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2022 - 03 - 09 Fallo CNACC Danos Perjuicios Oralidad

oralidad

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O., D. F. c/ T., C. E.

s/ DAÑOS Y PERJUICIOS - ORALIDAD

Cita: 745/21
Nº Saij:
Nº expediente:
Año de causa: 2017
Nº de tomo: 056
Folio N° 455
Resolución N° 175
Fecha del fallo: 08/07/2021
Juzgado: Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial (Sala II) (Rosario) - Santa Fe
Jueces
Juan José BENTOLILA
Marcelo José MOLINA
Gerardo Fabián MUÑOZ

Tesauro > RESPONSABILIDAD DEL ESCRIBANO


Tesauro > DIVORCIO
Tesauro > DAÑOS Y PERJUICIOS
Tesauro > DEBER DE INFORMACION
Tesauro > OBLIGACIONES DE RESULTADO
Tesauro > DAÑO MATERIAL
Tesauro > DAÑO MORAL

CIVIL

CIVIL. RESPONSABILIDAD DEL ESCRIBANO. DIVORCIO. DAÑOS Y PERJUICIOS. DEBER DE


INFORMACION. OBLIGACIONES DE RESULTADO. DAÑO MATERIAL. DAÑO MORAL.
.

Texto del fallo

ACUERDO N°: 175. En la ciudad de Rosario, a los 8 días del mes de julio de dos mil
veintiuno, se reunieron en Acuerdo los vocales de la Sala Segunda -Integrada- de la Cámara de
Apelación en lo Civil y Comercial de Rosario, doctores Gerardo F. Muñoz, Marcelo J. Molina
y Juan José Bentolila, con el fin de dictar sentencia en los autos caratulados "O., D.F. C/ T.,
C.E. S/ DAÑOS Y PERJUICIOS - ORALIDAD" (CUIJ 21-xxxxxxxx-x), venidos para
resolver los recursos de apelación y nulidad interpuestos por la actora contra la sentencia n°
xxxx, dictada el 6 de noviembre de 2019 por el Juez de Primera Instancia de Distrito Civil y
Comercial de la 12da. Nominación de Rosario.
Efectuado el estudio de la causa, se resolvió plantear las siguientes cuestiones:

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1°) ¿ES NULA LA SENTENCIA IMPUGNADA?
2°) En su caso ¿ES JUSTA?
3°) ¿QUÉ PRONUNCIAMIENTO CORRESPONDE DICTAR?

Sobre la primera cuestión el doctor Gerardo F. Muñoz dijo:


El recurso de nulidad interpuesto por la actora a fs. 150, no ha sido fundado en esta instancia
de manera autónoma, no obstante lo cual cabe efectuar las siguientes reflexiones a tenor de la
arbitrariedad invocada en su escrito recursivo de fs. 180/191.
El objeto del recurso de nulidad es resguardar la garantía constitucional del debido proceso y
procede siempre que exista una indebida restricción al derecho de defensa, por violación u
omisión de las formas y solemnidades sustanciales que establecen las leyes (CCC Sta. Fe, Sala
1a., Z 29-R/15), de modo que, en principio, toda cuestión vinculada a la justicia intrínseca del
fallo debe canalizarse a través del recurso apelación (CCCRos., Sala 4a., Z 27-R/11).
En este contexto, y dado que los agravios expuestos por la recurrente versan sobre cuestiones
de fondo, es que no se detectan nulidades que deban ser declaradas de oficio (arts. 360 y 361,
CPCC) y que los cuestionamientos pueden ser tratados por la vía de la apelación, el caso
resulta captado por el principio de subsidiariedad del recurso de nulidad y por la consecuente
"absorción" por el recurso de apelación. Ello porque "cuando los gravámenes del recurrente
encuentran suficiente remedio en la revocación de la sentencia apelada (haciendo progresar el
recurso interpuesto), no procede declararlo nulo" (Jorge W. Peyrano, "Compendio de Reglas
Procesales en lo Civil y Comercial", Zeus, pág. 180).
En términos de Carnelutti, en casos como el presente, cabe dar paso entonces al principio de
"absorción de la invalidación por la impugnación", de modo que como consecuencia de la
absorción del recurso de nulidad por el de apelación, y con la finalidad de resguardar el
principio de validez de los actos jurisdiccionales, corresponde que el juzgador trate las
impugnaciones deducidas a título de nulidad como agravios en el marco del recurso de
apelación, subsanando todos los defectos de construcción que la resolución en sí misma
contenga y modificando el fallo de primera instancia sin declarar su nulidad, pues: "Cuando
los agravios pueden ser reparados por el recurso de apelación, no corresponde considerar el
recurso de nulidad" (LL, 1999-E, 54).
En el caso de autos, dado que no se advierten vicios extrínsecos en el procedimiento ni en la
sentencia que autoricen la declaración de invalidez de oficio y que los agravios pueden ser
tratados a título de apelación, corresponde desestimar este recurso.

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Voto, pues, por la negativa.
Sobre la misma cuestión el doctor Molina expresó idénticos fundamentos a los vertidos por el
doctor Muñoz y votó en igual sentido a la primera cuestión.
Sobre la misma cuestión el doctor Bentolila dijo que, advirtiendo la existencia de dos votos
totalmente concordantes, se abstenía de votar (art. 26, LOPJ).

Sobre la segunda cuestión el doctor Gerardo F. Muñoz dijo:


1. El caso.
La actora accionó contra el escribano demandado, por la suma de $250.000.- (doscientos
cincuenta mil pesos) o la que en más o en menos determine el tribunal, por los daños y
perjuicios producidos por el incumplimiento de sus deberes profesionales, atento a no haberle
brindado el asesoramiento correspondiente a los actos realizados por su intermedio el 2 de
noviembre de 2015, conforme enuncia en sus escritos de demanda y de ampliación de ésta.
El demandado efectuó una negativa general y particular de los hechos relatados, pero
reconoció su intervención en los actos de escrituración y certificación de firmas así como
también el contenido de los documentos públicos en los que se basa la accionante. Invocó la
aplicación del principio de la autonomía de la voluntad de las partes intervinientes y el pleno
consentimiento de éstas en torno a los actos celebrados y, en consecuencia, solicitó el rechazo
de toda responsabilidad porque su desempeño fue ajustado a derecho.
2. La sentencia impugnada (v. fs. 135/142).
2.1. El juez de primera instancia rechazó la demanda incoada, con costas a la accionante (art.
251, CPCC) por cuanto sostuvo -esencialmente-:
a) "Si bien es correcto entender que la responsabilidad por falta o defecto en el asesoramiento
puede fundarse en que la tarea notarial no puede reducirse a la mera confección de
documentos (dar forma a los actos pasados ante su registro), puesto que el escribano debe
ilustrar a las partes acerca de los alcances del negocio, conveniencia o inconveniencia, etc.,
comprometiéndose a observar un plan de prestación enderezado a brindar un 'consejo jurídico
eficaz', es menester ponderar que ese deber de responder como profesional frente a esta
observación recientemente aludida cesa cuando el supuesto daño ocasionado resulta de la
culpa de una o ambas partes otorgantes o de un tercero, jugando aquí un eximente de
responsabilidad" (v. fs. 140 vta., párr. 4°);
b) en función de lo establecido por los otorgantes del acto en las cláusulas primera ("Que
manifiestan bajo declaración jurada: 1) Que son plenamente capaces para otorgar el presente

