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El Matrimonio Celestial

El documento aborda la importancia del matrimonio celestial en la doctrina de los Santos de los Últimos Días, enfatizando que este ritual es esencial para alcanzar el más alto nivel en el cielo. Se argumenta que el matrimonio, instituido por Dios, es una ordenanza que permite a las familias ser selladas por la eternidad y que la exaltación está respaldada por la Biblia y revelaciones modernas. Se concluye invitando a los oyentes a cuidar su matrimonio eterno como un tesoro invaluable para vivir con Dios.

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El Matrimonio Celestial

El documento aborda la importancia del matrimonio celestial en la doctrina de los Santos de los Últimos Días, enfatizando que este ritual es esencial para alcanzar el más alto nivel en el cielo. Se argumenta que el matrimonio, instituido por Dios, es una ordenanza que permite a las familias ser selladas por la eternidad y que la exaltación está respaldada por la Biblia y revelaciones modernas. Se concluye invitando a los oyentes a cuidar su matrimonio eterno como un tesoro invaluable para vivir con Dios.

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Hermanos y hermanas, que alegría volvernos a encontrar, en esta ocasión

para reforzar un Tema del cual se habla mucho pero muy pocas veces se
aplica correctamente o mejor dicho no se profundiza sobre su real
importancia;
Matt Slick un crítico acérrimo de la Iglesia dijo:
"Este ritual llamado “matrimonio celestial” es EXIGIDO para poder acceder a
este nivel, el más alto del cielo."
¿Porque dijo "exigido" y no "requerido"? ¿Porque dijo "ritual" y no
"ordenanza"? La razón es que como el, muchos críticos evitan palabras
conocidas por el cristianismo a propósito para que nuestra doctrina suene
extraña y menos cristiana. Ya lo deben suponer, así que los invito a ver el
siguiente video donde hablaremos mas a fondo sobre EL MATRIMONIO
CELESTIAL.

Para nosotros, un aspecto muy importante de la vida eterna es la familia. Los


Santos de los Últimos días creemos que las familias se pueden sellar por la
eternidad en los Templos Sagrados de Dios.
Los matrimonios que están sellados con el poder y la autoridad de Dios no
terminan con la muerte, sino que siguen en las eternidades para aquellos que son
fieles.
Enseñamos que el hombre debe dar "honor a la mujer como a vaso más frágil, y
como a coherederas de la gracia de la vida" (1 Pedro 3:7) y que el hombre "se
unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:24).
Dios ordenó y aprobó el matrimonio de Adán y Eva en el Jardín de Edén antes de
la caída. La Biblia revela el primer mandamiento dado al hombre en Edén, “Y los
bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, (Génesis 1:28).
No creo que Dios diera un mandamiento para tener hijos, si Adán y Eva no
estaban casados ("los bendijo"), y no creo que Dios exigiera un estado como el
matrimonio si Él lo consideraba inferior a la vida soltera. "Porque yo te mando hoy
que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus
mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado"
(Deut. 30:16). Consideramos las palabras de Pablo a los Corintios como
instrucciones específicas para una situación especial.

Tener una familia nos enseña paciencia, amor incondicional, y muchas otras
cualidades que nos ayuda a progresar, a ser más como nuestro Padre Celestial.
Podemos entender un poco más como Él se siente con su obra de cuidar la familia
humana en la tierra.
La iglesia enseña que el matrimonio es una institución celestial y la familia puede
ser una fuente de gozo y felicidad. "He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
Cosa de estima el fruto del vientre" (Salmos 127:3).
Como Dios instituyó el matrimonio en el jardín de Edén, "todo lo que Dios hace
será perpetuo" (Eclesiastes. 3:14) o "para siempre".
Jesús aprobó el matrimonio en las bodas de Canaán y en palabras directas. En el
Nuevo Testamento nuestro Salvador y Redentor Jesucristo nos enseño, "al
principio de la creación varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a
su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así
que no son ya más dos sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el
hombre" (Marcos 10: 6-9). Pablo confirmó diciendo, "en el Señor, ni el varón es sin
la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón,
también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios" (1 Cor. 11: 11-12).

