2023] de Derecho (Valdivia)
Revista FERNANDO SAGREDO
Vol. XXXVI - Nº 2SRDANOVIC:
- DICIEMBRE MÁS
2023 -ALLÁ DE LOS LÍMITES…
ISSN 0716-9132 / 0718-0950 73
Páginas 73-94
DOI: [Link]
Más allá de los límites de la reparación integral del daño:
legitimación activa y daño moral por rebote*
Yerko Sagredo Srdanovic**
Resumen
En este trabajo se revisa críticamente una tendencia a aplicar normas propias del derecho procesal
penal y el derecho sucesorio con el fin de limitar la legitimación activa en casos de multiplicidad
de víctimas por rebote mediante la imposición de un orden de prelación. El objetivo principal es
defender que dicha aplicación en materia de responsabilidad civil constituye una vulneración
al principio de reparación integral, y a su vez, proponer que la solución a la tensión entre la
reparación integral y la situación patrimonial del condenado se encuentra en la actividad
probatoria de las partes.
Daño moral por rebote; principio de reparación integral; legitimación activa
Beyond the limits of the principle of full reparation: Standing to sue
and moral damage pure emotional loss, secondary victims
Abstract
This paper critically reviews a tendency to apply rules of criminal procedural law and inheri-
tance law in order to limit the standing to sue in cases of multiple victims by rebound through
the imposition of an order of priority. The main objective is to defend that such application
constitutes a violation of the principle of full reparation, and at the same time, to propose that
the solution to the tension between full reparation and the patrimonial situation of the convicted
party is found in the evidentiary activity of the parties.
Demage pure emotional loss of secondary victims; principle of full reparation;
standing to sue
* Este trabajo deriva de los resultados obtenidos en la investigación realizada para mi proyecto de
tesis de pregrado titulada “Análisis jurisprudencial sobre el rol de la Corte Suprema en los desafíos civiles
y procesales que plantea el daño moral en la responsabilidad extracontractual”, en el marco del Proyecto
Fondecyt Regular 1200176 que dirige el Dr. Cristián Banfi del Río como investigador responsable y
cuya Co-Investigadora es la Dra. Flavia Carbonell Bellolio. Disponible en: [Link]
handle/2250/185650
** Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Chile. ORCID: [Link]
0003-5143-268X. Correo electrónico: sagredosrdanovic@[Link].
Artículo recibido el 4.11.2022 y aceptado para su publicación el 28.8.2023.
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I. Introducción
D esde antes que existiera consenso en su reconocimiento y reparación, el daño
moral ha generado ciertas aprensiones relacionadas particularmente con el estado
patrimonial en que se encontrará el responsable del ilícito civil posterior a la
fijación de un quantum indemnizatorio debido a la dificultad de avaluar en términos
económicos bienes que en su esencia son inconmensurables1.
Tras el análisis de las consideraciones de algunos fallos de la Corte Suprema dicta-
dos conociendo de recursos de casación en el fondo en juicios acerca de responsabilidad
civil extracontractual, he podido advertir una controversia en la legitimación de la
que gozan ciertos actores para demandar el daño moral reflejo por los daños causados a
“seres queridos”. Lo anterior ha llevado a ciertos jueces a limitar la misma, a partir de
la aplicación por analogía de normas propias del derecho sucesorio.
La investigación realizada comprendió dos etapas: la primera consistió en el estudio
de una base de datos de sentencias dictadas entre 1996 y 2020 por la primera y tercera
sala de la Corte Suprema2 conociendo de recursos de casación en el fondo en casos de
Responsabilidad Civil Extracontractual. Con la información obtenida en la primera etapa
y con el fin de corroborar la existencia de la tensión que se propone, luego se analizaron
diversas sentencias de jueces del fondo de primera y segunda instancia.
La idea del presente texto es defender que la limitación a la legitimación activa
de víctimas por daño por rebote a partir del uso por analogía de normas distintas a las
del derecho civil patrimonial es una vulneración al principio de reparación del daño,
por lo que los diversos problemas relacionados con el establecimiento de un quantum
indemnizatorio escapan del objeto de estudio.
Para concretar mi propósito, el presente trabajo aborda tres grandes temas: En
primer lugar, aquel que dice relación con la constatación de la controversia y la tensión
que se produce entre la satisfacción del principio de reparación integral y la preocupación
por la situación patrimonial en que se encontrará el condenado. En segundo término,
se analiza la viabilidad de una reforma legal de cara a solucionar el problema y otras
consecuencias derivadas de la imposición de un orden de prelación para la limitación
de la legitimación activa. Finalmente se propone una solución centrada en la actividad
probatoria de las partes y la consideración de formas de reparación distintas a la indem-
nización pecuniaria.
1 Barros, 2020, pp. 300-304.
2 La base de datos comprende 850 sentencias, de estas, 379 mencionan el daño moral y solo 63 de ellas
intentan dotarlo de algún contenido sustantivo o procesal.
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II. Presentación del problema
Como se señaló al inicio del presente trabajo, el desarrollo del daño moral ha ge-
nerado varios problemas derivados de su naturaleza extrapatrimonial y la dificultad de
avaluarlo en términos económicos.
Las interrogantes aumentan con el reconocimiento del daño moral por rebote3, ya
que, si nos tomamos en serio el problema económico de la escasez de recursos, podría
ocurrir que, una vez fijado el quantum indemnizatorio, la pretensión resarcitoria de las
víctimas sea ilusoria por no existir bienes suficientes para dar cabal cumplimiento a la
sentencia condenatoria.
Respecto de este punto es interesante tener en consideración lo expuesto por el
profesor Domínguez Águila en torno a entender que es posible –aunque no deseable–
que el principio de reparación integral del daño se vea limitado por razones económicas.
Referente a esto señala:
“[...]aunque la doctrina estima, en general, que la evaluación de la reparación queda
limitada solo por la dimensión del daño, consideraciones económicas llevan en la
práctica a tener en cuenta la situación de quien debe reparar, para que la indemniza-
ción no llegue a significar un peso económico ruinoso o a recargar imprevistamente
presupuestos acotados”4.
El problema que se plantea ya ha sido advertido por diversos juristas, entre ellos,
Adriano De Cupis, quien, analizando sus leyes domésticas se pregunta: ¿Deben todos
ellos (víctimas por rebote) ser indemnizados o se impone un criterio de discriminación?
“El artículo 185 del Código Penal, sin embargo, establece que ‘todo delito que
haya causado un daño patrimonial o no patrimonial obliga al resarcimiento por
parte del culpable, etc.’. Y el artículo 22 del Código de Procedimiento Penal: ‘la
acción civil por restitución para la compensación del daño puede ser ejercida por
la persona a la que el delito haya causado daño, etc.’. En virtud de estas normas,
el interés privado ya no está protegido por reflejo, tanto que al perjuicio que lo
afecta se le une una reacción extrapenal. Sin embargo, y esta es la cuestión a la que
debemos prestar atención, ¿a qué daño privado se refirió el legislador con las normas
citadas? El delito puede afectar a varios intereses privados, produciendo así varios
daños privados: ¿todos estos deben ser compensados, o se requiere un criterio de
discriminación? Y en el segundo caso, ¿de dónde se obtiene y cuál será el criterio
de discriminación?”5 (traducción libre del autor).
