INFORME
Comisión Nacional sobre
Prisión Política y Tortura
ÍNDICE
CAPITULO I: Presentación 7
CAPITULO II: Funcionamiento de la Comisión 13
La Comisión 15
Marco jurídico, conceptos y definiciones 17
Estructura de la Comisión 26
Procesos de trabajo 37
Desarrollo de las tareas 48
Resultados 79
Anexos 89
CAPITULO III: Contexto 167
Introducción 169
Concentración de poderes 169
Declaración de estado de guerra 172
Consejos de guerra 176
El poder judicial 183
El aparato represivo 191
Los medios de comunicación 203
Órganos de denuncia internos y externos 214
La reiterada condena internacional 217
CAPITULO IV: Prisión política y tortura, período a período 225
Introducción 227
Primer período 231
Segundo período 240
Tercer período 246
CAPITULO V: Métodos de tortura: definiciones y testimonios 253
Introducción 255
Los métodos 255
Violencia sexual contra las mujeres 290
5
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
CAPITULO VI: Recintos de detención 299
Introducción 301
I Región de Tarapacá 306
II Región de Antofagasta 319
III Región de Atacama 335
IV Región de Coquimbo 345
V Región de Valparaiso 356
VI Región del Libertador Bernardo O´Higgins 387
VII Región del Maule 400
VIII Región del Bío Bío 418
IX Región de La Araucanía 449
X Región de Los Lagos 468
XI Región de Aysen del General Carlos Ibáñez del Campo 491
XII Región de Magallanes y Antártica Chilena 498
Región Metropolitana 511
Anexo: Fotos de recintos de detención 547
CAPITULO VII: Perfil de las víctimas 557
Introducción 559
Perfil general de las víctimas 561
Perfil de las víctimas según período 569
La violencia contra las mujeres 575
La violencia contra los menores de edad 581
CAPITULO VIII: Consecuencias de la prisión política y la tortura 583
El impacto de la detención 585
Las consecuencias en las víctimas 590
Trauma y duelo 611
CAPITULO IX: Propuestas de reparación 613
Introducción 615
Fundamentos de la reparación 616
Bases para definir las propuestas de reparación 619
Medidas recomendadas 622
CAPITULO X: Palabras finales 635
6
CAPÍTULO I
Presentación
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura
7
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
8
PRESENTACIÓN
PRESENTACIÓN
C onsciente o inconscientemente, una conspiración de silencio sobre la tortura
se fue extendiendo lentamente por el país. Con el pasar de los años muchos
creyeron que, si bien los malos tratos habían sido comunes contra los prisioneros
del régimen militar, la tortura propiamente tal no había sido tan masiva. Sin
embargo, quienes habían sido torturados -las más de las veces, también en el
silencio- guardaban la memoria, las marcas y las consecuencias de "tratos crueles,
inhumanos y degradantes", según la Declaración Universal de Derechos Humanos,
que literalmente les habían cambiado o mutilado la vida.
Otros consideraban que era justo y necesario buscar verdad y justicia en los casos
de detenidos desaparecidos o de ejecutados políticos víctimas de juicios sumarios
e incompletos... o en los llamados "casos emblemáticos" de violaciones de derechos
humanos, pero que no era posible hacer justicia en el caso de las víctimas de
prisión política y tortura. ¿Cómo se podría probar fehacientemente una tortura
treinta años después? O bien, ¿Qué sentido tendría introducirse en estos temas
cuando el pasado de estos hechos parecía tan lejano?
Confesamos que algunas de estas dudas aparecieron hasta en las primeras sesiones
de La Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, establecida por el
Presidente de la República, don Ricardo Lagos Escobar, después de su significativa
propuesta en materia de Derechos Humanos "No hay mañana sin ayer", del 12 de
agosto del año 2003. ¿Qué sentido tiene hacer un informe treinta años después?
Hoy, después de meses de escuchar relatos íntimos, susurrados, relatados con
dolor y hasta llanto, y de ver las marcas físicas y psicológicas, así como las lesiones
familiares y sociales -algunas sin reparación posible que restituya lo perdido- de
tanto chileno y chilena preso y torturado, no nos asiste la menor duda de que esta
parte de la verdad también nos era debida para completar, de la mejor manera
posible, la reparación y la justicia que el país le debe a estos hermanos, para avanzar
por la senda siempre difícil y necesaria del reencuentro y la reconciliación entre
los chilenos.
Más de treinta mil personas han desfilado frente a nosotros, las hemos visto y las
hemos escuchado. Más de treinta mil personas se han atrevido a acercarse a nuestras
oficinas o a responder a nuestros llamados en regiones. Y más de treinta mil veces
hemos escuchado el estupor, el temor, la impotencia que aún genera la dignidad
violada por agentes del Estado, de quienes se espera -o debería esperarse- respeto
9
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
a las personas, protección a los débiles y un escrupuloso cumplimiento de la ley.
Así nos hemos dado cuenta, en primera persona, de que la corrupción del poder
es la peor de las corrupciones, pues termina minando las bases de la credibilidad
esencial que todo ciudadano aguarda de las instituciones del Estado.
Pero ¿por qué el silencio de las víctimas? Se entiende el de los victimarios, que a
su vez han sido víctimas de sus acciones. Pero ¿por qué el silencio de las víctimas?
Después de mucho meditar, nos damos cuenta que es un silencio basado no sólo
en el temor, ¡y cuánto temor! También hay un aspecto de elemental dignidad.
Una cosa es presentarse a la familia después de haber sido detenido. No cuesta el
alegato de inocencia y hasta cierto orgullo por haber sufrido una injusticia o el
sufrimiento por una causa que se estimaba noble. Es humano también querer
mostrarse altivo y no humillado. Pero descorrer el velo de la tortura, de la
humillación, de la violación física y psicológica, es algo muy difícil de hacer. Incluso
ante los propios cónyuges. Y ese mismo silencio comprensible fue ahondando el
daño de los sufrimientos no compartidos, de las confidencias ahogadas, de aquello
que preferimos poner en la estantería de las pesadillas y arrancar de los archivos
de la historia.
Después de mucho escuchar, aún nos cuesta imaginar: la infamia de una agresión
sexual, el desprendimiento indecoroso del pudor debido a toda integridad, la
agresión física repetida para arrancar pretendidas confesiones, la corriente eléctrica,
los golpes simultáneos a los oídos conocidos como "el teléfono", y ese ingenio
malévolo que poseemos los humanos cuando nos ensañanos con una víctima o
simplemente hacemos ostentación de nuestro poder.
En fin, no escapa a nuestro estupor constatar cuántas personas torturadas tenían
a la sazón entre 17 y 24 años de edad, personas que vieron sus vidas literalmente
tronchadas. Cuántas familias destruidas por recibir a sus progenitores tan
cambiados, con los nervios destruidos y con temores casi incomprensibles. Y
cuántas vidas malogradas, porque después de la prisión y la tortura no encontra-
ron trabajo ni lugar en la sociedad, y por esa simple razón, tampoco pudieron dar
a sus hijos la educación, la salud y el bienestar al cual éstos tenían aspiración y
derecho.
Pero, también es cierto, todo esto lo hacemos treinta años después, las víctimas
no son las mismas y miran de otra manera lo que son y lo que habrían podido ser.
Treinta años después, las instituciones y las personas involucradas de alguna
manera en estos hechos tampoco son las mismas. Treinta años después tenemos
un país muy diferente, que nos obliga a reconocer algo que siempre debió ser
reconocido como inaceptable. Y, por lo mismo, treinta años después en que hemos
vivido un proceso de enfrentar muchos dolores, en que ha despuntado la justicia
10
PRESENTACIÓN
en muchos casos y en que miramos con otros ojos el futuro, también se puede
esperar una generosidad mayor para acoger e integrar en lo mejor de nuestra vida
social a aquellos que han sido víctimas de la descalificación, la injusticia y el silencio.
No deseamos prolongar esta presentación. Las páginas del informe darán cuenta
cabal de lo que procuramos resumir. Y en nombre de todos los miembros de esta
Comisión, de todos los que han trabajado en esta Comisión, de todos los que han
prestado generosamente su concurso para cumplir con este cometido -a quienes
agradecemos de corazón- deseamos que este esfuerzo compartido sea un aporte
más al "nunca más" por todos deseado, y al anhelado apretón de manos con que
Chile quisiera saldar en hermandad tanta deuda pendiente entre hermanos de un
mismo pueblo.
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura
11
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
CAPÍTULO II
Funcionamiento de
la Comisión
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura
13
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
14
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
LA COMISIÓN
Origen
En agosto de 2003, el Presidente de la República, don Ricardo Lagos Escobar, dio
a conocer la propuesta gubernamental en materia de derechos humanos denomi-
nada “No hay mañana sin ayer”. Ésta contenía una serie de medidas para “seguir
avanzando en el delicado proceso de sanar las heridas producidas por las graves
violaciones a los derechos humanos ocurridas entre el 11 de septiembre de 1973 y
el 10 de marzo de 1990”. Entre tales medidas se encontraba la creación de una “...
comisión que establezca de manera rigurosa una lista de personas que hayan su-
frido privación de libertad y tortura por razones políticas”.
Esta medida se concretó el 11 de noviembre de 2003, fecha en la cual se publicó
en el Diario Oficial el Decreto Supremo (Interior) N° 1.040, que creaba la “Co-
misión Nacional sobre Prisión Política y Tortura” para el esclarecimiento de la
verdad acerca de las graves situaciones referidas en el párrafo precedente. Dicho
decreto establecía que, en un plazo de seis meses a contar de esa fecha1, la Comi-
sión debía determinar quiénes fueron las personas que sufrieron privación de
libertad y tortura por razones políticas en el período comprendido entre el 11 de
septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990, y proponer medidas de reparación.
Los fundamentos del referido decreto supremo señalaban que “cualquier intento
de solución del problema de los derechos humanos en Chile obliga a dar una
mirada global a las violaciones de los derechos esenciales de la persona humana y
a reconocer a las víctimas de dichas violaciones”; que “muchas de esas personas
no han sido hasta la fecha reconocidas en su carácter de víctimas de la represión,
ni han recibido reparación alguna por parte del Estado”, y que “sólo en la medida
que se esclarezca completamente la verdad, se reconozca a sus víctimas y se repa-
re el injusto mal causado, el país podrá avanzar en forma efectiva por el camino de
la reconciliación y el reencuentro”2.
1
Ampliables a tres meses para la elaboración del Informe correspondiente. Luego, mediante el
D.S. (Interior) 889, de 2004, dicho plazo fue ampliado hasta el 30.11.04
2
Ver Anexo Decreto Supremo Nº 1.040, que crea la Comisión Nacional sobre Prisión Política y
Tortura.
15
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Mandato
El mandato de la Comisión está expresado en el DS 1.040. En él se señala que su
“objeto exclusivo (es) determinar, de acuerdo a los antecedentes que se presen-
ten, quiénes son las personas que sufrieron privación de libertad y torturas por
razones políticas, por actos de agentes del Estado o de personas a su servicio, en
el período comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de
1990” (art. 1°, inc. 1°, DS 1.040). También se establece que deberá “proponer al
Presidente de la República las condiciones, características, formas y modos de las
medidas de reparación, austeras y simbólicas, que podrán otorgarse a las personas
que, reconocidas como prisioneros políticos o torturados, no hubieren recibido
hasta la fecha otro beneficio de carácter reparatorio derivado de tal calidad. Asi-
mismo las propuestas de medidas reparatorias de orden pecuniario deberán con-
siderar el hecho de que la persona reconocida haya sido objeto de otra medida
reparatoria de carácter permanente” (art. 2°, DS 1.040).
El art. 1°, inc. 1°, del DS 1.040 indica que se debe atender a tres circunstancias
para que una persona sea calificada por la Comisión:
a) La privación de libertad o la tortura, o ambas si fuera el caso, deben haberse
perpetrado por razones políticas;
b) El hecho debe haber sido cometido por agentes del Estado o por personas a su
servicio, entendiéndose por tales a aquellos particulares que, sin tener calidad
de agentes del Estado, actuaban con conocimiento, tolerancia, aquiescencia o
en connivencia con éstos, sin que se precise una relación formal o de tipo
contractual, y
c) El hecho debe haberse producido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de
marzo de 1990.
El decreto fundacional de la Comisión establece, a la vez, que no podrán ser ob-
jeto de calificación y por lo tanto no pueden ser incluidas: “las personas privadas
de libertad en manifestaciones públicas, que fueron puestas a disposición de los
tribunales de policía local o de algún tribunal del crimen por delitos comunes y
luego condenadas por estos delitos” (art. 1°, inc. 2°, DS 1.040). Tampoco se in-
cluyen las personas que fueron objeto de “retenciones” temporales efectuadas
durante allanamientos masivos, “operaciones peineta”, u otra forma similar de
control colectivo o indiscriminado de la población3.
De acuerdo con lo establecido en el DS 355 de Interior y de Justicia del año 1990,
que creó la Comisión de Verdad y Reconciliación, y con el actual DS 1.040, que
3
Si de una acción de este tipo se hubiera derivado el arresto y la prisión de una o más personas por
razones políticas, acompañadas de tortura o no, tales casos se consideraron incluidos en el
mandato.
16
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
crea la Comisión, se consideró que los actos de privación de libertad o tortura
por razones políticas que hubieran tenido como resultado o consecuencia directa
el fallecimiento de la víctima, no se encuentran comprendidos dentro del manda-
to de esta última, puesto que ya se les consideró expresamente en el art. 1°, inc. 2°
de la primera norma citada.
Como limitación de sus atribuciones, el Decreto Supremo 1.040 estipula que la
Comisión no podrá asumir funciones de carácter jurisdiccional, por tanto, no
podrá “pronunciarse sobre la responsabilidad que con arreglo a la ley pudiere
caber a personas individuales por los hechos de que haya tomado conocimiento”.
(art. 3°, DS 1.040.)
Por último, esta Comisión precisó en su Reglamento que, en el caso de aquellas
personas que hubieren sufrido privación de libertad o tortura y se encontraren
actualmente fallecidas, podrán prestar testimonio por ellas los familiares direc-
tos, con la acreditación respectiva.
MARCO JURÍDICO, CONCEPTOS Y
DEFINICIONES
Marco jurídico
Las normas que constituyen el marco jurídico básico de la Comisión Nacional
sobre Prisión Política y Tortura están en la Constitución Política de la República,
especialmente en los capítulos I y III; en el Decreto Supremo N° 1.040, que crea
la Comisión, estableciendo sus objetivos, integrantes, funciones, plazos y apo-
yos materiales, y complementariamente en el Código Penal, cuerpo normativo
en el cual se encuentran tipificados como delitos algunos hechos que transgreden
el derecho a la libertad y seguridad personales y el derecho a la integridad, según
se verá más adelante.
La normativa internacional, a la que se aludirá más adelante, en materia de dere-
chos humanos complementa y fortalece dicho marco jurídico, sobre todo tenien-
do presente que el art. 5°, inc. 2° de la Constitución Política establece que “...el
ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto a los derechos esen-
ciales que emanan de la naturaleza humana”, los cuales se hallan “garantizados
por esta Constitución, así como por los tratados internacionales ratificados por
Chile y que se encuentren vigentes”.
17
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Los derechos garantizados y modalidades de su
violación
De acuerdo con su mandato, la labor de la Comisión estuvo orientada a recabar
antecedentes acerca de violaciones al derecho a la libertad personal y al derecho a
la integridad y seguridad personales que se hubieren cometido por motivación
política.
Los conceptos y definiciones básicas con los cuales operó la Comisión tuvieron
como fuente tanto el contenido sustantivo de los principios generales del dere-
cho internacional, como asimismo el respaldo jurídico que tienen estos derechos
en la actualidad en el ámbito nacional, y que a continuación se señalan4.
Derecho a la integridad personal
El derecho a la integridad personal abarca la integridad física, psíquica y moral del ser
humano, con el objeto de que las personas puedan desarrollarse en condiciones de
seguridad ante cualquier intento de agresión, ya sea que ésta provenga de un repre-
sentante del poder público que utiliza la violencia para la consecución de sus objeti-
vos, o de particulares que actúen al amparo o con la tolerancia de los primeros.
Diversos instrumentos internacionales ratificados por Chile y la propia Constitu-
ción Política de la República abordan el derecho a la integridad y seguridad de las
personas y establecen un marco regulatorio de carácter general que lo determinan las
convenciones respectivas en el caso de la tortura. Entre ellos cabe mencionar la De-
claración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Ci-
viles y Políticos, la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, la
4
Dado que no todas las disposiciones que se citan estuvieron vigentes durante todo el período
comprendido en el mandato de la Comisión, éstas se citan a título ilustrativo de la concepción
universal de sus contenidos. Al respecto hay que recordar que hasta el 11 de septiembre de 1973
estuvo plenamente vigente la Constitución Política de 1925, pero luego la Junta Militar dictó
varios decretos leyes que, en los hechos, modificaron materias propias de dicha norma fundamen-
tal, señalándose posteriormente que ello había correspondido al ejercicio de las facultades consti-
tuyentes asumidas por la Junta de Gobierno; en 1976 se dictaron las Actas Constitucionales y
finalmente, en 1981, comenzó a regir la actual Constitución, todo ello siempre bajo las limitacio-
nes impuestas por los diversos estados de excepción constitucional promulgados por el régimen
militar, los cuales -como su nombre lo indica- restringían o suspendían la vigencia de determina-
das garantías constitucionales.
Esto vale también para la legislación internacional de protección de los derechos humanos, pues
sólo algunos de los instrumentos que se citan se encontraban ratificados por el Estado de Chile en
1973 y otros recién lo fueron a fines del período del mandato de la Comisión. Aun cuando la
Constitución de 1925 no incluía una disposición similar a la del art. 5° actual de la Constitución de
1980, la fuerza obligatoria en el ámbito doméstico de aquellos convenios o declaraciones que se
encontraban ratificados era plena. Además, se debe considerar que muchos de estos derechos
constituyen normas imperativas de aplicación general (ius cogens), por lo que, aun bajo condicio-
nes extraordinarias, no puede alegarse la falta de vigencia interna de la obligación de respetarlos.
18
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Constitución Política, el Có-
digo Penal, el Código de Justicia Militar; la Convención de Naciones Unidas contra
la Tortura y la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura.
La tortura es una forma de violación del derecho a la integridad personal. Se entiende
por tortura “todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores
o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un
tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o
se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o
por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolo-
res o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el
ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquies-
cencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia
únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas” 5.
Otra definición señala que se considera tortura “todo acto realizado intencionalmente
por el cual se inflijan a una persona penas o sufrimientos físicos o mentales, con fines
de investigación criminal, como medio intimidatorio, como castigo personal, como
medida preventiva, como pena o con cualquier otro fin. Se entenderá también como
tortura la aplicación sobre una persona de métodos tendientes a anular la personali-
dad de la víctima o a disminuir su capacidad física o mental, aunque no causen dolor
físico o angustia psíquica” 6.
La Asamblea General de las Naciones Unidas, por su parte, señaló en 1975 que la
tortura “constituye una forma agravada y deliberada de pena o trato cruel, inhumano
o degradante”.
La Comisión adoptó una definición operativa en la que incorpora elementos de am-
bas convenciones:
“Constituye tortura todo acto por el cual se haya infligido intencionadamente a una
persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obte-
ner de ella o de un tercero información o una confesión, castigarla por un acto que
haya cometido o se sospeche que ha cometido, intimidar o coaccionar a esa persona u
otras, anular su personalidad o disminuir su capacidad física o mental, o por razones
basadas en cualquier tipo de discriminación. Siempre y cuando dichos dolores o su-
frimientos se hayan cometido por un agente del Estado u otra persona a su servicio, o
que actúe bajo su instigación, o con su consentimiento o aquiescencia”.
5
Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes
(ONU), art. 1.1, promulgada por Chile mediante el Decreto N. 808, publicado el 26 de No-
viembre de 1988.
6
Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura (OEA), art. 2, promulgada
por Chile mediante el Decreto N. 809, publicado el 26 de Noviembre de 1988..
19
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Entre los actos a que se refiere la definición se comprenden métodos o técnicas
de tortura que se conocen por su denominación específica, como el pau de arara
(forma de colgamiento), el teléfono (golpes violentos con las manos simultánea-
mente en ambos oídos), la parrilla (forma de aplicación de electricidad), el sub-
marino (inmersión prolongada en agua fría u otros elementos líquidos), ingesta
obligada de excrecencias, y toda la gama de vejaciones sexuales.
Existen otras formas de tortura que persiguen los mismos fines, como la picana,
las golpizas, los fusilamientos simulados y aun los reales de terceros en presencia
del resto de las víctimas, la observación obligada de torturas que se inflijan a otras
personas, el confinamiento solitario por tiempos prolongados, los interrogatorios
prolongados por horas con amenazas de represalias en familiares, la deliberada
denegación de alimentos, etc.
Los fines que persiga el agente pueden tener distinto carácter, no tienen que ser
taxativos. Entre ellos se puede mencionar: obtener información o una confesión,
castigar, intimidar o coaccionar a la víctima, anular su personalidad, disminuir su
capacidad física o mental, aplicar una medida preventiva, y cualquier otro motivo
basado en razones de discriminación.
Se requiere, asimismo, que el victimario sea un agente del Estado o cualquier persona
en ejercicio de funciones públicas; cualquier persona que actúe por instigación de un
agente del Estado o de otra persona en ejercicio de funciones públicas, y cualquier
persona o grupo de personas que actúen con el consentimiento o aquiescencia de uno
o más funcionarios públicos o personas en ejercicio de funciones públicas.
Cabe hacer notar que existe responsabilidad respecto de la tortura aun en casos
de conducta pasiva, de omisión de un deber jurídico de actuar, como lo indica la
Convención Interamericana en su art. 3º: “Serán responsables del delito de tortu-
ra: a) los empleados o funcionarios públicos que ..., pudiendo impedirlo, no lo
hagan; ...”. Esta última alternativa atañe particularmente a los jueces, funciona-
rios públicos a los que puede presentarse la disyuntiva de aceptar o rechazar una
confesión extrajudicial presuntamente obtenida bajo tortura y que disponen, ade-
más, de facultades legales para comprobar el estado de salud de los detenidos.
Derecho a la libertad y seguridad personal
En este caso se trata del derecho a la libertad de movimiento en su expresión mera-
mente física, es decir, el derecho de toda persona a realizar sus actividades según su
propia voluntad y deseo, cuyo efectivo ejercicio requiere la seguridad de que tal posi-
bilidad no será coartada, suspendida o privada de manera arbitraria o injusta.
20
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Desde el punto de vista de su consagración en instrumentos internacionales, el
derecho a la seguridad se encuentra vinculado a la libertad de las personas y tam-
bién a otros derechos, cuyo adecuado disfrute requiere un correspondiente nivel
de certeza jurídica y de hecho.
Sus fundamentos legales se encuentran en la Declaración Universal de Derechos
Humanos, la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles, la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, la Constitución Política y las Reglas Mínimas para el Tratamiento de
los Reclusos de las Naciones Unidas.
A diferencia de la tortura, que es una conducta prohibida en toda circunstancia,
no admite ninguna excepción y no le es aplicable ni siquiera la noción de legítima
defensa, existen situaciones en las cuales está autorizada la imposición de medi-
das de restricción o privación de la libertad ambulatoria. Sin embargo, ello sólo es
posible legítimamente bajo ciertas condiciones y habiéndose seguido procedi-
mientos que aseguren el respeto de ciertos derechos básicos. Estas condiciones
se refieren a la existencia de sanciones previamente establecidas por ley asociadas
a conductas expresamente descritas con anterioridad a los hechos; a la existencia
de órganos jurisdiccionales establecidos también con anterioridad y que actúen
en forma imparcial en el juzgamiento de los mismos; a la existencia de procedi-
mientos y condiciones que aseguren el derecho a la defensa de los imputados, a
desvirtuar las pruebas que se presenten en su contra y a presentar pruebas y alega-
ciones a su favor, y a la existencia de condiciones de reclusión que respeten la
dignidad y particularidades de la persona, de forma que la restricción a sus dere-
chos se limite a los estrictamente afectados por la decisión judicial.
De acuerdo con lo anterior, las formas de violación de este derecho se pueden
clasificar en detención y en relegación arbitrarias o ilegales. Para definir una de-
tención y una relegación como arbitrarias o ilegales, no debe atenderse sólo al
momento de inicio de ellas o exclusivamente a la forma como son impuestas,
pues una detención que en su origen se ajusta a derecho puede tornarse arbitraria
si en los procedimientos posteriores no se resguardan las garantías del debido
proceso, se somete al detenido a tortura o a condiciones de reclusión que atenten
contra su dignidad o excedan lo dispuesto por la ley o la sentencia.
a) Detención arbitraria o ilegal:
La definición con que trabajó la Comisión señala que una detención es arbitraria
o ilegal cuando presenta las siguientes características:
• Se realiza sin fundamento en norma jurídica establecida con anterioridad a
21
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
los hechos por los que ésta es impuesta;
• Pese a tener fundamento legal, éste no es acorde con los principios del de-
recho internacional de los derechos humanos, ya sea porque sanciona he-
chos que constituyen conductas legítimas, porque impone sanciones
atentatorias contra la dignidad de las personas o porque la ley establece
procedimientos que no cumplen con exigencias del debido proceso;
• Que la detención se prolongue indebidamente, en circunstancias de que
debió terminar por cumplimiento de la pena impuesta o por haber transcu-
rrido un tiempo razonable de permanencia en prisión preventiva, la que no
debiera extenderse salvo que existan serios antecedentes de peligro de que
el procesado vaya a sustraerse de la acción de la justicia, continuar su acción
criminal o entorpecer la investigación;
• Cuando al efectuarse la detención, los captores infrinjan las garantías y de-
rechos que la ley reconoce a las personas o no se cumpla con las formalida-
des prescritas en la ley;
• No se respeten las garantías o derechos del detenido durante la privación de
libertad.
El concepto de arbitrariedad, como se ha anticipado, no se relaciona exclusiva-
mente con la legalidad de la medida, sino también con su falta de fundamento
sobre bases de legitimidad y justicia, de acuerdo con los estándares de derecho
internacional a que el país se encuentra obligado.
Si se atendiera sólo a la legalidad, cualquier acto de opresión de un gobierno de-
terminado sería inatacable mientras, desde el punto de vista formal, estuviese de
conformidad con la legislación nacional. Por ello, cuando una ley es contraria al
derecho internacional o a los principios generales del Derecho, o una Constitu-
ción se opone al derecho internacional, tales instrumentos pueden parecer legales
internamente, pero no son legítimos o justos y por ello deben ser considerados
arbitrarios.
Por otro lado, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha de-
clarado que el concepto de “arbitrariedad”, según se utiliza en el Pacto Interna-
cional de Derechos Civiles y Políticos, es de amplia aplicación y “no se debe
equiparar (...) con el de contrario a la ley, sino que debe interpretarse de manera
más amplia a fin de incluir elementos de incorrección, injusticia e imprevisibilidad”.
El concepto incluye la situación de los reclusos que siguen detenidos después de
haberse ordenado su libertad por una autoridad judicial o administrativa, y a las
personas que están detenidas sin haber sido objeto de una acusación penal. En
consecuencia, serían detenciones no arbitrarias únicamente aquellas hechas por
causas previstas en la Constitución Política o en una ley dictada conforme a la
norma fundamental y aquellas que se efectúen respetando los procedimientos
22
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
legales, siempre que en ambos casos tales normas no contengan elementos de
injusticia o imprevisibilidad.
Este texto del Comité de la ONU puede reforzarse con lo sostenido en su mo-
mento (1945) por el connotado jurista alemán, filósofo del Derecho, Gustav
Radbruch, quien escribió: “si las leyes deniegan la voluntad de justicia de modo
consciente, entonces el pueblo no les debe obediencia alguna, entonces deben
también los juristas encontrar valor suficiente para negarles carácter jurídico” 7.
b) Relegación
La Comisión adoptó, para sus fines, la siguiente definición: “La relegación es el
traslado obligatorio de una persona a un lugar distinto del de su residencia habi-
tual, por un plazo definido, por disposiciones administrativas o judiciales” 8.
La Comisión estimó que este tipo de restricción de la capacidad de traslado y
movimientos era una forma de privación de libertad, por la severa limitación que
ella implica a aquel derecho y las graves condiciones a que las personas fueron
sometidas durante la relegación, muchas de ellas decretadas para ser cumplidas en
lugares aislados, inhóspitos, donde los afectados debían procurarse por sí mis-
mos los medios de subsistencia, mientras permanecían bajo controles periódicos
de las fuerzas militares o de orden, lo que restringía, asimismo, el ejercicio de una
actividad remunerada para proveerse de sustento.
La relegación implicaba, asimismo, el quebrantamiento de todos los vínculos fa-
miliares, laborales y sociales del afectado.
Se reconocieron dos tipos de relegaciones:
• La relegación administrativa, que se efectúa por disposición de un simple
decreto, sin intervención de un tribunal independiente e imparcial y sin
que existan cargos en contra de esa persona. En este caso, la relegación se
fundamenta en un estado de excepción abiertamente violatorio del Pacto
de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas. Se aplicó en for-
ma masiva sanción administrativa discrecional a personas calificadas como
opositoras al régimen militar, tanto en sus inicios como después, en vir-
tud de las atribuciones establecidas en el artículo 24 transitorio de la Cons-
titución de 1980, normalmente por un lapso de tres meses, después de
7
Radbruch Gustav, El Hombre en el Derecho, Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1980.
8
Ver Glosario de definiciones operacionales de las violaciones a los derechos humanos; Red de
Informática de Instituciones de Derechos Humanos, editado por la Fundación de Ayuda Social
de las Iglesias Cristianas, FASIC, 1991, pág. 30.
23
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
detenciones arbitrarias o ilegales de corta duración por motivos políticos.
• La relegación judicial, que se efectúa en cumplimiento de una sentencia
judicial dictada por un tribunal que carece de independencia o imparciali-
dad, o bien si el tribunal está aplicando una ley que es violatoria de la De-
claración de Derechos Humanos o del derecho humanitario internacional.
Fue empleada con frecuencia como pena por los consejos de guerra inme-
diatamente después del golpe militar.
La motivación política
La Comisión consideró que existía motivación política en la privación de libertad
o en la tortura cuando tal motivación estaba presente en los agentes del Estado
que las ordenaron o realizaron. Por ejemplo, cuando el hecho era motivado por
presuntos objetivos de interés público o social, como supuestas razones de Esta-
do, o por razones cuyo fundamento era contrario a las normas y principios del
derecho internacional de los derechos humanos, razones tales como: motivos
políticos o ideológicos, motivos de seguridad nacional y lucha contra la subver-
sión; o cuando se originaba en la omisión del Estado y sus agentes de cumplir
deberes fundamentales en orden a la observancia de sus compromisos de respeto
y protección de los derechos prioritarios de las personas.
La motivación política no siempre es evidente y, de hecho, la actividad represiva
siempre buscó respaldo en la supuesta defensa de la seguridad del Estado, del
orden público, de la lucha contra el terrorismo, etc. Para discernir la presencia de
tal motivación se pueden considerar los siguientes factores:
a) La existencia de la motivación política como fundamento único del acto represivo,
se reconoce porque deja de haber delito cuando se omite la motivación política de
la conducta del imputado. Esto se refiere a los casos en que la conducta sancionada
es enteramente de naturaleza política, como las acciones penadas como conse-
cuencia de la prescripción del quehacer político o la pertenencia a partidos declara-
dos asociaciones ilícitas por la mera doctrina a que adhieren, como ocurre con el
Decreto Ley N° 77, que declaró ilícitos a los partidos políticos pertenecientes a la
Unidad Popular. Dentro de este concepto se consideran todas las normas jurídi-
cas dictadas en contravención de las normas y principios del derecho internacional
de derechos humanos que, como normas jurídicas penalizaron conductas propias
del ejercicio de un derecho reconocido por el derecho internacional, o establecie-
ron medidas punitivas en contra de personas a causa de su identidad.
b) La existencia de medidas privativas de libertad sin juicio y sin fundamento,
como las detenciones administrativas o la aplicación de medidas restrictivas o
24
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
privativas de libertad una vez cumplidas las condenas, en virtud de las atribu-
ciones de los estados de excepción constitucional. Ello es particularmente cla-
ro dada la extensión temporal de la vigencia de dichos estados de excepción y
la falta de justificación y de control democrático de su vigencia y renovación.
c) La aplicación de normas jurídicas de mayor rigor en el juzgamiento de hechos,
impuestas en forma arbitraria o con claros fines de represión política, como la
ampliación de las penas o las restricciones en el derecho a defensa impuestas
por el tiempo de guerra sin existir las hipótesis de hecho que justifica tal decla-
ración y sin el consiguiente reconocimiento de las garantías establecidas en los
Convenios de Ginebra para los acusados de delitos supuestamente considera-
dos en dicha categoría, o la imposición del fuero militar para juzgar delitos que
carecen de tal carácter, lo que se traduce en extensiones de los períodos de
detención sin requerirse la presentación de los detenidos ante los tribunales,
extensiones de los períodos de incomunicación y otras limitaciones al dere-
cho a defensa y a las garantías del debido proceso. El juzgamiento de hechos
bajo estas condiciones o en virtud de normas especiales, como la Ley de Segu-
ridad Interior del Estado, contiene claramente una motivación política.
d) También existe motivación política en la detención y juzgamiento de delitos
que constituyen hechos delictivos sancionados por cualquier legislación ordi-
naria de un país, que fueron cometidos con la intención de derrocar al régimen
o impulsar cambios políticos. Si bien en estos casos la privación de libertad no
es ilegítima per se, debe velarse por el cumplimiento de garantías del debido
proceso en el juzgamiento de los hechos y por que no se apliquen torturas a
los imputados.
25
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
ESTRUCTURA DE LA COMISIÓN
La Comisión fue organizada con un diseño de dos estructuras nítidas, de funcio-
nes complementarias:
1. La Comisión, estructura de carácter resolutivo, integrada por los
comisionados.
2. La Vicepresidencia Ejecutiva, estructura operativa, de carácter propositivo,
integrada por equipos profesionales, técnicos y administrativos.
La Comisión
Carácter e integrantes
La Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura fue definida como un órga-
no asesor del Presidente de la República, que contaría con el apoyo técnico y admi-
nistrativo del Ministerio del Interior para el desarrollo de la misión encomendada9.
La Comisión estuvo integrada por ocho personas nominadas por el Presidente de
la República:
• Monseñor Sergio Valech Aldunate, Presidente
• Doña María Luisa Sepúlveda Edwards, Vicepresidenta Ejecutiva
• Don Miguel Luis Amunátegui Monckeberg
• Don Luciano Fouillioux Fernández
• Don José Antonio Gómez Urrutia
• Doña Elizabeth Lira Kornfeld
• Don Lucas Sierra Iribarren y
• Don Álvaro Varela Walker
Las labores de los miembros de la Comisión las desempeñaron adhonorem10.
9
Correspondió al Ministerio del Interior proveer el personal, los medios y recursos requeridos
para tal efecto.
10
Con la excepción de aquellas propias de las funciones ejecutivas de la Vicepresidenta Ejecutiva. A
la vez, una modificación del Reglamento de la Comisión, de fecha 23 de abril de 2004, permitió
financiar a los comisionados los gastos en que incurrieron con motivo de su constitución en
regiones.
26
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Las funciones específicas de la Comisión se derivan del mandato recibido y se en-
cuentran establecidas en el Reglamento que la propia Comisión aprobó. Éstas son:
1. Aprobar y modificar su reglamento, así como clarificar las dudas que susci-
te su interpretación.
2. Determinar criterios para calificar la condición de preso político y torturado.
3. Fijar los métodos y criterios de validación de los antecedentes que se acre-
diten, como asimismo los de su evaluación para alcanzar convicción.
4. Establecer las bases y criterios generales relativos al sistema de funciona-
miento de la Vicepresidencia Ejecutiva y selección del personal profesional
que la sirva, según lo dispone el título sexto del presente Reglamento.
5. Solicitar informes, documentos o antecedentes a las autoridades y servicios
del Estado, a menos que genérica o específicamente hubiere delegado esta
atribución.
6. Aprobar y emitir los comunicados públicos de la Comisión y determinar
quién los suscribirá por el organismo.
7. Encomendar a uno o más de sus miembros el cumplimiento de alguna de-
terminada función o diligencia.
8. Conocer las demás materias que el presidente incorpore a la tabla o sean traí-
das a su conocimiento por cualquiera de sus miembros, o por el secretario, y
ordenar la práctica de las diligencias que la Comisión estime pertinente
9. Elaborar el Informe.
La Comisión, en tanto organismo asesor del Presidente de la República, sólo
reportó al Presidente de la República.
Para cumplir funciones propias de la Comisión, como levantar actas de sus sesio-
nes, practicar ciertas diligencias, actuaciones, estudios o informes específicos,
relatar los casos presentados para su calificación, la Comisión contó con los ser-
vicios de un secretario abogado.
Las tareas especificas de los cargos de presidente y vicepresidenta ejecutiva fue-
ron establecidas en el Reglamento de la Comisión.
Entre las atribuciones fijadas para el presidente se pueden mencionar:
• Presidir las sesiones que la Comisión celebre y proponer su tabla.
• Representar oficialmente a la Comisión ante cualquier autoridad chilena o
extranjera.
• Convocar a la Comisión a sesiones extraordinarias.
• Suscribir las comunicaciones que despache la Comisión a entidades públi-
cas o privadas en el cumplimiento de sus funciones.
27
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
En la medida en que el desarrollo del trabajo de la Comisión lo hizo necesario,
algunas de estas tareas fueron delegadas en la Vicepresidencia Ejecutiva, a fin de
agilizar los procedimientos y asegurar la oportunidad de las decisiones.
Para la Vicepresidenta Ejecutiva se establecieron, entre otras, las funciones
siguientes:
• Conducir los procesos de trabajo y gestionar el conjunto de la operación de
los equipos profesionales que integran la Vicepresidencia Ejecutiva.
• Organizar y coordinar el trabajo de la Comisión, distribuyendo tareas en-
tre sus miembros.
• Seleccionar y dirigir al personal.
• Mantener relaciones directas e inmediatas con el Ministerio del Interior y
demás servicios públicos, para procurar que se otorgue a la Comisión el
financiamiento y el apoyo técnico y administrativo que fueran necesarios.
• Administrar los fondos de la Comisión, sin perjuicio de entregar una cuen-
ta mensual a su presidente y a quienes los hubiesen proporcionado.
La Comisión y la Vicepresidencia Ejecutiva tuvieron su sede central en Santiago, en
calle Moneda 1025, 7° piso, en donde desarrollaron la mayoría de sus sesiones ordi-
narias y extraordinarias; también fue el lugar donde trabajó el equipo de profesio-
nales y técnicos que integraron la Vicepresidencia Ejecutiva.
