Diplomado en metodología prospectiva
Marco operativo
Programar
Para organizar y dinamizar
en comunión y participación
la Vida Misionera de la Iglesia
Un programa operativo es la disposición
detallada de todas las acciones y de todas
las condiciones necesarias para la
realización de una actividad y parte de la
metodología de un plan. Un programa es
la ejecución de algún aspecto de UN
Centro o Dimensión. Cada programa, a su
vez, constituye una unidad coherente y
puede realizarse en forma independiente
de otros programas
La programación, explicita los pasos
inmediatos a lograr en un lapso breve de
tiempo, mientras la planificación expresa el
camino a seguir a corto plazo y el plan global
expresa uno a largo plazo. La programación se
hace para el plazo inmediato porque así lo
exige la mutación de las cosas humanas. Se
nos hace imposible prever todos los
condicionamientos o la evolución detallada de
los sucesos y procesos humanos. En general la
programación se hace año por año.
Al mismo tiempo la programación
prospectiva exige la puesta en juego de la
imaginación creativa y de la creatividad
para definir mensajes, pedagogías y
procedimientos aptos para el logro del
objetivo. La programación es, por tanto,
obra de la creatividad.
Sentido teológico-espiritual
Si la meta constituye aquello que en conciencia se
considera como Voluntad de Dios, la programación
de la misma no es otra cosa que organizar todas las
energías existentes, todo lo que somos y todo lo que
tenemos a nuestro alcance como Pueblo de Dios,
para realizarla.
La voluntad de Dios es ésta: que su Pueblo sea santo.
La meta es un paso en esa dirección. Por ello, la
programación consiste en hacer uso de la
imaginación y de la inteligencia, de la voluntad y de la
libertad, para realizar un discernimiento sobre los
pasos progresivos con los que la realidad se irá
conformando con esa Voluntad de Dios
Programar es sólo un primer paso en el
proceso de hacer la Voluntad de Dios.
Consiste en definir todos los detalles
sobre cómo vamos a actuar esa Voluntad.
Consiste por tanto en definir el propósito
de actuarla, en un modo y tiempo
determinados; en elaborar así un
programa de vida, no ya de una persona
sino del conjunto del pueblo de Dios; de
su vida espiritual y pastoral, al servicio de
su crecimiento en la fe.
Actitudes
La tarea misma de programar implica ya una
ascesis, porque exige una disciplina
metodológica orientada precisamente a
facilitar la coherencia entre lo que se quiere, lo
que se es y lo que se hace.
Como toda disciplina, la programación parece
que coarta la libertad. Sin embargo, la
programación consiste en la libre elección de
las acciones y procesos que, con mayor
coherencia y eficacia, ayudan a realizar la
voluntad de Dios.
El trabajo de programar puede llegar a ser
tedioso y a momentos hay que sufrirlo como
un peso. Sin embargo es la paciencia de la
esperanza y la voluntad de amar a Dios hasta
las últimas consecuencias en servicio a los
hermanos, lo que da sentido a este esfuerzo.
Cabe decir que muchos santos crearon y se
sometieron, explícita o implícitamente, a
métodos de acción. Fueron capaces de
colaborar con el Espíritu con una ascesis
coherente y exigente.
En la programación entra en juego también
la responsabilidad social pues la realización o
no de un programa incide sobre el camino
del conjunto. En un plan de conjunto todos
dependemos de todos para la realización de
objetivos comunes. De la fidelidad a lo
pequeño depende la realización propia y la
del conjunto. De lo que hablamos es de la
interdependencia de las partes en un único
cuerpo de Cristo, del que nos habla S. Pablo.
Hablar de la operatividad del Plan
Diocesano de Pastoral, es ser conscientes
de la urgencia de hacer vida el Reino, el
querer de Dios, y transformar la realidad
que nos oprime, que nos duele y nos
lastima. Entre estos dos puntos se
presenta el itinerario que queremos
seguir para favorecer un proceso
evangelizador comunitario, misionero
articulado, global, orgánico, gradual y
permanente.
