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Parsons
Sociología (Universidad Nacional de La Matanza)
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Capítulo 8
Estructural-funcionalismo. Talcott Parsons y Robert Merton
Introducción
El estructural-funcionalismo, corriente sociológica y antropológica desarrollada a
mediados del siglo XX, propone una perspectiva teórica basada en el método del análisis
funcional. Éste consiste en la determinación de la función (aporte o contribución) que realiza
una parte –comportamiento social, institución, subestructura– a la estructura entendida
como totalidad social. El estructural-funcionalismo se sustenta en una perspectiva
organicista sobre las relaciones entre las diferentes partes (actividades y organizaciones
sociales) que conforman la sociedad, concebida como un organismo vivo. La tendencia a
utilizar exclusivamente este método como el único válido para el análisis de la realidad
social se denomina funcionalismo.
Esta corriente se origina en el modelo de análisis planteado por Herber Spencer
(analogía orgánica) y es profundizada posteriormente como explicación sociológica por
Emilio Durkheim. En las ciencias sociales modernas encontramos tres variantes del
funcionalismo: funcionalismo absoluto (propuesto por el antropólogo Bronislaw Malinowski),
funcionalismo relativo (desarrollado por el sociólogo Robert K. Merton) y estructural-
funcionalismo (formulado entre otros por el antropólogo social Alfred Radcliffe-Brown y el
sociólogo Talcott Parsons). Para entender los aportes a la sociología de Parsons y de
Merton es importante comprender los distintos tipos de funcionalismo.
El funcionalismo absoluto plantea que la cultura es una totalidad integrada. Por lo
tanto, no se puede desvincular un rasgo de esa cultura para estudiarlo en sí mismo porque
el sentido que tiene es precisamente su referencia a la totalidad; es decir, ver qué función
cumple el rasgo cultural con relación a la totalidad estructural. Malinowski considera que, al
existir un elemento dentro de una estructura cultural, éste debe cumplir una función y que,
una vez que ésta se establece, debe ser satisfecha exclusivamente por ese elemento.
En cambio, el funcionalismo relativo busca relativizar el funcionalismo para poder
aplicarlo a sociedades más complejas y cambiantes. Para ello la función debe ser
contrastable de forma empírica. En efecto, la función pasa a ser definida a partir de las
consecuencias observables y no de la satisfacción de necesidades. El objeto de análisis se
centra en las pautas de conducta estándar que las personas adoptan. Merton le critica a
Malinowski su concepción de cultura como una totalidad integrada. Según Merton, un
elemento puede ser funcional –aporte o contribución positiva al mantenimiento o
funcionamiento de la estructura social o cultural–, disfuncional –perturbación negativa al
funcionamiento o continuidad de la estructura– y afuncional –sin función alguna. Además,
sostiene, a diferencia de Malinowski, que no hay indispensabilidad funcional, vale decir, la
misma necesidad puede satisfacerse por distintos elementos. Asimismo, Merton realiza una
importante contribución al distinguir funciones latentes y funciones manifiestas, tal como
veremos luego.
El estructural-funcionalismo plantea que el análisis debe realizarse desde la estructura
y no desde los elementos o rasgos socioculturales. En este caso, las funciones son
prerrequisitos o imperativos funcionales para que la estructura subsista. Por ejemplo, para
articular orgánicamente a sus miembros por la división social del trabajo, se necesita
mantenerlos integrados, solidarios entre sí; se necesita gobernarlos, contener y castigar a
los que se desvían y premiar a quienes se comportan bien. Cabe aclarar que no se trata de
necesidades del individuo, sino de la propia estructura social. Los cuatro prerrequisitos
funcionales para Parsons son los siguientes: adaptación, logro de fines, funciones latentes
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de mantenimiento de pautas y control de tensiones e integración (ver El sistema social.
Objeto de estudio y método). Esta corriente es la que prevaleció en la sociología a
mediados del siglo XX, no sólo en Estados Unidos sino también en Europa, Asia, África y
América Latina. Durante la década de 1960, las críticas generalizadas al estructural-
funcionalismo, desde diferentes contextos teóricos, provocaron que éste perdiera su
pretendido lugar hegemónico en las ciencias sociales.
Talcott Parsons
Talcott Parsons, sociólogo norteamericano, nació en 1902 en Colorado y murió en Munich
en 1979. Fue profesor de la Universidad de Harvard, donde desarrolló buena parte de su
carrera. Se le reconoce el mérito de haber traducido, junto con Hans Gerth, la obra de Max
Weber La ética protestante y el espíritu del capitalismo, y dar a conocer a este autor en los
Estados Unidos.