La Vicepresidencia Ejecutiva
La Comisión, a través de su Vicepresidencia Ejecutiva, realizó tareas organizativas
antes de la publicación en el Diario Oficial del decreto que la constituyó, lo que
permitió iniciar sus actividades el mismo día de la publicación y comenzar a recibir
llamados, programar horas de entrevista y empezar a atender público al día siguien-
te sólo en la Región Metropolitana.
En regiones se atendió en 42 gobernaciones, con profesionales de los equipos locales
designados especialmente para atender las tareas de la Comisión en cada provincia.
En las 13 gobernaciones de mayor población se realizaron contrataciones de profe-
sionales destinados a asumir y reforzar el trabajo local. Durante todo el período de
recepción de antecedentes, profesionales del equipo central se desplazaron a regiones
para apoyar directamente la atención de público, efectuando en forma extraordinaria
160 visitas a 106 localidades apartadas o que no eran sede de gobernación.
Para aquellas víctimas que en la actualidad residen en el extranjero se estableció una
coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores, a fin de realizar la recep-
ción de antecedentes a través de los consulados de Chile en el exterior
28
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Las funciones de enlace con los consulados para la difusión de las tareas de la
Comisión y la recepción de los antecedentes en el exterior, fueron asumidas por
la Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior (DICOEX), del Mi-
nisterio de Relaciones Exteriores.
Organización
La estructura organizacional de la Vicepresidencia Ejecutiva estuvo constituida
de la siguiente manera:
• Cuatro Áreas: Atención de Público, de Información e Investigación Docu-
mental, de Calificación, y de Administración y Finanzas.
• Dos Unidades de Apoyo: Unidad de Procesamiento y Archivo y Unidad
de Apoyo Informático.
a) Área de Atención de Público
Su objetivo general fue organizar la atención de público en todo el país para la
recepción de antecedentes de personas que hubieren sufrido detenciones o tortu-
ra por motivos políticos.
Esta tarea abarcó todo el territorio de la República, durante un período de seis
meses, en la sede de la Comisión para la Región Metropolitana y en las
gobernaciones provinciales, en el caso del resto de las regiones.
En esta área se desempeñaron profesionales que integraron un equipo para la
atención en la Región Metropolitana y otro equipo que tuvo bajo su responsabi-
lidad la atención en las demás regiones.
• La atención en regiones se efectuó en las gobernaciones provinciales, para
lo cual los gobernadores designaron personal de dichas reparticiones y dis-
pusieron de oficinas, equipamiento y apoyo. Sin embargo, en las trece pro-
vincias de mayor población la Comisión contrató directamente a quince
profesionales que se integraron al trabajo en las sedes de las gobernaciones
y recibieron la colaboración de éstas.
La tarea de estos profesionales contó con la supervisión y el apoyo directo
de profesionales del equipo central.
• En la Región Metropolitana, la atención la realizó un equipo de profesiona-
les que, cuando lo exigían las circunstancias, era reforzado por profesiona-
les de otras áreas.
29
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Los profesionales que realizaron esta atención en todo el país fueron en su mayo-
ría abogados, psicólogos y asistentes sociales.
En la Región Metropolitana atendían en entrevistas previamente fijadas por el
sistema de llamado sin cobro y recibieron antecedentes entre el 13 de noviembre
de 2003 y el 31 de mayo de 2004.
En las demás regiones se estableció un sistema de atención por orden de llegada o
por inscripción previa, según las modalidades de trabajo local y las características
de la demanda en cada gobernación. El período de atención comprendió entre el
1 de diciembre de 2003 y el 11 de mayo de 2004, mismo plazo que tuvieron los
residentes en el exterior para entregar sus antecedentes en los consulados.
De acuerdo con el mandato, se atendió en todo el país, a todas las personas que lo
solicitaron, hasta el 11 de mayo de 2004, aun cuando la atención hubiere sido
agendada para una fecha posterior. Por esta razón, tanto en la Región Metropoli-
tana como en un número importante de gobernaciones, la atención se extendió
hasta el 31 de mayo de 2004.
El resultado esperado para esta área era atender a todas las personas que lo de-
mandaran durante el período definido en el mandato, con el registro de sus ante-
cedentes de manera rigurosa en una ficha física y en una ficha computacional.
b) Área de Información e Investigación Documental
Su objetivo general fue estructurar una red de información, disponible para vali-
dar antecedentes, corregir o complementar la información y documentación de
respaldo para cada uno de los casos recibidos por la Comisión.
El resultado esperado para esta área era la acreditación en fuentes confiables y
documentales de antecedentes para cada caso presentado a la Comisión.
Esta red de información se estructuró estableciendo coordinaciones con organis-
mos del Estado, de derechos humanos y con organizaciones internacionales que
pusieron a disposición o establecieron convenios con la Comisión para el uso de
sus bases de datos y archivos.
La Comisión celebró acuerdos de cooperación y entrega de información con la
Fundación de Archivos de la Vicaría de la Solidaridad, la Fundación de Ayuda
Social de Iglesias Cristianas (FASIC), el Comité de Defensa de los Derechos del
Pueblo (CODEPU) y la Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por
los Estados de Emergencia (PIDEE).
30
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Se realizó también un convenio con la Universidad Alberto Hurtado, mediante el
cual fue posible el trabajo de un grupo de alumnos que investigó los informes de la
Organización Internacional del Trabajo, OIT, rescatando de esa fuente los nombres
de personas detenidas, en su mayoría dirigentes sindicales, respecto de las cuales se
recurrió a esta organización en el momento en que sus derechos eran vulnerados.
Este grupo investigó, con el mismo objetivo, en los archivos de prensa de la épo-
ca que custodia la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la
Solidaridad, y entregó en ambos casos los registros en archivos computacionales
que fueron integrados a la base de datos de esta Comisión.
Mediante la realización de convenios fue posible también acceder a los archivos
del Obispado de San Felipe, del Obispado de Talca, del Obispado de Copiapó,
del Obispado de Temuco y del Departamento de la Pastoral Obrera de Concep-
ción, todos los cuales fueron instrumentos de gran importancia para obtener do-
cumentación de respaldo en numerosos casos y validar en fuentes confiables la
que había sido presentada.
Se utilizaron con este fin complementario los siguientes registros:
• las relaciones que aparecen en los numerosos libros publicados en el período;
• dos listados de detenidos elaborados aparentemente por el Ejército, que
contenía nombres de más de 12.000 detenidos en diversos recintos de dicha
rama y de la Armada, en noviembre y diciembre de 1973;
• listados de Gendarmería de detenidos en distintas unidades penales del país
por razones políticas y las respuestas que este servicio del Estado entregó a
numerosas consultas hechas por esta Comisión;
• listas entregadas por el Archivo Nacional de los libros de ingreso a la Cárcel
Pública de prisioneros de guerra;
• relación de los ingresos de recursos de amparo a la Corte de Apelaciones de
Santiago durante los años 1973 a 1976;
• información entregada por el Servicio de Registro Civil e Identificación en
respuesta a consultas hechas por la Comisión;
• información sistematizada del Informe Nacional de Verdad y Reconcilia-
ción y de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación;
• información de entidades estatales, como el Ministerio del Interior, Ministe-
rio de Justicia, Ministerio de Defensa y de las Fuerzas Armadas y de Orden,
según lo autorizaba el artículo 5°, inciso tercero, del Decreto Supremo 1.040.
• información solicitada a distintos servicios y empresas del Estado, como la
Tesorería General de la República, el Servicio de Aduanas, la Empresa Na-
cional de Minería ENAMI, la Corporación del Cobre (CODELCO), Ins-
tituto de Desarrollo Agropecuario, INDAP, Servicio de Impuestos Inter-
nos, entre otras.
31
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
La red de información comprendía bases de datos obtenidos de organismos de
derechos humanos, de servicios públicos, de agrupaciones de ex prisioneros polí-
ticos, una biblioteca documental y literaria, archivos de prensa de la época, regis-
tro de recintos de detención en el país, bases de datos de organismos internacio-
nales, como la Cruz Roja Internacional, y otros.
Se elaboró una base de datos que se incrementó con los antecedentes de más de
1.000 nombres de recintos utilizados como lugares de detención o tortura en
todo el país.
Con toda la información recogida desde los distintos organismos de derechos
humanos, se conformó una base de datos que se continuó enriqueciendo con los
antecedentes que fueron entregando las personas que concurrían a la Comisión.
Respecto a la Biblioteca Documental y Literaria es preciso señalar que ésta se
formó a partir de las siguientes fuentes:
• Libros y documentos donados por organismos de derechos humanos.
• Libros entregados por quienes vinieron a dar su testimonio a la Comisión y
que habían escrito o tenían en su poder obras con relatos de la época.
• La iniciativa del Consejo Nacional del Libro, que reunió a editores y auto-
res de libros de no ficción y testimoniales e hizo entrega solemne de más de
120 obras a la Comisión, en un acto realizado con motivo de la celebración
del Día Mundial de la Libertad de Prensa.
Esta área respondió desde sus bases de datos a la validación de los antecedentes
de las 35.868 fichas recibidas y a las más de 35.000 consultas específicas en rela-
ción con casos cuyos antecedentes debían ser validados en más de una fuente.
Esta área contó con la asignación de cinco jornadas completas durante todo el
período y con apoyos parciales según la necesidad.
c) Área de Calificación
Su objetivo general fue evaluar, caso por caso, los antecedentes de detención o
tortura presentados, identificando los elementos de juicio que permitieran for-
mar convicción y proponer una precalificación para ellos.
El resultado que se esperaba de esta área era la precalificación de los casos según
las categorías predeterminadas, de manera fundada, a fin de proponerlos al análi-
sis y decisión de los comisionados.
32
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Esta área inició su trabajo con un equipo de abogados y el apoyo de abogados
externos para indagar acerca de procesos judiciales de mayor complejidad.
Durante el desarrollo del trabajo de la Comisión se fue integrando a la tarea de
precalificación, reforzando al equipo inicial, el conjunto de los profesionales que
habían trabajado en las tareas de atención de público. En esa oportunidad, se
generó la necesidad de formar un equipo que atendiera el análisis de casos más
complejos por sus implicancias procesales y su connotación.
Los equipos de trabajo se organizaron por regiones, lo que implicó una cierta
especialización en el conocimiento de las características que tuvo cada una de las
situaciones de prisión y tortura, de acuerdo con los períodos, focalizando luego
el análisis por comunas, localidades, recintos, empresas, etc. Se trataba de anali-
zar los casos con el conocimiento más acabado y con el conjunto de antecedentes
más amplios posibles.
d) Unidad de Procesamiento y Archivo
Esta unidad de apoyo tuvo por objetivo mantener el control del flujo de los ante-
cedentes recibidos, sistematizar los productos de los procesos involucrados y
administrar el archivo físico de las Fichas de Antecedentes, en las que se recogie-
ron los testimonios.
Su función fue dirigir, reorientar y realizar correcciones en el flujo de las Fichas
de Antecedentes, a través de los procesos que implicaba la calificación de los
casos.
Otra de sus funciones fue participar en el diseño de los procedimientos
informáticos y administrativos de soporte para el proceso de precalificación y
calificación.
Esta unidad tuvo también la responsabilidad de instalar y administrar el archivo
de Fichas de Antecedentes de la Comisión, para el resguardo, mantención y con-
trol de las fichas físicas.
Esta tarea se llevó a cabo mediante un sistema de ordenamiento alfabético y por
regiones, de registro computacional, que controlaba el acceso y registraba al usua-
rio, de modo que era posible realizar un seguimiento puntual a las intervenciones
realizadas en cada ficha.
Esta unidad tuvo bajo su responsabilidad el poblamiento de la base de datos de las
fichas físicas en el registro computacional. Con este fin, se pudo contar con la
33
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
contratación de recursos externos que realizaron el ingreso de los datos contenidos
en las fichas físicas, lo cual debió hacerse en etapas y, dado el volumen de trabajo, en
turnos de noche.
Las Fichas de Antecedentes recibidas en regiones, y que constituyen, como se verá
más adelante, el 54% del total recibido, debieron ingresar a las bases de datos de la
Comisión por este sistema.
La elaboración de los informes de antecedentes de cada caso para el análisis y cali-
ficación de los comisionados formó parte de las tareas de esta unidad. Esto implica-
ba la emisión diaria de listados para la revisión de la Vicepresidencia Ejecutiva y
semanales para el estudio por los comisionados.
Sus resultados esperados eran la mantención de un flujo expedito de Fichas de
Antecedentes en los procesos de precalificación, la disponibilidad y actualización
de las fichas en el proceso de calificación y administración del archivo.
El archivo creado por esta unidad, conformado por las Fichas de Antecedentes de
las 35.868 personas que concurrieron a la Comisión, junto con todos sus documen-
tos anexos, será uno de los frutos que esta Comisión entregará al país y sobre cuyo
destino dispondrá el Presidente de la República.
El equipo de esta unidad estuvo formado por profesionales en jornada completa y
administrativos de apoyo, y su característica central fue la flexibilidad que debió
desarrollar para asumir distintas tareas en cada etapa del trabajo. En el período final
se reforzó con un equipo externo de profesionales que trabajaron en horarios ves-
pertinos y los fines de semana.
e) Unidad de Apoyo Informático
El objetivo de esta unidad fue otorgar el apoyo tecnológico necesario para el regis-
tro, procesamiento, resguardo y custodia de la información y documentación reci-
bidas a través de la atención de público, la validación y calificación de solicitudes11.
11
Para el registro electrónico de los testimonios se montó una base de datos en plataforma MySql
consistente en un núcleo de tres tablas, una para la información de identificación de las víctimas, otra
para la de cada una de las detenciones y otra para enumerar los recintos en que cada víctima estuvo
detenida, anotando en cuál o cuáles sufrió tortura. La estructura de campos de estas tablas refleja la
de la ficha física impresa en la que las personas presentaron sus testimonios. Completan la estructu-
ra de la base una serie de tablas con información de referencia. Se construyó una interfase para
acceso de los usuarios vía web, en modalidad intranet, con cuentas de usuario y contraseñas, utili-
zando php y javascript. Esta interfase consiste en formularios para el ingreso de los datos y un
repertorio restringido de listados y tablas de salida. El trabajo de diseño y montaje original de la base
de datos fue realizado por una empresa externa. En una segunda etapa, la responsabilidad de las
funciones definidas fue asumida por un profesional que se integró a la Vicepresidencia Ejecutiva.
34
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Las funciones de esta unidad fueron las siguientes:
• Diseñar, actualizar y administrar las bases de datos de la CNPT.
• Gestionar los respaldos y procedimientos de resguardo de las bases de datos.
• Gestionar la interfase web para las bases de datos.
• Diseñar y administrar los instrumentos informáticos de apoyo al control
de gestión de la Vicepresidencia Ejecutiva.
• Asesorar y capacitar a los usuarios.
• Coordinar con la unidad de informática del Ministerio del Interior.
• Otorgar asesoría técnica a la Vicepresidencia Ejecutiva.
Los resultados esperados del trabajo de esta unidad eran contar con base de datos
auditada y salidas de análisis.
La base de datos de la Comisión consiste en tablas de registro cuyo núcleo está
formado por tres tablas principales:
• Tabla de Víctimas, que contiene la información de identificación de cada
persona.
• Tabla de las Detenciones, que contiene el registro de cada una de las deten-
ciones realizadas por los diferentes organismos que las llevaron a cabo.
• Tabla de Reclusiones, que identifica cada uno de los recintos donde las víc-
timas estuvieron detenidas.
• Tablas de Referencia, que contiene los códigos almacenados en las tablas
anteriores.
El conjunto de tablas citadas se conservará en la base de datos que esta Comisión
entregará al país como uno de los frutos de su trabajo y cuyo destino dispondrá el
Presidente de la República.
• Tablas de Operación, que permiten la gestión de las bases de datos y es una herra-
mienta de apoyo a la operación administrativa de las Fichas de Antecedentes.
Existe también una base de datos anexa, destinada a servir de soporte al trabajo
del Área de Información e Investigación Documental.
f) Área de Administración y Finanzas
Su objetivo general fue proporcionar el soporte administrativo y financiero nece-
sario a la consecución de los objetivos y al desarrollo de las tareas de la Comisión.
Su función principal fue gestionar el conjunto de procesos administrativos y fi-
nancieros que constituían el soporte de las tareas de la Comisión.
35
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Estos procesos obedecían a las normativas y controles determinados por el Mi-
nisterio del Interior y estaban bajo su supervisión técnica.
El resultado que se esperaba de esta área, era el correcto y oportuno desarrollo de
los procedimientos administrativos, financieros y de apoyo logístico, para lo cual
se debieron mantener las correspondientes coordinaciones con el Ministerio del
Interior.
Para el desarrollo de sus tareas contó con un equipo de profesionales, técnicos y
administrativos equivalente a seis jornadas completas, más apoyos temporales en
función de las necesidades por cubrir.
Organigrama
De este modo, la estructura de la Comisión se expresa en el siguiente organigrama:
36
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
PROCESOS DE TRABAJO
La Comisión desarrolló su trabajo en una secuencia de tres procesos:
Recepción de antecedentes
Éste fue el proceso base de todo el trabajo de la Comisión. Su objetivo era
recibir los antecedentes que presentaran, en forma voluntaria, las personas que
consideraban haber sufrido prisión o tortura por motivos políticos en el perío-
do que cubría el mandato de esta Comisión.
La operación de este proceso estuvo bajo la responsabilidad del Área de Aten-
ción de Público.
a) Solicitud de atención
El proceso se iniciaba con el retiro de la Ficha de Antecedentes12 por parte de
los interesados desde los puntos en que ésta se encontraba disponible:
• Región Metropolitana: sede central de la Comisión y oficinas del Servi-
cio del Registro Civil en todas las comunas.
• Regiones: sedes de las gobernaciones provinciales y oficinas del Servicio
del Registro Civil en todas las comunas.
• Exterior: la ficha podía solicitarse en los consulados o se podía bajar
desde la página web [Link] o:
[Link] o: [Link]
Una vez que las personas tenían en su poder la Ficha de Antecedentes, debían
proceder a llenarla en cuanto les fuera posible. Por esta vía no sólo se perseguía
agilizar el trámite sino, sobre todo, que la persona estuviera informada sobre
qué versaría la conversación y, así, en cierto modo, preparada emocionalmente
para ello.
Luego debía solicitar una entrevista, de acuerdo con las siguientes indicaciones:
• Región Metropolitana: la solicitud de entrevista se realizaba mediante el
12
Ver Anexo N° 2: Ficha de Ingreso de Preso Político y/o Torturado.
37
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
sistema de llamado gratuito al teléfono 800411400 o a través de la página
web [Link] o: [Link] o:
[Link]. Según este sistema, se agendaba día y
hora de la entrevista, conforme a la disponibilidad del solicitante.
Se dispuso, no obstante, la recepción excepcional de solicitudes de entre-
vista en las oficinas de la sede central, para asegurar que ninguna persona
tuviera obstáculos para entregar sus antecedentes.
• Regiones: la solicitud de entrevista se realizaba directamente en las sedes
de las gobernaciones provinciales, en las cuales se atendía por orden de lle-
gada diariamente o por sistema de inscripción previa, respetando la modali-
dad de trabajo local.
• Exterior: para quienes se encontraban residiendo en el exterior, se determi-
nó que una vez completada la ficha, debían hacer llegar sus antecedentes en
forma directa por la vía consular, sin la posibilidad de sostener una entrevis-
ta con las características que se detallarán más adelante.
La solicitud debía realizarse en forma personal, por tanto, los antecedentes o infor-
maciones de respaldo sólo podían ser presentados por la víctima, la que debía certi-
ficar su identidad mediante una fotocopia de la cédula de identidad.
En caso de fallecimiento o imposibilidad grave de la víctima, podían concurrir sus
familiares directos acreditando tales circunstancias13.
b) Entrevista
La entrevista tenía como objetivos acoger a la persona, escuchar su motivación
para declarar, obtener la información y testimonio correspondientes, recibir los
documentos de respaldo que estuvieren en condiciones de aportar.
Al acoger a la persona que concurría a presentar su testimonio, se pretendió también
reconocer el drama y el dolor que dicha persona vivió, lo que subjetivamente, para
algunos, puede constituir en sí mismo un factor de reparación. En cierto modo, al
entregar los antecedentes en una audiencia especialmente fijada para ello y a personas
designadas para tal efecto por una Comisión nombrada por el Presidente de la Repúbli-
ca, se solemniza la responsabilidad del Estado chileno en relación con las víctimas de las
violaciones de derechos humanos sometidas a prisión y tortura por causas políticas.
13
En estos casos, cuando correspondía, se debía presentar una fotocopia del certificado de defun-
ción o de un certificado médico que acreditara la imposibilidad de concurrir personalmente, y
del certificado que acreditaba el parentesco con la víctima.
38
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Es por ello que los profesionales del Área de Atención de Público que realizaron
dichas entrevistas en todo el país, recibieron orientaciones y recomendaciones
destinadas a facilitar la creación de una atmósfera de respeto y confianza, para
generar de ese modo un ambiente adecuado para la entrega de la información o
antecedentes y garantizar su reserva y confidencialidad.
Se hizo especial énfasis en la necesidad de adoptar una actitud cordial y de acogi-
da respetuosa de los valores, costumbres y cultura de los solicitantes; en la nece-
sidad de evitar ejercer cualquier forma de presión; de no adelantar juicios sobre
las víctimas, presuntos autores o hechos denunciados, y, por lo mismo, de no
ofrecer ni adquirir compromisos o generar expectativas sobre funciones propias
o ajenas al mandato de la Comisión.
Al momento de iniciar la entrevista se recomendaba que el profesional informara
al declarante acerca del alcance del mandato de la Comisión. Debía asimismo
abstenerse de emitir comentarios y juicios sobre la situación política nacional,
instituciones y autoridades estatales, partidos y líderes políticos, hechos con tras-
cendencia política, o cualquier otro asunto que pudiera afectar al sentido de neu-
tralidad e imparcialidad de la Comisión14.
En la Región Metropolitana se atendía una agenda diaria de 114 personas prome-
dio, llegándo a atenderse hasta 240 personas en los primeros días.
En regiones, con una modalidad de atención que obedecía esencialmente a carac-
terísticas de la demanda y a la forma de trabajo local, los profesionales de las
gobernaciones atendieron un promedio de 16 personas por día.
En función del cumplimiento de las tareas asignadas dentro del plazo de funcio-
namiento que otorgaba el mandato de la Comisión, se consideró un promedio de
60 minutos para cada entrevista, aunque había algunas que se extendían mucho
más y otras que se cerraban en el tiempo estimado: la duración dependía de las
características del caso.
El concepto de reserva fue central en el trabajo general de la Comisión y, por
tanto, de la entrevista. En efecto, el art. 5°, inc. 4° del D.S. 1.040 establece que
“todas las actuaciones que realice la Comisión, así como todos los antecedentes
14
Los profesionales que realizaban las entrevistas recibieron una capacitación que abordó temas
como el contexto histórico en que se desarrollaron los hechos denunciados, los límites y riesgos
de entrevistas sobre temas ligados a experiencias traumáticas; la identificación de los elementos
emocionales que inciden en el proceso de entrevista, tanto de parte del entrevistado como del
entrevistador. Recibieron instrucciones precisas sobre la naturaleza de la entrevista, de manera de
no influir ni enjuiciar bajo ninguna circunstancia el relato o el testimonio, así como tampoco
emitir opiniones de ninguna especie sobre asuntos contingentes de orden político, religioso o
ideológico.
39
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
que ésta reciba, tendrán el carácter de reservados, para todos los efectos legales”.
La regla general, entonces, fue que cualquier tipo de información relacionada con
casos y situaciones de detención o tortura por razones políticas era confidencial,
con prohibición estricta de su divulgación parcial o total entre personas, grupos
de personas o instituciones ajenas a la Comisión.
Por tal razón, en la estructura del Informe no habrá una exposición que vincule
de manera específica a una víctima con el método de tortura a que fue expuesta.
En anexo independiente se describirán los diversos tipos de tortura, guardándose
la confidencialidad respecto de las víctimas.
Para los efectos del registro de la información, la Comisión elaboró una Ficha de
Ingreso de Preso Político y Torturado, que junto con la entrevista fueron los ins-
trumentos básicos para recoger los antecedentes.
La ficha recoge información sobre los siguientes aspectos:
• Identificación del afectado: nombre completo, sexo, RUN, fecha de naci-
miento, estado civil, nacionalidad, ocupación a la fecha de los hechos, ocu-
pación actual, antecedentes políticos y sociales al momento de la primera
detención y domicilio actual.
• Organismos en los que fue atendido o conocieron los hechos: a falta de éstos,
nombres de testigos.
• Datos de la detención.
• Características de la privación de libertad.
• Antecedentes de tortura: detallando recintos de reclusión, breve relato y efectos
• Acciones interpuestas a favor del denunciante (a la época).
• Documentos: registro de los que entregó acompañando la ficha.
• Observaciones: aquellas que estimara pertinentes el profesional que realiza-
ba la entrevista.
La calidad de los datos registrados en la ficha y corregidos o complementados en
la entrevista era un aspecto clave para facilitar el posterior proceso de califica-
ción. Por lo tanto, en la entrevista se trataba de obtener la máxima información
que los comisionados requerían para establecer la admisibilidad y calificación del
caso.
Para ello, los profesionales debían solicitar a la persona que expusiera los hechos
en forma resumida, tomando nota escrita de los datos que ésta brindara espontá-
neamente, sin interrupciones o preguntas ampliatorias, salvo en el caso de que el
mensaje no hubiese sido comprendido. Sólo después de la narración de los he-
chos se debía hacer las preguntas necesarias para ampliar, ratificar o rectificar lo
40
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
declarado, con el fin de disponer de la mayor cantidad de datos precisos para
facilitar su calificación posterior.
Si de la información inicial se podía concluir claramente que se trataba de un caso
fuera del mandato de la Comisión, el entrevistador debía explicar al declarante las
razones por las que no era posible admitirlo y calificarlo, orientándolo sobre las
instituciones estatales o privadas a las que podía dirigirse.
No obstante lo anterior, si la persona insistía en entregar su testimonio y la des-
cripción de la situación permitía tener claras presunciones de violación de sus
derechos humanos, éste era recogido y presentado a la consideración de los co-
misionados para que resolvieran al respecto. Finalizada la entrevista, el profesio-
nal debía revisar los datos consignados en la ficha física y proceder a ingresarlos
en la correspondiente ficha electrónica, pasando así a integrar la base de datos de
la Comisión.
Sin embargo, las condiciones de la demanda determinaron que el ingreso final de
los datos al sistema de registro computacional debió realizarse, en alrededor del
70% de los casos, en una instancia posterior a la entrevista, por un equipo espe-
cializado, contratado como servicio externo y que fue capacitado para tal efecto.
El proceso de recepción de antecedentes tenía como resultado la declaración de
admisibilidad del caso.
Análisis de casos
El proceso de análisis de un caso tenía como objetivo examinar el conjunto de antece-
dentes entregados por los peticionarios a través de los siguientes procedimientos:
• validar la información en fuentes confiables;
• realizar investigación documental;
• solicitar referencias a organismos de derechos humanos;
• solicitar referencias a organizaciones de víctimas;
• solicitar referencias a organismos públicos;
• investigar las referencias y testigos;
• validar mediante investigación en base de datos disponibles, y
• realizar una segunda entrevista si los pasos anteriores hubieren sido insuficientes.
Un número considerable de personas que prestaron testimonio acompañaron su
declaración con la certificación otorgada por el organismo aprehensor que aún
conservaba en su poder. En los primeros años, especialmente el Ejército y la Ar-
41
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
mada, así como la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET), entre-
garon un gran número de certificaciones de las detenciones en determinado re-
cinto. También se acompañaron tarjetas de control que las personas debían pre-
sentar semanalmente en comisarías o cuarteles, instructivos de cómo cumplir
con los controles impuestos, etc.
Para aquellos casos en que se partía con mínimos antecedentes, sin respaldo de
ninguna naturaleza, lo que significó un proceso difícil, se requería un promedio
de tres horas profesionales para su análisis.
Se debe tener en cuenta que, para muchas personas, el relato de los hechos y las
circunstancias de su detención demandaron un esfuerzo de memoria realizado 30
años después de su ocurrencia.
Por otra parte, se debe considerar que, en las circunstancias en que ocurrieron
estas detenciones, no siempre los detenidos tuvieron la posibilidad de conocer
los nombres de aquellos con quienes compartían la prisión y que muchos de ellos
estuvieron privados de visión y desconocen por lo tanto las características del
lugar en el que permanecieron. Es preciso señalar, asimismo, que mientras en
algunos recintos se otorgó certificación del tiempo de detención, en otros nunca
se entregó constancia alguna de la permanencia de las personas en estos recintos.
Entre los que no entregaron certificaciones se encuentran Carabineros, la Direc-
ción de Inteligencia Nacional (DINA) y la Central Nacional de Informaciones
(CNI); especialmente en el caso de los dos últimos organismos, mientras mantu-
vieron recintos secretos. En efecto, las personas que permanecieron en los recin-
tos secretos de la DINA, como Villa Grimaldi, Londres 38 o José Domingo Ca-
ñas, o en otros similares de la CNI, antes de que éstos pasasen a ser públicos,
sufrieron detenciones sólo reconocidas a contar del momento en que los afecta-
dos pasaban a gozar de libre plática en algún recinto público.
Este proceso tuvo por objeto obtener los elementos de juicio necesarios, de
diversas fuentes, lo más próximas posible a los hechos, que permitieran te-
ner convicción de las violaciones sufridas por las personas y que estuvieran
comprendidas en el mandato institucional, para, como consecuencia de ello,
poder fundamentar el proceso de precalificación.
Específicamente se trataba de reunir la información necesaria más allá de la
que brindara espontáneamente el interesado y la documentación que éste
hubiera entregado. Se trataba de obtener antecedentes confirmatorios o
rectificatorios de su versión de los hechos y de reunir información que pro-
viniera de autoridades militares pertinentes o disponible en organismos no
gubernamentales de defensa de los derechos humanos de la época, que pu-
diera contribuir a la calificación de los casos.
Esta validación de antecedentes aportó elementos de juicio objetivos para llegar,
en cada caso, a una de las siguientes conclusiones:
42
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
• La privación de libertad o tortura por razones políticas resultó suficiente-
mente demostrada.
• Pudo haber existido privación de libertad o tortura, pero resultó imposible
obtener elementos de validación.
• Si bien pudo haber habido una violación de derechos humanos, no existió
privación de libertad o tortura por motivos políticos, cometida por agentes
del Estado, en el período y con las características comprendidas en el man-
dato de la Comisión.
Respecto a esta última conclusión, es preciso señalar que tales casos, corresponden
a situaciones, por ejemplo, de muertos en protestas o manifestaciones callejeras,
exilio, pérdidas materiales o de inserción social por motivos políticos, con graves
consecuencias para la vida de quienes las sufrieron. Por lo tanto, aun cuando estas
situaciones configuraran casos de violaciones a los derechos humanos, no corres-
pondía calificar estas presentaciones de acuerdo con los límites que el mandato de
esta Comisión señalaba.
Con el objeto de facilitar la tarea de los comisionados para calificar los casos que se
presentaban a su conocimiento, a fin de determinar quiénes sufrieron privación de
libertad y torturas por razones políticas, los profesionales de la Vicepresidencia
Ejecutiva sistematizaron los elementos relevantes para dicha tarea, mediante un
proceso de precalificación que, siguiendo los criterios emanados de la Comisión,
determinaban las presuntas violaciones y las agrupaban en las siguientes categorías
en un Formulario de Precalificación:
• Precalifica: Incluía aquellas presentaciones que contenían suficientes ante-
cedentes para proceder a su precalificación, tanto por lo verosímil de la
relación como por la acreditación documental que se acompañaba, y casos
con antecedentes documentales parciales, pero cuyo contexto y los hechos
relatados permitían formarse convicción moral respecto de su veracidad.
• No precalifica: Se trataba de aquellas presentaciones claramente fuera de
mandato, casos de violaciones a los derechos humanos con resultado de
muerte, allanamientos sin detención, exilio, amedrentamientos, detencio-
nes en manifestaciones de protesta por Carabineros y sin privación de li-
bertad ni denuncia judicial de torturas, o por estar fuera del límite tempo-
ral, etc.
• Con antecedentes por definir conforme a mandato: Incluía aquellas de-
nuncias que contaban con suficientes antecedentes de respaldo o eran co-
herentes en su relato, pero presentaban dudas respecto de su inclusión en
el mandato.
Para llegar a precalificar se llevaba a cabo un proceso que incluía las gestiones ante organis-
mos públicos o no gubernamentales dirigidas a recabar los respaldos pertinentes.
43
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
En el formulario de precalificación, en el apartado denominado Observaciones, se
debían incluir también, los comentarios que fundamentaban la clasificación pro-
puesta, por ejemplo: detenido en el Estadio Nacional en 1973, según certificado
de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET); acompaña senten-
cia de consejo de guerra; verificar atención en Comité Pro Paz, etc.
Para orientar el análisis de los hechos y circunstancias y facilitar la tarea de
precalificación, los profesionales contaron con criterios de referencia que permi-
tían distinguir aquellas violaciones a los derechos humanos cubiertas por el man-
dato de la Comisión, sin perjuicio de otros aspectos que aparecieran como rele-
vantes al momento de la entrevista15.
Durante el proceso de análisis del caso, el profesional responsable podía efectuar
consultas con quien había realizado originalmente la entrevista y solicitar super-
visión a las jefaturas de área o a los profesionales que lideraron grupos de trabajo
en determinados casos.
15
Estos criterios se encuentran explicitados en el Manual de Procedimientos (págs. 32-34), y
son los siguientes:
1. Naturaleza del hecho. Como se indicó en el capítulo sobre el mandato de la Comisión, se
encuentran comprendidos los hechos constitutivos de privación de libertad por razones po-
líticas y tortura, conforme a las definiciones operativas señaladas para ambos casos.
2. Calidad del autor. Que en el hecho haya intervenido un agente del Estado o funcionario
público dotado de autoridad para el ejercicio de sus funciones o con responsabilidad en el
cumplimiento de la ley, o personas al servicio del Estado. Ejemplos de este último supuesto
son los siguientes casos: particulares que actúan al servicio o bajo la instigación de un agente
estatal u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, o con su consentimiento o aquies-
cencia; individuos o grupos paramilitares bajo control oficial; individuos o grupos que no se
hallan bajo control oficial, pero que actúan en colusión o con la connivencia de las autorida-
des, es decir, con la tolerancia del superior respecto de las transgresiones que cometen sus
subordinados contra las reglas o las leyes vigentes.
3. Garante directo. Que el autor haya tenido la condición de garante directo de derechos
protegidos por el ordenamiento jurídico nacional o internacional de los derechos humanos,
como son los siguientes ejemplos: funcionarios de la administración de justicia y de sus órga-
nos auxiliares; agentes del Estado encargados de funciones de seguridad pública; agentes del
Estado con facultades de privación de libertad (detención, arresto, custodia y reclusión);
funcionarios del Estado autorizados por la ley para usar la fuerza y las armas de fuego; fun-
cionarios públicos garantes de los derechos de los menores; y funcionarios públicos encarga-
dos de cumplir resoluciones en procesos de amparo o de exhibición personal.
4. Motivación del hecho. Que el hecho haya sido motivado por presuntos objetivos de inte-
rés público o social (ejemplo: supuestas “razones de Estado”); o por motivos cuyo funda-
mento era contrario a las normas y principios del derecho internacional de los derechos hu-
manos, como por ejemplo: motivos políticos o ideológicos; razones de seguridad nacional y
lucha contra la subversión; omisión del Estado y sus agentes en orden al cumplimiento de
sus compromisos de respeto y protección de los derechos prioritarios de las personas.
5. Prevalecimiento. Que, aun cuando el hecho corresponda al ámbito privado, el agente se
haya prevalecido de su condición de funcionario público, como en los siguientes ejemplos:
valiéndose de su cargo o condición; valiéndose de elementos propios de su cargo (armas,
vehículos, uniforme, información, etc.); valiéndose de la falta de fiscalización de su activi-
dad, o valiéndose de la consideración que la comunidad tenía respecto de su cargo.
44
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Se trataba, en resumen, de que el profesional responsable agotara los recursos
de investigación y de validación de antecedentes, con el fin de fundamentar de
manera rigurosa la propuesta de precalificación que debía registrar en la Hoja
de Precalificación respectiva, junto a las iniciales de responsabilidad y la fecha.
Esta validación se realizó para cada una de las detenciones que fueron regis-
tradas en la Ficha de Antecedentes por cada persona que concurrió a esta
Comisión e implicaba un proceso que incluía las gestiones ante organismos
públicos o no gubernamentales dirigidas a recabar los respaldos pertinentes.
Este proceso debió superar muchas dificultades para preparar una presenta-
ción sólida de cada caso, en especial de aquellos sin respaldo documental,
como los casos de detenciones en regimientos o comisarías, recintos en los
cuales, por lo general, no se entregó a los detenidos certificación de su perma-
nencia en ellos, así como en los casos de las detenciones por parte de la Di-
rección de Inteligencia Nacional (DINA), la Central Nacional de Informa-
ciones (CNI) y especialmente de Carabineros en los primeros años.
Algunos de los aspectos del proceso que exigieron esfuerzos especiales fue-
ron, entre otros: el acceso a los testigos citados en la ficha; el tiempo que
demoraron las respuestas de las consultas realizadas a distintos organismos;
las gestiones destinadas a verificar la existencia de recintos de detención que
aparecían por primera vez, etc.
A pesar de que se contó con valiosa información y con una importante cola-
boración de organismos del Estado, especialmente de Gendarmería de Chile,
no siempre se tuvo acceso a toda la información necesaria.
En la etapa final del proceso de precalificación se organizaron los equipos por
regiones, de tal manera que los casos en los cuales los antecedentes eran pre-
carios pudieran ser analizados utilizando toda la información de contexto y a
la luz de los patrones característicos de la represión en esas localidades. A
esto se sumó la colaboración de las organizaciones de víctimas, en especial las
agrupaciones de ex presos políticos, así como la colaboración de testigos cali-
ficados, como profesionales que trabajaron en la época de los hechos en la
defensa de los derechos humanos.
El proceso de análisis de casos tenía como resultado la precalificación del caso.
Calificación
Siguiendo la metodología instaurada por la Comisión Rettig16, la Comisión en-
tendió por calificación el proceso colegiado de evaluación de los antecedentes
16
Ver Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, Tomo II, pág. 787.
45
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
disponibles dirigido a la identificación de elementos de juicio objetivos que
permitieran adquirir convicción moral respecto de la calidad de preso o tortu-
rado por razones políticas, o ambas. Esto, en términos tales que ameriten su
reconocimiento oficial como tal o se deseche la petición.
