Sentencia C-456/20
COSA JUZGADA FORMAL-Configuración
COSA JUZGADA CONSTITUCIONAL-Excepciones/COSA
JUZGADA CONSTITUCIONAL-Cambio en la significación material de
la Constitución
En este caso, puede acudirse a la excepción de acuerdo con la cual (i) ha ocurrido un
cambio en el significado material de la Constitución o “Constitución viviente”, que se
da cuando la realidad social, económica, política o ideológica del país transforma los
presupuestos que sirvieron de sustento para declarar la exequibilidad de la norma en
su momento, lo que permite que se adelante un nuevo estudio a la luz de las nuevas
realidades; o, bien a la excepción de acuerdo con la cual (ii) ha ocurrido una
variación en el contexto normativo, que se presenta cuando la disposición previamente
examinada se integra a un nuevo contexto normativo o el ordenamiento en que se
inscribe ha sido objeto de modificaciones.
COSA JUZGADA FORMAL-Inexistencia porque las normas examinadas
se predican de cuerpos normativos distintos/COSA JUZGADA
CONSTITUCIONAL-Inexistencia por cambios en el contexto de
aplicación de la disposición
COSA JUZGADA RELATIVA IMPLICITA-Configuración
DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Cumple con los
requisitos de aptitud sustantiva
INTEGRACION DE UNIDAD NORMATIVA-Improcedencia
INTEGRACION DE UNIDAD NORMATIVA-Configuración
FAMILIA EN LA CONSTITUCION POLITICA VIGENTE-Institución básica
e imprescindible de toda organización social
FAMILIA-Protección integral en el ordenamiento jurídico colombiano
MATRIMONIO Y UNION MARITAL DE HECHO-Las dos
instituciones dan origen a una familia y, desde este punto de vista, merecen
igual protección constitucional/MATRIMONIO Y UNION MARITAL
DE HECHO-No debe entenderse como una absoluta equiparación o
equivalencia
(…) El punto de partida y la directriz general para evaluar las diferenciaciones
normativas es el reconocimiento de tales estructuras familiares como arreglos
legítimos y válidos, y el mandato de su protección en condiciones de igualdad.
Esta igualdad, empero, no implica necesariamente un “igualitarismo”, esto es,
una asimilación o una equiparación absoluta del matrimonio y las uniones
maritales de hecho, sino una obligación estatal de protección en función de las
particularidades y especificidades de cada una de estas.
MATRIMONIO Y UNION MARITAL DE HECHO-Distinciones
MATRIMONIO Y UNION MARITAL DE HECHO-Jurisprudencia
constitucional
UNION MARITAL DE HECHO-Protección constitucional
PAREJAS DEL MISMO SEXO-Modalidad de familia
constitucionalmente protegida
MATRIMONIO Y UNION MARITAL DE HECHO-Instituciones
diferentes respecto de las cuales la Constitución no ha previsto deber de
otorgar igual tratamiento
El artículo 42 de la Constitución Política reconoce los distintos arreglos
familiares en condiciones de igualdad, el trato diferenciado sólo sería
constitucionalmente admisible en una de dos hipótesis: Primero, si mediara una
particularidad jurídicamente relevante del matrimonio frente a la unión marital
de hecho, y si esta diferencia guarda una relación directa con las medidas
legislativas impugnadas. O segundo, si a pesar de no existir una particularidad
jurídicamente relevante que explicara la diferenciación normativa, el trato
asimétrico del legislador atendiera a una finalidad constitucionalmente
admisible.
TESTIGO DE TESTAMENTO SOLEMNE-Prohibición en cónyuge del
testador
(…) si en función de la vocación hereditaria y de la proximidad afectiva que
tienen las personas frente a su cónyuge, el legislador estableció la prohibición
para que el esposo o la esposa actuaran como testigos de los actos
testamentarios de aquellos, y si ambas condiciones se encuentran presentes en
los compañeros permanentes, resulta imperioso concluir que esta restricción
también debe cobijar a las uniones maritales de hecho, y que, su ausencia
deviene en una desprotección de las personas que pretenden efectuar un acto
testamentario.
REVOCACION DE DONACIONES ENTRE CONYUGES-También se
predica de los compañeros permanentes
La Sala estima que, en la medida en que las normas demandadas contemplan
una restricción entre los cónyuges que no está prevista de manera general en la
legislación civil para los demás modelos de conformar familia, y en tanto que
esta limitación fue establecida en razón de la existencia de un patrimonio común
2
que se conforma entre los cónyuges, el cual, también se predica entre los
compañeros permanentes, la diferenciación de trato es constitucionalmente
injustificada. La conformación de una sociedad patrimonial de hecho, la
vocación hereditaria y el derecho a la porción conyugal tienen como
contrapartida, entre otras cargas, esta limitación legal a la que, naturalmente,
también deben estar sometidos los compañeros permanentes.
EXCEPCIONES EN SUCESIONES EN RAZON DE LA RELACION
MATRIMONIAL-Extensivo a los compañeros permanentes del mismo o
distinto sexo
INDIGNIDAD Y DESHEREDAMIENTO-También se predica de los
compañeros permanentes
Desde esta perspectiva, excluir de esta salvaguardia a las familias constituidas
por vínculos naturales, comporta en este escenario no sólo una discriminación
en razón del origen familiar, sino también una forma de desprotección, sin que
una razón que justifique la diferenciación normativa. La razón por la que el
legislador estableció la indignidad sucesoral y el desheredamiento de quienes
atentan contra la vida del cónyuge, de los hijos, de los nietos, de los padres o de
los abuelos del causante o testador, es el estrecho vínculo que existe entre estos,
y este estrecho vínculo familiar también se encuentra presente entre los
compañeros permanentes, quienes, para ser considerados como tales, deben
compartir un proyecto de vida, conformar un único hogar, cohabitar, y brindarse
socorro y ayuda mutua. Estando presentes los elementos esenciales en función
de los cuales se estableció la protección legal, esto es, la causal de ilegitimidad
y de desheredamiento, carece de toda justificación la exclusión normativa.
GARANTIA DE NO INCRIMINACION DE FAMILIARES
PROXIMOS-Alcance
(…) independientemente del alcance que esta Corte ha conferido a la garantía
de no incriminación, lo cierto es que la medida la medida legislativa apunta a
proteger el núcleo familiar, y, en particular, los vínculos y lazos de confianza
entre las personas que integran el núcleo familiar. Por ello, el mismo artículo
1026 inciso segundo del Código Civil establece como excepción a la regla
general de indignidad por omisión de denuncia de homicidio los vínculos de
consanguinidad entre el heredero o testador y el victimario hasta el cuarto
grado, y los vínculos de afinidad o de parentesco civil hasta el segundo grado.
De esta suerte, si lo que pretende el legislador es proteger el vínculo familiar de
los cónyuges carece de toda justificación excluir de tal salvaguardia a los
compañeros permanentes y demás parientes cercanos.
EXTRATERRITORIALIDAD DE LA LEY CIVIL EN LAS
RELACIONES FAMILIARES-Extensivo a los compañeros permanentes
del mismo o distinto sexo
3
En vigencia de la jurisprudencia constitucional que se ha construido durante la
última década es indiscutible que la familia también se constituye por vínculos
naturales, por lo que resulta insostenible que los cónyuges que se encuentren en
el extranjero se rijan por la ley civil, pero que, en cambio, los compañeros
permanentes en esa misma situación no se encuentren sometidos a la ley
nacional. Una limitación semejante se traduce necesariamente en un déficit
jurídico de protección de los núcleos familiares constituidos por vínculos
naturales, y de los miembros que los integran.
CITACION DEL CONYUGE A UN PROCESO JUDICIAL O
ADMINISTRATIVO-Extensivo a los compañeros permanentes del mismo
o distinto sexo
(…) las previsiones del artículo 61 del Código Civil en las que se determina que,
en caso de que la ley requiera la citación de los parientes de una persona en un
proceso judicial o administrativo, se debe requerir al cónyuge, deben hacerse
extensivas a los compañeros permanentes. En efecto, este precepto apunta a
garantizar que los miembros de una familia sean escuchados según el orden de
proximidad con el pariente, y habiéndose contemplado la citación de los
cónyuges, a los descendientes, ascendientes, colaterales legítimos hasta el sexto
grado y los hermanos, resulta insostenible que no se haga lo propio en relación
con los compañeros permanentes, máxime cuando las condiciones en función de
las cuales se estableció la citación del cónyuge, esto es, la existencia predicable,
en igual medida, de los compañeros permanentes.
Expediente: D-13553
Acción de inconstitucionalidad contra las
expresiones “cónyuge”, “cónyuges” y
“casada” contenidas en los artículos 19.2, 61
(parcial), 745, 1025.2, 1026.2, 1068.13, 1119,
1125, 1161.2, 1165, 1195, 1196.3, 1266.1 y
1488 del Código Civil
Actores: Martín Alonso Álvarez Bermúdez y
Luisa Fernanda Correa Rodas
Magistrado Ponente:
JORGE ENRIQUE IBÁÑEZ NAJAR
Bogotá D. C., veintiuno (21) de octubre de dos mil veinte (2020)
La Sala Plena, en ejercicio de sus atribuciones constitucionales, profiere la
siguiente sentencia, con fundamento en los siguientes
4
I. ANTECEDENTES
Normas acusadas
1. El día 24 de octubre de 2019, los ciudadanos Martin Alonso Álvarez
Bermúdez y Luisa Fernanda Correa Rodas presentaron demanda de
inconstitucionalidad contra las expresiones “cónyuge”, “casada” y “cónyuges”
contenidas en los artículos 19 numeral 2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso
segundo, 1068 numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266 numeral 1
y 1488 del Código Civil, que establecen una serie de efectos jurídicos entre los
cónyuges en materia civil, incluyendo algunas prerrogativas, derechos, cargas,
prohibiciones y restricciones entre los mismos. A continuación, se transcriben y
resaltan los apartes acusados.
“LEY 84 DE 1873
(26 de mayo)1
CÓDIGO CIVIL DE LOS ESTADOS UNIDOS DE COLOMBIA
CÓDIGO CIVIL DE LA UNIÓN
EL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE COLOMBIA
DECRETA:
(…)
ARTICULO 19. EXTRATERRITORIALIDAD DE LA LEY. Los colombianos
residentes o domiciliados en país extranjero, permanecerán sujetos a las
disposiciones de este Código y demás leyes nacionales que reglan los derechos y
obligaciones civiles:
(…)
2) En las obligaciones y derechos que nacen de las relaciones de familia, pero
sólo respecto de sus cónyuges y parientes en los casos indicados en el inciso
anterior.
ARTÍCULO 61. ORDEN EN LA CITACION DE PARIENTES 2. En los casos
en que la ley dispone que se oiga a los parientes de una persona, se entenderá
que debe oírse a las personas que van a expresarse y en el orden que sigue:
(…) Si la persona fuere casada, se oirá también en cualquiera de los casos de
este artículo a su cónyuge; y si alguno o algunos de los que deben oírse, no
1 Diario Oficial No. 2.867 de 31 de mayo de 1873.
2 Las expresiones “legítimos” contenidas con los numerales 1, 2 y 3 de este artículo fueron
declaradas inexequibles en la Sentencia C-105 de 1994, mientras que el resto del articulado y
las expresiones “legítimos” contenidas en los numerales 5 y 7, fueron declaradas exequibles en
el mismo fallo.
5
fueren mayores de edad o estuvieren sujetos a potestad ajena, se oirá en su
representación a los respectivos guardadores, o a las personas bajo cuyo poder y
dependencia estén constituidos.
ARTÍCULO 745. TITULO TRASLATICIO DE DOMINIO. Para que valga la
tradición se requiere un título traslaticio de dominio, como el de venta, permuta,
donación, etc.
Se requiere, además, que el título sea válido respecto de la persona a quien se
confiere. Así el título de donación irrevocable no transfiere el dominio entre
cónyuges.
ARTÍCULO 1025. INDIGNIDAD SUCESORAL3. Son indignos de suceder al
difunto como heredero o legatarios:
(…)
2. El que cometió atentado grave contra la vida, el honor o los bienes de la
persona de cuya sucesión se trata, o de su cónyuge o de cualquiera de sus
ascendientes o descendientes, con tal que dicho atentado se pruebe por
sentencia ejecutoriada. (…).
ARTÍCULO 1026. INDIGNIDAD POR OMISION DE DENUNCIA DE
HOMICIDIO.
(…)
Esta indignidad no podrá alegarse cuando el heredero o legatario sea cónyuge,
ascendiente o descendiente de la persona por cuya obra o consejo se ejecutó el
homicidio, o haya entre ellos vínculos de consanguinidad hasta el cuarto grado,
o de afinidad o de parentesco civil hasta el segundo grado, inclusive.
ARTÍCULO 1068. INHABILIDAD DE LOS TESTIGOS. No podrán ser
testigos en un testamento solemne, otorgado en los territorios:
(…)
13) Numeral modificado por el artículo 59 del Decreto 2820 de 1974. El nuevo
texto es el siguiente: El cónyuge del testador. (…).
ARTÍCULO 1119. INVALIDEZ DE DISPOSICIONES A FAVOR DEL
NOTARIO Y TESTIGOS. No vale disposición alguna testamentaria a favor del
notario que autorizare el testamento o del funcionario que haga veces de tal, o
del cónyuge de dicho notario o funcionario, o de cualquiera de los ascendientes,
3 El artículo fue declarado exequible en la Sentencia C-105 de 1994, con excepción de la
expresión “legítimos”, declarada inexequible en este mismo fallo. La expresión “cónyuge”
contenida en el numeral 2 de este artículo fue declarada exequible en la Sentencia C-174 de
1996, así como la expresión “presumiéndose dolo por el mero hecho de la detención u
ocultación” prevista en el numeral 5, en la Sentencia C-544 de 1994. Los apartes tachados
fueron declarados inexequibles.
6
descendientes, hermanos, cuñados o sirvientes asalariados del mismo. Lo mismo
se aplica a las disposiciones en favor de cualquiera de los testigos.
ARTÍCULO 1125. ASIGNACION REHUSADA. Si el cumplimiento de una
asignación se dejare al arbitrio de un heredero o legatario, a quien aprovechare
rehusarla, será el heredero o legatario obligado a llevarla a efecto, a menos que
pruebe justo motivo para no hacerlo así. Si de rehusar la asignación no resultare
utilidad al heredero o legatario, no será obligado a justificar su resolución,
cualquiera que sea. // El provecho de un ascendiente o descendiente, de un
cónyuge o de un hermano o cuñado, se reputará, para el efecto de esta
disposición, provecho de dicho heredero o legatario.
ARTÍCULO 1161. ACCION DE REFORMA. Las disposiciones de este título se
entienden sin perjuicio de la acción de reforma que la ley concede a los
legitimarios y al cónyuge sobreviviente.
ARTÍCULO 1165. LEGADO NULO DE COSA AJENA4. El legado de especie
que no es del testador, o del asignatario a quien se impone la obligación de
darla, es nulo; a menos que en el testamento aparezca que el testador sabía que
la cosa no era suya o del dicho asignatario; o a menos de legarse la cosa ajena
a un descendiente o ascendiente legítimo del testador, o a su cónyuge; pues en
estos casos se procederá como en el del inciso 1o del artículo precedente.
ARTÍCULO 1195. VALIDEZ DE LAS DONACIONES REVOCABLES. No
valdrá como donación revocable sino aquella que se hubiere otorgado con las
solemnidades que la ley prescribe para las de su clase, o aquella a que la ley da
expresamente este carácter.
Si el otorgamiento de una donación se hiciere con las solemnidades de las entre
vivos, y el donante en el instrumento se reservare la facultad de revocarla, será
necesario, para que subsista después de la muerte del donante, que este la haya
confirmado expresamente en un acto testamentario; salvo que la donación sea
del uno de los cónyuges al otro.
Las donaciones de que no se otorgare instrumento alguno, valdrán como
donaciones entre vivos, en lo que fuere de derecho; menos las que se hicieren
entre cónyuges, que podrán siempre revocarse.
ARTÍCULO 1196. DONACIONES REVOCABLES NULAS. Son nulas las
donaciones revocables de personas que no pueden testar o donar entre vivos.
Son nulas, así mismo, las entre personas que no pueden recibir asignaciones
testamentarias o donaciones entre vivos una de otra.
Sin embargo, las donaciones entre cónyuges valen como donaciones revocables.
4 La expresión “legítimo” fue declarada inexequible por la Corte Constitucional mediante la
Sentencia C-028 de 2020.
7
ARTÍCULO 1266. CAUSALES DE DESHEREDAMIENTO. Un descendiente
no puede ser desheredado sino por alguna de las causas siguientes:
1) Por haber cometido injuria grave contra el testador en su persona, honor o
bienes, o en la persona, honor o bienes de su cónyuge, o de cualquiera de sus
ascendientes o descendientes legítimos5. (…).
ARTÍCULO 1488. DONANTE IMPEDIDO PARA EJERCER LA ACCION
REVOCATORIA. Cuando el donante, por haber perdido el juicio, o por otro
impedimento, se hallare imposibilitado de intentar la acción que se le concede
por el artículo 1485, podrán ejercerla a su nombre mientras viva, y dentro del
plazo señalado en el artículo anterior, no sólo su guardador, sino cualquiera de
sus descendientes o ascendientes legítimos6 o su cónyuge”.
La demanda
2. Para desarrollar los cargos de la demanda de inconstitucionalidad, los actores
señalan las razones por las que, a su juicio, no se configura el fenómeno de la
cosa juzgada absoluta en relación con las sentencias C-174 de 1996 y C-065 de
2003 y explican los motivos por los cuales la permanencia de la limitación
anterior infringe el ordenamiento constitucional.
Sobre la inexistencia de cosa juzgada
3. Frente a este fenómeno procesal en relación con la Sentencia C-174 de 1996,
los accionantes aclaran que, aunque en este fallo la Corte Constitucional se
pronunció sobre la validez de las expresiones contenidas en los artículos 1025
numeral 2, 1026 inciso segundo y 1266 numeral 1 del Código Civil, demandados
en este proceso, la decisión anterior no torna inviable el escrutinio propuesto por
ellos, por la confluencia de las siguientes razones:
(i) La Corte Constitucional se abstuvo de realizar el escrutinio judicial que le
correspondía según las acusaciones esbozadas en el escrito de acusación. Desde
la perspectiva de los actores, esta Corte realizó un examen global de la
normatividad civil sin atender los mandatos específicos de los artículos 1025
numeral 2, 1026 inciso segundo y 1266 numeral 1 del Código Civil cuyas
expresiones parciales habían sido demandadas ni las especificidades de las
figuras de la indignidad sucesoral y de desheredamiento allí contenidas. Así, no
se “identificó constitucionalmente el texto normativo relevante para resolver el
asunto puesto a consideración, consecuentemente no existió un pronunciamiento
siquiera mínimo referente a las normas demandadas”.
