Modulo 3
Modulo 3
Intervención educativa
MÓDULO 3
La educación intercultural:
propuestas educativas para la formación
en contextos multiculturales
2 La educación intercultural
Como hemos visto, durante los últimos treinta años el sistema educativo español ha experimentado importantes
cambios como respuesta a las nuevas realidades y demandas sociales a nivel español y europeo.
El fenómeno migratorio se ha hecho visible en la escuela. Ante esta nueva realidad, los centros han introducido cam-
bios progresivamente para dar respuestas educativas al nuevo perfil del alumnado multicultural, permaneciendo aún
muchas cuestiones que obstaculizan la conformación de un
centro educativo de convivencia, inclusivo e intercultural.
Se ha avanzado mucho en la construcción de una comunidad educativa intercultural pero quedan aún muchas cues-
tiones pendientes, algunas de gran calado.
La perspectiva intercultural no constituye un modelo educativo para los inmigrantes: es aplicable a todo el alumnado
y comunidad escolar, considerando que ese todo es diverso individual, social y culturalmente. Es por tanto un error
plantear una atención educativa intercultural de los inmigrantes y diseñar un proyecto intercultural solamente en los
centros que los escolarizan.
En cierta medida, estas actuaciones han conducido a un fuerte proceso de etiquetado: del alumnado por su procedencia
nacional -se percibe a unos con más espíritu de logro, a otros con menos-; de los centros educativos -unos sin inmigran-
tes, con una educación de alta calidad; otros, centros para inmigrantes de los que huyen los autóctonos, por su conflicti-
vidad, por su bajo nivel educativo-, etc.
A la larga, este proceso fomentaría los estereotipos existentes sobre las capacidades de logro de los distintos colec-
tivos nacionales, pudiendo conducir además a la existencia de dos redes educativas para dos tipos de alumnado y
finalmente a la configuración de escuelas gueto, tal y como lo expresa Stephan Klasen (1999).
Un dato importante y preocupante es que en su gran mayoría el alumnado inmigrante, a diferencia del alumnado
autóctono, no continúa los estudios más allá de los 16 años. Abandonar el sistema educativo con esta edad supone
interrumpir tempranamente la adquisición de un capital cognitivo, cultural y social. Implica además insertarse en un
mercado laboral con escasa o nula cualificación. Este corto recorrido por el sistema educativo perjudica los procesos
de integración y de promoción social de los hijos de la migración.
Según datos del censo 2001, solamente el 32,6% de los extranjeros entre 16 y 18 estaban escolariza-
dos frente a un 83,6% de los españoles. Son datos sobre escolarización no sobre finalización de estu-
dios, ya que en un informe de la OCDE describe que del conjunto de este alumnado, un 33% fracasa
en el bachillerato. Véase OCDE (2005). Education at a Glance: OECD Indicators. ([Link]).
Otra cuestión pendiente es la difícil y escasa relación existente entre centro educativo y familia inmigrante. Los víncu-
los son débiles, los desencuentros muy frecuentes y como resultado suele haber una percepción mutua negativa que
poco ayuda a la promoción educativa de los alumnos y a la imprescindible supervisión educativa que la familia debe
realizar sobre sus hijos.
Es cierto que la poca participación de los padres en la vida del centro y en los estudios de sus hijos se observa también
entre familias autóctonas, pero esta carencia perjudica más al alumnado inmigrante y a su familia porque los aleja del
primer referente institucional más próximo a ellos, como es la escuela, negando además la posibilidad de incorporar
a la familia a los procesos educativos y participativos que se producen en el espacio escolar, como escuelas de padres,
aulas de padres, AMPAS, etc., favorecedores de su proceso de integración.
Otro asunto pendiente y de gran calado es la situación laboral y formación adecuada y sistemática del profesorado.
Interinatos continuos con cambio de centros, percepción y autopercepción negativa del rol docente (crisis del rol
docente) fórmulas poco adecuadas de formación (como la oferta de cursos muy generales que no responden a sus
necesidades concretas ni a la realidad de su centro), obstaculizan el desarrollo de un proyecto educativo construido
en equipo, consensuado con la comunidad educativa y prolongado en el tiempo.