Como ya se ha señalado, la función de calificar los antecedentes presentados
por los declarantes, o recogidos de fuentes confiables para declarar si éstos
fueron o no víctimas de violaciones a los derechos humanos sin resultado de
muerte, en el ámbito de su mandato, fue de absoluta exclusividad y prescin-
dencia de la Comisión. Por tanto, todo el trabajo realizado por los profesio-
nales de la Vicepresidencia Ejecutiva no tuvo otro objetivo que el de facilitar
esta tarea.
De esta manera, una vez precalificado cada caso y revisado por la Vicepresidenta
Ejecutiva, éste fue sometido a la consideración de la Comisión.
Los siguientes fueron los pasos que comprendía el proceso de calificación:
• Elaboración diaria de un Listado de Precalificación, bajo la supervisión de la
Vicepresidencia Ejecutiva.
• Revisión del Listado Diario y chequeo de casos con observaciones por la
Vicepresidencia Ejecutiva.
• Elaboración de Listados Semanales de Precalificación para revisión por los
comisionados.
• Revisión en sesión de la Comisión, aplicando el método caso por caso, de las
presentaciones de todos los casos, en forma personal por los comisionados,
quienes podían solicitar tener los antecedentes a la vista, aclaraciones, realizar
consultas, para pronunciarse respecto de ellos en la siguiente sesión.
De modo sistemático, durante todo el proceso de calificación, los comisionados
pudieron realizar su tarea con los antecedentes de los casos a la vista, con acceso
al total de las fichas físicas y electrónicas, así como a la documentación comple-
mentaria de cada caso.
En cada sesión se presentaba a los comisionados una nómina de los casos por
calificar en dicha ocasión, con una breve descripción de cada uno y la
fundamentación de la calificación propuesta17.
En cada ocasión se revisaba uno por uno los casos correspondientes a esa sesión,
y se decidía por consenso si calificaba o no. De no haber acuerdo, se decidía por
17
Para cada caso, en la propuesta de calificación se incluía: Nombre/ Rut/ Fecha detención/
Región/ Duración/ Recinto/ Organismo/ Torturado en el recinto/ Situación jurídica/ Antece-
dentes de convicción.
46
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
mayoría. Como resultado de este proceso, los casos podían quedar en las siguien-
tes categorías:
• Calificados
• Fuera de mandato
Cabe señalar que dos comisionados fueron víctimas de violación a los derechos
humanos, pero no presentaron sus casos a la Comisión para no inhabilitarse para
el proceso de calificación. Se trata de Álvaro Varela Walker, quien fue detenido
en 1974 cuando tenía 23 años, y José Antonio Gómez Urrutia, quien fue deteni-
do en 1973 cuando tenía 17 años de edad.
El proceso de discernimiento para obtener el consenso estuvo traspasado por
consideraciones jurídicas, éticas y morales que dieron lugar a discusiones que se
agotaron en su mérito y que permitieron la elaboración de un cierto patrón de
consideraciones para la decisión respecto de cada caso.
Según lo descrito, el resultado del proceso de calificación era la Declaración de la
condición de víctima de prisión o tortura por razones políticas.
47
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
DESARROLLO DE LAS TAREAS
De la Comisión
La Comisión sesionó en forma semanal y alcanzó a realizar 44 sesiones ordinarias
y 13 sesiones extraordinarias. En estas ocasiones se sostuvieron reuniones con
distintas entidades, todos actores e informantes clave a la hora de allegar antece-
dentes respecto de las situaciones denunciadas y de recoger opiniones para las
propuestas de reparación.
a) Reuniones con expertos
Algunas de estas sesiones contaron con la participación de expertos18 en las que
se discutieron conceptos relativos a:
• Las distinciones entre las diversas épocas de la represión y sus característi-
cas. Para ello se consideraron las diferencias en materia de formas de de-
nunciar la prisión y la tortura, disponibilidad de organismos y de recursos
para hacerlo, forma como estaba estructurada la represión y perfil de los
detenidos y sus motivaciones, por cuanto ello tuvo consecuencias en la for-
ma de tener convicción acerca de la prisión política y en la forma de tener
convicción respecto de la tortura.
• Elementos que conforman la privación de libertad por motivos políticos.
• Consecuencias de la tortura en las personas y en su plan de vida.
• Incorporación del derecho internacional de derechos humanos en el orde-
namiento jurídico interno.
18
La Comisión se reunió con los siguientes especialistas:
• El abogado José Miguel Vivanco, director ejecutivo de Human Rights Watch,
• El abogado Nelson Caucoto Pereira,
• El profesor de Derecho Penal Antonio Bascuñán Rodríguez,
• El profesor de Derecho Civil Andrés Jana Linetzky,
• La abogada Pamela Pereira Fernández,
• La abogada Fabiola Letelier del Solar,
• El profesor Gonzalo Vial Correa,
• El profesor y presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, José Zalaquett
Daher,
• El médico y actual director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, quien fuera
miembro del Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos, ILAS, Fernando Vío,
• El psicólogo y terapeuta familiar, profesor de la Universidad de Chile, Germán Morales, miembro
de ILAS,
• El médico psiquiatra y terapeuta familiar Niels Biederman, y
• La historiadora Anne Pérotin Dumon.
48
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
• La responsabilidad civil y modelos de justificación jurídica para las medidas de reparación.
• Experiencias internacionales de reparación en procesos similares.
• Diferentes formas de reparación, en los ámbitos económico, social, moral,
jurídico y de salud.
• Experiencias internacionales en el ámbito de la custodia y conservación de
archivos sobre violaciones a los derechos humanos.
b) Reuniones con organizaciones de víctimas
Un número importante de estas sesiones estuvieron destinadas a reunirse con
organizaciones de ex presos políticos representativas de todas las tendencias po-
líticas y de representación regional, como las que se detallan a continuación:
• La Agrupación Nacional de Ex Presos Políticos,
• La Coordinadora Nacional de Ex Presos Políticos,
• La Comisión Ética contra la Tortura,
• La Brigada Nacional de Ex Presos Políticos Socialistas,
• La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos,
• La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos Línea Fundadora,
• El Comando de Exonerados Políticos de las Fuerzas Armadas y
• La Unión Nacional de Ex Presos Políticos.
A todas ellas se las escuchó en sus planteamientos acerca del funcionamiento de
la Comisión y de sus propuestas de medidas de reparación, se les solicitó la entre-
ga de listados de sus asociados y su colaboración en la difusión de la Comisión y
de su forma de funcionamiento, así como la remisión de antecedentes que ayuda-
ran al respaldo documental de los casos.
Cada una de estas organizaciones, a su vez, fue recibida en reuniones especiales
por la Vicepresidencia Ejecutiva, por el abogado secretario de la Comisión, cada
vez que ellas lo solicitaron. De la misma manera, representantes de todas ellas
fueron recibidos en regiones cada vez que los comisionados se constituyeron en
esos lugares, y se mantuvo también comunicación con organizaciones de ex pre-
sos políticos del exterior para los mismos fines.
Las organizaciones de regiones también hicieron llegar sus planteamientos, a tra-
vés de los profesionales que prestaron servicios en ellas, en las oportunidades en
que la Comisión se constituyó en las capitales regionales o remitiéndoselas direc-
tamente al abogado secretario de la Comisión.
49
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
La amplitud de los espacios que tuvieron las organizaciones de víctimas para en-
tregar sus opiniones, demandas, sugerencias, así como la posibilidad de estable-
cer formas concretas de colaboración con las tareas de esta Comisión, se estable-
ció también a través de las reuniones que sostuvieron con ellas todos los profe-
sionales que se desplegaron en terreno, tanto en tareas de supervisión y coordina-
ción como de apoyo directo a la atención de público en regiones. Muchas veces
estas reuniones sirvieron para identificar lugares donde vivían personas que, ha-
biendo sufrido prisión y tortura por motivos políticos, tenían graves dificultades
para acceder a las ciudades sede de las gobernaciones provinciales y entonces, de
manera conjunta con las organizaciones, se buscaron lugares y formas de difu-
sión que permitieron recibir los testimonios de cientos de personas.
c) Reuniones con organismos de derechos humanos
La Comisión se reunió también con los siguientes organismos de derechos hu-
manos que lo solicitaron:
• Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU),
• Fundación de Ayuda Social de Iglesias Cristianas (FASIC),
• Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Excep-
ción (PIDEE),
• Comisión Nacional contra la Tortura,
• Comisión Chilena de Derechos Humanos y
• Centro de Salud Mental y Derechos Humanos (CINTRAS).
Al igual que en el caso anterior, éstos también fueron escuchados en lo referente
a sus planteamientos acerca de cómo debía funcionar la Comisión, y qué debía
considerarse respecto de las medidas y criterios de reparación a proponer,
solicitándoseles colaboración en la difusión del funcionamiento de ésta, así como
la remisión de información y antecedentes que ayudaran al proceso de análisis y
documentación de los casos y situaciones.
d) Reuniones con líderes espirituales y morales
La Comisión se reunió con el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de
Santiago; con don Jorge Carvajal, Gran Maestro de la Masonería de Chile; con
don León Cohen, ex Presidente de B’Nai B’rith Chile; con el Obispo de la Iglesia
Pentecostal Evangélica y Presidente del Comité de Organizaciones Evangélicas,
Francisco Anabalón Duarte, y con el Obispo de la Iglesia Metodista y capellán
del Palacio de La Moneda, Neftalí Aravena Bravo.
50
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
e) Reuniones con organizaciones regionales
Como ya se señaló, la Comisión se constituyó en todas las regiones del país. En
dichas oportunidades se hicieron conferencias de prensa, se recibieron testimo-
nios individuales de ex presos políticos y se sostuvieron reuniones con organiza-
ciones regionales, con las cuales se desarrolló una pauta similar a la que se sostuvo
con las organizaciones nacionales19.
f) Recepción de visitas
La Comisión recibió la visita del Presidente de la República, Ricardo Lagos Escobar,
quien concurrió a su sede para interiorizarse y apoyar su trabajo, dar testimonio
de su detención y explicar las razones por las que decidió que dicho testimonio
no se incluyera en los casos recogidos por la Comisión. Expresó que, al ser el
destinatario final del Informe, consideraba que no podía presentar su testimonio
ante esta Comisión ni solicitar que su caso sea calificado, dado que deberá efec-
tuar el pronunciamiento final acerca del Informe y de las propuestas de medidas
de reparación.
También concurrió a dejar su testimonio, en sesión ordinaria de la Comisión, el
Ministro de Educación, Sergio Bitar Chacra, quien expuso además a los comisio-
nados las acciones impulsadas por la cartera que dirige en torno a la difusión y
educación en derechos humanos y convivencia ciudadana
Concurrieron también el Ministro del Interior, José Miguel Insulza Salinas, quien
expresó su apoyo a la labor de la Comisión y la necesidad de coordinar iniciativas
legales del gobierno con la labor de la Comisión, especialmente en relación con la
creación del Instituto Nacional de Derechos Humanos, y el senador Carlos
Ominami Pascual, quien manifestó su interés y preocupación acerca de la
implementación de políticas de reparación en favor de las víctimas de prisión
política y tortura y respaldó el trabajo realizado por la Comisión.
g) Realización de convenios
El desarrollo de un trabajo sistemático de colaboración con organismos del Esta-
do se basó en la firma de convenios, como los que se realizaron con:
• El Ministerio de Relaciones Exteriores, con quien se estableció un sistema
de coordinación para la recepción de los testimonios de las personas resi-
dentes en el exterior y la difusión del funcionamiento de la Comisión, la
19
Ver en Anexo Nº 4 la nómina de organizaciones con las que se sostuvieron reuniones en cada
una de la regiones.
51
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
que se implementó a través de la Dirección de Comunidades de Chilenos
en el exterior (DICOEX);
• Gendarmería de Chile, con quien se estableció un sistema de entrega de
información de personas detenidas en recintos dependientes de dicho orga-
nismo y de nómina de dichos recintos;
• El Servicio de Registro Civil e Identificación, para la difusión de la Comi-
sión por medio de afiches que fueron colocados en sus oficinas, la distribu-
ción de los Formularios de Antecedentes para las entrevistas y además se
convino la remisión de antecedentes por dicho servicio a la Comisión, para
la correcta identificación de las personas que presentaran su testimonio.
h) Actividades de difusión
Por iniciativa de la Comisión, se realizaron actividades de difusión y comunica-
ción acerca del propósito y actividades de la Comisión.
Estas actividades buscaban informar a la población de modo tal que todo aquel
que haya querido entregar sus antecedentes pudiera hacerlo dentro del período
que estipulaba el mandato.
Entre otras acciones, se llevaron a cabo las siguientes:
• Inserción en el diario La Tercera de un aviso, el día domingo 14 de diciem-
bre de 2003;
• Contratación de un aviso durante la semana del 29 de marzo al 2 de abril de
2004, en horario de alta audiencia, en Televisión Nacional de Chile;
• Contratación de un aviso durante la misma semana, y luego durante la se-
mana del 12 al 16 de abril de 2004, en Radio Cooperativa;
• Distribución de un aviso radial en todas las gobernaciones para su difusión
en radios regionales o comunitarias;
• Entrevistas en numerosos medios de prensa escrita, diarios y revistas, pe-
riódicos digitales, radio y televisión, en el nivel nacional y de cada una de las
regiones;
• Conferencias de prensa realizadas en cada región con motivo de la consti-
tución de los comisionados en ellas y también de la visita de profesionales
de la Comisión para reforzar la atención en regiones;
• Exposición de afiches en estacionamientos del Metro de Santiago;
• Distribución de afiches de la Comisión en las oficinas del Servicio de Regis-
tro Civil e Identificación, de los consultorios jurídicos de las cuatro Corpo-
raciones de Asistencia Judicial y del Programa Acceso a la Justicia del Mi-
nisterio de Justicia, en los Servicios de Salud y en las oficinas del Fondo
Nacional de Salud (FONASA);
52
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
• Distribución de afiches a través de las organizaciones de ex presos políticos
y organizaciones de derechos humanos;
• Cartas de solicitud de difusión y de convocatoria a sus asociados a los si-
guientes Colegios Profesionales: de Abogados, Arquitectos, Antropólogos,
Asistentes Sociales, Bibliotecarios, Cirujanos Dentistas, Contadores, Den-
tistas, Educadoras de Párvulos, Enfermeras, Fonoaudiólogos, Geógrafos,
Ingenieros, Ingenieros Agrónomos, Matronas, Médicos, Nutricionistas,
Periodistas, Profesores, Psicólogos, Químico-Farmacéuticos, Técnicos de
las Telecomunicaciones, Técnicos Paramédicos, Tecnólogos Médicos,
Kinesiólogos, Veterinarios y a la Sociedad Interamericana de Psicología.
A esto se suman todas las acciones de difusión que realizaron los profesionales de
la Vicepresidencia Ejecutiva en sus viajes a regiones y que por regla general con-
sideraban:
• entrevista con medios de prensa locales,
• entrevista en radios locales,
• conferencias de prensa conjuntas con el gobernador y encargados.
De manera independiente, las gobernaciones provinciales realizaron acciones de
difusión a través de la distribución de afiches y de intervenciones en la prensa y
radios locales.
i) Coordinaciones
Por otra parte, y con el fin de acceder a las fuentes de información fidedignas, se
establecieron distintos niveles de coordinación para la solicitud de antecedentes
con un conjunto de organismos, tales como:
• El Ministerio del Interior, al que se solicitaron antecedentes sobre decretos
de detención, relegación, liberación y expulsión del país de dicha cartera.
• El Ministerio de Relaciones Exteriores, para solicitarle antecedentes acerca
de información que pudieran tener organismos internacionales, como Na-
ciones Unidas, proveniente de grupos especiales, relatores especiales, visi-
tas inspectivas, grupos de desaparición forzada, grupos de detenciones ar-
bitrarias, Alto Comisionado de Derechos Humanos, Alto Comisionado de
Naciones Unidas para los Refugiados, Fondo de Naciones Unidas para la
Infancia, Comisión de Derechos Humanos del Consejo Económico y So-
cial, Organización Internacional para las Migraciones (y su antecesor, el
CIME), Comité contra la Tortura, relatores especiales sobre tortura, y de
otros organismos del sistema de Naciones Unidas que pudieren contar con
la información requerida; de la Organización de Estados Americanos y es-
53
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
pecialmente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; del
Comité Internacional de la Cruz Roja; de otros organismos internacionales
y de los países con los que Chile mantiene relaciones diplomáticas que
pudieren disponer de información relevante para la Comisión.
• El Ministerio de Justicia, para solicitarle información acerca de los indultos
decretados a ex presos políticos y de los decretos de cambio de pena de
reclusión por extrañamiento, dictados en virtud del Decreto Supremo N°
504 de 1975 de esa cartera.
• El Ministerio de Defensa Nacional, al que se le solicitó información sobre los
recintos de detención que estuvieron a cargo de cada una de las ramas de las
Fuerzas Armadas y de Orden, la nómina de personas detenidas en ellos, la
nómina de personas detenidas a cargo de la Secretaría Ejecutiva Nacional de
Detenidos (SENDET) y de las personas detenidas por la Dirección de Inte-
ligencia Nacional (DINA) y de la Central Nacional de Informaciones (CNI).
• Las distintas ramas de las Fuerzas Armadas y de Orden y la Policía de In-
vestigaciones de Chile, en demanda de antecedentes acerca de detenidos, de
recintos de detención y de programas de estudio de las instituciones de
enseñanza de su dependencia en materia valórica y de protección y promo-
ción de los derechos humanos.
• La Contraloría General de la República, para solicitarle copia de los decre-
tos de arresto, relegación, liberación y expulsión del país del Ministerio del
Interior, y de cambio de pena de reclusión por extrañamiento del Ministe-
rio de Justicia.
• Gendarmería de Chile, para obtener información sobre la permanencia de
los declarantes en recintos de su responsabilidad.
• La Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, para solicitarle copia de
los decretos de detención, relegación, libertad y expulsión del país del Mi-
nisterio del Interior, de cambio de pena de reclusión por extrañamiento del
Ministerio de Justicia, nómina de detenidos de la Secretaría Ejecutiva Na-
cional de Detenidos, copia de los procesos judiciales de los consejos de
guerra y de los procesos por infracción a la Ley de Seguridad Interior del
Estado en los períodos comprendidos en el mandato de la Comisión.
• El Instituto de Normalización Previsional, con el objeto de conocer acerca
de los beneficiarios y los montos de las pensiones establecidas en virtud de
otros procesos de reparación a víctimas, como la Ley 19.123 y las leyes de
reparación a los exonerados políticos.
54
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
j) Respuestas recibidas de las Fuerzas Armadas y de Orden a las solicitudes de in-
formación hechas por la Comisión
Por ser una materia de especial interés para la comunidad nacional, la Comisión ha
creído conveniente exponer las respuestas recibidas por ella a las solicitudes de
información que fueron hechas a las Fuerzas Armadas y de Orden. Ello sin perjui-
cio de adjuntar en un anexo dichas respuestas.
En uso de las atribuciones que le fueran conferidas por el Presidente de la Repúbli-
ca en el decreto que le dio creación y le estableció sus objetivos, la Comisión estimó
oportuno atender a la información específica de las diversas Instituciones del Esta-
do vinculadas al tema que la ha ocupado. En cuanto a las Instituciones de Defensa
Nacional, de Orden y Seguridad acordó dirigir oficio a la señora Ministra de De-
fensa, pidiéndole oficiar a ellas requiriéndoles los siguientes antecedentes:
• Listado de recintos de detención o prisión a cargo de cada una de las ramas
en los que permanecieron personas privadas de libertad en conformidad a
los estados de excepción jurídica vigentes en el país entre el 11 de septiem-
bre de 1973 y el 10 de marzo de 1990.
• Nómina de las personas que fueron recluidas en tales recintos y períodos
que permanecieron en ellos.
• Nóminas de las personas que fueron detenidas por la Dirección de Inteligen-
cia Nacional en conformidad a los mismos estados de excepción y período.
• Nómina de las personas que fueron detenidas por la Central Nacional de
Informaciones en conformidad a los mismos estados de excepción y período.
• Nómina de detenidos registrados por la Secretaría Ejecutiva Nacional de
Detenidos (SENDET) durante el mismo período.
Asimismo, en función de las medidas que esta Comisión debe proponer al Presi-
dente de la República, se pidió a las mismas instituciones información sobre los
programas que se estén impartiendo o programando, destinados a la formación
del personal en las pertinentes asignaturas acerca de los derechos de las personas,
Derecho Internacional Humanitario y Derecho Internacional de Derechos Hu-
manos, por la importancia que tal educación tiene para garantizar el respeto de la
dignidad humana en el ejercicio de la función que les es propia.
Las colaboración de estas instituciones pueden sintetizarse como sigue:
1. Dirección General de Carabineros
Por oficio Nº 122 del 5 de marzo de 2004 el General Jefe de Gabinete de la Direc-
ción General de Carabineros respondió a este requerimiento señalando que he-
chas las averiguaciones y consultas del caso, Carabineros de Chile no registraba an-
55
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
tecedentes ni documentación oficial sobre recintos de detención o prisión a su cargo;
que no poseía nóminas o registros de personas que, habiendo sido detenidas por la
Dirección de Inteligencia Nacional o por la Central Nacional de Informaciones,
hubiesen estado recluidas o privadas de libertad en tales lugares entre las fechas
indicadas.
A su vez, esa Dirección General, ampliando la información referida, remitió el
oficio 952 de 25 de agosto de 2004 informando:
a. Respecto del marco histórico: Que no es posible obviar las circunstancias his-
tóricas, políticas y sociales que llevaron a los hechos de que ahora conoce esta
Comisión, las que deben contrastarse con la estructura jurídica, orgánica y fun-
cional de Carabineros de Chile en los años 70 y su variación hasta el presente;
que cuando se presentan los requisitos legales, Carabineros detienen a personas
relacionadas con infracciones normativas y, en caso de ser procedente, las trasla-
da a los Cuarteles Institucionales que son los únicos lugares autorizados de per-
manencia para quienes se encuentran provisoriamente privados de libertad; que
todas las Unidades y Destacamentos operativos de Carabineros antes, durante y
después del 11 de Septiembre recibieron y siguen recibiendo personas temporal-
mente detenidas para ser puestas a disposición de la autoridad respectiva; que la
Institución no contaba con una formación profesional destinada a la custodia de
personas que no fuera la señalada por la ley y regida por los procedimientos regu-
lares, como tampoco la tiene hoy, puesto que su función se relaciona con el man-
tenimiento del Orden y la Seguridad Pública interior.
b. Respecto del período de excepción: Que de acuerdo a la información existen-
te, Carabineros de Chile no mantuvo centros de detención sino que en los casos
de determinadas detenciones practicadas ante infracciones de normas bajo el ré-
gimen de excepción de la época, las personas fueron derivadas bajo la custodia de
otras instituciones y organismos creados al efecto, las que mantuvieron sus pro-
pios lugares de detención; que se conoce de manera extraoficial, por publicaciones
relativas a este tema y por información de testigos de ese período, que hubo perso-
nal de Carabineros que desempeñó funciones en centros de detención como en el
caso denominado Tres Alamos, pero el recinto no estaba a cargo de la Institución,
y que las acciones realizadas al margen de esta normativa fueron sin duda excep-
cionales y como tales, no se rigieron por los parámetros ya señalados, generando
un área de actuación sobre la que no existía ni existe hoy un régimen de procedi-
mientos, reglamentos ni instrucciones que permitieran realizar un seguimiento de
las actividades que se presentaron en ese marco.
c. Respecto de la orientación profesional: Carabineros actuó -dice-, a contar el
11 de Septiembre de 1973 bajo una condición de excepción Constitucional que
afectó gradualmente y a lo largo de los años siguientes las funciones Institucionales
ya que ningún Órgano del Estado puede resultar absolutamente impermeable a
los factores externos que le condicionan de alguna manera; que sin embargo, la
56
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
fuerza de la propia naturaleza de Carabineros generó su equilibrio interior resta-
bleciendo del mismo modo gradual y permanente su orientación profesional.
d. La Circular Nº 777 de 9 de julio de 1985: A este respecto la circular aludida,
suscrita por el General Subdirector de entonces, impartiendo instrucciones
para todos los grados o jerarquías, señaló que, respecto del carácter militar
que la ley confiere a la Institución,...actúan erróneamente quienes anteponen
dicho carácter a lo que constituye la esencia y razón de ser de Carabineros; ésta es
la función policial. Ello se deduce, porque se han pretendido justificar acciones u
omisiones inexcusables e ilegales, amparados en una presunta enérgica actitud
propia de quienes ven en su accionar a un enemigo, concepto típico militar y que
no viene al caso en la terminología policial. A los trasgresores de la ley cabe neu-
tralizarlos racionalmente, para ponerlos a disposición de la justicia. Ninguna
persona y menos un Carabinero está facultado para hacer justicia por sí mismo,
menospreciar o burlarse de sus semejantes, o adoptar actitudes arrogantes, grose-
ras, torpes y faltas de suficiente criterio. Emplear esa autoridad en forma desme-
dida o desproporcionada y usar inadecuadamente sus armas, constituyen flagran-
te falta y abuso injustificado, que debe ser denunciado... las normas del art. 7 y
19 Nº 1 de la Constitución impiden actuar de otro modo y aún garantizan a
toda persona el derecho a la vida y a la integridad física y psíquica prohibiendo
todo apremio ilegítimo. Por ello se hace imprescindible que se produzca una
inmediata y progresiva toma de conciencia, sobre la primacía que revisten estas
instrucciones, destinadas a obtener que cada Carabinero posea y emplee la pleni-
tud de las cualidades que se exigen en las labores policiales a los hombres y muje-
res, a quienes se les encomienda la seguridad y protección de sus semejantes, y se
agrega, el procedimiento de ponderación y análisis que de estas instrucciones debe
seguirse por el personal y las medidas y el control de las mismas que se deberán
adoptar, en función de ellas; así, se dice, ...la Institución ejerció las medidas
correctivas ante las desviaciones conceptuales provocadas por el enfrentamiento
de esta organización a una realidad y necesidades para las cuales no estaba llama-
da y por tanto preparada y se aclara que el actuar institucional siempre se orientó
al cumplimiento de su misión específica, pese a lo cual algunos miembros realiza-
ron acciones al margen de estos preceptos, las que han sido conocidas por los tri-
bunales de justicia.
e. Respecto del restablecimiento de los roles fundamentales: Señala que: ...en
los años 1985 y 1990 la Institución fue requerida por los Tribunales de la Repú-
blica para obtener información incoándose varios procesos contra cierto personal
para determinar su responsabilidad en hechos que afectaron a personas a contar
de 1973 lo que permitió a Carabineros estar mejor preparados para su total
reinserción en su rol tradicional de Orden y Seguridad Pública a contar de Mar-
zo de 1990, lo que se tradujo en la recuperación y consolidación de la Institución
ante un importante sector de la sociedad, la que, a pesar de conocer casos de
procesamiento y condenas de miembros que vulneraron derechos esenciales de las
personas, le ha restituido su credibilidad y confianza.
57
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
f. Respecto de la Mesa de Diálogo: Afirma que la institución habría comprome-
tido su voluntad y recursos en la búsqueda y reconstrucción de hechos que permi-
tieran aclarar situaciones del pasado, extendiéndolos a la totalidad de su personal
para motivarlo y al personal en retiro para colaborar en tal tarea.
g. Respecto a la política institucional: El mando institucional -señala-, ha conti-
nuado con su disposición a proporcionar todos los antecedentes que puedan resul-
tar útiles al esclarecimiento de situaciones que afecten los derechos de las personas
y tal compromiso se ha materializado en una permanente política de transparen-
cia reforzada en los lineamientos que el Director General ha dispuesto que sean
observados en Carabineros de Chile y con el llamado público de 5 de Octubre de
2000 a todas las personas que tengan información sobre la materia a ponerla a
disposición de la Justicia o si se quiere mayor reserva, a través de las Iglesias, lo
que fuera acogido por el Cardenal Errázuriz al manifestar su disposición a recibir
tales antecedentes; que luego de este llamado afirma que se recibieron informa-
ciones, las que fueron puestas en conocimiento de la I. Corte de Apelaciones de
Santiago y que entre los años 2003 y 2004, 51 requerimientos han sido informa-
dos en la Región Metropolitana, 70 en Regiones, 74 emanados por las I. Cortes de
Apelaciones de la Región Metropolitana y que se han tramitado 2.875 oficios por
procesos por causas de derechos humanos.
h. Respecto de antecedentes oficiales: Indica que ...dada la reglamentación vi-
gente sobre vida útil de libros y archivadores, la inexistencia de archivos que
daten de esa época, han hecho infructuosas la nuevas indagaciones, debiendo
agregarse a ello la intervención de personas ajenas a Carabineros que asumieron
funciones de orden público, estableciendo recintos de detención no institucionales,
sin que tenga registro de los sitios empleados ni de quienes desempeñaron activi-
dades en ellos.
i. Respecto a planes de estudio sobre derechos humanos: Señala que ...en el
anexo al Boletín Nº 4010 de 24 de Abril de 2004 Carabineros de Chile publicó la
aprobación de los Planes de Estudio correspondientes a los Programas de Forma-
ción, Perfeccionamiento, Especialización y Capacitación, además de los cursos
complementarios de Oficiales de Orden y Seguridad, de Intendencia, de los Ser-
vicios y Personal de Nombramiento Institucional para el actual período, en los
que se contempla expresamente la Cátedra de Derechos Humanos y que el Gene-
ral Director reitera la permanente disposición Institucional a colaborar en esta
materia atendiendo a los requerimientos que se le formulen por constituir ello un
factor esencial dentro de la Doctrina de Carabineros de Chile.
2. Dirección General de la Policía de Investigaciones
Por oficio Nº 321 de 5 de marzo de 2004 el Director General de la Policía de
Investigaciones respondió a este requerimiento señalando que, por carecer de
documentos oficiales de la época que ilustraran sobre la materia, se revisaron los
58
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
archivos institucionales que compilan antecedentes de diferentes fuentes abiertas y
que puede informar lo siguiente:
a. Listado de recintos de detención o prisión
Listado por región a cargo de las diversas Instituciones de las Fuerzas Armadas y
Orden y Seguridad, en los que permanecieron personas privadas de libertad:
Primera Región
• Cárcel de Pisagua, utilizada por el Ejército
• Casa en Parcela 35, Valle de Azapa, utilizada por la Central Nacional de
Informaciones (CNI)
• Comisaría de Carabineros de Tarapacá, Iquique
• Inmueble en Avenida Santa María, sector industrial de Arica, utilizado por la
Central Nacional de Informaciones (CNI)
Segunda Región
• Campamento de Prisioneros “Chacabuco”
• Casa en Latorre N° 2.192, Antofagasta, utilizado por la Central Nacional de
Informaciones (CNI)
• Comisaría de Carabineros de Calama
Tercera Región
• No se tiene registros de centros de detención en la citada región
Cuarta Región
• Casa en calle Colo Colo N° 2.001, utilizada por la Central Nacional de Infor-
maciones (CNI)
• Inmueble en avenida El Estadio, ubicado cerca del Estadio La Portada de La
Serena, utilizada por la Central Nacional de Informaciones (CNI)
Quinta Región
• Base Aeronaval El Belloto, utilizada por la Armada desde el 11.09.73 hasta
1974
• Buque Escuela Esmeralda, utilizado por la Armada
• Buque Lebu, utilizado por la Armada
• Buque Maipo, utilizado por la Armada
• Cárcel de San Felipe, utilizada por el Ejército
• Cárcel de San Antonio, utilizada por el Ejército
• Casa en Agua Santa N° 980, Viña del Mar, utilizada por la Central Nacional
de Informaciones (CNI)
• Casa en calle Habana N° 476, Viña del Mar, utilizada por el Ejército
• Cuartel Silva Palma, Valparaíso, utilizado por el Servicio de Inteligencia Naval
(SIN), a fines del año 1974 y comienzos de 1975.
59
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
• Cuartel de la Policía de Investigaciones de San Felipe, utilizado por el Ejército
• Centro de Isla Riesco, ubicado en el Valle de Colliguay, utilizado por el Servi-
cio de Inteligencia Naval (SIN) entre el año 1973 y 1974
• Regimiento Maipo de Valparaíso, utilizado por la Dirección de Inteligencia
Nacional (DINA), durante el año 1975
• Campos de Prisioneros de Puchuncavi - Melinka, utilizado por la Armada
• Local en sector de la industria Cemento Melón, ubicada en La Calera, utiliza-
da por personal de la Central Nacional de Informaciones (CNI)
• Regimiento de Infantería N° 3 de San Felipe, actualmente Regimiento Yungay,
utilizado por el Ejército
• Tejas Verdes, utilizado por la Dirección de Iteligencia Nacional (DINA) a
comienzos del año 1973 y fines de 1974.
• Tercera Comisaría de Carabineros de Limache
• Campamento de Ritoque, utilizado por la Fuerza Aérea
Sexta Región
• Cárcel Pública de San Fernando, utilizada por el Ejército
Séptima Región
• Cárcel de Cauquenes, utilizada por el Ejército
• Cárcel de Talca, utilizada por el Ejército
• Inmueble ubicado en calle Ignacio Carrera Pinto N° 262 de Parral, utilizado
por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en el año 1974
• Colonia Dignidad, utilizada por la Dirección de Inteligencia Nacional
(DINA)
• Cuartel de la Policía de Investigaciones de Cauquenes, utilizado por el Ejército
• Cárcel de mujeres “El Buen Pastor” de Talca
• Fundo Culenar de Talca, utilizado por el Ejército
• Inmueble en calle Dos Sur N° 1.403, Talca, utilizada por la Central Nacional
de Informaciones (CNI)
• Inmueble camino a la localidad de Los Niches, Curicó
Octava Región
• Base Naval Talcahuano, utilizada por el Servicio de Inteligencia Regional
(SIRE) desde 1973 hasta agosto de 1975
• Casa Grande, Concepción
• Cárcel de Chillán
• Cárcel de Concepción
• Cárcel de Los Ángeles
• Cárcel de Quirihue
• Casa de la hacienda “El Morro”, ubicada a 30 km de Mulchén
• Cárcel de mujeres “El Buen Pastor” de Los Ángeles
• Casa del fundo “Pemehue”, Mulchén
60
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
• Casa del fundo “El Carmen”, de Maitenes, Mulchén
• Casa en Pedro de Valdivia N° 710, Concepción, utilizada por la Central Na-
cional de Informaciones (CNI)
• Comisaría de Carabineros de Coihueco
• Comisaría de Carabineros de Niblinto
• Comisaría de San Carlos
• Comisaría de Carabineros de Santa Juana
• Cuarta Comisaría de Carabineros de Concepción
• Cuartel de Carabineros de Los Angeles
• Cuartel de la Policía de Investigaciones de Chillán
• Estadio Regional de Concepción
• Estadio El Morro, Talcahuano, utilizado por el Servicio de Inteligencia Regional (SIRE)
• Fuerte Borgoño, interior Base Naval
• Gimnasio de IANSA
• Inmueble frente a Playa Blanca
• Isla Quiriquina, utilizada por la Armada
• Liceo Alemán
• Liceo de Hombres de Los Angeles
• Presidio de Bulnes
• Prisión de San Carlos
• Prisión de Yungay
• Regimiento de Infantería de Montaña N° 17 Los Angeles
• Regimiento de Infantería de Montaña N° 9, Chillán
• Retén de Carabineros España
• Retén de Carabineros de Antuco
• Retén de Carabineros de la Población Zañartu
• Retén de Carabineros de Lo Rojas
• Retén de Carabineros de Schwager
• Retén de Carabineros de San Nicolás
• Retén de Carabineros de Santa Bárbara
• Segunda Comisaría de Carabineros de Chillán
• Tenencia de Carabineros de Carreteras de Ñuble
• Tenencia de Carabineros de Coihueco
• Tenencia de Carabineros de Laja
• Tenencia de Carabineros de San Rosendo
• Séptima Comisaría de Carabineros de Coronel
Novena Región
• Cárcel de Temuco
• Regimiento Tucapel de Temuco
• Segunda Comisaría de Carabineros de Temuco
• Tenencia de Carabineros de Cunco
• Base Aérea Maquehue de Temuco
61
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Décima Región
• Casa en calle Pérez Rosales N° 764, Valdivia, autilizada por la Central Na-
cional de Informaciones (CNI)
• Casa del fundo “Chihuío” ubicada a 300 km de Valdivia, utilizada por el
Ejército
• Casa en calle Magallanes sin número, en Castro, Chiloé, utilizada por la Cen-
tral Nacional de Informaciones (CNI)
• Las Bandurrias, Regimiento Bulnes, utilizado por personal del Ejército
• Tercera Comisaría de Carabineros de Rahue
• Comisaría de Carabineros de Quellón
• Cuartel de la Policía de Investigaciones de Puerto Montt
Undécima Región
• Casa en calles Obispo Michelatto con Carrera, Coyhaique, utilizada por la
Central Nacional de Informaciones (CNI)
Duodécima Región
• Antiguo Hospital Naval, Punta Arenas, utilizado por el Servicio de Inteligen-
cia Naval (SIN)
• Bahía Catalina, utilizada por la Fuerza Aérea
• Batallón Blindado N° 5, actual Regimiento N° 6 Dragones, Punta Arenas
• Casa en calle Kusma Siuavic N° 920, Punta Arenas, utilizada por la Central
Nacional de Informaciones (CNI)
• Destacamento de Infantería de Marina N° 4, utilizado por el Servicio de Inte-
ligencia Naval (SIN)
• Estadio Fiscal de Punta Arenas, utilizado por la Fuerza Aérea
• Campo de prisioneros de Isla Dawson, utilizado por la Armada de Chile
• Regimiento de Infantería Motorizada N° 10, Punta Arenas
Región Metropolitana:
• Academia de Guerra Aérea (AGA) utilizada por el Servicio de Inteligencia de
la fuerza Aérea (SIFA), entre 1973 y 1974
• Base de las Fuerzas Especiales, ubicada en Peldehue, utilizada por el Ejército
• Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones, utilizada por el Ejército
• Casa de calle Loyola, ubicada entre calles Martí y Neptuno, utilizada por la
Central Nacional de Informaciones (CNI)
• Casa de Apoquindo, ubicada entre avenidas Tobalaba y Apoquindo, utilizada por
el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA) entre enero y marzo de 1975
• Casa de avenida Santa María N° 1.453, utilizada por la Central Nacional de
Informaciones (CNI)
• Clínica London, ubicada en calle Almirante Barroso, utilizada por la Direc-
ción de Inteligencia Nacional (DINA)
• Clínica Santa Lucía, ubicada en calle Santa Lucía N° 160, utilizada por la
62
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)
• Comisaría de Carabineros de Maipú
• Octava Comisaría de la Policía de Investigaciones
• Comisaría de Carabineros “Las Tranqueras”, utilizada por el servicio de In-
teligencia de la Fuerza Aérea (SIFA)
• Cuarta Comisaría de Carabineros
• Cuartel de calle Borgoño N° 1.470, utilizado por la Central Nacional de In-
formaciones (CNI)
• Cuartel de calle Belgrado N° 11, utilizado por la Dirección de Inteligencia
Nacional (DINA)
• Cuartel de calle Venecia N° 1.700, utilizado a fines de 1974 por la Dirección
de Inteligencia Nacional (DINA)
• Campos de Prisioneros de Tres y Cuatro Álamos, ubicados en calle Canada
N° 3.000, utilizado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) desde
abril de 1975 hasta 1977
• Estadio Nacional, utilizado por el Ejército
• Hospital Militar, utilizado por el Ejército
• Cuartel Implacate, ubicado en el extremo oriente de calle Bilbao, utilizado por
la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)
• Inmueble del barrio Bellavista
• Inmueble en calle Isidora Goyenechea, Clínica El Bosque, utilizada por la
Central Nacional de Informaciones (CNI)
• Internado Nacional Barros Arana, utilizado por el Ejército
• Cuartel de calle José Domingo Cañas N° 1.305, utilizado por la Dirección de
Inteligencia Nacional (DINA) desde agosto a noviembre de 1974
• Cuartel “La Firma”, ubicado en calle Dieciocho N° 229, utilizado por la
Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR)
• Locales de compraventas de oro, utilizados por la Dirección de Inteligencia
Nacional (DINA), algunas direcciones eran Ahumada N° 312 sexto piso,
Moneda N° 1061 y Bandera N° 121.
