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Las diferentes opciones de actualizar las cuantificaciones del daño contra el contexto
inflacionario.
-Comentario a fallo: Expte. N° C. 124.096 - "Barrios, Héctor Francisco y otra contra
Lascano, Sandra Beatriz y otra s/ Daños y perjuicios” de la SCBA–(*)
Por Juan Francisco Gonzalez Freire(**)y Marcos A. Sequeira(***)
En el presente litigio, los actores expusieron detalladamente los padecimientos sufridos y los
rubros indemnizatorios reclamados, sobre cuya base se cuestionó la constitucionalidad de los
artículos 7 y 10 de la Ley N° 23.928, según texto de la Ley N° 25.561. Dicha impugnación se
fundamenta en la presunta contravención de los artículos 14, 16, 17 y 18 de la Constitución
Nacional, particularmente por prohibir la actualización, reajuste o indexación de las obligaciones
dinerarias expresadas en moneda de curso legal. Adicionalmente, se objetaron los criterios de
cálculo de los intereses sobre el capital de condena adoptados por las instancias de grado,
señalando que la magistrada de primera instancia no indicó que las sumas otorgadas a los actores
se hubieran fijado en "valores actuales", tal como lo sostuvo el Tribunal de Alzada.
La persistente situación de crisis financiera y los trastornos inducidos por la inflación afectan
significativamente las relaciones jurídicas y la efectiva realización de los derechos. En respuesta,
a lo largo de las últimas décadas se han sancionado diversas normas legales y reglamentarias, así
como programas variados, entre los que se destaca la Ley de Convertibilidad, modificada
posteriormente por la Ley de Emergencia Social, Financiera y Cambiaria, destinadas a mitigar
estos desafíos. Sin embargo, con el paso del tiempo, ciertas disposiciones han resultado
inadecuadas o han provocado efectos adversos, dada la evolución del contexto económico y
social.
La actual interpretación judicial de la prohibición de actualización de las obligaciones dinerarias,
plasmada en los artículos 7 y 10 de la Ley N° 23.928, preconiza el añadido de intereses
moratorios a la tasa pasiva más alta del Banco de la Provincia, excluyendo cualquier forma de
repotenciación. Este enfoque ha sido objeto de críticas, evidenciando la necesidad de una
revisión profunda. En este contexto, la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, particularmente en el caso "YPF c. Provincia de Corrientes", ha resaltado la importancia
de interpretar las disposiciones legislativas de manera que reflejen fielmente las intenciones del
legislador, especialmente en períodos de contención inflacionaria.
De acuerdo con los principios del derecho, la variación significativa de las circunstancias que
motivaron la adopción de una ley, o los efectos adversos generados por su aplicación
contemporánea, exigen reevaluar su validez constitucional. A este respecto, el artículo 765 del
Código Civil y Comercial, recientemente reformado, enfatiza que la obligación de entregar
dinero se cumple exclusivamente con la moneda acordada, sin que los jueces puedan modificar
la forma o la moneda de pago establecida por las partes.
Ante este marco jurídico, se requiere un análisis minucioso del impacto económico en las
obligaciones y prestaciones. La determinación del capital y los intereses debe ajustarse al valor
actual, tomando en cuenta los índices de actualización y evitando resultados desproporcionados o
perjudiciales para los derechos amparados por la Constitución. La aplicación del artículo 7 en el
caso en cuestión enfrenta una crítica sustancial por no facilitar una tutela judicial efectiva y por
vulnerar el principio de razonabilidad y el derecho de propiedad.
Es imperativo que la Cámara de Apelación, siguiendo las directrices de esta sentencia, determine
el valor actual del daño y establezca los mecanismos de actualización adecuados, junto con la
tasa de intereses puros, para garantizar que el reconocimiento patrimonial final no exceda el
valor real de la prestación debida. Esta evaluación debe alinearse con los principios de buena fe,
equidad y moderación de los efectos de la indexación, así como con la prohibición de
enriquecimiento sin causa y abuso del derecho.
En el contexto de la evaluación judicial del daño económico y la determinación de las
compensaciones adecuadas, la elección del índice de actualización es crucial. La jurisprudencia y
doctrina reconocen diversos índices, cada uno con sus ventajas y limitaciones, que deben
considerarse cuidadosamente, al aplicarlos a casos concretos.
