CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACIÓN CIVIL
Magistrado ponente
JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ
Bogotá, D.C., diecinueve (19) de diciembre de dos mil doce (2012)
Discutido y aprobado en Sala de veintitrés (23) de octubre de dos mil doce (2012)
Referencia: 54001-3103-006-1999-00280-01
Se decide el recurso de casación que la sociedad
Termotasajero S.A. E.S.P., interpuso frente a la sentencia proferida el 9
de diciembre de 2010, por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Cúcuta, dentro del proceso ordinario por ella iniciado
en contra de Centrales Eléctricas del Norte de Santander -CENS- S.A.
E.S.P., en el que intervino como tercero ad-excludendum la Cooperativa
Multiactiva de Trabajadores de Productora de Papeles S.A., “Coopropal
en liquidación”.
ANTECEDENTES
1. La actora solicitó declarar “la existencia de un
enriquecimiento sin causa” de la demandada, en la medida en que el
patrimonio de ésta registró un crecimiento correlativo e injustificado a
costa de su empobrecimiento; condenar a la accionada al pago de
US$1.830.000,00 –dineros desembolsados para el arreglo de la planta
de generación de energía-, y US$3.149.350,00 a título de lucro cesante
o “incremento en costos de operación” –o el equivalente en pesos
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colombianos de una y otra suma-; adicionalmente, el reconocimiento de
intereses al amparo de los artículos 884 y 886 del Código de Comercio.
2. El petitum se sustentó, en síntesis, así:
a) La Nación (Ministerios de Hacienda y Crédito
Público y Minas y Energía) era propietaria de la planta térmica de
generación de energía eléctrica de Tasajero, que a su vez era explotada
por la sociedad Centrales Eléctricas del Norte de Santander (CENS) S.A.
ESP. en calidad de tenedora, pues aquélla y ésta celebraron el 1º de
agosto de 1996 un contrato de arrendamiento cuya duración se extendía
hasta 1998.
b) El 17 de noviembre de 1996, por Escritura Pública
No. 2490 de la Notaría 4ª de Cúcuta, fue constituida la sociedad
Termotasajero S.A. E.S.P., cuyo objeto social es la generación y
comercialización de energía eléctrica.
c) A dicha sociedad, el 28 de noviembre de 1996,
mediante la Escritura Pública No. 4087 de la Notaría 33 de Bogotá, la
Nación, además de adquirir la calidad de accionista, le aportó algunos
activos, entre ellos, la planta térmica aludida en el literal a, cuya entrega
material se produjo el día 22 de enero de 1997.
d) En la cláusula 16 del contrato de arrendamiento que
la Nación había suscrito con la demandada, vigente para la época de
aquellos acontecimientos, fue pactada como causal de terminación la
enajenación de la planta térmica, por lo que su aportación a
Termotasajero S.A., condujo a aplicar la estipulación y a la finalización –
de común acuerdo- de la relación de tenencia el 10 de febrero de 1997
(hecho 4).
e) En el mismo negocio jurídico, la arrendataria (CENS
S.A. E.S.P.) había adquirido el compromiso de contratar con una
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compañía de seguros la reparación de los perjuicios derivados de
cualquier eventualidad que sufriera la planta mencionada –cláusula 5ª,
numeral 12- y el lucro cesante que de allí pudiese surgir, razón por la
cual suscribió un contrato de seguro con la Previsora S.A.
En la estipulación contractual que obligaba al
aseguramiento, la tenedora también asumió la obligación de retornar la
planta en las condiciones en que la recibió, una vez culminado el
contrato de arrendamiento.
f) El 26 de septiembre de 1996, la máquina sufrió
algunos daños, quedando inactiva desde el día 28 siguiente hasta el 4
de agosto de 1997 (hecho 7º).
g) La accionante con sus propios recursos y en
cumplimiento de lo pactado con la convocada en documento de 21 de
enero de 1997, dispuso los arreglos necesarios para poner nuevamente
a funcionar la planta (hecho 8º).
h) Debido a la existencia del seguro contratado (pólizas
No. RMU0240046 y RMU0240047) y a que el amparo convenido
comprendía el daño emergente y el lucro cesante derivados de las
averías de la máquina, la arrendataria –tomadora y beneficiaria- formuló
la respectiva reclamación y luego de multitud de reuniones, ofertas y
contraofertas, le fueron reconocidas algunas sumas de dinero por uno y
otro concepto. Los términos de la concertación a la que llegaron la
aseguradora, los reaseguradores y la beneficiaria, informan de un pago
total de USD$6.900.000,00, atribuibles a “incremento de Costos de
Operación –ICO-” y daños materiales (hechos 22 y 23).
Agregó el actor que en la última reunión llevada a cabo en
la ciudad de Miami (Estados Unidos), y en la que se convino el monto
indemnizado, estuvo presente tanto su representante legal como el de
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la demandada. Allí fue aceptado que el pago se realizara a “CENS-
TERMOTASAJERO” (hecho 22).
i) La indemnización reconocida comprendió el periodo
de septiembre de 1996 a agosto de 1997; empero, el contrato de
arrendamiento había terminado el día 10 de febrero de este último año,
luego la demandada recaudó unos dineros que, en estrictez, no le
pertenecían, por cuanto la cesación de la tenencia comportó, así mismo,
la culminación de todo vínculo con el bien. A partir de esa situación la
actora reclamó a la antigua arrendataria, por un lado, la restitución de
los dineros que había cancelado para restablecer el funcionamiento de
la planta y, por el otro, el reconocimiento de un porcentaje de la
indemnización (hechos 26 y 30).
j) El día 21 de enero de 1997, demandante y
demandada, suscribieron un acuerdo de sustitución patronal y, como
consecuencia de ello, CENS, liquidó a Termotasajero S.A., la parte
proporcional de primas de los seguros existentes entre los cuales quedó
incluido el de daño y lucro cesante de la planta de energía. A raíz de
dicha liquidación, la actora pagó a la arrendataria la suma de
$175.093.559,57 (hechos 15 y 16).
k) Parte de las sumas sufragadas para volver a poner
en funcionamiento la planta le fueron canceladas a la sociedad
Termotasajero S.A. ($250.000.000,00), habida cuenta de que ésta los
había desembolsado (hecho 17).
l) En comunicación de 8 de septiembre de 1998,
CENS, le hace conocer a Termotasajero S.A., que “‘la Junta Directiva de
la empresa, no comparte los planteamientos de su comunicación
respecto a los derechos que le corresponden legalmente a CENS S.A.,
ESP, como poseedor de la póliza de seguros, para la liquidación y
distribución de la indemnización por ICO, por lo cual recomiendan
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negociar razonablemente los porcentajes que corresponden a cada una
de las partes….’ (se subraya)” (hecho 24).
m) Mediante comunicación de 24 de septiembre de
1998, CENS le hace conocer a Termotasajero S.A., que la “Junta
Directiva no acepta el reparto de las sumas de dinero que se van a recibir
de la aseguradora” –líneas originales- (hecho 27).
n) La demandante, nuevamente, le hace conocer a la
demandada su intención de repartir la indemnización recibida y le
propone que de los 308 días en que estuvo paralizada la planta de
energía, la correspondiente a 114 días le sea reconocida a CENS, y la
restante, los otros 194, a Termotasajero S.A. (hechos 29 y 32).
o) A la fecha, CENS no ha honrado sus obligaciones
para con la actora (hecho 35).
3. La demandada se opuso a las pretensiones,
formulando la excepciones denominadas “ausencia de los
requisitos sustanciales del enriquecimiento injusto”, “derecho
legítimo a la indemnización por perjuicios recibidos” y “carencia
del derecho por falta de fundamento fáctico de éste” (fls. 382 a
394 cdno. 1B).
Por su parte, la Cooperativa Multiactiva de
Trabajadores de Papeles S.A. –COOPROPAL S.A.- presentó
demanda de intervención ad excludendum.
4. Agotado el trámite procesal, el a quo pronunció
sentencia desestimando las pretensiones de la demandante y del
tercero; fallo confirmado por el ad quem al desatar las apelaciones
interpuestas por los vencidos (fls. 701 a 735 cdno. 1C y 48 a 78 cdno.
de 2ª inst.).
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LA SENTENCIA IMPUGNADA
1. Luego de historiar la actuación procedió a memorar
el artículo 831 del Código de Comercio; plasmó algunas reflexiones
atinentes al enriquecimiento sin causa; con fundamento en
jurisprudencia de esta Corporación, resaltó las exigencias que deben
verificarse para acoger las pretensiones propias de esta clase de
asuntos, y resolvió la situación de la intervención del tercero ad-
excludendum, concluyendo que no le asiste razón alguna al pretender el
derecho debatido.
2. A renglón seguido, en punto de las súplicas, disertó:
“Conforme a la póliza U0240046, aportada tanto por la parte
demandante como por la demandada, CENS tomó con la Previsora S.A.,
el seguro para amparar la rotura de maquinaria y el lucro cesante por
rotura de la misma. Se presentó el siniestro en vigencia del contrato de
arrendamiento, el cual terminó el 10 de febrero de 1997, fecha en la cual
la Nación en forma unilateral lo dio por terminado.
“Siendo ello así, conforme a las normas mercantiles que
rigen el contrato de seguro, la aseguradora al haberse reportado y
acreditado el siniestro, debía pagarlo a CENS, por ser la asegurada y
beneficiaria del seguro, circunstancia que no admite discusión alguna”.