• Cuartel de calle Londres N° 38, utilizado por la Dirección de Inteligencia
Nacional (DINA) desde fines de 1973 hasta septiembre de 1974
• Cuartel de calle Maruri N° 245, utilizado por el Servicio de Inteligencia de la
Fuerza Aérea (SIFA) en 1974
• Cuartel Nido 18, ubicado en avenida Perú N° 9.053 utilizado por el Servicio
de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA) y la Dirección de Inteligencia de
Carabineros (DICAR)
• Cuartel Nido 20, hangar del aeropuerto Cerrillos, utilizado por el Servicio de
Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA)
• Regimiento Tacna, utilizado por el Ejército
• Cuartel Remo Cero, Regimiento Artillería Antiaérea de Colina, utilizado por
el Servicio de Inteligencia de la fuerza Aérea (SIFA)
• Recinto en calles Rancagua con José Miguel Infante, utilizado por la Central
63
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Nacional de Informaciones (CNI)
• Recinto en calle Juan Antonio Ríos N° 6, utilizado por la Dirección de Inteli-
gencia de la Fuerza Aérea (DIFA) en 1975
• Regimiento de Infantería de San Bernardo
• Cuartel de avenida República N° 517, utilizado por la Central Nacional de
Informaciones (CNI)
• Cuartel de Rinconada de Maipú, ubicado al interior de un fundo de la Uni-
versidad de Chile, utilizado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)
• Cuartel Villa Grimaldi, ubicado en José Arrieta N° 8.200, utilizado por la
Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) a comienzos de 1974
• Velódromo de Santiago
• Cuartel “La Venda Sexy”, ubicado en calle Irán N° 3.037, utilizado por la
Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) desde principios de 1975 hasta
mediados de ese año.
b. De ellos 36 corresponden a locales de Carabineros; 27 del Ejército; 20 de la CNI;
17 de la DINA; 13 de la Armada; 10 de la Fuerza Aérea y 4 de Investigaciones, sin
perjuicio de otros inmuebles, estadios y cárceles no asignados en el listado.
c. Nómina de las 121 personas que fueron detenidas en Isla Dawson.
d. Nómina de personas detenidas por los organismos que se mencionan sin que
se hubiese podido determinar el recinto en el que permanecieron ni su perío-
do de reclusión:
• 14 por la Policía de Investigaciones.
• 42 por Agentes del Estado no identificados.
• 32 por Carabineros de Chile.
• 14 por la Fuerza Aérea de Chile.
• 7 por la Armada de Chile.
• 5 por el Ejército de Chile.
• 89 por la DINA
• Advierte que carece de información de detenidos por la CNI.
• Nómina de 135 detenidos que se registran por la Secretaría Ejecutiva Na-
cional de Detenidos (SENDET) entre el 2 de enero y el 13 de abril 1976, y
de otros 255 sin fecha de detención conocida.
• Advierte que actualmente se analizan y clasifican 7.175 casos conocidos por el
Departamento V (Asuntos Internos) en diferentes investigaciones que le han sido
encomendadas por diferentes tribunales del país relativas a delitos que vulneran los
derechos humanos que se informará, una vez que se haya concluido la tarea.
e. En lo relativo a la formación del personal. Informa que ...por Orden R Nº 3 de
27 de Mayo de 1993 la Dirección General creó el Consejo Superior de Ética
64
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Policial para velar por el estricto cumplimiento de las normas éticas y morales
que rigen la actividad policial de la Institución. Este órgano se reúne a fin de
considerar las actuaciones del personal institucional que eventualmente afecten
los derechos fundamentales de las personas, sean éstas víctimas, imputados o dete-
nidos. Su competencia comprende la evaluación de todo acto reñido con la ética
profesional, con facultades para aplicar medidas disciplinarias que incluyen el
alejamiento de la institución. Este Consejo está integrado por el señor Director
General y los Prefectos Generales, Prefectos Inspectores con asiento en la Región
Metropolitana, el Inspector General, el Jefe de Jurídica y el Jefe de Personal. En
el año 1995 se aprobó el Código de Ética Profesional que explicita los valores que
informan la acción profesional y regula la acción integral del investigador poli-
cial y las tareas de apoyo para esta función central de los funcionarios de las
diversas plantas.
f. La incorporación a las mallas académicas. Señala que ...fueron incorporados a la
mallas académicas principios y contenidos que refuercen la protección y respeto
de los derechos humanos. La institución fue la primera en hacerlo, en 1992, a
nivel nacional, en el Plan y Programas de Estudios de la Carrera de Investigador
Especializado, en forma sistemática al área de Ciencias Jurídicas. Se integraron
dos asignaturas referidas a derechos humanos y garantías constitucionales en ge-
neral (Derechos Humanos I y Derechos Humanos II) y en la de Ciencias Hu-
manas, Ética I, Ética II y Ética III y en todos los cursos institucionales la asigna-
tura obligatoria de Ética Profesional.
g. A lo anterior se agrega que ...la constitución del Comité Ético Docente como
instancia interdisciplinaria de deliberación, asesoría y consultoría y ejecutar acti-
vidades académicas vinculadas a la ética individual y social, diagnosticar y propo-
ner conductas y actitudes que requieran fortalecimiento en el orden valórico
institucional y la actualización permanente de la bibliografía y material audiovisual,
contenidos y metodología, en cuyo contexto se editó el Manual de Ética que contri-
buye a la formación de los aspirantes y al perfeccionamiento de los oficiales.
3. Oficios de 9 de marzo y 6 de julio de 2004 del Comandante en Jefe del Ejército
Por encargo de la Ministra de Defensa Nacional responde con estos oficios al
requerimiento que le fuera formulado el 12 de enero, complementado por otro
posterior de la Vicepresidenta Ejecutiva de la Comisión. Por ello se informa:
a. Acerca de información sobre personas detenidas por DINA-CNI o registra-
das en SENDET, que las fuentes referidas desde las cuales se les solicita recabar
información no pertenecieron al Ejército, por lo que en sus archivos y agotadas
las consultas internas, no existen registros y o nóminas que permitan atender esta
65
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
solicitud. Que el primero de dichos organismos fue una dependencia de la Junta
de Gobierno, el segundo si bien era un organismo de la defensa se vinculaba al
Gobierno a través del Ministerio del Interior que debía determinar por Decreto
Supremo las dependencias de tal organismo “en los que se podrán mantener a las
personas detenidas” y desde la dictación de la ley 18.623 sólo podría detener per-
sonas en sus casas o conducido de inmediato a una cárcel o lugar público de
detención y en cuanto al tercero, este fue una dependencia del Ministerio de De-
fensa que pasó en 1975 a depender del Ministerio del Interior.
Se recibió el informe del Comandante en Jefe del Ejército, en el que, en sínte-
sis, se informa:
b. Razones de la dificultad en la búsqueda de antecedentes. De acuerdo a lo infor-
mado, dicha dificultad se explicaría por la circunstancia de que ...la gran mayoría
de quienes pudieran ser fuente personal voluntaria de algún aporte de información
ya no son parte de la institución; la reglamentación sobre destrucción de documen-
tación trascurridos 5 años y por la reestructuración y supresión que han experimen-
tado un significativo número de Unidades Militares.
Explica que... el que el Ejército debiera participar en ese entonces, excepcional-
mente, en la custodia y resguardo en forma transitoria de personas detenidas,
respondió a diversas situaciones de hecho propias del estado de excepción que
vivía el país, careciéndose -por esas características- de políticas institucionales
predefinidas para ello, en razón de las funciones carcelarias y policiales que jamás
han sido natural ni orgánicamente las suyas.
Lo anterior -indica- se tradujo para el personal que debió asumirlo en una confu-
sión explicable entre el rol militar para el cual se encontraba preparado, con uno
que le era ajeno e impuesto por el sólo peso de las circunstancias y la contingencia.
La ausencia de una doctrina militar predefinida para asumir por el personal los
nuevos desafíos de este orden y otros en el contexto histórico que vivía, no sólo
era impensable eludir, sino que seguramente habría contribuido a situaciones de
descontrol ciudadano general que hoy probablemente se reprocharía por omisión
a las Fuerzas Armadas, significó imponer en situaciones, en gran medida, el cri-
terio y sello personal de quienes les correspondió actuar.
En razón de no responder dichas funciones a una política de mando o doctrina
del Ejército, la gran mayoría de la información con que hoy se cuenta ha sido
alimentada y recreada por antecedentes recopilados en investigaciones que han
llevado a cabo los tribunales de justicia y como producto de la colaboración que a
ellos le han prestado civiles y uniformados. Por ello no aparece legítimo exigir al
Ejercito investigaciones paralelas a las judiciales.
66
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
c. Recintos de detención. Por todo lo anterior -señala- no ha sido posible determi-
nar ni asumir oficialmente cuál fue la organización y funcionamiento de los re-
queridos recintos ocasionales de detención, como tampoco la existencia de regis-
tros de personas privadas transitoriamente de libertad y respecto del control que
ejercía sobre ellos más aun si se considera la magnitud y descentralización con
que se debió enfrentar la situación a lo largo del país, conforme a lo necesario de
cada circunstancia, lo que permite concluir que como institución no se haya tipi-
ficado una manera única de actuar, ya que cada mando tenía las atribuciones
necesarias para ejercer sus funciones.
Unidades militares
No obstante lo anterior, se tiene conocimiento de que durante el año 1973 la
mayoría de las unidades militares recibieron personas privadas de libertad, las
que fueron derivadas a lugares de reclusión existentes o que para estos efectos se
implementaron y en definitiva puestas en libertad.
Recintos de detención transitorios
En cuanto a los lugares de detención transitorios, considerando estos hechos y los
antecedentes de documentación sobre requerimientos judiciales, del Informe Rettig,
de la Mesa del Diálogo y otros documentos públicos se puede inferir que habrían sido
empleados como lugares de detención transitorios los siguientes:
•Escuela de Artillería
•Escuela de Infantería y o Cerro Chena
•Escuela Militar
•R. A. Nº 1 Tacna
•R. A. Nº 2 Arica, hoy R.I. Nº 21 Arica
•R. I. Nº 4 Rancagua
•R. I. Nº 10 Pudeto
•R. I. Caupolicán
•R. I. Nº 14 Aysén
•R. R. Nº 17 Los Ángeles
•Complejo Químico Industrial del Ejército
Lugares que no constituyen Unidades del Ejército
•Estadio Nacional
•Estadio Chile
•Campo de detenidos políticos de Pisagua
•Campo de detenidos Nº 2 de Tejas Verdes
•Campo de detenidos José Domingo Cañas u Ollagüe
•Tres Álamos
•Gimnasio CENDYR
•Villa Grimaldi
67
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
•Oficina Salitrera Chacabuco, Antofagasta
•Internado Barros Arana (posiblemente)
Sin embargo, reitera que ...las circunstancias ya delimitadas hacen razonable de-
ducir que en la mayoría de las unidades militares transitoriamente hubo personas
detenidas, las que habrían sido en su gran mayoría derivadas a recintos propios de
esta naturaleza, en cuanto fue posible, pero no existen antecedentes que puedan dar
testimonio cierto y que permita ser avalado por documentación institucional.
En cuanto a la fotocopia del Listado Nº 10, de fecha 12 de noviembre de 1973, en
el que aparece una nómina de un total de 11.826 detenidos, que se le acompañara
a título ilustrativo con la finalidad de que remitiera listados posteriores u otros
documentos en los que conste la detención de personas, respondió que ...éste con-
tiene información muy esquemática, donde en casillero “campamento” detalla luga-
res o ciudades de detención a lo largo del país, individualizando a las respectivas
Unidades Operativas del Ejército (Divisiones); como también de las otras institu-
ciones de las Fuerzas de Orden y Seguridad, nómina que podría corresponder a algún
documento elaborado en la época por el Ejército, pero el cual la Institución carece del
original o copia que posibilite su cotejo, como tampoco registro o antecedente que
permita validar su autenticidad o determinar el organismo en el que se habría origi-
nado, de la persona que aparece suscribiéndolo y se responsabiliza del mismo.
Al respecto, recuerda que ...conforme se encuentra acreditado en tribunales, en la
época existieron diferentes organizaciones ad-hoc, ajenas al Ejército que cumplie-
ron tareas propias de la materia en comento donde el personal militar y civil, en
forma individual y temporal y sin registro actual de destinación, fue comisionado
debido a las excepcionales circunstancias que vivían.
d) En cuanto a programas de estudio para la formación del personal
En lo relativo a los principios y programas de estudios destinados a la formación
valórica del personal y a las asignaturas impartidas sobre derechos de la persona
humana, derecho internacional humanitario y derecho internacional de los con-
flictos armados manifiesta:
Que la preocupación del Ejército si bien siempre estuvo presente, su natural orien-
tación correspondía y se circunscribía fundamentalmente a las conductas que eran
exigibles frente a los beligerantes en un conflicto bélico cuyo sustento esencial eran
los tratados internacionales sobre tratamiento de prisioneros de guerra y las con-
venciones que, genéricamente, regulaban la guerra convencional.
Que la circunstancia excepcional que le correspondiera abordar a las [Link]. que
importó a su personal asumir funciones que superaron con creces las propiamente
militares (custodia de prisioneros, policiales, investigaciones, etc.) y las consecuen-
68
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
cias que apartarse, en ocasiones de ellos, significara llevó el Ejército a propia inicia-
tiva, a iniciar un completo reestudio de los contenidos de la enseñanza sobre Dere-
chos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.
Que para ello se estructuró un equipo multidisciplinario integrado por personal del
Comando de Institutos Militares y del Centro de Investigaciones Militares, con el
concurso y asesoría del académico y miembro de la Corte Internacional de Dere-
chos Humanos de la OEA, don Máximo Pacheco Gómez.
Que producto de los análisis efectuados en el seno de la institución a la luz de los
acontecimientos acaecidos en un período reciente de la historia nacional, las
falencias antes anotadas en materia de derechos humanos, motivaron actualizar
las mallas curriculares, como parte del proceso de reforma educativa, con miras al
Ejército del siglo XXI conforme a los avances que ha tenido el Derecho Interna-
cional Humanitario y el Derecho Internacional en Conflictos Armados.
Que para ello se constató la necesidad de superar las experiencias de otros ejérci-
tos cuya formación se funda en la casuística de situaciones puntuales, que ha de-
mostrado ser insuficiente para garantizar en forma efectiva el respeto de los dere-
chos humanos y el cumplimiento de las normas del Derecho Internacional Hu-
manitario por parte de la fuerza militar en el marco de un conflicto cualquiera
fuere la misión que le correspondiere o se le impusiere asumir.
Que en el marco de este estudio se dedujo la necesidad de crear un método que
permitiera que el personal internalizara los conceptos de persona humana y de
dignidad de la persona cualquiera que fuere la situación que demandare su respeto.
Para ello se hizo una aproximación a través de mallas curriculares, con objetivos
transversales, considerando todos los cursos que se imparten en la institución. Se
estima que de esta forma es posible inculcar los valores que llevan en forma natural
y por convicción a respetar la dignidad del ser humano y el conjunto de derechos
que le son inherentes, de manera tal que con igual coherencia se vea reflejado en el
diario accionar del personal militar, en tiempo de paz como de guerra.
Que de esta manera, más allá del estudio de casos los oficiales y Cuadro Perma-
nente son educados a través de toda su carrera mediante cursos de requisitos y de
especialidades primarias y secundarias en la convicción y el ejercicio constante de
una práctica acorde con la actual visión de los derechos humanos haciendo pri-
mar una sólida y conciente convicción filosófica por sobre procedimientos apren-
didos y que pueden llevar a practicarlos sin el necesario contenido y respaldo
moral, que constituye su real fortaleza y garantía.
Que en lo docente ello ha sido integrado en las mallas curriculares de los diferen-
tes cursos de formación y requisitos que permitan gradualmente comenzar desde
69
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
lo básico hasta el nivel avanzado de educación superior a cuyo efecto se han ela-
borado tres cuadernos editados por el Comando de Institutos Militares en el año
2000 que se han adjuntado a esta información.
Que por su parte la Academia de Guerra ha organizado seminarios con parti-
cipación inclusive del delegado regional del Comité Internacional de la Cruz
Roja y ha mantenido contacto informal con sus profesores, lo que ha sido esencial
para definir la forma de aplicar las normas internacionales que regulan los con-
flictos armados en toda su dimensión.
Que en materia de extensión el Ejército a través del mencionado Instituto de
estudios superiores ha tenido una participación relevante en el ámbito académico
sobre el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho Internacional de los
Conflictos Armados y operaciones de paz mediante seminarios internacionales
en los años 1996 a 2003.
Que también se refiere a la investigación académica que se desarrolla, que se
traduce en la elaboración de memorias de títulos y de grado que reflejan el interés
con que la materia se está tratando.
Que este proceso de enseñanza y aprendizaje es continuo y se ha retroalimentado
permanentemente con la experiencia diaria y es así como con ocasión de los
reprochables hechos ocurridos recientemente en Irak se han impartido instruccio-
nes difundidas a todo el Ejército cuyo texto se ha acompañado, basadas en las
conclusiones que se han podido extraer y también instrucciones al Comando de
Institutos Militares en su calidad de organismo rector en la dirección y ejecución
de los programas de estudios.
Que todos estos antecedentes -concluye- reflejan que el Ejército de Chile ha teni-
do falencias desde su origen en el proceso formativo en estos temas en relación con
su adecuación a los radicales cambios que ha experimentado la legislación mun-
dial y que hoy aparece impensable no incorporar adecuadamente a la doctrina
institucional los aspectos que permiten proteger a las víctimas de los conflictos
armados, en toda su expresión, así como asegurar el correcto comportamiento del
personal militar en el cumplimiento de sus obligaciones para con los prisioneros
de guerra.
Y finalmente señala ...que ha constituido parte importante del tiempo destinado
por el Comandante en Jefe orientado a generar un espíritu de concordia, amistad
cívica y cohesión social que contribuya a transitar desde un estadio centrado fun-
damentalmente en el pasado a un escenario de construcción del futuro, de justicia
no exenta de humanidad, benevolencia y sentido educativo y en tal sentido el
Ejército ha hecho suya la crítica que se le ha hecho de parte de la sociedad.
70
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
4. Secretario General de la Armada
Por oficio de 31 de marzo de 2004 informó que, efectuadas las revisiones pertinentes:
a. Sobre antecedentes
Que sólo se encuentran antecedentes vinculados con la detención de personas en
causas judiciales instruidas por los diversos Juzgados Institucionales en razón de
delitos contemplados en el Código de Justicia Militar, sin que se haya podido en-
contrar registros de personas detenidas por otros motivos.
b. En relación con los recintos de detención
Que se habrían empleado para este efecto:
• El ex cuartel “Silva Palma (Actual Guarnición de Infantería de Marina “Orden
y Seguridad” de Valparaíso);
• La Academia de Guerra Naval;
• El Buque Escuela Esmeralda;
• Las naves mercantes Lebu y Maipo;
• La Isla Quiriquina;
• El ex Fuerte Borgoño (Actual Destacamento de Infantería de Marina Nº3 Aldea);
• El Gimnasio de la Base Naval de Talcahuano, y
• La Isla Dawson.
c. Acerca de información sobre personas detenidas por DINA-CNI o registra-
das en SENDET
Respecto de la información requerida sobre estos organismos, señala que ... no
se cuenta con información relativa a personas detenidas por la DINA o por la CNI
o de la nómina de detenidos registrados por el SENDET.
d. Planes de estudios
Al respecto, el Jefe del Estado Mayor General informó que el estudio de Dere-
chos Humanos y Derecho Internacional Humanitario al personal de la Armada
...forma parte del perfil común de los Oficiales y Gente de Mar, ... que para los
primeros, su estudio se ha considerado en la Escuela Naval, Curso de Guardia
Marinas y en los distintos cursos que se imparten en la Academia de Guerra Naval
y para los segundos, en la Escuela de Grumetes y en los cursos Técnico Administra-
tivo para Sargentos 1º de línea y de Mando ... adjuntando al oficio el Anexo A con
una relación de las Unidades Temáticas de los programas de asignaturas, en ...
donde el tema es tratado en forma explícita o como parte de los objetivos transver-
sales relacionados con ambos temas. Entre ellas:
- Escuela Naval
En la asignatura de Derecho se incluyen en la Unidad Temática Nº 1 El Hombre,
la Sociedad y el Derecho; Derechos fundamentales del Hombre; Declaración Uni-
71
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
versal de los Derechos del Hombre de las Naciones Unidas, encontrándose en
tramite de incorporación una unidad temática de Derecho Internacional de los
Conflictos Armados.
- Curso de Guardiamarina
En la asignatura de Comportamiento en Territorio Hostil, la Unidad Temática de
comportamiento como Prisionero de Guerra y Reglamentación de la Convención
de Ginebra.
- Curso de Especialidades de Infantería de Marina
En la asignatura de Operaciones de Paz, la Unidad Temática 3.0, el Marco Legal.
Derecho y Obligación, Derecho Internacional Humanitario y Código de Conduc-
ta del Soldado de Naciones Unidas.
- Curso de Especialidad de Inteligencia II
En la Unidad Temática Nº 1.0 Principios de Derecho Internacional y Conven-
ción de Ginebra y en la Unidad Temática Nº 3.0 Derecho de los Conflictos Arma-
dos; Principales normas internacionales que rigen los conflictos armados.
- Curso a Distancia Preliminar al de Informaciones
En la asignatura de Derecho Público, Uso de la Fuerza en el Derecho Internacio-
nal, Lección 19, Derecho Internacional Humanitario, su origen y desarrollo;
- Curso de Informaciones para Oficiales de Línea y de los Servicios.
En la asignatura de Derecho Internacional Marítimo, Sesión Nº 3, Nociones Bási-
cas sobre Derecho Internacional Humanitario.
- Curso a distancia Prelimitar al de Estado Mayor
En la asignatura de Derecho Público, Unidad Temática Nº 3, Los sujetos de Dere-
cho Internacional; en la lección 9, La Persona Humana ante el Derecho Interna-
cional; en la Unidad Temática Nº 9, El Derecho Internacional Humanitario,
Lección 19, El Derecho Internacional Humanitario, su origen y desarrollo y Lec-
ción 20, Derecho Internacional en los conflictos armados en el mar. El manual de
San Remo;
- Curso General al de Estado Mayor
En la asignatura de Derecho Internacional, Unidad temática Nº 1, Los Sujetos del
Derecho Internacional Público, Sesión 2, La Persona Humana ante el Derecho
Internacional; en la Unidad Temática Nº 2 El Uso de la Fuerza ante el Derecho
Internacional, en la Unidad Temática Nº 4 El Derecho Internacional Humanita-
rio, sesión Nº 14, Cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario. La Corte
Penal Internacional; sesión Nº 15 Combatientes y no combatientes; sesión 16, La
Protección de las Personas y Bienes; sesión 17, El Derecho de la Neutralidad; sesio-
nes 18 y 19, El Derecho de los Conflictos Armados en el Mar. El Manual de San
72
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Remo. En La Asignatura Curso Conjunto, Unidad Temática Nº 8, Operaciones
de Paz; Sesión Nº 1 La Carta Fundamental de la ONU; sesión Nº 3, Alto Comi-
sionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Comité Internacio-
nal de la Cruz Roja
- Gente de Mar
· Escuela de Grumetes. Asignatura de Deberes Militares; Unidad Temática
Nº 12, El Derecho Internacional Humanitario; Definición, Origen, Cono-
cimiento general de los cuatro tratados de Ginebra y sus dos protocolos;
Aplicación del Derecho Internacional Humanitario en los diferentes tipos
de conflictos armados; Normas básicas que deben aplicarse en caso de con-
flicto armado.
· Curso Técnico Administrativo para S 1º de línea; asignatura de Educación
Cívica, Unidad Temática Nº 1, Conceptos Generales de Educación Cívi-
ca, el Hombre y la Sociedad, el Hombre y el Estado.
· Curso de Mando y Administración para S 1º de los Servicios; Asignatura:
Educación Cívica. UT Nº 1: “Conceptos Generales de Educación Cívica”,
El Hombre y la Sociedad, El Hombre y el Estado.
5. Fuerza Aérea de Chile
El 12 de abril de 2004 la Ministra de Defensa remitió a la Comisión un oficio por el
que le dio a conocer que la Fuerza Aérea le había comunicado que, efectuadas las
consultas a la Dirección de Inteligencia, esa institución informó que no contaba con
antecedentes que dijeran relación con la materia consultada. Sin embargo, el 19 de mayo
del mismo año, la Ministra remitió a la Comisión oficio por el cual, complementando el
anterior, adjuntaba la nómina de 100 personas procesadas en las causas 1-73 y 84-74,
con sus fechas de detención, de libertad, y con el lugar de la detención indicado con siglas.
Estas materias eran de dominio público por tratarse de procesos judiciales.
Conclusiones de las respuestas recibidas por las Fuerzas Armadas y de Orden
Las respuestas de las diversas instituciones, que se adjuntan en un anexo, son
disímiles, tanto en su forma como en su contenido. Se reconoce el hecho de que
han respondido y manifestado su intención de colaborar en el proceso, aportan-
do algunas de ellas información acerca de recintos de detención.
Dos de ellas hacen referencia en las que asumen, en cierto grado, la crítica social que ha
recaído sobre las instituciones armadas y de orden por actuaciones en el pasado recien-
te. Esas dos instituciones precisan que vivieron circunstancias ajenas a sus funciones
propias, que las conductas cuestionadas fueron más allá de los principios y doctrinas
que las rigen, y que se ha buscado la recuperación del sentido genuino que debe inspirarlas.
73
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Finalmente, la Comisión constata la importancia del proceso de renovación que
ha venido experimentando la formación en las escuelas matrices y academias su-
periores que Carabineros, Investigaciones, el Ejército y la Armada informaron.
Se observa en sus respuestas, además, el propósito de renovar la formación moral
de sus miembros, a través de la enseñanza en materia de derechos humanos y del
ineludible respeto que se debe a la dignidad de todas las personas. Esto revela un
compromiso en el sentido de que estos hechos no vuelvan a repetirse.
De la Vicepresidencia Ejecutiva
El trabajo realizado por los profesionales de la Vicepresidencia Ejecutiva, condu-
cente a la calificación de los casos por parte de los comisionados, dice relación
con el cumplimiento de los objetivos que se definieron para cada una de las áreas
y unidades, a través de las cuales se desarrollaron los procesos de trabajo que
hemos informado anteriormente.
Un total de 35.868 personas entregaron sus antecedentes a esta Comisión. De
ellas, el 38% corresponde a quienes lo hicieron en la Región Metropolitana, el
54% corresponde al resto de las regiones y el 9% a quienes lo hicieron a través de
los consulados, desde el exterior.
a) Atención de público en Región Metropolitana
En la Región Metropolitana la organización de la atención se realizó por me-
dio de un sistema de llamadas sin costo para el usuario, al teléfono 800411400.
Al llamar, cada persona recibía la información básica sobre la atención en la
Comisión y podía elegir el día y horario para concurrir a prestar testimonio
según su disponibilidad personal. La atención se realizó entre el 13 de noviem-
bre de 2003 y el 31 de mayo de 2004.
En el siguiente gráfico se observa el comportamiento del sistema de llamadas
mes a mes, en que se compara el número de llamadas recibidas versus lo
agendado: muchas llamadas provenían de personas que requerían informa-
ción y luego no solicitaban atención o de personas que hicieron varias consultas
antes de pedir hora.
Se puede observar que, al inicio, la diferencia entre el número de llamadas y la
programación de las horas de entrevista es importante. Esto se puede explicar
por la necesidad de información que había en ese momento. Luego, esta dife-
rencia se acorta, lo que da cuenta de una población más informada y decidida
a concurrir a la Comisión.
74
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
LLAMADAS VS. AGENDAMIENTOS POR MES - REGION METROPOLITANA
• Estadística general de atención
Agendados Atendidos No concurren Atención sin agendamiento Consultas
13.577 13.670 1.979 2.072 2.551
Las atenciones agendadas incluyen las horas solicitadas mediante el sistema de
llamado sin cobro al teléfono 800411400 y las horas solicitadas a través del correo
electrónico de la página web de la Comisión. Estas últimas fueron 340, que cons-
tituyen sólo el 2% del total.
Las atenciones sin previa reserva telefónica son las que se otorgaron a personas
que, sin haber concertado hora previamente, se presentaban a la sede central de la
Comisión solicitando atención: ninguna persona fue rechazada y se les otorgó
atención inmediata. Estas atenciones representan el 15% de las que se realizaron
en la Región Metropolitana.
Las 2.551 “Consultas”, corresponden a las atenciones de público en la recepción
de la sede central, donde sistemáticamente se recibía a las personas y se les entre-
gaba alguna de las siguientes atenciones:
• información respecto a la atención en la Comisión;
• orientación y asistencia para llenar la ficha;
• derivación a atención inmediata, si el caso lo ameritaba;
• derivación a otras instituciones, si el caso no correspondía;
• recepción de documentos complementarios con posterioridad a la entrevista.
75
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
No obstante que la atención en la Región Metropolitana se radicó fundamental-
mente en las oficinas de su sede central, se acogieron peticiones de atención en
terreno para comunas en que las personas tenían dificultades de traslado y cuan-
do las gobernaciones o municipios así lo solicitaron. Es el caso de Paine y Colina,
comunas a las que concurrieron profesionales del equipo central en dos oportu-
nidades para atender a un total de 39 personas.
b) Atención de público en regiones
En el siguiente cuadro se informa el detalle de la atención en regiones y que,
como se ha señalado, representó el 54% del total de personas que entregaron sus
antecedentes a esta Comisión. La atención se realizó entre el 1º de diciembre de
2003 y el 31 de mayo de 2004.
El detalle de las presentaciones recibidas en cada gobernación se puede observar en
la tabla de la página siguiente. Las regiones de más alta presentación fueron la VIII,
con el 11% del total; la V, con el 8%, y las regiones IX y X, con 7% cada una.
c) Visitas a regiones por segunda entrevista
Cuando la información que entregaba la Ficha de Antecedentes era insuficiente
o mostraba discordancias evidentes, se determinaba la realización de una se-
gunda entrevista. Esto requirió el traslado de profesionales a terreno y concer-
tar el apoyo de las gobernaciones y gobiernos regionales para convenir entre-
vistas con las personas con anticipación mediante llamadas telefónicas, telegra-
mas, llamados por radios locales, etc., a fin de asegurar su asistencia. A partir de
agosto, en el proceso de calificación se realizaron, en alrededor de 14.000 casos,
segundas entrevistas, correspondientes a personas residentes en Santiago, en
regiones o en el exterior. Dichas consultas se hicieron a través de entrevistas
personales, telefónicas o consultas a través de correo electrónico, tanto al de-
clarante como a testigos que ellos refirieron o que se obtuvieron sobre la base
del cruce de información de los testimonios. Más de 1.400 casos de estas entre-
vistas se realizaron en regiones, lo que requirió que profesionales de la Comi-
sión se trasladaran a cada una de éstas, contando con el apoyo de las
gobernaciones respectivas.
d) Recepción de antecedentes desde el exterior
Para quienes se encontraban residiendo en el exterior, se determinó que una
vez completada la ficha debían hacer llegar sus antecedentes en forma directa
por la vía consular, sin posibilidad de sostener una entrevista de acuerdo al
76
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
ATENCIÓN EN GOBERNACIONES
Gobernación NºAtenciones
Arica 424
Parinacota 0
Iquique 692
Antofagasta 501
El Loa 133
Tocopilla 41
Copiapó 368
Huasco 148
Chañaral 98
Elqui 597
Limarí 338
Choapa 169
Valparaíso 1.298
Quillota 374
San Antonio 387
San Felipe 463
Los Andes 72
Petorca 215
Cachapoal 892
Colchagua 269
Cardenal Caro 94
Talca 816
Curicó 488
Linares 563
Cauquenes 118
Concepción 1.664
Ñuble 1.063
Bío-Bío 808
Arauco 465
Cautín 1.994
Malleco 539
Llanquihue 526
Valdivia 1.082
Osorno 640
Chiloé 233
Chaiten 42
Coyhaique 165
General Carrera 24
Puerto Aysén 90
Puerto Natales 25
Magallanes 550
Chacabuco (*)
Total 19.468
* La cifra se registra en atención de Región Metropolitana
77
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
RECEPCIÓN DE ANTECEDENTES DESDE EL EXTERIOR
País de procedencia N° de fichas recibidas
Alemania 119
Argelia 1
Argentina 498
Australia 168
Austria 25
Bélgica 139
Bolivia 20
Brasil 43
Canadá 510
Colombia 19
Costa Rica 24
Croacia 1
Cuba 18
Dinamarca 52
Ecuador 9
España 66
Estados Unidos 142
Finlandia 7
Francia 279
Guatemala 1
Holanda 70
Hungría 2
Italia 17
México 62
Mozambique 2
Nicaragua 4
Noruega 51
Nueva Zelandia 6
Panamá 20
Paraguay 2
Perú 2
Polonia 1
Portugal 2
Reino Unido 158
República Dominicana 1
Rusia 2
Suecia 408
Suiza 43
Uruguay 10
Venezuela 106
Total 3110
78
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
RESULTADOS
Casos calificados
Como se ha señalado, el decreto de creación de la Comisión estableció que su
“objeto exclusivo (es) determinar, de acuerdo a los antecedentes que se presen-
ten, quiénes son las personas que sufrieron privación de libertad y torturas por
razones políticas, por actos de agentes del Estado o de personas a su servicio, en
el período comprendido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de
1990” (art. 1°, inc. 1°, DS 1.040). En consecuencia, se exponen en el listado que
se adjunta en el segundo tomo de este informe el nombre y rol único nacional de
las personas calificadas.
Es necesario consignar que se realizaron numerosos esfuerzos para establecer
previamente la dimensión del universo que la Comisión debería abordar en su
trabajo, de acuerdo con el mandato. Sin embargo, esto no fue posible dado que
los organismos de derechos humanos, cuyos archivos eran fundamentales para
esta tarea, no contaban con registros para los casos de 1973, período previo al
funcionamiento de la mayoría de ellos. Estos corresponden a casos ocurridos en
el período entre el 11 de septiembre de 1973 y el 31 de diciembre de 1973, ascen-
diendo a 18.364, equivalentes al 67,4% de los casos calificados por la Comisión.
A su vez, las detenciones durante este período ascienden a 22.824, equivalentes al
68,7% del total, no tenían registros en los organismos de derechos humanos.
La Comisión tiene la convicción de que no concurrió a prestar testimonio todo el
universo de personas afectadas por violaciones a sus derechos humanos bajo la
forma de prisión o tortura por distintas razones. Sin embargo, si se observa el
detalle de la atención por regiones y comunas visitadas que se incluye en los anexos,
se puede apreciar que la información entregada llegó incluso a localidades aparta-
das y a personas residentes en numerosos países, lo que refleja que, dada la mag-
nitud de la tarea, por lo general las personas se informaron de la existencia de la
Comisión y pudieron presentar sus antecedentes a ella.
Por lo demás, la Comisión hizo hincapié en que la presentación de testimonios
era una decisión voluntaria de las víctimas y entiende que haya personas que de-
cidieron no hacerlo, aun a pesar de los resguardos adoptados en materia de
confidencialidad de los testimonios. Se trataba de una decisión personal que, en
muchos casos, implicaba un esfuerzo importante de recordar hechos dolorosos.
79
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Por ello la Comisión reconoce y agradece a aquellas personas que prestaron sus
testimonios, como una importante colaboración para que el país pueda aprender
de estos hechos y definir políticas que aseguren su no repetición.
Finalmente, luego de vencido el plazo de recepción de antecedentes, llegaron a la
Comisión 232 presentaciones. En dichos casos se señaló que no podrían ser in-
cluidos en el proceso de calificación.
Personas reconocidas como víctimas de prisión política y tortura
La Comisión ha reconocido la condición de víctima de prisión por razones polí-
ticas y de tortura a través de un proceso colegiado de evaluación de los antece-
dentes de cada caso en particular, dirigido a la identificación de elementos de
juicio objetivos, que permitieran formarse convicción moral sobre dicha condi-
ción.
Cada caso y cada detención fue objeto de un riguroso proceso de análisis que
comprendió la validación de la información proporcionada por los declarantes
por medio de investigación documental, antecedentes provenientes de organismos
públicos, referencias de organismos de derechos humanos, de organizaciones de
víctimas, información de testigos calificados, investigaciones en bases de datos
disponibles y, en un número significativo de casos, mediante una segunda entre-
vista a la víctima o a testigos.
Como se expone en este capítulo, un número considerable de personas que pres-
taron testimonio ante la Comisión adjuntaron certificados de los organismos que
practicaron la detención o mantuvieron a los detenidos en recintos de su depen-
dencia. Otras presentaron documentos tales como salvoconductos, tarjetas de
control, certificados de la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET),
sentencias judiciales o piezas procesales que dan cuenta de la privación de liber-
tad. Muchos casos pudieron ser verificados, además, en publicaciones de prensa
aparecidas en la misma época de la detención de la víctima, la mayoría originada
en fuentes oficiales, como comunicados de las distintas ramas de las Fuerzas Ar-
madas, jefaturas de zonas, intendencias, Ministerio del Interior, Dirección Na-
cional de Comunicación Social (DINACOS). Otra fuente de información para
la verificación de los casos fueron los registros de la Cruz Roja Internacional y
los Informes de la Organización de Naciones Unidas, de la Organización de Es-
tados Americanos y de la Organización Internacional del Trabajo. Se utilizó tam-
bién la información recabada en los organismos nacionales de Derechos Huma-
nos, reunida por éstos en los mismos días en que ocurrieron los hechos relatados,
tales como el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, Vicaría de la Solidari-
dad, Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Comisión
80
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Chilena de Derechos Humanos, Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo
(CODEPU), y Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de
Emergencia (PIDEE). Se recurrió además, en los casos que correspondía, al exa-
men de procesos judiciales, especialmente a aquellos incoados entre los años 1980
y 1990.
