AUTOCONCEPTO
Celada Cajal manifiesta que el autoconcepto “Es la suma de creencias de un
individuo sobre sus cualidades personales. Lo que la persona sabe de sí misma
y lo que cree que sabe. Este concepto de sí mismo se forma a lo largo de la
vida de cada persona. El Autoconcepto es la interpretación de nuestras
emociones, nuestra conducta y la comparación de la misma con la del otro, si
es similar o la nuestra o no. Y está en la base de la autoestima”.
Hill (2013) argumenta que, más allá de estas dos formas básicas de
experimentar el yo, el concepto de sí mismo abarca tres cosas: 1. La visión
que uno mismo tiene de sí mismo: Autoimagen; 2. La cantidad de valor
que uno mismo se da a sí mismo: Autoestima; 3. Lo que uno mismo
desea ser realmente: Yo ideal.
“El autoconcepto se construye y define a lo largo del desarrollo por influencia
de las personas significativas del medio familiar, escolar y social, y como
consecuencia de las propias experiencias de éxito y fracaso”.
AUTOIMAGEN
Sobre la autoimagen, Celada afirma que “una vez que hemos formado un
autoconcepto coherente de nosotros mismos, entonces construimos nuestra
autoestima. La autoestima es básicamente cómo nos sentimos con nosotros
mismos. Según nuestro autoconcepto nos podemos sentir con falta de valía o
por el contrario muy válidos. Esta sería la suma de juicios que una persona
tiene de sí misma. Es la dimensión afectiva de la imagen personal que se
relaciona con datos objetivos, con experiencias vitales y con expectativas.
Hill (2013) añade que la autoimagen de uno mismo incluye 1. Descripción
física: soy alto, tengo ojos marrones, etc. 2. Roles sociales: Funciones como
estudiante, ama de casa, miembro de un equipo de futbol no sólo ayudan a los
demás a reconocernos, sino que también nos ayudan a saber lo que se espera
de nosotros en diversas situaciones. 3. Rasgos personales: soy impulsivo, soy
generoso, tiendo a preocuparme mucho, etc.
AUTOESTIMA
Hill (2013) manifiesta que la autoestima hace referencia a la medida en que
nos gustamos o aceptamos a nosotros mismos. Es la valoración que hacemos
de nosotros mismos que puede ser positiva (confianza en uno mismo, auto-
aceptación, optimismo, no preocuparse excesivamente de lo que otros
piensen, etc.) o negativa (falta de confianza, querer ser o parecer otro distinto
a uno mismo, preocupación excesiva por lo que otros piensan, pesimismo,
etc.). autoestima. A este respecto Fernández manifiesta que “La valoración
recibida por los otros, las experiencias de éxito y fracaso, las comparaciones
sociales y, finalmente, la elaboración del marco interpretativo propio es un
factor determinante para el desarrollo de un buen autoconcepto y autoestima
(Fernández, 2008, p. 16).
SESIÓN 1
Duración: 40 minutos.
1. Bienvenida y establecimiento de rapport.
2. Establecimiento de motivo de consulta. Especificar pensamientos,
emociones y sentimientos y conductas por las cuales acude a consulta.
Poner en palabras lo anterior, para esclarecer los niveles de
intervención y tratamiento.
3. Autorización de tratamiento de datos y explicación.
4. Entrevista corta:
a. Etapa de niñez.
b. Etapa de adolescencia.
c. Etapa actual
5. Administrar prueba de autoestima.
6. Descripción de si mismo. Responder poniendo en palabras:
a. ¿Qué crees de ti mismo?
b. ¿Qué crees que creen los demás de ti mismo?
c. ¿Cómo te ves a ti mismo? ¿Cómo percibes que te ven los demás?
d. ¿Cómo te sientes contigo mismo? ¿Cómo haces sentir a los
demás?