Más adelante asentó: “Las pretensiones de la parte
demandante están llamadas al fracaso por no configurarse ninguna de
las exigencias que impone la ley, la doctrina y la jurisprudencia” (fl. 65
cuaderno del Tribunal; subrayas fuera de texto).
Seguidamente expresó:
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“Siendo así las cosas, partiendo del desplazamiento
patrimonial que hubo entre la Compañía de Seguros y CENS, brilla por
su ausencia la legitimación en la causa de la Sociedad demandante,
quien es extraña a la relación contractual entre CENS y la Compañía de
Seguros y no puede entenderse bajo ninguna figura que por haberse
aportado la planta a su favor se pueda pensar por vía de equivocación
que el pago del siniestro queda incluido, pues con la misma razón tendría
CENS que restituir todas las utilidades dentro del periodo entre el 28 de
septiembre de 1996 y 4 de agosto de 1997 a favor de la sociedad
demandante.
“La legitimación en la causa es condición de la pretensión y
si no se encuentra satisfecha no puede encontrar prosperidad, por ello
no habrá lugar a estudiar las excepciones propuestas por la parte
demandada.
“Este Despacho con todas las pruebas que existen en el
proceso llega a la conclusión que la PREVISORA S.A., aceptó la
reclamación de CENS al encontrarla debidamente probada, por la
ocurrencia del daño, pero no encuentra por la vía invocada por el
demandante transformar la relación jurídica para condenar a CENS a
favor de la Sociedad demandante cuando sin esfuerzo se demuestra que
nunca hubo un empobrecimiento del demandante por la suma que
recibió la sociedad demandada desde el punto de vista correlativo o
lógico, sin entrar la Sala a considerar la transacción que celebró
TERMOSATAJERO S.A., (sic) con la Nación, por lo tantas veces dicho
que lo que interesa a este proceso es verificar si hubo el pretendido
enriquecimiento injusto” –hace notar la Corte- (fl. 66).
Y finalizó precisando que: “Entonces, la sentencia de
primera instancia deberá ser confirmada aclarando el numeral segundo
que se niegan las pretensiones por falta de legitimación en la causa por
activa” (fl. 67); decisión de la que un integrante de la Sala se apartó por
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considerar que sí era procedente acceder a las súplicas de la
demandante.
LA DEMANDA DE CASACIÓN
Al amparo de la causal primera del artículo 368 del Código
de Procedimiento Civil, un único cargo –replicado- se formula a la
sentencia, el cual pasa a resolverse.
CARGO UNICO
1. Por la vía indirecta, denuncia la transgresión de los
artículos 831, 1083 y 1088 del Código de Comercio, 1602 del Código
Civil, y 5 y 8 de la Ley 153 de 1887, como consecuencia de errores de
hecho manifiestos en la apreciación probatoria, por pretermisión y
cercenamiento de las evidencias incorporadas al proceso.
2. Aduce que el sentenciador dejó de apreciar varios
medios demostrativos y otros no los sopesó en su verdadera dimensión;
yerros que lo condujeron a concluir, en lo esencial, que la actora no
estaba legitimada para actuar y que, en todo caso, no había padecido el
empobrecimiento denunciado y menos que de manera correlativa, se
hubiese visto afectado en forma favorable el patrimonio de la
arrendataria.
a) Reseña las siguientes pruebas que, en su sentir, no
fueron tenidas en cuenta por el Tribunal:
i) El acta de entrega de los “archivos de personal
determinación y formalización del pasivo laboral” (fls. 38 y ss., cdno. 1A;
154, cdno. archivo CENS), de donde se desprende la sustitución
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patronal entre Termotasajero S.A., E.S.P., y CENS, que tuvo lugar el 21
de enero de 1997.
ii) Los documentos relativos a la reclamación que la
demandada efectuó a la aseguradora y que informan que tal proceder
tuvo ocurrencia después del 21 de enero de 1997, cuando ya la planta
estaba bajo el control de la demandante (fls. 28, 29 y ss., 37, 38 y ss.,
43 y ss., y 51 y ss., cdno. archivo CENS).
iii) La contestación al hecho 15 de la demanda (folio
283, cuaderno 1 B), en donde la accionada acepta que entregó
físicamente la planta térmica, a la actora, el día 22 de enero de 1997.
iv) La comunicación que el 24 de junio de 1997, el señor
Luís Alberto Rangel B. –representante de CENS- remite al señor Edgar
Daniel Molina R. –asistente del presidente de Termotasajero S.A.-, en la
que alude, entre otras circunstancias, a las fechas de vencimiento de las
pólizas existentes, los porcentajes que a cada empresa corresponde
asumir y, la manifestación explícita en cuanto a la participación
fraccionada de la indemnización pendiente por la rotura de la planta (fls.
58 y ss., cdno. 1A).
v) Los folios 209, 210 y 211 –del mismo cuaderno-,
relativos a la cuenta de cobro y pago de la misma, por reintegro de
porcentajes atribuibles a los programas de seguros.
vi) El testimonio del señor Héctor J. Romero Quevedo,
ajustador de seguros contratado por la Previsora S.A., alusivo a los
daños de la planta; las gestiones adelantadas por la actora para
restablecer su servicio; los convenios con los técnicos para tales
propósitos; el desarrollo de las conversaciones en procura de la
indemnización, las reuniones celebradas, incluyendo la de Miami con
ese fin, y el monto definitivo de las indemnizaciones (fl. 11 y ss., cdno.
de pruebas de la demandante).
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vii) La declaración del señor Edgar Daniel Molina T. –
director de división de la planta, tanto al servicio de la actora como de la
demandada-, en donde alude a los periodos en que una y otra empresa
–Termotasajero S.A.,y CENS- resultaron afectadas y los gastos en que
cada una de ellas incurrió para poner a funcionar la planta (fl. 30, cdno.
ídem).
viii) La versión de Argenis María Acosta L., jefe jurídica
de CENS, en la cual da cuenta de la asunción, por parte de la
demandante, de los arreglos de la planta generadora de energía y, a la
vez, el rechazo de aquella sociedad de asumir los respectivos costos,
habida cuenta de que la máquina ya había sido entregada a la actora
(fls. 59 y ss.).
ix) El interrogatorio al señor Luís Alberto Rangel
Becerra, representante legal de CENS, en donde informa desde qué
fecha asumió Termotasajero el control de la planta (27 de enero de
1997), quién cubrió los gastos de su reparación, el valor definitivo de la
indemnización y los pormenores de la reunión celebrada en Miami (fls.
33 y ss., cdno. de pruebas de la parte actora).
x) El legajo que el gerente de CENS remitiera al
vicepresidente técnico de la Previsora S.A., en donde propone que
Termotasajero continúe con la reclamación del siniestro, planteando
que, en todo caso, los derechos de una y otra sociedad derivados del
suceso no resultarían afectados (fls. 217 y 218, cdno. 1 A).
xi) Los documentos obrantes a folios 155 y ss., 158 y
159 del cuaderno de “archivo de CENS”, relacionados con los estudios
anejos a la reclamación e indemnización y, en particular, con la decisión
de la demandada de no ceder el contrato de seguro pero sí reintegrar a
Termotasajero S.A., “los porcentajes proporcionales” del pago que la
aseguradora llegase a hacer.
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xii) Los escritos obrantes a folios 212, 213 y 214 del
cuaderno 1 A., alusivos a la cuenta de cobro que la actora presentara a
la Previsora S.A., por la suma de $250.000.000,00, y al pago que esta
última efectuara por concepto del avance en la reclamación por los
daños sufridos por la planta.
xiii) Los documentos relacionados con los pagos que la
actora realizó para recuperar la máquina, los efectuados por la
aseguradora a la demandada por razón de la indemnización, al igual que
las vigencias y el número de las pólizas afectadas (fls. 171 y ss. y 143,
cdno. de “Archivo de CENS”, y 241, cdno. 1 A).
xiv) La comunicación de 8 de febrero de 1999, emanada
del vicepresidente técnico de la Previsora S.A. y dirigida a Termotasajero
S.A., en la que se le remite la relación de pagos que aquella efectuó a
CENS, por concepto del lucro cesante y el saldo pendiente (fl. 258, cdno.
1 A).
xv) El testimonio del señor Jaime Humberto Rueda,
asesor de Termotasajero S.A., quien expuso que le constan algunas
circunstancias del daño de la térmica; la reclamación, y los acuerdos
entre la actora y la demandada sobre la forma de adelantar la
reclamación y la distribución de la indemnización lograda que, en
concreto, se realizó atendiendo el tiempo que cada una tuvo la máquina
a su cargo (fls. 133 y ss., cdno. de pruebas parte demandada).
xvi) Los documentos que dan cuenta de los contratos
celebrados por la actora con la sociedad Mitsubishi Corporation para la
recuperación de la planta de energía y los pagos efectuados por tal
concepto (fls. 405 a 455, cdno. 1 C); el aviso a la aseguradora sobre la
existencia real del siniestro y que CENS continuaría a cargo del trámite
de la reclamación (fls. 219 a 237, cdno. 1 A), y el acta No. 4 en la que se
recoge la reunión de 26 de mayo de 1998 –a la que asistieron las partes,
la aseguradora, los ajustadores, reaseguradores y corredores de
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seguros-, en donde se estableció que el valor a indemnizar que se
llegase a aprobar debería contar con la anuencia de la actora y la
demandada (fls. 149 a 153, cdno. de “Archivo de CENS”).
xvii) El escrito a través del cual CENS le informa a la
Previsora S.A., el valor mínimo que está dispuesta a aceptar como
indemnización y el periodo que comprendía la misma (fl. 107, cdno.
