Literatura
Contemporánea II
Poema: Cantares.
Filología Hispánica
Vino, sentimiento, guitarra y poesía No importa la vida, que ya está perdida.
hacen los cantares de la patria mía ... Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida? ...
Cantares... Cantares ...
Quien dice cantares, dice Andalucía. Cantando la pena, la pena se olvida.
A la sombra fresca de la vieja parra, Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte;
un mozo moreno rasguea la guitarra ... ojos negros, negros, y negra la suerte.
Cantares ... Cantares ...
Algo que acaricia y algo que desgarra. En ellos, el alma del alma se vierte.
La prima que canta y el bordón que llora ... Cantares. Cantares de la patria mía ...
Y el tiempo callado se va hora tras hora. Cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares … Cantares ...
Son dejos fatales de la raza mora. No tiene más notas la guitarra mía
El autor de este poema es Manuel Machado (1874-1947) fue un destacado poeta español, hermano
mayor del también renombrado poeta Antonio Machado. Nació en Sevilla y fue una figura esencial
del modernismo y la poesía modernista, aunque con una fuerte vinculación con las tradiciones
populares de Andalucía. Cantares, escrito en 1905, es uno de sus poemas más emblemáticos, y en
él se reflejan su amor por Andalucía, la influencia del simbolismo y la capacidad de la poesía para
expresar emociones profundas y complejas. El poema pertenece al libro “Alma” en el que el mismo
poeta afirma que he plasmado su alma, su propio sentir.
En Cantares, la repetición de la palabra "cantares" sirve como anáfora, creando una sensación de
estribillo, muy característica de la música popular andaluza, que es el alma del poema. La idea
central gira en torno a la identidad de Andalucía, cuya esencia se encuentra en la música y en los
cantares. A lo largo de todo el poema, la guitarra y el cante se presentan como símbolos de un alma
popular que trasciende el tiempo y refleja las emociones más profundas de la región.
La primera estrofa establece inmediatamente la relación entre "vino, sentimiento, guitarra y
poesía", elementos que definen a Andalucía. Aquí, la guitarra no solo es un instrumento, sino un
símbolo de la identidad cultural, mientras que el "sentimiento" se mezcla con el vino, evocando las
sensaciones de la vida andaluza, marcada por el placer, pero también por la nostalgia. La repetición
de "cantares" en esta estrofa no solo refuerza la idea de la música como un elemento esencial de la
patria, sino que también hace eco de la tradición popular, vinculada al sufrimiento y la belleza.
En la segunda estrofa, la imagen de un "mozo moreno rasguea la guitarra" en la "sombra fresca de
la vieja parra" evoca una estampa rural y atemporal de Andalucía. Aquí, Machado utiliza la
metáfora para sugerir que la guitarra no solo es un instrumento musical, sino un vehículo de
emociones. El "bordón que llora" y la "prima que canta" son ejemplos de personificación,
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otorgando a la guitarra una dimensión humana. La música no solo "acerca", sino que también
"desgarra", mostrando la antítesis que se da entre la belleza del arte y el dolor de la vida.
En la tercera estrofa, el poeta alude a la influencia histórica de los moros en Andalucía, lo que
representa un legado cultural y racial que no se puede escapar. La frase "Son dejos fatales de la
raza mora" se refiere a una hipérbole de la persistencia de esta herencia cultural. El sentimiento de
fatalismo se refuerza con la reflexión sobre el sentido de la vida: "No importa la vida, que ya está
perdida". La elipsis en la frase "¿qué es eso, la vida?" crea un vacío existencial que resalta la falta de
respuestas claras ante el sufrimiento, está también podría ser una pregunta retórica.
La cuarta estrofa introduce una reflexión filosófica sobre el sufrimiento y la aceptación del destino.
La repetición de "pena" y "madre" en "Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte" muestra una
reiteración que vincula estos términos como parte de un ciclo fatal. La vida, marcada por el dolor y
la muerte, es vista con resignación, como si todo fuera parte de un mismo destino inexorable.
El poema concluye con la afirmación de que "Cantares son sólo los de Andalucía", un regreso a la
idea de que el alma de la región se encuentra en la música, en la guitarra y en el cante. La
repetición de "Cantares" cierra el ciclo, sugiriendo que la música es una constante que, a pesar de
las penas y el sufrimiento, ofrece consuelo al olvidar el dolor a través de la voz y el arte.
Formalmente el poema está compuesto por una serie de estrofas, cada una de ellas con versos de
octosílabo (ocho sílabas métricas por verso), un verso muy utilizado en la poesía tradicional
española, especialmente en el romance y en la poesía popular. La musicalidad del poema se ve
reforzada por esta técnica repetitiva, dando al poema un tono casi lírico, como una canción que
fluye constantemente, así como la aliteración de las /r/ en el verso “ Algo que acaricia y algo que
desgarra”. El poema sigue una rima consonante de forma irregular, pero mantiene un esquema
general que se aproxima a la rima consonante de tipo ABAB en algunas estrofas. El uso de la rima
contribuye a la sonoridad del poema y también al vínculo con la tradición oral, característica de los
cantares y las coplas populares. En algunas estrofas, la rima se presenta de forma menos
estructurada, lo que contribuye a un estilo más libre y fluido, acorde con la espontaneidad que
evoca la guitarra y la voz del pueblo. Este recurso es muy característico del Modernismo y
simbolismo.
Finalmente, el poema es muy expresivo y refleja el sentir del alma del escritor. Es sencillo, fácil de
leer y transporta a un mundo en el que es fácil percibir lo que es ser un andaluz.