Introducción
La criminología es una disciplina que se encarga de estudiar el fenómeno delictivo y sus causas. A lo largo del
tiempo, ha evolucionado desde enfoques más rudimentarios y filosóficos hacia un campo científico que integra
diversas teorías y metodologías. Este desarrollo ha estado marcado por un diálogo constante entre diferentes
perspectivas, que incluyen, entre otras, enfoques psicológicos, sociológicos y biológicos.
En esta introducción, se explorará la importancia de la criminología en la comprensión del delito y la
criminalidad, así como su relevancia en la formulación de políticas públicas y estrategias de prevención. Los
objetivos principales de la criminología son:
Analizar las conductas delictivas desde múltiples ángulos.
Proveer herramientas para la intervención y prevención del delito.
Fomentar un entendimiento más holístico de los factores que contribuyen a la criminalidad.
La criminología no solo se ocupa de los delincuentes, sino también de las víctimas y del contexto social en el
que ocurre el delito. Esto la convierte en una ciencia interdisciplinaria que se nutre de diversas áreas del
conocimiento, como el derecho, la sociología, la psicología y la antropología. A través de este enfoque
integrador, la criminología busca ofrecer soluciones efectivas para la reducción del delito y el fortalecimiento de
la justicia social.
Objetivos
Los objetivos de la criminología son fundamentales para comprender y abordar el fenómeno del crimen en las
sociedades contemporáneas. Entre los principales objetivos se destacan:
Estudiar las causas del comportamiento delictivo: Analizar los factores sociales, psicológicos y
biológicos que incitan a la criminalidad.
Desarrollar políticas de prevención: Diseñar estrategias eficaces que reduzcan la incidencia delictiva y
mejoren la seguridad pública.
Evaluar el sistema de justicia penal: Investigar la efectividad de las instituciones encargadas de la
administración de justicia y su impacto en la sociedad.
Proporcionar una base empírica para la elaboración de leyes: Suministrar datos e investigaciones que
fundamenten reformas legislativas en materia penal.
A través de estos objetivos, la criminología busca contribuir no solo a la comprensión del crimen, sino también a
la creación de sociedades más seguras y justas.
La Relevancia de la Teoría en la Ciencia Criminológica
La teoría desempeña un papel fundamental en la ciencia criminológica, ya que proporciona el marco conceptual
necesario para entender la naturaleza del crimen y los factores que lo determinan. A través del desarrollo de
teorías, los criminólogos pueden:
Explicar el comportamiento criminal: Las teorías ayudan a analizar las motivaciones y circunstancias
que llevan a una persona a cometer delitos.
Prevenir el delito: Al entender las causas del crimen, se pueden diseñar estrategias más efectivas para
prevenirlo, como programas de intervención social.
Desarrollar políticas públicas: Las teorías criminológicas informan la creación de leyes y reformas en el
sistema penal, buscando un enfoque más efectivo y justo.
Promover la investigación: Las teorías ofrecen la base para estudios empíricos que verifican o refutan
conceptos existentes, permitiendo la evolución del conocimiento en el ámbito.
Además, la diversidad de perspectivas teóricas en criminología, que van desde enfoques biológicos hasta
sociológicos y psicológicos, enriquecen la disciplina y facilitan un análisis multidimensional del fenómeno
criminal. En un contexto actual, donde los problemas de criminalidad son complejos y multifacéticos, la teoría se
convierte en una herramienta indispensable para abordar estos desafíos de manera eficaz y holística.
Los Paradigmas Criminológicos
Los paradigmas criminológicos son marcos teóricos que permiten entender y analizar la criminalidad desde
diversas perspectivas. A lo largo de la historia, diferentes corrientes han surgido para explicar las causas del
crimen y las formas de abordarlo.
Paradigmas principales
Clásico: Este enfoque se centra en el individuo como un tomador de decisiones racional. Se considera que
las personas eligen cometer delitos basándose en un cálculo costo-beneficio, lo que lleva a la aplicación de
penalizaciones como disuasión.
Positivo: En contraste con el enfoque clásico, el paradigma positivo sostiene que factores biológicos,
psicológicos y sociales influyen en la conducta delictiva. Este modelo busca identificar características
específicas de los delincuentes que puedan ser abordadas para reducir la delincuencia.