ídem).
xviii) La comunicación que la Previsora remitió a
Termotasajero S.A., informando sobre el monto indemnizado y el tiempo
que la misma comprendió (fl. 258, cdno. 1 A).
xix) La propuesta de distribución de la indemnización,
remitida por la demandante a la sociedad arrendataria (fl. 252 y ss.,
ídem).
xx) Las comunicaciones que la jefe de la oficina jurídica
y el gerente de la demandada le dirigieron al presidente de la actora, en
las que le informan sobre algunas gestiones para concretar el lucro
cesante y, además, le solicitan algunos documentos sobre el particular
e impartir determinadas instrucciones (fl. 160 y 163, cdno. “Archivo
CENS”); aquella que el representante de CENS le remite al asesor legal
de Termotasajero, haciéndole conocer que no está de acuerdo con los
planteamientos sobre la forma de distribuir entre las dos compañías la
indemnización (fl. 165, ídem); y la referida al rechazo de la propuesta de
reparto de dichas sumas (fl. 251, cdno. 1 A).
xxi) La carta que el presidente de la actora le remitió al
gerente de CENS, relacionada con la manifestación del último con
respecto a que la junta directiva de su representada no autoriza
desembolso alguno por reparto de la indemnización, hasta tanto se
exponga el fundamento legal necesario; a lo cual se le respondió que el
soporte pertinente lo constituye, por un lado, el pago que Termotasajero
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efectuó para la reparación de la planta y, por otro lado, alusivo al lucro
cesante, por el hecho de que la planta estuvo sin funcionar durante el
período del 28 de septiembre de 1996 al 4 de agosto de 1997 (fl. 186,
cdno. de “Archivo CENS”).
xxii) El escrito que reposa a folio 167 del cuaderno
“Archivo de CENS”, a través del cual se le hace conocer al presidente
de Termotasajero que la junta directiva de CENS, dispuso designar un
amigable componedor para lograr y formalizar una conciliación
prejudicial ante la Procuraduría General de la Nación y avalada por el
Tribunal Administrativo.
xxiii) El documento obrante a folio 180 ídem, en donde el
presidente de la actora le remite al de CENS una relación de precios y
de documentos sobre el costo de compra de energía, poniendo en
evidencia que a esta última sociedad no se le generó ningún sobrecargo
o incremento en costos de operación, mientras que la demandante tuvo
que asumir las erogaciones fijas de operación sin contraprestación
alguna debido a que la planta no estaba funcionando.
xxiv) El acta contentiva del acuerdo suscrito el 6 de julio
de 1998 –en la ciudad de Miami- por los reaseguradores, el demandante,
la demandada, los ajustadores y los corredores de seguros, sobre el
monto de la indemnización y la forma en que debía cancelarse esa suma
(fls. 238 y ss., cdno. 1 A); así como la constancia de la conciliación entre
la aseguradora y CENS, en la que se hace referencia al acuerdo de pago
convenido en la citada ciudad (fl. 22 y ss., cdno. de pruebas de la actora).
xxv) El indicio surgido en contra de la demandada a partir
de la actitud procesal asumida por ella. Concretamente, de la respuesta
a la demanda –hechos 15 y 19- (fls. 383 y 384, cdno. contestación
demanda principal), concerniente con reintegros proporcionales de
primas de seguros, donde se excluye expresamente la póliza afectada
por el siniestro; manifestación que riñe con el material probatorio,
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particularmente con la comunicación del gerente de CENS a la Previsora
S.A. en la que señala que no existe póliza de seguros distinta a la que
se pretende hacer efectiva (fl. 107, cdno. de “Archivo de CENS”).
Señala que los yerros enrostrados privaron al Tribunal de
ser persuadido acerca de las siguientes circunstancias: a) que la planta
estuvo paralizada entre el 28 de septiembre de 1996 y el 4 de agosto de
1997; b) que el 21 de enero de 1997, la sociedad demandante se hizo
cargo de dicha máquina; c) que la reparación tuvo lugar después de
haber sido entregada físicamente a la actora y que a la misma concurrió
la accionante; d) que debido al daño de la planta y atendiendo que la
nueva propietaria la recibió el 21 de enero de 1997, es evidente que
sufrió daño por razón del ICO (lucro cesante); e) además, de que el
fallador hubiese visto que Termotasajero S.A. asumió el pago
proporcional de algunas primas por razón de los seguros, aunque la
cesión de dichos contratos no fue propiciada por CENS; empero, sí se
convino que aquélla participara en la “dinámica” para cobrar la
indemnización; f) que Termotasajero recibió un anticipo por cuenta de
las reparaciones que asumió y, también, que CENS estuvo de acuerdo
en compartir, proporcionalmente, la indemnización recibida de la
Previsora S.A.; g) que la demandada buscó la colaboración de la
convocante para sustentar la reclamación ante la aseguradora, y una
vez obtenida la indemnización dilató el pago a Termotasajero S.A.
b) Prosigue denunciando que se cercenó o valoró
fraccionadamente el contrato de transacción celebrado entre la Nación
y Termotasajero S.A. (fls. 615 a 634, cdno. 1 C), puesto que su deficiente
lectura condujo al ad quem a ignorar que dicho acuerdo excluyó,
expresamente, todo lo relacionado con la reclamación e indemnización
derivadas de la rotura de la planta de generación de energía, es decir,
que el acuerdo transaccional no involucró el proceso de marras;
desatención que a su vez lo llevó a considerar que la actora no estaba
legitimada en la causa, bajo la creencia de que el objeto de la
transacción incluía este litigio.
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3. Pasa a indicar que “[e]l cúmulo de errores cometidos
en la apreciación de las pruebas incidieron en la resolución que adoptara
el Tribunal: Ellas le habrían tenido que demostrar que el perjuicio por el
daño de la planta generadora de energía eléctrica y la parálisis de su
funcionamiento por más de diez meses afectó no solo a CENS, sino
también a TERMOTASAJERO S.A. ESP.; que, habida cuenta de tal
circunstancia, ambas empresas, velando cada una por sus propios
intereses, colaboraron armónicamente para el reconocimiento del
siniestro por la compañía aseguradora, y por el pago de la respectiva
indemnización; que el pago de los perjuicios efectuado por la compañía
aseguradora cubrió no solo el daño emergente, sino también todo el
tiempo que duró la parálisis de la planta; que ese pago lo recibió CENS,
la que, sin embargo, se ha negado injustificadamente a transferirle a
TERMOTASAJERO S.A. ESP., la parte proporcional que en dicha
indemnización le corresponde; (…)” (fl. 39, cdno. de la Corte).
4. Finalmente, luego de citar jurisprudencia nacional y
doctrina foránea, concluye aseverando que el artículo 1602 del Código
Civil fue aplicado indebidamente, pues no se tuvo en cuenta que la
acción interpuesta es una excepción al principio de la res inter alios acta,
por tanto fue desacertado considerar que la actora no estaba legitimada
para reclamar los dineros que la aseguradora pagó a la demandada –
máxime cuando dicha indemnización cubrió la totalidad de los perjuicios-
; que no se hizo operar debidamente el artículo 1083 del Código de
Comercio, puesto que el siniestro indemnizado afectó a Termotasajero,
a pesar de que CENS hubiese sido titular del interés asegurable en
determinado momento; que los artículos 831 y 1088 ídem se dejaron de
aplicar, normas que proscriben el enriquecimiento sin justa causa y que
el contrato de seguro se convierta en fuente de lucro para el asegurado,
toda vez que a la sociedad contra la cual se dirigieron las pretensiones
le fueron pagados unos perjuicios que no sufrió y que la demandante sí
soportó, y que los artículos 5 y 8 de la Ley 153 de 1887 también fueron
desatendidos.
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CONSIDERACIONES
1. El ad quem, en su fallo, desechó las
pretensiones de la actora habida cuenta de no encontrarla
legitimada para perseguir el recaudo de los dineros que una
compañía de seguros pagó a la demandada, como indemnización
por el siniestro –daño- acaecido respecto de la planta térmica de
generación de energía eléctrica de Tasajero, y por cuanto no encontró
configurados los elementos propios del enriquecimiento sin
causa.
Así las cosas, atendiendo las características de la
controversia judicial, la Corte centrará su estudio en dos aspectos
basilares, los efectos de los contratos frente a terceros y el
enriquecimiento sin causa, en pos de averiguar si le asiste o no
razón al casacionista, o si por el contrario, el Tribunal acertó en su
decisión. En otras palabras, se averiguará si la sociedad actora
tiene o no alguna injerencia en la relación contractual de
aseguramiento que la pasiva celebró con La Previsora S.A., o si
dicho negocio surte efectos frente a aquella, y en qué medida
puede pretender válidamente un reconocimiento sobre la
indemnización cancelada por la aseguradora.
a) El contrato –“acuerdo dispositivo de intereses
para constituir, modificar o extinguir relaciones jurídicas” (Sent.
Cas. Civ. de 1 de julio de 2008, exp. 06291-01)- celebrado con
plena observancia de las exigencias legales, formales y
materiales, constituye fuente de obligaciones (artículo 1494 del
Código Civil) para quienes concurren a su celebración, es decir,
tiene fuerza vinculante para las partes (artículo 1602 ídem, res
inter alios acta), y en línea de principio, no produce efectos
respecto de terceros, abstracción hecha de determinados
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supuestos fácticos consagrados en el ordenamiento jurídico (res
inter alios acta, aliis nec nocere, nec prodesse postest).
