocidad en
cada serie. Se mantienen o aumentan en relación con la fase anterior. Con ejercicios
localizados: 2-4’. Sentadilla: 3-5’.
Dinámica de la carga: Disminuye la carga global. El volumen se reduce aún más que
en la fase anterior. La intensidad máxima en cada ejercicio se mantiene o aumenta.
Dada la escasa frecuencia en el entrenamiento con cargas en esta fase, las intensidades
son casi estables, alcanzando valores altos tanto en el peso alcanzado como en la
velocidad de ejecución
En la tabla 2.3 exponemos un esquema general sobre la progresión de las cargas en las
primeras cuatro o cinco etapas del entrenamiento de fuerza para deportistas que han de
llegar a conseguir un desarrollo medio o alto de fuerza. Para las especialidades en las que
las necesidades de fuerza fueran inferiores, la frecuencia de entrenamiento debería ser
menor.
Las etapas han de considerarse como periodos de entrenamiento, que pueden comprender
hasta uno o dos años, pero que podrían reducirse hasta cuatro o seis meses, según la edad
del deportista. Si se empieza a entrenar en edades muy tempranas (10-12 años), cada etapa
podría durar de uno a dos años, pero este tiempo se reduce en mayor medida cuanto más
avanzada es la edad del deportista al comenzar el entrenamiento de fuerza. Pero cualquiera
que sea la edad de comienzo, todos los deportistas deberían pasar por cada etapa,
realizando el tipo de entrenamiento que las caracteriza. La diferencia sólo estará en el
tiempo que permanecerán en cada una de ellas.
Los ciclos completos de entrenamiento por año o temporada son cada vez más cortos y por
tanto más numerosos a medida que se avanza en el desarrollo de la fuerza. La frecuencia
de entrenamiento aumenta, pudiendo llegar a las cuatro veces por semana.
La intensidad viene expresada como CE, y, por tanto, el aumento del mismo supone un
incremento de la intensidad, que se expresa por la reducción del número de repeticiones
realizable o posible (número entre paréntesis). Por ejemplo, en la 2ª etapa se proponen 6
repeticiones por serie como mínimo y 10 como máximo, con un CE de 6 (14) y 10 (25), y
en la 3ª etapa se aumenta realizando un mínimo de 4 y un máximo de 10, con un CE de 4
(10) y 10 (20). La evolución del CE a través de las distintas etapas para este ejemplo
concreto se muestra en la tabla 2.4. Debajo de cada expresión del CE se indica el
porcentaje de 1RM medio que correspondería a cada uno de ellos. Estos porcentajes
vienen determinados por el número de repeticiones posibles (número entre paréntesis).
Ello indica que los porcentajes se han determinado por el número de repeticiones medio
que se pueden hacer con cada uno de ellos. Debe tenerse en cuenta que son porcentajes
orientativos, pues no todas las personas realizan las mismas repeticiones con cada
porcentaje.
Tabla 2.4 Evolución del CE a través de las distintas etapas
Etapas
1ª 2ª 3ª 4ª 5ª
Carácter del
esfuerzo para el 10 (30-40) 10 (25) 10 (20) 8 (16) 8 (16)
número máximo 30-40% 50-55% 55% 1RM 60% 1RM 60% 1RM
de rep/ser 1RM 1RM
Carácter del
esfuerzo para el 6 (18) 6 (14) 4 (10) 3 (5-6) 2 (3-4)
número mínimo 60% 1RM 65-70% 75% 1RM 85% 1RM 90% 1RM
de rep/ser 1RM
Tanto la intensidad como el volumen tienen una tendencia global a aumentar de etapa en
etapa. Se considera, por tanto, que hasta el final de estos ciclos de entrenamiento aún es
posible y necesario un aumento de estas variables para introducir nuevos estímulos de
trabajo cada vez más fuertes, aunque esto no quiere decir que la progresión de la carga sea
puramente lineal sin fases de reducción de la misma.
El valor mínimo de cada etapa se considera que es la mínima carga relativa que podría
significar un estímulo suficiente para mejorar la fuerza, y el máximo es la máxima carga
relativa que se debería utilizar durante toda la etapa. Se puede observar, por ejemplo, cómo
las cargas máximas de la primera etapa (18 repeticiones posibles) ya no serían ni siquiera
suficientes como estímulos mínimos en las dos últimas etapas. En este sentido, es muy
importante tener en cuenta que la mayoría de las especialidades deportivas nunca deberían
llegar a las cargas máximas previstas en este ejemplo en la última o en las dos últimas
etapas.
La descripción de la estructura de un ciclo que hemos expuesto para los deportes de fuerza
y velocidad importantes, que se caracterizan por altas necesidades de fuerza, hay que
considerarla como un modelo que marca la evolución básica de un proceso de
entrenamiento de fuerza, pero su aplicación no puede hacerse de manera indiscriminada a
todas las especialidades y en todas las situaciones. Para tratar de hacer algunas distinciones
con respecto a la carga (resistencia) a utilizar, que es el factor más importante dentro del
entrenamiento de fuerza, así como a otras variables, vamos a tomar como referencia lo que
podría ser una clasificación de los deportes por las necesidades o importancia de las
distintas manifestaciones de fuerza en el rendimiento de cada uno de ellos.
La clasificación se realiza partiendo de una escala en la que se considera la relevancia de la
manifestación de fuerza desde poco importante, indicada con un signo "+", hasta muy
importante, indicada con "+++++". Es probable que las decisiones que hemos tomado con
respecto a cada deporte puedan ser mejoradas por los especialistas en cada una de ellas. En
el caso de considerar que se debería dar más importancia a un aspecto u otro, las
observaciones correspondientes a la forma más idónea de entrenar serían adaptadas por el
propio lector al perfil que él estime que representa mejor las necesidades de su
especialidad.
Los criterios para determinar el nivel de las necesidades de fuerza parten de los valores
asignados a la fuerza dinámica máxima, completados después con las características de la
RFD. En todos los casos hemos considerado que es necesario, e importante en mayor o
menor grado, la fuerza dinámica máxima, bien por su influencia directa en el rendimiento
específico o en ejercicios relacionados con el rendimiento específico.
Cuando se estima que en alguna fase del gesto técnico se alcanzan valores relativos de
manifestación de fuerza que sobrepasan el 75% de la fuerza isométrica máxima en la
posición en la que se ejerce la acción técnica.
Estas fases coinciden, necesariamente, con momentos de alta tensión muscular y baja
velocidad de movimiento, que viene limitada por la elevada resistencia a vencer y el
ángulo en el que se manifiesta la fuerza.
Por tanto, es necesario manifestar una gran RFD (una gran producción de fuerza en la
unidad de tiempo) ante grandes resistencias.
Se estima que en alguna fase del gesto deportivo se puede llegar a manifestar alrededor
del 50% de la fuerza máxima
No existe resistencia externa, pero la acción técnica, debido a los grupos musculares
que intervienen y a las desventajas mecánicas, obliga a manifestar valores de fuerza
dinámica máxima
Existe una resistencia externa ligera o media con necesidad de repetir acciones con
manifestación importante de fuerza en CEA (ciclos de estiramiento-acortamiento)
El valor (++) se corresponde con aquellas especialidades que presentan una o varias de
estas características
No tienen que vencer ninguna resistencia externa a su propio cuerpo, o éstas son muy
ligeras
Signos Importancia
+ Escasa
++ Baja
+++ Media
++++ Alta
+++++ Muy alta
En la tabla 2.5 expresamos el perfil de una serie de especialidades deportivas en cuanto a
sus necesidades de fuerza. El número de ejemplos es amplio y comprende la mayoría de
las posibilidades que pueden darse en el deporte. Estos ejemplos pueden servir como punto
de referencia para que quien lo necesite determine el perfil de otras especialidades que no
aparezcan aquí.
Si sumamos todos los signos "+" que corresponden a cada deporte, podemos tener una idea
global de la importancia de la fuerza en cada especialidad, y, consiguientemente, del
tiempo o importancia que debe dársele en el entrenamiento.
Tabla 2.5 Propuesta de clasificación de los deportes por sus manifestaciones de fuerza
Grupo A: necesidades de fuerza dinámica máxima altas y muy altas ("++++" y "+++++")
Grupo B: necesidades de fuerza dinámica máxima medias ("+++")
Grupo C: necesidades de fuerza dinámica máxima escasas y bajas ("+" y "++")
El grupo A es el que más se ajusta al esquema general que hemos expuesto como modelo
básico, por tanto, las variables de entrenamiento de fuerza máxima en estos casos deben
ser prácticamente las mismas que se utilizaron en dicho modelo (tabla 2.2).
El grupo B mantendrá la estructura del ciclo, pero con distintos valores en las variables.
Todos deberán realizar entrenamientos orientados a la mejora de la fuerza dinámica
máxima, pero dado que los niveles de exigencia de esta cualidad son menores, la
aplicación de las unidades de entrenamiento hay que hacerla de forma diferente. Hay
muchas posibilidades de mejorar la fuerza dinámica máxima cuando los niveles necesarios
no son muy elevados, y de todas las unidades de entrenamiento siempre será más
adecuado utilizar las que menos carga supongan para el deportista. Esto va a permitir
cubrir las necesidades de fuerza al mismo tiempo que se evitan posibles interferencias con
otras cualidades, ganancias de peso que no sean aconsejables y limitaciones de las
posibilidades de entrenamiento en el futuro.
El esquema del ciclo es el mismo que hemos indicado para el Grupo A, pero con un CE
inferior. En la tabla 2.6 está el cuadro con la estructura adaptada a las necesidades de este
grupo. Lo que hay que observar en este cuadro, sobre todo, es el CE, que es la diferencia
fundamental con el anterior. También se eliminan las series de una repetición y cambian
los porcentajes orientativos de 1RM. A pesar de la reducción del CE, la carga propuesta es
válida y muy efectiva para obtener muy buenos resultados en fuerza durante bastante
tiempo, y si las necesidades de fuerza no son muy elevadas, este tipo de carga sería
suficiente durante toda la vida deportiva. El CE se mantiene, pero la intensidad absoluta se
incrementa de manera permanente. De nuevo resaltamos que este esquema es para el final
de la vida deportiva en sujetos con experiencia de varios años de entrenamiento de fuerza.
Por lo que nunca sería aplicable a este tipo de deportistas cuando se inician en el
entrenamiento de fuerza. Se darán pautas para estos casos más adelante.
Tabla 2.6 Esquema básico de la estructura de un ciclo completo de entrenamiento para sujetos con
necesidades medias de fuerza máxima aplicando una PIPM. Apropiado fundamentalmente para el Grupo B
El Grupo C puede alcanzar sus cotas de fuerza máxima con cierta facilidad. En este caso,
las exigencias de entrenamiento (EE) serán menores que en los grupos anteriores. Para una
mejora de la fuerza máxima necesaria será suficiente con utilizar cargas o "esfuerzos"
bastante inferiores a los que corresponden a los entrenamientos que buscan el máximo o
casi máximo desarrollo de la fuerza dinámica máxima.
