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SIMON DE BEAUVIOUR - Gazt APUNTEAK.24-25

El documento explora la filosofía existencialista del siglo XX, centrada en la libertad y la construcción de la propia existencia, destacando el pensamiento de Simone de Beauvoir. Beauvoir, a través de su obra 'El Segundo Sexo', problematiza la categoría de 'mujer' y critica la construcción social que limita su libertad, abogando por la igualdad y la autonomía femenina. Además, aborda la 'alteridad' en la relación entre hombres y mujeres, y propone una moral basada en la ambigüedad y la libertad como eje central de la existencia humana.
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El documento explora la filosofía existencialista del siglo XX, centrada en la libertad y la construcción de la propia existencia, destacando el pensamiento de Simone de Beauvoir. Beauvoir, a través de su obra 'El Segundo Sexo', problematiza la categoría de 'mujer' y critica la construcción social que limita su libertad, abogando por la igualdad y la autonomía femenina. Además, aborda la 'alteridad' en la relación entre hombres y mujeres, y propone una moral basada en la ambigüedad y la libertad como eje central de la existencia humana.
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FILOSOFÍA DEL SIGLO XX.

SIMONE DE BEAUVOIR

I) IDEAS PRINCIPALES DE LAS FILOSOFÍAS EXISTENCIALISTAS

II) PENSAMIENTO DE SIMONE DE BEAUVOIR

1. ¿QUÉ ES SER MUJER? PROBLEMATIZACIÓN DE LA CATEGORÍA “MUJER”.

2. LA “ALTERIDAD” EN LA FILOSOFÍA DE SIMONE DE BEAUVOIR.

3. SIMONE DE BEAUVOIR: POR UNA MORAL DE LA “AMBIGÜEDAD”.

4. LA VEJEZ EN LA OBRA DE SIMONE DE BEAUVOIR.

5. EL DESARROLLO DE LAS IDEAS FEMINISTAS DE LA ILUSTRACIÓN AL


SIGLO XXI. PRINCIPALES APORTACIONES DE SIMONE DE BEAUVOIR.

Texto: “El Segundo Sexo”: Conclusión.

1
I) IDEAS PRINCIPALES DE LAS FILOSOFÍAS EXISTENCIALISTAS

El existencialismo es una corriente filosófica que responde al contexto del siglo


XX, en el que los problemas eternos de la existencia –el dolor, la muerte, la libertad...–
adquieren una gran actualidad. Se intenta recuperar la dignidad humana mediante el énfasis
en crear la propia existencia. A grandes rasgos, el existencialismo expresa:

-La historia de una Europa desgarrada física y moralmente (guerras mundiales).

-El fracaso de los ideales ilustrados (libertad, igualdad y fraternidad) y de su


confianza en el progreso.

-Una humanidad que ha perdido la libertad (totalitarismos y campos de exterminio),


y una nueva antropología: el individuo roto, unido a una existencia absurda y a la muerte,
que provoca una austeridad inevitable.

La filosofía existencialista pone la existencia del individuo en el centro del


pensamiento. El ser humano es el proyecto, la oportunidad, la libertad, la finitud. Es su
existencia individual y mediante ella debe entenderse tanto al individuo mismo como al
mundo que se abre ante él1.

Según el existencialismo, la libertad es el rasgo más importante de los seres


humanos: la libertad es una realidad fundamental, porque es un rasgo que sólo tenemos los

1
En los autores de esta corriente filosófica han influido de manera más evidente tres autores pioneros (XIX): S.
Kierkegaard, F. Nietzsche y E. Husserl. Kierkegaard considera que la existencia del ser humano es libre,
limitada y finita, lo que le hace sentir soledad y angustia frente a la imagen de Dios. Nietzsche también clama
por la construcción creativa y libre de uno mismo por encima de los valores tradicionales y decadentes.
Finalmente, Husserl afirmó a través de su fenomenología que la conciencia individual del sujeto está en la base
de todo conocimiento. Por otra parte, aunque Martin Heidegger no se consideraba existencialista, fue un
referente y profesor en muchos casos de autores existencialistas posteriores. Su pensamiento abarca la mayor
parte de los elementos del existencialismo.

