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El Latido

Rut y Galeb activan un artefacto en la Cúpula que emite un latido resonante, atrayendo la atención de otros atlantes y generando una mezcla de asombro y temor. Lira advierte que este logro representa un cambio significativo, abriendo una puerta que otros querrán cruzar, mientras que Drenar, en las profundidades, se prepara para aprovechar la energía liberada. La historia culmina en un momento de conexión y transformación, donde el artefacto de Rut y Galeb podría alterar el destino de su mundo.
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El Latido

Rut y Galeb activan un artefacto en la Cúpula que emite un latido resonante, atrayendo la atención de otros atlantes y generando una mezcla de asombro y temor. Lira advierte que este logro representa un cambio significativo, abriendo una puerta que otros querrán cruzar, mientras que Drenar, en las profundidades, se prepara para aprovechar la energía liberada. La historia culmina en un momento de conexión y transformación, donde el artefacto de Rut y Galeb podría alterar el destino de su mundo.
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El Latido del Horizonte

La noche en la Cúpula era un lienzo vivo, salpicado de luces que no venían de antorchas ni
lámparas, sino de las venas de cristal que corrían por las paredes, pulsando como arterias de un ser
inmenso. Rut estaba de pie en el centro del Corazón de la Inspiración, su aliento formando nubes
diminutas en el aire fresco mientras miraba el artefacto que ella y Galeb habían perfeccionado. Ya
no era solo un objeto; era una presencia, suspendido a la altura de su pecho, con anillos de metal
girando alrededor de un núcleo de cristal que latía con una luz propia. Galeb estaba a su lado,
ajustando un último detalle con una herramienta que brillaba como hielo fundido. Sus movimientos
eran precisos, casi ceremoniales, y cuando terminó, se enderezó con una exhalación que parecía
liberar algo más que cansancio.
"Está listo", dijo, y su voz resonó en el espacio vacío, amplificada por las paredes curvas. Rut
asintió, sintiendo un cosquilleo en las manos que no podía atribuir al frío. El artefacto —al que aún
no habían dado un nombre— era la culminación de todo lo que habían aprendido en la Cúpula. Las
orgonitas incrustadas en su estructura canalizaban energía en patrones que ella había diseñado tras
noches de observar el cielo a través del techo transparente, mientras los resonadores de Galeb
modulaban esas corrientes, dándoles una voz que atravesaba el silencio. Cuando lo activaron juntos,
tocando puntos opuestos del núcleo, un sonido nació: no un zumbido ni un canto, sino un latido
grave que se extendió por el suelo y subió por las columnas, haciendo temblar el aire con una fuerza
que era a la vez suave y abrumadora.
Los atlantes que aún estaban despiertos se acercaron, atraídos por el pulso que emanaba del
Corazón. Sus rostros, iluminados por el resplandor del artefacto, mostraban una gama de
emociones: asombro, inquietud, esperanza. Una mujer mayor, con manos nudosas y una túnica
tejida con hilos dorados, se arrodilló a pocos pasos, sus ojos cerrados como si escuchara una verdad
largamente olvidada. Otros se quedaron atrás, susurrando entre sí, mientras el latido se asentaba en
un ritmo constante que parecía sincronizarse con el propio pulso de la Cúpula. Rut lo sintió en su
pecho, un eco que la conectaba a Galeb, al artefacto, y a algo mucho más grande que aún no podían
nombrar.
Lira emergió de las sombras laterales, su figura envuelta en una niebla fina que se desprendía del
suelo como vapor. Llevaba una corona delgada de metal claro, y sus pasos eran silenciosos, casi
etéreos. "Habéis encontrado el latido", dijo, deteniéndose frente a ellos. Sus palabras eran un
reconocimiento, pero había una tensión en su postura que Rut no pasó por alto. "Esto no es solo un
logro. Es un cambio." Extendió una mano hacia el artefacto, y el núcleo respondió con un destello
que proyectó su sombra contra la pared, alargada y oscilante. "La Cúpula lo acepta. Pero no todos lo
harán."
Galeb dio un paso adelante, su expresión endurecida por la fatiga y la determinación. "¿Qué
significa eso?" preguntó, y su tono era más una exigencia que una duda. Lira giró la cabeza hacia el
borde del Corazón, donde las columnas formaban un círculo perfecto. "Significa que habéis abierto
una puerta", respondió. "Y ahora, otros querrán cruzarla." Antes de que pudieran presionar por más,
un temblor recorrió el suelo, no fuerte, pero lo suficiente para hacer que el artefacto oscilara en su
suspensión. Los atlantes reunidos se miraron, algunos retrocediendo hacia las salidas, mientras el
latido del artefacto se aceleraba, como si hubiera sentido algo acercarse.
Nira y Kael llegaron entonces, bajando desde una rampa que conectaba el nivel superior. Nira
caminaba con una urgencia que desmentía su edad, su bastón golpeando la piedra con un ritmo
irregular que contrastaba con el pulso del artefacto. Kael la seguía, cargando una esfera de metal
cubierta de grabados que brillaban faintly, como si estuvieran despiertos. "Lo sabía", dijo Nira al
detenerse, su voz un rugido contenido. "Habéis ido demasiado lejos." Señaló el artefacto con un