El esquema del ciclo es el mismo que hemos indicado para los Grupos A y B, pero con un
CE inferior a ambos. En la tabla 2.7 está el cuadro con la estructura adaptada a las
necesidades de este grupo. Aquí también hay que observar el CE, que sigue siendo la
principal diferencia con respecto a los dos grupos anteriores. El número de repeticiones por
serie mínimo será de tres, las series con los pesos máximos de cada día tienden a reducirse
ligeramente y los esfuerzos programados (porcentajes teóricos) no sobrepasan el
equivalente al 80%. Al igual que en el caso anterior, a pesar de la reducción del CE, la
carga propuesta es válida y muy efectiva para obtener muy buenos resultados en fuerza
durante bastante tiempo en este tipo de sujetos. Esta mejora se basa en que la intensidad
absoluta se incrementa de manera permanente, sin necesidad de utilizar grandes esfuerzos.
Es probable que si el deportista mantiene durante bastantes años el entrenamiento de
fuerza, necesitara aumentar algo el CE para seguir mejorando, pero también es probable
que cuando llegue a esta situación ya haya alcanzado los valores de fuerza máxima
suficientes para la especialidad y no tenga mucho interés seguir incrementando la fuerza
ante cargas máximas. Volvemos a llamar la atención sobre el hecho de que este esquema
es para el final de la vida deportiva en sujetos con experiencia de varios años de
entrenamiento de fuerza. Por lo que nunca sería aplicable a este mismo tipo de deportistas
cuando se inician en el entrenamiento de fuerza.
Tabla 2.7 Esquema básico de la estructura de un ciclo completo de entrenamiento para sujetos con
necesidades bajas de fuerza máxima aplicando una PIPM. Aplicable fundamentalmente al Grupo C
Si asumimos que se realiza más de un ciclo completo al año, la evolución del volumen
dentro de cada ciclo y entre ellos a través de los años debería ser aproximadamente así:
En los primeros años es más importante que se completen todas las fases de cada ciclo
completo, que subordinar éstas a posibles competiciones. Lo conveniente sería que con los
más jóvenes se realizaran tres ciclos completos al año, sin modificar excesivamente esta
estructura cuando fuese necesario adaptarla a las competiciones.
La dinámica del volumen por semana puede ser de muy diferentes maneras y bastante
irregular a veces, aunque sí se pueden dar algunas normas básicas que aseguren con
bastante probabilidad un buen rendimiento en fuerza. La semana se suele tomar como
unidad de entrenamiento y resulta bastante cómoda para organizar la distribución de la
carga, aunque no siempre las unidades más pequeñas de carga sean de una semana, sino de
unos días. Nosotros vamos a hablar de la carga correspondiente al trabajo de fuerza, que
deberá ir en coordinación con el resto del entrenamiento. Si nos encontramos en una fase
en la que el objetivo fundamental es la mejora del rendimiento en fuerza, la carga global
debería estar subordinada al entrenamiento de esta cualidad. Si, por el contrario, lo que
pretendemos es sólo mantener el rendimiento, el trabajo de fuerza no supondrá una gran
exigencia y no va a influir de manera importante en la organización global de la carga, por
lo que no va a interferir en otras modalidades u objetivos de entrenamiento. Según estas
premisas, la dinámica de la carga de fuerza será en algunos momentos distinta a la
dinámica de la carga general, lo cual es correcto y necesario. Es posible plantearse distintos
objetivos semanales o mensuales con actividades específicas para cada uno sin que se
produzcan graves interferencias, aunque el rendimiento no sea tan elevado como si sólo
trabajásemos para uno de ellos. Quizá la mayor incompatibilidad se podría dar entre el
entrenamiento de fuerza y el de resistencia, pero sabemos que si estas cualidades se
entrenan por separado, sobre todo en días alternos, se pueden mejorar ambas a un nivel
suficiente para las exigencias de los deportes que no necesitan la manifestación de ninguna
de ellas en muy alto grado. En cualquier caso, siempre la resistencia se beneficiaría más de
la fuerza que ésta de la resistencia.
En años sucesivos se siguen programando cargas progresivas, pero dado que ya la mejora
de la fuerza será menor por unidad de sesión de entrenamiento, la intensidad relativa
tenderá a aumentar aunque el sujeto vaya mejorando su rendimiento. En estas etapas se
puede pensar en que dentro del ciclo se puede programar una semana de recuperación cada
3-4 semanas de progresión de cargas. Incluso, cuando las cargas van llegando a los valores
máximos previstos para la especialidad, se puede hacer una reducción de la carga durante
las dos-tres semanas finales del ciclo. Esta reducción se produce especialmente por la
disminución del volumen y en menor medida de la intensidad, que podría permanecer
estable o incluso aumentar.
En los deportistas más avanzados, y si entrenan al menos tres veces por semana, podemos
optar por las siguientes posibilidades:
Al principio del ciclo se podría llegar hasta una progresión de cuatro semanas seguidas, y
después una de recuperación. Esto se haría en los siguientes casos:
Si se inicia el ciclo con cargas muy ligeras en la primera y segunda semana, aunque en
progresión.
Si el deportista inicia el ciclo con muy poca capacidad de trabajo: esta circunstancia se
da cuando ha transcurrido mucho tiempo desde el último entrenamiento de fuerza.
Cuando el ciclo es muy largo y queremos retrasar la adquisición de la forma.
Hasta ahora hemos hablado de la dinámica del volumen (como componente de la carga),
pero no hemos dicho nada de la magnitud del mismo. No se pueden dar cifras, ni siquiera
orientativas, sobre valores altos, medios o bajos de volumen en el entrenamiento de fuerza
que pudieran servir como base para todos. En cada especialidad se debe ir observando y
analizando cuáles son los márgenes de carga idóneos para la especialidad como tal, y cada
entrenador deberá ajustar estos márgenes a las necesidades de sus deportistas. No obstante,
hay ciertas variables del entrenamiento que determinan el volumen y sobre las que sí se
pueden dar algunas orientaciones que van a acotar los márgenes de variabilidad del
volumen sobre los que se puede trabajar. Nos referimos a la frecuencia de entrenamientos,
al número de repeticiones por serie y de series por ejercicio, al tipo de ejercicio que se
utiliza y a la intensidad (porcentaje) mínima o el CE mínimo desde el que contabilizamos
el volumen.
El tipo de ejercicio es un factor que puede hacer variar en gran medida la carga: no tiene
nada que ver la carga que supone una sentadilla completa o una cargada de fuerza con la
de un ejercicio de bíceps braquial, aunque en ambos grupos se hayan hecho las mismas
repeticiones (volumen).
En esta situación se podría pensar que si tuviéramos en cuenta el tonelaje, se verían las
diferencias entre estos ejercicios, y, por tanto, ésta sería la solución. Pero detrás del
tonelaje se oculta y se pierde tanta información, que de ninguna manera merece la pena
tenerlo en cuenta. Algunos ejercicios ni siquiera forman parte del volumen de
entrenamiento, es decir, no influyen en la dinámica que hemos descrito anteriormente,
como, por ejemplo, ocurre con los ejercicios de abdominales: estos ejercicios, aunque sean
muy importantes para algunas especialidades, como, por ejemplo, para gimnasia artística o
para salto con pértiga, se harían en una cantidad importante, pero nunca significaría una
carga de fuerza a tener en cuenta como para determinar que una semana ha sido de carga
alta o baja. Lo mismo ocurre con aquellos ejercicios que tienen un efecto localizado y se
realizan como complemento y no como parte esencial del entrenamiento. Sobre el tipo,
características y frecuencia con la que se utilizan los ejercicios volveremos a hablar al final
de este apartado.
La intensidad o CE a partir del cual consideramos que se puede conseguir una mejora del
rendimiento también juega un papel importante para valorar el nivel de carga que estamos
utilizando. En este aspecto es muy importante tener en cuenta que dos entrenamientos con
el mismo número de repeticiones reales y los mismos ejercicios pueden aparecer como dos
cargas aparentes muy distintas si en un caso las repeticiones se contabilizan desde el 50% y
en el otro desde el 80%. De hecho se trataría de dos entrenamientos con la misma carga,
aunque por la forma de cuantificarla el valor resultante fuera distinto.
La frecuencia de entrenamientos de fuerza por semana es un indicador bastante
relacionado con la carga global de trabajo. Como norma general, y exceptuando deportes
cuyo entrenamiento específico es el entrenamiento con cargas, como, obviamente,
corresponde a la Halterofilia, debemos considerar que una sesión por semana es una carga
baja o muy baja, dos sesiones es una carga suficiente para la casi totalidad de las
especialidades deportivas, tres sesiones es una frecuencia necesaria en algunos casos,
cuando la experiencia y las necesidades de fuerza son altas. Cada sesión podría llegar a
estar compuesta por 2-3 ejercicios fundamentales más otros 2-3 complementarios. El
número de ejercicios por entrenamiento y en el total de la semana es el complemento
necesario que habría que añadir a la frecuencia de entrenamiento para tener una idea global
más ajustada de la carga. El número de ejercicios es tan importante, que podría
considerarse por encima de la frecuencia de entrenamiento, porque cabe la posibilidad de
que cada día, e incluso dos veces al día, hagamos entrenamientos de fuerza en sesiones
cortas, de uno o dos ejercicios por sesión. En este caso, la frecuencia de entrenamiento
podría resultar mucho más alta, aunque no se correspondería con una mayor carga. La
distribución del volumen en pequeñas unidades produce mejores beneficios en cuanto a la
fuerza y a la actividad del sistema nervioso. Esto significa que con un mayor número de
sesiones, dentro de ciertos márgenes, no se produciría necesariamente una mayor carga,
sino, probablemente, lo contrario, y con mayores beneficios.
En cualquier caso, siempre debemos tener en cuenta que la mayor o menor duración real
del esfuerzo (volumen) debe tomar como referencia las condiciones fisiológicas en las que
se encuentra el sujeto durante el entrenamiento y los indicadores biomecánicos que
determinan la calidad de los movimientos o ejercicios (velocidad, sobre todo) que se
realizan en cada sesión.
La intensidad máxima expresada como carácter del esfuerzo (CE) ha sido hasta ahora la
forma más adecuada que hemos propuesto para expresar la dinámica del esfuerzo
programado a través de un ciclo de entrenamiento. Pero actualmente hemos dado un paso
más y hemos incorporado la velocidad de ejecución como la más precisa y útil de las
formas de expresar, dosificar y controlar la intensidad del entrenamiento.