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acto y que no pesa sobre ellos ninguna sentencia judicial de incapacidad") y segunda ("A tal
efecto, las partes prestan conformidad con las tasaciones efectuadas privadamente, y declaran
haberlas realizado cada uno de ellos con el asesoramiento de profesionales en la
comercialización de cada tipo de bienes.". Que manifiestan bajo declaración jurada...'), cabe
ponderar la conducta de las partes teniendo en cuenta la doctrina de los actos propios (v. fs.
141, párr. 3°, 4° y 5°);
c) de los juicios tramitados ante el Tribunal Colegiado de Familia n° 4, que fueron ofrecidos
como instrumental, se colige que "las demandas allí entabladas se orientan a obtener del ex
cónyuge -Sr. S.- una modificación del acto jurídico del régimen patrimonial -que es el
contenido objeto del instrumento base de esta demanda-, más una percepción de utilidades en
relación a todos los bienes distribuidos entre los que fue el régimen patrimonial del
matrimonio entre la hoy actora y el Sr. S., todo con su debida cautelar allí otorgada" y "... las
pruebas (confesional, testimoniales, instrumentales y periciales) dan cuenta que las partes que
conformaban aquel régimen patrimonial del matrimonio tenían pleno conocimiento de lo que
allí estaban firmando, pudiendo afirmar para este caso en estudio que las partes estaban en
plena capacidad de entendimiento de lo que estaban firmando; así lo determina
-específicamente- el informe del perito psicólogo glosado..." (v. fs. 141 vta., párr. 5° y 6°);
d) "los oficios contestados y agregados a estos autos principales (fs. 77/97 y 114/132) se
deduce que la actora posee conocimientos y prácticas laborales con capacitación más elevada
que un nivel secundario que hacen presumir de plena capacidad de entendimiento en cuanto a
los actos por ella llevados adelante...", lo cual sumado a los elementos citados en el punto
anterior conllevan a encuadrar la actuación de la actora como un eximente de responsabilidad,
además de que no puede hacerse cargar al profesional por el supuesto abuso del derecho que se
produjo con el acto, pues actuó "... como controlador del instrumento continente del acuerdo
de partes" y "el trabajo confiado... no fue más que volcar en un instrumento privado el acuerdo
ya celebrado..." (v. fs. 142, párr. 2° y 3°);
e) "... hace a la convicción de este sentenciante que no se ha demostrado autoría del accionado
sobre algún hecho que pueda entenderse como un incumplimiento de sus obligaciones,
faltando así el principal de los elementos específicos y fundantes de la Teoría de la
Responsabilidad, cual es el hecho generador, deviniendo en abstracto el tratamiento de los
demás elementos integrantes de la misma..." (v. fs. 142, párr. 4°).
2.2. Contra ese pronunciamiento se alzó la actora a través de los recursos de nulidad y
apelación, que fueron concedidos por el decreto del 28 de febrero de 2020, dictado a fs. 157.

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Radicados los autos en esta Sede, la recurrente expresó sus agravios a fs. 180/191, los que
fueron contestados por su contraparte a fs. 197/200. Y, una vez firme la providencia de autos
para sentencia (v. fs. 205/206 y 208/209), quedaron los presentes en estado de resolver.
3. La expresión de los agravios y su réplica (v. fs. 180/191 y 197/200, respectivamente).
3.1. La actora esgrime seis argumentos contra la sentencia de primera instancia, los que
desarrolla extensamente en su escrito recursivo y a partir de los cuales postula su revocación y
la consiguiente admisión de la demanda, con costas. Sus reproches se ciñen a las siguientes
cuestiones:
a) el juez omitió valorar y considerar los extremos que quedaron debidamente probados en
autos, entre estos, que el escribano reconoció -en su declaración testimonial- su falta de
cumplimiento del deber de asesorar a la actora, con lo cual desconoce prueba decisiva para la
solución del caso;
b) existió arbitrariedad en la valoración de la prueba, desde que el supuesto acuerdo previo
entre las partes en el que el juez funda la responsabilidad no existió, pues "... el Escribano no
conocía la voluntad de D.O. y mucho menos de la existencia de un 'presunto acuerdo previo' al
momento en que debió asesorar. De todos modos aún en caso de haber existido un acuerdo,
éste no lo habría eximido del deber de asesorar jurídicamente sobre el contenido y en especial
respecto de las severas consecuencias del mismo para O." (v. fs. 181 vta.) y, por otro lado, con
relación a la capacidad de la actora para comprender el acto "... omite considerar que con la
misma prueba documental obrante en autos, quedó acreditado que desde que contrajo
matrimonio hace casi treinta años atrás (a la fecha del acto notarial) nunca ejerció como
docente, y se desempeñó sólo como ama de casa... a la fecha de la firma el escribano ignoraba
los estudios que tres décadas atrás había realizado ella, ignoraba también la ocupación de la
otorgante, ama de casa, pues en la escritura no constan la ocupación de cada firmante. Pero el
escribano no ignoraba, que C.S. era y es asesor de empresas en lo comercial económico-
financiero y patrimonial esto lo sabía por su larga relación profesional con el ex cónyuge de la
Sra. O. todo lo cual quedó probado en la absolución de posiciones de C.S. en la instrumental
mencionada..." (v. fs. 182, punto 2);
c) se incurrió en contradicciones desde que luego de reconocer el Juez la responsabilidad del
notario, afirma: "... 'el trabajo confiado al escribano no fue más que volcar en un instrumento
privado el acuerdo ya celebrado, ... relevándolo del cuidado de ciertas diligencias (la de
asesorar?!) y sólo debiendo controlar el acto según sus obligaciones como escribano de
registro...' Para esto el sentenciante se limitó una vez más y sin fundamentación alguna a hacer

