El Lóbulo Frontal
El Lóbulo Frontal
Situado por delante del surco lateral y del surco central, el lóbulofrontal se extiende hacia el polo anterior del
hemisferio. Este lóbulo excede esta cara invadiendo las caras medial e inferior en
Surcos horizontales. En número de dos, paralelos entre sí y al borde superior del hemisferio, terminan en sus
extremos posteriores bifurcándose en una rama ascendente y otra descendente por delante del surco
central y paralelos a él. De esta manera, existen en el lóbulo frontal cuatro giros:
A. Giro frontal superior [1.ª circunvolución frontal]: situado por encima del surco frontal superior, que
invade la cara medial hasta el surco del cíngulo (fig. 24-24), curvándose en el polo frontal se continúa por un
segmento orbitario en la base, comprendido entre el borde inferomedial del hemisferio y el surco olfatorio.
B. Giro frontal medio [2.ª circunvolución frontal]: comprendido entre los dos surcos frontales, se extiende en
la cara inferior entre los surcos olfatorios por delante del ramo horizontal que los une.
C. Giro frontal inferior [3.ª circunvolución frontal]: se encuentra debajo y lateral a la precedente. Forma
parte del límite superior del surco lateral. En el lado izquierdo se sitúan los centros motores del lenguaje
articulado.
D. Giro precentral [circunvolución frontal ascendente o prerrolándica] está situado por delante del surco
central hasta el surco precentral [cisura prerrolándica], que lo separa de los tres giros mencionados
previamente. El extremo inferior del giro precentral llega al surco lateral y se reúne con el giro poscentral
situado detrás, por medio del opérculo frontoparietal. La parte superior se continúa en la cara medial
limitada atrás por el surco central. Corresponde a la parte anterior del lóbulo paracentral situado en la cara
medial del hemisferio. En este giro se sitúan los principales centros motores voluntarios. LATARJET
Lóbulo frontal. El área 4 es el área motora primaria en el giro prefrontal. Las neuronas piramidales de gran
tamaño (células de Betz) y neuronas más pequeñas dentro de esta área dan lugar a muchos (pero no a
todos) de los axones que descienden como tracto corticoespinal. La corteza motora está organizada en
sentido en orden dentro de un homúnculo tipo mapa en la parte inferior de la convexidad del hemisferio.
Estas partes corporales tienen un tamaño magnificado en la forma en que se proyectan sobre la corteza, lo
que refleja la gran cantidad de corteza dedicada al control digital fino y a los movimientos bucolinguales. El
brazo, tronco y cadera se representan en orden en la parte superior de la convexidad; y el pie, parte inferior
de la pierna y los genitales se encuentran dispuestos dentro de la cisura interhemisférica
El área 6 (área premotora) contiene un segundo mapamotor. Varias otras zonas motoras, incluyendo el área
motoracomplementaria (localizada en el aspecto medial del hemisferio), se agrupan en la cercanía. El área 8
(campo visual frontal) está implicada en los movimientos oculares. Dentro del giro frontal inferior, las áreas
44 y 45 (área de Broca) se localizan en sentido anterior a la corteza motora que controla los labios y la
lengua. El área de Broca es una zona importante para el habla. Anterior a estas áreas, la corteza prefrontal
tiene extensas conexiones recíprocas con el tálamo anterior dorsomedial y ventral y con el sistema límbico.
Esta área de asociación recibe e integra la información de múltiples modalidades sensoriales. La corteza
prefrontal desempeña un conjunto de funciones “ejecutivas”, planea e inicia acciones adaptativas e inhibe
las desadaptativas; prioriza y secuencia acciones, e integra las funciones motoras y sensoriales elementales
en un flujo coherente de conducta dirigido a metas. Diversos estudios indican que la corteza prefrontal, al
igual que las cortezas motora y sensorial, está compartimentada en áreas que desempeñan funciones
específicas. Cuando las áreas prefrontales resultan dañadas (p. ej., a causa de tumores o traumatismos
craneoencefálicos), los pacientes se tornan ya sea apáticos (en algunos casos, inmóviles y mudos) o
desinhibidos y faltos de atención, con pérdida de modales y alteraciones de juicio. ……………….