RESULTADOS PRUEBAS ADMINISTRADAS
AUTOESTIMA MEDIA-BAJA
Los 25 ítems del inventario generan un puntaje total, así como puntajes
separados en Tres áreas:
SI MISMO GENERAL: El cual refieren a las actitudes que presenta el sujeto
frente a su autopercepción y propia experiencia valorativa sobre sus
características físicas y psicológicas.
SOCIAL : Se encuentra construido por ítems que refieren las actitudes del
sujeto en el medio social frente a sus compañeros o amigos. Así como sus
referentes a la vivencias en el interior de instituciones educativas o formativas
y las expectativas en relación a su satisfacción de su rendimiento académico o
profesional.
FAMILIAR: Expone ítems en los que se hace referencia a las actitudes y/o
experiencias en el medio familiar con relación a la convivencia.
Si la autoestima es algo que se aprende, podemos aprender a pensar, sentir y
actuar de una manera diferente. Podemos aprender a valorarnos de una
manera más ajustada a la realidad, lo cual implica también poder mostrarnos
seguros a la hora de actuar y así, los demás, también percibirán esa imagen
de nosotros/as”.
SEGUNDA SESIÓN
1. Rapport y retroalimentación de sesión anterior.
2. Explicación de resultados de entrevista y pruebas aplicadas.
3. Psicoeducación: autoestima, autoconcepto, autoimagen.
Actividad: autoconcepto: ¿qué pienso de mí mismo? Creencias
negativas y positivas.
Autoimagen: ¿cómo me veo a mí mismo? Aspectos positivos y
negativos.
Autoestima: ¿cuánto valor me atribuyo a mí mismo?
¿Cómo se corresponde esto con la realidad?
4. Explicación de objetivos del tratamiento
5. Inicio plan de intervención: ABC
MODELO ABC
El modelo planteado por Ellis sigue el esquema ABC, donde “A” es la
experiencia o la situación activadora de consecuencias emocionales y
conductuales; “B” hace referencia a los pensamientos o creencias
sobre las experiencias anteriores, que acabarán influyendo sobre “C”; y
“C” son las consecuencias emocionales y conductuales que tienen
lugar tras los acontecimientos y pensamientos previos (Lega et al.,
2002). En este sentido, las personas viven sus experiencias a través de las
valoraciones o interpretaciones que realizan sobre ellas, conllevando siempre
a algún tipo de consecuencia. No obstante, para que este proceso pueda
llevarse a cabo, es necesaria la presencia de algún acontecimiento activador
(Ruiz et al., 2012). De esta forma, las consecuencias emocionales y
conductuales negativas no son generadas directamente a raíz de una
situación, sino que son el producto de la interpretación irracional que hace la
persona sobre esta.
Entre una situación determinada y la reacción que las personas tienen ante
ella, el pensamiento ejerce una gran influencia. Ahora bien, no es la forma de
pensar en sí misma, sino que se hace referencia a la interpretación de la
situación, a las creencias o a las expectativas, las cuales son propias de
cada uno. La manera en la que se interpretan las diferentes situaciones a las
que se enfrentan las personas, en muchas ocasiones, va a determinar cómo se
sienten y su forma de actuar en ellas, como se ha visto con el ejemplo anterior.
Las personas viven de forma constante otros momentos parecidos en sus
vidas, donde la interpretación que hacen sobre las mismas determinará la
forma en la que reaccionarán posteriormente. A largo plazo, esto influirá en la
forma que se perciben a ellas mismas y, en cierto modo, repercutirá a la hora
de construir lo que se denomina como autoestima.
A continuación, sería conveniente explicar al cliente la diferencia entre
pensamientos desadaptativos y adaptativos, haciendo referencia a que los
primeros se relacionan con las distorsiones cognitivas. Las características
de los pensamientos desadaptativos son las siguientes:
● Creencia total. Estos pensamientos se perciben como verdad, no se duda
sobre ellos, parecen muy ciertos y evidentes. No se cuestiona si pueden estar
relacionados con un error y se suele tener mucho convencimiento hacia ellos.