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suyas en forma textual las palabras del accionado en su conteste, porque no existe norma
alguna que faculta al escribano a 'volcar' en la escritura un presunto acuerdo de los firmantes
eximiéndolo de su deber de aconsejar. Más aun cuando la desproporción en las adjudicaciones
por la partición era y es tan evidente (art. 332 CCC)..." (v. fs. 183 vta.), máxime si se tiene en
cuenta que "las partes no estaban en igualdad de condiciones: S. estaba jurídicamente
respaldado por la presencia de su letrado Dr. G. B., la Sra. O. se encontraba sola sin
asesoramiento o consejo jurídico alguno, lo cual debió advertir el escribano" (v. fs. 184);
d) hay arbitrariedad en la sentencia puesto que "no considera que el Escribano al redactar el
instrumento, no pudo dejar de advertir Que estaba plasmando injustificadas, inequitativas
desproporcionadas y lesivas adjudicaciones", no vincula las normas de la responsabilidad civil
que invoca a la conducta demandada, omite que "... ha sido señalado como hecho generador
del daño la omisión de cumplimiento de la obligación de asesorar del notario" (v. fs. 184/185,
puntos 1, 2 y 3);
e) se cometieron groseras omisiones, en tanto existió, por un lado, "absoluta omisión del
tratamiento de la ampliación de la demanda y de los hechos nuevos denunciados contenidos en
la misma", que demuestran que el demandado "convalidó una farsa por la que se le hizo creer
a D. O. que sería titular de un Inmueble de cuya nuda propiedad eran y son titulares sus hijos
inmueble del que resultó ser simple administradora mediante un Poder otorgado por los
mismos con posterioridad, por escritura pasada también por ante el escribano T. sin eximición
de rendir cuentas. Todas ellas evidentes maniobras de violencia de género económica" (v. fs.
185 vta./186) y, por otro lado, "omisión absoluta del tratamiento del punto iv.- de la demanda:
'violencia de género económica'", frente a la cual "Las respuestas judiciales deben liberarse del
mandato cultural, abandonar la visión reduccionista del problema y comprometerse en la
construcción de los estándares necesarios para acabar con esta inaceptable forma de
discriminación de la mujer" (v. fs. 186 últ. parte y vta.); y
f) se efectuó una errónea aplicación del derecho, por cuanto "conforme las palabras del a quo
la obligación de asesorar del escribano surgiría sólo si interviniese un incapaz en la suscripción
de una escritura. esto es absurdo y contrario a derecho" (v. fs. 187 vta.) y "... hace mención a
que no es aplicable el abuso del derecho como eximente de la teoría de la autonomía de la
voluntad y que, en todo caso jugaría su aplicación en la acción incoada por la actora por ante
el Tribunal de Familia contra su ex cónyuge, convalidando la conducta del escribano siendo
que fue él quien modeló en el texto de la escritura semejante abuso del derecho de una de las
partes sobre la otra" (v. fs. 188 y vta.).

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3.2. El demandado replicó los agravios articulados por su contraparte y solicitó la
confirmación de la sentencia de grado por considerar que satisface adecuadamente el derecho
a la jurisdicción, encuentra apoyo en las pruebas aportadas y en las constancias de la causa con
base en los motivos que esboza en su memorial recursivo, a los que se remite en honor a la
brevedad.
4. La solución del caso.
4.1. El derecho Aplicable.
A fin de resolver adecuadamente el asunto traído a estos estrados, cabe aclarar primeramente
que el presente litigio se circunscribe a actos celebrados cuando ya se encontraba vigente el
actual Código Civil y Comercial, por lo que la labor revisora se circunscribe a dicho contexto
jurídico, por ser el que regía al momento de los hechos que motivaron la presente acción de
daños y perjuicios (noviembre de 2015 y junio de 2016), todo ello de acuerdo a lo dispuesto en
el art. 7 del CCC.
4.2. Examen de la plataforma fáctica, la litis y la materia recursiva.
4.2.1. La actora relató que el 2 de noviembre de 2015, concurrió a la escribanía del demandado
y allí se instrumentó en una escritura pública la modificación del régimen patrimonial del
matrimonio y la adjudicación por partición de bienes, la cual fue otorgada por ella y quien era
su esposo por entonces, pero no sólo fue suscripta por ambos sino también por dos de sus hijos
(v. fs. 6/9). Luego, agregó en la ampliación de demanda que en esa misma fecha, se procedió a
la certificación de las firmas de un acuerdo privado, celebrado por ambos cónyuges, en el que
-además de lo ya estipulado- convenían que el Sr. S. le abonaría mensualmente cierta suma de
dinero durante tres años y también ella recibiría el total del canon locativo de un inmueble,
respecto del cual los hijos en un plazo de seis meses le otorgarían la nuda propiedad (v. fs.
65/66), operación ésta que sería solventada por el mencionado.
En ese contexto, le atribuye al notario que, en tal oportunidad, no cumplió con sus
obligaciones, puntualmente, la de asesorar sobre el contenido de los actos que se llevaban a
cabo y de controlar que se ajustasen a derecho, con lo cual permitió su concreción y, de tal
modo, su ex esposo se quedó con la totalidad de la masa de los bienes gananciales, excepto un
automotor de escaso valor que fue el único bien que le fue adjudicado, todo lo cual denota una
evidente desproporción en la distribución, una absoluta inequidad y una desnaturalización del
principio de la autonomía de la voluntad que le ocasionó la insolvencia
Asimismo, puso el acento en la clara ignorancia que tenía sobre los aspectos legales que se
convenían, lo cual podía colegirse de la diferente posición de los cónyuges, siendo que su ex

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esposo era asesor de empresas en lo comercial, económico-financiero y patrimonial, mientras
que ella era una simple ama de casa siendo, por lo tanto, la parte débil de la relación y la única
que no estaba jurídicamente asesorada, en tanto el mencionado se encontraba asistido por su
abogado (quien a su vez es el representante del demandado en estos autos). Invocó también
una situación de violencia de género económica que se vislumbra en los actos celebrados entre
los excónyuges que amerita tener en consideración los tratados de derechos humanos con
rango constitucional, específicamente la Convención sobre la Eliminación de todas las formas
de Discriminación contra la Mujer.
Por lo demás, en su escrito de ampliación de demanda, manifestó que el 16 de junio de 2016 se
labró la escritura restante, por medio de la cual sus tres hijos le otorgaron poder especial de
administración y disposición del inmueble sito en calle 9 de Julio (v. fs. 61/64) pero sin
eximirla de rendir cuentas, por lo cual invocó que no sólo fue perjudicada por la falta de
asesoramiento sino que fue inducida por error y engañada por una maniobra que no podía ser
desconocida por el Escribano, quien incurrió en mala praxis por incumplimiento de sus
deberes, o bien, connivencia con su ex marido -quien era su cliente- para perjudicarla
económicamente.
4.2.2. El demandado alegó que fueron las partes interesadas en que se llevase a cabo el acto
jurídico quienes lo condujeron a actuar de la manera que lo hizo, puesto que "la negociación
ya estaba concertada y la voluntad de las partes fue explícita y expresa en tal sentido,
solicitando la intervención del notario al sólo efecto de elevar a escritura pública un acuerdo
privado ya celebrado" (v. fs. 52 vta.).
Arguye entonces en su contestación de demanda -lo cual ratifica en su alegato en la audiencia
oral- que "la accionante no puede volverse contra sus propios actos, dado que el acuerdo de
partición lo ha suscripto como persona adulta y jurídicamente capaz. No hubo por parte de la
actora, ignorancia o error con referencia a las consecuencias del acto que celebraba ante el
notario, así como tampoco el ejercicio de violencia física...", desde que "... ambas partes
conocían el contenido y consecuencias del acto a suscribir, no sólo por la lectura del acto por
parte del notario, sino también por las circunstancias que rodearon al mismo. Se trataba pues,
de una negociación privada y decisión absoluta de las partes, que como tal respondía a la
entera voluntad de las mismas, y que sólo requería el otorgamiento de la escritura pública con
el único e inequívoco fin de cumplimentar los requisitos legales establecidos por el código de
fondo" (v. fs. 48 y vta. y video grabación de la audiencia de producción de pruebas y alegatos).
4.2.3. De un primer examen de los hechos relatados por las partes, cabe señalar que ambas

