1 Capítulo 1. Queer como verbo.
NURIA ROMÁN AVEZUELA (Coord.), LOURDES CHACÓN BUENO,
CARLOS FERNÁNDEZ ATIENZA, VÍCTOR LORENZO GUERREIRO
y CRISTINA MARQUINA PALACIOS
EL AMOR
XV Jornadas de la Sección de Psicoanálisis
de la Asociación Española de Neuropsiquiatría
Madrid, 10 y 11 de mayo de 2019
ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE NEUROPSIQUIATRÍA
AEN DIGITAL
ESTUDIOS
EL AMOR
ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE NEUROPSIQUIATRÍA
AEN DIGITAL / 5
ESTUDIOS / 63
COMPILADORES:
ROMÁN AVEZUELA, NURIA (coordinadora)
Psiquiatra y psicoterapeuta. Miembro de la Sección de Psicoanálisis
de la AEN (Asociación Española de Neuropsiquiatría).
CHACÓN BUENO, LOURDES
Psicoterapeuta, psicoanalista. Miembro de la Sección de Psicoanálisis de la AEN.
FERNÁNDEZ ATIENZA, CARLOS
Psiquiatra, Centro de Salud Mental de Aranda del Duero.
de la Sección de Psicoanálisis de la AEN.
LORENZO GUERREIRO, VÍCTOR
Psicólogo, neuropsicólogo.
MARQUINA PALACIOS, CRISTINA
Psicóloga clínica. Especialista psicoterapia EFPA.
EL AMOR
ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE NEUROPSIQUIATRÍA
MADRID
2021
� �� � � �� � � � �� � � � � � �� �� � �� � �� � �� �� �� �� �� � �� � �� � � � �� �� � ��� �� � �� �� � ��� � � �� � � � � �� �� � � � � � � � �
� �� � � � �� � �� � �� � � � � � �� �� � �� � � � � � � �� � �� �� �� ��� � � �� � �� � � �� � �� � �� � �� � �� � � �� ���� � � �
��� � �� � � �� � � � �� � �� � � �� � � ��
� � �� � �� � � �� � � ��� � � �� �� �� � � � � ��� � � � �
� �
� � � � � � � �� � � � � �� � �� � �� � � � � � �� �� � �� � � � � � � �� � �� �� �� �� � � � � �
� � �� � � �� � � � ��� � � � ��� ��� � �� � � �� ���� � � ��� �� �� � � � � �� � � � �� �� �� �
� � � � � ���� � � �� � � �� � � ��� � � �� � � �� �
� �
Ilustración de portada: La familia de Gustav Klimt.
Edición: Asociación Española de Neuropsiquiatría
� Magallanes,
� � � � � � � � � � � 1,
� � �Sótano
� � � � � � � 2,
� � � Local
� � � � � � 4.� � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � � �
� 28015 Madrid, � � � � España.
� � � ��� � � � ��� ��� � �� � � �� ���� � � ��� �� �� � � � � �� � � � �� �� �� � ���� � � �� � � �� � �
Tel. 636725599. Fax 918473182.
� ISBN:
� � � � � � � 978-84-95287-93-9.
� �� � �� � � � � �� � ��
Maquetación: Gráficas Marí Montañana
� Av.
� � Blasco
� � � � � � � Ibáñez,
� � � � � � � 22.
� � � �46132
� � � � � � Almàssera
� � � � � � � � � � � � (Valencia)
� �� ��� � � �� � � ��� � �� � �� ��� � � � � �� � � �� � � � � � �� � � � � ��� �� � � �� �
� � � � � � � � �� �� ��� �� � � � � �� � ��� � � �� �� � � � �� � � �� �
� � � � � � � � �� � ��� �� � � � � � � ��� � � � � �� � � � �� � � �� � � � � � � ��
Índice
PRÓLOGO HABLEMOS DEL AMOR. María Lizcano Fernández ___________________ 7
EL PSICOANÁLISIS Y EL AMOR __________________________________________
16
INTRODUCCIÓN. Javier Frère López ______________________________________
___ 17
EL PSICOANÁLISIS Y EL AMOR. Mercedes de Francisco ______________________ 23
EL AMOR EN PSICOANÁLISIS. Elina Weschler _______________________________
37
EL AMOR EN LAS ESTRUCTURAS CLÍNICAS _______________________________ 53
INTRODUCCIÓN. Javier Ortiz Rodríguez ___________________________________
__ 54
EL AMOR EN LA PSICOSIS. Ana Maeso ____________________________________
_ 59
EL AMOR EN LA HISTERIA. Daniel Ustarroz ________________________________
_ 73
EL PRIMER AMOR ____________________________________________________
__ 86
INTRODUCCIÓN. Elisa Sesé _____________________________________________
___ 87
EL PRIMER, PRIMER AMOR…Mariela Michelena _____________________________
91
LA ILUSIÓN DE PERTENECERSE: UNA REIVINDICACIÓN DEL PRIMER
AMOR. Eugenia Caretti ______________________________________________
_ 99
AMOR Y SEXO EN LA ERA VIRTUAL. José Ramón Ubieto ___________________ 112
EL AMOR EN EL LAZO SOCIAL Y LOS AMORES DESATADOS. EL FEMINISMO Y
LOS ESTUDIOS QUEER _________________________________________________
____ 123
INTRODUCCIÓN. Marjorie Gutiérrez Fontaines _______________________________
124
“HAY AMORES Y AMORES” POLITIZANDO EL AMOR DESDE LOS
FEMINISMOS QUEER. Dau García Dauder ____________________________ 127
CONFERENCIA DE CLAUSURA _________________________________________ 145
PRESENTACIÓN DE CARMEN GALLANO. Nuria Román ____________________ 146
El PSICOANALISIS FRENTE A LOS MALESTARES DEL AMOR EROTICO.
Carmen Gallano ____________________________________________________
_ 149
ÍNDICE ALFABÉTICO DE AUTORES. 6
Caretti, Eugenia.
De Francisco, Mercedes.
Frère López, Javier.
Gallano, Carmen.
García Dauder, Dau.
Gutiérrez Fontaines, Marjorie.
Lizcano Fernández, María.
Maeso, Ana.
Michelena, Mariela.
Ortiz Rodríguez, Javier.
Román Avezuela, Nuria.
Sesé, Elisa.
Ubieto, José Ramón.
Ustarroz, Daniel.
Weschler, Elina
Fotografía:
Elena Jiménez Comes
elenajimenezc22@[Link]
Pintura:
Philippe d’Andrea
philippedandre2@[Link]
[Link]
[Link]
1
1. PRÓLOGO. HABLEMOS DEL AMOR1.
María Lizcano Fernández.
Doctora en Psicología Clínica
Colaboradora del Colegio de Psicoanálisis de Madrid
Entre l’homme et l’amour, il y a la femme.
Entre l’homme et la femme, il y a un monde.
Entre l’homme et le monde, il y a un mur.
Antoine Tudal2
La Sección de Psicoanálisis de la A.E.N. ha elegido El Amor como
cuestión de sus XVas Jornadas (mayo 2019). El objetivo de estas jor-
nadas es reunir a profesionales de diversas disciplinas para pensar en
común sobre el amor.
Considero que el amor es un tema muy controvertido que suscita
más preguntas que respuestas.
Sabemos que en nuestra época existe la tentación de buscar respuestas
rápidas y “científicas” y que, desde algunos campos como la biología, nos
dicen que es debido a una secreción de sustancias del grupo de las anfe-
taminas; de algunos neurotransmisores como las dopaminas o de ciertas
hormonas como la oxitocina. Sin embargo, el psicoanálisis se pregunta
desde sus orígenes, de forma recurrente y pausada, ¿de qué hablamos
cuando hablamos de amor? Porque, además, podemos pensar en muchos
tipos de amor: el amor de los amantes, el amor de los amigos, el amor
fraternal, el amor filial, el amor al saber, al trabajo y un largo etcétera.
1
El contenido de este texto tiene párrafos extraídos de mi tesis doctoral La mujer como invención.
Construcción de sí misma y creación colectiva. UCM 2015.
2
Poème d’Antoine Tudal. Cit. en Lacan J. (1984 [1953]) p. 278
7
1. Prólogo. Hablemos del amor 8
Sabemos que el amor está en el centro del discurso filosófico y que
es uno de los ejes que ha movido las narraciones desde la más remota
antigüedad. Podríamos recurrir a algunos hitos literarios cuyo núcleo
central gira en torno al amor, como el diálogo entre Sócrates y Alcibía-
des, con el que Platón trata de transmitirnos la naturaleza del amor, o
como el de Madame Bovary, que es una clara muestra del desencuentro
entre un hombre y una mujer. Monsieur Bovary ama, sin duda, a su
mujer, pero no es capaz de comprenderla ni de ofrecerle lo que ella espe-
ra de un hombre. Emma, por su parte, buscará otros amores al margen
de su marido, más pasionales o platónicos, pero ninguno colmará sus
expectativas.
Gabriel García Márquez, con la maestría que le caracteriza, nos ofre-
ce unas pinceladas mágicas acerca de qué es y qué no es el amor en
su breve relato titulado El rastro de tu sangre en la nieve (2003). Nena
Daconte y Billy Sánchez se conocieron en unas circunstancias muy par-
ticulares y “hacían el amor tratando de inventarlo otra vez cada vez que
lo hacían”.
Este espléndido cuento, cuya lectura recomiendo, nos incita a re-
flexionar sobre qué es esto del amor. Los protagonistas son dos jóvenes
enamorados a quienes no les faltaban los objetos más valiosos. Pero esos
objetos no logran tapar la falta, la vida que se les escapa por ese pincha-
zo, esa herida imperceptible. Una posible moraleja de esta narración es
que es más fácil pagar con dinero que pagar con la falta, es decir, pagar
con lo que no se tiene. Porque ¿cómo se hace en el amor para, como
dice Lacan, “dar lo que no se tiene”?
La teoría del amor de
Freud estaba asociada a la
repetición. Al amar estamos
repitiendo, ya que el objeto
amado es un sustituto de
otro objeto que, en una ca-
dena de sustituciones, nos
remite al objeto amado an-
tes de la barrera del incesto.
Por eso es imprescindible
que al comienzo de un aná- Fotografía cedida por Elena Martínez Comes
9 1. Prólogo. Hablemos del amor
lisis vayamos a buscar la repetición de un sujeto, porque es ahí donde
encontraremos su modo de amar y de gozar.
Freud dice en 1923, en la última parte de El yo y el ello, que la única
forma de vivir es lograr un pacto de amor con el superyó. Para soportar
la vida, es decir el ello y sus pulsiones, es necesario llegar a algún tipo de
pacto de amor. Teniendo en cuenta que el superyó está aliado con las pul-
siones habrá que hacer surgir una versión del superyó más amable, que
ame al yo. La relación entre el yo y el superyó debe cambiar y para eso es
necesario llegar a un reconocimiento. Pero el amor y el reconocimiento
no vienen solamente del campo del Otro, de la aceptación del Otro, sino,
como apunta Jorge Alemán (2006), de un superyó más benévolo.
Sin embargo, el último Lacan relaciona el amor con la invención y
la elaboración.
Lacan enunció un amor que admitiera la falta. No el amor de la
repetición sino el amor de la invención. Aunque resulte romántica la
posibilidad de imaginar una completud entre los sexos, lo que vulgar-
mente se conoce como “encontrar tu media naranja”, los dos sexos no
se complementan y es por eso surge el amor. Esa es la función del amor,
hacer de velo de la falta. Pero también es posible articular un amor que
contemple la falta sin necesidad de velarla, para hacerla más soportable.
Un amor que lleve a los amantes a saber que lo que les une no es la
completud del Otro sino una falta, no es la completud de la pareja sino
una herida sangrante, que es la que dará lugar al deseo de estar juntos.
Quizás pudiera ayudarnos a entender todo esto tener en cuenta
que todo amor encuentra su soporte en una cierta relación que se
establece entre dos saberes inconscientes. Y que “la relación llamada
sexual, de sujeto a sujeto, es efecto de un saber inconsciente” (Lacan,
1998, p. 174).
A la imposibilidad de la relación sexual el amor ofrece lo precioso
de una suplencia. El amor supone, siempre, un encuentro con la dife-
rencia, que, inevitablemente, nos remite a la castración. Lacan propo-
ne que “la condición necesaria para que haya encuentro sexual es que
haya castración para los dos” (Lacan, 1998, p. 94). El encuentro con la
castración es, como nos dice J. P. Assoun (2006, p. 34), “un peso más
fácil de sobrellevar entre dos”. Aunque esto no evite que los encuentros
sexuales tengan algo de traumático.
1. Prólogo. Hablemos del amor 10
Lacan expresa sin ambages que “cuando se ama no es asunto de
sexo” (Lacan, 1998, p. 35). Y añade que en el hombre tiene que haber
castración para que exista alguna posibilidad de que goce del cuerpo de
una mujer, es decir, que haga el amor porque “hacer el amor es poesía”
(Lacan, 1998, p. 88) Y “sólo por el intermedio de ser la causa de su
deseo le es dado alcanzar a su pareja sexual, que es el Otro” (Lacan,
1998, p. 97).
Asimismo, el deseo nos remite a la castración porque siempre está en
referencia a una falta. Implica admitir la falta de uno mismo y también
la del otro. El hombre aceptará no tener el falo y la mujer asumirá no
serlo. De esta manera podrá transitar el deseo entre un hombre y una
mujer porque, aunque la relación sexual sea imposible, sí que circula el
deseo entre los hombres y las mujeres.
Sabemos que el amor cumple una función primordial, pues es el
operador que permite que la relación entre el sujeto y el Otro persista.
Así es como se establece el circuito de la demanda a través del amor. Del
lado del sujeto veremos que toda demanda, por absurda que parezca,
es demanda de amor. Lacan, en el Seminario 20 (1998), refiriéndose al
amor, dice que el amor pide amor, lo pide sin cesar. Las demandas de
amor pueden satisfacerse. Por el contrario, la demanda de amor no se
satisface nunca.
Como ya hemos dicho anteriormente, la imposibilidad de la rela-
ción sexual es la que hace surgir el amor. El amor prueba que el Otro
está también afectado por la imposibilidad, pero que puede utilizar esa
falta como un nuevo recurso consistente en entregar su propia carencia.
El amor de un sujeto a otro sería la prueba de su propia falta, sería algo
así como decir: no tengo eso que tú quieres, eso que me pides, pero
puedo ofrecerte otras cosas como signo de mi amor. Por paradójico
que parezca, toda declaración de amor es una exaltación de la falta que
experimenta el amante y por eso busca consuelo en el objeto amado.
Nos sentimos amados cuando el otro nos transmite que somos lo que
le falta. En consecuencia, los objetos que entran en juego en el amor no
tienen tanto un valor real, como un valor claramente simbólico. Por eso
Barthes nos sugiere que “la inocencia de la pasión está en el rechazo de
la Falta” (2008, p. 153).
Por su parte Miller apunta que:
11 1. Prólogo. Hablemos del amor
Para amar es preciso hablar, el amor es inconcebible sin la palabra,
justamente porque amar es dar lo que no se tiene, y no se puede dar lo que
no se tiene a no ser hablando, porque es hablando cuando damos nuestra
falta en ser. (1998, p. 62).
Escribo este prólogo en marzo del 2020. Durante la primera pande-
mia del siglo XXI. En unas circunstancias en las que no nos está permi-
tido salir de nuestras casas y que pueden generar angustia, preocupación
por nuestros seres queridos o incluso tener que sobrellevar la pérdida
de alguno de ellos. Una vez más, lo real se nos cuela hasta los tuétanos.
Las nuevas tecnologías nos permiten mantener la conexión con las
familias, los amigos y los grupos de profesionales que en estos días se-
guimos activos y buscando fórmulas que nos faciliten el acceso a esa
población, como el personal sanitario, que pueda necesitar de nuestra
escucha, entrenada a lo largo de los años. Paradójicamente, ahora esta-
mos más conectados que antaño pero no por ello mejor relacionados.
Tantos compañeros del psicoanálisis y de otras disciplinas que, a
pesar de las diferencias y de las divisiones históricas, hemos querido
reunirnos, en armonía y colaboración, para reflexionar acerca del po-
liédrico tema del amor. Este es el valor que más me gustaría destacar de
las XVas jornadas de la AEN. La apuesta por superar las diferencias y la
voluntad de buscar juntos los puntos de encuentro. Hemos seguido la
pauta freudiana de mantener la capacidad de amar y trabajar, de amar el
trabajo, como signo de salud. Hay saber en la medida que vamos cam-
biando la vida, hay saber mientras se define un estilo de vida, incluso un
cierto cuidado de sí mismo (epimeleia), como plantea Foucault (2009).
La buena disposición de todos ha hecho posible avanzar un paso
más en este recorrido vital y profesional para el que no existe un guion
establecido. Tan solo contamos con la zigzagueante brújula del amor.
Ya planteamos que el amor surge como suplencia ante la relación
que no hay, como posibilidad de humanizar la vida. En la vida hay una
pérdida irreparable que podemos esforzarnos en no mirar, en taponarla
con objetos más o menos preciosos o, por el contrario, podemos apren-
der a vivir con ella. Son las únicas opciones posibles y, aunque no lo
sepamos, todos los humanos pasamos por esa encrucijada. Esa herida
abierta, invisible, que al mismo tiempo produce amor y dolor. Sólo a
1. Prólogo. Hablemos del amor 12
través del amor y del dolor podremos llegar a saber algo de la vida. La
vida, que con la herida del amor y del dolor, nos conduce inexorable-
mente hacia la muerte, a pesar de que no queramos saberlo.
Y este campo resulta especialmente abonado para el surgimiento de
la poesía.
Digo que no puede decirse el amor
El amor no se dice con nada,
ni con palabras ni con callar.
Trata de decirlo el aire
y lo está ensayando el mar.
Jaime Sabines (2003, p. 285).
Sé que el amor no existe.
Y sé también que te amo.3
Darío Jaramillo (2012).
3
Citado en el libro de María Monjas (2012) Háblame de la lluvia+, p. 61.
13 1. Prólogo. Hablemos del amor
BIBLIOGRAFÍA
Alemán J. (2006). El porvenir del inconsciente: filosofía/política/época del psicoanálisis.
Grama Ediciones.
Assoun, J. P. (2006). Lecciones psicoanalíticas sobre masculino y femenino. Nueva Visión.
Barthes, R. (2008). Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI.
Foucault, M. (2009). Historia de la sexualidad. Tomo III. Siglo XXI.
Freud, S. (1981/1923). El yo y el ello en S. Freud. Obras completas III. (pp. 2071- 2729).
(traducción de L. López-Ballesteros). Biblioteca Nueva.
García Márquez, G. (2003). Doce cuentos peregrinos. El rastro de tu sangre en la nieve.
Debolsillo.
Lacan, J.
- (2009/1966). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis en J.
Lacan. Escritos 1. (pp. 227-311). (traducción de Tomás Segovia y Armando Suárez)
Siglo XXI editores.
- (1998/1975). Seminario 20. Aún 1972-1973. (traducción de Diana Rabinovich,
Delmont-Mauri y Julieta Sucre). Paidós.
Lizcano, M. (2016). La mujer como invención: construcción de sí misma y creación objeti-
va. Tesis Doctoral. U.C.M. [Link]
Miller, J. A. (1998). El hueso de un análisis. editorial Tres haches.
Monjas, M. (2012). Háblame de la lluvia. Huerga y Fierro ed.
Sabines, J. (2003). Recuento de poemas. [1950-1993]. ed. Joaquín Mortiz.
2
2. EL PSICOANÁLISIS Y EL AMOR.
LA PROPORCION FAMILIAR NO EXISTE
Javier Frère López.
Psicoanalista. Psicólogo Clínico.
Presidente de la Sección de Psicoanálisis de la AEN-PSM.
Miembro fundador de la extinta Fundación Psicoanalítica/Madrid 1987.
Ha trabajado durante años en el S.R.S. de la C.A.M. y actualmente ejerce
la clínica privada en el Centro Kairós de Madrid.
publicado numerosos artículos en libros y revistas de España, Francia y
Argentina.
Ha dictado cursos y ponencias en distintos Congresos y Jornadas.
Autor del libro Ensayos y relatos sobre la articulación compleja del
tiempo en la estructura (2014, Quantor Ensayos).
Vamos a celebrar las XVª Jornadas bienales de la Sección de Psicoa-
nálisis de la AEN. Por si alguna de las personas presentes no lo supie-
ra, la AEN es una asociación de profesionales de la así llamada Salud
Mental. Y no cualquier asociación. Fue fundada antes de la guerra, con
todo el sentido que ha tenido esta expresión en nuestro país: el de ha-
ber conocido la República. Sin embargo, sus blasones históricos no le
impiden estar plenamente actualizada y ser un bastión contra la biolo-
gización reduccionista del tratamiento de las enfermedades mentales.
En ella tenemos un lugar los psicoanalistas, porque formamos una parte
muy importante del ejercicio profesional en este campo, tanto público
como privado. No somos pocos en las instituciones públicas e intenta-
mos dar testimonio con nuestra práctica clínica.
14
15 2. El psicoanálisis y el amor
Quince es un número lleno de sugerencias, dejo las evocaciones al
gusto del oyente, pero, por lo menos, quiere decir que llevamos treinta
años haciéndolas. Eso ya es una cierta resistencia. En estos tiempos,
donde el huevo de la serpiente parece romperse otra vez, los psicoana-
listas, en cierto modo, somos parte de la Resistencia.
Las Jornadas siempre han encontrado su sentido en ligar la teoría y
práctica psicoanalíticas a los debates suscitados en la Polis, sin alejarnos
de las inquietudes clínicas. Hablamos de Psicoanálisis, pero sabemos
que eso no está aislado del contexto histórico y político, ni siquiera
en las consultas privadas, menos, si cabe, en las instituciones sanitarias
públicas. Pretendemos dejar un testimonio de eso.
Las Jornadas pasadas conversamos sobre La Angustia, su papel críti-
co en la clínica y su persistencia en un mundo que pretende erradicarla
generando nuevos modos de malestar. En esta edición hablaremos del
Amor.
¿Por qué hemos elegido este tema? Y ¿por qué así, tan abierto?
Por varias razones, pero, principalmente, porque el amor es un cam-
po que recubre algo que nunca será posible escribir con un algoritmo.
Tampoco lo van a encontrar en el cerebro, aunque verifiquen sus epife-
nómenos. Por eso lo elegimos. Porque, por este carácter de recubrir un
imposible, el amor hace resistencia a cierto discurso dominante que, sin
ánimo de hacer un concepto, llamaría el individualismo. La ideología
del “arréglate solo”, del “tienes que hacerlo por ti misma”, del ideal de
no depender de nadie, del “ámate a ti mismo”, de la autoestima y del
selfie. En última instancia, la ideología del “sálvese quien pueda”.
Esta forma de definir las relaciones sociales es funcional a un siste-
ma productivo voraz y que amenaza con morir de éxito, solo que, esta
vez, su muerte puede implicar la de la especie humana. Un sistema que
tiende a convertir toda producción humana en una mercancía, hasta
extremos que deberían sorprendernos: la salud, la educación, el arte, la
ciencia... Esta ideología requiere de un individuo que se reduce a una
máquina bioquímica, a su cerebro, como reducción última de la sub-
jetividad humana. El cerebro regularía la relación con el mundo para
satisfacer las necesidades y todas las pasiones humanas no serían más
que el producto de esa máquina; a la que se puede manejar y programar
con los conocimientos oportunos. Este ser puede autosatisfacerse, no
2. El psicoanálisis y el amor 16
necesita de otros y, en todo caso, aquello que necesite (incluido otras
personas) lo obtendrá en relación a un centro (comercial, sanitario, de
comunicación, informático y hasta de ligues, etc.), anónimo e inhuma-
no (hablamos con máquinas muchas veces), que sabe y puede satisfa-
cerlas, según promete, con todas las garantías para el consumidor. Por
supuesto, ese centro concentra un poder tan absoluto, como absoluta
sea su centralidad. Una esfera, la perfección aristotélica, que ocultó du-
rante diecisiete siglos la excentricidad de la Tierra.
El amor, en cambio, nos pone delante de los ojos que no hay tal in-
dividuo, por el contrario, que lo que hay es un sujeto dividido. División
que se expresa de mil maneras: en las dudas obsesivas, en las vacilaciones
histéricas, en la dialéctica del amor y el odio, entre la angustia y el de-
seo… Finalmente: en la pregunta por el deseo del Otro. Porque amarse
a sí mismo es una nebulosa, así no se ama más que a una imagen de sí
mismo, a una especie de perfil donde vernos hermosos y felices, es amar
a tu selfie. La cosa es un poquitín más compleja. Uno ama a otro, pero
quiere que ese otro lo ame. En esa medida es que una persona se ama a
sí misma, en el amor del otro. Esa es una vacilación ineludible del amor,
ahí se palpa la división, no soy yo solo con un objeto, sino que ambos
somos a la vez objeto y sujeto de un amor que nos deja divididos. Nos
vincula sin unirnos.
El ser humano no es una totalidad que se basta a sí misma, solo
existe en el vínculo con Otro (aunque esté solo, en un momento dado),
porque permanentemente le falta algo. Ahí nacemos, en la dependencia
absoluta del vínculo de amor con una madre (o similar), ella y algunos
otros nos introducen en la humanidad. Sin ese vínculo de amor, no
hay hominización, aunque las funciones orgánicas estén perfectas y se
satisfagan sus necesidades biológicas. No sólo eso, seremos introducidos
en el tipo de humanidad que corresponda a quien nos haga de madre:
aunque una criatura nazca de padres biológicos chinos, si la adopta una
madre gitana, será una gitana con rasgos orientales, y seguramente la
llamarán “La China”.
El lenguaje es lo que nos hace específicamente humanos y, podría-
mos decir, es el mediador universal del vínculo. Su incidencia en el
cuerpo introduce una pérdida que nos hará repetir la búsqueda de lo
perdido y, así, depender de otros para el resto de la vida. Plus de gozar,
17 2. El psicoanálisis y el amor
pérdida de goce, dice Lacan; Freud habla de un objeto perdido, radical y
originariamente perdido. El animal que habla (no que se comunica, que
habla) ha perdido la relación al instinto que determina, por ejemplo, la
relación de la hembra y el macho. Para el ser hablante no hay nada pre-
determinado para esa relación sexual. El asunto, que para los animales
no es más que el problema práctico de que haya a mano un partenaire,
para nosotros, bien lo sabemos, es un lío monumental que nos ocupa
una importante porción del tiempo. Está lleno de incertidumbres, de
inquietudes, pero, también, puede ser bastante más interesante.
Dicho esto, lejos de nosotros presentar una visión idílica del amor.
Bien sabemos que hay algunos que matan, que a veces el odio es su
contracara, que la expresión “quererte a ti” puede tener una ambigüe-
dad siniestra. También tendremos en cuenta que hay muchas clases de
amor: el amor sexuado, por supuesto, pero también aquellos cuya meta
no es sexual y que llamamos familia, amigos, compañeros, profesio-
nales, etc., y con esta lista ya nos vamos acercando a otro campo. Hay
muchos vínculos que no son vínculos de amor, hay relaciones comercia-
les, laborales, con profesionales como las médicas o los maestros, etc.,
Sin embargo, aunque no sea predominante, en esos vínculos también
se producen fenómenos amorosos (u odiosos), como todos sabemos.
De modo que, y de esta manera volvemos al principio, el amor es un
campo que recubre algo que nunca será posible escribir definitivamente
como una verdad total y eso es, precisamente, la relación del sujeto con
el Otro: el enigma y la gracia de la vida, que no resolverá la ciencia.
2. El psicoanálisis y el amor 18
BIBLIOGRAFÍA
Freud, S. Obras Completas. Amorrortu ed. 24 tomos. (traducción de José L. Etcheve-
rry).
- (1992/1905). Fragmento de análisis de un caso de histeria (Caso Dora). en Obras
Completas VII. (pp. 1-109).
- (1991/1914). Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. en Obras Completas
XII. (pp. 159-175).
- (1991/1917). Lección XXVII. La terapia Analítica en: Lecciones introductorias al
Psicoanálisis. en Obras Completas XV. (pp. 408-423).
Lacan, J.
- (2009/1966). La dirección de la cura y los principios de su poder en J. Lacan. Escritos
2. (pp. 565-627). (traducción de Tomás Segovia y Armando Suárez) Siglo XXI edi-
tores.
- (1973). Seminario 20. Aún. (Versión inédita de Ricardo Rodríguez Ponte, uso
interno EFBA).
19 2. El psicoanálisis y el amor
EL PSICOANÁLISIS Y EL AMOR
Mercedes de Francisco.
Mercedes de Francisco Vila es psicoanalista, AME de la Escuela Lacaniana
de Psicoanálisis del Campo Freudiano en España y miembro de la Asocia-
ción Mundial de Psicoanálisis. Docente del NUCEP y del Instituto del Campo
Freudiano. Co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano en España.
