ELEMENTOS
CONSTITUTIVOS
PEIP
El PEIP sabe que la Iglesia Particular vive del Espíritu
Santo, con la fuerza del amor y en la comunión
católica o universal de la Iglesia de Cristo; que debe
preocuparse de la salida a las periferias tanto como
del retorno de todo a Cristo y a su Evangelio, de las
multitudes como de las personas individuales, de las
acciones como de la oración y de la vida en la fe
alimentada y sostenida por la gracia sacramental.
Diócesis de Cúcuta
El centro de todo el proceso
es CRISTO, sol que nace de
lo alto y la SANTÍSIMA
TRINIDAD. La forma circular
significa la eterna divinidad,
su omnipotencia y sabiduría
infinita. Es reminiscencia de
la Eucaristía, de la cual y
hacia la cual tiende toda la
vida de la Iglesia
Con este primer círculo exponemos y confesamos
todo aquello que queremos que sea núcleo de vida
y de sentido, a partir del que se desarrolle toda la
acción eclesial y hacia el cual tienda todo fruto que
se alcance, con la ayuda divina. De tal manera que
el “movimiento” que imprimimos a esta gráfica es,
desde el principio, centrífugo y centrípeto: del
centro a las periferias y de las periferias hacia el
centro; de Dios a los hermanos y al mundo entero,
de los hermanos y del mundo a Dios
Una primera mirada de este núcleo hacia
el exterior permite imaginar el movimiento
de la siguiente manera: todos los círculos
que siguen brotan del centro y se originan
como ondas provocadas por “este” evento
que pone todo en movimiento
En el PEIP pensamos, además, que todo “gira” en torno
de ese centro como alrededor de un eje necesario. Sin
embargo, el conjunto también reposa sobre un conjunto
de estructuras que procuran no agotar todo el horizonte y
que no se ponen al centro porque son ordenamientos y
disposiciones de una Iglesia que evita, por principio, la
“autorreferencialidad”. Por lo tanto, éstas son las
estructuras que la Iglesia considera necesarias para
pensar y diseñar su acción, para programarla y ponerla
en marcha, para acompañarla y evaluarla
Desde el inicio hemos afirmado que la esencia y el
enfoque principal del PEIP es la evangelización. Por eso
reiteramos que todo comienza por una mirada a Cristo, a
su rostro de Hijo, en el que resplandece su grandeza; su
rostro de siervo doliente, en quien vemos la infinita
misericordia de Aquél que se hace solidario con nosotros
hasta soportar nuestros dolores y nuestra misma muerte;
y su rostro de resucitado, en quien encontramos nuestra
paz, nuestro “tesoro y alegría”. En Cristo encontramos la
clave de todo lo que tenemos que llevar a cabo, tal y
como lo establece Juan Pablo II:
• “No se trata... de inventar un nuevo programa. El
programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el
Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en
Cristo mismo, a quien hay que conocer, amar e imitar,
para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la
historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén
celeste. Es un programa que no cambia al variar los
tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y
de la cultura para un verdadero diálogo y una
comunicación eficaz. Este programa de siempre es el
nuestro para el tercer milenio.”
El dinamismo del PEIP depende de la predicación
auténtica del primer anuncio y de su efecto ostensible
que es la conversión a Jesucristo. Cuando se tiene la
solidez que solo se adquiere por la certeza de un
encuentro real y personal con el Señor, las demás cosas
salen por añadidura. En Cristo está la razón de ser de
nuestro proceso y de nuestra planeación. Él merece lo
mejor de nuestros esfuerzos, tanto al nivel intelectual
como al nivel de la ejecución. Dios nos ha dotado de una
inteligencia capaz de discernir, en la realidad, los signos
de su presencia y de su llamada
El PEIP tiene su razón de ser en este
punto preciso. Y, en Cristo, tenemos la
clave de comprensión de toda la
Escritura y de la realidad en la que
vivimos
La Animación Misionera y Comunitaria
En la implementación del PEIP se
comienza por asegurar la
animación misionera y
comunitaria tanto de los fieles que
de alguna manera serán los que
acompañan los inicios y el
desarrollo del proceso, así como
de los que seguirán.
