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La Pascua

La Pascua es la principal celebración cristiana, simbolizando la historia de la salvación y el cumplimiento de las promesas en Cristo. Su origen se entrelaza con la Pascua judía, pero adquiere un nuevo significado en el contexto cristiano, destacando la resurrección de Jesús. A lo largo de los siglos, la celebración ha evolucionado, incorporando diversas tradiciones y reformas litúrgicas que reflejan su importancia en el año litúrgico.

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  • Rito Romano,
  • Éxodo,
  • Celebración,
  • Eucaristía,
  • Sínodos,
  • Cirio Pascual,
  • Noche de Pascua,
  • Fe cristiana,
  • Ciclo pascual,
  • Tradiciones
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La Pascua

La Pascua es la principal celebración cristiana, simbolizando la historia de la salvación y el cumplimiento de las promesas en Cristo. Su origen se entrelaza con la Pascua judía, pero adquiere un nuevo significado en el contexto cristiano, destacando la resurrección de Jesús. A lo largo de los siglos, la celebración ha evolucionado, incorporando diversas tradiciones y reformas litúrgicas que reflejan su importancia en el año litúrgico.

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La Pascua. Celebración de la historia de la salvación.

Centro del año litúrgico y máxima manifestación escatológica, la Pascua es sin duda, la
principal fiesta que celebramos los cristianos. Su carácter festivo y de espera, su carácter
liberador y vivificante, han hecho de este día las delicias de los Padres de la Iglesia, que
nos han legado hermosas paginas al respecto, y mas tarde a través de los siglos, la Pascua
ha sido el centro de debates que demuestran el interés que este gran misterio despierta en
los hombres.
Celebrando la Pascua semanalmente la naciente comunidad cristiana vio tempranamente
como una celebración anual, fiesta de fiestas, se fue perfilando y asentando con fuerza;
celebración en la que destaco fuertemente que las promesas se habían cumplido y que
todas las figuras salvíficas de la historia de salvación eran prefiguración de Cristo, y que
todas eran llevadas a su plenitud en la Pascua.
Explicar la celebración cultual de la Pascua es adentrarse en el mundo de las
celebraciones judías, de hecho, la primera fiesta del calendario judío que paso al cristiano
es la Pascua y al igual que ellos en el Éxodo, la celebramos como acontecimiento definitivo
de la salvación, pero a pesar de celebrarla con un mismo espíritu por decirlo de algún
modo, no hay que olvidar que los motivos son distintos y que la primera pascua es solo
prefigura de la otra. En la Pascua y por ella, la Iglesia es heredera de las prerrogativas del
pueblo judío que corresponden ahora a Cristo.
La pascua judía es en un principio la unión de dos fiestas agrícolas que a la luz del
acontecimiento histórico del Éxodo adquiere nueva connotación pasando a simbolizar esta
intervención y bifurcación en la historia. Este hecho se pude notar en el libro del
Deuteronomio, en el cual el rito del cordero y el de los ázimos, sin un nexo original se
muestran en coexistencia. En este hecho en que los ritos han perdido su sentido obvio
comienzan a ser acompañados de una catequesis explicativa, esto en su conjunto da origen
al famoso “Seder pascual”.
La primera pascua judía celebraba la salvación inmediata, las siguientes hacen actual
dicho acontecimiento, el día que “con mano fuerte te saco Yahveh de Egipto” (Ex 13, 9),
pues bien, la Pascua de Cristo es la prolongación de la experiencia histórica de Israel, El es
el cumplimiento de las figuras, durante la ultima cena las especies pascuales de la
celebración fueron tomadas por Cristo y les dio un nuevo sentido en El.
Siguiendo como ya he dicho, en sus orígenes la tradición judía donde ya existía una
pascua no podemos encontrar en los primeros documentos cristianos una celebración
pascual en la era apostólica, lo que no quiere decir que la Iglesia ignorara el carácter
pascual de la pasión y muerte de Jesús, aun así, las alusiones del Nuevo Testamento sobre
una pascua son siempre de un corte claramente judío, la Escritura nos relata que cuando
herodes encarcelo a Pedro “Eran los días de los Ázimos” (Hch 12, 3); así también Lucas
hablando en primera persona dice que siguiendo a Pablo, “Nosotros después de los días de
los Ázimos, nos embarcamos en Filipos” (Hch 20, 6) y; el acontecimiento de Cristo en la
historia se ve en esa perspectiva por Pablo: “Purificaos de la levadura vieja, para ser masa
nueva; pues sois Ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado” (1 Co
5, 7-8) Así se fue allanando el camino a una celebración pascual netamente cristiana.
Durante el siglo II encontramos las primeras noticias de una celebración anual de la
pascua: la Epístola apostolorum, y las noticias que nos proporciona Melitón de Sardés,
que nos lego además la primera homilía pascual. De esta época es también el asunto de la
fecha de celebración pascual: la cuestión cuartodecimana.
Desde el comienzo todas las iglesias vieron en la Pascua la pasión del Señor coronada por
su resurrección, vieron en ella el cumplimiento de las promesas y las figuras de la pascua
judía que en Cristo había sido llevada a plenitud. Pero esto no ocurrió en lo concerniente
en los tiempos en que esto debía celebrarse. Siguiendo la costumbre que hasta hoy perdura
entre los occidentales, Palestina, Egipto, Grecia, el Ponto y Roma, celebran esta magna
fiesta el Domingo siguiente a la pascua judía; por otro lado, Siria, al igual que los judíos

