JULIA Y ALEJANDRO: EL RESCATE FANTÁSTICO
Julia y Alejandro eran dos hermanos que vivían en un mundo lleno de imaginación.
A ellos les encantaba jugar a ser superhéroes. Julia tenía el increíble poder de
crear agua con solo mover sus manos, como si fuera una maga. Alejandro, por
otro lado, podía encender un fuego en un instante, sin necesidad de cerillos o
leña.
Un día, en el corazón de su emocionante juego, su perro peludo de peluche había
sido atrapado por un terrible monstruo de juguete. El perro estaba en una jaula de
plástico, y el monstruo tenía la única llave.
Pero a Julia y Alejandro no les asustaba nada, ni siquiera un monstruo. Ambos se
miraron y decidieron rescatar a su perro. Julia alzó sus manos y, con un
movimiento suave, imaginó una ola que se dirigía hacia el monstruo. Alejandro,
con un chasquido de sus dedos, fingió lanzar bolas de fuego al monstruo.
El juego continuó, y juntos imaginaron que habían vencido al monstruo, que había
caído y dejado la llave. Rápidamente, corrieron a la jaula, desbloquearon la
cerradura y “liberaron” a su perro. Abrazaron a su perro de peluche, contentos y
orgullosos de su valiente rescate.
Justo cuando estaban celebrando, la voz de su madre los llamó desde la cocina.
Era hora de cenar. Guardaron sus juguetes, dejaron a su perro en un lugar seguro
y corrieron hacia la cocina para cenar, sabiendo que mañana tendrían otra gran
aventura.
FIN.
EL GRILLO AFÓNICO, Y EL VALOR DE LA EMPATÍA
En una extensa pradera vivía un grillo muy preocupado. Llevaba mucho tiempo
afónico, a causa de un fuerte resfriado, y todos los remedios ensayados habían
terminado en fracaso.
La tristeza lo abrumaba, porque adoraba cantar y ahora no podía hacerlo, cómo el
resto de sus amigos y vecinos, quienes le dieron de lado porque pensaron que ya
no quería hacer su trabajo.
—¡Qué desgraciado soy! ¡Mira que no poder cantar como todo el mundo! —se
lamentaba el grillo, un día sí y otro también.
Un primo suyo, enterado del sufrimiento del grillo afónico y comprendiendo sus
sentimientos, vino a visitarle para escucharlo y darle ánimos.
—Tu afonía no es un problema grave —le dijo con gesto tranquilizador. Mira, yo
formo parte de una orquesta en la que todos somos muy amigos. En este
momento nos hace falta un trompetista y, como ahora no puedes cantar, pues he
pensado en ti. ¿Qué dices?
—¡Oh, gracias! — le contestó el grillo —¡Siempre me ha gustado tocar la
trompeta! ¡Sí, entraré en vuestra orquesta!
Desde aquel día, la orquesta fue la más famosa de toda la pradera y, aunque grillo
siguió sin poder cantar, fue nombrado el mejor trompetista del campo.
FIN.
LA ESTATUA DEL PAYASO
María Luisa llegó a la casa del doctor Reyes y su esposa a eso de las 7 de la
noche. Había sido contratada para cuidar los dos hijos de la pareja mientras ellos
cenaban en un lujoso restaurante de la ciudad.
El doctor Reyes abrió la puerta y le dejó saber que los niños se encontraban
dormidos. Igualmente, la señora Reyes le pidió permanecer en la sala de estar,
cerca de la habitación de los niños, en caso de que alguno de ellos se despertara.
La pareja se despidió y María Luisa se dirigió a la sala y se sentó a jugar en su
celular. Al cabo de un rato, se aburrió y llamó a los padres para saber si era
posible ver televisión.
—Por supuesto —respondió el doctor Reyes.
Sin embargo, María Luisa tenía una solicitud final; les preguntó si podía cubrir con
una manta la estatua del payaso que permanecía en una esquina de la sala,
porque cada vez que miraba la enorme estatua de ojos espeluznantes, tenía la
sensación de que la estatua se estaba moviendo lentamente.
Por unos cuantos segundos hubo un silencio incómodo. Con voz de terror, el
doctor Reyes dijo:
—¡Despierta a los niños y salgan inmediatamente de la casa! NO TENEMOS
NINGUNA ESTATUA DE UN PAYASO.
FIN
EL DIARIO DEL DELITO
Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven pasaba todos los
días por delante de una casa en cuyo balcón una mujer bellísima leía un libro. La
mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez el joven oyó en la tienda a dos
clientes que hablaban de aquella mujer.
Decían que vivía sola, que era muy rica y que guardaba grandes sumas de dinero
en su casa, aparte de las joyas y de la platería. Una noche el joven, armado de
ganzúa y de una linterna sorda, se introdujo sigilosamente en la casa de la mujer.
La mujer despertó, empezó a gritar y el joven se vio en la penosa necesidad de
matarla. Huyó si haber podido robar ni un alfiler, pero con el consuelo
de que la policía no descubriría al autor
del crimen.
A la mañana siguiente, al entrar en la tienda, la policía lo detuvo. Azorado por la
increíble sagacidad policial, confesó todo. Después se enteraría de que la mujer
llevaba un diario íntimo en el que había escrito que el joven vendedor de la tienda
de la esquina, buen mozo y de ojos verdes, era su amante y que esa noche la
visitaría.
