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Los Laicos en La Iglesia

El documento aborda la importancia y el papel de los laicos en la Iglesia, destacando su participación activa en la misión de salvación y su vocación de buscar el Reino de Dios en el mundo. Se enfatiza que los laicos, como miembros del Pueblo de Dios, tienen la responsabilidad de integrar su fe en todas las áreas de la vida, superando la separación entre fe y vida cotidiana. Además, se menciona que su acción es esencial para el apostolado de la Iglesia, ya que son quienes llevan el mensaje cristiano a lugares donde no pueden llegar los clérigos.
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Los Laicos en La Iglesia

El documento aborda la importancia y el papel de los laicos en la Iglesia, destacando su participación activa en la misión de salvación y su vocación de buscar el Reino de Dios en el mundo. Se enfatiza que los laicos, como miembros del Pueblo de Dios, tienen la responsabilidad de integrar su fe en todas las áreas de la vida, superando la separación entre fe y vida cotidiana. Además, se menciona que su acción es esencial para el apostolado de la Iglesia, ya que son quienes llevan el mensaje cristiano a lugares donde no pueden llegar los clérigos.
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LOS LAICOS EN LA IGLESIA

Los laicos con el pasar de estos últimos tiempos se ha visto su participación y el


reconocimiento del valor positivo de la laicidad, considerada por muchos siglos de forma
negativa. jerarquía .
El origen trinitario de la Iglesia abre nuevos horizontes para una mejor comprensión de la
Iglesia. Toda la Iglesia es vista como fruto de la convocación de Dios, de la redención de
Jesucristo y de la presencia del espíritu, fuente de gracia y de renovación.
La Iglesia, pueblo de Dios, enriquece la comprensión de si misma y de la humanidad.
La iglesia es sobre todo comunidad de personas y como comunidad, pueblo, se debe a Dios.
Los aspectos organizativos están al servicio de la comunidad.
Todo lo que digamos sobre los laicos debe tener presente el marco global de toda la Iglesia
como conjunto. La Iglesia como comunidad de personas en que existe una igualdad
fundamental primigenia, que tiene su origen en el bautismo y que nos inserta a Cristo y a la
Iglesia
La iglesia sacramento de salvación. La Iglesia recobra la centralidad desplazando a su
debido lugar los aspectos organizativos de la Iglesia. Toda la Iglesia es sacramento de
salvación y cada miembro colabora, según su carisma y ministerio, a la obra de Dios. La
misión de la Iglesia es la salvación de la humanidad y es tarea de toda la Iglesia.
Cce. 1116 Los sacramentos, como "fuerzas que brotan" del Cuerpo de Cristo (cf Lc 5,17;
6,19; 8,46) siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en su
Cuerpo que es la Iglesia, son "las obras maestras de Dios" en la nueva y eterna Alianza
1134 El fruto de la vida sacramental es a la vez personal y eclesial. Por una parte, este fruto
es para todo fiel la vida para Dios en Cristo Jesús: por otra parte, es para la Iglesia
crecimiento en la caridad y en su misión de testimonio.
ministerio proviene del latín «ministerium» que significa "servicio", y «minister» que
significa “servidor”. La palabra sacramento proviene del latín sacramentum, conformado
por las expresiones sacrare, que significa 'hacer santo', y el sufijo mentum, que quiere decir
'medio para'.
La iglesia es carismática y ministerial. El espíritu santo suscita dones, carismas y
ministerios para la edificación de la comunidad eclesial1Cor.
DEFINICIÓN, VOCACIÓN Y MISIÓN DE LOS LAICOS EN EL NUEVO
CATECISMO
Por laico se entiende a todo cristiano, excepto los miembros del orden sagrado y del estado
religioso reconocido en la Iglesia. Son, por tanto, cristianos que están incorporados a Cristo
por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo:
Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el Pueblo
cristiano en la Iglesia y en el mundo 7. 5 . 6 . Const. Ap. Fidei Depositum, en «Catecismo…
cit.», p. 9. Vid. D. TIRAPU, Los derechos del fiel como condición de dignidad y libertad
del Pueblo de Dios, en «Fidelium Iura», 2 (1992), pp. 31 y ss. 7 . Cfr. Catecismo de la
Iglesia católica, n. 897. 4 DANIEL TIRAPU MARTÍNEZ
Tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades
