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Anclas en PNL para el Éxito Emocional

El documento aborda la influencia de los estados emocionales en el pensamiento y comportamiento, destacando la importancia de las anclas en la Programación Neurolingüística (PNL) para acceder a estados emocionales positivos. Se explican los tipos de anclas (visuales, auditivas y sensoriales) y cómo se pueden crear y utilizar para mejorar el rendimiento y enfrentar situaciones desafiantes. Además, se presentan pasos prácticos para identificar y establecer anclas que faciliten el acceso a recursos emocionales en momentos clave.

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Anclas en PNL para el Éxito Emocional

El documento aborda la influencia de los estados emocionales en el pensamiento y comportamiento, destacando la importancia de las anclas en la Programación Neurolingüística (PNL) para acceder a estados emocionales positivos. Se explican los tipos de anclas (visuales, auditivas y sensoriales) y cómo se pueden crear y utilizar para mejorar el rendimiento y enfrentar situaciones desafiantes. Además, se presentan pasos prácticos para identificar y establecer anclas que faciliten el acceso a recursos emocionales en momentos clave.

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PNL - ANCLAS

Dictado por Andrea Benedetti


ANCLAS - PNL

Los estados emocionales tienen una influencia poderosa y


penetrante en el pensamiento y el comportamiento. Después de
inducir y calibrar estos estados, ¿cómo podemos utilizarlos para
tener más recursos en el presente?
Necesitamos algún medio para hacerlos accesibles en todo
momento.. Imagínese el impacto que tendrá en su vida si puede
usted ponerse, a voluntad, en los estados de máximo provecho.

Los mejores políticos, deportistas, artistas y ejecutivos deben ser


capaces de dar el máximo en todo momento. El actor debe ser
capaz de comprometerse con el papel en cuanto sube el telón, no
una hora antes ni media después.
Esta es la línea básica del profesionalismo. Es tan importante como
ser capaz de desconectar. El actor debe ser capaz de dejar el papel
cuando baja el telón. Muchos hombres de negocios están
extremadamente motivados, alcanzan grandes cosas, pero se
queman y son infelices, pierden a su familia o, en casos extremos,
sufren infartos. Controlar nuestros sentidos requiere equilibrio y
cordura. Todos tenemos una historia rica en distintos estados
emocionales. Para reexperimentarla, necesitamos un pistoletazo,
una asociación en el presente para inducir la experiencia original.
La mente enlaza experiencias de forma natural, es la forma en que
damos significado a las cosas que hacemos. A veces estas
asociaciones son muy agradables; por ejemplo, una pieza musical
que nos trae un recuerdo agradable. Cada vez que escucha una
melodía en particular, evoca uno de esos recuerdos; y cada vez
que lo hace, fortalece la asociación. Un estímulo que está asociado
y trae un estado psicológico se llama, en PNL, ancla. Otros
ejemplos de anclas positivas que se suceden de forma natural son:
fotografías favoritas, olores evocadores, una expresión especial de
alguien querido o un tono de voz. Las anclas, normalmente, son
externas. Un despertador suena y es hora de levantarse; el timbre
de la escuela señala el fin del recreo. Estas son anclas acústicas.
Una luz roja significa alto; un movimiento de cabeza significa sí.
Estas son anclas visuales. Y el olor del asfalto recién puesto le lleva
al momento mágico en que lo olió por vez primera en su infancia.
Los publicistas intentan que la marca del producto sea un ancla
para un artículo en particular. Un ancla es cualquier cosa que da
acceso a un estado emocional, y son tan obvias y están tan
extendidas que apenas las reconocemos. ¿Cómo se crean las
anclas? De dos maneras. Una, por repetición; si usted ve imágenes
repetidas donde el rojo se asocia con el peligro, acabará
enlazándolos. Es éste un aprendizaje sencillo: el rojo significa
peligro. Otra, y mucho más importante, es que las anclas pueden
establecerse en una sola ocasión si la emoción es fuerte y la
cronología correcta. La repetición sólo es necesaria si no interviene
el plano emocional.