La animación comunitaria es fundamental desde el principio
del proceso porque es dimensión esencial del testimonio
cristiano. La comunidad es reflejo de la Trinidad, aún antes de la
predicación. El amor que congrega y une a los que viven este
ideal es fruto de una vida entregada al Señor, a su Evangelio, a
su Cruz. Cuando se ha asimilado la bienaventuranza de la
mansedumbre hay disponibilidad para el otro y hay apertura real
a la nueva forma de vida que brota de la Pascua del Señor. Las
primeras estructuras visibles, que son nuestras parroquias, se
hacen evidentes si en ellas hay una experiencia comunitaria rica
y enriquecedora
La animación misionera, por su parte, es lo único que pone en
movimiento todo el conjunto. El amor de Cristo y su mandato nos
animan a salir hasta los confines del mundo. Nos animan la
Iglesia y sus pastores, los ejemplos de María y de los santos y la
necesidad gravísima de tantos hermanos y hermanas que viven
su vida sin sentido completo. El combustible inagotable de la
animación misionera es el amor divino que se nos ha dado,
gracias al Misterio Pascual de la entrega sacrificial del Hijo
encarnado, por la efusión del Espíritu Santo y que nos estimula y
convence para querer compartir el propósito de Dios mismo:
“que todos los hombres se salven y lleguen al pleno
conocimiento de la verdad”. Al centro de este misterio está la
gracia del primer anuncio y el kerigma
El Proceso Evangelizador de la Iglesia
El camino de los
creyentes se recorre
gracias a un proceso
escalonado y por etapas,
que estructura su
conversión progresiva
hasta cuando asimila y
pone en práctica los
ideales de la comunión y
la misión católicas
La persona se pone en camino después de un encuentro
personal con el Señor que transforma y renueva su existencia.
Ese encuentro es un don de la Gracia que sorprende, retoña y
se consolida como brote, flor y fruto del primer anuncio o
kerigma. Es también como el vástago de una planta que se nutre
de dos componentes fundamentales: la fe y la conversión que,
en este punto, parecen solo un brote, un talluelo y un par de
hojitas tímidas que se enarbolan buscando el sol. Sin embargo,
aunque sea apenas un embrión, su vitalidad es asombrosa
porque el inicio de su vida fue el encuentro con Aquél que hace
nuevas todas las cosas y cuyo rostro urge el seguimiento
Para entrar con provecho en la comunión y en la misión
católicas, todos han de transitar por los caminos del encuentro
con Cristo, fruto del primer anuncio y kerigma, propio de la
acción misionera, y de la iniciación en la fe y la vida cristiana,
propio de la acción catequético‐iniciatoria.
Y esto equivale a decir, de acuerdo con el gráfico, que, una vez
reconocido el centro y sabiendo de dónde nos viene toda la
capacidad para poner en movimiento el PEIP, garantizada la
animación misionera y comunitaria de los colaboradores en el
servicio de la evangelización del mundo, la primera tarea es la
implementación del proceso evangelizador, tal y como lo
entiende la Iglesia.
Ese itinerario está bien descrito en el DOCUMENTO
CONCLUSIVO DE APARECIDA: encuentro con el Señor,
conversión, discipulado (formación), comunión y misión. De
manera refleja, estos elementos del proceso nos indican que
necesitamos colaboradores bien evangelizados, capaces de
aplicar el proceso porque lo han vivido ellos mismos y lo pueden
aplicar con propiedad. Pero también nos señala que el trabajo de
la evangelización es necesariamente comunitario y que si no hay
verdaderas comunidades evangelizadas, como las del Nuevo
Testamento, no tendremos las comunidades misioneras y
evangelizadoras que necesitamos para promover los criterios y
los ideales del Reino de Dios.
Las Personas en la Iglesia
Se trata de elegir lo que Dios
ha elegido para nosotros. Los
“estados de vida” en la Iglesia
son: el laicado, la vida
religiosa o consagrada y el
ministerio ordenado (que es el
de los diáconos, los
sacerdotes y los obispos).