FIN.
Marco Denevi
GOLPES EN EL COCHE
Una familia, compuesta por dos pequeños y sus padres, viajaban por carretera
hacia [….] cuando el coche se les averió. Los padres salieron a buscar ayuda y,
para que los niños no se aburrieran, les dejaron con la radio encendida. Cayó la
noche y los padres seguían sin volver cuando escucharon una inquietante noticia
en la radio: un asesino muy peligroso se había escapado de un centro
penitenciario cercano a [….] y pedían que se extremaran las precauciones.
Las horas pasaban y los padres de los niños no regresaban. De pronto,
empezaron a escuchar golpes sobre sus cabezas. “Poc, poc, poc”. Los golpes,
que parecían provenir de algo que golpeaba la parte de arriba del coche, eran
cada vez más rápidos y más fuertes. “POC, POC, POC”. Los niños, aterrados, no
pudieron resistir más: abrieron la puerta y huyeron a toda prisa.
Solo el mayor de los niños se atrevió a girar la cabeza para mirar qué provocaba
los golpes. No debería haberlo hecho: sobre el coche había un hombre de gran
tamaño, que golpeaba la parte superior del vehículo con algo que tenía en las
manos: eran las cabezas de sus padres.
FIN
EL HOMBRE ARAÑA
Había una vez un niño llamado Peter Parker pero realmente su nombre era
Spider Man.
Él era como una real araña. Él podía hacer todo como una araña, como trepar
edificios. Él también podía saber si algo malo iba a pasarle.
Spider Man vivía con su tía, que era un poco ingenua. Una cosa que Spider Man
no quería es que su tía supiese que él es Spider Man. Entonces, era un poco difícil
vivir con ella.
Un día, Spider Man estaba caminando cuando de repente vio a un niño que tenía
4 años robando chocolates. Spider Man no sabía que estaba pasando pero
decidió atacar al niño.
El niño empezó a gritar: “¡MAMÁ, MAMÁ, MAMÁ!”
Spider Man seguía confundido. No sabía qué estaba haciendo. Al final decidió
dejar al niño y se fue a casa.
Al día siguiente, Spider Man estaba viendo TV cuando vio lo que realmente pasó.
El niño era un ayudante de la tienda y recibía gratis chocolates cada día.
“¡Ay!” gritó Spider Man
Spider man estaba pensando si debía de pedir perdón al niño pero al final
decidió que no.
Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.
FIN
ROBERTO EL ASTRONAUTA
Roberto era un niño muy listo, pero en el colegio se aburría, siempre explicaban
las mismas cosas y nunca hablaban de cosas interesantes.
Un día le preguntó a su profesora que por qué no les hablaba de astronautas, y
ella le contestó que eso eran cuentos chinos y que nunca nadie había llegado a la
Luna. Roberto le dijo que él sería el primero en hacerlo, y toda la clase se burlo.
Roberto se puso manos a la obra y se hizo un traje espacial y lo llevó a su colegio.
Pero en vez de obtener el efecto de admiración que se esperaba, se rieron de él.
Dijeron que con un disfraz no llegaría a la luna.
Así que Roberto se enfrascó en la construcción de una nave espacial. Durante
días y días estuvo trabajando fuertemente.
Un día en el colegio les invitó a pasar la tarde en su casa para que vieran como
despegaba su nave espacial. Esa tarde Roberto les demostró a todos que sería el
primero en llegar a la Luna.
FIN
LOS 3 REYES MAGOS
Érase una vez hace muchos años, existían tres reyes que además de ser muy
sabios, eran capaces de leer e interpretar las estrellas. Uno vivía en Europa, otro
en Asia y otro en África y los tres pasaban noches mirando las estrellas.
Un buen día, Melchor, un rey europeo, de larga barba era blanca, de pronto vio
una estrella fugaz, que se detuvo arriba en el firmamento y brilló más que las
demás. Melchor decidió seguirla cabalgando sobre su camello.
Gaspar, reinaba en Asia, sus cabellos y barba eran castaños. Al ver a la estrella
desde su castillo, montó sobre su camello y emprendió la marcha tras la preciosa
luz.
Baltasar, un rey africano, conocido por su conocimiento del universo, también vio
la brillante estrella, montó a lomos de su camello y siguió su luz.
Tras unos días de viaje, los tres reyes se encontraron, empezaron a hablar de la
estrella y llegaron a la misma conclusión: la estrella les llevaría al nacimiento de un
nuevo rey, un rey de reyes. Por ello, decidieron llevarle regalos. Melchor llevó oro;
Gaspar, incienso; y Baltasar, mirra.
Tras un largo viaje los Reyes Magos llegaron hasta Belén, justo allí donde se
había posado la estrella y encontraron con gran alegría, tal y como habían
pensado un bebé, con su madre María y su padre, José. Melchor, Gaspar y
Baltasar, se pusieron de rodillas frente al pesebre donde dormía el Niño y pusieron
los regalos a sus pies.
El niño Jesús se puso tan contento con su visita que otorgó a los tres Reyes
Magos el don de la vida eterna y la facultad de poder llevar regalos a todos los
niños del mundo.
FIN