Su vasta producción teórica fue escrita durante las décadas del cincuenta, sesenta y
setenta. Dividimos su obra en dos etapas: en la primera, se centra en el estudio de la acción
social, y en la segunda, reformula su propia concepción de la acción al insertarla en el
esquema de análisis estructural-funcional. De la primera etapa, destacamos La estructura
de la acción social (1937). De la segunda, El sistema social (1951), Hacia una teoría general
de la acción social (1951) (con Edward Shils), Ensayos de teoría sociológica (1954),
Estructura y procesos en las sociedades modernas (1966) y El sistema de las sociedades
modernas (1971).
Fue el primer sociólogo que intentó elaborar un esquema analítico preciso para
interpretar lo social. Su intención fue construir un modelo teórico de suficiente nivel de
abstracción que permitiera efectuar un análisis universal de la sociedad para dar un mayor
nivel de cientificidad a la sociología. Para ello elaboró la Teoría general de la acción. De
esta manera, la sociología, la ciencia política, la economía, la psicología y la antropología
podrían contar con un marco teórico común para abordar el estudio científico de la acción
específica en cada campo. Parsons inaugura una sociología de la integración social,
centrada en el análisis de un sistema estable, pero que no es útil para explicar la dinámica
sino la estática social.
Al pretender realizar una síntesis de los diferentes aportes de los autores de la sociología
y de otras ciencias sociales, Parsons presenta un desarrollo teórico de elevado nivel de
abstracción, lo que conlleva cierta complejidad en su entendimiento. Si bien vale reconocer
el esfuerzo que realizó por elevar el nivel de cientificidad de la sociología, no logró de
manera acabada su objetivo. Sin embargo, cabe destacar algunos de los aportes que
realizó a la sociología.
Teoría de la acción
En un primer momento, Parsons retomó los aportes de los autores clásicos más
relevantes de la sociología. De Durkheim, recuperó su funcionalismo, su concepto de
anomia y el interés por la búsqueda del orden. De Weber, tomó su perspectiva de la acción
y luego le propuso modificaciones. En su primer libro analizó comparativamente las teorías
de la acción elaboradas por Weber, Durkheim, Vilfredo Pareto y Alfred Marshall. Según su
planteo, ciertas características de la acción pueden servir de marco conceptual de
referencia, dado que permiten explicar el comportamiento sociológico. Parsons propuso
analizar a la acción como un sistema, el sistema de la acción, que a su vez está
conformado por cuatro subsistemas ordenados en una jerarquía cibernética (energía –
información):
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- El subsistema biológico (el organismo conductual)
- El subsistema de la personalidad (la internalización de contenidos socioculturales)
- El subsistema social (sistema interactivo de varios actores sociales)
- El subsistema cultural (el universo simbólico que regula los restantes sistemas)
La jerarquía cibernética organiza estos subsistemas según el grado de energía que posean
(mientras el subsistema biológico es pura energía, el subsistema cultural es energía nula) y
el grado de información (mientras el subsistema cultural es pura información, el subsistema
biológico es información nula).
A diferencia de Weber, para Parsons la acción es un proceso de orientación de un actor
hacia una situación, no sólo hacia otro u otros actores sociales. En este proceso intervienen
estos cuatro subsistemas. En toda acción se presentan tres elementos interrelacionados: el
actor (la persona que hace algo), la situación en la cual se encuentra el actor (o los actores)
y la orientación del actor en esa situación específica. El actor tiene necesidades a las que
debe satisfacer. En la situación encontramos otros actores sociales (alter), objetos físicos y
objetos culturales (no internalizados en el sistema de personalidad del actor). El actor se
orienta a la situación de dos modos: 1) el modo de orientación motivacional, en el que
registra la necesidad que debe satisfacer y con qué elementos de la situación la puede
satisfacer, siempre guiado por un principio de gratificación (o, al menos, un principio de
evitación de la frustración), y 2) el modo de orientación valorativa internalizada mediante la
socialización, a partir del cual el actor juzga de acuerdo a criterios de valor la posibilidad de
obtener esa gratificación; este último prevalece por sobre el primero.
