LA LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XIX
CONTEXTO SOCIOECONÓMICO Y CULTURAL
El siglo XIX es una época especialmente convulsa de importantes transformaciones en la que
se acumulan acontecimientos revolucionarios, guerras europeas y algunos de los hitos
científico-técnicos que influirán extraordinariamente en el desarrollo de la industria y las
comunicaciones.
Tras la Revolución francesa (1789) se inicia una paulatina desintegración del Antiguo Régimen
y la burguesía sustituye a la nobleza en unas ciudades cada vez más industriales y más
pobladas. Las ideas liberales se abren paso e imperan los gobiernos constitucionales
parlamentarios que defienden la soberanía popular y abogan por las libertades individuales
de pensamiento y expresión. También es la época de los nacionalismos, que acrecientan un
sentimiento patriótico que desencadena a la defensa de las peculiaridades lingüísticas,
culturales e históricas de los pueblos.
El espíritu romántico
El pensamiento ilustrado del siglo XVIII culminó con el estallido revolucionario que sacudió
Francia en 1789. La Revolución francesa cambió el concepto de súbdito por el de ciudadano,
sin embargo, terminó siendo un baño de sangre entre los propios revolucionarios. El general
Bonaparte se constituyó en emperador, pero quiso imponer sus ideas a través de la conquista
militar. A comienzos del siglo XIX, Europa es un enorme campo de batalla. Los nuevos
intelectuales y artistas perciben que el imperio de la razón ha fracasado y crece el sentimiento
nacionalista ante las injerencias napoleónicas. Esta situación influirá en un cambio de
mentalidad que se inició en Alemania e Inglaterra con el movimiento romántico.
El Romanticismo es un movimiento cultural que encuentra en la intuición, la imaginación y el
sentimiento una nueva forma de entender el mundo.
Las nuevas teorías políticas del Liberalismo propugnan la libertad del individuo: «Todo
individuo tiene derecho a pensar lo que quiera, creer lo que quiera, expresar lo que quiera,
organizar su vida como quiera, asociarse con quien quiera... pues estas acciones a él solo
afectan».
El Romanticismo supone el inicio de la «tradición de la ruptura». Si hasta entonces ser
«original» era actualizar un origen (la tradición clásica grecorromana, principalmente), ahora
la originalidad va a responder a las exigencias que los autores se marquen a sí mismos. Ser
original implica ser diferente. Esta idea continúa hasta nuestros días; de alguna manera, todos
somos artísticamente hijos del Romanticismo.
Los artistas románticos inician la exploración de la parte menos racional del ser humano. Son
las intuiciones del individuo y su libertad imaginativa las que impulsan las creaciones
románticas. Cobran importancia los ambientes nocturnos y misteriosos, la expresión
exacerbada de los sentimientos y las situaciones legendarias y fantásticas.
El siglo XIX en España
El inicio del siglo está marcado por la Revolución francesa y por la guerra de Independencia
contra la invasión napoleónica (1808-1812). El país, sumido en la guerra y el caos, ve en
Fernando VII la figura de un rey salvador. Sin embargo, el nuevo monarca reprime con
brutalidad cualquier intento reformador y fuerza el exilio en Inglaterra y Francia de
numerosos políticos, intelectuales y artistas. Entre ellos se encuentran jóvenes escritores
liberales como Espronceda y el duque de Rivas, que encontrarán en el exilio un motivo más
para insistir en sus anhelos de cambio y para entrar en contacto con la entonces nueva
estética romántica.
En medio de estas convulsiones políticas, las colonias americanas se rebelan contra la
metrópoli y en 1826 consiguen su independencia. Cuba, Puerto Rico y, en Asia, las Filipinas
continúan bajo el dominio español; sin embargo, al cabo de unas décadas su pertenencia a la
Corona fue un serio problema hasta su independencia en 1898. En este contexto, España
pierde protagonismo entre las naciones europeas que, por el contrario, inician una poderosa
expansión colonial en África y Asia.