3
Para estos efectos se utilizará indistintamente daño por rebote, daño reflejo y daño por repercusión.
4
Domínguez, 2010, pp. 12-13. La cita se relaciona con la cuestión abordada en este trabajo en cuanto
alude a los límites del principio de reparación integral del daño.
5 De Cupis, 1954, p. 294. L’art. 185 cpv. Cod. pen., però, stabilisce che “Ogni reato, che abbia cagionato un
danno patrimoniale o non patrimoniale, obbliga al risacimento il colpevole ecc.”; e l’art. 22 cod. proc. Pen.: “l’azione
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Hay que destacar que las normas a las que alude el autor son propias del código
penal y de procedimiento penal italiano, algo más o menos parecido a lo que ha tendido
utilizar la doctrina y jurisprudencia chilena como se expondrá.
En su análisis este autor italiano señala que es necesario recurrir a la intención del
legislador para poder determinar quiénes tienen legitimación activa para poder reclamar
un daño a partir de la falta de límites por parte de las normas legales ya transcritas. En
particular señala:
“Las normas escritas por el legislador, de las cuales se pueda inferir qué sujeto está
protegido en su interés con respecto a los bienes de la vida, la integridad física, el
honor, etc., no se presentan en la investigación. Por lo tanto, es necesario esforzarse
en llegar a tal determinación de otra manera, tratando de intuir el propósito inspi-
rador de la protección legal en este ámbito”6 (traducción libre del autor).
A pesar de estar de acuerdo en la necesidad de una actividad exegética que permita
dotar de contenido la norma jurídica en función a la intención del legislador no com-
parto la conclusión a la que llega en torno a la necesidad de limitar –y menos por vía
interpretativa– la legitimación activa para reclamar un daño. No obstante, me parece
relevante señalar brevemente su conclusión.
“Por lo tanto, en presencia de cualquiera de los bienes mencionados, el ‘daño’ al
que se refieren el artículo 185 cpv. del Código Penal y el artículo 22 del Código
de Procedimiento Penal debe ser determinado desde la perspectiva del sujeto, de
acuerdo con la solución expuesta, sin la cual la compensación adquiriría una ex-
tensión excesiva, en fuerte contraste con los criterios ya expuestos en los párrafos
anteriores”7 (traducción libre del autor).
El autor señala que la utilización de la voz “daño” a la que alude tanto el código penal
como el de procedimiento penal al tratar el ejercicio de la acción civil en el procedimiento
civile per le restituzioni e per il risarcimento del danno può essere esercitata dalla persona alla quale il reato ha recato
danno ecc.”. In virtù di queste norme l’interesse privato non è più tutelato di reflesso, tanto che al pregiudizio che lo
colpisce è ricongiunta una reazione extrapenale. Senonchè –e questa è la questione e cui dobbiamo volgere la nostra
attenzione– a quale danno privato ha inteso riferirsi il legislatore colle norme citare? il reato può colpire più interessi
privati, producendo quindi, più danni privati: dovranno, questi, esser tutti risarciti, oppure si impone un criterio di
discriminazione? e, nella seconda ipotesi, donde si attinge e quale sarà il criterio di discriminazione? (texto original).
6 Ibid, p. 295. Norme scritte dal legislatore, da cui possa desumersi quale soggetto sia tutelato nel proprio interesse
relativo ai beni della vita, dell’integrità fisica, dell’onore, ecc., non si presentano all’indagine. Occore, allora, sforzarsi
di pervenire a tale determinazione per altra via, cercando, cioè, di intuire l’intento ispiratore della tutela giuridica in
questo campo (texto original)
7 Ibid. Cosicchè, in presenza di alcuno dei beni menzionati, il “danno” cui si riferiscono l’art. 185 cpv. Cod.
Pen. e l’art. 22 cod. Proc. Pen. va determinato, dal punto di vista del soggetto, secondo l’esposta soluzione, in assenza
della quale il risarcimento assumerebbe una estensione eccessiva, in stridente contrasto coi criteri già esposti nei paragrafi
precedenti (texto original).
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penal, no puede sino referirse a la víctima directa, ya que, en caso contrario, podríamos
encontrarnos ante una extensión “excesiva”.
Existiendo pluralidad de víctimas de daño moral por rebote8, y a falta de norma
expresa que establezca un orden de prelación para el ejercicio de la acción civil derivada
de la existencia de este tipo de daño, alguna jurisprudencia y doctrina9 han demostrado
recoger normas propias del derecho procesal penal para restringir o ampliar la legiti-
mación activa.
Ante la posibilidad de que la extensión sea “excesiva”, se han buscado respuestas
al problema, la principal de ellas ha sido la imposición de un orden de prelación ficto
que limite la legitimación activa solo a aquellos parientes que se relacionan con mayor
proximidad a la víctima directa.
A continuación, se muestra la utilización de normas propias del derecho sucesorio
y el derecho procesal penal para limitar la legitimación activa:
1. Aplicación del artículo 108 del Código Procesal Penal
Los artículos 108 del Código Procesal Penal (en adelante “CPP”), que establece
un orden de prelación para el ejercicio de la acción penal, en relación con el artículo 59
inciso segundo del mismo cuerpo legal relativo a los derechos que tiene la víctima para
perseguir la responsabilidad civil derivadas del hecho punible, han sido utilizados como
una herramienta para intentar solucionar la tensión expuesta, permitiendo por esta vía
que en aquellos casos de pluralidad de víctimas por rebote se restrinja la legitimación
activa para el ejercicio de la responsabilidad civil solo a quienes tengan un vínculo de
parentesco más cercano a la víctima.
Acerca de esta tensión y el interés por llenar un supuesto vacío normativo relativo
a la falta de consagración expresa de un orden de prelación, se ha sostenido:
“En nuestro derecho existe un amplio reconocimiento de la reparabilidad del per-
juicio afectivo que se sigue de la muerte de una persona muy cercana, siendo una de
las principales manifestaciones del daño moral. No obstante, una de las principales
dificultades que presenta, es la extensión de los titulares de la acción de reparación,
ya que la muerte de una persona puede provocar un sufrimiento cierto y profundo
en un gran espectro de familiares y amigos, tendiendo la jurisprudencia nacional
a definir los titulares de la acción de acuerdo a la cercanía que da el parentesco, de
modo que los parientes más cercanos excluyen a los más remoto, lo que de alguna
forma ha sido reconocido por el Código Procesal Penal, en el artículo 108 en re-
lación al 59 inciso segundo, al regular la titularidad activa de la acción civil de la
víctima, como ya fuera analizado en un motivo anterior”10.
8 “El daño reflejo o por repercusión es el sufrido por víctimas mediatas de un hecho que ha causado la
muerte o lesiones a otra persona”, Barros, 2020, pp. 362-363.
9 Barros, 2020, pp. 372-374.
10 4° Juzgado de Letras Civil de Antofagasta, 28.07.2020, rol C-3907-2019, cons. 25.