El ÍNDICE DE PRECIOS AL CONSUMIDOR (IPC), según el Instituto Nacional de
Estadística y Censos (INDEC), es ampliamente utilizado y reconocido por medir las variaciones
en los precios de un conjunto fijo de bienes y servicios, lo cual refleja directamente la inflación
general. Su aplicación es común en la actualización de alquileres, contratos y ajustes salariales.
No obstante, presenta limitaciones sectoriales; por ejemplo, puede no reflejar adecuadamente las
variaciones de precios en sectores específicos como el médico, donde los costos pueden
aumentar más rápidamente que el IPC general. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
respaldado el uso del IPC como mecanismo adecuado para mantener el valor real de las deudas
en contextos inflacionarios, subrayando su equidad para reflejar la erosión del poder adquisitivo,
como se observa en el caso "Pérez, Ramona c/ Ministerio de Salud" de 2010.
Por otro lado, el COEFICIENTE DE ESTABILIZACIÓN DE REFERENCIA (CER), que se
ajusta por el IPC, es especialmente beneficioso para deudas de largo plazo, como se evidencia en
su uso en títulos públicos y créditos hipotecarios. Aporta estabilidad financiera y es una opción
robusta para obligaciones prolongadas. Sin embargo, su aplicabilidad es menos idónea para
daños y perjuicios que requieren compensaciones inmediatas y completas por gastos actuales y
futuros resultantes de un siniestro. Su empleo en el ámbito judicial se ha circunscrito más a
contextos específicos, como el financiero o inmobiliario.
Adicionalmente, la REMUNERACIÓN IMPONIBLE PROMEDIO DE LOS
TRABAJADORES ESTABLES (RIPTE) es particularmente adecuada para ajustar
indemnizaciones laborales, ya que refleja el crecimiento de los salarios y es útil para compensar
la pérdida de ingresos laborales. No obstante, su relevancia es limitada en casos de daños
generales no vinculados directamente con la capacidad laboral o la pérdida de ingresos.
Predominantemente, el RIPTE se utiliza en el ámbito de la seguridad social y compensaciones
laborales para ajustar beneficios según la evolución del poder adquisitivo de los trabajadores,
como lo indica la Decisión Administrativa 2/2018 del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad
Social.
La integración de estos índices en la jurisprudencia permite una valoración más precisa y
equitativa del daño o la prestación debida. La elección del índice apropiado debe estar alineada
con las características específicas del caso enjuiciado, asegurando que la compensación sea justa
y proporcione una tutela judicial efectiva sin exceder el valor real de la prestación debida. En
este sentido, el marco normativo y judicial debe permitir una flexibilidad adecuada para
seleccionar el índice más representativo del daño económico sufrido por los actores,
garantizando así el pleno respeto de los derechos constitucionales y la razonabilidad de las
decisiones judiciales.
En casos de indemnización por daños y perjuicios debido a accidentes de tráfico, el Índice de
Precios al Consumidor (IPC), suministrado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos
(INDEC), es el más adecuado para actualizar las compensaciones. El IPC es ampliamente
reconocido y utilizado para reflejar la inflación general, lo cual es crucial para garantizar que las
compensaciones mantengan su valor real a lo largo del tiempo. Aunque tiene limitaciones para
reflejar variaciones específicas de precios en ciertos sectores, como el médico, en general
proporciona una base sólida para la mayoría de los gastos relacionados con accidentes
automovilísticos. La jurisprudencia argentina respalda el uso del IPC como un mecanismo
equitativo y confiable para ajustar indemnizaciones en contextos inflacionarios, asegurando que
las compensaciones sean justas y efectivas.
Ahora bien, más allá del razonamiento del presente fallo, no debe pasarse por alto la posibilidad
de recurrir a otras modalidades empleadas por los Tribunales de Justicia al momento de
establecer el quantum indemnizatorio; ya sea mediante el incumplimiento de una obligación
contractual o de la reparación que surja de una relación extracontractual, cuyos rubros
inexorablemente lleven al pago en moneda de curso legal, pero equiparable a la divisa extranjera.
