Yocasta la mujer deseante
Para realizar el siguiente trabajo decidí analizar el personaje de Yocasta, el cual rompe con
la concepción de mujer que se tenía en la Grecia Antigua. Desde esta perspectiva patriarcal
la mujer se ve objetivada y reducida en los roles de madre y esposa. Yocasta, lejos de ser un
mero personaje, representa un quiebre simbólico, ubicando a la mujer como mujer
deseante, devolviéndole así el estatuto de sujeto.
Para comenzar, desarrollaré brevemente el rol social de la mujer en la Antigua Grecia. Para
ello me serví del libro Política de Aristoteles. Según este pensador los hombres, las mujeres
y los esclavos tienen diferentes naturalezas que los asignan en distintas posiciones sociales.
Los últimos dos mencionados no tienen naturaleza gobernante, por lo cual resultan ser
esclavo y esclava. Menciona también que, si bien la virtud moral es propia de los
individuos, no es la misma la prudencia del hombre que la de la mujer, como tampoco lo es
la fortaleza ni la justicia. Por lo tanto, el hombre es más apto por naturaleza para mandar y
la mujer para servir. A diferencia del esclavo, la mujer tiene la facultad deliberativa, pero
sin autoridad. A su vez explica que la misma tiene que ser educada para que cumpla su rol
social debidamente. Su educación reside en capacitarlas para que sean buenas esposas y
madres, más que para prepararlas para la vida pública o política. A su vez, deben ser
guiadas y protegidas por los hombres, dado a ser consideradas por Aristóteles como
irracionales. La maternidad ocupa el rol fundamental de la mujer y contribuye al bienestar
de la polis. La misma no es entonces, una cuestión privada o personal, sino que la piensa
desde la comunidad. La madre es la responsable de transmitir valores y enseñanzas a los
niños, aunque debe ser supervisado por el hombre, para que de esta manera se críen a
ciudadanos virtuosos. Explica también que el cuidado y la crianza son funciones naturales
de las mujeres (Aristoteles, 2019).
Se puede observar aquí, como la mujer era considerada como objeto, en donde su función
residía en “madre” y “esposa”. Estas palabras definían la totalidad de sus posibilidades, y
las mismas estaban determinadas, según Aristóteles, por su naturaleza. Es decir, que no
existía desde esta perspectiva, un lugar en el que las mujeres puedan ser sujetos, en donde
puedan desear, interrogarse sobre su vida o sobre lo que quieren ser. Y aquí reside lo
interesante del personaje de Yocasta en la obra de Sófocles, ya que este personaje no
cumple con la concepción de genero de esa época.
Un indicio sutil, pero interesante, que pude dar cuenta en la obra en donde se comienza a
develar la relación incestuosa, es cuando Yocasta entra a la escena. Edipo acusa a Creonte
de conspiración y traición, y Yocasta enojada interviene en la discusión. El tono de la
misma, elegido por Sófocles, no es el usual entre marido y mujer, sino que se asemeja más
al de una madre retando a dos niños. La misma entra a la escena ya no desde un lugar de
mujer sumisa, silenciada, como proponía el rol de genero de la época, sino más bien, con
una actitud imponente y de autoridad, interesada en los asuntos públicos que afectan a
Tebas.
Crespo (2020) explicó que el rasgo central de Yocasta, que ofrece Sófocles en el mito, es
que ella concede matar a su hijo junto con Layo. Expresa que la misma decide salvar la
vida de su marido por encima de la de su hijo. Esa responsabilidad es ocultada en el inicio
de su relato y adjudicada a la crueldad de Layo, pero más adelante, el servidor afirmará que
había recibido al bebe en manos de su madre para hacerlo morir. Ahora bien, en la obra no
se la posiciona a Yocasta como una víctima femenina convencional, sometida a la decisión
del hombre. La enunciación del mensajero le confiere la culpa moral de ser una madre
desnaturalizada. El consentimiento de Yocasta, la ubica en una posición típica varonil: sin
ternura maternal y femineidad ‘natural’. Crespo (2020) propone que la misma busca, junto
con Layo, permanecer en la cima del poder al igual que lo haría un varón. Es por eso que
Yocasta queda condenada y destinada a la destrucción, por haber obrado con conciencia y
deliberación, ocultando desde el inicio de la obra, sus intenciones y deseos. Es por eso que
no hay expiación de su falta. Crespo (2020) propone que Yocasta queda ubicada como
mujer, esposa, hermana y mediadora, pero no como madre.
