0% encontró este documento útil (0 votos)
706 vistas28 páginas

Amor y Distancia Libro Completo

El documento narra una historia de amor a distancia entre Lía y Erik, donde ambos enfrentan la incertidumbre y la esperanza de un reencuentro. A través de conversaciones llenas de recuerdos y promesas, Lía revive momentos felices y se siente emocionada por la posibilidad de un futuro juntos. Sin embargo, también hay un trasfondo de miedo y dudas sobre la durabilidad de su relación, reflejando la complejidad del amor juvenil y la distancia.

Cargado por

vb.ortega2008
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
706 vistas28 páginas

Amor y Distancia Libro Completo

El documento narra una historia de amor a distancia entre Lía y Erik, donde ambos enfrentan la incertidumbre y la esperanza de un reencuentro. A través de conversaciones llenas de recuerdos y promesas, Lía revive momentos felices y se siente emocionada por la posibilidad de un futuro juntos. Sin embargo, también hay un trasfondo de miedo y dudas sobre la durabilidad de su relación, reflejando la complejidad del amor juvenil y la distancia.

Cargado por

vb.ortega2008
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Prologo

El amor a distancia es amar sin tocar. Es sentir con el corazón y la mente, mantener a esa persona presente
en el alma aunque los kilómetros separen los cuerpos. Amar así es un acto de fe, creer sin dudar, imaginar
un futuro incierto y aferrarse a la esperanza.

Amar en la adolescencia es lanzarse al vacío con los ojos cerrados. Es entregar el corazón sin garantías,
poner las manos al fuego sin saber si la otra persona hará lo mismo o si sentirá con la misma intensidad. Es
vivir el presente con la ilusión de que ese amor, aunque frágil, pueda vencer el tiempo y la distancia.

Porque a veces, amar es creer... aunque el destino tenga otros planes.


---------------------------<3-----------------------------

Rencuentro

---------------------------<3-----------------------------
Era una noche tranquila, bueno... no tan tranquila porque había tenido una pequeña discusión con mi mami y
me sentía un poco mal. Mi mente estaba llena de pensamientos cuando de repente recibí un mensaje de Él.

—Wow... me contestó. — Pensé sorprendida mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro.

Respondí con un simple Hola y, como antes, comenzamos a hablar. Después de un rato, decidí llamarlo.

—Hola Erik...— dije con voz melancólica.

—Hola Lía, ¿cómo has estado?— su voz sonaba tranquila, aunque con ese tono que siempre me hacía sentir
que algo no estaba del todo bien.

—Todo bien, ¿tú? ¿Cómo te va por Suiza?

—Todo chévere... tengo una novia llamada Layla, pero sabes... han sucedido muchas cosas entre ella y yo,
ya no es lo mismo. Siempre que entro a nuestro chat es como si hablara solo...

—Oh... wow...— respondí, sin saber qué decir exactamente —Sé cómo se siente, sabes... yo creo que eso no
va a funcionar...— Las palabras salieron de mi boca sin pensarlo mucho, pero era lo que sentía en ese
momento.

Seguimos hablando de Layla, pero de pronto sentí la necesidad de cambiar de tema, de llevar la
conversación a algo más nuestro, algo que me hiciera sentir más cerca de él.

—¿Te acuerdas de cuando estabas aquí en Ecuador y nos íbamos a la terraza de la escuela?

Hubo un pequeño silencio antes de escuchar su respuesta.

—Sí... en esa época era feliz...— su voz sonó apagada, como si esos recuerdos dolieran más de lo que él
quería admitir.

Me quedé callada por un instante. Él tenía razón... en esa época brillaba como nunca. Su brillo era como el
de la luna llena, acompañado de sus estrellas, haciendo que el resto se apague a su alrededor.

— ¿No lo eres ahora?— pregunté con un nudo en la garganta.

—Sabes... mi felicidad se quedó en Ecuador...

Sentí que quería decir algo más, pero no quise insistir. A veces, las palabras duelen más cuando se fuerzan.

—No sé qué decirte...— susurré.

—Dime qué ha sido de tu vida.

—Realmente... no ha sido tan interesante, la verdad...— solté una pequeña risa, tratando de disimular lo
mucho que lo extrañaba.

— ¿Recuerdas la última canción que escuchamos juntos?


—Claro que sí... ¿cómo la olvidaría?

— ¿Cuál es?

—Me Rehúso.

—Sí, esa misma...

Y así, nuestras conversaciones se llenaron de recuerdos. Hablamos de todo lo que vivimos cuando él
formaba parte de mi diario vivir. Cada palabra era como revivir esos momentos en los que la sonrisa no me
cabía en la cara, esos momentos en los que todo se veía con brillantina, como si el mundo entero brillara
solo para nosotros.

Por un instante, parecía que el tiempo se detenía... como si la distancia no existiera, como si todavía
estuviéramos juntos en esa terraza, viendo las nubes y soñando con un futuro que, aunque incierto, nos
pertenecía solo a nosotros.
--------------------------<3-----------------------------

Volver al Inicio

--------------------------<3-----------------------------

La semana que pasamos hablando fue como volver a ser la niña de hace dos años. Todo era maravilloso, me
volví a sentir importante después de tanto tiempo. Él ya no tenía novia, lo que por un lado me hacía sentir
super feliz, porque tal vez podría ser yo... aunque ya no tenía mucha importancia, o al menos eso intentaba
convencerme a mí misma. Lo realmente importante era cómo me sentía. Me sentía plena, sonreía todo el
tiempo, algo que no sucedía hace mucho. Volvía a casa emocionada solo para escribirle, aunque la mayoría
del tiempo se nos complicaba por la diferencia horaria. ¡¿Quién puede soportar siete horas de diferencia
horaria?! Al principio pensé que nosotros lo lograríamos.

—¡Mi niña! —dijo él al momento que descolgué la llamada.

—Holis... ¿Cómo estás, mi niño? —Quedamos de acuerdo en que nos diríamos así.

Las dos sabemos que eso fue porque los dos se aman.

Sisi, pero aún no le puedo decir.

Es algo simple.

Yaya...

—Todo bien por aquí, mi niña... ¿Cómo estás tú?

—En lo que cabe, bien... pero te extraño.

¡Hasta que por fin lo admites!

¡Cállate, conciencia!

—Yo también te extraño, mi niña... Quisiera estar en Ecuador para poder estar contigo como antes...

—Siiii, esos tiempos eran hermosos...

—Lo sé... pero volveremos a vernos, te lo prometo.

Esa promesa se quedó grabada en mi corazón. Su voz sonaba tan segura, tan llena de amor, que por un
momento me permitió imaginar que todo podría ser como antes. Las horas pasaban volando entre risas,
anécdotas y silencios que decían más que cualquier palabra. Aunque la distancia nos separaba, esa semana
me hizo sentir que el tiempo jamás había pasado.

A veces, cerraba los ojos y podía sentir su presencia, como si estuviera justo aquí, al otro lado de la pantalla.
¿Cómo era posible que alguien que estaba tan lejos pudiera hacerme sentir tan cerca?

Quizás, el amor tiene esas cosas... o quizás solo era mi corazón aferrándose a lo que alguna vez fuimos.

—Oye, ¿te acuerdas de aquella vez que fuimos al parque y nos mojamos con la lluvia? —pregunté entre
risas.

—¡Cómo olvidarlo! Terminamos empapados, pero no podíamos dejar de reír... Fue uno de los mejores días.
—Sí... extraño esos momentos. Extraño caminar a tu lado, aunque siempre te quejabas porque yo caminaba
muy lento.

—Jajaja, sí, pero me encantaba... así podía mirarte más tiempo.