Fue Presidenta de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudia-
no en España en el periodo 2000/2002. Ha impartido múltiples seminarios
y conferencias, y ha publicado numerosos artículos en distintos libros, re-
vistas y medios digitales. Autora del libro Un nuevo amor (2012, Grama
Ediciones), y del libro En Femenino Singular (2016, Grama Ediciones).
La verdad freudiana y su cortante filo, fue cortante por despojarnos
de la ilusión de la unidad yoica, por mostrarnos que la tendencia a
conservar la propia vida estaba anudada a las ineliminables tendencias
destructivas, por hacer patente la degradación de la vida amorosa, por
mostrar que la diferencia de respuesta frente al drama edípico, llevaba a
dejar la pregunta abierta ¿qué quiere una mujer?
Freud estaba inmerso en una sociedad victoriana, que se caracterizó
por un puritanismo sospechoso, sobre todo, si venía a negar los deseos
sexuales en las mujeres, que en otras épocas nunca habían sido anula-
dos. En este estado de cosas puso el énfasis en la sexualidad y además
en la sexualidad infantil, y a considerar que las restricciones morales
imperantes que tenían su peso en las relaciones conyugales, sobre todo
del lado de lo femenino, provocaban “la nerviosidad moderna”.
Es evidente que Freud cuando inventa el psicoanálisis no podía de-
jar de lado el amor. Nos hablará del amor que puede deslizarse a la
identificación y que peligrosamente en su correlato social nos llevaría
a fenómenos de masa nada recomendables, estudiará las elecciones del
objeto amoroso marcadas por el narcisismo o las determinaciones edípi-
cas, etc. Una versión del amor donde la idea de incompletud y de afán
unificador, no le permitieron a Freud considerar el amor de transferen-
cia por fuera de la repetición, búsqueda siempre fallida de las condicio-
nes del objeto perdido.
2. El psicoanálisis y el amor 20
Encontramos cierta contradicción con lo que Freud nos mostraba
en su clínica y en sus desarrollos sobre Contribuciones a la vida amorosa
(1910-1912). Diremos, guiados por Lacan, que el ideal de armonía del
que Freud no pudo desembarazarse no le permitió considerar el amor
por fuera de los límites edípicos. Lacan mostró el enredo de Freud entre
el fantasma de las histéricas y el padre. Así Lacan retornando a Freud,
va tejiendo un porvenir para el psicoanálisis despojándolo de las ata-
duras de sus prejuicios e ideales. Manteniéndolo como maestro, pudo
sobrepasarlo.
Nos atreveríamos a decir que en Freud la sexualidad ocupa un lugar
más privilegiado que el amor, es significativo que él mismo señale que
no quiso realizar ningún gesto condescendiente sustituyendo la pala-
bra sexualidad por la de Eros, pues en ello veía una claudicación que
implicaría en el futuro cesiones más perniciosas y ello haría peligrar la
existencia del psicoanálisis.
La envoltura formal con la que se presentaba el síntoma en la época
que le tocó vivir a Freud, mostraba los efectos mórbidos en la subjeti-
vidad de una moral restrictiva y puritana que había llegado demasiado
lejos.
Cuando Jacques Lacan toma el testigo de la verdad freudiana, es-
tamos en otra época, justamente en la marcada por el estallido de la
algarabía vital después de la guerra y por haber contemplado por unos
años como Tánatos ganó la batalla a Eros. Una sensación de liberación
se imponía con la correspondiente rienda suelta dada a los deseos y
tendencias de cada uno.
Si una de las formas
que la opinión pública ha
tenido de degradar la apa-
rición del psicoanálisis ha
sido considerar a Freud un
pansexualista, cuando se
trata de Jacques Lacan es
mucho más difícil una cla-
sificación de esta “guisa”.
El tema del amor reco-
Fotografía cedida por Elena Martínez Comes rre la enseñanza de Lacan y
21 2. El psicoanálisis y el amor
considero que él pretendía tener una incidencia en el pensamiento que
contribuyera a cambiar los paradigmas con respecto a este concepto. Al
mencionar, irónicamente, que el psicoanálisis no había logrado inventar
ninguna nueva perversión decía mantener la esperanza de que, al me-
nos, hiciera surgir un “nuevo amor”.
A lo largo de su enseñanza encontramos las referencias explicitas o
tácitas de cómo el amor fue tomando distintas formas a lo largo de la
historia.
En el Seminario 7. La Ética (2007), ubicamos la referencia al amor
cortés, invención que durante la Edad Media configuró el paradigma
del amor y fue el germen de la poesía trovadora y una consecuencia de
la herejía cátara. En el Seminario 8. La Transferencia (2008), tenemos
el análisis del Banquete platónico, de cada uno de los discursos que
los comensales hacen sobre el amor. Donde las acciones amorosas más
ejemplares y de agrado de los dioses implican el sacrificio del amado o
del amante. Este amor que supone el sacrificio de la propia vida será
retomado por el cristianismo, será el amor puro que se torna todo sa-
crificio no solamente de la propia vida sino hasta del paraíso, por amor
a Dios.
En el Seminario 10. La Angustia (2007), nos planteará en forma de
aforismo: “el amor es lo que permite al goce condescender al deseo”
(Lacan, p. 194).
En el Seminario 17. El Reverso del Psicoanálisis (2008), nos dejará al
pasar una afirmación enigmática que quizás la encontremos respondida
en sus últimos Seminarios, “un amor más allá de la ley edípica”.
En los últimos años de su enseñanza en el momento del Seminario
Los no incautos yerran (1973), y el Seminario 20. Aún (1998), se produ-
ce un corte con lo anterior que implica un nuevo anudamiento.
Un nuevo amor
Un nuevo amor tiene como referencia un poema de Arthur Rim-
baud, A una razón, incluido en Iluminaciones (1961):
2. El psicoanálisis y el amor 22
Un golpe de tu dedo en el tambor descarga todos los
Sonidos e inaugura la nueva armonía
Un paso tuyo, es la leva de los hombres nuevos y el comienzo de
su andar.
Tu cabeza se mueve: ¡el nuevo amor! Tu cabeza se vuelve
¡el nuevo amor!
“Cambia nuestras suertes, limpia las plagas, comenzando por
el tiempo”, te cantan esos niños. “Eleva, no importa dónde,
la sustancia de nuestros destinos y de nuestros deseos”, te
imploran.
Llegada desde siempre, irás por dondequiera.
Se trata de un nuevo amor, no de un amor nuevo. No se trata del
mismo amor con distinto objeto, sino de una nueva forma de amar, un
cambio de paradigma en la concepción del amor.
El amor no existiría sino hubiera una palabra que lo nombrara y nos
aleja de cualquier deriva del pensamiento que nos haga creer en nuestra
existencia como determinada por nuestra biología. Aunque cada vez
más observamos el intento extremo de concebir el amor como el resul-
tado del aumento o disminución de la dopamina. Incluso, se considera
factible calcular el tiempo de su duración para así poder incluirlo sin
pudor en el mercado. Esto ya está incorporado en el habla popular.
Ahora se dice, cuando un hombre o una mujer termina una relación de
noviazgo o matrimonio, volver al mercado. Pasando así desapercibido
para el que lo pronuncia qué lugar se otorga a él mismo con este decir.
El amor para el psicoanálisis ha sido fundamental, pero no sola-
mente por un interés teórico sino por la importancia que adquiere en la
clínica. Comprobamos como uno de los problemas acuciantes para el
sujeto que viene a nuestra consulta es: “amar demasiado”, o “no saber lo
que es amar”, o “encontrarse repetidamente con su fracaso”, o “no ser
correspondido”.
¿Qué novedad nos trae Lacan que no estuviera en Freud? Llevando
al extremo los problemas encontrados en la clínica, Lacan en el Semina-
rio 20. Aún (1998), dedicado al goce, pero no solamente, da un estatus
nuevo al amor haciendo un recorrido por la poesía mística. Podemos
considerar este Seminario como un poema de amor.
23 2. El psicoanálisis y el amor
Resulta sorprendente encontrarse, casi al pasar, la referencia a un
lapsus ortográfico del propio Lacan en una carta dirigida a una mujer
“Nunca sabrás cuánto fuiste amado por mí”. El verbo en masculino en
vez de en femenino es el lapsus que le permite afirmar acto seguido:
“cuando se ama no es asunto de sexo”. Afirmación que en sí misma re-
sulta enigmática. Es cierto que cuando alguien siente y experimenta el
amor, parecen suspenderse las diferencias entre hombres y mujeres que
por momentos vivimos como insalvables.
La diferencia sexual no es lo que domina cuando del amor se trata
y el hombre puede no retroceder frente a la existencia de lo femenino,
permitiendo así, también, que ella no retroceda frente a eso ajeno a ella
misma. Esta presencia de las mujeres en el mundo hace existir un goce
que no pasa ni se reduce al goce fálico o del órgano. Las mujeres par-
ticipan de este goce fálico, pero además algunas experimentan un goce
suplementario que compromete a su cuerpo.
Estos goces diferentes de hombre, mujer, que no son complementa-
rios, que no consiguen ninguna armonía, le hacen afirmar a Lacan que
la relación sexual es imposible escribirla, “y es esta imposibilidad la que
de una u otra forma el amor ha tratado de suplir”.
Las distintas formas en que el amor se ha expresado hasta ahora,
tienen esta función de suplencia de la imposibilidad, pero pretendiendo
escamotearla. Por ello llega a decir el amor es imposible. Haciendo alu-
sión a que se trata de una contingencia, una chispa, de un momento en
el que se suspende esta imposibilidad y que después, en algunos casos,
pasa al orden de lo necesario. Este paso de lo fulgurante a la necesidad
del amado, al intento de eternizar ese instante, la poesía y la mística lo
han sabido nombrar de la manera más certera.
San Juan de la Cruz (2002), nos habla de “por un no sé qué, que se
alcanza por ventura” forma magistral de nombrar este fulgor del inicio,
esa contingencia que luego para que el amor subsista tiende a perma-
necer, a ser del orden de lo necesario, constituyendo así el destino y
también el drama del amor.
¡Qué no traspasen esta puerta quienes no estén dispuestos a saber
de esta imposibilidad en el corazón mismo del encuentro! Y entonces,
¿qué nos llevará a elegir o a encontrarnos unos con otros y en distin-
tos momentos de la vida?, ¿es posible que las condiciones que hacen a
2. El psicoanálisis y el amor 24
nuestra singularidad puedan hacer surgir un amor distinto? Distinto al
que encalla en la repetición, distinto al que se aliena a las improntas más
familiares, distinto al que tiende al todo de la unión sin falla.
El poema de Rimbaud (1976) es el antecedente del poema de Lacan.
Un amor por fuera de las leyes del Edipo, que no es un amor transgre-
sor, sino un amor que se eleva sobre las determinaciones del destino y
que no retrocede.
Lo Singular y lo Imposible
Las condiciones por las cuales uno elige a otro y surge el amor son
condiciones inconscientes, son condiciones que el sujeto desconoce. Se
trata de un saber inconsciente. No dispone de ese saber y el recorrido
analítico le permite ir reconociendo estas marcas que nos hacen absolu-
tamente irrepetibles. Es lo que está en la base de ese punto de encuen-
tro, de ese momento fulgurante. Estas marcas no son exactamente ni las
identificaciones, ni las determinaciones familiares sino lo que inventó
cada uno por fuera de todo eso. Y en el análisis lo que pasa es que un
sujeto viene con esas determinaciones, identificaciones, con ese peso y
se necesita tiempo hasta encontrarse con lo que es su invención, que ya
no puede achacar a ninguna determinación, que es lo más propio, una
manera singular de gozar conectada con este imposible. Es una respues-
ta que particularmente cada uno da a esta imposibilidad de la relación
sexual. Si fuera una determinación insalvable no habría posibilidad de
trabajar en un análisis. Sería un destino marcado, escrito, inalterable.
En todo caso el destino que tenemos marcado y escrito surge de nuestro
propio invento y por eso Rimbaud (1976) en el poema dice: “elevar las
sustancias de nuestros destinos”. Podríamos decir que aquí “las sustan-
cias de nuestros destinos” es esa: la que nosotros dimos a lo que nos tocó
vivir.
Hay un amor que permite una dignidad mayor y que tiene que ver
con saber de la imposibilidad, con sostenerse en ella y, por tanto, con
ampararse en lo más singular de uno.
25 2. El psicoanálisis y el amor
Diferencia del amor en la religión y en el psicoanálisis
¿Qué hace que Lacan no entre en una vertiente religiosa del amor?
Entre otras cosas, que esta imposibilidad va en contra del sacrificio
como una salida del amor. Lacan no plantea en ningún momento el
amor como sacrificio, lo considera en su vertiente dramática no sacri-
ficial. Drama, como destino que uno tiene que asumir. Curiosamente,
lo conecta al goce sexual, pero ha dicho antes, que no es una cuestión
de sexo ¿entonces cómo se conectan amor y goce?, lo conecta al Otro
con mayúsculas. Una de las figuras del Otro con mayúsculas es Dios.
¿Qué dice Lacan en el Seminario 20. Aún (1998)? Uno de sus capítulos
se titula Dios y el goce de la mujer. Este goce femenino introduce una
problemática a la hora de pensar ese Dios como otro sin cuerpo, como
otro del sacrificio de todos los apetitos de la carne. María Zambrano
dice. “La poesía hace que las experiencias se encarnen”, pues la poesía
toca el cuerpo. La religión católica ha tenido el cuerpo muy presente
pero siempre del lado del goce sacrificial, del martirio. El éxtasis de
Cristo en su sacrificio –dice en un momento Lacan– no era para salvar
a los hombres, era para sostener al padre. Tenía que volver a sostenerlo.
Dios-padre estaba en cuestión y tenía que venir el sacrificio del hijo a
salvarlo. Lacan se aleja definitivamente de la religión tomando el goce
suplementario femenino como algo fundamental en el mundo.
El amor de transferencia
Lacan, a partir del Seminario 20. Aún (1998), también cambia la
concepción de la transferencia, se trata de “la crítica a Freud”. Se conci-
be la transferencia distinta a la repetición. Es decir, es una transferencia
que no puede estar sostenida sólo por la vía fantasmática. La posición
del analista tiene que jugar ese juego, pero para estar atento y apuntar
a lo imposible en el decir del sujeto; el sinsentido, los puntos de vacío,
2. El psicoanálisis y el amor 26
lo que no tiene repuesta. Por eso cada vez más Lacan va llevando la in-
tervención del analista sobre todo al corte de la sesión. Al punto donde
uno escucha y lee en el texto de lo que el paciente dice, ¿y qué lee?:
cuando la palabra no alcanza. No intervenimos a favor de dar sentido,
pues estamos advertidos que esta es la vertiente religiosa. La transferen-
cia para el analizante funciona como para todos, es el analista el que tie-
ne que estar atento a esta nueva concepción de la transferencia que no
es convertir este amor transferencial en una repetición. La intervención
del analista es para salirse de ahí.
¿Dónde le cita el paciente al analista? En el lugar de la repetición. El
paciente le lleva a sus determinaciones y quiere con el analista repetir ¿y
el analista que hace? No se niega, se presta y se las ingenia para que esta
determinación no encuentre eco, pues alejan al analizante de la singular
respuesta que dio frente a lo imposible.
Lo que hace el analista es intervenir para que el sujeto llegue a com-
probar que ese amor al sentido no le sirve para escaparse del destino.
Ese amor al sentido no lo va a llevar a las mejores experiencias.
Para terminar, este nuevo amor se produce cuando en el encuentro
con el otro surgen las marcas del exilio de la relación sexual de uno mis-
mo. Se trata de un amor que no repudia la diferencia sinthomática y ad-
mite la imposible cópula en la manera de gozar de hombres y mujeres.
Este nuevo amor tiene a lo imposible de la relación sexual como fondo
y a la diferencia como escenario. Y el analista con sus intervenciones
incide sobre ello, al menos desde la perspectiva lacaniana.
27 2. El psicoanálisis y el amor
BIBLIOGRAFÍA
Arendt, H. (2001). El concepto del amor en San Agustín. Ediciones Encuentro,
S.A.
Badiou, A. (2011). Elogio del Amor. La esfera de los libros.
Barthes, R. (1982). Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI.
Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos hu-
manos. FCE de España.
Coontz, S. (2006). Historia del Matrimonio. Editorial Gedisa SA.
De La Cruz, San Juan. (2002). Cántico Espiritual y Poesía Completa. Editorial
Crítica.
De Navarra, M. (1991). Heptamerón. Ediciones Cátedra SA.
De Rougemont, D. (1993). El amor y Occidente. Editorial Kairós.
Duby, G. (1990). El amor en la Edad Media y otros ensayos. Alianza Univer-
sidad.
Duras, M.
- (1994). Escribir. Tusquets editores.
- (1995). El arrebato de Lol V. Stein. Tusquets.
- (1996). El mal de la muerte. Tusquets.
Freud, S. (1972/1974) Obras Completas. 9 tomos. Biblioteca Nueva.
Lacan, J.
- (1973). Los no incautos yerran. 13 de noviembre de 1973. Inédito.
- (1981/1975). El seminario de Jacques Lacan. libro 20. Aún 1972-1973.
(traducción de Diana Rabinovich, Delmont-Mauri y Julieta Sucre). Paidós.
- (1988). Intervenciones y Textos 2. (traducción de Juan Luis Delmont y
Julieta Sucre) Ediciones Manantial.
- (2005/2005). El triunfo de la religión, precedido de Discurso a los católicos.
(traducción de Nora González). Paidós.
- (2006/2006). El seminario 23. El Sinthome 1975-1976. (traducción de
Nora González) Paidós.
- (2007/1973). El seminario de Jacques Lacan. libro 7. La ética del psicoaná-
lisis. 1959-1960. (traducción de Diana S. Rabinovich). Paidós.
- (2007/2004). El seminario de Jacques Lacan. libro 10. La angustia. 1962-
1963. (traducción de Diana S. Rabinovich). Paidós.
- (2008/1991). El seminario de Jacques Lacan. libro 8. La transferencia.
1960-1961. (traducción de Diana S. Rabinovich). Paidós.
2. El psicoanálisis y el amor 28
- (2008/1975). El seminario de Jacques Lacan. libro 17. El reverso del psi-
coanálisis. 1969-1970. (traducción de: Enric Berenguer y Miquel Bassols).
Paidós.
Le Brun, J. (2004). El Amor Puro. De Platón a Lacan. El Cuenco de Plata.
Miller, J. A.
- (2001). La Erótica del tiempo y otros textos. Editorial Tres Haches.
- (2002). De la Naturaleza de los semblantes. Paidós.
- (2003). La pareja y el amor, Conversaciones Clínicas con Jacques-Alain
Miller en Barcelona. Paidós SAICF.
- (2008). El partenaire-síntoma. Paidós SAICF.
- (2010). Los Divinos Detalles. Paidós.
Nehring, C. (2011). A favor del Amor. La esfera de los libros.
Ortega y Gasset, J. (1971). Estudios sobre el amor. Salvat Editores.
Platón. (1988). Diálogos III. El Banquete. Biblioteca Clásica Gredos.
Rimbaud, A. (1976). Las Iluminaciones, Carta a la Vidente. Monte Ávila Edi-
tores CA.
Stendhal. (1999). Del Amor. Biblioteca Edaf.
29 2. El psicoanálisis y el amor
EL AMOR EN PSICOANÁLISIS
Elina Weschler.
Escritora y psicoanalista. Miembro titular con función didacta de la Aso-
ciación Psicoanalítica de Madrid. Ha publicado cinco libros de poesía y La
metáfora milenaria Una lectura Psicoanalítica de la Biblia (1998, Paidós)
en coautoría con Daniel Schoffer, Psicoanálisis en la tragedia. De las trage-
dias neuróticas al drama universal (2001, Biblioteca Nueva), Arrebatos fe-
meninos, obsesiones masculinas. Clínica psicoanalítica hoy (2008, Editorial
Letra Viva), Herencias. La transmisión en psicoanálisis (2013), en la misma
editorial y Escenas freudianas (2017) en coautoría con Elena Kaplan.
Ha publicado también tres novelas: El exilio de las mujeres (2016) y Otra
vez la otra (2019, Letra Viva), y Amor en la nube (2020, Tierra Trivium).
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de
oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir
en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus
pequeñas magias inútiles.
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
El Amenazado. Jorge Luis Borges
El amor rompe con las cosas comunes, con la vaga erudición, con el
sabor del sueño y destina al resto del mundo a la insignificancia.
No hay amor natural. Lo hay porque se habla, porque hablar es
demandar.
“El acontecimiento del amor”, parafraseando a Badiou, jamás dejará
de buscarse y, en el mejor de los casos, producirse.
El goce autista es reverberante, culmina sobre el propio cuerpo, se
cierra sobre sí mismo. La búsqueda amorosa se refiere, muy por el con-
trario, al anhelo del encuentro de la plenitud con otro, aunque el resto
de lo no realizable se imponga.
Realización siempre por advenir y, una vez rozada, indefectiblemen-
te perdida.
2. El psicoanálisis y el amor 30
¿Qué es entonces el sentimiento amoroso sino la modalidad más
abisal de la ausencia aún en la presencia?
Rompiendo la serie de posibles objetos de deseo, viene a instalarse el
objeto amoroso como único. Y en único, grandioso, se convierte tam-
bién el propio Yo. Signo inequívoco, maravilla de “el encuentro” que
Freud abordará en términos de imaginario reencuentro con los objetos
edípicos en el apartado El hallazgo de objeto de sus Tres ensayos de Teoría
sexual (1905).
Una mujer entre todas las mujeres. Un hombre entre todos los
hombres.
Como contrafigura de
las historias no proporcio-
nales que nos cuentan esos
hombres y mujeres que,
de ello, ¿podría ser de otra
cosa? veladamente o no,
siguen viniendo a delatar
a nuestros divanes como
malestar de amor.
Pues de amor, como
genialmente intuyó y más
tarde conceptualizó Freud Fotografía cedida por Elena Martínez Comes
a través de toda su obra, se
trata. De por qué amo a una y deseo a otra, de por qué cuando él –al
fin– dice amarme, ya no lo quiero, de por qué, aunque tanto amo, no
puedo gozarlo-la. Y así de seguido. De ese enigma se trata.
Es sobre este malestar por la que los sujetos buscan análisis para
interrogarse qué torna tan fallida la supuesta y sólo mítica complemen-
tariedad entre los sexos.
Inútil encontrar respuestas normativas para la cuestión. Se trata,
siempre, del uno por uno, del caso por caso. Nada indica que los suje-
tos hayan estado libres ni de su exaltación ni de sus desvelos ni que las
nuevas coyunturas hayan resuelto el problema.
Nuevas figuras familiares, nuevos inventos tecnológicos, pero siem-
pre las mismas preguntas. Nuevas envolturas sintomáticas, pero siem-
pre la misma búsqueda: la búsqueda atemporal del amor.
31 2. El psicoanálisis y el amor
El sujeto se encuentra barrado, insabido de sí, alienado, incompleto.
Y en correspondencia, el otro como objeto pleno no será ya nunca reen-
contrado. En palabras de Freud en Sobre la más generalizada degradación
de la vida amorosa. Cito:
Hay algo en la naturaleza de la pulsión sexual misma desfavorable al
logro de la satisfacción plena…el objeto originario se ha perdido por obra
de la represión y es subrogado por una serie interminable de objetos susti-
tutivos de los cuales ninguno satisface plenamente. (Freud, 1912. p. 182).
Pero el vacío puede ser colmado en el encuentro amoroso, con la
promesa de ser Uno con el otro.
En el amor es el inconsciente quien elige. El pasado se impone en
acto, nos dice Freud.
Una mujer es para todo hombre un síntoma, dirá Lacan, mientras
que el hombre es para la mujer todo lo que se quiera, una aflicción peor
que un síntoma, incluso un estrago.
Tanto la mujer como el hombre neurótico suelen enfrentarse con
una impotencia para el goce y/o el amor. Habitualmente, –aunque con
excepciones–, la mujer a la manera histérica, el hombre a la manera
obsesiva, tal como nos recuerda Freud en Inhibición, síntoma y angustia
(1926 [1925]).
Amor de transferencia
¿Acaso el amor ordinario varía de la expectación de la del hombre o
de la mujer echados en el diván? Espera de la palabra del analista que
otorgue el don, la clave para dejar de sufrir.
La transferencia es amor. Ofrecerse como objeto de amor es cons-
titutivo de la posición de analista. En la experiencia amor y saber van
juntos: “se ama a quién se le supone el saber”, dirá Lacan.
Interpretación y construcción, puras palabras, que sólo si son escu-
chadas desde esa especialísima posición podrán tener efectos de re-sig-
nificación del síntoma sostenido por el fantasma.
2. El psicoanálisis y el amor 32
Que sólo desde ese lugar podrá, de últimas, introducir un cambio
en el propio discurso amoroso del paciente. Poder demandar algo del
amor, tan imposibilitado en la obsesión, poder demandar algo menos
del amor, tan exaltado en la histeria.
Espacio privilegiado para hablar de amor con un Otro no gozante
del sujeto en cuestión, sino animado, en el mejor de los casos, por el
Deseo de analista, en un dispositivo marcado por la huella de una vieja
y renovada abstinencia de los cuerpos, metáfora de la prohibición del
incesto.
Es el silencio del analista el que llama al fantasma a ser atravesado
por vía de la libre asociación, pero llegado a un punto todo aquello que
no pueda ser verbalizado, seguirá necesariamente la zigzagueante vía de
la transferencia.
La abstinencia del dispositivo impone al analizante pocos caminos:
seguir hablando y seguir escuchando, o romperlo: no querer seguir ha-
blando hacia la nada.
Esta puesta en acto es repetición de la indestructible posición del
deseo inconsciente con respecto al Otro del que hace semblante, ahora,
el analista, que ocupa el lugar de causa de deseo. Repetición, sí, pero
también creación.
De allí que Freud (1905) se percate, demasiado tarde para su pa-
ciente Dora, a tiempo para la teoría, de que lo no simbolizado en la
transferencia como repetición de la posición histérica en relación con
Freud-padre, se resolviera en su fuga. Que la paradigmática Dora se
interrogaba desde su epistemofilia, que amaba a la señora K. porque
quería saber del sexo, que, obturando la dirección deseante hacia la
otra mujer, Freud mismo caía como semblante del padre-castrado de
la histérica.
El pasaje del lugar del analista como el que supuestamente sabe,
clave de los inicios de cualquier análisis, a su caída, será entonces, en
sus avatares, el sostén del proceso analítico en el que, de llegar a su fin,
el analista quedará como un resto. ¿Y por qué como un resto?
Porque las historias de amor también terminan.
33 2. El psicoanálisis y el amor
Amor en femenino
Aunque el tiempo haya transcurrido, aunque haya caído el patriarca
y su modelo de constitución familiar y cada vez más mujeres obtengan
más gratificaciones fálicas del orden del tener –dinero, prestigio pro-
fesional, poder– siguen siendo ellas, nosotras, las que presentan como
síntoma privilegiado el sufrimiento amoroso.
En el hombre, el deseo pasa habitualmente por el placer fálico, en las
mujeres el deseo pasa habitualmente por el amor.
La libido masculina suele tener soportes múltiples siempre que la
fobia no los detenga, mientras que el amor femenino suele basarse en
la exclusividad. Sin embargo, en la clínica actual con mujeres encontra-
mos maridos a los que se quiere y amantes que causan el deseo. Freud ya
lo advertía en su Segunda contribución a la Psicología del amor. “Esa con-
dición de lo prohibido es equiparable en la vida amorosa femenina, a la
necesidad de degradación del objeto sexual en el varón” (1912, p. 180).
También mujeres que han pasado de posicionarse de “mujeres-obje-
to” a buscar “hombres-objeto” en plena identificación con ese rasgo viril
de las generaciones anteriores. Masculinización en este caso, pérdida de
la posición femenina.
El goce todo fálico suele llevar a los hombres a dirigirse a múltiples
mujeres, que van desde los que se dividen entre la esposa y la amante
de turno, a aquéllos que se ven compelidos a ir de una a otra sin poder
detenerse en ninguna.
Sin desmerecer que hay hombres que aman como mujeres y mujeres
que aman como hombres, ya que no nos referimos a la biología sino a la
posición psíquica. Y también hombres que, en palabras de Freud, pue-
den hacer coincidir en una mujer la corriente sexual y la corriente tierna.
Pero contrariamente a la mayoría de los hombres cuyo placer fálico
les basta, las mujeres necesitan el signo y las palabras de amor.
La demanda de amor femenina, el gusto por las cuestiones de amor,
es un goce en sí mismo, y el miedo a perderlo equivale para Freud a la
angustia de castración masculina según escribe en Inhibición, síntoma y
angustia (1926 [1925]).
2. El psicoanálisis y el amor 34
Será el encuentro con un hombre –y no con cualquiera– que ese
goce llevado al acto pueda convertir su vida en un tormento.
La apuesta de los medios de comunicación y de los sexólogos por la
supuesta naturalidad y simplicidad del encuentro sexual enmascara su
eterna complejidad ya que el mito de la complementariedad entre los
sexos se ve trastocado por las diferencias entre hombres y mujeres. El
desencuentro es estructural.