En un gran número de casos, la Comisión reunió información y documentos
adicionales a lo entregado por el peticionario. Igualmente, se analizó cada una de
las detenciones sufridas por una misma víctima, ya que un número de ellas fueron
detenidas o torturadas más de una vez. Cada uno de estos episodios ha sido cali-
ficado en forma independiente. Por ello, si bien se certifica un total de 33.221
detenciones, se reconoce la calidad de víctima a 27.255 personas.
La nómina incluye a todas las personas respecto de las cuales la Comisión ha
alcanzado convicción moral del hecho de haber sido detenidas por razones polí-
ticas, sin considerar el tiempo que duró su privación de libertad. Así, se han com-
prendido aquellos casos en que la detención duró desde días hasta aquellos en que
duró varios años. En promedio, las personas estuvieron privadas de libertad por
180,1 días. La comprobación de que las consecuencias de la prisión política y de la
tortura no ha dependido necesariamente de su duración, sino más bien de sus
características propias, como el tipo de recinto de reclusión, las condiciones de la
prisión o la intensidad y métodos de tortura, ha determinado que en esta lista no
se distinga por la duración de la prisión. Consecuentemente, el tiempo de prisión
no ha sido considerado para las medidas de reparación propuestas.
Como se ha señalado, cerca de un 94% de los declarantes respecto de los cuales
esta Comisión se ha formado convicción moral de que permanecieron privados
de libertad por razones políticas, señalan haber sido víctimas de tortura. Sus tes-
timonios son coincidentes en los métodos empleados, en los lugares, en los orga-
nismos a los que pertenecían los agentes y en otras varias circunstancias. El con-
junto de estas coincidencias sirve de fundamento a la convicción moral que se ha
formado acerca de la efectividad de la tortura que ha sido declarada.
Se ha tenido presente, también, el hecho de que en los primeros años del régimen
militar no hubo posibilidad de denunciar las torturas. Sólo luego de algunos años,
y cuando las violaciones a los derechos humanos no tenían la masividad del pri-
mer período, fue posible a las personas de localidades urbanas donde existían
organismos de defensa encontrar la asesoría necesaria para denunciar las torturas.
No ha sido posible disponer de la acreditación de la tortura mediante informes
médicos u otras formas de constatación de las lesiones o secuelas. Dado el con-
texto en que ocurrieron los hechos, particularmente en los primeros años del
régimen militar, muy pocas personas recibieron atención de salud con el objeto
81
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
de constatar las torturas y algunas permanecieron detenidas por largo tiempo
luego de que ellas les fueran inflingidas, haciendo prácticamente imposible certi-
ficarlas.
Finalmente, tampoco ha sido posible calificar las situaciones de tortura de acuer-
do a su gravedad. Luego de treinta años no es posible evaluar lo padecido por una
persona de acuerdo a la calificación de su relato o escudriñar en sus recuerdos sin
generar una nueva victimización. Por ello, reconociendo el sufrimiento de las
personas, la Comisión ha estimado razonable definir una categoría común de
víctimas.
La Comisión decidió calificar algunas situaciones especiales dentro de los casos
reconocidos como víctimas de prisión política y tortura. Algunos de ellos se re-
fieren a situaciones de personas que, siendo menores de edad, fueron detenidas
junto a sus padres y en razón de la detención de éstos. Como se señaló al descri-
birse las propuestas de reparación, la Comisión estimó que estas personas, que
suman un total de 102, eran merecedoras de una medida de reparación económica
diferente. A ellas se agregan las 11 personas que nacieron en prisión. Una catagoría
diferente son las 978 personas que siendo menores de edad fueron privadas de
libertad por sí mismas y no por la detención de sus padres. Esas personas han sido
consideradas en la categoría general de víctimas.
La Comisión recibió también los testimonios de personas que estaban en gesta-
ción cuando sus madres fueron torturadas, así como de personas que fueron en-
gendradas producto de violaciones cometidas durante la privación de libertad de
sus madres, lo que constituye también una forma de tortura. En todos estos ca-
sos, las madres dieron a luz cuando habían recuperado su libertad. La Comisión
tiene la convicción de que deben ser consideradas como víctimas. Aquellas que
estaban en proceso de gestación cuando sus madres sufrieron graves torturas se
asimilaron a la categoría de los hijos nacidos en prisión y de los hijos detenidos
junto a sus padres. Las que fueron engendradas producto de violación se conside-
ran como víctimas directas. Con todo, y compartiendo el profundo rechazo por
la inhumanidad que envuelven estos casos, el comisionado Lucas Sierra estimó
que ellos se encuentran fuera del mandato de la Comisión. Esto, por cuanto a ella
se le encomendó determinar las personas que sufrieron prisión por razones políti-
cas y tortura, calidad que no puede predicarse de la vida intrauterina. Además de
esta razón de principio, el comisionado Sierra agregó una razón relativa al criterio
general seguido por la Comisión frente a los hijos de las víctimas de tortura. Es
posible, sostuvo, que la detención y tortura de una madre haya tenido efectos
devastadores en el hijo que quedó abandonado por esta situación, peores aún que
los experimentados tras el nacimiento por el hijo cuya madre fue torturada du-
rante el embarazo. En el primer caso, sin embargo, la Comisión ha seguido el
criterio de no calificar a ese hijo como víctima por considerarlo fuera de su man-
dato. El mismo criterio, concluyó, debería aplicarse al segundo caso.
82
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Otra categoría especial en los casos calificados corresponde a aquellas personas
que permanecieron privadas de libertad al interior de sus domicilios, en ratoneras
o en situaciones de arrestos domiciliarios debidamente certificados y en los que
se acreditaron malos tratos, torturas o lesiones. Se trata de personas que estuvie-
ron privadas de libertad y sometidas a una fuerte presión, violencia y en algunos
casos torturas, durante días, aunque no hayan permanecido en recintos de deten-
ción. En todo estos casos se ha sido muy riguroso para dar por acreditados los
hechos.
Finalmente, si bien el decreto que creó la Comisión y definió su mandato exclu-
yó el caso de las personas detenidas en manifestaciones públicas y que fueron
puestas a disposición de los tribunales de policía local o de algún tribunal del
crimen por delitos comunes y luego condenadas por estos delitos, la Comisión
interpretó esta definición en el sentido de incluir aquellos casos en que las perso-
nas, en alguna manifestación, fueron torturadas o sufrieron lesiones graves, sí
correspondía reconocerlas como víctimas dentro de su mandato. En estos casos,
que corresponden a 102 personas, también se acreditó la tortura o las lesiones a
través denuncias, querellas o certificaciones médicaspresentadas en la época o
por otros documentos contemporáneos.
La Comisión está consciente que, pese al elevado número de víctimas y casos de
detenciones y torturas reconocidos, ellos no constituyen la totalidad de personas
que sufrieron prisión política y tortura durante el régimen militar, ya que en este
proceso sólo se revisaron aquellos testimonios presentados a la Comisión dentro
de los plazos definidos para ello, y como una decisión voluntaria de las personas
de relatar sus experiencias. No obstante, se estima que se trata de un número
significativo, suficiente para obtener conclusiones relevantes para la reparación
de las víctimas y para el proceso de paz social, integración y aprendizaje de parte
de la sociedad.
La Comisión realizó su labor dentro del mandato particular encomendado por el
Presidente de la República y por lo tanto no se detuvo a examinar otros antece-
dentes judiciales o extrajudiciales de las víctimas, como tampoco los hechos a los
cuales se vinculó -justificada o injustificadamente- a las víctimas, ya fueren ante-
riores a la prisión por razones políticas o tortura, o posteriores a éstas. Se analizó
estrictamente la actuación de agentes del Estado respecto de las mismas, lo que,
en muchos casos, no resultó fácil, pues se constató la participación de algunas
víctimas en actos que habían significado, a su vez, la violación, muchas veces
grave o muy grave, de los derechos de otras personas, uniformadas o civiles. Sin
embargo, estas conductas han sido conocidas, investigadas y sancionadas por los
organismos competentes, los que han aplicado castigos y sanciones. Nada de esto
justifica, sin embargo, la reclusión en recintos secretos, ni menos la aplicación de
torturas. En estos casos, la Comisión constató la presencia de elementos de con-
vicción acerca de la privación de la libertad por motivaciones políticas, de la falta
83
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
de garantías del debido proceso para su juzgamiento y el sometimiento a
[Link] justifica la violación del derecho que asiste a toda persona a ser
juzgada y condenada en virtud de un debido proceso, ni nada justifica, repetimos,
la práctica de la tortura.
Personas que no calificaron como víctimas de prisión política y tortura
Un número significativo de personas que presentó sus antecedentes a la Comi-
sión no fueron reconocidas como víctimas de prisión por razones políticas y tor-
tura, de acuerdo a la definición establecida en el mandato de ésta.
No fueron incluidas, conforme a lo prevenido en el inciso 2° del art. 1° del Decre-
to Supremo que creó a la Comisión, las personas privadas de libertad en manifes-
taciones públicas, que fueron puestas a disposición de los tribunales de policía
local o de algún tribunal del crimen por delitos comunes y luego condenadas por
estos delitos. Estas son 219 personas.
A su vez, 1.330 personas presentaron antecedentes de casos que constituirían
violaciones a los derechos humanos, mas no prisión política o tortura. Dichos
relatos se refieren a situaciones repudiables, en las que se habrían producido abu-
sos que la Comisión reconoce como violaciones inadmisible a derechos básicos,
tales como allanamientos violentos a domicilios -muchos de ellos en operativos
militares masivos que abarcaban a toda una población y dirigidos en su inmensa
mayoría a sectores pobres de la sociedad-, amenazas graves y otros actos de ame-
drentamiento atentatorios al derecho a la seguridad personal, arrestos domicilia-
rios y otras formas de control, y el exilio, ordenado por decisiones extrajudiciales
o por la conmutación de penas establecidas por consejos de guerra. La Comisión
está consciente de los graves sufrimientos impuestos por estas decisiones de la
autoridad de la época a muchas personas. Sin embargo, por tratarse de situacio-
nes que están fuera de su mandato, los casos presentados fueron excluidos del
proceso de reconocimiento.
Otra de las exigencias del proceso de calificación se refería a la existencia de mo-
tivación política de la detención, la que ha sido definida en el Informe. Por ello,
no fueron declaradas víctimas aquellas personas cuya prisión o tortura no ocurrió
por razones políticas, sino por abuso de poder de la autoridad o, en pocos casos,
por delitos comunes. Ello no implica que la Comisión no rechace la práctica de la
tortura con o sin motivación política en perjuicio de cualquier persona, lo que se
deprende de las medidas de reparación propuestas en materia de prevenir la prác-
tica de la tortura mediante una mejor regulación de la conducta policial, de las
condiciones de detención y de la comparecencia en juicio.
84
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
Tampoco fueron declarados víctimas los detenidos no sobrevivientes, es decir,
aquellos que fueron muertos durante su privación de libertad, de los cuales se
presentaron 81 testimonios. Ello debido a que las situaciones de detenidos des-
aparecidos, ejecutados y torturados con resultado de muerte quedaron cubiertas
por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación o por la Corporación Na-
cional de Reparación o Reconciliación, que la sucedió, y han sido objeto de otras
medidas de reparación derivadas de tal calidad.
Igualmente, se excluyen 34 casos de prisión política o tortura dispuesta o ejecuta-
da fuera del territorio nacional, en los que los declarantes señalaron la interven-
ción de agentes del Estado de Chile o de personas a su servicio. En efecto, sin
desconocer que hubo coordinación entre organismos de seguridad de diversos
países en la época, o de la actuación de agentes de seguridad del Estado de Chile
en operaciones llevadas a cabo en el exterior, ambos hechos acreditados en proce-
sos judiciales; escapa a las posibilidades indagatorias de la Comisión el dar por
establecido el hecho de que, en los casos denunciados, participaron agentes del
Estado de Chile. Ello en razón de que no puede presumirse la acción de agentes
del Estado de Chile en detenciones ocurridas en el exterior por el sólo hecho de
haber existido la referida coordinación entre organismos de seguridad. Concluir
la participación de éstos en hechos concretos habría implicado identificar a per-
sonas específicas como partícipes de los hechos y acreditar su calidad de funcio-
narios públicos del Estado chileno. Ello habría implicado pronunciarse sobre la
responsabilidad de personas individuales, hecho expresamente prohibido por el
artículo 3 del Decreto Supremo 1.040 de 2003.
No fue posible declarar víctimas a personas que denunciaron privación de liber-
tad o tortura durante el cumplimiento del servicio militar obligatorio, pues no
fue posible determinar claramente las razones políticas de esos hechos. Se pre-
sentaron un total de 102 personas en tal situación.
Por otra parte, 6.845 casos, correspondientes al 19% de los casos recibidos, no
fueron reconocidos como víctimas de prisión política y tortura por no reunir los
elementos de juicio suficientes como para formarse convicción moral sobre los
hechos relatados, sin perjuicio de haber propuesto la posiblidad de que, con nue-
vos antecedentes, puedan solicitar su reconsideración.
Finalmente, 5 peticionarios declararon haber sido víctimas de delitos contra las
personas cometidos únicamente por particulares que no actuaban a nombre del
Estado o no siendo posible acreditar la participación de agentes del Estado en los
hechos. La Comisión ha considerado importante consignar dos situaciones par-
ticularmente relevantes en las que personas fueron secuestradas por grupos de
oposición armada al régimen militar. Uno de ellos, Gonzalo Cruzat Valdés, tenía
diez años al momento de los hechos, y el otro, Carlos Carreño Barrera, permane-
85
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
ció tres meses secuestrado. En ambos casos los secuestros tuvieron un gran im-
pacto en sus vidas y en su entorno familiar. La Comisión rechaza estos hechos
que atentan contra los derechos básicos de las personas, pero los excluyó de cali-
ficación por no existir antecedentes acerca de la participación de agentes del Es-
tado ni de particulares a su servicio, según lo exige el decreto de creación de ésta.
Excepcionalmente, unos pocos casos no fueron objeto de calificación, aún re-
uniendo antecedentes para ello, por la expresa voluntad de los declarantes de ser
excluidos del proceso para evitar que su nombre apareciera en un listado público
de personas reconocidas como víctimas.
La Comisión recibió también los antecedentes de 232 personas que fueron remi-
tidos una vez concluido el plazo de recepción de antecedentes, luego de seis me-
ses de funcionamiento. Dichos antecedentes no fueron incluidos en el proceso
de verificación y la Comisión no se pronuncia sobre su calificación.
Se ha decidido no divulgar la nómina de víctimas no calificadas, a quienes se les
enviará una carta certificada al domicilio señalado en su presentación. Dicho lis-
tado será enviado al Presidente de la República con carácter de reservado, en caso
que se establezca el proceso de reconsideración recomendado. Asimismo, se en-
tregarán al Presidente con el mismo carácter los antecedentes presentados fuera
de plazo.
Informe final
Como se ha señalado, la Comisión debía “elaborar un informe lo más completo
posible de las personas que sufrieron privación de libertad y torturas por razones
políticas, reuniendo los antecedentes aportados por los interesados que permitan
acreditar de manera fehaciente dichas circunstancias [...] así como las conclusio-
nes a que arribe, según el recto criterio y conciencia de sus miembros” (arts. 6° y
7º del DS 1.040). En cumplimiento de dicha tarea, la Comisión solicitó la colabo-
ración de diversos expertos y personas con experiencia en diversas materias, como
Derecho Internacional de Derechos Humanos, experiencia forense en la defensa
de víctimas de violaciones a derechos humanos ante los tribunales chilenos, pe-
riodismo, psicología, experiencia en atención a salud mental a víctimas, historia,
sociología y otras. A ellas se les solicitó la elaboración de documentos que sirvie-
ron de base para los diferentes capítulos. Dichos insumos, además de otros estu-
dios, informes similares de otros países y otras investigaciones realizadas por el
equipo de la vicepresidencia Ejecutiva fueron de gran utilidad para el debate que
concluyó en la definición del esquema del informe y sus capítulos. Además, ellos
sustentan su contenido en investigaciones de antecedentes de fuentes documen-
tales confiables y en la sistematización de aquellos proporcionados por las más de
86
CAPÍTULO II • FUNCIONAMIENTO DE LA COMISIÓN
27.000 personas que concurrieron a entregar sus testimonios a la Comisión y
cuyos casos fueron calificados.
Los borradores redactados por expertos contratados para ello o por los mismos
comisionados, fueron estudiados en las diferentes sesiones, a fin de consensuar
criterios en cuanto a su contenido. Para darle un estilo común a todos los capítu-
los y colaborar en la redacción de uno de ellos se contrató a un editor.
Esta tarea fue simultánea al proceso de calificación, por lo que las discusiones y
definiciones fueron acompañadas por el proceso de calificación de casos, enri-
queciendo el intercambio de opiniones con los testimonios revisados. Al final del
proceso de calificación y de redacción del Informe, la Comisión se abocó a la
elaboración del capítulo de las medidas de reparación, de forma de incluir en
dicho capítulo todas las consideraciones previas. Se trató de un intenso trabajo en
equipo, que se caracterizó por la colaboración de todos en llegar a un documento,
que diera cuenta, en forma consensuada, de los testimonios recogidos y de las
conclusiones que derivan de ellos.
El presente Informe es el resultado de su cometido y sus principales contenidos
son los siguientes:
1. Contexto
Descripción general del proceso de instalación del poder y concentración de
éste al iniciarse el régimen militar, con referencia a los estados de excepción
constitucional y las normas dictadas para la represión política, el papel que
desempeñó el Poder Judicial, el funcionamiento de los tribunales de guerra, el
papel que desempeñó la prensa, y las acciones de defensa y de denuncia que se
llevaron a cabo en Chile y en el exterior.
2. Prisión política y tortura, período por período
Explicación de la forma como operó la prisión política y la tortura en tres
períodos: septiembre a diciembre de 1973, como la etapa de las detenciones
masivas y el uso de centros de detención públicos y de gran capacidad; 1974 a
1977, período de predominio de la DINA y de mayor selectividad; 1978 a
1990, etapa marcada por la actuación de la CNI, la irrupción de un movimien-
to de oposición democrática y la aparición de grupos organizados de oposi-
ción armada.
3. Métodos de tortura: definiciones y testimonios
Descripción de los diferentes métodos que se aplicaron, ejemplificados con
extractos de testimonios directos de las propias víctimas. Se incluye un apar-
tado acerca de la violencia sexual en contra de mujeres.
87
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
4. Recintos de detención
Itinerario de la prisión en cada región, con referencia a los recintos por los que
usualmente pasaban las personas y el trato que allá recibían los detenidos.
Descripción de los recintos de detención más importantes de cada región, sus
características y régimen interno, y enumeración de los restantes recintos en
donde permanecieron prisioneros políticos, indicando la época en la que fun-
cionaron como tales.
5. Perfil de las víctimas
Descripción de las características de las víctimas: edad, sexo, ocupación, nivel
de compromiso político o social, etc., y comparación de su situación al mo-
mento de la detención con su estado actual. Este capítulo y el anterior sirven
de orientación para las propuestas de medidas de reparación, al identificar las
necesidades más frecuentes mencionadas por las víctimas.
6. Consecuencias de la prisión política y la tortura
Explicación de las secuelas sufridas por las víctimas de prisión política y tortu-
ra en los planos físico y psicológico, a partir de la propia percepción de las
personas 30 años después de ocurridos los hechos.
7. Propuestas de reparación
Propuestas de criterios de reparación que se presentan al Presidente de la Re-
pública, que son en los ámbitos jurídico, económico, moral, de salud y social.
Se incluyen sugerencias de medidas en beneficio directo de las víctimas, así
como medidas de prevención y promoción de los derechos humanos, gestos
simbólicos de reparación y encuentro en el nivel social, y acciones destinadas
al reconocimiento de la memoria. En materia social se recomiendan medidas
relativas a vivienda, educación y exención del servicio militar obligatorio.
88
CAPÍTULO II • ANEXOS
ANEXOS
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura
89
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
1 Decreto de creación de la Comisión Nacional sobre
Prisión Política y Tortura Decreto Supremo N° 1.040,
del 11 de noviembre de 2003.
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
92
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
2 Ficha de ingreso para la recepción del testimonio
del Preso Político y Torturado.
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
100
CAPÍTULO II • ANEXOS
3 Certificaciones que acreditan la detención,
acompañadas por los declarantes.
A continuación se presentan algunos documentos que los declarantes adjuntaron
a sus testimonios y que les fueron entregados durante su detención o al momen-
to de su liberación. Se ha hecho una selección que permite ilustrar el carácter de
los documentos y su contenido.
101
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
115
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
4 Nómina de Agrupaciones de Ex Presos Políticos
en Regiones, recibidas por la Comisión.
La Comisión se constituyó en todas las regiones del país, sosteniendo reuniones
con las agrupaciones regionales que se mencionan a continuación, abordando los
mismos temas que con las agrupaciones nacionales:
I Región de Tarapacá
• Corporación de Expresos Políticos de Pisagua;
• Comando de Exonerados Políticos;
• Comisión de Derechos Humanos del Partido Socialista;
• Partido Comunista
II Región de Antofagasta
• Agrupación Regional de Expresos Políticos;
• Agrupación de Exonerados Políticos
III Región de Atacama
• Agrupación de Ex Presos Políticos de la Región de Atacama
IV Región de Coquimbo
• Agrupación Regional de Ex Presos Políticos;
• Agrupación de Ex Presos Políticos del Partido Socialista;
• Corporación de Ex Presas, Presos, Torturados y Perseguidos Políticos de
Limarí.
V Región de Valparaíso
• Asociación Gremial de Exonerados Políticos de Valparaíso;
• Brigadas de ex Presos Políticos Socialistas de Valparaíso;
• Asociación de Beneficiarios del PRAIS;
• Brigada de Ex Presos Políticos Socialistas de Quillota;
• Brigada de Ex Presos Políticos Socialistas de San Antonio;
• Agrupación Nacional de Ex Presos Políticos de San Antonio;
• Agrupación Nacional de Ex Presos Políticos de la Región de Valparaíso;
• Comisión Ética contra la Tortura de la Región de Valparaíso;
116
CAPÍTULO II • ANEXOS
• Agrupación de Ex Presos Políticos y de la Comisión Ética contra la Tortura de
San Felipe;
• Sociedad de Escritores de Chile;
• Comisión de Derechos Humanos de La Calera
VI Región del Libertador
• Brigada de Ex Presos Políticos Socialistas;
• Agrupación Nacional de Ex Presos Políticos.
VII Región del Maule
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Constitución;
• Brigada de Ex Presos Políticos Socialistas de Talca;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Linares;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Talca;
• Comisión de Derechos Humanos del Partido Por la Democracia;.
VIII Región del Biobío
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Concepción;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Yungay;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Chillán;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Los Ángeles;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Santa Bárbara;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Curanilahue;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Arauco;
• Brigada de Ex Presos Políticos Socialistas de Concepción;
• Agrupación de Ex Presos Políticos del Partido Comunista de Concepción;
• Agrupación de Ex Presos Políticos del Movimiento de Izquierda Revolucionario;
IX Región de la Araucanía
• Agrupación de Ex Presos Políticos de la Región de la Araucanía y de la Comi
sión Ética contra la Tortura y dirigentes de las ciudades de Temuco, Angol,
Nueva Imperial, Purén, Freire, Cunco, Melipeuco y Traiguén;
• Centro de Promoción de Derechos Humanos de Temuco.
X Región de Los Lagos
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Llanquihue;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Osorno;
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Valdivia;
117
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
• Agrupación de Ex Presos Políticos de Chiloé;
• Brigada de Ex Presos Políticos del Partido Socialista de Puerto Montt
XI Región del Aysén:
• Asamblea Regional de Expresos Políticos
• Comisión de Derechos Humanos
XII Región de Magallanes
• Agrupación Cultural de Derechos Humanos Orlando Letelier;
• Agrupación Salvador Allende;
• Agrupación de Exestudiantes Universitarios Presos Políticos;
• Agrupación de Expresos Políticos del Partido Socialista;
• Comisión de Derechos Humanos del Partido Comunista.
118
CAPÍTULO II • ANEXOS
5 Oficio de respuestas de las Fuerzas Armadas a los
requerimientos de información.
119
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
120
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
122
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
Se omiten nóminas de 714 nombres asociados a distintos recintos de detención.
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
126
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
128
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
130
CAPÍTULO II • ANEXOS
Se omiten nóminas que se adjuntan al oficio de la Ministra de Defensa Nacional
GMDN. (R) N°1595/274/A/C.N.P.P.T. en las que se incluyen los nombres de
66 personas procesadas en la causa rol 1-73 (primera parte), nómina de otras 21
personas procesadas en la misma causa (segunda parte) y nómina de 13 personas
procesadas en la causa rol 84-74.
131
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
132
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
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CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
160
CAPÍTULO II • ANEXOS
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
162
CAPÍTULO II • ANEXOS
6 Propuestas de medidas de reparación entregadas
por la Coordinación de Organizaciones de ex
Presas y ex Presos Políticos de Chile.
Septiembre 2004
163
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
164
CAPÍTULO II • ANEXOS
165
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
166
CAPÍTULO III • CONTEXTO
CAPÍTULO III
Contexto
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura
167
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
168
CAPÍTULO III • CONTEXTO
INTRODUCCIÓN
C on este capítulo la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura aspira
a describir un contexto básico para la mejor comprensión de la represión
política verificada durante el régimen militar, considerando que ésta tuvo lugar,
cobró impulso y pudo prolongarse debido a una serie de factores de índole social,
política, institucional, jurídica y cultural. No es su intención ofrecer un cuadro
completo o pormenorizado de la historia del régimen instalado por la Junta Militar
de gobierno desde el 11 de septiembre de 1973. Tampoco pretende dilucidar el
peso relativo de los distintos factores que incidieron en el quiebre de la democracia
en Chile, tras un periodo de intensa polarización política nacional e internacional
y de fuerte movilización social, ni pronunciarse sobre las responsabilidades de
cada actor político y social en la incubación y precipitación de esa crisis. El
conocimiento del proceso que desembocó en el 11 de septiembre de 1973, no
puede justificar la violación masiva de los derechos humanos posterior. En
concordancia con el mandato específico de esta Comisión, no pareció necesario
referirse a ese periodo previo, ni repetir el trabajo de encuadre histórico de las
violaciones a los derechos humanos ocurridas entre 1973 y 1990, realizado hace
más de una década por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. En
concreto, este capítulo busca dar cuenta del contexto de la represión política, con
particular referencia a la prisión política y la tortura.
CONCENTRACIÓN DE PODERES
Al momento del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 regía en Chile la
Constitución de 1925. Esta Carta Fundamental consagraba la división de poderes,
cuya finalidad era evitar los abusos en el ejercicio de sus funciones, mediante la
fiscalización recíproca de sus actuaciones y la común sujeción al ordenamiento
jurídico vigente. Al producirse el derrocamiento del gobierno elegido en 1970, la
Junta Militar procedió a fijar sus propias atribuciones y a subordinar el ejercicio
de otros poderes del Estado a las necesidades del momento. La Junta Militar
169
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
declaró que asumía el "Mando Supremo de la Nación", entendiendo por tal la
concentración de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Constituyente,
comprometiéndose en principio a garantizar la "plena eficacia de las atribuciones
del Poder Judicial", así como a respetar la "Constitución y las leyes de la república,
en la medida que la actual situación del país lo permita". La Junta Militar se declaraba
investida de la misión de reparar los males atribuidos a la acción del marxismo,
sindicada como contraria a los intereses nacionales, definía la situación del momento
como constitutiva de un estado de guerra interna librada contra sus agentes.
Desde su inicio, la Junta desplegó una intensa actividad legislativa mediante cientos
de decretos leyes. Muchos de ellos entraron en conflicto con la Constitución
vigente, produciéndose eventualmente una derogación tácita de la misma, lo que
generó reparos en la Corte Suprema. Ella exigió que los decretos leyes que
efectivamente la modificaran, así debían indicarlo, en forma expresa. Por ello, a
través del Decreto Ley Nº 788, publicado en el Diario Oficial del día 4 de diciembre
de 1974, la Junta Militar buscó salvar la situación previa, precisando la existencia
de decretos leyes de rango constitucional, que "han tenido y tienen la calidad de
normas modificatorias, ya sea de carácter expreso o tácito, parcial o total, del
correspondiente precepto de dicha Constitución". De ahí en adelante, las
modificaciones a la Constitución tuvieron un carácter expreso, lo que evitó la
posibilidad de que los decretos leyes contrarios a la Carta de 1925 fueran declarados
inaplicables. La preceptiva así elaborada señaló el tránsito al nuevo ordenamiento
jurídico, que apuntaba en dirección al fortalecimiento del poder coactivo del
aparato estatal. Éste no sólo dependió de la concentración de poderes, que motivó
a los propios miembros de la Junta Militar a calificar su gobierno como un régimen
autoritario; también se fue perfilando con una serie de medidas destinadas a crear
condiciones institucionales favorables al accionar discrecional y expedito de las
nuevas autoridades de gobierno. En 1974, cuando el Comandante en Jefe del
Ejército asumió el título de Jefe Supremo de la Nación, y luego el más tradicional
de Presidente de la República, la concentración del poder adquirió mayor fuerza
todavía, al pasar desde una fase colegiada a otra personalista sin precedentes en la
historia de Chile. Ahora, Augusto Pinochet Ugarte reunía la Comandancia en
Jefe del Ejército con el monopolio de las funciones administrativas y gubernativas,
al mismo tiempo que presidía las labores de la Junta de Gobierno, vale decir, del
Poder Legislativo y Constituyente. La salida forzada del general Gustavo Leigh
Guzmán de la Junta, en 1978, quien desaprobaba sus pretensiones de acelerar el
traspaso del poder a los civiles, consolidaría aún más el liderazgo personal de
Pinochet.
A continuación del golpe militar, mediante distintos decretos leyes, se disolvieron
el Congreso Nacional y el Tribunal Constitucional; se proscribió a los partidos
políticos que conformaban la Unidad Popular, a la vez que se decretaba el receso
de todas las colectividades restante, (si bien en 1977, producto de la creciente
170
CAPÍTULO III • CONTEXTO
oposición del Partido Demócrata Cristiano al régimen militar, también serían
prohibidas); y se destruyeron los registros electorales. En consonancia con las
anteriores medidas orientadas a desarticular las instituciones y los procedimientos
requeridos por una democracia representativa, se cesó en su cargo a las autoridades
municipales vigentes, a fin de designar alcaldes llamados a secundar el trabajo de
la Junta; y se decretó la calidad interina de todos los funcionarios de la
Administración Pública, a excepción de los miembros del Poder Judicial y de la
Contraloría. Se contó, en consecuencia, con la capacidad para purgar a voluntad
los servicios estatales. En ausencia de elecciones y de plazos fijos para el ejercicio
de funciones públicas de antigua representación popular, la ciudadanía perdió la
facultad de elección de sus dirigentes mediante el sufragio. La Junta Militar también
sometió a control las actividades de las organizaciones sindicales e intervino las
universidades públicas y privadas, nombrando a altos oficiales de las tres ramas
de las Fuerzas Armadas, en servicio activo o en retiro, como rectores-delegados
dotados con amplias atribuciones para expulsar de sus planteles a profesores y
estudiantes con simpatías de izquierda, a la vez que se sometían a escrutinio los
contenidos de la docencia y la programación de los canales universitarios de
televisión. Se instauró una rigurosa censura a la prensa escrita, la radio y la
televisión, que puso fin a cualquier medio de comunicación masiva capaz de
cuestionar o fiscalizar las acciones del régimen militar, con lo cual se implantaron
condiciones proclives a los abusos de poder, sea en la forma de la prisión política
o la tortura. Simultáneamente, el toque de queda, vigente durante años, sustrajo
del escrutinio público las acciones de los agentes del Estado ocupados de la
represión, autorizados para circular libremente en las horas prohibidas. El exilio
por motivos de orden político entró en acción inmediatamente, afectando a miles
de personas, muchas de las cuales, antes de hacer abandono del país, sufrieron
prisión política y tortura.
Los esfuerzos de propaganda del régimen buscaron crear, con el apoyo de los
medios de comunicación partidarios, que amplificaban la versión oficial de los
hechos, un clima de opinión favorable a la aplicación de acciones punitivas. Resulta
ilustrativo el presunto Plan Z, que habría definido genéricamente las víctimas en
la mira de la izquierda abocada a la conquista del poder total por medio de la
fuerza, y que evidencia, por parte de los militares y de sus colaboradores civiles, la
pretensión de disculpar las medidas represivas, así presentadas como actos de
legítima defensa. El Plan Z destacaba entre los alarmantes hallazgos consignados
en el Libro blanco del cambio de gobierno en Chile, obra redactada para suscitar
apoyo emocional al golpe militar y sus consecuencias, ilustrada con fotos del
"armamento de guerra pesado y liviano encontrado por las fuerzas militares y de
orden en los arsenales de la Unidad Popular". Este libro, cuyas revelaciones nunca
han podido ser validadas empíricamente, presentaba al pronunciamiento militar
como la oportuna y justa reacción al inminente autogolpe de la Unidad Popular.
La "parte más siniestra de dicho operativo -se informaba a la desprevenida población
171
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
del país- era el exterminio simultáneo, en todo el país, de los altos oficiales de las
Fuerzas Armadas y de Carabineros, así como de dirigentes políticos y gremiales
opositores. Se perseguía, con este golpe criminal, que debía iniciarse el 17 de
septiembre, paralizar por el terror toda resistencia a la dictadura de la Unidad
Popular, que se implantaría de inmediato". Debe consignarse que el Libro blanco
serviría como prueba inculpatoria en procesos llevados a cabo por tribunales
militares, lo que constituía una violación a las normas imperantes de admisibilidad
de los medios de prueba. Entre los partidarios del golpe militar, tampoco debe
desestimarse su papel legitimador de la violencia política, acompañada de
indulgencia ante los atropellos al imperio del Derecho, incluso al interior del
Poder Judicial.
DECLARACIÓN DE ESTADO DE GUERRA
En concordancia con todo lo anterior, la Junta suspendió las garantías individuales,
desde el mismo 11 de septiembre de 1973. Para fundamentar esa medida, alegó la
existencia de un cuadro de conmoción interna atribuido a la existencia de fuerzas
rebeldes o sediciosas, se decretó el estado de sitio en todo el territorio nacional, y
el estado de emergencia en determinadas provincias y departamentos. Como señaló
el Decreto Ley Nº 5, publicado en el Diario Oficial del 22 de septiembre de 1973,
el "estado de sitio decretado por conmoción interna, en las circunstancias en que
vive el país", debía considerarse como un "‘estado o tiempo de guerra’" sometido
al régimen jurídico que el Código de Justicia Militar y otras leyes penales
contemplan para tales situaciones críticas. Esta preceptiva no hacía otra cosa que
retirar de manos de la justicia ordinaria en beneficio de la justicia militar de tiempo
de guerra el "conocimiento y la decisión de las causas por infracción a las normas
sobre estado de sitio". Los estados de excepción serían renovados sin
interrupciones durante quince años seguidos, mientras el estado de sitio -categoría
que ampliaba aún más la discrecionalidad del poder en su tarea represiva,
concediéndole a las autoridades de gobierno la facultad de ordenar arrestos
arbitrarios, censurar la prensa y suspender un cúmulo de libertades civiles- se
prolongaría hasta marzo de 1978, y posteriormente se restableció en dos ocasiones,
ambas en la década de 1980.
Es legítimo preguntarse si existió de hecho la "guerra interna" aducida
insistentemente por las nuevas autoridades y sus seguidores como justificación
de sus políticas represivas. Hoy en día existe acuerdo en que las Fuerzas Armadas
y de Orden lograron el control del país en el curso del mismo día del golpe, sin
sufrir mayores contratiempos en ninguna parte. Esto se explica fundamentalmente
por la inexistencia de divisiones entre las propias Fuerzas Armadas, que actuaron
172
CAPÍTULO III • CONTEXTO
mancomunadamente, sin experimentar quiebres entre sectores involucrados en
el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y otros comprometidos con
su defensa. Algunos de los altos oficiales partidarios del respeto al orden
constitucional y la prescindencia política de las Fuerzas Armadas y de Orden se
habían visto forzados a renunciar en las semanas previas al 11 de septiembre, tras
quedar aislados dentro de sus propias instituciones, ya decantadas a favor de una
salida extra institucional a la crisis política de 1973. Adicionalmente, constan casos
de militares de todos los rangos víctimas de la represión política perpetrada por
sus propios compañeros.
Entre los partidarios del gobierno depuesto predominó el desconcierto y el miedo.
La poca resistencia que hubo fue esporádica, aislada, sin coordinación entre sí, y
con una capacidad de fuego ineficaz frente a un ejército profesional cohesionado
y, por añadidura, en pie de guerra. Las Fuerzas Armadas, en allanamientos previos
al golpe realizados en aplicación de la reciente ley de control de armas, habían
podido percatarse de la inexistencia de arsenales relevantes o significativos en
poder de sectores comprometidos con la Unidad Popular, al mismo tiempo que
evaluaban la disposición represiva de la suboficialidad y la tropa, puesta a prueba
sobre todo en los allanamientos a las empresas controladas por los trabajadores.
En todo caso, según la propia confesión de oficiales encargados de implementar
el golpe militar, causó sorpresa la escasa o nula resistencia encontrada, incluso en
las mayores ciudades del país.
El testimonio consignado por el almirante Sergio Huidobro en sus memorias,
Decisión naval (1998), despeja dudas respecto al control casi inmediato del país
por las Fuerzas Armadas y de Orden. Para evaluar en su justa medida el valor
documental de sus palabras, es conveniente precisar que, al momento del golpe
de Estado, Huidobro integraba el Alto Mando de la Armada.
Cuando el operativo militar comenzó a actuar, Concepción fue controlado sin
disparar un tiro y lo mismo Talcahuano. Igual cosa ocurrió con los centros mineros
en Lota, Coronel y Chuquicamata. Sólo hubo brotes aislados de resistencia en
algunas ciudades. En la mayor parte del país, la población embanderó sus casas y
se fue acentuando rápidamente la normalidad.