78 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
Así, se ha afirmado por jueces de primera instancia que, por ejemplo, ante la exis-
tencia de daño moral por rebote de la madre y los hermanos de la víctima directa, los
hermanos no tendrían legitimación activa para reclamar, ya que, a partir de la aplicación
de un orden de prelación (del CPP), la madre los excluiría.
En lo particular, se sostuvo:
“Desde esta perspectiva, la demanda por indemnización de perjuicios extracontrac-
tual debe mirarse en forma armoniosa con la legislación vigente, y el argumento
normativo dado por la doctrina, esto es, el artículo 59 en relación al artículo 108
del Código Procesal Penal, da luces de cómo resolver este tipo de situaciones. Estas
normas jurídicas, efectivamente, establecen un orden de prelación, en las que la
madre excluye a los hermanos como titulares de la acción ejercida”11.
Así, a causa de que el CPP establece quién es víctima en el caso de que esta fallezca
y otorga a esta la posibilidad de ejercer la acción civil en el proceso penal, se podría
considerar que, como en el derecho de daños existe la misma razón, se debe aplicar la
misma disposición, aun cuando esta se encuentre en un cuerpo legal de naturaleza dis-
tinta. Es decir, siempre que falte la víctima de un injusto, sea civil o penal, se deberá
estar a un orden de prelación de manera de advertir quién se considerará víctima para
efectos de ejercer los derechos que en un proceso judicial correspondan.
El razonamiento expuesto resulta completamente incoherente e improcedente, por
los motivos que paso a exponer:
i. El derecho procesal penal tiene fines distintos a los perseguidos por el derecho
civil. Mientras el primero entrega directrices de cómo se debe llevar a cabo la per-
secución penal para efectos de hacer efectivo el ius puniendi estatal, el derecho civil
se encarga de regular las relaciones jurídicas entre privados que se entienden –por
regla general– en condiciones de igualdad12.
ii. En el contexto del proceso penal solo se considera a la víctima directa, de hecho,
en el modelo acusatorio chileno el rol que esta tiene para la substanciación del
proceso es insignificante teniendo en cuenta que a quien corresponde preferen-
temente el ejercicio de la acción penal es al Ministerio Público13, a diferencia de
lo que ocurre en el procedimiento civil que se estructura a partir del principio
dispositivo y el impulso procesal de las partes14.
11 2° Juzgado de Letras de Los Andes, 30.11.2016, rol C-762-2013, cons. 90.
12 Acerca de los fines del Derecho Privado y el Derecho Procesal Penal, véase respectivamente:
Papayannis, 2018 y Binder, 1999, pp. 53-64.
13 Es importante mencionar que la figura del querellante en materia penal no es asimilable a alguno
de los intervinientes en materia civil, por cuanto el ordenamiento procesal penal admite que personas o
instituciones que no son necesariamente la víctima del ilícito, tengan legitimación activa dentro del proceso.
14 Del principio dispositivo en proyecto de Código Procesal Civil véase: Hunter, 2010.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 79
iii. El orden de prelación del artículo 108 CPP solo es aplicable en caso de que la víc-
tima del delito fallezca, lo que no siempre ocurrirá en materia de responsabilidad
por daños.
iv. En relación con el punto anterior, los derechos que se conceden a la víctima a
partir del orden de prelación enunciado son derechos que se ejercen en nombre
del ofendido directo, lo que en materia civil se conoce como la continuidad del
causante.
El inciso segundo del artículo 59 CPP otorga un derecho alternativo a la víctima
directa, ya sea personalmente o representada en virtud de las reglas sucesorias del artículo
108 del mismo cuerpo legal, consistente en ejercer la acción civil indemnizatoria en
contra del autor del hecho dañoso dentro del proceso penal o de manera independiente,
lo que en ningún caso obsta a que víctimas indirectas puedan perseguir responsabilidad
civil fuera del proceso penal.
2. Aplicación de las reglas de sucesión del derecho civil
Las normas del derecho sucesorio también han servido para limitar la legitimación
activa entre familiares, así, se ha propuesto que los artículos 989 y 990 del Código Civil
(en adelante “CC”) que refieren a reglas propias del derecho sucesorio deben ser inter-
pretados de manera que establezcan un orden de prelación aplicable de igual manera a
los daños por repercusión.
La jurisprudencia ha señalado al respecto:
“Que, así las cosas, compartiendo esta sentenciadora el análisis del profesor Enrique
Barros, en cuanto a que existe una prelación en cuanto al ejercicio de la acción
de indemnización de perjuicios, en cuya virtud la madre aparece con derecho a
demandar que los hermanos[sic], por encontrarse en la hipótesis del artículo 989
del Código Civil, norma que excluye la regla del artículo 990 del mismo cuerpo
legal, en la que se encuentran los hermanos, es que será acogida esta excepción, en
la forma que se señalará en lo resolutivo del fallo”15.
Es posible advertir nuevamente que los jueces hacen un intento por dar a conocer
un supuesto vacío normativo por medio de la interpretación sistemática de las normas
del CC, por ejemplo, se ha señalado:
“Que de un análisis armónico de las normas precedentemente reseñadas y haciendo
aplicable las normas de interpretación de la ley que nuestro Código de Bello señala
en los artículos 19 y siguientes, como asimismo el adagio “Donde existe la misma
razón debe existir la misma disposición legal”, es posible concluir que de acuerdo al
15 2° Juzgado de Letras de los Andes, 30.11.2016, rol C-762-2013, cons. 90.
80 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
inciso final del artículo 189, la enunciación allí señalada es excluyente en el orden
en que se encuentran, lo que resulta un fundamento más para colegir que la cónyuge
y los hijos excluyen a los demás parientes, en relación además a lo dispuesto en el
artículo 988 del Código Civil, en cuanto a los órdenes de sucesión intestada”16.
Razonamientos similares se repiten en los juzgados de letras, e incluso en las Cortes
de Apelaciones17.
La interpretación sistemática que se analiza, mediante la utilización del aforismo
Ubi edem ratio ibi ius18 me parece completamente errónea, ya que es necesario recordar
que cuando una víctima por rebote o repercusión reclama el daño propio, lo hace de
manera personal y no por los derechos que le pertenezca por la sucesión de la víctima
directa, es decir, se reclama a nombre propio y no “en representación de …”, motivo por
el que se debe considerar que este criterio confunde la noción misma de daño reflejo.
En relación con ambas soluciones planteadas por la jurisprudencia para limitar la
legitimación activa en materia de daños por rebote, esto es, el uso de normas del CPP
y CC en lo relativo a las reglas sucesorias, es oportuno advertir y destacar la similitud
ontológica que representa el artículo 108 del CPP con la legislación en materia de de-
rechos sucesorios, de manera que se podría concluir sin necesidad de realizar un salto
argumentativo que la norma que reconoce la calidad de víctima en el contexto de un
procedimiento penal es en realidad una norma del derecho sucesorio, en tanto establece
quién podrá ejercer los derechos del causante en caso de fallecimiento. Esto último se
podría justificar a partir de un cierto grado de deferencia que debería tener el Estado
con la víctima del injusto penal en la persecución de hechos constitutivos de delito.