2
seres humanos. Para ello, debemos distinguir entre esencia y existencia: todas las
cosas que vemos a nuestro alrededor tienen una esencia prefijada que determina el ser de
estas cosas. Los humanos, sin embargo, no tenemos una esencia fija y definida. Esta
existencia es subjetiva, individual y está limitada tanto temporalmente (es finita,
muerte) como por su entorno (contexto). Esta existencia es vivida por el individuo de
manera solitaria, libre, y está condenado a entenderse y construirse a sí mismo como
proyecto (angustia).

Frente a la angustia, algunos han encontrado en el dios el sentido de la existencia


(existencialismo religioso: Miguel de Unamuno, Karl Jaspers, Gabriel Marcel, Emmanuel
Mounier), aunque otros han renunciado a este camino (existencialismo ateo y
agnóstico: Simone de Beauvoir,
Jean Paul Sartre, Albert Camus).
En cualquier caso, la vía para
combatir la angustia en ningún
caso se encuentra en la razón,
pues la misma tiende hacia la
abstracción, olvidando al sujeto.

3
III) PENSAMIENTO DE SIMONE DE BEAUVOIR

Simone de Beauvoir nació en París el 9 de enero de 1908 y murió el 14 de abril de


1986. Siendo una niña vivió la Primera Guerra Mundial y en la edad adulta le tocó sufrir las
consecuencias devastadoras de la Segunda Guerra Mundial. Vivió en primera persona la
ocupación de París por parte de los alemanes y simpatizó con la resistencia francesa. Años
antes había obtenido la Licenciatura en Filosofía por la Universidad de La Sorbona.

En sus años universitarios Simone de Beauvoir conoció al filósofo Jean Paul Sartre,
padre del existencialismo francés, que se convertiría en su pareja intelectual y sentimental.
Su filosofía será, por tanto, el existencialismo, una corriente de pensamiento que se gestó
en Europa (especialmente en Alemania y Francia) entre las dos Guerras Mundiales del siglo
XX.

En 1949 se publicó El segundo sexo, una obra en la que Beauvoir plantea los temas
básicos del movimiento feminista que cobró fuerza sobre todo a partir de los años 70. Pese
a ello, su autora no se identificó en esta época como feminista. Su participación en el
movimiento feminista no comenzó hasta 1970, cuando ya tenía 62 años.

Parece claro, por tanto, que tanto el existencialismo como el feminismo marcaron el
pensamiento de Simone de Beauvoir. Vamos a conocer algunos aspectos importantes de
cada uno de ellos.

4
1.- ¿QUÉ ES SER MUJER? PROBLEMATIZACIÓN DE LA CATEGORÍA
“MUJER”.

En 1949, Simone de Beauvoir escribió el libro Segundo sexo, que se convirtió en la


base del feminismo. Su objetivo es que la mujer recupere la capacidad de
autodefinirse: para Beauvoir, la esencia del ser humano es la libertad, es decir, la
capacidad de determinar qué se quiere ser como proyecto abierto. Pero lo que tienen que
ser las mujeres lo deciden los hombres, por eso las mujeres, aunque tengan derechos
políticos, siguen dominadas.

Según la filosofía existencial, no hay esencia anterior a la existencia. No hay


esencia o naturaleza humana fija que defina a todo sujeto, ni destino previo e invariable que
pueda determinar su futuro. Esto se fragua en la existencia o en el obrar, en el continuo
devenir. A la mujer, sin embargo, se le asigna de antemano su destino. Teniendo esto en
cuenta, rechaza en primer lugar los intentos de definir el destino de las mujeres en función
de su biología, sexualidad o economía2.

Sin esencia previa, La mujer no nace: se


hace. Pero, ¿cómo se hace? Según su explicación,
según la dialéctica entre el amo y el esclavo. Se
ha considerado al hombre como fuente de verdad,
conocimiento y razón, como un sujeto entero,
absoluto y esencial, símbolo de los valores
superiores. En esta relación, sin embargo, la
mujer se ha convertido en la “otra”, en un objeto
accesorio, relativo e inesencial. El hombre será
neutro y positivo; la mujer, negativo, que no es hombre. Se crea así una relación de dominio
en la que a la mujer se le limita la libertad de decidir negándole la posibilidad de definirse y
actuar por sí misma3.