1
celebra la Pascua en día fijo, catorce de nisán, en contraste con los primeros que lo hacían
en fecha móvil.
Esta oposición entre una tradición y otra llevaba consigo prácticas que hacían una
diferencia en la forma de esperar y celebrar la Pascua entre los occidentales y los
cuartodecimanos. Mientras estos últimos ayunaban solo el viernes coronando ese día con
una celebración eucarística que la culminaba, los primeros ayunaban durante todo el
sábado y tenían una celebración eucarística el Domingo en la mañana.
Ya en el año 120, siendo Papa Sixto, hubo un enfrentamiento a puposito de la fecha de la
Pascua entre la iglesia de Roma y la de Asia. La controversia se zanjo el año 195, cuando
el Papa Víctor convocando algunos sínodos, en principio excomulgo a las iglesia de Asia, la
cual fue posteriormente levantada al ceder los cuartodecimanos a su practica, finalmente
el Concilio de Nicea (325) zanjo en forma definitiva el debate a favor de Roma, y
posteriormente el Concilio de Antioquia (341) excomulgó a los últimos cuartodecimanos
que iban quedando.
A partir de fines del siglo II, cuando la pugna que mencionábamos llegaba a su fin, la
Vigilia Pascual comienza a hacerse mas compleja comenzando a recoger costumbres y
tradiciones de los pueblos en los que se encontraba el cristianismo y otras que se habrían
de desarrollar en el seno de algunas iglesias particulares, así el Rito Romano adopto
costumbres no propias hasta desembocar en la celebración de hoy, hay que destacar que
aun en el siglo IV los files se encuentran impregnados de simbología de origen pagano,
tales como el renacimiento de la primavera, la luz, etc. La catequesis de los padres les
darán un significado nuevo en función del mensaje cristiano. Por esta misma época
encontramos una Vigilia estructurada en tres partes: la liturgia de la Palabra, la
bautismal y la Eucaristía.
Los datos que hasta el siglo III eran escasos y de tipo teológico o catequético, comienzan a
aparecer de a poco para entregar información. De esta época data precisamente la
“Didascalia de los apóstoles”, texto en el que no encontramos el esquema mas arriba
mencionado, sino una celebración de estructura mas simple: una celebración con cantos y
oraciones, luego la Eucaristía que pone fin al ayuno. De este esquema resulta que el
bautismo tan común hoy en la Vigilia Pascual no era celebrado originalmente en este
marco.
Con el correr de los siglos nuevos cambios de operaron en la celebración, como así
también nuevas expresiones.
Entre los siglos VI y VIII se comienza a desarrollar en Roma el “Triduo pascual”, que
sigue el desarrollo histórico de los acontecimientos, costumbre que desde mucho antes,
pero de otra forma ya se hacia en Jerusalén. Durante el siglo VIII se extiende en occidente
la devoción mariana en Sábado Santo, en la creencia de la espera en este día por parte de
Maria.
Poco antes de estos acontecimientos, entre los siglos VII y VIII se da un fenómeno que
durante siglos entorpecerá un simbolismo esencial en la celebración de la Pascua. En este
periodo se traslada la liturgia pascual al atardecer, y así permanecerá hasta el siglo XIV,
momento en que empeorara la situación pues se comenzara a celebrar el sábado en la
mañana. Esto en su misal de 1570 fue recogido por Pío V, cuando ya en 1566 se
prohibieron las misas nocturnas y vespertinas.
Desde esta época la Vigilia Pascual no tuvo ningún cambio significativo hasta la reforma
operada por Pío XII, el esquema de esta Vigilia Pascual es el mismo desde comienzos de la
edad media: lucernario, lecturas del Antiguo Testamento, liturgia bautismal y por ultimo
la misa. Esta celebración tenia falencias notables, el lucernario no aparecía como parte de
la celebración, quedando claro que era en muchos aspectos solo una yuxtaposición; las
lecturas del Antiguo Testamento no tenían coherencia y no parecían conectadas con las
lecturas de la Misa que concluía la Vigilia; el bautismo interrumpía la proclamación de la
Palabra; pero por sobre todo era la multitud de ritos complicados y la celebración el
Sábado en la mañana contradiciendo la tradición de la Iglesia lo que dejaba bastante que
desear de la celebración.

2
Esta celebración y su estructura fue la que hasta la víspera del Concilio Vaticano II
estuvo en vigencia, fue esta la que recibió Pío XII y que como un ensayo para lo que haría
el Concilio decidió reformar, durante su pontificado, el 09 de febrero de 1951, la en aquel
entonces llamada Sagrada Congregación de Ritos, instauró en forma “ad experimentum”
la celebración de una nueva forma de la Vigilia Pascual, en la cual el hecho mas notorio es
que se adscribió la celebración para horas nocturnas. Esta primera reforma fue
corroborada “ad experimentum” por tres años el 11 de febrero de 1952. Finalmente la
Sagrada Congregación de ritos, co0n fecha 16 de noviembre de 195, puso en marcha
definitivamente la Semana Santa, sin grandes cambios a lo propuesto en un principio con
la excepción del cambio de colores litúrgicos: el blanco por el morado y otros.
A pesar de todo y de lo positivo de esta reforma, heredo algunos aspectos negativos, en
síntesis el panorama era el siguiente: esta reforma simplifico el lucernario, pero no lo
acoplo a la celebración, se redujeron sus oraciones dándoles además otro orden; se
revalorizo el cirio pascual; se redujeron a cuatro las lecturas siguiendo la tradición
gregoriana; se introdujo la renovación de las promesas bautismales; el bautismo siguió
interrumpiendo las lecturas; la Misa aun parecía un apéndice final; pero lejos lo mas
extraño de todo era que la Vigilia concluía con el canto de laúdes de Pascua.
Esta celebración como ya he dicho fue la que llego a vísperas del Concilio, el cual en la
gran reforma que opero en la liturgia no podía dejar de lado la Vigilia Pascual.
Esta reforma realizada por Pablo VI, hizo lo siguiente respecto a la Vigilia Pascual:
redujo el lucernario a sus elementos esenciales, lo que como debe ser le dio discreción; las
lecturas son unitarias y su desarrollo es con coherencia, además su proclamación no es
interrumpida por el bautismo que fue desplazado al final. Las lecturas del Antiguo
Testamento culminan así con la epístola y el Evangelio; sobre el bautismo que ya he dicho
ha sido trasladado al final de la celebración de la Palabra, se han introducido moniciones
que ayudan a la participación; la Eucaristía no aparece como apéndice o yuxtapuesta a la
celebración sino que la corona y; por ultimo se han suprimido los laúdes del final.
Esta es la estructura celebrativa que ha llegado hasta hoy, es esta la que el presente
trabajo analiza y a ella se refiere. La intención es tomar cada parte de esta celebración que
a saber son cuatro: lucernario, celebración de la Palabra, bautismo y Eucaristía, y
explicar sus elementos para dar una comprensión aunque sea somera de lo que tan
magnamente celebramos.

La Pascua. La gran noche.


Hablando de la resurrección de cristo, San Agustín dijo:
Era bien necesario que resucitara por la noche, porque su resurrección ha iluminado
nuestras tinieblas.1
En este convencimiento y siguiendo una antiquísima tradición la Iglesia comienza el
sábado Santo en la noche la Vigilia, acontecimiento máximo del año litúrgico, en el que la
liturgia brilla en todo su esplendor.
Como memorial de la liberación de Egipto, el pueblo judío hace vigilia durante la pascua,
y los cristianos en el conocimiento de que la verdadera y definitiva liberación es operada
por Cristo, celebramos la Pascua de la cual la primera es solo figura. Los judíos creen que
Dios actúa en forma potente de noche, una tradición dice que la historia conoce cuatro
noches en las que Dios actúa con especial potencia: la primera es la noche de la creación,
la segunda es la liberación de Egipto y la muerte de los primogénitos, la tercera es la noche
del sacrificio de Abraham y, la cuarta y ultima es la manifestación del Mesías. Esta
tradición no pierde fuerza en la tradición cristiana, antes bien, toman un cariz más
potente.
Las tres primeras noches tienen un cariz marcadamente pascual que es realizado por y
en Cristo, la primera noche, la de la creación, tiene una significación mucho mas profunda
si el relato del Génesis (capitulo 1) se lee a la luz del prologo del Evangelio de Juan

