EXPOSICIÓN SOBRE EL BENEDICTO XV
Nombre: Silverio Junior Peralta
Matricula: 2020-0029
Benedicto XV (1914-1922). Giacomo della Chiesa, nacido en Génova el 21 de
noviembre de 1854, de familia aristocrática, era doctor en leyes, de aspecto físico poco
agraciado y débil, pero de carácter decidido y resuelto.
Su pontificado transcurrió durante la Primera Guerra Mundial, y se le recuerda
principalmente por sus incansables esfuerzos por la paz. Las relaciones entre la Santa
Sede y Francia habían complicadas durante décadas, especialmente desde la Revolución
Francesa y las leyes de separación de la Iglesia y el Estado. Benedicto XV buscaba
superar estas tensiones históricas para fortalecer su posición como mediador y promover
la paz.
Benedicto XV, quien asumió el papado en 1914, estaba profundamente preocupado por
las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. La guerra había creado una situación
delicada para la Santa Sede, ya que estaba compuesta en gran parte por italianos y
enfrentaba presiones tanto internas como externas. Su deseo era evitar que Italia entrara
en la guerra, temiendo no solo por el país, sino también por la posible revolución
socialista en caso de derrota.
Benedicto XV condenaba y combatía el nacionalismo, el racismo, el materialismo y,
sobre todo, el socialismo.
Primer encíclica y causas del desorden social
Benedicto XV publicó su primera encíclica, Ad Beatissimi, el 1 de noviembre de 1914,
donde abordó las causas del desorden en la sociedad que llevaron al conflicto bélico.
Identificó cuatro causas principales: la ausencia de buena voluntad mutua, el desprecio
por la autoridad, las luchas injustas entre clases y los apetitos desordenados por bienes
materiales. Subrayó que la autoridad humana se debilita sin el apoyo de la religión,
proponiendo a la Iglesia como guía moral y madre de los fieles.
Su preocupación se centró en la guerra. Dedicó su tiempo y el de sus colaboradores a
organizar la presencia de capellanes militares en los ejércitos, adoptó ingeniosas
disposiciones para mejorar la situación de los prisioneros, de los refugiados y
deportados de uno y otro bando, para organizar el intercambio de heridos graves y para
facilitar la transmisión de noticias de los familiares a los soldados situados en ambos
frentes.
Neutralidad en la Primera Guerra Mundial (28 de julio de 1914-11 de noviembre
de 1918)
Durante la Primera Guerra Mundial, Benedicto XV se enfrentó a un dilema complicado
debido a la neutralidad de la Santa Sede. A pesar de ser criticado por ambos lados por no
condenar formalmente las atrocidades de los adversarios, su intención era usar su
autoridad moral para abogar por una paz justa. Sin embargo, sus esfuerzos fueron
malinterpretados, y su neutralidad generó desconfianza entre los luchadores, se le
malinterpretó y fue rechazado, pues los dos bandos se indignaron al constatar que el
papa se limitaba a censuras generales y abstractas en lugar de condenar formalmente al
adversario. Benedicto XV describía a la Iglesia como madre y guía que acompaña al
hombre a lo largo de su vida tanto individual como colectiva.
Ayuda Humanitaria y Genocidio Armenio
La guerra alejaba de su ministerio a numerosos sacerdotes movilizados, dificultaba la
dirección centralizada de la Iglesia y comprometía la unidad del mundo católico,
suscitando entre los fieles de ambos bandos sentimientos de antagonismo y odio. El
Papa Benedicto XV tomó medidas para ayudar a las regiones más necesitadas durante la
guerra, intercediendo ante el sultán turco en favor del pueblo armenio, que sufría un
genocidio. Aunque sus esfuerzos no tuvieron resultados significativos, subrayó su
compromiso con la protección de los derechos humanos.
Resultó muy eficaz la ayuda de los organismos vaticanos en favor de los prisioneros y
de sus familiares a través de una sorprendente organización internacional que agrupaba
a obispos, al servicio diplomático vaticano y a numerosas organizaciones de laicos. Se
encargaron de recoger noticias y de ofrecer informaciones sobre prisioneros,
combatientes desaparecidos y dispersos, y sobre los muertos y los heridos, lo que
facilitó el intercambio de prisioneros inválidos y la recuperación en Suiza de los
enfermos.
Fomentó de la Acción Política Laica
Benedicto XV alentó la participación de los católicos en la vida política, permitiendo a
los católicos italianos intervenir activamente. Apoyó la fundación del Partito Popolare
Italiano, un partido que representaba los intereses católicos y promovía la reconciliación
entre Italia y la Santa Sede, marcando un cambio significativo en la política eclesiástica.
Con la creación del nuevo partido y con la aprobación de los estatutos se dio paso a una
más clara distinción entre la Acción Católica y la «acción de los católicos», es decir,
entre su labor religiosa y su actuación política.
Reformas en la Misión y Educación
La encíclica Maximum illud, publicada el de noviembre de, promovió una nueva visión
de la misión católica, separando la acción misionera de la política colonial. Además,
Benedicto XV fomentó la creación de seminarios regionales para formar clérigos
indígenas, lo que ayudó a establecer Iglesias locales en África y otros lugares. También
fundó universidades católicas y promulgó el Código de Derecho Canónico en 1917.
En conclusión, puedo decir que Benedicto XV fue un excelente papa y muy inteligente
con su pensamiento y algo que me impacto, es la forma en como el quiere resaltar
siempre el bien común, sin identificarse con ningún bando de la guerra, además quiero
resaltar la grandiosa forma de como el deja claro que la Iglesia es «no es latina ni griega
ni eslava, sino católica» Favoreció la paz y la armo nía dentro de la comunidad eclesial
y para esto exigió obediencia al magisterio y respeto a las opiniones de los demás.
Quiso acabar con una de las lacras más peligrosas y funestas de la Iglesia: la
desconfianza, la denuncia y el clima de sospecha entre creyentes. Paró las
investigaciones sobre los santos padre y de las acusaciones hacia los sacerdotes. Quiero
concluir resaltando que la iglesia es universal y se debe fomentar la paz con la frase de
Benedicto XV: es suficiente el decir “Cristiano es mi nombre y católico mi apellido”.