Mi corazón se aceleró con esa respuesta, aunque traté de disimularlo.

—Siempre sabes qué decir, mi niño...

—Porque eres mi niña... y siempre lo serás.

Ese tipo de palabras hacían que mi corazón se derritiera poco a poco. Aunque sabía que lo que sentía era
amor, aún no tenía el valor de decírselo.

—¿Alguna vez pensaste en lo que habría pasado si nunca me hubiera ido? —preguntó él, rompiendo el
silencio.

—Muchas veces... pero creo que si no te hubieras ido, tal vez nunca nos habríamos dado cuenta de lo mucho
que nos necesitamos.

—Tienes razón... pero ahora solo quiero volver a verte, abrazarte y no soltarte nunca más.

Las lágrimas se asomaban en mis ojos, pero trataba de ocultarlo para no preocuparlo.

—Yo también quiero eso... más que nada en el mundo.

—Entonces esperemos... porque lo bueno siempre tarda, pero llega.

Cada palabra, cada promesa, se convertía en una pequeña esperanza que me mantenía con fuerza para seguir
esperando... esperando ese reencuentro que ambos anhelábamos.
--------------------------<3-----------------------------

Especial <3

--------------------------<3-----------------------------

Era 21 de agosto, al inicio pensé que sería un día cualquiera... pero no me esperaba que él me hiciera esa
pregunta...

Estábamos en llamada, como todas las noches últimamente. Su voz era tranquila, pero notaba cierto
nerviosismo.

-Mi niña... ¿Quieres ser mi novia?

Por un segundo, el corazón me dio un vuelco. No lo podía creer... ¿En serio estaba pasando?

-¿De verdad me lo estás preguntando? - dije con una sonrisa que seguramente se notaba en mi voz.

-Sí, mi niña... ¿Quieres ser mi novia?

No lo dudé ni un segundo.

-¡Siiiii, obvio que sí!

Hubo un pequeño silencio, pero después escuché cómo sonreía del otro lado.

-¿En serio? - dijo con una voz entre sorprendida y feliz.

-Claro que sí... ¿Por qué no querría?

-No sé... tenía miedo de que me dijeras que no.

-Pues ya viste que no, a partir de ahora... soy tu novia.

-Y yo soy tu novio.

Ambos nos quedamos en silencio, escuchando nuestras respiraciones, como si quisiéramos grabar ese
momento para siempre.

Al rato, me llegó un mensaje.

Erik: Ahora sí, oficialmente eres mía �

Lía: Siempre fui tuya, solo que no lo sabías �

Erik: Te prometo que esta vez todo será diferente, no te voy a soltar nunca más.

Lía: Confío en ti... pero me da miedo que pase lo mismo de antes...

Erik: Esta vez no va a pasar... Te lo juro.

Sus palabras me daban paz, pero al mismo tiempo mi corazón estaba dividido... porque algo en mi interior
me decía que quizás este cuento solo tendría unos pocos capítulos más.
Volvimos a llamar, hablamos de nuestros planes, de lo mucho que nos habíamos extrañado, de cómo íbamos
a recuperar el tiempo perdido. Me decía lo mucho que le gustaba mi voz y cómo le encantaba escucharme
reír.

Cada mensaje, cada llamada, cada palabra suya hacía que volviera a sentirme como antes... como si el
tiempo no hubiera pasado, como si todo ese dolor del pasado hubiera desaparecido de un momento a otro.

Erik: ¿Te acuerdas de nuestras madrugadas hablando hasta que te quedabas dormida?

Erik: Claro... siempre te hacía quedarte conmigo hasta que me diera sueño.

Erik: Extrañaba eso... extrañaba escucharte respirar mientras dormías.

Lía: Te extraño más de lo que imaginas...

Erik: Pero ya estamos juntos otra vez, ahora nada nos va a separar.

Pasaron las horas, la llamada seguía. Cada vez las risas eran más fuertes, los "te extraño" salían sin miedo y
los "te quiero" se volvieron naturales.

En la madrugada, cuando casi todo se había quedado en silencio, me mandó un mensaje más.

Erik: No quiero que esta vez se acabe... ¿Me prometes que siempre vas a estar aquí?

Lía: Te lo prometo... pero ¿me prometes tú que no me vas a dejar?

Erik: Te lo prometo mi niña, nunca más...

Cerré los ojos con una sonrisa, sintiendo cómo mi corazón latía rápido. Por primera vez en mucho tiempo,
me sentía completa, como si todo estuviera volviendo a su lugar.

Pero al fondo, esa pequeña voz en mi cabeza seguía repitiendo...

Ten cuidado... los cuentos de amor no siempre tienen un final feliz.

La noche terminó con mensajes llenos de cariño, con promesas que parecían irrompibles y con la esperanza
de que esta vez, todo sería diferente.

Erik: Buenas noches, mi niña... sueña conmigo.

Lía: Buenas noches, amor... ya estoy soñando contigo.

Y aunque por dentro tenía miedo... prefería dejarme llevar por lo que estaba sintiendo. Porque aunque la
vida me hubiera enseñado a no confiar tan rápido... él siempre sería mi punto débil.

Ten cuidado... no todos los finales felices duran para siempre.


--------------------------<3-----------------------------

Corazón

--------------------------<3-----------------------------

Últimamente estoy demasiado feliz, hablar con él es de las mejores partes del día. Amanecernos
conversando sobre lo que nos ha pasado en la jornada se ha vuelto una rutina hermosa que ilumina mi
corazón. Esas llamadas que nos hacían olvidar la distancia, esas llamadas que nos unían como si
estuviéramos uno al lado del otro.

Cada palabra, cada mensaje, era como un abrazo cálido que nos envolvía, como si la distancia no existiera.
Él con su voz suave me hacía sentir segura, amada y protegida. No había noche en la que no esperáramos
con ansias ese momento, donde el mundo se detenía solo para nosotros dos.

-Mi Niño�: ��

-Lía: ��-

-Mi Niño�: Nunca me abandones amor

-Lía: Nunca lo voy a abandonar

-Lía: Yo te amo muchísimo como para abandonarte

-Lía: Yo no lo voy abandonar nunca

-Mi Niño�: Me lo prometes �

-Lía: Sí, cariño

-Mi Niño�: Te amo amor

-Lía: Yo te amo mucho

-Mi Niño�: De verdad solo contigo me he portado así

-Lía: Lo sé cariño

-Lía: Y me gusta que seas así conmigo

-Mi Niño�: Y a mí me gusta ser así contigo

-Mi Niño�: Pero solo contigo

-Mi Niño�: Eres mi niña

-Lía: Sí cariño, solo tu niña

-Mi Niño�: Sí, solo mía

-Lía: Sí cariño

-Lía: Y tú solo mío


-Lia: Only my

-Mi Niño�: Yes my love

-Lia: Only my, you are my love of the life and I love you

-Mi Niño�: Aiiiii te amo amor, eres lo mejor de mi vida

-Lía: Tú igual amor

-Lía: Te amo mucho más

-Mi Niño�: Bueno digamos que sí amor

-Mi Niño�: Esta vez ganas tú

-Lía: Yo solo te digo la verdad

-Lía: Sisiisisisis

-Mi Niño�: Bueno mi amor

-Mi Niño�: Te amo mucho

-Mi Niño�: Espero tu llamada mañana

Ese pequeño juego de quién amaba más al otro se había vuelto nuestra tradición diaria, y aunque siempre
decíamos que no importaba quién ganaba, en el fondo sabíamos que ambos nos amábamos con la misma
intensidad. Aquel día, me fui a comer y cuando volví, encontré el siguiente mensaje:

-Lía: Sí amor

-Mi Niño�: Bueno, en verdad solo quiero escucharte al menos 5 minutos

-Lía: Yo igual

-Mi Niño�: Eres mi novia

-Mi Niño�: Mi niña

-Mi Niño�: Mi futura esposa

-Mi Niño�: La futura madre de mis hijos

-Mi Niño�: Así que cuídate

-Lía: Sí cariño

-Mi Niño�: Bueno amor

-Mi Niño�: Hasta mañana

-Mi Niño�: Tú también dormirás temprano

-Lía: Hasta mañana amor


-Lía: Te amo

-Lía: Voy a intentar

-Mi Niño�: Yo también te amo

Aquel mensaje me llenó de emoción, imaginar nuestro futuro juntos era como soñar despierta. Me
estremecía cada vez que me llamaba su futura esposa, la futura madre de sus hijos. Él no solo hablaba de
amor, hablaba de un destino junto, de un amor eterno que no tenía fecha de caducidad.