El concepto de grados de gloria en los cielos no es nuevo. Jesús dijo, "En la casa
de mi Padre muchas moradas hay" (Juan 14: 2). Entendemos que hay grados o
"glorias" diferentes, por lo tanto Pablo explicó sobre la resurrección, "Una es la gloria
del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es
diferente de otra en gloria" (1 Cor. 15: 40-41), y luego Pablo describe una
experiencia de un hombre quien "fue arrebatado hasta el tercer cielo" (2 Cor 12:2).
La Biblia da pistas de la posibilidad que hay niveles en el reino de Dios. Pero nuestra
doctrina no se basa en estos versículos. Doctrina y Convenios sección 76 amplifica
las palabras de Pablo. Además, hay sentido en esto porque sabemos que algunas
personas viven sus vidas más fieles que otras y un Dios justo recompensaría cada
persona de acuerdo con su fidelidad. En la revelación moderna (dado en 1832) nos
explica que hay tres reinos (y divisiones entre de si) de Gloria: Celestial, Terrestre,
y Telestial.

La doctrina de exaltación, entendida como realmente lo enseña la iglesia, se


encuentra apoyada en la Biblia, y en las palabras de cristianos antiguos. Juan
escribió sobre quienes recibirán gloria celestial, "El que venciere heredará todas las
cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apoc. 21: 7).
Una revelación dada a través de José Smith está de acuerdo cuando dice, "Son
dioses, sí, los hijos de Dios. Por consiguiente, todas las cosas son suyas" (DyC 76:
58-59).
La sola diferencia es el uso de la palabra, "dioses" y más adelante aclaró el uso de
esta terminología. Doctrina y Convenios enseña que quienes no reciban la
exaltación no son dioses, sino ángeles. "Porque estos ángeles no se sujetaron a mi
ley; por tanto, no pueden tener aumento, sino que permanecen separada y
solitariamente, sin exaltación, en su estado de salvación," (DyC 132: 17).
Bajo la ley de Moisés y el sacerdocio de Aarón, el pueblo de Israel no tenía acceso
a las ordenanzas mayores. Jesucristo enseñó que bajo la ley de Moisés y el
sacerdocio preparatorio, "los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento;
mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de
entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no puedan ya más
morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la
resurrección" (Lucas 20: 34-36).
El matrimonio en el templo, como el bautismo, es una "ordenanza terrenal", o sea,
no se puede hacer en los cielos o después de la resurrección.
La ley de Dios requiere que los matrimonios se hagan en la tierra bajo la autoridad
del sacerdocio antes del fin del milenio (los mil años después de la segunda venida
de Cristo). El reino celestial es donde las relaciones eternas existen.
Matrimonios nuevos no se hacen allí (Lucas 20: 27-36) y no todos tendrán el
privilegio de recibir las bendiciones de un matrimonio eterno porque requiere que
las personas cumplan con los convenios del Señor bajo su ley (DyC 132: 7-17).

En la nueva dispensación, Jesucristo dio a Pedro la autoridad del sacerdocio


mayor o de Melquisedec. Lleva con él las ordenanzas y convenios mayores donde
los que cumplen no serán ángeles, sino “hemos de juzgar a los ángeles" (1 Cor.
6:3). Cristo explicó como uno con el poder y la autoridad de Dios puede sellar las
familias eternamente cuando dijo "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y
todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en
la tierra será desatado en los cielos" (Mateo 16:19). Este poder fue quitado en
tiempos de apostasía y ha sido restaurado en tiempos de luz y revelación.

Ahora tenemos la oportunidad de tener un Matrimonio Eterno sellado por la debida


autoridad, si no lo han hecho aún, háganlo y si ya lo han hecho, cuídenlo como su
mas grande tesoro para llegar a vivir con Dios y como ÉL.

Gracias por acompañarme en este podcast, compartan el vídeo y conmigo, su


amiga Claudia Milena, será hasta una próxima oportunidad. Adiós

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