A su juicio, lo anterior condujo a que se desconociera la protección que la
Constitución extiende a todos los arreglos familiares y no solamente a los
originados en la institución matrimonial, y a que pasara por alto la asimilación
5 Palabra tachada inexequible en Sentencia C-105 de 1994.
6 La expresión “legítimos” fue declarada inexequible mediante la Sentencia C-029 de 2020.
8
que se imponía en este caso en función del principio de igualdad, en razón de las
equivalencias en los elementos estructurales del matrimonio y de la unión
marital de hecho. Y al soslayar estos mandatos constitucionales, terminó por
validar una normatividad que, para la fecha del pronunciamiento judicial, esto es,
para el año 1996, ya se encontraba desactualizada desde la perspectiva
constitucional, y concluyó erróneamente que la unión marital únicamente tiene
trascendencia en términos patrimoniales, cuando hoy en día es claro que genera
un nuevo estado civil para los compañeros permanentes, según lo estableció la
Corte Suprema de Justicia en Auto No. 128 del 18 de junio 20087.
(ii) Los actores argumentan que se han producido cambios sociales y culturales
sustantivos en la estructura y en el funcionamiento de las familias, hasta el punto
de que hoy en día la mayor parte de estas se originan en la convivencia y no en el
contrato matrimonial, por lo cual resulta imperioso que, en este nuevo escenario,
se fijen criterios análogos en el reconocimiento de los derechos, inhabilidades,
prohibiciones y responsabilidades entre sus miembros, tal como actualmente
ocurre en materia sucesoral y de donaciones. A su juicio, “la sociedad
colombiana ha evolucionado social y culturalmente, de ahí que se puede
observar que la conformación de una familia proviene principalmente las
uniones maritales de hecho (…) en esa medida también requieren criterios
análisis no sólo de protección, sino también de inhabilidades, prohibiciones y
responsabilidades (…) el nuevo estudio de constitucionalidad (…) parte de
significaciones constitucionales diferentes a lo expuesto en la sentencia C-174
de 1996”.
(iii) Finalmente, advierten que la controversia abordada y resuelta por la Corte
Constitucional en aquel fallo es parcialmente distinta de la que se propone en
esta oportunidad, porque en aquel entonces no se tuvo en cuenta el déficit de
protección que provoca la restricción normativa en los miembros de las uniones
maritales de hecho, ni tampoco se tomó como parámetro de análisis judicial el
conjunto de valores, principios y derechos que estructuran el Estado Social de
Derecho, entendidos a partir de los instrumentos que integran el bloque de
constitucionalidad.
4. Frente a la Sentencia C-065 de 2003, que declaró exequible los apartes
demandados del artículo 1068 numeral 13 del Código Civil, los accionantes
aducen que el debate jurídico abordado en aquel entonces difiere sustancialmente
del que se propone en este proceso. En efecto, dicen que, en el citado fallo el
análisis constitucional tuvo como referente el principio de presunción de
inocencia consagrado en el artículo 83 de la Constitución Política, pues, a juicio
del entonces demandante, la inhabilidad para ser testigo del testador cónyuge
envolvía una modalidad de presunción de mala fe. En contraste, en esta
oportunidad el debate versa sobre el alcance restrictivo de la medida legislativa a
la luz del principio de igualdad y del deber de protección de la familia, por
comprender únicamente a los cónyuges y no a los compañeros permanentes; se
7 Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil. Exp. 050013110062004-00205-01,
sentencia del 18 de junio de 2008.
9
trata entonces de valorar la diferenciación entre los distintos arreglos familiares
que, en principio, cuentan con la misma protección constitucional.
A su juicio, entonces, “se puede afirmar que la norma objeto de demanda
tampoco tiene el carácter de cosa juzgada absoluta, lo cual admite una nueva
disertación por parte de los magistrados de la Corte Constitucional”.
Los cargos de la demanda
5. En la demanda se señalan las semejanzas estructurales entre el matrimonio y
la unión marital de hecho, los precedentes jurisprudenciales en los que esta Corte
reconoce la necesidad de otorgar un tratamiento equivalente a ambas formas de
organización familiar, para finalmente indicar el sentido de la oposición
normativa entre cada uno de los preceptos demandados y los artículos 5, 13 y 48
de la Constitución Política.
Primero, los accionantes argumentan que existen equivalencias esenciales entre
el matrimonio y las uniones maritales de hecho, y que como el artículo 42 de la
Constitución Política consagra una protección a la familia, independientemente
de que esta se constituya por vínculos naturales o jurídicos, el régimen
establecido en favor de los cónyuges debe hacerse extensivo a los compañeros
permanentes.
Así, ambos tipos de uniones suponen la cohabitación y la comunidad de vida
permanente, entendidas como “el compromiso que tienen los cónyuges de
convivir juntos, y así compartir un techo, lecho, mesa y la debida prestación
sexual”. Aunque estos elementos deben interpretarse con flexibilidad porque las
circunstancias de la vida contemporánea impiden que las parejas permanezcan
juntas en todo momento, en cualquier caso, debe existir una comunidad de vida
pública, notoria y estable.
Segundo, ambas estructuras familiares están permeadas por el deber de fidelidad
y por la singularidad marital y, por ende, por el respeto y la lealtad recíproca
entre los cónyuges y compañeros. Lo anterior, sin perjuicio de que este deber
tiene en cada caso sus propias particularidades: para los esposos “la fidelidad no
se suspende ni se termina por la separación de cuerpos, distinto al deber de
cohabitación, socorro y ayuda mutua (…) en la unión marital de hecho la
fidelidad se manifiesta como una consecuencia de la singularidad marital que
demuestre la unión exclusiva entre ellas y su real fundamento”. Así pues, en
ambos casos existe una manifestación de la pareja de su deseo e intención de
mantener de manera indefinida un único núcleo familiar.
Tercero, en ambas estructuras existe un deber de socorro y ayuda mutua. El
primero implica brindar asistencia y prestaciones de tipo económico a la pareja o
esposo, con el propósito de satisfacer sus necesidades y garantizar su bienestar;
de este deber se deriva, precisamente, la obligación alimentaria prevista en el
artículo 411 del Código Civil, que, en virtud de la Sentencia C-1033 de 2002,
10
comprende no sólo a los esposos sino también a los compañeros permanentes.
Adicionalmente, el delito de inasistencia alimentaria, previsto originalmente para
los cónyuges, se hizo extensivo a los compañeros permanentes en la Sentencia
C-016 de 2004; este fallo, a su turno, dio lugar a la Ley 1181 de 2007, que
reconfiguró este delito en los términos previstos por el juez constitucional. Por
su parte, la ayuda se refiere a los deberes asistenciales que rebasan las
prestaciones de tipo económico, para brindar a la pareja acompañamiento moral
y espiritual, apoyo y cuidado en todas las circunstancias de la vida. En el caso de
las uniones, este deber se encuentra previsto en el artículo 3 de la Ley 54 de
1990.
Cuarto, en ambos tipos de uniones la procreación constituye una de sus
finalidades, y las relaciones establecidas entre los padres y los hijos son
equivalentes en el matrimonio y en la unión marital de hecho. Por ello, el propio
artículo 42 establece que “los hijos habidos en el matrimonio o fuera de él,
adoptados o procreados naturalmente o con asistencia científica, tienen iguales
derechos y deberes”, y la Ley 1060 de 2003 contempla la presunción de
legitimidad tanto de los hijos procreados y nacidos en el marco de una y otra
institución.
Quinto, en ambos tipos de uniones se producen efectos patrimoniales, que están
determinados, en el matrimonio, con la conformación de la sociedad conyugal, y
en la unión marital de hecho, con la de la sociedad patrimonial de hecho. Lo
anterior, sin perjuicio de la facultad de las parejas de limitar o de exceptuar este
régimen mediante las capitulaciones y la disolución de la sociedad conyugal o
patrimonial.
Sexto, en uno y otro caso el vínculo da lugar a un nuevo estado civil, entendido
este como la posición jurídica de la persona en relación con la familia y la
sociedad. Aunque anteriormente se consideró que la unión marital de hecho no
cambia el estado civil de las parejas 8, hoy en día se considera que sí lo hace en
los mismos términos del matrimonio, según determinó recientemente la Corte
Suprema de Justicia, cuando sostuvo lo siguiente: “Un nuevo análisis de la
cuestión demanda rectificar la doctrina sobre el particular, porque aún sin que
se haya expedido la ley que haya asignación que en tales antecedentes se echó
de menos, normativamente se han introducido cambios que tienden a darle a la
unión marital de hecho un tratamiento jurídico equiparable o semejante al del
matrimonio y a todo lo que gira alrededor de esas situaciones, cuestiones todas
que sin lugar permiten subsumir a aquella en la definición del artículo 1 del
Decreto 1260 de 1970”9. Dentro de estos cambios normativos a los que alude la
Corte Suprema de Justicia, se encuentran, por ejemplo, la presunción de
8Este es el caso de la propia Sentencia C-174 de 1996, a la que se hizo referencia
anteriormente, y de la primigenia jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia plasmada,
entre otros, en los autos 266 de 2001, exp. 0096; 247 del 1 de noviembre de 2004, exp. 00773;
179 del 9 de agosto de 2004, exp. 1999-00042-01; y 028 del 30 de enero de 2006, exp. 2004-
01595-00.
9 Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, Auto No. 129 del 18 de junio de 2008,
Exp. 050013110062004-00205-01.
11
paternidad, la declaración de existencia de la unión marital de hecho por medio
de actas de conciliación y las declaraciones ante notario, y los efectos entre las
parejas, que son equivalentes a los que se producen en el contexto del
matrimonio.
6. Con fundamento en esta asimilación que se habría producido por vía judicial,
los actores argumentan que la circunstancia de que la normatividad demandada
contemple una serie de derechos, prerrogativas cargas, prohibiciones,
inhabilidades y deberes entre los cónyuges, pero que no se hayan hecho
extensivos a los compañeros permanentes, desconoce la protección
constitucional a la familia y el derecho a la igualdad. La valoración que la Corte
haga de esta diferenciación legal debe, a su juicio, efectuarse mediante un test
estricto de igualdad.
7. A su juicio, a las normas impugnadas subyace la finalidad de brindar una
protección especial a la familia originada en el vínculo matrimonial, “pues allí
se establecen una serie de inhabilidades, prohibiciones, obligaciones y
responsabilidades, todas derivadas de los principios de solidaridad, ayuda y
socorro mutuo que surgen entre sus miembros, las personas casadas”.
No obstante, las restricciones legales no son necesarias para la consecución de
este objetivo, por cuanto para salvaguardar los lazos entre los cónyuges no es
necesario excluir de los efectos de las normas impugnadas a los compañeros
permanentes. Por esta misma razón, la diferenciación legal resulta
desproporcionada, pues la ausencia de prerrogativas, cargas, obligaciones y
responsabilidades entre los compañeros permanentes no representa ningún
beneficio concreto para los miembros casados, y, por el contrario, desconoce una
realidad social.
Lo anterior resulta particularmente grave si se tienen en cuenta las
“equivalencias esenciales y absolutas entre la unión marital de hecho en
relación al matrimonio, basadas en lo que representan para la sociedad y el
Estado: la cohabitación o comunidad de vida, singularidad marital, ayuda y
socorro mutuo, procreación, sociedad patrimonial de hecho y estado civil”.
Dada la semejanza estructural, se requieren no sólo criterios análogos de
protección como los que ha impulsado esta Corte, sino también que las cargas,
obligaciones y responsabilidades sean las mismas.
8. Desde esta perspectiva, la diferenciación legal configura una vulneración no
sólo del artículo 13 de la Constitución Política, sino también de los artículos 2 y
7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, del artículo 3 del Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de los artículos 1
y 24 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
9. Asimismo, la normatividad demandada desconoce el reconocimiento de la
familia como institución básica de la sociedad y el deber constitucional de
protección de la familia previsto en los artículos 5 y 42 de la Constitución
12
Política, al no contemplar las mismas prerrogativas, inhabilidades, prohibiciones
y responsabilidades entre los compañeros permanentes que sí tienen las personas
casadas.
Intervenciones ciudadanas
10. El debate constitucional durante esta fase procesal se centró en dos
problemáticas: (i) la viabilidad del control propuesto por los accionantes, y (ii) la
compatibilidad de las medidas legislativas con el ordenamiento constitucional.
(i) Intervenciones acerca de la procedencia del escrutinio judicial
11. El Ministerio de Justicia y del Derecho y la Universidad Externado de
Colombia se refieren a dos circunstancias que, eventualmente, podrían afectar la
viabilidad del control constitucional propuesto por los accionantes: la aptitud de
la demanda y el fenómeno de la cosa juzgada.
12. Frente a la aptitud de la demanda, la Universidad Externado de Colombia
manifiesta que los cargos del escrito de acusación no satisfacen a plenitud las
exigencias básicas para la estructuración de la controversia constitucional. Según
la interviniente, los accionantes afirman que las normas demandadas excluyen de
sus efectos jurídicos a los compañeros permanentes, pero no precisaron “con la
claridad y especificidad deseables” la forma en que la diferenciación entre
cónyuges y compañeros se traduce en una vulneración de los artículos 5, 13 y 42
de la Constitución.
13. Respecto a la posible configuración del fenómeno de la cosa juzgada,
ambos intervinientes afirman que la existencia de las sentencias C-174 de 1996 y
C-065 de 2003 no impide evaluar, nuevamente, la validez de las disposiciones
impugnadas.
Frente a la Sentencia C-174 de 1996, los intervinientes aclaran que aunque en
este fallo se determinó la validez de algunos contenidos normativos que se
pretenden controvertir en este proceso, el parámetro o referente del control es
distinto en uno y otro caso, ya que durante las últimas décadas la jurisprudencia
constitucional y civil ha extendido gradual y progresivamente el régimen jurídico
de los cónyuges a los compañeros permanentes, y que, de la misma manera, el
contexto social y normativo ha variado de manera sustantiva desde aquel
entonces. De hecho, en la Sentencia C-477 de 1999 se determinó que “todas las
prerrogativas, ventajas o prestaciones y también las cargas y responsabilidades
que el sistema jurídico establezca a favor de las personas unidas en matrimonio
son aplicables, en pie de igualdad, a las que conviven sin necesidad de dicho
vínculo formal”, y en la Sentencia C-283 de 2001 se precisó que con
posterioridad al año 1996 se han extendido por vía judicial los derechos,
beneficios y prerrogativas a los compañeros permanentes y a los miembros de las
parejas del mismo sexo.
13
Con respecto al segundo fallo judicial, descartaron la configuración del
fenómeno de la cosa juzgada, sobre la base de que en dicho escenario la Corte
analizó el artículo 1068 numeral 13 del Código Civil a la luz del principio de
buena fe, mientras que en este caso el escrutinio se propone frente a otros
mandatos, como el derecho a la igualdad y el deber estatal de protección a la
familia. De este modo, al no existir una identidad en los referentes o estándares
del juicio de constitucionalidad, la existencia de la Sentencia C-065 de 2003 no
impide abordar la controversia planteada en este proceso.
(ii) Intervenciones acerca de la presunta inconstitucionalidad del
precepto demandado
14. El Ministerio de Justicia y del Derecho y la Universidad Externado de
Colombia recogen las líneas argumentativas planteadas por los demandantes,
coincidiendo en que las disposiciones impugnadas tienen un efecto
discriminatorio entre los distintos tipos de familia, en cuanto contemplan una
protección exclusiva para aquellas que se conforman por el vínculo matrimonial,
pese a que la Constitución Política reconoce a la institución familiar como tal,
independientemente de la forma en que esta se constituye. Resulta razonable
que, así como según el artículo 61 del Código Civil los cónyuges deben ser
escuchados en los procesos judiciales en que se cita a los parientes, asimismo
sean llamados los compañeros, y que así como el cónyuge es inhábil para actuar
como testigo del testador, asimismo lo sea el compañero permanente. De esta
suerte, “las normas acusadas parecen perpetuar una distinción que hoy carece
de sentido y, por lo tanto, sería conforme a la Constitución declarar la
exequibilidad condicionada solicitada en la demanda (…)”.
Concepto del Ministerio Público
15. Mediante concepto allegado el día 6 de febrero de 2020, el Viceprocurador
encargado de las funciones del Procurador General de la Nación 10 acoge las
pretensiones del accionante, y solicita a la Corte que declare la exequibilidad
condicionada de las expresiones “cónyuges”, “casada” y “cónyuge” contenidas
en los artículos 19, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso segundo, 1068 numeral
13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266 numeral 1 y 1488 del Código
Civil, para que los efectos jurídicos allí establecidos se hagan extensivos a los
compañeros permanentes de parejas heterosexuales y del mismo sexo, y para
que, además, exhorte al Congreso de la República para que legisle de manera
sistemática y ordenada sobre las uniones maritales de hecho y parejas del mismo
sexo. De igual modo, la vista fiscal indica las razones por las que, a su juicio, no
se ha configurado el fenómeno de la cosa juzgada absoluta. Partiendo de este
marco conceptual, el Procurador General (e) presenta las siguientes
consideraciones:
Primero, en todos los casos las disposiciones demandadas persiguen la
protección de la institución familiar y de los miembros que integran su núcleo,
10 De conformidad con el Decreto 075 de 2020, del que se anexa copia en el expediente.
14
siendo este el criterio de comparación para determinar la justificación de la
diferenciación normativa. En general, en las normas impugnadas se establecen
una serie de cargas, obligaciones y responsabilidades que surgen de las
relaciones familiares y que se proyectan en la pareja: “Así las cosas (...) las
disposiciones acusadas establecen cargas, obligaciones y responsabilidades que
surgen de las relaciones familiares que tienen implicaciones en la pareja, razón
por la cual los compañeros permanentes se encuentran en las mismas
condiciones que los cónyuges, como consecuencia de la existencia de
solidaridad, apoyo mutuo y comunidad de vida y no del origen del vínculo que
no cuenta con la formalidad y solemnidad del matrimonio”.
Segundo, los compañeros permanentes y los cónyuges se encuentran en la misma
situación de hecho en relación con los asuntos regulados en las disposiciones
demandadas, en tanto ambas uniones son modalidades de familia que se
diferencian únicamente en la formalidad en su conformación.
Tercero, pese a que ambos tipos de unión se encuentran en la misma situación
fáctica, jurídicamente tienen un trato diferenciado que debe ser evaluado a partir
de un test estricto, como quiera que se encuentra asociado al origen familiar.