En Santiago, el control de la ciudad se consiguió en escasas horas. Hubo únicamente
escaramuzas aisladas en algunos recintos universitarios y fábricas estatizadas y en
las poblaciones periféricas. Sólo en el centro de Santiago se ofreció la lucha en un
reñido fuego con los francotiradores apostados en los edificios más destacados
tales como la Torre Entel, a la cual se le disparó con artillería; la construcción
nueva del diario "Clarín" y otros.
Los servicios telefónicos, agua, luz, gas, funcionaron normalmente gracias al control
de las Fuerzas Armadas aplicado desde la madrugada del mismo día 11.
173
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
El propio general Augusto Pinochet, recién designado comandante en jefe del
Ejército, en la edición del 18 de septiembre de 1973 del diario El Mercurio, confesó:
"Los cálculos que teníamos de unos cinco días de lucha, se redujeron en cambio a
24 horas. Fue una sorpresa para nosotros".
No puede ignorarse que los sectores más radicalizados de la derecha y de la
izquierda hicieron alarde, desde los años sesenta, de una retórica belicista que
favoreció la validación del uso de la violencia. Importantes medios de prensa
contribuyeron a exacerbar los conflictos políticos, utilizando un lenguaje injuriante
y descalificador que desalentaba el diálogo y el acuerdo entre las partes en conflicto.
En lo tocante a la izquierda, hubo quienes proponían acentuar las tensiones internas
para alcanzar el punto culminante de un enfrentamiento final. Se confiaba en que
éste resolvería, por vía armada, el conflicto en escalada entre las fuerzas
revolucionarias y los sectores identificados con la defensa del capitalismo o
contrarios al cambio radical y abrupto de las tradicionales estructuras
socioeconómicas. Es necesario aclarar que esos propósitos teóricos, que
provocaron alarma entre las Fuerzas Armadas y de Orden, nunca desembocaron
en la constitución de grupos armados capaces de constituirse en un "ejército
popular" paralelo, en condiciones de intentar la toma definitiva del poder político.
Ello es válido tanto para la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP) como para
el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), dos grupos que no integraron
la coalición de la Unidad Popular. El VOP, tal como hiciera la agrupación de
extrema derecha Patria y Libertad, recurrió al asesinato político selectivo, pero
nunca pasó de ser un círculo muy reducido de activistas. En cuanto al MIR, desde
fines de los años sesenta emprendió acciones armadas, más visibles por su impacto
noticioso que por su arrastre efectivo entre la población y por su real potencia
bélica. Por su parte las armas en poder de autoridades y partidarios de la Unidad
Popular -al menos las incautadas por las autoridades del régimen militar, que
insistían en la fortaleza bélica del "enemigo interno"-, en ningún caso alcanzaban
a pertrechar a un grupo en condiciones de amenazar a un ejército profesional.
Como quiera que fuese, abundan los testimonios de prisioneros que, desde su
misma aprehensión y, luego, durante el curso de las torturas infligidas por sus
captores, eran incesantemente apremiados a revelar el presunto escondite de las
armas. En el caso de los militares, esta presunción se inscribía, según relatos de
personas que acudieron a esta Comisión, en el marco de la lucha contra el
comunismo internacional y de la guerra fría. A ello se agregaba la evidente
influencia ejercida por la revolución cubana en algunos sectores de izquierda, que
inspirados en ella, proponían la vía armada para llegar al socialismo. La retórica
revolucionaria de estos grupos daba credibilidad a los temores de muchos chilenos,
no obstante la inexistencia de un movimiento guerrillero rural o urbano en el
país, al momento del golpe del Estado.
Así pues, resulta difícil encontrar fundamentos para la tesis de la "guerra civil", a
174
CAPÍTULO III • CONTEXTO
la cual se ha recurrido con insistencia a la hora de intentar explicar y validar, tanto
en el mismo momento como en forma retrospectiva, la represión política practicada
por las Fuerzas Armadas y de Orden. La doctrina de la Seguridad Nacional, central
en la ideología castrense adaptada al mundo polarizado de la guerra fría, proponía
la existencia de un enemigo interno que buscaba subvertir el orden por cualquier
medio a su alcance, y a las Fuerzas Armadas como inmunes a los intereses
particulares que agrietaban la unidad nacional con discordias sociales e ideológicas.
En defensa de esa unidad orgánica, correspondía aplicar los métodos de la lucha
contrainsurgente inculcados por las escuelas de adiestramiento militar a cargo de
Estados Unidos a generaciones de oficiales chilenos y latinoamericanos, cuya
coincidencia de métodos apuntaba a la existencia de un modelo común. Según
esta ideología, la represión era la respuesta legítima a una subversión manifiesta o
larvada y estaba eximida de respetar los derechos humanos de personas que se
sustraían motu proprio de su titularidad, al engrosar las filas del enemigo. Éste no
era otro que el marxismo, ampliamente entendido, hasta el extremo de abarcar, al
menos en los meses inmediatos al golpe militar, a toda persona sospechosa de
resistirse a la dictadura, sobre todo en virtud de su compromiso con el proyecto
político de la Unidad Popular. Pero la brutalidad represiva también encontró
agentes decididos entre los carabineros de localidades apartadas y entre los
conscriptos, sólo superficialmente expuestos a labores de adoctrinamiento.
Algunos obedecían órdenes a sabiendas de los costos del desacato, mientras otros
se complacieron en la nueva tarea. En los cuarteles se estimulaba la hostilidad
hacia los civiles por parte de los reclutas, hostilidad que se intensificaba
programáticamente respecto a los "comunistas", enemigo virtual de sus ejercicios
militares y prácticas de combate.
De hecho, la labor del gobierno, en palabras del general Gustavo Leigh,
Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y, como tal, miembro de la Junta Militar,
consistía en extirpar el cáncer marxista que amenazaba la vida orgánica de la nación,
aplicando medidas extremas, "hasta las últimas consecuencias".1 El Bando Nº 30
del 17 de septiembre de 1973, responsabilidad del jefe de Zona de Cautín, prueba
que este espíritu de anonadamiento ante el presunto enemigo interno representaba
una política oficial del régimen militar, implementada con prescindencia de las
normas vigentes en tiempos de guerra, al menos de acuerdo con los tratados
internacionales suscritos por anteriores gobiernos de Chile:
En uso de las facultades que se me ha conferido, ordeno: 1. A partir de mañana
martes 18 de septiembre de 1973, el horario del Toque de Queda se extenderá
desde las 19,00 horas hasta las 06,00 horas del día siguiente. 2. Se advierte a la
población que, cualquier manifestación de rechazo a la acción de las Fuerzas
Armadas o de Carabineros, ya sea durante un allanamiento o mientras cumplen
1
Huidobro, Decisión naval, p. 263.
175
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
trabajos de vigilancia y control de orden público, de palabra o de hecho, será
repelido de inmediato con el uso de las armas de servicio. 3. Cualquier acción de
resistencia de parte de grupos extremistas, obliga a las Fuerzas Armadas a adoptar
las más drásticas sanciones, no sólo respecto de los agresores sino que también en
contra de quienes permanecen detenidos o sometidos a arresto domiciliario
vigilancia. 4. Las Fuerzas Armadas y de Carabineros serán enérgicas en
elmantenimiento del orden público en bien de la tranquilidad de todos los chilenos.
Por cada inocente que caiga serán ajusticiados 10 elementos marxistas indeseables,
de inmediato y con arreglo a las disposiciones que el Código de Justicia Militar
establece en Tiempo de Guerra.
CONSEJOS DE GUERRA
Frente a la inexistencia de un contexto de guerra interna, en ausencia de una
lucha armada que hiciera peligrar el monopolio de la fuerza reservado a las Fuerzas
Armadas y de Orden, legalmente no se justificaba la supeditación del ordenamiento
jurídico a esa situación de emergencia. Tampoco existió ocupación de territorios
por parte de enemigos que ameritara la utilización de tribunales militares en tiempo
de guerra, consagrados en el Código de Justicia Militar. Este código prescribe
que la jurisdicción militar en tiempo de guerra comprende el territorio nacional
declarado en estado de asamblea o de sitio, sea por ataque exterior o conmoción
interior, y el territorio extranjero ocupado por las armas chilenas. Cabe recordar
que la Junta Militar decretó el estado de sitio por conmoción interior, que se hizo
entender como estado o tiempo de guerra. De modo que la declaración jurídica
de guerra actuó como ficción legal y justificación política para acciones represivas
sin correspondencia con el contexto de referencia, empleándose así los tribunales
militares en tiempo de guerra.
¿Cómo actuaron los consejos en discusión? En la práctica, contraviniendo su
propia normativa, sólo se aplicaron sus procedimientos coercitivos, ignorando
los demás efectos jurídicos de la guerra, pues no se reconoció el uso legítimo de la
fuerza por parte de sus oponentes, tampoco se respetó el carácter y los derechos
de los prisioneros, ni se consideró ninguno de los preceptos establecidos en las
convenciones internacionales sobre la guerra. Téngase presente que en el derecho
internacional, como testimonio del rechazo unánime y sin reservas a la tortura,
ésta se encuentra proscrita de las leyes, incluso de las leyes de la guerra, en cuyo
caso es lícito matar en el curso de acciones bélicas, pero nunca torturar. Es más,
los fiscales, a quienes en materia penal competía instruir y sustanciar todos los
procesos, recogiendo y consignando las pruebas pertinentes, deteniendo a los
176
CAPÍTULO III • CONTEXTO
inculpados y produciendo los elementos de convicción que fueran del caso,
representaron un eslabón más en la cadena de los agentes represores. En efecto,
se limitaron a recibir y a consignar antecedentes contrarios a los inculpados,
omitiendo toda actuación o diligencia que pudiera beneficiarlos y exculparlos,
siendo que a ellos tocaba investigar la verdad de los hechos y reunir los antecedentes
que sirvieran para comprobarlos. No obstante, las declaraciones de los inculpados
nunca fueron investigadas, optándose por rechazarlas en beneficio de las pruebas
oficiales. O bien, en vez de interrogar personalmente a los implicados, a menudo
los fiscales se conformaron con interrogatorios realizados por funcionarios
desvinculados de los tribunales militares, en recintos ajenos a los mismos y
mediante apremios que extraían confesiones ajustadas a los requerimientos de
los torturadores. El análisis de los procesos revela que, actuando con sistemático
descuido de la imparcialidad del debido proceso, los fiscales permitieron y aun
propiciaron la tortura como método válido de interrogatorio. Igual puede decirse
de otros miembros de los tribunales militares que -es el caso de los auditores-
privilegiaron la misión punitiva de los mismos.
Tampoco se reconoció el derecho a la legítima defensa. En todo procedimiento
penal los imputados gozan de diversos derechos y garantías. Por ejemplo, que se
les informe de manera específica y clara de los hechos que se les imputan; ser
asistidos por un abogado desde los actos iniciales de la investigación; solicitar que
se active la misma y conocer su contenido; solicitar el sobreseimiento de la causa;
guardar silencio o declarar sin juramento; y no ser sometidos a torturas ni a tratos
crueles, inhumanos o degradantes.2 No obstante, los imputados por los tribunales
militares en tiempo de guerra a contar de 1973 casi nunca gozaron de los derechos
antes señalados. En tales tribunales militares la norma fue la violación de esos
derechos y garantías. No se sabía con certeza de los hechos imputados. Apenas se
conocía la causal de detención, incluso en los casos en que existieron delitos reales
de por medio. A veces se detenía por pertenecer a una institución o empresa.
Otras sólo por ser o haber sido funcionario de una repartición pública determinada.
En general, la intervención de los abogados en las distintas actuaciones de la
investigación se restringió al final de las mismas, y cuando podían actuar era por
un corto tiempo. Los abogados, a quienes se acostumbraba impedirles el acceso a
sus defendidos, debían partir por rastrearlos en los distintos centros de prisión;
luego, intentar obtener algún documento que acreditara su detención;
posteriormente, presionar para que se les sometiera a alguna modalidad de juicio
que concluyera la etapa de "investigación", que solía traducirse en torturas. Así
como estaba la situación, la convocatoria a un consejo de guerra podía aparecer
como un paso adelante. Éste al menos admitía la posibilidad de la defensa, si bien
2
Arts. 183, 184 y 121del Código de Justicia Militar, en relación al art. 67 del Código de
Procedimiento Penal; art. 18 de la Constitución Política de 1925, y art. 105 del Convenio de
Ginebra relativo al trato dado a los prisioneros de Guerra (Convenio III).
177
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
no siempre inmediata, pues fue común la práctica, por parte de los fiscales, de reservar
sólo un día al mes para la atención a los abogados y no concurrían a dicha cita en la
fecha prevista, con lo cual los asuntos a tratar por éstos se postergaban, tal como se
prolongaba el cautiverio de sus defendidos. Por añadidura, tampoco era posible
solicitar diligencias y decisiones. No era permitido conocer las actuaciones.
Además, la construcción de las sentencias de los tribunales militares solía ser
muy pobre, de un nivel ostensiblemente inferior al propio de una judicatura.
Carecían de un sólido cuerpo de reflexión. En muchos casos se dieron por
establecidos los hechos y los delitos sin mayores fundamentos, se indicaron
someramente las defensas de los inculpados y se rechazaron rápidamente por ser
contrarias a las conclusiones anteriores. Por lo común, no se hizo un análisis
jurídico de las conductas establecidas, y éstas se encuadraron con facilidad en
tipos penales elegidos de antemano. Incluso se declararon reprochables conductas
que nunca lo fueron legalmente, configurando delitos instrumentales a los
acusadores. Con frecuencia se admitió la sola confesión para acreditar los delitos.
Y se hizo un empleo indiscriminado de las presunciones. Hubo sentencias que se
conformaron con aprobar las conclusiones del fiscal, quien, a su vez, se limitaba a
aceptar la denuncia militar o policial; en otros casos ni siquiera se mencionaron
los hechos por los cuales se procesaba, o apenas se consignaron genéricamente.
Para disipar cualquier duda respecto a las prácticas viciosas de los tribunales
militares en tiempo de guerra, esta Comisión ha considerado ilustrativo traer a
colación el contenido o carácter de algunas sentencias aportadas por declarantes.
Éstas ejemplifican cómo los tribunales militares en ejercicio después del 11 de
septiembre de 1973 se apartaron ostensiblemente de la ley y la justicia:
A) Las sentencias de los tribunales militares en tiempo de guerra evidencian una
conducta especial que, en lo substantivo, restringió ostensiblemente el derecho a
la defensa. En el proceso Rol N° 114-74 de Calama, se juzgó a 28 personas detenidas
en Chuquicamata sin que existiera causa o motivo alguno. De hecho el Consejo
de Guerra debió absolverlas de la acusación de haber infringido el artículo 4°,
letra c), de la Ley de Seguridad del Estado. Sin embargo, en frases decidoras, el
fallo de fecha 14 de agosto de 1974 establece: "4°.- Que es espíritu de la H. Junta
Militar de Gobierno que dirige actualmente los destinos del país de no sancionar a
las personas por ideas políticas, sino por los hechos delictuosos en que hubieren
incurrido y también es su espíritu de dar oportunidad a los ciudadanos para que se
rehabiliten y lleguen a ser elementos útiles a la sociedad de que forman parte; 5°.-
Que, sin embargo, al H. Consejo de Guerra le parece de total y absoluta
inconveniencia la presencia y permanencia de tales individuos en esta zona, ya que
si bien es cierto que no fue posible configurar los delitos imputados ni sus correspon-
dientes responsabilidades, no es menos verdad que son elementos negativos, que no
178
CAPÍTULO III • CONTEXTO
constituyen factor de garantía alguna para la seguridad y tranquilidad que requiere
el país para su recuperación a nivel nacional". A consecuencia de lo anterior, los
inculpados fueron expulsados del mineral.
B) En la apreciación de la prueba en conciencia, fue común el empleo de
interpretaciones absolutamente reñidas con el derecho, a partir de las cuales los
consejos de guerra buscaron eximirse hasta de normas mínimas de lógica,
razonabilidad y fundamentación de los fallos. Aquélla no se aplicó como un
método para buscar la convicción con mayor esfuerzo, sino como una forma de
admitir demostraciones irregulares o de presumir hechos mal establecidos o de
preferir arbitrariamente algunos antecedentes sobre otros. No se realizó esa
apreciación delicada, difícil, razonada, que mueve la conciencia del sentenciador
en la comprobación del delito o del responsable, para así formarse una convicción.
No se advirtió jamás, que la apreciación de la prueba en conciencia, así como el
fallo en conciencia, constituyen reflexiones de mayor envergadura y no meras
licencias procesales. En el proceso Rol N° 12-73 de Linares, donde se juzgó a 76
personas por hechos diferentes, el Consejo de Guerra expresa que la apreciación
de la prueba en conciencia "es fallar enteramente de acuerdo a su convencimiento
personal". Admite que el tribunal posee "más las características de un jurado que de
un tribunal de derecho". Y agrega conceptos tales como: "El consejo de guerra se
vale libremente de todos los antecedentes, sin que en ello se vea entrabado por
limitaciones legales", por lo que "ha omitido formular consideraciones particulares
sobre los medios de prueba".
La sentencia del consejo de guerra de Linares en el proceso de Rol N° 21-74, es
aún más específica. Dice: "la facultad de apreciar la prueba en conciencia importa
una verdadera derogación de las normas que encauzan o limitan la regulación
probatoria, en términos tales que, al decir de un autor, el tribunal puede fallar
enteramente de acuerdo a su convencimiento personal o, como lo ha sostenido
reiteradamente la jurisprudencia nacional, resolver en conciencia significa obrar con
el conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar".
Así pudo ser posible que en el proceso de Rol N° 1726-73 de Concepción, al
fundamentar la condena el Consejo de Guerra estableció que "la confesión del reo
también puede contribuir a establecer la existencia del delito" y que "no podrá
deducirse la plena existencia del hecho punible respecto de este reo, que declaró haber
destruido los explosivos que tenía en su casa". Estas decisiones se apartaron
completamente de las normas probatorias del Código de Procedimiento Penal,
cuerpo legal aplicable también en el sistema procesal militar.3
3 Art. 194, inciso tercero, del Código de Justicia Militar, en relación al título IV, de la Segunda
parte del Libro II del Código de Procedimeinto Penal.
179
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
C) En los tribunales militares en tiempo de guerra se hizo abuso de las presuncio-
nes, arrancadas muchas veces, de hechos no probados. La circunstancia de haber
sido miembro, por ejemplo, de un partido político, de un sindicato u otra agrupa-
ción, bastaba para declarar responsabilidades por hechos atribuidos a esa agrupa-
ción, a pesar de que no había antecedente alguno de que el inculpado hubiera
participado en el supuesto hecho delictual. Así, en el proceso de Rol N° 428-73
de Antofagasta, se enjuicia a militantes del Partido Socialista de Tocopilla por
infracciones a la Ley de Control de Armas. El consejo de guerra sentencia el 12
de diciembre de 1973: "En efecto, en sus calidades de principales dirigentes intelec-
tuales y activistas del Partido Socialista de Tocopilla, no pudieron ignorar el alma-
cenamiento de explosivos y otros elementos bélicos existente en la sede de dicha co-
lectividad y tampoco podían ignorar el uso que se pretendía dar a tales elementos
conforme a los planes terroristas elaborados por los máximos dirigentes de su Partido
y por otros sujetos de la ex-Unidad Popular. Es por esto que pesa sobre todos ellos la
grave presunción de responsabilidad establecida en el art. 8, inciso final (después
fue el penúltimo), de la Ley de Control de Armas, no desvirtuada por las defensas ni
por las declaraciones respectivas de los reos. En efecto, esta presunción se aplica cuando
se descubre un almacenamiento de armas y consiste en que se presumirá de ser
miembros de un grupo armado de combate a las personas que aparezcan como dueñas
o autorizadas para poseer las armas, o a los moradores de los sitios en que estén
situados los almacenamientos y los que hayan arrendado o facilitado los predios para
el depósito". El Comandante en Jefe de la Primera División aprueba la sentencia el
22 de enero de 1974. De este modo, todos los socialistas de Tocopilla fueron
considerados miembros de un grupo armado de combate. Dichas circunstancias
ocurrieron antes del 11 de septiembre de 1973. En ese entonces, uno de los
afectados trabajaba como profesor en Antofagasta, pero se le castigó igual, por
haber sido detenido en Tocopilla.
En el proceso recién citado, se crea una sanción al margen de toda disposición
legal. Al único procesado que se absuelve de los delitos investigados por "su escasa
o ninguna cultura" y "su bajo coeficiente intelectual", "como medida de seguridad
para controlar su conducta, se le condena a tres años de vigilancia por parte de la
Autoridad, conminándole al trabajo lícito por el bien de la Patria y de su propia
familia". Esta decisión del consejo de guerra se aleja por completo del derecho
bajo el pretexto de defender la patria y la familia.
Por otro lado, en el proceso de Rol N° 29-74 de Osorno, seguido en contra de
siete personas, el consejo de guerra considera que "es de todos conocido que el
MIR tendía a la violencia y a provocar el caos, y que cada uno de sus integrantes
sabía o no podía ignorar este objetivo de alcanzar el poder por medio de la guerra
civil y el aplastamiento de los contrarios; por lo tanto, el simple hecho de pertenecer
al MIR , o ser simpatizante del mismo, indica un concierto para alcanzar los fines
180
CAPÍTULO III • CONTEXTO
ilicitos señalados. Bastaba pertenecer al MIR para castigar a un militante o
simpatizante, aunque no se acreditara conducta delictiva alguna.
D) En muchos casos se aplicaron penas desproporcionadas. Así, los procesos de
la FACH mostraron una severidad inusitada. En el famoso proceso de Rol N° 1-
73 se juzgó a personas por una supuesta infiltración en la Fuerza Aérea con el
objeto de destruirla y sustituirla por otra que permitiera la instauración de la
dictadura del proletariado. El fallo del Consejo de Guerra expresa, entre otras
cosas, que los inculpados justificaron sus actos con el "falso pretexto de estar
gestándose un golpe militar para deponer al gobierno marxista".
También ocurre lo anterior en el proceso de Rol N° 471-74 de Antofagasta, se
juzga a un cabo segundo de la FACH, a quien se atribuye haber pertenecido a un
núcleo del MIR, haber cantado una canción marxista, haber sido adoctrinado
para sabotear los aviones y confeccionar un plano de la Base Aérea, que fue
entregado a otra persona prófuga. El consejo de guerra lo condena a la pena única
de presidio militar perpetuo, no obstante que tales conductas ocurrieron antes
del 11 de septiembre de 1973. La sentencia es aprobada por el Jefe de la Primera
División del Ejército. Se debe recordar que al procesado se le asignó como defensor
a un capitán de la FACH, quien argumentó que los hechos no constituían el
delito de traición por haber ocurrido en tiempo de paz, lo que desestimó el consejo
de guerra por creer que tal delito puede cometerse tanto en tiempo de paz como
en tiempo de guerra. Asimismo, cabe resaltar que el plano no fue encontrado;
ello, en lugar de negar jurídicamente su existencia, tal como correpondía, agravó
la situación del inculpado, pues el supuesto extremista prófugo, según se indicó,
"podría haberlo entregado a una potencia foránea con el consecuente daño irreparable".
E) En íntima relación con tales penas desproporcionadas, se presentaron casos de
tipificación de delitos a partir de conductas muy primarias o limitadas. Así ocurrió
en el proceso de Rol N° 54-75 de Osorno, seguido en contra de 16 personas, a
quienes se atribuye la organización clandestina del Partido Socialista después del
11 de septiembre de 1973 y a quienes se castigó por el delito de asociación ilícita
establecido en el Decreto Ley N° 77 de 1973 y por otros delitos de la Ley sobre
Control de Armas. Sin embargo, a dos de los procesados se les castigó como
autores del delito de espionaje conforme a los artículos 245, N° 12, y 246 del
Código de Justicia Militar, porque, de acuerdo con el consejo de guerra, "extrajeron
y escribieron secretos militares y otros datos del Regimiento de Ingenieros N° 4 Arauco,
para su entrega al enemigo y para favorecer las operaciones de estos últimos". Ha
quedado establecido que no había un enemigo a quien entregar secretos ni
operaciones que pudieren haber sido objeto de ayuda.
Pueden agregarse otras demostraciones sobre la facilidad de los consejos de gue-
rra para establecer delitos con escasa reflexión. En el proceso de Rol N° 4-73 de
181
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Punta Arenas, se juzga las actividades del Partido Socialista con antelación al
Golpe Militar. Se afirma en la sentencia que ese Partido "tenía por finalidad actuar
ofensivamente contra grupos de oposición y de las FFAA que se estimaron no adictos
al Gobierno de la Unidad Popular". La sentencia enumera después las supuestas y
perversas pretensiones del Partido Socialista (cambiar la Constitución, expulsar a
los miembros del Congreso Nacional y el Poder Judicial, provocar la guerra civil,
incitar a la indisciplina y desobediencia a los miembros de las Fuerzas Armadas).
Con estos preparativos se adjudicó a los procesados los delitos de rebelión militar
del artículo 265 del Código de Justicia Militar y los delitos del artículo 4°, letras
a), b) y d) de la Ley de Seguridad del Estado. En este proceso se da el rango de
medio de prueba excepcional al Libro blanco del cambio de gobierno en Chile.
Por añadidura, se castigó por ofensas públicas a miembros de las Fuerzas Armadas,
en tiempo de guerra, de acuerdo al artículo 284 del Código de Justicia Militar, a
una procesada que, estando detenida, "gritó belicosa y groseramente a un cabo que
la custodiaba que no le dirigiera la palabra mientras usara esa porquería de uniforme".
F) Cuando se aludió al uso indiscriminado de la confesión, se tocó la materia más
extensa que se refiere a la admisibilidad de los medios de prueba. Nuestro sistema
jurídico ha ido evolucionando en cuanto a la naturaleza de los medios de prueba,
pero siempre ha fijado las reglas de su admisibilidad, de tal manera que los jueces
no han podido ni pueden aceptar sino aquellos medios expresamente señalados.
Es otra regla de certeza. Pese a eso, el examen de los tribunales militares en tiempo
de guerra establecidos en 1973 depara algunas sorpresas. Según lo señalado, se
utilizó el Libro blanco como un documento que se bastaba a sí mismo, dando
plena fe a su texto. El libro del acusador se blandió contra el acusado sin ninguna
otra diligencia. En proceso sin rol del consejo de guerra de Los Ángeles, en que
hubo 13 procesados, éste admitió la apreciación de todos "los elementos probatorios",
entendiendo por tales, todos aquellos elementos de convicción reunidos del
proceso, "aun cuando no sean de los contemplados en el Código de Procedimiento
Penal". Así, pudo considerarse un informe del Servicio de Inteligencia o una
declaración prestada por un inculpado en un regimiento, de la cual se retractó
ante el tribunal. Con tales antecedentes, el tribunal no practicó las diligencias
ordenadas por la ley, sino que sencillamente los utilizó en contra del imputado.
182
CAPÍTULO III • CONTEXTO
EL PODER JUDICIAL
A la definición unilateral de una guerra inexistente y a la actuación irregular y
punitiva de los consejos de guerra debe añadirse la abdicación, por parte de la
Corte Suprema, de su facultad, establecida en la Constitución Política del Estado
vigente al momento del golpe militar, para controlar y supervigilar a los tribuna-
les militares en tiempo de guerra. De esta manera la Corte Suprema se desenten-
dió de faltas y abusos cometidos por los tribunales militares, no sólo en su fun-
cionamiento, sino también en sus resoluciones. Renunciando a su tuición sobre
los consejos de guerra, tampoco objetó la ampliación arbitraria de su competencia,
para incluir actos y conductas previos a la dictación del Estado de Sitio.
Todo ello acarreó funestas consecuencias en lo concerniente al respeto a los
derechos humanos, pues su exclusión jurisdiccional permitió las más graves
violaciones a las personas y a la ley. A tanto llegó la exclusión jurisdiccional en
que incurrió el máximo tribunal, que una materia tan especial y habitualmente
tan delicada como el discernimiento de los menores de edad para los efectos
penales, también fue cedida a los tribunales militares en tiempo de guerra. La
connivencia de las máximas autoridades del Poder Judicial con los militares
respondía, en parte, a su común rechazo al gobierno derrocado. Los altos
magistrados censuraban su pretensión de instaurar el socialismo mediante el uso
de "resquicios" legales, así como la deliberada pasividad del Ejecutivo ante las
violaciones a la propiedad privada por parte de sus partidarios, ignorando por
razones políticas numerosas resoluciones judiciales que ordenaban a la fuerza
pública desalojar a quienes participaban en las "tomas" de predios agrícolas y
fábricas. La férrea defensa de su poder jurisdiccional -contrariado por la resistencia
administrativa al cumplimiento de sus sentencias-dañó drásticamente las relaciones
entre los poderes Ejecutivo y Judicial, cuyos miembros fueron atacados con encono
por los voceros de la Unidad Popular, que les acusaban de actuar como guardianes
de los intereses de las clases privilegiadas, en su resistencia al proceso de cambios
conducente a una mayor justicia social.
Es necesario precisar que la Corte Suprema no sólo cedió el terreno para la acción
discrecional de las nuevas autoridades y sus agentes. Además, hizo caso omiso de
los abusos cometidos contra personas dejadas en total indefensión frente a aquellas
arbitrariedades. Y esto a pesar de que, desde el inicio, éstas fueron denunciadas
con insistencia por los abogados defensores, quienes, aceptando por fuerza la
normativa jurídica de tiempo de guerra, intentaron infructuosamente que se
respetaran los tratados internacionales suscritos por Chile en la materia, con miras
183
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
a hacer valer las garantías al trato humano de los prisioneros. En rigor, el máximo
tribunal del país brindó su decidido apoyo al gobierno militar. Entre sus ministros,
hubo quien se sumó a una gira política por Europa para validar de cara al exterior las
razones del "pronunciamiento militar". El presidente de la Corte Suprema a la fecha
del golpe fue particularmente enfático en su adhesión a las nuevas autoridades. En
los discursos de inauguración del año judicial, la actividad anual más solemne de
dicho Poder, insistió en manifestar su respaldo al gobierno militar, llegando al
extremo de negarles validez y autoridad a las acusaciones sobre violaciones a los
derechos humanos formuladas por organismos nacionales e internacionales, y des-
estimando sus críticas al régimen de libertades públicas imperante en Chile tras
el golpe de Estado. Cuando se refirió a los detenidos bajo el nuevo régimen, presentó
un cuadro benévolo, sin aspectos sombríos, que no se condice con los miles de
testimonios en sentido contrario.
Las hondas implicancias políticas de declaraciones semejantes resultaban tanto más
perjudiciales cuando eran proferidas o reproducidas por la prensa partidaria del
régimen, la única en ejercicio, minimizando o negando sus prácticas frente a una
opinión pública deliberadamente desinformada. Puede leerse lo siguiente en la
edición, correspondiente al 1 de marzo de 1974 del vespertino La Segunda: "El
Presidente [de la Corte Suprema, Enrique Urrutia Manzano] que habla se ha podido
imponer de que gran parte de los detenidos, que lo fueron en virtud de las
disposiciones legales que rigen el estado de sitio, han sido puestos en libertad. Otros
se encuentran procesados en los juzgados ordinarios o militares, y con respecto a
aquellos que se encuentran detenidos en virtud de las facultades legales del estado
de sitio en vigencia, se hace un esfuerzo para aliviar su situación de detenidos y
clarificar cuanto antes su participación en actividades reñidas con la ley. Es de desear
que este esfuerzo pueda terminar cuanto antes con la situación eventual en que se
encuentran las familias afectadas".
El presidente del máximo tribunal persistió en el apoyo al régimen militar,
manifestando su rechazo categórico a quienes se empecinaban en atacar al nuevo
gobierno.
Este país -afirmó Urrutia Manzano desde las páginas de El Mercurio del 2 de marzo
de 1975- adhirió en su oportunidad a la Declaración Universal de los Derechos
Humanos y Chile, que no es tierra de bárbaros, como se ha dado a entender en el
exterior, ya por malos patriotas o por individuos extranjeros que obedecen a una
política interesada, se ha esmerado en dar estricto cumplimiento a tales derechos, y
sólo se le podrá atribuir las detenciones expedidas ya en procesos legalmente tramitados
o en virtud de facultades especiales dadas por el estado de sitio referido. En cuanto a
torturas y a atrocidades de igual naturaleza, puedo afirmar que aquí no existen
paredones ni cortinas de hierro; y cualquiera afirmación en contrario se debe a una
prensa proselitista de ideas que no pudieron ni podrán prosperar en nuestra patria.
184
CAPÍTULO III • CONTEXTO
A la luz de testimonios como éste, cabe aclarar que la indefensión de la ciudadanía,
responsabilidad de un Poder Judicial que amparó las sistemáticas violaciones a los
derechos humanos por agentes del Estado o personas a su servicio, debe ser ante
todo imputada a los ministros de la Corte Suprema, cuya conducta marca el rumbo
de los jueces inferiores, por vía de ejemplo o por temor a su potestad disciplinaria,
ejercida mediante los recursos de queja o las calificaciones anuales. En otras palabras,
la Corte Suprema no cumplió con el deber de proteger a las personas afectadas por
la política represiva, enviando claras señales de pasividad y consentimiento. A la
postre, la mayoría de los jueces declinaron hacer prevalecer el Derecho. La costumbre,
todavía vigente en 1990, fue sancionar drásticamente los fallos y las actuaciones
que disentían de su posición oficial de activa colaboración con la dictadura.
Es más, el apoyo del Poder Judicial a las acciones punitivas del régimen militar
corrió a la par con la purga interna del mismo. La posibilidad de disentir con la línea
fijada por su máxima autoridad quedó debilitada tras la destitución de magistrados
acusados de haber sido partidarios de la Unidad Popular. Mediante dos decretos
leyes de diciembre de 1973, la Corte Suprema, adquirió la facultad de remover a
voluntad a magistrados y funcionarios, sin necesidad siquiera de informar al afectado
de los cargos invocados para su expulsión, con lo cual se anulaba de plano cualquier
posibilidad de réplica. Incluso ya desde antes, para forzar renuncias de magistrados
y funcionarios catalogados de marxistas, se había optado por el recurso de los
traslados arbitrarios que obstaculizaban la continuación de la carrera en el Poder
Judicial. A futuro, la política de los ascensos o las calificaciones serviría habitualmente
para premiar a los incondicionales del gobierno militar y penalizar a quienes se
obstinaran en actuar con independencia, desincentivando las resoluciones o los fallos
adversos a sus lineamientos. El temor a los servicios de seguridad y sus represalias
contra quienes se aventuraran en sus dominios también inhibió la acción
independiente de la judicatura. Adicionalmente, alegando ignorancia de antecedentes
sobre el afectado, el Ministerio del Interior con frecuencia invalidó las escasas
intervenciones de las Cortes en favor de las víctimas de detenciones ilegales y
arbitrarias, en cuyo transcurso la regla fue la aplicación de torturas. Al no estar
acreditada la aprehensión por ningún organismo de seguridad y en ausencia de la
orden de detención respectiva, difícilmente se podía poner en libertad a la persona
en cuestión. A menudo los jueces se escudaron en este procedimiento oficial para
rechazar los recursos de amparo, incluso cuando existían testigos de la detención
del afectado. Tampoco se acostumbró velar por los derechos y las garantías del
mismo cuando sí se reconocía su aprehensión: por ejemplo, advirtiendo que la orden
de detención era posterior al arresto, que había sido cumplida sin haber sido antes
intimada, o que era efectuada por sujetos no individualizados, cuya calidad de
funcionarios públicos tampoco había sido acreditada.
Interesa precisar aquí que la forma adecuada de tramitar los amparos, de acuerdo a
un Auto Acordado dictado por la Corte Suprema en septiembre de 1932, requería
185
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
que fuesen resueltos con la mayor celeridad posible, para prevenir que la "prisión
injusta" redundara en grandes males para el afectado, disponiendo líneas de acción
consecuentes con ese objetivo. Durante el régimen militar, los jueces desatendie-
ron sistemáticamente esas indicaciones, que habían tenido como trasfondo original
la dictadura de Ibáñez. No ignoraban que arriesgaban su carrera funcionaria si acep-
taban los recursos de amparo, y que éstos de seguro serían revocados en las instan-
cias superiores del Poder Judicial. Bien por miedo a las represalias o por convicción
de estar colaborando con una causa encomiable, no actuaron con la decisión previs-
ta frente a los funcionarios o agentes del Estado renuentes a informar sobre los
amparados o reacios a cumplir con las disposiciones judiciales que les incumbían.
La resistencia de la magistratura a acoger los recursos de amparo privó a las víctimas
de la represión de un crucial instrumento jurídico cuyo uso adecuado habría
permitido hacer frente de forma más decidida a la tortura, a las dilatadas
incomunicaciones que permitían prolongar su práctica, y a los arrestos en cárceles
clandestinas donde los prisioneros quedaban a completa merced de sus captores,
sustraídos a cualquier control por parte de la justicia. Sólo en Santiago, entre 1973
y 1989, el Comité Pro Paz y la Vicaría de la Solidaridad presentaron cerca de 9.000
recursos de amparo, por detención y preventivos, tanto individuales como masivos,
que raramente fueron acogidos. Entre 1985 y 1989, por ejemplo, los tribunales de
la capital acogieron apenas 28 recursos de amparo de los 2.357 presentados por la
Vicaría de la Solidaridad, según consta en sus registros. Para legitimar la abdicación
de sus funciones, las máximas autoridades del Poder Judicial recurrieron a una antigua
doctrina que limitaba la procedencia del recurso de amparo cuando estaba en vigencia
un estado de sitio. Esa jurisprudencia, por cierto muy debatida y cuestionable,
siempre admitió su validez en el marco de "estados de sitio transitorios", o sea, de
unos días apenas, y durante períodos en que tanto los ministros de Estado como el
Presidente de la República debían responder de sus eventuales abusos de poder y
arbitrariedades ante el Congreso Nacional, vigente en tanto órgano fiscalizador de
las acciones del gobierno. Desde luego, nada de esto sucedía después del 11 de
septiembre de 1973.
El recurso de amparo o "hábeas corpus" ha sido tradicionalmente el mecanismo más
importante a disposición de los jueces para velar por la vida y la integridad física de
los arrestados, reclamando la presencia del "cuerpo" de éstos en los tribunales. A
pesar de esto, rara vez los jueces ordenaron que se trajera al amparado a tribunales,
aun admitiendo que los servicios de seguridad no siempre se avinieron a cumplir
con tales solicitudes y, si lo hacían, como consta en testimonios entregados a esta
Comisión, se cuidaban de amenazar previamente al afectado respecto a las graves
consecuencias de una declaración sincera en lo tocante a las torturas padecidas.
