TEMA 14: EL SINTAGMA NOMINAL (def sintagma, clases, SN nominal, sust, det., adje.
,
aposición)
Este es el primero de los temas que se centra en aspectos morfosintácticos tras
haber realizado un estudio semántico en los dos temas anteriores. Como indica el título,
se centra en el sintagma nominal, así que para abordar su desarrollo, en primer lugar, nos
aproximaremos al concepto y tipos de sintagmas. A continuación, nos introduciremos
propiamente en el sintagma nominal. Para ello, profundizaremos en cada uno de los
elementos que pueden constituir un sintagma nominal, a saber, el sustantivo, los
determinantes, el adjetivo y, finalmente, la aposición.
Empecemos, por tanto, con la definición de sintagma.
El concepto de sintagma fue creado por los lingüistas debido a las dificultades que
planteaba el término palabra a la hora de designar determinadas construcciones. De este
modo, este término (el de palabra) puede incluirse en el concepto que nos ocupa puesto
que sintagma es un conjunto de, al menos, dos elementos unidos por una relación
funcional de dependencia: uno de ellos es el núcleo, y el otro puede ser un modificador,
determinante o adyacente. Según Ch. Bally, el sintagma siempre ha de ser una estructura
binaria cuyos miembros son intercambiables por otros de su misma clase.
Para poder hablar de las clases de sintagmas con las que nos podemos encontrar,
cabe atender a la relación que mantienen entre sí sus elementos y a la relación que
mantienen con la construcción. En este sentido, la lingüista O. Kovacci propone el término
construcción como alternativa al de sintagma y distingue tres tipos: construcciones
endocéntricas, construcciones exocéntricas y adjuntivas.
Las construcciones endocéntricas poseen al menos un núcleo que realiza la
misma función que la construcción y se diferencian tres tipos: por un lado, construcciones
coordinativas, cuando hay más de un núcleo, por ejemplo: vuelan gaviotas, petreles y
cormoranes. Otro tipo de endocéntricas son las construcciones de subordinación en las
que hay un núcleo y modificadores subordinados a este, por ejemplo: escucha buena
música. Por último, construcciones de aposición, cuyos constituyentes realizan la misma
función y uno de ellos es el núcleo y el otro el apósito, por ejemplo: Pedro Pombo, un
viejo amigo).
Por otro lado, las construcciones exocéntricas no tienen núcleo que funcione
como la construcción, sino que sus dos constituyentes son independientes y cada uno
presupone al otro. Diferenciamos tres tipos: en primer lugar, subordinante (o enlace)
más término, en las que el subordinante puede ser una preposición o un nexo
comparativo (por ejemplo, por sí mismo). En segundo lugar, sujeto-predicado, y en tercer
lugar, del tipo paralela, cuyos elementos son tónicos, el orden no es fijo y no hay sujeto,
por ejemplo, adelante siempre.
Finalmente, el último tipo de construcción se denomina adjuntiva. Así, el adjunto
puede ser un vocativo, una interjección o una expresión parentética del tipo han pasado -
¡quién lo diría!- diez años.
Visto lo anterior, podemos afirmar que el sintagma nominal es una construcción
endocéntrica que posee un núcleo (que puede ser un sustantivo o un pronombre) y,
eventualmente determinantes o actualizadores de diferentes tipos, y adyacentes o
complementos, generalmente desempeñados por adjetivos.
Así pues, vamos, a continuación, a estudiar cada una de estas palabras.
El sustantivo puede ser definido por medio de tres criterios: formal, funcional y
semántico.
Por lo que respecta al estudio formal, este está relacionado con los dos tipos de
morfemas flexivos que el sustantivo puede recibir, a saber, el género y el número. Tal y
como señalan algunos autores, el sustantivo tiene género por sí mismo, cosa que no
sucede con el número, sino que se dice que presenta variación de número. Como explica
Ángel López, el género es una delimitación intrínseca al sustantivo que proyecta hacia los
adjetivos y hacia los determinantes que lo acompañan. Por contra, el número es una
delimitación extrínseca que el sustantivo absorbe y proyecta hacia los adjetivos.