En este orden ideas, se tiene que las disposiciones demandadas atienden a una
finalidad legítima, importante e imperiosa asociada a la protección de los
miembros de la familia, y que además es necesaria, “pues está justificado
constitucionalmente que los derechos y deberes de los cónyuges se rijan por la
ley civil”. Empero, la diferenciación no es adecuada ni idónea para la
consecución de este objetivo, ya que las relaciones familiares no se constituyen
únicamente por el vínculo matrimonial, y también pueden tener origen en los
vínculos naturales, por lo cual, carece de sentido privar de protección jurídica a
estas últimas. Adicionalmente, la restricción normativa tampoco es proporcional,
porque implica brindar una salvaguardia fragmentaria y deficitaria, y establece
un privilegio para un arreglo familiar específico que constitucionalmente no
tiene prelación. Todo lo anterior deviene en una vulneración de los artículos 5,
13 y 42 de la Constitución.
II. CONSIDERACIONES
Competencia
La Corte Constitucional es competente para resolver la controversia planteada,
en la medida en que corresponde a una acción de inconstitucionalidad contra
varias normas o prescripciones de carácter legal, asuntos que, en virtud del
artículo 241.4 de la Constitución Política, debe ser resuelto por esta Corporación.
Cuestiones previas
15
(i) Análisis de la posible configuración del fenómeno de
la cosa juzgada constitucional
Respecto de la Sentencia C-174 de 1996
16. Los accionantes demandaron las expresiones “cónyuges”, “cónyuge” y
“casada” contenidas en los artículos 19.2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso
segundo, 1068 numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266 numeral 1
y 1488 del Código Civil, y, de todo este entramado, las expresiones previstas en
los citados artículos 1025 numeral 2, 1026 inciso segundo y 1266 numeral 1, ya
han sido objeto de un pronunciamiento judicial previo en el escenario del control
abstracto de constitucionalidad.
17. En particular, estos contenidos han sido objeto de escrutinio en los siguientes
términos: (i) el artículo 1025 numeral 2 del Código Civil, que estatuyó la
indignidad sucesoral del heredero o legatario que comete atentado grave contra
la vida, el honor o los bienes del cónyuge del causante, fue declarado exequible
en la Sentencia C-174 de 1996; (ii) el inciso segundo del artículo 1026 del
Código Civil, que establece como excepción a la indignidad sucesoral por
omisión de denuncia del delito de homicidio del causante, que el heredero o
legatario sea, al mismo tiempo, cónyuge del autor, coautor o cómplice del
homicidio, fue declarado exequible en la misma Sentencia C-174 de 1996; y,
finalmente (iii) el artículo 1266 numeral 1 del Código Civil, que consagró como
causal de desheredamiento la injuria grave contra el cónyuge del testador en su
persona, honor o bienes, también fue declarado exequible en la Sentencia C-174
de 1996.
Existencia de la cosa juzgada formal respecto de las expresiones acusadas de
los artículos 1026 inciso segundo y 1266 numeral 1
18. De conformidad con lo expuesto en el apartado anterior, existe cosa juzgada
formal respecto de los artículos 1026 inciso segundo y 1266 numeral 1, por
cuanto hay identidad de objeto (en relación con las mismas expresiones acusadas
de las normas citadas) e identidad de cargo (violación de los artículos 13 y 42 de
la Constitución Política), aunque es preciso aclarar que varias de las normas
acusadas tienen fallos anteriores frente a contenidos normativos distintos a los
que son materia de controversia.
19. Así, frente a la Sentencia C-174 de 1996, es claro que, en principio, existe
una coincidencia en los contenidos normativos y en los parámetros del juicio de
constitucionalidad tenidos en cuenta en aquel fallo y los propuestos en este
proceso judicial. En efecto, en la citada providencia se declaró la exequibilidad
de las mismas expresiones acusadas de los artículos 1026 inciso segundo y 1266
numeral 1 del Código Civil, cuestionados en su momento por no haber hecho
extensivas las reglas allí contenidas a los compañeros permanentes, lo que, a
juicio del entonces demandante, desconocía el derecho a la igualdad y la
prohibición de discriminación por razones de origen familiar, así como la
16
libertad de conciencia y el mandato de protección a la familia. Así pues, existe
una coincidencia tanto en los contenidos normativos analizados, como en los
parámetros del juicio de constitucionalidad.
Si bien la Sentencia C-174 de 1996 no realizó una valoración global de todos los
preceptos impugnados a la luz de la tesis general, sino que lo hizo bajo el
parámetro constitucional de ese momento, tiempo en el cual aún no se había
establecido una línea sólida y consolida sobre los derechos de los compañeros
permanentes, lo cierto es que la regla que se desprende de dicha sentencia es
aplicable a este caso. Dicha regla consiste en que, la distinción entre matrimonio
y unión marital no es inconstitucional per se, habida cuenta de que son estados
civiles distintos y por ende el legislador puede hacer diferenciaciones, como las
contempladas en los artículos demandados.
20. Partiendo de dicho supuesto, corresponde acudir a una de las excepciones en
virtud de las cuales es posible adelantar un nuevo examen de constitucionalidad,
pese a existir cosa juzgada. En este caso, puede acudirse a la excepción de
acuerdo con la cual (i) ha ocurrido un cambio en el significado material de la
Constitución o “Constitución viviente”, que se da cuando la realidad social,
económica, política o ideológica del país transforma los presupuestos que
sirvieron de sustento para declarar la exequibilidad de la norma en su momento,
lo que permite que se adelante un nuevo estudio a la luz de las nuevas
realidades11; o, bien a la excepción de acuerdo con la cual (ii) ha ocurrido una
variación en el contexto normativo, que se presenta cuando la disposición
previamente examinada se integra a un nuevo contexto normativo o el
ordenamiento en que se inscribe ha sido objeto de modificaciones 12. Esto, si se
tiene en cuenta que, con posterioridad a la Sentencia C-174 de 1996, se han
proferido numerosos pronunciamientos judiciales en los que se han equiparado
las situaciones jurídicas de los cónyuges y los compañeros permanentes 13.
21. Tal como lo señaló esta Corte en la Sentencia C-031 de 2012, “a lo largo del
estudio del fenómeno de Cosa Juzgada en materia de control de
constitucionalidad en la jurisprudencia de la Corte, se ha avanzado en el sentido
de entender que, al margen de la clasificación de la figura, la noción de la
Cosa Juzgada en la práctica resulta sencilla y referida únicamente a la
prohibición de volverse a pronunciar sobre un asunto ya decidido. En este
11Sentencia C-045 de 2019. “Lo que ocurre aquí es un ejemplo de cómo el contenido y
alcance de las normas constitucionales se van adaptando a una sociedad cambiante. Se trata
del concepto de Constitución Viviente cuyo alcance y contenido se va perfilando con los
cambios económicos, sociales, políticos y culturales de la comunidad política. (…). El
contenido de las normas constitucionales, además, se va precisando y desarrollando por el
órgano legislativo, siempre bajo el principio de supremacía constitucional. El alcance de las
normas constitucionales, no sólo se desarrolla, sino que eventualmente, se amplía, de manera
que no sólo es progresiva, sino inclusive, en ciertos casos, irreversible”, entre otras.
12Cfr. Corte Constitucional, Sentencias C-007-16 y C-089-20.
13Cfr. Corte Constitucional, Sentencias C-521 de 2007 (beneficiarios en el sistema de salud),
C-477 de 1999 (adopción por consentimiento), C-1033 de 2002 (obligación alimentaria), C-
283 de 2011 (porción conyugal) y C-238 de 2012 (vocación hereditaria).
17
orden aquello que ha analizado la Corte a este respecto, se refiere a distintos
supuestos alrededor del cumplimiento de los dos requisitos mencionados. Por
ejemplo, cuando la sentencia anterior ha declarado una exequibilidad, si se
cumple (i) y no (ii), quiere decir que no hay cosa juzgada, y se presenta la
situación que la Corte ha llamado en ocasiones cosa juzgada relativa. Pero, la
designación anterior (cosa juzgada relativa) podría resultar contradictoria
porque se afirma que no hay cosa juzgada, y a la vez que sí hay, pero relativa.
Otras nociones como ‘cosa juzgada absoluta’ y ‘cosa juzgada material’,
tienden a confundir su efecto práctico, consistente en que la cosa juzgada en sí
misma genera la prohibición de volver a estudiar una determinada disposición
normativa, y la consecuente obligación de estarse a lo resuelto. Esto quiere
decir que no hay distintos grados para la aplicación de esta prohibición y
obligación. Se aplica o no se aplica”14 (negrillas propias).
22. En tal virtud, la Corte exceptuará la cosa juzgada para proceder a señalar
que, de conformidad con los artículos 5, 13 y 42 que consignan el principio de
igualdad y el deber de protección a la familia, debe entenderse que los cónyuges
y los compañeros permanentes, del mismo o de distinto sexo, tienen las mismas
obligaciones, inhabilidades, prohibiciones y responsabilidades, en lo que se
refiere a las disposiciones del Código Civil en cuestión.
23. Frente el artículo 1025 numeral 2, es preciso tener en cuenta que tal
disposición fue modificada por la Ley 1893 de 2018, a pesar de que se preserve
el mismo contenido normativo en el numeral 2. En tal caso, no existe cosa
juzgada formal (pues el texto legal ya no es el mismo) y tampoco se puede
predicar cosa juzgada material (pese a la identidad del contenido normativo),
pues la Corte ha señalado que la misma no procede cuando así lo demande el
carácter dinámico de la Constitución, en desarrollo del concepto de la
constitución viviente15.
24. Es cierto que en las sentencias C-283 de 2011 y C-238 de 2012 se desestimó
la configuración de este fenómeno en relación con la Sentencia C-174 de 1996,
sobre la base de que, aunque en dicha providencia la Corte declaró la
exequibilidad simple de algunos de los preceptos del Código Civil cuestionados
en los nuevos procesos judiciales, la decisión adoptada en el marco de tales
fallos no tenía la potencialidad de clausurar definitivamente el debate
constitucional, pues según se indicó en tales providencias, en la Sentencia C-
174-96 se omitió realizar el juicio de igualdad propuesto por el entonces
accionante, con el argumento de que, al ser el matrimonio distinto a la unión
permanente, no había lugar a confrontar una y otra institución frente a la
normatividad relativa a la porción conyugal y a la vocación hereditaria.
Propiamente hablando, la Corte se abstuvo de evaluar la normatividad
demandada a la luz del mandato de igualdad.
14Corte Constitucional, Sentencia C-031 de 2012. F.J. 9, pág. 13.
15Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-073 de 2014.
18
Con todo, tanto en la Sentencia C-283 de 2011 como en la Sentencia C-238 de
2012 se dio cuenta de cambios sustantivos en el contexto normativo,
destacándose que entre los años 1996 y 2005 transcurrieron cerca de 15 años en
los que la jurisprudencia constitucional y civil han venido extendiendo a los
compañeros permanentes, de manera progresiva, los derechos, beneficios y
prerrogativas contempladas en la legislación civil para los cónyuges, lo cual
obligaría a esta Corte a reconsiderar las razones que, en su momento, fueron la
base de la declaratoria de exequibilidad simple. En esta oportunidad, la Corte se
encuentra vinculado por las reglas controlantes de aquellos dos fallos judiciales.
De hecho, según se explicará en los acápites subsiguientes, aunque el artículo 42
de la Constitución Política reconoce expresamente las familias conformadas por
vínculos naturales en condiciones de igualdad frente a las conformadas por la
unión matrimonial, el entendimiento de este precepto ha variado a lo largo del
tiempo. Originalmente, la Corte estimó que el reconocimiento de las uniones
libres debía producirse, no por vía de asimilarlo y equipararlo plenamente al
matrimonio, sino por vía de aceptarlo en sus especificidades y particularidades,
como camino alternativo a aquella otra institución. Progresivamente, sin
embargo, se ha venido entendiendo que la desregularización de las uniones libres
se traducía, necesariamente, en un déficit de protección de sus miembros, y que
el principio de igualdad en razón del origen familiar impone la equiparación con
la figura del matrimonio, al menos como regla general. De esta manera, las
conclusiones de las sentencias C-238 de 2012 y C-283 de 2011 en relación con la
cosa juzgada, resultan consistentes con la evolución jurisprudencial en esta
materia.
25. Por lo demás, la Sala coincide con los planteamientos de los demandantes, de
los intervinientes y del Ministerio Público, en el sentido de que en la Sentencia
C-174 de 1996, la Corte se abstuvo de analizar los mandatos específicos
previstos en la normatividad demandada, para, en su lugar, efectuar una
valoración global y “en bloque” de todos los preceptos impugnados, a la luz de
la tesis general según la cual la diferenciación entre cónyuges y compañeros
permanentes no es per se inconstitucional.
26. Con fundamento en esta premisa, que por sí sola no tiene la potencialidad de
descartar las acusaciones de los accionantes en contra de los preceptos del
Código Civil, y que sólo constituye el punto de partida del análisis judicial, la
Corte descartó y desestimó en bloque las acusaciones formuladas en contra de
una amplia gama de normas legales, sin que la conclusión anterior estuviese
antecedida del imprescindible ejercicio de cotejo entre los contenidos normativos
impugnados y los artículos 13, 18 y 42 de la Constitución Política. Propiamente
hablando, la controversia propuesta actualmente nunca fue resuelta por esta
Corte.
Respecto de la Sentencia C-065 de 2003
19
27. Asimismo, en relación con la Sentencia C-063 de 2005 la Corte coincide con
los planteamientos de los demandantes, de los intervinientes y del Ministerio
Público, en el sentido de que en esta providencia se declaró la exequibilidad del
artículo 1068 numeral 13 del Código Civil, que prohíbe al cónyuge del testador
ser testigo en los actos testimoniales solemnes, precepto demandado en este
proceso, pero que el parámetro del juicio de constitucionalidad no fueron las
normas que reconocen la institución familiar independientemente de su forma de
configuración, sino el artículo 83 de la Constitución Política, que consagra el
principio de buena fe.
Tal como se explica en el citado fallo judicial, el demandante cuestiona la
validez del artículo 1068 numeral 13 del Código Civil, “como quiera que parte
del supuesto según el cual las personas por el hecho de ser cónyuges entre sí,
actúan de mala fe y, a su juicio no puede subsistir en la ley la presunción de que
las personas por ser casados dejan de lado el cumplimiento de este mandato
constitucional. Agrega que sancionar con nulidad el testamento en que uno de
los cónyuges ha actuado como testigo, por considerar que ellos pueden
implícitamente ponerse de acuerdo para burlar derechos de terceros (herederos),
equivaldría a presumir la mala fe tanto del testador como de su cónyuge”.
28. Planteada en estos términos la controversia constitucional, la Corte concluyó
que las acusaciones no estaban llamadas a prosperar, por cuanto la restricción
legal atiende al objetivo de garantizar la autonomía e independencia del testador
para que las decisiones sobre el destino de sus bienes luego del fallecimiento se
adopten sin ningún apremio o presión, y para que el testigo obre de manera
imparcial y desprovisto de intereses económicos. Según esta Corte, esta sana
previsión no equivale a una presunción de mala fe, sino a una elemental
precaución para proteger la voluntad de quien dispone de su patrimonio, máxime
cuando en el testamento se pueden ejecutar otros actos jurídicos
comprometedores, como, por ejemplo, el reconocimiento de un hijo
extramatrimonial.
En contraste, en el presente proceso judicial se plantea un debate jurídico
sustancialmente distinto, ya que, aunque la demanda recae sobre el mismo
contenido normativo, el cuestionamiento se estructura sobre una base normativa
totalmente diferente. A juicio del demandante, el legislador falló al restringir la
prohibición establecida para el cónyuge de actuar como testigo de los actos
testamentarios, sin incluir dentro de la misma a los compañeros permanentes, en
detrimento de los artículos 5, 13 y 42 de la Constitución Política, que reconocen
todos los arreglos familiares en igualdad de condiciones.
29. De esta manera, existe una cosa juzgada relativa frente a lo resuelto en la
Sentencia C-065 de 2003, la cual en todo caso opera en la modalidad implícita,
pues el fallo tenía una vocación de alcance universal en su parte resolutiva. En
dicha providencia se analizó el mismo contenido demandado controvertido en
este proceso, pero a la luz de otro parámetro de constitucionalidad, a saber, los
20
artículos 5, 13 y 42 de la Constitución, y no del artículo 83, que sirvió como
referente del escrutinio judicial en aquella oportunidad.
(ii) Análisis de la aptitud de la demanda
30. La Sala considera que la apreciación sobre las deficiencias argumentativas de
la demanda es infundada (Supra numeral 12), ya que el escrito de acusación
aporta los elementos básicos del escrutinio judicial: se identificaron e
individualizaron los contenidos normativos objeto del cuestionamiento, se
especificaron los referentes del juicio de constitucionalidad, a saber, los artículos
5, 13 y 42 de la Constitución Política, y, finalmente, se indicaron las razones de
la oposición normativa entre las disposiciones legales y el ordenamiento
constitucional.
31. Por su parte, con respecto a la objeción formulada por la Universidad
Externado de Colombia por la asimilación que en derecho viviente se habría
producido entre la institución del matrimonio y la unión permanente, la Corte
también desestima este planteamiento. En efecto, el interviniente no sólo no
aporta evidencias de la equiparación plena entre el régimen legal de las dos
instituciones, sino que, además, reconoce que esta asimilación no constituye un
patrón general y único en la comunidad jurídica, e incluso aporta evidencias de
que, ni en la doctrina ni en la jurisprudencia se ha validado la tesis de que las
normas legales relativas al matrimonio son automáticamente replicables a las
uniones permanentes.
Por el contrario, la evolución legal y jurisprudencial de la institución
matrimonial y de las uniones maritales de hecho indica, primero, que la
extensión de las reglas de aquellas a estas últimas se ha producido de manera
gradual y progresiva, y caso a caso, y segundo que, con todo, se mantienen
diferencias entre una y otra, que incluso han sido validadas por el juez
constitucional.
32. Así, por vía legislativa se ha establecido un trato unitario en materias
específicas como la presunción de paternidad (Ley 1060 de 2006), la afectación a
vivienda familiar (Ley 258 de 1996), la adopción (Ley 1098 de 2006) y el
sistema de seguridad social en materia de salud y en materia pensional (Ley 100
de 1993). Por vía judicial, la Corte Constitucional ha ordenado la aplicación
extensiva de las reglas del matrimonio a las uniones permanentes en materias
concretas y específicas, tal como ha ocurrido, por ejemplo, frente a las
obligaciones alimentarias (Sentencia C-1033 de 2002), frente a la porción
conyugal (Sentencia C-283 de 2011) y frente a la vocación hereditaria (Sentencia
C-238 de 2012). Por lo tanto, no se ha hecho, por la vía legislativa o por la vía
judicial, una asimilación en bloque, sino una equiparación progresiva e
individualizada.
33. Asimismo, en el derecho positivo se mantienen diferenciaciones entre una y
otra figura que han sido validadas por el propio juez constitucional, sobre la base
21
de que la protección constitucional de todos los arreglos familiares no da lugar,
necesariamente, a una asimilación plena entre las dos figuras, sino al
reconocimiento de las particularidades de cada una de ellas 16.