A partir de esta interpretación, se puede pensar entonces a Yocasta como un sujeto deseante
y agente de su deseo. La misma resulta ser una madre fallida, que corrompe su naturaleza
de objeto. Cae con ella la imagen epocal de la mujer como madre absoluta, protectora y
enternecida, y se la devela como lo que es, un ideal más que una cuestión natural. Es ahora
una mujer en falta, incompleta e imperfecta, una mujer que desea lo más aberrante, a su
hijo. Queda, de esta manera, ubicada en el estatuto de sujeto. Lacan (1973) menciona que el
sujeto es el efecto de la falta, que es lo que lo constituye como tal.
Crespo (2020) explica que, cuando Yocasta al fin comprende que Edipo es su hijo, toma la
decisión de seguir conviviendo como marido y mujer. Esto se puede observar en su
insistencia de no seguir escarbando, para que no se revele el origen de Edipo. El poeta lo
deja en evidencia cuando Yocasta expresa que Edipo no debe sentir temor ante el
matrimonio con su madre, ya que muchos mortales han tenido sueños incestuosos.
Una vez revelado el origen de Edipo, Yocasta es develada ante sí misma y el pueblo entero.
Es la condena social la que no puede soportar, no el incesto. Yocasta es culpable de desear.
Queda en evidencia como decidió conciliar con su deseo incestuoso, mediante el silencio y
el ocultamiento. Se cumple aquí una doble desobediencia, en tanto a mujer, ya no como
objeto sino como sujeto, y en tanto a madre incestuosa. De esta manera, en lo que refiere a
la época, lo femenino está perdido en ella. Sófocles, en su obra, inscribe la pregunta por la
mujer y se pone en contacto con lo imposible: no existen respuestas ante la conducta de
Yocasta, al menos no desde el marco teórico existente. Una posible interpretación podría
ser que decide morir dado a la vergüenza que sentía al ser expuesta ante el pueblo, o por la
condena social. Aunque también se puede pensar que, ante este vacío y desesperación que
genera la no existencia de respuestas, este personaje se suicida, huye de la escena. En
contraposición, Edipo, que tiene otro peso sobre si, se quita los ojos y se exilia, pero no
muere.
Crespo (2020) menciona que Yocasta elije la muerte de mujer por excelencia, la más
cobarde: el ahorcamiento. Se podría pensar que es el último intento desesperado de Yocasta
de volver a ocupar un rol femenino, objetivado, pero al menos, ante el vacío, un lugar social
al fin.
Ahora bien, los poetas no configuran los mitos de la misma manera, sino que son
susceptibles a variaciones, y esto ocurre con la muerte de Yocasta. Flores (2023) analizó el
suicidio de Yocasta en Fenicias de Eurípides, en donde la misma decide utilizar una espada
para atravesar su garganta, y hacer el acto público. Propone que el mismo es un acto
político, ya que el uso de la espada en la época clásica, estaba restringido al género
masculino. Son los hombres, los únicos autorizados en empuñar la espada para matar, ya
sea a otros o a ellos mismos. Explicó también que las mujeres, solamente tenían la opción
de ahorcarse, preferentemente en la cámara nupcial. Es por eso que Flores (2023) propone
en su investigación que es una muerte heroizada, a diferencia de la cuerda, que representa
una deshonra para la esposa. La tragedia no permite que las mujeres tengan una muerte
heroica, pero Eurípides decidió transgredir esta concepción. A su vez, Flores (2023) plantea
que Yocasta tiene otras intenciones al suicidarse en contraposición a la versión de Sófocles.