En tal sentido, “parte, estricto sensu, es el titular del
derecho, rectius, interés constitutivo del acto dispositivo,
independientemente de su celebración por sí o por conducto de
otra persona (G.B. Ferri, Parte del negozio, Enciclopedia del
diritto, vol. XXI, Milano, Giuffré, 1981, pp. 901 ss.) y, a contrario
sensu, tercero, por exclusión, es el sujeto extraño o ajeno al
interés dispuesto en virtud del negocio jurídico.
“El contrato, en efecto, es norma, precepto o regla
negocial vinculante de las partes, únicas legitimadas para deducir
o controvertir los derechos y prestaciones derivados de su
existencia, a diferencia de los terceros, respecto de quienes, ni los
perjudica, ni los favorece (res inter alios acta, aliis nec nocere, nec
prodesse postest), es decir, el principio general imperante es el
de la relatividad de los contratos cuyo fundamento se encuentra
en la esfera de la autonomía privada, la libertad contractual y la
legitimación dispositiva de los intereses de cada persona” (Sent.
Cas. Civ. de 1 de julio de 2008, exp. 06291-01).
Sin embargo, en precisos eventos el contrato proyecta
sus consecuencias a terceros (penitus extranei), lo cual no
constituye un rompimiento ni infravaloración de la res inter alios
acta, sino el reconocimiento de que “no es extraño que los
contratantes, en ejercicio de semejante posibilidad de
autodeterminación, desconozcan unos mínimos parámetros de
rectitud y lealtad, especialmente frente a sus acreedores,
desbordando los límites que emergen de sus derechos.
Justamente, en esas eventuales desviaciones, anida o yace la
bondad de algunas medidas tendientes a neutralizar conatos de
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fraude por parte del deudor, o los intentos deliberados de ahondar
su insolvencia afectando las obligaciones insolutas, atendiendo
que, sin duda alguna, hipótesis de tal temperamento ponen en
entredicho la garantía de los acreedores, pues clarificado está que
la prenda general de sus derechos es su patrimonio. Y,
precisamente, aquellas situaciones en donde campea a plenitud
la libre y espontánea voluntad de los interesados en acordar una
manera particular de vinculación contractual, no emerge absoluta
y si bien, en línea de principio, como ya se reseñó, la
determinación de los contratantes goza de la garantía legal de que
los terceros no pueden entrometerse, tal prerrogativa se
desvanece frente a no pocos eventos en los que los estipulantes
desvían su proceder, asumiendo conductas reprochables;
instante en que dejan de gozar de alternativa semejante y,
subsecuentemente, abren puertas para que se revisen los actos
o negocios celebrados con el fin de reivindicar valores de mayor
jerarquía como la lealtad y buena fe, entre otros, que pudieran
resultar menoscabados. Desde luego, según se vio, esta fisura al
régimen de contratación no implica una patente de corso a
cualquier tercero para involucrarse más allá de lo necesario en
cuanto a dejar a buen recaudo sus intereses o, dado el caso, las
buenas costumbres o el orden público” (Sent. Cas. Civ. de 25 de
enero de 2010, exp. 01041-01).
Entonces, resulta palmario que la relatividad del
negocio jurídico se ve permeada por especialísimas
circunstancias; luego, por vía de excepción, es posible la
afectación de un tercero por los pactos celebrados entre otros
sujetos alrededor de un determinado contrato, lo que le autorizaría
a involucrarse en el mismo o, cuando menos, adelantar acciones
tendientes a morigerar sus consecuencias; lo que quiere decir
que, “de ordinario, los efectos del negocio jurídico son plenos
entre las partes y no respecto de terceros, cuyos intereses
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escapan a la esfera dispositiva de las partes, careciendo de
eficacia, en sentido negativo o positivo, salvo en las precisas
situaciones fácticas disciplinadas por el ordenamiento
(estipulación por otro, contrato a favor de terceros, etc.); la cesión
de créditos y de contrato de prestaciones correlativas, es
inoponible al deudor y a la contraparte por ausencia de
notificación y, en su caso, de aceptación (arts. [1959] y ss. C.C.);
el pacto de reserva de dominio al tercero de buena fe adquirente
del bien mueble (arts. 1931 y 1933 C.C.); el pacto fiduciario a
terceros (art. 1759 C.C.1); el ‘pacto secreto, privado, reservado,
simulado’ a terceros adquirentes del titular aparente (art. 1766
C.C.); las decisiones adoptadas por la asamblea o junta general
de socios que no tengan carácter general, son inoponibles a los
socios ausentes o disidentes (arts. 188 y 190 C. de Co.), y en
general, el negocio no conocible por terceros, usualmente, por
omisión de la publicidad exigible (arts. 901, arts. 29, 112, 121, 158,
190, 188, 196, 300, 313, 366, 499, 510, 528, 843, 894, 953, 1186,
1208, 1320, 1333 y 1573 del C. de Co.; 2 y 44 del Decreto 1250
de 1970)” (Sent. Cas. Civ. de 1 de julio de 2008, exp. 00803-01).
Para el contrato de fiducia mercantil se ha señalado
que, “la posición jurídica del beneficiario interesado a cuyo favor
se estipula el beneficio de la finalidad fiduciaria determinada por
el constituyente, es la de tercero,(…) [a quien] el ordenamiento
jurídico extiende su legitimación, otorgándole ciertos derechos,
facultades y acciones, usualmente reservados a las partes del
acto dispositivo; así, le confiere ‘además de los derechos que le
conceden el acto constitutivo y la ley’, los de ‘[e]xigir al fiduciario
el fiel cumplimiento de sus obligaciones y hacer efectiva la
responsabilidad por el incumplimiento de ellas’, impugnar sus
actos anulables en los casos legales y exigir la restitución de los
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Hoy derogado.
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bienes fideicomitidos, oponerse a medidas cautelares o de
ejecución contra éstos o por obligaciones que no lo afectan si no
lo hace el fiduciario, solicitar su remoción por causas justificadas
y el nombramiento provisional de administrador (artículo 1235
Código de Comercio), demandar el inventario de los bienes
recibidos (artículo 1231, ibídem) y también impone al fiduciario el
deber de rendirle cuentas comprobadas de su gestión (artículo
1234, num. 8º, ejusdem), previendo su remoción cuando sus
intereses resultan incompatibles (1239, num. 1º, C. de Co) y la
extinción del contrato, entre otras causas, por muerte del
beneficiario si así se acordó (artículo 1240, idem” (Sent. Cas. Civ.
de 1 de julio de 2009, exp. 00310-01); inter alia.
b) El principio del enriquecimiento sin causa
(unjust enrichment; enrichissement sans cause; ungerechtfertigte
Bereicherung; L’Arrichimento senza causa), originado en el
Derecho Romano, encuentra plenitud conceptual en el aforismo
de Pomponio –recogido en el Digesto 50.17.206-, según el cual
“por derecho natural es equitativo que ninguno se haga más rico
con detrimento de otro y con injuria” (Iure naturae aequum est,
neminem cum alterius detrimento et iniuria fieri locupletiorem), o
en palabras del mismo jurisconsulto, “es de justicia natural que
nadie se enriquezca a costa de otro” (Nam hoc natura aequam est
neminem cum alterius detrimento fieri locupletiorem, Digesto
12.6.14), y ha sido recibido desde la antigüedad por diversos
sistemas jurídicos.
Autorizada doctrina reporta las condictiones romanas
–remedios otorgados para corregir determinadas injusticias
derivadas de actos válidos- como manifestaciones originarias de
la institución bajo estudio, particularmente, la condictio ob causam
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datorum o condictio causa data causa non secuta, establecida
para los casos de disminución patrimonial a causa de una
promesa o condición futura y lícita que no se llegaba a cumplir, o
por una prestación derivada de un contrato real innominado que
no se satisfizo; la condictio indebiti, otorgada a aquel que pagaba
por error una deuda inexistente; la condictio ob turpem causam,
instaurada para los eventos en que se había efectuado o
prometido una prestación con causa inmoral; la condictio ob
iniustam causam, aplicable cuando la prestación satisfecha no
contradecía la moral pero sí al derecho, y la condictio sine causa,
para todas las demás situaciones de desequilibrio patrimonial
inequitativo –dentro de la que encajaba la actio de peculio o in rem
verso, en principio concebida para aquellos que contrataban con
un alieni iuris no autorizado por el pater familias, pero con el paso
de los siglos considerada como el remedio “universal para corregir
el enriquecimiento sin causa”- (J. Fábrega P., El enriquecimiento
sin causa, Ed. La Estrella de Panamá, 1955).
El ordenamiento jurídico patrio, como integrante del
sistema romano germánico, acogió algunas de las condictiones
incorporándolas al Código Civil (tal es el caso de los artículos
2313 y siguientes que disciplinan el pago de lo no debido –
condictio indebiti-, y 1747, contentivo de la actio in rem verso en
su sentido primitivo), pero no reguló de manera general la figura
sub examine sino hasta la aparición del Decreto 410 de 1971.