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reconocen los actos celebrados con su intervención así como la participación del notario, ya
sea en la instrumentación del acto celebrado o con la certificación de firmas.
Por otra parte, surge de la copia de la escritura glosada a fs. 6/9, que la misma fue suscripta por
dos de los hijos que tienen en común los ex cónyuges pese a ser ajenos al acto allí contenido,
tal como adujo la accionante, así como también que los hijos no firmaron el acuerdo privado
con firmas certificadas ante el escribano, pese a que en el punto 3), se convino que la actora
recibiría la nuda propiedad que detentaban los mismos respecto del inmueble (sobre el cual
aquélla ostentaba el 50% del usufructo) y que dos de ellos se encontraban presentes en el
lugar, según documental adjunta a fs. 65/66. Si bien no se trata de un dato determinante para la
solución del litigio, es un alto indicio del entorno que se configuraba alrededor de la actora al
momento de la firma de la escritura, donde aparece una supuesta contención y acuerdo
familiar que en lo único que deriva es en un claro perjuicio patrimonial a una semana de estar
separada de hecho del padre de sus hijos.
De acuerdo con los planteos de las partes, se observa que el litigio no ha quedado reducida a
una cuestión de puro derecho -como alegó el demandado en la audiencia oral- sino que se
debía verificar si de conformidad con las constancias de la causa era procedente la atribución
de responsabilidad pretendida.
4.3. El análisis de los agravios reseñados al punto 3.1. conlleva, en definitiva, a revisar el
tratamiento de los presupuestos de la responsabilidad que se achaca al demandado y que funda
la acción, a la luz de las probanzas colectadas en el juicio.
Por lo tanto se procederá al estudio conjunto de los reproches a medida que se avanza en el
reexamen de la cuestión de fondo que delimitó el debate en primera instancia y que, frente al
rechazo de la acción entablada, constituye ahora el núcleo de la materia recursiva.
4.4. La atribución de responsabilidad.
4.4.1. La conducta antijurídica y el factor de atribución.
a) Estamos ante un supuesto en el que se le atribuye al escribano la responsabilidad civil por
haber incumplido con el deber de asesoramiento que tenía a su cargo, obligación ésta que es
reconocida por el accionado en su contestación de demanda, cuando expresó: "Es cierto que es
un deber fundamental del Escribano el asesorar y controlar que aquel acto del cual da fe se
ajuste a derecho" (v. fs. 45, párr. 2°) pero que: "Es absolutamente falso que... no hubiere dado
estricto cumplimiento a sus deberes notariales" (v. fs. 45, últ. párr.) y que "... luego de explicar
las conveniencias y consecuencias jurídicas de modificar el régimen de comunidad por el de
separación, y no encontrándose viciada la voluntad de ninguno de los otorgantes, el notario

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procedió a instrumentar el acto en crisis" (v. fs. 46, párr. 3°).
Existe un amplio consenso en la doctrina científica moderna acerca de que el escribano no
reviste la calidad de funcionario público pero que su actividad excede la meramente privada.
Se lo califica como un profesional de derecho que ejerce una función pública (Ver Bueres,
Alberto J., "Responsabilidad civil de los escribanos", en Bueres, A. J. (dir.) y Highton, E. I.
(coord.), Código Civil y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencial, t. 4B,
Buenos Aires, Hammurabi, 2007, p. 734; Bustamante Alsina, Jorge, Teoría general de la
responsabilidad civil, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1987 (5ª ed.), §1451, p. 473; Calvo
Costa, Carlos A., "La responsabilidad civil notarial", en Doctrina Judicial, Buenos Aires, La
Ley, 8/3/2006 (cita online AR/DOC/1006/2006); Compagnucci de Caso, Rubén H.,
"Responsabilidad de los escribanos", en La Ley, Buenos Aires, La Ley, t. 1999-B (cita online
AR/DOC/4945/2001); De Cupis, Adriano, "La responsabilidad civil del notario", en Revista
del Notariado, Buenos Aires, Colegio de Escribanos de la Capital Federal, Nº 634, 1957,
p. 456; Ferrari Ceretti, Francisco, "Responsabilidad civil del escribano", en Jurisprudencia
Argentina, Buenos Aires, Jurisprudencia Argentina, t. 1986-II, p. 722; Gregorini Clusellas,
Eduardo L., "Honorarios del escribano designado irrevocablemente en caso de reemplazo
incausado", en La Ley, Buenos Aires, La Ley, t. 1989-B (cita online AR/DOC/7019/2001);
Lloveras de Resk, María E., "La responsabilidad civil del escribano público", en El Derecho,
Buenos Aires, Universidad Católica Argentina, t. 105, 1984, p. 929; Piñón, Benjamín P.,
"Responsabilidad de los escribanos públicos", en Stiglitz, R. S. y Trigo Represas, F. A.
(dirs.), Derecho de daños. En homenaje al profesor doctor Jorge Mosset Iturraspe, Buenos
Aires, La Rocca, 1988, p. 498; Savransky, Moisés J., Función y responsabilidad notarial,
Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1962, p. 115).
La Corte Suprema de Justicia de la Nación siguió esta misma postura por la que en algunos
precedentes; así, el 18 de diciembre de 1984, en la causa "Vadell", dijo: "10) [...] si bien no
caben dudas de que el fedatario cumple una función pública por la investidura con la que el
Estado lo somete a su superintendencia [...] ..... En efecto, no existe dependencia orgánica
respecto de los poderes estatales cuyas plantas funcionales no integra, no está sometido al
régimen de jerarquía que le es propio ni se dan a su respecto otras características de un vínculo
permanente con la Administración como puede serlo, en su medida, la remuneración...11) Que
en tales condiciones, se lo puede definir como un profesional del derecho afectado a una
actividad privada, pero con atributos que en parte lo equiparan a la gestión pública... CSJN,
18/12/1984, "Vadell, Jorge Fernando c/ Buenos Aires, Provincia de s/ indemnización",

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apartados 10 y 11 (Fallos, 306:2030;La Ley, t.1985-B; Expresó similar línea de pensamiento el
10/5/2005, en "Badaro, Marcelo c/ Provincia de Santiago del Estero" (Fallos, 328:1421): "es
un profesional del derecho afectado a una actividad privada, con atributos que en parte lo
equiparan a la gestión pública, en tanto sus actos, vinculados al comercio jurídico privado dan
fe de esas relaciones privadas").
Sobre la temática de la responsabilidad de los escribano se explica que: "La función notarial
inherente al documento es unitaria y comprende las siguientes tareas: 1) El asesoramiento de
las partes. 2) La confección del documento -que supone la satisfacción de varios recaudos,
entre ellos, el apropiado estudio de títulos-. 3) La labor fedante o autenticadora. 4) La
conservación del protocolo y el deber de expedir copias de las escrituras.
"Asimismo, el notario debe cumplir la legislación registral, realizando los actos previos
necesarios para confeccionar un documento eficaz y un negocio sustancialmente válido, y los
actos ulteriores vinculados con la tarea inscriptora" (Bueres, Alberto, "Responsabilidad civil
del escribano", Hammurabi, Buenos Aires, 1984, p. 83).
En lo que atañe al deber que subyace en el conflicto de autos, deviene importante recordar lo
que desde hace tiempo tenía dicho este destacado autor: "En algún tiempo la doctrina retaceó
la importancia del asesoramiento que el notario ha de efectuar respecto de las partes. De esta
manera, se tendió a irresponsabilizar al profesional por la falta de eficiencia en sus consejos,
reduciéndose -por ese camino- el tenor de las tareas notariales al considerárselas proveniente
de un simple confeccionador de documentos.
"El criterio resulta inaceptable en la actualidad, pues la doctrina y las numerosas conclusiones
obtenidas en convenciones y congresos, coinciden en que el escribano no puede limitarse a dar
forma a los actos pasados ante su registro, sino que debe ilustrar a las partes acerca de los
alcances del negocio, de su conveniencia, inconveniencia, etcétera" (Bueres, ob. cit. p. 84 y
85).
En sentido coincidente, se ha expresado: "Anteriormente, la doctrina restaba importancia al
asesoramiento que podía efectuar el notario a las pares, Se consideraba al escribano como un
simple documentador. Hoy el criterio ha evolucionado. El notario debe recoger la voluntad de
los sujetos negociales, interpretarla, encuadrarla jurídicamente, asesorarlos, explicarles el
contenido del acto que quieren instrumentar, sus alcances, inconvenientes, etcétera" y a fin de
resguardar su responsabilidad profesional se ha indicado que ante cuestiones en torno a las
cuales existieren diferentes posturas: "En la práctica notarial, muchos escribanos hacen firmar
a las partes una declaración en la que admiten conocer tales divergencias doctrinales" (Di