En efecto, como ya ha acontecido mediante diversos precedentes judiciales, el cómputo de la
reparación económica también puede surgir como corolario de fórmulas sujetas al cambio de la
moneda extranjera, o bien –incluso– a la utilización del peso oro, siendo ésta última una moneda
de curso legal, habida cuenta de encontrarse vigente desde 1881.
Con respecto a la reparación del daño refrendada en la pesificación de la moneda extranjera bajo
la finalidad de acompañar el contexto inflacionario, diferentes fallos han recurrido a la cotización
del dólar MEP[1] (Mercado electrónico de pagos). Su justificación nace de un debate respecto del
artículo 765 del Código Civil y Comercial de la Nación, donde la Excma. Sala C de la Cámara
Nacional Civil (confirmada posteriormente por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en la
causa donde se encuentra el paquete accionario de la firma “Doribal S.A.), afirmó que la facultad
prevista en el mencionado artículo no es de orden público, y por ende, es disponible para las
partes, es decir no están obligados a optar por la solución prevista en esa norma. Los jueces
concluyeron que, si el pago en moneda extranjera ha sido, por voluntad de las partes, establecido
como condición esencial para el cumplimiento de las obligaciones convenidas -aun cuando
hipotéticamente pudiera admitirse que la autoridad monetaria con sus medidas impidió la
adquisición de los dólares “billetes”-, el mercado financiero proporciona otras herramientas a
través de las cuales se puede comprar la divisa estadounidense.
De modo tal que, ante supuestos donde se contemplen indemnizaciones económicas cuya
reparación se encuentre a valores de la divisa extranjera (sea por incumplimiento contractual, o
por la producción del daño material extracontractual sujeto o dependiente de ella), la judicatura
guarda también como opción la reparación del daño con sustento en la moneda de curso legal,
pero equiparable a un dólar compatible con las opciones que ofrece el mercado.
En cuanto a la utilización de la moneda de curso legal –peso oro– la misma ha sido analizada [2],
en razón de encontrarse vigente. En el citado fallo también se analizó la aplicación del artículo 7°
de la Ley 23.928, buscando como opción la aplicación de una moneda que actualmente resulta de
pleno curso legal.
Deviene significativo resaltar lo allí sostenido en cuanto a que “…la desvalorización de la
moneda es notable y el paso del tiempo indefectiblemente repercute de manera negativa para
quien resulta ser acreedor de sumas de dinero. El extremo precedentemente referenciado es un
problema al cual debo con las herramientas legales encontrarle una equitativa solución. Para ello
resulta fundamental la equidad que es un valor moral que hace a una justicia conmutativa. No es
sino una de las expresiones de la idea de justicia; y puesto que ésta es un ingrediente necesario
del orden jurídico positivo, la equidad viene a formar parte de él. (Tratado de Derecho Civil -
Parte General Guillermo A. Borda. Tº I.Pág. 105. 14º Edición Editorial La Ley)”.
Asimismo, “…la jurisprudencia de la Corte de Justicia Nacional y tribunales de otras
jurisdicciones no cuestionaron la validez de dicha moneda y solamente se pronunciaron respecto
al momento de su conversión. (“CSJN, Carello, Juan M y O C/ Camba Cuá SA, JA, 1997-II-
220”, “Freggiaro, Roberto M. C/ Aeroclub Luján y otros S/ daños y perjuicios” del 12/9/2006
Cám. Civ y Com, Mercedes Bs As citados en la obra Código Aeronáutico Comentado y Anotado
– Eduardo Néstor Balian Págs. 358/361. Editorial Astrea). “Por ende en la prohibición del
artículo 7 de la Ley 23.928 no resulta comprendido el peso argentino oro por resultar ser ley
monetaria vigente y como moneda legal sirve para medir, representar, conservar el valor y se
encuentra creada y regulada por el Estado (Ley 1130). Por lo cual y en base a ello voy a
justipreciar los acápites resarcitorios en la moneda de PESOS ARGENTINO ORO (A$O) por
contar con un sólido valor y resultar ser ley monetaria vigente (Ley 1130)”
Teniendo en cuenta ello, el fallo de la Suprema Corte Bonaerense encuentra sustento en un nuevo
cuestionamiento hacia la aplicación taxativa del artículo 7° de la Ley 23.928, a sabiendas de que
la prohibición de la actualización monetaria, como la indexación, resultan ser los principales
obstáculos que en la actualidad golpean la reciprocidad económica a favor de los damnificados,
como consecuencia de la producción dañosa.