Durante esas noches, nuestras voces se convertían en refugios, donde no importaban los kilómetros que nos
separaban. Hablábamos de nuestros sueños, de los nombres que les pondríamos a nuestros hijos, de la casa
que algún día tendríamos juntos.

Nos prometimos que la distancia solo era temporal, que algún día estaríamos juntos y que esos "te amo" que
nos decíamos cada noche se convertirían en besos reales, abrazos interminables y días llenos de amor.

Mediante estas conversaciones nos manteníamos unidos diariamente, diciéndonos tantos "te amo" para
nunca olvidarnos, para sentirnos cerca aunque estuviéramos lejos. Cada llamada era una prueba de que el
amor verdadero podía superar cualquier obstáculo, y cada promesa era un pacto sellado con el corazón.
--------------------------<3-----------------------------

Noches de inspiración 1

--------------------------<3-----------------------------

Estaba recostada a las 2 de la mañana esperando a que él se despierte para poder contarle que le escribí un
poema…

30 minutos antes

No puedo dormir y en suiza aun no es de mañana, entonces de la nada las palabras brotaron desde el fondo
de mi corazón y comencé a escribir…

Un título llamativo? Ya se Amor a Distancia, será?, mmmm si ese me gusta

10 minutos más después ya tuve listo mi poema y me encanto como me rima y me hace sentir

Amor en la Distancia

Entre montañas de Suiza, mi amor,


y el sol de Ecuador, que brilla con ardor,
nace un amor que nunca morirá,
aunque el mar nos separe, siempre vivirá.

Tus palabras vuelan por el viento,


y en mi corazón dejan un dulce aliento,
aunque el teléfono sea nuestro lazo,
nuestro amor es firme, nunca da paso.

Desde los Alpes hasta tu bella tierra,


nuestro amor crece, nunca cierra,
cada conversación es como un abrazo,
y aunque lejos, te siento en mi regazo.

La distancia se va al hablar,
y el tiempo se olvida, solo quiero amar,
mi voz en tus oídos queda a tu lado,
y mi corazón, siempre enamorado.

Aunque los kilómetros nos puedan separar,


nuestro amor es fuerte, nada lo hará quebrar,
Suiza y Ecuador, unidos sin fin,
nuestro amor es eterno, de principio a fin.

Por siempre contigo, aunque de lejos,


en cada llamada, siento tus reflejos,
y aunque el mundo nos intente separar,
nuestro amor eterno, nadie lo podrá quebrar.

Escribámosle otro poema suena bien bajo el mismo cielo.

Bajo Dos Cielos


Dos años pasaron, te fuiste tan lejos,
vivías en Suiza, bajo cielos reflejos.
Yo en Ecuador, bajo un cielo distante,
guardando tu amor como un sueño constante.

Tu regreso fue un sol que rompió el invierno,


tu voz, un susurro, hizo eterno el invierno.
Cruzamos fronteras, borramos el olvido,
dos almas que siempre se han querido.

Me enviaste un regalo, tan lleno de ti,


un libro y un anillo, promesa sin fin.
Tu inicial brilla en mi mano, radiante,
recordándome siempre que soy tu amante.

Cada página que leo, cada verso que hallo,


es eco de amor, un dulce trabajo.
Tu anillo lo llevo, fiel como el sol,
un pacto de amor que guarda mi rol.

Ahora vivimos este amor renovado,


cada día es un beso, un abrazo deseado.
Aunque tú en Suiza y yo en mi tierra,
nuestros corazones cruzan la sierra.

Y así, aunque el mundo nos intente separar,


tu amor me alcanza, como ola en el mar.
Tú y yo, dos estrellas que brillan al fin,
unidos por siempre, en un solo latir.

Y así en la madrugada escribí 2 poemas en los cuales entregaba mi alma y corazón a esa persona tan especial
para a esa persona que hacía que me sintiera tan feliz que sería capaz de sumergirme en azúcar de la
felicidad
--------------------------<3-----------------------------

1 Mes

--------------------------<3-----------------------------

21 de septiembre. Hoy desperté y vi estos mensajes... Sentí una emoción tan inmensa, que mi corazón no
paraba de latir rápido. Aunque estemos en diferentes países, el amor que compartimos lo hace todo tan
cercano y especial, como si estuviéramos uno junto al otro.

Mi Niño�: "Y quizás estés dormido porque son las 4, pero quiero que sepas que te amo mucho, mi reina."
Mi Niño�: "No sabes cuánto desearía estar contigo ahora mismo."
Mi Niño�: (Me manda un mensaje lleno de emojis de girasoles formando un corazón, y mi corazón se
derrite en ese momento).

Lía: "Buenos días, mi amor. ¡Feliz mesversario!"


Lía: "Un mes. Aunque pareciera que fue ayer, ya han pasado 30 días de este hermoso viaje juntos. Te amo
mucho."

Mi Niño�: "Buenos días, mi niña. Feliz mesversario, mi amor. Hoy me siento tan afortunado de tenerte."
Mi Niño�: "Si marco un gol, será especialmente para ti."
Mi Niño�: "Porque tú eres mi inspiración, mi razón para seguir adelante."
Lía: "¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!"
Lía: "No puedo creer que ya haya pasado un mes desde que comenzamos esta aventura. Ha sido increíble.
Gracias por cada momento, por tu cariño, y por hacerme sentir tan especial cada día. Este es solo el
comienzo de algo que sé que será aún más grande. ¡Te amo mucho, y vamos por muchos meses más juntos!"

Lía: "Sé que la distancia puede ser difícil, pero estoy segura de que la vamos a superar. Juntos podemos con
todo. ¡Nuestro amor es más fuerte que cualquier distancia!" �❤��

Mi Niño�: "Te amo demasiado, mi amor. Gracias por volver a mi vida y por creer en nosotros. Aunque el
tiempo pase volando, sé que en poco tiempo estaremos juntos. Y cuando eso pase, quiero pasar cada
segundo contigo, como lo hacíamos en Ecuador. Vivir esos momentos que no estamos viviendo ahora, por
culpa de la distancia, pero que pronto será historia."
Mi Niño�: "Eres mi vida, amor, y ojalá no te vayas nunca. Mi corazón es tuyo, y todo lo que soy te
pertenece."
Mi Niño�: "Te amo."

Lía: "No me voy a ir, cariño. Siempre estaré aquí para ti."
Lía: "Yo me caso contigo. Lo prometo, mi amor. No hay nada que me haga más feliz que pasar mi vida
contigo."

Mi Niño�: "Yo también me caso contigo, mi amor. Eres todo lo que siempre quise, y no hay nadie más con
quien quiera compartir mi vida."

Lía: "Sí, cariño, vamos a hacerlo. Este amor es para siempre."