Piense en cuando usted estaba en la escuela (es ésta una


poderosa ancla en sí misma), y verá que lo que era interesante y
atractivo era fácil de aprender, mientras que las cosas en las que
no encontraba interés necesitaban mucha repetición. Cuanto
menos comprometido emocionalmente esté, más repeticiones se
necesitan para aprender la asociación. Muchas asociaciones son
muy útiles. Forman hábitos y no podemos funcionar sin ellos. Si
usted conduce, usted ya tiene una asociación entre la luz verde
que cambia a roja y el movimiento del pie de cierta manera en los
pedales. No es ésta una operación sobre la que quiera pensar de
forma consciente cada vez que sucede, y si usted no hace la
asociación, es posible que no sobreviva mucho tiempo en la
carretera. Otras asociaciones, aunque útiles, pueden ser menos
agradables. La vista de un coche de la policía de tráfico por el
retrovisor nos hace dudar instantáneamente del estado de las
luces del coche y a qué velocidad íbamos circulando. Otras
asociaciones no son útiles. Mucha gente asocia hablar en público
con ansiedad y ataques de pánico; pensar en exámenes hace que
mucha gente se ponga nerviosa e insegura. Las palabras pueden
actuar como anclas: la palabra «prueba» es un ancla para la
mayoría de estudiantes que les hace sentir ansiedad y no ser
capaces dé dar lo mejor.
En casos extremos, un estímulo exterior puede traer un estado
negativo muy poderoso. Es el reino de las fobias; por ejemplo, la
gente que padece claustrofobia ha aprendido una asociación
poderosísima entre estar confinado en un espacio y sentir pánico,
y siempre realizan esta asociación.
La vida de muchas personas está innecesariamente limitada por
miedos de su pasado. Nuestras mentes no pueden parar de hacer
asociaciones. ¿Son las que usted ha hecho y sigue haciendo
agradables, útiles y fortalecedoras? Podemos elegir las
asociaciones que queremos hacer. Puede usted escoger cualquier
experiencia de su vida que encuentre muy difícil o desafiante, y
decidir con anterioridad en qué estado psicológico quisiera usted
estar para enfrentarse con ella. Para cualquier situación con la que
no se sienta especialmente feliz, puede usted crear una nueva
asociación y, por tanto, una nueva respuesta usando las anclas.
Esto se consigue en dos fases. Primero, escoja el estado emocional
que usted desea, y luego asocíelo con un estímulo o ancla para
poder traerlo a la mente cuando quiera. Los deportistas emplean
amuletos para dominar sus habilidades y energía. También verá, a
menudo, deportistas que realizan pequeños movimientos rituales
con el mismo propósito. Emplear su estado de plenitud de
recursos mediante anclas es una de las formas más efectivas de
cambiar su comportamiento y el de otras personas. Si usted se
enfrenta a una situación en un estado con más recursos que antes,
su comportamiento está listo para cambiar a mejor. Los estados
de plenitud de recursos son la clave para conseguir la mejor
actuación. Cuando usted cambia lo que hace, el comportamiento
de los demás también cambiará. Toda la experiencia de la
situación variará.

Las anclas deben:

Estar sincronizadas con el estado cuando está alcanzando el


climax.
Ser únicas y distintivas.
Ser fáciles de repetir con exactitud.
Estar ligadas a un estado que está revivido clara y completamente.
Resumen del anclaje de estados de plenitud de recursos
1. Identificar la situación en que usted quiere estar con más
recursos.
2. Identificar el recurso específico que quiere; por ejemplo,
seguridad.
3. Asegurarse de que el recurso es realmente apropiado
preguntándose: «Si pudiera tener este recurso aquí, ¿lo
escogería de verdad?». Si la respuesta es afirmativa, siga; si no,
vaya de nuevo al número 2.
4. Busque una situación de su vida en que tuviera ese recurso.
5. Elija las anclas que va a emplear en cada uno de los tres
sistemas representativos principales; algo que vea, oiga y
sienta.
6. Cambie de lugar y, en su imaginación, trasladese totalmente
a aquella experiencia del estado de plenitud de recursos.
Reexperiméntela de nuevo.
Cuando alcance el climax, cambie de estado y abandónela.
Reexperimente el estado de recurso y, en cuanto llegue al
climax, conecte las tres anclas. Manténgase en ese estado
durante el tiempo que crea necesario y cambie luego de
estado.
8. Pruebe la asociación soltando las tres anclas y confirmando
que de verdad va a ese estado. Si no está satisfecho, vuelva al
número 7.
9. Identifique la señal que le hace ver que está en una situación
problemática en la que quiere usar sus recursos. Esta señal le
recordará que debe usar la señal.