En definitiva, habiendo constatado que ambas soluciones confunden en definitiva
el ejercicio de derechos en nombre de la víctima directa con el ejercicio de los derechos
propios de las víctimas por rebote, es posible concluir que la aplicación de un orden de
prelación existente ajeno al derecho de daños implica necesariamente hacer una inter-
pretación contra legem de la institución.
Sin perjuicio de lo señalado, esa postura no es unánime. La Corte Suprema de Justicia
ha demostrado en ciertos casos una interpretación distinta de las normas, advirtiendo que
no es posible una integración del derecho a partir de la utilización analógica de normas
del CPP y del derecho sucesorio en casos de Responsabilidad Civil Extracontractual por
daño moral por repercusión.
Así entonces, el máximo tribunal ha sostenido:
16 8° Juzgado Civil de Santiago, 05.09.2014, rol C-5040-2011, cons. 10.
17 Entre otros, véase: Corte de Apelaciones de Valparaíso, 02.01.2000, rol 3617-1999, cons. 4;
14º Juzgado Civil de Santiago, 08.05.2012, rol C-32130-2008, cons. 11; 11°Juzgado Civil de Santiago,
14.12.2012, rol C-5112-2010, cons. 25; 4º Juzgado Civil de Valparaíso, 26.11.2013, rol C-2447-2010,
cons. 15; 1º Juzgado Civil de Chillan, 12.08.2014, rol C-3857-2012, cons. 3; 8°Juzgado Civil de Santiago,
05.09.2014, rol C-32130-2008, cons. 11; Corte de Apelaciones de Santiago, 31.03.2015, rol 7317-2014,
cons. 1-6 incluido voto de prevención; Corte de Apelaciones de Valparaíso, 27.03.2017, rol 51-2017, cons. 1.
18 “Donde hay la misma razón, se aplica la misma disposición”.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 81
“No se divisa en la especie infracción a las normas de los artículos 2314 y 2319
del Código Civil, en relación al artículo 988 del mismo Código, toda vez que,
a diferencia de otras legislaciones, en nuestro país, no existe una norma civil de
aplicación general que consagra la responsabilidad extracontractual para las vícti-
mas por repercusión en el caso de fallecimiento en que se establezca un orden de
prelación para reclamar los daños experimentados, sin que resulte, por disposición
del artículo 22 inciso 2 del Código Civil, extrapolable las normas establecidas sobre
prelación para otras materias como es a propósito del orden de sucesión hereditaria
(artículo 988), de la prelación establecida por la Ley 16.744 en materia laboral, en
su artículo 43 o de la Ley 16.643, en su artículo 14, con motivo de los titulares
de la acción en caso de daños ocasionados por abusos de publicidad, o de la norma
consagrada en el artículo 108 del Código Procesal Penal antes reseñada”19.
Esta última interpretación del derecho se ha impuesto –acertadamente, como se
demostrará– a pesar de que existen varias referencias por parte del máximo tribunal a la
existencia o necesidad de limitar el ejercicio de la acción de reparación por daño reflejo
a partir de normas procesal penales20.
El problema en cuestión no ha sido tratado con la atención requerida y se ha ge-
nerado incerteza jurídica que se traduce consecuentemente en la carencia de coherencia
en el sistema jurídico que imposibilita que las personas tengan expectativas legítimas
de que sus derechos serán defendidos. No es posible conformarse con una interpretación
más o menos asentada de la Corte Suprema, porque dicha interpretación podría variar
con el tiempo considerando el efecto relativo de las sentencias (Artículo 3 del CC) y
porque sería un atentado al sistema de justicia pretender que todas las causas lleguen
ante el máximo tribunal para resolver conforme a derecho.
A esta altura ya es posible preguntarnos acerca de la viabilidad de una norma ge-
neral que establezca un orden de prelación en materia de daños por rebote y si una de
este tipo podría colisionar o no con un principio rector del derecho de daños como es el
de reparación integral. Más adelante me aventuro a entregar lo que –a mi juicio– sería
la manera correcta de equilibrar la tensión.
III. El principio de reparación integral del daño como núcleo
fundamental de la responsabilidad civil
El principio de reparación integral del daño no ha sido objeto de un estudio porme-
norizado, de ahí que las únicas referencias a su existencia hagan alusión a la necesidad
de que la medida de la reparación se relacione con la medida del daño causado, como se
19
Corte Suprema, 01.03.2018, rol 27931-2017, cons. 6.
20
Corte Suprema, 31.08.2010, rol 4099-2008, cons. 6. 31 de agosto de 2010 y 29.05.2002, rol
4784-2000, cons. 14 y 16.
82 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
expondrá. Este principio ha sido utilizado en gran medida para justificar la procedencia
de la indemnización de daños extrapatrimoniales en sede contractual.
Nuestro sistema de derecho de responsabilidad civil se ha construido principalmen-
te a partir de una concepción de justicia correctiva21, aun cuando se ha postulado que
existen ciertos espacios complementarios como la justicia distributiva22, la retribución
del mal causado por el autor del hecho dañoso, e incluso un fin de prevención general23.
Como se mencionó, esta concepción de justicia correctiva implica entonces que la
medida de la indemnización debe tener relación directa con la medida del daño, así,
se satisface dicho principio si con la indemnización se puede dejar a la víctima en un
estado más o menos equivalente al que se encontraba antes de la perpetración del daño,
ya sea patrimonial o extrapatrimonial. En palabras de Domínguez: “se indemniza todo
el perjuicio, pero nada más que el perjuicio”24. Sin embargo, esta regla debe admitir al
menos dos consideraciones. En primer lugar, se debe considerar que el perjuicio del que
se responde es aquel provocado por el actor, ya que en aquellos casos en que exista una
concurrencia de culpas entre el actor del hecho y la víctima, el juez deberá disminuir
prudencialmente la indemnización25. En segundo lugar, y de manera más controversial,
se debería aceptar que la exigencia de la reparación integral viene dada por un quantum
indemnizatorio justo, de manera de no conculcar los derechos fundamentales de la
víctima como se señalará.
Un aspecto que no se ha estudiado en la doctrina tradicional chilena pero sí en la
doctrina extranjera26 es la existencia de un derecho constitucional –al menos implíci-
to– a la reparación integral, que implicaría un mandato a los jueces, para velar porque
en el ejercicio de la función jurisdiccional no se vulneren los derechos fundamentales
de la víctima relacionados con los daños jurídicos. Esta lectura posibilitaría dejar de
circunscribir el principio preferentemente al sistema de responsabilidad civil extracon-
tractual, sino que aplicarlo a todo el derecho de daños, ya que su fundamento dejaría
de estar únicamente en lo estatuido por el artículo 2329 del CC, aplicable únicamente
a la responsabilidad civil extracontractual.
21 Barros, 2020, pp. 41- 49.
22 Esta doctrina –a la que personalmente adscribo– considera que es imposible separar el estatuto de
responsabilidad extracontractual de los lineamientos de la justicia distributiva, esto se evidencia, por ejemplo,
en la decisión política que subyace a la posibilidad de traspasar el daño de quien lo sufre a quien lo ocasiona
e incluso en la extensión misma que debería tener ese daño resarcible. Un interesante análisis con diversas
manifestaciones de justicia distributiva en la responsabilidad civil en Pino, 2013.