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Próspero, Mariana, Responsabilidad profesional del escribano, en "Responsabilidad
profesional 2", dirigida por Carlos A. Ghersi, Astrea, Buenos Aires, 1995 p. 44).
Ahora bien: no obstante su denodado esfuerzo por negar la conducta omisiva que se le endilga,
lo cierto es que ésta ha sido debidamente acreditada en función de los propios dichos del
demandado, quien el 22 de mayo de 2018, declaró como testigo ante el Tribunal Colegiado de
Familia Nro. 4 de esta ciudad (en los autos caratulados "O., D. F. c/ S., C. E. s/ Otras acciones
no nomencladas", CUIJ 21-xxxxxxxx-x, causa que fue ofrecida como prueba instrumental y
que fuese remitida a este Tribunal en fecha 15 de junio de 2021- fs- 238) -cuyo testimonio fue
reconocido en autos al contestar la demanda, v. fs. 47, párr. 2°). Al ser preguntado acerca de su
actuación profesional y el cumplimiento de sus deberes notariales en los actos objeto del
litigio, contestó: "... estando todos presentes, leí la escritura en su totalidad, y todos firmaron
de conformidad..." y luego, al ser repreguntado en dos oportunidades en torno al
asesoramiento a la Sra. O., se remitió a lo expresado precedentemente.
Lo expuesto deja al descubierto el incumplimiento que se le achaca, pues -a pesar de que el
demandado asevera haber dado cumplimiento a los deberes notariales y por tal motivo niega
enfáticamente la mala praxis que se le atribuye- no puede soslayarse que la mera lectura del
documento instrumentado lógicamente que no implica el asesoramiento profesional respecto
de las consecuencias del acto que se suscribe ni mucho menos de conveniencia o
inconveniencia para las partes.
A su vez, es dable destacar la contradicción en que incurre el demandado, quien en el escrito
de contestación de demanda primero reconoce su deber de asesor y, luego, a renglón seguido
se desdice en cierto modo al afirmar: "... el trabajo confiado a nuestro mandante no era más
que volcar en un instrumento que reuniera las formalidades de ley el acuerdo ya celebrado y
concertado entre ellas" (v. fs. 45, párr. 4°).
Desde luego que ninguna incidencia posee en la conducta antijurídica que se le atribuye, el
hecho de que la actora fuera una persona adulta, capaz y con preparación universitaria, pues
estas cualidades en modo alguno lo eximían de cumplir con sus deberes legales.
b) Estamos ante un supuesto de responsabilidad profesional cuyo factor de atribución es
objetivo puesto que la obligación asumida por el notario en su desempeño profesional es de
resultado, tal como lo sostiene la doctrina que asiste a la postura mayoritaria, entre quienes se
encuentran notables juristas, entre ellos Bueres, quien indica: "La obligación de asesorar a las
partes es de fines. El escribano, al igual que el abogado, se comprometen a observar un plan de
prestación enderezado a que se obtenga un consejo jurídico eficaz (deber de resultado)" (ob.

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cit., pág. 85).
En este sentido, Bustamante Alsina ha indicado: "En cuanto a la naturaleza de la obligación es,
sin duda, una obligación de resultado pues el escribano se compromete al otorgamiento de un
instrumento válido en cuanto a las formalidades legales que él debe observar como
autorizante" ("Teoría general de la responsabilidad civil", 8va. ed. ampliada y actualizada,
Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1993, p. 528; v. tb. El perfil de la responsabilidad civil al
finalizar el siglo XX, en "Responsabilidad por daños en el tercer milenio", Homenaje al Prof.
Dr. Atilio Aníbal Alterini, Abeledo Perrot, Buenos Aries, 1997, p. 15).
Con igual criterio, Trigo Represas señala: "... en general nuestra doctrina y jurisprudencia
entiende que el contrato que se concluye entre el notario y su cliente es de locación de obra,
siendo la obligación por él asumida de resultado, dado que el escribano se compromete: a
otorgar un instrumento válido en cuanto a las formalidades legales que el mismo debe observar
como autorizante, y a su inscripción en su caso en el registro respectivo, para que el negocio
jurídico ante él pasado adquiera eficacia erga omnes" (Responsabilidad civil de los escribanos,
en "Responsabilidad civil de los profesionales", Astrea, Buenos Aires, 1978, pág. 130 y "La
responsabilidad del escribano público", en Morello, Augusto, Agoglia, María M., Boragina,
Juan P., Meza, Jorge A. (coords.), Las responsabilidades profesionales, libro homenaje al Dr.
Luis O. Andorno, Librería Editora Platense, La Plata, 1992, p. 350).
En este entendimiento se ha afirmado que: "... la responsabilidad civil del notario por el
ejercicio de la fe pública es de naturaleza objetiva, es decir que sobre él reposa el deber
objetivo de reparar cuyo factor de atribución es la seguridad. Para eximirse de responsabilidad
el notario debe acreditar que existió caso fortuito (art. 514, Cód. Civ.), fuerza mayor o una
causa ajena estrictamente clasificada por la ley, que debe determinar exactamente cuáles son
los hechos que liberan de responsabilidad" (Gasparoti, Viviana, "La responsabilidad civil del
notario", en Revista de Derecho de Daños, 2005-1: Responsabilidad de los profesionales del
Derecho (abogados y escribanos), dirigida por Ricardo Luis Lorenzetti y Julio César Rivera,
1ra. ed., Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2005, p. 239, citando a Bueres, op. cit, p. 60 y Alterini,
Atilio A., Caso Fortuito, en Alterini, Atilio A. y López Caban, Roberto M., "Enciclopedia de
la Responsabilidad Civil", Buenos Aires, 1997, T. II, pág. 104 y ss.).
Cabe entonces poner de resalto que más allá de las distintas posturas que se entroncan en
materia de la responsabilidad bajo estudio: "Es claro para quienes pregonan que el escribano
está objetivamente obligado -postura que aquí se sostiene-, que dicho profesional tendrá que
demostrar la ruptura del nexo causal (casus) para lograr eximirse de responsabilidad (doctrina