Arrebatos femeninos
La pasión amorosa, cambiante en las formas por las modalidades de
los tiempos, sigue apareciendo como una marca femenina por excelencia.
Morir de amor, real o psíquicamente, concierne también a los hom-
bres, pero en nuestra cultura se muestra como un paradigma femenino.
La tragedia griega ya lo sabía: Fedra es su arquetipo.
Los hombres se apasionan en general por los asuntos civiles. El dis-
curso pasional masculino suele encubrirse por los temas del dinero, del
poder, de la erudición. Las mujeres, en cambio, aunque cada vez más
inscriptas en las cuestiones fálicas del tener, no dejan de presentar un
plus, un plus netamente femenino que mantiene una relación especial
no sólo con el amor sino también con la angustia, su fiel compañera de
ruta.
En el arrebato amoroso, las mujeres experimentan el exceso, lo irre-
sistible, el hombre elegido como único horizonte vital. Los momen-
tos en que son correspondidas les produce una exaltación narcisista de
felicidad suprema, pero cuando no, un dejarse caer en la angustia, la
depresión, la desesperación.
Allí donde Freud encuentra detrás del gran apego al padre, la vin-
culación incestuosa con la madre, Lacan hablará de estrago maternal.
Más tarde, un hombre puede ocupar el lugar de la devastación materna.
Estos estados femeninos se presentan clínicamente como el reverso
de la autonomía femenina en cualquiera de sus ámbitos pues implican
el sacrificio extremo en nombre del amor.
35 2. El psicoanálisis y el amor
Las mujeres desisten entonces en favor del objeto, renuncian a la
autonomía en beneficio del otro al que se dedican a sostener. Esta situa-
ción, acompañada del desplazamiento de las aspiraciones personales al
hombre elegido, sigue siendo una figura frecuente de la clínica actual.
Todos los demás aspectos de la vida quedan entonces anulados por
este arrebato que nada ni nadie, mientras dura, podrá calmar. La causa
desesperada se pone al servicio de una derrota inevitable y mantiene a
las mujeres en un destino de fracaso.
El estrago llega al límite cuando la dependencia se perpetúa, aunque
el daño o la humillación sean extremas.
¿De qué advierte la insistencia de esta posición aún en nuestro post-
modernismo? Del deseo inconsciente que convoca a repetir el goce ab-
soluto que no pudo realizarse con el objeto primordial y que no se
realizará jamás.
Las mujeres instauran entonces una posición invertida en virtud de
la cual aman desesperadamente como hubieran querido ser amadas.
La hija invoca así al hombre como el que detenta la plenitud, herencia
imaginaria del Otro primordial.
El padre, que se significó en la fase fálica como poseedor del falo
que desea la madre, ha heredado la omnipotencia con la que ella estaba
investida y el fantasma concomitante de un goce ilimitado que tiene y
puede ofrecer. La mujer no ha hecho más que desplazar sobre el padre,
y más tarde sobre un hombre, la meta de su primer lazo libidinal.
Repetición del deseo inconsciente, indestructible, irrealizable en la
infancia y relanzado hacia el objeto de amor.
El hombre imaginarizado como completo, sin falta, se transforma
entonces en causa de su amor, pero también de su otra cara, el odio.
La vocación de las mujeres por crear y mostrar esta escena trágica,
su desborde en el lugar mismo del síntoma se deja escuchar en nuestras
consultas. La desventura amorosa sigue siendo para ellas el motivo pri-
vilegiado de consulta.
Suelen justificar su drama en nombre del amor, que idealizan y
transforman en goce supremo y en arma de batalla.
El análisis permitirá a estas Fedras de nuestro tiempo, cuyo discurso
nos interpela desde una obstinada fijación, encontrar otro lugar –más
advertido– de lo que puede y no puede ofrecer el amor.
2. El psicoanálisis y el amor 36
El amor y el arrebato maternal
La madre debe operar como Nebenmensch, tal como nombra Freud
en el Proyecto de Psicología (1950 [1895]) a ese Otro que sostiene al
cachorro humano en su primera indefensión.
Ese Otro nominante, donador de significantes, decodificador del
grito que se transformará finalmente en palabras. Amoroso deseo de la
madre, operador necesario de la constitución subjetiva.
Este auxilio exterior va más allá del objeto de la necesidad instintiva
que en el sujeto parlante queda perdido para siempre. El cachorro hu-
mano, en su camino hacia el objeto, se encontrará con la voz, con las
palabras, signos primeros de lo humano que provienen de ese Otro que
ejerce la función materna.
De allí en más, como nunca podrá haber repetición exitosa de la
vivencia de satisfacción, escribe Freud en el Proyecto de Psicología (1950
[1895]), ese resto se transforma en búsqueda permanente, ese resto se
constituye en germen del deseo.
Germen de deseo al que la cultura impondrá la ley de prohibición de
la madre, que consagra a una perpetua derivación de objeto en objeto,
de ilusión en ilusión.
El tercero intervendrá como freno y evitará, en el mejor de los casos,
el efecto devastador del goce excesivo de la madre, la otra cara del amor
materno, que en su versión más patológica implicará al hijo como fetiche.
La orientación de la mujer hacia el hombre se presenta problemá-
tica, vacilante, precaria. Freud, que no era ajeno a esta circunstancia,
marcó el enigma con la pregunta “¿Qué quiere la mujer?”.
Parece haber resuelto el tema de la castración femenina por la ver-
tiente fálica. Tener hijos, en lugar del falo anhelado. Incluso llega a afir-
mar en su texto La femineidad en Nuevas conferencias de introducción al
psicoanálisis (1933 [1932]), que para que un matrimonio funcione, el
hombre tiene que terminar por ubicarse como hijo de su mujer, culmi-
nación de las elecciones de objeto que llama anaclíticas o de apuntala-
miento en Introducción al narcisismo (1914): la madre nutricia, el padre
protector, junto a las elecciones narcisistas allí descritas.
37 2. El psicoanálisis y el amor
En efecto, la mujer puede tomar el camino privilegiado de la mater-
nidad, a la que puede consagrar un pleno amor objetal sin renunciar al
narcisismo.
Hasta ayer, vivíamos en una civilización en que la representación de la
feminidad era absorbida por la maternidad; esta representación ha caído.
Sin embargo, las mujeres pueden obturar la inquietante pregunta so-
bre la feminidad a través del rodeo de la maternidad: ser mujer será, en-
tonces, ser madre. La ecuación imaginaria mujer=madre habrá triunfado
entonces sobre el enigma. Si hay hijo, ya no habrá falta.
La realización materna no parece defender necesariamente a las muje-
res de la patología del amor, esta vez encarnada en el hijo.
La “pasión de embarazo” suele aparecer en mujeres cercanas a la cua-
rentena que deciden exponerse a todo tipo de intervenciones, las veces
que haga falta, convirtiéndose la futura maternidad en lo único deseable.
El valor del hijo como falo no tiene parangón con ningún otro logro de
ese orden.
La disimetría entre los sexos se asienta en la economía de quien lo
tiene y quien no lo tiene, y la niña experimenta su falta en la fase fálica
de manera privilegiada en el registro del tener. Esta frustración (penisneid
en Freud) inaugurará el Edipo positivo en la mujer que se dirigirá al pa-
dre para obtenerlo. Sobrevendrá entonces la privación: la niña no tendrá
jamás un hijo del padre, lo que duplicaría el incesto materno, sino de un
sustituto.
No tener el falo, querer tenerlo, querer un hijo; tal es la ecuación
freudiana exitosa. Pero por este camino no accederá necesariamente a
una posición femenina.
Si una mujer imaginariza el falo a través del hijo, no sorprenderá
que en esa circunstancia se aleje del hombre, partición entre ser mujer y
ser madre. La psicopatología del puerperio no afecta sólo a las mujeres
sino a la pareja. El desencuentro estructural se deja notar con especial
intensidad en esta época y conduce muchas veces al deterioro o la ani-
quilación de la hasta allí pareja sin serios conflictos.
El amor maternal no resuelve la cuestión de la femineidad. Una
mujer que concibe no se siente por ello más mujer. Por el contrario, la
clínica nos muestra que, en una gran cantidad de casos, la mujer que se
ha vuelto madre suele sentirse más apartada del amor erótico que antes.
2. El psicoanálisis y el amor 38
Amor en masculino
En sus primeras dos Contribuciones a la psicología del amor (1910-
1912), Freud da cuenta de la bifocalidad del deseo masculino donde la
condición amorosa reposa en el clivaje inconsciente del objeto, en tanto
el sujeto masculino no está enfrentado al Otro sexo como tal, sino a dos
valores del objeto edípico: la mujer sobrestimada y la mujer rebajada,
en palabras freudianas: la madre y la dirne, la mujer fácil o la prostituta.
Lo escribe así. “Cuando aman no anhelan, cuando anhelan no pueden
amar” (Freud, 1912, p. 176).
Esta escisión del objeto incestuoso conduce, en una cuestión de grados,
a un postulado básico, matriz de la separación entre amor y deseo sexual.
La tal prostituta freudiana queda en nuestro tiempo reemplazada,
aunque la prostitución siga existiendo, por la o las amantes. La presen-
cia de la amante corrobora esta disociación, motivo de consulta frecuen-
te en hombres divididos entre las dos.
¿Pero qué sucede con esta división desde el lado de las mujeres? ¿Es-
tán exentas de encarnar alguna de estas dos posiciones, fijarse en una de
ellas, obsesionarse por el enigma de la otra?
Ser una mujer no se reduce, evidentemente, a ser la amante, pero la
amante la encarna. La mujer legítima no es, evidentemente, la madre,
pero suele representarla.
Para concluir
He transitado las diferencias entre hombres y mujeres en relación al
goce y al amor para testimoniar, desde el psicoanálisis, su desencuentro
estructural. Pero a pesar, o por ello, sigue y seguirá habiendo encuentros
amorosos, más o menos pero siempre sintomáticos.
Parafraseando a Freud, en Introducción al Narcisismo (1914): Si
amas, sufres, si no amas, enfermas. ¿Se tratará, entonces, de amar sin
39 2. El psicoanálisis y el amor
tanto sufrimiento por estar advertidos, luego de un análisis, de los lími-
tes propios del amor?
Pues de eso se trata, de ese encuentro contingente que ofrece la oca-
sión de entrar en contacto con otro que encarnará tanto lo anhelado
como lo fallido.
2. El psicoanálisis y el amor 40
BIBLIOGRAFÍA
Borges, J. (1972). El oro de los tigres. Editorial Emecé.
Freud, S. Obras Completas. Amorrortu ed. 24 tomos. (traducción de J. L.
Etcheverry).
- (1992/1950). Proyecto de psicología. en Obras Completas I. (pp. 323-447).
- (1992/1905). Fragmento de análisis de un caso de histeria (Caso Dora). en
Obras Completas VII. (pp. 1-109).
- (2003/1910-1912). Contribuciones a la Psicología del amor. Partes I y II.
en Obras Completas XI. (pp. 155-185).
- (1991/1914). Introducción del narcisismo. en Obras Completas XIV. (pp.
65-99).
- (1992/1926). Inhibición, Síntoma y angustia. en Obras Completas XX.
(pp. 75-161).
- (1991/1933). 34ª conferencia La feminidad. en Nuevas conferencias de
introducción al psicoanálisis. en Obras Completas XXII. (pp. 104-126).
Lacan, J. (1986/1975). El seminario de Jacques Lacan. libro 20. Aún 1972-
1973. (traducción de Diana Rabinovich, Juan Luis Delmont-Mauri y Ju-
lieta Sucre). Paidós.
Wechsler, E. (2008). Arrebatos femeninos, obsesiones masculinas. Clínica psi-
coanalítica hoy. Editorial Letra Viva.
3
3. EL AMOR EN LAS ESTRUCTURAS CLÍNICAS.
INTRODUCCIÓN
Javier Ortiz Rodríguez.
Psiquiatra y psicoanalista.
El amor ocupa un lugar central en psicoanálisis. Sobre él pivota el
propio análisis, amor de saber cuándo nos dirigimos a un sujeto supues-
to saber; amor de transferencia, al fin y al cabo, sin amor no puede haber
análisis. Antes de hablar de cómo es el amor en las estructuras clínicas
convendría saber de qué estamos hablando cuando hablamos de amor.
Seguramente es una pregunta imposible de contestar de forma cer-
tera ¿de qué amor hablamos? Está el amor de pareja, el amor narcisista,
el amor a uno o más dioses, el amor hacia los hijos, tan poderoso en
la mujer, el amor a los animales y hasta a los objetos, como veremos a
continuación en la ponencia de Gustavo4 Dessal. Pero más allá del ob-
jeto al que se dirige el amor, está la cualidad del amor. Amor pasional,
enamoramiento vs. amor que yo llamo “contractual”: el que forman en
las sociedades occidentales las parejas hasta morir de rutina.
Tiene el enamoramiento, como se ha dicho hasta la saciedad, algo
de locura transitoria que en el neurótico servirá para colmar imaginaria-
mente la falta, para soportar lo insoportable de la existencia, y por eso
volverá una y otra vez a perseguirlo, como dice Roland Barthes (1993)
en Fragmentos del discurso amoroso: “la saciedad existe y no me daré
tregua hasta hacer que se repita a través de todos los meandros de la
4
La ponencia de Gustavo Dessal fue dictada sobre un guion y no se incluye en la presente publicación.
41
3. El amor en las estructuras clínicas 42
historia amorosa”, en el psicótico de lo que se trata es de llenar un vacío;
mediante el delirio tiende lazos al otro, pero solo consigue investir la pa-
labra que se convierte en cosa. Lacan parte del amor cortés para explicar
las diferencias entre el amor neurótico y el psicótico. Dice:
La creación de la poesía cortés tiende a hacer lo siguiente: a situar en el lugar de
la Cosa... cierto malestar en la cultura. La creación de la poesía consiste en plantear,
según el modelo de sublimación propio del arte, un objeto al que designaría como
enloquecedor, un partenaire inhumano. (Lacan, 2007, p. 183).
Ana Maeso profundizará sobre esta cuestión en su ponencia.
Es una filosofía del amor nacida en la Provenza francesa en el siglo
XI. Las características principales del amor cortés son las siguientes:
1. Humildad: los amadores adoptan una postura servil frente a la
dama. Los códigos siervo/señor de la sociedad feudal se trasladan
a la relación amorosa. El amante es el esclavo de la dama.
2. Cortesía: moral y social. Hay cualidades y virtudes éticas (valor,
caballerosidad) y está dentro del estamento aristocrático cortesa-
no. Solo el cortesano es capaz de amar.
3. Religión del amor: La mujer ocupará el lugar absoluto de Dios
en la religión del amor. El hombre se siente ligado a ella. La mu-
jer será objeto de culto a la manera cristiana. El amador hace de
su amada un dios.
4. Adulterio: el amador ama a una mujer casada. Amor y matri-
monio son antagónicos. Hay una oposición entre el verdadero
amor y el matrimonio, porque este obedece a intereses sociales
y económicos. Las relaciones entre esposos no pueden ser cortés
porque faltan la ansiedad, la espera, el peligro, el riesgo…
Lacan en el Seminario 7. La ética del psicoanálisis (2007), parte del
amor cortés viéndolo como una sublimación en que la cualidad funda-
mental es hacer obstáculo al encuentro sexual. El objeto femenino que-
da relegado a un significante vacío. Cualidad ésta que sin duda remite
al objeto primordial que es el cuerpo de la madre, elemento usualmente
presente en la sublimación.
He querido hacer mención del amor cortés que de alguna forma ha
perdurado hasta nuestros días, aunque bajo otras formas más sutiles,
43 3. El amor en las estructuras clínicas
también para que nos preguntemos si más allá de las estructuras existe
una forma de amor femenino y otra masculina.
Volviendo a las estructuras:
A cada estructura de subjetivación corresponde un mecanismo; for-
clusión, para la psicosis, represión para las neurosis y denegación para la
perversión. Así el psicótico amará a un Otro que es una representación
de su Yo ideal, el neurótico se hará la pregunta imposible de responder
sobre el deseo del Otro, y el temor a la castración le hará cobarde ante
su deseo y el perverso se va a instalar en el desamor como garante de
su goce.
En las ponencias que vamos a escuchar a continuación, Ana Maeso
va a profundizar por un lado en El amor en la psicosis, punto del que
parte Lacan con el caso Aimé y por otro, Daniel Ustarroz en El amor
en la histeria, punto del que parte Freud con el caso Anna O. Por últi-
mo, Gustavo Dessal, nos hablará de la Objektum sexuality, fenómeno
reciente, apasionante que puede enseñarnos todavía más sobre lo real
del amor.
3. El amor en las estructuras clínicas 44
BIBLIOGRAFÍA
Barthes, R. (1993/1977). Fragmentos del discurso amoroso. (traducción de
Eduardo Molina). Siglo XXI.
Lacan, J. (2007/1973). El seminario de Jaques Lacan. libro 7. La ética del
psicoanálisis 1959-60. (traducción de Diana S. Rabinovich). Paidós.
45 3. El amor en las estructuras clínicas
EL AMOR EN LA PSICOSIS
Ana Maeso.
Psicoanalista. Psicóloga clínica.
Miembro de la EPFCL y del Colegio de Psicoanálisis de Madrid.
“El amor es un guijarro que ríe al sol” (Lacan, 1999. p. 325), bonita
metáfora que aparece en el Seminario 3. Las Psicosis 1955-1956 de Jac-
ques Lacan. Y añade: “me parece una definición indiscutible del amor”
(p. 325). Poesía para hablar del amor y sus paradojas. Poesía y locura,
por otra parte. Locura porque sin cierta dosis de ella es difícil amar,
como señala Fernando Colina (1981), y por otro lado si no se puede
amar acaba uno enloqueciendo o… enfermando.
Desde luego, en este tema, El amor en las psicosis, nos encontramos
con amor y enfermedad mental si hablamos en términos de la sociedad
actual. Ahora, si pensamos las psicosis como modos de subjetividad
particulares, como modos de habitar en la vida, que presentan una serie
de particularidades, pienso que podemos abordarlo desde otro lugar.
Desde la perspectiva del psicoanálisis, las psicosis han tenido apor-
taciones esenciales desde Freud a Lacan. El primero, a pesar de que
abordaba esta temática en muchos de sus escritos, prevenía a los psi-
coanalistas y pensaba que quizás no se podía hacer mucho con estos
sujetos. Lacan da la vuelta completamente a esto y es muy conocida su
frase de invitar a los psicoanalistas a no retroceder ante las psicosis. De
hecho, siempre que hace referencia a ellas es para decir que nos aclaran
mucho respecto de otras estructuras y acerca del inconsciente mismo.
Su línea de trabajo no era tratar de explicar las psicosis por analogía
con las neurosis, si no por sus diferencias. Entonces, me voy a apo-
yar esencialmente en algunas construcciones de Lacan para tratar de
abordar este apasionante tema, desde mi punto de vista. Y postulo no
retroceder ante el amor en las psicosis.
En este anudamiento psíquico nos encontramos con sujetos que,
frente al amor, presentan falta de recursos, una especie de quiebre en
relación al cumplimiento del amor, si seguimos lo planteado por Lacan
en Las conferencias en las universidades americanas (1975). Esta falta de
3. El amor en las estructuras clínicas 46
recursos podemos pensarla desde varios lugares, por ejemplo, el cuer-
po, el Otro como sede de lo simbólico, en relación con el goce, que es
vivido como algo invasivo. En fin, que, a la hora de aunar amor, goce y
deseo, el sujeto psicótico lo tiene complicado, pero no debemos pensar
que por ello es imposible y que no pueda existir en su vida, de algún
modo, el amor…
En nuestra práctica clínica, en según qué casos, vemos con cierta
prevención que un sujeto psicótico inicie una relación amorosa. ¿Qué
razones hay para ello? Vamos a tratar de responder a estas cuestiones.
Vamos a ver si es posible que surja el amor, o si más bien se trata de
que pueda consentir ser amado, siendo necesario para ello que pueda
haber algo que haga cierta mediación simbólica, como forma de con-
tención de su goce y en su relación con el otro. Ejemplos de ello no nos
faltan: Schereber, a quien su mujer amó y que empeora notablemente
cuando ésta enferma y no puede hablar; Dalí, que fue sostenido por
Gala hasta el punto que él se convierte en DalíGala a la hora de firmar
algunos cuadros, comenzando su declive a partir de su muerte; Joyce
que nunca enloqueció pero que ya sabemos que Nora le venía como
un guante; aun cuando éstos dos últimos tenían un punto de apoyo
importante en su creación artística, no podemos obviar la importancia
de estas relaciones. Pienso en mi experiencia clínica, donde algunos su-
jetos se sostienen en una relación amorosa, es la presencia del otro un
factor de freno al goce invasor; relaciones, por tanto, que cuentan con
sus condicionantes, dicho sea de paso, como en cualquier otra, pero que
ejercen una función de estabilización importante.
Sabemos que el lenguaje es fundamental para la constitución de un
sujeto. El inconsciente está estructurado como un lenguaje y es la ma-
nera en la que emerge en el ser humano aquello que crea su estructura
psíquica; el sujeto debe poder aceptar entrar en la lógica que impone:
perder para ganar de otro modo. Sabemos que en las psicosis esto no
sucede.
El modo de acoger el lenguaje es fundamental, y podemos señalar
la secuencia desde el sujeto en relación al significante, al lenguaje, hasta
su posición erótica. El cuerpo, distinto del organismo (de lo viviente),
forjado por los efectos del lenguaje, va a ser siempre la sede de lo sim-
bólico y del goce.
47 3. El amor en las estructuras clínicas
El goce se puede presentar como la pasión del alma y lo que tiene que
ver con el sentimiento, con lo sentido. Entonces, a qué podemos llamar
amor en este ámbito de las psicosis, “¿qué es el Eros del Psicótico?”, to-
mando una expresión de Colette Soler. ¿Podemos decir que el sujeto psi-
cótico puede amar?, si, justamente, padece una enfermedad en la relación
de objeto y con el otro. Ya Freud, en algunos textos, como Introducción
al Narcisismo (1914), habla del componente autoerótico en algunas ma-
nifestaciones como la hebefrenia, parafrenia, etc. O sea, de la imposibi-
lidad de pensar que el objeto está afuera y que hay que salir a buscarlo
en el Otro. En otros términos, la libido está solo de vuelta para adentro.
¿Cómo pensar el amor si el sujeto solo se quiere a sí mismo? Sabemos de
la soledad en las psicosis, en ocasiones son los grandes solitarios.
Entonces, a través de esto, vamos a pensar en la erotomanía, una de
las manifestaciones de este amor.
La erotomanía, término inventado por Clearambault, nos habla de
este amor, que consiste en: “el otro, hombre o mujer o Dios, me ama”
(Soler, 1988), y supone un amor sin límites y lleno de certeza; no hay
duda sobre ello, cuestión que nos permite diferenciarlo de otras estruc-
turas. Jacques Lacan en su célebre tesis doctoral, acerca de la Paranoia
de autocastigo, a través del caso de la protagonista del estudio, Aimée,
aborda la erotomanía hacia un escritor reconocido y posteriormente
hacia el Príncipe de Gales, que la conduce a un pasaje al acto en París al
acabar apuñalando a una actriz conocida en su época.
El rasgo más concluyente en la erotomanía es la certidumbre, existe
la certeza respecto del amor del Otro y esto es algo de una fijeza indis-
cutible, más allá del saber. “La erotomanía implica la elección de una
persona más o menos célebre y la idea de que esta persona no está con-
cernida más que por el propio sujeto” (Lacan, 1975).
De la erotomanía no habla el sujeto, no habla de su “enamoramien-
to” loco, de su obsesión, si no del aspecto persecutorio, habla y se queja
acerca de por qué el objeto de su amor no viene hacia él y no le corres-
ponde. La erotomanía, entonces, es una respuesta delirante: “el Otro
me quiere, yo soy su objeto, ella o él me quiere rebajar haciendo de mí
el objeto de su goce”. (Lacan, 1975)
El sujeto psicótico no ama, no reconoce su sentimiento, por lo que
necesita creerse amado, delira con ello. Esta pasión no correspondida es
3. El amor en las estructuras clínicas 48
la semilla de su sentimiento de persecución. Dicho de otro modo, la no
consecución de ese amor, o ser amado o amada, conlleva construir un
delirio de persecución, que aparece en segundo lugar, ya que la eroto-
manía implica un amor imposible o rechazado.
El Otro es siempre un otro entero, con certeza. No hay preguntas
como se puede hacer un neurótico. De ahí también el carácter extático
del lazo con el Otro en la psicosis. Lo extático tiene que ver con la vo-
luptuosidad, pero también con la desaparición del sujeto, con su desva-
necimiento. Es “el arrebato, el rapto”, nos dice Colette Soler.
El psicótico, por tanto, no cree, tiene certidumbre, se trata de algo
real.
Por otro lado, decir “el Otro me ama” en la psicosis, implica decir
que el sujeto está habitado por un Otro, enigmático, extranjero (Soler,
1988). Se trataría de una alienación absoluta, de la muerte del sujeto,
de desaparición, del “Asesinato del alma”, como decía Schereber (Lacan,
1999), hablando así del amor muerto del psicótico; muerto en tanto
que el sujeto queda abolido. Luego, entonces, la erotomanía en las psi-
cosis conlleva importantes aspectos mortificantes.
Hablar así, de otro, enigmático, extranjero suena a la posición feme-
nina, ¿verdad?, resuena a ese goce otro, enigmático, del que no puede
decirse nada, tan solo sentirse si se produce. En muchas ocasiones se
habla de las posiciones femeninas como cercanas a la erotomanía. A
veces se puede escuchar: las mujeres en el amor pueden ser locas. Locas
porque para ellas su ser se juega en el amor y lo que quieren es sentirse
amadas; sobre todo, en el amor esperan encontrar algo de su ser, de ahí
que algunas estén dispuestas a los mayores sacrificios, en la relación
con un hombre. Pero eso no es la psicosis, aun cuando pueda ser algo
extremo.
Por tanto, nada que ver con lo que aquí planteamos, porque en las
psicosis en principio no hay nada que haga de freno, ese es uno de los
principales problemas. Pero para una mujer sí existe un límite que im-
pide justamente que sean “locas”. Gran diferencia, por tanto.
Lo que me interesa subrayar en el caso del sujeto psicótico, es que la
erotomanía, el delirio erotomaníaco, es un intento, una reconstrucción
fallida, donde el sujeto intenta darse un nombre y un lugar en el amor
del Otro. Y, por otro lado, también supone una respuesta frente al agu-
49 3. El amor en las estructuras clínicas
jero del Otro del lenguaje; cuestión que nos sitúa frente a la falta y la
castración (ya sabemos que el lenguaje no puede decirlo todo), frente a
la falta de garantía del Otro. Dicho de otro modo, la erotomanía, donde
una figura del Otro goza del sujeto, muestra una elaboración delirante
del deseo y del amor.
La salida que queda, entonces, es verse situado como objeto de goce.
Ahí tendríamos el empuje a la mujer, término empleado por Lacan en
su estudio del caso Schereber cuando él acaba con el delirio: “ser la mu-
jer que falta a los hombres, ser la mujer de Dios”.
Hay otra característica en la erotomanía; el platonismo. Suele haber
una relación a distancia, no hace falta ver al otro, no se busca el encuen-
tro de los cuerpos. El amor que se adapta a lo imaginario, como es éste,
posee algo de lo muerto, fijo, estático. Así son los amores de quienes
han perdido o no poseen la huella del deseo; de complementariedad,
fusión, encuentro ideal, pueden ser las formas de denominarlo.
En las psicosis, la única posibilidad de que haya amor “es que sea
un amor muerto”, dice J. Lacan. Amor muerto porque solo cuenta el
ideal; el narcisismo (el amor por su propio yo, su ideal) puede tener una
fuerza tan grande, que el otro se convierte en alguien ideal, pero no en
alguien real.
Por otro lado, la intervención del sexo en el amor juega un papel
perturbador de la relación amorosa. ¿Por qué? porque sabemos que
siempre ahí, se pone presente a la hora de la verdad, al pie de la cama,
el desacuerdo, la diferencia de los goces, y lo que nos separa del Otro.
Hay parejas estabilizadas en las psicosis, justamente, porque hay una
ausencia del encuentro sexual, pueden pasar años y años sin tener nin-
gún contacto físico. Se trata más bien de una relación amistosa, cortés.
No hay una búsqueda del objeto en el Otro, esencia del amor. El
psicótico no puede separarse de ese objeto, pequeño a, que conside-
ramos causa del deseo, que nos conduce a buscarlo en el otro, aún a
sabiendas que no se va a encontrar ahí, ni en ningún sitio en particular.
Es la dialéctica del eromenón y el erastés, el amado y el amante, tan mag-
níficamente desplegada en el estudio que hace Lacan de El banquete, en
el Seminario 8. La transferencia (2008).