23 Creo que no es posible advertir un fin retributivo o de prevención general a partir del sistema común
de responsabilidad extracontractual chileno, toda vez que ello implica considerar una sanción en contra del
autor del hecho dañoso y no simplemente una indemnización, y que para ello deberían existir las garantías
procesales propias de un procedimiento penal o administrativo sancionador, de lo contrario se incurriría en
graves vulneraciones al debido proceso. Una opinión contraria en Banfi del Río, 2017.
24 Domínguez, 2010, p. 10.
25 Según versa el artículo 2330 CC, la apreciación del daño está sujeta a reducción, si el que lo ha
sufrido se expuso a él imprudentemente.
26 Del derecho constitucional a la reparación integral en la República Argentina, véase: Juárez, 2015.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 83
Si se acepta la existencia del aludido derecho constitucional a la reparación integral
del daño, podremos establecer que se encuentra consagrado –al menos implícitamente–
en gran parte del catálogo de derechos fundamentales del artículo 19, en particular en
sus numerales 1 (derecho a la vida, a la integridad física y psíquica), 2 (igualdad ante la
ley y prohibición de discriminaciones arbitrarias), 3 (tutela judicial efectiva y debido
proceso), 4 (derecho a la honra y protección a la vida privada), 21 (derecho a desarrollar
cualquier actividad económica), 23 (libertad para adquirir el dominio de toda clase de
bienes), 24 (derecho de propiedad en sus diversas especies), 25 (derechos de propiedad
intelectual) y 26 (garantía de no conculcar los derechos fundamentales en su esencia).
Lo anterior complementado con el artículo 76 relativo a la función jurisdiccional y el
principio de inexcusabilidad.
En la doctrina nacional tradicional, quien ha dedicado mayores esfuerzos al estudio
del daño moral y el principio de reparación integral del daño es la profesora Carmen
Domínguez Hidalgo, quien ha conceptualizado el principio de reparación del daño en
los siguientes términos:
“[...]es el contenido del conocido alterum non laedere (deber general de respeto a
los demás)27, principio general que funda toda la responsabilidad civil desde su
primera comprensión por Ulpiano como también desde su regulación codificada,
por primera vez en el Code y luego en todos los demás códigos decimonónicos que
se inspiraron en él, como el nuestro”28.
Por su parte, el tratadista Enrique Barros señala que, aun cuando el artículo 2329
CC establece una presunción de responsabilidad por el hecho propio, se ha reconocido de
igual manera por la jurisprudencia que de dicha norma se puede desprender el principio
de reparación integral, que implica “poner al demandante en la misma situación en que se
encontraría si no hubiese sido víctima del daño causado por el hecho del demandado”29.
Respecto de la constatación del profesor Barros, la Corte Suprema ha señalado en
lo relativo a la consagración del principio de reparación integral:
“[...]lo dispuesto en el artículo 2329 del Código Civil, precepto a partir del cual
se estructura el principio de reparación integral del daño, el cual supone que debe
indemnizar todo daño que sea consecuencia directa del hecho ilícito”30.
“Conforme lo dispone el artículo 2329 del mismo cuerpo legal, está regida por
el denominado principio de reparación integral del daño, que, en su aspecto más
amplio, significa que su ámbito se extiende no solo al resarcimiento entero del
27 Contrario a la interpretación de la profesora Domínguez, considero que el alterum non laedere debiese
limitarse únicamente a un deber de no dañar al otro para efectos de no vaciar su contenido.
28 Domínguez, 2019, p. 89.
29 Barros, 2020, p. 267.
30 Corte Suprema, 22.05.2018, rol 58983-2016, cons. 7.
84 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
perjuicio patrimonial, sino también a la obligación de responder de aquel de na-
turaleza extrapatrimonial”31.
“Que el artículo 2329 del Código Civil dispone en su inciso primero: Por regla
general todo daño que pueda imputarse a malicia o negligencia de otra persona
debe ser reparado por esta”, consagrando de esta forma el principio de la reparación
integral del daño, esto es, que todo perjuicio debe ser reparado en toda su extensión,
máxima íntimamente relacionada con la finalidad reparatoria de nuestro sistema
de responsabilidad civil32.
Como se puede apreciar, se ha entendido que el principio de reparación integral se
encuentra recogido en el artículo 2329 del CC, en tanto postula: “Por regla general todo
daño que pueda imputarse a malicia o negligencia de otra persona debe ser reparado por
esta”, así entonces, se relaciona la utilización de la voz “todo daño” con la exigencia de
que la reparación se relacione directamente con la magnitud del perjuicio.
La doctrina mayoritaria postula que el principio de reparación integral requiere
que se indemnice todo daño, pero nada más que el daño33, ello se ha relacionado con un
reconocimiento a la justicia correctiva como único fin del derecho de daños. No obstante,
dicha interpretación debiera ser revisada, en particular en una época en que existe una
preocupación por la preexistencia de fines complementarios a la justicia correctiva, como
una función distributiva, retributiva34 e incluso de prevención general. Para efectos de
constatar la relevancia que tiene dicho cuestionamiento podemos recordar desde ya que
las razones que posibilitan traspasar el riesgo del resultado de un hecho dañoso de una
persona a otra son cuestiones de política pública y justicia distributiva35.
Aunque no es el objeto del presente artículo, se podría sostener que, de existir
fines complementarios a la justicia correctiva en el que se cimenta nuestro sistema de
responsabilidad extracontractual, el artículo 2329 del Código de Bello establece solo un
mínimo o límite inferior en el quantum indemnizatorio compatible con el respeto a los
derechos fundamentales de la víctima. Si esto es así, creo que la subsistencia del prin-
cipio de reparación integral en el derecho de daños moderno puede correr dos caminos:
(i) Entender que el principio de reparación integral sí responde únicamente a fines
de justicia correctiva, pero que opera como una garantía para la víctima en tanto
establece un mínimo de reparación, necesario para no conculcar los derechos
constitucionales.
(ii) Entender que el principio de reparación integral va más allá de la concepción de
justicia correctiva y que se satisface con justo quantum indemnizatorio, siendo
31 Corte Suprema, 21.02.2018, rol 7.085-2017, cons. 6.
32 Corte Suprema, 24.10.2017, rol 8364-2017, cons 13.
33 De justicia correctiva en responsabilidad extracontractual: Domínguez, 2019, pp. 116-118.
34 Acerca de la dimensión retributiva del derecho de daños: Martínez, 2020.
35 Para la justicia distributiva vale remontarnos a Aristóteles, 1985.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 85
justo en tanto cumpla los fines de la responsabilidad civil (sean estos de justicia
correctiva, retributiva, distributiva, etc.).
Aun cuando pueda existir controversia en torno a la extensión del principio y
su constitucionalización, hay a lo menos algo claro: serviría para fijar –por medio de
un mandato constitucional a la judicatura– el estándar mínimo que debe procurar la
reparación a la víctima del injusto de manera de no conculcar sus derechos fundamen-
tales36, en particular el derecho fundamental a la igualdad, la tutela judicial efectiva y
a la indemnidad.