1
Agustín de Hipona, segunda homilía sobre la noche santa. El Misterio de la Pascua, pp. 214.

3
(capitulo 1), tomando en cuenta que en Cristo la creación se renueva y perfecciona “por
que en el fueron creadas todas las cosas” (Col 1, 16) y el es capaz de renovar esta creación.
La segunda noche, la del sacrificio de Abraham, ha sido siempre aplicada tipológicamente
a Cristo, así como El que lleva la cruz, Isaac lleva los maderos para la hoguera del
holocausto, oficio sacerdotal como el de Cristo, pero por sobre todo es tipológico que
Isaac2 (la humanidad) no muere sino que el carnero (Cristo) es inmolado en su lugar. La
tercera noche, la del Éxodo, es figurativa por excelencia, con los acontecimientos relatado
que mas tarde Cristo mostrara en su verdadera magnitud, un caso es la muerte de los
primogénitos, la pascua que celebran los judíos es la salvación de sus primogénitos en
contraposición a los de los egipcios, la de los cristianos es la de todos; la sangre es un signo,
así como las casas marcadas con ella, las almas (por cristo) serán pasadas por alto por el
ángel, mas aun, en prueba de que esta noche es llevada a plenitud por Cristo. Es en esta
convicción de que Dios actúa de noche que celebramos la Pascua con una vigilia nocturna,
así la cuarta noche es de gran importancia en el marco de la celebración de este misterio,
de hecho, en la Vigilia Pascual celebramos que ya se ha cumplido, que el Mesías ha venido
y ha dado cumplimiento a la Escritura y sus figuras, pero también de que aun cuando ya
es “todavía no”, es decir que el Mesías debe venir (retornar). “La pascua al mismo tiempo
que recuerdo, es una fiesta de la esperanza que ahonda la espera del Mesías: ¡el Mesías
vendrá en el curso de una noche pascual!” 3
En la espera del cumplimiento de esa venida, la celebración de la Pascua se realiza en una
vigilia nocturna, una vigilia en la que la Iglesia se alegra, de ahí la siguiente afirmación:
Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la vigilia
que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucito, ha de
considerarse como “la madre de todas las santas vigilias”. Durante la vigilia, la Iglesia
espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana.4
Esta noche en vela posee un riquísimo simbolismo que sacado del que le es propio
naturalmente, la tradición de la Iglesia ha sabido interpretar a la luz del Misterio Pascual.
La Pascua es un paso de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría, de la muerte
a ala vida, esto expresado en el paso de las tinieblas a la luz. La oscuridad es el símbolo de
la muerte, donde nada tiene forma, nada se ve, en fin, la oscuridad es todo lo negativo que
hay y que rodea al hombre, en resumen, la muerte que lo esclaviza.
Como bien dice San Agustín en la cita al principio de este apartado, era necesario que
resucitara de noche, así también es necesario celebrar y conmemorar este acontecimiento
también de noche. De esta forma en contraste con las tinieblas de la muerte, queda patente
que Cristo es la vida, teniendo claro que “la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla
en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron” (Jn 1, 4-5), que Cristo es esa luz que disipa
la oscuridad. Cristo es la luz-vida que con su muerte y resurrección vence a la oscuridad-
muerte.
Para ilustrar y simbolizar todo esto, la Vigilia Pascual comienza en la noche, símbolo de
esta muerte de que hablamos y culmina al rayar el alba, el amanecer donde el signo de la
luz (Cristo) ha vencido a las tinieblas. Por esto es de lamentar que hoy en día, a excepción
de comunidades especificas, la Vigilia Pascual se reduce a una “Misa larga”, practica que
comúnmente termina antes incluso del comienzo del Domingo, o peor aun, una celebración
vespertina que comienza con luz y termina con la noche cerrada, siendo así muy poco
simbólica. Es loable dado este problema, seguir estrictamente la normativa al respecto:
Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe
escogerse una hora tan temprana que la vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan
tardía que concluya después del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada (sic)
estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contrario que, poco a poco se haya introducido y

2
La tradición de los Padres de la Iglesia, han dado con esta doble personificación de Cristo en el relato al
que hago alusión.
3
El Misterio de la Pascua, pp.10.
4
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta circular sobre la
preparación y celebración de las fiestas pascuales, 77.

4
que suponga una celebración de la Vigilia pascual a la hora en la cual, habitualmente, se
celebran las Misas vespertinas antes de los domingos, ha de ser reprobada.5
La Vigilia como ya he dicho, es celebración de espera en la noche, por este motivo es que
ha de comenzar el sábado en la noche y terminar el Domingo al alba. Sobre esto último se
pronuncia la norma citada más arriba, pero sobre lo primero y dado que la celebración de
Pascua ha perdido en muchos aspectos su carácter de vigilia, es que entes de concluir este
apartado creo oportuno señalar algunas normas para el caso especial en que no se pueda
hacer una celebración de toda la noche.
Lo primero que hay que mencionar es que una vigilia que dure toda la noche en espera
de la resurrección del Señor es lo que se inscribe en la tradición de la Iglesia, la practica de
“acortar” la celebración no es lo ideal, ahora, no habiendo mas salida, hay que indicar que
ninguna parte debe ser hacha a la rápida, lo cual quitaría fuerza expresiva a los ritos,
acortar es nocivo ya de por si, y es sumamente reprobable omitir alguna parte de la
celebración, lo cual no debe por ningún motivo permitirse.
Si la Vigilia requiere ser breve, la Iglesia permite que la liturgia de la Palabra que es la
parte mas extensa de toda la celebración pueda ser reducida, esto es que las lecturas del
Antiguo Testamento pueden ser hasta tres, sin dejar de leer la lectura correspondiente a el
paso del Mar Rojo (Ex 14) y su canto respectivo.
La gran celebración del triunfo sobre la muerte y la oscuridad es realizada en la Vigilia
de las vigilias, esto representado por todos sus gestos, símbolos y signos, sobre todo por el
primero de ellos que revisamos a continuación.

Fuego, cirio y Cristo-Luz.


La celebración de la Vigilia pascual es luz en medio de las tinieblas de la noche, de hecho
es acertado decir que es un juego simbólico de la luz en la oscuridad.
El contraste luz-oscuridad se puede encontrar en todas las religiones, la luz es símbolo
bueno, lo positivo: dar a luz, iluminar, ver claro, etc. Sin olvidar la manifestación y
presencia de Dios “el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible”
(1Tim 6, 16), teniendo claro que “Dios es luz, en el no hay tiniebla alguna” (1Jn 1, 15). La
liturgia al hablar de luz se refiere por sobretodo a Dios en Cristo.
La luz es el símbolo, pero el elemento verdadero es el fuego, ambos se manifiestan con
inusitada fuerza en la primera parte de la Vigilia: la bendición del fuego y el lucernario. El
fuego es el símbolo de la presencia divina, esta que a Moisés “se le apareció en forma de
llama de fuego en medio de una zarza” (Gen 3, 2). Este fuego que produce luz, evoca la
resurrección de Cristo, la columna de fuego que guía a Israel; es capaz de disipar las
tinieblas con un fuego nuevo, por esto es importante que se tenga en cuenta lo siguiente:
En el lugar adecuado y fuera de la iglesia, en cuanto sea posible, se prepararan la hoguera
destinada a la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas
e ilumine la noche.”6
En este rito de tan bello y simbólico talante no solo en lo litúrgico, sino también en el que
le es naturalmente propio y que el primero ha hecho propio, debemos llamar la atención
en que el fuego es uno de los cuatro elementos que se creía lo constituía todo, es misterios e
indomable, es casi o parece un ser viviente, es así un símbolo universal. El fuego ilumina y
purifica, es fuente de energía, es fuerte e incontrolable, purificador y castigador, en fin
símbolo de la divinidad. Por todo esto creo bastante acertada la aseveración que dice que
“En el siglo de la electricidad y del gas, todavía sigue siendo valido el lenguaje del fuego
natural”.7
Este rito que posee además otros signos y elementos es posiblemente la cristianización de
un rito pagano irlandés, que en uso en Alemania en el siglo VIII, no logro penetrar en

5
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta circular sobre la
preparación y celebración de las fiestas pascuales, 78.
6
Ibidem, 82.
7
Aldazabal, Jose, Gestos y símbolos, pp. 58.