Tras el fallecimiento de Fernando VII se suceden guerras entre partidarios de pretendientes
al trono (las guerras carlistas) y alzamientos militares, que impiden el desarrollo de una
política estable y reformadora. Continúan las restricciones al sufragio universal, a la libertad
de expresión y a la democratización de las instituciones.
Hacia la Restauración
Las clases adineradas (burguesía) pretenden un cambio de régimen que dé protagonismo a
sus aspiraciones de renovación. La revolución de 1868 fue el último de esos intentos. La
burguesía termina desencantada del espíritu revolucionario y se acomoda en su posición
económica. Esta clase social será la protagonista de muchas novelas del Realismo, y Galdós y
Clarín reflejarán su hipocresía e inmovilismo. El llamado régimen de la Restauración, ideado
por Cánovas del Castillo, impone un sistema estable pero falsamente democrático, ya que las
condiciones del voto (impuesto a menudo por un poderoso del lugar) conducían a la
alternancia de dos partidos (conservadores y progresistas) que apenas se distinguían
ideológicamente.
En estos años se fue tejiendo lentamente un sistema económico capitalista de empresas
textiles, siderúrgicas y mineras que, aunque aliviaron los problemas económicos del país,
generaron una clase trabajadora sin derechos ni condiciones de vida aceptables. Serán
precisamente los movimientos proletarios y del campesinado empobrecido los que
protagonizarán las luchas sociales desde finales de este siglo.
LA LITERATURA ROMÁNTICA
El triunfo del Romanticismo en España es un hecho tardío. Es posible encontrar aspectos
románticos en autores del siglo XVIII. Por ejemplo, en Las noches lúgubres (1790), José
Cadalso enmarca los sentimientos amorosos más radicales en un ambiente nocturno. Sin
embargo, la situación histórica hace muy difícil el desarrollo de la vida literaria. Ya en la
segunda década del siglo se introducen las ideas de los hermanos Schlegel, que contradicen
el modelo neoclásico de los ilustrados, y algunas publicaciones literarias animan a leer las
obras de escritores ingleses (Walter Scott, lord Byron...). Pero es a mediados de los años
treinta cuando puede hablarse de un conjunto de obras que determinan el triunfo de la
estética romántica en España: Larra publica sus artículos periodísticos, en 1834 se estrena la
obra teatral La conjuración de Venecia de Martínez de la Rosa, y un año más tarde, Don Álvaro
o la fuerza del sino del duque de Rivas.
El Romanticismo español presenta las siguientes características:
•LIBERTAD. El principio de libertad determina la literatura. Larra exigía «libertad en política,
sí, libertad en literatura, libertad en todas partes». El autor decide las formas de expresión y
no el código heredado del Neoclasicismo, ya que pretenden una renovación artística basada
en el rechazode las reglas y los modelos clásicos, y en la exaltación de la imaginación y la
inspiración (mezcla tonos, estilos, géneros...). Los dramaturgos rompen con la regla de las tres
unidades clásicas mencionadas ya por Aristóteles (acción, tiempo y lugar). Se entremezclan
los géneros literarios y se cultiva todo tipo de invención métrica.
•INDIVIDUALISMO. Este principio de individualidad se concreta en la expresión de lo
subjetivo. Así, por ejemplo, la aproximación a la naturaleza no supone una descripción del
entorno, sino la superposición del estado de ánimo del autor sobre lo descrito; si se siente
atormentado o melancólico, elegirá ambientes que responderán a su disposición: las
tormentas, la noche, las ruinas de templos y castillos abandonados...
•REBELDÍA Y CONTRADICCIONES. El romántico busca una felicidad imposible y choca con la
realidad.
•PASADO HISTÓRICO NACIONAL O REGIONAL (NACIONALISMO). La visión romántica lucha
contra un mundo materialista y vulgar, anhela una vida donde la mediocridad y la rutina no
tienen cabida. Por ello, los autores del Romanticismo español enmarcan los argumentos de
sus obras en la Edad Media (evasión en el tiempo) o en las culturas orientales (en el espacio).