Sin perjuicio, obviamente, de mantener incólume la discrecionalidad jurisdiccional al momento
de establecer la cuantía de la pretensión, ya sea mediante obligaciones de dar cantidad de cosas,
como de sumas de dinero. En efecto, y para concluir con el presente trabajo, el fallo en análisis
incrementa las variables aplicables a las reparaciones que surgen de las pretensiones jurídicas de
los justiciables, cuyo imperio se encuentra en manos de la jurisdicción. Estimamos que la
declaración de inconstitucionalidad de algunas normas no revierte atentar contra la voluntad del
Legislador, sino por el contrario, persigue el apego del constituyente, quién en su oportuna
intervención buscó garantizar la armonía entre los distintos poderes del Estado.
Como bien se sostiene en el fallo de la Suprema Corte de Justicia -puesto a debate: “En
ocasiones, las circunstancias relevantes tenidas en cuenta y valoradas por el legislador al
momento de sancionar una ley varían de manera fundamental, el objetivo ambicionado con su
dictado se frustra o se modifica en modo absoluto o relevante. A ello puede sumarse el hecho de
que la aplicación actual de esa norma provoque un efecto lesivo de tal magnitud que sea capaz de
convertir a un instrumento, originariamente válido, en fuente directa de afectación de los
derechos tutelados por el ordenamiento. En tal supuesto, la disposición legislativa ha de ser
susceptible de reproche constitucional” (…) “la Corte federal admitió, y de alguna forma
propició, la aplicación de herramientas relevantes para -lo que se entiende, sería- la justa
definición de los casos. A tal efecto, acudió a estándares referidos al problema de la inflación y
avaló el uso de instrumentos (en teoría alternativos a los meramente indexatorios) aptos para
compensar los perjuicios derivados del alza general e incontrolada de los precios de la
economía” (…)
Es por ello que, ante la voluntad del Legislador y la administración de justicia existen diferentes
atribuciones. La de Legislar y la de aplicar la Ley, siendo ésta última siempre interpretada de
manera dinámica en función de no terminar lesionando el espíritu consolidado en la Ley
Fundamental. De allí que resulta atinado resaltar: “El marco de resolución de esta clase de
controversias, al igual que el detalle de su contenido, conlleva la necesidad de ponderar las
variables de la economía y, sin perjuicio de dar pleno efecto a las medidas adoptadas por los
poderes representativos, exige a la par indagar si media una afectación al núcleo esencial de los
derechos tutelados por el ordenamiento. Tanto en el plano regulatorio como en el hermenéutico,
el factor económico condiciona la opción jurídica y compele a la consideración circunstanciada
de los impactos y mudanzas producidos a causa del deterioro patrimonial provocado por la
depreciación de la moneda”
Son los jueces[3] los que deben analizar el contexto y las circunstancias por las cuales deben
cuestionarse las normas[4], independientemente de que el amplio margen de interpretación y
aplicación hacia la reparación de las conductas dañosas, en algunas ocasiones proporcionen
distorsiones que terminan siendo caprichosas al momento de acudirse a determinado mecanismo,
o herramienta de cuantificación. El fallo comentado acrecienta las posibilidades de combatir el
presente contexto inflacionario a través de herramientas que descalifican la viabilidad de lo
contemplado en el artículo 7° de la Ley 23.928, Es decir, acudiendo a la inconstitucionalidad de
la norma, el empleo de los vigentes diagramas de configuración hacia las reparaciones
provenientes de las pretensiones jurídicas por daños y perjuicios resultan ser favorables hacia un
umbral equiparable entre la suma requerida al momento de iniciar el litigio con la impuesta por
la judicatura, y el contexto inflacionario por el que atraviesa la País, al mediar su derrotero.-