5
Roma y quedarse en su liturgia hasta los siglos XI y XII. Este rito del fuego ya instaurado
fue asociado a otra costumbre más antigua y cristiana: el cirio:
Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera nueva cada
año, único, relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo
es la luz del mundo.8
Esta costumbre descrita mas arriba, es con toda probabilidad tomado del lucernario
judío de la Pascua, pero con otro sentido. Esta practica en uso ya en el siglo III en España
y la Galia no entro en la liturgia romana hasta alrededor del siglo VIII.
El cirio como ya he dicho, es una costumbre muy antigua en el culto cristiano, ya es
mencionado por Ambrosio, Jerónimo y Agustín (siglo IV), hacia la misma época existen
noticias que indican que en la noche del Sábado, los cristianos se dirigen por la ciudad
muy iluminada con cirios encendidos en las manos para celebrar la Vigilia Pascual.
Este rito en su totalidad (lucernario), se desarrolla del siguiente modo: encendido el fuego
se procede a su bendición y encendido del cirio con este fuego nuevo, indicando que esta
noche todo se renueva, a continuación proceden los fieles a tomar del cirio, luz para sus
velas, entrando en procesión al templo. Transcurridos estos actos fuera del templo, los
fieles representan los exiliados que esperan entrar a Jerusalén, que son guiados o
precedidos por el cirio, símbolo de Cristo victorioso y resucitado, es mas, en estrecho
paralelismo con la otra pascua, así como los judíos fueron guiados en el desierto por una
columna de fuego, los cristianos lo son por Cristo-luz en el cirio pascual en solemne
procesión. Ya con el cirio encendido y delante de los fieles, en el transcurso de la mentada
procesión se aclama a Cristo como luz del mundo que en esta noche vence y disipa las
tinieblas, en este sentido creo oportuno para una mayor comprensión de este rito, explicar
que “Lumen Christi” no significa como algunos creen la luz que viene de Cristo, sino mas
bien vendría a ser la luz que el mismo es.
Con todo esto culminado y ya dentro del templo, el cirio se ubica en medio del presbiterio
o cerca del ambón, se da por parte del sacerdote celebrante, diacono o algún cantor, la
entonación del Pregón Pascual. Este canto ejecutado ente el cirio es profesión de fe en la
resurrección del Señor, al pregonar la madrugada se reafirma la esperanza y la convicción
de que las tinieblas son vencidas; es ejecutado ente el cirio, pues el, como signo visual y
ritual de Cristo-luz, inspiro en esta espiritualidad el canto que se ejecuta. El Pregón es un
himno que recorre la historia de salvación de Adán a Cristo, esta estructurado como una
plegaria eucarística, y su estructura se remonta al siglo IV; el texto de este himno fue
unificado a su música por obra de Pío V, en el año 1570.
Este canto que en un principio fue solo una manera de solemnizar el lucernario, y que no
fue de uso normal en Roma, pero que finalmente se impuso, posee hoy una identidad y
fuerza propia. Proclama no solo la salvación histórica, sino también futura y escatológica,
y en cierto modo prepara lo que vendrá mas tarde en la celebración: proclama de Adán a
Cristo las intervenciones de Dios en la historia, esas mismas que la liturgia nos ha de
contar y proclamar en la celebración de la Palabra.

Palabra de Dios.

Parte integrante de la Vigilia Pascual desde el comienzo de esta, la liturgia de la Palabra


es aparte de la sección mas larga de la celebración la vértebra de esta, es la que explica e
instruye sobre todo lo que se esta celebrando. Esta parte de la Vigilia esta en estrecha
relación con el rito que le sucede: el bautismo, en efecto, durante los primeros siglos las
lecturas constituían una instrucción a los catecúmenos, los preparaba (hoy cuando los hay
tamben) al bautismo en algo así como una ultima catequesis antes del sacramento a la vez
que recuerda a los bautizados la historia de salvación. Sobre esto es bastante ilustrativo las

8
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta circular sobre la
preparación y celebración de las fiestas pascuales, 82.

6
homilías y sermones de los Padres a tenor de la Palabra, en cuyo contenido hablan muchas
veces específicamente a los bautizandos:
…voy a detenerme, pues, aquí, y voy a dirigir la palabra a los fieles que, en esta noche
esplendorosa, han recibido la gracia del divino bautismo…9
Por su cierta orientación hacia el bautismo es que la liturgia de la Palabra tienen algunas
diferencias entre su actual estructura y la anterior al Concilio Vaticano II, si bien es cierto
las lecturas siempre han sido acompañadas por cantos, pues estos traducen en oración lo
escuchado, costumbre que se ha mantenido acompañado hoy por breves oraciones, hay
que resaltar la variación del numero de lecturas y el acople de esta celebración al resto de
la Vigilia Pascual.
Dependiendo del tiempo y del lugar el numero de lecturas en la noche de Pascua varia,
hoy en el Rito Romano las lecturas son nueve: siete del Antiguo testamento mas la epístola
y el Evangelio; en la liturgia preconciliar estas lecturas llegaron a ser doce, esto fijado por
Pío V y vigente hasta 1951, momento en que Pío XII cambio esta costumbre, esto es como
dije solo en el Rito Romano, otros ritos varían no solo el numero de lecturas sino también
la selección que conforman esta parte. A modo de ejemplo de lo que he dicho mas arriba,
se puede revisar lo referente a estas lecturas en otras tradiciones litúrgicas, claro esta solo
referidas al Antiguo testamento ya que la epístola y el Evangelio es común a todas ellas.
Por ejemplo la segunda lectura de nuestra vigilia (Gen 22) no es recogida por la tradición
Ambrosiana, sin embrago, si lo hacen la Hispana, galicana, gelasiana, Gregoriana,
Jerosolimitana, Bizantina, Siríaca y Copta; en cambio nuestra cuarta lectura (Is 54) solo la
poseen la tradición Gregoriana y Ambrosiana; otro caso es nuestra sexta lectura (Bar 3)
que solo compartimos con la tradición gregoriana.
Otros ejemplos de esto son las lecturas que nuestra liturgia no posee y que se encuentran
en otras tradiciones, por ejemplo de las lecturas que el actual Misal no recoge y que
pertenecen al ciclo de doce lecturas del antiguo encontramos la segunda lectura de este
ultimo (Gen 5); la octava (Is 4) y; la onceava (Dt 31); esto solo por algunos ejemplos. De
estas que menciono, la primera es leída en las tradiciones Hispana y Gelasiana; la segunda
de uso en la Gelasiana y en la Gregoriana; y la tercera en uso igual que la primera.
La palabra que se lee en la celebración de la Pascua revisa la historia de la salvación a la
luz del acontecimiento de la resurrección de Cristo, por esto creo que es necesario tomar
algunas de estas lecturas y mostrarlas en su sentido pascual, un estudio del significado de
la Vigilia no debe pasarlo por alto.
La primera lectura de la celebración corresponde al relato de la creación. Así como los
judíos, los cristianos no pueden dejar de ver la Pascua como celebración anual en memoria
de la creación, en este sentido la pascua de Jesús es una nueva creación. Por esto el
hombre que vive la Pascua en Jesús, es un hombre nuevo.
La lectura que viene a continuación es por excelencia tipológicamente aplicada a Cristo.
El sacrificio de Abraham es visto desde la época de los Padres como imagen del sacrificio
de Jesucristo, la ofrenda agradable a Dios, así también se ha visto en el carnero una
segunda figura de Cristo:
Isaac, que lleva la leña del holocausto es una figura de Cristo, que llevo el mismo su cruz…
Su hijo le interroga sobre el presente, el le responde anunciando el futuro: porque el Señor
mismo debía proveer la oveja en la persona de Cristo… Isaac era figura de Cristo; sin
embargo, también el carnero es figura de Cristo…10
La tercera lectura de nuestra liturgia pascual corresponde a la pascua judía. En su
sentido de “paso”, la palabra Pascua tiene desde siempre su síntesis en este relato, este es
el día de la liberación, el paso de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría, de las
tinieblas a ala luz. En sui sentido autentico de que la palabra Pascua es “paso” y no
“padecer” Éxodo 14 se impuso a Éxodo 12 (lectura en el antiguo misal) como parte de la
liturgia de Pascua. Esta última lectura resaltaba en su perspectiva cristiana a Cristo como

9
Juan Crisóstomo, La victoria sobre al muerte, 5. El Misterio de la Pascua, pp. 163.
10
Orígenes, Comentario a Génesis 22, 1-14, 6 & 9. El Misterio de la Pascua pp. 64 y 69.