Neuroanatomía Clínica - Waxman - 26ta Edición
La corteza motora primaria ocupa la primera circunvolución de los lóbulos frontalespor delante del surco
central o cisura de Rolando. Comienzadesde su zona más lateral situada en el surco lateral o cisurade Silvio,
se extiende hacia arriba hasta la porción más superiordel cerebro y a continuación desciende por la
profundidad de la cisura longitudinal. (Esto coincide con el área 4 según la clasificación de Brodmann de las
áreas corticales cerebrales la corteza motora primaria, que comienza con la región de la cara y la boca cerca
del surco lateral; la del brazo y la mano, en la porción intermedia de la corteza motora primaria; el tronco,
cerca del vértice del cerebro, y las áreas de las piernas y los pies en la parte de la corteza motora primaria
que se introduce en la cisura longitudinal. Esta organización topográfica queda de manifiesto aún más
gráficamente , que muestra el grado de representación de las diferentes áreas musculares según fueron
cartografiadas por Penfield y Rasmussen. Este mapa se realizó mediante la estimulación eléctrica de las
diversas áreas de la corteza motora en seres humanos sometidos a intervenciones neuroquirúrgicas.
Obsérvese que más de la mitad de toda la corteza motora primaria se encarga de controlar los músculos de
las manos y del habla. La estimulación puntual de estas áreas motoras para las manos y el habla pocas veces
provoca la contracción de un solo músculo; lo más frecuente es que, en su lugar, esta maniobra actúe sobre
un grupo de músculos
Área premotora
El área premotora, también representada en la figura 55-1, queda a una distancia de 1 a 3 cm por delante de
la corteza motora primaria y se extiende hacia abajo en dirección al surco lateral y hacia arriba en dirección a
la cisura longitudinal, donde limita con el área motora suplementaria, que cumple unas funciones análogas a
las del área premotora. La organización topográfica de la corteza premotora es a grandes rasgos la misma
que la de la corteza motora primaria, con las zonas para la boca y la cara en una situación más lateral; a
medida que se asciende, aparecen las áreas para las manos, los brazos, el tronco y las piernas. Las señales
nerviosas generadas en el área premotora dan lugar a «patrones» de movimiento mucho más complejos que
los patrones puntuales originados en la corteza motora primaria. Por ejemplo, su contenido puede consistir
en colocar los hombros y los brazos de tal modo que las manos adopten la orientación adecuada cuando se
quiera realizar una tarea específica. Para cumplir esta misión, la parte más anterior del área premotora crea
antes una «imagen motora» del movimiento muscular total que vaya a efectuarse.
El área motora suplementaria posee otra organización topográfica para controlar la función motora. Sobre
todo ocupa la cisura longitudinal, pero se extiende unos pocos centímetros por la corteza frontal superior.
Área de Broca y el lenguaje. La figura 55-3 muestra un área premotora designada con la expresión
«formación de las palabras» que se halla justo delante de la corteza motora primaria e inmediatamente por
encima del surco lateral. Esta región se llama área de Broca.
Campo de los movimientos oculares «voluntarios». En el área premotora justo por encima del área de Broca
existe un punto encargado de controlar los movimientos voluntarios de los ojos. Su lesión impide a una
persona dirigirlos de forma voluntaria hacia los diversos objetos
Área de rotación de la cabeza. Un poco más arriba en el área motora de asociación, la estimulación eléctrica
induce la rotación de la cabeza. Esta área está íntimamente vinculada con el campo de los movimientos
oculares; se ocupa de dirigir la cabeza hacia los distintos objetos.
Área para las habilidades manuales. En el área premotora inmediatamente por delante de la zona de la
corteza motora primaria encargada de las manos y de los dedos hay una región que es importante para las
«habilidades manuales». Esto es, cuando los tumores u otras lesiones destruyen esta área, los movimientos
de las manos se vuelven descoordinados y pierden cualquier sentido, trastorno que se denomina apraxia
motora.