El doncel de don Enrique el doliente de Larra o El señor de Bembibre de Gil y Carrasco son
novelas ambientadas en el medievo. El teatro recurrió igualmente a los tópicos medievales,
como
El trovador de García Gutiérrez. Habrá un tipo radical de evasión, el suicidio, que en el caso
de la literatura española alcanza a Larra.
•LOS SENTIMIENTOS FRENTE A LA RAZÓN. La sentimentalidad es un factor decisivo de la
expresión artística. El sentimiento amoroso protagoniza tantas obras que en la actualidad
romanticismo se interpreta como sinónimo del sentimiento idealizado del amor.
•La imaginación y la fantasía forman parte de la creatividad romántica. Los acontecimientos
legendarios y sin explicación racional protagonizan algunas de las obras más importantes del
periodo: El estudiante de Salamanca de Espronceda y las Leyendas de Bécquer.
•LOS CONFLICTOS SOCIALES. Se hace eco de las desigualdades y de las teorías del
humanitarismo social. Presenta a personajes marginados, pero libres, como los bandoleros y
los mendigos.
.................................................................................................................................................
LA POESÍA ROMÁNTICA
Es posible hablar de dos momentos en la poesía romántica española. Hay una primera época
de exaltación en la que la poesía es más narrativa que intimista (poesía épica o narrativa);
Espronceda es su máximo exponente. Posteriormente, a partir de mediados de siglo, sigue
primando la sentimentalidad (poesía lírica) en las obras de Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía
de Castro, pero en un tono íntimo y confesional (Posromanticismo).
JOSÉ DE ESPRONCEDA
Espronceda es la figura más destacada de la primera época del Romanticismo español. Su
vida, a contracorriente de las convenciones sociales, coincide con su obra literaria: es el poeta
de la libertad. Escribe poemas en torno a personajes marginales y rebeldes, como el pirata o
el mendigo.
En su trayectoria literaria se puede distinguir entre poesía narrativa (El estudiante de
Salamanca y El diablo mundo) y poesía lírica (La canción del pirata, El mendigo, El reo de
muerte o el «Canto a Teresa».
En su obra El diablo mundo introduce un largo poema en que lamenta la muerte de su amada
(«Canto a Teresa»). Poco tiene que ver con el argumento general de la obra, pero, como
explica el propio poeta, prefiere dar prioridad a sus sentimientos.
El estudiante de Salamanca (1840) es un extenso poema narrativo en el que se cuenta la
historia de don Félix de Montemar, un segundo don Juan, cínico, jugador y pendenciero
(recuerda al protagonista de El burlador de Sevilla). Espronceda proyecta en él el gusto
romántico por los personajes rebeldes y temerarios.
La poesía posromántica
En la segunda mitad del siglo, la poesía romántica va adquiriendo otras formas y otro tono.
Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro serán los protagonistas de esta segunda etapa de
la lírica romántica.
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
Gustavo Adolfo Bécquer nació cuando el movimiento romántico había entrado en decadencia
en Europa, pero representa la culminación del Romanticismo español. No fue un poeta
valorado en vida; aunque disfrutó de reconocimientos, fue sólo por sus artículos y narraciones
(las Leyendas). Publicó en periódicos algunos poemas (Rimas), aunque el conjunto de su
poesía fue editado póstumamente por unos pocos amigos.
Frente a la poesía «magnífica y sonora» que heredó de sus antecesores, prefirió, en palabras
propias, una más «natural, breve, seca, que brota del alma». Para ello, se inspiró en dos
tradiciones: por un lado, la de la poesía alemana (la de los poemas breves de Heine) y, por
otro, la popular de las canciones tradicionales. Sus poemas tienden a la brevedad y a la
sencillez métrica. Esta depuración de las formas métricas y de los tonos grandilocuentes lo
hizo precursor de la poesía del siglo XX.
De su producción en prosa destacan Cartas literarias a una mujer, Cartas desde mi celda y
Leyendas (de entre las que sobresalen «El rayo de luna», «El monte de las ánimas» o «Los
ojos verdes»).