Anclándote a éxito

El poder de las "anclas" en programación neurolingüística para


alcanzar el éxito en todos los ámbitos.
Este material es el resultado de años de investigación y de más de
17 años de trabajo con el Dr. John Grinder, co-creador de la
Programación Neurolingüística.
Cómo crear anclas positivas para alcanzar el éxito

Anclas y condicionamientos
Una de las tecnologías más exitosas que se utilizan en
Programación
Neurolingüística se llaman "las anclas".
Hace muchos años, un médico ruso llamado Pavlov, descubrió lo
que llamamos "condicionamientos". Su experimento consistía en
dejar un
perrito sin comer. Cuando el perrito tenía mucho hambre, Pavlov
le mostraba un plato con comida. Al perro se le hacía agua la boca,
y cuando salivaba, el médico hacía sonar una campanita. Pavlov
repitió este proceso hasta el punto que cuando él tocaba la
campana, el perro salivaba aún inmediatamente después de
haber comido.
En su momento, a esto se lo llamó "condicionamiento"; y en
psicología se trabajó durante muchos años con el conductismo,
que tiene mucha relación con los condicionamientos.
En Programación Neurolingüística los llamamos anclas.
¿Qué es un ancla?
Un ancla es una poderosa asociación entre un estado interno
intenso y un
estímulo externo.
Por ejemplo, en el caso de la experiencia de Pavlov, el estímulo
externo es la campanita, y el estado interno del perro es el hambre.
Existen 3 tipos de anclas (en Programación Neurolingüística todo
se trabaja desde tres partes distintas):
• Anclas visuales
• Anclas sensoriales
• Anclas auditivas

Anclas auditivas
Para explicar las anclas auditivas, voy a darte un ejemplo con la
siguiente situación:
La abuelita está gravemente enferma. Antes de morir, junta a sus
hijos y nietos y les dice “No quiero que en mi entierro estén todos
llorando. Es más, quiero que cuando me entierren, lleven un
mariachi que me despida tocando". Esa es la voluntad de esta
señora.
Pasados unos meses, la abuela muere. ¿Y cuál es el estado interno
de los hijos y de los nietos cuando están enterrando a esta señora?
Efectivamente, sienten una profunda tristeza. Y en medio de esa
sensación de tristeza y angustia muy intensa, suena la música del
mariachi que fue a cumplir la voluntad de la abuela. Así, los
parientes, hacen una neuro asociación interna llamada ancla,
entre la música del mariachi y la muerte, el entierro de la abuela.
¿Y qué le va a pasar a esta familia cada vez que escuchen música
de mariachis? Se van a poner tristes, pues van a recordar el sepelio
de su abuela.
Si la abuela hubiera sabido que los iba a dejar anclados por el resto
de sus vidas con el mariachi, seguramente su último deseo no
habría sido el mismo.
Una situación similar se da cuando en un matrimonio, la pareja
asocia un momento de felicidad con una canción, por ejemplo la
canción con la que se que bailaron cuando se conocieron, ancla de
tipo auditivo.
Un ancla auditiva también puede ser la voz de un padre. Por
ejemplo, en cierta ocasión trabajamos con un equipo de fútbol
profesional, revisando qué sucede con los jugadores, y por qué
fallan cuando tienen la gente tan cerca en un estadio. Los
jugadores de fútbol, muchas veces provienen de familias en las
que hubo mucha violencia:
un padre muy fuerte, un padre grosero, quizá tomador.

Entonces, supongamos que la voz del padre es esta: "¡Eres un


completo inútil!'". Este jugador, por lo tanto tiene un ancla. Y
cuando está por patear, el público está muy cerca, y desde las
tribunas alguien le grita con una voz muy similar a la de su padre:
"¡Eres un inútil!".
Inmediatamente, su cerebro activa el estado emocional de cuando
su padre le gritaba o lo regañaba, e increíblemente el jugador se
equivoca. No es que no sepa patear, sino que un ancla se ha
disparado.

Anclas sensoriales (olfato, gusto y tacto)


Los aromas, son anclas. Por ejemplo, piensa en la primera vez que
tuviste una cita, con un novio o una novia, cuando eras
adolescente. La primera vez que pudiste acariciar o besar a tu
pareja. Quizá él usaba una colonia
con olor a "brut" (generalmente los estudiantes usaban este tipo
de lociones).
Así, para ella, sus primeros besos, sus primeras caricias, fueron con
aroma a brut. Pero esto sucedió en su adolescencia, y ya no se
acuerda de ese novio.
Se casó con otro hombre, y está feliz con su matrimonio. Sin
embargo, si pasa alguien junto a ella, que huele a brut... iy ella se
acordará automáticamente de ese primer novio, de sus besos y sus
caricias!
De igual modo, hay gente que afirma que "la gelatina sabe a
hospital". Esto no es así, pero generalmente cuando estás
hospitalizado, la gelatina es el postre que dan generalmente en el
hospital. Y así se hace el ancla.
Y así podemos seguir con muchos ejemplos. A algunas personas
les pasa con el caldo de pollo, a otras con el té de hierbabuena...
estas son anclas de tipo sensorial.
Ahora pensemos en otra situación: Hay una persona en el sepelio
de un familiar. Llega un amigo, le pone la mano en el hombro y lo
consuela: "Lo siento mucho". Ese contacto en el hombro es un
ancla.