Creemos que estas son cuestiones pendientes de gran envergadura porque, las escuelas eficaces, como señalan Ca-
rola y Marcelo Suárez-Orozco (2003), tienen:
Un conjunto de características compartidas: liderazgo positivo y elevada moral del personal; altas
expectativas académicas en relación con todos los alumnos, con independencia de su procedencia;
valoración elevada de las culturas e idiomas de los alumnos, un ambiente escolar seguro y ordenado
y la capacidad de ser auténticos campos de oportunidades para los inmigrantes.
Los intentos de consecución de una verdadera competencia intercultural de los escolares abogan por practicar una
“socialización rica” como acercamiento a distintos grupos y sus culturas.
La institución escolar como fuente de socialización, al igual que la familia y el grupo de iguales, actúa en el momento
que hace partícipes a los estudiantes de su cultura, decisiva además para el desarrollo social del individuo. Especial-
mente desde la enseñanza de la lengua, ya sea materna o una segunda lengua, es posible diseñar estrategias para
hacer posible esta socialización que da pie al desarrollo de la competencia intercultural.
Veamos algunas características de la educación intercultural:
Se trata de una pedagogía que parte de los supuestos de igualdad en la diversidad y la justicia social frente a las
desigualdades.
Es una educación que reconoce la diversidad y la complejidad de un mundo interdependiente.
Defiende la elaboración dialéctica de una cultura compartida desde el pluralismo democrático.
Una sociedad intercultural necesita de la implicación de todos, ya que en algún modo somos diversos sin excepción. El
cruce cultural es un proceso de interacción entre personas de diferente cultura, raza o etnia, una interacción caracte-
rizada por la autenticidad, el respeto, y la aceptación del otro (Christensen, 1995). Para entender aún mejor el carácter
del proceso del cruce cultural, veamos algunos modelos teóricos que secuencian la evolución de una educación inter-
cultural:
Los siete pasos de Wurzel (1998): Monoculturalismo, Contacto-cross-cultural, Conflicto cultural, Intervención edu-
cativa para desarrollar una perspectiva multicultural, Desequilibrio, Toma de conciencia-equilibrio o acomoda-
ción y multiculturalismo, entendiendo por persona multicultural aquella capaz de cuestionar la naturaleza arbi-
traria de la propia cultura y aceptar las proposiciones de culturas diferentes.
Según Jordi Garreta i Bochaca (1998) en Escuelas y minorías. Inmigrantes y gitanos ante el modelo educativo espa-
ñol, siguiendo la teoría de Nathan Glazer (1992), el cruce cultural se supera a través de las siguientes fases:
1. Desgregación, que consiste en “mezclar” al alumnado.
2. La enseñanza compensatoria para el alumnado con “déficit”.
3. Los programas que tienen en cuenta la lengua y la cultura de la minoría.
MODELO RASGOS
FINALIDAD
EDUCATIVO GENERALES
Asimilacionista Pérdida de valores, costumbres y conductas en los inmigrados, para asimilar Afirmación
los de la mayoría. Por ejemplo: programas de inmersión lingüística. de la superioridad
de la cultura del país
Compensatorio Los jóvenes de culturas diferentes a la del país de acogida deben compensar de acogida sobre
los límites de las mismas; necesitan de la cultura de la mayoría para tener las todas las demás.
mismas posibilidades de éxito.
Currículo Inserción en los documentos del centro de actividades en las que estén Reconocimiento
multicultural presentes y consideradas todas las culturas del centro. de la pluralidad
de culturas, defensa
Pluralismo La escuela trabaja para el reconocimiento de la cultura de sus alumnos, de la variedad como
cultural fomentando las identificaciones y pertenencias étnicas. Se organizan cursos y valor enriquecedor.
relaciones específicas que fomenten este desarrollo. Base de todas
las corrientes
Competencias Este modelo defiende la conveniencia de educar al alumnado diverso
multiculturalistas.
multiculturales culturalmente para el desenvolvimiento eficaz en cualquiera de las culturas,
según normas y patrones de cada una de ellas.