En español existen dos géneros, el masculino y el femenino. El neutro es solo un
morfema propio de algunos pronombres como esto, eso, ello, etc. que no sustituyen
nombres, sino referentes complejos. Una distinción clave es la que destaca, por un lado,
el género como noción gramatical y, por otro, como idea extralingüística. En este sentido,
hay palabras cuyo género está asociado a una distinción sexual (como chico y chica),
pero otra veces no sucede así, en palabras como libro, mesa, silla, etc. Además,
observamos que, en ocasiones, la diferencia de género tiene que ver con otro tipo de
nociones como el tamaño (jarro/jarra), árbol y fruto (naranjo/naranja), o elemento y
conjunto (leño/leña). Por este motivo, algunos autores prefieren decir que el género no es
una marca gramatical, sino semántica.
Por otro lado, el género de algunos nombres de persona son invariables, es el caso
de taxista, mártir o patriota, y lo mismo sucede con los de animales, por ejemplo: hormiga,
cebra o pantera; es lo que se denomina epicenos. Mientras que los nombres de seres
inanimados convencionalmente se adscriben bien al masculino, bien al femenino sin
implicar, casi nunca, un referente sexuado.
En cuanto al número, encontramos dos morfemas, el singular (que es el morfema
no marcado de la oposición Ø) y el plural, cuyos morfos son la -s para palabras acabadas
en vocal en singular; -es, para palabras acabadas en consonante o vocal tónica excepto -
á, y Ø, para palabras acabadas en -s. En cuanto a los cultismos y extranjerismos
acabados en consonante, suelen formar su plural añadiendo -s, pero esto no es correcto,
pues la norma fija el plural, como se ha dicho, añadiendo -es, por ejemplo: clubes.
Asimismo, es importante señalar que el número como categoría gramatical no tiene por
qué coincidir con la cantidad real de objetos. Pensemos, por ejemplo, en el pluralia
tantum, es decir, sustantivos morfológicamente plurales que hacen referencia a un solo
objeto (gafas, tijeras, alicates, etc.), o los plurales léxicos, que denotan una clase única,
como escaleras o intestinos.
En cuanto a su definición funcional, autores como Hernández afirman que puede
ocupar todas las funciones de cualquier sintagma nominal; así, puede funcionar como
núcleo (del sujeto, OD, OI, CC, atributo, etc.), como adyacente directo o indirecto
mediante una preposición, o puede desempeñar una función extraoracional o apelativa.
Además, puede modificar a otro sustantivo en aposición bimembre o unimembre, según si
hay pausa o no entre los dos elementos. También podemos encontrarnos sustantivos sin
determinación como ocurre en el metalenguaje (vendaje se escribe con v), o casos de
sustantivación ya sea formal, es decir, añadiendo un determinante a una palabra no
sustantiva, ya sea funcional, haciendo pasar como sustantivo a una palabra que no lo es
(por ejemplo, querer es bonito).
La definición semántica habla del sustantivo como aquella palabra con la que
designamos aspectos de la realidad pensados con conceptos independientes, y esta
independencia puede ser real o existir en nuestra mente.
La clasificación tradicional, y que hace más bien referencia a cuestiones
filosóficas, es la que divide los sustantivos en concretos, es decir, objetos independientes,
y abstractos, independientes solo en nuestra mente. A su vez, los concretos se distinguen
en comunes, esto es, sustantivos que agrupan los objetos por sus características no
distintivas, y propios, que individualizan los objetos. Asimismo, dentro de los comunes
encontramos genéricos o contables, bien individuales, bien colectivos (como enjambre), y
de materia o incontables pero sí medibles como oro, agua, harina. Por su parte, dentro de
los abstractos distinguimos los de cualidad (belleza), fenómeno (abundancia) y cantidad
(docena).
Por otro lado, la Nueva Gramática de la Lengua española establece una nueva
clasificación semántica en sustantivos contables y no contables, y cuantificadores (como
montón o puñado) y clasificativos (como clase, especie, tipo, etc.).
Finalmente, otra posible clasificación es la que ofrece Á. López desde un punto de
vista perceptivo y cognitivo y que distingue entre los sustantivos que designan personas
y animales, cosas, sustantivos abstractos, de acción y efecto (lectura, baile), continuos o
de materia (harina, pan), colectivos y gentilicios.
En cuanto a los determinantes, nos referiremos a ellos desde un punto de vista
funcional y no específicamente a una categoría, ya que su función puede estar
desempeñada por categorías diferentes (artículos, demostrativos, numerales, etc.), lo cual
plantea problemas a la hora de intentar una definición homogénea. Los determinantes
suelen tratarse bien junto con los adjetivos (entonces se habla adjetivos no connotativos o
determinativos), bien junto con los pronombres (en este caso, se habla de demostrativos,
posesivos, etc.).