Para hacer vida este querer de Dios nuestros obispos han
creído que estas tres herramientas facilitan el caminar:
•La sagrada escritura y el magisterio post conciliar, que
fundamentan la necesidad y urgencia de un plan pastoral
evangelizador.
•La espiritualidad de comunión y misión, estilo de vida que
queremos asumir y que evidencia la puesta en marcha del
plan evangelizador.
•La metodología prospectiva, herramienta que da luz en el
itinerario a seguir para facilitar la experiencia evangelizadora y
de comunión, en los diferentes espacios comunitarios.
¿Por qué y para qué programamos?
a) ¿Programar para hacer lo mismo que hacemos siempre, lo que
ya sabemos hacer y porque ahora nos obliga una nueva
tendencia de hacer pastoral en la Iglesia?
b) ¿Programar para la eficacia del proceso de Evangelización, que
es vida para la comunidad y hace vida la experiencia de
comunión de la Iglesia?
Entonces, ¿queremos programar?... ¡Sí! Queremos,
podemos y debemos. ¿Por qué?
Porque queremos Porque programamos para llegar a
evangelizar y dar vida todos los hombres y mujeres del
territorio eclesial, desde la
perspectiva del servicio pastoral
Porque queremos caminar
juntos, en comunión y
sinodalidad, en torno a Cristo
Programan los Discípulos(as),
evangelizados(as) y evangelizadores(as)
Porque queremos hacer
proceso evangelizador
Programan los agentes de pastoral-
evangelizadores, respondiendo con fe a su
vocación-llamado, según los dones, carismas
y ministerios.
¿Para qué sirve programar?
Para organizar y dinamizar la vida de la Iglesia, en acción pastoral,
evangelizadora.
La programación pastoral es un termómetro y/o herramienta, en
apoyo de un proyecto evangelizador de futuro, para fijar y coordinar
objetivos, metas y acciones; es un ejercicio necesario de
prospección para prever el futuro de nuestra Iglesia.
¿Por qué y para qué es necesario programar?
Solo la comunidad que
programa, sabe lo que es, dónde
está, dónde quiere ir, cómo
seguir caminando, sus retos,
límites y virtudes, sabe lo
penúltimo, al servicio y como
mediación del Espíritu Santo y
de las personas que colaboran
en el servicio pastoral.
Por la programación pastoral se equilibran cuatro dimensiones para
un sano crecimiento de las personas y comunidades:
1. Anuncio del Evangelio (Kerigma).
2. Personalización de la fe (conversión).
3. Compromiso eclesial y social (praxis de la fe).
4. Inserción eclesial (vivencia comunitaria).
La programación sirve:
Para ser mejores discípulos del
Señor, ir perfeccionando nuestro
modelo de Iglesia, crear y asumir
juntos los objetivos, crecer en la
confianza en el Espíritu de Jesús.
Programar, es el mejor camino para que todas y cada una de las
acciones pastorales adquieran la necesaria, puntual y oportuna
planificación, organización, coordinación, articulación, comunicación,
evaluación, de manera orgánica, global, integral, procesual, sistemática
y gradual, para que la Diócesis y la Parroquia den vida, y vida en
abundancia, así como nos enseñó Jesús, en el servicio y en el amor.
Algunas precisiones:
• O se programa en comunión, o no se programa en la opción pastoral y
en línea del Evangelio.
• O se programa con todos, o no se programa con sentido eclesial y de
presencia del Reino.
• O se programa con fe, o no se programa desde el corazón y Espíritu
del Señor.
• O se programa con esperanza, o no se programa desde la mirada
prospectiva y en la experiencia de la santidad.
• O se programa con caridad, justicia, solidaridad y fraternidad, o no se
programa para la vida, según el proyecto del Padre.