¿Ahora todo esto, tan complejo, nos autoriza a pensar que no es im-
portante el amor en las psicosis? Creo que no, aun cuando suponga en-
3. El amor en las estructuras clínicas 50
frentarse a múltiples dificultades, para el propio sujeto y para nosotros,
sobre todo, a la hora de preguntarnos por la naturaleza de ese amor.
¿Es un amor a sí mismo? ¿Delirante, por tanto, como apuntaba
Freud en relación con como ama el psicótico a su delirio, como a sí mis-
mo? ¿Ese Otro se convierte en alguien tan radicalmente heterogéneo,
que no puede ser más que algo construido también del orden delirante?
Aquí hago un apunte, sigo a Freud; el delirio es una tentativa de cura-
ción por parte del psicótico.
En el amor debe haber una estructura simbólica que sostenga el en-
cuentro amoroso, debe haber un tercero, simbólico, debe estar el Otro,
con el que hay que identificarse. Si no, estamos en las identificaciones
imaginarias, binarias, que sólo remiten a la constitución del yo en el es-
pejo. Como hemos visto, esto produce que se quede el sujeto psicótico
en el lugar de objeto de goce del Otro, identificándose exclusivamente
con el lugar de objeto en lo real. Pero esto no quiere decir que no pueda
haber algún artificio simbólico, de la naturaleza que sea, que permita
que algo de ese amor pueda darse, produciendo una cierta estabili-
zación en el sujeto psicótico.
Vamos a ver de manera muy breve, a través de un caso muy conoci-
do y estudiado, que ya mencioné anteriormente, cómo el amor puede
estabilizar en un momento de debacle del sujeto psicótico.
Se trata de la pareja Dalí-Gala. Parece ser que cuando se conocen,
Dalí estaba en un momento de cierto desencadenamiento psicótico;
algunas de sus obras así lo muestran. Aparece la desintegración del su-
jeto, la fragmentación. Estamos en 1928-1929. Como reflejo de esto
podemos ver el cuadro: El Hombre Invisible.5
En la familia Dalí, todos los hijos mayores se llaman Salvador. Dalí
nace después de morir un hermano, al que llamaron así. También, en
un cierto momento, había descubierto que su padre, un notario muy
severo, tenía relaciones con la hermana de su mujer; esto supone el
comienzo de cierto derrumbe para él. En el momento en que conoce a
Gala, después de ciertos escarceos amorosos, entre ellos con Lorca (fren-
te al cual dice Dalí que sentía pavor), estaba en una situación crítica.
5
[Link]
51 3. El amor en las estructuras clínicas
Sus palabras respecto a Gala:
“Gala es mi Gradiva”, la que logra la curación del héroe. “Ella será mi
Gradiva (que significa la que avanza), mi victoria, mi mujer. Pero para eso
será necesario que me curase. Ella me ha curado gracias a la fuerza indoma-
ble e insondable de su amor, cuya profundidad de pensamiento y facultad
práctica superan los más ambiciosos métodos psicoanalíticos. Me encon-
traba ante la gran prueba de mi vida, la prueba del amor. (Néret, 2017).
Cuando Paul Elouard anuncia su visita a Cadaqués, Dalí se siente
adulado, ya que es uno de los cerebros pensantes del movimiento surrea-
lista, junto a. Bretón y a L. Aragón. Pero a quien esperaba es a Gala, su
mujer, a la que precedía su fama. Casi podemos decir que la locura presi-
de este encuentro, él tenía tal exaltación maníaca, que solo podía reír en
su presencia, sin poder articular palabra, le daba un ataque de risa. Eran
espasmos de una risa muy loca, que le producían dolores corporales.
Dice Dalí:
Pero, en lugar de sentirse herida por mi risa, Gala se regocijó. Con un
esfuerzo sobrehumano, me apretó la mano, en vez de dejarla caer llena de
desprecio como hubiera hecho cualquier otra mujer en una situación seme-
jante. …mi risa no era alegre, como la del todo el mundo. No había en ella
escepticismo o frivolidad, sino fanatismo, cataclismo, abismo y terror. Era
la más horrorosa, la más catastrófica de todas las risas. Se lo había dado a
entender, y con esa actitud me arrojé a sus pies. “Monpetit-me dijo- nunca
más nos separaremos.
Dalí le pregunta a Gala: “¿qué quieres que haga por ti? –Quiero que me
mates”, dice. Dalí pensó en tirarla desde lo alto de la torre de la catedral de
Toledo “Gala me salvó del crimen y curó mi locura…Quiero amarte, me
casaré contigo”, responde ella.… “Mis síntomas histéricos desparecieron
uno tras otro, como por encantamiento, y volví a ser dueño de mi sonrisa,
de mi risa, de mis gestos. (Néret, 2017)
Gala nunca lo empujó al goce, lo empujó al trabajo. Gala lo cuida,
ordena su vida, lo dispensa de las preocupaciones cotidianas, impide
que sucumba a otras tendencias o que se deje dominar por sus terrores
heterosexuales y su miedo al contacto físico, que era de auténtico pavor.
3. El amor en las estructuras clínicas 52
El método de la invención de la “paranoica crítica” es la respuesta de
Dalí a la catástrofe subjetiva que atravesó entre 1928 y 1929. Ante la
pérdida de la realidad y graves trastornos de percepción, la llamada por
él “paranoia crítica” responde lanzando el descrédito sobre la realidad.
El objetivo es sistematizar la confusión, pero ¿cuál es el medio? Consiste
en obtener una imagen doble.
Ahí tendríamos su cuadro: La metamorfosis de Narciso6, que Dalí
presenta a Freud en 1937.
Cuando su torso blanco doblado hacia adelante
Se inmoviliza, helado,
En la curva plateada e hipnótica de su deseo,
Cuando pasa el tiempo
En el reloj de flores de la arena de su propia carne,
En la punta de los dedos,
De la mano insensata,
De la mano terrible,
De la mano coprofágica
de la mano mortal
de su propio reflejo.
El nuevo Narciso,
Gala
Mi Narciso.
Gala, hasta su muerte, efectivamente, es la “Metamorfosis de su yo
paranoico”. Gala le cura de su locura; si volvió a ser dueño de su risa y de
sus gestos, es porque ella lo hizo renacer como Galadali, nombre con el
que firmaba sus cuadros. Gracias a ello transforma algo en sinthome: hizo
el cuarto término. Hizo un anudamiento borromeo, transformando su
paranoia en su invención: la “paranoia crítica” que le permitía cuestionar
la realidad. El genio de Dalí es haber sistematizado la confusión hasta
el punto de haberla elevado a poema. El delirio que pudo establecer es
que él llega al arte a poner orden en la confusión reinante. Desde luego,
su genio y la estabilidad que le proporcionaba su relación con Gala le
permitió poder abordar su ingente y admirada obra pictórica.
6
[Link]
53 3. El amor en las estructuras clínicas
BIBLIOGRAFÍA
Bouysseuraux, M.
- (2015). Tres conferencias de Tarragona. Salvador Dalí. Fórum Psicoana-
lític Mare Nostrum.
- (2016). Lacan el borromeo. Ahondar en el nudo. Ediciones S&P.
Colina, F. (1981). Del amor y otras psicosis. Revista de la Asociación Espa-
ñola de Neuropsiquiatría, vol. 1, No. 2. (pp. 57-76). [Link]
[Link]/[Link]/aen/article/view/14601/14480
Colombani, L. (2002). (Director) Á la folie, pas du tout. (Película). TF1
Films Productions / TPS Cinéma / Télema.
Freud, S. (1991/1914). Introducción del narcisismo. en S. Freud. Obras Com-
pletas XIV. (pp. 65-99). (traducción de J. L. Etcheverry). Amorrortu ed.
Gilles N. (2013) Dalí. Taschen.
Lacan, J.
- (1975). Conferencias en las universidades americanas.
- (1999/1981). El seminario de Jacques Lacan. libro 3. Las psicosis. 1955-
1956. (traducción de: Juan Luis Delmont-Mauri y Diana Silvia Rabino-
vich). Paidós.
- (2008/1991). El seminario de Jacques Lacan. libro 8. La transferencia.
1960-1961. (traducción de Diana S. Rabinovich). Paidós.
Miller, J. A. (2004). El amor en las psicosis. Paidós.
Neret, G. (2012) Dalí. Taschen Benedickt
Soler, C. (1988) El amor en el psicótico. Analiticón, n. 4, Octubre de 1988,
(pp. 45-59).
- (2015) Las lecciones sobre las psicosis. Tres conferencias en Buenos Aires.
Ed. Foro psicoanalítico de la plata.
3. El amor en las estructuras clínicas 54
EL AMOR EN LA HISTERIA
Daniel Ustarroz.
Psicoanalista. Miembro titular didacta de la Asociación analítica Interna-
cional.
Profesor invitado del máster de Psicoterapia Psicoanalítica. Coordinador
general de Psyquia.
Antes de comenzar esta charla de hoy sobre el amor en la histeria,
quisiera retomar una observación de Freud en relación a las neurosis en
la cual señala que solo existen “neurosis mixtas”.
Al hablar de “neurosis mixtas” Freud nos pone en alerta sobre el
error de pensar que existen neurosis puras; obsesión o histeria pura.
El concepto de neurosis mixtas nos permite interrogarnos acerca de la
diferencia entre la estructura y el montaje que se juega en el síntoma.
La palabra montaje se debe entender en este caso de la manera más
simple como por ejemplo el hecho de tomar distintas escenas de una
película y luego realizar con ello una composición. He decidido utilizar
esta palabra “montaje” porque en estos casos me parece más apropiada
que la de rasgo.
En cuanto a la noción de estructura debemos entender en esta oca-
sión la estructura del lenguaje, de la cual se sirve el inconsciente para
sus formaciones; chistes, lapsus, actos fallidos, sueños y diferenciarlas
de las nociones de estructura (en arquitectura, matemáticas, genética).
El concepto de estructura nos muestra que el sujeto está sometido
a la estructura del lenguaje y no a la inversa. Basta, para demostrarlo,
tener en cuenta textos de Freud tales como Psicopatología de la vida
cotidiana (1908), El chiste y su relación con el inconsciente (1905), La
interpretación de los sueños (1900) y otros, que demuestran el entramado
lingüístico que sostiene a toda manifestación del inconsciente y donde
podemos percibir que más que hablar somos hablados.
Si diferenciamos la estructura del montaje podremos apreciar me-
jor cómo en el tratamiento de una histeria pueden irrumpir delirios o
episodios melancólicos que se encuentran montados, solapados sobre
la estructura.
55 3. El amor en las estructuras clínicas
Por ejemplo, en una estructura histérica pueden aparecer compo-
nentes homosexuales muy intensos, pero durante el tratamiento se llegó
a poder establecer que el deseo del paciente era la heterosexualidad, y la
homosexualidad, un montaje fantasmático.
Freud en el Historial de Dora (1905) nos habla de una escena donde
se produce un encuentro con el señor K. que le provocó una “alucina-
ción sensorial” que de tiempo en tiempo le sobrevenía. Se trataba de la
presión del miembro eréctil del señor K. sobre su vientre. Es decir que
también podemos observar clínicamente “alucinaciones” en la histeria.
Pintura cedida por Philippe d’Andrea
En el caso de Anna O en Estudios sobre la histeria (1893-95) nos
relata una escena en la cual la paciente:
…encontrándose sentada junto al lecho del padre, vio de repente como
desde la pared una serpiente negra se acercaba al enfermo para morderlo.
Quiso espantar al animal, pero estaba paralizada, su brazo derecho se había
dormido y cuando lo observó sus dedos se transformaron en pequeñas ser-
pientes como calaveras en las uñas. (Freud, 1893-95. p. 62).
Es decir que también podemos observar en la clínica de la histeria
fenómenos alucinatorios sin que por esto se trate de una psicosis sino
más bien de una estructura neurótica con montajes delirantes.
3. El amor en las estructuras clínicas 56
La estructura es lo determinante porque, para nosotros psicoanalistas,
se juega allí la ley de la castración que es aquella que determina los sínto-
mas. Freud sin tener en su tiempo la formalización que adquirió después
el concepto de estructura a través de los seminarios de lingüística de Fer-
dinand de Saussure (1945), ya la intuía y por eso pudo comparar la tra-
vesía analítica con el juego del ajedrez, en relación a su apertura y su final.
Pienso que la posibilidad de diferenciar estos dos conceptos nos pue-
de ayudar también a orientarnos en los diagnósticos, cuando se hacen
necesarios, y en la dirección de la cura.
Dicho esto, comencemos con la histeria;
En el historial del Caso Dora (1905 [1901]), Freud dice lo siguiente:
“Yo llamaría histérica a toda persona, sea o no capaz de producir síntomas
somáticos, en quien una ocasión de excitación sexual provoca predomi-
nante o exclusivamente sentimientos de displacer.” (p. 27).
Para entender la sexualidad en la histeria, incluida la condición del
amor, debemos partir de lo siguiente: Para Freud no existe en el incons-
ciente, ni femenino ni masculino sino sólo una lógica del falo y la castra-
ción; La mujer se relaciona con la falta y el varón con su presencia.
En esta encrucijada, la histérica se rebela contra la castración y se
defiende de su falta fálica a través de la identificación con el hombre.
Muchas de ellas sustituyen la satisfacción sexual por el saber, un saber de
todo, un ser sabelotodo.
Lacan, en las fórmulas de la sexuación, dice que cada sujeto elegirá
de qué lado ubicarse, si del lado mujer o del lado hombre y depende de
esta elección que se goce de una u otra manera. La histérica elige el lado
masculino de la sexuación y avanza en su vida sostenida por una o varias
identificaciones varoniles. Sin embargo, debemos señalar también que
encontramos histéricas cuya mascarada no tiene nada de viril ni masculi-
no y no por eso dejan de ser histéricas.
La histérica vive en un estado de insatisfacción permanente, ya que
no puede obtener ninguna satisfacción ni desde su ser mujer, porque no
lo ha alcanzado, ni de su lado hombre. En el Caso Dora (1905 [1901]),
podemos observar que ella se dirige y aborda a la otra mujer que supone
detenta la solución de su enigma acerca de la feminidad, provista de una
identificación masculina, que se desplaza en una serie que va desde el
padre al señor K, el hermano, y Freud.
57 3. El amor en las estructuras clínicas
Tanto Freud como Lacan pudieron observar la importancia de la
otra mujer en la estructura histérica. A tal punto que podemos decir
clínicamente que el síntoma de la histérica es la otra mujer, que el
discurso de la histérica transcurre alrededor de esa otra mujer. Que
no necesariamente tiene que ser real, sino que también puede ser
fantaseada.
Por otra parte, debemos prestar atención a otro elemento que reco-
rre toda la estructura de la histeria y que es difícil de desmontar en un
tratamiento; se trata de un fantasma que la atormenta; “la de sentir-
se siempre excluida” y como consecuencia de esta situación, demanda
todo el tiempo ser el centro de atención para los demás, aunque si este
anhelo llegara a cumplirse, tampoco se quedaría satisfecha.
Respecto del amor de la histérica debemos decir que al sostenerse
en identificaciones masculinas se le hará más difícil amar. Salvo en al-
gunos casos donde la maternidad pudiera agrietar algo de ese tremendo
narcisismo.
Ferenczi llamaba a las histéricas las phallus-girls. Y este apodo es re-
velador de la identificación al falo que sostiene el síntoma de la histeria.
Por lo tanto, ya que para amar es necesario, como dice Lacan, ser mujer
o más precisamente solo se puede amar desde una posición femenina,
desde la experiencia de la falta, el amor en la histeria tomará la forma
narcisista debido a que una identificación al falo inconsciente impide
que la falta tenga lugar.
¿De qué sufre la histérica? En principio de no poder gozar ni como
hombre ni como mujer. Ella sufre y goza del síntoma de la otra como
si fuera propio. La histérica ama en silencio a su doble, a su partenaire
femenino; allí encontró Freud la homosexualidad en la histeria jugada
con la otra mujer.
En su lectura del caso Dora, Lacan introduce una interpretación di-
ferente a la que realiza Freud, al señalar como objeto del deseo de Dora
a la señora K. y no a su marido. Establece que el interés de Dora por
la señora K. se debía a que, para ella, dicha señora poseía la clave de su
acceso a la feminidad, la posible solución del enigma sexual. Al pensarlo
de esta forma, Lacan da un paso más en la investigación de la histeria y
la imposibilidad de alcanzar la feminidad. En este punto va a diferen-
ciarse de Freud, que investiga el ser mujer solo desde el atravesamiento
3. El amor en las estructuras clínicas 58
de la castración, y establece como efecto tres resultados: la indiferencia
total hacia el sexo, la histeria y la feminidad. Pero en esta feminidad, que
sería la salida normal del Edipo, finalmente propone la realización de
la mujer como madre, que, obedeciendo a su deseo de falo, compensa
esa falta teniendo hijos según la ecuación freudiana falo=niño. En esa
ecuación de obtener el falo a través de los hijos, la mujer solo llega a
ser mujer si es madre; madre y mujer en Freud no están diferenciados,
porque solo puede pensar lo femenino con la lógica de la castración.
Freud al investigar “¿Qué quiere una mujer?” Si bien no cierra el enig-
ma, ni la pregunta, termina respondiendo con la maternidad. Pero en
este pensamiento queda afuera la mujer que es eclipsada y aplastada por
el deseo de la madre, se queda sin resto. Por el contrario, en su investi-
gación, Lacan va a proponer que la mujer no se agota en la satisfacción
fálica; hay algo más y se llama goce femenino. Pero comprende que esa
investigación no puede progresar si se continúan utilizando los referen-
tes que utiliza Freud para intentar abordar ese goce y propone continuar
la interrogación del enigma femenino desde otra lógica, una que ya no
obedece a la ley de castración, porque desde allí la mujer devendría
histérica o madre, sino que piensa a la mujer desde una lógica del todo
y no todo que no pasa por la castración. Rescata el goce femenino de la
mujer que no solo quiere ser madre, si no también ser mujer; es decir ser
deseada y amada por su hombre y al mismo tiempo instala la pregunta
por un goce femenino que no tiene nada que ver con el masculino, y
que resulta ser un enigma para sí misma.
Desde esta posición, Lacan declara que no existe el universal femeni-
no, que se debe pensar a la mujer una por una y que su manera de gozar
no tiene nada que ver con la manera de gozar del hombre, monótona y
repetitiva. Lacan quiere rescatar a la mujer, transformada por Freud en
madre, y lo hace a través de una frase contundente: “cuanto más madre,
menos mujer, cuanto más mujer menos madre”.
Lacan impide que la mujer sea aplastada por su ser madre y la res-
cata como objeto del deseo del hombre; la vuelve a ubicar en ese lugar
donde es deseada y amada por su partenaire. En la clínica de la histeria
se trata de señalarle al sujeto, cuál es su lugar en la escena que pone en
juego, en ese dar a ver y a quién está dirigida su actuación. Recuerdo a
una paciente histérica con síntomas bulímicos que luego de un intento
59 3. El amor en las estructuras clínicas
de suicidio, felizmente fracasado, pudo confesar en sus sesiones que
dicho acto estaba dirigido al novio… a sus padres… y a mí, transferen-
cialmente.
En Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Freud nos describe
la identificación histérica como un proceso inmediato de identificación
a la otra, casi sin mediación simbólica; ella es la otra y siente en su cuer-
po todos los sentimientos y emociones que la otra, compañera del in-
ternado, experimenta al recibir una carta de su amado. Con la peculia-
ridad de que apenas conoce a esa otra persona. Lacan condensa en una
frase la respuesta a esta observación y nos dice: se trata de “la devoción
de la histérica por identificarse con todos los dramas sentimentales”.
El gran amor que la histérica profesa por el padre la protege del en-
cuentro con un hombre. Sin embargo, y pese a ello, algunas histéricas
consiguen encontrar a su hombre para transformarlo en un objeto de
descalificación permanente e insatisfacción sexual.
El amor y la idealización por la figura del padre en la histeria solo
es posible si se cumple una condición: que ese padre sea sexualmente
impotente.
Respecto de la función de la madre que ocupa poco lugar en el
historial de Dora, la madre aparece como un personaje que no presta
atención a su hija. Una madre que no aparece señalada como el objeto
del deseo de su padre, como lo será la señora K y es por esto que el deseo
del padre por la señora K. le indica a Dora el camino hacia la posible
resolución de su enigma femenino.
Si nos detenemos ahora en la relación de la histérica con su deseo,
observamos que Freud pudo despejar en esta afección “un deseo de
mantener un deseo insatisfecho”. Tal como lo muestra de una manera
admirable en el sueño de su paciente nombrada como “la bella carni-
cera” (Freud, 1900). Dicho esto, no debemos olvidar que todo deseo
podría llamarse histérico, en cuanto que su satisfacción es imposible de
alcanzar por el hecho de que apunta a un objeto imposible. Sin embar-
go, en mujeres que no son histéricas, el deseo encuentra lugares de ama-
rre, de satisfacción, aunque solo sea parcial, mientras que en la histeria
insiste y persevera el deseo de mantener al deseo siempre insatisfecho.
Uno de los desafíos en el tratamiento de la histeria es la posibilidad
de lograr que el sujeto rectifique su posición respecto de la queja y la
3. El amor en las estructuras clínicas 60
insatisfacción, es decir que pueda cambiar su manera de gozar, que su
goce no quede atrapado en la rivalidad fálica con el hombre, para que
pueda abrirse a la pregunta sobre ¿Qué significa ser una mujer?
Se trata de orientar el tratamiento de la histeria a que la insatisfac-
ción no sea el único recurso para sostener el deseo. Y que no se encuen-
tre obligada a elegir inconscientemente a un partenaire impotente para
mantener su deseo insatisfecho.
Es cierto que la histérica, al buscar un amo, lo encuentra transferen-
cialmente en la relación con el analista, pero conviene que el analista no se
identifique con ese lugar ni caiga en las redes de un amor que a veces pue-
de presentarse como erotomaníaco, que no hace más que ocultar un deseo
inconsciente de hacer fracasar al analista en su intento de curarla, es decir
demostrarle a él que también es impotente. Así lo veía Freud en algunas
histéricas que hacían fracasar la labor analítica mediante la seducción.
El analista no deberá responder a la solicitud de ese sujeto supuesto
saber, sino que se posicionará como el objeto causa de su deseo y desde
allí se negará a dar respuestas desde el saber y dejará vacante ese lugar
para que la propia paciente, mediante el trabajo analítico, pueda resol-
ver el enigma que le plantea su neurosis.
Freud en su trabajo sobre Las fantasías histéricas y su relación con la
bisexualidad (1908), nos dice que los síntomas histéricos están sosteni-
dos por fantasías inconscientes y propone en ese texto una separación
entre síntoma y fantasma. Es tal el entusiasmo de Freud en el artícu-
lo por este descubrimiento que dice lo siguiente: “El interés de quien
estudia la histeria abandona pronto los síntomas, para dirigirse a las
fantasías de las cuales proceden”. Propone ir del síntoma a los fantasmas
que lo causan. Sin embargo, Freud agrega que existen casos de histeria
que no se comportan de esta manera, sino que se realizan de forma
consciente, fingiendo y poniendo en escena atentados, maltratos y agre-
siones sexuales: es lo que podríamos llamar las actuaciones o actingout
de la histeria. El conflicto histérico Freud lo remite a un enfrentamiento
de dos fantasías sexuales; una de carácter masculino y la otra de carácter
femenino (homosexual). Esta interpretación se encuentra basada en la
concepción de la bisexualidad de los seres humanos.
Sin embargo, en lugar de hablar de bisexualidad en la histeria, debe-
ríamos considerarla en un territorio de no sexualidad, pero en el sentido
61 3. El amor en las estructuras clínicas
de que no puede gozar ni como hombre ni como mujer. En la época
de Freud, la homosexualidad era considerada una perversión y hoy ya
no podemos sostener esta apreciación ya que existen homosexualidades
neuróticas que no son perversiones. Por lo tanto, debemos precisar que
la palabra clave de este artículo es la de conflicto. Diciendo que solo se
puede hablar de histeria en una persona que vive conflictivamente esas
dos posiciones. Porque, de no existir ese conflicto, la histérica podría
decidirse por una posición homosexual y tener una relación con otra
mujer. Sin embargo, solo podemos hablar de histeria si esa paciente
padece del conflicto de no poder tomar ni el camino de la feminidad ni
asumir su masculinidad con otra mujer.
La histérica se propone como objeto del deseo del hombre, pero no
como objeto de goce, porque se encuentra encerrada y dando vueltas
alrededor del goce fálico, que la lleva a castrar al hombre negándole la
satisfacción sexual y es desde allí que ejercerá su poder.
Freud señala que, en el tratamiento analítico de la histeria, todo su
recorrido le lleva siempre al mismo lugar; a la envidia de pene, y que
este es un punto irreductible de la misma manera que la angustia de
castración en el varón.
3. El amor en las estructuras clínicas 62
BIBLIOGRAFÍA
De Saussure, F. (1945). Curso de lingüística general. Editorial Losada.
Freud, S. Obras Completas. Amorrortu ed. 24 tomos. (traducción de J. L.
Etcheverry).
- (1991/1893-1895). Estudios sobre la histeria. en Obras Completas II.
- (2001/1900). La interpretación de los sueños, en Obras Completas IV y V.
- (1992/1895[1950]). Proyecto de psicología. en Obras Completas I. (pp.
323-447).
- (1992/1905). Fragmento de análisis de un caso de histeria (Caso Dora).
en Obras Completas VII. (pp. 1-109).
- (1991/1905). El chiste y su relación con lo inconsciente. en Obras Com-
pletas VIII. (pp. 1-233).
- (1991/1908). Psicopatología de la vida cotidiana. en Obras Completas
VIII. (pp. 1-233).
- (1991/1908) Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad en
Obras Completas IX. (pp. 137-149).
- (1992/1926). Inhibición, Síntoma y angustia. en Obras Completas XX.
(pp. 75-161).
- (1992/1921). Psicología de las masas y análisis del yo. en Obras Comple-
tas XVIII. (pp. 63-137).
Lacan, J.
- (2009/1966). Intervención sobre la transferencia en J. Lacan. Escritos 1.
(pp. 204-221). (traducción de Tomás Segovia y Armando Suárez). Siglo
XXI editores.
- (2009/1966). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoaná-
lisis en J. Lacan. Escritos 1. (pp. 227-311). (traducción de Tomás Segovia
y Armando Suárez). Siglo XXI editores.
- (2009/1966). La dirección de la cura y los principios de su poder en J. La-
can. Escritos 2. (pp. 565-627). (traducción de Tomás Segovia y Armando
Suárez). Siglo XXI editores.
- (2009/1966). La significación del falo en J. Lacan. Escritos 2. (pp. 665-
676). (traducción de Tomás Segovia y Armando Suárez). Siglo XXI edi-
tores.
- (2008/1994). El seminario de Jacques Lacan. libro 4. la relación con el
objeto. (traducción de Enric Berenguer). Paidós.
63 3. El amor en las estructuras clínicas
- (1998/1975). El seminario de Jacques Lacan. libro 20. Aún 1972-1973.
(traducción de Diana Rabinovich, Delmont-Mauri y Julieta Sucre). Pai-
dós.
4
4. EL PRIMER AMOR.
INTRODUCCIÓN
Elisa Sesé.
Psicóloga y terapeuta ocupacional. Psicoanalista. Fundación Manantial.
Instituto de Psicoanálisis de la APM
El primer amor es el amor más temprano, el que se da a partir de
los primeros encuentros de la vida de un bebé con su madre y con
su padre. Podríamos decir que se transmiten entonces “rudimentos de
un lenguaje de amor” como dice Amé-
rica Mues, que se traducen en abrazos,
miradas, sonrisas, comunicaciones de
placer y de molestia. Nadie nos advierte
entonces que será ese mismo lenguaje el
que usaremos cuando, de mayores, nos
enamoremos y volvamos a expresarnos
del mismo modo.
Esta relación de amor es una relación
que clama la llamada de los gritos de
vida; por eso es necesario encontrar un
Otro, la madre, que pueda responder,
pero también sepa esperar, tener pacien-
cia y tolerar la ausencia. En ese encuen-
tro, a través de la mirada del Otro, el Pintura cedida
bebé puede encontrarse con su propio por Philippe d’Andrea
64
65 4. El primer amor
rostro y gracias a ello puede mirar el rostro del mundo. La madre, en
esa ofrenda, entrega también su propia carencia, su propia insuficiencia
y vulnerabilidad, que tiene el mismo valor del de ofrecer las propias
manos o el propio rostro. Amar, como dice Lacan, “es dar al Otro lo
que no se tiene”.
Sabemos que esta primera relación es constitutiva, imprescindible
en la constitución subjetiva del sujeto. Autores como Klein o Winnicott
insistieron en la necesidad de todo niño de experimentar el vacío, la
ausencia, ya que sólo si se experimenta y se simboliza la pérdida de ob-
jeto se hace posible el gesto creativo. Así, en esta primera relación, saber
abandonar, saber hacer que el hijo atesore la experiencia de la ausencia
es tan importante como asegurar su propia presencia amorosa.