Marcos Marín ofrece una clasificación clásica de los pronombres en la que
distingue los siguientes tipos: pronombres sustantivos, que ocasionalmente son el núcleo
del sintagma nominal y pueden ser dependientes de la significación del coloquio
(personales, posesivos, demostrativos o indefinidos), o dependientes del hilo del discurso
(relativos, interrogativos y exclamativos). Pronombres adjetivos, que dependen de la
significación (posesivos, demostrativos y numerales), o dependen del hilo del discurso
(relativos, interrogativos y exclamativos). Por último, pronombres adverbios, entre los que
se encuentran los demostrativos, indefinidos, relativos, interrogativos y exclamativos.
Actualmente, y como explica Moreno Cabrera, este tipo de palabras se organizan
en torno a dos ámbitos. El primero de ellos es la cuantificación; en este sentido, hay
cuantificadores universales positivos y negativos como todos o ningún, existenciales o
indefinidos como un, algún; multales y paucales como mucho y poco, o duales como
ambos. El segundo ámbito es el de la deixis, en la que se incluyen los pronombres
personales, ya que estos se refieren a las tres personas en un acto de comunicación, y
los demostrativos, puesto que ponen en relación las personas con la situación
comunicativa.
Por otro lado, los pronombres personales se refieren a las personas del discurso,
y en tercera persona sustituyen al nombre y se refieren a lo enunciado anteriormente. Sin
embargo, tú y yo nunca sustituyen a un nombre, sino que designan al emisor y al receptor
en un acto de comunicación, y lo mismo sucede con usted. Según Alcina y Blecua,
existen pronombres personales de mención directa, que aluden a las realidades
presentes en el diálogo y no necesitan distinción de género: yo-tú, me-te, mí-ti, nos-os,
nosotros-nosotras, vosotros-vosotras. Por su función, pueden ser sujeto, complemento, o
término de preposición. Y también de mención indirecta, que tienen que ver con la
tercera persona y poseen género, número y caso. En función de sujeto son él, ella, ello,
ellas, ellos, y también pueden ser término de preposición.
Además, en el sistema de pronombres átonos de tercera persona se han producido
asimilaciones de unas formas a otras, dando como resultado los fenómenos de leísmo,
laísmo y loísmo. El único caso aceptado por la norma es el dativo le como acusativo de
persona en masculino (lo).
En cuanto al se, desempeña la función de OI, pero existe un caso en el que parece ser
una variante de lo, un OD, en construcciones con el verbo llamar y un predicativo, por
ejemplo: Llaman tonto a Juan > Lo llaman tonto > Se lo llaman. El se pronombre personal
puede llevar explícito un nombre al que se refiere; cuando este va delante, se posee valor
anafórico; cuando va detrás, valor catafórico. El resto de tipos de se proceden
etimológicamente del se reflexivo latino, y hay dos tipos esenciales: un se con carácter
pronominal, reflexivo o recíproco, con función nominal o desfuncionalizado, y un se con
carácter no pronominal que no desempeña ninguna función nominal y es propio de la
impersonalidad y la pasiva refleja.
Por lo que respecta al artículo, como explica Marcos Marín encontramos artículos
determinados como el, la, los, las y el neutro lo, e indeterminados como un, una, unos,
unas. Como rasgo destacable, el y un (que son las únicas formas del masculino singular)
pueden ser también femeninos antes sustantivos femeninos que empiecen por a tónica,
como el alma o un aula.
Otra categoría que ha sido puesta en entredicho desde la Antigüedad hasta hoy es
la del adjetivo. Según los diferentes estudiosos y escuelas, varias han sido las
propuestas a la hora de adscribir este tipo de palabra en una categoría u otra. Si bien es
cierto que parece existir una zona fronteriza entre los adjetivos y los sustantivos, por un
lado, y los verbos y adverbios, por otro, no es menos cierto que es posible destacar, junto
a los rasgos compartidos rasgos diferenciales.
No en vano, el adjetivo es una clase heterogénea de palabras cuya función es la de
ampliar o precisar la significación de los sustantivos; por tal motivo, es un elemento
dependiente o adyacente de este. Asimismo, puede funcionar como adyacente de otro
adjetivo, como atributo o predicativo, y es núcleo del sintagma nominal cuando está
sustantivado.