34. Desde esta perspectiva, es claro que la tesis sobre la aplicación extensiva que
en el derecho viviente se haría de las normas demandadas a los compañeros
permanentes, no justifica un fallo inhibitorio. No sólo no existen evidencias de
que esto corresponda a un patrón generalizado y único en la comunidad jurídica,
sino que además existen evidencias de que la asimilación entre una y otra
institución jurídica se ha producido sólo de manera gradual y parcial, y de que
aún subsisten diferencias justificadas.
(iii) Integración de la unidad normativa
35. Como última cuestión previa, la Corte debe establecer el alcance del control
constitucional, y, en particular, si el análisis judicial debe extenderse a otras
disposiciones que, aunque no fueron demandadas, tienen un contenido análogo o
equivalente al de otros preceptos que sí lo fueron. En particular, se debe
determinar si, como quiera que otros artículos del Código Civil contemplan la
figura de la revocabilidad de las disposiciones entre cónyuges, además de los ya
impugnados en este proceso, el análisis judicial debe extenderse a estas otras
disposiciones.
En efecto, los artículos 745, 1195 y 1196 del Código Civil, demandados en este
proceso judicial, dispone la revocabilidad de las donaciones entre cónyuges,
como una excepción a la regla general sobre su irrevocabilidad. Según el artículo
745, el título de donación irrevocable no transfiere el dominio entre cónyuges;
según el artículo 1195, las donaciones revocables entre cónyuges siempre pueden
ser revocadas así la cláusula revocatoria no quede consignada en ningún
instrumento; y según el artículo 1198 las donaciones entre cónyuges valen como
donaciones revocables.
16 En la Sentencia C-114 de 1996, por ejemplo, se declaró la exequibilidad del término de
prescripción de la acción de disolución y liquidación de la sociedad patrimonial, no previsto
para la disolución y liquidación de la sociedad conyugal, sobre la base de que por haberse
originado en la convivencia y no en el compromiso firme e irrevocable de hacer una vida en
común de manera indefinida, resulta apenas “razonable que la acción encaminada a demostrar
la existencia y disolución de la sociedad patrimonial (…) prescriba en un término
relativamente breve, contado a partir de la separación física y definitiva de los compañeros,
del matrimonio con terceros o de la muerte de uno o ambos compañeros”. Sobre unas bases
semejantes, con la Sentencia C-014 de 1998 se declaró la exequibilidad de las disposiciones
legales que consagraron un régimen especial de bienes para las uniones de hecho, diferente del
existente para el matrimonio; la Corte argumentó que las especificidades de la unión marital
de hecho frente a las del matrimonio justificaban el tratamiento diferencial, y que el legislador
no estaba constitucionalmente obligado a equiparar las dos figuras. En la Sentencia C-821 de
2005 la Corte concluyó que el legislador no estaba obligado a extender las causales de
divorcio previstas para la disolución del matrimonio a las uniones maritales de hecho, ya que
como en estas últimas el vínculo nace de la sola convivencia estable, su disolución se produce
por la separación fáctica de la pareja, sin necesidad de declaración judicial.
22
36. Otras normas del Código Civil se refieren, directa o indirectamente, a las
donaciones entre cónyuges, y a su revocabilidad. Es el caso del artículo 150,
según el cual las donaciones efectuadas entre los cónyuges antes del matrimonio
subsisten luego de decretarse su nulidad, de los artículos 162 y 164, que
disponen la revocabilidad de las donaciones efectuadas por el cónyuge declarado
inocente en un proceso de divorcio, de los artículos 1842 y subsiguientes, que
regulan las donaciones por causa del matrimonio, y del artículo 1846 que
dispone la revocación de las donaciones efectuadas por causa del matrimonio,
cuando se declara la nulidad del acto, y respecto del que lo contrajo de mala fe.
En estos casos, no habría lugar a la conformación de la unidad normativa, en
tanto se trata de prescripciones con un alcance distinto al que tienen los artículos
745, 1195 y 1996 del Código Civil, referidos todos a la revocabilidad de las
donaciones entre cónyuges. Los artículos 162 y 164, por ejemplo, no disponen la
revocabilidad de este acto jurídico, sino una serie de efectos derivados del
divorcio en que uno de los cónyuges es declarado culpable. Los artículos 1842 y
subsiguientes, por su parte, se refieren a las donaciones efectuadas antes del
matrimonio, y por causa de este, y no a la revocabilidad de las donaciones entre
quienes ya celebraron este acto jurídico.
37. La situación es diferente con respecto al artículo 1056. Esta disposición, no
demandada en este proceso, contempla una regla con un contenido que, al menos
prima facie, es semejante al de los artículos 745, 1195 y 1196 de este mismo
cuerpo normativo. Este artículo establece como excepción a la regla general de
que las donaciones y promesas que sólo se perfeccionan y se tornan irrevocables
con la muerte del donante o promisor se reputan para todos los efectos legales
como un testamento, “las donaciones o promesas entre marido y mujer, las
cuales, aunque revocables, podrán hacerse bajo la forma de los contratos entre
vivos”. De este modo, por regla general las donaciones y promesas que sólo se
perfeccionan y se tornan irrevocables se consideran como testamentos, y se
sujetan al régimen de este acto jurídico, salvo en el caso de los cónyuges, cuyas
donaciones son siempre revocables y se sujetan, sin embargo, al régimen de los
contratos entre vivos.
En este caso, el artículo 156 del Código Civil dispone, al igual que lo hacen los
artículos 745, 1195 y 1996, la revocabilidad de las donaciones entre cónyuges.
Ante esta semejanza en el contenido de las disposiciones, la Corte estima
necesario conformar la unidad normativa, con el propósito de impedir que el
fallo resulte inocuo si la decisión judicial no se extiende a todas las disposiciones
con el mismo alcance regulador, según los dispone el artículo 6 del Decreto 2067
de 1991, en el sentido de que “la Corte se pronunciará de fondo sobre todas las
normas demandadas y podrá señalar en la sentencia las que, a su juicio,
conforman unidad normativa con aquellas otras que declara
inconstitucionales”.
38. En este orden de ideas, la Corte evaluará las acusaciones propuestas en
contra de las expresiones “cónyuges”, “cónyuge”, “marido y mujer” y
23
“casada”, prevista en los artículos 19 numeral 2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026
inciso segundo, 1056, 1068 numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196,
1266 numeral 1 y 1488 del Código Civil, por la presunta vulneración de los
artículos 13 y 42 de la Carta Política.
Planteamiento del problema jurídico y metodología de resolución
39. Según se explicó en los acápites precedentes, los accionantes, el Ministerio
Público y los intervinientes ponen de presente que la legislación civil de 1873
solo regula las relaciones familiares constituidas principalmente mediante
matrimonio, sin que actualmente se extiendan a las uniones maritales de hecho
conformadas por parejas del mismo o distinto sexo, uniones que, según la propia
Constitución Política, constituyen una modalidad legítima de arreglo familiar
que debe ser protegida, sin perjuicio de las particularidades propias de cada
modo de constituir familia.
De esta manera, el problema jurídico que subyace a la demanda es: ¿Las normas
demandadas y la integrada, que establecen una serie de efectos jurídicos de orden
civil solo para los cónyuges y entre el marido y la mujer, desconocen el mandato
constitucional de igualdad de trato respecto de quienes no son cónyuges, sino
compañeros permanentes, y de quienes son cónyuges o compañeros
permanentes, pero tienen el mismo sexo?
40. Con el propósito de resolver el debate constitucional planteado en los
términos anteriores, a continuación se seguirá la siguiente metodología: (i) se
explicará el contexto fáctico en el que se inscribe la presente controversia
constitucional, indicando las funciones que cumple la familia dentro de la
organización social; (ii) se explicarán las pautas para evaluar la validez de las
diferenciaciones entre ambas instituciones, y los criterios para ordenar la
aplicación extensiva de las reglas que rigen las relaciones entre cónyuges, a los
compañeros permanentes, sin perjuicio de las particularidades propias de cada
forma de constituir familia; y, (iii) se evaluarán los cargos propuestos por los
accionantes, determinando si las normas demandadas vulneran el deber estatal de
trato igual de las familias sin distinción de su origen, y si, por consiguiente, hay
lugar a ordenar la extensión de sus efectos a los compañeros permanentes.
(i) Los roles de la familia contemporánea y sus transformaciones en su
estructura y funcionamiento
41. Originalmente, el régimen legal de la familia se encontraba contenido en el
Código Civil y se estructuraba en función de núcleos temáticos concretos,
definidos y perfectamente acotados, núcleos que, a su turno, apuntaban a
proteger bienes esencialmente privados. De esta suerte, la familia era una materia
propia del derecho privado, y el Código Civil regulaba temas como las
capitulaciones matrimoniales, la sociedad conyugal, la porción conyugal, el
régimen de pensiones alimenticias, y la disolución del vínculo por muerte y
divorcio.
24
Hoy su régimen parte de la Constitución Política. En efecto, según lo determina
el artículo 42 de la Carta de 1991, la familia es el núcleo fundamental de la
sociedad y el Estado y la sociedad garantizan su protección integral.
42. Así, progresivamente, la institución familiar se ha proyectado en todas las
esferas de la vida económica, social y cultural, de modo que hoy en día no sólo
es un referente esencial en la estructuración de las políticas públicas, sino que
además constituye un concepto nuclear en todos los campos del derecho. Por
ejemplo, los vínculos familiares tienen particular relevancia en los sistemas de
aseguramiento de salud y de la vejez. En el caso del sistema de salud, el
aseguramiento se estructura en función del núcleo familiar, de suerte que las
afiliaciones no son individuales sino familiares. En el régimen contributivo, por
ejemplo, los aportes que hacen los cotizantes sirven para garantizar el acceso al
sistema no solo al cotizante sino a su grupo familiar, en los términos del artículo
163 de la Ley 100 de 1993. Así las cosas, la Unidad de Pago por Capitación
(UPC) que aportan los afiliados al sistema de salud en el régimen contributivo, y
que para el año 2020 corresponde a $821.591 anuales, deben financiarse las
prestaciones del Plan de Beneficios que requiera no sólo el afiliado, sino todo su
grupo familiar, entendido este en los términos anteriores. Lo propio ocurre con
los modelos de aseguramiento de los riesgos de vejez, muerte e incapacidad,
cuya protección se extiende al grupo familiar y no sólo a la persona que cotiza al
sistema pensional, mediante figuras como la sustitución pensional y la pensión
de sobrevivientes, en los términos del artículo 47 de la Ley 100 de 1993.
Precisamente, dada la importancia da la estructura familiar en los sistemas de
aseguramiento de la salud, la vejez, la muerte y la incapacidad, una buena parte
de las controversias que a nivel constitucional ha suscitado la regulación del
sistema de salud y del sistema pensional, versan sobre las personas que, para
estos efectos, se entiende que integran el núcleo familiar. En la Sentencia C-521
de 2007, por ejemplo, se declaró la inexequibilidad del aparte normativo que
exigía la convivencia durante al menos dos años entre el afiliado al régimen
contributivo de salud y su compañero, para que esta última pudiese ser
beneficiario de aquel. En la Sentencia C-811 de 2007, la Corte declaró la
exequibilidad condicionada del aparte normativo que contempla como
beneficiario de los afiliados al régimen contributivo de salud a los compañeros
permanentes, aclarando que “el régimen de protección en ella contenido se
aplica también a las parejas del mismo sexo”.
43. Con respecto a la pensión de sobrevivientes también se han producido
debates importantes en relación con el entendimiento que, en este contexto, se
debe tener del núcleo familiar. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con la
remisión que el artículo 37 de la Ley 100 de 1993 hace a la legislación civil para
efectos de determinar los miembros del núcleo familiar que pueden ser
beneficiarios de la pensión de sobrevivientes. En la Sentencia C-134 de 2018, así
mismo, la Corte Constitucional señaló que dicha prestación puede ser reconocida
en favor de los miembros de la familia de crianza, independientemente de las
25
definiciones establecidas en el Código Civil. En la Sentencia C-336 de 2008, la
Corte indicó que también son beneficiarios de la pensión de sobrevivientes las
parejas permanentes del mismo sexo, “cuya condición sea acreditada en los
términos señalados en la sentencia C-521 de 2007 para las parejas
heterosexuales”. En la Sentencia C-1035 de 2008, la Corte precisó que, en caso
de convivencia simultánea en los últimos cinco años antes del fallecimiento del
causante, entre este y dos o más compañeros, todos estos son beneficiarios de
dicha prestación, dividiéndose entre ellos en proporción al tiempo de
convivencia con el fallecido.
44. De esta manera, los múltiples y fundamentales roles de la familia en las
sociedades contemporáneas han hecho que esta se proyecte en todo el
ordenamiento jurídico mediante una fuerza expansiva permanente. Hoy en día la
familia no sólo es relevante en el campo civil, sino también en materia laboral,
en el sistema pensional, en los sistemas de acceso a vivienda, en el régimen de
adopciones, entre muchos otros.
(ii)Los criterios para evaluar la validez de las diferenciaciones normativas
entre el matrimonio y las uniones maritales de hecho
45. El artículo 42 de la Constitución Política reconoce y tutela los distintos
arreglos familiares en un plano de igualdad, estableciendo que, como núcleo
fundamental de la organización social, el Estado y la sociedad garantizan su
protección, y que ésta se constituye por vínculos naturales o jurídicos “por la
decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la
voluntad responsable de conformarla”.
Así, pues, tanto el matrimonio como las uniones maritales de hecho son arreglos
familiares válidos, y el ordenamiento jurídico debe brindarles protección jurídica
en condiciones de igualdad, sin que ello implique una simbiosis de los dos
modelos, pues el reconocimiento de derechos y deberes a la voluntad
responsable de conformar familia no significa que el legislador se encuentre
obligado constitucionalmente a equiparar integralmente las dos instituciones,
sino que, por el contrario, debe proteger a cada una en condiciones de igualdad,
en función de sus particularidades y especificidades.
46. No obstante, el ordenamiento jurídico colombiano presenta dos
particularidades relevantes. De un lado, el Código Civil reguló la institución
familiar tomando como paradigma un arreglo específico, esto es, el conformado
por parejas unidas por el matrimonio y sus hijos comunes, con base en los
modelos que se conocían y que se estimaban como válidos para la época de su
entrada en vigencia (1873), sin que posteriormente el legislador hubiese ajustado
su normatividad a las nuevas realidades que fueron apareciendo con el transcurso
de los años. Así, el Código Civil contempla los requisitos y perfeccionamiento
del matrimonio (arts. 113-139), las causales de nulidad y sus efectos (arts. 140-
151), la disolución, el divorcio y la separación de cuerpos (arts. 153-168), las
obligaciones y derechos entre cónyuges (arts. 176 – 212), régimen de alimentos
26
(arts. 411-427), la porción conyugal (arts. 1230-1238), entre otros. De otro, no
existe una normatividad equivalente para las uniones maritales de hecho. Aunque
el legislador se ha encargado de hacer frente a este vacío con leyes como la Ley
54 de 1990 y la Ley 1564 de 2012, estas normatividades regulan asuntos
puntuales y específicos como el régimen de bienes entre compañeros
permanentes o los instrumentos para declarar la unión marital de hecho, pero
guardan silencio sobre otras materias.
47. Pese a que el régimen de familia se encontraba recogido en un único cuerpo
normativo, a saber, el Código Civil, la proyección de la familia en los distintos
escenarios de la vida social ha hecho que esta no sólo sea relevante en el ámbito
estrictamente privado, como ocurría anteriormente, sino que se haya convertido
en una categoría conceptual utilizada en los más distintos ámbitos del derecho.
Hoy en día los vínculos de parentesco son relevantes en materia penal,
existiendo causales de agravación punitiva 17, tipos penales agravados18 e incluso
tipos penales estructurados en función de las relaciones familiares, tal como
ocurre, por ejemplo, con los delitos de inasistencia alimentaria 19, de violencia
intrafamiliar20 o de ejercicio arbitrario de la custodia de hijo menor 21. En el
sistema de seguridad social la definición del núcleo familiar es igualmente
relevante, pues con base en este se determina el catálogo de beneficiarios de los
afiliados al sistema de salud, así como las personas que pueden recibir la pensión
de sobrevivientes y la sustitución pensional22. En materia laboral, la
determinación de los integrantes del núcleo familiar se utiliza, entre otras cosas,
para establecer las personas respecto de las cuales se puede solicitar licencia
17 Código Penal, artículo 104.
18 Este es el caso de los delitos de trata de personas (arts 188ª y 188B) y de violación de los
derechos de reunión y asociación (art. 200).
19 El artículo 233 de Código Penal establece que quien “se sustraiga sin justa causa a la
prestación de alimentos legalmente debidos a sus ascendientes, descendientes, adoptante,
adoptivo, cónyuge o compañero o a compañera permanente, incurrirá en prisión de dieciséis
(16) a cincuenta y (54) meses y multa de trece punto y treinta y tres (13.33) a treinta (30)
salarios mínimos legales mensuales vigentes (…) Para efectos del presente artículo, se tendrá
por compañero y compañera permanentes al hombre y la mujer que se forman parte de la
Unión Marital de Hecho durante un lapso no inferior a dos años en los términos de la Ley 43
de 1990 (…)”.
20 El artículo 229 del Código Penal establece, en relación con el delito de violencia
intrafamiliar, que quien “maltrate física o psicológicamente a cualquier miembro de su núcleo
familiar incurrirá, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor, en
prisión de cuatro (4) a ocho (8) años (…) A la misma pena quedará sometido quien sin ser
parte del núcleo familiar realice las conductas descrito en el tipo penal previsto en este artículo
contra: a) Los cónyuges o compañeros permanentes, aunque se hubieren separado o
divorciado (…) d) Las personas con las que se sostienen o hayan sostenido relaciones
extramatrimoniales de carácter permanente que se caractericen por una clara e inequívoca
vocación de estabilidad”.
21 El artículo 230A del Código Penal establece que “el padre que arrebate, sustraiga, retenga
u oculte a uno de sus hijos menores sobre quienes ejerce la patria potestad con el fin de privar
al otro padre del derecho de custodia y cuidado personal, incurrirá, por ese sólo hecho, en
prisión de uno (1) a tres (3) años y en multa de uno (1) a dieciséis (16) salarios mínimos
legales mensuales vigentes”.
22 Ley 100 de 1993, artículos 47, 74 y 163.
27
remunerada por luto o la licencia de maternidad y paternidad, o para establecer
los sujetos beneficiarios de las prestaciones por accidente de trabajo y
enfermedades profesionales. La figura de la afectación a vivienda familiar
prevista en la Ley 258 de 1996 también fue configurada con el propósito de
garantizar al núcleo familiar un lugar de vivienda.
