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El Charro Negro: La avaricia y su fin

La historia narra la vida de José Luis, un jornalero insatisfecho que, tras un encuentro con un misterioso charro negro, intercambia su hijo por riquezas. A medida que acumula fortuna, su avaricia lo lleva a sacrificar más hijos, pero al final, el charro regresa para cobrar su deuda, revelando que José Luis solo dejó un esqueleto en su lujoso ataúd. La leyenda advierte sobre el peligro de desear riqueza sin considerar las consecuencias.
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Temas abordados

  • velorio,
  • trabajo,
  • charro negro,
  • consecuencias,
  • muerte,
  • cambio,
  • moralidad,
  • familia,
  • cuerpo,
  • cambio de vida
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El Charro Negro: La avaricia y su fin

La historia narra la vida de José Luis, un jornalero insatisfecho que, tras un encuentro con un misterioso charro negro, intercambia su hijo por riquezas. A medida que acumula fortuna, su avaricia lo lleva a sacrificar más hijos, pero al final, el charro regresa para cobrar su deuda, revelando que José Luis solo dejó un esqueleto en su lujoso ataúd. La leyenda advierte sobre el peligro de desear riqueza sin considerar las consecuencias.
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  • cuerpo,
  • cambio de vida

“EL CHARRO NEGRO”

Hace muchos años, en una ciudad minera de México, numerosas familias de


jornaleros trabajaban en el campo o en las minas desde el amanecer hasta muy
tarde en la noche por no más que unos pocos pesos. Uno de ellos, José Luis,
como tantos, era un hombre trabajador e insatisfecho con la suerte que le había
tocado, cierta noche, al finalizar su jornada laboral, se dirigió a la cantina de
costumbre para soltar unas monedas a cambio de aguardiente y para descargar
sus penas en compañía de amigos y compañeros,

José Luis ahogaba sus lamentos en el alcohol junto a un amigo. “Daría cualquier
cosa por ser rico” se lamentó frente a su amigo,

en ese instante entró en la cantina un hombre alto y escuálido, de pómulos


sobresalientes y con los ojos hundidos. Iba vestido como un clásico charro, el
criador de ganado: chaqueta bordada, pantalón ajustado, y un buen sombrero de
ala ancha. En su cintura llevaba un lazo finamente trabajado. Lo llamativo era su
atuendo, completamente negro con botones de brillante plata. Pidió un tequila,
encendió un puro y luego, con su caminar relajado y su rostro inexpresivo, llegó
hasta la mesa de José Luis como si fuera el dueño del sitio.

“¡Buenas noches!, ¿José Luis era su nombre?”, expresó el forastero.

“Así es”, dijo el jornalero.

“No pude evitar escucharlo”, dijo el desconocido. “Si Ud. da lo que sea por ser rico
lo espero en la mina de Jacal a la medianoche”. Y se marchó a paso lento.

José Luis se quedó pensando en la propuesta del misterioso personaje. Después


de meditarlo, se calzó su sombrero, tomó sus herramientas y partió rumbo al lugar
convenido con el charro.

Cuando llegó a la mina, nadie se encontraba allí, pero se topó con una serpiente
enorme “El charro me habrá engañado... pero al menos puedo llevarme esta
serpiente y venderla mañana o pasado. Se pueden sacar dos o tres buenos
cinturones con su cuero” pensó, y se llevó el animal.

Depositó la serpiente en un viejo pozo de agua que se encontraba seco, lo tapó


con tablas y se fue a dormir. José Luis comenzó a soñar que la serpiente le
hablaba “Gracias por hacerme un lugar en tu casa, entre las buenas y gentiles
almas de tu familia... Mañana cuando despiertes dirígete a tu establo. Allí
encontrarás tu pago y serás rico, solo tendrás que darme a tu hijo varón a
cambio”.

A la mañana siguiente, José Luis - aún aturdido por los efectos del alcohol - se
dirigió al establo, donde encontró entre el acopio de grano unas bolsas llenas
hasta el tope de monedas de oro. El jornalero no salía de su asombro cuando la
voz de su mujer lo trajo de vuelta a la realidad:

“¡Ay! ¡Ay! ¡José Luis! ¡José Luis! ¡Nuestro hijo varón ha desaparecido!”.

Su mujer lloraba desconsolada y vio a su hija menor señalando el pozo. Al retirar


las tablas se encontró con una horrible imagen. Al fondo yacía el cuerpo
destrozado del hijo, pero de la serpiente no había rastros.

La riqueza le abrió las puertas a una nueva vida: dejó de trabajar en la mina,
compró las tierras alrededor de su casa y construyó una lujosa hacienda, adquirió
más animales, un carruaje, nuevas y elegantes vestimentas.

José Luis no estaba satisfecho y necesitó más. Entonces, la serpiente volvió a


aparecerse en sus sueños: “Dame más hijos y serás…

rico como nadie que hayas conocido”, le dijo.

La avaricia endureció el corazón de José Luis irremediablemente... Comenzó a


viajar a pueblos cercanos, donde se hizo de muchas amantes, a quienes
engañaba y dejaba encintas. Tras dar a luz, José Luis se aparecía exigiendo al
niño para su crianza. Luego entregaba sus nuevos hijos adonde la serpiente le
indicara, a cambio de más y más riquezas.
Poco a poco, la familia de José Luis se hizo increíblemente rica. Nadie se atrevió a
preguntar cómo es que llegaban a manos del ex minero sus riquezas y lujos. Pero
los años fueron pasando, y José Luis, ya viejo, enfermó y murió.

El velorio estuvo a la altura del hombre más rico de la región: exuberantes coronas
de flores, una enorme multitud presente, entre ellos las familias más reconocidas y
poderosas, un ataúd lujoso y un elegante traje para el muerto.

Por la puerta principal de la sala se hizo presente un charro alto y vestido de


negro:

“¡He llegado, José Luis, para cobrar el último pago!”.

El charro avanzó hasta donde reposaba el cuerpo de José Luis, tocó la tapa del
ataúd y luego salió de la sala entre carcajadas dejando un aroma nauseabundo,
entre flores podridas y azufre. Los presentes se persignaron y rezaron con fuerza.
Al abrir la tapa del ataúd con los restos de su amigo no encontraron más que un
esqueleto seco vistiendo las elegantes ropas del muerto.

Desde aquel día, se cuenta que cuando alguien reniega de su pobre situación
corre el riesgo de encontrarse con un misterioso charro vestido de negro que
carga consigo una bolsa rebosante de monedas de oro…

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