Ciertamente, antes de la entrada en vigencia del Código de
Comercio, los asuntos que perseguían la declaratoria del
enriquecimiento sin justa causa eran desatados –vía judicial- con
base en los artículos 4, 5, 8 y 48 de la Ley 153 de 1887, mientras
que a partir de aquel se empezaron a analizar desde la
perspectiva de su artículo 831, según el cual, “[n]adie podrá
enriquecerse sin justa causa a expensas de otro”, norma que
estatuyó el principio expresamente, aunque de manera
excesivamente escueta –en contraste al detalle con que el Código
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Civil Italiano de 1942 (artículos 2041 y 2042), inspirador de la
compilación mercantil colombiana, regula la figura y la acción que
de ella se deriva-.
No obstante lo anterior, es decir, a pesar del tardío
reconocimiento explícito de la institución, la jurisprudencia de la
Corte, además de abundante, ha sido pacífica en cuanto a la
ocurrencia, regulación y corrección del desequilibrio inequitativo
que el enriquecimiento sin causa genera, encaminándose “a
prevenirlo o corregirlo (…) con preocupación justísima y creciente,
de suerte que en la actual es mucho mayor la amplitud de las
acciones o recursos de esa clase que la que hubo entre los
romanos, por ejemplo, sin desconocer cómo ellos establecieron
los varios de que son muestra la excepción y también acción de
dolo, la condictio, en sus múltiples conceptos, etc.” (Sent. Cas.
Civ. de 19 de septiembre de 1936, G.J. 1918, p. 435).
En efecto, para la prosperidad de la acción de
enriquecimiento sin causa o actio in rem verso, desde siempre se
ha exigido la producción de un enriquecimiento, ventaja, beneficio
o provecho acaecido por el aumento del patrimonio –lucrum
emergens- o la ausencia de su disminución –damnum cessans-;
un empobrecimiento correlativo; que la ganancia –o ausencia de
mengua- carezca de una causa justa, y que el afectado no cuente
con otros mecanismos para la satisfacción de su pretensión; o lo
que es igual, “[l]a acción de in rem verso no puede prosperar ni
tiene cabida con el solo hecho de que haya enriquecimiento de un
lado, sino que necesita que haya empobrecimiento del otro, y no
basta la existencia de estos dos factores, sino que se requiere su
conjunción; más todavía, aun mediando ambos y relacionándose
entre sí, puede no producirse, ya porque haya habido ánimo de
liberalidad que excluye el cobro ulterior, ya porque la ley confiera
acciones distintas, que naturalmente excluyen ésa, meramente
subsidiaria, o autorice el enriquecimiento en referencia, como
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sucede v. gr. con la prescripción, con la prohibición de repetir lo
dado por causa ilícita, o en relaciones como la de que es ejemplo
la del art. 1994 del C. C. Al hablarse de ese enriquecimiento se
agrega ‘sin causa’, lo que claramente indica cómo no pueden
englobarse dentro de los casos de él aquellos en que sí es
causado, como por ejemplo, los de prestaciones nacidas de
contratos, a que ya se aludió” (Sent. Cas. Civ. de 19 de
septiembre de 1936, G.J. 1918, p. 435).
Así lo reconoció la Corporación al consolidar su
pensamiento sobre la materia cuando indicó que:
“A falta de una fórmula dogmática en nuestro C.
Civil, como existe, tanto en las legislaciones suiza y alemana
como en las posteriores a éstas, relativa al enriquecimiento
sin causa, fuente de obligaciones, la jurisprudencia (entre
nosotros con apoyo en los artículos 5, 8 y 48 de la ley 53 de
1887. Consúltense las sentencias de 19 de agosto y 19 de
septiembre de 1935, las cuales contienen esta misma
teoría), y la doctrina se han encargado de establecer su
fundamento, delimitando el ámbito de su dominio y
aplicación y precisando sus elemento constitutivos.
“El enriquecimiento sin causa estriba en el
principio general de derecho de que nadie puede
enriquecerse torticeramente a costa de otro.
“Los casos especiales de enriquecimiento sin
causa contenidos en nuestro Código Civil, notoriamente en
lo referente al pago de lo no debido, no destruyen la unidad
de esta noción de derecho, fuente de obligaciones, por
cuanto que las aludidas normas de aquella obra divergen
sólo en las particularidades de esos casos.
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“Cinco son los elementos constitutivos del
enriquecimiento sin causa, sin cuya reunión no puede existir
aquél, a saber:
“1º Que exista un enriquecimiento, es decir, que
el obligado haya obtenido una ventaja patrimonial, la cual
puede ser positiva o negativa. Esto es, no sólo en el sentido
de adición de algo sino también en el de evitar el menoscabo
de un patrimonio.
“2º Que haya un empobrecimiento correlativo, lo
cual significa que la ventaja obtenida por el enriquecido haya
costado algo al empobrecido, o sea que a expensas de éste
se haya efectuado el enriquecimiento.
“Es necesario aclarar que la ventaja del
enriquecido puede derivar de la desventaja del
empobrecido, o, a la inversa, la desventaja de éste derivar
de la ventaja de aquél.
“Lo común es que el cambio de la situación
patrimonial se opere mediante una prestación dicha por el
empobrecido al enriquecido, pero el enriquecimiento es
susceptible de verificarse también por intermedio de otro
patrimonio.
“El acontecimiento que produce el
desplazamiento de un patrimonio a otro debe relacionar
inmediatamente a los sujetos activo y pasivo de la
pretensión de enriquecimiento, lo cual equivale a exigir que
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la circunstancia que origina la ganancia y la pérdida sea una
y sea la misma.
“3º Para que el empobrecimiento sufrido por el
demandante, como consecuencia del enriquecimiento del
demandado, sea injusto, se requiere que el desequilibrio
entre los dos patrimonios se haya producido sin causa
jurídica.
“En el enriquecimiento torticero, causa y título
son sinónimos, por cuyo motivo la ausencia de causa o falta
de justificación en el enriquecimiento, se toma en el sentido
de que la circunstancia que produjo el desplazamiento de un
patrimonio a otro no haya sido generada por un contrato o
un cuasi-contrato, un delito o un cuasi-delito, como tampoco
por una disposición expresa de la ley.
“4º Para que sea legitimada en la causa la acción
de in rem verso, se requiere que el demandante a fin de
recuperar el bien, carezca de cualquiera otra acción
originada por un contrato, un cuasi-contrato, un delito, un
cuasi-delito, o de las que brotan de los derechos absolutos.
“Por lo tanto, carece igualmente de la acción de
in rem verso el demandante que por su hecho o por su culpa
perdió cualquiera de las otras vías de derecho. El debe sufrir
las consecuencias de su imprudencia o negligencia
“5º La acción de in rem verso no procede cuando
con ella se pretende soslayar una disposición imperativa de
la ley.
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“El objeto del enriquecimiento sin causa es el de
reparar un daño pero no el de indemnizarlo. Sobre la base
del empobrecimiento sufrido por el demandante, no se
puede condenar sino hasta la porción en que efectivamente
se enriqueció el demandado” (Sent. Cas. Civ. de 19 de
noviembre de 1936, G.J. 1918, p. 474).
El planteamiento jurisprudencial traído a colación ha
perdurado a lo largo de los tiempos, siendo copiosa su aplicación
en las decisiones de la Sala; es así como en reciente fecha,
memorando el decurso de la institución, se expuso:
“Hay que precisar, a ese respecto, que la
jurisprudencia fundacional de lo que hoy es el querer de la
ley, se orientaba a corregir las situaciones en las cuales el
patrimonio de un sujeto de derecho sufría mengua, mientras
otro acrecía sus haberes en la misma medida, sin que
existiera una razón que explicara esa alteración, caso en el
cual se imponía al juez el deber de adoptar los correctivos
necesarios en procura de que se restableciera la equidad.
“Justamente, acerca de esta materia, la Corte ha
destacado que ‘el enriquecimiento sin causa, conforme lo
tiene sentado la jurisprudencia, constituye una pretensión en
sí misma considerada, que requiere su encausamiento por
medio de una demanda que da origen al proceso
jurisdiccional correspondiente.
“…la… pretensión planteada en el recurso
extraordinario relativa al enriquecimiento sin causa, tal y
como ha sido estructurada por la jurisprudencia nacional e
internacional, reclama como uno de sus elementos
definitorios e integradores, «que el demandante, a fin de
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recuperar el bien, carezca de cualquiera otra acción
originada por un contrato, un cuasicontrato, un delito, un
cuasidelito, o de las que brotan de los derechos absolutos.
Por lo tanto, carece igualmente de la acción in rem verso el
demandante que por su hecho o por su culpa perdió
cualquiera de las otras vías de derecho. El deberá sufrir las
consecuencias de su imprudencia o negligencia», doctrina
ésta que no hace más que reiterar el anunciado carácter
subsidiario de la acción de enriquecimiento sin causa -o
injustificado-, no solamente con arraigo en la esfera patria,
sino también en el Derecho Comparado, en general, como
se acotó, en el que se tiene establecido que la acción en
comento es un típico «remedio supletorio», a fuer de
«extraordinario» y, en modo alguno, una vía paralela
encaminada a suplir -o a subvertir- los recursos y los
procedimientos fijados con antelación por el ordenamiento
jurídico. Y mucho menos un camino expedito para corregir
los errores o las omisiones en que incurrió el demandante
con antelación, pues como lo realzó esta corporación hace
un apreciable número de lustros, «…carece igualmente de
la acción el demandante que por su hecho o por su culpa
perdió cualquiera de las otras vías de derecho» (Sent. de
Cas. del 1º de noviembre de 1918).
