Monitor: Hoy Señor, estamos presentes ante Ti, para adorarte y alabarte en
esta Hostia Santa que te hace presente entre nosotros y nos llena de tu amor
infinito.
Exposición del Santísimo Sacramento
El celebrante o ministro acólito lleva el Santísimo Sacramento al altar y lo
expone solemnemente en la custodia, mientras todo el pueblo de rodillas
entona el canto inicial. Es conveniente, además, que inciense el Santísimo
Sacramento de la forma acostumbrada.
De rodillas
Canto de entrada:
Monitor: Señor, aquí estamos en tu presencia, adorándote y alabándote,
ayúdanos para que podamos siempre estar junto a Ti, aumenta en nosotros la
fe y danos la perseverancia para no perdernos por el camino del mal, sino que,
crezca en cada uno de nosotros la fe.
Celebrante: Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
Celebrante: En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
Asamblea: El corazón amoroso de Jesús sacramentado.
Monitor: Señor, te pedimos que nunca perdamos la esperanza, que día a día
se acreciente y podamos estar dándote gracias por todas las bendiciones que
nos das y en especial por haberte quedado en el Santísimo Sacramento.
Celebrante: Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
Celebrante: En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
Asamblea: El corazón amoroso de Jesús sacramentado.
Monitor: Señor, te amamos, te bendecimos y por eso estamos hoy aquí.
Danos tu gracia para que nunca perdamos el valor de amar, que seamos
capaces de ayudarnos unos a otros y de vivir siempre en el amor.
Celebrante: Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
Celebrante: En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
Asamblea: El corazón amoroso de Jesús sacramentado.
Canto
Lector: De la Primera Carta del apóstol San Juan (1 Jn 4, 7-16)
Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el
que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a
Dios, pues Dios es amor. Miren como se manifestó el amor de Dios entre
nosotros. Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por
medio de Él. En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios,
sino que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros
pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros
debemos amarnos mutuamente. A Dios no lo ha visto nadie jamás; pero si nos
amamos unos a otros, Dios está entre nosotros y su amor se activa entre
nosotros. Y ¿cómo sabemos que permanecemos en Dios y Él en nosotros?
Porque nos ha comunicado su Espíritu. Pero también hemos visto nosotros y
declaramos que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Quien
confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Por
nuestra parte, hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en
el Él. Dios es amor: el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en
él.
Palabra de Dios.
Reflexión
Celebrante: Esta lectura nos lleva a entender que Dios es el AMOR en toda la
extensión de la palabra y nos invita a vivir en Él.
Nuestra confianza como cristianos al vivir nuestro bautismo es sabernos
creados a imagen de Dios, por tanto seres capaces de amar, como dice la
misma escritura “Nadie tiene más amor que aquel que da la vida por los
demás”. Prueba de ello es nuestro Señor Jesucristo que por amor a cada uno
de nosotros dio su vida.
¿Cómo corresponder a ese amor?, dándonos en un servicio continuo a los
demás y de una manera especial pidiendo por todos los hombres del mundo,
por los que conocemos a Dios y por los que no lo conocen; por los ricos y los
pobres; por los sanos y los enfermos; por los buenos y los malos, y por tantos
hombres y mujeres que desgastan su vida en tierra de misión llevando la
verdad en el conocimiento de Dios.
Si la Misión implica a todos, todo y siempre, pensemos que Dios tiene un
proyecto de vida para cada uno. En el silencio de nuestro sagrario (Dios y yo),
pregúntese cada quien, «¿cuál es mi proyecto de misión?» No olvidemos que a
todos nos corresponde hacer misión, cumplir con el mandato de Jesús de llevar
su mensaje a todo el mundo.
Momento de silencio.
CANTO
Letanías
De pie.
Celebrante: Pidamos al Padre para que llegue a todos el pan espiritual y
material, para que nos alimentemos del Cuerpo de Jesucristo y para que nos
fortalezca el alma. También pidamos que el pan para el cuerpo nos de fuerza
para seguir trabajando en la misión de cada día.
Asamblea: ¡Danos el pan de cada día!
Monitor:
Por los hambrientos de paz y de justicia.
Por los que no tienen voz y son marginados.
Por los que les sobra el pan y lo tiran en lugar de compartirlo.
Por los que se fatigan de buscar trabajo digno y no lo encuentran.
Por los profetas y misioneros que defienden al débil.
Por los que sueñan y trabajan por alcanzar un mundo mejor para todos.
Por los que ejercen la paternidad responsable.
Por los que son solidarios con el dolor de los pobres y enfermos.
Por los calumniados y perseguidos por hablar la verdad.
Por todos los misioneros que en cada continente anuncian tu Palabra.
Padre que nos das tu Palabra y tu Eucaristía.
Asamblea:¡Perdónanos Señor!
Monitor:
Por los causantes de las guerras y del narcotráfico.
Por los que se refugian en los vicios y placeres del mundo.
Por los que violentan a la sociedad con sus leyes inhumanas.
Por los que viven de la corrupción y de la mentira.
Por los que venden su conciencia y promueven la injusticia y la impunidad.
Por los patrones que no pagan el salario digno y justo.
Por los cristianos tibios y mediocres que no toman en serio tu mensaje.
Por los que no se comprometen en nada y se vuelven cómplices del egoísmo.
Por los incrédulos que han perdido la esperanza.
Celebrante: Terminemos nuestra oración rezando juntos la oración que Cristo
nos enseñó: Padre Nuestro …
De rodillas para la bendición.
Canto: Cantemos al amor de los amores
El celebrante, mientras se entona el canto, es conveniente que inciense al
Santísimo Sacramento.
Celebrante: Nos diste Señor el pan del cielo.
Asamblea: Que contiene en sí toda dulzura.
El celebrante, si es ministro ordenado, de pie ante el Santísimo Sacramento y
con las manos extendidas dice o canta la siguiente oración. Si es laico, la hace
de rodilla y con las manos juntas.
Celebrante: Señor nuestro, Jesucristo, que en este sacramento admirable nos
dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los
sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre que experimentemos
constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos.
Asamblea: Amén.
El celebrante, si es ministro ordenado, y una vez recibido el paño de hombros,
da la bendición al pueblo con el Santísimo Sacramento de la forma prescrita
por el ritual. Si es laico, simplemente OMITE esta parte.
A continuación, de rodillas, el celebrante y la asamblea dicen de forma litánica
las “Alabanzas al Santísimo Sacramento”.
Alabanzas al Santísimo Sacramento
Bendito sea Dios
Bendito sea su santo nombre
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre
Bendito sea el nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo corazón
Bendita sea su preciosísima sangre
Bendito sea Jesús en el santísimo sacramento del altar
Bendito sea el Espíritu Santo consolador
Bendita sea la gran madre de Dios María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa asunción
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre
Bendito sea San José, su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos
Reserva del Santísimo Sacramento
Con toda reverencia se entona un canto mientras el celebrante o ministro
traslada el Santísimo Sacramento al lugar de la reserva.
Cuando se retira el Santísimo Sacramento, todos se ponen de pie y el
celebrante con los ministros, después de haber hecho reverencia a la cruz,
salen del recinto.