Sociológico: Este paradigma se enfoca en la interacción social y las estructuras que influyen en el
comportamiento delictivo. Incluye teorías que analizan cómo la desventaja social, la falta de cohesión
comunitaria y otras dinámicas grupales pueden fomentar la criminalidad.
Crítico: Este enfoque cuestiona las estructuras de poder y cómo estas influyen en la definición y el control
del crimen. Analiza cómo la legislación y las instituciones pueden servir para perpetuar desigualdades
sociales.
Conclusión
Los paradigmas criminológicos no son mutuamente excluyentes; a menudo se entrelazan y complementan entre
sí. La comprensión de la criminalidad requiere una mirada holística y multidisciplinaria que integre diferentes
perspectivas, permitiendo abordar el fenómeno delictivo de manera más efectiva y ajustada a las realidades
sociales. A medida que avanza la criminología, la integración de estos paradigmas resulta esencial para un
enfoque comprensivo y útil en la prevención del delito y la rehabilitación de los infractores.
La Etapa Precientífica de la Criminología
La criminología, en su etapa precientífica, se caracterizó por la falta de un método sistemático y riguroso en el
estudio del delito y del delincuente. Durante este período, dos enfoques principales emergieron: el enfoque
clásico y las primeras orientaciones empíricas.
El Enfoque Clásico
El enfoque clásico, desarrollado en el siglo XVIII por pensadores como Cesare Beccaria y Jeremy Bentham, se
fundamentaba en la idea de que los seres humanos son agentes racionales que toman decisiones basadas en la
búsqueda del placer y la evitación del dolor. Este enfoque propuso que las leyes deben ser claras y las penas
proporcionadas al delito para disuadir a los potentiales delincuentes. La libertad individual y la responsabilidad
moral eran pilares de este modelo, abogando por un sistema de justicia que equilibrara el castigo y los derechos
del individuo.
Las Primeras Orientaciones Empíricas
Las primeras orientaciones empíricas, que surgieron a finales del siglo XIX, intentaron aplicar observaciones y
datos en el estudio de la criminalidad. Estos enfoques comenzaron a desafiar las premisas del enfoque clásico al
centrarse en factores socioeconómicos, biológicos y psicológicos que podrían influir en el comportamiento
delictivo. Aunque aún rudimentarios, estos esfuerzos sentaron las bases para posteriores desarrollos en la
criminología científica, abriendo el camino a un análisis más profundo y multidimensional del fenómeno
criminal.
Los Inicios en la Etapa Científica de la Criminología
La criminología comenzó a tomar forma científica a finales del siglo XIX con el desarrollo de la Scuola Positiva,
liderada por figuras como Cesare Lombroso, quien propuso que la criminalidad estaba relacionada con
características físicas y biológicas de los individuos. Esta escuela sostenía que los criminales eran una forma de
“hombre primitivo” y que su comportamiento delictivo era determinado biológicamente, lo que desviaba la
atención de factores sociales o económicos.
La Scuola Positiva
La Scuola Positiva enfatizaba el estudio empírico y científico del delito, proponiendo que la criminología debía
basarse en la observación y la evidencia. Lombroso, junto a otros criminólogos de la época, como Enrico Ferri y
Raffaele Garofalo, sentaron las bases de un enfoque más sistemático que incluía la recolección de datos sobre el
comportamiento criminal y el análisis de las condiciones sociales que podrían influir en este.
La Recepción del Positivismo Criminológico en España
En España, la recepción del positivismo criminológico se vio marcada por un interés creciente en adaptar estas
teorías a la realidad social del país. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, intelectuales españoles
comenzaron a estudiar la criminalidad desde una perspectiva científica, influenciados por las teorías
lombrosianas. Esta adaptación llevó al surgimiento de una criminología española que, aunque inicialmente
aceptó las ideas de la Scuola Positiva, también incorporó consideraciones sociales y culturales, enriqueciendo el
enfoque teórico y empírico en su contexto nacional.
La etapa científica de la criminología abrió un nuevo camino para investigar las causas del delito, estableciendo
la disciplina como un campo de estudio vital para la comprensión de los fenómenos criminales.