Y así, sucesivamente, las personas que llegan le demuestran su


apoyo y le apoyan la mano en el hombro, que es un gesto muy
frecuente en estos casos.
Esta persona queda anclada, y el contacto en el hombro le dispara
la tristeza.
Puede estar feliz, pasando un buen momento con amigos, cuando
llega un amigo, lo saluda y le pone la mano en el hombro...
Inmediatamente se le cortará la
sensación de alegría. Esto es muy frecuente, esa situación en la
que de un momento a otro se corta la sensación que tenemos y
cambia por otra completamente diferente. Y probablemente se
deba a algún ancla; en este caso es un ancla sensorial: gusto, olfato
y tacto.

Anclas visuales
Continuando con la idea de las anclas anteriores, pensemos en
aquellas personas que afirman: "Los días nublados son días tristes".
Y no es que esto sea así, sino que esas personas tienen un ancla:
algo triste les pasó un día nublado. De la misma manera, otras
personas pueden decir "Los días nublados son románticos", según
lo que hayan vivido en un día nublado.
Cada persona tiene sus anclas.
Volvamos al ejemplo de la persona que está en el sepelio. Podría
haber anclado su tristeza a muchas otras cosas: por ejemplo al
techo, si tenía alguna forma o color especial, y cada vez que
alguien le daba el pésame ella miraba hacia arriba y veía esa forma
o celosía de colores. Años después, si esta persona entra a un salón
y ve un techo con esa misma forma o ese tipo de celosía,
automáticamente dirá
"Este lugar me deprime, este lugar me da angustia y no me deja
estar a gusto....
Son anclas.
El poder de las anclas

Grinder y Bandler, creadores de la Programación Neurolingüística,


sabían que tenemos este tipo de anclajes.

Por ejemplo, cuando una persona llega a la consulta porque tiene


mucho temor a hablar en público, lo primero que nos
preguntamos es "¿puede ser un ancla?". Y ipor supuesto que lo es!
¿Qué pudo haber pasado con esta persona?
Supongamos que a la edad de 7 u 8 años, en la escuela le tocó
aprender un verso para recitarle a su madre. Lo practicó en su
casa, lo sabía bien. Pero cuando llega el día de recitarlo, este niño
se encuentra con que hay muchas personas frente a él, un
auditorio. Y el micrófono le queda muy alto, no llega a escucharse
lo que dice, la directora lo interrumpe y le baja el micrófono. Se
oyen sonidos
raros...
El niño entra en un estado de nervios, de ansiedad y de susto. Y se
le olvida la poesía... Y no puede más que repetir el título de la obra.
Los padres y el público comienzan a reír, y el niño se pone a llorar.
La maestra lo consuela... pero ese niño, tendrá 40 años y cuando le
pongan un micrófono delante, estará anclado a ese momento.
Pero él no sabe qué es un ancla, y por ende, no sabe que la tiene.
Simplemente, la tiene.
Casi todas las fobias, son anclas. Los miedos, son anclas. Los
estados de ansiedad, son anclas. Pero también podemos generar
estados de excelencia utilizando las anclas.
Un ejemplo de ello es el cigarrillo. En muchos de los casos de las
personas que fuman y no pueden dejar el hábito es a causa de
anclas.
Voy a explicar mejor este concepto. Cuando la gente está
estresada respira a mayor velocidad, inhalando y exhalando el aire
con un ritmo acelerado. Esto se llama hiperventilación. En
psicología, muchas veces se usa esta técnica de respiración para
ayudar al paciente a crear una catarsis, se le pide que respire de
forma agitada para ayudarla a entrar en catarsis.
Esto se debe a que la hiperventilación produce alcalosis, alterando
el PH de la sangre. Una persona con alcalosis se siente con
ansiedad, está estresada, tiene ganas de salir corriendo...
Se siente completamente alterada, como si estuviera bajo el efecto
de una droga.
Pero al fumar, se puede cambiar ese patrón de respiración, ya que
se debe inhalar y exhalar de forma pausada, lenta. Cuando la
persona está alterada y respira de forma agitada, siente la
desesperación que causa la alcalosis. Toma un cigarrillo e
inmediatamente baja el ritmo de su respiración, y siente así que el
cigarro
lo ayuda a calmarse: se siente bien fumando. Solo puede respirar a
través de un cigarrillo. Es decir, que tiene un ancla para respirar a
través del cigarrillo.
En nuestra infancia, nuestros padres también nos anclaban.
Sabíamos cuándo estaban enojados: subían una ceja,
entrecerraban un ojo. Por ejemplo, cuando ibas de visita a alguna
casa y antes de salir tus padres te advertían que no corrieras. Si al
llegar, otros niños te invitaban a jugar al patio, tú mirabas a tu
padre, él solo levantaba la ceja y tú ya sabías que debías quedarte
adentro y sentado.
Estabas anclado a ese gesto.
Hay gestos de nuestros padres que pueden anclarnos toda la vida,
y tienen el poder de quitarnos todos nuestros recursos y hacernos
sentir miserables.--
En síntesis, tenemos anclas a muchas cosas, a cientos de cosas.
Pero lamentablemente, no siempre sabemos que tenemos esas
anclas. Son anclas auditivas, visuales y sensoriales, que nos afectan
de distinta forma, con mayor o menor intensidad, positiva o
negativamente.