Callar las torturas aparecía como una forma de no exponerse a padecerlas de nuevo,
según aclaraciones de los propios torturadores al momento de despedir a sus víctimas
requeridas por la justicia. Tal como le advirtiera un agente de la Central Nacional
186
CAPÍTULO III • CONTEXTO
de Inteligencia (CNI) a un estudiante de Valparaíso detenido y torturado en 1984
(y que entregó a esta Comisión relatos pormenorizados de su experiencia), "vos
sabís donde estái, o colaborái o te dejamos lisiado de por vida, aquí no valen los
recursos de amparo, aquí mandamos nosotros".
En cuanto a los procesos por detenciones ilegales y por aplicación de tormentos,
también fue costumbre entre jueces ordinarios y militares abstenerse de individua-
lizar a los hechores; no decretar apremios contra los funcionarios que rehusasen
informaciones relevantes; no constituirse en el lugar de los hechos; no practicar
reconstituciones de escenas; no tomar nota de los rastros o huellas, ni efectuar
retratos hablados de los hechores; no citar a los testigos de los hechos denunciados
por el denunciante, y abusar del secreto de sumario pretextando diligencias pen-
dientes que, como nunca se cumplían, posibilitaban la prolongación indefinida de
ese estado. Todo esto, no hay que olvidar, mientras los victimarios podían presio-
nar a la víctima para que desistiera de seguir adelante con la querella. Lo anterior
también es válido para los pocos jueces con el coraje suficiente para proseguir in-
vestigaciones referentes a las denuncias de torturas. Las reiteradas amenazas de
muerte buscaban poner fin a sus indagaciones (tal como le pasó al juez René García
Villegas del Vigésimo Juzgado del Crimen de Santiago, según un informe de Am-
nistía Internacional de 1987). Por añadidura, los pocos jueces civiles que, entrada la
década de 1980, se decidieron a llevar a fondo sus investigaciones, vieron cómo sus
esfuerzos solían concluir en nada al traspasarse las causas a la justicia militar, a la
cual competían las investigaciones en que se sospechaba la participación de perso-
nal uniformado. En efecto, la justicia militar levantó una línea defensiva del sistema
represivo: en su poder, las querellas por tortura se eternizaban o se rechazaban,
resguardando jurídicamente a los violadores de los derechos humanos. De este modo,
se eludió procesar a los miembros de los organismos de seguridad o de la policía
inculpados por las denuncias de tortura, que de preferencia comenzaban a pesquisarse
cuando los rastros más evidentes habían desaparecido, no pudiéndo, así, acreditarse
el delito.
Considerando los hechos expuestos hasta ahora, no sorprende constatar que José
Cánovas Robles, el juez designado presidente de la Corte de Apelaciones de Santiago
en 1974, al rememorar el desempeño del Poder Judicial durante el régimen militar,
concluyera en sus Memorias de un magistrado (1989): "Los tribunales de justicia
no se atrevieron a imponer el respeto de los preceptos legales vigentes". En resumidas
cuentas, las garantías de impunidad que el Poder Judicial -por propia iniciativa o
presionado por las autoridades del Ejecutivo- ofreció a los agentes de la represión,
alentaron la perpetuación e intensificación de la prisión política y la tortura, puesto
que los magistrados corrientemente se abstuvieron de velar por los derechos y la
integridad de sus víctimas. Con la venia de la Corte Suprema, se ignoró el principio
de urgencia, en cuya virtud y por mandato legal el recurso de amparo debe fallarse
en 24 horas, para prevenir la tortura. También se aceptó que la confesión extrajudicial
187
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
obtenida mediante la tortura en los recintos secretos avalara las denuncias de la
autoridad, siendo considerada una prueba sobre la participación criminal del reo.
Así, no rara vez los agentes represores forjaron los culpables que, cuando menos
ante los partidarios del régimen militar, parecían dar la razón al rigor punitivo de
sus métodos. Y, como factor agravante, se sumaba la tolerancia frente a la
incomunicación administrativa. Conforme con el principio según el cual las
autoridades públicas, ni siquiera en circunstancias extraordinarias, tienen otra au-
toridad o derecho que aquel conferido por la Constitución y las leyes, es evidente
que aquéllas no pueden disponer incomunicaciones a los detenidos en virtud de
órdenes administrativas decretadas en estado de excepción, pues sus atribuciones
se limitan al sólo hecho del arresto. Durante la dictadura, sin embargo, se conocieron
incomunicaciones administrativas muy extensas; dos personas concurrentes ante
esta Comisión sufrieron incomunicaciones de hasta 330 días, tras ser detenidas en
enero de 1974, y permanecieron hasta noviembre de ese año en recintos secretos de
la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). A continuación de la entrada en
vigencia de la Constitución de 1980, las incomunicaciones persistieron, y llegaron
a prolongarse por más de dos meses, a causa de las prórrogas decretadas por los
fiscales militares al plazo habitual de 20 días. Entre tanto, la persona incomunicada
quedaba a disposición de los torturadores, con tiempo de sobra para ensañarse con
sus víctimas y, luego, aguardar su aparente recuperación física.
Si el miedo a las represalias desincentivaba las denuncias ante los tribunales por los
afectados, la mala acogida a las mismas por parte de los tribunales también incitaba a
la minimización de un problema cuya real envergadura superaba con mucho al número
de las querellas. Sólo la Vicaría de la Solidaridad, entre junio de 1978 y diciembre de
1989, presentó querellas por más de 1.300 casos de tortura en los tribunales, sin nunca
obtener resultados satisfactorios. En 1981, por ejemplo, de los 909 detenidos por los
servicios de seguridad bajo acusación de romper el receso político, subvertir el orden
público o perpetrar otros delitos, 98 personas se querellaron por torturas y otros
apremios ilegítimos. Todas las denuncias fueron desestimadas aduciendo falta de
pruebas, algo que restaba sentido al uso de ese recurso legal, tanto más si la decisión
de revelar la tortura ponía en riesgo la propia vida y la de los cercanos. Además, la
CNI, contaba ocasionalmente con la colaboración de médicos en sus sesiones, quienes
facilitaban certificados en que acreditaban que el detenido había aBandonado sus
recintos en perfecto estado de salud, de modo que, en caso de presentar lesiones,
éstas no le concernían. Dicho procedimiento se aplicó hasta con detenidos muertos a
causa de torturas. En ausencia de condenas de los tribunales, el Poder Judicial daba
apariencias de honorabilidad al régimen militar, pues el gobierno insistía en negar la
existencia de la tortura en Chile, no obstante las reiteradas condenas de organismos
internacionales alusivas a atropellos a los derechos humanos. El máximo tribunal, en
una sentencia del 8 de enero de 1986 (ingreso Corte Suprema Rol Nº 24.810), declaró
que el "ejercicio de los derechos humanos está sujeto a las limitaciones que le imponga
la autoridad, en cuanto sea indispensable para prevenir [...] el orden público, el bien
188
CAPÍTULO III • CONTEXTO
común y la seguridad del Estado". No las leyes sino las autoridades podían limitar a su
arbitrio el goce de los derechos de las personas.
Resta puntualizar que las denuncias sobre la tortura y la evidencia que las confirmaba
permitieron a los magistrados tomar conocimiento de su uso regular e institucional,
sobre todo desde fines de la década de 1970. Es cierto que al comienzo la denuncia
de la tortura fue más bien genérica. Ello porque los organismos de defensa de los
derechos humanos concentraron sus primeros esfuerzos en conocer el paradero y
el estado de personas desaparecidas, y en poner a resguardo, facilitando su salida
del país, a ex prisioneros políticos todavía en situación de riesgo. Recién en junio de
1978 se registran las primeras denuncias al respecto interpuestas ante la justicia con
respaldo de la Vicaría de la Solidaridad. En todo caso, las organizaciones creadas
para brindar asistencia social y jurídica a las víctimas de la represión -como el Comité
Pro Paz y la misma Vicaría- nunca dejaron de esmerarse por instruir a los magistrados
sobre las violaciones a los derechos humanos. Al mismo tiempo, esas entidades
efectuaron denuncias generales y suministraron información específica sobre las
víctimas a los organismos internacionales. Así pues, los informes de éstos que
alertaban sobre los atropellos en curso se sucedieron durante todos los años del
régimen, comenzando con la indagación realizada por el secretario ejecutivo de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos en octubre de 1973, cuyo resultado
arrojó gravísimas denuncias de tortura por parte de los presos políticos. Por lo
demás, la notoriedad de Chile en la materia nunca pasaría desapercibida afuera del
país. La revista estadounidense Time, en su edición del 16 de agosto de 1976, dedicó
un extenso reportaje al uso contemporáneo de la tortura. De entre todas las naciones
acusadas de estar practicándola como método auxiliar de gobierno, certificaba que
los casos citados con mayor frecuencia por los expertos en el tema eran Chile e
Irán. Frente a este tipo de acusaciones, el gobierno militar siempre respondió
negándoles toda validez, significando que eran parte de una campaña de descrédito
montada por el marxismo internacional.
Por cierto, se pueden invocar otros ejemplos -ahora internos- de denuncia pública.
En 1983, a raíz de la reciente detención de diez dirigentes sindicales, cerca de noventa
abogados presentaron un escrito a la Corte Suprema pidiéndole adoptar "urgentes
medidas que pongan fin a la tortura, que ha pasado a ser una rutina habitual del
interrogatorio y permanencia de cualquier persona en cárceles secretas de la CNI".
Se quería hacer ver a los altos magistrados que, "mientras eran torturados se
tramitaban recursos de amparo en su favor en la Corte de Apelaciones de Santiago;
que las distintas salas que conocían de los recursos se negaban sistemáticamente a
acceder a las peticiones de comisionar un ministro para constituirse en la CNI u
ordenar a ese servicio traer a su presencia al detenido, lo que habría evitado la tortura
permanente durante cinco días".4 Los abogados preocupados de la defensa de los
4
"Terminar con la tortura ahora", Solidaridad, 1ra. quincena de septiembre (1983), p. 5.
189
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
derechos humanos nunca dejaron de insistir en que la tortura violaba la legislación
nacional vigente e internacional ratificada por el gobierno de Chile. Ni la
Constitución de 1980, pilar de la nueva institucionalidad, ni el Código Penal ni el
Código de Justicia Militar amparaban esos métodos, invariablemente condenados
y proscritos. La tortura, durante todo el régimen militar, permaneció tipificada
como un delito en el ordenamiento jurídico vigente, existiendo resguardos legales,
sustantivos y procesales, para garantizar la integridad de los detenidos. Por eso
recurrían a la Corte Suprema, conscientes de que existía el marco legal para intentar
ponerle atajo a la tortura, recordándoles a sus ministros que en agosto de 1973 el
máximo tribunal había adoptado un acuerdo nunca tan digno de consideración como
ahora, puesto que prohibía expresamente interrogar y obtener declaraciones bajo
apremios físicos y morales a los detenidos, y mantenerlos en lugares secretos e
incomunicados sin previa orden del tribunal competente.
Huelga aclarar, con todo, que las escasas actuaciones positivas de la justicia respecto
a los abusos de poder pusieron escollos a la práctica de la represión, pero los servicios
de seguridad encontraron modos de sortearlos para continuar con el recurso a la
tortura. En un fallo sin precedentes de noviembre 1983, motivado por la presentación
de un recurso de amparo preventivo a favor de un dirigente poblacional, la Quinta
Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago negó expresamente a la CNI la facultad
para detener y recluir en cárceles secretas, haciendo valer las disposiciones
constitucionales que sólo permitían a la fuerza pública (Carabineros e
Investigaciones) realizar detenciones, a la vez que éstas siempre debían verificarse
en los lugares públicos expresamente destinados al efecto. Los abogados vinculados
a la defensa de los derechos humanos celebraron la decisión, pero en rigor la represión
siguió su curso, desalentando el optimismo inicial. De partida, la tortura también
era una práctica empleada por Carabineros e Investigaciones, de suerte que reservar
a sus funcionarios las detenciones no garantizaba librarse de los apremios ilegítimos,
en sus vehículos de servicio, en sus retenes y en sus cuarteles. Peor aún, la CNI
prosiguió actuando como era su costumbre. Las leyes nunca fueron vinculantes
para los organismos de seguridad nii para los agentes de la represión, pues sus
métodos formaban parte del arsenal de gobierno. La Ley 18.623, dictada en junio
de 1987, le quitó la atribución a la CNI de mantener recintos de detenidos, al tiempo
que la facultaba para realizar aprehensiones, siempre y cuando los afectados fuesen
entregados a Carabineros, a Investigaciones o al tribunal del cual había emanado la
orden respectiva. Pero la CNI mantuvo sus recintos secretos de detención,
torturando además en los propios domicilios de los afectados y en dependencias de
Investigaciones, según consta en denuncias judiciales, en informes de Amnistía
Internacional y en testimonios recabados por esta Comisión.
190
CAPÍTULO III • CONTEXTO
EL APARATO REPRESIVO
La represión política -fusilamientos sumarios, tortura sistemática, privación
arbitraria de libertad en recintos al margen del escrutinio de la ley, conculcación
de derechos humanos fundamentales- operó desde el 11 de septiembre hasta el
fin del gobierno militar, aunque con grados de intensidad variables y con distintos
niveles de selectividad a la hora de señalar a sus víctimas. El Informe de la Comisión
Nacional de Verdad y Reconciliación ofrece valiosa y concluyente información al
respecto al identificar la institucionalidad del aparato represor, el ámbito de sus
actividades, sus métodos y sus procedimientos refinados con el tiempo, así como
los lugares en donde se ejercieron tareas coercitivas.
El trabajo de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura ha permitido
confirmar esos hallazgos, añadiendo sin embargo un componente de masividad a
la práctica de la prisión política y la tortura antes insospechado, para concluir que
la amplitud de la represión y el universo social de sus víctimas eran mayores al
presupuestado hasta ahora. Basta con adelantar que más del 94% de las personas
que sufrieron prisión política y acudieron a esta Comisión, dicen haber sufrido
torturas de manos de agentes del Estado o de personas a su servicio, a lo largo y
ancho de todo Chile.
191
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Si bien la prisión politíca y la tortura acompañaron todos los años del gobierno
militar, el grueso de sus víctimas se concentra en su fase de instalación en el poder:
el 61% de las 33.221 detenciones calificadas por la Comisión corresponden a
detenciones efectuadas en 1973, principalmente por Carabineros (43%) y personal
del Ejército (30%).
Los antecedentes reunidos por esta Comisión permiten formarse convicción moral
sobre la efectividad de las torturas denunciadas, invalidan cualquier explicación
de éstas como actos anómalos o fortuitos, como acciones solamente imputables a
título individual, y pone de relieve su deliberado carácter institucional. Todo
confirma que la tortura operó como un sistema para obtener información y anular
cualquier forma de resistencia. Sería erróneo suponer que la tortura nada más
respondía a un método proscrito para obtener información relevante. A veces -
cuando se buscaba capturar a las dirigencias de los partidos de izquierda en la
clandestinidad- cumplió esa función. Pero el interrogatorio también fue,
invariablemente, un ritual aleccionador. Esto queda particularmente en evidencia
en el caso de los torturados cuyas confesiones debían confirmar las indicaciones
de los represores. Es decir: a veces la tortura buscaba arrancar un secreto, pero
siempre se proponía imponer el terror, aplicando escarmientos ejemplificadores
para sofocar la oposición al régimen. Esta finalidad fue evidente en los primeros
meses del régimen militar; y volvería a serlo en la década de 1980, cuando se hizo
manifiesto el descontento.
Todo esto permite concluir que la prisión política y la tortura constituyeron una
política de Estado del régimen militar, definida e impulsada por las autoridades
políticas de la época, el que para su diseño y ejecución movilizó personal y recursos
de diversos organismos públicos, y dictó decretos leyes y luego leyes que
ampararon tales conductas represivas. Y en esto contó con el apoyo, explícito
algunas veces y casi siempre implícito, del único Poder del Estado que no fue
parte integrante de ese régimen: la judicatura.
De esta forma, a partir del golpe militar, sobre todo durante el tiempo restante de
1973, la represión se aplicó en casi todas las localidades del país, por miembros de
las Fuerzas Armadas y de Orden, asistidos a veces por civiles que suelen participar
en el proceso de selección de las víctimas, e incluso en las prácticas de tortura. En
esta primera fase de embestida masiva contra todos quienes pudiesen ser
catalogados como disidentes políticos, se ejecutó a numerosas personas sin juicio
previo o tras procesos viciados, se asesinó a prisioneros inermes alegando la "ley
de fuga", se realizaron arrestos masivos que engrosaron las filas de prisioneros
que se habían entregado voluntaria y confiadamente en respuesta a los Bandos
que reclamaban su comparecencia, y los allanamientos y otros operativos masivos
de registro, tanto en la capital como en provincias, abarcaron poblaciones,
industrias, universidades, edificios públicos, fundos, centros mineros. En vista de
192
CAPÍTULO III • CONTEXTO
los miles de prisioneros reunidos, se debieron improvisar recintos de detención y
tortura, al tiempo que se habilitaban campos de concentración en el norte, el
centro y el sur del país, cuyos últimos prisioneros no serían liberados sino a fines
de 1976. Resulta ilustrativo de la masividad de la prisión política y la tortura en
1973, enunciar tipos de recintos de detención registrados por esta Comisión:
prefecturas, comisarías, subcomisarías, retenes, tenencias, cuarteles, regimientos,
escuelas matrices, estadios deportivos, gimnasios, casas patronales, fábricas,
edificios de instituciones públicas, hospitales, maestranzas, bases aéreas y navales,
cárceles de hombres y mujeres, estaciones ferroviarias, embarcaciones de la Armada
y de la marina mercante, campos de prisioneros, fiscalías militares, gobernaciones,
intendencias, y establecimientos educacionales, como universidades y liceos.
No sólo se persigue a personas con cargos de responsabilidad en el gobierno
depuesto, a connotadas figuras de izquierda y a sus militantes comunes y
corrientes, sino a representantes de organizaciones de base con participación en
movimientos de reivindicaciones sociales. Así, además de a dirigentes de partidos,
militares y carabineros detienen a trabajadores sindicalizados, campesinos
partícipes de la reforma agraria, dirigentes de juntas de vecinos y estudiantes
universitarios y de secundaria. Numerosas personas buscan asilo en las embajadas,
mientras el nuevo gobierno promueve la delación como una forma legítima de
colaboración con el trabajo de restauración del "orden". Entre septiembre y octubre
de 1973, la "caravana de la muerte", una misión a cargo de oficiales del Ejército
enviada por el Presidente de la Junta Militar al norte y sur del país, alecciona con
ejemplos brutales los grados de radical ensañamiento que debían prevalecer en el
trato deparado a los prisioneros. La historia de varios de los integrantes de esa
comitiva, luego incorporados en cargos de responsabilidad a la DINA, sugiere
cierta tendencia "meritocrática" en el reclutamiento de los agentes de la represión,
cuando a ésta le correspondió institucionalizarse como un recurso auxiliar de las
prácticas de gobierno, una vez que el proceso de instalación en el poder ya estaba
consumado.
Esta fase represiva masiva abrió las compuertas para todo tipo de abusos. Como
enseñan distintos testimonios, en ocasiones se dio la práctica de aprovechar
eventualmente la indefensión de las víctimas de la represión para robarles posesiones
personales de valor. La prisión política y la tortura caen de golpe sobre personas
que, cualquiera fuera su militancia a la fecha, jamás previeron la irrupción de ese
accidente en sus vidas. Como ejemplos extremos cabe mencionar la situación de
individuos sin compromiso político con las fuerzas proscritas. Esta Comisión ha
consignado casos de atrocidades que no responden a ninguna lógica represiva que
se deduzca de la existencia de un enemigo con perfiles claros, poniendo de relieve
el amplio margen de arbitrariedad a la hora de seleccionar a sus víctimas, inmersas a
la fuerza en una condición de grave inseguridad respecto a sus derechos
fundamentales.
193
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Puede considerarse el testimonio de una mujer integrante de una modesta familia
del sur, sin vinculaciones ni militancias políticas. El 20 de octubre de 1973, ocho
militares acompañados de un carabinero irrumpieron en su casa, comenzando en
el acto a golpear brutalmente a sus hermanos de 15 y 16 años, en presencia de su
madre y de su hijo menor, un niño de 8 años de edad. Justificaban la agresión
alegando su participación en un asalto a un retén de Carabineros en Valdivia. Los
militares y el carabinero sabían los dos apellidos de los hermanos acusados del
asalto; sólo el apellido paterno coincidía con la identidad de las víctimas. Así lo
hizo saber la familia e incluso los vecinos, aunque sin ningún resultado por parte
de los agresores. Como resultado, ambos jóvenes fueron torturados hasta la
muerte. Días después, tras peregrinar en su búsqueda por distintos lugares de
detención, su madre los halló en la morgue. Ambos habían sido masacrados. A
uno de los adolescentes le faltaba parte de la cara, tenía la boca llena de excrementos
de caballo, de espinas, de pitilla. De acuerdo con el relato de la denunciante, la
única hija mujer, ella y su hermano mayor fueron detenidos cuando viajaron a
Santiago para denunciar ambos asesinatos ante los militares. A manos de éstos
sufrieron torturas y prisión. El hermano perdió el juicio; ella quedó con secuelas
físicas invalidantes y debió partir a un largo exilio, tras seis meses de cautiverio
cumplidos parcialmente en el Estadio Nacional. En relato adjunto, así resume su
situación personal y familiar:
....por el golpe del 73 por alcance de apellido los señores militares y Carabineros
destruyeron nuestra familia. Desde el 73 jamás hemos sido felices, ya que yo fui
detenida, o sea presa, torturada por un periodo de 6 meses por reclamar. La
injusticia y crimen que habían cometido los militares de Valdivia, juntos con los
Carabineros. Ellos han destruido toda nuestra familia, quedando sin hermanos y
sin padres, ya que con los golpes que le dieron a mi padre por defender a mi
hermano y decir que nosotros [no correspondíamos a la familia de quienes se
buscaba], por decir la verdad, le dieron muchos golpes, que en mi pobre papá
perdió su mente y estuvo muchos años en la Casa de Orate, o sea en el manicomio
en Valdivia, como al igual a mi me detuvieron con mi hermano mayor [...] con
él yo fui a Santiago a dar cuenta. Con mi ignorancia, fuimos a contarles, lo que
habían hecho los militares en Valdivia con nuestra familia; los escucharon, cuando
ahí mismo los tomaron a punta de culatazos por la cara y por el cuerpo y patadas
les pegaban a los dos, y también me pegaban como si yo hubiese sido hombre, me
pegaron sin compasión incluso hasta por los senos, yo tengo todo mi cuerpo con
las marcas del 73. Mi cuerpo está todo cortado, mis tobillos fracturados, mis manos
fracturadas, mis rodillas todas cortadas y tengo el hombro de mi brazo derecho, la
clavícula fracturada, y tengo los párpados, rotos, cortados, porque los militares,
cuando me detuvieron nos pegaron mucho [...] Ellos iban a matar a toda mi
familia yo les suplicaba, les pedía de rodilla que no lo hagan tanto daño, nosotros
no teníamos ni idea, el por qué nos hacían tanto daño, nunca hemos estado en
política, nunca habíamos estado detenidos, nadie de nuestra familia".
194
CAPÍTULO III • CONTEXTO
Tras esta etapa de masivo escarmiento colectivo por parte de la fuerza militar, ya
a fines de 1973 la represión política comienza a derivar hacia criterios más
selectivos, tanto en lo tocante a las víctimas como a los victimarios. Los represores
improvisados de la primera hora ceden su lugar a los profesionales de la coerción,
que hacen carrera en sus organismos y aplican métodos de tortura más
"sofisticados". Las atrocidades prosiguen, pero afectan a menos personas, y éstas
suelen tener algún tipo de filiación político-partidista. En este contexto, la misión
de montar un Estado policial recayó en los servicios de inteligencia y, de manera
prominente, en organismos especialmente creados al efecto, que centralizarían e
infundirían cierta lógica instrumental a las anteriores prácticas represivas. Es el
caso representativo de la DINA, bajo la dirección del coronel Manuel Contreras
Sepúlveda, luego ascendido a general. Creada formalmente en junio de 1974, pero
en funciones desde fines de 1973, la DINA encabezó la represión hasta el momento
de su disolución, en 1977. En sus inicios contó con personal procedente de todas
las ramas de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, y en cuanto primer organismo
de inteligencia del gobierno en su conjunto, tuvo a su disposición un volumen de
recursos que le permitió una capacidad operativa muy superior a la mostrada por
sus congéneres. La DINA, pronto controlada por personal del Ejército, coexistió
con otros servicios de inteligencia, e incluso se disputó las víctimas de la represión
política con sus agentes. Ninguno de los otros servicios de inteligencia u
organismos de seguridad, ni el mismo Comando Conjunto en operaciones entre
1975 y 1976, que reclutó personal de todas las ramas de las Fuerzas Armadas y de
Carabineros, además de civiles con anterior militancia en el movimiento Patria y
Libertad, puso en riesgo su preeminencia en el combate por todos los medios a
cualquier resistencia o disidencia organizada al régimen. En sus tarea buscó eliminar
sistemáticamente a las personas que intentaban rearticular clandestinamente
partidos o los movimientos señalados, según la lógica del enemigo interno, con el
estigma del marxismo: prioritaria pero no exclusivamente, el MIR y los partidos
Socialista y Comunista. Sus cuadros dirigentes, sus militantes y colaboradores,
todos agrupados en la categoría del "extremista", pasaron a ser las principales
víctimas de una represión más selectiva que la precedente, aunque en ningún caso
menos despiadada. Con frecuencia la tortura culminó en muertes y, a menudo,
en desaparición. A veces, bajo la presión de la tortura y las amenazas de muerte, el
militante se convertía en colaborador.
Hacia 1976, el modo de operar de la represión comienza a adquirir nuevos patrones.
Empieza a disminuir la detención con prolongados periodos de desaparecimiento,
en tanto aumenta la aprehensión por unas horas o unos cuantos días. En ese
lapso, tal como había ocurrido en la etapa previa, era habitual torturar, casi
invariablemente aplicando electricidad. Prolifera el amedrentamiento. La
intromisión de los agentes represivos en el ámbito de la vida doméstica de sus
víctimas se hace más frecuente; por ejemplo, visitando su domicilio durante la
noche e interrogando, ahí mismo, a sus familiares. A menudo, el afectado era
195
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
seguido y vigilado, de tal manera que advirtiera que vivía a la sombra de una inmi-
nente acción represiva. Si se le detenía, no era llevado necesariamente a un recinto
secreto: podía ser torturado e interrogado dentro de un vehículo en marcha, donde
recibía presiones y amenazas para que colaborara, tras lo cual la persona podía
volver a su entorno cotidiano, propagando el efecto intimidatorio del miedo entre
sus cercanos.
Para dimensionar el alcance de la DINA como ejecutor de un Estado policial,
debe precisarse que no sólo rastreó, capturó, torturó y asesinó a quienes juzgaba
enemigos del régimen autoritario; también, mediante su vasta y nutrida red de
colaboradores e informantes civiles en Chile y el extranjero, en reparticiones y
empresas públicas y privadas, en legaciones diplomáticas, en aeropuertos de
distintos países y aun de otros continentes, y en medios de comunicación chilenos,
extendió la cobertura de su vigilancia a esferas de actividad y de personas ajenas a
la riesgosa militancia en la resistencia al gobierno militar. Abarcó Chile,
Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, coordinando acciones de represión
política con los otros servicios de seguridad del Cono Sur -la llamada "Operación
Condor"- y con organizaciones terroristas extranjeras de extrema derecha. A tanto
llegó el celo inquisidor de la DINA, que tampoco se privó de controlar a los
propios funcionarios del gobierno, incluidos los ministros, y a prominentes
militares en servicio activo. Contribuyó poderosamente al afianzamiento del poder
personal del general Pinochet, liderando la "guerra contra el marxismo", pero
también neutralizando a sus posibles rivales al centro del propio régimen militar.
En su definición de los enemigos que debían mantenerse en la mira de los servicios
de seguridad, tampoco se omitió a los defensores de los derechos humanos que
buscaban crear conciencia, tanto dentro como afuera del país, respecto a las
atrocidades cometidas por el terrorismo de Estado.
En los hechos, la DINA era un organismo de gobierno que sólo rendía cuentas al
Presidente de la Junta y Comandante en Jefe del Ejército, el general Augusto
Pinochet, con absoluta prescindencia de los otros miembros de la Junta, de otros
mandos de las Fuerzas Armadas y del Poder Judicial. Sus brutales procedimientos
y autonomía de acción llegaron a despertar oposición y recelo entre quienes
aprobaban las políticas coercitivas del gobierno, siempre y cuando estuvieran
sometidas a cierto control y "racionalidad", en cuyas consideraciones desde luego
estaba no provocar la enemistad de Estados Unidos. De hecho su disolución
respondió a la convicción de que sus "licencias" perjudicaban a la posición del
régimen militar frente a la comunidad internacional. La DINA, en efecto, realizó
complejos operativos fuera de Chile contra personalidades opositoras. En 1974
asesinó al ex Comandante en Jefe del Ejército general Carlos Prats, y a su esposa,
en Buenos Aires; en 1975, esta vez en Roma, atentó contra la vida del líder
democratacristiano Bernardo Leighton y la de su esposa, quedando ambos
seriamente heridos; y, en 1976, ahora en Washington D.C., mató a Orlando
196
CAPÍTULO III • CONTEXTO
Letelier, ex canciller del gobierno de Allende y líder de la oposición en el exilio, y
a su secretaria norteamericana. Este atentado precipitaría el fin del organismo de
seguridad, aun antes de que las investigaciones del FBI incriminaran a ex agentes
suyos. Pinochet sustituyó a la DINA por la CNI, organismo de seguridad
dependiente del Ministerio del Interior, a cuyo cargo quedaría Contreras al
momento de su creación, para ser rápidamente reemplazado. Es de interés señalar
que en el Decreto Ley Nº 1.876, que especifica los motivos para concluir con la
DINA, se establece la "conveniencia de estructurar de acuerdo a las actuales
circunstancias las atribuciones de un organismo creado en situación de conflicto
interno ya superada", dando a entender que ese conflicto interno se había
prolongado por años, en circunstancias de que, según lo visto, nunca existió en
propiedad.
La CNI, que no sería disuelta hasta febrero de 1990, heredó de la DINA su
personal, sus recintos e instalaciones. En tanto organismo ejecutor de las
atribuciones otorgadas al Ejecutivo por el Decreto Ley Nº 1.877, dictado el mismo
día de su creación (13 de agosto de 1977), la CNI quedó facultada para "arrestar
a personas hasta por el plazo de cinco días en sus propias casas o en lugares que
no sean cárceles". El Decreto Ley Nº 3.451, fechado en julio de 1980, aumentaría
a veinte días el plazo legal para mantener bajo arresto sin poner a disposición de
los tribunales correspondientes al detenido en calidad de sospechoso de atentar
contra la Ley de Seguridad Interior del Estado, en cuyo nombre se venían
introduciendo reformas legales restrictivas de la libertad personal desde 1975.
Verificado el arresto en recintos secretos, no debe sorprender que la mayoría de
los afectados hayan sido torturados. Entre el 17 de julio, fecha de publicación del
Decreto Ley antes aludido, y el 31 de agosto del mismo año, de las 37 personas
que permanecieron detenidas por más de cinco días, 22 denunciaron -o, más bien,
se atrevieron a denunciar-apremios ilegítimos. De este modo, con el resguardo
de la sanción oficial, se fueron estableciendo condiciones jurídicas favorables a la
práctica selectiva pero sistemática de la tortura como uno de los métodos de
gobierno al servicio de una dictadura. No fue ésta la única forma de cobertura
legal otorgada a las actividades de la CNI. Cuando sus agentes tuvieron que
comparecer ante los tribunales, lo hicieron con identidades falsas o "chapas",
medida precautoria para la preservación de sus funciones y tareas, además de su
impunidad. O bien, agentes bajo investigación judicial eran transferidos a lugares
distantes por sus mismos superiores, a fin de dificultar o impedir su comparecencia
ante los tribunales.
Entre 1978 y 1980, la CNI pudo concentrarse inicialmente en trabajos de
inteligencia, marcando un aparente declive de la actividad represiva con relación
al período precedente. Esto no significó el fin sino la disminución de la detención
arbitraria e ilegal y la tortura en recintos secretos. Además, se intensificó la
detención por períodos breves de personas que después eran liberadas sin ser
197
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
entregadas a los tribunales competentes. En esos días de cautiverio, se les torturaba.
Las víctimas de esta modalidad represiva eran, de preferencia, militantes o
miembros de partidos políticos, líderes sindicales, familiares y amigos de las
víctimas, especialmente familiares de detenidos desaparecidos y de presos políticos,
y personas vinculadas a la denuncia de los atropellos a los derechos humanos. No
fue desacostumbrado el uso de la tortura como fase preliminar a la obligación de
hacer o firmar declaraciones autoinculpatorias. Así la dictadura procuraba validar
su política represiva frente a la opinión pública, abultando artificialmente el número
y la envergadura de sus enemigos más decididos.
El panorama cambiaría con la rearticulación del MIR en 1979, ahora decidido a
ofrecer resistencia armada al régimen mediante el ingreso clandestino al país de
militantes con entrenamiento militar, en el marco de la llamada "Operación
Retorno". El desarrollo de la lucha insurgente repercutiría en la intensificación de
las tareas represivas de la CNI y sus pares. El mismo general Pinochet saldría en
defensa de los organismos de seguridad "que con valentía y abnegación -como
declararía desde las páginas de El Mercurio del 12 de septiembre de 1981- prote-
gen la vida de los chilenos y el orden público de la nación". En todo caso, la
arremetida de los "extremistas" iría cobrando mayor impulso en la década de los
ochenta. Aumentarían las acciones de terrorismo selectivo contra personeros o
agentes del régimen, los robos a bancos y la colocación de artefactos explosivos.
Con la emergencia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en 1983,
grupo armado vinculado al Partido Comunista, que había resuelto oponer todo
tipo de resistencia al régimen, la estrategia de la lucha armada de carácter insur-
gente penetraría en sectores poblacionales y se afincaría en el mundo urbano. La
aparición del MAPU Lautaro acentuaría esta tendencia, muy gravitante entre la
juventud de los sectores más desposeídos. La lógica beligerante de la lucha arma-
da, impulsada como reacción al régimen militar, favorecía a su vez la política
confrontacional del General Pinochet, quien así ganaba terreno para validar la
necesidad de la represión y desestimar los llamados a la apertura política como un
peligro para la gobernabilidad del país. El atentado fallido en su contra, realizado
por el FPMR el 6 de septiembre de 1986, parecía confirmar sus premoniciones.
Dada la situación de polarización de esos años, la Iglesia Católica advirtió repetidas
veces sobre los peligros inherentes a la "espiral de violencia" marcada por los
atentados contra agentes de seguridad, militares y carabineros por grupos
insurgentes, cuyas acciones desataban a su vez represalias, tales como el asesinato
de opositores y redadas masivas y violentas en algunas poblaciones.
Como ocurriera en los años setenta con la DINA, tampoco la represión sería
patrimonio de la CNI. De entre los otros organismos o grupos comprometidos
con la represión, cabe destacar a la Dirección de Comunicaciones de Carabineros
(DICOMCAR). Establecida en 1983 para hacer frente al nuevo escenario, marcado
por la irrupción de grupos armados de extrema izquierda, sería disuelta tras
198
CAPÍTULO III • CONTEXTO
conocerse la participación de agentes suyos en el degollamiento, el año 1985, de
tres miembros del Partido Comunista. Asimismo, en la década de 1980 operaron
comandos de carácter extra oficial que respondían fundamentalmente al imperativo
de la venganza de sus "mártires" a manos de las llamadas "células extremistas",
como el Comando de Vengadores de Mártires (COVEMA). En forma similar a
sus congéneres oficiales, también recurrieron a la tortura como método de
represalia y amedrentamiento.
Desde mayo de 1983, cuando se inician las jornadas mensuales de protesta nacional
convocadas inicialmente por organismos sindicales y luego por dirigencias
partidistas, a efecto de presionar a las autoridades en procura de una pronta salida
democrática al régimen dictatorial, la represión y, concretamente, la tortura,
vuelven a cobrar vigencia. La movilización social, a la cual se plegaron profesionales
y estudiantes universitarios en solidaridad con los trabajadores, representó un
desafío ciudadano que obligó a reconsiderar las políticas represivas en uso. Ante
la reconstitución de redes sociales de articulada disconformidad política, la
represión visible, porque ocurría en lugares públicos y a plena luz del día, recayó
fundamentalmente en Carabineros, cuyos funcionarios actuaron como una fuerza
antisubversiva antes que como simples garantes del orden público. La represión
asociada a los allanamientos masivos a poblaciones periféricas recrudecería a partir
de 1983, pero lo cierto es que en los años previos no fueron raras las incursiones
punitivas de carabineros, militares y agentes de la CNI contra los líderes y las
organizaciones poblacionales de base.
Ya hacia fines de 1982, las detenciones masivas, realizadas en manifestaciones
colectivas enmarcadas por el descontento ante la crisis económica, empezaron a
despuntar por sobre los arrestos individuales, si bien éstos preservaron su condición
de mayor riesgo para la integridad física del detenido. Este dato anunciaba la
emergencia de movimientos de protesta social, de cuyas organizaciones también
provenía buena parte de los detenidos a título individual. La represión se extiende a
nuevos ámbitos de actividad, ampliando el marco de las manifestaciones ciudadanas
susceptibles de persecución. Los medios de comunicación favorables al régimen y
las autoridades de gobierno presentaron la irrupción de la protesta como el conflicto
entre el orden y la anarquía. El discurso oficial insistía en que era responsabilidad
del gobierno conjurar el peligro del vandalismo, cuyo rostro más visible habría sido
la juventud poblacional identificada invariablemente con el lumpen, a fin de restarle
alcance político a sus actos de resistencia, de tal suerte relegados a la categoría
invalidante de las simples conductas delictivas. Sin duda, ocurrieron actos delictivos
en el marco de las protestas, no obstante, sirvieron de excusa para la descalificación
global, en masa, de las mismas. Es decidor el empleo de listas de "personas buscadas"
en el contexto de los allanamientos, pues esas personas acostumbraban ser,
precisamente, miembros de las organizaciones de base que ofrecían una plataforma
local a la disidencia al régimen.
199
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Parte de la oposición, antes casi exclusivamente clandestina, ahora se hizo visible
en los espacios públicos, sobre todo en las calles del centro de Santiago. A
consecuencia de este cambio, la represión desatada contra la disidencia también
derivó hacia formas más extravertidas, siendo sus prácticas habituales el uso de
carros lanzaagua o "guanacos" y de bombas lacrimógenas, complementado con
los arrestos y los golpes propinados por cuantiosos contingentes de carabineros.