Según Parsons, el ego posee un sistema de disposición de necesidades psicofísicas y
busca satisfacerlas, es decir, busca gratificación y evitar la deprivación (frustración). Cuando
un actor busca gratificación, evaluará primero si la acción está bien o está mal. Así, juzga
sus propias actitudes con respeto a las normas sociales. Por lo tanto, el criterio moral tendrá
primacía para coordinar el curso de la acción. Cuando el criterio de valor no es compartido
por los actores, se produce un conflicto dado que hay un alto grado de anomia o
desinstitucionalización.
Veamos ahora cuáles son las características y funciones de cada subsistema según
Parsons. El más concreto es el subsistema biológico (organismo), que está compuesto por
órganos y cuya última unidad es la célula. Siempre que hay acción humana, hay cuerpos, y
éstos sirven de sustento a todos los demás subsistemas. Por encima del subsistema
biológico se encuentra el subsistema de la personalidad. Basándose en la teoría
psicoanalítica de Sigmund Freud, Parsons lo define como una serie de elementos
socioculturales internalizados en la psiquis del individuo. Por su parte, el subsistema social
alude a las interacciones sociales. Para ello requiere de los dos subsistemas anteriores,
pero también estos últimos precisan de la interacción dada en el subsistema social. Por
último, el subsistema cultural, el más elevado de todos, refiere a los valores, creencias,
conocimientos e ideas (el aparato simbólico) que los hombres han desarrollado a partir de
su interacción y que sirve para regular cómo se da ésta en el sistema social y, además, para
moldear el subsistema de la personalidad y el subsistema biológico. Todos estos
subsistemas se influyen, son interdependientes y están relacionados entre sí en forma
ascendente y descendente.
Asimismo, Parsons utiliza las variables pauta –parejas de aspectos de la acción–, en las
que cada uno se contrapone al otro, y que permiten caracterizar los diferentes tipos de
acción en las sociedades tradicionales y en las modernas. Las variables pauta implican un
conjunto conceptual de elecciones que los actores pueden tomar en cada situación:
afectividad-neutralidad afectiva, orientación colectiva-orientación hacia sí mismo,
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universalismo-particularismo, adscripción- adquisición y especificidad-difusión. La
combinación particular de estas elecciones permite estudiar la acción. A continuación,
explicaremos cada una de las variables pauta. Mientras las tres primeras se refieren al actor
en términos de ego –individuo, grupo o colectividad–, las dos últimas se relacionan con las
características de los objetos sociales.
La afectividad versus neutralidad valorativa es el dilema entre la gratificación y la
disciplina. Aquí el problema es la elección entre una oportunidad de gratificación sin tener
en cuenta las consecuencias o una evaluación de dicha oportunidad según sus posibles
efectos.
En la orientación colectiva versus la orientación hacia sí mismo el dilema es entre el
interés colectivo y el interés privado. El ego debe elegir un acto por la importancia que
reviste para la colectividad o de acuerdo con el código moral, o por las consecuencias para
su propia persona. En ambos casos se hace referencia directa a la valoración del actor y
quedan implicadas su subordinación o su libertad respecto de ciertos criterios de valor.
El par universalismo versus particularismo presenta un dilema entre tipos de criterio de
valor que se definen relevantes para la expectativa de rol. El objeto será evaluado mediante
un marco de referencia general o según concepciones particulares.
En el par adscripción versus adquisición el dilema se encuentra entre un enfoque del objeto
social de acuerdo con sus cualidades y atributos o según sus realizaciones. En este sentido,
la adscripción refiere a las características inherentes al objeto y la adquisición a las que se
adquieren.
Por último, el par difusividad versus especificidad plantea el dilema que determina el
interés del ego por el objeto: o bien se le otorga a un objeto social un conjunto indefinido de
derechos, o bien un conjunto específico y limitado.
El sistema social. Objeto de estudio y método
En la segunda etapa de su obra, al centrarse en uno de los subsistemas de la acción –el
sistema social que involucra la interacción–, Parsons analiza tres temas principales: la
teoría de la estructura social, la teoría de los procesos motivacionales y la teoría del cambio
social. Para ello sigue el modelo del estructural-funcionalismo, según el cual la estructura
social –sistema social– debe satisfacer necesariamente ciertos prerrequisitos o imperativos
funcionales. El punto de partida en lo metodológico es percibir a la sociedad como un
sistema entendido como el todo compuesto por las partes interrelacionadas e
interdependientes entre sí, al que se le subsume una noción de estructura, concebida como
el esqueleto (skeleton) organizativo de ese sistema.