“En este sentido, la doctrina ciertamente es
elocuente. A este respecto, el Profesor LUIS JOSSERAND,
puntualizó que, a lo expresado «…hay que añadir que la
acción de ‘in rem verso’ se rehusa también a quien perdió,
por su culpa o por su hecho, otro medio de derecho; este
deberá sufrir las consecuencias de su negligencia o de su
imprudencia;… la acción de in rem verso, no pretende otra
cosa que conjurar un hundimiento del orden jurídico que
hubiera podido asegurarse bajo el égida de otra acción,…»
(Derecho Civil, T. II, Vol. I, Edit. Bosch, Barcelona, 1.950,
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pág. 460)’ (Sent. Cas. Civ. de 10 de diciembre de 1999, Exp.
No. 5294).
“Con posterioridad reiteró ‘…la más notable de las
características de la acción de enriquecimiento incausado,
cual es la de la subsidiariedad. Todo el mundo conoce que
dicha acción se abre paso sólo en la medida en que no haya
otro remedio que venga en pos del empobrecido. En otros
términos, la vida de esta acción depende por entero de la
ausencia de toda otra alternativa. Subsecuentemente, en el
punto no es de recibo la coexistencia de acciones’ (Sent. Cas.
Civ. de 11 de enero de 2000, Exp. No. 5208).
“Luego, tuvo la oportunidad de precisar que ‘…la
estructuración doctrinal del enriquecimiento injusto, producto
de la investigación científica del derecho, hizo que se le
incluyese como fuente obligacional al lado de las que
tradicionalmente se definían en las leyes, lo que sin duda da
trazas visibles de una cierta soberanía.
“La independencia y autonomía descritas arrojan
la fúlgida conclusión de que en esta especial acción es de la
incumbencia del actor demostrar que el patrimonio del
demandado obtuvo «algo», y que esa obtención de la ventaja
ha costado «algo» en el patrimonio suyo, de modo -que ha-
de establecerse una conexión indubitable entre el
enriquecimiento y el empobrecimiento correlativos. Más
elípticamente, probar que la ventaja del demandado derivó de
la desventaja del actor’ (Sent. Cas. Civ. de 25 de octubre de
2000, Exp. No. 5744).
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JVR. Exp. No. 54001-3103-006-1999-00280-01
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“Y más recientemente recalcó que ‘en
jurisprudencia reiterada desde tiempo atrás ha sostenido
esta Corporación que la acción de enriquecimiento sin
causa tiene cabida siempre que se den ciertas condiciones,
como lo señaló el mismo recurrente. Estas son: que se haya
producido un enriquecimiento, un empobrecimiento
correlativo, que ese enriquecimiento carezca de una causa
justa y que no tenga el afectado ningún otro medio para
obtener la satisfacción de su pretensión por cuanto la acción
in rem verso tiene carácter subsidiario.
“…Por otra parte, esta Corporación ha sostenido
que la acción in rem verso a que da origen el
enriquecimiento injusto únicamente procede cuando el
demandante carece de cualquier otra acción, dada su
naturaleza subsidiaria o residual, sin que pueda impetrarse
en los eventos en que, como en el caso en estudio, existe
de por medio un contrato que sirve de título al desequilibrio
patrimonial entre las partes.
“La Corte en relación con este tema ha dicho de
tiempo atrás que «para que sea legitimada en la causa la
acción in rem verso, se requiere que el demandante, a fin de
recuperar el bien, carezca de cualquier otra acción originada
por un contrato, un cuasicontrato, un delito, un cuasidelito, o
las que brotan de los derechos absolutos», y que «…es
preciso que el enriquecimiento no haya tenido ningún otro
medio para obtener satisfacción, puesto que la acción de in
rem verso tiene un carácter esencialmente subsidiario».
(G.J. Tomo XLIV, pág. 474, XLV, pág. 29 y Sent.053 de 22
de febrero de 1991). En el mismo sentido se pronunció la
Corte en sentencia 124 de 10 de diciembre de 1999’ (Sent.
Cas. Civ. de 28 de agosto de 2001, Exp. No. 6673).
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JVR. Exp. No. 54001-3103-006-1999-00280-01
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“También ha dicho ‘en cuanto al enriquecimiento
injusto, fuente que es, como bien se sabe, de obligaciones,
y que tiene lugar cuando independientemente de toda causa
jurídica se presenta el desplazamiento o disminución de un
patrimonio a expensas de otro, de largo tiempo atrás
doctrina y jurisprudencia han determinado sus elementos
integrantes, cuales son el aumento de un patrimonio y un
empobrecimiento correlativo, amén de la carencia de causa
o fundamento jurídico que justifique tal desplazamiento
patrimonial, factores estos entre los cuales- y asunto es por
cierto que salta a la vista-, es el último de los enunciados el
que informa la figura y recoge el principio general de que
nadie puede enriquecerse torticeramente a costa de los
demás, a lo que ha de agregarse que para estos efectos
debe entenderse por causa, no aquella a que se refiere el
artículo 1524 del código civil, sino la preexistencia de una
relación o vínculo jurídico entre el enriquecedor y el
empobrecido que justifique el movimiento patrimonial. (Cas.
27 de marzo de 1939, XLVIII; 9 de junio de 1971; 26 de
marzo de 1958).
“Por lo demás, a los elementos atrás enunciados
han sido incorporadas aún otras dos condiciones, que más
que componentes de la figura son requisitos para ejercer la
acción a que da origen el fenómeno del enriquecimiento
ilícito, como son: que ella no se intente contra disposición
imperativa de la ley y que, dado su carácter netamente
subsidiario, no se haya contado con otro medio para obtener
satisfacción por la lesión injusta que le ha sido ocasionad’
(Sent. de Cas. de 21 de mayo de 2002, Exp. No. 7061).
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“En el mismo sentido, es bueno recordar que
‘sobre la acción de enriquecimiento sin causa o actio in rem
verso, de antaño la jurisprudencia de esta Corporación ha
precisado los requisitos que la estructuran, e
invariablemente los ha considerado bajo la idea de que son
acumulativos o concurrentes, y por lo tanto todos deben
estar presentes para que esa acción pueda resultar exitosa. 2
(…) Dicha jurisprudencia ha sido reiterada en múltiples
oportunidades como dan cuenta, entre otras, la Gacetas
Judiciales XLVIII Pág. 130, L Pág. 40 y LXXXI Pág. 731; y
en el mismo sentido pero especialmente en torno al carácter
subsidiario de la acción, más recientemente en la sentencia
No. 124 de 10 de diciembre de 1999 y en la sentencia de 28
de agosto de 2001, expediente 6673’ (Sent. de Cas. de 7 de
Junio de 2002, Exp. No. 7360).
“Todo para hacer hincapié en que ‘desde el año
1935 esta Corporación en forma coincidente ha dicho que
los requisitos estructurales de la actio in rem verso son
acumulativos, debiendo concurrir todos para el éxito de la
acción y dentro de las exigencias está la de que el
envilecimiento patrimonial del demandante, nacido del
enriquecimiento del demandado sea injustificado, es decir,
que la circunstancia que produjo el desplazamiento de un
patrimonio a otro no tenga una causa jurídica y, además,
que el demandante para recuperar su bien carezca de
cualquier otra acción originada por las fuentes legales’
(Sent. de Cas. de 18 de julio de 2005, Exp. No. 1999-0335-
01).
“En tal acción, pues, subyace un imperativo
moral, como que el ordenamiento jurídico no quiere
patrocinar el acrecimiento económico de un sujeto a
2
Las mismas señaladas en la sentencia de 19 de noviembre de 1936.
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JVR. Exp. No. 54001-3103-006-1999-00280-01
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expensas de otro, cuando no existe ningún fundamento
jurídico que lo justifique, postulado que encaja, desde luego,
con la necesidad de dar a cada quien lo suyo, esto es, lo que
verdaderamente le corresponde de acuerdo con los
principios de justicia y equidad”. (Sent. Cas. Civ. de 7 de
octubre de 2009, exp. 00164-01).
En síntesis, la acerada jurisprudencia en materia de
enriquecimiento sin causa exige, tanto en materia civil como
mercantil, que un individuo obtenga una ventaja patrimonial; que
como consecuencia de dicha ganancia exista un
empobrecimiento de otro sujeto, esto es, que entre el
enriquecimiento y la mengua haya correlación y correspondencia,
es decir, que se observe un nexo de causalidad, que uno se deba
a u origine en el otro; que el desplazamiento patrimonial se
verifique sin causa jurídica que lo justifique, o lo que es igual, que
la relación patrimonial no encuentre fundamento en la ley o en la
autonomía privada; que el afectado no cuente con una acción
diversa para remediar el desequilibrio; y, que, con el ejercicio de
la acción no se pretenda soslayar una disposición legal
imperativa.
2. En el caso analizado, como se recordará, el
Tribunal dilucidó el conflicto a partir de considerar que la parte
actora no tenía ningún vínculo en el contrato de seguro ajustado
entre la Previsora S.A. y la hoy demandada, sociedad que, para
esa época, fungía como arrendataria de la Central Térmica de
Tasajero; y no lo tenía pues no era tomadora ni beneficiaria, luego,
siguiendo los lineamientos del referido acuerdo, acaecido el
siniestro, la indemnización debía pagarse a la beneficiaria y así se
dispuso por la aseguradora. Pretender algún derecho de esa
relación, según los planteamientos del fallador, desbordaba la
potestad o facultad legal de la demandante. Amén de ello, razonó
el ad quem, no se encontraron presentes los elementos
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JVR. Exp. No. 54001-3103-006-1999-00280-01
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jurisprudenciales y legales para la procedencia de la acción de
enriquecimiento sin causa.