La Eclesiología de Comunión del Concilio
Vaticano II, justifica la tarea de programar
a) El misterio de la comunión con Dios. La espiritualidad del cristiano se
fundamenta en la iniciativa de Dios que nos introduce en el misterio de su
Vida por el don de la Palabra de Dios y la Liturgia (Dei verbum y
Sacrosanctum concilium).
b) La llamada universal a la santidad y a la misión apostólica. Cristo introduce al
cristiano en la santidad de la vida trinitaria y lo asocia a su misión (Lumen
gentium y Apostolicam actuositatem, y los documentos más específicos
como Presbyterorum ordinis y Perfectae caritatis).
c) La espiritualidad en el mundo y para la transformación del mundo. El
cristiano tiene la tarea de transformar el mundo y elevarlo hacia Dios, porque
la caridad cristiana es compromiso con el mundo (Gaudium et spes).
d) Una Evangelización, nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión
(Evangelii nuntiandi)
Nuestra mayor apuesta en la Iglesia y en el mundo:
La Espiritualidad de Comunión
“Otro aspecto importante en que será
necesario poner un decidido empeño
programático, tanto en el ámbito de la
Iglesia universal como de las iglesias
particulares, es el de la comunión, que
encarna y manifiesta la esencia misma
del misterio de la Iglesia” (NMI 42).
“Hacer de la Iglesia la casa y la escuela
de la comunión es el gran desafío que
tenemos ante nosotros en el milenio
que comienza, si queremos ser fieles al
designio de Dios y responder a las
esperanzas del mundo” (NMI 43).
Llamados a vivir en comunión
Lo confirmaron los Obispos de América Latina y el Caribe en
el Documento de Aparecida:
• La Iglesia es comunión en el amor (DA 161)
• La diversidad de carismas, ministerios y servicios, abre el horizonte para el
ejercicio cotidiano de la comunión (DA 162)
• En el Pueblo de Dios, “la comunión y la misión están profundamente unidas
entre sí (DA 163)
• Los discípulos de Jesús están llamados a vivir en comunión (DA 155)
• La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su
Iglesia (DA 156)
METODOLOGÍA
Para definir el método se procede como sigue:
- Se plantea la Meta diocesana.
-se hace un listado de posibles acciones,
teniendo en cuenta las exigencias del objetivo
(meta del Paso), la meta del año y los recursos
con que se cuenta;
-se eligen las acciones más aptas y
convenientes para el logro del objetivo, a la luz
de las políticas generales y específicas;
-se define la sucesión cronológica en que
se van a desarrollar las acciones
Finalmente se define:
-el lugar en que se realizará cada
acción (dónde)
-el tiempo exacto y preciso en que
se va a desarrollar cada acción (cuándo)
-el responsable de cada acción
(quién)
Se verifica la coherencia del programa en
sí mismo con las políticas previstas.
Normas de comportamiento
Puede haber necesidad, también, de definir normas
sobre los modos comunes con qué proceder en un
mismo campo de acción. Para ello, hay que tener en
cuenta que esas normas pueden referirse:
- a lo que se hace, se debe o no se debe hacer
- al modo como se debe hacer
- a los responsables y a su conducta
- a los tiempos en que se puede o no hacer
- a los lugares que se pueden o no usar
- a los instrumentos que se pueden o no usar
• Corresponde a QUÉ se quiere lograr
• Debe contener:
[Link] tiempo concreto
[Link] sujeto
[Link] que se quiere lograr
4.Cómo o a través de
[Link] qué: Se relaciona a la meta
con el objetivo
La programación de cada acción
contempla cuatro momentos:
1. La Convocación.
2. La Preparación.
3. La Ejecución.
4. La Evaluación.
En la Convocación se aplica el segundo criterio “llegar a
todos los destinatarios de la acción” y para ello se agotan,
creativamente, todos los medios de invitación posible.
En la Preparación se aplica el tercer criterio: la Misión
Compartida como camino de Santidad integral, “todos los
bautizados y personas de buena voluntad según sus
dones, carismas y ministerios, son el sujeto de la
acción”, aquí se busca, de manera dialogada, la participación
corresponsable de todos, de tal manera que muchos hagan
poco. Toda la preparación antecede al momento de la
ejecución.