Pero además de la propia carencia, en el amor materno no debería
aparecer un amor por representación ideal del hijo sino más bien un
amor por sus irregularidades y sus torceduras. Nombrando a Recalcati,
ya dice un famoso dicho napolitano eso de que “hasta una cucaracha le
parece hermosa a su mamá”.
En la actualidad vivimos, como dice Ubieto, en una burbuja narci-
sista en la que buscamos incesantemente la excelencia y la intensidad en
todo lo que hacemos y vivimos, imponemos a la infancia unos tiempos
que no le tocan y que le obligan a adaptarse de modos muy diversos. Una
sociedad en la que la premisa es la maximización del goce y la reducción
de las pérdidas y que a la vez promueve una hipervigilancia y control
extremos que dificultan tanto los procesos identitarios, como el propio
paso a la madurez y atravesamiento del conflicto de la condición sexual.
Tengo el honor de presentaros a tres grandes psicoanalistas que con-
forman esta mesa:
En primer lugar, Mariela Michelena, es psicoanalista y escritora
de libros como Un año para toda la vida (2002), Mujeres malqueridas
(2007), Me cuesta tanto olvidarte (2007), o Saber y no saber. Curiosidad
sexual infantil (2006). Es Miembro Titular con función didáctica de la
Asociación Psicoanalítica de Madrid. Ella nos hablará sobre el Primer
amor, el amor madre-bebé, sus entresijos, contradicciones, sus marcas…
Le seguirá Eugenia Caretti, psiquiatra en el Programa Infanto Juve-
nil de CSM de Villa de Vallecas, miembro de la Sección de Psicoanálisis
de la AEN. Nos hablará sobre Amor, mujer y adolescencia hoy.
4. El primer amor 66
Para terminar, hablará José Ramón Ubieto, psicoanalista y escritor
de obras como Bullying. Una falsa salida para los adolescentes (2016)
o Niños Hiper: infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas
(2018). Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Aso-
ciación Mundial de Psicoanálisis y profesor de la Universitat Oberta de
Catalunya nos hablará sobre El amor y el sexo en la erótica digital.
67 4. El primer amor
EL PRIMER, PRIMER AMOR…
Mariela Michelena.
Psicoanalista, escritora. Miembro Titular con función didáctica de la APM.
El primer, primer amor, es ese que protagonizan la madre y el bebé.
¿Qué sabe el bebé de Google o de Instagram? Nada. Es que los huma-
nos recién nacidos, no somos nada modernos. El bebé está en una tripa,
¡no sabe cómo llegó allí! No sabe a quién pertenece el óvulo ni a quién
el espermatozoide, ni si esa tripa tiene algo que ver con todo lo anterior.
Las primeras semanas de embarazo, la madre que alberga al niño
tiene sueño, sufre un replegamiento emocional, las hormonas bailan,
hay náuseas, ¡algo extraordinario está pasando en ESE cuerpo! El bebé
empieza a moverse y hay UNA mujer que siente ESOS movimientos.
Una sensación física, que suele venir acompañada de toda suerte de
fantasías. La madre le atribuye intenciones al bebé y cree que empieza
a conocerle. “Esto le gusta, aquello lo tranquiliza, se asusta si yo… se
calma cuando yo…”
El camino está dispuesto física y psíquicamente para hacer posible
que la madre se vincule con el bebé y se identifique con él. El bebé nace. A
la madre le arrancan un pedazo de
sí misma y el bebé nace. Diferente
al que ella imaginó, distinto inclu-
so al que sospechó por las ecogra-
fías: ÚNICO. Ni el monstruo que
temió, ni el ángel que anunciaban
las abuelas. Un enigma para la ma-
dre. Dos enigmas se encuentran y
están condenados a entenderse. Y
no sólo a entenderse, ¡sino a sin-
cronizarse!, porque, para sobrevi-
vir, el bebé necesita contar con un
adulto que sea capaz de olvidarse
de sí mismo y atender su demanda
Pintura cedida por Philippe d’Andrea extrema. Alguien que lo alimente,
4. El primer amor 68
que le hable, que le cuente la vida, que interprete su llanto, adivine lo
que necesita, lo tome en brazos y lo mire con embeleso. En definitiva,
alguien que, según palabras de Winnicott “le facilite una cierta ilusión
de continuidad respecto a la situación prenatal, y convierta en tolerable
el abismo del nacimiento, ese umbral a lo desconocido que siempre
lleva inscrita una fantasía de muerte”.
Preocupación maternal primaria
La madre se encontrará con su bebé en el territorio común del des-
amparo, del miedo y de la incertidumbre, que es donde habitan am-
bos esos primeros tiempos. Winnicott llama “Preocupación Maternal
Primaria” a esta capacidad de la madre, y la describe como una condi-
ción psiquiátrica transitoria, de la que la madre se recupera a las pocas
semanas del parto. ¡Un amor loco! Una disposición animada por las
sensaciones corporales, las hormonas, las fantasías, aunque nada de esto
es obligatorio, porque los humanos hacemos con la biología, con las
hormonas y con las fantasías… casi, lo que nos da la gana…
Para dar cuenta de la minuciosidad con la que la madre cuida y atiende
a su bebé, dice Recalcati que: “Una madre, –como el Dios de la religión
cristiana– conoce el número exacto de cabellos que tiene su hijo en la ca-
beza”, y me parece que esa afirmación viene a demostrar algo que siempre
sospechamos, y es que Dios está hecho a imagen y semejanza de la madre.
Y es que, en estos primeros momentos, la madre juega a ser Dios.
Por obra y gracia de la omnipotencia del bebé y de la mágica hiper-
sincronización que favorece la “Preocupación Maternal Primaria”, la
madre se presta, y se acopla de tal manera a las necesidades del bebé,
a sus tiempos y a sus requerimientos, que le hace creer que es él quien
manda. ¡Y el niño se lo cree a pies juntillas! Porque cualquier ruptura
de esa ilusión, cualquier duda respecto a que es él quien hace posibles
sus cuidados, su alimentación y su supervivencia, será vivida por el pe-
queño, no como un fallo de la madre, sino como una amenaza para su
propia existencia.
69 4. El primer amor
Según Winnicott, cuando el bebé encuentra en la realidad lo que
busca, antes de necesitarlo, imagina que es él quien ha creado algo que
ya estaba allí. Es una paradoja, lo sé, pero tenemos una manera in-
mediata de entenderlo. Imagino que ya han vivido la experiencia de
encontrarse en Facebook o en Instagram con una publicidad que recoge
algún deseo, algún producto mencionado al pasar en una conversación
del día anterior. Ese encuentro milagroso entre el deseo y el producto
exacto, ¡Amazon mediante!, se parece mucho a lo que le ocurre al bebé
con la realidad durante las primeras semanas. AMAZON nos lee el pen-
samiento. Porque Amazon, como Dios, también está hecha a imagen y
semejanza de la madre de los primeros tiempos. Amazon y la madre son
los únicos que saben lo que deseamos antes de que nosotros formule-
mos en voz alta el deseo. ¡Y la madre lo sabe sin algoritmos! A nosotros,
tanta transparencia nos resulta inquietante y perturbadora, pero al bebé
no sólo le parece normal, sino que esa experiencia será la que le aporte
seguridad, le permita confiar en la vida, en el entorno y además le ayude
a constituir una primera versión de sí mismo.
A veces, Amazon se equivoca y se empeña en vendernos algo que
no nos interesa. Por suerte, la mamá también. Porque esa ilusión de
completud y de acoplamiento radical, es eso, una ilusión, un juego apto
sólo para los comienzos. Tarde o temprano, en el mejor de los casos, la
madre pisa tierra y el bebé aterriza. Ni el niño recibe lo que pide, ni la
madre da lo que pretende…
Madre suficientemente mala
En ese ir y venir de la madre, entre sus fallos, sus aciertos y su am-
bivalencia, se va forjando ese ser cotidiano y normal al que Winnicott
bautizó como “Good enough mother” la “Madre Suficientemente Bue-
na”. Yo tengo la impresión de que la traducción tradicional se puede
malinterpretar y, desde la vena de culpa y responsabilidad tan asociada
al Súperyo femenino y a la maternidad, mi experiencia me enseña que
la mamá suele poner el acento en la “bondad”, y no en el “suficiente”.
4. El primer amor 70
Porque, ¿qué significa “suficiente”, para una mujer, que es hija de su
madre? Sabemos por Freud y por la clínica que, en un momento, la
niña se revuelve contra su madre por lo que no le dio, pero a menudo
olvidamos que también la madre se revela contra la pequeña, por lo
que no le trajo. Así, la exigencia, la insuficiencia y el inútil esfuerzo por
remendarla, suele ser la banda sonora que recorre la relación madre-hi-
ja. Nunca, nada será “suficiente” para ninguna de las dos.
Por eso prefiero hablar de una madre suficientemente mala, por-
que así abrimos las puertas a los fallos y a las carencias de la vida
cotidiana, al odio y a la ambivalencia propios de una madre normal.
Una madre que está enamorada de su hijo, pero no solo de su hijo,
que tiene una vida más allá de él, una pareja, un trabajo, unos amigos.
La madre suficientemente mala se equivoca con tranquilidad, odia
de vez en cuando a “His Majesty The Baby”, está cansada, harta, se
da una vuelta por la vida y vuelve a enamorarse de su hijo y a tenerle
cariño, le adora, pero no vacila en chillarle: “¡Niño, deja ya de joder
con la pelota!” –y todos sus derivados– cuando le parece. En su fallo,
en su escasez, la madre deja una brecha por la que también su hijo po-
drá escapar de un acoplamiento que empieza a resultarle estrecho, el
niño podrá entonces moverse con comodidad y expresarse tal cual es,
sin temor a dañar a su madre. Será tan incompleto y tan imperfecto
como ella, humanos ambos, con su amor, su dependencia, su odio y
su anhelo de libertad.
El monstruo bueno
Les voy a hablar de Ana, a sus 3 años es la dueña absoluta de sus
padres. Domina sus tiempos, sus noches y sus días. En esa casa no se
mueve un dedo sin su consentimiento. Sus pataletas son monumentales
y pueden durar horas. No es una metáfora. Ha llegado a pasar más de 2
horas chillando. Ya ha resquebrajado dos puertas y cuenta en su haber
con un iPad destrozado con rabia. A su madre le resulta completamente
ingobernable, ¿y el padre? El padre “prefiere no intervenir”.
71 4. El primer amor
La madre no comprende qué le ocurre, porque ella la trata con mu-
chísimo cariño, incluso, durante las pataletas le explica: “No mi rei-
na, no te pongas así, que mamá te quiere mucho”. Pasado el arranque,
Reina se angustia, pide muchos perdones y le exige a su madre dormir
abrazada a ella.
En su primera hora de juego eligió dos bebés, uno grande y uno
pequeño a quienes bautizó respectivamente como “el monstruo bueno
y el monstruo malo”. Pronto supe que el pequeño, el malo, la repre-
sentaba a ella y que, el monstruo bueno, encarnaba a su madre. De los
dos, el malo chillaba más, pero el bueno era más peligroso porque era
impredecible.
Creo que Ana insiste en sus pataletas, para ver si el monstruo bueno
tiene sangre en las venas y se manifiesta, ¡por fin! como un monstruo
humano, capaz de sintonizar emocionalmente con la situación que ella
provoca. Al monstruo malo se le ve venir y se le puede odiar sin sentirse
culpable. En cambio, del monstruo bueno líbrame Dios… ese es más
engorroso de tragar, más enloquecedor, ¿quién se atrevería a confiar en
él? Esa bondad imperturbable, deja al niño a solas, desconcertado, pre-
guntándose: “Si mi madre responde siempre igual, haga yo lo que haga,
¿de verdad me quiere a mí? ¿Se habrá dado cuenta de quién soy? ¿Me
reconoce? ¿Me habrá mirado? ¿Me escucha?”
Un niño adoptado de 6 años, cuando su madre intentaba calmar
una de sus rabietas con dulzura, él le chillaba: “Yo soy malo mamá,
¿no te das cuenta de que soy malo? Tú eres muy buena. ¿Por qué no
me dejaste en mi país que allá todos somos malos?”. Este niño percibe
que algo nuclear de su identidad está siendo ignorado, y se siente más
extranjero, más adoptado y más ajeno de lo que podría ser.
Un paciente adulto, tiene una difícil relación con su madre, apenas
la ve y, en cada encuentro, termina exasperado, gritando, y sintiéndose
a la vez terriblemente culpable. Explica así lo que le ocurre: “En alguna
parte debe haber un hombre exactamente igual a mí, que lleva mi nom-
bre y tiene mi edad, pero que no tiene nada que ver conmigo. Con ese
otro es con quien mi madre se relaciona. No conmigo. No me reconoz-
co en esa imagen maravillosa que mi madre tiene de mí. Me doy cuenta
de que me empeño en que me vea tal cual soy, pero es inútil. El otro, el
perfecto, siempre gana.”
4. El primer amor 72
Cualquier madre atascada en una “Preocupación Maternal Prima-
ria” extemporánea, se convierte en un monstruo bueno que no se vin-
cula con el verdadero hijo que tiene delante, sino con otro, producto de
su idealización. En cambio, la madre suficientemente mala, será capaz
de desprenderse de su papel beatífico, de recobrar sus espacios y, en las
brechas, dejarle espacio al niño para que se asome a la cruda realidad.
Una madre suficientemente mala se muestra humana, agujereada e im-
perfecta, tal cual es, y acepta las cojeras y los agujeros de su hijo… no
digamos que, con alegría, sino con una cierta resignación cristiana, pero
al menos los mira sin miedo, los reconoce sin sonrojarse, convive con
ellos y actúa en consecuencia. ¡Y no por reconocerlo imperfecto deja
de adorar a su hijo! Al contrario, lo acepta y lo acoge completo, con lo
bueno y con lo malo, tal cual es.
Por el contrario, el monstruo bueno le impone a su hijo mudarse a
vivir al Show de Truman, a ese espacio falso en el que lo importante es la
apariencia, lo que parece, no lo que es. Generalmente el pequeño, más
agudo que el protagonista de la película, pronto detecta las fisuras del
decorado y se rebela contra un trato que a todas luces advierte como ar-
tificial. Entonces parece pedir a gritos aquello de: “Ódiame por piedad,
yo te lo pido, (…) porque el dolor duele menos que el olvido”.
Dice Winnicott que: “Solo si el niño se sabe objetivamente odiado,
podrá reconocerse, también, objetivamente amado”. Y es que el odio y
el dolor, son indiscutibles, no admiten dudas. Tal vez por eso quienes
sufren de nada, de vacío, quienes no se encuentran, y no saben si están
vivos o muertos, no buscan un abrazo, al contrario, necesitan sentir
dolor; se cortan, se maltratan o se hacen maltratar.
Fin
En este “infierno de lo igual” en que habitamos, según palabras de
Byung-Chul Han, tenemos: amigos desconocidos, parejas efímeras, se-
guidores, likes, amantes virtuales, sexo on-line, fecundación asistida…
la única relación que no admite virtualidad es esa que requiere el niño,
73 4. El primer amor
a quien se hace cargo de sus cuidados. Recibir a un bebé, escucharlo,
mirarlo, contarle la vida, esperar, oler caca, morirse de miedo, cantar
canciones de cuna, no poder dormir, estar harto, querer y no poder tirar
al niño por la ventana, sentirse culpable, no poder vivir ni un segundo
sin él, no tener ni idea, en definitiva, el cuerpo a cuerpo del cuidado
de un niño pequeño, es cualquier cosa menos un vínculo líquido, o
una experiencia “lisa, positiva, transparente, allanada y carente de toda
negatividad”, como define el filósofo coreano los tiempos que corren.
4. El primer amor 74
LA ILUSIÓN DE PERTENECERSE:
UNA REIVINDICACIÓN DEL PRIMER AMOR
Eugenia Caretti.
Psiquiatra en el programa Infanto-juvenil del Centro de Salud Mental de
Vallecas Villa.
¿Qué pretendo con esta exposición? Hacerme cargo de la pregunta
por la vigencia del amor romántico entendido como el amor que con-
lleva el encuentro sexual (no amor filial, no amistad). Ese amor que
como escuché en una entrevista a Borges implica confidencia y frecuen-
tación, es decir, complicidad y cuerpo.
En la actualidad los límites de los vínculos afectivos y sexuales pa-
recen haberse desdibujado. Apenas quedan certezas, ritos o saberes so-
bre cómo las personas deben encontrarse amorosamente. El número
de ellas, sus géneros, las formas de convivencia (matrimonios, trecejas,
follamigos, con o sin proyecto hijos...) se han diversificado y cada uno
parece ser libre de enlazarse como quiera. Pero, llamativamente, ese
amor que supone una conexión infinita y exclusiva con otro, esa suerte
de encantamiento, parece insistir a pesar del viento en contra.
La pregunta surge a raíz de, por un lado, la experiencia de vida tanto
en lo personal como en el discurso compartido con otras mujeres más
o menos cercanas y por otro, por la sorpresa de encontrar, también en
la clínica, que las adolescentes, mucho más libres de lo que fuimos las
mujeres de generaciones anteriores, anhelan la relación amorosa tanto
como sus predecesoras.
En algunos discursos feministas se escucha la tesis de que el amor
romántico es un modelo de relación anticuado además de un efecto
venenoso del sistema patriarcal en el que aún nos movemos. Múltiples
trabajos desmenuzan prolijamente esta cuestión mostrándonos cómo
este tipo de lazo, el amor romántico, es un constructo cultural que nos
lleva indefectiblemente a una relación en la que la asimetría de poder
no deja a la mujer otra opción que ocupar un lugar de sufrimiento. Asi-
mismo, proponen buscar otras formas de vincularnos que se apoyan en
la igualdad, la reciprocidad y el consentimiento y, por tanto, en un lazo
75 4. El primer amor
amoroso regulado. Un ponerle coto a la pasión que se comprueba que
está fuertemente influida por modelos y discursos opresivos.
He seguido con gran interés estas propuestas. Me siento fuertemente
concernida por los movimientos feministas en su lucha por la igualdad
de derechos entre hombres y mujeres y por su búsqueda por hacer un
espacio propio a lo femenino, por darle un lugar distinto a ese “lo otro”
que venimos siendo y, por esto, me preocupa que con esa depreciación
del amor destruyamos algo que creo que es un motor muy valioso en las
relaciones con los otros, en el freno a la violencia, en la posibilidad de
cuidarnos y que viene mayoritariamente de la mano de las mujeres. Lo
femenino lleva consigo de alguna manera un “Primer amor”, una matriz
del amor en esa tendencia a hacer suyo, a usar de brújula el deseo del
otro que lleva a las mujeres a comprometerse sólidamente en el lazo con
otras personas.
Por ello ¿Es contra el amor romántico contra lo que debemos luchar?
¿No sería más acertado combatir otros condicionantes culturales que
nos someten a una relación en términos desiguales con los hombres?
Voy a desarrollar este planteamiento en 3 apartados:
– La clínica con las adolescentes y su relación con el amor.
– Desarrollar una teoría sobre la matriz del amor con las herra-
mientas que aporta el psicoanálisis lacaniano.
– Exponer otras razones que explican la desigualdad en las relacio-
nes eróticas entre hombres y mujeres.
Pintura cedida
por Philippe d’Andrea
4. El primer amor 76
La clínica con las adolescentes
¿Cuál es la particularidad de las adolescentes de hoy? En primer
lugar, resulta llamativo el territorio libre de normas en el que se mueven
a la hora de expresar su identidad y de vivir su sexualidad. La oferta de
disfraces es infinita (colores de pelo, piercings, tatuajes, ropas y com-
plementos, tutoriales con instrucciones de maquillaje...) Cualquier apa-
riencia o preferencia parece ser posible y quedar al margen de miradas
judicativas. Las parejas sexuales pueden ser únicas o múltiples, de uno
u otro sexo y los ritos y modos de encuentro fluyen sin la presión de
una normalidad con la que medirse y diversificadas por el empleo de las
nuevas tecnologías (el mundo de Instagram, los novios sin cuerpo, el
“visto” y el “bloqueo”, los estados...).
En el proceso de dejar la infancia y tomar forma femenina podemos
ver cómo las chicas en su juego adolescente de ensayar con lo extremo se
sitúan en dos polos opuestos, en dos grupos de pertenencia organizados
en función de cómo incorporan el ideal de mujer de hoy. En un extre-
mo están las que se adaptan y asumen la caricatura de la mujer ideal de
nuestra cultura. Adolescentes hipersexuadas, autónomas, materialistas,
que saben lo que quieren, que conocen su poder para convocar el deseo
sexual y lo utilizan. Hiperfemeninas, sexys, putas como canta la Zowi
(cantante de moda del Trap y paradigma de la “zorra” empoderada) y
que aspiran a, de mayores, ser ricas o “mantenidas”. Lo que parece dar
sentido a sus días es la relación social y el consumo de objetos de moda.
En el otro polo, están aquellas que rechazan frontalmente esta propues-
ta de mujer y buscan vestimentas donde lo que prima es lo alternativo,
lo melancólico y la ausencia de elementos sexuados en su imagen. Se
muestran oscuras, disidentes, a veces disfrazadas de personajes de otro
mundo (de la animación o cómic japoneses, manga, estética emo...) Es
más frecuente verlas en situaciones de aislamiento social y de desorien-
tación en la sexualidad y la parte gozosa de la vida suele estar en relación
con el disfraz, el cómic, la música, la escritura.
Tanto en las hiperadaptadas como en las inadaptadas sorprende
como rasgo de la época el descuido y la injuria sobre el cuerpo propio.
77 4. El primer amor
No respetan las señales dolorosas del cuerpo, se exponen a situaciones
de maltrato y con frecuencia lo lastiman. Tienen un cuerpo despreciado
o un cuerpo que parece desconectado de la experiencia, un cuerpo que
someten al otro como si no les perteneciera.
Es sus relatos coloridos e inatrapables, sea cual sea el semblante ele-
gido, aparece como hilo conductor una trama amorosa. En la consulta
a modo de lamento, de resentimiento, de odio o de soledad se escucha
de forma repetida un anhelo de amor. Zowis o frikies, las púberes lloran
amargamente en diversas versiones el amor que no llega, el no corres-
pondido, la falta de compromiso de sus amantes. ¿La pista de este amor
es camino acertado o equivocado?
El “primer amor”: La ilusión de pertenecerse
He tomado el nombre de la mesa “El primer amor” no como el pri-
mer amor en sentido cronológico, sino en tanto amor primario, amor
desnudo, el esquema del amor. He querido aproximarme a la estructura
del amor, echar una mirada a lo que conforma su núcleo desvestido de
los discursos contemporáneos (sin olvidar que es un hecho de cultura) y
delimitar aquello que tiene de propio y que parece mantenerse constante.
Independientemente de los colores, ropajes y narrativas, hombres y
mujeres han mostrado a lo largo de la historia una búsqueda incesante
de encuentro con otro. Un encuentro particular en el que se enlaza lo
íntimo, lo más propio de su ser, aquellas manifestaciones de lo que está
vivo en uno. Es esa acción, que, hecha de impulso y voluntad, “nos
mete en la paradoja de un Dos (no un 1+1 ni tampoco el Uno de la
completud)” (M. Recalcati, 2015) alejándonos de la soledad o, más
preciso aún, la separatidad (cf. E. Fromm, 2007) que nos constituye y
angustia. Ese lazo es el que he nombrado como un “pertenecerse”. Un
pertenecerse no en términos de posesión, sino un ser parte el uno del
otro, de construir un territorio común. Este deseo de pertenecerse será
el que habilite el compromiso entre dos que será renovado, si los dioses
soplan a favor, en la complicidad y el abrazo sexual.
4. El primer amor 78
¿Y qué cimientos soportan este pertenecerse?
Los humanos andamos por el mundo bastante enloquecidos ha-
blando cada uno su propio idioma que no entienden ni en su casa y
empeñados en juntarnos para poder soportar la existencia. A la hora
de ese encuentro nos encontramos que no existe ni ecuación ni pro-
porción que nos oriente en la relación sexual. El acceso al otro es
imposible. El amor vendrá a hacer una suplencia de esta inexistencia
de la relación sexual. Su función será, por tanto, tender un velo y
un puente sobre ese agujero de significación que permitirá un lazo
sexuado.
Por vía del amor algo del goce pulsional será agrietado y aparecerá
una falta que se pone en el otro. En ese circuito de la satisfacción que
recorremos capturando objetos deseables que están fuera de nosotros,
de pronto algo nos detiene y enlaza. En el campo del otro un señuelo,
un signo de su falta, un signo de amor (J. A. Miller, 2011) saca al
sujeto del autoerotismo y lo conduce a los asuntos del deseo.
La demanda de amor, (a diferencia de la demanda simple que de-
manda algo), es un pedido de nada, de un envoltorio, un mero signo
de la presencia del Otro, un don cualquiera que signifique “tú me
faltas” (El ejemplo paradigmático sería el abrazo: hueco cálido en el
que colocarse).
Este don con el que responde el otro, ese “tú eres lo que me falta”
tiene el poder de otorgar un reconocimiento al sujeto. Siguiendo a M.
Recalcati (2015), le confiere un sentido retroactivo a la existencia, le
da una ciudadanía simbólica.
Por otro lado, amamos al otro no por lo que tiene sino por todo
su ser, por algo que se nos escapa. Su nombre propio se enreda a su
cuerpo construyéndose un objeto insustituible del cual uno desea su
repetición infinita. En esta convergencia que se produce uno queda
expuesto al Otro, abriéndose una ventana que inaugura la posibilidad
de un espacio compartido.
Estas dos características del amor, su efecto de reconocimiento y
de exposición al otro, esa significación de la existencia que pasa por el
otro, nos muestra la cara fértil y vinculante de este sentimiento y ex-
plica, a mi parecer, su potencia y su insistencia. ¿Por qué habríamos,
entonces, de renunciar a él?
79 4. El primer amor
¿Y por qué del lado de las mujeres?
Natalia Ginzburg en su escrito A propósito de las mujeres dice:
…las mujeres tienen la mala costumbre de caer en un pozo de vez
en cuando, de dejarse embargar por una terrible melancolía, ahogarse
en ella y bracear para mantenerse a flote: ese es su verdadero problema.
…un gran pozo oscuro, algo que proviene del temperamento feme-
nino y tal vez de una secular tradición de sometimiento y esclavitud,
que no será nada fácil vencer... lo que tienen que hacer las mujeres es
defenderse con uñas y dientes de esta malsana costumbre, porque un
ser libre no cae casi nunca en el pozo, no piensa siempre en sí mismo,
sino que se ocupa de todas las cosas importantes que hay en el mundo
y solo se ocupa de sí mismo esforzándose por ser cada día más libre ...
(Ginzburg, 2017).
Este texto nos ilustra algo central de la posición femenina: la de
ser un sujeto en falta, marcado por un menos, por la negatividad y la
diferencia, por un “lo Otro” y por tanto por “lo que no cierra” por la
incompletud. Este pozo nombra este agujero, este “no tener” que pue-
de ser vivido como pérdida
de amor originaria y supone
también una falta de signifi-
cación y de sentido (¿Qué es
una mujer?). Esto empujará a
la mujer hacia el amor en un
intento de colmar ese vacío y
en una búsqueda de recono-
cimiento, de alguien que le
enseñe su propia verdad (J.A.
Miller, 2008). Esta dulce con-
dena tiene su cara sufriente
pero también la virtud de co-
locar a la mujer en un lugar de
privilegio en la relación con el
Otro. Fotografía cedida por Elena Martínez Comes
4. El primer amor 80
Determinantes del sufrimiento amoroso moderno: otras razones
para la desigualdad
Para terminar de desresponsabilizar al amor de las desigualdades en
las relaciones amorosas entre hombres y mujeres quería proponer otras
posibles causas. La modernidad junto con la racionalización, indivi-
dualización y los valores democráticos ha traído como efectos secun-
darios una serie de transformaciones sociales en tanto ha afectado en
profundidad la organización de la identidad y del deseo. Estos cambios
han generado desventajas para la mujer en la relación con el hombre
que además quedan invisibilizadas por los ideales de autonomía y libre
elección propios de esta época. Es decir que lo que uno elija hacer con
su vida, bueno o malo, si es elegido por la persona será bueno y seremos
plenamente responsables de los sufrimientos que nos acarree.
Tomando de referencia el texto de Eva Illouz ¿Por qué duele el amor?
(2012), de estos cambios quiero destacar dos:
– En primer lugar, la validación social va a depender del capital
erótico, es decir, del atractivo sexual. Esto del lado femenino ha
llevado a una hipersexualización y a una mercantilización de los
cuerpos en detrimento de otras cualidades. Esta objetualización
del cuerpo produce una desvinculación entre cuerpo y experien-
cia que nos deja un cuerpo que no nos pertenece. Esta desco-
nexión, creo, tiene mucho que ver con ese ninguneo del cuerpo
que tienen las adolescentes que lo entregan para uso de otro por
un instante de reconocimiento o lo autolesionan y lo marcan con
el fin de sentirlo y recuperarlo.
