¿Qué es la Iluminación?
En el siguiente apartado se explicará el sentido de la palabra Iluminación. También se aclaran algunos errores
frecuentes acerca de la naturaleza del Buda y el sitio que ocupa en el budismo. Además, se darán algunas pistas
para entender cómo es que ir al refugio del Buda llega a ser un remedio para nuestra inherente insatisfacción o
sufrimiento dukkha porque ello significa que nos estamos comprometiendo a la realización de nuestro potencial
espiritual (La única forma de llegar a la verdadera satisfacción y felicidad). La palabra“Buda” no es un nombre
propio, sino un título que significa: Aquél que ha despertado. El Buda es alguien que despertó del estado de
somnolencia en el que normalmente nos encontramos, y accedió a una auténtica experiencia de la realidad.
En todas las tradiciones budistas se afirma que la Iluminación comprende esencialmente tres cosas.
1. Estado de conciencia clara, pura y radiante.
En primer lugar, se habla de ella como un estado de conciencia clara, pura y radiante. Al trascender totalmente
la dualidad sujeto-objeto, como suele llamarse, la experiencia es un continuo de conciencia clara, pura y
homogénea que se extiende en todas direcciones. Además, se aprehende la realidad de las cosas tal y como
son, no como objetos percibidos a través de los sentidos, sino penetrando su esencia trascendental. Es por eso
que se dice que la Iluminación es la “Conciencia de la realidad”, un estado de conocimiento superior. Pero ese
conocimiento no debe confundirse con el saber ordinario que está dentro del marco dualístico sujeto-objeto que
se deriva de la percepción a través de los sentidos y la razón. Es un estado de visión espiritual directa, intuitiva,
sin intermediarios, sin intelectualización, en el cual todo se concibe clara, directa e intensamente.
2. Estado de amor-compasión intenso.
En segundo lugar se encuentra el hecho de que la Iluminación es entendida como un estado de amor-compasión
intenso, profundo y desbordado (A veces comparado con el amor de una madre por su único hijo). Ya que este
sentimiento o actitud es la que debemos cultivar, cabe notar que el Buda no habla sólo de seres humanos, sino
de todo ser viviente, sensitivo y en movimiento. Esta compasión consiste en un deseo urgente y muy profundo
por el bienestar, la felicidad y el desarrollo de todos los seres: Un deseo de que todo crezca y se desarrolle, y que
finalmente logre alcanzar la Iluminación.
3. Estado de energía mental y de espontaneidad.
En tercer lugar, se dice que es un estado de energía mental y espiritual inagotable, inconmensurable y de
espontaneidad absoluta, que se vuelcan continuamente en una acción creativa ininterrumpida. La Iluminación
es, pues, un estado de perfecta libertad, ausente de toda clase de limitación subjetiva. ¿Hasta qué punto puede
describirse de esta manera el estado de Iluminación? ¿Hasta qué punto pueden enumerarse sus diferentes
aspectos? Dicho estado puede describirse con mayor exactitud de una manera dinámica: Su aspecto de
conocimiento superior pasa de ser amor y compasión que se transforma en energía espontánea y creativa; ésta,
a su vez, se transforma en conocimiento superior, y así sucesivamente. No se puede aislar un aspecto del otro.
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¿Cómo sabemos que la Iluminación es el ideal para el ser humano?
Para responder a esta pregunta, debemos distinguir dos tipos de ideales. Existen los “Ideales naturales” y los
“Ideales artificiales”. Un ideal natural es aquel que corresponde a la naturaleza del ser, mientras que el artificial
se impone desde fuera. De acuerdo con esta distinción podemos decir que el ideal de la Iluminación no es un
ideal artificial porque para el humano éste no es una imposición arbitraria externa, sino que corresponde con
su propia naturaleza. Aún más, podemos afirmar que el ideal de la Iluminación es El Ideal para el ser humano,
porque corresponde tanto a su naturaleza intrínseca como a sus necesidades más profundas. Esto lo podemos
explicar de dos maneras: Hemos hablado de la Iluminación, la que, aún al ser entendida de un modo intelectual,
puede parecernos un estado bastante remoto y algo muy lejano a nuestra experiencia; pero, al fijarnos un poco,
podemos encontrar esas cualidades que constituyen el estado de la Iluminación en el ser humano. Así que no son
completamente ajenas al hombre, sino más bien naturales. En cada hombre, mujer y aún en cada niño hay elementos
del conocimiento de la realidad por muy remoto y lejano que éste sea. Experimentamos esos sentimientos de
amor y compasión, por limitados y exclusivos que sean, así como cierta energía, por poca y vulgar que ésta sea.
En el estado de Iluminación estas cualidades humanas estás desarrolladas completa y perfectamente, en
un grado que es difícil de imaginar. Entonces, el que el ser humano posea las semillas de las cualidades que
constituyen la iluminación, crea una afinidad natural con el ideal por alcanzar este estado; y al encontrarlo, puede
responder positivamente. Experimentamos cierta emoción hacia el ideal de la Iluminación porque las semillas se
encuentran en nosotros, en nuestra propia experiencia; así podemos responder positivamente al encontrarlo, en
cualquier momento aún bajo formas distorsionadas.
