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conservacion-y-el-desarrollo-como-impulsar-su-crecimiento-sostenible/202408/
Especial Guardianes de la Amazonía y la Orinoquía
Amazonía y Orinoquía: entre la
conservación y el desarrollo. ¿Cómo
impulsar su crecimiento sostenible?
Las dos regiones más biodiversas de Colombia se enfrentan a serios retos para alcanzar un
desarrollo sostenible que no comprometa su riqueza natural. Esto proponen autoridades y
expertos ambientales.
Redacción Semana
28 de junio de 2024, 3:10 p. m.
La Orinoquía y la Amazonía colombiana son dos de las regiones más biodiversas del país,
con vastos recursos naturales que albergan una riqueza inigualable en flora y fauna. Sin
embargo, el desarrollo sostenible en estas áreas enfrenta retos que necesitan ser atendidos
para no comprometer su valioso entorno natural.
La deforestación, la ganadería extensiva, la minería ilegal y la falta de infraestructura son
algunos de los principales obstáculos. Según el Ministerio de Ambiente, en la Amazonía se
talan aproximadamente 150.000 hectáreas de bosque cada año. Esta práctica no solo amenaza
la biodiversidad, también afecta los servicios ecosistémicos vitales, como la regulación del
clima y la provisión de agua.
“La conservación de la Amazonía representa el desafío más urgente de nuestro tiempo. Este
vasto ecosistema alberga una biodiversidad única y es crucial para el equilibrio global y la
preservación de la vida en la Tierra. Sin embargo, enfrentamos amenazas como la minería
ilegal, la contaminación con mercurio en los ríos y la presencia de grupos armados, que ponen
en riesgo tanto a nuestra población como a nuestra riqueza natural”, reconoció el gobernador
del Amazonas, Óscar Sánchez.
Lo mismo piensa el gobernador del Putumayo, Carlos Andrés Marroquín, quien añadió la
falta de infraestructura básica y acceso limitado a tecnología, así como la necesidad de
mejorar la formación técnica para impulsar proyectos sostenibles. “Enfrentamos graves
problemas de seguridad debido a la presencia de grupos armados y conflictos vinculados al
narcotráfico, que han impactado negativamente en nuestra región, afectando la inversión, el
turismo y aumentando la presión sobre nuestros recursos naturales”.
En la Orinoquía, el departamento de Arauca, con sus 9 áreas protegidas que abarcan
530,190.21 hectáreas, además de 8 reservas naturales y una economía diversificada, enfrenta
también un desafío y es establecer nuevas áreas de conservación y promover prácticas
sostenibles en ganadería y cultivos como el cacao. Según Renson Jesús Martínez, gobernador
de Arauca, están implementando acciones para mitigar el cambio climático y restaurar
bosques vitales.
Además, Martínez dice que buscan promover la economía forestal, apoyar negocios verdes
registrados ante el Ministerio de Ambiente y fortalecer cinco reservas naturales de la sociedad
civil con turismo y bioeconomía. “Estamos implementando acciones de mitigación y
adaptación al cambio climático, con provisión de agua y energías alternativas en ganadería
sostenible y cacao sin deforestación”, añadió.
La expansión de la frontera agrícola y ganadera es otra amenaza, exacerbada por la falta de
planificación territorial. Sin embargo, también existen oportunidades para un desarrollo
económico sostenible mediante el turismo ecológico, la agricultura sostenible y la
bioeconomía.
“Nuestro plan de desarrollo promueve una población con múltiples medios de sustento para
reducir la presión sobre nuestros recursos naturales. Incluye diversificar cultivos
agroforestales como la chagra, mejorar la infraestructura para acopio y transformación de
productos, fomentar cadenas cortas de comercialización, fortalecer asociaciones
comunitarias e incentivar un turismo ecológico que minimice su impacto ambiental”, explicó
Sánchez.
El Vichada enfrenta también otros retos como su ordenamiento territorial para desarrollarse
de manera respetuosa con los ecosistemas y la biodiversidad, mientras que aprovecha sus
vastas áreas aptas para cultivos y turismo sostenible. “Las oportunidades radican en
implementar biotecnología y agroforestería comunitaria, así como en el uso sostenible de
productos no maderables del bosque como los frutos del moriche”, precisó Alcides Aguilera,
secretario de Agricultura y Desarrollo Económico del Vichada.