a los músculos Las señales motoras se transmiten directamente desde la corteza hasta la médula espinal a
través del fascículo corticoespinal e indirectamente por múltiples vías accesorias en las que intervienen los
ganglios basales, el cerebelo y diversos núcleos del tronco del encéfalo. En general, las vías directas están
más dedicadas a los movimientos detallados y bien diferenciados, especialmente en los segmentos distales
de las extremidades, sobre todo en las manos y los dedos Fascículo corticoespinal (vía piramidal) La vía de
salida más importante de la corteza motora es el fascículo corticoespinal, también llamado vía piramidal, que
está El 30% más o menos de este fascículo nace en la corteza motora primaria, otro 30% lo hace en
las áreas motoras premotora y motora suplementaria, y el 40% en las áreas somatosensitivas por detrás del
surco central. Tras salir de la corteza, atraviesa el brazo posterior de la cápsula interna (entre el núcleo
caudado y el putamen, dos componentes de los ganglios basales) y después desciende por el tronco del
encéfalo, formando las pirámides del bulbo raquídeo. La mayoría de las fibras piramidales cruzan a
continuación hacia el lado opuesto en la parte inferior del bulbo y descienden por los fascículos
corticoespinales laterales de la médula, para acabar finalizando sobre todo en las interneuronas de las
regiones intermedias de la sustancia gris medular; unas cuantas fibras terminan en neuronas sensitivas de
relevo situadas en el asta posterior y muy pocas lo hacen directamente en las motoneuronas anteriores que
dan origen a la contracción muscular
Otras vías nerviosas desde la corteza motora. La corteza motora da origen a una gran cantidad de fibras más,
sobre todo pequeñas, que van dirigidas hacia las regiones profundas del cerebro y el tronco del encéfalo,
entre ellas las siguientes:
La corteza prefrontal es un área extensa que se encuentra por delante del área precentral, e incluye las
partes más grandes de las circunvoluciones frontales superior, media e inferior, la circunvolución orbitaria, la
mayor parte de la circunvolución frontal y la mitad anterior de la circunvolución del cíngulo (áreas de
Brodmann 9, 10, 11 y 12). Un número importante de vías aferentes y eferentes conectan el área prefrontal
con otras áreas de la corteza cerebral, el tálamo, el hipotálamo y el cuerpo estriado. Las fibras frontopontinas
también conectan esta área con el cerebelo a través de los núcleos pontinos. Las fibras de la comisura del
fórceps menor y de la rodilla del cuerpo calloso unen estas áreas en ambos hemisferios cerebrales. El área
prefrontal participa en la elaboración de la personalidad del sujeto. Como consecuencia de las aferencias de
muchas fuentes corticales y subcorticales, esta área participa como reguladora de la profundidad de los
sentimientos de la persona. También influye en la iniciativa y el juicio de un sujeto.
Introducción
La estimulación cerebral profunda (DBS deep brain stimulation en inglés) implica la administración de
micropulsos eléctricos hacia localizaciones subcorticales específicas. Inicialmente utilizada para manejar
trastornos motores; es también efectiva sobre patologías neuropsiquiátricas, como la agresividad refractaria
a tratamiento convencional. Este trabajo analizó estudios que emplearon DBS en la agresividad refractaria
con la finalidad de identificar los parámetros de estimulación más utilizados.
Métodos
Se realizó una revisión en bases Scopus, Cochrane, ScienceDirect y PubMed, identificando reportes o series
de casos en humanos donde se utilizó DBS como terapia hacia comportamiento agresivo refractario, que
expliciten parámetros de estimulación.
Resultados
Se incluyeron 17 trabajos con un total de 58 pacientes, considerando los criterios establecidos. El blanco más
utilizado fue el hipotálamo posteromedial. La mayoría de los pacientes mejoraron significativamente tras
iniciar DBS. El rango de frecuencias predominante fue entre 180-185Hz (75,8% del total) y el ancho de pulso
predominante fue entre 60-90μs (84,4% del total).
Conclusiones
La DBS sobre el hipotálamo posteromedial a altas frecuencias y ancho de pulso relativamente bajo parece
ser efectiva para tratar la agresividad refractaria; pero se desconoce la programación óptima para la terapia.
Se requieren más estudios sobre el fundamento fisiológico del procedimiento, al igual que cohortes más
grandes para el seguimiento.
COF: Corteza Orbitofrontal. Esta área está involucrada en la regulación de las emociones y la toma de
decisiones, y su daño puede afectar el comportamiento y las emociones de una persona.
CPFDL: Corteza Prefrontal Dorsolateral. Es responsable de las funciones ejecutivas, como la planificación,
el control de impulsos, la memoria de trabajo y la toma de decisiones complejas. Un daño en esta área
puede dificultar la organización y el control de la conducta.
CFM Prefrontal Medial: Corteza Prefrontal Medial. Esta región está implicada en procesos como la
atención, la toma de perspectiva y la mentalización (es decir, la capacidad para entender los pensamientos y
emociones de los demás). Si se ve afectada, puede haber problemas en el control de la atención y en la
comprensión social.