Por su parte, la censura señala que el colegiado de segunda
instancia:
a) Omitió apreciar algunas probanzas, lo cual le impidió
tener por demostrado que la Central Térmica estuvo paralizada entre el
28 de septiembre de 1996 y el 4 de agosto de 1997; que el 21 de enero
de 1997, la actora asumió el manejo de la planta; que la reparación de
los equipos fue efectuada por Termotasajero S.A. cuando éstos ya se
encontraban en su poder; que la demandante como nueva propietaria
de la central, al haberla recibido el 21 de enero de 1997, padeció un lucro
cesante (ICO); que Termotasajero S.A. asumió el pago proporcional de
algunas primas de los contratos de seguro, cuya cesión no le fue
efectuada por CENS, y participó en la formulación de la reclamación por
el siniestro para cobrar la indemnización; que la convocante recibió un
anticipo por cuenta de las reparaciones que asumió; que CENS estuvo
de acuerdo en compartir, proporcionalmente, la indemnización recibida
de la Previsora S.A., buscó la colaboración de la convocante para
sustentar la reclamación ante dicha aseguradora, y una vez obtenida la
indemnización dilató el pago a Termotasajero S.A.
b) Apreció indebidamente la transacción suscrita entre
la impugnante y la Nación, lo que le impidió percatarse de que el objeto
del presente litigio no fue transado.
3. Con respecto a los yerros fácticos por indebida
valoración probatoria atribuidos al Tribunal, encuentra la Sala que,
pese a la laboriosa y delicada estructuración de la impugnación y
a los respetables argumentos que en ella se esgrimen, carecen
de entidad –existencia, evidencia, notoriedad o trascendencia-
para quebrar el fallo atacado.
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En efecto, el ad quem asentó en su providencia que,
entre la Nación y CENS existió un contrato de arrendamiento “el
cual terminó el 10 de febrero de 1997”, en cuya vigencia se
presentó el siniestro amparado por la póliza U0240046; que como
consecuencia de la realización del riesgo asegurado, la planta de
generación eléctrica, objeto de la relación de tenencia, “tuvo que
ser parada entre el 26 de septiembre de 1996 y el 4 de agosto de
1997” (fl. 65, cdno. de 2ª inst.); que estando aún arrendada, la
central térmica fue transferida por el Estado a Termotasajero S.A.
“a título de aporte” al capital social, y que “al momento de
realizarse el aporte de la planta enrostran todas las pruebas que
militan en el proceso ésta se encontraba fuera de servicio por el
daño amparado con la póliza muchas veces mencionada, y en tal
estado Termotasajero S.A., igualmente conocedora de esta
situación, aceptó sin reparos el aporte” (fl. 66; subrayas fuera de
texto).
De los pasajes transcritos se colige sin lugar a dudas
que el juzgador no sólo se percató de la realización del riesgo
asegurado, cubierto por la póliza U0240046, sino también de que
el mismo condujo a la parálisis de la planta de generación eléctrica
en un periodo determinado de tiempo (26 de septiembre de 1996
al 4 de agosto de 1997), durante y con posterioridad a la vigencia
del contrato de arrendamiento (terminado unilateralmente por la
Nación el 10 de febrero de 1997), y que la actora recibió el bien
fuera de funcionamiento; razones más que suficientes para
desestimar la comisión de las equivocaciones que se le endilgan
y concluir que siempre tuvo presente la ausencia de reparación
de la maquinaria por parte de la pasiva, con base en, se reitera,
“todas las pruebas que militan en el proceso”.
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JVR. Exp. No. 54001-3103-006-1999-00280-01
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Adicionalmente, recuérdese que no es necesario un
pronunciamiento expreso sobre cada una de las evidencias
obrantes en el plenario para tenerlas por observadas, esto es, si
de la motivación y línea argumentativa del juez de instancia se
puede extraer que no perdió de vista ninguna evidencia, no resulta
viable acusarlo de haber pretermitido la apreciación física de los
medios demostrativos (Sent. Cas. Civ. 095 de 27 de julio de 2007,
exp. 00718-01)3.
Del sub examine, no surge palmario ni resulta evidente
que la autoridad denunciada haya pasado por alto que la planta
fue reparada por la actora, quien incurrió en unos gastos que en
alguna medida fueron reconocidos por CENS; que Termotasajero
S.A. colaboró con la demandada de cara a efectuar la reclamación
por el siniestro ante la Previsora S.A.; que hubo unas
aproximaciones entre convocante y convocada para compartir la
indemnización pagada por la aseguradora, y que aquella no
recibió en servicio la central. Por el contrario, brota sin lugar a
dudas que ninguno de estos episodios resultó suficiente para
acreditar que a la demandante le asistía algún derecho a reclamar
parte de la indemnización que recibió la otrora arrendataria, toda
vez que “es extraña a la relación contractual [de aseguramiento]
(…) y no puede entenderse bajo ninguna figura que por haberse
aportado la planta a su favor se pueda pensar por vía de
equivocación que el pago del siniestro queda incluido”, y en
consecuencia, “con todas las pruebas que existen en el proceso”
no es posible “por la vía invocada por el demandante transformar
la relación jurídica para condenar a CENS”, habida cuenta de que
3
“(…) el juzgador no pudo preterir la prueba testimonial, porque si bien no la mencionó expresamente,
su conclusión denota que lo hizo implícitamente. En ese caso, como lo tiene dicho la Sala, lo que se
presenta es una ‘deficiencia de expresión’ y no un error de ‘apreciación probatoria’ (Cfr. Cas. Civ. Sentencia
de 5 de mayo de 1998, CCLII-1355), o como en otra ocasión lo señaló, ‘no se presume ignorancia de las
pruebas por el sentenciador, cuando las conclusiones del pronunciamiento se justifican a la luz de las
mismas pruebas’ (Sentencia No. 092 de 17 de mayo de 2001, reiterando doctrina anterior)”.
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las sumas percibidas por esta no le generaron un
empobrecimiento correlativo a su contraparte (fl. 66).
Análogamente, no se aprecia que los pagos
proporcionales por primas de seguro que la nueva propietaria de
la termoeléctrica hizo a favor de la antigua tenedora,
correspondan necesariamente a la póliza afectada por el siniestro
–U0240046-, y si así lo hicieran, esto no desvirtúa o hace contraria
a la lógica la apreciación del Tribunal en el sentido de que
Termotasajero S.A. carece de legitimación alguna para pretender
una indemnización derivada de un contrato de seguro del cual no
es parte.
Tampoco se observa una indebida apreciación del
contrato de transacción suscrito entre la Nación y la actora (fls.
615 a 634, cdno. 1C), pues el juzgador no insinuó siquiera que el
resarcimiento que se pretende en el presente litigio hubiese sido
objeto de dicho negocio jurídico, limitándose a señalar que del
mismo se desprende la “situación de la paralización de la planta”,
y tampoco se apoyó en éste para negar las pretensiones del libelo,
por el contrario, tomó su decisión “sin entrar (…) a considerar la
transacción” (fl. 66, cdno. de 2ª inst.).
4. Ahora bien, si se aceptase en gracia de
discusión la ocurrencia de los yerros endilgados al fallo de
segunda instancia, éstos, como se anticipó, carecen de
notoriedad o evidencia, razón por la cual la providencia
impugnada continuaría manteniéndose incólume, habida cuenta
de que el “error de hecho para que se estructure, además de
trascendente, es decir, que sea el determinante de la decisión
final, lo tiene dicho la jurisprudencia, debe ser ‘tan grave y notorio
que a simple vista se imponga a la mente, sin mayor esfuerzo ni
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raciocinio, o en otros términos, de tal magnitud, que resulte
contrario a la evidencia del proceso (…)’ (G.J. Tomo LXXVII, pág.
972)” (Sent. Cas. Civ. de 12 febrero de 1998, exp. C-4730;
subrayas fuera de texto); en otras palabras, para que un error de
hecho se abra paso en casación, debe ser manifiesto, burdo,
notorio, ostensible, de existencia inobjetable e indudable, al punto
que la apreciación probatoria que sugiera el casacionista sea la
única posible, y por ende, haga aparecer la de la sentencia como
arbitraria, caprichosa e ilógica.
Sobre el particular, en lo que respecta al contrato de
seguro celebrado entre CENS y La Previsora, contenido en la
póliza U0240046 (fls. 48 a 57, cdno. 1 A, y 112 a 115, cdno.
pruebas demandada), encuentra la Sala que corresponde a un
seguro de daños cuyo tomador, asegurado y beneficiario era la
demandada, tal como lo avizoró el Tribunal y lo han reconocido
las partes; amparaba el daño emergente y el lucro cesante que
CENS soportara como consecuencia de la “destrucción o (…)
rotura de maquinaria”; fue afectado como consecuencia del
siniestro acaecido alrededor del 26 de septiembre de 1996 (fl. 111,
cdno. pruebas demandada), y en desarrollo de lo allí pactado la
aseguradora pagó a la demandada las sumas que en el sub lite
pretende la actora a título de enriquecimiento sin causa.