Ya no sería por la vergüenza del incesto cometido, sino más bien, luego de fracasar en su
intento por solucionar el enfrentamiento de Eteocles y Polinices. De esta manera, Yocasta
no solamente utiliza una espada, símbolo masculino, sino que además se involucra en
cuestiones políticas. Su muerte podría representar entonces como una protesta ante la
concepcion de mujer existente, reusandose a ser objeto. Se la podría pensar entonces como
el ultimo intento de revelación, como un sujeto capaz de tomar decisiones.
En conclusión, en ambas versiones Yocasta es un símbolo de rebeldía y de lucha ante la
opresión de la mujer. Si bien resulta tentador quedarse con la aberración de su acto
cometido, es importante resaltar que, gracias a este, se produce el corrimiento de la
concepción de la mujer como objeto, ubicándola como un sujeto en falta. Y esto es lo que
permite constituir a este personaje como deseante, desafiando las normas sociales de la
época. En definitiva, el deseo solamente tiene lugar ante una falta.
Bibliografía
Aristóteles. (2019). Política. LeBooks Editora. (Original publicado en 350 a.C.)
Crespo, M. I. (2020). La heroína silenciada: Yocasta en Edipo rey. En L. Conti Jiménez, R.
Fornieles Sánchez, M. D. Jiménez López, L. M. Macía Aparicio, & J. de la Villa
Polo (Eds.), Δῶρα τά οἱ δίδομεν φιλέοντες (pp. 369-376). UAM Ediciones.
Flores, C. (2023). El suicidio de Yocasta en Fenicias (410 a.C.) de Eurípides: hacia una
caracterización. Estudiante, Facultad de Ciencias Humanas, UNLPam.
Lacan, J. (1973). Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.
[Nombre del editor, si es aplicable].
La heroína silenciada: Yocasta en Edipo rey
[Link]
1614522507=&response-content-disposition=inline%3B+filename
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Pero el rasgo central que suma Sófocles al mito de Yocasta es la responsabilidad en la exposición
de su hijo neonato³. En respuesta al oráculo, Yocasta salva la vida de su marido por sobre la de su
hijo. Esta responsabilidad es ocultada en su relato y adjudicada solo a la cruel voluntad de Layo
(vv. 717–720). Pero cuando el pastor afirma que recibió al bebé de manos de su madre (vv. 1172–
1174) para hacerlo morir, la enunciación le confiere una culpa moral sin atenuantes: es una madre
desnaturalizada⁴. A Sófocles no le interesa ahondar enlas razones de Yocasta para consentir la
destrucción de su hijo y participar de ella en persona. Podría haberse sugerido que, como mujer,
estaba sometida a la decisión del varón, o que esperaba que el niño fuera salvado: una posición de
víctima femenina convencional⁵. Por el contrario, su consentimiento activo la ubica en una
posición varonil: sin ternura maternal, sin femineidad «natural», conforme con permanecer en la
cima del poder sin generar descendencia, es decir, como un varón (y como Clitemnestra, con
quien comenzamos): como un sujeto que elige a quien amar⁶ y que por tanto se ha sustraído al
imperativo de la naturaleza. Yocasta queda destinada, también ella, a la destrucción, porque ha
obrado a conciencia y lo ha ocultado al esposo que ama, por lo que no hay expiación de su falta⁷. A
esto Sófocles le suma el deseo. Pero de eso hablaremos en un instante.
SI YOCASTA SABE QUE EDIPO ES SU HIJO, ELLA PRIORIZA EL PODER
Esta Yocasta que se permite dudar, opinar y actuar se permite también lo inefable de lo inefable:
el deseo, y el deseo incestuoso. Al interior de la pieza ella actúa como mujer, esposa, hermana y
mediadora, no como madre.