– En segundo lugar, con relación al compromiso en la actualidad se
ha generado un posicionamiento desigual entre hombres y muje-
res. Los hombres, empujados por las particularidades de la lógica
masculina, se acomodan de forma más confortable en el mercado
sexual donde la sexualidad en serie (acumulativa) les otorga el
estatus social que ya no tienen en lo doméstico. Ya sea de forma
hedonista o abúlica, son capaces de permanecer más tiempo sin
establecer lazos afectivos. Del otro lado, las mujeres marcadas
81 4. El primer amor
por el tiempo biológico, bien por la pérdida que supone el enve-
jecimiento en el mercado sexual, como por el breve tiempo de la
fertilidad cuando hay deseo de tener hijos, suelen mantener una
exclusividad en sus relaciones afectivas y sexuales y relacionarse
con una premura en el compromiso. Esta diferencia radical en re-
lación al apego deja a la mujer en una posición de vulnerabilidad.
En un mundo en el que la ciencia interviene para explicar y dejar
todo bajo control, en el terreno de las relaciones amorosas y la política,
deconstruyen el amor y la sexualidad en términos de poder, para pos-
teriormente regularlo y controlarlo, el encuentro amoroso se convierte
en un acontecimiento formal y predecible en el que no hay lugar para
rendijas, resquicios ni zonas oscuras necesarias para el deseo. La incer-
tidumbre, el escepticismo y la desorientación simbólica modifican la
capacidad de entregarse, de extasiarse. Enfrían el deseo y debilitan la
voluntad.
Por tanto, ¿No sería mejor rescatar ese “Primer amor”, evitar que sea
triturado y servirnos de él para resistir al empuje utilitario y cortoplacis-
ta que infecta las relaciones?
El amor es gasto, es respetar la nada. Es asumir la pérdida y aceptar
el drama que irremediablemente supone el encuentro con otro.
¿Qué podemos hacer con lo que no cierra del amor? ¿Más razón,
más política, más regulación, más autonomía? Por qué no caminarle
atrás con humor y poesía.
4. El primer amor 82
BIBLIOGRAFÍA
Bauman, Z. (2005). Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos
humanos. Fondo de Cultura Económica.
Brousse, M. H. (2016). Saber hacer femenino con la relación. Las tres R:
astucia, estrago y arrebato. XV Jornadas de la Nueva Escuela Lacaniana.
[Link]
lacion-las-tres-r-astucia-estrago-y-arrebato/
Clemente, Mª T. y Carmona, M. (Coords.). (2018). Transpsiquiatría.
Abordajes queer en salud mental. Revista de la Asociación Española de
Psiquiatría AEN DIGITAL/5.
[Link]
tal-5-transpsiquiatri%CC%[Link]
Despentes, V. (2018). Teoría King Kong. Penguin Random House.
Fromm, E. (2007). El arte de amar. Paidós Nueva Biblioteca.
Ginzburg, N.
- (2002). Las pequeñas virtudes. Acantilado.
- (2017). A propósito de las mujeres. Lumen.
Illouz, E.
- (2011). Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo
orden romántico. Clave Intelectual/Katz.
- (2012). Por qué duele el amor. Una explicación sociológica. Clave Inte-
lectual/Katz.
Kohan, A. (2017). Elogio de los celos. El amor frente el mercado y la
moral. Revista digital Polvo. [Link]
de-los-celos/
Lacan, J.
- (1998/1975). El seminario de Jacques Lacan. libro 20. Aún. 1972-1973.
(traducción de Diana Rabinovich, Delmont-Mauri y Julieta Sucre). Pai-
dós.
- (2008/1991). El seminario de Jacques Lacan. libro 8. La transferencia.
1960-1961. (traducción de Diana S. Rabinovich). Paidós.
Luterau, L. (2018). ¿Por qué necesitamos el amor? Revista Opinión. El Lito-
ral. [Link]
[Link]
83 4. El primer amor
Miller, J. A.
- (2008). El Partenaire-Sintoma. Seminario 1997-1998. Colección: Los
cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Paidós Iberica.
- (2011). Donc. La lógica de la cura. Colección: Los cursos psicoanalíticos
de Paidós. Paidós Ibérica.
Nehring, C. (2010). A vindication of love. Harper Collins.
Recalcati. M. (2015). Ya no es como antes. Elogio del perdón en la vida amo-
rosa. ed. Anagrama.
Tenenbaum, T. (2019). El fin del amor. Querer y coger. ed. Ariel.
Turguenev, I. (2018). Primer amor. Alba editorial.
Vasallo, B. (2018). Pensamiento monógamo, terror poliamoroso. La oveja roja
ed.
4. El primer amor 84
AMOR Y SEXO EN LA ERA VIRTUAL
José Ramón Ubieto.
Psicoanalista. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis
y de la AMP.
Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya.
Skam (2017) (en español: Vergüenza), es una serie de televisión no-
ruega sobre la vida cotidiana de los adolescentes en una escuela urbana.
En España existe ya una adaptación ambientada en un instituto de Ma-
drid. Allí vemos cómo esos adolescentes de hoy se las arreglan con sus
primeros amores y sus primeros escarceos sexuales. Para ello, disponen,
como en todas las épocas, de una erótica propia, con sus objetos y sus
ficciones acerca de la pasión amorosa.
Como cualquier otra, cumple una función básica: velar la inexis-
tencia de la relación sexual, entendida ésta como armonía sexual pre-
establecida, llenando ese vacío con palabras, imágenes y objetos que lo
cubran. Que las cosas entre los sexos no encajan es algo que sabemos
desde hace tiempo, Freud lo destacó y Lacan lo designó con esa frase
ya popular, al menos en el mundo psi: “la relación sexual no existe”.
(Lacan, 1964).
Y por eso mismo, existe el amor como suplencia. El amor cortés o el
romanticismo, por ejemplo, fueron ficciones históricas donde cada uno
de los sexos tenía asignado un rol y eso les servía de orientación. Freud,
en pleno auge de la moral victoriana, se ocupó de analizar la erótica de
su tiempo y escribió algunos textos que agrupó en sus Contribuciones
a la psicología de la vida erótica (1910-1912). Ellos nos dan la pista de
cuáles eran las condiciones de amor imperantes. Incluso, Freud trató de
localizar una especie de brújula para orientarse y para tratar de poner
orden en ese real sexual que siempre tiende a la discordia o el desencaje.
Para él, el operador básico era el falo y a partir de este situaba el lugar
de cada sexo.
El problema, como siempre que uno se guía por el falo, son las mu-
jeres, cuya realidad no acaba de encuadrarse en ese marco. Sea por lo
opaco de su deseo, negro incluso decía Freud, sea porque no hay quien
85 4. El primer amor
las entienda, como se dice coloquialmente, o por su condición, como
precisará más tarde Lacan, de ser no-todas. No-toda fálica, esto es, hay
lo fálico en ellas (sus bienes) pero también hay lo femenino que implica
un modo de goce que está más allá de la palabra y del cuerpo. Lo cual
siempre resulta inquietante y perturbador para ellos y para ellas, puesto
que lo femenino alcanza a todo ser hablante.
La erótica, pues, trata de manejarse con ese no-todo, encontrar algu-
na envoltura que lo vele y permita la ilusión de la relación sexual. En ese
sentido, podemos decir que no hay nada nuevo en el siglo XXI, ninguna
nueva pulsión ni ninguna otra lógica de la sexuación que no estuviera ya
presente en el pasado siglo.
La serie Skam (2017) nos lo confirma: las angustias y sobresaltos
de sus protagonistas tienen que ver con lo de siempre: la pérdida de
amor, las incertidumbres sobre la identidad, los temores de los varones
a perder lo que tienen y los de las chicas a ser difamadas y apartadas.
Ellos se resisten a la castración y quieren reasegurar sus propiedades, y
ellas comparten su división entre un mundo infantil, algunos de cuyos
objetos –madres incluidas– siguen muy presentes y una nueva elección,
por fuera de lo familiar, que las perturba e inquieta, como a ellos por
otra parte.
Nada nuevo, pues en lo fundamental (lo real sexual de la pubertad
a enfrentar), si bien sí encontramos novedades en algunos semblantes
(discursos) y en algunos objetos de consuelo.
En términos discursivos, la novedad principal es la igualdad de los
géneros como principio axiomático. “Nosotras podemos hacer lo mis-
mo que ellos”, dice una de las protagonistas y remata con un “eso es
feminismo”. El privilegio de lo patriarcal fálico ha perdido su lugar de
excepción en beneficio de una igualdad.
Y quizás no solo eso, también se constata algo que Lacan (1977)
resaltó en una tardía conferencia sobre la histeria, donde apuntaba que
las formas actuales de la histeria ya no necesitaban tanto al hombre para
interrogarse sobre su ser femenino. Si para Dora (Freud, 1905), el sr.
K era el “mediador” para saber que era una mujer, –hacerse el hombre
era así la vía de acceso a la feminidad– ahora no parece que la histeria
contemporánea necesite, en la misma medida, esa identificación. Ni los
padres, ni los hombres resultan ya tan imprescindibles como antaño.
4. El primer amor 86
Prueba de ello son los datos que la antropología y la sociología nos
ofrecen sobre el aumento de las relaciones homosexuales entre mujeres,
con pareja o sin. Amén del aumento de mujeres y hombres que se de-
claran bisexuales, una buena parte adolescentes y jóvenes. Los discur-
sos establecidos dejan más margen al sujeto para elegir, pero, al mismo
tiempo, su consentimiento se hace más necesario.
Otro hecho discursivo que también supone una novedad, respecto a
generaciones anteriores, es la promoción del goce, individual y autoeró-
tico, como valor sagrado, por encima del deseo que incluía al otro y a la
falta. Hoy se trata de gozar, más que de desear, y sobre todo de mostrar
ese goce para, en ese vaivén entre el mirar-ser mirado, aumentar los
beneficios de la satisfacción. Como dicen ahora los adolescentes: que te
cunda o te rinda.
La imagen, la mirada, el dar a verse… son declinaciones de la pul-
sión escópica que encuentran en los gadgets y las pantallas su superficie
pulsional favorita. La presencia de ellas en Skam (2017) es constante.
De hecho, la serie original noruega solo se emitía en la web. Hoy, el uso
de las redes sociales y de las nuevas tecnologías en los adolescentes, en
especial en los vínculos amorosos y sexuales, es muy frecuente. Este uso
delimita lo que podríamos considerar una nueva realidad, que se sobre-
pone a la realidad social clásica, la presencial o analógica. Es una reali-
dad virtual que, como cualquier otra realidad, es un artificio, una fic-
ción construida a partir de una clave fantasmática que se articula con la
realidad psíquica de cada
uno/a.
Estos cambios discur-
sivos, encarnados en estos
nuevos objetos, hacen que
hoy la erótica en la era di-
gital sea múltiple, servida
a la carta y a la medida de
la fantasía de cada uno.
Hay tantas como fantas-
mas sexuales: voyeuristas,
masoquistas, sádicos, in-
Fotografía cedida por Elena Martínez Comes cluso sexless, aquellos que
87 4. El primer amor
exigen precisamente la ausencia del acto sexual. Dentro de esta diversi-
dad hay una característica común: la incidencia de la lógica capitalista
confiere hoy a toda erótica su carácter de producto, su condición de
mercancía existente en el mercado.
Esta nueva erótica parece concebir la relación sexual como una tran-
sacción comercial: fácil, rápida y segura. Ya, a finales de los sesenta, La-
can había señalado los rasgos de este discurso capitalista que ambiciona
la anulación de cualquier pérdida –de allí su pasión por reciclarlo todo,
incluida la protesta– y tiene la convicción cínica de que, en la vida,
finalmente se trata sólo del goce.
Es por ello que el amor –que siempre presupone la existencia de una
falta, de un anhelo– no tiene lugar en el discurso capitalista, salvo en
su condición de mercancía consumible. En la erótica digital se aplica el
mismo principio que en la venta en línea de otros servicios y productos:
en cualquier momento y en cualquier lugar.
La clave de la nueva erótica digital está en eliminar la sorpresa, mi-
nimizar el riesgo del encuentro sexual, que cada uno sepa exactamente
qué puede esperar del otro y limitar así el rechazo. Ahora sabemos que
los algoritmos que guían Tinder clasifican a sus usuarios en una cate-
goría oculta, en función de una serie de datos que el mismo usuario
proporciona, y eso les limita las interacciones a aquellos otros usuarios
que pertenecen a su misma categoría.
La popularidad contabilizada es otro de los rasgos comunes a todas
estas propuestas, donde se produce una sucesión metonímica en la que
fácilmente se puede saltar, con un simple touch de un perfil a otro, casi
sin lugar para la palabra.
Esta preeminencia del goce ha hecho que la pornografía se haya con-
vertido en la principal escuela de iniciación sexual contemporánea, de
allí su enorme éxito y las espectaculares cifras de negocio del ciberpor-
no. Si en la erótica analógica primaba la transgresión, ahora se trata de
combatir la abulia y la depresión mediante la compulsión para reanimar
un deseo un tanto alicaído.
Este recurso al sexo virtual les permite, además, reducir el impacto
del encuentro con el cuerpo del otro. En cierto modo “limpiar” lo se-
xual de sus impurezas, convertir lo que podría ser deseo oscuro y enig-
mático –y por tanto inquietante en una época donde la contingencia no
4. El primer amor 88
es bien recibida– en una transparente voluntad. La subordinación de la
palabra a la imagen suscita, sin duda, su deterioración, promoviendo la
desaparición del erotismo a favor del porno (Steiner).
Pero que las imágenes porno invadan nuestras vidas, y las de los
adolescentes en especial, no quiere decir que la experiencia sexual se
aclare, ni mucho menos que el relato amoroso, y el amor como afecto,
haya desaparecido del paisaje sentimental de las nuevas generaciones.
Las películas Her (2014) o Tomas está enamorado (2000) destacan la
alienación que las pantallas pueden provocar en alguien, hasta el punto
de fijarlo a ese lazo virtual. En las dos películas, un individuo queda
enamorado de un avatar digital y, curiosamente, las dos tienen un final
similar: los protagonistas se enamoran rompiendo así algo de ese lazo de
hierro e hipnótico que mantenían con el objeto digital. Hoy tenemos
también datos recientes7 que nos dicen que los adolescentes estadou-
nidenses cada vez tienen su primera experiencia sexual más tarde y los
adultos más jóvenes de [Link], tienen menos relaciones sexuales que
los miembros de las dos generaciones anteriores. En España estos datos
no son muy diferentes.
En cualquier caso, hay que diferenciar entre interés por el sexo –los
datos de consumo de porno online son claros– y el hecho de llevar a
cabo el acto sexual, que implica otro tipo de interacción menos autoe-
rótica, con dificultades que explicarían la disminución de la frecuencia
y el retraso en su inicio. De los 26 millones de matches diarios que se
producen en Tinder, algunos desembocan en un más o menos breve
intercambio de mensajes, pero muchos menos en una relación sexual.
Muchos de los jóvenes que las usan hacen un uso off label, más intere-
sados en hablar y retrasar el cara a cara. Hasta tal punto que los respon-
sables de estas aplicaciones animan a sus usuarios a testimoniar de sus
encuentros reales para que los otros usuarios del servicio se convenzan
de que la app sirve para el propósito para la que fue creada. Incluso exis-
te ya, con éxito en los [Link], una especie de Tinder para acurrucarse
sin que haya sexo de por medio: Cudder.
7
Entre 1991 y 2017, el porcentaje de estudiantes de secundaria que habían tenido relaciones sexuales
cayó del 54% al 40%. [Link]
[Link]
89 4. El primer amor
Lo reprimido, en esta nueva erótica, no es ya el sexo sino la confesión
amorosa, ya que no existen las palabras para explicar bien esa inexisten-
cia de la armonía sexual: que dos cuerpos juntos no aseguran que haya
relación. El sentimentalismo y la historia de amor, que la recubrían,
siguen funcionando como ficciones, pero con menos fuerza. Los ado-
lescentes, con sus nuevos semblantes sexuales, muy ligados al enjambre
digital, nos muestran como esa verdad atemporal ha estado más velada
en otros momentos por una serie de significantes amos, palabras claves,
que ofrecían sin ambigüedades un perfil claro de los tipos sexuales, una
respuesta a las preguntas de cómo ser un hombre o como ser una mujer.
Ahora, frente a la ausencia del manual de cómo hacer con la alte-
ridad que implica siempre el otro sexo, constatamos fórmulas en crisis,
tanto en la masculinidad –como rebote del propio declive de la imagen
social del padre–, como en la feminidad con un aumento de los estilos
viriles entre las chicas.
Por eso, hoy una declaración de amor eterno es, sin duda, más trans-
gresora que el sexo itinerante. De allí que cierto tipo sexual, bien encar-
nado por algunos jóvenes con otros códigos culturales, tiene éxito por
remedar ese sentimentalismo, obsoleto en otras clases sociales, a veces
acompañado de actitudes de dominio y/o violencia (Ubieto, 2015).
La pubertad, como despertar de un cuerpo nuevo y además sexuado,
los enfrenta con el real de un goce que no pueden situar ni nombrar
fácilmente, ya que no disponen de la lengua adecuada para ello. Les
queda el recurso de soñar y fantasear sobre ese sinsentido. Para ello,
esos mismos adolescentes que bucean en el porno online, ven también
y buscan referentes en las series de ficción, que cada vez más muestran
su relación con el sexo de forma abierta y directa. Las series españolas
Aquí no hay quien viva (2003) y su secuela La que se avecina (2007), son
buenos ejemplos de escenas de costumbres familiares donde muchos
chicos y chicas, de procedencias culturales y sociales diversas, encuen-
tran respuestas a muchas preguntas sobre su condición sexual.
¿Será la vía del amor la que resistirá al goce autoerótico al que em-
pujan estos nuevos objetos? ¿Qué lugar ocupa la vergüenza y el pudor
como defensas frente a este real sexual? Todavía no podemos responder
a esa pregunta, pero el límite al porno vendrá quizás más por la vergüen-
za de ‘verse mirando’, que, por la culpa moral, poco eficaz a día de hoy.
4. El primer amor 90
En cualquier caso, parece que esta facilidad en el acceso al sexo fácil no
ha hecho desaparecer la dificultad de las relaciones de pareja.
Como psicoanalistas sabemos que cuanto más se identifica el sujeto
al objeto de desecho, a esta mercancía sexual consumible, más hay que
oponerle el deseo como enigma frente a esa certeza. Un deseo que frene
algo de esa repetición compulsiva y permita inventar lo que Lacan lla-
mó un nuevo amor, un poco alejado de la repetición infinita. Algunos
de los éxitos literarios y de blogs dirigidos a un público adolescente nos
enseñan que esa necesidad de inventar nuevas ficciones sigue viva, por-
que la saturación de “más de lo mismo” no deja de producir síntomas
que hacen emerger la subjetividad, no aplastada por el goce.
91 4. El primer amor
BIBLIOGRAFÍA
Ariztimuño, I. (2003). Aquí no hay quien viva. (serie de televisión). Alba
Adriática.
Andem, J. (2017). Skam (serie de televisión). Marianne Furevold-Boland.
(versión española: Álvarez, B. [2018]. Skam. Zeppelin TV).
Caballero, A. y Caballero, L. (2007). La que se avecina. (serie de televisión).
Alba Adriática.
Center for Disease Control and Prevention. (2019). Trends in the Preva-
lence of Sexual Behaviors and HIV Testing National YRBS: 1991-2017.
[Link]
trend_yrbs.pdf
Cottet. S. (2008). El sexo débil de los adolescentes: sexo-máquina y mito-
logía del corazón. Revista Virtualia. nº 17. [Link]
storage/ediciones/pdf/jBF9ZpKnrMaedRbkxXTdG0lR1jfjNz637qx-
[Link]
Freud, S. (1910-1917). Obras Completas. Amorrortu ed. 24 tomos. (tra-
ducción de J. L. Etcheverry).
- (1992/1905). Fragmento de análisis de un caso de histeria (Caso Dora).
en Obras Completas VII. (pp. 1-109).
- (2003/1910). Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre
en Obras Completas XI. (pp. 155-157).
- (2003/1912). Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa
en Obras Completas XI. (pp. 158-185).
- (2003/1917). El tabú de la virginidad en Obras Completas XI. (pp. 185-
205).
Jonze, S. (2014). (Director). Her. (Película). Annapurna Pictures.
Lacan, J.
- (2010/1973). El seminario de Jacques Lacan. libro 11. Los cuatro concep-
tos fundamentales del psicoanálisis. 1964. (traducción de Juan Luis Del-
mont-Mauri y Julieta Sucre). Paidós.
- (2012/2001). Radiofonía. en Otros escritos. (pp. 425-472). (traducción
de Graciela Esperanza y otros). Paidós.
- (2012/2001). Prefacio a El despertar de la primavera. en Otros escritos.
(pp. 587-591). (traducción de Graciela Esperanza y otros). Paidós.
- (2013). Consideraciones sobre la histeria. UGR (Universidad de Granada).
4. El primer amor 92
Renders, P. P. (2000). (Director). Tomás está enamorado. (Película). Copro-
ducción Bélgica-Francia. Entre Chien et Loup.
Steiner, G. (1979). Sobre la pornografía. Camp de l’arpa, nº 64. (pp. 13-
19).
Ubieto, J. R. (2015). Sexo y capitalismo. Decálogo de la nueva erótica
digital. Consecuencias Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento
n.16, noviembre 2015.
[Link]
le=arts/Alcances/[Link]
Ubieto, J. R. (coord.). (2019). Del Padre al iPad. Familias y redes en la era
digital. Ned.
5
5. EL AMOR EN EL LAZO SOCIAL
Y LOS AMORES DESATADOS.
EL FEMINISMO Y LOS ESTUDIOS QUEER.
INTRODUCCIÓN
Marjorie Gutiérrez Fontaines.
Psicóloga-psicoanalista. Socia de la AEN.
El objetivo de esta mesa fue poner a dialogar el psicoanálisis con
otras teorías, estudios queer y feminismo. Consideramos que no po-
demos hablar del amor hoy, sin tener en cuenta cómo ha cambiado la
concepción del amor, poder pensarlo desde el cuestionamiento de las
categorías de género hombre, mujer.
El intento del dialogo giro entorno a pensar en otro amor, algunos lo
llaman un amor menos tonto, un amor marcado por los malos entendi-
dos (y sí que hemos tenido
malos entendidos entre el
psicoanálisis, feminismo,
estudio queer). Un amor
advertido de la imposibi-
lidad de la completud y
la perfección. Pero con el
empuje del amor, un amor
que nos permita acercar-
nos, escucharnos, respetar-
nos desde las diferencias. Pintura cedida por Philippe d’Andrea
93
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 94
Para lograr este objetivo se pensaron diferentes preguntas para abrir
el dialogo y la conversación:
– ¿De qué hablamos, cuando hablamos del amor?
– ¿Qué se ama cuando amamos?
– ¿Qué podemos decir de los amores desatados y de las no mono-
gamias éticas?
– El amor, el feminismo y lo político ¿Qué poder decir al respecto?
A lo largo del debate surgieron diferentes posturas, pero dado el
carácter de improvisación y de dialogo ha sido difícil materializar los
trabajos y comentarios realizados, cuando pensaba en las dificultades
que hemos tenido para reproducir la experiencia de la mesa recordaba
las palabras iníciales de Jorge Alemán “Formo parte de un tipo de expe-
riencia, donde no creo que haya que decir muchas cosas sobre el amor.
Da siempre la sensación que las definiciones matan, hablar del amor es
un modo aplastarlo, alejarse de él…”
Podemos pensar que algo de esta imposibilidad de materializar la
experiencia vivida en la mesa de las Jornadas del Amor, hace eco de la
brecha, de lo imposible de nombrar algo de la cosa, ¿es posible que se
materialice algo de nuestros propios síntomas en cuanto al amor? Lo
dejamos abierto a la interpretación.
En la mesa contamos con la participación de:
– Dau Dauder García, es psicólogo social
– Marina de la Hermosa, es psiquiatra y psicoterapeuta feminista8
– Jorge Alemán, es psicoanalista, escritor y poeta9
8
Ponencia publicada en:
de la Hermosa Lorenci, Marina. (2018). Estrés de minoría y personas Trans*. Herramientas para el
acompañamiento afirmativo. En: M. T. Climent Clemente, & M. Carmona Osorio. Transpsiquiatría.
Abordajes Queer en Salud Mental (págs. 77-99). Asociación Española de Neuropsiquiatría. [Link]
[Link]/producto/transpsiquiatria-abordajes-queer-en-salud-mental/
9
La ponencia de Jorge Alemán consistió en una conversación y no se recoge en la presente publicación.
95 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
“HAY AMORES Y AMORES”
POLITIZANDO EL AMOR DESDE LOS FEMINISMOS
QUEER
Dau García Dauder.
Activista feminista y docente de Psicología Social en la Universidad Rey
Juan Carlos (Madrid)
¿De qué hablamos cuando hablamos de Amor?
Hablar de amor requiere contextualizarlo en términos de género y
en términos culturales. El amor no deja de ser una categoría de género,
clase y cultura. Dicho de otro modo, se hace género, clase y cultura a
través de las prácticas amorosas. De ahí, la necesidad de un pensamien-
to situado amoroso: desde dónde pensamos el amor y para qué.
Dice Bell Hooks (2000) en Todo sobre el amor: “La confusión res-
pecto de lo que queremos decir cuando usamos la palabra ‘amor’ es el
origen de nuestros problemas para amar”. Para Hooks, las definiciones
son un punto de partida crucial para la imaginación. Así, si empezamos
por pensar en el amor más como un acto que como un sentimiento,
el amor es igual a sus efectos, cada vez que usemos la palabra estare-
mos asumiendo, automáticamente, una responsabilidad. Para la autora,
cuando nos comportamos con amor expresamos de forma sincera afec-
to, atención, responsabilidad, respeto, compromiso y confianza. De ahí
el poder transformador del amor.
En diálogo con Hooks, Mari Luz Esteban (2011) en Crítica al pen-
samiento amoroso se pregunta: ¿Deben estar el reconocimiento, el com-
promiso, el respeto, la confianza…, todos esos elementos que parecen
básicos para andar bien equipados por la vida, inevitable y específica-
mente unidos al amor? Y añade: ¿Dónde quedan la justicia, la solida-
ridad, la libertad en esta teoría social sobresaturada de amor? Más que
definirlo, lo que esta autora plantea es cómo redefinirlo, construirlo y
aprenderlo de maneras alternativas: “parece primordial pensar, ir, más
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 96
allá del amor”. Su planteamiento del amor como motor, conocimiento
y posibilidad de cambio implica tres componentes: el reconocimiento,
la redistribución y la reciprocidad.
Ambas autoras invitan a la reflexión: qué hacemos con el lenguaje
del amor, qué hacemos con el pensamiento amoroso. ¿Nos reapropia-
mos del concepto de amor, con otras narrativas y genealogías… o usa-
mos otros términos que abran nuevas formas de lo pensable, sin los
sedimentos románticos del término? ¿Dejamos de utilizar el amor para
todo; o lo utilizamos bajo otros significados aun a riesgo de sus inercias?
Y ello por la confusión terminológica que se crea cuando en muchos
textos y debates se hace sinónimo amor y amor pasional-romántico he-
terosexual (por ejemplo, cuando se abordan las “contradicciones del
amor en el capitalismo”). Apenas se mencionan otras formas de amor
no románticas o no heterosexuales; la amistad, es la gran olvidada en
este sentido. A veces se intercambian diferentes usos: se habla de amores
colectivos, amor maternal, amor a la nación/patria, a los animales, la
naturaleza, el amor propio, etc. Es interesante detectar también las con-
cepciones culturales diferentes sobre el amor: la presencia de nociones
más espirituales de amor en producciones latinoamericanas, por ejem-
plo, desde los feminismos comunitarios. Y las dificultades y traiciones
de su uso y cooptación desde contextos europeos.
Mari Luz Esteban (2011) señala que el amor parece haber sido un
tema olvidado por los feminismos queer o los trans-feminismos, cen-
trados más en la sexualidad o en el cuerpo; incluso por los propios
feminismos tradicionales, centrados más en temas como la violencia o
el trabajo, y menos en los afectos. Por otro lado, es interesante pensar lo
que no se estudia o no se conoce sobre el amor, las ignorancias. Dos ol-
vidados son: el papel del cuerpo en el amor y el papel de la subjetividad
en la sexualidad. Tampoco se habla de la amistad, ni de otras formas de
vincularse para las cuales no tenemos palabras.
De la misma forma que los feminismos queer o trans-feminismos
han ampliado el lenguaje para expresar diversas formas de sexualida-
des no normativas y expresiones de género, no existe una diversidad
conceptual parecida respecto a los afectos. Y aquí mi impresión es que
la experiencia desborda la teoría y el lenguaje, y que los feminismos
necesitan más creatividad para nombrar afectos y prácticas. Como de-
97 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
cía Adrienne Rich (1986a), “nuestras palabras nos malinterpretan” …
cuando hablamos de amores…
En su libro, Mari Luz Esteban (2011) hace una revisión feminista si-
tuada sobre el amor, e introduce el pensamiento de autoras como Beau-
voir, Kollontai, Millett, Chodorow. Desde el feminismo radical, Millett
(1990) denunció la sobredosis de amor o la centralidad de lo afectivo
como parte de la política sexual: “el amor ha sido el opio de las muje-
res, mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban”; también
Firestone habló del “amor como baluarte de la opresión de las mujeres”.