En este marco, Beauvoir explica: sin darte cuenta, la cultura te ha moldeado


desde pequeña para que seas la 'copia perfecta' de una modelo de mujer diseñada por
unos hombres. En el segundo volumen Beauvoir aborda varios ejemplos de cómo se
construyen cultural y políticamente las desigualdades y discriminaciones. La niña se

2
Los varones no nacen siendo valientes, decididos, duros, combativos, esforzados y fríos emocionalmente. Ni
las mujeres nacen siendo cobardes, indecisas, sensibles, adaptadas a las circunstancias, flojas y sentimentales.
Se las educa para que sean así, y como todo el entorno (la familia, el colegio, los/las amigas, los juegos, las
fiestas, las modas y las costumbres) les transmite el mismo mensaje y espera de ellas iguales conductas, llegan a
la edad adulta moldeadas como seres femeninos.
3
Beauvoir se adelantó en unos cuantos años a la conceptualización del género, es decir, a la noción de género
como una construcción cultural.

5
educa desde la infancia para pensar que la única manera de someterse a un hombre y
realizarse es siendo esposa y madre, imponiendo así de antemano su destino. Eso no poco,
el matrimonio le condena al olvido, a la repetición y a la pasividad, obligándole a hacer las
tareas de la casa como servidora de su marido. Las relaciones de poder y la división del
trabajo (trabajo de cuidados) suponen la paradoja de que a la mujer se le niega el acceso al
espacio público al tiempo que se le responsabiliza de educar a los seres humanos.

En este sentido, también profundiza en el tema de la maternidad, considerándolo


como una servidumbre. Critica la necesidad de maternidad y el amor maternal como
construcción social ideada para mantener a la mujer en el ámbito privado. Por ello, realiza
un alegato a favor del aborto y la anticoncepción para establecer un marco claro en el que la
mujer pueda asumir libremente la maternidad.

En definitiva, Beauvoir tiene como objetivo reivindicar la igualdad entre los


sexos y desmantelar la relación jerárquica para que las mujeres sean también
individuos autónomos e independientes. Para ello es urgente un proceso colectivo de
liberación que permita a la mujer decidir por sí misma lo que quiere llegar a ser. En
este sentido, además de la liberación sexual y sentimental de la mujer, también aboga por la
liberación económica para que la mujer tenga capacidad formal y material para desarrollar la
autonomía en todos los ámbitos.

6
2.- LA “ALTERIDAD” EN LA FILOSOFÍA DE SIMONE DE BEAUVOIR.

Lectura feminista de la dialéctica hegeliana del amo y del esclavo: la


mujer como 'el otro' en la sociedad patriarcal.

2.1. Falta de simetría entre hombres y mujeres

La desigualdad entre hombres y mujeres está arraigada en todas las sociedades


conocidas. Esta diferencia se manifiesta claramente en que para la mujer es prioritario
manifestarse como mujer frente a cualquier otra característica. No ocurre lo mismo con el
rasgo de hombre4. La perspectiva masculina ha sido considerada como la perspectiva
general de todos los seres humanos, es objetiva, no necesita justificación.

Por esta distinta consideración, Beauvoir dice que los hombres y las mujeres son dos
categorías humanas que no pueden definirse simétricamente. El hombre ha entendido a
la mujer como alteridad, es el “otro”, ya que él es el que se considera a sí mismo como
el elemento positivo y neutro.

Por consiguiente, el ser humano, dependiendo de


cuál de estas categorías se le asigna, tendrá tal
relación con los demás. De este modo, los
individuos que reciban la categoría de mujer
estarán en situación de dependencia e
inferioridad respecto de aquellos que se
identifiquen con la humanidad, que son los
hombres.

2.2. Lectura feminista de la dialéctica del amo y del esclavo

Beauvoir utiliza el concepto de formación de la conciencia de la filosofía de Hegel5.


Todo sujeto toma conciencia de sí mismo negando las otras conciencias posibles: «Al sujeto,
cuando empieza a querer reafirmarse, le es indispensable el Otro que lo limita y lo niega».
Esta operación es bidireccional: el otro se convierte en sujeto cuando se toma como
referencia su visión.