Una vez conocido todo lo relacionado con las necesidades o exigencias básicas de fuerza
de una especialidad, se puede iniciar la programación, pero previamente debemos
disponer, al menos, de los siguientes datos:
Fecha de competición
Semanas de entrenamiento disponibles
Punto de partida físico-técnico del deportista o equipo: estado actual de forma,
experiencia en el entrenamiento de fuerza, edad y conocimientos sobre la técnica de
algunos ejercicios
Características y fechas del último ciclo de fuerza realizado
Necesidades individuales de fuerza
Es probable que cada sujeto tenga su propia velocidad máxima con cada porcentaje y, por
tanto, su propio déficit mínimo, el cual no pueda reducirse. No obstante, las diferencias en
la velocidad con cada porcentaje son muy pequeñas e insignificantes entre los sujetos. Por
ello, otra de las grandes ventajas que tiene utilizar la velocidad para la dosificación y el
control de la carga es que jamás será necesario realizar 1RM ni para conocer la carga que
se aplica ni para conocer los cambios en los valores de fuerza del sujeto a través del
tiempo.
Por tanto, si cada porcentaje de 1RM tiene su propia velocidad y ésta es muy estable:
% 1 RM Vel
40 1.18
45 1.12
50 1.07
55 1.01
60 0.95
65 0.89
70 0.82
75 0.75
80 0.68
85 0.61
90 0.54
95 0.46
Para poder llevar a cabo con éxito la programación, es necesario tener en cuenta lo
siguiente:
El grado y tipo de esfuerzo se define tanto por el número de repeticiones realizadas por
serie como por el número de repeticiones que se dejan de hacer en una serie. Así, no es
el mismo tipo de esfuerzo dejar de hacer dos repeticiones por serie si una vez se hacen
2 sobre 4 posibles [2 (4)] que 8 sobre 10 [8 (10)]. Si se toma como referencia la
velocidad de la 1ª repetición, dicha velocidad indica el porcentaje que representa la
carga, y una vez conocido el porcentaje, se sabe de manera muy aproximada el número
de repeticiones que se puede hacer
Con la información aportada hasta aquí se puede organizar el entrenamiento de una manera
racional y más precisa y controlada que a través de la referencia de la RM y con el
procedimiento de la XRM. Pero es necesario añadir los últimos conceptos y hallazgos que
hemos desarrollado en los últimos años. Éstos hacen referencia a la pérdida de velocidad
en la serie como factor determinante de la carga de entrenamiento.
Acabamos de indicar que no es lo mismo (no es el mismo CE) hacer 2(4) que 8(10),
porque, naturalmente, aunque el número de repeticiones que se dejan de hacer es 2 en
ambos casos, poder hacer 4 repeticiones en la serie significa que la intensidad es muy
distinta que si se pueden hacer 10. Esta diferencia en la intensidad quedaría muy bien
definida a través de la velocidad con la que se realizara la primera repetición, pero para
determinar con mayor (quizás la máxima) precisión el grado de esfuerzo que realiza el
sujeto, habría que considerar / añadir la pérdida de velocidad en la serie. Esto es así porque
si dos sujetos desplazan una determinada carga absoluta (esta carga puede ser la misma o
distinta para ambos) a la misma velocidad en la primera repetición, se puede considerar,
con alta probabilidad, que ambos están trabajando con la misma carga relativa (mismo
porcentaje de su RM), pero si uno de los sujetos sigue haciendo repeticiones en la serie
hasta perder un 10% de la velocidad de la primera repetición y el otro continúa hasta
perder el 40%, es claro que ambos han realizado un esfuerzo muy distinto. Es decir, el
sujeto que ha perdido el 40% de la velocidad estará mucho más fatigado, porque la fatiga
(el grado de esfuerzo), medida a través de la pérdida de velocidad pre-post esfuerzo,
depende (r = 0,97) de la pérdida de velocidad en la serie, independientemente de las
repeticiones que se puedan hacer en la serie (Sánchez-Medina y González-Badillo, 2011).
Por tanto, el último avance que aportamos es que si queremos que dos personas realicen el
mismo entrenamiento, la misma carga, los indicadores que en mayor grado nos garantizan
que esto sea así son que ambos hayan alcanzado la misma velocidad en la primera
repetición y hayan perdido el mismo porcentaje de velocidad en la serie. Esto significa que
ya no programamos que se haga un número determinado de repeticiones en la serie y que
se deje de hacer otro número determinado, sino que programamos la velocidad en la
primera repetición y el porcentaje de pérdida de velocidad en la serie. Esto, a su vez, quiere
decir que habiendo hecho ambos el mismo esfuerzo (misma velocidad inicial y misma
pérdida de velocidad en la serie), no habrán hecho necesariamente el mismo número de
repeticiones en la serie, ya que lo que se ha programado y controlado es la pérdida de
velocidad, no el número de repeticiones a realizar.
Esto se ajusta más a la realidad, ya que no todas las personas pueden hacer el mismo
número de repeticiones con la misma carga relativa (existe un número de repeticiones
medio para cada porcentaje, pero con una cierta variabilidad). Por tanto, si obligamos a
todas las personas a hacer el mismo número de repeticiones ante una misma carga relativa,
unos se acercarán más al número máximo de repeticiones posibles que otros, y por ello,
habiendo hecho las mismas repeticiones en la serie habrán hecho distintos esfuerzos. Esto
no ocurre si se toma como referencia la pérdida de velocidad en la serie.
Todo lo dicho queda reforzado con un nuevo hecho que ya tenemos confirmado en
estudios recientes, y es que ante un mismo porcentaje de pérdida de velocidad en la serie,
se ha realizado el mismo porcentaje de repeticiones en la serie, cualquiera que sea la carga
relativa (porcentaje de 1RM). Por ejemplo, si decimos a dos sujetos que ante la misma
carga relativa pierdan el 20% de la velocidad de la primera repetición en el ejercicio de
sentadilla, los dos habrán hecho de manera muy aproximada la mitad de las repeticiones
posibles con dicha carga (el 50% de las repeticiones posibles para ambos), pero no
necesariamente los dos habrán hecho el mismo número de repeticiones en la serie. Es
decir, han hecho el mismo esfuerzo, pero no las mismas repeticiones.
2.1.8 Los ejercicios de entrenamiento
Los ejercicios que vamos a analizar tienen un efecto global muy positivo. Por ello deberían
ser utilizados por todos los deportistas que pretendan mejorar su fuerza para un mejor
rendimiento específico, y muy especialmente por aquellos que realizan su actividad
específica de pie. También trataremos de la forma de realización de algunos de ellos.
B. Walsh (1989), D.F. Armstrong (1992 y 1993) y R.W. Field (1988) se manifiestan
claramente a favor de los ejercicios con pesos libres frente a los realizados con máquinas.
Las ventajas que estos autores encuentran en el empleo de pesos libres se pueden resumir
en las siguientes:
Si los ejercicios que se realizan con pesos libres son los denominados Olímpicos, las
ventajas se multiplican. La base fundamental de un entrenamiento bien fundado para el
desarrollo de la fuerza es la utilización de ejercicios Olímpicos y los ejercicios que
permiten la transferencia. Además de la ventajas enumeradas para todos los ejercicios
de pesos libres, las específicas de los Olímpicos son:
- Los ejercicios se realizan de pie, lo cual coincide con muchos de los gestos
deportivos.
- En cada levantamiento se implica la mayoría de los grupos musculares, y el peso es
soportado por todo el cuerpo.
- El levantamiento requiere la actuación de los músculos por fuertes "golpes
explosivos", acentuando la manifestación de la máxima fuerza en la unidad de
tiempo en cada uno de ellos.
- Para obtener el mejor resultado y el mayor beneficio, es necesario realizar estos
ejercicios con un alto grado de ritmo, coordinación y equilibrio, lo cual es esencial
en cualquier gesto deportivo.
- Se estimulan los ciclos de estiramiento-acortamiento (principios de acción-
reacción): cuando se realiza una arrancada o una cargada se produce una fase de
flexión-extensión de rodillas muy rápida en el momento más decisivo del
movimiento. Este "contramovimiento" o recuperación de energía es muy
importante para el resultado global de numerosos deportes, y este movimiento se
encuentra en todos los ejercicios Olímpicos (R. W. Field, 1988).
- El entrenamiento de grupos musculares aislados no está directamente relacionado
con el incremento del potencial de rendimiento del deportista. Los entrenamientos
de tipo bodybuilding, de power lifting o de fuerza con ejercicios aislados ayudarán
a los deportistas a estar cada vez más fuertes, pero con menor probabilidad de que
sea útil para la mejora del rendimiento. El entrenamiento en un eje fijo (en
máquinas) con movimientos parciales elimina la participación total del cuerpo,
reduce claramente el desarrollo de los músculos sinergistas y es ineficaz para el
entrenamiento de deportes de competición. El uso de ejercicios Olímpicos y sus
parciales produce el resultado deseado, incrementa la flexibilidad y garantiza el
desarrollo de los modelos de ejercicios explosivos que son necesarios en el
rendimiento deportivo. Todos los ejercicios de estas características deberían
utilizarse durante el año, y, concretamente, los ejercicios Olímpicos y sus parciales
(D.F. Armstrong, 1993).
Cuando una máquina fija el modelo de movimiento en un ejercicio, también fija el tejido
que será reclutado. Esta forma de fijar el movimiento lleva a un entrenamiento aislado de
la musculatura, de tal manera que se corre el riesgo de producir un desequilibrio muscular
con mayor probabilidad que si se emplean ejercicios con pesos libres. Una falta de
variación en el modelo de reclutamiento de fibras musculares, una falta de exigencia para
mantener el equilibrio en distintos planos del movimiento y una menor utilización de
músculos sinergistas durante la ejecución de los ejercicios con máquinas, puede disminuir
la especificidad del ejercicio para aplicar sus efectos a la competición (Kraemer y Nindl,
1998).
En relación con la carga global de entrenamiento debe tenerse en cuenta que la exigencia
de los pesos libres parece ser considerablemente mayor que si el entrenamiento se hace con
máquinas. Esto se puede deber a un aumento de los requerimientos fisiológicos para
controlar los ejercicios cuando éstos se hacen con pesos libres (Fry y col., 2000). A esta
conclusión se llega después de observar que un entrenamiento con pesos libres y con
cargas de alta intensidad produce mayor retroceso o estancamiento que otro de mayor
intensidad realizado con máquinas. Esto puede tener importancia para la programación de
la magnitud de la carga de entrenamiento, pues los datos sugieren que la capacidad de un
deportista para soportar cargas con alta intensidad con pesos libres es menor que si las
mismas cargas se hacen con máquinas.