Sin embargo, desde una lectura queer, surge la pregunta de cómo sería
una revisión feminista sobre el amor desde los feminismos lesbianos.
¿Mostraría una mayor complejidad y diversidad en los vínculos, en las
relaciones y en las expresiones de género respecto a las revisiones sobre
el amor en el matrimonio o el amor libre heterosexual? ¿Aportaría una
revisión alternativa para una teoría radical de amor más apegada al sen-
tido que Gayle Rubin (1989) le dio a “radical”?
Una revisión incompleta de amores desatados lesbianos
Presento una revisión incompleta de amores desatados lesbianos
como ejercicio de nombrar diferentes efectos del amor entre mujeres.
Para esta particular revisión sobre el amor, he acudido no solo a los
ensayos de teoría feminista, sino a producciones literarias o artísticas de
la época, novelas, autobiografías, poesía, cartas, etc. Hay mucho cono-
cimiento sobre el amor y sus formas en esas producciones.
Cada época condiciona también lo pensable, vivible e inteligible
respecto al amor. Por ejemplo, en Grecia, nos encontramos con for-
mas de amor platónico –más bien sáfico– entre mujeres, amor-co-
nocimiento. Un amor-autoridad, mediado por el aprendizaje, o esos
enamoramientos maestra-discípula, que siglos después se renombran
mediante el affidamento del feminismo italiano de la diferencia. En el
Siglo de Oro, nos encontramos con el amor espiritual pasional de Sor
Juana.
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 98
Si nos vamos al período de entreguerras, en los años 30, en Fran-
cia, Londres o Berlín, nos encontramos con los amores borrosos entre
mujeres reflejados en las Cartas a mujeres de Virginia Wolf (1977); el
ambiguo mundo de las amistades románticas, la sensualidad y la com-
penetración femenina. El amor-inversión de Radclyffe Hall en El pozo
de la soledad (1928), donde se desbaratan las fórmulas clásicas de identi-
ficación y deseo. El amor-destrucción, amor oscuro, inconsciente y mis-
terioso de El bosque de la noche de Djuna Barnes (1936). El amor entre
mujeres de distinta edad que toma como modelo la relación madre-hija
en las obras de Colette. Las confusiones y dependencias económicas en
el triángulo amoroso de la novela QED (1993) de Gertrude Stein. El
amor-espejo, amor contemplación y reciprocidad en la misma y amor
dependencia entre mujeres en la poesía de Renné Vivian… (Benstock,
1992). El amor libre entre mujeres en
los salones de Natalie Barney (1963), la
amazona, como una forma en sí de arte;
o el amor sublimado como arte en la
creación de Orlando de Virginia Woolf
(1928). El amor a lo colectivo, a la co-
munidad lésbica, en el Almanaque de las
mujeres de Djuna Barnes (1928).
Si nos vamos a los 70, nos encon-
tramos producciones auto-biográficas
como Zami (1982), de Audre Lorde y la
figuración de la “la casa de la diferencia”:
el amor a las diferencias. “Nuestro lugar
era precisamente la casa de la diferencia,
más que la seguridad de una diferencia
Pintura cedida
por Philippe d’Andrea
en particular”. O su ensayo sobre Los
usos de lo erótico. Lo erótico como poder
(1982); lo erótico como “la afirmación de la fuerza vital de las mu-
jeres, de la energía creativa llena de poder; del conocimiento y de su
uso, que estamos reclamando ahora en nuestra lengua, nuestra historia,
nuestra danza, nuestro amor, nuestro trabajo, nuestras vidas”. En la
misma época, Adrienne Rich (1986b) nos habla del continuo lesbiano,
de “mujeres que se identifican con mujeres”, rompiendo la misoginia
99 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
femenina creada a través del amor romántico, de rivalidad femenina.
Rich (1986a) reivindica la poesía para representar el amor de y entre
mujeres, por las limitaciones del lenguaje hegemónico. “Nuestras pala-
bras nos malinterpretan”. “El instante en que un sentimiento penetra el
cuerpo es político. Esta caricia es política”.
También en los 70-80, nos encontramos con La lesbiana de Wit-
tig (1980) que cuestiona la propia categoría de la “mujer”. El cuerpo
lesbiano donde de-construye el propio lenguaje y sus pronombres; o
el Borrador para un diccionario de las amantes donde representa una
mitología de amantes lesbianas (Wittig, 1973, 1976). Desde Francia,
Irigaray metafóricamente alude a “esos labios que hablan juntos”, con
la recuperación del tacto como sentido de conocimiento entre mujeres.
La diferencia entre leer Política sexual (1969) como ensayo o leer las
autobiografías En pleno vuelo (1974) o Sita (2018) de Kate Millett, es
que en las dos últimas se muestra como feminista lesbiana pública. Se
expone de forma valiente y honesta, como alguien vulnerable y llena de
contradicciones en una relación entre dos mujeres. Y pone en el centro
lo pequeño, el día a día en una relación que se desvanece, que se va per-
diendo: la experiencia del abandono. En las novelas de Sarah Schulman,
también podemos ver reflejada la comunidad lesbiana, las familias al-
ternativas y las ex como redes de amor, apoyo y afectos en las lesbianas.
Me parecía pertinente recuperar a estas escritoras que representaron
literariamente modelos de amor de mujeres por otras mujeres a la vez
que daban testimonio de su propia experiencia personal. Producciones
que muestran diferentes formas de vivir y concebir el amor y que abren
el abanico simbólico y vivencial de deseos autónomos, desatados, en y
entre mujeres.
La importancia del reconocimiento, el deseo y la identidad.
qué amamos cuando amamos
Desde mi vivencia trans, me pregunto: ¿Cómo cambia la narrativa
sobre el amor cuando se ocupa una posición de sujeto masculina, tras
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 100
haber sido socializadx en una posición de sujeto como mujer (y se pasa
de relaciones lesbianas a heterosexuales desde la masculinidad)? Cómo
se desbaratan las teorías sobre identificaciones y deseos.
Mi punto de partida es el análisis relacional en la construcción de la
identidad trans. Y reflexiones que he ido haciendo a partir de mi propio
proceso personal, que no es generalizable, y la pregunta sobre dónde
anclar la identidad cuando se decide no modificar el cuerpo en un pro-
ceso trans, lo que conlleva un no reconocimiento social generalizado.
Ello me ha hecho reflexionar sobre otros anclajes de la identidad que no
pasan por el reconocimiento corporal, pero sí por el reconocimiento de
otras personas significativas.
¿Cuáles son los peligros de la ecuación identidad-amor? En primer
lugar, es preciso tomar conciencia del papel del deseo en el recono-
cimiento. Hasta qué punto el reconocimiento del otro genera deseo
y hasta qué punto el deseo reafirma el reconocimiento. Pensar en el
reconocimiento vía deseo como uno de los pilares fundamentales de la
identidad. No solo se reconoce la existencia, sino una existencia desea-
ble. Por otro lado, el “enganche” que puede generar eso y el riesgo de
explotación que conlleva.
En segundo lugar, comprender la relación entre dependencia y reco-
nocimiento. En Mecanismos psíquicos del poder, Butler (2001) expone el
papel del amor en su teoría de la sujeción, en tanto lazo afectivo crucial
para la formación de la subjetividad y la socialidad. El reconocimiento
sostiene, pero también puede subordinar y es ampliamente explotable.
Ella habla de los “vínculos apasionados” con quienes se depende de ma-
nera esencial y el apego al sometimiento. “El deseo de supervivencia, de
ser, es un deseo ampliamente explotable”, “quien promete la continua-
ción de la existencia explota el deseo de supervivencia. ‘prefiero existir
en la subordinación que no existir’”. Cuando el deseo-vínculo apasio-
nado se instituye como bastón identitario, se prefiere el sometimiento a
ese deseo antes que renunciar a la existencia social. Cómo la persona se
constituye en esa vulnerabilidad: “Cuando la elección se vuelve impo-
sible, el sujeto persigue la subordinación como promesa de existencia”.
Todo lo anterior está relacionado con las consecuencias psíquicas
del desabrazo familiar en personas trans. Y, por otro lado, con el riesgo
de explotación, sometimiento y violencia en relaciones amorosas donde
101 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
están implicadas personas trans y donde se explota el deseo de “ser”. De
ahí la importancia de la reflexividad y de otros vínculos de amor-reco-
nocimiento que no instituyan el sometimiento.
J. Butler (2001) también nos habla del duelo y la melancolía en
relación con el reconocimiento. La melancolía como forma aberrante
de duelo, donde se niega la pérdida de un objeto y se rechaza la labor
de duelo: la incapacidad de decir la pérdida, una pérdida que no puede
ser llorada porque no ha sido reconocida (como en Una mujer fantás-
tica [2017], donde la protagonista trans no puede llorar el duelo por la
muerte de su pareja por el no reconocimiento).
También podemos reflexionar sobre los procesos subjetivos y amo-
rosos paralelos de parejas, familiares u otros vínculos afectivos de perso-
nas trans. Como se muestra en la película Laurence anyways (2012), el
cambio de una persona trans implica también un cuestionamiento de
la identidad, el deseo, el propio vínculo o el pasado, de su entorno (de
su pareja, de su madre, etc.); una reubicación de las posiciones sociales de
parentesco, de deseo, etc. Lo cual puede desencadenar diferentes reac-
ciones: el rechazo o abandono porque cuestiona la identidad y el deseo
de la pareja (expectativas, proyecciones, miedos, duelos, etc.) o bien
permitirse nuevas reconfiguraciones de identidades o deseos.
La pareja de Laurence, cuando ésta decide hacer el tránsito, le dice:
“Todo lo que yo amo de ti, tú lo odias”; Laurence contesta: “¿Eso es lo
que amas de mí?”. Ella continúa: “Entonces ¿todo lo que hemos vivido
no ha existido? Todo debe ser reinterpretado”. Si Laurence define su pa-
sado como “no era yo”, su pareja pierde el vínculo, el sentido de realidad
de lo que tuvieron. El proceso de cambio implica pérdida del vínculo
y un duelo (duelo del “hombre” y de la relación normativa proyectada
con “él”). Es necesario un nuevo relato. El deseo de Laurence de vivir
como mujer provoca que Fred (su pareja) se sienta cuestionada, a su vez,
como mujer, como heterosexual, lo vivido como pareja, la realidad o no
del vínculo, lo que se ama del otro. Lo que nos lleva a reflexionar sobre
la inversión afectiva en género en el vínculo amoroso.
Por último, podemos reflexionar sobre el cuerpo, la identidad y el
deseo en procesos trans. Sobre la significación de género de prácticas
sexuales que reafirman o anclan la identidad vía deseo o bien la cuestio-
nan. Cómo resignificar el cuerpo y sus prácticas.
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 102
Crítica del amor romántico desde el feminismo: qué puede decir
el feminismo en el amor desatado hoy
Cito aquí el libro de Sharon Marcus, Entre mujeres (2009). Amistad,
deseo y matrimonio en la Inglaterra victoriana. Una joya histórica que
muestra la diversidad de relaciones y uniones entre mujeres, no solo de
amistad sino los llamados matrimonios bostonianos. Pero lo interesante
del libro es que nos muestra cómo dichas uniones, aceptadas en la épo-
ca, sirvieron de modelos de referencia para el ideal de compañerismo
heterosexual. Incluso se crearon leyes más igualitarias en el matrimonio
heterosexual basándose en las uniones que se daban entre mujeres.
¿Cuál ha sido el papel del amor en el sistema sexo/género? Cualquier
discurso sobre la emoción y el amor ha sido un discurso sobre el género,
el caldo de cultivo para una sociedad desigual, donde el poder del amor
de las mujeres ha sido explotado por los hombres en una división sexual
del trabajo, estructurada desde nociones complementarias de masculini-
dad/feminidad, el parentesco y la familia heterosexual.
La pareja (la pasión amorosa y la familia que favorecen la asimetría y
la desigualdad) se ha construido como el núcleo principal de las relaciones
humanas (de apoyo y cuidado), lo que ha supuesto la ruptura de lazos
comunitarios más allá de ella. La especialización excesiva del sentimiento
amoroso ha conllevado una jerarquización de las relaciones personales y
afectivas. Cuando Mari Luz Esteban (2011) propone redefinir el amor
o ir más allá del amor nos plantea de forma provocadora negar el amor
(pareja, cuidados, maternidad) para no devenir mujeres. ¿Cómo afectaría
esta resignificación del amor a eso que llamamos ser mujer? El feminismo
ha reconocido y visibilizado la importancia de redes alternativas de soli-
daridad y convivencia, “comunidades de afectos”, ocultas bajo la ideología
familista y romántica, y que superan las fronteras entre lo público y pri-
vado (Esteban 2011). Como decía Foucault, lo que molesta al poder no
son las relaciones homosexuales sino la amistad. Es decir, la posibilidad
de crear redes de amigos, apoyos, afectos, solidaridades, difíciles de loca-
lizar, que escapan al control social y que van más allá del modelo binario
individualista y liberal: pareja-amor-romántico (cit. por Esteban, 2011).
103 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
Por otro lado, es interesante pensar el amor (romántico) en mujeres
feministas para poder identificar formas de sujeción ancladas en lo emo-
cional; los mecanismos de poder y sujeción cuando existe la voluntad de
resistencia. ¿Cómo funciona el poder en lo afectivo? El amor/desamor
y sus contradicciones nos permite partir de los nudos, los conflictos, las
incoherencias o la incomodidad como fuente de conocimiento. Tam-
bién estrategias de resistencia de mujeres feministas.
Incorporar una mirada lesbiana/queer a cualquier práctica amorosa y
sexual significa que no se puede ser heterosexual de manera acrítica,
tranquila e inocente. No significa que feminismo sea la teoría y el les-
bianismo la práctica; sino un cierto grado de malestar, de inquietud,
de interrogación continua… que nos haga estar alertas a los mandatos
culturales.
También es preciso repensar cómo marcos narrativos contra-hege-
mónicos sobre el amor en espacios feministas pueden generar nuevas
normatividades. El feminismo puede poner el listón de exigencia muy
alto (el perfeccionismo moral feminista o “feministómetro”), por mo-
verse en el plano de lo teórico, y olvidar lo experiencial. Son necesarios,
en ese sentido, talleres como espacios seguros donde poder politizar las
“miserias”, las contradicciones, de manera segura.
Cuando Gayle Rubin escribe Reflexionando sobre el sexo: notas para
una teoría radical de la sexualidad (1989), señala los límites del femi-
nismo para tratar con temas de sexualidad. Y reclama una teoría sobre
las “diferencias sexuales”, entendidas como diferencias de sexualidad,
diferente a una teoría sobre la opresión de las mujeres, con su pirámide
de clasificación de actos sexuales según un sistema jerárquico de valor
sexual. La pregunta es si se podría hablar de forma paralela de “una
teoría radical del amor” y qué implicaciones tendría: Una teoría sobre
las diferencias amorosas diferente a una teoría sobre la opresión de las
mujeres con su jerarquía de afectos o vínculos amorosos. Ello permi-
tiría por ejemplo analizar los ingredientes no heterosexuales del amor
romántico (violencia en relaciones de amor más allá de relaciones de
género).
El pensamiento amoroso requiere de una revisión previa del pensamien-
to heterosexual. El amor como sostén de un determinado tipo de fa-
milia. ¿El régimen amoroso produce en sí mismo mujeres y hombres
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 104
complementarios o el pensamiento heterosexual produce en sí mismo
relaciones monógamas y fieles?
También es preciso repensar en nuestra cultura la tensión entre las
narrativas de amor en las mujeres y el individualismo-autonomía. En las
mujeres, el amor ha supuesto una pérdida de autonomía. ¿Cómo re-
clamar esa autonomía sin caer en el yo neoliberal? Cómo defender un
discurso contra-hegemónico sobre el amor sin caer en el discurso neoli-
beral de la libertad individual. Por otro lado, cómo proponer otras na-
rrativas que no pasen por el amor como único lazo social cuando viene
unido de forma pegajosa a mandatos de género. El amor invisibiliza las
diferencias de poder y distorsiona la reciprocidad. Necesitamos nocio-
nes de autonomía como interdependencia, como redes de solidaridad
y convivencia.
Por último, nos podríamos preguntar si las narrativas sobre el amor
o las estrategias de resistencia cambian con la edad. Si hay un discurso
más conformista sobre el amor con la edad; cómo cambian las con-
cepciones cuando aparecen los hijxs o las triangulaciones de afectos; o
si en la vejez surgen otros amores, la resignificación de afectos u otros
vínculos (redes de apoyo mutuo, relaciones entre amigas).
¿Es el amor político?
“El amor siempre fue político”, es uno de los epígrafes del libro
Transfeminismos (Solá y Urko, 2013). El feminismo radical lo tenía muy
claro cuando politizaba los malestares producto de las relaciones amo-
rosas en los grupos de autoconciencia y llevaron lo personal a lo políti-
co. Las personas LGTB siempre han sabido que una caricia, sobre todo
en público, es política; especialmente, cuando podía tener como efecto
el electroshock, la terapia aversiva o la cárcel, pero también cuando
implica riesgo de violencia o miradas abyectas.
Una cosa es politizar el amor y otra hacer la política más amorosa. A
través del lenguaje neoliberal, lo personal es político se está convirtien-
do en lo político es personal… No es que se politice el amor, es que lo po-
105 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
lítico y los activismos se piensan como amor. Pero, hasta qué punto utilizar
el amor para hablar de lo político es psicologizarlo; porque el concepto
arrastra inercias y se suele entender como un sentimiento individual.
¿De qué hablamos cuando queremos aprovechar el poder emocional en
nombre de la revolución? Hemos pasado del lenguaje de lo colectivo, la
resistencia, el poder, al empoderamiento, al amor a lo colectivo, el amor
como fuerza transformadora, la movilización de las pasiones como fuer-
za para actuar en política. Pero no es lo mismo la fuerza o energía que surge
desde la acción conjunta por el cambio, que un sentimiento individual de
amor hacia el colectivo.
En ese sentido, los feminismos comunitarios ofrecen otros referen-
tes sobre el amor comunitario no tan psicologicistas. Otras figuracio-
nes más cercanas al “poder de lo erótico” de Lorde (2012, 2014). Por
ejemplo, el Amor revolucionario de Houria Bouteldja (2017) o de Chela
Sandoval (2015), amor como mezcla de afecto y expresión de un com-
promiso ético, como base del cambio social colectivo. El amor como
emoción colectiva y comunitaria al servicio de la solidaridad y la justicia
social. Una práctica feminista del amor que reconoce la interdependen-
cia y busca comprender otros puntos de vista de las mujeres, articularse,
construir puentes y coaliciones, construir comunidad (la “conciencia
diferencial/opositiva”).
Por un lado, el amor ha sido devaluado por estar asociado con lo fe-
menino desde el dualismo razón-emoción; por otro lado, cómo re-eva-
luar el amor sin que esencialice lo femenino. Cómo hacer una “teoría
del amor como hermenéutica” sin que se confunda con una ética del
cuidado racista y sexista, sin que reproduzca estereotipos e invisibilice
diferencias de poder. La pregunta es si el lenguaje emocional al abrazar
lo político lo puede llegar a estrangular como una hiedra.
También nos encontramos con la “sanitarización del amor” (amores
sanos, amores tóxicos). La individualización y psicologización de los
problemas amorosos: el amor feminista en consulta (la terapia se per-
cibe como espacio más seguro que los grupos de autoconciencia o las
redes de apoyo feministas). El peligro es que se cuele ese lenguaje psico-
logicista en las formas de politizar el amor y se abandonen los espacios
colectivos y politizados para hablar del amor. La respuesta a los malesta-
res se encuentra antes en terapia que en círculos feministas. La pregunta
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 106
desde los activismos es cómo crear espacios seguros donde se pueda
politizar el amor sin generar malestares (por los mandatos de género o
por los mandatos feministas) o sin generar desamor hacia lo político.
En las relaciones entre amor y política, se pueden establecer diferen-
tes conexiones: cómo el amor despolitiza (psicologiza) y cómo la política
desenamora (porque no atiende a la subjetividad, se tecnifican los afectos).
Por otro lado, podemos analizar el papel del amor en el activismo y el
papel del activismo en el amor: cuando se milita por amor, la circulación
de deseos en espacios feministas; cuando el amor romántico rompe lo
colectivo en los grupos. Cómo la circulación colectiva de deseos y sus
tensiones puede hacer explotar ese otro amor activista.
En definitiva, es necesario politizar las relaciones amorosas en sus di-
ferentes vínculos: el amor maternal, el amor romántico, el amor-amis-
tad, el amor-colectivo.
107 5. El amor en el lazo social y los amores desatados
BIBLIOGRAFÍA
Barnes, D.
- (1992/1936). El bosque de la noche. Seix Barral.
- (2008/1928). El almanaque de las mujeres. Egales.
Barney, N. (1988/1963). De Trazos a Retratos. Icaria.
Benstock, S. (1992). Mujeres de la “Rive Gauche”. París 1900-1940. Lu-
men.
Bouteldja, H. (2017). Los blancos, los judíos y nosotros: hacia una política del
amor revolucionario. Akal.
Butler, J. (2001). Mecanismos psíquicos del poder: teorías sobre la sujeción.
Cátedra.
Dolan, J. (2012). (Director). Laurence Anyways. (Película). Lyla Films
MK2.
Esteban, M. L. (2011). Crítica al pensamiento amoroso. Bellaterra.
Hall, R. (1988/1928). El pozo de la soledad. Ultramar.
Hooks, B. (2000). Todo sobre el amor. Javier Vergara.
Lelio, S. (2017). (Director). Una mujer fantástica. (Película). Fábula. Kom-
plizen Film.
Lorde, A.
- (1982). Zami. A new spelling of my name. The Crossing Press.
- (1984). Sister/Outsider. The Crossing Press.
Marcus, S. (2009). Entre mujeres: amistad, deseo y matrimonio en la Inglate-
rra victoriana. Publicacions de la Universitat de València.
Millett, K.
- (1990/1974). En pleno vuelo. Vindicación feminista-hacer.
- (1995/1969). Política sexual. Cátedra.
- (2018). Sita. Alpha Decay.
Rich, A.
- (1986a). Antología poética, 1951-1981. Visor.
- (1986b). On lies, Secrets, and Silence. Virago Press.
Rubin, G. (1989). Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical
de la sexualidad. En: Carole Vance. Placer y peligro. Explorando la sexua-
lidad femenina. Talasa.
Sandoval, C. (2015). Metodología de la emancipación. PUEG-UNAM.
Schulman, S. (1995/1992). Empatía. Alfaguara.
5. El amor en el lazo social y los amores desatados 108
Solá, M. y Urko, E. (eds.). (2013). Transfeminismos: epistemes, fricciones y
flujos. Editorial Txalaparta.
Stein, G. (1993/1950). Q.E.D. Las cosas como son. Editorial horas y horas.
Wittig, M.
- (1977/1973). El cuerpo lesbiano. Pre-textos.
- (1976). Brouillon pour un dictionnaire des amantes. Grasset & Fasquelle.
- (1980). The Straight mind. And other essays. Harvester Wheatsheaf.
Woolf, V.
- (1996/1928). Orlando. Edhasa.
- (1998/1977). Cartas a mujeres. Lumen.
6
6. CONFERENCIA DE CLAUSURA.
PRESENTACIÓN DE CARMEN GALLANO
Nuria Román Avezuela.
Psiquiatra y psicoterapeuta.
Carmen Gallano, psiquiatra, psi-
coanalista formada en la Escuela de
Lacan en Paris, histórica de la Salud
mental española, miembro de la AEN
desde 1973 y de la Escuela de los Fo-
ros del Campo lacaniano y docente del
Colegio de Psicoanálisis de Madrid.
Si hoy estamos sentados aquí 450
trabajadores de la Salud mental, en
unas jornadas de la AEN hablando de
psicoanálisis ha sido gracias a profesio-
nales como ella. Corrían los años 70,
Carmen era alumna interna de Vicen-
te Mira y Fernando Colina, y la clínica
en España estaba regida por hombres, psiquiatras, biologicistas. En 1973,
ella y otros compañeros refundaron la AEN en un congreso en Valladolid,
como una asociación que no hiciera distinción entre psiquiatras y otros
profesionales de la Salud mental. Éste fue el punto de partida de la Refor-
ma Psiquiátrica de nuestro país.
A lo largo de estos años, ha trabajado en distintas instituciones pú-
blicas en Barcelona y en París, a donde emigró por amor al Psicoanáli-
109
6. Conferencia de clausura 110
sis. Tras presenciar, la escisión de escuelas psicoanalíticas en Paris y en
Madrid, me consta la alegría que le ha producido poder reunirse hoy
con tantos compañeros interesados en el psicoanálisis, sin divisiones,
todos juntos.
Carmen llega al psicoanálisis causada por dos cuestiones, que han
sido las líneas de su trabajo en los últimos años:
– La propia cuestión femenina. La diferencia entre histeria y femi-
nidad.
– Los antiguos manicomios y un tratamiento posible de la Psicosis.
Recientemente, ha publicado con
ediciones S&P, un no-libro, una recopi-
lación de textos e intervenciones de los
últimos 13 años que lleva por nombre
Krisis hoy. Cuerpos y subjetividades, ecos
del psicoanálisis (2019). A lo largo de 14
capítulos, trata desde la práctica y la éti-
ca psicoanalítica, los efectos del malestar
social actual y la tecnociencia sobre la clí-
nica individual. La autora ha publicado
otros libros como El deseo (2014) y La
alteridad femenina (2015), en la editorial
del Colegio de Psicoanálisis.
Carmen me ha pedido expresamente
que hable de su agradecimiento a Enri-
que Rivas porque él sostuvo la sección de psicoanálisis durante los años
2000, cuando apenas se hablaba de psicoanálisis en la AEN –años, que
fueron muy difíciles para la salud mental comunitaria tras la caída de la
reforma psiquiátrica–, y porque de su mano, pudo de nuevo volver a la
sección y a la AEN. Para concluir, no quisiera olvidar la labor de Javier
Frère, Antonio Ceverino, Eva Rivas y del resto de los compañeros que
han tomado el relevo y revitalizado la sección.
111 6. Conferencia de clausura
EL PSICOANALISIS FRENTE A LOS MALESTARES
DEL AMOR EROTICO
Carmen Gallano.
Psiquiatra, psicoanalista formada en la Escuela de Lacan en Paris, histórica
de la Salud mental española, miembro de la AEN desde 1973 y de la Escuela
de los Foros del Campo lacaniano y docente del Colegio de Psicoanálisis
de Madrid.
El amor erótico es el gran enigma, el que más conduce al psicoanáli-
sis, el que más sabores y sinsabores suscita.
Hay otros amores que llenan la vida, y sí, en eso podemos hablar de un
modo certero de poliamor: de padre e hijos, de amigos y compañeros…
¿y quién no sabe que el amor conyugal no coincide, y menos en perma-
nencia, con el amor erótico? Ya Stendhal, en 1822, en su libro Del Amor
propone cuatro grandes tipos de amor, que pueden converger o no con el
amor erótico: amor pasión, amor gusto, amor físico, amor de vanidad. Las
definiciones son sabrosas. Pero ya siglos atrás, desde los mitos griegos, ha-
bía nacido Eros y sin acuerdo sobre sus orígenes. Hesíodo define “al más
hermoso de los dioses inmortales” como ese dios “que nos hace insensatos,
aflojando el cuerpo y cautivando el corazón”. Los dioses, dirá Lacan, son
un nombre de lo real. Es lo loco del amor erótico. Curiosamente, Lacan,
en su última enseñanza, dirá que el amor mayor es el que hace creer lo que
la amada dice, al igual que el loco cree lo que le dicen sus voces.
Lacan (1975), en ese contexto, alude, enigmáticamente, a lo menos
loco que propone el psicoanálisis, pues no se trata de “creerla” sino de
“creer en ella”, creer en que puede decir algo verdadero, aunque no se
comprenda. ¿Ella?, ¿hablaría sólo del amor masculino? Aquí, creo, es su
manera simple de afirmar que una mujer puede ser síntoma de un hom-
bre. Pero… ¿no había subvertido anteriormente esos géneros: él, ella?
¿No había extendido el amor loco tanto al amor heterosexual como ho-
mosexual? Las nociones de “hetero” y “homo” plantean un problema,
que luego hemos de interrogar.
Simplificando al máximo, diría que el amor erótico es el que con-
juga carne y verbo: lo indecible de la carne que excede al cuerpo y lo
6. Conferencia de clausura 112
decible del verbo que habita el cuerpo. En cierto modo eso está ya pre-
sente en la Biblia. Los cuerpos en los que se juega el amor erótico, están
impregnados de goce –término lacaniano que incluye placer, y displacer
en el usufructo– marcados por el lenguaje que estamos los humanos.