Para el Vichada es crucial conservar más de 6 millones de hectáreas y desarrollar
responsablemente otras 4 millones para la agricultura de bajo carbono, reduciendo así las
emisiones de gases. “El Plan de Ordenamiento Territorial también es fundamental para
estructurar este crecimiento estratégico y fortalecer la producción agrícola interna para
alcanzar la seguridad alimentaria y proteger la selva amazónica”, explicó Aguilera.
Riqueza natural
La bioeconomía, que implica el uso de recursos biológicos renovables para la producción de
bienes y servicios, es otro pilar clave. Iniciativas como el cultivo y comercialización de
plantas medicinales y aceites esenciales no solo proporcionan ingresos, sino que promueven
la conservación de los ecosistemas.
“Hemos identificado una importante oportunidad vinculada a la creciente demanda de
productos orgánicos y sostenibles, como el ASAI, una fruta amazónica con beneficios
nutricionales y farmacéuticos, que también contribuye a servicios ecosistémicos como la
generación de nutrientes para el suelo y la captura de CO2. Aprovechando el interés global
en la sostenibilidad, estamos seguros de que existe un mercado asegurado para estos
productos y servicios de bioeconomía, promoviendo así la agricultura sostenible como una
solución viable para generar ingresos dignos”, resaltó el gobernador del Putumayo.
Además, dijo que es crucial invertir en capital humano. “Los conocimientos ancestrales de
nuestros campesinos y comunidades étnicas sobre el uso sostenible de recursos naturales
pueden integrarse efectivamente en estrategias de agricultura sostenible, bioeconomía y
ecoturismo”.
Actualmente, la gobernación del Amazonas trabaja también con actores locales y nacionales
en proyectos que fortalecen cadenas productivas clave como frutos amazónicos, piscicultura,
cacao, y productos forestales maderables y no maderables.
“Hemos implementado iniciativas como el pago por servicios ambientales e incentivos a la
conservación en la microcuenca de la quebrada Yahuarcaca, vital para el abastecimiento de
agua de la capital departamental. Nuestro enfoque también incluye la creación de un centro
de transformación productiva para actividades de bioeconomía, con la aspiración de contar
con el respaldo del Ministerio de Ambiente en este esfuerzo”, añadió el gobernador Sánchez.
Por su parte, Juan Camilo Cárdenas, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad
de los Andes, advirtió que cambiar la mentalidad de los modelos de desarrollo rural
tradicionales es vital para estas regiones. “Adaptar el modelo agrícola y pecuario de otras
regiones a la Orinoquía y Amazonía podría ser un error. Un modelo de bioeconomía y
agricultura sostenible para estas áreas debe considerar el manejo de zonas inundables,
fluctuaciones entre sequías y épocas húmedas, vegetación de sabanas y selvas, suelos pobres
en nutrientes, nuevas formas de irrigación, y la protección de corredores ecológicos para
evitar la fragmentación”, explicó el experto.
El camino al cambio
Para avanzar hacia un desarrollo sostenible en la Orinoquía y la Amazonía, es necesario que
los gobiernos, las empresas y las comunidades trabajen juntas.
“Avanzar hacia una economía baja en carbono implica transiciones centradas en
bioeconomía, bienestar de las comunidades y estrategias de restauración. Este enfoque
permite enfrentar los desafíos de cambiar los sistemas alimentarios para lograr una
producción con beneficios sociales y ecológicos, aprovechar estos sistemas en el turismo
rural y de naturaleza, e integrar áreas para la restauración productiva y la conectividad de
regiones de alta importancia ambiental”, explicó Alejandra Laina, gerente de Recursos
Naturales del World Resources Institute (WRI).
Para eso, se necesita fortalecer las alianzas público-privadas y es crucial identificar
financiamiento a largo plazo, mejorar cadenas de suministro y comercio rural-urbano, y
promover la restauración y ordenamiento territorial sostenible, opina la experta. “Colaborar
con gobiernos, comunidades y sector privado permitirá financiar y establecer acuerdos
duraderos, superar barreras de política, fomentar circuitos cortos de comercialización y
avanzar en bioeconomía y restauración, mejorando la calidad de vida y recuperando
ecosistemas”, añadió la experta.