Parsons define el sistema social de la siguiente manera:
... una pluralidad de actores individuales que interactúan entre sí en una situación que tiene,
al menos, un aspecto físico o medio ambiente, actores motivados por una tendencia a
“obtener un óptimo de gratificación” y cuyas relaciones con sus situaciones –incluyendo a
los demás actores– están mediadas y definidas por un sistema de símbolos culturalmente
estructurados y compartidos. (Parsons, 1951: 5-6)
La ventaja del sistema social es que permite estudiar a todos los actores sociales que
interactúan entre sí, desde estructuras simples a estructuras complejas; por ejemplo, desde
una pequeña comunidad hasta un país o una civilización. Para Parsons, el sistema social –
objeto de estudio de la sociología– debe garantizarle a los actores que encontrarán los
elementos necesarios para satisfacer sus necesidades, participarán adecuadamente en el
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sistema a través de su interacción con los otros y contarán con los mecanismos de control
social (control externo) y socialización (control interno), necesarios para la consecución de
sus objetivos. En efecto, el sistema social debe garantizar al sistema cultural la persistencia
de las pautas normativas y valorativas vigentes, porque el principio del funcionamiento de
todo sistema social es el principio de la estabilidad. La condición básica para que sea
posible la interacción es que los intereses de los actores (ego y alter) se hallen vinculados
por un sistema compartido de normas y valores. Los componentes estructurales del sistema
social son los valores, las normas, los roles y las colectividades. En este sentido, Parsons
entiende por normas las pautas ideales de conducta que regulan nuestro comportamiento.
Por su parte, los valores, que están por encima de las normas, son la orientación
fundamental que permite tanto el comportamiento de los actores como la existencia de la
sociedad.
Otra de las categorías fundamentales que Parsons aporta a la sociología es el complejo
estatus-rol: el actor posee un estatus y en su actuar desempeña un rol. El estatus es su
lugar en el sistema de relaciones sociales considerado como estructura; mientras que el rol
es el aspecto procesual, es decir, lo que el actor hace en su relación con otros, considerado
en el contexto de su significación funcional para el sistema social. Ambos conceptos –
estatus y rol– vinculan al individuo con la colectividad, entendida como un conjunto de roles
interactuantes o conjunto de actores que se entrecruzan con el actor individual.
Para definir los sistemas de estatus y rol, son centrales las instituciones, que
involucran los criterios de valor compartidos por los actores miembros del sistema social.
Todo sistema social debe cumplir con los siguientes imperativos funcionales, conocido como
“esquema AGIL”:
- A: Adaptación.
- G: Logro de fines.
- I: Integración.
- L: Funciones latentes de mantenimiento de pautas y control de tensiones.
Ver Cuadro Nº 1 - El sistema social
En primer lugar, la adaptación o subsistema adaptativo está orientado hacia el medio
ambiente, lo natural y social. Un sistema tiene que adaptarse a su ambiente y ajustar el
ambiente a sus necesidades. La meta de la adaptación busca obtener en el ambiente los
recursos necesarios para proveer a la satisfacción de las necesidades de los actores.
En segundo lugar, el logro de metas o el subsistema de logro de fines involucra la
necesidad de un sistema de definir y lograr sus metas primarias. Este subsistema está
encargado de plantear los objetivos, metas o fines que el conjunto del sistema social
perseguirá en relación con el medio ambiente.
En tercer lugar, la integración o el subsistema integrativo requiere que el sistema
regule las interrelaciones de sus partes componentes. La integración involucra la gestión de
las relaciones entre los otros tres imperativos o subsistemas. También apunta a lograr la
unión entre los distintos actores sociales. A mayor nivel de integración, el producto de este
subsistema es la solidaridad (como la define Durkheim).
Por último, la latencia o mantenimiento de pautas implica la transmisión de las pautas
culturales a nuevas generaciones para mantener estabilidad y orden. Este subsistema debe
garantizar el prerrequisito funcional que asegura la sustentación y continuidad del sistema
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cultural vigente, y también la necesidad de reanudar la motivación de los actores sociales.
Se denomina “mantenimiento de pautas” porque transmite pautas que ya existen a través
de la socialización. Los actores actúan constreñidos por las estructuras sociales y la cultura.
Con el objetivo de sistematizar la propuesta del autor, en el cuadro siguiente se relaciona el
sistema de la acción con las funciones imperativas, con el sistema social y con sus
productos. Del sistema de la acción, Parsons se centra en el sistema social y su análisis
interno.
