La monotonia cotidiana
P. Jackson
Reportará la información que maneja el autor sobre los siguientes tópicos:
La función de la escuela.
La clase como productora de interrelaciones semejantes o iguales siempre.
La forma de comunicación entre los sujetos: distracciones, interrupciones,
permisos, etc.
La autoridad profesor-alumno.
Elaborará un escrito que contenga sus conclusiones.
Reporte
La función de la escuela
La función de la escuela, según P. Jackson, es tanto complicada como diversa. Este lugar no solo se dedica
a enseñar materias académicas, sino que también ayuda a desarrollar habilidades sociales y la interacción
entre los estudiantes. Así, la escuela se convierte en un pequeño reflejo de la sociedad, donde los alumnos
viven tanto la aceptación como el rechazo, y donde se forman amistades y rivalidades. Jackson dice que
"la escuela es un sitio donde se dan aprobaciones o suspensiones, donde se pasan momentos divertidos, se
aprenden cosas nuevas y se desarrollan nuevas habilidades."
La clase como productora de interrelaciones semejantes o iguales
siempre.
En cuanto a la clase como un lugar que genera interacciones similares, el autor menciona que el entorno
escolar es bastante uniforme y estable. Los estudiantes pasan mucho tiempo en el mismo aula, lo que
fomenta una familiaridad tanto con el espacio como con sus compañeros. Esta uniformidad crea una
experiencia compartida que, aunque pueda parecer repetitiva, es esencial para la socialización de los niños.
Jackson señala que "los niños pasan mucho tiempo en la escuela, que los lugares donde se desenvuelven
son muy parecidos entre sí y que se encuentran allí, quieran o no".
La forma de comunicación entre los sujetos: distracciones, interrupciones,
En cuanto a la comunicación entre permisos,
los participantes, Jackson señala que en el aula hay muchas
distracciones e interrupciones. Estas pueden ser causadas por el comportamiento de los alumnos, la
entrada de personas ajenas a la clase o incluso por la forma en que se enseña. El autor señala que "los
comentarios innecesarios, el mal comportamiento de los estudiantes y la llegada de personas externas que
vienen a dar un mensaje interrumpen frecuentemente la fluidez de la explicación del profesor". Además, la
disposición del aula y los horarios estrictos crean un ambiente en el que los estudiantes deben aprender a
esperar su turno y a manejar las interrupciones, lo que puede ser frustrante.
En resumen:
La comunicación en el aula sigue reglas tanto implícitas como explícitas.
Las interrupciones, distracciones y solicitudes de permiso muestran que la enseñanza no es un
proceso lineal, sino dinámico y sujeto a cambios.
Los estudiantes aprenden a gestionar los turnos de palabra y a interpretar señales verbales y no
verbales en el entorno escolar.
La autoridad profesor-alumno
La autoridad profesor-alumno es otro aspecto crucial en la vida escolar. Jackson describe la relación
entre profesores y alumnos como una dinámica de poder desigual, donde el profesor ejerce una autoridad
que es tanto restrictiva como preceptiva. Los alumnos deben aprender a obedecer las órdenes del
profesor, lo que implica un proceso de adaptación a la autoridad. El autor menciona que "la autoridad del
profesor, en cambio, es a la vez restrictiva y preceptiva". Esta relación de poder no solo afecta la
dinámica del aula, sino que también influye en cómo los alumnos se comportan y se adaptan a las
expectativas institucionales.
conclusiones
Según P. Jackson, la función de la escuela es un proceso que va más allá de la simple enseñanza de
contenidos académicos. La escuela se presenta como un espacio donde se otorgan aprobaciones y
suspensiones, donde se viven momentos divertidos, se adquieren conocimientos y se desarrollan
habilidades. También desempeña un papel social, ya que los estudiantes experimentan dinámicas de
aceptación y rechazo, formando amistades y rivalidades. Aunque estas experiencias son vitales para el
desarrollo social, el sistema educativo a menudo se vuelve rígido, con una evaluación punitiva que limita el
aprendizaje. En mi aula, trato de evitar esa rigidez, permitiendo que tanto yo como los estudiantes
cometamos errores. En lugar de ver los errores como fracasos, los consideramos como oportunidades
para aprender. Como menciona Jackson, “la escuela no es solo un lugar donde se aprende lo que está en
los libros, sino también lo que se vive dentro de ella”. Por ello, promuevo una educación más abierta, donde
se acepte el error y se fomente la participación activa, creando una relación más cercana y humana
entre todos los miembros de la clase.
Respecto a la uniformidad del entorno escolar, Jackson señala que los estudiantes pasan mucho tiempo en
espacios similares y comparten experiencias que, aunque útiles para socializar, pueden generar un
ambiente monótono. Este proceso, aunque necesario, puede llevar a una repetición constante de
actividades, afectando la motivación y la creatividad de los estudiantes. En mi aula, busco romper con
esta monotonía, permitiendo que los alumnos participen activamente y no trabajen en silencio. Así, las
clases se vuelven más dinámicas y los estudiantes pueden expresar sus ideas, emociones y pensamientos
de forma libre y natural. Jackson destaca que “los niños pasan mucho tiempo en la escuela, y los lugares
donde se desenvuelven son muy parecidos entre sí”, pero la clave está en transformar ese entorno en
uno que fomente la creatividad y el aprendizaje significativo. Al variar las rutinas y proponer actividades
diferentes, busco que cada día sea una oportunidad para que los alumnos se conecten de manera distinta
con el contenido y entre ellos.
Jackson también menciona la presencia constante de distracciones e interrupciones en el aula, que a
menudo interrumpen la fluidez de la enseñanza. Sin embargo, él reconoce que “las interrupciones no son
necesariamente un obstáculo, sino parte de un proceso educativo dinámico”. Aunque en muchas escuelas
se ven como un desafío a la autoridad, en mi clase trato de integrarlas en la dinámica del aula. En lugar de
imponer el silencio, fomento una comunicación abierta y respetuosa, donde las interrupciones se manejan
de manera constructiva. Los estudiantes aprenden a esperar su turno, a escuchar a los demás y a
gestionar sus intervenciones para beneficiar el aprendizaje colectivo. Así, las distracciones se convierten
en oportunidades para reflexionar, compartir ideas o simplemente tomar un respiro, sin afectar el flujo
general de la clase.