Anclas positivas
De la misma forma que existen anclas negativas, podemos
generar anclas positivas. Por ejemplo, si tienes miedo de hablar en
público y no sabes cuál es el ancla; podemos poner otra ancla
positiva y dispararlas al mismo tiempo.
De esta forma, ambas anclas se colapsan y se eliminan: un ancla
negativa se elimina con un ancla positiva.
En algunos casos, cuando una mujer obesa llega a mi consultorio
desesperada para bajar de peso, suelo poner un ancla para que ella
la dispare después en el momento que quiera. Para ello, la cito
después de alguna comida. Cuando esta mujer llega, la hago
cerrar los ojos y visualizar la comida que más le gusta. De forma
imaginaria, hago que esta mujer vea esa comida, sienta su aroma,
sienta su textura entre las manos. Manteniendo siempre los ojos
cerrados, le ordeno que pruebe un bocado de ese manjar que está
imaginando.
Y cuando la mujer está saboreando en su mente ese plato, le digo:
"Ahora usted, al morder, escuchó un ruido extraño. Observe que
dentro de ese manjar, había una cucaracha. ¡Y acaba de comerse
la mitad de esa cucaracha!
¿Siente el sabor de ese líquido blanco en su boca?"
Inmediatamente, la mujer comienza a sentir náuseas, se le seca la
boca, hace gestos de asco...
En ese momento, le toco una parte de su cuerpo, puede ser la
muñeca o un dedo. Así, hago un ancla negativa, para que cada vez
que se toque la muñeca o su dedo, sienta náuseas.
Incluso, puedo incrementar más este estado. La invito, siempre de
forma imaginaria, a servirse un vaso de agua para enjuagarse la
boca. Y cuando la persona imagina que está tomando un trago,
agrego "Lamentablemente, alguien había vomitado dentro de ese
vaso". La hago que recuerde el olor a vómito, que sienta el gusto de
ese vómito en su boca. Y así, genero un estado intenso de asco y
náusea, y lo relaciono con un ancla.
Cuando esta mujer vaya a almorzar o a cenar, le bastará con tocar
su muñeca o su dedo, para sentir esas náuseas y perder el apetito.
Esto podrá hacerlo cuando quiera. Y si no activa el ancla, podrá
comer tranquilamente, también
cuando quiera.
A esto, lo denominamos un ancla de recursos.
Siguiendo el mismo razonamiento, supongamos que cada vez que
estoy pasando por una situación de excelencia profesional,
en la que me siento bien, me toco una parte del cuerpo, por
ejemplo el lóbulo de la oreja. Así, hago un ancla sensorial al estado
de sentir placer por hacer bien mi trabajo. Al hacerlo varias veces,
cada vez que estoy haciendo bien mi trabajo, voy asociando el
circuito neuronal al estado de tocar el lóbulo de mi oreja. En este
caso entonces, el estado intenso externo es la excelencia
profesional, el estímulo externo es tocarme el lóbulo de la oreja.
Si un día tengo que dar una disertación profesional y estoy
cansado, pasé una mala noche o simplemente no pude dormir las
horas suficientes, ¿qué pasará si toco el lóbulo de mi oreja?
Inmediatamente se activarán mis circuitos de excelencia
profesional, y podré hacer mi trabajo correctamente.