Corteza órbitofrontal La corteza órbitofrontal (COF) es parte del manto arquicortical que proviene de la
corteza olfatoria caudal-orbital (ver figura 3) (Stuss & Levine, 2000). Se encuentra estrechamente relacionada
con el sistema límbico, y su función principal es el procesamiento y regulación de emociones y estados
afectivos, así como la regulación y el control de la conducta (Damasio, 1998). Además, está involucrada en la
detección de cambios en las condiciones ambientales tanto negativas como positivas (de riesgo o de
beneficio para el sujeto), lo que permite realizar ajustes a los patrones de comportamiento en relación a
cambios que ocurren de forma rápida y/o repentina en el ambiente o la situación en que los sujetos se
desenvuelven (Rolls, 2000). P
forma muy importante en la toma de decisiones basadas en la estimación del riesgo-beneficio de las mismas
(Bechara, Damasio, & Damasio, 2000). L
Corteza frontomedial La corteza frontomedial (CFM) participa activamente en los procesos de inhibición, en
la detección y solución de conflictos, así como también en la regulación y esfuerzo atencional (Badgaiyan &
Posner, 1997). Además, participa en la regulación de la agresión y de los estados motivacionales (Fuster,
2002). Se considera que la corteza del cíngulo anterior (AB 24) funciona de Neuropsicología de Lóbulos
Frontales Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias 51 forma integrada con esta región
(Miller & Cohen, 2001). Su porción inferior (inferomedial: AB 32) está estrechamente relacionada con el
control autonómico, las respuestas viscerales, las reacciones motoras y los cambios de conductancia de la
piel, ante estímulos afectivos (Ongur et al., 2003); mientras que la porción superior (supero-medial) se
relaciona más con los procesos cognitivos (Burgess, 2000). Las porciones más anteriores de la corteza
frontomedial (prefrontal medial: AB 10), se encuentran involucradas en los procesos de mentalización (teoría
de la mente
La CPF izquierda se relaciona más con decisiones que tienen una lógica, condiciones determinadas y un
espacio de decisión conocido; a este tipo de decisiones se le ha denominado “verídicas”, ya que con
independencia del sujeto que las haga el resultado es prácticamente el mismo, por ejemplo, ante la
situación: ¿qué línea de metro tomo para ir a la universidad? únicamente hay una respuesta correcta y está
decisión se realizará con relativa independencia del sujeto que la haga. En cambio la CPF derecha se
relaciona más con decisiones subjetivas y adaptativas que no son lógicas, son relativas al momento y espacio
de un sujeto en particular, sus condiciones no son claras ni el espacio en donde se desarrollan son
completamente conocidos (i.e., situaciones de la vida diaria como: ¿qué ropa me pondré hoy para ir al cine?,
¿qué película veo? ¿voy al cine ó al teatro?) (Goldberg & Podell, 1999). A pesar de que la mayoría de las
diferencias hemisféricas citadas se relacionan principalmente con la CPFDL, algunas de ellas dependen de
otras regiones de la CPF ó incluso de toda la CPF en su conjunto.
Por ejemplo:
Síndrome de Foster Kennedy en una mujer de 52 años. (A) Imagen del fondo de ojo del ojo derecho que
muestra palidez de la papila óptica. (B) Imagen del fondo de ojo del ojo izquierdo que muestra edema de
papila con tortuosidad de los vasos peripapilares. (C y D) Imágenes de RMN ponderadas en T2 en corte axial
y sagital que muestran una lesión masa extraaxial, bien delimitada, homogénea e isointensa en la corteza
frontoparietal, con inserción dural de base amplia y en tent, con edema cerebral hiperintenso circundante,
sugestivo de meningioma. Publicación original.
La exploración clínica del lóbulo frontal es fundamental para evaluar su funcionamiento y detectar posibles
alteraciones debido a lesiones o trastornos neurológicos. A continuación, te explico las pruebas más
comunes que se utilizan para evaluar distintas funciones asociadas al lóbulo frontal:
Las funciones ejecutivas son esenciales para la planificación, toma de decisiones, resolución de problemas,
control de impulsos y organización general del comportamiento. Para evaluar estas funciones, se utilizan
diversas pruebas neuropsicológicas, como:
Test de Stroop
Descripción: En este test, el paciente se enfrenta a una serie de palabras que son nombres de
colores (como "rojo", "verde", "azul"), pero las palabras están escritas en colores que no coinciden
con su significado (por ejemplo, la palabra "rojo" escrita en color verde). El objetivo es nombrar el
color en que está escrita la palabra, no leer la palabra en sí.