48. La confluencia de estas circunstancias ha generado tres tipos de debates
originados en la diferenciación, expresa o tácita, establecida por el legislador
entre el matrimonio y la unión permanente:
(i) En la medida en que el Código Civil preconstitucional legisló exclusivamente
el vínculo matrimonial y dejó por fuera las uniones libres en los asuntos propios
del derecho privado, en muy distintos escenarios ha surgido el interrogante sobre
si, desde el punto de vista constitucional, este régimen debe hacerse extensivo a
los compañeros permanentes para garantizar el mandato de protección a la
familia y el derecho a la igualdad en razón del origen familiar. Temáticas como
las obligaciones alimentarias23, la porción conyugal24, la vocación hereditaria25 o
las causales de disolución del matrimonio26, han sido objeto de este debate.
(ii) En tanto que el legislador ha tomado nota de los vacíos normativos existentes
y ha expedido algunas leyes especiales que regulan la institución de la unión
marital de hecho, se ha abierto algunos interrogantes sobre si las reglas
especiales existentes para esta última, distintas de las que rigen para el
matrimonio, desconocen el derecho a la igualdad. Este tipo de controversias se
han producido especialmente en el contexto de las Leyes 54 de 1990 y 979 de
2005 que, al definir las uniones maritales de hecho y el régimen patrimonial
entre compañeros permanentes, establecieron algunas reglas que difieren de las
ya existentes para los cónyuges. El interrogante que se ha planteado en este
contexto no es si las normas propias del matrimonio deben hacerse extensivas a
este otro tipo de arreglo familiar, sino si la diferenciación normativa resulta
compatible con el mandato constitucional de protección de la familia y con el
principio de igualdad, tal como ha ocurrido, por ejemplo, con el debate sobre la
exigencia del transcurso de dos años de convivencia para la constitución de la
sociedad patrimonial, no existente en el matrimonio27.
(iii) En aquellos escenarios es que, por fuera del Código Civil, el legislador ha
regulado ambas instituciones estableciendo, directa o indirectamente, una
diferenciación entre una y otra. Este es el caso, por ejemplo, de las reglas
relativas a la adopción conjunta o a la afiliación al sistema de salud, pues,
aunque el legislador determinó que tanto los cónyuges como los compañeros
permanentes pueden acceder a la adopción de menores y que unos y otros son
23 Corte Constitucional. Sentencia C-1033 de 2002.
24 Corte Constitucional. Sentencia C-283 de 2011.
25 Corte Constitucional. Sentencia C-238 de 2012.
26 Corte Constitucional. Sentencias C-533 de 2000 y C-821 de 2005.
27 Corte Constitucional. Sentencia C-257 de 2015.
28
beneficiarios, en el caso de los compañeros permanentes, este efecto se
condicionó a su convivencia durante al menos dos años28.
49. El punto de partida y la directriz general para evaluar las diferenciaciones
normativas es el reconocimiento de tales estructuras familiares como arreglos
legítimos y válidos, y el mandato de su protección en condiciones de igualdad.
Esta igualdad, empero, no implica necesariamente un “igualitarismo”, esto es,
una asimilación o una equiparación absoluta del matrimonio y las uniones
maritales de hecho, sino una obligación estatal de protección en función de las
particularidades y especificidades de cada una de estas.
50. A partir de esta pauta general, la Corte Constitucional ha fijado dos tipos de
criterios para evaluar la validez de las diferenciaciones legales entre ambas
instituciones.
Por un lado, existen algunos escenarios en los que, por la naturaleza misma de la
unión marital, se justifica o incluso se hace indispensable establecer unos
parámetros distintos de los existentes para el matrimonio, con el propósito, o
bien de salvaguardar la informalidad, la flexibilidad y la libertad inherente a esta
institución, o bien de proteger los intereses de los propios compañeros
permanentes o de los sistemas de provisión de bienes y servicios estructurados
en función de los vínculos familiares, frente a aquellas relaciones efímeras y
pasajeras que no gozan de la estabilidad y de la solidez propia de las relaciones
familiares. En estos contextos, la Corte ha concluido que el establecimiento de
un régimen especial y diferenciado puede justificarse, o que incluso puede
resultar imperativo.
Por otro, la circunstancia de que las parejas opten por hacer una vida en común y
por conformar un nuevo hogar a partir de la solidaridad mutua y del cuidado y
apoyo recíproco, obliga a establecer un sistema integral que garantice el
equilibrio de cargas y beneficios entre los miembros que integran la pareja, y a
reconocer este núcleo como una familia para todos los efectos legales. Por tal
motivo, el ordenamiento jurídico debe contar con un esquema integral de
protección para este arreglo familiar y para sus integrantes, semejante o
equivalente al que existe para el matrimonio.
A partir de estos dos criterios, la Corte ha evaluado la constitucionalidad de las
normas de Código Civil o de otras normas preconstitucionales que, en el marco
de las relaciones privadas, regulan la institución matrimonial, así como de
aquellas disposiciones que han sido expedidas posteriormente y que reconocen
las uniones maritales de hecho, pero en condiciones distintas al matrimonio.
Reconocimientos propios del contrato matrimonial
51. En las sentencias C-533 de 2000 y C-821 de 2005, entre otras 29, la Corte
Constitucional concluyó que las normas relativas a la disolución del vínculo
28Cfr. Corte Constitucional. Sentencias C-840 de 2010 y C-521 de 2007.
29
matrimonial no son automáticamente replicables a las uniones maritales de
hecho, precisamente porque en estas últimas el vínculo familiar se establece a
partir de la voluntad libre de hacer una vida en común, voluntad que, de no
permanecer en el tiempo, por sí sola tiene la potencialidad de disolver la
relación30.
Con esta misma aproximación, en la Sentencia C-821 de 2005 se evaluó la
validez del artículo 6.1 de la Ley 25 de 1992, en la que se establece como causal
de divorcio las relaciones sexuales extramatrimoniales de uno de los cónyuges,
cuestionada en su momento por su connotación discriminatoria frente a las
uniones maritales de hecho. En esta sentencia se descartaron los cargos
planteados, sobre la base de que, aunque uno y otro arreglo familiar se
encuentran legitimados en el ordenamiento constitucional, se trata de
instituciones que responden a una finalidad y a unas dinámicas diferentes, y que
estas diferencias justifican e incluso hacen necesario el tratamiento diferencial en
determinados aspectos.
En este contexto, como quiera que el matrimonio se encuentra soportado en un
compromiso formal de las partes de conformar de manera indefinida una vida en
común, y que, en contraste, la unión marital se produce por el sólo hecho de la
convivencia y atiende más a proteger y garantizar la libertad de las partes en
continuarla o terminarla en cualquier momento, carecería de toda justificación
supeditar la terminación de un vínculo que por principio y por su propia
naturaleza es libre, a la demostración de la infidelidad o de cualquier otra falla en
la relación entre los compañeros, cuando en realidad cada uno de los compañeros
es libre de mantener o de dar por finalizada la relación31.
52. De este modo, la Corte ha entendido que la unión permanente es un arreglo
familiar reconocido constitucionalmente, pero que su protección no se produce
por vía de equipararla o asimilarla integralmente al matrimonio, sino por vía de
regularla en función de sus particularidades y especificidades, entre las cuales se
resaltan las notas de comunidad vital consensual, de carácter permanente y
singular.
29 Ver, las sentencias C-1033 de 2002 sobre la obligación alimentaria del cónyuge divorciado
declarado culpable;
30 En la Sentencia C-533 de 2000, la Corte concluyó que no había lugar a aplicar las normas
sobre la nulidad del matrimonio a las uniones permanentes, en la medida en que en estas el
vínculo se constituye “por el solo hecho de la convivencia y en ella los compañeros nada se
deben en el plano de la vida en común, y son libres en la determinación de continuar en ella de
o de terminarla o de guardar fidelidad a su pareja”.
31 Sentencia C-821 de 2005. “En consecuencia, ni la causal de divorcio referente a las
relaciones sexuales extramatrimoniales de uno de los cónyuges, ni ninguna otra de las causales
de divorcio prevista en la ley tendría por qué extenderse a la unión marital de hecho, por la
simple razón que para dar por terminada dicha unión no se requiere invocar ni probar nada. No
se requiere declaración de autoridad competente porque entre la pareja no existe vínculo
jurídico qué disolver. Basta con que uno de los miembros, o ambos, decidan darla por
concluida, incluso mediando un comportamiento intachable del otro para que opere su
disolución”.
30
Reconocimientos propios de la unión marital
53. Esta Corte ha enfatizado la necesidad de proteger a los propios compañeros
permanentes, a los parientes de cada uno de estos y a la organización social en su
conjunto, en aquellos escenarios en los que la informalidad propia de las uniones
maritales de hecho puede poner en peligro los intereses legítimos o los derechos
de cada uno de estos, especialmente en aquellos contextos en que de una relación
efímera y pasajera una de las partes pretende extraer los efectos propios del
matrimonio. En estos casos, la Corte ha validado las normas que, pese a
establecer una diferenciación entre una u otra institución, apuntan a proteger este
bien jurídico.
54. Este es el caso, por ejemplo, de las normas que, en materia patrimonial,
supeditan la conformación de la sociedad patrimonial de hecho o la aplicación de
la figura de la porción conyugal, a la convivencia mínima entre los compañeros
durante dos años. El artículo 2 de la Ley 54 de 1990, v.gr. establece que “se
presume sociedad patrimonial entre compañeros permanentes y hay lugar a
declararla judicialmente (…) cuando exista unión marital de hecho durante un
lapso no inferior a dos años”.
En la Sentencia C-257 de 2015, la Corte declaró la exequibilidad de esta
exigencia, cuestionada en su momento por establecer una diferenciación en
términos patrimoniales entre la unión marital de hecho y la institución
matrimonial, respecto de la cual no se exige la convivencia ni su extensión por
un determinado tiempo. La Corte desechó esta acusación, considerando que la
exigencia “busca evitar que uniones de poca duración temporal tengan
consecuencias económicas, en particular en la configuración de una
presentación -con las implicaciones legales y probatorias que ello implica- o de
una suposición de la intención inmediata de los miembros de la pareja de
generar un patrimonio conjunto (…)” y que, además, la construcción conjunta
de un patrimonio común a partir del esfuerzo y la solidaridad recíproca, requiere
razonablemente del paso del tiempo.
Por el contrario, en el matrimonio existe un contrato de base en el que los
cónyuges conscientes y deliberadamente acuerdan entregar su patrimonio al
proyecto común, por lo que, en este contexto específico, carece de todo sentido
supeditar la voluntad de las partes al transcurso del tiempo. En estos términos, la
Corte Constitucional declaró la exequibilidad simple del artículo 2 de la Ley 54
de 1990, en el entendido de que la exigencia temporal atiende a garantizar los
intereses de los propios compañeros permanentes. Se trata, a su juicio, de una
medida de salvaguardia de los intereses de los compañeros permanentes.
55. Con una lógica semejante, en la Sentencia C-238 de 2011, la Corte concluyó
que las normas relativas a la porción conyugal debían hacerse extensivas a las
uniones permanentes, pero lo hizo sobre la base de que la convivencia entre los
compañeros permanentes debía producirse al menos durante dos años en los
términos de las leyes 54 de 1990 y 979 sancionada en 2005, ya que, al no haber
31
un acuerdo de voluntad orientado a la constitución de un patrimonio común, sólo
el paso del tiempo permite presumir su existencia. Así pues, esta regla especial
que supedita el reconocimiento de la porción conyugal para los compañeros
permanentes a la convivencia durante al menos dos años, funciona como un
mecanismo de salvaguarda en favor de los compañeros permanentes, y en favor
de los parientes de cada uno de estos, quienes podrían verse afectados en sus
derechos e intereses legítimos por relaciones pasajeras y efímeras de las que
pretenden extraerse consecuencias profundas a nivel patrimonial por uno de los
compañeros permanentes. Nuevamente, entonces, la Corte validó la
diferenciación normativa entre ambas instituciones.
56. Siguiendo esta misma lógica, en la Sentencia C-840 de 2010 la Corte declaró
la exequibilidad de las normas de la Ley 1098 de 2006 en las que se contempla la
figura de la adopción conjunta por parte de “los compañeros permanentes que
demuestren una convivencia ininterrumpida de por lo menos dos (2) años” 32.
Aunque estas normas fueron cuestionadas en su momento por establecer una
diferenciación entre la institución matrimonial y las uniones de hecho, pues a la
luz de dicha normatividad los cónyuges son aptos para la adopción conjunta
desde que celebran el respectivo contrato matrimonial mientras que la
convivencia de los compañeros permanentes debe extenderse por al menos dos
años consecutivos, la Corte descartó las acusaciones sobre la base de que “el
requisito (…) no puede ser entendido como una exigencia que degrada o
desconfía de esta forma de constituir una familia; su verdadero propósito es el
de establecer un parámetro para acreditar el presupuesto de estabilidad (…) se
trata de un criterio objetivo y razonable que cumple el específico propósito de
suministrar una evidencia de estabilidad, vocación de permanencia o
conocimiento previo (…) bien podría el legislador, en ejercicio de su amplia
potestad de configuración, extender este parámetro temporal de convivencia a la
pareja unida por vínculos jurídicos y que aspira a adoptar conjuntamente, a fin
de rodear de mayores garantías de estabilidad esta modalidad de adopción”.
57. En otros escenarios, la Corte ha encontrado que las diferenciaciones
normativas entre una y otra institución se traducen en una desprotección de este
arreglo familiar y en una ruptura del equilibrio de las cargas y los beneficios
entre los compañeros permanentes, y que, en últimas, el trato diferenciado
constituye una forma de discriminación. Según esta aproximación, como ambos
tipos de arreglos se encuentran reconocidos en la Constitución Política y ambos
deben ser protegidos en condiciones de igualdad, una y otra deben contar con un
régimen de protección equivalente, siendo admisibles únicamente aquellas
diferenciaciones que atiendan a una diferencia constitucionalmente relevante
entre ambas figuras que guarde relación con la respectiva medida legislativa.
58. En función de este criterio, esta Corte ha evaluado múltiples normas que, en
distintos contextos, han establecido una diferenciación normativa, y ha concluido
que son constitucionalmente inadmisibles. En general, esta Corte ha considerado
que aunque el vínculo entre los compañeros permanentes se encuentra permeado
32 Ley 1098 sancionada en 2006, Art. 68.3.
32
por la libertad de cada uno de estos en su conformación, mantenimiento y
finalización, la circunstancia de que las parejas opten por hacer una vida en
común y por conformar un nuevo hogar a partir de la solidaridad mutua y del
cuidado y apoyo recíproco, obliga a establecer un sistema integral que garantice
el equilibrio de cargas y beneficios entre los miembros que integran la pareja, y a
reconocer este núcleo como una familia para todos los efectos legales.
59. Esto ha ocurrido con las normas preconstitucionales que, en el ámbito del
derecho privado, establecieron un régimen de protección para los cónyuges y no
para los compañeros permanentes. En distintos contextos esta Corte ha ordenado
la aplicación extensiva de las normas legales previstas en la legislación civil para
el matrimonio, con el objeto de preservar el equilibrio de cargas y beneficios
entre los compañeros permanentes. Tal y como ocurrió en el caso estudiado en la
Sentencia C-1033 de 2002 la Corte ordenó la aplicación a los compañeros
permanentes de las normas del Código Civil que contemplan la obligación
alimentaria entre cónyuges.
Lo anterior, sobre la base de que este deber tiene como fundamento el principio
de solidaridad que obliga a suministrar los medios de subsistencia a los
miembros de la familia que no estén en la capacidad de obtenerlos por sí solos, y
de que las uniones permanentes están cimentadas en la ayuda y el socorro mutuo,
por lo que “no resulta razonable ni proporcional que se brinde un tratamiento
desigual en materia de derecho de alimentos a los compañeros frentes a quienes
celebraron un contrato de matrimonio, por el simple origen del vínculo
familiar”33.
60. En consonancia con la anterior decisión, en la Sentencia C-016 de 2004, la
Corte Constitucional exhortó al Congreso de la República para que extienda el
delito de inasistencia alimentaria a los compañeros permanentes, argumentando
que, existiendo idéntica obligación legal de suministrar alimentos a cónyuges y
compañeros permanentes, la herramienta penal para hacerla efectiva debe
comprender a unos y a otros.
33 Con fundamento en esta consideración, la Corte declaró la exequibilidad condicionada del
artículo 411.1 del Código Civil, aclarando que esta disposición es aplicable a los compañeros
permanentes que forman una unión marital de hecho, sin perjuicio de que la respectiva
prestación sólo pueda ser exigida mientras se mantenga dicha condición.
33
61. En materia sucesoral, con las sentencias C-283 de 2011 34 y C-238 de 201235,
la Corte Constitucional ordenó la aplicación extensiva de las normas del Código
Civil relativas a la porción conyugal y a la vocación hereditaria de los cónyuges.
En ambos fallos la Corte sostuvo que tanto en el matrimonio como en la unión
marital de hecho la existencia de un proyecto de vida cimentado sobre el apoyo y
la ayuda recíproca hace necesario que, tras la muerte de uno de ellos, se
mantengan en el tiempo un sistema de protección para el cónyuge y para el
compañero sobreviviente, entre otras cosas porque el patrimonio obtenido en
vida por el fallecido puede deberse al apoyo de aquel. De esta manera, la
informalidad propia de las uniones maritales de hecho no es óbice para que
puedan contar con el sistema legal de protección patrimonial contemplado
inicialmente para la institución matrimonial por el Código Civil.
62. Dentro de esta misma lógica, en la Sentencia C-477 de 1999 se efectuó un
análisis similar en relación con las normas que, en el contexto del entonces
Código del Menor, contemplaban la adopción por consentimiento únicamente
para los cónyuges y no para los compañeros permanentes. En este fallo la Corte
concluyó que esta restricción era inconstitucional, en tanto, por un lado,
discrimina a las familias constituidas por vínculos naturales, y en tanto, por otro
lado, limita los derechos de los niños a tener una familia. Con fundamento en las
consideraciones anteriores, se declaró la exequibilidad de la normatividad
impugnada, “siempre y cuando se entienda que dichas normas también son
aplicables a los compañeros permanentes que desean adoptar el hijo de su
pareja”.
34 En este fallo se declaró la exequibilidad condicionada de las normas que contemplan la
denominada “porción conyugal”, esto es, la parte del patrimonio de un difunto que se asigna al
cónyuge sobreviviente a título de compensación, cuando su propio patrimonio resulta precario
o insuficiente frente al obtenido en vida por su pareja. A juicio de esta Corte, en la medida en
que esta figura tiene por objeto “equilibrar y compensar las cargas propias de la decisión de
compartir una vida en común, dado que no siempre los miembros de la pareja tienen las
mismas oportunidades para acrecentar el patrimonio común, pues no en pocos casos se
producen renuncias o se asumen labores o tareas que no se reflejan pecuniariamente (…) y que
no son cuantificados al momento de la disolución de la sociedad conyugal”, y en la medida en
que esta circunstancia también se encuentra presente las uniones maritales de hecho, resulta
imperioso extender la aplicación de esta asignación forzosa a los compañeros permanentes.