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que recoge el Código Civil y Comercial). Mientras que para los que sostienen que sobre el
notario pesa una presunción de culpa (iuris tantum), el notario podrá desvirtuar dicha
presunción demostrando su actuar diligente (prueba de la no culpa). Y tenemos exponentes de
todos los colores posibles" (Padilla, Rodrigo y Padilla, Javier, "Sobre la función del notario y
su consecuente responsabilidad civil", LL 2017-B, 292, AR/DOC/625/2017).
De todos modos, valga destacar por último que aún la doctrina que considera que el
asesoramiento notarial es una obligación de medios, señala: "El escribano solo se compromete
a brindar un asesoramiento jurídico diligente. Por ello, sí deberá responder de los daños que se
deriven de la instrumentación de un acto que ostente un riesgo significativo de ser atacado" y
en torno a ello se entiende que: "Es aconsejable, sin embargo, que el escribano informe a los
otorgantes de los riesgos que pueden presentarse en instrumentaciones de actos jurídicos con
dudas científicas significativas, con el objetivo de afrontar sólidamente eventuales
reclamaciones de daños. Con esta orientación, apunta Le Tourneau: Los notarios deber tener la
precaución de preconstituir las pruebas de su diligencia [...] es prudente de hacerse escribir por
la propia mano de sus clientes un documento firmado por ambos, donde en términos simples
se deje constancia de lo sustancial del consejo" (Alterini, Ignacio E., "Alcances del deber de
responder del escribano en el Código Civil y Comercial", Revista 934, octubre - diciembre
2018, citando a López Mesa, Marcelo J. y Trigo Represas, Félix, A., "Responsabilidad civil de
los profesionales", Buenos Aires, Abeledo Perrot, 2005, p. 287/288).
c) En otro orden de ideas, cabe poner de resalto, que no se le atribuye violencia económica al
notario sino que la actora postula -con toda razón- que el análisis del caso ha de ser evaluado a
la luz de los tratados internacionales que protegen a la mujer y por los cuales se les impone a
los Estados la obligación de garantizar el principio de igualdad y de adoptar medidas para la
eliminación de toda discriminación que pudiera perpetrarse en su contra en los asuntos
relacionados con el matrimonio, ya sea durante su vigencia o disolución. (cfr. arts. 2 y 16,
Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer).
Al respecto, son numerosos los instrumentos internacionales que brindan amparo a los
derechos invocados pues no sólo es el instrumento enunciado sino, especialmente, la
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer
-más conocida como "Convención de Belem Do Pará"-, las 100 Reglas de Brasilia sobre
acceso a la justicia de personas en condición de vulnerabilidad, así como también aquellos
otros tratados internacionales de derechos humanos que no refieren únicamente a las mujeres
(v. gr. Pacto de San José de Costa Rica, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,

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Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).
Por cierto, este extremo legal ha sido reconocido por el demandado (v. fs. 45 vta., punto II D),
además de ser suma importancia y correctamente invocado por la actora para fundar su
pretensión, puesto que no puede eludirse bajo pretexto alguno un juzgamiento sin atender a
una perspectiva de género que se impone a partir de las circunstancias que rodean el caso y
que permiten inferir la evidente situación de desventaja en que se hallaba la actora frente a los
actos que se efectivizaron por ante el escribano, no sólo por su condición de mujer sino por el
rol que tenía en la relación de pareja, su condición de ama de casa ajena a los negocios
comerciales y al manejo del patrimonio de la sociedad conyugal.
Valga señalar que el demandado insiste en que la ignorancia que invocó la actora habría
quedado absolutamente desvirtuada por ser ésta profesora en Ciencias Económicas, con lo cual
sostiene que cuenta con un conocimiento medio y, por lo tanto, dista de ser una persona
ignorante como sostuvo, pero no puede eludirse que en autos ha quedado acreditado que la
demandante comenzó a trabajar en el ámbito educativo pero con posterioridad a la celebración
de los actos cuestionados y del divorcio vincular -por caso de necesidad- que tuvo por disuelto
el matrimonio con su ex marido (v. fs. 116/132, respuesta al oficio cursado al Ministerio de
Educación).
No se juzga aquí la incomprensión de los actos por parte de la actora sino la realización de los
mismos sin contar antes con el debido asesoramiento legal en cuanto a sus efectos que pesaba
sobre el escribano, sin perjuicio de las aclaraciones que se realizarán a continuación sobre la
pericia psicológica practicada en la causa que tramita por ante el fuero de familia.
Por lo tanto, resultan insuficientes las afirmaciones que vierte el demandado en su alegato oral
en cuanto sostiene la comprensión del hecho al momento de la firma por parte de la actora en
función que del citado peritaje psicológico surge que ella dijo que "los hechos fueron relatados
de modo ordenado y claro, dando cuenta de sus recursos cognitivos al momento de firmar la
documentación" o en cuanto a que de las declaraciones testimoniales de los hijos se desprende
que "se plasmó un acuerdo familiar que todos conocían perfectamente lo que se estaba
firmando". Ciertamente que la pericia psicológica sostuvo mucho más que esa mirada parcial
que hace la demandada.
Y ello por cuanto la falta de un asesoramiento adecuado y de carácter obligatorio para el
notario interviniente también ha sido considerado como un elemento esencial en el reciente
fallo 1685 de fecha 8 de junio de 2021, del Tribunal Colegiado de Familia Nro. 4 de esta
ciudad en autos "O., D.F. c. S. C. s. Otras acciones no nomencladas", Cuij 21-xxxxxxxx-x,

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venidos a esta Sala con carácter previo al dictado del presente Acuerdo. En dicha resolución se
lee -en sentido concordante- a lo analizado precedentemente: "... Extremos a los que se suma
la falta de asesoramiento de la Sra. O.. Quedó probado que al momento de otorgar el acto
jurídico en crisis se encontraban presentes en la Escribanía su titular -Escribano C.E.T.- las
partes, sus hijos M. y A. y el abogado del demandado, Dr. C.G.B. -letrado patrocinante del Sr.
S. en autos y en el trámite de divorcio vincular-. En tal sentido son coincidentes los
testimonios de M, y A,S. -respuesta a los pliegos de fs. 167 u 168-. El notario interviniente
-conforme posición 8° de la confesional rendida- actúa como tal en empresas en las que el Sr.
S. es accionista y/o director y/o administrador y/o empleado, tuvo a su cargo la elaboración y
redacción de la Escritura de Modificación del Régimen Patrimonial y Adjudicación de bienes
del matrimonio -absolución 6° posición-, a quien -reitero- el demandado le proporcionó el
inventario de los bienes de la masa ganancial para la confección de las hijuelas de
adjudicación -absolución 9ª. posición-. El Escribano C.E.T. ha prestado declaración
testimonial a fs. 187 a tenor del pliego agregado a fs. 185. Las omisiones y respuestas evasivas
en que incurre respecto de las circunstancias del asesoramiento a la Sra. O. -conforme
repreguntas primera y segunda-, permiten confirmar que la actora no tuvo asesoramiento
alguno de parte del escribano, ni antes ni en ocasión de otorgar el acto jurídico en crisis"
(fs.415/vta).
En consecuencia, se concluye en que el escribano se limitó a formalizar el acto conforme lo
que le solicitó su cliente, ex cónyuge de la actora, y su posterior inscripción, pero no demostró
haber asesorado a la actora acerca de las consecuencias, ventajas, desventajas, conveniencia
del acto celebrado por su intermedio.
d) La autonomía de la voluntad.
Insiste el demandado en que las partes habían consensuado el contenido del acto y que él sólo
se limitó a su formalización, textualmente señaló: "... tratándose el supuesto que nos ocupa de
una partición privada que tuvo su origen en la opción del cambio de régimen convenido por las
partes -del de comunidad de bienes al de separación - rige de modo irrefutable el principio de
autonomía de la voluntad, y por ende la libertad de las partes de partir en forma y modo
acordada" (v. fs. 49, párr. 2°).
Por su parte la actora dice que su contraparte se limitó a invocar la autonomía de la voluntad
pero que ésta cede ante el abuso del derecho y la ventaja patrimonial sin justificación y
evidente desproporción que significaron los actos instrumentados (art. 332, CCC), por los que
se vio afectado el orden público, de modo que debe atenderse al límite del citado principio