Es crucial también que todas las actividades agrícolas, turísticas y de aprovechamiento
territorial incluyan acciones de conservación y medidas regenerativas que contribuyan a la
recuperación de los ecosistemas, agregó Jeimy Cuadrado, coordinadora de Recursos
Naturales y Medios de Vida Sostenibles WWF Colombia, sobre el potencial de estas
regiones.
Actualmente, WWF apoya a unas 50 comunidades en el fortalecimiento de sus medios de
vida mediante el uso sostenible de la biodiversidad y los ecosistemas, potenciando economías
locales y prácticas sostenibles.
Otro de los temas cruciales es mejorar la infraestructura. Las carreteras y las instalaciones
básicas deben ser adecuadas para soportar un turismo ecológico sostenible y la
comercialización de productos de bioeconomía. Asimismo, la formación de las comunidades
locales en prácticas sostenibles y en el manejo de negocios es fundamental.
El apoyo gubernamental a través de políticas públicas sólidas es esencial. Una propuesta
concreta, según Cárdenas, sería que los recibos del agua de los habitantes de las zonas andinas
incluyan un rubro de compensación para la Amazonía y Orinoquía, destinando esos recursos
a la conservación de sus bosques.
“Esto reconoce la interdependencia entre estas regiones y el resto del país, compensando los
servicios que nos prestan. La Orinoquía y la Amazonía pueden construir relaciones de
colaboración con el resto del país, aportando a la seguridad alimentaria y proporcionando
servicios ecosistémicos cruciales. La provisión de agua en las ciudades andinas depende de
la estabilidad de los “ríos voladores”, cuya conservación en la Amazonía y Orinoquía es
esencial para garantizar el suministro de agua potable en Bogotá y otras ciudades,
especialmente ante la creciente volatilidad climática”, aseguró Cárdenas.
Del mismo modo opinó Giovanni Reyes-Moreno, profesor investigador de la Universidad
Nacional, sede OrinoquÍa, quien cree que los retos y oportunidades para un desarrollo
sostenible y un régimen de unidad nacional en Colombia se encuentran en la adecuada
gestión de estas regiones clave.
“Estas áreas presentan diferencias marcadas en sus ecosistemas y requieren políticas públicas
específicas que trasciendan gobiernos y se adapten a sus características únicas. Mientras que
la Orinoquía se compone de sabanas inundables adecuadas para la ganadería, la Amazonía
está cubierta por densos bosques tropicales con alta retención de carbono, pero también
vulnerables a incendios forestales y suelos pobres”, agregó el gobernador.
Las políticas deben ser, según el experto, estables y de largo plazo, enfocándose en la
fragilidad y biodiversidad de estos ecosistemas. “Es fundamental involucrar a las
comunidades locales en modelos de desarrollo como el turismo ecológico y la agroforestería,
asegurando que las prácticas sean sostenibles y culturalmente apropiadas. Además, la
intervención académica y multidisciplinaria puede proporcionar las herramientas necesarias
para lograr una integración efectiva y respetuosa de estos territorios dentro del desarrollo
nacional”, aseguró Reyes.
Es fundamental desarrollar estrategias para un crecimiento sostenible en estas regiones,
enfocándose en políticas públicas que protejan el medio ambiente y aprovechen los servicios
ecosistémicos disponibles. “Estas áreas poseen un enorme potencial económico a través de
la biodiversidad y otros recursos naturales, pero es crucial gestionarlos con ingenio y
responsabilidad para evitar la explotación desmedida. Además, las transiciones hacia
energías renovables y prácticas agrícolas sostenibles deben ser gradualmente implementadas
para mitigar impactos negativos a largo plazo”, recalcó Reyes.
El desarrollo sostenible en la Orinoquía y la Amazonía es un desafío complejo, pero también
es una oportunidad única. Si se logra encontrar un equilibrio entre la conservación y el
progreso económico, estas regiones pueden convertirse en un modelo de desarrollo sostenible
para el mundo.
“Las comunidades locales son las gestoras de la riqueza de sus territorios, su biodiversidad y
su cultura, son ellas quienes tiene la oportunidad y la responsabilidad de orientar el desarrollo
de sus territorios a modelos sostenibles, pues es el capital natural y social del que se derivan
los beneficios económicos que se pueden generar”, concluyó Cuadrado.