Me sentí tan feliz al cumplir un mes con el amor de mi vida. Con la persona que tanto amo, y que cada vez
que hablo con él, mi corazón se llena de luz y mi mirada se ilumina. No hay palabras para describir lo
especial que me hace sentir cada día a su lado. Aunque la distancia nos separe, la conexión que compartimos
es más fuerte que nunca, y sé que juntos superaremos todo.
Este mes ha sido solo el inicio de una historia hermosa que estamos construyendo. Cada día que pasa, me
doy cuenta de lo afortunada que soy de tenerlo a él, y de cómo su amor me llena de paz y felicidad. Las
pequeñas cosas, como un mensaje de buenos días o una sonrisa en una llamada, se han vuelto los momentos
más importantes de mi día. A su lado, me siento completa, segura y amada.

Y aunque el futuro nos depare retos, sé que juntos podemos con todo. Nos esperan muchas más aventuras,
muchos más días llenos de amor, y una vida llena de recuerdos felices. Y cada día, sin importar lo que pase,
seguiré amándolo con todo mi ser, porque sé que él es mi destino, mi razón de ser.

Porque cuando el amor es verdadero, la distancia nunca es un obstáculo. Al contrario, la distancia solo hace
que el amor se vuelva más fuerte, más profundo y más hermoso. Y aunque ahora estemos lejos, en mi
corazón siento que estamos juntos siempre.

Te amo, mi niño. Este es solo el comienzo de nuestra historia, y no puedo esperar a vivirla contigo. Por
siempre, tú y yo. �
--------------------------<3-----------------------------

Futuro

--------------------------<3-----------------------------

Mi niño: En el hipotético caso de que algún día nos casáramos, ¿cómo te gustaría que fuera? ¿Qué tipo de
boda te imaginas?

Lia: ¡Ay, qué lindo que me lo preguntes! La verdad es que siempre me he imaginado una boda muy
especial, algo diferente, algo que refleje lo que somos. A mí me gustaría que fuera en la playa, rodeados de
naturaleza, con el sonido del mar de fondo. Imagínate, una ceremonia al atardecer, justo cuando el sol se está
poniendo y el cielo se tiñe de colores cálidos.

Mi niño: ¡Qué hermoso! Lo del atardecer suena increíble. Me encanta la idea de estar rodeados de la
naturaleza, con el sonido de las olas como banda sonora. ¿Y cómo te imaginas la decoración? ¿Algo muy
formal o algo más relajado?

Lia: Pues yo me inclinaría más hacia algo relajado, un estilo bohemio, algo muy libre. Quiero que sea todo
sencillo pero a la vez con mucho detalle. Quizás algunas luces colgando, flores silvestres por todos lados, y
una decoración minimalista, pero a la vez única. Y, por supuesto, nada de trajes súper formales. Algo más
cómodo, con ropa fluida, como un vestido largo de lino, sencillo pero bonito, y tal vez unas coronas de
flores para todos. ¿Qué opinas?

Mi niño: ¡Me encanta! Algo así suena perfecto. Nada de trajes aburridos, me imagino a todos relajados y
disfrutando del momento. Además, la idea de las coronas de flores es genial. ¿Y qué te gustaría que hubiera
en la ceremonia? ¿Cómo te gustaría que fueran los votos?

Lia: Los votos… eso me tiene muy pensativa. Me gustaría que fueran algo muy personal, algo que saliera
del corazón. No quiero un guion, sino algo que realmente exprese lo que siento por ti. Tal vez hablar de
todos los momentos que hemos compartido, de los sueños que aún nos faltan por cumplir, y lo mucho que
significa para mí estar a tu lado.

Mi niño: Qué bonito… Me imagino algo así muy emotivo. Algo sincero, sin tantas formalidades, solo
nosotros dos, frente al mar, expresándonos lo que realmente sentimos. ¡Sería tan especial!

Lia: ¡Exacto! Algo que no se quede solo en palabras, sino que se sienta. Y después, para la fiesta, me
gustaría algo como una especie de fiesta hippie, con música tranquila al principio, y luego algo más animado
para que todos puedan bailar y disfrutar. Tal vez una banda tocando en vivo, algo relajado pero divertido.

Mi niño: ¡Eso suena genial! Imagina a todos bailando descalzos en la arena bajo las estrellas, sintiendo la
brisa del mar. ¡Eso sería una fiesta que jamás olvidaríamos!

Lia: ¡Exacto! Y para comer, algo fresco, natural, algo que nos represente. Tal vez una barbacoa al aire libre,
con platos sencillos pero deliciosos, y bebidas frescas. Nada de grandes banquetes elegantes, sino algo que
haga sentir a todos como si estuvieran en casa.

Mi niño: Totalmente de acuerdo. Algo que sea cercano, natural y que todo el mundo se sienta cómodo. ¡Eso
es lo que más importa! Además, lo que realmente me gustaría es que todo fuera relajado, sin prisas. Que la
gente pudiera disfrutar del día sin sentirse presionada. Que todo fluya de manera orgánica, como el mar que
no tiene prisa.
Lia: Me encanta tu forma de verlo. De verdad, lo que más quiero es que sea un día único, que todos los que
estén con nosotros lo disfruten al máximo. Que sea un reflejo de nuestra personalidad, algo que hable de lo
que somos y de lo que sentimos el uno por el otro.

Mi niño: Exactamente, un día lleno de amor, risas y momentos felices. No necesito nada lujoso, solo un
ambiente cálido, donde todos se sientan a gusto. Y, por supuesto, lo más importante es que estemos juntos,
porque eso es lo que realmente hace que este día sea perfecto.

Lia: Es cierto. El hecho de que estemos juntos, rodeados de nuestros seres queridos, es lo que le da sentido a
todo. Al final, lo que importa es lo que sentimos, el amor que compartimos. Y si es en la playa, con el viento
en el cabello y el sonido del mar, pues mejor aún.

Mi niño: ¡Qué hermoso suena todo esto! Si algún día llega el momento, será algo mágico. Solo con pensar
en el ambiente, la gente que queremos cerca, y nosotros dos, me emociona mucho.

Lia: A mí también. Es como si estuviéramos creando nuestra propia burbuja de felicidad, un día perfecto
que refleje nuestra historia y todo lo que hemos vivido. Un recuerdo que podamos atesorar siempre.

Mi niño: Claro, y lo mejor de todo es que cada detalle, cada elección será hecha por nosotros. Nada forzado,
todo auténtico. ¡Así será nuestro día!

Lia: Y ese es el mayor regalo, que sea algo único, algo que no se pueda replicar. Cada momento será
nuestro, y eso es lo más importante. Quiero que sea un día lleno de magia, pero también de risas, de
momentos espontáneos que nos hagan sentir más vivos que nunca.

Mi niño: Sin duda. La magia no está en los detalles materiales, sino en el amor que nos une. Y esa será la
verdadera esencia de nuestra boda.

Lia: Así es. No se trata de una boda convencional, sino de un reflejo de nuestra vida, de lo que somos y lo
que significamos el uno para el otro. Y lo más hermoso es que, sin importar cómo sea, sé que será perfecto
porque estaremos juntos.

Al tener esta conversación sentí que él y yo tendríamos nuestro felices para siempre, me sentía tan feliz de
imaginarlo todo con él, imaginar que él y yo viviríamos en Suiza visitaríamos varios lugares yo apoyaría sus
sueños el los míos y que todo sería como un cuento de hadas.
--------------------------<3-----------------------------

Caída en picada 1

--------------------------<3-----------------------------

El día había comenzado como cualquier otro, con un mensaje de buenos días de Erik que siempre lograba
iluminar su mañana. Pero algo en el aire esa vez era diferente. El tono de su madre, la mirada de su padre,
todo parecía indicar que algo estaba por cambiar. Y no se equivocaba.