La Criminología Contemporánea
La criminología contemporánea se caracteriza por la integración de diversas perspectivas teóricas, lo que permite
un análisis más completo del fenómeno delictivo. Dos de sus componentes más relevantes son la criminología
neoclásica y el renacimiento de las variables biológicas.
La Criminología Neoclásica
La criminología neoclásica surge como respuesta crítica a los excesos del positivismo, destacando la importancia
de la libre decisión y la responsabilidad individual en la comisión de delitos. Los neoclásicos sostienen que las
personas son actores racionales que evalúan los costos y beneficios antes de delinquir. Esto implica reconocer
factores sociales y ambientales, pero también resaltar la agencia del individuo en la conducta delictiva.
El Renacimiento de las Variables Biológicas
En las últimas décadas, ha habido un resurgimiento de interés por las variables biológicas en la criminología.
Investigaciones en neurociencia y genética han comenzado a explorar cómo ciertos factores biológicos pueden
influir en la predisposición a la delincuencia. Este enfoque incluye estudios sobre:
Anomalías cerebrales
Influencias genéticas
Implicaciones del ambiente prenatal
Así, la criminología contemporánea se convierte en un campo multidisciplinario que articula distintas
perspectivas para comprender mejor el fenómeno criminal en su complejidad.
Enfoques Psicológicos en la Criminología Contemporánea
La criminología contemporánea ha incorporado diversos enfoques psicológicos que buscan comprender el
comportamiento delictivo a través del análisis de procesos mentales y emociones. Estos enfoques han permitido
una comprensión más profunda de las causas del delito, abordando no solo aspectos sociales, sino también
individuales y psicológicos.
Modelos Psicologicistas
Los modelos psicologicistas proponen que el comportamiento criminal puede ser entendido a partir de variables
psicológicas individuales, como la personalidad, los trastornos mentales y las dinámicas emocionales. Estos
modelos sugieren que ciertas características, como la impulsividad o la falta de empatía, pueden ser predictores
significativos del comportamiento delictivo.
La Psiquiatría
La psiquiatría desempeña un papel crucial en la criminología contemporánea al estudiar los trastornos mentales
que pueden influir en la conducta criminal. La evaluación de la salud mental de los delincuentes permite
determinar si son responsables de sus actos o si eran incapaces de comprender la ilicitud de sus acciones. Esto ha
llevado a enfoques terapéuticos en vez de solo punitivos, enfatizando la rehabilitación.
El Psicoanálisis
El psicoanálisis aporta una perspectiva única al analizar los impulsos inconscientes y las experiencias infantiles
que pueden moldear la conducta criminal. A través de este enfoque, se examinan los conflictos internos, la
represión y las motivaciones ocultas que pueden llevar a una persona a delinquir. La terapia psicoanalítica puede
ser utilizada para tratar a delincuentes, buscando resolver las causas subyacentes de su comportamiento.
En resumen, los enfoques psicológicos enriquecen la criminología al ofrecer herramientas para entender el
comportamiento delictivo desde una perspectiva más holística.
Los Modelos Sociológicos
Los modelos sociológicos en criminología aportan un enfoque plural sobre el comportamiento delictivo,
enfatizando la influencia de variables sociales y contextuales. A continuación, se presentan tres enfoques clave
dentro de este paradigma.
La Escuela de Chicago
La Escuela de Chicago, activa en la primera mitad del siglo XX, fue fundamental en el estudio de la delincuencia
urbana. Los investigadores de esta escuela, como Robert Park y Ernest Burgess, proponían que la delincuencia
era el resultado de factores ambientales y sociales. Introdujeron el concepto de "zonas de transición", áreas
donde la pobreza y la inestabilidad social permiten un incremento en la criminalidad. Sus estudios empíricos
destacaron la importancia de la comunidad y el entorno en la génesis de comportamientos delictivos,
proporcionando una base para entender cómo ciertos entornos favorecen o inhiben el crimen.