7
el verdadero cordero, del cual este ultimo era solo una figura.11 Aun teniendo como veraz
estas afirmaciones, por el autentico sentido de la palabra pascua, es que Ex 14, relatando
el paso del mar Rojo es mas adecuada para la celebración.
Saltándose las dos lecturas de Isaías y del profeta Baruc, no por poco interesantes sino
para no alargar este trabajo, hablare brevemente de las lecturas del profeta Ezequiel y del
libro de Daniel. En ambas lecturas la resurrección es el tema central, en la primera de
ellas (Ez 37) se evoca el triunfo de la vida sobre la muerte en la visión de los huesos secos
que cobran vida por voluntad divina; en la segunda lectura (Dn 3) también se ve esta
triunfo en los tres jóvenes que son libreados y protegidos de las llamas por voluntad
divina, la figura de estos tres jóvenes son de gran importancia en la liturgia antigua,
también en el arte, he aquí que antiguas catacumbas tengan plasmadas gráficamente esta
escena.
Hasta aquí llega el ciclo de siete lecturas pertenecientes al Antiguo testamento, aquí ya se
deja de lado las figuras y las promesas y se pasa a los relatos y pasajes que dan cuenta y
cumplimiento de todo lo que se ha leído. El contenido de la epístola y del Evangelio son
conocidos de sobra, la primera proclama la resurrección del Señor, la segunda relata esta
acontecimiento. Por este motivo no explicare su contenido, sino su importancia y ritos
anexos en la celebración en el orden que son realizados.
En vinculo con el simbolismo que ya he señalado en su lugar de Cristo-luz que vence las
tinieblas de la muerte, precede a la lectura de la epístola el gesto de prender los cirios del
altar y otros que puedan haber en el lugar, a veces cuando el templo ha permanecido sin
luz eléctrica se procede a encender el alumbrado, todo esto al concluir las lecturas del
Antiguo Testamento. A continuación se procede a entonar el “Gloria”, canto que ha sido
suprimido desde la celebración del Jueves.
Este canto de carácter trinitario, exulta y rebosa del carácter festivo de la celebración en
la que Cristo ha resucitado, haciendo que proclamen su Gloria sus criaturas a nivel
terrenal y celeste. Este canto que se antepone a la lectura es anuncio festivo de lo que la
lectura proclama: que Cristo ha resucitado, es por esto y para dar realce efectivo a tan
magno anuncio que es acompañado por el toque de campanas.
Las campanas que suenan en la Vigilia pascual al canto del Gloria lo habían dejado de
hacer acompañando al mismo en la celebración del jueves santo. Lo han dejado de hacer
por la misma razón por la que ahora entonan su música: su carácter festivo. Este
instrumento que es señal de gozo y signo de lo festivo, es también señal de llamado, en este
caso a estar alegres en la certeza de que Cristo nuestra pascua ha resucitado. Así como al
casarse alguien se anuncia este acontecimiento con el repicar de campanas para hacer
participes a quien escuche de esta alegría, la iglesia anuncia a todos los hombres la alegría
de la resurrección de su Señor.
Advirtiendo a todos de este magno acontecimiento, en su sonido las campanas son
también signo de reunión de la comunidad, dejando patente que el culto no es acción
personal sino de la Iglesia, de ahí que siendo ya usadas desde el siglo V, sean utilizadas por
la Iglesia para dejar claro que es ella que esta celebrando la “Gloria” de su Señor.
Realzando lo festivo de lo que se anunciara, acabado el gloria las campanas callan y dan
paso a la lectura de la epístola, acción que acabada deja paso al final y culmen de la
celebración de la Palabra: la proclamación del Evangelio, el cual es precedido por un
canto que lleva a plenitud lo anunciado, proclamado e iniciado en el Gloria. El canto por
excelencia: el Aleluya.
Este canto que ya desde el siglo IV es el salmo responsorial mas usado en la liturgia, es a
partir de esta fecha considerado el canto pascual por excelencia, ya muchos de los Padres
de la iglesia hablan de el: Agustín de Hipona, Jerónimo, Sidonio, Apolinar, entre otros. De

11
Esta perspectiva ya era proclamada en el siglo II, época de la cual proviene el siguiente texto: “Porque
fue llevado como un cordero al matadero, pero el no era un cordero; y como una oveja enmudeció, pero el
no era una oveja; en efecto, ha pasado la figura y ha llegado la realidad, en lugar de un cordero tenemos a
Dios, en lugar de una oveja tenemos a un hombre, y en el hombre, cristo, que lo contiene todo.” Meltion
de sardes, homilía Pascual. El Misterio de la Pascua, pp. 35.

8
entre estos Tertuliano da testimonio que siguiendo la tradición judia, los cristianos
interpretaban los salmos llamados aleluyáticos.
En occidente donde la liturgia ha acentuado mas su carácter festivo que en oriente, el
Aleluya es un canto que baja del cielo, se considera que pertenece al alma cristiana, es por
esto que para marcar el carácter penitencial de la cuaresma, el Aleluya es suprimido, en
efecto, al inicio de esta etapa del año litúrgico el Aleluya es despedido con solemnidad,
despidiéndolo el martes inmediatamente anterior al Miércoles de Ceniza, esto claro esta en
el Rito Romano.
En consonancia con lo realizado en el rito Romano, otras liturgias aunque en tiempos y
con formas diferentes despiden el Aleluya. Las liturgias Hispano-Mozárabe y Ambrosiana,
lo cantan durante todo el año a excepción de los días de ayuno y en preparación y vista de
la Pascua, pero esta canto no es despedido hasta el primer Domingo de cuaresma. Por otro
lado y dándole un mayor realce, el Rito Africano lo canta solo y exclusivamente en el
tiempo pascual.
Así como Israel de mana en el desierto, la Iglesia se ha alimentado en el tiempo del
Aleluya. Es por esto que en ayuno se deja de entonar durante la cuaresma en espera del
gran Aleluya de la Vigilia Pascual, es por esto que para hacernos comprender la actitud
para cantar el Aleluya es que la Iglesia estipula que “desde el comienzo de la Cuaresma
hasta la Vigilia pascual no se dice Aleluya en ninguna celebración, incluidas las
solemnidades y las fiestas.” 12
Asi después de haberse privado durante toda la cuaresma de el, antecediendo a la
proclamación del Evangelio, la iglesia explota de alegría en la proclamación del Aleluya.
Exultante de alegría, la iglesia deja de ayunar, deja la sobriedad de instrumentos
musicales en la liturgia y ya no se priva mas de cantar “Gracias a Yahveh”, es mas lo hace
con verdadero ímpetu en esta noche.
En el tiempo pascual el uso del Aleluya es universal, no solo en la tierra, sino también en
el cielo, en este aspecto se puede decir que es de carácter escatológico (Ap 19, 1-6), así toda
la Vigilia encuentra en el canto del Aleluya su máxima expresión eral, por esto considero
bastante acertado en afirmas que “Los ángeles en el cielo, los hombres, las almas de los
fieles en el infierno, celebran esta vigilia del Señor.” 13
Esta exultante alegría es la del evangelio, de el mana la fuerza de este canto, de la
convicción de que el relato es histórico. El Aleluya es las “gracias a Yahveh” por nuestra
salvación, la Iglesia lo recibe en la Vigilia pascual como símbolo de su resurrección en
Cristo.