¿Podemos anclar entonces a nuestros hijos? Claro que sí.


Por ejemplo, cuando un hijo llega en un momento de satisfacción
total por haberse sacado una buena nota en el colegio, podemos
crear un ancla para esa sensación de excelencia escolar.
Podemos tocarle el hombro, apretando levemente mientras lo
felicitamos... y habremos creado el ancla.
Cada vez que el niño trae un logro escolar, ya sea una buena
calificación o una nota favorable de su maestra, repetimos esa
misma acción, ese gesto de apretarle ligeramente el hombro. Y
cuando un día el niño se siente atemorizado, que cree que no va a
pasar un examen, cambiaremos automáticamente su estado al
tocarle el hombro. Habremos creado un ancla de excelencia para
el estudio.
Tenemos anclas incluso para ir al baño. Muchas personas están
anclados visualmente a su baño y al salir de viaje no pueden hacer
todas sus necesidades en otro lado. Esto se solucionaría si cuando
están en un baño extraño, cerraran sus ojos y visualizaran su propio
baño, imaginaran sus
objetos, su toalla, etcétera. Así es el poder de las anclas, para bien o
para mal.
De la misma manera, cada vez que tienes un momento de amor
hermoso con tu pareja, puedes anclar ese momento para bien, por
ejemplo tocándole el hombro a tu compañero. Así, si una vez
llegas tarde a casa y tu pareja te está esperando con enojo, puedes
tocarla en el hombro y activarás el ancla del estado amoroso y
disparará amor hacia ti.
que solamente tú tengas acceso, de lo contrario podría activarlas
otra persona y se dispararía el amor de tu pareja para alguien que
no eres tú.
Esto no es manipulación, tambien puedes pedirle a tu pareja que
te ancle a algún momento agradable. Y así, ambos podrán disparar
sus anclas para enfrentar juntos situaciones más difíciles, en un
estado mucho más favorable.

Para cerrar esta sección, recordemos entonces la definición de


anclas:
Un ancia es una poderosa asociación entre un estado interno
intenso y un
estímulo externo.
Existen anclas visuales, anclas sensoriales y anclas auditivas.
Anclas, fobias y alergias
Las fobias son anclas. Incluso muchas alergias son anclas. Muchas
de las cosas que le impiden a alguien alcanzar la excelencia, son
anclas.
¿Por qué decimos esto? Porque estamos inundados de estímulos
positivos y negativos que han generado esta fijación en nuestro
cerebro.
Por supuesto, no es que seamos víctimas de la situación. Lo que
sucede es que somos capaces de sentir intensamente los estados.
Una vez que sentimos intensamente un estado, es posible que se
instale un ancla.
En un estado de angustia, estás tan intensamente dolido, que
debes tener mucho cuidado de no disparar un ancla.
En un estado de excelencia, no dudes en colocar un ancla de
poder. Esto te ayudará a colapsar cualquier otro ancla que te anule
tu estado de excelencia.
Por ejemplo, supongamos que entras a un lugar y
automáticamente se te va la energía, te desanimas, te sientes mal.
Quizá el techo del lugar te recordó al sepelio de un ser querido, o
los colores de ese lugar te recordaron a los colores del cuarto de
castigo de tu infancia, quizá el aroma del ambiente te recordó al
olor que había en la Dirección de la escuela un día que te regañó
el Director. No es posible descubrir cuál puede ser el ancla que te
produce ese estado, pero sí sabes que algo te ha afectado.
Pero, si previamente has creado un ancla de poder cada vez que
estabas en un momento de excelencia, conoces ese ancla y
puedes dispararla. El ancla positiva, inmediatamente va a eliminar
el ancla negativa y tu estado será de excelencia.

Cómo anclarnos al éxito


¿Podemos anclarnos al éxito? ¿Podemos tener anclajes que nos
permitan ser mejores? Sí, podemos.
El principio fundamental que tiene nuestro cerebro es que no
puede diferenciar entre pensamiento y realidad.
Si veo algo en mi mente, recuerdo las sensaciones en mi mente y
los sonidos en mi mente, mi cerebro no sabe si es real o mentira. Él
simplemente lo activa. Por lo tanto, se puede hacer un ancla
solamente con la imaginación.
No es necesario vivir un estado de excelencia, basta con recordarlo.
El cerebro no necesita que vivamos un estado de excelencia de
verdad para activarlo. Por ejemplo, si alguna vez metiste un gol,
ese es un estado de satisfacción. Puedes anclarlo en este
momento, si recuerdas las imágenes, los sonidos y las sensaciones
que tuviste.
Si alguna vez recibiste un premio o ganaste un trofeo, si alguna vez
hiciste algo con excelencia, puedes evocarlo en este momento en
imágenes, sensaciones y sonidos. Tu cerebro va a responder como
si estuvieras realmente en ese momento. Y entonces, coloca un
ancla. Así de sencillo es colocar un anclaje.