● Ausencia de evidencias. A pesar de que no haya evidencias objetivas a
favor del pensamiento, se sigue creyendo que es cierto basándose solo en lo
que se interpreta. Las personas ni siquiera se fijan en las evidencias en contra
o a favor de estos pensamientos (p. ej., “el profesor de matemáticas me odia
porque he suspendido el examen”, aunque el profesor nunca haya hecho nada
que indique eso).
● Suscitan emociones muy intensas. Estos pensamientos, al distorsionar la
realidad y generar impresiones erradas del mundo, suelen generar emociones
desproporcionadas respecto a la situación. Algunas de estas emociones están
relacionadas con la rabia, la tristeza, etc.
● No ayudan a conseguir los objetivos. Impiden buscar soluciones para
diferentes situaciones o problemas, ya que distorsionan la descripción realista
de estos y provocan emociones desajustadas que bloquean o hacen errar. En
pocas palabras, este tipo de pensamiento hace sentir tan mal que la persona
suele paralizarse ante el evento.
● Irracionales o ilógicos. Estos pensamientos, cuando se analizan
lógicamente se pueden observar cómo generan conclusiones que no tienen
que ver con las premisas de las que parten. También puede ser que el propio
pensamiento sea contradictorio con otros o consigo mismo. Estos pueden
estar directamente mal formulados y que no tengan sentido si pudieran oírse
en boca de otra persona. Sin embargo, estos pensamientos pueden aparecer
de forma automática y dar lugar a lo que se conoce como distorsiones
cognitivas, es decir, errores de pensamiento que permiten a la persona
procesar y actuar de forma rápida en diferentes situaciones.
Por el contrario, los pensamientos adaptativos tienen las siguientes
características:
● Realistas. Se apoyan en datos objetivos, por lo cual son demostrables y
evidentes para cualquiera que lo analice “fríamente”. No se puede tener un
pensamiento completamente realista, pero lo ideal es que sea lo más ajustado
posible a lo que se sabe.
● No se plantean como necesidades sino como deseos. Los pensamientos
adaptativos describen la realidad y formulan los deseos que tienen las
personas, no como necesidades, tragedias o imperativos. Es decir, no exigen al
mundo que sea de otra manera de forma dictatorial (p. ej., “necesito aprobar
matemáticas” vs “me gustaría aprobar matemáticas y así no tener ue estudiar
en verano”).
● Producen emociones moderadas, de corta duración y en consonancia a lo
que ha ocurrido. A diferencia de los desadaptativos que hacen experimentar
emociones muy intensas, los pensamientos adaptativos no le dan más
importancia de la que ya tienen a las situaciones y permiten experimentar la
emoción ajustada al momento, no una mucho más intensa.
● Ayudan a conseguir objetivos. Si se piensa de manera ajustada y realista se
podrán preparar soluciones y estrategias de cambio más útiles y con menor
coste emocional. Ahora bien, los pensamientos adaptativos no son
pensamientos positivos, sino realistas. En este sentido, un pensamiento muy
positivo podría ser más desadaptativo que un pensamiento más ajustado (p.
ej., “puedo con todo”). Es cierto que este pensamiento hará sentir mejor, pero
resultará igual de desadaptativo que el anterior a largo plazo.
DISTORSIONES COMUNES
A continuación, se explican algunas de las distorsiones más comunes:
● Pensamiento todo o nada. Se trata de pensamientos que tienden a ser
dicotómicos, sin puntos intermedios, donde las cosas y las situaciones se
juzgan en blanco o negro, en categorías estáticas y extremas, dejando fuera
de lugar a categorías intermedias más ajustadas a la realidad. Un ejemplo
podría ser: “me quedo en blanco unos segundos durante la presentación y
pienso que todo me sale mal”.
● Generalización excesiva. En este caso se trata de pensamientos
derrotistas, es decir, a partir de un evento desagradable, ya se considera que
todo lo demás o lo que podrá suceder en un futuro será igual de aversivo. Es
frecuente el uso de palabras tales como: nunca, jamás, todo, imposible. Un
ejemplo de ello sería tras la ruptura con una pareja pensar “nunca conseguiré
que nadie más se fije en mí” o “jamás volveré a ser feliz”.