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dado por los valores superiores, como ser la protección de la justicia cuando no hay una
relación de igualdad (conforme sostuvo en el alegato in voce).
Más allá de tales premisas, no puede desconocerse que ante un planteo concreto sobre la
cuestión -que no es precisamente el meollo del debate que subyace en los presentes- habrá de
ponderarse de manera integral el ordenamiento jurídico y los principios generales del derecho
que deben ser analizados en definida para la solución del caso, como lo es el ejercicio regular
de los derechos (arts. 2 y 10, CCC).
Pero, además se lee textualmente en la sentencia 1685/21 del Tribunal Colegiado de Familia
Nro. 4 de Rosario que "en respuesta a los puntos periciales -punto A- la perito psicóloga indica
'que la examinada padeció síntomas de malestar, que incluyen angustia, desilusión,
atravesamiento de un duelo por separación, sentimientos de culpabilidad entre otros, durante el
período de la separación y los meses subsiguientes al hecho...' y en la ampliación de puntos
periciales -punto A- afirma 'la actora relata que tuvo conocimiento de lo que se acordaba en el
convenio, siendo consciente de su consentimiento de pesar de que se encontraba bajo una
profunda tristeza, culpa y malestar subjetivo debido a los hechos. Señaló su culpabilidad de
actuar y comprender la naturaleza de los actos que llevó a cabo' La Sra. O., separada del señor
S. el día 25 de octubre de 2015 - según afirma a fs. 171- concurrió el 2 de noviembre de 2015
a la Escribanía del Escribano T. don la llevaron sus hijos M, y A, desde la localidad de
xxxxxxx ..'porque en su momento el auto no lo tenía y la fuimos a buscar. Después de que se
firma, se vuelve en el auto que se le dio a mi mamá, un CROSS FOX..' -respuesta de A,S. a la
7° pregunta del pliego testimonial-, para suscribir la Escritura Pública del caso, sin profesional
alguno que la acompañe y asesore,.. Como contrapartida, el Sr. S., a más del conocimiento y
experiencia que supone el manejo de todos los negocios y bienes del matrimonio, contó con el
asesoramiento de su letrado y notario de confianza para la elaboración de un acuerdo suscripto
a los ocho días de haberse separado las partes, 'blindado' por el apoyo y la presencia de sus
hijos en el otorgamiento del acto, quienes además firmaron la escritura sin ser necesario pero 'a
pedido del padre' -así el testimonio del Escribano T. de fs. 187 en respuesta a la pregunta 5°-"
(fs.415 vta.).
¿Puede sostenerse la autonomía de la voluntad en el contexto familiar, social, y en la situación
de debilidad -en el sentido más amplio de la misma- en que la actora se encontraba conforme
lo que se ha relatado en el presente Acuerdo? La prueba colectada entre estos caratulados y los
que se encuentran en trámite por ante el Colegiado de Familia Nro. 4 de esta ciudad, resulta
concluyente para que no pueda argumentarse seriamente sobre la "supuesta" autonomía de la

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voluntad de la actora.
4.4.2. Daño y la relación causal. La responsabilidad derivada del incumplimiento de los
deberes que se hallaban a cargo del escribano resulta contundente al respecto, tanto por la
documental agregada en autos como de las pruebas recabadas en el juicio tramitado ante el
Tribunal Colegiado de Familia Nro. 4 (testimonial del hijo, documental, testimonial del propio
demandado y constatación judicial) y la posterior sentencia allí recaída. De dichos elementos
probatorios se desprende la pérdida del patrimonio ganancial que, en principio, le correspondía
a la actora, su desarraigo, su necesaria inserción en el mercado laboral con posterioridad a la
celebración de los actos instrumentados, el lógico descenso del nivel económico de vida que
padeció como consecuencia de los actos concertados, los que fueron instrumentados por el
notario sin el debido asesoramiento previo que tenía a su cargo y que era su obligación, y la
innumerable cantidad de acciones judiciales que debió iniciar en resguardo de sus derechos.
En efecto, se encuentra probado el incumplimiento por parte del escribano en la relación con la
actora, en su carácter de parte interviniente en el acto notarial, de modo tal que estaba a su
cargo la prueba para exonerarse de responsabilidad (esta inversión de la carga probatoria está
sostenida en la doctrina, así puede verse: Di Próspero, Mariana, ob. cit. dirigida por Ghersi,
Carlos p. 42), prueba que no se ha producido en autos ni en los que tramitaron ante el Tribunal
de Familia.
4.5. Cuantificación del daño. La actora peticionó por daños y perjuicios, en su escrito de
demanda, la suma de $250.000.- (importe menor al que se plasmó en el acta de mediación
prejudicial), o lo que en más o en menos determine el tribunal.
Que al momento de demandar, la actora no ha calificado el rubro por el cual realiza la
estimación de daños y perjuicios; sin perjuicio de ello aun cuando lo hubiera hecho, queda
reservado a los jueces el encuadramiento normativo de lo solicitado y probado en autos, lo que
enmarca en las previsiones de los artículos 1738 y 1741 del CCC.
Se le reconoce a los jueces una amplia libertad de argumentación en el ejercicio del iura novit
curia, "cuya aceptación se traduce en la necesaria libertad con que debe contar el sentenciante
para subsumir los hechos alegados y probados por las partes, dentro de las previsiones
normativas que rijan al caso. Libertad que subsiste en la hipótesis de que los litigantes
hubieran invocado la aplicabilidad de otras disposiciones" (Cf. Peyrano, Jorge, "El proceso
civil. Principios y fundamentos", Astrea, 1978, p. 96).
En consecuencia, "a modo de válida disgresión, conviene señalar que merced a la utilización
del iura novit curia el juez no sólo puede y debe apartarse de las normas de fondo alegadas por