4
Pongamos un ejemplo: cuando las mujeres dirigen películas o escriben novelas, se plantea a veces la
existencia de un "cine de mujeres" o de una "literatura de mujeres". Ante el cine o la literatura realizada por
varones no se plantea la cuestión: se trata simplemente de cine o de literatura.
5
En la dialéctica del amo y el esclavo, Hegel inserta a la conciencia en un escenario social. Un escenario en el
que la conciencia no está sola, sino que entra en contacto con otra conciencia. Para Hegel, los demás son
fundamentales en la constitución de nuestra propia identidad. A pesar de que suponen una amenaza para
nuestra certeza y nuestro deseo de ser la verdad del mundo, sin los demás no podríamos formar nuestra
identidad. ¿Por qué? Porque para formar nuestra identidad es necesario el reconocimiento y esto solo lo puede
proporcionar otro ser humano.

7
El problema que identifica Beauvoir es que en la relación hombre-mujer,
supuestamente entre dos conciencias, la duplicidad de direcciones desaparece, ya que la
mujer no realiza ese vuelco y, por tanto, no se afirma a sí misma como sujeto. En
consecuencia, en el seno de un todo en el que hombres y mujeres se necesitan
mutuamente, la mujer aparece como una conciencia subordinada, es decir, como una
esclava.

En la relación entre hombres y mujeres, son tres los momentos que suponen la
ruptura del carácter dialéctico:

-Riesgo/Libertad: los hombres arriesgan su vida en actos peligrosos. No temen perder la


vida.

-Aceptación/Diferenciación: las mujeres, que no pueden participar en estas acciones,


reconocen su valía. Los hombres ganan prestigio frente a los demás, sobre todo frente a las
mujeres.

-Sometimiento/Protección: los hombres dominan a las mujeres utilizando su reputación y las


protegen para mantenerla.

Las mujeres no participaban en actos peligrosos (caza y guerra) porque en ellos se


ponía en peligro la vida. La «servidumbre de la procreación» constituía un obstáculo
importante para el desarrollo existencial de la mujer, ya que en aquella época no podían
controlar ni tomar decisiones al respecto. Todo ello obstaculizaba el libre desarrollo de la
mujer. Los hombres conseguían gracias a estas acciones peligrosas el prestigio y la
aceptación social, lo que permitía crear y reforzar un sistema que subyuga a las mujeres.
Cuando este sistema se organiza en las instituciones y se justifica mediante códigos escritos,
se le llama patriarcado.

8
2.3. Dificultades para abolir la relación de servidumbre

Según Beauvoir, aunque en las sociedades más desarrolladas se han producido


cambios a favor de la emancipación de la mujer, la situación de «servidumbre» no ha sido
derogada.

Para superar la relación general que las


mujeres han mantenido con los hombres a lo largo
de la historia, es imprescindible que las mujeres
tengan las oportunidades necesarias para su
emancipación plena. Deben afirmarse como sujetos
para su proyecto de vida, y para ello es necesario
cambiar las relaciones con los hombres. Cuando la
mujer se afirme a sí misma como sujeto,
hombres y mujeres podrán reconocerse
mutuamente, lo que permitirá relaciones
igualitarias entre ellas.

La emancipación de la mujer se producirá cuando la mujer decida libremente sobre


la maternidad, no tenga que asumir todos los trabajos de cuidado y tenga las mismas
condiciones de autonomía económica que el hombre. Y para ello es fundamental una
educación igualitaria.

3.- SIMONE DE BEAUVOIR: POR UNA MORAL DE LA “AMBIGÜEDAD”.

Pour une morale de l'ambiguïté (1947) es un ensayo escrito íntegramente por


Beauvoir sobre temas éticos. La escribió dos años antes de la publicación de Le deuxième
sexe. En este ensayo, Beauvoir pone de manifiesto que la existencia humana es considerada
realmente como existencia humana en su dimensión moral.

A la vista de los trágicos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, se centra en


dos temas principales, sobre los cuales está construida la historia de la humanidad:

9
1.- OBJETIVOS DE LA EXISTENCIA HUMANA

Por un lado, Beauvoir quiere mostrar que la libertad es el único fin capaz de
justificar las acciones de las personas y la esencia de todo valor particular de la existencia
humana. La pregunta es: ¿por qué vivir en libertad? ¿Para qué empezar algo, si luego hay
que parar?