Función evaluada: Esta prueba mide la capacidad del individuo para inhibir la respuesta automática
(leer la palabra) y centrarse en la tarea correcta (nombrar el color). Las alteraciones en esta función
pueden indicar problemas en la corteza prefrontal, especialmente en la capacidad para inhibir
respuestas impulsivas o automáticas.
o Parte B: El paciente debe alternar entre números y letras en secuencia (1-A-2-B-3-C, etc.).
Función evaluada: El TMT mide la habilidad de cambio cognitivo (flexibilidad), que es esencial para
adaptarse a nuevas situaciones y resolver problemas. La dificultad para completar esta tarea puede
indicar disfunciones en la corteza prefrontal dorsolateral, que está involucrada en la flexibilidad
cognitiva.
Objetivo: Evaluar los niveles de desinhibición (la falta de control sobre impulsos) y el grado de
regulación del comportamiento.
Función evaluada: Esta escala es útil para detectar problemas en las áreas orbitofrontal y
ventromedial del lóbulo frontal, que son cruciales para la regulación emocional y el control del
comportamiento social adecuado.
3. Pruebas motoras
El lóbulo frontal no solo está involucrado en funciones cognitivas y emocionales, sino también en el control
motor, ya que la corteza motora primaria y la corteza premotora son parte del lóbulo frontal y controlan el
movimiento voluntario. Para evaluar la integridad de estas áreas, se pueden realizar las siguientes pruebas:
Prueba de Luria
Descripción: La prueba de Luria consiste en que el paciente realice una serie de movimientos
motoros complejos, como golpear las manos de forma alternada o con otros movimientos que
requieren coordinación motora y planificación. La prueba también puede incluir tareas como
tocarse la cabeza y luego la barriga con el mismo ritmo, evaluando así el control motor fino y la
capacidad de inhibir movimientos innecesarios.
Función evaluada: Esta prueba está diseñada para evaluar la planificación motora y la coordinación
motora fina, que son funciones controladas por el lóbulo frontal, especialmente la corteza
premotora.
Reflejos primitivos
Objetivo: Evaluar la presencia de reflejos primitivos que deberían haber desaparecido durante el
desarrollo infantil.
Descripción: Los reflejos primitivos son patrones de respuesta automática que están presentes en
los recién nacidos, pero deberían desaparecer en la infancia. Su presencia en adultos puede indicar
un daño en el lóbulo frontal. Ejemplos de estos reflejos son el reflejo de prensión (apretar el dedo
de otra persona) o el reflejo de Moro (una respuesta de sobresalto).
Función evaluada: La presencia de estos reflejos en adultos sugiere una disfunción en la inhibición
cortical, que es una función del lóbulo frontal. Su desaparición es esencial para el desarrollo
adecuado del control motor y la autorregulación.
Resumen
La exploración clínica del lóbulo frontal es esencial para evaluar tanto las funciones cognitivas como las
emocionales y conductuales del paciente. Las pruebas de función ejecutiva como el Test de Stroop y el Trail
Making Test ayudan a evaluar la flexibilidad cognitiva y el control de impulsos, mientras que las
evaluaciones del comportamiento, como la escala de desinhibición frontal, permiten observar la capacidad
de regulación emocional y social. Finalmente, las pruebas motoras como la prueba de Luria y la observación
de reflejos primitivos ayudan a identificar alteraciones en el control motor, que también dependen del
lóbulo frontal. Estas pruebas son herramientas clave para el diagnóstico de lesiones o trastornos
relacionados con el lóbulo frontal.
3. Pruebas Motoras
infancia. prefrontal.
Referencias Bibliográficas
2. Stuss, D. T., & Knight, R. T. (2002). Principles of Frontal Lobe Function. Oxford University Press.
Un texto clave para entender las bases teóricas y clínicas sobre las funciones del lóbulo frontal,
incluyendo el comportamiento y las pruebas neuropsicológicas.
3. Ruff, R. M., & Evans, R. W. (1996). Neuropsychological Testing of the Frontal Lobes. Journal of
Clinical and Experimental Neuropsychology, 18(4), 515-529.
Este artículo ofrece una visión detallada de las pruebas específicas para evaluar el lóbulo frontal y
sus funciones ejecutivas.
5. Fuster, J. M. (2008). The Prefrontal Cortex: Anatomy, Physiology, and Neuropsychology of the
Frontal Lobe. Lippincott Williams & Wilkins.
Fuster explora la anatomía y fisiología del lóbulo frontal, y cómo se relaciona con las pruebas
neuropsicológicas y el comportamiento.