Sociocrítico Basado en el cuestionamiento de los distintos grupos socioculturales de sus Pretenden la denuncia
raíces culturales, y en qué medida las mayorías imponen su criterio (Marín, de las injusticias
2001). causadas por la
asimetría cultural.
Antirracista Modelo educativo que defiende la revelación del sistema educativo contra el
ente social que espera de él la reproducción del racismo presente en todas
las esferas sociales por los beneficios que aportan a los grupos mayoritarios y
dominantes.
Proyecto Este enfoque trata de armonizar y equilibrar algunos elementos aportados Educar para la
educativo por los enfoques anteriores. Bartolomé (1997) propone una ciudadanía ciudadanía en una
global democrática imbuida por los derechos humanos y la responsabilidad social. sociedad multicultural.
Los principios son: la valoración de la diversidad y la equidad social, el
respeto y la consideración hacia la identidad cultural.
Puede, además:
Extender sus beneficios a la familia migrada, tanto por la propia influencia de los hijos sobre los padres como por
el acceso inmediato que tienen estos a la escuela como primera institución de contacto en la sociedad receptora.
A la familia autóctona, como práctica social intercultural.
Entendemos por currículo o currículum el conjunto de objetivos, contenidos, criterios metodológicos y de evaluación
empleados en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Se trata de:
El conjunto de los supuestos de partida, de las metas que se desee lograr y los pasos que se dan para
alcanzarlas; el conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes, etc., que se considera importante
trabajar en la escuela año tras año… Es muy importante la idea de currículo desde un punto de vista
práctico (Del Arco, 1998).
Modelos de currículo
Si queremos conseguir un determinado tipo de sociedad hay que trabajar consecuentemente en la educación, de
manera que la formación que se promueva en las nuevas generaciones no resulte contradictoria con el modelo
deseado. Esto supone que una sociedad que se proclama democrática y plural -en todos los órdenes de la vida-
requiere de un diseño curricular abierto y flexible, al igual que de una organización de los centros docentes que
permita aplicarlo (Casanova, 2005).
Tradicionalmente y de forma legal, en los centros educativos se ha venido trabajando bajo un currículo cerrado que,
por una parte, aliviaba el trabajo del docente (pues este no debía ser más que el mero transmisor de los contenidos)
y, por otra, no se ajustaba a la demanda social actual (puesto que no se adaptaba al contexto en el que se desarrolla).
En el otro extremo se encuentra el currículo abierto, el cual plantea, ya desde su elaboración, que se desarrollen y pro-
muevan los valores que todo ciudadano demócrata debe poseer. Para conseguirlo, por tanto, debe ser elaborado de-
mocráticamente (con las consultas previas necesarias a todos los sectores interesados: es decir, consensuados por los
ámbitos social y escolar). Ha de proponer entre sus objetivos alcanzar competencias de convivencia democrática en
los educandos y, además, tendrá que integrar contenidos relacionados con la sociedad y la convivencia democrática,
como medio imprescindible para trabajar conceptos, procedimientos y actitudes demócratas en los estudiantes (Mar-
tínez Rodríguez, 1998).
Este modelo curricular democrático permitirá asimismo conseguir la coherencia, desde el punto de vista externo, en-
tre currículo y sociedad. No es posible que la sociedad responda a principios demócratas y que la educación institu-
cional continúe con su organización cerrada y rígida, con mando único y con contenidos de épocas anteriores. Sería
una incongruencia absoluta y una desorientación total para la persona que se forma.
Este modelo se caracteriza por no ofrecer posibilidades de variación y lo único que se requiere de los cen-
tros y del profesorado es su aplicación puntual, siendo su finalidad principal garantizar la misma educación
y enseñanza en todos los centros y para toda la población, entendiendo implícitamente que esa población
presenta unas características similares.
En cuanto a las características del currículo cerrado, podemos destacar las siguientes (Wickens, 1974):
Intentan mantener el equilibrio del sistema a través del logro de las conductas propuestas.