¡Extraño nudo entre cuerpo hablante y cuerpo gozante!
De un modo u otro, el amor erótico entraña un amor sexuado, que
incluye de modo variable el deseo y el goce sexuales. Es la verdadera pre-
ocupación de los neuróticos, portada por sus síntomas, sus inhibicio-
nes, sus angustias. Y constituye el fracaso más radical en los psicóticos,
siendo el amor erótico a menudo fuente de la eclosión de una psicosis.
Lacan dirá que ese impasse “de los que no podían más contra la fatali-
dad”10 es lo que lo acercó a Freud y al psicoanálisis, desde su práctica
de psiquiatra.
Muchos son los malestares que nos afligen en inhibiciones defensi-
vas, sufrimientos mentales y corporales, tristezas, angustias y ansieda-
des diversas. No voy a hablar de clínica hoy aquí. Solamente diré a las
feministas ajenas al psicoanálisis que no ignoren cuánto angustia a un
hombre abordar a la mujer amada y no sólo en la adolescencia.
La cuestión que me interesa es que, si el psicoanálisis no es una
moral, si por ende nada prescribe ni proscribe, ¿cómo puede conducir a
una ética que ofrezca vías para vivir juntos con un poco de paz a pesar
de nuestra humana condición? Otro modo de plantear mi pregunta:
¿puede el psicoanálisis contribuir a que la discordancia estructural entre
los sexos no degenere en discordia?
Mi lectura de Lacan, largo transcurso, confluye con el recorrido de
las etapas de un psicoanálisis lacaniano; es mi experiencia particular, la
de mi análisis personal, no sé si es también el caso de otros analizantes/
analistas.
Para acotar mi exposición de hoy, voy a centrarme sólo en una eta-
pa de la enseñanza de Lacan, la que me parece más radical, en la que
realmente llega a separarse de Freud. Lacan no dejó de seguir a Freud
hasta el final de sus días, con el deseo de hacer fructíferos los impasses
freudianos, en el intento de resolverlos. A mi entender, se separa radi-
10
Lo dijo a propósito del caso de su famosa tesis, el caso Aimée, pero pienso que es generalizable a las
psicosis.
113 6. Conferencia de clausura
calmente de Freud con su llamada “lógica de la sexuación”, elaborada
en los años 70. Es la que más nos permite deshacer prejuicios con el psi-
coanálisis. Se resume en que elabora una lógica en la que hay algo real11,
una separación, un imposible, entre dos campos: el del todo fálico y el
del no-todo fálico. Lacan presenta el todo fálico como el que permite
decirse hombre y el no-todo fálico como el que lleva a ser dicha mujer.
Ahora bien, “hombre”, “mujer” no son asunto de anatomía como creía
Freud. Tampoco son asunto de biología, como estudia la genética. Hay
un tercer no: tampoco son asunto de género como se define ahora en lo
social. El género, con el psicoanálisis, opera, sí, pero solamente en la re-
latividad del orden y la norma, la relatividad de los significantes que en
una época y cultura dadas los mantiene en disputa, según los discursos
imperantes. La “repetición de actos performativos” –certera definición
de Judith Butler (2009)– no es ajena a la significancia, a lo que se puede
cifrar, inscribir, decir, estableciendo diferencias y diversidades.
Cada vez que habla-
mos de “diferencia de los
sexos” en el amor erótico,
nos solemos quedar en lo
que se puede nombrar o
borrar, decir o callar, ex-
presar en palabras o imá-
genes, sea con símbolos.
Las “diferencias” se juegan
entre lo Imaginario de las
formas y lo Simbólico de
lo legible. Pienso, –puedo Fotografía cedida por Elena Martínez Comes
equivocarme– que la pers-
pectiva de género sobre el amor erótico confluye con lo que Lacan, el
Lacan más freudiano, había abordado antes de los años 70: la impor-
tancia de la significación fálica que se expresa de modo distinto en el
deseo y en el amor. Lacan, antes de la “lógica de la sexuación” era más
freudiano, aunque ya estaba corrigiendo a Freud. Había examinado la
11
Cuando hablo de real, me refiero al registro lacaniano de lo real, distinto de lo imaginario y lo
simbólico.
6. Conferencia de clausura 114
disyunción del deseo y del amor tanto en la heterosexualidad como en
la homosexualidad. Había ya celebrado el eros femenino de las mujeres
homosexuales.
En suma, el psicoanálisis no se opone a la perspectiva de género y no
rebate las aplicaciones de sus diversas teorías, pero no se limita a ellas
para explicar los avatares del amor erótico. Las teorías de género, como
discursos que adquieren hoy al fin validez en lo social, son ajenas al
psicoanálisis. El discurso social, las ideologías, ignoran el inconsciente.
Solo desde el psicoanálisis exploramos cómo los sujetos, los humanos,
están determinados, marcados, por un inconsciente. Sólo que no lo
saben si carecen de transferencia con el psicoanálisis: que es creer en el
inconsciente, en que cifra lo que somos sin saberlo. Cuando el incons-
ciente particular de alguien se explora en un análisis, se hacen saber las
verdades inconscientes, que se marcan en nuestra historia, y eso cura
muchos males.
En resumen, el psicoanálisis lacaniano no defiende la diferencia de
los sexos cuando se la reduce a la disimetría binaria hombre-mujer o
cuando el amor erótico se confina al binarismo heterosexual-homo-
sexual. Esa disimetría se basaba en que tanto en el deseo –la comedia
de los sexos en la seducción–, como en la elección erótica, cada cual,
homo, hetero, viril o femenino en sus semblantes, sólo podía referirse al
Falo, como único símbolo del sexo en el Inconsciente, en una oposición
binaria + / -, tener o no tener, ser o no ser, … es lo que Lacan llegó a
resumir con estas bonitas fórmulas referidas al Falo en la vida erótica: el
hombre no es que no lo tenga, la mujer, no es que no lo sea.
“El hombre”, “la mujer”, no hay ya tal en la lógica lacaniana de la
sexuación, que establece lo distinto del todo fálico respecto del no-to-
do fálico. Es lo que entra en juego en el abrazo sexual de los cuerpos
de manera radical, o, dicho de otro modo, la manera en que la tríada
amor/deseo/goce funciona o no, o en combinaciones diversas entre los
partenaires12.
Así, de un lado, Lacan sitúa la lógica del “todo fálico”, que se basa
en la ley de la castración, lo universal del inconsciente en los humanos.
12
Digo partenaires para no hablar ni en masculino ni en femenino, ya que el sexo es una x, una
incógnita hasta que no llega la hora de la verdad del goce sexual, la hora de la verdad del amor erótico.
115 6. Conferencia de clausura
En el todo fálico se sitúa la función del Falo, que en los años 70 ya no
es sólo en la enseñanza de Lacan símbolo de la falta, sino además un
modo de gozar que viene a suplir lo que falta al sujeto, es decir un modo
de conectar carne y verbo. Ahora bien ¿qué es la función fálica como
función lógica, que separa dos modos de darle argumento? Simplificaré
diciendo que es la función que opera cuando puede coordinarse algo
del goce del cuerpo, experimentado en la excitación, con la función de
la palabra. Por eso decía antes carne y verbo anudados. Y ahora añadiré
que es lo específico de la función fálica y lo que no opera en las psicosis.
Lacan dirá, y se puede comprobar en la clínica psicoanalítica, que
los humanos se colocan en el todo fálico o en el no-todo fálico, al auto-
rizarse como seres sexuados, lo cual no puede verificarse antes de la pu-
bertad. Los que trabajan con adolescentes saben cuán difícil les resulta.
Que los niños vean hoy porno desde antes de la pubertad, seguro que les
excita y perturba en sus cuerpo y mentes, alimentando diversas fantasías
eróticas. Pero esas excitaciones e imágenes porno no resuelven las elec-
ciones eróticas que realizarán en sus vidas, y sus decisiones estarán más
determinadas por los avatares de sus experiencias en la neurosis infantil.
Sus relaciones adolescentes estarán llenas de zozobras, ajenas al porno,
que solo empañará sus vidas generando artificios de goces obscenos.
Hay quien llega a creer, iluso, que se puede elegir el partenaire eró-
tico “a la carta” y si eso se verifica que no funciona en la psicopatología
de la vida amorosa es porque estamos marcados por lo cifrado en un
inconsciente. El voluntarismo iluso del “yo amo, deseo y gozo como
quiero”, la aspiración del “yo controlo” se revela más que fallida en la
vida erótica. Ese “yo puedo”, ¿no es una carga suplementaria del Su-
peryó capitalista? El Superyó empuja a querer poder lo imposible, y a
cultivar los sentimientos de impotencia haciendo crecer la ansiedad, el
desasosiego, la angustia… produce también de manera inevitable como
el yo que pretende poder se desinfla en tristezas y morosidades depre-
sivas. Peor aún, las exigencias del Superyó pueden generar más y más
violencias, contra sí mismo, contra los otros… en resumen, la voluntad
del yo se va al traste en el amor erótico…
Tampoco basta la historia familiar para explicar cómo se producen
en un momento dado esas misteriosas y contingentes elecciones eró-
ticas. No todo resulta de las marcas de la historia, mal les pese a los
6. Conferencia de clausura 116
neuróticos. No hay determinismo. No todo está cifrado en la aliena-
ción estructural del lenguaje, de lo que es por tanto descifrable de la
incidencia del Otro en la historia personal y familiar. Hay rupturas y
singularidades insondables. Eso nos conduce a la noción de alteridad,
otra cosa que la noción de diferencia. En la noción de diferencia prima
lo relativo de las palabras, de los significantes. En la noción de alteridad
prima lo absoluto de lo que escapa al lenguaje.
Habría que distinguir dos alteridades: en primer lugar, la alteridad
que nos caracteriza a los humanos como tales, a todos, de lo que ya ha-
bló Freud ([1895] 1950) refiriéndose a la experiencia del Nebenmensch
(los humanos próximos o vecinos), que es la experiencia de la parte
extraña e inasimilable del prójimo; en segundo lugar, está, con Lacan,
no con Freud, la alteridad sexuada, que va más allá y es de otra índole.
Cuando no se acepta la primera alteridad, eso indecible que no me
gusta del goce del Otro, emergen odios, hostilidades, xenofobias, racis-
mos… No tengo tiempo hoy aquí de extenderme al respecto.
Volveré a lo que me importa aquí hoy: la alteridad sexuada, que
es la que se juega en el amor erótico entre los sexos. Emerge cuando se
plantea la cuestión del goce sexual, en la que no hay ni superioridad
masculina ni superioridad femenina. Las competencias, las competiti-
vidades, siempre fálicas, fracasan.
El deseo, nos guste o no, siempre es
fetichista, ya que buscamos lo que nos
falta, que sólo podemos imaginar vía las
aspiraciones que nos habitan. Al fin y al
cabo, cuando hablamos de “fantasma”
en el psicoanálisis lacaniano, o de fanta-
sías en el psicoanálisis freudiano, detrás
siempre están nuestras secretas aspira-
ciones, las que más vergüenza nos suele
dar reconocer.
El amor, cuando no está ligado al
goce como requieren las mujeres, el
amor como tal es asexuado, por eso
Pintura cedida abundan tanto los amores no eróticos.
por Philippe d’Andrea Lacan, en los años 70, propuso, al tiem-
117 6. Conferencia de clausura
po que elaboraba la lógica de la sexuación, esa fórmula tan incompren-
dida “No hay relación sexual”13. De este modo despachó de un plumazo
el tan denostado pansexualismo freudiano, extrayendo de los impasses
de Freud ese decir de lo imposible, que a su entender está presente, si se
deduce, en Freud. ¿Qué expresa Lacan con esa fórmula? Simplemente
que no hay nada en el Inconsciente que diga a un sujeto, del sexo que
sea, cómo relacionarse en la vida erótica, porque no hay unión de los
goces. El goce sexual separa los cuerpos por mucho que se abracen y por
mucho que se amen los sujetos. Los cuerpos sexuados están separados
por el muro de lo real. Los asuntos del sexo reaparecen en Freud por
todas partes, al ser radicalmente fallidos.
Descabalgarse de la montura de maestro, de médico, lo que le ha-
bía servido para descubrir el Inconsciente de la mano de la histérica, e
inventar el psicoanálisis, no bastaba para ayudarle a resolver la posición
femenina. Con Lacan diré que la histeria viene muy bien para comenzar
un análisis, pero viene muy mal para terminarlo. La posición histérica,
heterosexual u homosexual, acarrea muchos problemas en el amor eró-
tico. Las envidias fálicas, las caídas depresivas, propias de la neurosis,
han de atravesarse para ir más allá.
Lo cierto es que tampoco Freud entendió por qué los hombres se
encabritaban en su rechazo a la feminidad, aunque pasaran por la cas-
tración, Freud se quedaba perplejo al ver lo poco que servía la autoridad
del padre en la vida amorosa. Eso es patente de distintos modos en la
neurosis obsesiva. En suma, a Freud le perdió enredarse con sus neuró-
ticos y querer salvar al Padre como mediador y transmisor de la ley fálica
de la castración. Al final tiró la toalla y terminó con la misma cuestión
de fondo de las histéricas: el enigma de ¿Qué quiere la mujer?14.
¿Cómo Lacan recoge el guante en su lógica de la sexuación? Lo sim-
plificaré como pueda… Lacan dirá que no todo lo femenino pasa por
la castración. Eso explica muchos de los avatares del amor erótico. La-
can hace un guiño a sus amigas feministas, en el 72, y les dice, no sin
ironía, que debería ser nombrado Mujer honoris causa al afirmar que
13
En francés “Il n’y a pas de rapport sexuel”. Rapport, se puede traducir tanto por relación como por
proporción. El equívoco no funciona en español y tiene pleno interés.
14
Was will das weib.
6. Conferencia de clausura 118
ellas, como mujeres, y justamente por la ausencia en el Inconsciente
de significante que pueda decir qué es la feminidad, estarán habitadas
por un goce suplementario al fálico. Ese Otro goce, gozo femenino, es
gozo más allá del Falo. Y les dirá que eso daría otro aire al movimiento
feminista.
Lacan ha logrado situar en una lógica que una cosa es el No-to-
do de incompletud y otra cosa es el No-todo de inconsistencia. El
No-todo de incompletud va de par con lo que antes he llamado la pri-
mera alteridad, es universal a todos los seres hablantes. Es incompletud
lógica por el agujero en el saber del Inconsciente y la falta de poder, tan-
to en el sujeto como en el Otro. Una falta imposible de colmar, eso ya
estaba en Freud. La lógica de la inconsistencia es otra cosa. No se basa
en la falta sino en lo que es imposible de decidir, y produce lo que no se
puede anticipar jamás, la contingencia de los encuentros, especialmente
la contingencia del deseo, el amor y el goce femeninos. Cualquier cosa
podrá decirse de ella, incluso lo menos razonable, porque ella es tan
Otra para ella misma como lo es para él.
En consecuencia, entendemos que quiere decir Lacan cuando afir-
ma que un hombre cuando ama, cuando aspira a lo que está del otro
lado del muro de lo Real15, a algo en ella que a él le falta, deviene mujer
si ama así… es la contingencia del verdadero amor erótico, que se sabe
sólo a posteriori, si ha acontecido. Se sabe a posteriori cuando empieza,
pero no se sabe cuándo acaba. De ahí tantos amores que terminan en
odios, es lo cómico del amor, pero es trágico cuando no se acepta. La
lógica de la inconsistencia quiere decir también que no hay por un lado
las mujeres y por otro lado las todas histéricas. En cada una, histérica u
obsesiva, hay una parte de no-todo fálico, por neurótica que sea.
No hablaré aquí de los psicóticos, que tienden, diría, a hacerse Mujer
horroris causa al no operar en ellos la función fálica para nada. Hemos
de interrogar, en la clínica y en la teoría, la diferencia entre la locura
femenina del goce Otro y lo que acaece en las mujeres locas, psicóticas,
con sus peculiares padeceres en el terreno del amor y el sexo. Es que
como sujeto una mujer puede estar loca, o no estarlo. Una neurótica o
una psicótica estabilizada no está loca, y puede angustiarle sin embargo
15
Lo Real lacaniano.
119 6. Conferencia de clausura
lo que se soltaría en ella de goce loco, femenino. No hemos de con-
fundir la aspiración histérica a ser el objeto del deseo del Otro, con la
aceptación femenina a no ser causa del deseo del Otro más que por azar.
Una mujer, a diferencia de la histérica, acepta que sólo por azar será la
elegida de un amor. Es el azar de los encuentros, a los que ella puede
abrir o cerrar la puerta…
Entro ahora en el punto que más me interesa tratar hoy aquí: ¿qué
ocurre si se leen las fórmulas de la sexuación, el todo fálico y el no-todo
fálico por separado y no conjuntamente? Ocurre que eliminamos la
alteridad sexuada, lo hetero del Otro sexo, y eso explica muchos males-
tares en el amor erótico.
Si se lee el todo fálico sin relación con el no-todo fálico se cae en un
mundo de hombres sin mujeres, de hombres entre ellos o de hombres y
madres, posesivos. En lo peor, “manadas”… Pero si se lee el no-todo fá-
lico sin relación con el todo fálico, ¿se caería en un mundo sin hombres?
No es esa la lógica lacaniana, sino que se caería en un mundo de mujeres
extraviadas, solas “como vacas sin cencerro” al estilo de lo que decía una
mujer en la película de Almodóvar La flor de mi secreto (2000). Cuando
hablamos de las anheladas sororidades, hablamos de que, como mu-
jeres, estamos desdobladas: en una parte somos, estamos, ajenas a los
hombres y su masculinidad, y en otra parte los queremos, cada una de
modo singular. Cosa bien distinta de esos cenáculos de histéricas entre
ellas que se identifican unas con otras denostando a los hombres.
Hay cuidados femeninos menos maternales, más pudorosos, y no
por más silenciosos menos reales, “Más libres y más reales” dirá Lacan,
de las mujeres en su no-todo fálico y menos libres los hombres por estar
más supeditados a la “aflicción fálica” en la vida erótica. Pienso que en
el mundo de hoy sale más a la luz la alteridad del Otro sexo, está menos
oculta por semblantes tradicionales. Me pregunto si no es por ello que
se la rechaza más abiertamente y ese rechazo genera el crecimiento de las
violencias contra lo inasible de la alteridad femenina en la perspectiva
todo fálica.
He partido de un término tomado de C. Soler, la “ética homo”, la
que rechaza la alteridad femenina, lo sepa o no, para interrogar qué
sería de la otra ética, una “ética hetero” que es la que puede conver-
ger con una auténtica ética psicoanalítica en el amor erótico. La ética
6. Conferencia de clausura 120
homo, traba, impide, esa existencia. Insistiré: el problema no está en el
todo fálico, en la llamada habitualmente posición masculina, sino en
no querer saber nada de la inasible alteridad del no-todo fálico. No se
trata de criticar a los hombres sino de interrogar qué les impide amar a
las mujeres. Es un asunto crucial en el tratamiento psicoanalítico de las
neurosis, perversiones y psicosis.
Podemos examinar cómo la ética homo se da tanto en hombre ana-
tómicos como en mujeres anatómicas. La posición sexuada no es asunto
de anatomía ni de biología, insistamos. De manera somera haría, a la
luz de la enseñanza de Lacan una serie:
1. El goce del idiota: el que se ocupa sólo de su pene al que confun-
de con el falo. Se conforma con masturbarse o con enviar whatsapp con
fotografías de su pene erecto a quienes lo aceptan. Es muy frecuente en
quienes consumen porno por Internet.
2. El goce fálico del poder y del saber. Es menos solitario, y se
torna más pretencioso y arrogante cuando ignora la alteridad y las di-
ferencias. ¡Cuidado, porque el goce fálico del poder y del saber no está
vedado, ni mucho menos, a las mujeres! ¡Somos sujetos del lenguaje!,
pasamos por la lógica de la incompletud significante. Ese goce pasa por
las palabras, especialmente cuando se quieren seductoras o sesudas, no
tanto por el pene. Hablo aquí del goce fálico en la ética homo de quien
aspira al poder sobre los demás. O de quien aspira a brillar por encima
de todo, se puede resumir en los diversos modos del estrecho narcisismo
fálico que se puede disimular. Son los hombres y las mujeres anatómi-
cos que no aman verdaderamente a las mujeres. Son los que no están
dispuestos a arriesgarse, “a hacerse chichones”, topándose con el muro
de lo real, de lo incierto y contingente en la apuesta de amar a una mu-
jer deseada o de consentir siendo mujer a esa aventura del amor erótico.
La clínica y la vida nos enseñan que quien no consiente o se arriesga, se
hace luego otros chichones peores...
3. El misógino, a no confundir con el machista. Sabe que el único
modo de soportar a las mujeres es amarlas, pero no cede fácilmente. No
son machistas, desean como hombres, sí, saben, como se dice vulgar-
mente “lo que les pone” y que lo que les “empalma”, les suscita atrac-
ción sexual o erección, está fuera de su cuerpo. No pretenden como los
machistas poseer el objeto de su deseo. Realizan su deseo porque prefie-
121 6. Conferencia de clausura
ren “follar” que masturbarse. Pero no toleran lo insondable e indecible
de la alteridad femenina. Muchos homosexuales pueden ser considera-
dos misóginos, no todos.
4. La ética del soltero, el que seduce a muchas y no se compromete
con ninguna. Es el que se jacta o padece de estar tan libre como sólo.
No se deja atrapar por una mujer, puede ser un soltero auténtico, o no,
pues la ética del soltero, del que no quiere estar con mujer alguna –lo
que se da en muchos homosexuales–, puede recubrirse en la vida social
con una pareja aparente.
5. El torpe, según Lacan (1973) es el que quiere hacer “toda” a una
mujer, el que cree que por tener dos, la tiene toda o, el que se precipita
a hacerla madre para verla como madre.
6. La histeria, que puede ser suscitada en una mujer por un “tor-
pe”. En las mujeres histéricas comprobamos lo más chocante de la
ética homo, aunque la histeria se da a menudo en hombres, y más
actualmente en homosexuales que en heterosexuales. En el mundo gay
abunda la histeria, sea como discurso, sea como neurosis. Lacan dirá
de la histérica que se queda en el todo fálico por ser “homosexual”16,
por “hacer de hombre” o “hacer al hombre”. Aspiración doblemente
fallida, especialmente la de “hacer al hombre”, en la expectativa de que
toda mujer sea función del Falo y de que todo hombre tenga el Falo.
Expectativa tan fallida que por eso los va tumbando a todos, ninguno
le vale, los abandona a todos. Es la verdad histérica de que no hay
hombre que pudiera decir qué mujer lo completaría. Verdad que se
denuncia, que puede resultar cómica, pero que hace sufrir mucho a
las mujeres y a los hombres, ayer y hoy. Doy fe de que se vive en un
permanente drama.
El consuelo suele ser el amor al alma del hombre, no es un amor
erótico, aunque puede hacer compañía. Es un amor asexuado, amor sin
sexo, amor no erótico. El drama llega cuando esa mujer se enferma por
hacerse sirvienta del Falo, por dedicarse a aupar a un hombre o a una
mujer, como fálicos. Solo que su malestar crece cuando esa empresa se
sostiene con su sacrificio.
16
Escrito en francés con dos m, hommosexuelle, para condensar en ese neologismo su estatuto masculino.
6. Conferencia de clausura 122
Dejo aquí la ética homo, que requeriría el estudio de los particulares
casos clínicos, en los que se imbrican de diversos modos los tipos que he
clasificado de modo somero. La psicopatología de la vida amorosa, des-
de Freud y con Lacan es el asunto crucial del psicoanálisis de cada cual.
Mi cuestión, lo que me interesa interrogar hoy aquí17, es cómo el
psicoanálisis puede contribuir a la ética hetero, la que considera no sólo
en teoría sino en su praxis, sus decires y sus actos, que nada puede sa-
berse de esa alteridad del Otro sexo, al tiempo que la hace palpitar en
su existencia. La ética hetero es la que permite degustar cómo el amor
erótico es la sal de la vida y cómo se hace existir lo común sin negar la
diferencia de los sexos, entendida como el abismo de lo real que toma
en cuenta el muro que separa el todo fálico y el no-todo fálico.
La ética hetero, seamos radicales con Lacan, implica, lo primero, la
curación de la neurosis y lo segundo, la aceptación de la contingencia,
de los regalos de la vida en los encuentros. Eso implica no aferrarse a lo
imaginario del mundo de uno, a su fantasma. Y en tercer lugar, hemos
de subrayar que sólo el psicoanálisis pone de relieve cual es la condición
del amor erótico: que un hablanteser, hombre o mujer, homosexual o
heterosexual, de modo singular y diverso, esté dispuesto a ofrecer su
castración , su falta, la verdad de lo que no es y no tiene, y su ser, lo
insabido para él de su ser de goce, lo que es y lo que tiene, para acceder
al Otro deseado, a su alma, sí, pero también a su cuerpo carnal . Es lo
que permite hacer el amor entre los cuerpos de los hablantes, hombres
o mujeres, y no solo “follar”.
Del lado del todo fálico, la ética hetero se aventura a atravesar el
muro de lo real, para entrar, sin garantías, en el Otro lado, en lo ignoto
para el sujeto, ahí donde vibra la causa de su deseo. No es cualquier ser,
sino alguien en quien se cree de verdad. Implica abandonar el poder,
aceptar lo que no se domina y no se sabe del deseo del partenaire, al
que no se priva de su valor. Es quien ama a las mujeres y en ese amor se
feminiza sin complejos, es el antimachismo por excelencia.
Amar a las mujeres, sea del lado todo fálico o no-todo fálico, es
dejarlas ser, en sus deseos propios y su propia vida, queriéndolas como
Otras. Cuando el deseo está, pero se vive con trabas, nos encontramos
17
Lástima que no pueda haber debate.
123 6. Conferencia de clausura
con las diversas patologías que nos muestra la clínica, en síntomas, in-
hibiciones y angustias.
Otra es la patología del violento machista que quiere poseer el cuer-
po del Otro sexo y lo maltrata. El machista, al fin y al cabo, defiende
un mundo sin mujeres, un mundo de manadas y hordas. Pero por falta
de tiempo no hablaré del maltrato a las mujeres ni de los feminicidios.
A mi entender, una definición de Lacan en L’Etourdit (1973) sería
una buena aproximación a la ética hetero: “el hombre que mejor serviría
a la mujer de la que él goza es el que acepta que es no-toda de él, el que
le devuelve el goce que la hace Otra”.
La auténtica ética hetero, no es por ende de aspiración a la posesión
sino de desposesión. Es lo que Lacan dice de las mujeres, que no están
locas del todo, que no están locas en absoluto. Pueden estar de pleno en
el goce fálico, pero hay en ellas otra cosa loca y asubjetiva. El goce loco
femenino, no es locura de un sujeto, no es psicosis.
Los no psicóticos, heterosexuales u homosexuales, pasan por la fun-
ción fálica, y hacen concesiones a sus parejas, no a cualquiera sino a
alguien elegido, concesiones con límites para no caer en el estrago, en el
horror de ponerse a merced de la voluntad del Otro. Las mujeres hacen
concesiones por amor, las histéricas hacen concesiones sacrificiales para
mantener la valía fálica, de él, de ella, ajena al amor.
El amor, pasa por encima del poderío fálico, se despega de apegos
del ser y el tener, por eso el eros entre las mujeres homosexuales que se
aman –no es el caso de todas las lesbianas–, Lacan lo dice contrario a la
degradación comunitaria de las manadas masculinas de hombres entre
ellos.
En resumen, el psicoanálisis nos enseña que cuando un hombre ama
eróticamente a una mujer la ama en su no-todo fálico.
Nos queremos vivas, es un clamor hoy frente a aquellos que no sopor-
tan nada de ellas vivas, ajeno a ellos. Vivas no sólo de vida biológica sino
de vida libidinal. Vivas en un ser de deseo singular desconocido, quizás,
de ellos y que en ellas late sin saberlo.
Y vivas nos queremos, en lo que late del amor.
6. Conferencia de clausura 124
BIBLIOGRAFÍA
Almodovar, P. (2000). (Director). La flor de mi secreto. (Película). El Deseo
S.A./Ciby.
Butler, J.
- (2001/1990). El Género en disputa: Feminismo y la subversión de la
identidad. Paidós.
- (2009). Performatividad, precariedad y políticas sexuales. AIBR. Revis-
ta de Antropología Iberoamericana, vol. 4, 3. (pp. 321-336).
Freud, S. (1992/1950 [1895]). Proyecto de psicología. en S. Freud. Obras
Completas I. (pp. 323-447). (traducción de J. L. Etcheverry). Amorrortu
ed.
Lacan, J.
- (1973/1972). L’Étourdit, Scilicet, n° 4, (pp. 5-52). (En español Lacan,
J. (2012) El atolondradicho en Otros escritos. (pp. 473-423). (traducción
de Graciela Esperanza y otros). Paidós.
- (1975). El Seminario de Jacques Lacan. libro 22. «R.S.I.», clase del 21 de
enero de 1975, (inédito).