También podemos ver que la Iluminación es el ideal natural para el hombre porque, al fin y al cabo, esto
es lo único que puede darle plena satisfacción. Es algo que nos hace completamente felices y nos aleja del vacío
en nuestros corazones. En las tradiciones budistas esto se conoce como dukkha o sufrimiento. Hay de tres
tipos: El simplemente sufrimiento que se experimenta por una herida física o mental; el que resulta del cambio
o transformación de las cosas, debido a nuestro apego a los objetos que nos proporcionan placer; y el tercero
es el sufrimiento de todo lo que es la existencia condicionada (Se experimenta cuando no hemos alcanzado la
Iluminación).
¿De dónde proviene el ideal de la Iluminación?
Tiene sus orígenes en la vida misma, en la historia humana; y, de hecho, no podría venir de ninguna otra fuente.
Si miramos a nuestro pasado y examinamos la historia podremos distinguir varios personajes que alcanzaron el
estado de Iluminación; personajes que lograron desarrollar completamente esas facultades espirituales que, en la
mayoría de las personas, se encuentran de forma “Germinal”.
Ahora sería importante aclarar ciertos malentendidos que existen con respecto al Buda y al budismo. Al
comienzo se ha dicho que aún muchas personas que no son budistas conocen, por lo menos, la imagen del Buda, y
que tal vez ésta ya les resulte bastante familiar. Sin embargo, el que se haya visto la figura muchas veces no implica
que se sepa claramente lo que ella representa. Hay muchos que conocen la figura del Buda sin saber quién o qué
fue.
Existen dos tipos de opiniones erróneas que merecen nuestra atención: La primera nos dice que el Buda fue
un hombre común y la segunda que el Buda fue un Dios. Ambos malentendidos provienen de un tipo de enfoque
cristiano (o al menos teísta). En este sentido, se sabe que en el cristianismo ortodoxo Dios y el hombre son dos seres
totalmente diferentes: Dios se encuentra allá arriba, en tanto que el hombre está acá abajo, y entre ellos existe un
abismo insuperable. Dios es el creador, ha creado al hombre del polvo para llevarlo a la existencia. Además, Dios
es puro, sagrado, sin pecado; por el contrario, el hombre es pecador y nunca podrá llegar a ser como Dios. Incluso
Dios no puede llegar a ser hombre, con la única excepción de Jesucristo quien, en el cristianismo, es la encarnación
misma de Dios.
El primer malentendido con el Buda es el siguiente: Desde el punto de vista cristiano, sólo existen tres
categorías para distinguir a los seres: Dios, el hombre (pecador) y Jesucristo (encarnación de Dios). Ahora
bien, ¿En qué categoría está el Buda? ¿Cómo aplica su criterio el cristiano ortodoxo al encontrarse con el Buda?
Evidentemente, para el cristiano ortodoxo el Buda no puede ser Dios ya que, para él, Dios sólo hay uno; tampoco
puede ser una encarnación de Dios porque Dios se encarnó sólo una vez para que naciera Jesucristo. Así solamente
queda una alternativa: La del hombre. Por lo tanto el cristiano ortodoxo, al enfrentarse con el Buda, lo considera
como un hombre normal, esencialmente igual que todos; o tal vez mejor que la mayoría. Pero, por más bueno que
haya sido, se le sigue considerando inferior a Dios y a Jesucristo.
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Examinando el segundo malentendido - que se deriva del primero -, los eruditos cristianos sostienen que
aunque el Buda haya sido tan solo un hombre ordinario, sus seguidores lo convirtieron en un dios.*
Ambos malentendidos se resuelven muy fácilmente: tenemos que abandonar la tendencia de ver al Buda
desde puntos de vista que no son budistas. Debemos recordar que el budismo es una tradición atea, es decir,
que no concibe la existencia de un ser supremo creador del universo. De hecho el Buda consideró que la creencia
de un Dios personal era un obstáculo para la vida espiritual. El Buda fue un hombre, un ser humano, pero no
un ser humano ordinario sino un hombre Iluminado. Un hombre que llegó a ser, en vida, la personificación del
conocimiento perfecto, el amor y la compasión infinitos y la energía inagotable. Pero no nació siendo un hombre
extraordinario: Alcanzó la Iluminación como resultado de su propio esfuerzo, desarrollando al máximo su
potencial, que tan sólo era una semilla. Desde el punto de vista budista, el ser Iluminado es el ser más sublime
de todo el universo (más aún que los dioses), y por esta razón se le venera. Se le venera en agradecimiento por
habernos demostrado el camino, por habernos dado el ejemplo, por habernos demostrado lo que es posible, lo
que nosotros también podemos llegar a ser. En otras palabras: El Buda es venerado no como Dios, sino como
maestro, como ser ejemplar y como guía. Cabe notar que Gautama Buda es muchas veces llamado Lokajyestha.
Pero también se conoce como Tathagata, Bhagavan, Arahant, etcétera.