Puntuación total:
Este es solo un ejemplo para ilustrar cómo puede estructurarse una evaluación de desinhibición. En un
contexto clínico, estas evaluaciones deben ser interpretadas por un profesional entrenado y en conjunto con
otras pruebas y observaciones.
Stuss, D. T., & Knight, R. T. (2002). Principles of Frontal Lobe Function. Oxford University Press.
Discusión y Preguntas
1. Resolución de Dudas
Es importante que al final de tu presentación dejes un espacio para resolver dudas y aclarar puntos que no
hayan quedado completamente claros. Algunas preguntas comunes que podrían surgir incluyen:
¿Cuál es la diferencia entre las pruebas de función ejecutiva y las pruebas motoras en la evaluación
del lóbulo frontal?
¿Por qué las lesiones en áreas específicas del lóbulo frontal, como la corteza orbitofrontal, pueden
afectar tanto el comportamiento social y emocional?
¿Qué tipo de diagnóstico diferencial debe tenerse en cuenta al evaluar la disfunción frontal?
Consejo: Durante la resolución de dudas, puedes enfatizar que las lesiones en el lóbulo frontal pueden tener
implicaciones no solo en la función cognitiva (como el pensamiento lógico), sino también en el
comportamiento, lo que hace que el diagnóstico sea complicado y requiera un enfoque integral.
Las lesiones en el lóbulo frontal tienen un gran impacto en la vida cotidiana de los pacientes y presentan
retos importantes para los profesionales de la salud. Aquí puedes abordar los siguientes puntos:
Impacto Cognitivo y Conductual: Las lesiones en áreas específicas del lóbulo frontal pueden alterar
funciones ejecutivas como la planificación, la toma de decisiones y el control de impulsos. También
pueden generar cambios de personalidad, desinhibición social, agresividad y dificultades en las
interacciones sociales.
Ejemplo clínico: Pacientes con daño en la corteza prefrontal dorsolateral pueden mostrar dificultades para
adaptarse a nuevas situaciones, mientras que aquellos con lesiones en la corteza orbitofrontal pueden ser
más impulsivos y exhibir conductas inapropiadas.
Diagnóstico y Evaluación: En la práctica clínica, la evaluación de las funciones del lóbulo frontal es
clave para el diagnóstico de trastornos como el trastorno del comportamiento frontal, el síndrome
frontal o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Las pruebas de función ejecutiva y las
evaluaciones de comportamiento son cruciales para diferenciar entre trastornos neurológicos y
psiquiátricos.
1. ¿Cómo las nuevas técnicas de imágenes cerebrales pueden mejorar nuestra capacidad para detectar
disfunciones en el lóbulo frontal antes de que los síntomas sean evidentes?
2. En cuanto a la neurocirugía, ¿qué avances recientes han permitido mejorar el tratamiento de los
pacientes con lesiones frontales sin afectar las funciones cognitivas esenciales?
3. ¿Cómo podemos aplicar los conocimientos actuales sobre la neuroplasticidad para desarrollar
estrategias de rehabilitación más eficaces para los pacientes con lesiones en el lóbulo frontal?
4. Considerando el impacto social y psicológico de las lesiones frontales, ¿cómo se podría mejorar el
apoyo interdisciplinario para estos pacientes, que no solo necesitan intervención médica, sino
también social y emocional?
La corteza cerebral debe considerarse como la última estación receptora implicada en499 una línea de
estaciones que reciben información de los ojos, oídos y órganos de la sensibilidad general. La función de la
corteza consiste, en términos sencillos, en discriminar y relacionar la información recibida con los recuerdos
del pasado. Presumiblemente, la información aferente sensitiva enriquecida es entonces desechada,
almacenada o traducida en una acción. En todo este proceso, existe una interrelación entre la corteza y los
núcleos basales, mantenida por las muchas conexiones nerviosas corticales y subcorticales.
La corteza motora
Las lesiones de la corteza motora primaria en un hemisferio originan la parálisis de las extremidades
contralaterales, y resultan especialmente afectados los movimientos más finos y más especializados. La
destrucción del área motora primaria (área 4) produce una parálisis más importante que la destrucción del
área motora secundaria
(área 6). La destrucción de ambas áreas causa la forma más completa de parálisis
contralateral. Las lesiones aisladas del área motora secundaria producen dificultades para la realización de
movimientos finos, con poca pérdida de fuerza. La convulsión epiléptica jacksoniana se debe principalmente
a una lesión irritativa del área motora primaria (área 4). La convulsión comienza en la parte del cuerpo
representada en el área motora primaria que está siendo irritada. El movimiento convulsivo puede limitarse
a una parte del cuerpo, como la cara o los pies, o puede propagarse para afectar a muchas regiones,
dependiendo de la propagación de la irritación del área motora primaria.