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las partes..." (Cf. Peyrano, Jorge, "Libertad de argumentación de los jueces al momento de
dictar sentencia", Revista de Derecho Procesal, Rubinzal Culzoni, 2008-1, p. 87).
Es por ello que se predica que el juez en lo civil y comercial tiene amplitud respecto de la
elección de la fundamentación jurídica de su sentencia, no estando obligado a seguir las
alegaciones que sobre el derecho aplicable han realizado las partes.
Alfredo Rocco decía: "La norma jurídica es conocida por el juez por el solo hecho de su
publicación (iura novit curia) y aun cuando la norma aplicable al caso no aparezca
inmediatamente evidente al juez, éste debe deducirla por vía de razonamiento del Derecho
vigente y no puede eximirse de juzgar bajo pretexto de deficiencia u oscuridad de la ley. En
esta determinación de la norma aplicable, el juez no está vinculado por las demandas de las
partes, si bien éstas pueden, para mejor obtener el fin remoto de la acción (emisión de una
sentencia favorable), presentar argumentaciones sobre las normas legales que creen aplicables;
pero el magistrado no está obligado a seguirlas en este campo y puede muy bien aplicar una
norma no invocada por ninguna de las partes". (Rocco, Alfredo, "La sentencia civil", El Foro,
2003, p. 185).
Para el caso del daño moral cabe relevar, por lo demás, a la actora del deber de probar su
existencia cuando éste surge por sí mismo y flexibilizar su acreditación cuando el mismo surge
con evidencia de acuerdo al curso normal de las cosas pues como lo ha expresado abundante
jurisprudencia: "La existencia del daño moral se tiene por acreditada por el solo hecho de la
acción antijurídica y por la titularidad del accionante, es una prueba que surge inmediatamente
de los hechos mismos" (Cám. Civ. y Com. Sala 4ª Integrada - Rosario, 16/06/99, "Sánchez,
Ángela c/ Municip. de Rosario s/ Daños y perjuicios"; Trib. Col. Resp. Extrac. 6° Nom. -
Rosario - 20/11/95 - "Forneris, Adrián R. c/ Herrera, Leandro y otro s/ Daños y perjuicios"; en
igual sentido Trib. Coleg. Resp. Extrac. N° 6-Rosario - 22/06/93 - "Stroppiana, Carlos c/
Fundición San Diego S. A. s/ Daños perjuicios", Trib. Col. Resp. Extrac. N° 6 - Rosario -
18/03/93 - "Caballero, María S. c/ Banco Francés del Río de la Plata y/u otro s/ Daños y
perjuicios", Trib. Coleg. de Resp. Extrac. Nº 6 - Rosario - 03/08/92 - "Aparicio, Sergio O. c/
José Chalup y/u otros s/ Daños y perjuicios", Trib. Col de Resp. Extrac. 6º Nom. - Rosario -
07/03/96 - ·Sposari, Adelina c/ Carmena, José A. y Otros s/ Daños y perjuicios").
Centrándonos en el caso de autos, se configura aquí un supuesto de acreditación del daño por
sí mismo, ya que aparece suficientemente demostrado por ser una consecuencia lógica de las
afecciones que provocaron en la actora la suscripción de la escritura sin contar con el debido
asesoramiento previo y las consecuencias negativas que se prolongan hasta el presente. Es que

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los daños extrapatrimoniales surgen con evidencia de la situación fáctica pues "Si los hechos
hablan por sí mismos y extendemos la elocuencia a los hechos jurídicos debemos
necesariamente concluir que el daño moral normalmente se desprende de los mismos in re
ipsa. No es posible argumentar en contra de los hechos" (Jorge Mosset Iturraspe, Aída
Kemelmajer de Carlucci, "Responsabilidad Civil", Hammurabi, Bs. As., 1992, pág. 236).
Por lo demás, a mayor abundamiento, obra en los autos que se han ofrecido como prueba y de
los que ya hemos dado amplias referencias, pericia psicológica donde se deja constancia de los
estados de ánimo y el devenir que ha sufrido la actora.
Entendido entonces que se encuentra acreditada la existencia del daño moral, corresponde
ponderar la extensión del mismo. Conforme lo expresa Bustamante Alsina, para ello se debe
atender a pautas de racionalidad, por lo que "... la apreciación por el juez para fijar en dinero
aquella compensación, debe ser necesariamente objetiva y abstracta. La indemnización del
daño moral no está en función de la representación que de él se hace la víctima (no en
concreto), sino de su constatación por los jueces y de su evaluación objetiva (en abstracto) en
el límite de lo reclamado en la demanda" (Jorge Bustamante Alsina, Equitativa valuación del
daño no mensurable, LL, 1990-A-658).
Y esa racionalidad debe ponderar en todo momento y circunstancia, en especial por cuanto,
como lo expresa Mosset Iturraspe: "... La reparación de un daño moral, cualquiera sea su
jerarquía, no debe significar un 'cambio de vida' para la víctima o para su familia. Una fuente
de enriquecimiento..." (Jorge Mosset Iturraspe, Diez reglas sobre cuantificación del daño
moral, LL, 1994-A-729). En ese entendimiento se determina un resarcimiento por daño moral
a favor de la actora por el importe solicitado de $250.000.- (Doscientos cincuenta mil
pesos),que no aparece ni excesivo ni irrazonable. Dicho importe devengará intereses a la tasa
pura del 8% anual desde la fecha del acto de escrituración hasta la fecha de la demanda, y
desde aquí hasta el efectivo pago, la tasa activa capitalizada que cobra el Banco de la Nación
Argentina para sus operaciones de descuento de documentos a 30 días.
Voto, pues, por la negativa.
Sobre la misma cuestión, el doctor Molina dijo: Coincido con los fundamentos expuestos por
el doctor Muñoz y voto en el mismo sentido a la segunda cuestión.
Sobre la misma cuestión, el doctor Bentolila dijo: Me remito a lo expresado al tratar la primera
cuestión.

Sobre la tercera cuestión, el doctor Gerardo F. Muñoz dijo:

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Atento al resultado obtenido al tratar las cuestiones anteriores, corresponde rechazar la nulidad
y admitir la apelación interpuesta por la actora, revocando la sentencia 2194/19, haciendo
lugar a la demanda en los términos expresados precedentemente, con costas de ambas
instancias al demandado vencido (art. 251, CPCC). Regular los honorarios de segunda
instancia en el 50% de los que correspondieren a primera (art. 19, ley 6767).
Así voto.
Sobre la misma cuestión, el doctor Molina dijo: El pronunciamiento que corresponde dictar es
el propuesto por el doctor Muñoz y así voto.
Sobre la misma cuestión, el doctor Bentolila dijo: Me remito a lo expresado al tratar la primera
cuestión.

En mérito de los fundamentos del Acuerdo que antecede, la Sala Segunda -Integrada- de la
Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Rosario, con la abstención del doctor
Bentolila, RESUELVE: 1) Desestimar el recurso de nulidad. 2) Admitir el recurso de
apelación interpuesto por la actora revocar la sentencia de grado y hacer lugar a la demanda
interpuesta, con los alcances expuestos en los considerandos. 3) Cargar las costas de ambas
instancias al demandado vencido (art. 251, CPCC). 4) Regular los honorarios de segunda
instancia en el 50% de los que correspondieren a la primera (art. 19, ley 6767).
Insértese, agréguese copia y hágase saber (autos: "O., D.F. C/ T., C.E. S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS - ORALIDAD", CUIJ xx-xxxxxxxx-x). Firmado: GERARDO F. MUÑOZ -
MARCELO J. MOLINA - JUAN JOSÉ BENTOLILA (art. 26, ley 10.160) - Jueces.
ALFREDO R. FARIAS - Secretario.

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