Siguiendo la propuesta de García y Contreras37, el derecho a la tutela judicial efec-
tiva implícitamente constitucionalizado consideraría para estos efectos –al menos– el
derecho a la acción, el acceso a la justicia y el derecho a una sentencia judicial motivada.
En cuanto a su contenido, estos autores señalan:
“[...]la tutela será plena cuando se pueda accionar ante la jurisdicción, directa o
indirectamente, con requisitos que permitan llegar a ella, que den una respuesta de
fondo a los intereses o derechos legítimos respecto de los que se reclama y que se
traduzca en una sentencia fundada y pública con la efectividad de la cosa juzgada
y con garantías de su cumplimiento”.
Por su parte, comparto lo expuesto por el profesor Papayannis38 en torno a considerar
la existencia de un deber de no dañar (derecho a la indemnidad) que se encontraría implí-
cito en el ordenamiento jurídico, y que para estos efectos es aplicable al sistema chileno.
Este deber de no dañar implicaría la existencia de un derecho a la reparación integral.
¿Una dimensión procesal del principio de reparación integral del daño?
Un tanto más interesante e inédita –al menos en la doctrina nacional– es una in-
terpretación del principio de reparación integral del daño desde una óptica procesal, la
que permitirá comprender de mejor manera la vulneración que se produce al limitar la
legitimación activa de las víctimas por rebote.
Siguiendo a la profesora Carbonell, no parecieran haber buenos motivos para se-
parar el estudio de un derecho civil “sustantivo” del derecho procesal “adjetivo” en el
entendido que los derechos subjetivos reconocidos por el legislador no se entienden sin
la posibilidad de activar una protección jurisdiccional39, esto tiene particular relevancia
de cara a cómo se reconoce y defiende la tutela judicial efectiva y la existencia de un
deber de no dañar correlativo a un derecho a la reparación integral.
36 Un interesante análisis de la relación que se presenta entre el principio de reparación integral y el
derecho constitucional a la igualdad se puede evidenciar en: Picasso, 2007.
37 García, 2013, p. 245.
38 Papayannis, 2014, pp. 160-173.
39 Carbonell, 2019, pp. 588-593.
86 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
Así entonces, existen buenas razones para circunscribir el estudio del principio
de reparación integral del daño no solo a la reparación de todo daño jurídico, sino que
también a todos los dañados por un hecho dañoso. De hecho, necesariamente deberíamos
llegar a la conclusión de que la suma de los perjuicios individualmente sufridos forma
en definitiva el daño total, no siendo posible –para efectos de la reparación integral–
discriminar entre los perjuicios de unos y otros.
A modo de ejemplo, se puede sostener que el daño indemnizable (D), será igual a
la sumatoria de todos los daños sufridos por las diferentes víctimas(d), de la siguiente
manera:
D = Σ (d1 + d2 + d3 + d4 + d5 + …)
Comparto en este punto lo señalado por Juárez Ferrer en torno a considerar dos
etapas para la protección del derecho a la reparación integral, a saber: una etapa decla-
ratoria y una ejecutoria. En lo particular este autor señala:
“Para hablar de una indemnización integral, hay dos grandes etapas que deben tenerse
en cuenta. Una primera, que hace al reconocimiento del derecho a la reparación
integral, mientras que una segunda se relaciona con la realización del derecho ya
reconocido. Tan importante como tener el derecho es poder ejercerlo, y por ello,
la idea de la integralidad debe proyectarse en ambas etapas, reconocimiento del
derecho y ejercicio del derecho”40.
El quid de la situación viene dado entonces por el reconocimiento al derecho a enervar
la pretensión indemnizatoria ante los tribunales de justicia como parte integrante de
la reparación integral y no solo el derecho a ser indemnizado por toda la extensión del
daño, si no existe la posibilidad de acudir a la justicia, los derechos que pudiera tener
la víctima se vuelven una ilusión.
Esta modesta conclusión es del todo relevante para efectos de entender la tensión
que se ha venido presentando, ya que necesariamente se incurrirá en una vulneración
al principio de reparación integral del daño cuando se limite –incluso por la vía de un
orden de prelación construido analógicamente– el ejercicio de una acción a quienes
tengan pretensiones legítimas.
Además, retomando el objeto principal de este trabajo, es posible concluir que el
principio de reparación integral del daño tiene una importancia crucial en el derecho
de daños chileno, de hecho, si una sentencia judicial no satisface dicho principio esta
podrá ser casable en el fondo ante el máximo tribunal de justicia por infracción de ley
que influye en lo dispositivo del fallo41.
40 Juárez, 2015, p. 73.
41 Véase: Corte Suprema, 22.05.2018, rol 58983-2016, cons 7 y 8.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 87
IV. Acerca del reconocimiento y preocupación por la situación
patrimonial del condenado
Basta reconocer un problema básico en economía como el de la escasez de recursos
para entender la preocupación existente ante la situación en que se encontrará el condenado
a la indemnización. Sin embargo, a partir de consideraciones tanto de jueces del fondo
como de la Corte Suprema conociendo de demandas de indemnización de perjuicios en
casos de múltiples víctimas ha sido posible advertir que esa preocupación puede tener
especial relevancia a la hora de resolver un caso en concreto.
Referente a la preocupación por la extensión de la indemnización a multiplicidad de
víctimas y cómo esta podría o no afectar los resultados de le pretensión indemnizatoria
se ha expresado, por ejemplo:
“En nuestro derecho existe un amplio reconocimiento de la reparabilidad del per-
juicio afectivo que se sigue de la muerte de una persona muy cercana, siendo una
de las principales manifestaciones del daño moral.
No obstante, una de las principales dificultades que presenta, es la extensión de los
titulares de la acción de reparación, ya que la muerte de una persona puede provocar
un sufrimiento cierto y profundo en un gran espectro de familiares y amigos[...]” 42
“Es razonable concluir que la indemnización por daño moral no puede extender-
se más allá del límite de la retribución a que es equitativo someter al deudor en
razón de su conducta negligente, criterio que sería infringido si se admitiera que
la pretensión se multiplicara sin límite controlable, extendiéndose al amplio con-
junto de personas que pueden verse afectivamente perjudicadas por la muerte de
una persona”43.
A mí parecer esta preocupación se puede deber a diversas causas:
Se podría relacionar con una verdadera preocupación por la situación patrimonial
del condenado, en particular si el quantum indemnizatorio fijado podría devenir en una
situación de empobrecimiento que supere los márgenes permisibles, es decir, aquellos
mínimos para garantizar la supervivencia de una persona (interés en la dignidad del
condenado). Bajo esta mirada se podría considerar, por ejemplo, que el establecimiento
de bienes “inembargables” cumplen una función análoga.
En la otra vereda podría ser una preocupación porque tras la fijación del quantum
indemnizatorio se haga ilusoria la pretensión resarcitoria de los demandantes (interés
en quien obtiene una sentencia favorable).
Nada obsta, en todo caso, que existan causas complementarias, sobre todo conside-
rando que, aunque nuestro sistema se construye a partir de una concepción de justicia
42 4° Juzgado de Letras Civil de Antofagasta, 28.07.2020, rol C-3907-2019, cons. 25.