Espasticidad muscular Una lesión aislada de la corteza motora primaria (área 4) origina pocos cambios en el
tono muscular. No obstante, las lesiones de mayor tamaño que afectan a las áreas motoras primarias y
secundarias (áreas 4 y 6), que son las más frecuentes, producen espasmo muscular. La explicación de este
efecto es que la corteza motora primaria da origen a los fascículos corticoespinales y corticonucleares,
mientras que la corteza motora secundaria da origen a los fascículos extrapiramidales que se dirigen hacia
los ganglios basales y la formación reticular. Los fascículos corticoespinales y 500 corticonucleares tienden a
aumentar el tono muscular, pero las fibras extrapiramidales transmiten los impulsos inhibidores que reducen
el tono muscular (v. pág. 168). La destrucción del área motora secundaria elimina la influencia inhibidora y,
en consecuencia, los músculos están espásticos.
Las lesiones destructivas del campo ocular frontal de un hemisferio hacen que ambos ojos se desvíen hacia
el lado de la lesión y que sean incapaces de dirigirse al lado contrario. El movimiento de seguimiento
involuntario de los ojos al seguir un objeto en movimiento no está afectado, porque la lesión no afecta a la
corteza visual en el lóbulo occipital. Las lesiones irritativas del campo ocular frontal de un hemisferio hacen
que los dos ojos se desvíen periódicamente hacia el lado contrario de la lesión.
El área motora del lenguaje de Broca
Las lesiones destructivas de la circunvolución frontal inferior izquierda originan la pérdida de la capacidad de
producir el habla, es decir, una afasia de expresión. Sin embargo, los pacientes conservan su capacidad para
pensar las palabras que desean decir, pueden escribirlas y entender su significado cuando las ven o las oyen.
Las lesiones destructivas limitadas al área del lenguaje de Wernicke en el hemisferio dominante producen la
pérdida de la capacidad de entender la palabra hablada y escrita, es decir, una afasia de comprensión. Como
el área de Broca no está afectada, el habla no sufre deterioro y el paciente puede producir un habla fluida.
No obstante, no es capaz de entender el significado de las palabras que emplea y utiliza palabras incorrectas
e incluso inexistentes. El paciente tampoco es consciente de que comete errores.
Las lesiones destructivas que afectan a ambas áreas del lenguaje de Broca y de Wernicke dan lugar a la
pérdida de la producción de palabras y de la comprensión de la palabra hablada y escrita, es decir, una afasia
global. Los pacientes con lesiones que afectan a la ínsula tienen dificultades para pronunciar los fonemas en
su orden apropiado, y habitualmente producen sonidos que se acercan a la palabra buscada, pero que no
son exactamente correctos. La circunvolución angular dominante Las lesiones destructivas de la
circunvolución angular en el lóbulo parietal posterior (que, a menudo, se considera una parte del área de
Wernicke) dividen la vía entre el área de asociación visual y la parte anterior del área de Wernicke, lo que
hace que el paciente no pueda leer (alexia) o escribir (agrafia). La corteza prefrontal En la actualidad, se
acepta que la destrucción de la región prefrontal no produce ninguna pérdida importante de inteligencia. Se
trata de un área de la corteza que es capaz de asociar las experiencias que son necesarias para la producción
de ideas abstractas, juicios, emociones y la personalidad. Los tumores o la destrucción traumática de la
corteza prefrontal dan lugar a la pérdida de la iniciativa y del juicio. Los cambios emocionales que se
producen incluyen la tendencia a la euforia. El paciente ya no se conforma con el modo aceptado de
conducta social y se vuelve descuidado en su vestimenta y su aspecto. La corteza prefrontal y la
esquizofrenia La corteza prefrontal tiene una rica inervación dopaminérgica. Un fallo en esta inervación
puede ser el responsable de los síntomas de la esquizofrenia, entre los que se incluyen importantes
trastornos del pensamiento. Se ha demostrado utilizando la PET que el torrente sanguíneo de la corteza
prefrontal estimulado mediante funciones de tipo ejecutivo en pacientes con esquizofrenia es mucho menor
que en los sujetos sanos.