Tradicionalmente, se los ha clasificado en calificativos y determinativos, a pesar de
lo cual, diferentes son los criterios que han seguido los lingüistas a la hora de proponer
una clasificación, a saber: semánticos, sintáctico-funcionales y semántico-pragmático.
Marcos Marín, por ejemplo, apunta una clasificación semántica cuando los divide
en connotativos, es decir, tienen su propio valor semántico, y no connotativos, cuyo
significado es ocasional.
Otra clasificación del mismo tipo la da Navas Ruiz, muy utilizada por las
gramáticas, quien diferencia entre adjetivos clasificadores, de propiedades físicas, de
manera moral de ser (cuando se habla de estados anímicos), y adjetivos relacionales de
situación o valoración.
Á. López critica esta clasificación afirmando que se basa más en el sustantivo al
que modifica el adjetivo que no en el adjetivo en sí. Por este motivo, López plantea, desde
un punto de vista cognitivo, una distinción entre adjetivos posicionales (alto/bajo),
gradativos (joven/maduro), de magnitud (abundante), de clase (burgués) e intencionales
(sabio).
Por último, cabe señalar que la Nueva Gramática de la Lengua distingue entre
adjetivos calificativos, que expresan una propiedad del adjetivo, tienen libertad de posición
y se pueden graduar mediante sufijación, modificadores o el grado comparativo (mujer
simpática); relacionales, no se pueden graduar y no tienen libertad de posición (paseo
campestre), y adverbiales, que tienen un valor de circunstancial, se pueden graduar y
tampoco tienen libertad de posición (auténtico embustero).
Como se extrae de este último párrafo, vemos que otra idea importante es la de la
posición del adjetivo con respecto al sustantivo en el sintagma nominal. Según Luján,
todas las gramáticas españolas desde Bello han señalado las diferentes funciones entre
los adjetivos antepuestos y los pospuestos, y además, explica el Esbozo que la forma
interior de la lengua nos hace preferir una colocación u otra según factores lógicos,
estilísticos o rítmicos. Con todo, Á. López hace una relación de las propuestas que
diferencian entre adjetivos según su posición. Así, antepuesto explicativo y pospuesto
especificativo es el criterio de Bello; antepuesto subjetivo y pospuesto objetivo es el de
Lenz; antepuesto global y pospuesto parcial, el de Bull, así como el antepuesto es poco
informativo y el pospuesto muy informativo. Algunos críticos han destacado, además, que
más que la posición del adjetivo a lo que hay que atender es a la posición rígida o variable
de este.
Pero en líneas generales podríamos decir que la función del adjetivo pospuesto es
la restricción del significado del sustantivo, mientras que la del antepuesto es una función
explicativa que indica un deseo de valorar la cualidad por parte del hablante. Esto es
justamente lo que sucede con los epítetos, es decir, adjetivos explicativos usados con
intención artística como sucede en la literatura, que pueden, por un lado, utilizarse
libremente ante el sustantivo (como en calurosos días de agosto), o constituir un lugar
común por su inherencia con ciertos sustantivos (blanca nieve).
Finalmente, y para cerrar este tema, cabe destacar que el sustantivo puede ser
también complementado por otro sustantivo o sintagma nominal al que se denomina
aposición, y que puede ser bimembre o explicativa, si hay una pausa entre sus miembros
(El Cid, caudillo famoso), o unimembre o especificativa cuando no la hay (Madre patria),
aunque para algunos autores, este último tipo no constituye una aposición, sino una
complementación que lleva a cabo un adjetivo.
Hemos visto, pues, en este tema, las peculiaridades de las que gozan los
diferentes constituyentes del sintagma nominal, así como la alternativa al propio concepto
de sintagma tan extendido e integrado en los estudios de Lengua y Literatura castellana.
BIBLIOGRAFÍA
Alarcos, Estudios de gramática funcional del español.
Alcina y Blecua, Gramática española.
Alonso y Henríquez, Gramática española.
Bosque, Las categorías gramaticales.
Briz, Sustantivación y lexicalización en español.
Coseriu, Teoría del lenguaje y lingüística general.
Dijk, T.A. Van, Texto y contexto.
Kovacci, Notas sobre los adverbios oracionales.
López, Á., Gramática del español.
Martinet, Elementos de lingüística general.
Moreno Cabrera, Fundamentos de sintaxis general.
RAE, Esbozo de una nueva gramática de la lengua española.
Seco, M., Gramática esencial del español.