En la Ejecución se aplica el cuarto criterio: “concientización,
confrontación entre vida y Evangelio” creatividad de la
caridad, de esta manera los contenidos que se reflexionen y el
modo en que cada persona presente viva los valores y
actitudes durante el desarrollo de la acción darán testimonio
de un estilo de vida más cristiano, según la espiritualidad de
comunión.
En la Evaluación, los participantes dan
sus aportes, a través de un breve
cuestionario o consulta diseñado por el
equipo; la estructura la realiza en sus
reuniones ordinarias y con la
programación en mano valoran:
• ¿Qué tanto se alcanzaron los indicadores
de logro?
• ¿En qué medida se vivió la meta.
La evaluación debe ser objetiva e impulsar a
buscar creativamente nuevas y mejores
estrategias para vivir el proceso evangelizador,
la caridad, la participación, la comunión y la
misión, cada vez en mayor grado.
A cada uno de esos “elementos” se le definen:
• Cómo: corresponde a la forma o manera en la
realizaremos cada elemento de convocación,
preparación, ejecución y evaluación. Conviene
utilizar verbos. Aquí se aplica la suficiente
creatividad para agotar todos los medios de
convocación y llegar a todos.
• Quién: nombre y/o cargo de la persona o las
personas que serán responsables de convocar,
preparar, ejecutar y evaluar.
• Cuándo: la fecha en que se va a hacer la
convocación, preparación, ejecución y evaluación
Dónde: el lugar donde se convocará,
preparará, ejecutará y evaluará.
• Con qué: diversos recursos o materiales
que se utilizarán (económicos y humanos)
para la convocación, preparación, ejecución
y evaluación.
• Indicadores de logro: Son instrumentos que
proporcionan información cuantitativa y cualitativa sobre el
desenvolvimiento y el logro de la meta; además de permitir medir el
avance logrado en orden a la convocación, preparación, ejecución y
evaluación. Se redacta en presente e indica porcentajes de lo logrado
en cada elemento.
Al momento de desarrollar los cómo,
quiénes, cuándo, dónde y los con qué,
las estructuras y los equipos buscarán
aplicar el quinto criterio, a través de las
comisiones implementadas, “poner a
todos los bautizados en condiciones
reales de participación, comunión,
diálogo, corresponsabilidad y
misión”, actitudes que se valorarán
cuando se evalué.
Cuadro de programación de acciones
Acción
Fecha
ELEMENTOS COMO QUIEN CUANDO DONDE CON LOGROS
QUE
Convocación
Preparación
Ejecución
Evaluación
¿Cómo propiciar la armonía de las acciones
programadas en los diferentes espacios de
comunión?
Para favorecer la armonía de las acciones
programadas, durante los fines de semana de cada
mes, se puede hacer un acuerdo entre la Estructura
de Conducción.
• La Parroquia programa que sus acciones se
realicen: ????
o Los Sectores programan ????
• La Vicaría y el Decanato ??
• La Diócesis programa que sus acciones se realicen
???
El Plan Operativo debe ser
flexible y dinámico, siempre
abierto a acontecimientos,
coyunturas y actividades
extraordinarias que justifiquen
y requieran un modo de
programar distinto al acuerdo,
solamente en su grado de
excepción.
Evaluación sistemática
La evaluación puede abarcar todos o algunos de
los siguientes aspectos:
a)Medir el logro del objetivo: Bajo qué aspectos se
ha logrado, bajo qué otros no se ha logrado,
cuáles han sido los problemas-dificultades que lo
han impedido y qué pistas de solución se
proponen para el futuro.
b)Hacer un juicio de valor sobre las metodologías
(centros, dimensiones) elegidas o sobre los
métodos de las acciones programadas: valores y
límites de los procesos elegidos en relación al
objetivo prefijado, indicaciones para el futuro.
c)Verificar el compromiso de los agentes:
participación, cooperación, relaciones
interpersonales y estructurales, asunción
personalizada del objetivo.
d)Verificar la organización: funciones,
competencias, funcionamiento y
relaciones; y la sucesión cronológica o
cronograma.