Teorías Estructural-Funcionalistas
Las teorías estructural-funcionalistas se centran en cómo las estructuras sociales y sus funciones influyen en el
comportamiento delictivo. Esta perspectiva, ampliamente desarrollada por autores como Emile Durkheim,
sostiene que la delincuencia es un fenómeno normal en la sociedad. Las principales ideas incluyen:
Integración social: Las comunidades con altos niveles de cohesión social tienden a tener menores tasas de
criminalidad.
Anomia: En situaciones de cambio social rápido, se crea una falta de normas que puede resultar en un
aumento de la delincuencia.
Funciones de la delincuencia: La criminalidad puede contribuir a la cohesión social al reafirmar los
valores y normas de la sociedad.
Teorías del Aprendizaje Social
Las teorías del aprendizaje social, desarrolladas por Albert Bandura y otros, argumentan que la delincuencia se
aprende a través de la observación e imitación de comportamientos. Estos postulados enfatizan:
Modelado: Los individuos aprenden conductas delictivas observando a otros en su entorno (familia,
amigos, medios de comunicación).
Refuerzo: Las conductas delictivas pueden ser reforzadas o castigadas, lo que a su vez influye en su
repetición.
Interacción social: Las relaciones sociales son cruciales para el aprendizaje de comportamientos y la
adquisición de normas y valores, incluyendo los delictivos.
Estos modelos sociológicos son fundamentales para entender la complejidad del crimen y la delincuencia,
destacando la interacción entre el individuo y el entorno social.
Las Teorías de la Criminalización o del Conflicto Social
Las teorías de la criminalización, también conocidas como teorías del conflicto social, abordan cómo las normas
y leyes son influidas por intereses sociales y económicos. Estas teorías destacan el papel que juegan las
estructuras de poder en la definición del comportamiento criminal.
El Labelling Approach
El Labelling Approach o enfoque del etiquetado sostiene que la criminalidad no es inherente al acto en sí, sino
que es el resultado de la etiqueta que la sociedad impone a ciertos comportamientos. Al etiquetar a un individuo
como "criminal", se le niega la oportunidad de reintegrarse en la sociedad, perpetuando así un ciclo de
criminalidad.
La Criminología Crítica
La Criminología Crítica va un paso más allá, cuestionando las bases morales y sociales de las leyes. Esta
corriente argumenta que el sistema penal está diseñado para mantener el control sobre las clases trabajadoras y
desfavorecidas, reflejando las desigualdades sociales existentes. De este modo, se enfatiza la necesidad de un
enfoque crítico que analice tanto la criminalización como la respuesta social frente al delito.
Las Teorías Integradoras
Las teorías integradoras en criminología surgen como una respuesta a la fragmentación de enfoques teóricos
previos. Estas teorías buscan combinar elementos de diversas corrientes, considerando tanto factores
individuales como sociales en la comprensión del comportamiento delictivo.
Entre sus características principales se encuentran:
Multidimensionalidad: Abordan la criminalidad desde múltiples perspectivas, integrando aspectos
biológicos, psicológicos y sociales.
Flexibilidad: Adaptan sus enfoques en función de la evolución social y los nuevos hallazgos en
investigaciones.
Predicción y prevención: Permiten formular estrategias más efectivas para la prevención de delitos al
considerar la complejidad del fenómeno.
Así, las teorías integradoras representan un avance significativo en la criminología, fomentando un
entendimiento más amplio y coherente de la criminalidad.
Resumen
La criminología ha evolucionado a lo largo de diferentes etapas, desde la pre-científica hasta la contemporánea,
abordando e integrando diversas teorías que analizan el fenómeno del delito. En sus inicios, la disciplina se
centró principalmente en el enfoque clásico, estudiando a criminales a partir de características físicas y rasgos
psicológicos. Luego, con la llegada de la Scuola Positiva, se incorporaron métodos empíricos y científicos.
Actualmente, se observa una interacción entre múltiples enfoques, como los psicológicos y sociológicos, que
consideran factores individuales y sociales en la conducta criminal. Algunos de los enfoques contemporáneos
incluyen:
Models Psicologicistas
Teorías de Aprendizaje Social
Teorías de la Criminalización
Esta diversidad en teorías y métodos refleja la complejidad del delito y la necesidad de un enfoque integral para
su comprensión y tratamiento.