Sobre esta base, esta Corte declaró la exequibilidad condicionada de los preceptos del Código
Civil relativos a esta figura, “siempre y cuando se entienda que a la porción conyugal en ellos
regulada, también tienen derecho el compañero o compañera permanente y la pareja del
mismo sexo”, aunque con la salvedad de que se debe demostrar una convivencia de al menos
dos años, en los términos de la Ley 50 de 1994 y de la Ley 979 de 2005.
35 En la Sentencia C-238 de 2012 se hizo lo propio en relación con las normas que regulan la
vocación sucesoral del cónyuge supérstite, y en particular, las que fijan los órdenes
hereditarios en la sucesión intestada. En su momento, la Corte argumentó que este régimen
obedece a claros criterios familiares, y que, en el caso del cónyuge, los derechos sucesorales se
estructuraron en función de la vida en común que se produjo entre el fallecido y su cónyuge
supérstite, y que, al estar este elemento presente en las uniones maritales de hecho, carecía de
justificación la exclusión tácita de este arreglo familiar. En este fallo se hizo notar que en
algunos casos el vínculo entre compañeros permanentes es incluso más sólido que el que se
establece entre parientes consanguíneos, de modo que, siendo el amor, el respeto, la
comprensión y la solidaridad el fundamento de la vocación hereditaria, resulta insostenible
excluir de la misma a los compañeros permanentes.
34
63. Lo propio ha ocurrido con las disposiciones legales que, en diferentes
ámbitos, reconocen a las uniones maritales de hecho, pero en condiciones
diferentes de las establecidas para el matrimonio. Con la Sentencia C-521 de
2007, por ejemplo, se declaró la inexequibilidad del aparte normativo del
artículo 163 de la Ley 100 de 1993 que supeditaba el reconocimiento de la
calidad de beneficiario de los afiliados al sistema de salud, a que el compañero
permanente hubiese tenido una convivencia efectiva de al menos dos años con el
afiliado. A juicio de esta Corte, esta exigencia constituye una extrapolación
ilegítima de las normas de orden patrimonial que exigen una convivencia entre
los compañeros permanentes para la conformación de la sociedad patrimonial de
hecho, y que no sólo tienen la potencialidad de anular el derecho a la salud por
restringir el acceso al sistema, sino que también comportan una forma de
discriminación en razón del origen familiar.
64. Finalmente, la Corte Constitucional ha entendido que el régimen de las
uniones maritales de hecho es, en principio, aplicable a las parejas conformadas
por personas del mismo sexo que hacen comunidad de vida permanente y
singular. Aunque según el artículo 42 de la Constitución Política “la familia se
constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre
y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de
conformarla”, la Corte Constitucional ha entendido, hasta ahora, que el amplio
reconocimiento de la misma Constitución a otros tipos de familia, obliga a
concluir que las uniones homoparentales constituyen un arreglo familiar
legítimo, que debe ser protegido, al menos en principio, en los mismos términos
de las uniones permanentes.
65. De hecho, el artículo 1 de la Ley 54 de 1990, que define las uniones
maritales de hecho, fue declarado exequible condicionadamente mediante la
Sentencia C-075 de 2007, en el entendido de que el régimen patrimonial de
protección regulado en dicha normatividad comprende también a las parejas
homosexuales.
66. Progresivamente se ha hecho lo propio en las sentencias C-029 de 2009, C-
121 de 2010, C-100 de 2011, C-283 de 2011, C-238 de 2012, C-811 de 2007, C-
336 de 2008, C-798 de 2008, C-577 de 2011 y C-071 de 2015, disponiéndose la
asimilación en múltiples frentes: en materia de salud para entender que los
compañeros permanentes del mismo sexo pueden ser beneficiarios de los
afiliados en los mismos términos de las parejas heterosexuales, en el régimen de
pensiones frente a las prestaciones a que tienen derecho los compañeros
permanentes en general, en el proceso penal respecto de los derechos y
facultades que tienen los parientes, cónyuges y compañeros permanentes de los
imputados, condenados y víctimas, en materia penal frente a las causales de
agravación y de disminución punitiva y frente a los tipos penales estructurados
en razón de la relación conyugal o marital, en materia de adopción conjunta y
por consentimiento, y en materia civil.
35
(iii) Análisis de los cargos. Examen sobre la presunta inconstitucionalidad de
las normas impugnadas
67. Con base en el marco conceptual y jurisprudencial anterior, pasa la Sala a
evaluar los cargos de la demanda en contra de las expresiones demandadas de los
artículos 19 numeral 2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso segundo, 1068
numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1195, 1196, 1266 numeral 1 y 1488 del Código
Civil, así como del artículo 1056 del mismo estatuto.
68. Según se explicó, los preceptos demandados establecen una serie de efectos
civiles entre los cónyuges, especialmente en materia sucesoral. Se trata de
algunas prerrogativas, habilitaciones, derechos, cargas, restricciones o
limitaciones, según se explica a continuación: (i) el artículo 1068.13 prohíbe
servir como testigo de los actos testamentarios solemnes, y el artículo 1119
establece las disposiciones testamentarias en favor del cónyuge del notario o
funcionario que autoriza el respectivo acto; (ii) los artículos 745, 1056, 1195 y
1196.3 establecen la revocabilidad de las donaciones entre cónyuges; (iii) el
artículo 1125.2 contempla la presunción de que el provecho para el cónyuge
derivado de la decisión de rehusar una asignación, constituye un provecho para
el propio heredero o legatario en cuyo arbitrio se ha dejado el cumplimiento de
tal asignación; (iv) el artículo 19.2 contempla el sometimiento de los
colombianos residentes o domiciliados en el extranjero a la legislación civil
nacional, en lo relativo a las obligaciones y a los derechos que nacen de las
relaciones de familia, respecto de los cónyuges y parientes; (v) los artículos 1025
y 1266 establecen como causal de indignidad y de desheredamiento los ataques a
la vida, a la integridad o al patrimonio del cónyuge del causante o del testador;
(vi) el artículo 1026 establece como excepción a la indignidad sucesoral por
omisión de denuncia de homicidio del causante, cuando el heredero o legatario
es cónyuge de la persona que participó en la comisión del delito; (iv) los
artículos 1488 y 1161.2 contemplan, respectivamente, la facultad cónyuge del
donante impedido para ejercer la acción revocatoria por razones de incapacidad,
para hacer uso de dicho instrumento, y la facultad del cónyuge sobreviviente
para ejercer la acción de reforma; (vii) el artículo 1165 contempla la excepción a
la regla general de la nulidad del legado de especie ajena, en aquellos eventos en
que se lega la cosa ajena al cónyuge; y, (viii) finalmente, el artículo 61 consagra
el deber de citar al cónyuge en los casos en que la ley disponga que se oiga a los
parientes de una persona.
69. La Sala estima que, en el actual contexto normativo, las disposiciones
examinadas establecen una diferenciación constitucionalmente injustificada entre
la institución matrimonial y la unión marital de hecho, al menos desde dos
puntos de vista: Primero, porque a nivel legislativo y judicial se ha venido
reconociendo a los compañeros permanentes los derechos y prerrogativas
previstas originalmente para los cónyuges, y ahora, las cargas, prohibiciones y
limitaciones que constituyen la contrapartida a tales derechos y prerrogativas,
deben ser extendidas, en iguales términos, a las uniones maritales de hecho, en
tanto una y otra conforman una unidad inescindible. Y segundo, porque frente a
36
las situaciones fácticas reguladas en las disposiciones demandadas, los cónyuges
y los compañeros permanentes se encuentran en una misma posición de
igualdad, por lo que una diferenciación en este escenario concreto carece de
justificación.
A continuación, se desarrollan estos dos planteamientos.
70. En primer lugar, la Sala destaca que tanto por vía legislativa como por vía
judicial, de manera progresiva se ha venido reconociendo a los compañeros
permanentes los derechos y prerrogativas previstos originalmente en la
legislación para los cónyuges. Dadas esta particularidad, resulta forzoso concluir
que también las cargas, prohibiciones y limitaciones asociadas específicamente a
tales derechos y prerrogativas, deben ser extendidas a las uniones maritales de
hecho.
De esta manera, las mismas razones por las que, en escenarios como el régimen
de alimentos, la adopción, la vocación hereditaria, la porción conyugal, la
afiliación al sistema de salud o el régimen pensional, la Corte ha concluido que
los derechos reconocidos a los cónyuges deben hacerse extensivos a los
compañeros permanentes, son las mismas razones por las que, en este nuevo
contexto, las normas que consagran las cargas, los deberes y las prohibiciones
inherentes al matrimonio, son también aplicables a las uniones maritales de
hecho. Es claro, por tanto, que los derechos y los deberes, que no pugnen con la
finalidad de cada una de estas formas de constituir familia, forman un todo
inescindible y que, si con fundamento en los artículos 13 y 42 de la Carta
Política se concluyó que es un imperativo constitucional reconocer a los
compañeros los derechos ya previstos en el derecho positivo a los cónyuges, por
las mismas razones, los deberes correlativos a estos derechos y garantías deben
ser atribuibles a los compañeros permanentes.
71. Según ha entendido la Corte, los derechos tienen como contrapartida
necesaria una serie de cargas, deberes y limitaciones, formando una y otra una
unidad inescindible.
Desde los mismos debates que dieron lugar a la Constitución Política de 1991 se
enfatizó la necesidad de entender que los derechos y los deberes son facetas de
una misma realidad, y que, por tanto, ambos son igualmente relevantes desde la
perspectiva constitucional; de allí que en el informe de ponencia para primer
debate en sesión plenaria de la Asamblea Nacional Constituyente, se
argumentara que el título III no debía comprender únicamente los derechos y las
garantías sociales, sino que debía aludir expresamente a los derechos, los
deberes, las garantías y las libertades: “La libertad y la dignidad del hombre son
hoy postulados de valor trascendentes, que encarnan y definen los elementos
esenciales de la normatividad jurídica. El primer cambio que se introdujo al
título III, es el de ampliar el título del mismo que hoy se reduce a “Los derechos
y garantías sociales” al de la Carta de derechos, deberes, garantías y libertades.
La noción de los deberes de las personas y de los grupos sociales, representa un
37
cambio sustancial en el enfoque filosófico de las prerrogativas ciudadanas. No
puede entenderse a cabalidad los derechos, sin la existencia de los deberes
correlativos. La obligación de respeto el derecho de los demás, constituye el
elemento básico de la armonía ciudadano y de la auténtica convivencia”36.
72. Según el constituyente Augusto Ramírez Ocampo, el reconocimiento de los
deberes inherentes a todo derecho y prerrogativa constituye un componente
fundamental del ordenamiento constitucional, pues “trunca hubiera quedado la
Constitución si al conjunto de artículos que definen los derechos no se le hubiere
establecido el equilibrio de los deberes y las obligaciones. Partimos de la base
de que todo derecho tiene una función social que implica obligaciones”37.
Sobre esta base, en distintos preceptos de la Constitución Política se contempla
expresamente esta doble faceta de las prerrogativas fundamentales. De manera
general, el artículo 2 integra como fin esencial del Estado garantizar la
efectividad de los derechos y deberes consagrados en la Constitución, y la
función de las autoridades de la República de asegurar el “cumplimiento de los
deberes sociales del Estado y de los particulares”. El artículo 5 prevé el deber de
los nacionales y de los extranjeros en Colombia de “acatar la Constitución y las
leyes, y respetar y obedecer las autoridades”. De manera particular, la
Constitución incorpora un conjunto de responsabilidades, cargas y deberes
especiales asociados a algunos derechos y garantías: el artículo 20 contempla la
responsabilidad social propia de la libertad de expresión; el artículo 22 califica la
paz como un deber de obligatorio cumplimiento; el artículo 25 distingue al
trabajo como una obligación social; el artículo 42 dispone expresamente las
responsabilidades inherentes al derecho de decidir sobre el número de hijos; el
artículo 49 consagra el deber de toda persona de “procurar el cuidado integral
de su salud y la de su comunidad”; el artículo 58 reconoce el derecho a la
propiedad privada, pero también establece que es “una función social que
implica obligaciones” y que tiene una “función ecológica”; el artículo 67
entiende el derecho a la educación como un derecho que cumple una función
social, y establece que este es responsabilidad del Estado, de la sociedad y de las
familias. El artículo 95, por su parte, establece expresamente que “el ejercicio de
los derechos y libertades reconocidos en esta Constitución implica
responsabilidades” y, enumera una serie de deberes, entre estos, el de respetar
los derechos ajenos y no abusar de los propios, obrar conforme al principio de
solidaridad, respetar y apoyar a las autoridades, defender y difundir los derechos
humanos, participar en la vida política, cívica y comunitaria del país, propender
por la consecución de la paz, colaborar para el funcionamiento del sistema
judicial, proteger los recursos culturales y naturales y contribuir al
financiamiento de los gastos e inversiones del Estado en el marco de los
principios de justicia y equidad.
73. Partiendo de este principio básico que irradia toda la Carta, en distintos
contextos la Corte ha advertido tanto de la existencia de esta doble faceta de las
36 Gaceta Constitucional No. 82:10.
37 Gaceta Constitucional No. 112:7.
38
prerrogativas iusfundamentales para determinar el alcance de las cláusulas
contenidas a lo largo de la Constitución Política 38, como de la existencia de
deberes especiales previstos en ella como expresión misma del Estado Social de
Derecho. Esto se ha hecho, en el contexto de las relaciones familiares, en el
entendido de que la atención de las personas de la tercera edad y de las personas
con discapacidad son responsabilidad de las familias 39; en el marco de la
institución matrimonial, para afirmar que esta conlleva un conjunto de derechos
y prerrogativas, pero también una serie de cargas, deberes y obligaciones que se
encuentran vinculadas entre sí como un todo unitario.40
74. Desde esta perspectiva, es claro que, habiéndose reconocido a los
compañeros permanentes los derechos y prerrogativas contempladas en la
legislación para los cónyuges con fundamento en el deber de protección a todas
las estructuras familiares y con fundamento en el principio de igualdad en razón
del origen familiar, resulta forzoso hacer lo propio en lo que respecta a las cargas
y a los deberes que se encuentran vinculados a estos derechos. A contrario sensu,
resulta constitucionalmente inaceptable un entendimiento segmentado de que la
legislación solo reconozca derechos y prerrogativas, como sucede con los
compañeros permanentes, pero no las cargas, deberes y responsabilidades que
estén asociados a aquellos.
Así, por ejemplo, el legislador contempla hoy en día un régimen especial de
bienes para los compañeros permanentes, sobre la base de que, al igual de lo que
sucede con las uniones matrimoniales, en las uniones maritales de hecho los
compañeros construyen un patrimonio común; por ello, la Ley 54 de 1990
consagra y regula la figura de la sociedad patrimonial de hecho. Por vía judicial,
la Corte Constitucional ha hecho extensivas a los compañeros permanentes las
normas sobre la porción conyugal y sobre la vocación hereditaria contempladas
originalmente para los cónyuges. Ahora bien, si en razón de estos vínculos
económicos establecidos en el ordenamiento jurídico, el legislador estableció la
prohibición para los cónyuges de actuar como testigo en los actos testamentarios
solemnes, y si hoy en día estos vínculos económicos son reconocidos en el
sistema jurídico, puesto que según la Ley 54 de 1990 estos conforman una
sociedad patrimonial de hecho, y según las sentencias C-283 de 2011 y C-238 de
38 Ejemplos de ello son: el sistema educativo, sobre la base de que la educación es un
“derecho-deber” (sentencias T-248 de 2018, T-087 de 2020, T-091 de 2019 y T-106 de 2019);
el sistema judicial, sobre la base de que el derecho de acceso a la administración de justicia
supone también el cumplimiento de una serie de cargas, prohibiciones y limitaciones
(sentencias C-169 de 2014, C-146 de 2015, C-443 de 2019, C-086 de 2016, C-123 de 2003 y
C-283 de 2017); el derecho a la propiedad privada con función social, su vínculo esencial con
el interés social, y la facultad del legislador para imponer restricciones y cargas a su ejercicio
(Sentencia C-192 de 2016); y el sistema fiscal, en el que también se ha entendido que la
financiación de los programas sociales del Estado y la materialización de la faceta prestacional
de los derechos constitucionales se sustenta, entre otras cosas, en el deber de los ciudadanos de
contribuir a financiar los gastos e inversiones del Estado en el marco de los principios de
justicia y equidad (C-807 de 2009, C-741 de 2013, C-551 de 2015, C-743 de 2015, C-870 de
2003, C-910 de 2004, C-086 de 2016, y C-593 de 2014).
39 Al respecto cfr. las sentencias T-900 de 2002 y T-350 de 2003.
40 Al respecto cfr. las sentencias C-577 de 2011 y C-204 de 2005.
39
2012 estos tienen derecho a la porción conyugal y los derechos herenciales en
los mismos términos que la legislación civil contempla para los cónyuges, resulta
forzoso concluir que esta prohibición es aplicable a la institución de la unión
marital de hecho.
75. El artículo 42 de la Constitución Política reconoce los distintos arreglos
familiares en condiciones de igualdad, el trato diferenciado sólo sería
constitucionalmente admisible en una de dos hipótesis: Primero, si mediara una
particularidad jurídicamente relevante del matrimonio frente a la unión marital
de hecho, y si esta diferencia guarda una relación directa con las medidas
legislativas impugnadas. O segundo, si a pesar de no existir una particularidad
jurídicamente relevante que explicara la diferenciación normativa, el trato
asimétrico del legislador atendiera a una finalidad constitucionalmente
admisible.
76. En el caso de las expresiones examinadas no se presenta ninguna de las dos
hipótesis.
Primero, frente a las situaciones fácticas reguladas en los artículos 19 numeral 2,
61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso segundo, 1056, 1068 numeral 13, 1119,
1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266 numeral 1 y 1488 del Código Civil, los
compañeros permanentes se encuentran en la misma posición de los cónyuges,
de suerte que no existe ninguna diferencia empírica relevante entre una y otra
figura en estos escenarios específicos.
Segundo, no sólo no existe esta diferencia empírica de base, sino que además la
exclusión tácita de los compañeros permanentes de los efectos de estas normas
tampoco obedece a ninguna finalidad constitucionalmente admisible, que
eventualmente pudiera explicar y justificar el trato asimétrico entre ambas
figuras. Por el contrario, las circunstancias y los atributos del matrimonio en
función de las cuales se estructuraron las medidas legislativas son predicables a
las uniones maritales de hecho, por lo que la exclusión de los efectos jurídicos
previstos en las normas demandadas carece de justificación desde el punto de
vista constitucional.