De este modo todo cuanto es objeto de
planificación y de programación, lo es
también de evaluación. Sin embargo,
no todas las veces se evalúa el conjunto
de estos aspectos. Por otra parte, todos
ellos son interdependientes, por lo que
al evaluar uno de ellos, indirectamente
se tocan aspectos de los otros.
En la realización del Proceso
Evangelizador de la Iglesia Particular,
PEIP:
+la evaluación de los programas
corresponde a quien es responsable de
los mismos y al menos cada año se hace
una evaluación de todos los programas:
-con el pueblo: los programas
en los que está involucrado, mediante
las asambleas de las zonas pastorales;
con las Comisiones Parroquiales de Pastoral: cada uno
de los programas de su centro o dimensión;
con el EPAP: el programa anual de la parroquia;
-con las Comisiones diocesanas de pastoral: cada uno
de los programas de las dimensiones
correspondientes al año;
-con el EDAP: la parte del plan diocesano que
corresponde al año pastoral;
+la evaluación del plan diocesano a corto plazo (Paso)
se evalúa cada cinco años. Lo mínimo es evaluar el
logro de los objetivos, detectar los problemas
emergentes y proponer las indicaciones oportunas
para el nuevo plan.
Observación final: la evaluación
sistemática y periódica de los programas,
de los planes y del mismo plan general
constituye la afirmación más evidente de
que un plan no es algo estático sino que
requiere la flexibilidad y adaptación
constante que, además de la evaluación,
debe hacerse al momento de la ejecución
del plan. Lo importante es lograr los
objetivos
¿Por qué es oportuno, conveniente y vital
evaluar?
• Porque sin evaluación no hay crecimiento.
• Porque necesitamos ser conscientes de la
presencia de Dios en las acciones que realizamos.
• Porque es grato a Dios, reconocer y agradecer
su paso por la comunidad,
• Porque se requiere aprender de la experiencia,
mejorar, crecer, medir los alcances, y proyectar
las mismas, otras y/o nuevas acciones
(emprender nuevos vuelos), a partir de las
necesidades y de los resultados obtenidos.
"Así, pues ya no sois extraños ni forasteros,
sino conciudadanos de los santos y familiares
de Dios, edificados sobre el cimiento de los
apóstoles y profetas, siguiendo la piedra
angular Cristo mismo, en quien toda
edificación bien trabada se eleva hasta formar
un templo santo en el Señor, en quién también
vosotros estáis siendo juntamente edificados,
hasta ser morada de Dios en el Espíritu" (Ef
2,19-22).
Formar un pueblo santo en el Señor! He aquí
el sentido último de este PEIP, de acuerdo a
la visión de la Iglesia que nos ha ofrecido el
Concilio Vaticano II y el magisterio posterior.
Toda la complejidad se reduce a una idea
que es propósito y proyecto: "Dios quiso
santificar y salvar a todos los hombres no
individualmente y aislados entre sí, sino
constituirlos en un pueblo que lo conociera
en la verdad y le sirviera santamente" (LG 9).
Pero este pueblo, la Iglesia, no tiene razón de ser
en sí misma sino en el Reino de Dios del que ella
es sacramento en y para el mundo. Ella es signo
del amor de Dios del que es depositaria gracias a
Cristo y de la novedad de vida que la participación
a ese amor implica gracias al Espíritu Santo que
nos ha sido dado. Ella es, también, instrumento de
ese mismo amor mediante la evangelización y
liberación integral que ella promueve. "Su razón
de ser es actuar como fermento y como alma de la
sociedad, que debe renovarse en Cristo y
transformarse en familia de Dios.
Así, la Iglesia en su misterio -santa y
pecadora al mismo tiempo-, en la humildad
y pobreza de no poder nunca expresar
plenamente el misterio que la constituye
mientras lleva en sí la figura de este mundo,
vive en el anhelo constante de la plenitud,
de la santidad-unidad, a la que tiende con
todas sus fuerzas, para que en su rostro se
refleje cada vez más claramente la imagen
de Cristo y el mundo crea que El es el hijo de
Dios y se salve.