(*)Expte. N° C. 124.096 - "Barrios, Héctor Francisco y otra contra Lascano, Sandra Beatriz y
otra s/ Daños y perjuicios” - SCBA – 17/04/2024 ([Link] - AADF58)
(**)Abogado, Especialista en Responsabilidad Civil y Derecho de Daños, Autor de diversa
Bibliografía jurídica, tales como “La Responsabilidad Civil en el Código Civil y Comercial de la
Nación” (1ra, 2da., y 3ra. Edición), Editorial Albrematica S.A., años 2018 y 2020; “Derecho de
Daños aplicable según el Código Civil y Comercial de la Nación”, Editorial La Rocca, año 2021;
Director del área jurídica de “Derecho de las Obligaciones, Responsabilidad Civil y Derecho de
Daños” de la prestigiosa Editorial [Link]; Autor de más de 150 Doctrinas y artículos
Académicos publicados tanto a nivel Nacional como Internacional mediante distintas Editoriales,
como Thomson Reuters (La Ley), El Derecho, [Link], Erreius (Errepar), IJEditores, Dialnet
(España); Profesor; Expositor y conferencista en Colegios de Abogados, Universidades e
Instituciones Judiciales Nacionales; Presentante de Bibliografías en Instituciones Europeas, tales
como la Universidad Complutense de Madrid, España; Ilustre Colegio de Abogados de Madrid,
España; Biblioteca Nazionale Centrale di Roma (Italia); Autor de diversas presentaciones
respecto de propuestas de Reformas parciales Legislativas por ante el Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la Nación en relación a los artículos 1771; 1775, inc. C); 1780 inc. B);
1743; 2561; arts. 1734, 1735 y 1736, art. 1718, entre otros; Coautor de Bibliografía jurídica
titulada “Cuestiones Procesales en el Código Civil y Comercial de la Nación”, Editorial
Albrematica, año 2019, Docente a cargo de diversos cursos de Capacitación Profesional dictados
por distintas editoriales Nacionales (enseñanza presencial y online); Docente Universitario de
Contratos -civiles y comerciales-, Universidad Maimónides, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
(***)Abogado (Universidad Nacional de Córdoba), Contador Público Universidad Nacional de
Córdoba), Master en Fraude Fiscal, Lavado de Activos y Compliance (Universidad de Santiago
de Compostela – España), Especialista en Derecho Tributario y Penal Tributario (UNC),
Especialista en Derecho Procesal (UNC), Ex – Asesor Ad Honorem en el Ministerio de Justicia y
Recursos Humanos de la Nación, Autor y coautor de 28 obras bibliográficas jurídicas, Docente
Universitario. Participante de diversas notas y entrevistas en distintos medios de comunicación.-
[1]
CNCivil, Sala J, “R, A. H. c/ E, G. A. y otro s/Preparación de la Vía Ejecutiva”, 04/08/2022;
Cám. de Apel. Civil y Comercial de San Nicolás, “AMAX S.R.L. c/Balanceados del Mercado
S.A. s/Cobro Ejecutivo”, de fecha 04/11/2022, Cita: MJ-JU-M-139104-AR|MJJ139104|
MJJ139104; entre otros.
[2]
GONZALEZ FREIRE, Juan Francisco, en comentario a Fallo “M. M. I. c/ Salvatela S.A.
s/Daños y Perjuicios por Incumplimiento Contractual (exc. Estado)” Expte. N° AL-21344-2021”,
citado en [Link] - DC326D.
[3]
SCJBA, Fallo en análisis: "B., otra c/L, S. B. y otra s/Daños y Perjuicios”,donde se señala:
“incumbe al poder judicial, al decidir las controversias, cuidar que los enunciados de la ley
mantengan coherencia con las reglas de jerarquía superior durante todo el lapso que dure su
vigencia, se suerte que su aplicación no contradiga lo establecido por la constitución (Fallos:
316:3104; 328:566; 337:1464; 340:1480; 344:316).
[4]
SCJBA, ob., cit.,“Una interdicción taxativa como la ordenada por la norma, que sólo cede en
casos de excepción expresamente previstos, no deja resquicios para una comprensión diversa, so
riesgo de habilitar a los jueces a formular una completa reconstrucción de la norma, desconocer o
desfigurar el sentido que surge de su inequívoca lectura (T.C. España, sentencia 169/2023)”.
Citar: elDial DC3427
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