"¿Lia, podemos hablar un momento?" Las palabras de su madre rompieron la quietud de la casa. Lia sintió
cómo su corazón comenzó a acelerarse sin razón aparente. Entró al salón, donde sus padres la esperaban,
con una mezcla de calma tensa y desaprobación en sus rostros.

"¿Qué es esto?" Su madre le mostró el teléfono móvil, la pantalla brillando con una conversación de ella y
Erik. La expresión de sorpresa y decepción en sus rostros la aplastó. Los ojos de su padre, fríos y severos, no
dejaban de observarla, como si buscara en ella una explicación que nunca podría ofrecer.

"¿Desde cuándo?", preguntó su madre, su voz baja pero cargada de dolor.

Lia trató de respirar hondo, pero el aire en la habitación se volvía cada vez más denso. Las palabras no
salían. Había intentado ocultar lo que tenía con Erik, temerosa de su reacción. Siempre había sabido que no
lo aceptarían, que su amor a distancia sería visto como una locura. Pero nunca imaginó que todo estallaría
tan rápido, de una forma tan brutal.

"Lo siento, mamá... papá... no quería que se enteraran así", susurró, con los ojos llenos de lágrimas que no
podía controlar. La caída era inevitable, el peso de la verdad era demasiado grande para seguir llevándola en
silencio.

"¡¿Cómo pudiste esconderme algo tan importante?!", la recriminó su madre. "¿Por qué no nos lo dijiste?
¿Qué es lo que tanto temías?"

El dolor en su corazón creció. Lia quería gritar, quería escapar de todo eso, pero las palabras de sus padres la
habían dejado muda, vacía. Sabía que no podían entenderlo, no podían comprender cómo algo tan puro y
verdadero, como su relación con Erik, podía haber sido oculto de esa manera.

Lo peor de todo era que la relación con Erik había sido mi refugio. Con él, yo se sentía amada, vista,
comprendida. Pero ahora todo eso parecía desmoronarse, como un castillo de naipes derrumbándose con
solo un toque. ¿Cómo podía soportar todo eso? ¿Cómo podrían seguir adelante cuando su amor ya no era un
secreto?

Sin embargo, algo en su interior se resistía a dejarlo ir. Aunque sus padres estaban molestos, aunque el
miedo se apoderaba de mi, yo saque mi teléfono y rápidamente envió un mensaje a Erik.

-Lía: Me descubrieron, Mi niño. Todo se vino abajo. Mis padres están furiosos. No sé qué hacer…

Respondió casi de inmediato. A pesar de la distancia, siempre parecía estar ahí cuando más lo necesitaba.
-Mi niño: No va a pasar nada, mi niña. Yo lo sé, te lo prometo. No importa lo que digan, no importa lo que
pase, yo estoy aquí. Podemos soportarlo todo. Juntos, siempre.

Las palabras de Erik fueron como una pequeña chispa de esperanza en medio de la oscuridad. Sin embargo,
Yo sentía que mi mundo se desmoronaba a mí alrededor. Había sido tan fácil antes, cuando solo se tenían el
uno al otro, cuando el amor que compartían podía fluir libremente a través de mensajes y llamadas. Pero
ahora, ese amor parecía estar siendo atacado por todo lo que conocía: su familia, sus expectativas, su propia
inseguridad.

-Lía: Mi niño, no sé si esto es lo que esperaba. Estoy tan asustada…- Envié otro mensaje, mis dedos
temblaban mientras lo escribía.

-Mi niño: No tienes que tener miedo, mi niña. Lo que sientes es real. Lo que tenemos es real. No dejes que
nadie te haga dudar de eso. Yo estoy contigo, y siempre lo estaré. Nada puede separarnos, ni siquiera la
distancia.

Erik siempre había sido mi roca, su apoyo incondicional, pero en ese momento yo ya no podía evitar
sentirme sola. Estaba en medio de una tormenta emocional, con todo mi mundo desmoronándose y la
esperanza de que sus palabras me fueran suficientes para sostenerme. Pero había algo en mi interior que me
decía que las cosas no serían fáciles. La caída había comenzado.

Sus padres la miraban, esperando una reacción, una promesa de que dejaría ir esa relación que tanto había
significado para ella. Pero yo me senté allí, en silencio, con la mirada perdida en el teléfono. Erik no estaba
ahí, físicamente, pero sus palabras resonaban en su mente como un eco suave y persistente.

“No te preocupes, mi niña. Lo superaremos. Estoy aquí, siempre. Lo prometo.”

Esas palabras la acompañaron mientras sentía la caída inminente. No importaba que tan alto hubiera estado
antes, ni cuán firme había sido su amor. Lo único que importaba ahora era cómo seguiría adelante. Porque
en ese momento, el amor entre ellos era lo único que no se había caído en picada.
--------------------------<3-----------------------------

Sostenerte del Aire

--------------------------<3-----------------------------

Los días pasaban y, aunque seguía comunicándome con él, algo había cambiado. El tiempo que podíamos
compartir había disminuido, y yo sentía cómo la distancia entre nosotros crecía, aunque no lo dijéramos en
voz alta. Cada vez que veía el teléfono, había una especie de temor que se instalaba en mi pecho. El temor
de que mis padres me quitaran el celular otra vez. El temor de que todo lo que habíamos construido se
desmoronara, como si fuera un sueño frágil que podría desvanecerse en cualquier momento.

Había algo en el aire, una sensación extraña. Como si estuviéramos flotando, pero sin un ancla. Como si
estuviéramos sosteniéndonos solo de lo que quedaba de nuestras palabras, de esos mensajes que parecían
más distantes y fríos, aunque mi corazón seguía siendo el mismo. Cada vez que recibía un mensaje de él, me
iluminaba el día. Pero las palabras ya no fluían como antes. Las respuestas eran más cortas, los tiempos
entre cada conversación más largos, como si la distancia fuera aumentando de manera invisible, con cada
minuto que pasaba sin escuchar su voz.

-Lía: Buenas noches, amor.


-Mi Niño�: Buenas noches, mi vida. ¿Cómo estás?
-Lía: Bien, un poco cansada. ¿Y tú?
-Mi Niño�: Igual, pero aquí, esperando hablar contigo.
-Lía: Te extraño tanto.
-Mi Niño�: Yo también te extraño. Cada día más.

Pero lo que me inquietaba más era el regalo. La promesa que habíamos hecho: celebrar nuestros dos meses
juntos, a pesar de la distancia, a pesar de las circunstancias. Un regalo que él había mencionado, algo
especial que me llegaría cuando cumplamos dos meses. Y aunque la idea me llenaba de emoción, también
me aterraba. ¿Qué si mi celular era confiscado antes de tiempo? ¿Qué si no podía recibir el regalo, o peor
aún, no podía hablar con él más? El miedo a perderlo, a que todo esto que sentíamos se desvaneciera, se
apoderaba de mí cada noche.

La madrugada llegó y, aunque estaba agotada, mis pensamientos seguían dando vueltas. El celular reposaba
sobre mi mesita de noche, como una fuente de esperanza y a la vez de ansiedad. Cuando mi padre
finalmente se fue a dormir, aproveché para tomarlo rápidamente. Sentía una mezcla de emociones al
hacerlo: culpa, miedo, y a la vez una profunda necesidad de conectar con Erik. Las palabras que
intercambiábamos eran lo único que me mantenía en pie, lo único que me hacía sentir que, aunque todo a mi
alrededor pareciera incierto, en algún lugar, en algún rincón de mi vida, él seguía ahí.

-Lía: Amor, ¿a qué hora llega el regalo?