Algunos ejemplos
Cuando una persona tiene fobia a las alturas, lo primero que hago
es anclar el pensamiento negativo. Para ello, la hago cerrar sus
ojos, e imaginar que está en un lugar muy alto. Le hago pensar en
lo que ve cuando está en las alturas, lo que siente cuando está en
las alturas y lo
que escucha en ese momento. La persona comienza a entrar en
pánico.
Cuando noto que esta muy alterada y verdaderamente su cerebro
está disparando el circuito neuronal del miedo a las alturas, le toco
el hombro (ancla sensorial). O hago un sonido (ancla auditiva), o
muevo mi mano (ancla visual) haciendo un ancla.
Después de eso, le pido que abra los ojos, y la distraigo un poco
para que salga de ese estado de nervios. A continuación, le pido
que imagine un momento de excelencia, que acceda a un
recuerdo de una situación gratificante. La hago recordar lo que
veía, lo que escuchaba, los aromas de esa circunstancia. Y cuando
noto en su rostro, en su respiración o por la posición de su cuerpo
que ha alcanzado ese estado de excelencia, también la toco, o
hago un sonido, o un movimiento con el fin de anclarla.
Si decidí tocarla en el hombro, dejo de hacer contacto. Le pido que
abra los ojos. Y a continuación, toco el ancla positiva y el ancla
negativa, ambos contactos al mismo tiempo. Automáticamente,
esa fobia se va a colapsar y va a desaparecer.
Por eso decimos que con Programación Neurolingüística puedes
eliminar una fobia en 10 minutos, utilizando esta técnica
denominada "colapso de anclas".
De la misma forma, puedes eliminar un miedo; si activas el miedo
y un recurso, anclas ambos y luego los disparas a los dos al mismo
tiempo.
Estamos anclados ya a cosas de excelencia, y también a cosas de
no excelencia. ¿Por qué ser víctimas de nuestros archivos o de
nuestras anclas?
¿Por qué vivir el mundo a merced de lo que aparece a nuestro
alrededor, que puede disparar anclas positivas o disparar anclas
negativas? Nos convertimos en títeres de la vida, si no tomamos el
control en nuestras manos.
Ya sabes entonces que existen miles de anclas, y cada quien tiene
las suyas.
Ya sea para ir al baño, para dormir, etcétera. Por ejemplo, algunas
mujeres tienen un "vestido de la suerte": según ellas, cada vez que
se ponen ese vestido, tienen éxito y conquistan al hombre
deseado. ¿Pero qué pasa si un día, en la tintorería le queman sin
querer ese vestido? No está más el vestido:
¡se acabó el sex appeal!
Poner el ancla fuera (en una medalla, en un llavero, en un amuleto,
etcétera), entraña el enorme riesgo de que un día ese objeto se
pierda o no lo tengas contigo y te quedes sin tu recurso.
Por esta razón, es mejor utilizar anclas internas (tu muñeca, tu
oreja, etcétera), porque de esta forma el recurso siempre está
contigo.
De hecho, si reconoces que un objeto es lo que activa tus estados
de excelencia, rompe esa relación porque es externa.
No son los objetos, no son las personas, hay que poner anclas
internas: tus contactos, tus sonidos, tus emociones.

Activa tu estado de excelencia y haz un ancla.