Una característica importante que debería tenerse en cuenta para obtener el mayor
beneficio del entrenamiento de fuerza es que los ejercicios realizados fueran de cadena
cerrada. Como hemos indicado al principio de este apartado, todos los ejercicios de tipo
olímpico poseen esta característica. R.A. Panariello (1991) defiende la utilización de
ejercicios de cadena cerrada, que son aquellos en los que el sujeto mantiene los pies en el
suelo mientras realiza el ejercicio (generalmente, pesos libres), frente a los que se realizan
en cadena abierta (generalmente, máquinas). El rendimiento se inicia en muchos deportes
por las piernas, por tanto, la fuerza de las piernas es importante para el rendimiento óptimo.
Para el entrenamiento de estos músculos se recomiendan ejercicios de cadena cerrada
(sentadillas), en lugar de extensión de piernas sentados o curl de piernas (cadenas abiertas).
De igual manera, los ejercicios para la parte superior del cuerpo deberían ser iniciados por
las piernas, siempre que fuese posible. Así, el push press (con la barra sobre los hombros
se hace flexión-extensión de piernas para impulsar la barra verticalmente al mismo tiempo
que se empuja con los brazos) puede sustituir o alternarse con el press militar (ejercicio
para entrenar los hombros con elevación vertical de la barra por encima de la cabeza). Los
ejercicios de cadena abierta pueden ser utilizados para mantener el nivel de fuerza de los
deportistas cuando no pueden hacer un entrenamiento normal por lesión y para recuperar
los propios grupos musculares lesionados.
Para J. Parker (1992), los ejercicios con pesos libres son mucho más efectivos para
prevenir lesiones y ayudar a mejorar el rendimiento que los ejercicios de calistenia o los
realizados con máquinas. Especial mención merece el ejercicio de cargada de fuerza (lo
que se diga sobre él también es válido para la arrancada de fuerza).
J. Davies (1993), al hablar del entrenamiento de fuerza para los jugadores de baloncesto,
dice que sólo deben realizarse aquellos ejercicios que harán a los jugadores más fuertes
para el baloncesto. Y la pregunta inmediata es: ¿qué ejercicios harán a los jugadores de
baloncesto más fuertes? En la sala de pesas, los jugadores sólo realizan cuatro ejercicios (al
menos, cuatro fundamentales, también puede haber otros, como, por ejemplo,
abdominales). No es partidario de la filosofía de cuanto más mejor. El objetivo es crear un
programa que permita a los deportistas trabajar a un nivel verdaderamente alto de esfuerzo
a través del programa previsto. Entre los ejercicios que elige, ocupa un lugar destacado la
cargada de fuerza, del cual dice: "es el mejor ejercicio que he encontrado para desarrollar
la explosividad, la potencia total del cuerpo" (p. 37). El resto de los ejercicios se dedican al
desarrollo de la fuerza de la parte superior del cuerpo (press de banca y remo de pie o
tendido) y a la parte inferior (sentadilla profunda).
B. Takano (1992) considera que un programa de entrenamiento que incluye la cargada de
fuerza es generalmente más productivo que uno basado solamente en movimientos
monoarticulares. La cargada de fuerza es un ejercicio multiarticular, válido para todos los
deportes, pero que puede aumentar significativamente el rendimiento atlético en
especialidades que requieren acciones explosivas en posición de pie. En igualdad de
condiciones, los deportistas que entrenan con este ejercicio experimentarán mayores éxitos
que aquellos que dejan de hacerlo en sus programas de entrenamiento. Además de lo
indicado, este ejercicio, si se realiza de forma adecuada, reúne las siguientes condiciones:
En cada repetición de este movimiento participa la mayor parte de los grandes grupos
musculares y muchos de los pequeños músculos de sostén.
Ya que cada repetición requiere un gasto calórico mayor que los ejercicios simples,
este ejercicio tiene mayor valor como medio para desarrollar la resistencia anaeróbica.
Su realización requiere una secuencia de activaciones y relajaciones instantáneas de
numerosos músculos. Esto condiciona el sistema nervioso de tal forma que es lo más
favorable para el desarrollo de la velocidad.
Ya que la mayoría de los músculos trabajan sinérgicamente, se produce un
fortalecimiento de manera armónica, más que de una forma desequilibrada, como
ocurre con frecuencia con el trabajo de los músculos en forma individual/localizada.
La tensión isométrica constante a la que se ven sometidos los músculos de la espalda
durante todo el movimiento permite que estos músculos se desarrollen de una forma
que no es posible a través de otros ejercicios convencionales, aislados.
Ya que son tantos los grupos musculares estimulados por este ejercicio, el tiempo
utilizado para el entrenamiento de fuerza puede ser mejor aprovechado.
Estimula mucho la fuerza de agarre en las manos y minimiza el riesgo de lesiones en
esta zona, lo cual beneficia mucho a los deportistas que tengan que usarlas en su
actividad deportiva.
Sobre la arrancada de fuerza comentamos sólo dos casos ilustrativos. Cuando C. Poliquin
(1992) investigó los valores de los niveles de fuerza de los mejores lanzadores de martillo
del mundo, se dio cuenta de que eran hábiles en el ejercicio de arrancada de fuerza. Como
media, los cinco primeros lanzadores del ranking mundial podían hacer entre 15 y 20 kg
más que su lanzador. También se dio cuenta de que los resultados de su atleta en este
ejercicio de máxima velocidad eran muy bajos comparados con los que obtenía en otros
relativamente más lentos como la cargada de fuerza y las sentadillas: en arrancada de
fuerza sólo conseguía el 57% de lo que hacía en cargada de fuerza. Entonces se propuso
llegar hasta una relación óptima del 78% entre ambos ejercicios, que equivale a la relación
que presentan los levantadores de peso cuando están en forma. Como medida para
conseguir esto, decidió hacer con mayor frecuencia el ejercicio de arrancada de fuerza.
Como vemos, según se desprende del análisis de este caso, estos ejercicios no se utilizan
sólo como una forma de mejorar la fuerza, sino que pueden incluso determinar cuál es el
estado específico de forma, pueden descubrir las deficiencias y, por tanto, pueden servir
para reorientar el entrenamiento de un deportista. El problema que presentan es que hay
que hacerlos bien técnicamente.
En otro deporte de características muy diferentes, como el voleibol, los razonamientos con
respecto a estos ejercicios son los mismos. T. Cross (1993) considera que el voleibol
requiere un alto grado de velocidad y explosividad, junto con una secuencia en el uso de
los músculos con un orden específico: parte de las extremidades inferiores, pasa por las
caderas y el tronco para terminar en los brazos. Y después añade que la arrancada y el dos
tiempos (en él se incluye la cargada) son levantamientos que ejercitan y fortalecen los
músculos a una velocidad similar y en el mismo orden en el que se necesita en el deporte.
Y continua diciendo que como los músculos no se usan de manera aislada en la vida real,
los ejercicios que fortalecen los músculos de forma individual están limitando en cierta
medida el rendimiento del deportista. Él considera que el uso de los ejercicios Olímpicos
junto con otros más lentos, en los que se entrena la fuerza máxima, probablemente sea lo
que produce los mejores resultados. Más adelante (p.60) declara que él utiliza la arrancada
de fuerza porque es el movimiento más poderoso de todos los que usa un deportista:
excelente para el salto vertical y para el entrenamiento de todo el cuerpo.
Por último convendría aclarar también que los levantamientos de carácter explosivo no
suponen un riesgo mayor de lesión para la musculatura esquelética que otros ejercicios
realizados sin peso. En un estudio realizado por E. Burkhardt y col. (1990) se compararon
el máximo impacto y las fuerzas de reacción durante las fases de impulso y caída de tres
ejercicios: salto vertical, salto en profundidad (drop jump desde 42 y 63 cm) y la cargada
de fuerza con intensidades entre el 75 y el 90%. Los resultados mostraron una fuerza de
reacción por peso corporal en la fase de impulso similar para la cargada de fuerza y para el
salto en profundidad, e inferior para el salto vertical. Sin embargo, estas mismas variables
medidas durante la caída del salto vertical y el salto en profundidad fueron mayores que los
producidos en la cargada de fuerza. De aquí se deduce que caídas de salto durante la
competición, como por ejemplo en el baloncesto o en el voleibol, que frecuentemente son
sobre una pierna o en desequilibrio, producen mayor tensión (riesgo de lesión) sobre los
músculos esqueléticos que los producidos por los levantamientos de carácter explosivo,
como, por ejemplo, la cargada de fuerza.
Y hablando de lesiones, J. Parker (1992) dice: "las sentadillas harán más para prevenir las
lesiones de rodillas que cualquier otro ejercicio" (p.28). Y continua: "muchos entrenadores
creen que las sentadillas son peligrosas para las rodillas. Nada más lejos de la realidad".
Las sentadillas son un ejercicio fundamental en el programa de Los Gigantes de Nueva
York (equipo de fútbol americano al que entrena este autor), y lo será previsiblemente en
el futuro.
J. Davies (1993) dice que este ejercicio debe hacerse tan lento y profundamente como sea
posible (p.37) [su intención aquí es que como la cargada de fuerza mejora la explosividad,
el ejercicio de sentadillas debe orientarse hacia la mejora de la fuerza "pura" y la
resistencia (a la fuerza)]. En este sentido, os indico que la sentadilla sí debe hacerse
profunda, flexionar a una velocidad controlada, pero hacer la extensión de piernas a la
máxima velocidad posible.
La semana puede considerarse como una unidad temporal de entrenamiento válida para
establecer la dinámica de las cargas, pero también pueden utilizarse unidades
temporales más pequeñas de tres o cuatro días en los que siempre el último será de
descanso activo o total. Si se sigue este sistema, sin duda más complejo, que también
incluye a la programación de fuerza, sobre todo si el trabajo de fuerza se realiza en
cada sesión, la diferencia entre las cargas semanales será menor, y no se definirán las
semanas por la carga que se ha realizado en ellas, porque realmente la unidad de
entrenamiento es otra. Esta dinámica de cargas sería más uniforme y estaría
íntimamente ligada a la individualización del entrenamiento. La dinámica de dos o tres
sesiones de entrenamiento altas y una baja se elige en función de las características del
sujeto, y se mantiene mientras se soporte o durante un número de ciclos (cada una de
las veces que se repite la dinámica elegida) previamente establecido.
Cualquiera que sea la carga programada, la respuesta individual es la que decide qué
carga es realmente la que estamos aplicando. La intensidad relativa (% de 1RM) es
una orientación, pero nunca debemos estar sometidos a ella. Si estas intensidades se
entienden como esfuerzo, deberíamos conocer cuál es la dificultad que representa cada
una, y para ello tendríamos que tomar como referencia la velocidad de ejecución,
según hemos explicado en páginas anteriores. Si no es posible medir la velocidad,
tendríamos que recurrir al segundo procedimiento más preciso de control de la carga,
que es la consideración del número de repeticiones por serie que se puede hacer con
cada carga absoluta. Lo importante es valorar la dificultad o esfuerzo que está
realizando el deportista en cada momento. Este esfuerzo es el que determina si el
entrenamiento de un ejercicio es excesivo o si no llega a los mínimos requeridos para
el día, y esto sólo se puede saber de una manera razonablemente precisa si se cumple el
carácter del esfuerzo programado.