43 Corte Suprema, 29.05.2002, rol 4784-2000, cons. 14.
88 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
correctiva, hay expresiones de otros fines complementarios como por ejemplo la justicia
distributiva detrás de la consideración de la previsibilidad para efectos de determinar
la culpabilidad y la causalidad44.
Sin perjuicio de ello, es posible advertir también una tercera causa, que es –a mi
modo de ver– inaceptable y constituye una discriminación arbitraria en contra de las
víctimas por rebote que son excluidas de la indemnización por no tener un vínculo de
parentesco lo suficientemente cercano para ser indemnizados. Esta tercera causa dice rela-
ción con que las víctimas por rebote en realidad lo que pretenden es un aprovechamiento
de la situación de “desventaja” en la que se encuentra el demandado. Sin embargo, esto
no es más que un prejuicio, que aun cuando podría llegar a ser considerado por el juez
para efectos de construir inferencias probatorias epistémicas45, no procede para limitar
injustificadamente el ejercicio de la acción.
A estas alturas es posible establecer una modesta conclusión. Atendido a que los
recursos son escasos, los jueces deben otorgar una indemnización suficiente para no
conculcar los derechos fundamentales por medio del respeto al principio de reparación
integral del daño a todos aquellos quienes tengan una pretensión legítima de reclamarlo,
y a su vez, procurar que dicha indemnización no haga ilusoria el cumplimiento de la
sentencia en favor de las víctimas por rebote.
Lo anterior implica necesariamente reconocer que mientras más víctimas por
rebote o reflejo reclamen su daño moral, mayor probabilidad hay de que el demandado
no pueda cargar a priori con el quantum indemnizatorio total, o a contrario sensu, menor
probabilidad de que la pretensión indemnizatoria o resarcitoria sea satisfecha.
Lo plantearía de la siguiente forma: mientras más víctimas por daño reflejo existan
y ejerzan la acción de reparación, debido a que los recursos son limitados, mayor es el
riesgo de que la reparación del daño no sea integral.
Cuestión que es además “paradójica”, pues, lo que fundamenta esta tensión es precisa-
mente la doble dimensión del principio de reparación integral del daño (procesal y civil).
V. Reforma legal ¿una posible solución?
Antes de referirme a la viabilidad de una reforma legal creo que es necesario advertir
que el problema puede ser morigerado a priori mediante el reconocimiento de formas
de compensación del daño moral distintas a la indemnización pecuniaria, como por
44 La decisión filósofo-política de limitar el perjuicio indemnizable solo a daños directos implica
distribuir el riesgo de ciertas pérdidas a la víctima del hecho dañoso porque no sería “justo” que los soporte
el autor de este.
45 Siempre que las presunciones sean graves, precisas y concordantes en virtud del artículo 1712 CC. Me
parece que si se acepta que el valor probatorio que otorga el Código de Procedimiento Civil a la presunción
judicial es una manifestación de la sana crítica dentro del sistema de prueba legal o tasada se debería
exigir además que se respeten los límites de la lógica, las máximas de la experiencia y los conocimientos
científicamente afianzados.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 89
ejemplo, las disculpas públicas o la publicación de la sentencia en un diario importante
con cargo al condenado46.
Ahora, habiendo analizado la utilización jurisprudencial de normas propias del
derecho procesal penal y del derecho sucesorio, y llegado a la conclusión de que dichas
normas no pueden ser aplicables siquiera por medio de una interpretación analógica
de las mismas, corresponde referirme a la viabilidad de una reforma legal que permita
establecer un orden de prelación para las víctimas de daño por rebote.
Es posible establecer que una reforma de este tipo implicaría modificar el título
XXXV del libro IV del CC en torno a incorporar un orden de prelación que otorgue
legitimación activa a la o las víctimas por reflejo que se enuncie.
Dicha reforma legislativa podría ser considerada prima facie una buena forma de
resolver un problema concreto de la manera más sencilla posible, de hecho, se puede
considerar que otorgará certeza jurídica en tanto las víctimas de daño reflejo sabrán
que tienen o no la posibilidad de acudir a los tribunales de justicia a solicitar una in-
demnización correspondiente. Además, podría justificarse por razones de eficiencia del
sistema judicial en tanto se podría declarar inadmisible la pretensión de quien no tenga
legitimación activa a partir de un análisis formal de la demanda47.
A pesar de lo anterior creo que una reforma legal de estas características presentaría
graves problemas de inconstitucionalidad si se llegara a reconocer un derecho constitu-
cional a la reparación integral y a la indemnidad, e incluso no haciéndolo, a partir del
derecho a la tutela judicial efectiva y el derecho a presentar peticiones a la autoridad
(Artículo 19 N°14 de la CPR). Además, cabría preguntarse por posibles vulneraciones
a la igualdad ante la ley por discriminaciones arbitrarias en torno a la determinación de
aquellas víctimas por rebote protegidas, ¿Habría que considerar a solo una persona en el
orden de prelación? ¿Dependerá de la situación económica del demandado? ¿Habría que
distinguir el tipo de daño? ¿Cuál sería el límite? ¿Cuál sería el fundamento de tal límite?
Incluso si pudiese argumentarse que no existe tal inconstitucionalidad, se podrá
considerar que dicho orden de prelación atentaría contra el bien jurídico protegido por
la responsabilidad civil extracontractual, esto es el derecho a la indemnidad, que aun
cuando no se reconozca constitucionalmente sí es posible deducirlo de la práctica misma
del derecho de daños chileno.
Si consideramos que la reparación del daño dependerá necesariamente de la compro-
bación de la existencia de un daño jurídico, no parece entonces haber motivos plausibles
para establecer normativa o discrecionalmente quiénes pueden hacer valer su derecho a la
reparación integral, y a quiénes les será negado, por tanto, si lo que se pretende es evitar
46 De la publicación de la sentencia como forma específica de reparación del daño no patrimonial: De
Cupis, 1954, pp. 376 y 367.
47 A este respecto es importante tener en consideración que la jurisprudencia mayoritaria sostiene que
la falta de legitimación activa es una excepción perentoria que por esta razón se analizará en la sentencia
definitiva, aun cuando cierta doctrina señale que es posible oponer la falta de legitimación como una
excepción dilatoria. De la falta de legitimación como excepción perentoria: Corte Suprema, 29-05-2023,
rol 16246-2022, cons. 4.
90 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
un quantum indemnizatorio que haga ilusoria la pretensión resarcitoria de las víctimas,
aun cuando se ha señalado que podrían existir mecanismos de reparación distintos a la
indemnización pecuniaria, se tendría que recurrir entonces a mecanismos procesales dis-
tintos de la prelación, como por ejemplo, considerar una mayor exigencia para demostrar
el daño moral a partir de la construcción de inferencias probatorias epistemológicas.
VI. Otras consecuencias derivadas de la aplicación
de orden de prelación
En el presente capítulo me referiré brevemente a otras consecuencias derivadas de
la aplicación de un orden de prelación distintas a la vulneración al principio de repa-
ración integral.
Seguridad jurídica
Siguiendo a Pérez Luño48, la seguridad jurídica es un valor importantísimo en
una sociedad democrática de derecho en tanto permite que el sujeto de derecho pueda
saber con claridad y de antemano a lo que se le está mandando, lo que le está permitido
o prohibido.