● Filtro mental. Se trata de pensamientos que surgen a raíz de un detalle
desagradable y que dejan de lado los demás aspectos de la realidad. Es como
una gota de vino que tiñe toda la jarra de agua. Un ejemplo sería: “he tenido
una cita y ha ido muy bien pero como no me ha escrito todavía pienso que no
le gusto”.
● Descalificación de lo positivo. Son pensamientos que mantienen una
creencia “negativa” a pesar de la contradicción que muestran con las
experiencias diarias. Se tiende a valorar los comportamientos adecuados como
lo normal o esperable, sin tener en cuenta los aspectos a favor de nuestra
ejecución. Un ejemplo de ello sería cuando a alguien le elogian el trabajo
realizado y piensa: “eso lo ha dicho para animarme, pero no porque esté
realmente bien, cualquiera lo hubiese hecho mejor”.
● Lectura del pensamiento. Se da cuando se supone, sin pruebas, lo que
otros están pensando y, además, de forma negativa, sin tener datos que avalen
estas conclusiones. Por ejemplo, pensar “eso es que está enfadado/a
conmigo”, cuando alguien pasa por el lado y no dice nada.
● Error del adivino. Son pensamientos que anticipan futuros desastres sin
tener pruebas suficientes para ello. Se suelen caracterizar por incluir los “¿y
si…?”. Un ejemplo de ello sería cuando alguien quiere organizar una fiesta,
pero al final no la lleva a cabo porque piensa “seguro que no va a venir
nadie”.
● Magnificación o minimización. Se trata de pensamientos que, o bien
exageran la importancia de las situaciones o los hechos, o bien las reducen
hasta que parecen insignificantes. Hay una tendencia a minimizar las
cualidades o aspectos agradables y magnificar las imperfecciones o aspectos
desagradables. Algunos ejemplos de ello serían: “dicen que tengo unos ojos
bonitos, pero eso no lo es todo en una persona” o “normal que nadie me
quiera con lo insoportable que soy”.
● Razonamiento emocional. Son pensamientos que se ven reflejados por
suponer que las emociones desagradables que se experimentan son la
realidad. Por ejemplo, al sentir miedo cuando se conoce gente nueva y se
piensa “conocer gente es desagradable” o al levantarse por la mañana más
hinchada/o, sentirse “gordo/a” y pensar “estoy gorda o”.
● Los “debería” y “tendría que” ”. Se tratan de demandas y exigencias
autoimpuestas hacia uno/a mismo/a, hacia los demás o hacia la vida, que no
son realistas. Se suelen caracterizar por contener palabras como “debo”,
“tengo que”, “deberían de” o “tendrían que”. Suelen identificarse por algunas
emociones que surgen a raíz de ellos como ira o resentimiento, culpa,
frustración, decepción, etc. Por ejemplo: “tengo que aprobar todos los
exámenes”, “Tengo que caer bien a los demás” o “mi pareja debe apoyarme si
realmente me quiere”.
● Etiquetación. Son pensamientos basados en una evaluación global del ser
humano centrada en algunos aspectos desagradables. No se describen
pensamientos concretos, sino que hacen evaluaciones globales. Por ejemplo:
“soy torpe”, “soy un desastre” o “no he conseguido lo que me he propuesto,
esto demuestra lo inútil que soy”.
● Personalización: se caracteriza por creer que todo cuanto sucede es por
culpa de uno/a mismo/a, aunque no se haya intervenido en ello. Hace
referencia a culpabilizarse de las situaciones, generalmente desagradables,
que suceden alrededor. Por ejemplo: “le he dicho lo que me sentaba mal y
ahora está mal por mi culpa” o “ha suspendido porque estuvo mucho tiempo
hablando conmigo el día de antes”.