Su obra poética se reduce a Rimas, en la que se tratan diversos temas, que combina a menudo
en un mismo poema:
•El sentimiento amoroso, en ocasiones pleno de felicidad, pero con frecuencia desdichado. A
pesar de que el poeta tuvo distintas amadas, los poemas de amor pueden referirse
simplemente a una imagen idealizada más que a una persona real.
•En sus versos surge con frecuencia la poesía. Llegó a concebirla como una síntesis de
inspiración y de técnica.
•El desaliento ante una vida triste e insípida, y la premonición angustiosa de la muerte
aparecen incluso antes de que el deterioro de su salud apuntase su prematura desaparición
a la edad de 34 años.
La ordenación temática de los poemas de Rimas es la siguiente:
-I-XI. La poesía como algo inexplicable.
-XII-XXIX. El amor tratado de forma positiva.
-XXX-LI. El amor desengañado, el fracaso amoroso.
-LII-LXXI. La soledad y la muerte como resultado del fracaso.
ROSALÍA DE CASTRO
Castro es, junto con Bécquer, la figura del siglo XIX más admirada por los poetas posteriores.
Su poesía continúa el tono melancólico e íntimo de la poesía posromántica. Sin embargo,
muestra, en comparación con Bécquer, una serie de características muy personales:
•Ella escribe su obra poética en dos lenguas. Sus primeros poemarios importantes están
escritos en gallego: Cantares gallegos (1863) y Follas novas (Hojas nuevas, 1880); en aquel
momento, estas obras supusieron la recuperación de la lengua gallega para la literatura. En
1884, se publica en castellano En las orillas del Sar.
•Su obra presenta más variedad temática que las Rimas de Bécquer. Además del dolor íntimo
ante la vida y la intuición de la muerte, expresa su lamento por los emigrados y la gente
necesitada.
•Igualmente, las formas métricas de la autora también son más variadas: versos alejandrinos
y decasílabos, además de los endecasílabos que combina de manera innovadora con
octosílabos y no con el heptasílabo. Tiende, como Bécquer, a rimar en asonante.
•La naturaleza aparece más detallada, más cercana y sentida que en la poesía de Bécquer.
Con frecuencia los elementos naturales simbolizan ideas e intuiciones (el roble: las gentes
gallegas; el camino: la vida).
LA PROSA ROMÁNTICA
En la prosa romántica se desarrollaron 3 géneros:
-La novela histórica. Trata temas de la historia de España, ambientados principalmente en la
Edad Media (El doncel don Enrique el Doliente de Larra).
-El cuadro de costumbres. Se trata de la descripción inmovilista de una realidad social típica,
sin desarrollo dramático. Recrea temas de la actualidad del momento recurriendo a un
lenguaje popular y expresivo (Escenas matritenses de Ramón de Mesonero Romanos).
-El artículo periodístico. Nace del éxito que adquirió la prensa periódica, convertida en un
medio de comunicación imprescindible. Los románticos se sirven del periódico para transmitir
sus ideas de progreso, propiciando el nacimiento de un nuevo género, el artículo periodístico,
que se caracteriza por la utilización de una prosa llana y directa, y por su tono didáctico.
LARRA: ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS
Mariano José de Larra fue autor de dramas y novelas históricas ambientadas, al gusto
romántico, en la Edad Media. Pero su importancia para la historia de la literatura española se
encuentra en sus artículos de prensa. A comienzos de siglo, el periodismo experimentó un
crecimiento notable a través de periódicos y revistas en las que los escritores publicaban
relatos, cuadros de costumbres y artículos de muy variada temática. Larra publicó, casi
siempre bajo pseudónimo, una enorme cantidad de artículos en los que criticó las costumbres
bárbaras y los malos modales de la sociedad, como opinar sin conocimiento ni equidad o
actuar llevados por la pereza y la rutina. También fueron objeto de su sátira los personajes
hipócritas y presuntuosos. Los artículos de costumbres son breves composiciones en prosa de
carácter descriptivo, con cierto sentido del humor.
En sus artículos de crítica política busca distintas fórmulas literarias para evitar la censura
(parodias, fantasías literarias, diálogos entre personajes, etc.).