77. En general, las prerrogativas, las habilitaciones, los derechos, las cargas y las
prohibiciones contempladas en las normas impugnadas para los cónyuges se
otorgaron en razón de dos atributos propios del matrimonio: En primer lugar, en
razón de los vínculos económicos que se producen entre estos, derivados de la
conformación de una sociedad conyugal entre ambos, y de los derechos
sucesorales recíprocos. Y, en segundo lugar, de los estrechos vínculos que existen
entre los cónyuges que dan lugar, ellos solos, a la conformación de una familia.
En la medida en que estos dos atributos se encuentran presentes en las uniones
maritales de hecho, es claro que la distinción legal carece de fundamento.
Sin existir una diferencia empírica de base, el legislador estableció un trato
asimétrico entre los cónyuges y los compañeros permanentes, circunscribiendo
40
los efectos jurídicos allí establecidos en las disposiciones impugnadas
únicamente para los primeros, y no para estos últimos, sin que esta
diferenciación persiga o atienda a alguna finalidad constitucionalmente
admisible.
78. En este marco, pasa la Corte a evaluar los cargos de la demanda en relación
con las normas impugnadas:
Frente a los artículos 1068 numeral 13 y 1119 del Código Civil
79. El numeral 13 del artículo 1068 y el artículo1119 del Código Civil
contemplan dos limitaciones para el otorgamiento del testamento, estableciendo,
en el primer caso, la inhabilidad para actuar como testigo del acto testamentario
de su cónyuge, y en el segundo, la invalidez de las disposiciones testamentarias
constituidas a favor del cónyuge del notario o de los testigos que intervinieren en
el correspondiente acto.
80. En ambos casos, las normas demandadas apuntan a dotar de garantías el acto
testamentario, y, en particular, la libertad del testador frente a eventuales
presiones indebidas en su otorgamiento, y la integridad del respectivo
instrumento. El artículo 1068 numeral 13 del Código Civil califica como inhábil
al cónyuge del testador para servir como testigo, en la medida en que, al ser un
potencial beneficiario de las disposiciones testamentarias y tener una proximidad
afectiva con el testador, carece de las garantías de imparcialidad y neutralidad
propias del medio de prueba testimonial, y además, pueden constituir una fuente
de presión, y eventualmente de intimidación emocional para el propio testador
por la proximidad entre el testigo y el otorgante.
Por su parte, el artículo 1119 del Código Civil dispone la nulidad de las
disposiciones testamentarias en favor del cónyuge del notario o de los testigos
que intervinieron en el respectivo acto de disposición, sobre la base de que su
eventual interés en el testamento, del cual podría resultar beneficiado de las
disposiciones en favor de su cónyuge, minan la credibilidad y la seriedad de la
que deben estar revestidos los actos notariales. Así pues, el conflicto de intereses
que deriva del eventual provecho económico o patrimonial derivado de una
disposición testamentaria en favor del cónyuge del notario torna inválidas las
respectivas cláusulas.
81. La Corte concluye que la diferenciación legal entre cónyuges y compañeros
permanentes resulta lesiva del principio de igualdad en razón del origen familiar.
Respecto de la prohibición contenida en el artículo 1068 numeral 13 del Código
Civil para asumir el rol de testigos de los actos testamentarios de los cónyuges,
debe tenerse en cuenta que, en virtud de la Sentencia C-238 de 2012, las reglas
de la legislación civil sobre la vocación hereditaria de los cónyuges son
aplicables a los compañeros permanentes. En armonía con la declaratoria de
exequibilidad condicionada de los artículos 1040, 1046, 1047 y 1233 del Código
Civil prevista el aquel fallo en materia sucesoral existen las siguientes reglas: (i)
41
son llamados a sucesión intestada el cónyuge o compañero permanente supérstite
en el cuarto orden, luego de los descendientes, los hijos adoptivos, los padres
adoptantes, los hermanos y los hijos de este; (ii) si el causante no tiene
descendencia, le suceden sus ascendientes de grado más próximo, sus padres
adoptantes y su cónyuge o compañero permanente; (iii) si el causante no deja
descendientes ni ascendientes ni hijos adoptivos ni padres adoptantes, le
suceden sus hermanos y su cónyuge o compañero permanente; y, (iv) si el
cónyuge o compañero permanente supérstite no tuvo derecho a porción
conyugal, no tiene derecho a la misma con posterioridad, por el hecho de caer en
situación de pobreza.
82. En aplicación del principio de igualdad y del mandato de protección a los
distintos modelos familiares, en la Sentencia C-238 de 2012 la Corte hizo
extensivo a los compañeros permanentes los derechos sucesorales previstos para
los cónyuges. De igual modo, en el presente caso también es plausible extender a
las uniones maritales las prohibiciones, limitaciones y cargas asociadas a estos
derechos, en los mismos términos previstos para los cónyuges.
83. En este contexto, es claro que, si en función de la vocación hereditaria y de la
proximidad afectiva que tienen las personas frente a su cónyuge, el legislador
estableció la prohibición para que el esposo o la esposa actuaran como testigos
de los actos testamentarios de aquellos, y si ambas condiciones se encuentran
presentes en los compañeros permanentes, resulta imperioso concluir que esta
restricción también debe cobijar a las uniones maritales de hecho, y que, su
ausencia deviene en una desprotección de las personas que pretenden efectuar un
acto testamentario.
Frente a los artículos 745, 1056, 1195 y 1196 del Código Civil
84. Los artículos 745, 1056, 1195 y 1196 del Código Civil contemplan la
revocabilidad de las donaciones entre cónyuges, como una excepción a la regla
general sobre la irrevocabilidad de las mismas. Según el artículo 745 el título de
donación irrevocable no transfiere el dominio entre cónyuges; conforme al
artículo 1056 las donaciones entre cónyuges son esencialmente revocables y no
se sujetan al régimen de los testamentos sino a de los actos entre vivos; acorde
con el artículo 1195 las donaciones revocables entre cónyuges pueden ser
abolidas así la cláusula revocatoria no quede consignada expresamente; y afín
con el inciso 3 del artículo 1196 las donaciones entre cónyuges valen como
donaciones revocables.
85. La Corte advierte que, en diferentes escenarios, las normas que contemplan
la revocabilidad de las donaciones entre cónyuges han sido cuestionadas desde
distintas perspectivas, pero especialmente porque la fórmula de la revocabilidad
de las donaciones se inscribió en un contexto preconstitucional en el que las
mujeres casadas eran consideradas relativamente incapaces, según lo dispuso el
artículo 1504 del Código Civil original, y en el que la administración legal y
física de la sociedad conyugal correspondía al marido, según lo dispusieron los
42
artículos 1805 a 1813 del mismo cuerpo normativo. De esta suerte, existiendo un
único patrimonio común, y no existiendo jurídicamente ninguna razón para
proteger los bienes propios de cada uno de los cónyuges, guardaban pleno
sentido las cláusulas relativas a la revocabilidad de las donaciones. En este
nuevo contexto en el que se abandonó la idea sobre la incapacidad de la mujer y
en el que se reconoce su emancipación económica, política y marital, empero,
una previsión semejante carece de sentido y se convierte en una forma de
perpetuación de un modelo de familia que resulta incompatible con la
Constitución de 199141.
86. La Sala estima que, en la medida en que las normas demandadas contemplan
una restricción entre los cónyuges que no está prevista de manera general en la
legislación civil para los demás modelos de conformar familia, y en tanto que
esta limitación fue establecida en razón de la existencia de un patrimonio común
que se conforma entre los cónyuges, el cual, también se predica entre los
compañeros permanentes, la diferenciación de trato es constitucionalmente
injustificada. La conformación de una sociedad patrimonial de hecho, la
vocación hereditaria y el derecho a la porción conyugal tienen como
contrapartida, entre otras cargas, esta limitación legal a la que, naturalmente,
también deben estar sometidos los compañeros permanentes.
87. Nuevamente, el reconocimiento de los derechos y prerrogativas lleva
aparejada la necesidad de asumir las cargas, las limitaciones y las prohibiciones
que son inherentes a tales derechos y prerrogativas. Y, por no existir una
diferencia empírica relevante entre la institución matrimonial y la unión marital
de hecho que guarde relación con la cláusula sobre la revocabilidad de las
donaciones limitada a los cónyuges, resulta forzoso extenderla a los compañeros
permanentes.
Frente a los artículos 1125 y 1165 del Código Civil
88. Los artículos 1125 y 1165 del Código Civil establecen dos reglas especiales
en materia sucesoral, establecidas en función de la relación conyugal. En este
último caso, el artículo 1165 determina que, por regla general el legado de cosa
ajena es nulo, con excepción de aquellos que se establecen en favor del cónyuge
y de los parientes cercanos. El artículo 1125 del Código Civil establece, por un
lado, que cuando el testador deja el cumplimiento de una asignación al arbitrio
de un heredero o legatario, estos pueden rehusarla libremente, a menos que con
esta decisión el mismo heredero o legatario obtenga un provecho, pues en este
caso se debe probar justo motivo para su determinación; se determina que, para
efectos de rehusar la asignación, se presume que el provecho del cónyuge es un
provecho del propio testador o heredero.
41 Estos cuestionamientos fueron formulados en el marco del proceso D-4083, que dio lugar a
la Sentencia C-1031 de 2002. En este fallo la Corte se inhibió de pronunciarse sobre la
inconstitucionalidad de las normas del Código Civil que contemplaban la revocabilidad de las
donaciones entre cónyuges, al estimarse que el accionante no suministró los elementos básicos
para la configuración de la controversia constitucional.
43
89. Como puede advertirse, en materia sucesoral las normas demandadas
establecen unas reglas exceptivas en razón de la relación matrimonial. En un
caso, mientras los herederos y legatarios pueden rehusar el cumplimiento de las
asignaciones que se dejan a su arbitrio, cuando ello comporta un beneficio para
sí mismo o para su cónyuge, la decisión de rehusarla debe venir aparejada de la
prueba de un justo motivo. En el otro caso, el legado de cosa ajena es nulo,
cuando se efectúa en favor del cónyuge.
90. Con respecto al artículo 1165, tanto la presunción de que el provecho
cónyuge equivale a un provecho propio, como la carga que se deriva de tal
presunción, se estableció en razón de los vínculos económicos y afectivos entre
los cónyuges. Una y otra circunstancia se encuentra presente en las uniones
maritales de hecho. Según lo contempla la Ley 54 de 1990, los compañeros
permanentes, para ser considerados como tales, deben hacer una comunidad de
vida permanente y singular, lo que hace que concurran a la conformación de un
patrimonio común, y que, además, se conforme una sociedad patrimonial de
hecho entre ambos, en términos similares a los de la sociedad conyugal. Y
segundo, el vínculo familiar, que se constituye en fundamento de la presunción
anterior y que se extiende no sólo a los cónyuges sino también a los
ascendientes, a los descendientes, a los hermanos y a los cuñados, también se
encuentra presente en los compañeros permanentes, según lo establece la
Constitución Política en el artículo 42.
91. Existiendo esta equivalencia en las condiciones fácticas que dan lugar a la
presunción legal, resulta imperioso concluir que esta debe hacerse extensiva a los
compañeros permanentes, máxime si se tiene en cuenta que, bajo la normativa
vigente, estos últimos gozan de los mismos derechos y prerrogativas de los
cónyuges y, por ende, deben asumir también las cargas, limitaciones y
restricciones asociadas a tales derechos.
Por lo demás, la presunción analizada también se contempla para los
ascendientes y descendientes en cualquier grado, para los hermanos y los
cuñados, por lo que carecería de toda justificación que la norma establezca esta
limitación para los integrantes de la familia, con la única excepción de los
compañeros permanentes.
92. Por razones semejantes, las previsiones del artículo 1165 deben hacerse
extensivas a los compañeros permanentes, dado que la excepción a la regla
general sobre la nulidad del legado de cosa ajena se estableció en función de los
vínculos económicos que se configuran entre los cónyuges, que hoy en día se
encuentran presentes entre los compañeros permanentes.
Frente a los artículos 1025 numeral 2 y 1266 numeral 1
93. Asimismo, el numeral 2 del artículo 1025 y el numeral primero del artículo
1266, que establecen como causal de indignidad sucesoral y de desheredamiento,
44
el haber cometido un atentado grave contra la vida, honra o bienes del cónyuge
del causante o del testador. En tal sentido, respectivamente el artículo 1025
numeral 2 determina que “son indignos de suceder al difunto como heredero o
legatario (…) el que cometió atentado grave contra la vida, el honor o los bienes
de la persona de cuya sucesión de trata, o de su cónyuge”; por su parte, el
artículo 1266 numeral 1 establece que “un descendiente no puede ser
desheredado sino por alguna de las causas siguientes: 1ª) Por haber cometido
injuria grave contra el testador en su persona, honor, bienes, o en la persona,
honor o bienes de su cónyuge (…)”.
En ambos casos, la causal de indignidad y de desheredamiento apunta a impedir
que quienes han afectado gravemente los derechos e intereses legítimos del
causante o del testador, puedan obtener un provecho patrimonial del mismo tras
su muerte. En tal sentido, las normas demandadas presumen que el atentado
contra la vida, honra o bienes del cónyuge del causante constituye una forma de
agravio contra este último, en razón de los estrechos vínculos que se configuran
con el vínculo matrimonial.
94. Así las cosas, el interrogante que surge es si, al no contemplarse como causal
de indignidad y de desheredamiento la afectación grave a la vida, honra o bienes
del compañero permanente del causante, los preceptos demandados desconocen
el mandato de protección de la familia y el principio de igualdad en razón del
origen familiar.
95. La Corte estima que la exclusión tácita de los compañeros permanentes de
los efectos previstos en los artículos 1025 numeral 2 y 1266 numeral 1 del
Código Civil respecto de los cónyuges, comporta efectivamente una modalidad
de discriminación en razón del origen familiar, y una forma de desprotección de
las familias originadas en vínculos naturales.
96. En efecto, a partir de las figuras de la indignidad y de desheredamiento, el
legislador pretende impedir que las personas obtengan un provecho económico o
patrimonial de aquellas otras a quienes han atacado o perjudicado en sus bienes
más fundamentales, tras su muerte. De allí que las normas demandadas impidan
suceder a quien ha participado en el homicidio del causante, a quien omitió
socorrerlo pudiendo salvarlo, a quienes mediante fuerza o dolo obtengan una
disposición testamentaria favorable, a quienes abandonen al difunto estando
obligado a brindarle alimentos y socorro, entre otros. Se trata entonces de
proteger la buena fe y la lealtad42.
97. Dentro de este marco, el numeral 2 de artículo 1025 y el numeral 1 del
artículo 1266 del Código Civil establecen como causal de indignidad sucesoral y
de desheredamiento el haber cometido atentado grave contra la vida, el honor los
bienes del testador o del fallecido, de su cónyuge, o en de cualquiera de sus
42 Incluso en materia pensional pierde la condición de beneficiario aquel que si bien está
contemplado legalmente como tal participó o fue determinador en la muerte del afiliado o
pensionado, ver al respecto la Sentencia T-122 de 2017.
45
ascendientes o descendientes, como hijos, nietos, padres o abuelos. Como puede
advertirse, las normas demandadas apuntan a proteger el núcleo familiar del
causante o testador, impidiendo que su patrimonio pueda quedar en manos de
quien ha cometido un atentado grave contra su vida, honra o bienes o contra la
de los miembros de su núcleo familiar.
98. Desde esta perspectiva, excluir de esta salvaguardia a las familias
constituidas por vínculos naturales, comporta en este escenario no sólo una
discriminación en razón del origen familiar, sino también una forma de
desprotección, sin que una razón que justifique la diferenciación normativa. La
razón por la que el legislador estableció la indignidad sucesoral y el
desheredamiento de quienes atentan contra la vida del cónyuge, de los hijos, de
los nietos, de los padres o de los abuelos del causante o testador, es el estrecho
vínculo que existe entre estos, y este estrecho vínculo familiar también se
encuentra presente entre los compañeros permanentes, quienes, para ser
considerados como tales, deben compartir un proyecto de vida, conformar un
único hogar, cohabitar, y brindarse socorro y ayuda mutua. Estando presentes los
elementos esenciales en función de los cuales se estableció la protección legal,
esto es, la causal de ilegitimidad y de desheredamiento, carece de toda
justificación la exclusión normativa.
Frente al artículo 1026 inciso segundo del Código Civil
99. El inciso segundo del artículo 1026 del Código Civil contempla una
excepción a la indignidad sucesoral derivada de la omisión de denuncia del
delito de homicidio del causante, en aquellas hipótesis en que el heredero o
legatario es, al mismo tiempo, cónyuge del partícipe del delito. En tal sentido, el
referido precepto establece, como regla general, que “es indigno de suceder
quien siendo mayor de edad no hubiere denunciado a la justicia, dentro del mes
siguiente al día en que tuvo conocimiento del delito, el homicidio de su causante
(…)”, y como excepción la hipótesis en la que “el heredero o legatario sea
cónyuge (…) de la persona por cuya obra o consejo se ejecutó el homicidio, o
haya entre ellos”.
100. La Corte señala que esta excepción tiene como fundamento la facultad de
no autoincriminación, positivizada hoy en día en el artículo 33 de la Constitución
Política en el sentido de que “nadie podrá ser obligado a declarar contra sí
mismo o contra su cónyuge, compañero permanente o parientes dentro del
cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil” 43. Dentro
del espectro de esta garantía se encuentran comprendidos no sólo los cónyuges
sino también los compañeros permanentes, además de los parientes dentro del
cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil, en el
entendido de que con todos estos se conforma una familia, y de que con estos se
conforma un vínculo afectivo sólido y estable.
43 Sobre el contenido y alcance de este principio cfr. Corte Constitucional, Sala Plena,
Sentencia C-848 de 2014.
46
101. Dado que ordenamiento constitucional extiende esta garantía a los
compañeros permanentes, resulta insostenible que una norma disponga una
consecuencia desfavorable o adversa por una actuación que claramente se
enmarca dentro del espectro de protección de la previsión constitucional. Así
ocurriría si se entiende que el artículo 1026 inciso segundo del Código Civil
establece como excepción a la indignidad por omisión de denuncia de homicidio
el vínculo matrimonial entre el heredero o testador y el autor o partícipe del
homicidio, más no el vínculo marital entre ambos.
102. Según ha establecido esta Corte en diferentes oportunidades, la garantía de
no incriminación se transgrede no sólo cuando una persona es obligada a
declarar en contra de sí mismo o de un pariente cercano, sino también cuando el
ordenamiento jurídico formalmente confiere la facultad de abstención de
declarar, pero al mismo tiempo contempla una consecuencia adversa por dicho
acto omisivo: “En virtud de la referida garantía, las personas tienen el derecho
a no ser forzadas a dar declaraciones incriminatorias, ni por medios coercitivos
directos, ni por medios indirectos que formalmente confieran esta posibilidad de
abstención, pero atribuyan consecuencias adversas para quien no lo hace. Es
decir, la consecuencia jurídica no consiste en liberar a las personas de la
obligación de declarar contra sus familiares, sino en otorgarles una
salvaguardia especial, para que no puedan ser forzadas, ni por vías directas ni
por vías indirectas, a dar estas manifestaciones”44.