gesto acusador, y el cristal en su núcleo pareció responder, emitiendo un destello que la hizo
retroceder un paso. Kael colocó la esfera en el suelo, y esta comenzó a girar, proyectando un haz de
luz que trazó líneas en el aire, como un diagrama vivo.
"Mirad", dijo él, su tono más calmado pero igualmente serio. El haz formó un patrón de ondas que
se extendían desde el artefacto hacia el exterior, atravesando las paredes de la Cúpula y perdiéndose
en la oscuridad más allá. "Esto no se queda aquí. Está tocando las torres. Las minas. El Mar." Rut
sintió un nudo en la garganta, pero no era arrepentimiento. Era una mezcla de asombro y vértigo,
como si estuviera al borde de un acantilado mirando hacia un océano sin fin. "¿Es malo?" preguntó,
y su voz salió más firme de lo que esperaba.
Kael la miró, sus ojos oscuros evaluándola. "No es malo ni bueno", dijo. "Es grande. Y lo grande
atrae lo grande." Nira soltó un bufido, dando un golpe con el bastón que resonó como un trueno
pequeño. "Atrae problemas", corrigió. "Ya lo están sintiendo. Los morenos. Drenar." Su mirada se
desvió hacia un rincón lejano, donde las sombras parecían más densas, más vivas. Rut siguió sus
ojos y vio movimiento: figuras que no se acercaban, pero que estaban allí, observándolo todo con
una intensidad que helaba la sangre.
Lira dio un paso hacia el artefacto, su mano rozando el aire a su alrededor. "No podéis detenerlo
ahora", dijo, dirigiéndose a Nira y Kael. "Está hecho. Pero podéis guiarlo." Su corona brilló con un
fulgor repentino, y el latido del artefacto se estabilizó, como si su presencia lo anclara. "Ellos lo
hicieron posible", continuó, señalando a Rut y Galeb. "Que ellos decidan qué sigue." Nira frunció el
ceño, pero Kael inclinó la cabeza en un gesto que podría haber sido de acuerdo. "Que decidan
rápido", murmuró él. "El tiempo se está moviendo."
El aire se espesó entonces, y un sonido nuevo cortó la noche: un rugido lejano, profundo, que venía
de fuera de la Cúpula. No era el viento ni el Mar, sino algo más, algo que vibraba en los huesos y
hacía que el artefacto titubeara en su giro. Rut y Galeb se miraron, una pregunta silenciosa pasando
entre ellos. "¿Qué hacemos?" susurró ella, y él tomó su mano, apretándola con una fuerza que era
más que consuelo. "Lo que vinimos a hacer", respondió. "Dar un paso más." Juntos, ajustaron el
artefacto, canalizando su energía hacia un propósito que apenas entendían: fortalecer, no solo la
Cúpula, sino todo lo que tocaba.
El latido se intensificó, y la Cúpula respondió. Las paredes brillaron con una luz que no era blanca
ni dorada, sino un tono que no tenía nombre, y el suelo vibró con una energía que subía desde las
profundidades. Los atlantes presentes contuvieron el aliento, algunos cayendo de rodillas, mientras
el sonido se extendía más allá, hacia las torres, las minas, el Mar. Rut sintió que su corazón latía al
unísono, y por un instante, vio en los ojos de Galeb el mismo fuego que había visto cuando eran
niños, mirando el portal que los había traído aquí.
Pero no estaban solos. En las entrañas de la Cúpula, Drenar estaba listo. La cámara oculta donde se
reunía con sus seguidores era un hervidero de actividad: cables negros serpenteaban por el suelo,
conectados a un dispositivo central que parecía un corazón de obsidiana, palpitando con un pulso
oscuro que contrastaba con el del artefacto de Rut y Galeb. "Han abierto la brecha", dijo, su voz un
siseo que cortaba el aire. Sus seguidores, ahora armados con varas de metal que chispeaban con
energía contenida, se alinearon a su alrededor. Una mujer de ojos afilados, con una cicatriz que
cruzaba su mejilla, levantó un panel que mostraba ondas oscuras extendiéndose desde su
dispositivo. "Las corrientes están listas", informó. "Podemos tomarlas."
Drenar sonrió, una expresión que era más arma que alegría. "Que lo hagan brillar", dijo,
presionando una mano contra el corazón de obsidiana. "Nosotros lo apagaremos." El dispositivo
emitió un pulso que recorrió los cables, deslizándose por las venas de la Atlántida hasta alcanzar el
borde del Mar. Allí, las aguas se partieron por un momento, revelando algo que se movía en las
profundidades: una sombra inmensa, antigua, que respondió al llamado con un rugido que llegó a la
Cúpula como un eco distorsionado.
Dentro, el artefacto de Rut y Galeb alcanzó su punto máximo, su luz llenando el Corazón hasta que
las sombras desaparecieron. Los atlantes gritaron, algunos en éxtasis, otros en temor, mientras Nira
y Kael observaban en silencio, sus rostros marcados por una mezcla de asombro y resignación. Lira
levantó las manos, como si intentara contener lo que habían desatado, pero sus ojos brillaban con
una fe que no había mostrado antes. "Habéis comenzado algo", susurró, y su voz se perdió en el
latido que ahora era todo.
Rut y Galeb se quedaron juntos, sus manos aún unidas, mirando el horizonte que habían tocado.
Habían llegado a la Atlántida como niños con sueños, y ahora, como adultos, habían dado un paso
que cambiaría su mundo. Pero en las profundidades, Drenar avanzaba, y el Mar guardaba su propio
secreto, uno que pronto reclamaría su lugar en la luz.

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