-Mi Niño�: Mmmm… es una sorpresa, pero espero que te guste. Sabes que pensé mucho en lo que quería
regalarte.
-Lía: No sé qué pensar… me da miedo que no lo pueda recibir, que algo pase antes de tiempo…
-Mi Niño�: No te preocupes, amor. Lo importante es que seguimos aquí, a pesar de todo. No necesito un
regalo material para saber cuánto nos amamos.
-Lía: Pero aún así, quiero que sea algo especial. Quiero que, de alguna manera, ese regalo sea nuestro
pequeño símbolo de lo que estamos viviendo.
-Mi Niño�: Lo será, lo prometo. Y aunque la distancia nos separe, siempre estaré contigo. No necesitas
nada más para saber que te amo.
Esas palabras me calmaron un poco, pero la inquietud seguía ahí, como un peso sobre mi pecho. El regalo…
todo lo que eso representaba. No era solo un objeto, sino la promesa de que, al final, todo lo que estábamos
viviendo tendría un significado más grande, algo que perduraría a pesar de los obstáculos.

La duda volvió a invadir mi mente. ¿Y si no llegaba a tiempo? ¿Y si, cuando finalmente podía hablar con él,
me descubrieran? Pensaba en las veces que había logrado escapar con el celular en la mano, con el temor de
que la puerta se abriera y me descubrieran en medio de la conversación. Sin embargo, me aferraba a la
esperanza de que al menos, aunque fuera por unos minutos, podría sentirme cerca de él. Podría sentir que, en
algún lugar, nuestro amor seguía siendo posible.

Me dejé llevar por el ritmo de las palabras que intercambiábamos, sintiendo como si el teléfono fuera la
cuerda que aún me unía a él, como un hilo invisible que se tensaba y aflojaba con cada mensaje. No estaba
dispuesta a soltarlo, no mientras pudiera sentir que él aún me pertenecía, que no todo estaba perdido.

-Lía: Estoy tan feliz de tenerte en mi vida.


-Mi Niño�: Yo también, mi amor. Cada día contigo es un regalo, incluso si no hay uno físico de por medio.
-Lía: Lo sé, pero aun así, quiero que lo tengamos, como algo que siempre nos recuerde este tiempo, aunque
sea difícil.
-Mi Niño�: Lo tendrás, lo juro. Y el tiempo pasará, y lo que tenemos no se perderá. Nada ni nadie podrá
quitarlo.

El mensaje se quedó allí, colgado en el aire, flotando entre ambos como una promesa que nunca se rompería.
Podía sentir el peso de las palabras, la profundidad de lo que significaban. Pero, al mismo tiempo, sentía que
estaba sosteniéndome de algo que era intangible, como si el amor que compartíamos estuviera en el aire, y
yo luchaba por aferrarme a él.

-Lía: A veces siento que todo esto es tan frágil… como si todo pudiera irse en cualquier momento.
-Mi Niño�: Te prometo que no dejaré que se rompa. Cada día luchamos por lo que queremos, y lo que
tenemos es lo más real que existe. No hay nada frágil en esto.
-Lía: Pero es tan fácil perderse en la espera… cada día parece más largo, como si el tiempo nos jugara en
contra.
-Mi Niño�: Sé lo que sientes, mi amor. Pero el tiempo nunca será nuestro enemigo. Lo importante es que
seguimos juntos, y aunque el mundo cambie a nuestro alrededor, nosotros no. Siempre estaremos ahí el uno
para el otro.
-Lía: Siempre juntos, aunque el aire nos separe.

El teléfono vibró nuevamente. Era otro mensaje de Erik.

-Mi Niño�: No importa lo que pase, siempre seremos nosotros. No importa la distancia, ni el tiempo. Yo
siempre estaré para ti.

Aquel mensaje, aunque sencillo, me dio una paz que necesitaba más de lo que imaginaba. Al final, lo que
realmente importaba no era el regalo material, sino la certeza de que él estaría ahí. Y aunque la distancia nos
separara, nuestra conexión seguiría siendo fuerte, flotando en el aire, como una promesa que nunca caería.
--------------------------<3-----------------------------

Regalitos de Alegría

--------------------------<3-----------------------------

Era un miércoles común, o al menos eso pensaba yo. La mañana comenzó con el bullicio usual de la escuela,
los compañeros quejándose de los exámenes, los profesores hablando sin cesar. Pero en mi interior, había
algo diferente. Un cosquilleo que no podía describir, como si el aire estuviera cargado de algo especial,
aunque aún no sabía qué era.

Estaba en clase, intentando concentrarme en lo que la profesora decía, cuando el sonido del teléfono me sacó
de mis pensamientos. Miré la pantalla, y era un mensaje de Erik. Con una sonrisa en el rostro, abrí el
mensaje, pero algo me hizo detenerme. Era un mensaje que no esperaba:

-Mi Niño�: Amor, tengo una sorpresa para ti. Estará en tus manos en un rato. Ya verás lo que es.

Mi corazón dio un vuelco. ¿Qué sorpresa? ¿Qué podía ser? La curiosidad me envolvía, pero no pude
contestarle de inmediato porque justo en ese momento la profesora me llamó la atención.

—Lía, ¿puedes apagar el teléfono, por favor? —dijo con voz firme.

-Lía: Sí, profesora. (No pude evitar sonreír por dentro).

Pero mi mente no podía dejar de pensar en ese mensaje. "Una sorpresa". Estaba segura de que lo que fuera,
era algo que Erik había preparado con mucho cariño. Aunque no sabía qué era, el hecho de que él pensara en
mí me hizo sentir tan feliz.

Pasaron los minutos lentamente, cada segundo parecía eterno. Estaba tan distraída que casi no me di cuenta
de que mi celular vibró nuevamente. Esta vez, mi corazón latió más rápido al leer el mensaje:

-Mi Niño�: Está en la escuela. Te lo va a entregar mi cuñada. Espero que te guste mucho, mi amor.

Mis ojos se abrieron como platos. ¡Su cuñada! ¡¿Qué?! ¿Un regalo de Erik? Mi mente se llenó de preguntas,
pero no podía responderle. Tenía que esperar, y esa espera me estaba matando.

De repente, la puerta de la clase se abrió y alguien entró. La cuñada de Erik. La reconocí al instante, y mi
corazón empezó a latir con fuerza. La cuñada de Erik caminó directamente hacia mí con una sonrisa en el
rostro, y yo, con nerviosismo y emoción, me levanté rápidamente de mi asiento.

—Lía, aquí tienes algo para ti —me dijo con una sonrisa cómplice.

Era un paquete envuelto en papel de color suave, con un lazo delicado. Lo tomé con las manos temblorosas,
sin saber qué esperar. Mis compañeros me miraban con curiosidad, algunos preguntando en voz baja:

—¿Qué es eso? ¿Quién te lo dio?


—¡Es un regalo! ¿De quién?

Me sentía un poco nerviosa, pero mi sonrisa era más grande que mi timidez. Abrí el paquete lentamente, y al
ver el contenido, sentí que el mundo entero desaparecía a mi alrededor. ¡Era el libro! ¡El libro que tanto
había deseado, Nosotros en la luna! El que había visto en una librería meses antes y que le había
mencionado a Erik sin pensarlo. ¡Lo había estado esperando con tantas ganas!

-Lía: ¡Es el libro! ¡Es el libro que tanto quería!


Mis compañeros seguían mirando con curiosidad, preguntando qué era, y no podía dejar de sonreír, pero
tampoco quería dejar de leer la dedicatoria escrita a mano que estaba dentro de la tapa. Leí:

"Para mi luna, que siempre está conmigo, incluso cuando estamos lejos. Espero que disfrutes de este
libro tanto como yo disfruto de cada palabra que compartimos. Con amor, Erik."

Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no eran lágrimas de tristeza, sino de pura felicidad. Tenía en mis
manos un pedazo de él, algo tangible, algo que había viajado hasta mí desde tan lejos, y que significaba más
que cualquier cosa material. Era un recordatorio de nuestro amor, de nuestra conexión, algo que nos unía a
pesar de la distancia.

Mientras terminaba de leer la dedicatoria, noté algo más dentro del paquete. Un pequeño estuche,
delicadamente envuelto en papel de seda. Lo saqué con cuidado, mis manos aún temblorosas de emoción, y
al abrirlo, me quedé sin aliento. Dentro había un anillo, un anillo sencillo pero tan hermoso que no podía
creer que estuviera frente a él. Un anillo que tenía un pequeño detalle, una piedra que brillaba como un
reflejo de la luna. Un anillo que no era solo un regalo material, sino un símbolo de lo que compartíamos, de
la promesa de que, aunque estuviéramos lejos, siempre estaríamos conectados.

-Lía: ¡Un anillo! ¡Erik! ¿Qué significa esto?

La cuñada de Erik me miraba con una sonrisa sincera, como si entendiera lo que ese regalo representaba.
Ella solo asintió con la cabeza, y pude ver en sus ojos que comprendía el profundo significado de lo que
estaba sosteniendo. No era solo un anillo, era un vínculo, un gesto de amor que me unía a él, incluso a miles
de kilómetros de distancia.

Mis compañeros me rodearon, preguntando qué significaba todo esto, qué era el anillo, qué tenía que ver con
el libro, pero yo solo sonreía y les mostraba el libro, sin poder evitar mi emoción.

— ¿Quién te lo dio?
— ¿Qué significa el anillo?

Mi mente estaba demasiado llena de sentimientos para responder de manera clara. Mi corazón seguía
acelerado, y todo lo que podía pensar era en Erik, en lo que significaba este gesto y cómo había logrado
hacerme sentir tan especial a pesar de no estar físicamente cerca.

Cuando la campana sonó, marcando el fin de la clase, tomé el libro y el anillo, y los guardé cuidadosamente
en mi mochila. No podía esperar para ir a casa y contárselo a mi madre. Sabía que ella entendería lo especial
que era este regalo, el simbolismo de que Erik había pensado en mí, que había hecho todo lo posible para
sorprenderme, aunque estuviéramos a miles de kilómetros de distancia.

Al llegar a casa, corrí al salón donde mi mamá estaba sentada leyendo. Sin siquiera decirle hola, me acerqué
a ella y le entregué el libro y el anillo.

-Lía: ¡Mamá, mira lo que me envió Erik! ¡Es el libro que tanto quería! Y mira, también me dio este anillo…

Mi madre levantó la vista y vio mi sonrisa radiante. Se levantó y tomó el libro en sus manos, leyendo la
dedicatoria. Luego, tomó el anillo y lo examinó detenidamente. Su expresión cambió a una sonrisa suave y
orgullosa.

-Mamá: Es un regalo muy bonito, hija. Se nota cuánto te quiere. Estoy tan feliz de verte tan contenta.

Esa noche, mientras me acomodaba para leer, me sentí más cerca de Erik que nunca. Aunque la distancia
seguía entre nosotros, ese pequeño gesto, ese regalito de alegría, me hizo sentir como si estuviera justo allí,
conmigo. Y aunque no podía tocarlo ni verlo, sabía que su amor era tan real como el libro y el anillo que
tenía en mis manos. Ambos símbolos de un amor eterno, que ni el tiempo ni la distancia podrían borrar.
--------------------------<3-----------------------------

Caída en picada 2

--------------------------<3-----------------------------

La noche en que todo cambió, mi corazón se partió en mil pedazos. Fue una conversación con mi papá, un
enfrentamiento directo sobre lo que había estado ocultando por tanto tiempo. El no saber cómo reaccionar, el
miedo a decepcionarlo, pero sobre todo el temor de perder a Erik, me invadieron de tal manera que me
resultaba difícil pensar con claridad.

—Papá: ¿Qué está pasando, Lía? Me enteré de que estás manteniendo esa relación a escondidas. Sabes lo
que pienso de eso, ¿verdad?

Lo miré, y la tristeza comenzó a recorrerme como una ola fría. Sabía que estaba mal, sabía que tenía que
haber sido honesta desde el principio, pero el amor que sentía por Erik me cegaba y me hacía pensar que
todo sería más fácil con el tiempo.

—Lía: Papá, yo… yo lo quiero mucho. No es solo una relación, es algo importante para mí.

El silencio se instaló en la habitación por un momento, y la mirada de mi papá se hizo más seria.

—Papá: Mira, no te voy a mentir, estoy muy decepcionado. No quiero que sigas con esa relación. Y si
tienes que perder tu celular para entender que este no es el camino, lo haré.

Mi cuerpo tembló al escuchar esas palabras. Él nunca había sido tan tajante. Sabía que el miedo a perder mi
conexión con Erik era algo que él no entendía, y lo que menos quería en ese momento era causar más dolor a
mi papá, pero también sabía que las palabras que acababa de escuchar significaban que debía dejar a Erik,
aunque mi corazón gritara lo contrario.

—Papá: No vas a tener contacto con él, Lía. Esto tiene que terminar.

Y con esas palabras, me quedé sin palabras. Mi celular fue confiscado esa noche, y mi papá me dio una
ultimátum que se sentía como una sentencia de muerte para mi alma. Lo acepté, pero sentía como si
estuviera cayendo al vacío. Como si todo lo que había construido con Erik se desmoronara en un segundo.
Las lágrimas comenzaron a caer en silencio, sin que él lo notara.

Esa noche me fui a dormir con el alma rota. No sabía si quería continuar, no sabía si era posible soportar
esta separación. La distancia entre mi familia y mi amor se estaba haciendo insoportable.

Pasaron los días, y aunque traté de ser fuerte, la ausencia de Erik se sentía cada vez más dolorosa. El tiempo
sin hablar con él fue una tortura. Al principio, intenté ser valiente, pensando que quizás mi papá tenía razón
y que debía olvidarme de esa relación. Pero, en el fondo, mi corazón seguía llamando a Erik. Las noches
eran largas, y la soledad me envolvía cada vez más.

Al principio, nos enviábamos algunos mensajes, pero la frecuencia empezó a disminuir. Al principio, apenas
unas palabras cada día, luego cada dos, luego una vez a la semana. Las excusas eran muchas: estaba
ocupada, mi celular estaba confiscado, mi familia no lo permitiría. Pero lo peor de todo es que no sabía si
estaba engañándome a mí misma o a Erik. No le respondía como antes. Lo hacía con miedo, sin ganas. Era
un dolor callado, que solo yo sentía.

Me sentía vacía. El amor de Erik, que solía ser una constante fuente de alegría en mi vida, comenzó a
desvanecerse poco a poco, como un sueño que se desvanece al despertar. Las conversaciones, que solían ser
tan largas, tan llenas de risas y promesas de un futuro juntos, se convirtieron en respuestas frías y cortas. Yo
no sabía cómo enfrentar esa desconexión, ni cómo acercarme nuevamente a él sin sentir que ya era
demasiado tarde.

Pasaron dos semanas sin que escribiera ni una sola palabra. Cada día, el miedo me consumía más, el miedo
de que él ya no me esperara, de que nuestra relación no significara lo mismo para él. Y sin embargo, me
sentía incapaz de dar el primer paso.