temporales y ordenándolas según Dios. Es precisamente a través de las relaciones y su
trabajo en el mundo donde encuentran su punto de unión las difíciles relaciones entre
Iglesia-mundo. Las realidades familiares, profesionales, sociales, políticas y económicas no
son tareas eclesiales, pero adquieren la nota de eclesialidad en la medida que constituyen la
vocación y misión propia y genuina de los laicos.
Dos son los peligros que acechan al quehacer del laico: a) el laico dedicado a tareas
exclusivamente eclesiales, abandonando sus responsabilidades profesionales, sociales,
económicas, culturales y políticas; b) la separación en el laico entre Fe y vida, entender la
Fe como actividad de conciencia y separarla de la vida social10.
Como todos los fieles, los laicos están llamados por Dios al apostolado por virtud del
bautismo y de la confirmación y por eso tienen el derecho y el deber, individualmente o
agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje cristiano sea conocido y
recibido por todos los hombres. En la Comunidad eclesial su acción es tan necesaria que sin
ella, el apostolado de los Pastores no puede obtener su plena eficacia11. Los laicos
participan, según su condición, en la triple misión sacerdotal, profética y real de Cristo.
El termino laico aparece por primera vez en la literatura cristiana en una carta de clemente
del año 95. En esa ocasión la palabra designa al simple creyente en contraposición a un
diacono o a un sacerdote.
Para ser más precisos, escuchemos lo que dice el Concilio Vaticano II en el documento
Lumen Gentium, número 31 y que recoge el Catecismo de la Iglesia católica en el número
897: “Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden
sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están
incorporados por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan de las
funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión
de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo”.
Elemento muy importante para distinguir a los laicos es el de su bautismo. Por este
sacramento, los laicos o fieles del pueblo de Dios se hacen acreedores al derecho de
llamarse y de ser Hijos de Dios y participar de esa filiación divina. Pero también comparten
la obligación de trabajar para que el mensaje de salvación sea conocido y recibido por todos
los hombres y en toda la tierra. Esta obligación es más apremiante cuando sólo por medio
de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo.
Los laicos son los encargados de que el Reino de Dios se haga una realidad en los diversos
campos que forman su vida. Por lo tanto, ahí donde el sacerdote, el religioso, el obispo no
puede llegar, ahí es donde el laico debe comprometerse para hacer llegar el mensaje de
Cristo.
El Reino de Dios, presente en el mundo sin ser del mundo, ilumina el orden de la sociedad
humana, mientras que las energías de la gracia lo penetran y vivifican. Así se perciben
mejor las exigencias de una sociedad digna del hombre; se corrigen las desviaciones y se
corrobora el ánimo para obrar el bien. A esta labor de animación evangélica están llamados,
junto con todos los hombres de buena voluntad, todos los cristianos y de manera especial
los laicos”. (Cfr. Centesimus annus, número 25).
El apostolado que deben llevar a cabo los laicos no se reduce solamente al testimonio de su
vida, lo cual ya es una labor fundamental para construir el Reino de Dios en la sociedad.
Deben ser “sanamente agresivos” con el fin de buscar todas aquellas oportunidades para
hacer real en todos los ámbitos de la sociedad, el mensaje de Cristo. Esta iniciativa es un
elemento normal de la vida de la Iglesia, como apuntaba el Papa Pío XII en su discurso del
20 de febrero de 1946 y que fue citado por Juan Pablo II en su documento Christifideles
laici, número 9: “Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la
Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos,
especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la
Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía
del jefe común, el Papa, y de los obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia.”

Los clérigos, laicos, religiosos.


Lo que tienen en común todos ellos, es el ser cristiano. Las diferencias proceden de la
acción del espíritu, que otorga dones y carismas para la edificación de la iglesia.

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