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Leyendas de Dragones en Cataluña y Jaén

La Leyenda de Sant Jordi narra cómo un valiente caballero enfrentó a un dragón que aterrorizaba a un reino, salvando a la princesa y dando origen a la celebración del Día de Sant Jordi en Cataluña. Por otro lado, la Leyenda del Lagarto de la Malena cuenta la historia de un joven que, con ingenio, logra vencer a un temible lagarto en Jaén, convirtiéndose en héroe del pueblo. Ambas leyendas reflejan la valentía y la cultura de sus respectivas regiones.
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Leyendas de Dragones en Cataluña y Jaén

La Leyenda de Sant Jordi narra cómo un valiente caballero enfrentó a un dragón que aterrorizaba a un reino, salvando a la princesa y dando origen a la celebración del Día de Sant Jordi en Cataluña. Por otro lado, la Leyenda del Lagarto de la Malena cuenta la historia de un joven que, con ingenio, logra vencer a un temible lagarto en Jaén, convirtiéndose en héroe del pueblo. Ambas leyendas reflejan la valentía y la cultura de sus respectivas regiones.
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La Leyenda de Sant Jordi y el Dragón (Cataluña)

Hace mucho, mucho tiempo, en un reino lejano, vivía un terrible dragón que
aterrorizaba a la población. La bestia era enorme, con escamas brillantes como el fuego
y unos ojos que brillaban en la oscuridad. Su aliento ardía como una hoguera, y su
rugido hacía temblar las casas.

Para mantenerlo tranquilo y evitar que destruyera la ciudad, los habitantes le ofrecían
comida: primero los animales del campo y, cuando estos se acabaron, tuvieron que
tomar una decisión terrible… ¡Cada día sacrificarían a una persona! Para que fuera
justo, hicieron un sorteo entre todos los habitantes, incluidos los nobles y la familia real.

Un día, la elegida fue la hija del rey, la princesa del reino. El rey, desesperado, intentó
evitarlo, pero su pueblo le recordó que todos debían cumplir con la tradición. Con
tristeza, la joven caminó hasta la cueva del dragón, esperando su destino.

Justo cuando la bestia se disponía a atacarla, apareció un caballero montado en un


majestuoso caballo blanco. Era Sant Jordi, un valiente guerrero que había oído hablar
del dragón y había decidido enfrentarse a él.

El dragón rugió con fuerza y lanzó una llamarada, pero Sant Jordi esquivó el fuego y
cargó con su lanza. Tras una dura batalla, clavó su
arma en el corazón de la criatura. El dragón rugió
una última vez y cayó al suelo sin vida.

De la sangre derramada brotó un hermoso rosal de


rosas rojas. Sant Jordi cortó una flor y se la
entregó a la princesa en señal de paz y amor.

Desde aquel día, el reino vivió en paz y, en


Cataluña, cada 23 de abril se celebra el Día de
Sant Jordi. Es costumbre que los hombres regalen
rosas a las mujeres y que las mujeres regalen
libros a los hombres, en honor a la valentía y la
cultura.
La Leyenda del Lagarto de la Malena (Jaén)

En la ciudad de Jaén, hace muchos siglos, existía


una cueva cerca de la Magdalena donde vivía un
enorme y temible lagarto. Se decía que era tan
grande como un caballo, con una piel gruesa y
escamosa, y unos ojos brillantes que parecían dos
brasas encendidas.

Cada noche, el lagarto salía de su escondite y


devoraba todo lo que encontraba a su paso: ovejas,
caballos e incluso personas. El pueblo estaba
aterrorizado y nadie se atrevía a acercarse a su
cueva.

Los habitantes intentaron de todo para deshacerse de la bestia, pero ninguna trampa
funcionaba. Finalmente, el alcalde prometió que quien lograra vencer al monstruo
recibiría una gran recompensa y quedaría libre de cualquier castigo si era un preso.

Un joven valiente, que había sido condenado por un delito menor, aceptó el desafío. No
tenía armas, pero usó su ingenio: llenó un gran saco con pólvora y lo cubrió con una piel
de oveja para que pareciera un animal. Luego, se acercó sigilosamente a la cueva y dejó
el saco cerca de la entrada.

El lagarto, hambriento, salió de su escondite y, al ver la supuesta oveja, la devoró de un


solo bocado. Justo en ese momento, el joven encendió una antorcha y la lanzó dentro de
la boca del lagarto.

El fuego hizo explotar la pólvora y el monstruo cayó al suelo sin vida. El pueblo celebró
con alegría la hazaña del joven, quien fue liberado y recibido como un héroe. Desde
entonces, la historia del Lagarto de la Malena se ha contado de generación en
generación y sigue siendo un símbolo de la ciudad de Jaén.

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