El negocio jurídico en cuestión se suscribió en
cumplimiento del numeral 16 de la cláusula 5ª del convenio de
arrendamiento signado entre la Nación –para entonces propietaria
de la planta- y la demandada, según el cual la última “en su
condición de arrendatario (…) se obliga a: (…) 16. Constituir a
favor de CENS una póliza que ampare el daño emergente y el
lucro cesante de la PLANTA, que la proteja en el evento de
presentarse un daño en la misma, por fuerza mayor o caso
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fortuito” (fls. 244, 245, cdno. 1; 67 y 68, cdno. pruebas
demandada).
De lo anterior se desprende que la suma de dinero
transferida por la citada compañía de aseguramiento a la
demandada, tuvo su fuente en el contrato y solamente afectó el
patrimonio de aquella, en la medida en que tuvo que salir a
resarcir –en ejercicio del giro ordinario de sus negocios- los
perjuicios que el siniestro causó a la beneficiaria del contrato de
seguro. En palabras del Tribunal, “la Previsora S.A. aceptó la
reclamación de CENS al encontrarla debidamente probada, por la
ocurrencia del daño” y “el desplazamiento patrimonial que hubo
[fue] entre” estas dos empresas (fl. 66, cdno de 2ª inst.).
Esta conclusión no se ve afectada por las pruebas que
se reputan inapreciadas, pues ninguna de ellas, individual o
colectivamente consideradas, permiten inferir que a la
demandante le corresponde una porción de la indemnización
derivada de un contrato de seguros que, en su condición de
tercero ante el ligamen jurídico, ni la perjudica ni la favorece (res
inter alios acta, aliis nec nocere, nec prodesse postest). Los
pactos, pagos, conversaciones y hechos que las evidencias en
controversia permitirían acreditar, no resultan relevantes para
determinar el destinatario de la compensación monetaria, toda
vez que el mismo se encuentra claramente estipulado en la póliza
respectiva, ni mucho menos corresponden a aquellos eventos –
atrás iterados- en los que la ley y la jurisprudencia han
considerado que se puede resquebrajar o exceptuar “la garantía
legal de que los terceros no pueden entrometerse” en los actos
dispositivos de la voluntad de otros; dichas probanzas, a lo sumo,
permitirían inferir que entre CENS y Termotasajero S.A. existió
algún tipo de convenio que el segundo considera incumplido, pero
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que por su sola constatación excluiría la vía escogida para la
reclamación de los derechos que de él pudiesen derivarse.
Por otra parte, desde la perspectiva del
enriquecimiento sin causa o injustificado, encuentra la Corte que,
de las pruebas, cuya deficiente observancia constituye el núcleo
del reproche en esta sede, no se derivan los requisitos para la
prosperidad de la actio in rem verso, en razón a que se echa de
menos, entre otros, que el aumento o ganancia del patrimonio de
la pasiva haya sido a expensas del de la actora, pues se insiste,
el patrimonio disminuido con el pago de la indemnización fue el
de la compañía de seguros. En tal sentido, no se encuentra
acreditado que la posible mengua patrimonial de Termotasajero
S.A. se relacione con el incremento en los haberes de CENS; por
el contrario, existe material probatorio suficiente para entender
que el origen último del detrimento posiblemente sufrido por la
demandante al sufragar los costos de la reparación fue haber
aceptado o recibido –a título de aporte- la maquinaria fuera de
servicio.
En consonancia con lo expuesto, y abstracción hecha
de cual sociedad, si la demandada o la demandante, detenta la
legitimación para recibir la indemnización de conformidad con el
contrato de seguro, no puede señalarse que la primera se hubiera
prevalido del interés asegurable de la segunda para percibir la
indemnización por el lucro cesante (ICO) causado con
posterioridad a la cesación del contrato de arrendamiento por el
cual CENS S.A. E.S.P detentó la tenencia de la planta de
generación eléctrica (lo que determinaría un cierto nexo o
correlatividad), toda vez que en estricto sentido, habiéndose
producido ya el siniestro correspondiente al amparo de rotura de
maquinaría con anterioridad a la fecha de la entrega de la planta
a Termotasajero S.A., no existía para esta riesgo alguno, cuya
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hipotética realización pudiera amenazar su patrimonio desde la
óptica de la relación de aseguramiento 4, toda vez que la
contingencia que envuelve la definición del referido elemento
esencial del negocio jurídico, conforme al art. 1083 del estatuto
mercantil, se había mutado ya en certeza, por virtud, se repite, de
la previa afectación de los equipos y la suspensión de la operación
de los mismos.
Ahora bien, en el remoto evento en el que de los
medios de convicción se pudiese extraer una correlatividad o
conexidad entre los patrimonios de las partes involucradas, la
acción de enriquecimiento injusto tampoco tendría cabida, pues,
como atrás se explicó, las evidencias sustentarían la existencia
de un pacto entre convocante y convocada, en virtud del cual, la
acción a ejercer por el contratante cumplido no sería la que aquí
se desata.
Al punto, pese a los ingentes esfuerzos de la actora en
esta sede, el escrito introductor del proceso soporta la anterior
argumentación, en la medida en que las pretensiones se dirigieron
en primer lugar a procurar “[q]ue se declare la existencia de un
enriquecimiento sin causa de (…) CENS derivado de (…) el
incremento patrimonial indebido de dicha empresa y ocasionado
al no trasladar las sumas equivalentes a la indemnización que le
fuera pagada por la compañía de seguros (…) en el porcentaje
correspondiente a los derechos de Termotasajero S.A. ESP
sobre las sumas indemnizadas.” (fl. 277, cdno. 1A); luego, si a la
demandante le asistía –con anterioridad al empobrecimiento
denunciado, que solo se habría causado cuando se negó la
demandada al traslado referido- el derecho a recibir una suma de
dinero, y la obligación correlativa –preexistente al
4
Señala el art. 1041 del Código de Comercio, que “los hechos ciertos, salvo la muerte, y los físicamente
imposibles, no constituyen riesgos y son, por lo tanto, extraños al contrato de seguro”.
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enriquecimiento- radicaba en cabeza de la convocada, no puede
predicarse que la fuente del débito que se reclama tenga origen
en el lucro indebido de la última, puesto que, según está planteada
la pretensión transcrita, el vínculo entre los patrimonios no surgió
intempestivamente y sin causa legítima, sino que se derivó de
algún tipo de acuerdo al que, con anterioridad a los hechos que
se alegaban como generadores del enriquecimiento sin justa
causa, llegaron las partes.
En otros términos, la situación determinante del
empobrecimiento de un sujeto, para los efectos del
enriquecimiento sin causa, no puede ser el incumplimiento de una
obligación preexistente, surgida de una fuente de diferente
naturaleza, que el demandado tenga contraída con quien invoca
el resarcimiento patrimonial 5; o lo que es igual, la acción de
enriquecimiento sin justa causa no puede ser utilizada, como
instrumento paralelo, para reclamar el cumplimiento de
obligaciones preexistentes que por su propia disciplina cuentan
con otros mecanismos legales para compeler a los individuos a
honrarlas.
Finalmente, en cuanto a la inquietud que le asiste al
casacionista en relación con que CENS S.A. se hubiese lucrado
mediante el cobro de un seguro de daños, esa cuestión escapa a
sus intereses y a los alcances de este proceso, ya que no se está
sometiendo a indagación el contrato de seguro y sus efectos
5
Puede ser si el incumplimiento de una obligación que no vincule al demandado en calidad de deudor,
como fue el caso que determinó el acogimiento de la figura por parte de la Corte de Casación francesa
en sentencia de 15 de junio de 1892, en la que reconoció la actio in rem verso como el remedio frente al
enriquecimiento, y es el punto de partida para la evolución jurisprudencial de la institución como un
instrumento jurídico independiente. En efecto, en este histórico pronunciamiento se consideró que el
propietario de un terreno se había enriquecido injustificadamente por el beneficio que reportó a su predio
–cuya tenencia acababa de recobrar- la utilización de unos insumos que su arrendatario compró y no
pagó, afectando el patrimonio del vendedor (P. Gallo, Arrichimento senza causa e cuasi contratti, Utet
Giuridica-Wolters Kluger Italia S. r. l., 2008; Konstantinos D. Kerameus, International Encyclopedia of
Comparative Law, Vol. X, restitution, unjust enrichment and negotiorum gestio).
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sobre quienes concurrieron a su celebración, sino el presunto
desplazamiento patrimonial inequitativo entre demandante y
demandada; y si tal lucro efectivamente existió, la perjudicada
sería, sin lugar a discusión, La Previsora S.A., estando ésta en
libertad de acudir a las autoridades para remediar el posible daño.
5. Por lo expuesto, el cargo no prospera.
DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en
Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República
y por autoridad de la Ley, NO CASA la sentencia proferida el 9 de
diciembre de 2010, por la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Cúcuta, dentro del proceso ordinario de
Termotasajero S.A. E.S.P. contra Centrales Eléctricas del Norte de
Santander -CENS- S.A. E.S.P., en el que intervino como tercero ad-
excludendum la Cooperativa Multiactiva de Trabajadores de Productora
de Papeles S.A., “Coopropal en liquidación”.
Costas de casación a cargo del recurrente y a favor de la
demandada. En su liquidación inclúyase la cantidad de seis millones de
pesos ($6.000.000,00) por concepto de agencias en derecho.
Cópiese, notifíquese y devuélvase el expediente al Tribunal
de origen para lo pertinente.
FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ
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MARGARITA CABELLO BLANCO
RUTH MARINA DÍAZ RUEDA
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
ARTURO SOLARTE RODRÍGUEZ
JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ
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