El ser humano, para existir, no tiene otra manera que ponerse fines a sí mismo. Pero,
una vez alcanzados, estos objetivos pertenecen al pasado y se convertirán inmediatamente
en un nuevo punto de partida. La persona trabaja, lucha, conquista, desea, ama, pero
siempre está pendiente de un futuro. Por ello, los objetivos sólo pueden entenderse
como algo a superar. He ahí la ambigüedad de nuestra libertad.

A partir de este movimiento, el mundo cobra sentido y queda justificado porque es el


propio proyecto el que da valor a lo que de otro modo serían simples hechos. Así se
justifica también la existencia misma del sujeto. Su valor, de hecho, no procede de
fuera, sino de su esfuerzo, pues cada persona, actuando, decide cuál será el lugar que
debe ocupar en el mundo y no puede excluir, por otra parte, ocupar un lugar. Para Beauvoir,
el ser humano no es otra cosa que lo que se elige por medio de las acciones. El
que se niega a elegir se destruye. Por eso es fundamental la libertad.

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2) RELACIONES ENTRE SUJETOS

Todos los seres humanos estamos unidos unos a otros, de un modo esencial y
subordinados unos a otros. Todo proyecto de vida es, sobre todo, un proyecto hecho
con los demás. Por tanto, la pregunta fundamental es si la libertad individual atenta contra
la libertad de los demás. En Pour une morale de l 'ambiguïté encontramos dos principios
que pueden entenderse como imperativos morales:
●​ Que uno quiera ser libre.
●​ Querer que los demás sean libres.
Las cuestiones éticas, pues, no deben plantearse desde el punto de vista de la
felicidad, sino de la libertad. En otras palabras, el ser humano es capaz de justificar su
existencia gracias al compromiso de las acciones. Pero precisamente por eso necesita que
también existan otros que reconozcan sus actos como acciones humanas
significativas.
De esta forma, la ética no da recetas, solo propone métodos. En el pensamiento de
Beauvoir no hay lugar para los valores universales. Puesto que la libertad establece los
valores, parece que la única aclaración posible es la coherencia entre los fines y los
medios.
Las acciones actuales definen el objetivo al que están orientadas y, por tanto, no
pueden contradecir el objetivo. Así, pues, podemos ver que el método de la moral
propuesto por Beauvoir es el de la coherencia entre los fines y los medios. Por ello, es
necesario evaluar caso por caso si existe coherencia entre objetivos y acciones. Podríamos
pensar que, con su discurso, el individuo puede eludir el compromiso y la responsabilidad;
pero es todo lo contrario: la coherencia es una exigencia moral, porque para que el ser
humano sea auténtico tiene que asumir la libertad y asumir un compromiso activo
para llevar a cabo su proyecto de forma coherente. Si no, sería una mala fe.
Asimismo, para garantizar el compromiso y la responsabilidad de cada uno de
nosotros, es imprescindible garantizar la libertad de los demás, puesto que mi
libertad se realiza junto a la libertad de los otros.

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12
4. LA VEJEZ EN LA OBRA DE SIMONE DE BEAUVOIR.

¿Qué es la vejez? ¿Qué es ser viejo? Sobre estas preguntas


conceptuales y existenciales publicó Beauvoir un exhaustivo estudio en
1970, a los 62 años de edad. A su juicio, hablar de la vejez ha querido
ser rechazado por la sociedad capitalista, y ella quiso romper ese tabú.
En la sociedad del consumo, la vejez parece despreciable: los
ancianos no son rentables, están fuera de la cadena de
producción y se aíslan en los geriátricos y se dejan fuera de la
circulación, aparcados. En su obra La vejez, Simone de Beauvoir analiza el fenómeno de
la ancianidad como una alteridad social.

En opinión de Beauvoir, los verdaderos principios éticos y políticos de una


sociedad dependen del trato dado a los ancianos. ¿Cómo jugamos con ellos? En las
diferentes culturas y a lo largo de la historia se les ha dado un trato muy diferente; Beauvoir
realizó un profundo estudio antropológico sobre esas actitudes. Hay culturas que honran a
los viejos y les garantizan una vida cómoda; también las que les abandonan, les dejan morir
o les dan la muerte. Por ejemplo, entre los esquimales es muy apreciada la sabiduría de los
mayores como curander@s. Por su parte, los ainus japoneses los llevaban a una montaña y
los dejaban allí esperando la muerte. Cada cultura decide, pues, la actitud hacia los
ancianos. En nuestra sociedad, desgraciadamente, en los últimos 10-20 años de vida se
excluye por completo a los viejos, condenados a ser 'cadáveres ambulantes'6.