El bautismo. Resucitados con Cristo.

Al ser la Vigilia Pascual la celebración de la resurrección no solo como hecho histórico


sino también como la salvación de toda la humanidad, y por su significado de morir y
resucitar en Cristo, el bautismo fue asimilado a la Vigilia pascual. No existen noticias de
bautismos en pascua antes del siglo II, pero cuando en el siglo siguiente esta practica se
integro de forma definitiva a la celebración, a diferencia del rito del fuego que era solo de
apertura, el bautismo lo hizo como parte de la vigilia misma.
Antiguamente (y hasta poco antes de concilio) el rito del bautismo no ocupaba el lugar de
hoy después del Evangelio y antes de la eucaristía, durante los primeros siglos, acabadas
las lecturas del Antiguo Testamento, los candidatos se acercaban al baptisterio cantando el
salmo 41, ahí había effetá, unción, renuncia, adhesión y Credo; después la bendición del
aguan. El bautismo era una triple profesión de fe con su respectiva inmersión, después
había unción y confirmación. El rito que hoy se realiza no es tan diferente, exceptuando
principalmente por no estar unido a la confirmación y su ubicación en el marco de la

12
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, carta circular sobre la
preparación y celebración de las fiestas pascuales, 18.
13
Cromacio de Aquilea, La vigilia universal, 2. El Misterio de la Pascua, p. 214.

9
Vigilia Pascual. Ahora entes de hablar de la estructura actual del rito, creo oportuno dar
luces sobre su significado.
El bautismo tiene un especial significado en la noche de pascua. Por su significación de
muerte ritual y resurrección en Cristo es lógico que se acople a la celebración, por su
naturaleza se pude decir que una Vigilia sin bautismo pierde mucho.
En este momento de la celebración la bendición del agua cobra gran importancia en
atención al rito que se realizara, así para hablar del bautismo, se debe hablar
primeramente del elemento: el agua. El agua es un elemento de múltiples significados, es
polivalente, aun así hay que destacar que el simbolismo de purificación (espiritual) es el m
as generalizado en las diversas culturas, así el cristianismo lo entiende en el marco de la
herencia cultual judía; en este sentido se entienden las siguientes palabras: “os rociare con
agua y quedareis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os
purificare” (Ez 36, 25)
De entre todos los pasajes de la Escritura que hablan sobre el agua es importante
destacar la promesa de “Sacareis agua con gozo de los hontanares de la salvación” (Is 12,
3), pues esta promesa tiene sin duda alguna su cumplimiento en Cristo, el es ele agua viva
(Jn 7, 37-38) que apaga. En su revelación aplaca la sed de verdad, justicia, amor, perdón,
etc. Pero lo mas importante es que esta agua es “agua que brota para la vida eterna” (Jn 4,
14), en ella somos bautizados para nacer a esta vida nueva (y eterna) revestidos de Cristo.
El agua es como hemos visto símbolo de vida, de ella nacen las criaturas, pero es también
de muerte cuando existe en exceso, así encontramos normalmente el río como símbolo de
vida y el mar como símbolo de muerte, esta ambivalencia es también propia del bautismo.
El bautismo nos hace miembros del pueblo de Dios, pero aun más que eso, por El
liberados de la muerte del pecado somos regenerados como hijos de Dios. Así en el
sacramento participamos de la muerte de Cristo y somos sepultados y resucitados con El,
en atención a esto es necesario, creo yo, destacar que el bautismo por inmersión presenta
mas significativamente lo que en realidad es, de hecho hay concordancia con su nombre,
en cuanto “baptizo” significa sumergirse.
Quiero destacar además que por el bautismo se obtiene la remisión de los pecados, es
borrado el pecado original, hace del bautizado una nueva criatura en Cristo, criatura que
es incorporada a su Cuerpo Místico: la Iglesia y; el bautismo es un sello perpetuo,
irrenunciable e indeleble que nos signa como cristianos. Todo esto implica el rito que se
realiza en el tercer bloque de la Vigilia Pascual, así es que “La pascua de Cristo y nuestra
se celebra ahora en el sacramento” 14 celebración que paso a detallar.
El actual rito del bautismo en la Vigilia Pascual es primordialmente: letanías de los
santos, bendición del agua, promesas y ablución.
Las letanías de los santos ya se preveían desde el siglo VIII. Se pone a los santos como
testigos del acto a la vez que se les invoca como quienes vivieron su bautismo en fidelidad.
Esta parte que es cantada, consiste en la invocación del santo por su nombre por parte del
cantor y la respuesta del pueblo “Ruega por nosotros”, a ala vez que en las invocaciones
cristológicas responde “Te rogamos óyenos”.
A continuación el ritual prevé la bendición del agua. Sus palabras y gestos recuerdan el
misterio de vida y muerte, evocan sus sentidos de destrucción, muerte y tumba del hombre
antiguo, de maternidad y nacimiento; la oración con la cual el agua es consagrada hace un
recorrido por la historia de la salvación, en efecto, partiendo desde el Génesis y al espíritu
que aleteaba sobre las aguas primigenias hasta el mandato de bautizar dado por Jesús,
pasa por el diluvio y el agua que castigo y purifico, por el paso del Mar Rojo en que Israel
vio su liberación a través del agua, y como no, por el bautismo de Jesús en el Jordán en el
que los cristianos ven el prototipo del propio. Esta larga oración consecratoria nos pone
ante grandes hitos de la historia de salvación y muestra como el elemento del agua fue
prefigurado por Dios como signo del bautismo, de esta manera a los bautizandos y a la
asamblea, la Iglesia les pone claro lo que ocurre en el sacramento.

14
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta circular sobre la
preparación y celebración de las fiestas pascuales, 88.

10
Terminada la bendición del agua, el sacerdote celebrante invita a la comunidad a
renovar las promesas bautismales. Así como el bautismo nos introduce en la Iglesia, en la
Vigilia Pascual se renuevan esas promesas que nos adhieren a ella, esta renovación se hace
ante el cirio (símbolo de Cristo) pascual, con una vela encendida que porta cada asistente,
de esta forma la asamblea responde a la interrogación que constituye esta parte de la
celebración. Hechas las promesas tiene lugar la aspersión con el agua previamente
bendecida “de manera que los gestos y las palabras que los acompañan recuerdan a los
fieles el bautismo que, un día, recibieron”.15
Luego de todo esto tiene lugar el bautismo de los candidatos, que en el caso de no
haberlos, la bendición que he detallado antes se realiza de unja manera distinta, en caso de
que esto se diera seria una pena, ya que como he indicado, el bautismo representa en si,
muy bien el espíritu pascual, en este sentido creo oportuna y verdadera la afirmación:
“Una vigilia pascual sin bautismo es como una misa sin comunión”.16

El banquete pascual.