El dolor era inevitable. Me torturaba pensar que él, tan lejos, también estaría sufriendo por mi ausencia. No
tenía idea de si alguna vez volveríamos a ser lo que éramos. Las dudas me atacaban constantemente. Y
entonces, una tarde, el teléfono vibró con un mensaje de él. Mi corazón saltó en el pecho al verlo, pero al
abrirlo, una sensación de tristeza y angustia me invadió.

-Mi Niño�: Amor, he notado que no me escribes. Sé que debes estar pasando por un momento difícil, pero
sabes que siempre estoy aquí. No sé qué está pasando, pero quiero que sepas que te extraño muchísimo.
¿Estás bien? Me siento muy distante de ti, y me duele no saber de ti.

Mi mano tembló al leer el mensaje. Quería contestarle, quería darle una respuesta, pero las palabras se
atoraban en mi garganta. Había llegado al punto en el que ya no sabía cómo retomar la relación, cómo
arreglar lo que estaba a punto de desmoronarse.

En ese momento me di cuenta de lo que realmente había perdido: no era solo una relación a escondidas, no
era solo un amor adolescente. Había perdido una parte de mí misma. Perdí la conexión con alguien que me
hacía sentir completa, alguien que compartía mis sueños y mis miedos. Y lo peor de todo era que, en mi
intento de proteger a mi familia, había dejado que todo eso se desvaneciera.

-Lía: Lo siento, Erik. Siento haberte hecho sufrir. No sé qué hacer. No sé si estamos destinados a estar
juntos, pero te prometo que siempre te llevaré en mi corazón.

El mensaje salió de mi teléfono y me sentí vacía. No pude evitar pensar que quizá era lo mejor para los dos.
Tal vez era el final, tal vez nunca podríamos superar la distancia entre nosotros. El vacío en mi pecho era
insoportable. Sabía que este amor no iba a ser fácil, pero la distancia emocional era lo peor que me había
tocado vivir. Y en ese momento, me pregunté si alguna vez podría volver a ser feliz.
--------------------------<3-----------------------------

Despedida indefinida (Epilogo)

--------------------------<3-----------------------------

El tiempo había sido cruel con nosotros, con nuestra relación, con nuestros corazones. Dos semanas sin
hablar, sin saber de Erik, sin escuchar su voz, sin leer sus mensajes llenos de amor. Al principio, lo traté de
ignorar, pensé que era solo una fase, que todo mejoraría con el tiempo. Pero con cada día que pasaba, mi
corazón se volvía más y más pesado, como si estuviera cargando el mundo entero sobre mis hombros.

Las horas se convirtieron en días, los días en semanas. Había días en los que me sentía vacía, sin fuerzas
para seguir adelante, y otros en los que solo deseaba que todo volviera a ser como antes. La realidad, sin
embargo, me golpeaba con cada momento de silencio que se alargaba más y más. La base de una relación
siempre había sido la comunicación, y esa comunicación, que antes fluía sin esfuerzo, se había ido
desvaneciendo, como si se desintegrara poco a poco entre las sombras del silencio.

Una tarde, cuando menos lo esperaba, recibí el mensaje. Lo vi en la pantalla de mi celular y, por un instante,
no quise abrirlo. El miedo se apoderó de mí. Sabía que las palabras que iban a salir de él no serían las que
había esperado durante semanas. Respiré hondo, cerré los ojos por un segundo, y decidí abrir el mensaje.

-Mi Niño�: Lía… ya no sé qué pensar. He estado pensando mucho en nosotros, en lo que hemos sido. Y la
verdad es que ya no siento lo mismo. Esta distancia me está haciendo perder el interés. Ya nada es como
antes. Las cosas han cambiado, y creo que lo mejor para los dos sería que terminemos aquí.

Esas palabras me perforaron el alma. Mi respiración se detuvo por un segundo y, al instante, las lágrimas
comenzaron a correr por mi rostro. No podía dejar de leer el mensaje una y otra vez, como si buscando
alguna palabra que me diera esperanza, algún signo de que esto no era real, pero no lo había. Era una
despedida, una despedida definitiva, y algo dentro de mí se rompió por completo.

-Mi Niño�: Sé que esto es doloroso, y que probablemente tú sientas lo mismo que yo, pero creo que lo
mejor es que sigamos nuestros caminos por separado. No quiero que sigas esperando algo que ya no está ahí.
Lo siento mucho, de verdad.

Esas últimas palabras, "Lo siento mucho", fueron como una daga clavada en mi pecho. La sensación de
haber perdido lo que más amaba en el mundo me paralizó. ¿Cómo llegamos aquí? ¿Qué pasó con todo lo
que compartimos? ¿Dónde quedó el amor que prometimos nunca dejar ir? Todo se desvaneció en un
instante. Lo que alguna vez fue un fuego ardiente, ahora era solo cenizas frías y vacías.

No supe qué hacer con todo el dolor que sentía. Lloré como nunca lo había hecho antes. Mi alma gritaba,
pero no podía dejar salir ese grito al mundo. La tristeza me envolvía, y por primera vez, entendí una frase
que siempre había escuchado, pero nunca comprendido completamente:

"Amar también es soltar."

Soltar. Esa palabra resonaba en mi mente una y otra vez, como un eco lejano que me arrastraba más y más
hacia el abismo. Pero, por otro lado, la frase parecía contradecirse con algo que siempre había creído:

"El que verdaderamente ama busca mil razones para quedarse, no para irse." Esa frase me dolió aún más.
¿Por qué se iba? ¿No me amaba lo suficiente como para pelear por nosotros?

Mi felicidad se fue con él, y mi esencia también. De alguna manera, lo había perdido todo. Ya no me reía
con la misma facilidad, ya no brillaba como antes. La vida me había dado una lección amarga: cuando el
amor no es correspondido de la misma manera, duele más que cualquier otra cosa. No solo perdí a Erik,
perdí una parte de mí misma en el proceso.

Pasaron los días, y traté de seguir adelante, pero algo dentro de mí se había apagado. La risa se fue, la luz se
apagó, y la felicidad parecía un recuerdo lejano. Las palabras de Erik, aunque ya no me llegaban, seguían
resonando en mi mente. Lo peor no era el dolor de la ruptura, sino la sensación de que mi vida había
quedado en pausa. ¿Y ahora qué? ¿Cómo seguir sin lo que tanto había deseado?

Intenté convencerme de que el tiempo sanaría todo, de que lo olvidaría y seguiría mi camino. Pero lo cierto
es que siempre habrá un pedazo de mí que seguirá amando a Erik, un pedazo de mí que seguirá esperando,
aunque él ya haya decidido irse.

La lección que aprendí fue dura, pero necesaria. A veces, el amor verdadero no es suficiente para superar las
barreras que nos separan. A veces, el amor necesita espacio, necesita tiempo, y sobre todo, necesita que
ambos estén dispuestos a luchar. Yo luché, pero él no. Y aunque siempre lo amaré, entendí que a veces,
amar también significa dejar ir, por mucho que duela.

Ahora, cada vez que miro hacia el futuro, ya no lo veo de la misma manera. Sé que debo aprender a soltar, a
caminar sin su mano, a encontrar mi brillo nuevamente, aunque me cueste. Porque al final, aunque haya
perdido a Erik, lo que no perderé es mi capacidad de volver a encontrarme a mí misma, de reconstruir lo que
una vez fui.

El dolor me cambió, me transformó, pero también me enseñó que el amor no se trata solo de aferrarse, sino
también de aprender a soltar cuando es necesario. Y así, aunque la despedida sea indefinida, mi vida
continúa, y aunque la herida duela, tengo la esperanza de que algún día sanaré.

--------------------------<3-----------------------------

Fin
--------------------------<3-----------------------------

También podría gustarte