Al propio estado de vida se llega solo cuando uno ha sido
convenientemente iniciado en su fe. Esto quiere decir que las
acciones propias de la pastoral para cada uno de los estados de
vida suponen el proceso evangelizador antecedente y la
formación permanente y acompañamiento que siguen. De esta
manera, para los laicos se abren espacios que se interesan por
los niños, los jóvenes o los adultos, por el noviazgo, el
matrimonio y la familia, etc.; y para los consagrados y para los
ordenados se abren espacios de pastoral vocacional y de
formación permanente. La ubicación más precisa de estas
acciones pastorales redundará en claridad, sencillez de
comprensión y eficacia.
La Acción Pastoral y su enfoque Ministerial
El fruto maduro del camino
comenzado con la acción
misionera y consolidado por
la iniciación cristiana es la
acción pastoral, que consiste
en la inserción progresiva,
plena, consciente y madura
en la comunidad cristiana y
en la tarea que Ella, como
Iglesia, ha recibido de Cristo
La Iglesia, al acoger el encargo de llevar la salvación hasta los
confines del mundo y contemplando el misterio de su Señor,
entiende su misión como acción pastoral y la organiza de
acuerdo con el modelo que descubre en Cristo Buen Pastor. Por
eso, las vertientes fundamentales de la pastoral de la Iglesia son
la Pastoral Profética, encargada, ante todo del ministerio de la
Palabra, en todas sus formas y expresiones; la Pastoral
Litúrgica, que se encarga de toda la dimensión celebrativa
correspondiente al misterio revelado por Dios; y la Pastoral
Caritativa y Social, que pone en práctica el mandamiento del
amor de maneras concretas y se preocupa así del progreso de la
humanidad y de la evangelización de toda la realidad social.
ENFOQUE MINISTERIAL
El PEIP propone unos “ministerios fundamentales”, considerados así
porque se refieren a la ejecución de los distintos momentos del proceso de
la evangelización, y unos “ministerios especiales”, que serían los
encargados de las dimensiones particulares de la pastoral. Los ministerios
fundamentales son los siguientes: ministerio para la acción misionera;
ministerio para la animación de las comunidades; ministerio de catequesis
para la iniciación cristiana de adultos, niños y jóvenes; ministerio para la
formación avanzada y permanente en la fe; ministerio de liturgia; y
ministerio de pastoral caritativa y social. Y los ministerios especiales se
encargan de las siguientes dimensiones: pastoral infantil, pastoral juvenil,
pastoral vocacional, pastoral familiar, pastoral educativa, pastoral de la
salud, pastoral de los marginados, pastoral del mundo del trabajo, pastoral
LA IGLESIA EN SALIDA.
HORIZONTE MISIONERO
DEL PROCESO
El objetivo del PEIP es llegar a todos para llamarlos a todos a la
fe, que los integra en el único Cuerpo de Cristo. La Iglesia no
puede darse tregua mientras no se hayan cumplido las metas del
mandato que recibió de su Fundador: ir por todo el mundo...,
proclamar la buena nueva a toda la creación... (Mc 16,15), ser
testigos de Cristo, de su muerte y de su resurrección y predicar a
todas las naciones llamándolas a la conversión... (Lc 24,46‐48),
hacer discípulos a todos los pueblos..., bautizarlos..., y enseñarles
a guardar todo lo que Él nos ha mandado... (Mt 28,19.20). El ideal
de la misión es que llegue el día en el que todos hagan parte del
Reino de Dios y que se constituya “un solo rebaño con un solo
pastor” (Jn 10,16). Para alcanzar estos fines, Ella lleva a cabo su
tarea evangelizadora de manera ordenada y de acuerdo con
pasos o etapas.
El proceso se mueve precisamente porque
se apoya sobre esas estructuras: unas son
de decisión, otras de formación y
capacitación, otras de consulta y
animación, otras de comunión y
participación y otras de ejecución. Todas
sirven y todas existen porque son
integradas por personas ya iniciadas en su
fe y en la vida cristiana.
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