Máxima 3x8 3x8 3x6 3x5 3x6 3x5 4x3 4x4 4x3 5x3 2x2 3x2 3x2 3x1
intensidad (12) (12) (10) (8) (8) (7) (6) (6) (5) (5) (4) (4) (4) (2-3)
semanal
Ejercicio Complejos (p. ej.: cargada de fuerza)
Carácter del 2x6 2x6 3x6 2x4 3x4 3x4 3x3 3x4 4x4 3x3 3x3 4x3 4x2 3x2
Esfuerzo (8) (8) (8) (6) (6) (6) (5) (5) (5) (4) (4) (4) (3) (3)
3x6 3x6 3x5 3x4 2x5 3x5 3x3 4x4 4x3 4x3 4x3 4x2
(8) (8) (7) (6) (6) (6) (5) (5) (4) (4) (4) (3)
Máxima 3x6 3x6 3x5 3x4 3x5 3x5 3x3 4x4 4x3 4x3 4x3 4x2 4x2 3x2
intensidad (8) (8) (7) (6) (6) (6) (5) (5) (4) (4) (4) (3) (3) (3)
semanal
La primera fila indica la longitud aproximada de las distintas fases del ciclo. La segunda
las semanas que comprende este ejemplo de ciclo.
El carácter del esfuerzo (CE) viene expresado por el número de series, repeticiones por
serie y, entre paréntesis y debajo, el número de repeticiones por serie realizables, es decir
el número de repeticiones que sería capaz de hacer el deportista con el peso que se utilice.
Por ejemplo, el primer entrenamiento de los ejercicios localizados sería 2 series de 8
repeticiones con un peso con el que el sujeto pudiera hacer 12 [2x8 (12)]. Volvemos a
repetir que las series indicadas son las que se harían con el máximo peso de entrenamiento,
y que previamente hay que hacer de dos a cuatro series, como término medio, de
calentamiento con el mismo número de repeticiones por serie que las previstas para el peso
máximo. Si el número de repeticiones por serie con el peso máximo es de tres o menos, el
calentamiento debería ser como mínimo de cuatro o cinco repeticiones por serie.
La frecuencia con la que se realiza cada ejercicio viene indicada por el número de
entrenamientos que aparecen en cada semana. La frecuencia del ejercicio “complejo”
podría ser menor, de una vez a la semana, y el ejercicio “localizado” podría ser distinto en
cada sesión.
La máxima intensidad semanal viene expresada por el CE que se realiza en cada semana
con el peso más elevado, o lo que es lo mismo, por el CE en el que menor es el número de
repeticiones realizables. La intensidad podría expresarse por la velocidad en cada ejercicio.
Creemos que si se analiza con atención el esquema, se puede sacar mucha información
acerca del entrenamiento que se pretende realizar. En la mayoría de los casos nos
encontramos ejemplos de entrenamientos con muchos números y ejercicios, que al final no
te permiten descubrir cuáles son las bases de la planificación o las directrices que dan lugar
a ese entrenamiento y no a otro.
Las formas de programar las intensidades en este ejemplo obedecen a una serie de razones
básicas que significan una manera de interpretar el entrenamiento. A continuación damos
algunas explicaciones sobre las mismas.
Se parte del supuesto de que el deportista comienza el ciclo con una capacidad de
entrenamiento al menos de tipo medio, por eso el número de repeticiones realizables en la
primera sesión es de 12, lo que viene a representar un porcentaje orientativo del 70% de
1RM. Si el sujeto no hubiese entrenado la fuerza durante varias semanas, los primeros
entrenamientos deberían ser más ligeros.
Conviene recordar que todas las series deben hacerse con el mejor ajuste posible al CE
programado, pero también debe entenderse que aunque, como es lógico, las últimas series
que se hacen con el máximo peso en un ejercicio siempre tienden a presentar mayor
dificultad que las primeras, esto no significa que se esté fuera del CE programado. Sólo si
se observa que no se van a poder completar las repeticiones de una serie o si el esfuerzo es
claramente superior al previsto, se deberá reducir el peso para el resto de las series.
Lo expuesto en el párrafo anterior nos lleva a otra reflexión sobre las características del
programa que hemos dado como ejemplo. Se trata del hecho de no tener que prescribir una
medición continua del "nuevo 1RM" cada una, dos o tres semanas, para poder "ajustar
mejor" los porcentajes de entrenamiento programados. De ninguna manera este
procedimiento podría mejorar la adaptación del entrenamiento a las posibilidades actuales
del sujeto. En primer lugar porque nunca después de mejorar una marca personal se puede
de inmediato entrenar subiendo de forma automática (aritméticamente) la carga en función
de los nuevos récords: la capacidad de trabajo no se mejora, necesariamente, al mismo
tiempo que una mejor marca personal; y porque una nueva mejora del rendimiento no va a
depender en todos los casos de un nuevo incremento de las cargas: pensar que si un
entrenamiento me permite conseguir una superación de los resultados, aplicar otro más
fuerte de inmediato me permitirá mejorar de nuevo, es una deducción falsa. En segundo
lugar porque ese "mejor ajuste" de la carga se haría demasiado tarde: la adaptación del
entrenamiento hay que hacerla todos los días, y el procedimiento más preciso y fácil de
aplicar es medir la velocidad. Si no se puede medir la velocidad, el punto de referencia
para el entrenador, en estos casos, sería la facilidad-fluidez-velocidad (subjetivas) con la
que realiza el sujeto las repeticiones por serie prescritas para cada peso y serie en relación
con lo programado. Cuando un peso "permite" realizar con mayor facilidad de lo previsto
un número determinado de repeticiones por serie, casi seguro que estamos exigiendo un
esfuerzo menor del que hemos programado, por lo que en ese mismo momento la carga
debería ser aumentada ligeramente y ajustar bien el peso de entrenamiento. Lo contrario
ocurriría si el peso significara una carga excesiva.
Tabla 2.9 Esquema básico de la evolución del carácter del esfuerzo (intensidad-volumen) en un ciclo
completo de entrenamiento para sujetos con características típicas del Grupo B. El número de semanas es
quizás el máximo que se debería programar. Ciclos de 8-10 semanas serían muy adecuados.
Fases 1ª 2ª 3ª 4º
Semanas 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
Ejercicio Localizados
Carácter del 2x8 3x8 2x6 3x6 3x6 3x5 2x4 2x4 3x3 4x3 3x3 3x2
Esfuerzo (18) (16) (14) (14) (14) (12) (8-9) (8-9) (6) (6) (6) (6)
2x8 3x8 2x6 3x5 4x4 3x4 3x3 4x3
(18) (16) (14) (12) (8-9) (8-9) (6) (6)
Máxima 2x8 3x8 2x6 3x6 3x5 4x4 2x4 3x4 3x3 4x3 3x3 3x2
intensidad (18) (16) (14) (14) (12) (8-9) (8-9) (8-9) (6) (6) (6) (6)
semanal
Ejercicio Sentadilla
Carácter del 2x8 2x8 3x8 2x6 3x6 3x5 3x4 4x4 3x3 4x3 3x3 3x2 3x2 3x2
Esfuerzo (18) (18) (16) (14) (14) (10) (8-9) (8-9) (6-7) (6-7) (6-7) (5) (4-5) (4-5)
3x8 2x8 2x6 3x6 2x5 2x4 3x4 2x3 4x3 2x2 3x2
(18) (16) (14) (14) (10) (8-9) (8-9) (6-7) (6-7) (5) (4-5)
Máxima 3x8 2x8 2x6 3x6 2x5 2x4 3x4 2x3 4x3 4x3 2x2 3x2 3x2 3x2
intensidad (18) (16) (14) (14) (10) (8-9) (8-9) (6-7) (6-7) (6-7) (5) (4-5) (4-5) (4-5)
semanal
Ejercicio Complejo (cargada de fuerza)
Carácter del 2x6 2x6 3x5 2x4 3x4 3x3 3x3 3x4 4x4 3x3 3x3 4x3 4x2 3x2
Esfuerzo (10) (10) (8) (6-7) (6-7) (6) (5-6) (5-6) (5-6) (4-5) (4-5) (4) (3) (3)
3x6 3x5 3x4 3x4 2x3 2x3 3x3 3x4 3x3 3x3 3x3 3x3
(10) (8) 6-7) (6-7) (6) (5-6) (5-6) (5-6) (4-5) (4-5) (4) (4)
Máxima 3x6 3x5 3x4 3x 3x3 2x3 3x3 4x4 4x4 3x3 4x3 4x3 4x2 3x2
intensidad (10) (8) (6-7) (6-7) (6) (5-6) (5-6) (5-6) (5-6) (4-5) (4) (3-4) (3) (3)
semanal
Tabla 2.10 Esquema básico de la evolución del carácter del esfuerzo (intensidad-volumen) en un ciclo
completo de entrenamiento para sujetos con características típicas del Grupo C. El número de semanas es
quizás el máximo que se debería programar. Ciclos de 8-10 semanas serían muy adecuados.