La Eucaristía es la cumbre de la Vigilia Pascual, en ella se anuncia y proclama la


resurrección en la espera de su venida, es mas, en estrecha conexión con el carácter de
“paso” de la pascua, significa la disposición de emprender el camino de liberación, por
todo esto es que la Misa de la Vigilia es verdaderamente la madre de todas las eucaristías y
no la del Viernes Santo.
Antes de hablar de la Eucaristía en esta noche, hay que aclarar y destacar dos cosas: su
diferenciación con la Misa de Pascua y los días previos alitúrgicos y su conexión con el
ayuno.
Durante muchos siglos existió la costumbre y que hoy se ha vuelto a restaurar de no
celebrar la Eucaristía en el Viernes ni el sábado santos, ya que esto “reproduce el
primitivo sentido de la pascua cristiana, que es celebración penitencial de la muerte del
Señor. Pero orientando los dos días de ayuno hacia la celebración eucarística del Domingo
por la noche”.17
Indico esto para llamar la atención que esta espera no solo es plasmada en la privación
eucarística, sino de un ayuno autentico que comienza el Viernes por la noche y que se
convierte desde el siglo II, en completo el día Sábado. Hay que aclarar eso si que este, mas
que penitencial es un ayuno de espera, prefestivo en la espera de la llegada del novio y
nuestra salvación, aun así es oportuno indicar el significado del ayuno, este une lo
espiritual y lo carnal, se ayuna por una razón espiritual renunciando a algo que atañe al
cuerpo; el ayuno es el signo de nuestra conversión, lo es en forma exterior de nuestra
aceptación a Cristo, expresando la determinación de conversión a El.
Por todo esto que he dicho, sobre todo del carácter festivo de este ayuno, es que creo
acertadas las palabras de un eminente liturgista al respecto:
El ayuno resulta así algo no solo ascético, sino cultico, litúrgico. Sobre todo en la
celebración del Viernes y Sábado Santos – los dos primeros días del Triduo Pascual -, el
“ayuno pascual” por excelencia, por el que entramos ya en la celebración de la misma
Pascua, sumergiéndonos conscientemente en el movimiento dinámico del “paso a la nueva
existencia” con Cristo.18
Este ayuno es roto solamente con el banquete cristiano por excelencia: la Eucaristía. Esta
celebración que culmina y corona la noche de Pascua pone fin a toda la celebración, pues
este banquete es por excelencia el sacramento pascual en cuento es memorial y hace
presente el sacrificio de Cristo, y hace de igual manera presente al resucitado.

15
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta circular sobre la
preparación y celebración de las fiestas pascuales, 89.
16
Floristán, Casiano, La Semana Santa, p. 51.
17
Marsili, Salvatore, Los signos del misterio de Cristo, p. 341.
18
Aldazábal, José, Gestos y símbolos, p. 158.

11
La Eucaristía en la Vigilia tiene una gran significación en cuanto la Eucaristía hunde sus
raíces en lo pascual, en efecto, “Al celebrar la Ultima Cena con sus Apóstoles en el
transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido a la pascua judía. En efecto, el paso
de Jesús al Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la
cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la
pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino”.19 Por esto la Eucaristía de la Vigilia, la
pascual, es la madre de las celebradas durante el resto del año litúrgico.
Siguiendo el relato de los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, a la vez que la antiquísima
y venerable tradición de los Padres, la Iglesia siempre ha considerado la Eucaristía como
renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz coronado por su resurrección.
Padres como Hipólito entre otros han señalado el paralelismo del cordero pascual judío
con Cristo, y como el primero era solo figura del segundo, de que “nuestro cordero
pascual, Cristo, ha sido inmolado” (1 Co 5, 7).
Para comprender en plenitud la gran significación de la Eucaristía en el marco de la
Vigilia Pascual, hay que recordar que su estructura debe mucho al Seder pascual judío,
que Cristo tomo para darle en El un nuevo sentido, recordar la comparación que de esto
han hecho los Padres.
Toda la celebración de la Vigilia Pascual tiene su cumplimiento en la celebración
eucaristiaza, en ella la asamblea culmina la celebración en una fiesta, un ágape gozoso.
Este culmen nos hace ya participes del banquete celeste y definitivo, solo por la
participación en la Eucaristía los ritos alcanzan su verdadero sentido y magnitud, “El
aspecto puramente sacramental – o sea de símbolo – se expresara en los ritos y en las
palabras (nueva creación, paso, resurrección, reino de Dios, luz), pero el aspecto interior
real o sea el contenido del símbolo, nos vendrá dado por la participación en el misterio de
Cristo, presente en la Eucaristía”.20
Antes de terminar este último apartado, creo oportuno señalar brevemente una visión
errónea bastante generalizada entre los fieles.
Como ya he explicado en otra parte de este breve trabajo, hubo un momento en que la
Vigilia en contra de la tradición de la Iglesia, se celebraba el Sábado por la mañana
provoco que la Misa del día Domingo cobrara tal fuerza que desplazara a la primera, en
forma lamentable, aun encontramos resquicios de ello. Es común que algunos creyentes
crean que la Vigilia Pascual es solo una misa larga con uno que otro rito “extra”, y
equiparan ai9 en importancia esta celebración con la Misa del Domingo de Pascua. Pues
bien, como ya hemos visto, la Vigilia no es una Eucaristía con aledaños, es un todo
orgánico.
La Misa del Domingo de Pascua, cuyos primeros indicios nos da San Agustín en el 430,
no se equipara a la Vigilia Pascual, participar en ella non os exime de tener que estar en
esta ultima. Por su contenido muy diferentes entre si, creer que una es la otra es un error,
la mas importante es lejos la Vigilia Pascual. No hay que olvidar que en ella se celebra el
mayor misterio: la resurrección. Esto la convierte en el centro del año litúrgico.

La Pascua: Tiempo eterno.


Hasta la celebración de Pentecostés, la Iglesia celebra la gloria de su Señor resucitado de
la muerte, durante este tiempo en que se celebra todo como una verdadera fiesta, la Iglesia
se engalana como una verdadera novia para su esposo. Toda la celebración que ha
comenzado con el triduo pascual 21 y que culmina cincuenta días después tiene a la Iglesia
celebrando en su liturgia con solemnidad el gran misterio de la vida.