Vamos a prepararnos para activar nuestro éxito y anclarlo. Para ello:

Piensa en un momento en el que has sido excelente y has logrado


la excelencia. No importa si esto pasó hace mucho tiempo. Esa es
la prueba de que todos los recursos que necesitas para ser
excelentes están en este momento.
Accede a ese estado de excelencia con tu mente: Recuerda las
imágenes de ese
momento en el que fuiste excelente. Recuerda también los
sonidos asociados a ese evento. Y recuerda los aromas que se
sentían en ese momento de excelencia personal. Cuando lo logres,
y veas, escuches y sientas nuevamente todo lo que viviste ese día,
estarás ordenando a tu memoria muscular que active tus circuitos
de excelencia.
Lamentablemente, la mayoría de las personas hacen exactamente
lo contrario de esto, y crean anclas poderosas precisamente para
estados de angustia o temor. Así, generan ellos mismos sus
propios miedos y fobias. A veces incluso, las situaciones que
imaginan y a las que se anclan, no son situaciones que les hayan
pasado realmente, sino solo fantasías o temores.
Pensemos por ejemplo en las personas que tienen miedo a viajar
en avión.
¿Cuántas veces ha chocado tu avión? ¡Nunca! Sin embargo,
¿cuántas veces imaginan estas personas que el avión chocara?
¡Siempre! Imaginan que en su vuelo, el avión caerá. Y así registran
un ancla, a
una situación que no es real, sino que la imaginaron. Al repetir
tantas veces en su cerebro este ejercicio de visualizar el avión
cayendo, generan un miedo irracional al volar, es un ancla que el
avión dispara y que llamamos fobia.
Por eso decimos que la mayoría de las fobias, son anclas.

¿Cómo podemos quitar esas fobias?


Poniendo otras anclas, y disparando los mismos recuerdos al
mismo tiempo, ya sea con imágenes, sensaciones o sonidos. Y en
10 minutos, se puede eliminar una fobia que existe hace más de 20
años.
Solamente hemos encontrado casos extraños en los que la fobia
regresa. Esto es porque el cerebro tiene una ganancia mejor con la
fobia que cuando no la tiene. Muchas veces, una fobia sirve para
controlar otras situaciones. Salvo estos casos que representan un
5%, la mayoría de las fobias se eliminan en 10 minutos.

Cómo anclarte al éxito


Busca un momento en el que has sentido profundamente el éxito,
piensa en esa situación de excelencia. Busca imágenes, sonidos y
aromas que te lleven directamente a ese evento.
Automáticamente, tu memoria muscular activa las emociones de
la excelencia.
En ese momento, puedes tocar cualquier parte de tu cuerpo: la
muñeca, un nudillo, el lóbulo de tu oreja, etcétera; para anclarlo.
También puedes pensar en tu canción favorita y anclarlo a un
sonido.
• A partir de este momento, vas a reforzar este anclaje.
Cada vez que te pasa algo bonito o agradable, toca ese mismo
lugar, o recuerda esa misma canción.
Y cuando llegues a un lugar y algo que no puedes determinar
dispara anclajes negativos en tu vida, solo tienes que tocar esa
muñeca, nudillo, o lo que hayas elegido, para colapsar esa ancla
negativa.
Así, tendrás un recurso para estar anclado al éxito. Tú puedes
decidir si caer en un estado de depresión, o caer en un estado de
excelencia.
Los estados emocionales son accidentes. Por ejemplo,
supongamos que cuando eras pequeño, te sentaban en la acera
para ver pasar la gente. Y sin darse cuenta, un hombre un poco
calvo te pisó el pie, causándote un gran dolor. Esto no fue adrede,
pero tú inmediatamente crearás un ancla: "Los hombres calvos
son malos y pisan a la gente".
Con el paso del tiempo, olvidarás por qué se hizo este ancla en tu
mente, pero siempre tendras ese temor hacia la gente con poco
cabello. Y quizá alguien calvo quiere ayudarte, te ofrece trabajo
con buena intención, pero tú automáticamente rechazas la
comunicación con esta persona. Esto está instalado en tu mente
inconsciente.
Y de esta misma manera, estamos anclados a miles de cosas.
Te desafío entonces a anclarte al éxito hoy mismo. Te desafío a que
hagas un ancia y a partir de este momento, cada vez que aparezca
un estado que te quite tus recursos, puedas colapsarlo. Rehúsate a
vivir a merced de las ancias, a vivir con miedos, con fobias,
rehúsate a la depresión y a las enfermedades. Hay miles de ellas
instaladas en tu mente, tú no sabes cuáles.
Pero ahora tendrás un recurso para eliminarlas.
Solo se requiere el valor de hacerlo. Tú decides: si en este
momento decides tener el valor de anclarte al éxito, te desafío a
que lo hagas.
Hemos dicho que estamos diseñados a imagen y semejanza de
Dios.
Tenemos todos los recursos para ser pequeños dioses. Activa la
emoción de esos recursos que tienes de forma divina.
Asume el compromiso, siente la excelencia, siéntete como
triunfador: este es el momento en el que vas a hacer el cambio de
tu vida

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