Fases 1ª 2ª 3ª 4º
Semanas 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
Ejercicio Localizados
Carácter del 2x8 3x8 2x8 3x8 3x8 3x6 4x6 3x6 3x5 4x4 3x3 3x3
Esfuerzo (20) (20) (18) (18) (18) (14) (14) (14) (12) (10) (8) (8)
2x8 3x8 3x8 2x6 4x6 3x5 3x4 4x4
(20) (20) (18) (14) (14) (12) (10) (10)
Máxima 2x8 3x8 3x8 3x8 2x6 4x6 4x6 3x5 3x4 4x4 3x3 3x3
intensidad (20) (20) (18) (18) (14) (14) (14) (12) (10) (10) (8) (8)
semanal
Ejercicio Sentadilla
Carácter del 2x8 3x8 2x8 3x8 3x8 3x6 4x6 3x6 3x5 4x4 3x4 3x3 3x3 2x3
Esfuerzo (20) (20) (18) (18) (18) (14) (14) (14) (12) (10) (10) (8) (8) (8)
2x8 3x8 3x8 2x6 4x6 3x5 3x4 4x4 2x3 4x3
(20) (20) (18) (14) (14) (12) (10) (10) (8) (8)
Máxima 2x8 3x8 3x8 3x8 2x6 4x6 4x6 3x5 3x4 4x4 2x3 4x3 3x3 2x3
intensidad (20) (20) (18) (18) (14) (14) (14) (12) (10) (10) (8) (8) (8) (8)
semanal
Ejercicio Cargada de fuerza
Carácter del 2x6 3x6 3x5 2x4 3x4 2x3 3x3 4x3 3x4 4x4 2x3 3x3 3x3 2x3
Esfuerzo (10) (10) (8) (6) (6) (5) (5) (5) (5) (5) (4-5) (4-5) (4-5) (4-5)
3x6 2x5 3x5 3x4 4x4 3x3 4x3 4x3 4x4 4x4 3x3 3x3
(10) (8) (8) (6) (6) (5) (5) (5) (5) (5) (4-5) (4-5)
Máxima 3x6 2x5 3x5 3x4 3x4 2x3 4x3 4x3 4x4 4x4 3x3 3x3 4x3 3x3
intensidad (10) (8) (8) (6) (6) (5) (5) (5) (5) (5) (4-5) (4-5) (4-5) (4-5)
semanal
En puntos anteriores hemos insistido en varias ocasiones en la idea de que los ejemplos
que hemos expuesto sólo son aplicables a personas expertas, con varios años de
entrenamiento de fuerza en cada una de las categorías de especialidades deportivas. A
continuación vamos a mostrar una tabla con la evolución de la carga en cuatro etapas de la
vida deportiva según las necesidades de fuerza, indicando la carga mínima y máxima del
último ciclo de entrenamiento de cada una de las etapas. También añadiremos el porcentaje
de 1RM orientativo correspondiente a cada carga. La carga viene expresada en términos de
CE. Cada etapa puede suponer aproximadamente 1-2 años o temporadas de entrenamiento,
según la edad del sujeto cuando inicia el entrenamiento de fuerza (a menos edad, más
tiempo en cada etapa). Las cargas que se indican son las máximas que se aplicarían al final
de cada una de las etapas. Antes de llegar a la carga máxima de la primera etapa, hay que
hacer varios ciclos (~2-4) con cargas máximas menores que la indicada como máxima para
dicha etapa. De la misma manera, entre la carga máxima de una etapa y la de la siguiente
también es necesario emplear cargas intermedias entre ambas cargas máximas. Estas
cargas serían aplicables a cualquier ejercicio con cargas, aunque en la cargada de fuerza
siempre es permisible un CE más elevado en todos los grupos, como se indica más
adelante.
Evolución de las cargas mínimas y máximas de un ciclo al final de distintas etapas de la vida deportiva en
función de las necesidades de fuerza (grupos A, B y C). Se añade el porcentaje aproximado de 1RM al que
correspondería la carga programada.
Etapa 1ª 2ª 3ª 4ª
Grupo A Mínima 8(30-40) / ~30-40% 8(20) / ~55% 8(18) / ~57% 8(16) / ~60%
Grupo B Mínima 8(30-40) / ~30-40% 8(25) / ~50% 8(18) / ~57% 8(16) / ~60%
Grupo C Mínima 8(30-40) / ~30-40% 8(30) / ~40% 8(20) / ~55% 8(18) / ~57%
En cada celda viene expresada la carga del primer entrenamiento (primera sesión) del ciclo
(carga mínima) y la última (carga máxima). Para desarrollar todo el entrenamiento se debe
proceder de manera semejante a como se ha hecho en los ejemplos de las tablas 2.8, 2.9 y
2.10.
Como se puede observar en la tabla previa, las cargas relativas al inicio del entrenamiento
de fuerza son las mismas para todos los grupos. Pero a medida que avanza la vida
deportiva, las cargas cambian, con las siguientes características:
Intensidades: desde el 40% al 60-80% de la carga con la que el deportista salta 20 cm.
Los sujetos más expertos y fuertes podrían llegar hasta el 80% y el resto hasta el 60-
70%
Series y repeticiones por serie: de 2 a 5 repeticiones por serie, y de 3 a 5 series. Las
repeticiones de una serie se hacen con una pausa de 2-3 segundos entre cada salto
Velocidad: máxima altura posible en cada salto
Frecuencia de entrenamiento: 1-2 veces por semana. Se puede hacer durante todo el
ciclo, aunque también se puede iniciar después de algunas sesiones de saltos sin carga
Media sentadilla
Este ejercicio consiste en realizar una flexión-extensión rápida de las rodillas hasta un
ángulo aproximado de 90 grados. En este tipo de ejercicio, al igual que los saltos con
cargas, no se entrena realizando un número de repeticiones con respecto al número de
repeticiones que se podrían hacer con una carga, sino con un número de repeticiones por
serie limitado y dentro de ciertos márgenes. La carga de referencia para determinar la
intensidad es la misma que en el salto con cargas: la carga con la que el sujeto pueda saltar
unos 20 cm. Los sujetos más expertos y fuertes podrían llegar hasta el 130% y el resto
hasta el 110-120%.
Segundos de triple
Este ejercicio, como su nombre indica, consiste en hacer el segundo paso del sato triple de
competición en atletismo. Sería como correr pero con máxima longitud de zancadas. Es un
ejercicio especialmente útil para la carrera. Se puede considerar como un ejercicio de
fuerza específica para la carrera.
Arrastres
Es un ejercicio que consiste en correr arrastrando una carga. Es un ejercicio de fuerza
específica para la carrera. La carga adicional de arrastre no debería sobrepasar el 10-12%
del peso corporal del ejecutante, aunque el verdadero criterio de referencia debería ser la
pérdida de velocidad producida por la utilización del arrastre. Esta pérdida es probable que
no debiera ser superior al 10% de la velocidad sin carga adicional
Cargada de fuerza
Como es conocido, este ejercicio consiste en elevar con ambas manos una barra con pesos
desde el suelo o desde la altura de las rodillas hasta los hombros. La elevación de la barra
se hace fundamentalmente por la fuerza aplicada por las piernas y los músculos de la
espalda, desempeñando un papel secundario la acción de los brazos. Es necesario que se
realice bien técnicamente, pues de lo contrario se puede convertir en una ejercicio “pobre”,
que no permita proporcionar una alta velocidad a la barra. Es un ejercicio útil para la
totalidad de los deportistas, porque permite un desarrollo de la fuerza de grandes grupos
musculares implicados en muchas acciones deportivas. Tiene, además, la particularidad de
que puede ser utilizado en cualquier momento, incluso el mismo día o momentos antes de
una competición. Su “bondad” se basa en que necesariamente hay que realizarlo a gran
velocidad (la velocidad de su RM está próxima a 1 m·s-1).
Aunque siempre habrá que hacer adaptaciones en función de las necesidades de cada
especialidad deportiva, conviene tener presente una serie de normas básicas que sirven de
referencia para organizar adecuadamente el entrenamiento, y que pueden marcar los
límites dentro de los cuales nos podemos mover para ajustarnos a nuestras necesidades.
Estas normas son las siguientes:
Primeras semanas:
- En las primeras semanas siempre se hará una progresión de la carga que puede
oscilar entre 2 y 5 semanas. Las circunstancias que justifican una mayor o menor
duración de esta progresión se han explicado en el apartado sobre el volumen de
este mismo capítulo.
Este entrenamiento de realizaba dos días por semana, con una introducción progresiva y
programada de los distintos ejercicios.
Entrenamiento de la resistencia:
Cada jugadora solía jugar uno o dos partidos de competición con su equipo por semana.
38,5 *
38 *
37,5
37
Altura (cm)
36,5
36
35,5
35
34,5
34
fe94 abr-94 may-94 jul-94
Fechas
* p < 0,05
Figura 2.10 Evolución del CMJ después de aplicar el entrenamiento de fuerza en los dos primeros
meses (n = 12)
43
42
41
Altura (cm)
40
39 *
38
37
jl94 jun-95 jul-96
* p < 0,05 Fechas
Dado que había una serie de jugadoras que tenían un bajo nivel en velocidad, se decidió
organizar una sesión extra de entrenamiento de fuerza a la semana, que consistía en
ejercicios similares a los descritos pero con un menor volumen que en las demás sesiones
realizadas durante la semana. Como consecuencia de este entrenamiento suplementario, el
CMJ medio de estas jugadoras (n = 5) pasó de ser el 92% (36, 42 frente a 39,06 cm) de
todo el grupo hasta el 97,23% (40,79 frente a 41,05) después de seis meses de
entrenamiento. En este mismo tiempo, el grupo general (n = 11) mantuvo la velocidad
(4,44 s al principio y 4,46 s al final en 30 m), mientras que el grupo que añadió la sesión
extra de fuerza experimentó una clara tendencia a la mejora (pasó de 4,62 s a 4,5 s). Llama
la atención que la jugadora más resistente, que formaba parte de este grupo, pasó de estar
por encima de la media en el tiempo de 30 m, con 4,58 s, a estar por debajo con 4,43 s.
La velocidad de umbral presentó una tendencia paralela a la del CMJ durante las tres
temporadas. Las deportistas que realizaron ambos tests en todas las ocasiones antes de las
competiciones más importantes de cada temporada alcanzaron de media 12,03, 12,18 y
12,31 km · h-1 en los años 1994, 1995 y 1996 respectivamente, mientras que en el CMJ
realizaron en las mismas fechas 39,67, 41,32 y 42,7 cm.
La razón por la que se produjo esta mejora simultánea durante tanto tiempo se puede deber
a que en la organización del entrenamiento se procuró que los efectos fisiológicos
provocados por los entrenamientos de fuerza y de resistencia tuvieran la menor
interferencia posible, y esto se consiguió, en nuestra opinión, porque los entrenamientos de
fuerza producían poca fatiga, no producían nunca altos niveles de lactato y muy poca
hipertrofia, mientras que el entrenamiento de resistencia aeróbica superó en muy pocas
ocasiones el umbral anaeróbico. Esto está de acuerdo con la propuesta de Docherty y
Sporer (2000), que sostienen que la mayor interferencia entre ambas capacidades se puede
producir cuando ambos entrenamientos tienden a producir fundamentalmente efectos
periféricos y no centrales. Este artículo nos vale de base para la propuesta que hacemos a
continuación sobre las posibilidades de compatibilizar los entrenamientos de fuerza y
resistencia.
Debemos considerar también que no todos los entrenamientos para la mejora de la fuerza y
la resistencia han de tener, necesariamente, las características de los descritos. Cabe la
posibilidad de obtener, sobre todo en fuerza, notables mejoras sin necesidad de llegar a
entrenamientos con el máximo carácter del esfuerzo, con la ventaja añadida de que es
bastante probable que la interferencia con la resistencia fuera mucho menor. Por tanto, la
utilización de entrenamientos de fuerza con un carácter del esfuerzo no máximo, con una
orientación neural en muchas de las sesiones, combinados con entrenamientos de
resistencia con moderados niveles de lactato, ofrecería muchas posibilidades de mejora de
ambas capacidades, sobre todo de la resistencia, con niveles bajos de interferencia. El caso
que hemos mostrado en páginas anteriores sobre el efecto del entrenamiento simultaneo de
fuerza y resistencia en un equipo de hockey hierba de elite puede ser un ejemplo real de
cómo es posible, y además durante un largo periodo de tiempo, mantener una mejora de la
fuerza, la velocidad y la resistencia a través de una forma de entrenamiento que está de
acuerdo con los planteamientos que venimos haciendo aquí.