Determinan todos los elementos curriculares: objetivos, contenidos, métodos, evaluación.
Controlan la interacción en el aula por el sistema de premios y castigos. Casi no se produce interacción entre el
funcionamiento del sistema en el aula y los contextos individuales.
Se estructuran en un proceso lineal y acumulativo, absolutamente jerarquizado.
Poseen secuencias de instrucción que reflejan la jerarquía del desarrollo conceptual.
Valoran fundamentalmente la eficiencia. El modelo ideal es el que transmite el máximo conocimiento en el
mínimo tiempo, sin tener en cuenta otras variables.
Estructuran los contenidos en torno a las materias tradicionales.
El currículo abierto
Por su parte, el currículo abierto puede definirse como aquel que, a pesar de regular los elementos considerados
como básicos para el aprendizaje del alumnado, no determina la concreción última de su implementación, dejan-
do a la autonomía de los profesionales de la educación las decisiones de aplicación pertinentes, en función de las
características del entorno y de la población que debe atenderse.
Estos elementos básicos serían: los objetivos generales del sistema y las competencias que deben dominarse, los
contenidos comunes incuestionables, las condiciones que cuiden la igualdad de oportunidades dentro de un
sistema general, los indicadores genéricos y finales de evaluación, etc.
De forma general, un currículo abierto suele marcar las capacidades que deben desarrollarse o las compe-
tencias que deben adquirirse al finalizar las diferentes etapas o niveles en los que se estructure el sistema:
unas líneas de contenidos aceptados como básicos para continuar con los aprendizajes posteriores y, por
supuesto, con aprendizajes a lo largo de la vida, en una concepción de educación permanente.
No obstante, este tipo de currículo presenta varias dificultades en su aplicación, normalmente derivadas de las
estructuras administrativas.
Permite margen a la iniciativa del educador que lo Unifica y detalla al máximo su aplicación.
aplica.
Respeta el contexto en el que se ha de desenvolver. No se adapta a los diferentes contextos en los que se
aplica.
Exige intelectualmente más del educador, que no Es de más fácil aplicación por parte del educador, ya
tiene una guía fija de acción. que este debe seguir paso a paso lo indicado.
La homogeneización puede ser difícil de conseguir, Logra una relativa homogeneización del currículo
con posibilidad de gran variabilidad de aplicación para toda la población a la que se dirige.
del currículo.
En este documento es donde debe quedar constancia del carácter intercultural de la educación que se piensa
impartir, estableciendo esta como una verdadera educación global y transversal del la institución.
La finalidad de los sistemas formativos es la atención y formación de los ciudadanos bajo los parámetros que deter-
mina el marco legislativo y los valores sociales, como futuros ciudadanos interculturalmente competentes, responsa-
bles, críticos y solidarios.
Sin embargo, no podemos datarnos de leyes argumenta-
das sobre el respeto a la diversidad, incluida la cultural, y
no implementar acciones educativas que realmente sigan
de forma efectiva estas directrices.
Los diversos elementos de planificación que permiten de-
limitar y concretar los Proyectos Educativos de Centro, las
concreciones del currículo y las programaciones de aula
deben integrarse en un proceso global o proyecto educa-
tivo global: es decir, es una responsabilidad docente que las
intenciones declarativas se concreten en acciones específicas
para la atención multicultural.
Además, si se parte de la consideración de los centros educativos como ecosistema o comunidad de aprendizaje, to-
dos los miembros que pertenezcan a ella deben ser considerados para establecer estas líneas de actuación, pero tam-
bién deben ser entendidos como elementos dotados de responsabilidad para que los procesos educativos se realicen
convenientemente:
No solo hay que implicar a padres, alumnos, etc., en aspectos globales: su participación debe consi-
derarse y respetarse para la realización de actividades concretas, encaminadas a conseguir las com-
petencias que se plantean en las mismas.
Para cerrar este módulo, recomendamos la lectura del “Decálogo para una
educación intercultural” propuesto por el profesor Francesc Carbonell i Paris
(Revista Monitor-Educador, nº 90, 2002):