De esto podemos deducir la concepción budista del ser Iluminado: El Buda pertenece a una categoría
de ser para la que no tenemos equivalente en el pensamiento o en las tradiciones religiosas occidentales. No
es ni Dios, ni hombre (en el sentido cristiano), ni siquiera hombre sin Dios; es decir, hombre por sí mismo. El
Buda es una categoría de ser entre Dios y el hombre, y al mismo tiempo superior a ambos. También representa
una nueva especie, una nueva mutación, una nueva categoría de ser; es un ser humano, pero al mismo tiempo
indefinidamente más que un humano, es un ser humano Iluminado, un Buda. Pasando a los malentendidos
que hay con respecto al budismo, estos, como es de esperar, se encuentran muy relacionados con ideas erróneas
sobre el Buda. Dado que el budismo es una religión atea, no puede considerársele realmente una religión en el
sentido occidental. Muchas personas, al pensar que una religión significa creer en Dios, piensan que el budismo
“debe” profesar una creencia en Dios; pero esto no es más que un pensamiento confuso. Algunos piensan que
el budismo debe tener un Dios en alguna parte, y se esfuerzan exageradamente por encontrarlo; además acusan
al budista de haberlo extraviado o perdido, o hasta de estar escondiéndolo.
Entonces, si el budismo no es una religión en el sentido cristiano, ¿Qué es? Pues bien, para responder esa
pregunta necesitamos volver a la distinción entre lo real y lo ideal. El budismo (o lo que se conoce tradicionalmente
como Dharma) es todo aquello que nos ayuda a transformar lo real en lo ideal; todo aquello que nos ayuda a
reducir el abismo que existe entre el estado de la ignorancia y el estado de la Iluminación. Dicho de otra manera:
El budismo es todo aquello que nos ayuda a desarrollarnos, todo lo que ayuda a madurar.
Es por eso que vemos al Buda diciéndole a Mahaprajapati, su tía y madre adoptiva: “ Toda enseñanza
que conduzca a erradicar las pasiones, al desapego, a disminuir las riquezas mundanas, a la frugalidad, a estar
contento, a la soledad, a más energía, al deleite en todo lo bueno; puedes estar segura que estas enseñanzas son
las mismas que las del Buda”. De modo que el criterio no es nada teórico sino más bien práctico.
Concluimos de este modo como empezamos; con la figura del Buda sentado bajo el árbol Bodhi, a escasas
semanas de su gran despertar. Según una de las versiones más antiguas, en aquel momento el Buda extendió la
mirada sobre el mundo –sobre toda la humanidad-, no con su visión material, sino con lo que llamó su “Visión
espiritual” y la percibió como un lecho de flores de loto sobre un lago. Algunas estaban sumergidas en el lodo,
mientras que otras apenas emergían y otras estaban completamente fuera del agua. En otras palabras: El Buda
vio esas flores, los seres humanos, como seres en diferentes etapas de crecimiento, de desarrollo.
Se puede decir que de esta forma el budismo ha visto a la humanidad desde entonces como un lecho
de plantas capaces de producir brotes; como brotes capaces de producir capullos; como capullos capaces de
convertirse en flores, en flores de loto. Y, más aún, capaces de convertirse en la flor de loto de mil pétalos. Sin
embargo, para que los seres humanos crezcan y se desarrollen necesitan de un guía; su crecimiento no puede
efectuarse inconscientemente, como en el caso de las plantas: Los seres humanos sólo pueden crecer por medio
de un esfuerzo consciente. Por eso el ser humano necesita un ideal.
*A veces hasta pueden encontrarse libros en la época moderna donde se afirma que el Buda fue deificado por sus seguidores después de la muerte.
Nos dicen que esto lo indica el hecho de que los budistas veneran al Buda y, evidentemente, sólo puede venerarse a un dios (para el cristiano venerar a
alguien o a algo implica convertirlo en un dios.) * Quiere decir: “hermano mayor del mundo” o “hermano mayor de la humanidad”, porque (Espiri-
tualmente) fue el primero en nacer.
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No un ideal de su ser parcial, ni un ideal que sólo tome en cuenta ciertas relaciones con la vida, sino
un ideal que ha de ser un ideal natural, no uno artificial; no puede imponérsele desde el exterior, sino que
debe encontrarse implícito en su propia naturaleza, en las profundidades de su ser. Un ideal que, de hecho,
represente la culminación del desarrollo de su potencial en el más amplio y profundo sentido. Este es, por lo
tanto, el ideal de la Iluminación humana. Hay muchos que no creen en la posibilidad de transformar lo real
en lo ideal. En cambio, en la tradición budista no se duda de esta posibilidad; en el budismo se tiene fe en los
ideales, se tiene fe en el ideal espiritual: El ideal de la Iluminación humana. Y se le tiene fe porque se tiene fe
en el ser humano, así como en su potencial creativo. Debido a esto se le pide que tenga fe en sí mismo, no en
el budismo; más bien se le pide que tome el ideal de la Iluminación humana como una hipótesis práctica. En el
budismo se le pide que experimente, que pruebe por sí mismo.
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