Cuando por fin comprende que él es su hijo, acepta implícitamente la posibilidad de seguir
conviviendo como varón y mujer. Por medio de la ironía trágica, el poeta lo anticipa en su
interpretación de los sueños incestuosos de los varones, por los cuales —afirma— no hay que
preocuparse (980–983). En tanto ella pueda controlar el devenir de los acontecimientos, en el
lapso que precede al develarse de la veracidad del oráculo, elige ese éros en libertad: solo se
aparta cuando todo se hace público, porque sabe que no sobrevivirá a la condena social: somos
testigos de su agonía en el crescendo dramático hacia la verdad. Cede, en un arranque de furor
previsiblemente «femenino», cuando todo está perdido. El poeta nos enfrenta a un personaje de
mujer con sentimientos y deseos extremos, más, quizás, que los de ninguna otra de su obra
conservada.
Yocasta es un personaje complejo y enigmático. No es una víctima femenina, sino una figura activa
con pluralidad de roles. Silenciosa en sus motivaciones ysentimientos, exhibe
unaconfianzayunaintimidadconEdipoajenasalasque marido y mujer mostraban en el teatro de
Dioniso. Con la autoridad genuina de una reina, de palabra equilibrada y convincente, sostiene la
voluntad de seguir su deseo, de sobrevivir y buscar la supervivencia de quien ama. Madre cuya
ausencia de rasgos «maternales» deja espacio para una erotización sutil pero indiscutible, Yocasta
se ve obligada, al fin, a resignarse a una «muerte de mujer». No hay en ella debilidad de carácter,
sino genuina desesperación al comprender el alcance de unas acciones que, paradojalmente, la
llevarán a morirporlasoga,lamuertemá[Link]ón creada por el
poeta genera, a falta de análisis, apelativos crueles: mujer no mujer (1256), «no lugar de muerte»,
«madre mortífera» (Maritan 1996: 57). El escándalo no alcanza solo a los antiguos espectadores
sino también a los modernos críticos. Por ello, la fuerza perturbadora de una mujer que porta la
marca de la rebeldía contra la ley de la cultura patriarcal se esfuma ante el horror del incesto y es
suplida por la piedad (y el espanto) ante la tragedia del que ha elegido sobrevivir: Edipo.
[Link]
En relación con este fragmento, Isabelle Gèraud (2017), quien caracteriza el suicidio de Yocasta en
Fenicias en comparación con Edipo rey (430 a.C.) de Sófocles, La Tebaida (90-91 d.C.) de Estacio y
el Romance de Tebas (1150) de un autor anónimo, le atribuye un significado simbólico particular al
método de suicidio de este personaje femenino. Según sus palabras, el uso de la espada en la
época clásica está restringido al género masculino, de modo que los hombres son quienes
únicamente están autorizados a valerse de él en el acto de matar (ya sea a los demás o a ellos
mismos). Por el contrario, a las mujeres solo les queda una sola opción: ahorcarse y
preferentemente en el espacio acotado de la cámara nupcial. No solamente están condicionadas
en su comportamiento a lo largo de su vida, sino también en el momento de sus muertes. Sin
embargo, Yocasta elige quebrantar esta tradición y, por ende, Gèraud concluye que la elección de
la espada tiende a heroizarla, a diferencia de la cuerda que convierte en deshonra a la esposa
trágica. Prevalece, entonces, una función puramente política en su muerte. Esto va en contra de
los preceptos literarios clásicos: Gèraud afirma que tanto la épica como la tragedia
convencionalmente no les posibilitan a los personajes femeninos una muerte heroica propia de los
guerreros; no obstante, Eurípides en Fenicias elige alterar tal precepto.
LA POLITICA ARISTOTELES
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[Link]
Mas en tierra de barbaros, las mujeres t los siervos tienen un mismo grado de honra y dignidad.