Por tanto, para reducir en la mayor medida la incompatibilidad entre el entrenamiento de
fuerza y resistencia se deberían seguir las siguientes pautas:
Ahora lo que pretendemos es hacer una aplicación práctica de cómo organizar ambos
entrenamientos.
Las tres fases las tomamos de las tres grandes zonas de entrenamiento de la resistencia que
hemos indicado anteriormente. Esto puede servir de orientación para todos los deportes
que busquen una mejora importante de la resistencia y cierta proporción de resistencia a la
pérdida de fuerza. Aunque se establecieran más fases o zonas, la tendencia del
entrenamiento sería la misma. Y cuanta más importancia tenga la fuerza y menos la
resistencia, más énfasis se hará en la mejora de la fuerza máxima.
En la primera fila de la tabla 2.11 indicamos que el entrenamiento es de resistencia y
resistencia a la pérdida de fuerza porque, como hemos indicado en otros apartados de este
texto, cada vez que hacemos entrenamiento específico estamos entrenando la resistencia a
la pérdida de fuerza. Aunque el tipo de resistencia a la pérdida de fuerza que se entrena en
cada fase va orientándose progresivamente hacia una resistencia a la pérdida de fuerza a
mayor velocidad: más aplicación de fuerza y mayor estrés metabólico. Los ejercicios
empleados en este entrenamiento serán siempre específicos, es decir, el ejercicio de
competición. La "proporción" indica la frecuencia con la que se hace el entrenamiento con
relación a sí mismo. En este caso, en todas las fases la frecuencia es la máxima (+++), pues
el entrenamiento específico siempre está presente.
Ejercicios 1, 2, 3 (1) 1, 2, 3 2, 3
Frecuencia/semana 1 1-2 2
El entrenamiento de fuerza máxima y RFD con cargas medias y altas no debería hacerse
con más de 2-4 repeticiones por serie, en función de la carga, pues lo que interesa es
estimular poco la hipertrofia. La diferencia entre las distintas especialidades estará en el
CE: a más necesidad de fuerza mayor CE. Cuanto más intenso es el trabajo de resistencia,
menor es el número de repeticiones por serie. Por tanto, la mejora y el mantenimiento de la
fuerza tienden progresivamente a hacerse depender en mayor medida de los factores
neurales, al mismo tiempo que la resistencia se apoya en mayor medida en el trabajo
anaeróbico. La proporción de este tipo de entrenamiento se va reduciendo a medida que se
avanza en el ciclo. El ejercicio de sentadilla puede tener algunas variantes como la media
sentadilla, aunque este ejercicio debe ser de menor utilización que la sentadilla completa.
La última sesión de fuerza puede hacerse entre uno y diez días antes de la primera
competición. La inclusión de nuevos entrenamientos de fuerza entre competiciones
depende del tiempo que transcurra entre ellas. Si se ha dejado de entrenar fuerza durante
más de dos semanas y hay una competición inmediata, es preferible utilizar solamente los
ejercicios que se proponen para el entrenamiento de la RFD en el siguiente párrafo, pues la
inclusión de cargas (pesos) adicionales podría producir molestias musculares. Si entre
competiciones hubiera tres o cuatro semanas, se podría volver a incluir cuatro o cinco
sesiones progresivas de entrenamiento de fuerza máxima con las cargas utilizadas
anteriormente o con cargas algo inferiores.
Tabla 2.12 Características básicas de la combinación del entrenamiento de fuerza máxima, fuerza específica y
resistencia
Día 1 Día 2 Día 3
Mañana Fuerza máxima y la Entrenamiento Entrenamiento de
RFD con cargas específico recuperación
CE medio o alto. Resistencia a la
Repeticiones por pérdida de fuerza
serie: 2-4 Velocidad
Carga global de tipo
medio
Estrés metabólico
medio
Tarde Entrenamiento Entrenamiento
específico específico
RFD específica Resistencia a la
Máxima velocidad pérdida de fuerza
Alta intensidad Velocidad
Corta duración de Carga global de tipo
cada unidad de alto
acción Estrés metabólico
Estrés metabólico alto
bajo o medio
El salto vertical tiene una relación notable con la capacidad de aceleración y con los
cambios de dirección a alta intensidad. Por tanto, es un buen predictor de los resultados en
acciones de corta duración y máxima producción de fuerza en la unidad de tiempo. La
capacidad de salto se considera como una expresión de la RFD de los miembros inferiores.
El salto vertical es ampliamente utilizado como test para controlar los efectos del
entrenamiento, pero también forma parte importante del propio contenido del
entrenamiento de muchas especialidades deportivas, y su mejora se incluye como uno de
los objetivos a conseguir.
Pero, obviamente, el propio salto también es un buen ejercicio para su propia mejora. En
los tres estudios citados, Adams y col. (1992), Wilson y col., (1993) y Fatouros y col.,
(2000), el grupo que entrenó solamente con ejercicios de salto con CEA intenso
(pliométricos) mejoró, de manera significativa, el salto vertical. No obstante, cuando el
entrenamiento de saltos (CMJ) se realizó con una carga adicional de tal magnitud que con
ella se alcanzara la máxima potencia en el salto, los resultados fueron superiores (un 16%)
a los obtenidos con el entrenamiento de fuerza y los pliométricos (Wilson y col., 1993).
Pero los mejores efectos se consiguen cuando se mezclan los dos tipos de entrenamiento.
Adams y col. (1992) obtuvieron una mejora media de 10,67cm con la combinación de
ambos entrenamientos, que fue significativamente superior a la obtenida con el
entrenamiento de fuerza y pliométrico, que mejoraron 3,3 y 3,81cm, respectivamente. En
el estudio de Fatouros y col., (2000) se llega a la misma conclusión, y estos autores
recomiendan el uso de la combinación de los ejercicios Olímpicos y los saltos para la
mejora del salto vertical y el rendimiento de carácter explosivo en general.
Parece, por tanto, que la adecuada combinación del entrenamiento de fuerza y los saltos
pueden ofrecer los mejores resultados en la mejora del salto vertical y los rendimientos con
movimientos explosivos. Los ejercicios y cargas aproximadas que se podrían emplear
serían los siguientes: cargada de fuerza, sentadilla completa, media sentadilla, saltos con
pesos y saltos sin pesos.
El salto sin pesos se haría a la máxima velocidad posible (máxima altura de salto), 5-6
repeticiones por serie y 3-6 series. La ejecución podría hacerse de la siguiente manera:
- Saltos a un obstáculo de la máxima altura posible, con pausa de 2-3 segundos entre
saltos. La bajada del obstáculo debería ser con poco impacto en el suelo
- Saltos continuos con CEA intenso (los llamados pliométricos)
Los ejercicios de CEA intenso no deberían realizarse en los primeros años de práctica.
Antes de hacer saltos, sobre todo de este tipo, se debería hacer el entrenamiento de fuerza.
Hasta que la fuerza de las piernas no sea suficientemente alta no se deberían hacer
ejercicios de CEA intenso. Se sugiere que hasta que no se pueda realizar una sentadilla
completa con un peso equivalente a 1½ el peso corporal no se debería utilizar ejercicios de
salto de tipo pliométrico (Brittenham, 1992, en T. R Pate, 2000).
La media sentadilla no se debería realizarse con cargas altas, sino con las cargas que
hemos indicado en el apartado 2.1.9. Si bien el ángulo de realización puede aproximarse
más a determinados gestos deportivos, la utilización de cargas muy elevadas hará que la
ejecución sea lenta, lo que hace que se pierda la supuesta especificidad que en algunos
casos se argumenta para justificar su uso, y que las posibilidades de lesión se eleven, tanto
en las rodillas como en la columna. El objetivo prioritario en este ejercicio será el
entrenamiento a una velocidad media sólo ligeramente por debajo de 1 m/s, como
complemento del ejercicio de saltos con cargas. Por eso se toma como referencia el peso
con el que se puede saltar aproximadamente 20 cm en el salto vertical y se añade un
porcentaje máximo del 30% de dicha carga. Si la flexión de las rodillas es mucho menor de
90º, el peso que se puede soportar en la espalda será mucho mayor, pero su utilidad es
cuestionable. La máxima activación muscular pretendida con la ejecución de pequeñas
flexiones de rodilla y grandes cargas, es posible que se consiga a través de saltos realizados
con la máxima intensidad –con o sin peso adicional– y con formas de ejecución semejantes
o específicas del gesto de competición, con lo que la aplicación de sus efectos quizás sea
mayor.
En la práctica se suele emplear como referencia el peso corporal del sujeto para dosificar el
entrenamiento con el salto vertical. Esto no parece tener mucho sentido, pues un mismo
porcentaje del peso corporal puede representar una carga (intensidad) muy diferente según
la capacidad de salto del sujeto. Si dos sujetos pesan 70 kg y uno salta sin carga adicional
55 cm y el otro 40 cm, la utilización del mismo peso, por ejemplo, 55 kg, que representaría
el mismo porcentaje del peso corporal, podría significar que el primero salte 25 cm y el
segundo 15 cm con dicho peso, lo cual indicaría que el segundo esté trabajando con una
carga muy superior, pues se desplaza más lentamente. Es decir, estarían saltando con el
mismo porcentaje de su peso corporal pero estarían haciendo dos entrenamientos muy
diferentes.
Para obtener una mayor eficacia de la combinación de los ejercicios de sentadilla y saltos
se podría utilizar en algunas ocasiones la combinación de todos o varios de ellos.
Esta combinación consistiría en la utilización de ejercicios con pesos altos y bajos o con
ausencia de resistencias externas en la misma sesión de entrenamiento. La sesión de
entrenamiento se realizaría pasando progresivamente de los ejercicios con más resistencias
externas, que necesariamente se harían a menor velocidad, a los ejercicios más rápidos,
realizados sin cargas adicionales.
Los cambios en la velocidad dentro de una estructura semejante pueden provocar un efecto
sinérgico superior que el que se obtendría entrenando cada uno de los ejercicios por
separado. Los ejercicios con más resistencia (carga) incidirían más sobre la zona de
máxima fuerza de la curva fuerza-velocidad, mientras que los ejercicios con menos carga o
sin ella acentuarían el efecto sobre la zona de máxima velocidad. Ambos efectos pueden
ofrecer una notable mejora en el ejercicio que se utilice para entrenar o en otros de
estructura semejante.