Pero no olvidemos: algún día seremos nosotros ese


viejo o vieja que ahora tenemos delante de nosotros,
por extraño que nos sea en este momento. Dicen que
el viejo siempre es el otro, uno no se identifica
fácilmente con esa palabra o imagen en el espejo;
Beauvoir quería impulsar la solidaridad y la
dignidad con ellos, humanizar la vejez. También
para ellos, los individuos viejos, reivindica su libre
elección de vida particular.

La historia de la filosofía ha construido un falso estereotipo de la vejez:


hombre sabio, con barba blanca, reflejo de sosiego. El supuesto descenso de la sexualidad y
la pasión aportaría tranquilidad con la edad. El mismo Platón consideraba que la edad de los
gobernantes debía superar los 50 años. Con la edad, dicen, el alma tiene más posibilidades

6
Esta percepción es un fracaso de toda la cultura: “Que durante los quince o veinte últimos años de su vida una
persona no sea más que un desecho es prueba del fracaso de nuestra civilización”​​

13
de controlar y vencer al cuerpo, el ser humano empezaría a desprenderse de esa cárcel. A
esta visión ideal de la vejez contrapuso Beauvoir la verdadera vejez existencial. Por un lado,
con la vejez no se acaban las pasiones, y la sexualidad de las personas no hay que reducirla
a la genitalidad. Sin embargo, por otro lado, las preocupaciones y la angustia vital que
conlleva la edad son más frecuentes que la sabiduría. Por lo tanto, más allá del
estereotipo de la serenidad, la jubilación supone un debilitamiento de la
autoestima y un complejo de inferioridad. Y es que nuestro sistema solo favorece la
identidad según el salario y la profesión. ¿Quiénes somos, pues, cuando nos
jubilamos? La jubilación abre un vacío trágico, lo que demuestra que hasta entonces la
razón de ser de la vida estaba encubierta. Por eso, en la cuestión de la vejez está en
juego el sentido mismo de la vida. El entusiasmo por la vida es una cuestión que hay
que trabajar a lo largo de toda la vida. Para ello, es imprescindible trabajar el
compromiso, la amistad y el amor con los demás. Más allá de la simple
responsabilidad de nosotros mismos, necesitamos una vida humana comprometida también
con la vida de los demás: una vida humana que cuide de la convivencia. La cuestión
política, pues, no es sólo tener pensiones o hogares dignos de ancianos, según Beauvoir,
sino construir un nuevo sentido de la vida.

Prestó especial atención a la situación de la


mujer. A medida que sufren especialmente la
presión de la belleza, la vejez puede resultar
especialmente dura para las mujeres. En el
estereotipo de belleza masculina no está tan mal
visto el pelo blanco o las arrugas... Las mujeres
necesitan desprenderse de esa jaula cerrada de
belleza .
7

¿Por qué no vamos a encontrar testimonios escritos de mujeres mayores o de


hombres pobres? Porque la cultura ha estado, sobre todo, en manos de hombres
privilegiados. Beauvoir confía en construir una sociedad diferente tras haber
reflexionado y denunciado la situación tanto de las mujeres como de los
ancianos.

7
“La historia de la mujer depende mucho más que la del hombre de su destino fisiológico; [...] los tránsitos de
una fase a otra se evidencian con crisis mucho más decisivas que en el varón: pubertad, iniciación sexual,
menopausia. Mientras que el hombre envejece de forma constante, la mujer se ve bruscamente despojada de su
feminidad; todavía joven, pierde el atractivo erótico y la fecundidad, que le procuraban, a los ojos de la sociedad
y a los suyos propios, la justificación de su existencia y sus oportunidades de felicidad”

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5. EL DESARROLLO DE LAS IDEAS FEMINISTAS DESDE LA ILUSTRACIÓN
AL SIGLO XXI. PRINCIPALES APORTACIONES DE SIMONE DE BEAUVOIR.