19
Catecismo de la Iglesia Católica, 1340.
20
Marsili, Salvatore, Los signos del misterio de Cristo, p. 403.
21
A pesar de que este trabajo ha versado solo sobre la Vigilia Pascual, hay que recordar que la
celebración de la Pascua comienza con la celebración de Institución de la Eucaristía y que la Vigilia es

12
Todo este tiempo es una autentica mistagogia, de hecho en este periodo los catecúmenos
reciben su última instrucción y los ya bautizados son reintroducidos en las maravillas de
Dios revisando a través de la Palabra las apariciones y mensajes del Señor resucitado.
Estos cincuenta días, de Pascua a Pentecostés son en realidad una sola festividad.
Antes de terminar y siguiendo la línea comparativa de la pascua judía y la cristiana, es
oportuno señalar que así como la tradición judía, a la pascua le seguían siete semanas
hasta conmemorar el don de la ley en el Sinaí, su confirmación como pueblo de Dios; la
Pascua de Cristo se cumple y confirma con la venida del Espíritu Santo. Es más, este
tiempo pascual supera al antiguo, pues es de cincuenta días, no de cuarenta y nueve como
la semana de semanas judía.
El cirio que ha abierto la celebración de la Vigilia permanece durantes todo este tiempo
con el máximo honor encendido, como signo de Cristo-luz que ha vencido las tinieblas,
como signo del vencedor de la vida y para recordarnos que el Señor ha resucitado de una
vez para siempre, que la muerte ha sido vencida. Nos introduce así en el gran misterio de
la salvación, haciendo patente con su presencia, que es cierto y que el Señor cumple su
promesa “he aquí que estoy con vosotros hasta el fin de los días”

Rodrigo Ávila A.
Parroquia San Joaquin.
Santiago de Chile.

Bibliografía.
• Alcalde, Antonio. Canto y música litúrgica, San Pablo 1995.
• Aldazábal, José (Dossier 40). Gestos y símbolos, Centre de Pastoral litúrgica 2000.
• Bautista, Mateo. Cuaresma-Pascua. 50 preguntas y respuestas, San Pablo 2006.
• Bernal, José Manuel. Para vivir el año litúrgico, Verbo Divino 1997.
• Concilio Vaticano II. Documentos, BAC 1982.
• Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Carta
circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales (1987), Boletín
litúrgico Pío X, documentos 13.
• Congregación para la doctrina de la fe. Catecismo de la Iglesia Católica, San Pablo
1997.
• Escuela bíblica de Jerusalén (traducción). Biblia de Jerusalén, Desclee de Brouwer
1975.
• Floristán, Casiano. La Semana Santa: celebraciones, relatos y manifestaciones
populares, PPC 2002.
• Franquesa, Adalbert. Las aclamaciones de la comunidades (Dossier 65), Centre de
Pastoral litúrgica 1995.
• Hamman, Adalbert G / Quéré-Jaulmes, F. El misterio de la Pascua, Desclee de
Brouwer 1998.
• Lopez Martin, Julian. La liturgia de la Iglesia, BAC 2000.
• Maertens, Thierry. Fiesta en honor de Yavé, Grafite 2000.
• Marsili, Salvatore. Los signos del misterio de Cristo, EGA 1993.
• Sirboni, Silvano. La semana mayor. Conocer, celebrar y vivir la Semana Santa,
San Pablo 2001.

quien pone termino y culmen de todo este proceso y no son celebraciones aparte y que como tal se debe
comprender toda la celebración de la Pascua. De ahí que sea Triduo Pascual.

13

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Baptism in Easter Vigil symbolizes death and resurrection with Christ. During the Vigil, it affirms rebirth, purification, and incorporation into the Church, aligning with the night’s theme of spiritual renewal. The use of water recalls biblical events like the Exodus and anticipates eternal life, emphasizing baptism's transformative power. A Vigil without baptism is like a "mass without communion," underscoring its significance . The water's symbolism, combined with the reaffirmation of baptismal vows, reinforces believers' commitment to Christian promises .

Historically, the Easter Vigil was a full night service culminating in dawn, embodying a robust theological and symbolic narrative from darkness to light. Contemporary practices, such as shortening the vigil to fit evening Mass schedules, adapt to practical concerns but risk diluting its rich symbolism. Balancing tradition requires maintaining key elements—nighttime start, Paschal candle use, baptism—while accommodating current contexts without compromising its narrative depth . Ensuring adherence ensures the vigil remains the 'mother of all vigils,' reflecting its comprehensive liturgical and theological significance .

Integrating baptism into the Easter Vigil emphasizes the sacrament as a profound participation in Christ’s death and resurrection. It links personal conversion to communal salvation history, enacting the transition from sin to new life within the Paschal mystery context. Theologically, this situates baptism not only as an initiation but as a transformative event within the liturgical year, heightening its meaning in the light of resurrection. Such integration underscores baptism as both a personal and cosmic renewal, essential to Christian faith . It deepens the significance of the rite by framing it within the church's central mystery—Easter.

The Easter Vigil begins at night to symbolize the darkness of death and sin, culminating at dawn to represent Christ, the light, overcoming darkness. The timing is crucial as it reflects the theological narrative of resurrection, illustrating the passage from death (night) to life (light). This aligns with the understanding of Christ's resurrection as bringing life and triumph over death, where "the light shines in the darkness, and the darkness has not overcome it" . The celebration strictly at night underlines these symbolic meanings .

The Easter Vigil encompasses eschatological hope by celebrating Christ’s resurrection as a precursor to the ultimate redemption and second coming. This hope is symbolized through the use of light (Christ's victory over death), the Paschal candle representing Christ, and the renewal of baptismal promises as a commitment to await his return. The singing of Alleluia, symbolizing joy and triumph, reflects the heavenly celebration anticipated in Revelation (Ap 19, 1-6). Through these practices, the Vigil intertwines current spiritual experience with future fulfillment .

Easter Vigil embodies salvation history by integrating scriptural readings that recount creation, liberation, and Christ's resurrection. The structure includes the Liturgy of the Word, featuring Old Testament readings that trace God's salvific acts—Creation, Exodus, prophetic promises—culminating in the Gospel of Christ's resurrection. Liturgical elements like lighting the Paschal candle symbolize Christ's resurrection, and the baptismal rite signifies entrance into new life, aligning personal salvation narratives with the collective Christian witness . These elements create a tapestry reflecting the continuum of God's redemptive work.

The four nights in Jewish tradition represent moments when God acted mightily: the creation night, liberalization from Egypt, Abraham's sacrifice, and the Messiah's manifestation. Christians interpret these through Christ's actions: creation is renewed through Christ, Abraham's sacrifice foreshadows Christ's sacrifice, Exodus prefigures Christ's salvation, and the Messiah's manifestation fulfills this salvation tradition fully. Liturgically, the Paschal Vigil celebrates these events by emphasizing Christ as the light overcoming darkness, aligning historical episodes with the Jesus narrative .

The Paschal candle symbolizes Christ as the light of the world, which scatters the darkness of sin and death. Lit at the beginning of the Vigil, it signifies Christ’s resurrection, marking an end to the gloom of the tomb and an anticipation of his return. Its presence during baptism highlights rebirth in Christ. The ceremony of lighting other candles from the Paschal candle spreads this light, representing the dissemination of Christ’s life and truth to the faithful . This act of illumination is central to expressing the victory over darkness brought by resurrection.

Historically, the Easter Vigil was a night-long vigil ending at dawn, reflecting the passage from darkness to light. Modern practices often truncate the vigil to a "long Mass," losing symbolic elements such as beginning in darkness and ending at dawn. This alteration diminishes the vivid liturgical symbolism of Christ as the light overcoming darkness. The emphasis on starting and ending within specific timings ensures the retention of its profound symbolic significance .

The norms dictate that the Easter Vigil begins at night and concludes by dawn, preventing commencement before nightfall or extension beyond dawn. These restrictions maintain the vigil's symbolic journey from darkness to light, reflecting Christ’s resurrection narrative. Deviating diminishes its theological impact, making strict adherence essential to preserve liturgical integrity and ensure it communicates its profound symbolism of life triumphing over death .

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