La sesión de entrenamiento puede estar compuesta por sentadilla realizada hasta un peso
concreto, según necesidades de fuerza y momento del ciclo, seguida de saltos verticales
con cargas adicionales y seguido por saltos sin cargas (excepcionalmente se podría incluir
la media sentadilla detrás de la sentadilla completa). Las cargas utilizadas en los saltos
serían las indicadas anteriormente, aunque se podrían utilizar varias cargas distintas en la
misma sesión. No sería necesario utilizar siempre todos los ejercicios en la misma sesión
de entrenamiento, y tampoco habría que descartar el ejercicio de cargada como el segundo
de los ejercicios utilizados. El entrenamiento de la sentadilla no debería producir nunca un
grado de fatiga importante antes de realizar los demás ejercicios. Es muy probable que el
ejercicio realizado con cargas ligeras se pueda realizar con mayor explosividad después de
haber realizado esfuerzos con más cargas a la máxima velocidad. La explicación de este
efecto no está aún clara, pero se sugiere que los cambios sensoriales causados por este
contraste de cargas podrían estar relacionados con adaptaciones específicas en la
activación de las unidades motoras (Duchateau, 2001). No habría que descartar un efecto
postetánico producido por la alta tensión alcanzada al realizar una carga alta a la máxima
velocidad, aunque no se trate de una contracción voluntaria máxima. Este efecto
postetánico facilitaría la activación muscular, alcanzándose más altos valores de RFD
máxima (Güllich y Smidtbleicher, 1996, 1997).
Esta alternativa de entrenamiento puede tener efecto sobre la fuerza máxima –según los
porcentajes utilizados y la fuerza inicial del sujeto– y la RFD. Aunque el objetivo
fundamental es mejorar la RFD ante cargas medias o ligeras: saltos, aceleraciones,
cambios de dirección...
Los entrenamientos en estos deportes, como por ejemplo, los de equipo y algunos otros
como el tenis, deben hacerse manteniendo una dinámica semejante a la de los demás. La
evolución del volumen y la intensidad debe ser semejante, pero con la particularidad de
que los valores de estas variables y las oscilaciones entre semanas serán más moderadas.
Las exigencias de entrenamiento para la mejora de la fuerza siguen siendo las mismas que
para los demás deportes, pero dado que el grado de desarrollo no ha de ser muy alto, la
carga global tampoco tiene que serlo. Al principio de temporada la carga global podría ser
más alta, sobre todo por la mayor frecuencia. Cada vez que haya una semana sin
competición, se debería aprovechar para acentuar el entrenamiento de fuerza. Si se hacen
muchas competiciones o se juegan muchos partidos seguidos, los días entre competiciones
deberían aprovecharse para descansar y para entrenar aquellas cualidades o capacidades
que no se estimulan durante la competición, y entre éstas se encuentra, fundamentalmente,
la fuerza máxima. No existe ninguna razón que justifique que durante el periodo de
competición no se deba hacer entrenamiento de fuerza. La pérdida de fuerza tiene como
consecuencia una reducción de la aceleración.
Se debe intentar completar como mínimo un ciclo de entrenamiento de unas ocho semanas
en la primera etapa de la temporada, después, aunque se compita con mucha frecuencia, se
deberían mantener ciclos de 4-6 semanas como mínimo, tratando de estimular en cada uno
de ellos todos los factores determinantes del rendimiento en fuerza que sean más
específicos de cada especialidad.
Se indican sólo los ejercicios fundamentales que tienen más relevancia y efecto sobre la
mejora de la fuerza máxima y la RFD específicas en cada caso. Otros ejercicios
compensatorios o muy específicos de tipo localizado se supone que son de total
conocimiento por los especialistas en cada deporte. Hay algunos ejercicios que son
genéricos y que siempre hay que hacerlos, como abdominales y lumbares, que deberían
estar presentes en el entrenamiento de todos los deportes, aunque los lumbares son muy
bien estimulados por la cargada. La cargada de fuerza puede hacerse desde el suelo o
"colgante", iniciando el movimiento con la barra colocada ligeramente por encima de las
rodillas. Si se sabe hacer bien, la cargada de fuerza realizada desde el suelo es más
completa, pero "colgante" es más fácil y se puede tener el mismo efecto.
En la tabla 2.16 se da una orientación sobre la utilización de cada ejercicio. Sin duda que
se podrían hacer modificaciones y adaptaciones según las especialidades. Si un ejercicio es
más específico de un deporte puede tener un tratamiento diferente al que se le dé en otro,
pudiéndose prolongar más o menos la utilización de algún ejercicio. No obstante, el orden
en el que aparecen y se dejan de hacer debe mantenerse. Si un ciclo es muy corto, podría
darse el caso de que algunos de los ejercicios no pudieran o no debieran entrar en el
entrenamiento. Hay que hacer una valoración de los pros y los contras en cuanto a la
aportación que pudieran hacer en cada caso para tomar una decisión. Pero si uno o más
ejercicios no se han hecho durante un tiempo prolongado, hay que introducirlo de
inmediato, pues probablemente se está produciendo un déficit en el factor del rendimiento
que más estimulan dichos ejercicios. No todos los ejercicios hay que realizarlos en todas
las especialidades deportivas. Conviene tener en cuenta que la totalidad de los ejercicios
que se hacen simultáneamente no sea excesiva.
Tabla 2.16 Orientaciones básicas sobre la presencia de los distintos ejercicios dentro de un ciclo completo de
entrenamiento. Las "x" indican las semanas aproximadas en las que se entrenaría cada uno. Si el ciclo es de
menos semanas (8-10), se reestructura la distribución de los ejercicios de manera casi proporcional.
Semanas
Ejercicios 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
Sentadilla x x x x x x x x x x x x
P. banca / remo h. x x x x x x x x x x
Tirones/despeg. x x x x x x x
Cargada x x x x x x x x x x x x
1/2 sentadilla x x x x x x x x
Saltos sin cargas x x x x x x x x x x x x
Saltos con cargas x x x x x x x x x
Carrera saltada x x x x x x x x
CEA intenso x x x x x x
Salidas x x x x x x x x
Progresiones x x x x x x
Cuestas x x x x x x
Arrastres x x x x x x
Cambios de direc. x x x x x x x
Lanzamientos x x x x x x x
Ejercicios específ. x x x x x x x
Entrenamiento tipo para Fútbol y Hockey Hierba
Este tipo de deportes se clasificaría dentro del grupo C. Por tanto las cargas de
entrenamiento serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se
indica a continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto
significa que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación
inicial, edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
La cargada de fuerza y los saltos se realizan de acuerdo con lo indicado en el apartado "La
combinación del entrenamiento de la fuerza y el salto".
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo B. Por tanto las cargas de
entrenamiento serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se
indica a continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto
significa que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación
inicial, edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Las características básicas del entrenamiento son las siguientes:
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo B, aunque preferiblemente con el
margen inferior de este tipo de entrenamiento. Por tanto las cargas de entrenamiento serían
las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se indica a continuación es
el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto significa que las cargas
que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación inicial, edad y
experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo A, aunque preferiblemente con
el margen inferior de este tipo de entrenamiento. Por tanto las cargas de entrenamiento
serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se indica a
continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto significa
que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación inicial,
edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo A, aunque preferiblemente con
el margen inferior de este tipo de entrenamiento. Por tanto las cargas de entrenamiento
serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se indica a
continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto significa
que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación inicial,
edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo A, aunque preferiblemente con
el margen inferior de este tipo de entrenamiento. Por tanto las cargas de entrenamiento
serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se indica a
continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto significa
que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación inicial,
edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
- Cargada de fuerza:
- Máximo peso bien realizado técnicamente
- Repeticiones por serie: 3-6
- Series con el máximo peso: 3-5
- Ejercicios específicos: fuerza y RFD específicas
- Con carga adicional (freno que no distorsione la técnica):
- CE: máxima intensidad (velocidad)
- Repeticiones por serie: 5-10 paladas
- Series: 5-10, mientras se mantenga la máxima velocidad de
desplazamiento / ritmo efectivo
- Recuperación amplia entre series
- Sin carga adicional:
- CE: máxima intensidad (velocidad)
- Repeticiones por serie: 5-10 paladas
- Series: 5-10, mientras se mantenga la máxima velocidad de
desplazamiento / ritmo efectivo
- Recuperación amplia entre series
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo A. Por tanto las cargas de
entrenamiento serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se
indica a continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto
significa que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación
inicial, edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Este tipo de deportes se podría clasificar entre los grupos B y C. Por tanto las cargas de
entrenamiento serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se
indica a continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto
significa que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación
inicial, edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Las características básicas del entrenamiento son las siguientes:
Este tipo de deportes se podría clasificar dentro del grupo C. Por tanto las cargas de
entrenamiento serían las que se han indicado en el apartado correspondiente. Lo que se
indica a continuación es el entrenamiento de máxima carga para este tipo de deporte. Esto
significa que las cargas que se indican aquí deben modificarse adaptándolas a la situación
inicial, edad y experiencia de los deportistas concretos a los que se vaya a entrenar
Las características básicas del entrenamiento son las siguientes:
CAPÍTULO 2
1. Indica en qué momento de la vida deportiva de un sujeto emplearías
preferentemente cada una de las alternativas básicas de evolución de las cargas
a través de un ciclo de entrenamiento.
2. ¿Cuáles son los dos objetivos fundamentales de la programación del
entrenamiento de fuerza?
3. ¿Cuál es la evolución del número de repeticiones por serie máximo y mínimo
desde el inicio de la vida deportiva hasta la madurez en el entrenamiento de
fuerza? ¿Por qué?
4. Indica tres medidas que tiendan a reducir la incompatibilidad del entrenamiento
de fuerza y resistencia.
5. ¿Cuál es probablemente la razón fisiológica que justifica que la sobrecarga
progresiva sea necesaria para la mejora de la fuerza?
6. Intenta recordar al menos cuatro razones que justifiquen la utilización de una
Programación de Intensidades Progresivas casi pura en los primeros años de
entrenamiento
7. ¿Cuándo se puede considerar que se realiza un ciclo completo de
entrenamiento de fuerza?
8. ¿Qué dos aspectos fundamentales de la intensidad hay que determinar al
programar un ciclo de entrenamiento?
9. ¿Cómo de debe entender la variación o variabilidad del entrenamiento en
relación con la velocidad de ejecución?
10. ¿Qué supone mayor carga o exigencia fisiológica, un ejercicio realizado con
máquina o el mismo ejercicio realizado con pesos libres? ¿Por qué?
11. ¿Cuál debería ser la dinámica de la carga en el primer año de entrenamiento de
fuerza de cualquier deportista?
12. ¿En qué fase de un ciclo de entrenamiento se entrena la RFD?
13. Indica al menos tres ventajas de los ejercicios Olímpicos (ejercicios realizados
con pesos libres y semejantes a los que realiza el levantador de pesas en la
competición oficial)