Considero que a partir de la errónea aplicación que han realizado los jueces de
instancia de las normas que imponen un orden de prelación, e incluso de las propias
referencias de la CS a la necesidad de limitar por alguna vía la reparación en casos de
múltiples víctimas por rebote se produce una situación de incerteza jurídica.
Lo anterior se aleja de la laxitud interpretativa que pudieran tener los jueces en el
ámbito de la aplicación de la norma general y abstracta a un caso concreto, y amenaza
la credibilidad del sistema de justicia.
Derecho a la acción
El derecho a la acción se encuentra recogido implícitamente en la CPR, a partir del
artículo 19 números 3 (igualdad en el ejercicio de los derechos) y 14 (derecho a realizar
peticiones a la autoridad), por lo que, al aplicar un orden de prelación en el sistema de
responsabilidad extracontractual, no solo se atenta contra el bien jurídico protegido por
el derecho de daños, sino que también el derecho constitucional a la acción.
En relación con la relevancia de la legitimación activa para efectos de ejercer el
derecho a la acción, el profesor Alejandro Romero señala:
“La legitimación es el primer elemento que el juez debe considerar al examinar
si concurren las condiciones de la acción. Si falta la legitimación, necesariamente
48 De la seguridad jurídica como garantía del derecho véase: Pérez, 2000.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 91
debe concluir que el demandante carece de acción. En esta materia existe un ver-
dadero principio, que se traduce en el siguiente axioma: “no hay acción si no hay
legitimación”49
¿Vulneración a la separación de poderes?
Finalmente, se podría llegar a considerar –quizás de manera apresurada– que cuando
los jueces integran lagunas que son inexistentes en el derecho a partir de utilización de
aforismos como el Ubi edem ratio ibi ius, lo que se está haciendo es vulnerar la separación
de poderes atribuyéndose facultades legislativas que no poseen, sobre todo considerando
los postulados del realismo jurídico en donde el derecho vigente será aquel que apliquen
los tribunales de justicia.
Sin embargo, creo que habría que ser cuidadosos con esta afirmación toda vez que,
aun cuando la limitación a la legitimación activa por la vía de aplicar un orden de pre-
lación se trate de una práctica generalizada, persiste el efecto relativo de las sentencias,
y los jueces se mantienen interpretando –aunque sea de manera errónea– el derecho
conforme con las facultades que les otorga el artículo 76 de la CPR.
VII. Propuesta
Ante la necesidad de conciliar el principio de reparación integral del daño con una
preocupación por el estado patrimonial en que se encontrará el demandado después de
resarcir los perjuicios, derivada del principio económico de que los recursos son escasos,
se deben sostener dos cuestiones preliminares: (i) no solo la indemnización pecuniaria
permite compensar la existencia del daño moral y (ii) existen buenos argumentos para
entender que la actividad probatoria de las partes es el filtro más adecuado para discernir
quiénes deben ser indemnizados.
Referente a este segundo punto, creo que si entendemos que quien alega la existencia
de un derecho debe probarlo (1698 CC), corresponderá a la víctima por rebote acreditar
la existencia de dicho derecho, ya sea mediante la prueba directa o llevando al juez, a
partir de las inferencias probatorias epistemológicas, a la construcción de máximas de
la experiencia acorde con el principio de normalidad.
En cuanto al denominado principio de normalidad, la Corte Suprema lo ha reco-
nocido como:
“[…]Lo expuesto se relaciona con un principio probatorio reconocido por la doctrina
civil, como es el criterio de normalidad de las cosas, conforme al cual el peso de la
prueba recae en aquella parte que alega una situación contraria al orden normal de
las cosas, y no hay duda de que, conforme a la naturaleza del ser humano, la muerte
49 Romero, 2006, p. 94.
92 REVISTA DE DERECHO (VALDIVIA) [VOLUMEN XXXVI - Nº 2
de un padre, un marido o un hermano causa el sufrimiento, aflicción o menoscabo
psicológico que constituye la base del daño moral invocado”50.
La actividad probatoria de las partes entonces tiene méritos suficientes para man-
tenerse como la principal forma de limitar la indemnización solo a quienes puedan
acreditar la existencia de los perjuicios.
VIII. Conclusiones
1. A partir de la constatación de una tensión entre el principio de reparación integral
del daño y la preocupación por la situación patrimonial en que se encontrará el
condenado después de la fijación del quantum indemnizatorio se ha podido advertir
la utilización de normas propias del derecho procesal penal y el derecho sucesorio
para limitar por la vía de la aplicación analógica, la legitimación activa que de-
tentarían las víctimas de daño moral por rebote en caso de multiplicidad de las
mismas.
2. Es posible construir la existencia de un derecho constitucional a la reparación
integral del daño, y considerar que su estudio no compete únicamente a su etapa
declaratoria, sino que se requiere además tener en consideración una etapa eje-
cutoria del derecho a partir de la cual se otorga la posibilidad de ejercerlo. Estas
consideraciones harían concluir que se vulnera el principio de reparación integral
al limitar la legitimación activa para reclamar el daño por repercusión.
3. Existe una preocupación por la situación en que se encontrará el condenado al mo-
mento de cargar con el quantum indemnizatorio. Dicha preocupación puede tener
variadas causas, que van desde una real preocupación por la situación patrimonial
del condenado y cómo este podría afectar su calidad de vida a la preocupación
porque el quantum no haga ilusorio el cumplimiento de la sentencia. También se
señaló la existencia de una causa radicada en el prejuicio existente al considerar a
los demandantes del daño moral por rebote como unos aprovechadores del sistema.
4. Se criticó la utilización de normas propias del CPP y del derecho sucesorio,
haciendo hincapié en que ambas pretenden el ejercicio de los derechos en re-
presentación de la víctima directa del daño y no del daño reflejo, por lo que su
utilización constituye una confusión en torno al fin de la norma.
5. Se analizó la viabilidad de una reforma legal en el sentido de incorporar al libro
IV del CC la existencia de un orden de prelación que limite la legitimación activa
para reclamar el daño moral por rebote, advirtiendo que dicha legislación podría
ser inconstitucional y que, en definitiva, no sería eficiente para efectos de solucio-
nar la tensión que se ha venido exponiendo.
50 Corte Suprema, 01.10.2018, rol 44325-2017, cons. 8.
2023] FERNANDO SAGREDO SRDANOVIC: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES… 93
6. A partir de la integración del derecho o interpretación extensiva denunciada es
posible advertir, además de la vulneración al principio de reparación integral del
daño, una vulneración al derecho a la acción, a la seguridad jurídica e incluso una
vulneración a la separación de poderes del Estado.
7. Finalmente se advierte que la mejor solución para el problema aludido es la con-
sideración de formas de reparación distintas a la indemnización pecuniaria y la
misma actividad probatoria de las partes en el contexto del procedimiento, de
manera que la aplicación del estándar de suficiencia probatoria servirá de filtro
para discernir si está probada o no la existencia del daño sin recurrir a prejuicios
relacionados con un grado de parentesco.
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