El feminismo es un pensamiento que, partiendo de la discriminación histórica de las


mujeres, reivindica la igualdad de derechos entre las personas. Sin embargo, la corriente no
es homogénea y ha tenido una notable evolución a lo largo de la historia. Podríamos
explicarlo así:

Principales pioneras ilustradas: a finales del siglo XVIII la francesa Olympe de Gouges
(«Declaración de los Derechos de la Mujer y del Ciudadano») y la inglesa Mary
Wollstonecraft («En la Vindicación de los Derechos de la Mujer») denunciaron que la
reivindicación de la “igualdad política” de los pensadores ilustrados sólo incluía a los
hombres blancos, burgueses y heterosexuales.

Boston, “el movimiento de la moderación”: a partir de 1820, diferentes grupos de


mujeres crearon en EEUU un movimiento contra el alcohol. Aunque tenían una base
cristiana, por primera vez el movimiento permitió a muchas mujeres participar activamente
en la vida pública.

Movimientos sufragistas: derechos


políticos. A partir de la década de 1850 y
durante la Primera Guerra Mundial, las
sufragistas proclamaron la universalización de
los valores democráticos y los derechos
liberales, empezando por el derecho al voto. El
movimiento sufragista fue interclasista y
partidario de la abolición de la esclavitud.

Construcción social de la mujer: para compensar el desastre demográfico tras la


Segunda Guerra Mundial se produjo el nuevo fortalecimiento de la maternidad, que fue
considerado por los estados como el pilar de la reestructuración nacional.

15
En 1949 Simone de Beauvoir escribió el libro "Segundo sexo". Esta obra fue de vital
importancia para que el feminismo se diera cuenta de que la opresión de las mujeres se
situaba más allá de los derechos civiles, políticos o sociales. También había que atender a la
cultura, al simbolismo y al proceso de construcción de identidades sociales: la mujer se
hace. No es algo natural, sino cultural, lo que ha hecho de las mujeres seres dependientes
de los hombres y sin iniciativa propia. Desde la infancia, las niñas se educan para pensar
que la única forma de someterse a un hombre y realizarse es siendo su mujer y siendo
madre.

Es necesario que la mujer recupere la capacidad de autodefinirse sin predeterminaciones:


para Beauvoir, la esencia del ser humano es la libertad, es decir, la capacidad de determinar
qué se quiere ser. Pero lo que tienen que ser las mujeres lo deciden los hombres, por eso las
mujeres, aunque tengan derechos políticos, siguen sometidas.

En la misma línea, en los años 50, Betty Friedan reflexionó sobre “el problema sin
nombre de las mujeres”. En su opinión, actuar siempre en beneficio de los demás, tener que
desempeñar siempre el papel de ama de casa, hacía que las mujeres no estuvieran
conformes consigo mismas. Las convertía en personas enfermas y frustradas.

Feminismo radical. Heteropatriarcado. Lo privado


es político. Kate Millett (Sexual Politics, 68) y
Shulamith Firestone (The Dialectic of Sex: The Case for
Feminist Revolution, 70) calificaron nuestra sociedad
como heteropatriarcal, es decir, como un sistema que
sustenta los intereses de los hombres y, por tanto,
como una estructura para defender los privilegios de los
hombres. En esta sociedad se domina a la mujer en lo
público (leyes, derechos), pero también en lo privado
(relaciones de pareja sexual).

También en aquella época el cuerpo se convirtió en el centro de la controversia, bajo el lema


«mi cuerpo es mío» y, en consecuencia, emprendieron la lucha por el derecho a decidir y
a favor de la posesión del cuerpo. Señalaron que el hecho de ser o no dueño del cuerpo
influye directamente en la construcción del yo.

En los años 80-90 Judith Butler seguirá por este camino denunciando el androcentrismo
institucional y manifestando que bajo las categorías de sexo y género subyacen intereses
políticos. Al fin y al cabo, la familia tradicional es un instrumento de poder y, como
consecuencia, se patologizan los comportamientos no normativos que se dan fuera de la
misma.

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Interseccionalismo: Aunque el término es de la abogada Kimberlé Crenshaw (1989),
pensadoras como Angela Davis trabajaron en los años 70 y 80 en torno a la diversidad de la
mujer, analizando los diferentes sometimientos y persecuciones que pueden generar razas,
clases, etc. (xenofobia, racismo, transfobia, homofobia y aporofobia).

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