En los artículos de crítica literaria difunde sus teorías sobre la literatura y defiende la idea de
que el escritor debe adoptar una postura comprometida. Muchos de estos artículos están
dedicados a la crítica teatral. Larra considera el teatro como el medio más adecuado para
educar al pueblo.
TEATRO ROMÁNTICO
El drama romántico presenta las siguientes características:
• La necesidad de una libertad creativa hace que se rompa con la regla clásica de las tres
unidade
•ASPECTOS FORMALES. Los dramaturgos románticos prefieren el verso a la prosa, pero, en
un nuevo ejemplo de libertad creativa, no dudan en combinarlos.
•TEMAS Y FINALIDAD: El amor imposible más allá del bien y del mal, el azar, la libertad, la
venganza y la rebeldía política o moral.
•PERSONAJES Y ESCENARIOS. Los protagonistas simbolizan personajes poco convencionales
arrebatados por la pasión. El héroe es un ser misterioso, valiente, amante de la libertad, que
busca la felicidad inalcanzable y cuyo destino es desgraciado. La historia se ambienta en
panteones, paisajes solitarios y abruptos, mazmorras, cuevas y montañas. Al igual que en la
novela y en tantos poemas románticos, se elige a menudo la Edad Media como contexto
histórico de la acción.
ZORRILLA: DON JUAN TENORIO
José Zorrilla estrenó en 1844 su Don Juan Tenorio. Ya era un escritor conocido, pero esta obra
lo elevó a la cima de su fama. El drama se inspira en obras anteriores. Como ya se ha visto, el
personaje de don Juan había sido tratado de forma magistral por Tirso de Molina (El burlador
de Sevilla, 1630) y el protagonista de El estudiante de Salamanca es, entre otros, un claro
antecedente en el periodo romántico.
En Don Juan Tenorio, una noche de carnaval, don Luis Mejía y don Juan Tenorio comparan el
resultado de una apuesta inmoral sobre sus conquistas amorosas. Especialmente don Juan se
muestra como un ser sin escrúpulos: un machista recalcitrante que obedece a un presente
amoral en el que no existe el pasado (por eso no puede arrepentirse) ni el futuro (de ahí que
no sienta temor al castigo).
LA NOVELA REALISTA
El principio fundamental de la novela realista es la observación de los conflictos y las actitudes
propios de su época. La novela realista abandona la curiosidad romántica por lo irreal y lo
fantástico, y aborda el contexto próximo.
Una tendencia dentro del movimiento realista será el Naturalismo, donde el ambiente y la
herencia son los motores que conducen al ser humano en su peripecia vital, además los
entornos miserables y las patologías físicas y mentales (enfermedades, alcoholismo, locura...)
cobran notoriedad en las historias. En España el Naturalismo supuso una fuerte polémica
entre escritores y críticos literarios. Los escritos de Emilia Pardo Bazán en torno a la esencia
naturalista y sus virtudes literarias (recogidos en La cuestión palpitante, 1883) provocaron
críticas vehementes en uno y otro sentido. Actualmente, se acepta que el Naturalismo alcanzó
de manera parcial a autores como Galdós, Clarín y la misma Pardo Bazán, aunque su influencia
fuese moderada y más formal que ideológica.
BENITO PÉREZ GALDÓS
La figura de Benito Pérez Galdós es un ejemplo de entrega a la escritura y al análisis literario
de su tiempo. Su obra es amplísima y llega incluso al ámbito del teatro, pero son sus novelas
las que consiguen plasmar los ambientes y conflictos sociales de su época, y las que nos han
dejado algunos personajes inolvidables.
Su obra narrativa puede agruparse en dos extensos conjuntos:
⎯La serie de sus Episodios nacionales. Se compone de 46 novelas de mediana extensión en las
que Pérez Galdós relata los principales acontecimientos de su siglo: desde la guerra de la
Independencia contra las tropas napoleónicas (Trafalgar, por ejemplo) hasta la restauración
de la dinastía borbónica tras la Primera República. Los Episodios nacionales renuevan la
novela histórica que los románticos habían ambientado en argumentos fantasiosos de un
pasado lejano (la Edad Media). Pérez Galdós, sin embargo, se documenta exhaustivamente y
solo a partir de ese trabajo inicial desarrolla sus tramas novelescas. Podría decirse que es uno
de los iniciadores de la novela histórica tal y como hoy se concibe.