Ver Cuadro Nº 2 - Comparación entre el sistema de la acción y el sistema social
Los productos generados por los tres subsistemas –riqueza, poder y prestigio– son
desigualmente distribuidos entre los miembros de la sociedad y esto genera focos
potenciales de conflicto. Según Parsons, donde no hay orden hay anomia, que implica que
los actores sociales no comparten los criterios valorativos. La contrapartida de la anomia es
la institucionalización perfecta: los actores sociales comparten adecuadamente los criterios
de valor que han de regular los procesos de acción e interacción.
Otra de las preocupaciones de Parsons fue la búsqueda del orden, vale decir, el
mantenimiento del equilibrio y la homeostasis. Este autor sostiene que los supuestos del
estructural-funcionalismo pueden dar respuesta al problema hobbesiano del orden:
1) Los sistemas tienen las características del orden y de la interdependencia de las partes.
2) Los sistemas tienden hacia un equilibrio u orden que se mantiene por sí mismo.
3) Los sistemas pueden ser estáticos o verse implicados en un proceso ordenado de
cambio.
4) La naturaleza de una parte del sistema influye en la forma que pueden adoptar las otras
partes.
5) Los sistemas mantienen fronteras con sus ambientes.
6) La distribución y la integración constituyen dos procesos fundamentales y necesarios
para el estado de equilibrio de un sistema.
7) Los sistemas tienden hacia el automantenimiento, que implica el mantenimiento de
fronteras y de las relaciones entre las partes y el todo, el control de las variaciones del
entorno, así como también el control de las tendencias de cambio del sistema desde su
interior.
Teoría del cambio social
La teoría de Parsons ha recibido numerosas críticas por haberse preocupado más en
mantener el equilibrio del sistema social y explicar el orden que en desarrollar una teoría
aplicable al cambio social. Por ende, su esquema resulta más útil para explicar situaciones
estables que situaciones de cambio social o alteraciones en la estructura sociocultural. Ante
las críticas, este autor plantea una diferencia entre los cambios en el sistema y los cambios
de sistema. El cambio en el sistema o dentro del sistema implica un cambio adaptativo de
los subsistemas entre sí. Esto es, ante una modificación en uno de los subsistemas, se
darán una serie de cambios en los siguientes subsistemas con el fin de adaptarse. Así, el
sistema pasa de una situación de equilibrio a otra de desequilibrio temporal y recupera
homeostáticamente su equilibrio. Este cambio es funcional para Parsons dado que no
genera disfunción. Pero sucesivos cambios en el sistema generan a la larga, cambios del
sistema: se modifica tan sustancialmente el sistema social, que ahora es otro sistema
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diferente.
Parsons distingue tres etapas evolutivas generales: las sociedades primitivas, las
intermedias y las modernas. Además, agrega a las “sociedades semillero”.
En primer lugar, las sociedades primitivas son las menos diferenciadas; su eje
organizativo es el sistema parental y la religión. Las más avanzadas entre éstas llegan a
desarrollar una organización política incipiente. En segundo lugar, las sociedades
intermedias se caracterizan por la aparición de la escritura y se dividen en dos subtipos
según el uso de la escritura y el tipo de religión: la sociedad intermedia arcaica, en la cual el
uso de la escritura se vincula a objetos técnicos e instrumentales y cuya religión es
cosmológica, y la sociedad intermedia histórica, en la que el uso de la escritura se vincula a
la reflexión filosófica y científica y a la creación literaria, y cuya religión es un sistema
universal de deidades sobrenaturales; estas sociedades poseen una organización política
ampliamente estructurada, con un sistema de estratificación rígido (castas o estamentos) y
tienen sus fronteras bien delimitadas. En tercer lugar, las sociedades modernas poseen un
sistema jurídico racional, lo que supone una mayor autonomía del aparato normativo de la
sociedad. Por último, las sociedades “semillero” son aquellas que no han sido exitosas en
su adaptación, por lo cual no han subsistido; sin embargo, su influencia cultural ha tenido un
peso importante en otras sociedades con las que no existen vínculos directos en el proceso
evolutivo.
Según Parsons, el modelo neoevolucionista plantea que la sociedad será más
evolucionada cuando su organización social muestre una mayor capacidad de adaptación
generalizada, lo que implica una complejidad creciente de la estructura.