Pero, además, independientemente del alcance que esta Corte ha conferido a la
garantía de no incriminación, lo cierto es que la medida legislativa apunta a
proteger el núcleo familiar, y, en particular, los vínculos y lazos de confianza
entre las personas que integran el núcleo familiar. Por ello, el mismo artículo
1026 inciso segundo del Código Civil establece como excepción a la regla
general de indignidad por omisión de denuncia de homicidio los vínculos de
consanguinidad entre el heredero o testador y el victimario hasta el cuarto grado,
y los vínculos de afinidad o de parentesco civil hasta el segundo grado. De esta
suerte, si lo que pretende el legislador es proteger el vínculo familiar de los
cónyuges carece de toda justificación excluir de tal salvaguardia a los
compañeros permanentes y demás parientes cercanos.
Frente al artículo 19 numeral 2 del Código Civil
103. El numeral 2 del artículo 19 del Código Civil contempla la
extraterritorialidad de la ley civil para los colombianos y residentes o
domiciliados en país extranjero en lo que respecta a las obligaciones y derechos
civiles que nacen de las relaciones de familia, “pero sólo respecto de sus
cónyuges y parientes en los casos indicados en el inciso anterior”, esto es, “en
lo relativo al estado de las personas y su capacidad para efectuar ciertos actos
que hayan de tener efecto en alguno de los territorios administrados por el
gobierno general, o en asuntos de competencia de la Unión”45.
44 Corte Constitucional, Sentencia C-848 de 2020.
47
104. A partir de esta directriz se ha entendido que, en el ámbito familiar, rige el
principio de extraterritorialidad de la ley civil, que implica que el estado civil y
la capacidad de los nacionales se rigen por las leyes dicho Estado, en atención a
la “relación estrecha entre la formación familiar y social recibida por las
personas en una determinada comunidad y el contenido del sistema jurídico del
Estado respectivo. Por consiguiente, el Estado, a través de la regulación jurídica
del estado civil y la capacidad, acompaña a sus nacionales inclusiva fuera del
territorio nacional, por el ser el primero el medio jurídico para individualizar a
las personas en la familia y la sociedad, y la segunda, el instrumento jurídico
para que las mismas actúen en el campo del Derecho y desarrollen su vida”.
De esta manera, la extraterritorialidad de las normas que definen las reglas que
rigen las relaciones, así como los derechos y obligaciones entre cónyuges y
parientes, atiende esencialmente a un criterio familiar. Como quiera que al
momento de expedirse el Código Civil no se consideraba que los compañeros
permanentes conformaran una familia, el artículo 19 de dicho cuerpo normativo
hizo referencia, exclusivamente a los cónyuges y a los parientes.
105. En vigencia de la jurisprudencia constitucional que se ha construido
durante la última década es indiscutible que la familia también se constituye por
vínculos naturales, por lo que resulta insostenible que los cónyuges que se
encuentren en el extranjero se rijan por la ley civil, pero que, en cambio, los
compañeros permanentes en esa misma situación no se encuentren sometidos a
la ley nacional. Una limitación semejante se traduce necesariamente en un déficit
jurídico de protección de los núcleos familiares constituidos por vínculos
naturales, y de los miembros que los integran.
Frente al artículo 1488 del Código Civil
106. El artículo 1488 del Código Civil otorga legitimación para ejercer la
acción revocatoria a los cónyuges de quien, habiendo efectuado una donación, se
encuentran imposibilitados para ello “por haber perdido el juicio o por otro
impedimento”, con el propósito de que sean revocadas las donaciones en favor
de quienes han cometido actos ofensivos en contra del donante46.
107. Esta habilitación, que también fue conferida a los guardadores, a los
descendientes y a los ascendientes del donante impedido, se estructuró, en el
caso de los guardadores, en función de su deber de proteger la integridad de su
patrimonio, y en el caso de los ascendientes, descendientes y del cónyuge, en
función de los lazos de solidaridad que se configuran en el seno de la familia. De
esta manera, el precepto demandado faculta a los integrantes del núcleo familiar,
45 Sobre la extraterritorialidad de la ley civil cfr. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, Sentencia
del 29 de julio de 2011, Exp. 25286-3184-001-2007-00152-01.
46 El artículo 1485 del Código Civil contempla la acción revocatoria en los siguientes
términos: “La donación entre vivos puede revocarse por ingratitud. Se entiende por acto de
ingratitud cualquier hecho ofensivo del donatario que le hiciere indigno de heredar al
donante”.
48
esto es, a los ascendientes, descendientes y al cónyuge, a actuar procesalmente
en beneficio del donante que carece de las condiciones para defender su
patrimonio por si solo frente a las agresiones y actos de agravio de su donatario.
108. Nuevamente, si el fundamento de la habilitación legal son los nexos
familiares, y si, como establece la Constitución Política, estos nexos se
configuran no sólo por la decisión de un hombre y una mujer de contraer
matrimonio, sino también por su voluntad responsable de conformar una familia
mediante un vínculo natural, carece de toda justificación circunscribir la facultad
legal a los cónyuges del donante, y se traduce, nuevamente, en una afectación de
los derechos e intereses patrimoniales de las personas que optan por conformar
una familia a través de la convivencia sólida y estable con otra persona, ya que,
en estos eventos, el compañero permanente del mismo o distinto sexo del
donante afectado por su donatario que carece de las condiciones para defender su
patrimonio, carece de la legitimación para proponer la acción revocatoria.
109. En el contexto de las sucesiones intestadas, el artículo 1161 deja a salvo la
facultad de los cónyuges sobrevivientes para ejercer la acción reformatoria,
concebida para que los titulares de las asignaciones forzosas exijan la revisión y
el cambio en los términos del testamento en aquellos eventos en que este
desconozca el régimen de asignaciones forzosas o la porción conyugal. Dado que
en las sentencias C-283 de 2011 y C-238 de 2012 la Corte extendió las reglas de
la normatividad civil que contemplan la vocación hereditaria y la porción
conyugal a los compañeros permanentes, resulta forzoso concluir que también
los instrumentos procesales mediante los cuales se materializan tales derechos
puedan ser utilizados por los miembros de una unión permanente.
Frente al artículo 61 del Código Civil
110. Por las mismas razones antes expuestas, las previsiones del artículo 61 del
Código Civil en las que se determina que, en caso de que la ley requiera la
citación de los parientes de una persona en un proceso judicial o administrativo,
se debe requerir al cónyuge, deben hacerse extensivas a los compañeros
permanentes. En efecto, este precepto apunta a garantizar que los miembros de
una familia sean escuchados según el orden de proximidad con el pariente, y
habiéndose contemplado la citación de los cónyuges, a los descendientes,
ascendientes, colaterales legítimos hasta el sexto grado y los hermanos, resulta
insostenible que no se haga lo propio en relación con los compañeros
permanentes, máxime cuando las condiciones en función de las cuales se
estableció la citación del cónyuge, esto es, la existencia predicable, en igual
medida, de los compañeros permanentes.
Remedio judicial a adoptar
111. De todo lo expuesto, la Corte concluye que las expresiones examinadas
contenidas en los artículos 19 numeral 2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso
segundo, 1056, 1068 numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266
49
numeral 1 y 1488 del Código Civil son incompatibles con los artículos 13 y 42
de la Constitución Política, en tanto en cuanto establecen un trato legal
injustificado frente a las uniones maritales conformadas por parejas del mismo o
distinto sexo. No obstante, en aras de garantizar el fin útil de la norma y la
conservación del derecho, dichas disposiciones admiten una interpretación
constitucional mediante la adición del grupo excluido.
112. Habida cuenta de lo anterior, la Corte considera necesario optar por un
fallo condicionado, el cual responde a la salvaguarda de los principios
democrático y de igualdad, bajo el entendido de que las expresiones “cónyuge”,
“casada”, “cónyuges” y “marido y mujer” se refieren, en igualdad de derechos
y deberes, a los cónyuges y a los compañeros permanentes de las uniones
maritales de hecho, tanto de parejas de distinto sexo como de parejas del mismo
sexo.
Síntesis
113. Los accionantes demandaron varias disposiciones del Código Civil que
contemplan algunos efectos jurídicos entre los cónyuges, por considerar que
dichos preceptos legales son inconstitucionales en tanto que los efectos allí
previstos cobijan únicamente a los cónyuges y no a los compañeros permanentes
del mismo o distinto sexo, pese a que el artículo 13 de la Carta Política prohíbe
todo tipo discriminación en razón del origen familiar, y a que el artículo 42 de
este mismo instrumento reconoce a las familias conformadas por vínculos
naturales, y no sólo a las que se originan en el matrimonio.
11 4 . Respecto de la cosa juzgada constitucional, la Corte desestimó las dudas
que podrían surgir por la eventual configuración de este fenómeno en relación
con las sentencias C-174 de 1996 y C-065 de 2003 en tanto en cuanto desde las
sentencias C-283 de 2011 y C-238 de 2012 se produjeron cambios sustantivos en
el entendimiento de la institución marital de hecho en la jurisprudencia
constitucional y civil, extendiéndose progresivamente las reglas establecidas
originalmente para los cónyuges, a los compañeros permanentes, y dado que,
además, en la citada sentencia se omitió realizar el juicio de igualdad propuesto
por el entonces accionante, absteniéndose la Corte de evaluar la normatividad
demandada a la luz del mandato de igualdad. Respecto a la Sentencia C-065 de
2003, la Sala precisó que en este fallo se declaró la exequibilidad del artículo
1068 numeral 13 del Código Civil, pero que el parámetro del juicio de
constitucionalidad no fueron las normas que reconocen la institución familiar
independientemente de su forma de configuración, sino el artículo 83 de la
Constitución Política, que consagra el principio de buena fe, por lo que,
propiamente hablando, la controversia planteada por el accionante no ha sido
resuelta por el juez constitucional.
115. Asimismo, se aclaró que no existían evidencias de la equiparación plena
entre el régimen legal de las dos instituciones, y que, por el contrario, la revisión
del derecho viviente indicaba que la asimilación de ambas figuras no constituye
50
un patrón general y único en el “derecho viviente”, y que la extensión de las
reglas del matrimonio a las uniones maritales de hecho se ha producido de
manera gradual y progresiva, y caso a caso, manteniéndose diferencias entre una
y otra, incluso validadas por el juez constitucional.
116. La Sala sistematizó los criterios para evaluar las diferencias establecidas
por el legislador entre el matrimonio y las uniones maritales de hecho, para luego
establecer la inconstitucionalidad de la normatividad demandada. Sobre este
punto, se hicieron las siguientes precisiones.
(i) Se destacó que la Corte ha depurado una serie de criterios para evaluar la
constitucionalidad de las diferenciaciones legislativas entre la institución
matrimonial y las uniones maritales de hecho, en al menos tres escenarios: 1)
frente a las normas legales, particularmente de la legislación civil, que regulan el
vínculo matrimonial en los asuntos propios del derecho privado, sin hacerlo
extensivo a la unión marital de hecho; 2) frente a las normas que regulan la
institución marital de hecho en unos términos diferentes a los establecidos para
el matrimonio, tal como ocurre, por ejemplo, con las leyes 54 de 1990 y 979 de
2005, que al definir las uniones maritales de hecho y el régimen patrimonial
entre compañeros permanentes, establecieron algunas reglas que difieren de las
ya existentes para los cónyuges; 3) frente a las normas que, por fuera del ámbito
civil, establecen una diferenciación entre ambas instituciones, tal como ocurre,
por ejemplo, con las reglas establecidas en materia de adopción conjunta y por
consentimiento, o en materia pensional.
(ii) Se aclaró que la directriz fundamental para valorar los tratos asimétricos
entre una y otra institucional, es el reconocimiento de las distintas modalidades
para conformar familia en condiciones de igualdad, teniendo en cuenta que el
artículo 42 de la Constitución Política reconoce y tutela los distintos arreglos
familiares en un plano de igualdad, estableciendo que, como núcleo fundamental
de la organización social, el Estado y la sociedad garantizan su protección, y que
estas se constituyen por vínculos naturales o jurídicos “por la decisión libre de
un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de
conformarla”. Así pues, tanto el matrimonio como las uniones maritales de
hecho conformadas por parejas del mismo o distinto sexo son modelos familiares
válidos, y el ordenamiento jurídico debe brindarles protección jurídica en
condiciones de igualdad. Esta igualdad, empero, no implica necesariamente un
“igualitarismo”, esto es, una asimilación plena o una equiparación absoluta del
matrimonio y las uniones maritales de hecho, sino una obligación estatal de
protección en función de las particularidades y especificidades de cada una de
estas figuras.
(iii) A partir de este lineamiento general, se han precisado las siguientes pautas:
1) las diferenciaciones normativas son constitucionalmente admisibles en
aquellos escenarios en los que, por la naturaleza misma de la unión marital, se
justifica o incluso se hace indispensable establecer unas reglas del juego
especiales, distintas de las existentes para el matrimonio, con el propósito, o bien
51
de salvaguardar la informalidad, la flexibilidad y la libertad inherente a esta
institución, o bien de proteger los intereses de los propios compañeros
permanentes o de los sistemas de provisión de bienes y servicios estructurados
en función de los vínculos familiares, frente a aquellas relaciones efímeras y
pasajeras que no gozan de la estabilidad y de la solidez propia de las relaciones
familiares; 2) la circunstancia de que las parejas del mismo o distinto sexo opten
por hacer una vida en común y por conformar un nuevo hogar a partir de la
solidaridad mutua y del cuidado y apoyo recíproco, obliga a establecer un
sistema integral que garantice el equilibrio de cargas y beneficios entre los
miembros que integran la pareja, y a reconocer este núcleo como una familia
para todos los efectos legales. Por tal motivo, el ordenamiento jurídico debe
contar con un esquema integral de protección para este arreglo familiar y para
sus integrantes, semejante o equivalente al que existe para el matrimonio.
117. Partiendo de este marco, la Corte estudió las expresiones acusadas
contenidas en los artículos 19 numeral 2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso
segundo, 1056, 1068 numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266
numeral 1 y 1488 del Código Civil, concluyendo que ellas establecen una
diferenciación constitucionalmente inadmisible entre la institución matrimonial y
la unión marital de hecho.
En primer lugar, la Corte estimó que, en la medida en que por vía legislativa y
judicial ha venido reconociendo a los compañeros permanentes del mismo o
distinto sexo los derechos y prerrogativas previstos originalmente en la
legislación a los cónyuges, resulta forzoso concluir que también las cargas,
prohibiciones y limitaciones asociadas a tales derechos y prerrogativas. De esta
manera, las mismas razones por las que, en escenarios como el régimen de
alimentos, la adopción, la vocación hereditaria, la porción conyugal, la afiliación
al sistema de salud o el régimen pensional, la Corte ha concluido que los
derechos reconocidos a los cónyuges deben hacerse extensivos a los compañeros
permanentes, son las mismas razones por las que, en este nuevo contexto, las
normas que consagran las cargas, los deberes y las prohibiciones inherentes al
matrimonio, son también aplicables a las uniones maritales de hecho sin
distinción de la orientación sexual.
En segundo lugar, la Sala consideró que, como los artículos 13 y 42 de la
Constitución Política reconocen los distintos arreglos familiares en condiciones
de igualdad, el trato diferenciado sólo se encuentra justificado en dos hipótesis:
primero, si la asimetría en la regulación estuviera mediada una particularidad
jurídicamente relevante del matrimonio frente a la unión marital de hecho, y si
esta diferencia empírica guarda una relación directa con las medidas legislativas
impugnadas; segundo, si a pesar de no existir una diferencia empírica de base
entre ambas figuras, el trato asimétrico atiende a una finalidad
constitucionalmente admisible, que explica y justifica la medida legislativa.
118. Las prerrogativas, las habilitaciones, los derechos, las cargas y las
prohibiciones contempladas en las normas impugnadas para los cónyuges se
52
otorgaron en razón de dos atributos propios del matrimonio: (i) en razón de los
vínculos económicos que se producen entre estos, derivados de la conformación
de una sociedad conyugal entre ambos, y de los derechos sucesorales recíprocos;
y, (ii) de los estrechos vínculos que existen entre los cónyuges que dan lugar,
ellos solos, a la conformación de una familia. Por lo cual, la Corte constató que
en este caso las circunstancias y los atributos del matrimonio en función de las
cuales se estructuraron las medidas legislativas son predicables a las uniones
maritales de hecho conformadas por parejas del mismo o distinto sexo, por lo
que la exclusión de los efectos jurídicos previstos en las normas demandadas
carece de justificación desde el punto de vista constitucional.
119. Teniendo en cuenta que la diferenciación legal anterior se opone a los
artículos 13 y 42 de la Carta Política, la Corte optará por declarar la
constitucionalidad condicionada de los preceptos examinados, lo cual responde a
la salvaguarda de los principios democrático y de igualdad, para aclarar que los
efectos allí previstos son aplicables a los compañeros permanentes sin distinción
de sexo. Para la Sala, este esquema decisional es el apropiado porque preserva el
fin útil de la norma y la conservación de derecho, al mismo tiempo que subsana
la inconstitucionalidad advertida.
III. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional de la
República de Colombia, administrando justicia en nombre del pueblo y por
mandato de la Constitución,
RESUELVE
DECLARAR EXEQUIBLE CONDICIONADAMENTE las expresiones
“cónyuge”, “casada”, “cónyuges” y “marido y mujer” contenidas en los
artículos 19 numeral 2, 61, 745, 1025 numeral 2, 1026 inciso segundo, 1056,
1068 numeral 13, 1119, 1125, 1161, 1165, 1195, 1196, 1266 numeral 1 y 1488
del Código Civil, por los cargos examinados en esta sentencia, bajo el entendido
de que estas expresiones se refieren, en igualdad de derechos y deberes, a los
cónyuges y a los compañeros permanentes de las uniones maritales de hecho,
tanto de parejas de distinto sexo como de parejas del mismo sexo.
Notifíquese, comuníquese y cúmplase,
ALBERTO ROJAS RÍOS
Presidente
RICHARD STEVE RAMÍREZ GRISALES
53
Magistrado (E)
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
JORGE ENRIQUE IBÁÑEZ NAJAR
Magistrado
ALEJANDO LINARES CANTILLO
Magistrado
ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO
Magistrado
GLORIA STELLA ORTÍZ DELGADO
Magistrada
CRISTINA PARDO SCHLESINGER
Magistrada
JOSÉ FERNANDO REYES CUARTAS
Magistrado
MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ
Secretaria General
54