⎯Las novelas contemporáneas. Se trata de novelas ambientadas en el presente o un pasado
muy cercano del autor. Los acontecimientos sociales y políticos continúan siendo parte
fundamental del relato, pero los conflictos personales de los personajes protagonizan las
historias. Entre estas novelas, se encuentran títulos imprescindibles de nuestra literatura:
Tormento, Miau y, sobre estas, Fortunata y Jacinta. Las últimas novelas (de su época
espiritualista) son igualmente memorables y ahondan aún más en los conflictos interiores de
los protagonistas: la vida religiosa (Nazarín) y la compasión (Misericordia).
LEOPOLDO ALAS, CLARÍN
Publicó una amplia obra de crítica literaria bajo el pseudónimo Clarín. Su obra más memorable
es La Regenta, con la que alcanzó una de las cimas literarias del siglo XIX.
La novela de Clarín continúa la tradición de la gran novela francesa. Se ha señalado la
influencia que ejercieron sobre él Gustave Flaubert y su Madame Bovary, y ciertamente son
notables las semejanzas entre sus protagonistas, Emma Bovary y Ana Ozores, pues ambas son
dos mujeres atrapadas en un mundo convencional e hipócrita que impide el desarrollo natural
de sus propios deseos y fantasías. No obstante, La Regenta es un relato con personalidad
propia, que nos ha dejado personajes extraordinariamente conseguidos y que presenta como
un personaje más (para algunos críticos, el principal) la ciudad de Vetusta como un trasunto
literario de Oviedo.
En la novela, la voluntad de Ana Ozores será codiciada por un hombre de Iglesia, el magistral
don Fermín de Pas, y por un donjuán de aires aristocráticos, don Álvaro Mesía. Apresada en
una vida insulsa; casada con el viejo regente de la Audiencia Provincial, quien la trata como
un padre; deseada y manipulada por De Pas y Mesía, Ana Ozores termina por ser un juguete
roto, una mujer destrozada por la ambición y la hipocresía de una sociedad asfixiante.
EMILIA PARDO BAZÁN
La novelista gallega tuvo un papel activo en el movimiento realista y en la polémica sobre el
Naturalismo. Emilia Pardo Bazán fue un vínculo importante entre la literatura española y las
tendencias europeas. El conocimiento de idiomas y sus continuos viajes le permitieron entrar
en contacto directo con las nuevas corrientes literarias. Escribió y disertó en numerosas
conferencias sobre el Naturalismo en Francia y sobre la novela rusa. Es muy valiosa su
producción de relatos breves.
Escribió obras insólitas para su posición social, como La tribuna (sobre una huelga obrera
promovida por una mujer), Los Pazos de Ulloa (que cuenta el enfrentamiento entre un cacique
feudal y las nuevas clases sociales en Galicia) y su continuación, La Madre Naturaleza, o su
novela Insolación, de carácter realista, o la simbolista La quimera.
En Los Pazos de Ulloa, Pardo Bazán crea un mundo violento en el que el amor y la racionalidad
se enfrentan a las fuerzas primitivas del ser humano. Un joven clérigo, Julián Álvarez, llega
como capellán a los dominios del marqués de Ulloa, Pedro Moscoso, y muy pronto conoce el
ambiente de violencia y miseria del lugar. Don Pedro está amancebado con la criada Sabel,
con quien tiene un hijo y a la que maltrata sin piedad. Terminará contrayendo matrimonio
con Nucha, una joven delicada que sufre igualmente el desprecio de su marido, pues no han
tenido un descendiente varón. El clérigo trata de aliviar la situación, pero es echado del lugar
ante la sospecha, infundada, de mantener relaciones con Nucha.