La leucotomía frontal (corte de los tractos fibrosos del lóbulo frontal) y la lobectomía frontal (extracción del
lóbulo frontal) son los procedimientos quirúrgicos que se han utilizado para reducir la respuesta emocional
de los pacientes con estados emocionales obsesivos y dolor intratable. La técnica quirúrgica se desarrolló
para eliminar la actividad de la asociación frontal, de manera que ya no se recuerden las experiencias
pasadas ni se tengan en cuenta las posibilidades de futuro. En consecuencia, se pierde la introspección. Un
paciente que sufre un dolor intenso, como el que se presenta en los estadios terminales de un cáncer, aún
sentirá el dolor después de la lobectomía frontal pero ya no estará preocupado por él y, por lo tanto, no
sufrirá. Hay que decir que la introducción de fármacos tranquilizantes o que mejoran el estado de ánimo ha
hecho que estos procedimientos queden obsoletos.
La corteza sensitiva
Los centros inferiores del encéfalo, principalmente el tálamo, actúan como estación de relevo de una gran
parte de las señales sensitivas hacia la corteza cerebral para su análisis. La corteza sensitiva es necesaria para
apreciar el reconocimiento espacial, el reconocimiento de la intensidad relativa y el reconocimiento de
similitudes y diferencias.
Las lesiones del área somestésica primaria de la corteza originan trastornos sensitivos contralaterales que
son más intensos en las partes distales de las extremidades. Los estímulos dolorosos, táctiles y térmicos a
menudo retornan, pero se cree que puede deberse al funcionamiento del tálamo. El paciente se mantiene
incapaz de juzgar los grados de calor, de localizar los estímulos táctiles con exactitud y de juzgar el peso de
los objetos. La pérdida del tono muscular también puede ser un
Las lesiones del área somestésica secundaria de la corteza no originan defectos sensitivos reconocibles.
Las lesiones del lóbulo parietal superior interfieren con la capacidad del paciente de combinar el tacto, la
presión y los impulsos propioceptivos, por lo que no es capaz de apreciar la textura, el tamaño y la forma.
Esta pérdida de integración de los impulsos sensitivos se denomina astereognosia. Por ejemplo, el sujeto
sería incapaz de reconocer con los ojos cerrados una llave que se le pusiera en la mano. La destrucción de la
parte posterior del lóbulo parietal, que integra las sensaciones somáticas y visuales, interfiere con la
apreciación de la imagen corporal en el lado contrario. El sujeto podría no reconocer el lado contrario del
cuerpo por sí solo, no es capaz de lavar o vestir este lado, o de afeitar ese lado de la cara o de las piernas.
Las lesiones que afectan a las paredes de la parte posterior de un surco calcarino dan lugar a la pérdida de
visión del campo visual contrario, es decir, hemianopsia cruzada homónima. Es interesante destacar que,
cuando se estudia la parte central del campo visual, aparentemente parece normal. Esta denominada
conservación macular se debe, probablemente, a que el paciente mueve los ojos muy poco cuando se están
estudiando los campos visuales. Hay que entender los siguientes defectos clínicos. Las lesiones de la mitad
superior de un área visual primaria, el área situada por encima del surco calcarino, da lugar a una
cuadrantanopsia inferior, mientras que las lesiones que afectan a un área visual por debajo del surco
calcarino dan lugar a una cuadrantanopsia superior. Las lesiones del polo occipital producen escotomas
centrales. Las causas más probables de esas lesiones son los trastornos vasculares, los tumores y las lesiones
por proyectiles de armas de fuego.
Las lesiones del área visual secundaria dan lugar a la pérdida de la capacidad de reconocer objetos que
aparecen en el campo de visión contrario. La razón es que se ha perdido el área de la corteza en la que se
almacenan las experiencias visuales.
Dado que el área auditiva primaria de la pared inferior del surco lateral recibe las fibras nerviosas de ambas
cócleas, una lesión de un área cortical produce una ligera pérdida de la audición bilateral, aunque la pérdida
será mayor en el oído contrario. El principal efecto observado es la pérdida de la capacidad de localizar el
origen de un sonido. La destrucción bilateral de las áreas auditivas primarias origina sordera completa.
Las lesiones de la corteza posterior al área auditiva primaria en el surco lateral y en la circunvolución
temporal superior dan lugar a la incapacidad de interpretar los sonidos.
El paciente puede experimentar sordera para las palabras (agnosia verbal acústica).