Los días de protesta nacional, si bien partían en el centro de Santiago, cuando se
acercaba la noche y se hacía efectivo el toque de queda, trasladaban su centro de
operaciones a las poblaciones periféricas (ya activas desde la mañana). Allí, grupos
de jóvenes salían al paso de los agentes policiales o militares (que llegaron incluso
a movilizarse en tanquetas), con barricadas y fogatas que impedían o dificultaban
su acceso. En los ochenta, por otra parte, destacó el recurso a la relegación
administrativa como forma de represalia más selectiva contra los opositores al régimen,
que también se utilizó, si bien de forma muy ocasional, como expediente para aislar al
torturado en espera de la recuperación física que invalidara posibles denuncias. Y los
esfuerzos por erradicar la tortura -la técnica represiva contra la disidencia política más
prominente tras la interrupción de los casos de detenidos desaparecidos entre 1977 y
1987- encontrarían nuevos cauces de expresión pública cuando, en 1983 se creño la
Comisión Nacional contra la Tortura, integrada por altos dignatarios de la Iglesia
Católica, personalidades del mundo científico y artístico, profesionales en el área de
la salud, miembros de los organismos abocados a la defensa de los derechos humanos,
y representantes de organizaciones gremiales y sindicales.
En esos años de efervescencia social, cuando las autoridades de gobierno alternaban
el diálogo con líderes políticos de oposición y las embestidas del aparato represivo,
y las jornadas de protesta comprendían a la capital y a las mayores ciudades de
provincias, se intensificaron los allanamientos masivos por militares y carabine-
ros. Estando en vigencia el estado de sitio y con el toque de queda previsto para
las 18:30 horas, con motivo de la cuarta protesta nacional programada para el
jueves 11 de agosto de 1983, la capital fue ocupada militarmente por 18 mil hom-
bres armados en tenida de combate, que desde la tarde del día anterior ya habían
comenzado a tomar posiciones en las poblaciones y en los sectores residenciales
de actividad opositora más activa. El recuento oficial de ese día consignó 17 muer-
tos, la mayoría baleados mientras se encontraban en el interior de sus viviendas y
fueron tres los menores de edad muertos. Las jornadas de protesta solían concluir
con muertos y heridos a bala y cientos de detenidos. Como resultado de estos
operativos, que buscaban sofocar la oposición en sectores poblacionales, miles de
personas fueron aprehendidas sin formularse acusaciones que legalizaran la
privación de libertad, que solía extenderse por algunos días. Frente a la opinión
pública, las autoridades definieron los allanamientos como operativos destinados
a combatir la delincuencia; en la práctica, atendiendo a las personas que padecieron
esas acciones, su objetivo prioritario fue el escarmiento de los pobladores, en
virtud de sus actos colectivos de disidencia.
200
CAPÍTULO III • CONTEXTO
Como réplica al caceroleo que acompañaba a las protestas en todo Santiago y en
otras grandes ciudades, en los sectores poblacionales se sucedían las ráfagas de
metralleta, los disparos al cuerpo o a las casas (incluso desde helicópteros), los
destrozos de ventanas por militares y carabineros con palos y piedras, las
irrupciones violentas en las viviendas, el lanzamiento de bombas lacrimógenas al
interior de éstas, el apaleo de sus moradores y las detenciones arbitrarias de los
mismos. Los allanamientos masivos a las viviendas instalaban la represión -los
golpes y otras prácticas vejatorias- en el centro de la vida doméstica de miles de
personas -niños incluidos- , intimidando a la familia en su conjunto y, por
extensión, a toda la comunidad. Aun cuando siguen vigentes las prácticas
coercitivas puestas en vigor durante la década de 1970, la tortura deja de ser
patrimonio de los servicios de seguridad. Incorporada a los métodos policiales, se
la aplica en los recintos habituales del desempeño de sus funciones, en el vecindario,
en las canchas de fútbol y plazas -tanto en Santiago como, ocasionalmente, en
ciudades de provincia- improvisadas como espacios de detención y escarmiento
en el transcurso de los allanamientos masivos emprendidos con propósitos de
represalia. Los varones mayores de 14 o 15 años, sin exceptuar a los inválidos ni a
los enfermos mentales, podían ser conminados -por carabineros y civiles no
identificados, sin presentar orden de allanamiento alguna- a abandonar sus
viviendas y reunirse en esos lugares, en donde se procedía a efectuar el que
implicaba mantenerse a la intemperie hasta por doce horas, recibiendo con
frecuencia malos tratos y golpes de luma. La represión se hacía menos reservada
y, por lo tanto, más amenazante para el ciudadano de la calle con pretensiones de
manifestar su descontento. Se reserva el trato más duro a los residentes de las
poblaciones periféricas de la capital, sometidos a tortura in situ, según denuncias
de los párrocos residentes.
Un dato adicional se debe considerar debido a su vínculo con el asunto de esta
Comisión, y que atañe a las operaciones de guerra psicológica. ningún hecho
grafica mejor lo anterior que lo sucedido a propósito de la quinta protesta nacional,
celebrada el 8 de septiembre de 1983. Unos días antes, para desintegrar el movi-
miento de protesta poblacional, sembrando la desconfianza mutua entre los po-
bladores, se propagó un rumor según el cual las poblaciones del sur y del sudoriente
de Santiago serían víctimas del ataque de los habitantes de otras poblaciones. Los
residentes, así alertados, iniciaron acciones de autodefensa. Alarmados, algunos
pusieron a salvo sus enseres más preciados, mientras otros baldeaban con agua
sus mediaguas para contrarrestar la rápida propagación de los incendios anunciados.
En palabras de una mujer de la población Santa Adriana, cuyo testimonio recogió
la revista Solidaridad de la segunda quincena de ese septiembre, "‘por allá fueron
casa por casa carabineros diciendo que había que levantarse, porque venían tres
mil personas de La Victoria a incendiar nuestras poblaciones. [...] Cuando les
preguntamos [a los carabineros que montaban la campaña del terror] por qué
ellos no nos defendían, dijeron que eran muy pocos para toda la población. Hasta
201
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
anoche [14 de septiembre] había grupos de vecinos que no podían dormir y se
amanecían alrededor de las fogatas".
Ahora bien, respecto al aparato represivo, sería engañoso pensar que los atenta-
dos contra los derechos humanos sólo fueron acciones criminales dejadas en la
impunidad con el apoyo del Poder Judicial. El gobierno también contó con un
marco legal que instauró condiciones jurídicas adecuadas a la represión. Tradicio-
nalmente, los estados de excepción constitucional limitaban las garantías indivi-
duales y los derechos fundamentales de las personas. El régimen militar intensifi-
có estas restricciones, ya de por sí severas, incorporándolas a su institucionalidad.
Relativizando el principio de temporalidad, se instauró la posibilidad de sucesivas
prórrogas, lo cual permitió prolongar los estados de excepción durante casi todo
el régimen militar. También se ampliaron las causales que permitían invocar la
oportunidad de esos estados, cuya pertinencia quedaba librada al criterio y a la
conveniencia de las autoridades; como ejemplo, el Decreto Ley Nº 640 de 1974
sustituyó la causal de "conmoción interior" por "conmoción, cualquiera que sea
su naturaleza". Por otra parte, numerosas leyes tuvieron carácter de secreto, que
obligaba sin embargo a quienes las desconocían. Ya se aludió a la función punitiva
que cumplieron los tribunales militares, que no sólo ampliaron su competencia,
sino que juzgaron y fallaron en causas para las que eran incompetentes, incluso
bajo las leyes de la época. Además, tanto en los años setenta como en los años
ochenta, acciones lícitas fueron tipificadas como delitos, con vistas a perseguir a
quienes denunciaban los atropellos a los derechos humanos e integraban la opo-
sición pacífica al régimen, al tiempo que se aumentaban las penas de delitos
202
CAPÍTULO III • CONTEXTO
preexistentes. Desde 1973, participar en actividades vinculadas a los partidos y
movimientos de izquierda, transformados en "asociaciones ilícitas", pasó a cons-
tituir un delito contra la seguridad del Estado que costó la prisión política (en
general acompañada de tortura) a numerosas personas concurrentes a esta Comi-
sión. También, en octubre de 1983, frente a las jornadas de protestas nacionales,
se dictó la ley 18.252 para sancionar penalmente -con penas de presidio, relega-
ción o extrañamiento- a los dirigentes de las organizaciones sociales y políticas
opositoras, definidos allí como "los que sin autorización fomenten o convoquen
a actos públicos colectivos en calles, plazas y demás lugares de uso público y los
que promuevan o inciten a manifestaciones de cualquier otra especie que permi-
tan o faciliten la alteración de la tranquilidad pública".
Mención aparte merece el Decreto Ley Nº 2.191 de 1978, más conocido como la
"ley de amnistía". Esgrimida por sus partidarios como un elevado aporte a la
pacificación de una sociedad dividida en el pasado, en la práctica buscaba preservar
en la impunidad las anteriores violaciones de los derechos humanos cometidas
por agentes del Estado o personas a su servicio, aun cuando ese fin también haya
supuesto beneficios para personas identificadas con el gobierno de la Unidad
Popular o la disidencia política. El ministro del Interior de la época, al referirse a
esta ley en un discurso pronunciado el 15 de junio de 1978, definió cuál era la
posición oficial respecto a los "excesos" previos y a sus responsables: "Es necesario
que el país comprenda que derrotar una subversión violenta y organizada, [...]
constituye un desafío que ha exigido la acción constante, abnegada y preventiva
de los organismos de seguridad, en términos que ella no puede ser enjuiciada
pretendiendo aplicarle criterios propios de un época de normalidad".
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El clima de impunidad que favoreció las graves violaciones de los derechos humanos
bajo escrutinio de esta Comisión, encontró asidero en la concentración de poderes;
en el amparo de una legislación restrictiva y abusiva; en la inacción, cuando no en la
activa complicidad, de relevantes y numerosos miembros del Poder Judicial, así
como de ciertos miembros civiles del régimen; en la prohibición de toda expresión
ciudadana o actividad política; en el total control de los medios de comunicación e,
inclusive, en el activo apoyo por parte de diversos medios escritos y de televisión a
la acción del gobierno militar. Este clima de impunidad también halló sustento y
203
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
convicción en parte de la población, dada la profunda crisis que aquejaba a la demo-
cracia y a sus instituciones; en la exacerbación ideológica extrema que validó la
violencia política como medio de lucha en sustitución de la vía democrática; la su-
peditación del país a la lógica de la guerra fría y la particular influencia de la revolu-
ción cubana; en el fracaso de las políticas fundadas en la búsqueda del desarrollo
social sin sustento en un desarrollo económico acorde, al tiempo que se generaban
enormes y, a la postre, incontenibles expectativas que excedieron los cauces de la
vía democrática. Todo ello, agudizado por el movimiento de los círculos
empresariales, que desde el comienzo del gobierno de la Unidad Popular se aplicaron
a implementar medidas desestabilizadoras.
Considerando ese caldo de cultivo, se puede entender por qué un gobierno
autoritario, presentándose como el artífice de la recuperación de la institucionalidad
quebrantada a partir del valor de las Fuerzas Armadas como modelo de austeridad
y honestidad, pudo mantener su credibilidad por mucho más tiempo del que se
hubiera esperado. La crisis previa favoreció su acción discrecional, mientras una
gran mayoría de la población no sospechaba que la represión cobraría las dimensiones
y la gravedad que alcanzó. La propia ausencia de actividad política y de un Congreso
fiscalizador, unida a la abdicación del Poder Judicial y al control omnímodo sobre
los medios de comunicación, incapacitados de investigar y, por convicción, anuentes
con las políticas del nuevo régimen, fueron factores que abrieron paso a una de las
más crueles represiones conocidas en la historia del país.
El golpe militar constituyó uno de los hitos más dramáticos para el periodismo de
las últimas cuatro décadas, con graves repercusiones para los derechos y la integridad
física y moral de muchos chilenos. Una prensa, cabe recordar, sumida en una crisis
ya antes del golpe de Estado, si se considera el deterioro progresivo de la convivencia
reflejado en sus medios, donde la beligerancia política, la violencia verbal y las
descalificaciones del adversario habían alcanzado extremos de agresividad reñidos
con la normas de una pacífica convivencia democrática.
Aprovechando estas circunstancias, la Junta Militar recién instalada justificó el
control total de los medios. Los pocos autorizados a operar, fueron sometidos a
censuras de hecho y a disposiciones legales abusivas. Simultáneamente, se dispuso
la clausura de la prensa partidaria de la Unidad Popular. Se cerraron medios radiales
y de prensa escrita, tales como El Siglo, Última Hora, Puro Chile, Clarín, El
Diario Color de Concepción, Mundo, Onda, Paloma, Ramona, Punto Final,
Mayoría, la Agencia Cubana Prensa Latina, CTK Checoslovaca y varias radios
comunales. Por añadidura, se confiscaron sus bienes, desde edificios hasta
maquinarias. Suerte parecida corrió la Editorial Quimantú, en la cual se destruyeron
publicaciones, y la empresa Chile Films. En este contexto de restricción de
libertades, se recurrió a la censura previa de noticias y opiniones in situ, a la
prohibición de películas por motivos ideológicos y al embargo de publicaciones.
Empresas estatales como el diario La Nación y Televisión Nacional de Chile, ahora
204
CAPÍTULO III • CONTEXTO
bajo el control de las nuevas autoridades, obviamente cambiaron su política
editorial, a semejanza de lo ocurrido con los canales universitarios de televisión,
por mediación de los rectores militares delegados. Respecto a los trabajadores del
ámbito periodístico en el contexto del proceso represivo, esta Comisión conoció
los casos de cerca de 230 periodistas que sufrieron prisión política, a los cuales
cabe sumar más de 70 casos de personas, en igual situación, vinculadas a esa
actividad. Cabe recordar, asimismo, que la Comisión Rettig calificó la desaparición
o ejecución de 23 periodistas.
Para controlar la información accesible a la mayoría de los chilenos y restringir el
conocimiento de los asuntos que debían formar parte de la opinión pública, el
gobierno militar invocó la defensa de la seguridad del Estado y las prevenciones
para resguardar el orden público o los imperativos del receso político; montó un
dispositivo jurídico, afinado con los años, que legalizó la censura y las sanciones
contra quienes vulneraran sus severas restricciones, reservándose para sí la
competencia para determinar en forma unilateral cuándo y cómo se atentaba contra
aquéllos. En anticipo de cómo se violaría el básico principio jurídico de legalidad
en materia penal, ya el Bando Nº 12, redactado el mismo 11 de septiembre de
1973, disponía: "Se advierte a la prensa, radio y canales de televisión, que cualquiera
información dada al público y no confirmada por la Junta del Gobierno Militar,
determinará la inmediata intervención de la respectiva Empresa por las Fuerzas
Armadas, sin perjuicio de la responsabilidad penal que la Junta determine en su
oportunidad". Luego, el Bando N°15, junto con autorizar la publicación de El
Mercurio y La Tercera, estableció: "Los directores tendrán la responsabilidad de
entregar diariamente antes de su emisión las respectivas muestras para proceder a
su revisión, advirtiéndose que la emisión de todo texto no autorizado será requisada
y destruida". En esta misma línea, el 19 de septiembre, el Bando Nº 37, referente
al ámbito radial, informaba que: "El Mando Militar tiene estricto control sobre
las transmisiones. En consecuencia, cualquier empleo de esos sistemas con fines
de provocar actos de insurgencia o informaciones tendenciosas, serán
drásticamente sancionados".
Resulta evidente que advertencias de este tenor inculcaron tempranamente el prin-
cipio de la autocensura como medida preventiva. Aun medios autorizados a cir-
cular, como Qué Pasa, Ercilla, Las Últimas Noticias y La Segunda, funcionaron
con restricciones y censura directa, llegando incluso a aparecer ocasionalmente
con columnas completas en blanco. De hecho el 8 de octubre de 1973 se produjo
el primer incidente con uno de estos medios, el diario Las Últimas Noticias,
clausurado durante tres días alegando un "abuso de falso sensacionalismo" que
habría causado alarma en la población.
En cualquier caso, la prensa presentó las labores de represión como cruzadas
contra la delincuencia, denigrando así a las figuras opositoras mediante su presunta
205
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
asociación con acciones delictivas. En octubre de 1973, la revista Ercilla publicó
un reportaje denegatorio de la condición de los prisioneros reunidos en la isla
Dawson, en cuyas dependencias se practicó la tortura, no sólo de acuerdo a la
información recabada por esta Comisión, sino también a las denuncias de la época.
Con el propósito de salirle al paso a la ola de "rumores sobre el maltrato a los
detenidos", las autoridades habrían accedido al escrutinio de los periodistas. Para
Ercilla, al menos, los prisioneros recibían un "trato deferente" y gozaban de "buena
salud", según rezó el titular. "Si no existiesen los necesarios centinelas y alambradas,
nadie podría decir -se argumentaba- que se trata de un campo de confinamiento.
El aspecto físico de los confinados muestra una lozanía que no les era característica
en su vida anterior. Sus rostros están tostados producto del sol y el viento
magallánico." Resta precisar que la prensa en ejercicio también desempeñó un
papel activo en la difusión de las ideas base del régimen militar, coadyuvando, de
tal modo, a la idea de la existencia de un enemigo interno al acecho, con arsenales
ocultos a su disposición. Cabe señalar que el contexto de violencia verbal
preexistente en la política chilena dio pábulo a este predicamento.
Desmovilizada a la fuerza, la sociedad ya no pudo manifestarse en los espacios
urbanos, a no ser para apoyar circunstancialmente al régimen. La televisión,
totalmente subordinada al nuevo gobierno desde un comienzo, se constituyó
entonces en la única instancia susceptible de proveer alguna experiencia colectiva
que trascendiera la vida privada de las personas. Su cobertura nacional y su
penetración en todos los estratos sociales -hacia 1982, cerca del 78% de los hogares
poseía un aparato- hicieron de la televisión el medio más efectivo para imponer la
versión oficial de cuanto ocurría en el país, estableciendo un vínculo directo, rara
vez interferido por información discordante, entre las audiencias masivas, remedo
de la ciudadanía en receso forzado, y las autoridades de gobierno. Así pues, la
oposición sólo hizo noticia por razones negativas. Sus denuncias contra las
violaciones a los derechos humanos eran definidas como actos mezquinos por
parte de personas que, con tal de favorecer intereses foráneos hostiles al engran-
decimiento del país, estaban dispuestas a vender a su patria. La versión oficial de
los hechos era sinónimo de la verdad; todo cuestionamiento a ésta suponía una
agresión, no ya contra las autoridades, sino contra el país y la nación. Mientras a
la oposición se la vinculó con el extremismo, se avivaba el miedo a la
ingobernabilidad para justificar la necesidad de una autoridad firme.
La política comunicacional de la Junta Militar magnificó el peligro inminente de
guerra civil. De ahí la publicación del Libro Blanco y su alusión al denominado
Plan Z, que incluía documentos confidenciales presuntamente hallados después
del golpe militar, en donde se habría consignado que la Unidad Popular planeaba
dar inicio a la guerra civil el día 17 de septiembre. De esta forma, cualquier acción
subversiva pasaba a servir como estímulo a un estado de miedo colectivo. Valga
como ejemplo un editorial de El Mercurio titulado "La dura batalla de Chile", del
206
CAPÍTULO III • CONTEXTO
5 de octubre de 1973, en donde se lee: "Los allanamientos militares y operativos
policiales no se están efectuando sin motivo. Muy por el contrario, los continuos
hallazgos de arsenales y demás elementos destinados a una larga lucha de guerrillas
o a la formación de un verdadero ejército irregular, demuestra que para todos los
fines jurídicos y de seguridad pública, el país se encuentra en estado de guerra.
Por tal motivo, la aplicación de las disposiciones pertinentes del Código de Justicia
Militar está plenamente justificada, como puede apreciarse en las informaciones
de televisión, de radio, de revistas y de diarios, además de la experiencia personal
de muchos ciudadanos. [...] Lamentablemente el imperativo del éxito de las
acciones militares impide muchas veces que puedan exhibirse con toda oportunidad
y con amplia divulgación las pruebas de la alta traición cometidas por los
responsables del régimen anterior y los partidos políticos que lo apoyaron." En
esta línea, cabe señalar que el juicio posterior que esta Comisión ha logrado
formarse a la vista de los testimonios y la evidencia disponibles sobre la grave
arbitrariedad de la Justicia Militar y los subsecuentes consejos de guerra, y la
resignación de las facultades de supervigilancia de la Corte Suprema, ha sido
lapidario.
Tampoco debe obviarse que la prensa recogió constantes noticias referentes a
hallazgos de arsenales de extremistas y de escuelas de guerrillas que, a menudo,
respondían a montajes de las propias autoridades, que actuaban bajo un cierto
halo de certidumbre difícil de desmentir, dada la inexistencia de espacios de crítica
opositora, a no ser por algunos medios de circulación muy restringida. En los
primeros años, en efecto, la prensa se limitaba a difundir aquello que
proporcionaban las fuentes de gobierno, sin realizar un periodismo de
investigación, periodismo dificultado, en todo caso, por el secreto en que se
realizaban las operaciones. Los medios constituyeron un soporte cotidiano del
Gobierno, publicando editoriales que proponían un contraste aleccionador entre
la ponderada prensa actual y la desmesurada del pasado, y entre las virtudes de la
nueva administración y la ineptitud, los errores y las deshonestidades del gobier-
no depuesto, desconociendo u omitiendo la grave represión. El editorial de Las
Últimas Noticias de su edición del 16 de abril de 1978 resulta ilustrativo al respec-
to: "La libertad de expresión es -además de un derecho de los pueblos- uno de
los más sólidos baluartes democráticos. Los medios de comunicación, con acre-
ditación, con respeto, han sido mantenedores de la facultad, sin caer en desbor-
des. Buen criterio, ponderación y responsabilidad, han sido la tónica imperante
desde el 11 de septiembre de 1973". Esta presentación de sí misma, como ejem-
plo de ponderación y equilibrio, suponía una prensa que admitía la existencia
de un estado de emergencia necesario, al tiempo que confiaba en que esta situa-
ción irregular cambiaría con el tiempo.
El semanario Qué Pasa ofrece un ejemplo temprano de moderada disidencia
interna al régimen, debida a civiles que aspiraban a grados mayores de
207
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
institucionalización del sistema autoritario y a una participación más decisiva
en su conducción. Ya a mediados de 1975 se comienza a manifestar la
desaprobación de las prácticas de los servicios de seguridad, puntualmente de la
DINA, aunque aludiendo, más bien, al costo político que implicaba apertrechar
con municiones a los críticos que propugnaban el aislamiento internacional de
Chile. De hecho, el llamado a la moderación cobraría fuerza a propósito del
caso Letelier, que afectó seriamente las relaciones con Estados Unidos. Sin
embargo, por otra parte, así como se censuraba a la DINA, en su edición del 9
de diciembre de 1975, Qué Pasa condenaba el auxilio a las víctimas por parte del
Comité Pro Paz, acusándolo de brindar una "colaboración directa al violentismo
marxista-leninista y a su propaganda exterior antichilena" que no considera la
situación de emergencia del país, amenazado en el exterior por una feroz campaña
de desprestigio, y en el interior por el "terrorismo" y la "guerrilla": "Una
emergencia tan aguda -rezaba el editorial- debía causar y efectivamente causa
problemas de Derechos Humanos. No hay guerras ‘limpias’, sean exteriores,
civiles o de subversión como la que libramos".
Asimismo, en los medios de comunicación comenzó a introducirse y a extenderse
una terminología generalizadora, alejada del mundo civil, que hablaba de
guerrilleros, subversivos, apátridas, vende patrias, etc. De este modo, quienes se
aventuraron a elevar denuncias, padecieron la andanada comunicacional del
régimen, tal como ocurriera en 1976, con motivo de la reunión en Chile de los
ministros de Relaciones Exteriores de los países integrantes de la Organización
de Estados Americanos (OEA). En esa ocasión, un grupo de abogados presentó
a los invitados un documento que llamaba la atención sobre la deplorable
situación interna en materia de Derechos Humanos. La réplica del aparato
comunicacional del gobierno, que por entonces se esmeraba en exhibir una
imagen benigna del país, definió su texto de denuncia como una obra injuriante
para la nación, atribuida a vende patrias coludidos con el marxismo internacional,
con el comunismo soviético.
Incidentes como éste ilustran el contraste entre el interés existente en el ex-
tranjero por denunciar estos atropellos, y cuanto se divulgaba en el país por
canales oficiales. Frente a esta dicotomía, los medios de prensa nacionales, pese
a mantener sus líneas editoriales anuentes con el régimen, no se privaron de dar
a conocer los hechos denunciados por la vía de publicar la información respectiva
en páginas interiores, sin destacarlas, y mediante transcripciones del cable. De
este manera circularon los informes del Departamento de Estado, de la Cruz
Roja Internacional, de las comisiones de la Organización de Estados Americanos
(OEA) y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de Amnistía
Internacional y de corresponsales extranjeros en el país. Dar cabida a
informaciones de este tipo le valió reprimendas al diario El Mercurio; incluso,
uno de sus directores debió abandonar definitivamente sus funciones. El director
208
CAPÍTULO III • CONTEXTO
de La Segunda, a causa de estos motivos, tuvo que abandonar el país en dos
ocasiones por períodos de más de 30 días, atendiendo a recomendaciones del
Secretario General de Gobierno para evitar sanciones al diario. Estos diarios,
así como la revista Qué Pasa, sin apelar directamente a favor de los derechos
humanos, optaron por utilizar argumentos que pudieran mover políticamente a
la autoridades a evitar hechos anómalos a ese respecto, aduciendo la
inconveniencia política de abusos que "entregaban argumentos y armas para
atacar al gobierno de Chile".
Con el tiempo, múltiples editoriales acogieron el tema, otra vez por vía indirecta,
de la defensa de la libertad de prensa, criticando las restricciones existentes,
formulando juicios adversos sobre los textos legales alusivos al tema o
refiriéndose a lo que se expresaba en las reuniones de la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP). También es cierto que la misma proliferación de la información
internacional hizo más fácil la difusión de los hechos. Así, el 9 de junio de 1976,
El Mercurio publicó el informe completo de la OEA sobre el estado de la cuestión
de los derechos humanos en Chile, documento en cuyo encabezado se leen las
siguientes palabras: "...haciendo un esfuerzo especial con el objeto de que la
opinión pública disponga de los antecedentes completos que sirven de base a la
discusión sobre los Derechos Humanos que se lleva a cabo en la OEA". Este
informe, por cierto, venía aparejado a la respuesta del gobierno. A su vez, el 31
de junio de ese mismo año, el diario La Tercera fue impedido de circular por un
día por transgredir el Bando N° 98, que prohibía las publicaciones sobre la
presentación que sobre Derechos Humanos había hecho el antes aludido grupo
de abogados ante la reunión de la OEA celebrada en Chile. El 2 de julio, en el
editorial titulado "¿Censura de prensa?", El Mercurio, calificando la medida,
expresó que ella: "No fue establecida en base a razones legales claras. [...] Es de
esperar que la aplicación de cortapisas a la libertad de prensa se evite en el futuro
con ventaja para el gobierno y los medios de publicidad afectados."
Sin embargo, la Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS) co-
menzaba a regir las comunicaciones desde la Secretaría General de Gobierno,
con el fin de asesorar al ministerio en la formulación de políticas de comunicación
y de vigilar los abusos de publicidad y prensa. A su vez, esta entidad se ocupaba
de filtrar la información para elaborar el discurso oficial, parcial, que
suministraba a todos los medios de comunicación. Además, durante un
prolongado período, junto a la desinformación, DINACOS adoptó una
política de propaganda activa, consistente en restarle toda validez a las
denuncias que buscaban crear conciencia sobre los atropellos en curso, llegando
al extremo de utilizar a los mismos torturados por los agentes del régimen
militar para invalidar las acusaciones de tortura en su contra. El 9 de diciembre
de 1982, en un programa titulado "Terrorismo", Televisión Nacional mostró a
cuatro personas que se autoinculpaban de delitos que luego negarían haber
209
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
cometido. Las grabaciones en video habían sido realizadas por la CNI en sus
recintos secretos y los testimonios eran el resultado de las torturas allí
padecidas. Al exhibir esas "confesiones" extraídas a la fuerza, con la
autorización del director de DINACOS, Televisión Nacional hizo públicos
hechos que estaban bajo secreto de sumario, por entonces incluso en
desconocimiento de los abogados de los inculpados. Huelga recordar que ya
en 1975, la DINA había utilizado a víctimas de torturas para aparecer en
pantalla formulando declaraciones de esta naturaleza. Sobre este particular,
más tarde la revista Hoy publicó, en su edición Nº 470 de julio de 1986,
confidencias de un ex funcionario de Televisión Nacional sobre las conexiones
de TVN con la CNI. Allí quedó constancia de que: "Los camarógrafos de
TVN filman mucho porque los envían a las poblaciones, a las protestas y a las
marchas universitarias. Lo que ocurre es que ese material después no aparece
en pantalla y nadie sabe lo que hacen con él, pero es fácil suponerlo. Claro
que esto no es culpa de los profesionales -ellos cumplen órdenes- sino de los
que están más arriba."
Así pues, durante años pesó, en beneficio de la política represiva, la ausencia
de una prensa opositora que diversificara las visiones sobre los hechos y
mostrara la actuación de los agentes del Estado en materia de Derechos
Humanos, investigando, con los riesgos inherentes al caso, las violaciones
ocurridas a contar del golpe militar. En los primeros tiempos, los únicos
reductos de opinión claramente discordantes (mas allá de lo antes consignado),
estaban confinados a publicaciones de escasa circulación, por lo tanto sin mayor
repercusión pública, como la revista Mensaje, vinculada a los jesuitas. Hubo
que esperar hasta el año 1976 para que comenzaran a aparecer los primeros
nuevos órganos impresos ajenos o contrarios a la plataforma ideológica y social
del régimen militar. La revista Solidaridad, con el patrocinio del Arzobispado
de Santiago, acogió la necesidad de denunciar la política represiva -desde luego,
la prisión política y la tortura-, pero nunca pasó de ser un medio más bien
circunscrito al ámbito de la Iglesia Católica. La revista Apsi nació ese mismo
año, como un medio destinado al análisis internacional, a fin de eludir el cer-
co de la censura. En 1977 empezarían a circular Hoy y, luego, Análisis. En las
condiciones imperantes de la época, obviamente no era fácil acceder a la verdad.
La aparición de estos nuevos medios informativos fue vista con buenos ojos
por parte de los defensores de la libertad de expresión. Con todo, el 28 de
enero de 1977, sucede uno de los hechos que evidenciarían lo aventurado de
ese optimismo. En esa fecha, la Jefatura de Zona en Estado de Emergencia de
Santiago suspendió indefinidamente las transmisiones de Radio Balmaceda,
ya antes sometida a censura previa y suspensión temporal. El Mercurio del 1
de febrero de 1977 reaccionó, expresando editorialmente que: "La decisión de
suspender las transmisiones de la radio tendrá ciertamente un eco exterior
210
CAPÍTULO III • CONTEXTO
desfavorable en momentos en que se celebra en Ginebra el examen de la situa-
ción de los Derechos Humanos en Chile". La dictación del Bando Nº 107, en
marzo de 1977, despejaría cualquier duda respecto a la posición oficial del
gobierno. Implacable en sus lineamientos, el Bando en cuestión disponía que
la fundación, edición, publicación, circulación, distribución y comercialización
de nuevos diarios, revistas, periódicos o impresos deberían contar con la au-
torización oficial. Esta medida se hacía extensiva a la importación y
comercialización de libros, diarios, revistas e impresos. Este Bando hizo que
El Mercurio del 28 de marzo de 1977, en el editorial titulado "Actuaciones de
la Asociación Nacional de la Prensa", afirmase que dicho texto "está destina-
do a agudizar el consenso que existe en el extranjero de que en Chile la liber-
tad informativa está severamente restringida". Y el 10 de abril, en "La semana
política", agregaría: "No es posible que en un régimen institucional chileno,
que nuestro Régimen Militar establecido para salvar la libertad, resucite el
mecanismo del index respecto de los libros extranjeros o de las nuevas publica-
ciones que puedan efectuarse en Chile". En su edición del 22 de mayo de 1977,
El Mercurio volvería a abordar el tema de la libertad de prensa, señalando: "La
autorización para una nueva revista semanal (Hoy) tardó bastante tiempo, pero
el visto bueno es favorable para el gobierno. Ello demuestra una vez más la
inutilidad de un control previo que sólo crea tensiones en tanto que la ciudada-
nía desea ser informada desde distintos puntos de vista".
Sin perjuicio de todo lo anterior, es evidente que los esfuerzos indirectos de la
prensa cercana al régimen por abrirse a información vedada y propiciar la libertad
de expresión distaron de ser suficientes. Sus mensajes fueron desoídos por las
autoridades y no fueron comprendidos cabalmente por sus lectores, quienes no
entendieron o, en muchos casos, no quisieron asimilar la real dimensión y
gravedad de los trágicos hechos que estaban ocurriendo en esos años.
A futuro, la Constitución de 1980 marcaría la tónica de lo que serían las res-
tricciones a las libertades individuales y colectivas. El artículo Nº 8, que no
sería derogado sino hasta la reforma constitucional de 1989, estipulaba: "Todo
acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la
familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad, del Estado o
del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases es
ilícito y contrario al ordenamiento institucional de la República." Estos tér-
minos resultaban unívocos para unos, y muy equívocos para otros, cuando de
restricciones y sanciones se trataba; más aún si se tenían presentes las
omnímodas facultades que conferían a las autoridades las disposiciones de los
artículos transitorios de esa constitución, particularmente el 10º, sobre la pro-
hibición para desarrollar toda actividad, acción o gestión de índole político
partidista; 15º; 18º y 24º, sobre estados de emergencia dependientes sólo del
Presidente de la República, o de asamblea y de sitio librados a la Junta de
211
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Gobierno a proposición de aquél, amén de las facultades absolutas sobre arres-
tos, restricciones a los derechos de reunión e información, en los casos de
situaciones de "peligro de perturbación de la paz interior".
Entre tanto, desde 1984, la censura recrudeció por medio de decretos. El Nº
1.217, por ejemplo, se refiere a la prohibición de informar sobre hechos que
"provoquen alarma en la población", términos de premeditada vaguedad para
el tipo prohibido que permitían toda clase de arbitrariedades; el Decreto Nº
571 (de 1985), que suspendió la circulación de seis revistas de oposición y
censuró a la revista Hoy; y el Decreto Exento Nº 324, también de 1985, que
prohibía informar sobre los partidos políticos, llamados a protestas, actos
terroristas, etc. Pese a todas estas restricciones, pese a los informes
desfavorables de la situación de la libertad de expresión en Chile, el periodismo
de oposición cobra fuerza en la década de 1980, con nuevos medios, a veces
precariamente editados y de escasa circulación, que en ocasiones dan cabida y
realce al quehacer de organizaciones de base que pugnaban por restituir los
tejidos sociales de redes solidarias. Entre los medios más activos en la denuncia
de las transgresiones a los derechos humanos cabe mencionar a la revista Cauce
y al periódico Fortín Mapocho. Ya en su segundo número Cauce se había
aventurado con una portada alusiva a la tortura, tema central de la edición:
"La vida ha seguido en el país -se editorializó en esa oportunidad- durante
estos diez años como si nada sucediese, en tanto en lugares secretos miles de
personas sufrieron o sufren castigos horrorosos por delitos configurados por
los mismos sujetos patológicos encargados por la autoridad para oficiar de
investigadores, fiscales, jueces y verdugos, todo al mismo tiempo, sin ser
cautelados por la justicia".
Esta relativa y precaria apertura informativa -favorecida por presiones y fuentes
de financiamiento externas- permitió descomprimir la presión de la censura,
sacando a la superficie temas hasta entonces silenciados, pero, en ningún caso,
terminar con la capacidad de veto de las autoridades. Así y todo, con la apari-
ción de Hoy se inaugura un escenario nuevo, siempre bajo amenaza, pero de-
cidido a fiscalizar las actuaciones del régimen militar. Comienzan así a
investigarse las violaciones pasadas y actuales de los derechos humanos, al
tiempo que se abría el debate público a la opinión discordante de actores
sociales hasta entonces marginados por razones políticas. El punto de vista de
la autoridad pasó a ser confrontado con perspectivas críticas. Diversificada y
extendida la información noticiosa, se instaló la competencia de versiones
rivales, librada no sólo en la prensa escrita sino también, progresivamente, en
las radios. Conquistada con esfuerzo, la apertura conoció, sin embargo, nuevos
retrocesos dados por el endurecimiento coyuntural de la censura. Para hacerse
una idea cabal del peso comunicacional del gobierno, baste con recordar que
La Época, el primer diario opositor, recién surgiría en 1987. Falta por consignar,
212
CAPÍTULO III • CONTEXTO
asimismo, que las emisoras radiales tuvieron un mayor espacio para realizar
su trabajo. La Radio Chilena vinculada a la Iglesia Católica fue transformando
su discurso pastoral en un noticiario cuyo contenido informativo era coherente
con la oposición que anhelaba la democracia. La Radio Cooperativa y varias
más se convirtieron en bastiones con fieles audiencias masivas, dejando atrás
los tiempos del discurso autoritario incontrarrestable. Aun cuando esta radio
sufrió reiteradas sanciones a causa del contenido de sus mensajes e incluso la
cancelación de algunas de sus concesiones, logró encumbrarse al primer lugar
de la sintonía merced a su apertura noticiosa a la actualidad del país.
En definitiva, según los testimonios recogidos por esta Comisión y la
información obtenida de los medios de comunicación para acreditar las
situaciones de prisión, puede concluirse que éstos, aislados como estaban, no
constituyeron un freno a las políticas represivas impuestas por el régimen
militar, y, respecto de la tortura, no hicieron directa denuncia de ella. En efecto,
no existen antecedentes de denuncias hechas por medios de circulación
nacional, de prensa o televisivos, que den cuenta de la tortura en cuanto método
aplicado masivamente, tal como se desprende del trabajo de esta Comisión.
Más todavía, cabe reiterar que en muchas ocasiones los medios de
comunicación, en especial los más masivos y de cobertura nacional, avalaron
sin reservas la versión oficial sobre los indicios de la represión en curso.
En todo caso, el tema de la tortura comenzó a abrirse paso hacia la opinión
pública incluso antes de la creación de los medios opositores de la década de
1970. La tortura nunca dejó de estar en el centro de las denuncias. De ahí que
aun la prensa partidaria del régimen militar debiera ocuparse del tema. Aquélla
admitiría atisbos de crítica, esfuerzos esporádicos y poco contundentes, si se
comparan con todo lo realizado por la prensa opositora en su esfuerzo por
señalar la conveniencia o la necesidad de respetar los derechos humanos. Con
todo, también es cierto que sólo gracias a la información recabada por esta
Comisión se ha logrado calibrar el alcance efectivo de la tortura en la vida de
miles de personas.
213
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
ÓRGANOS DE DENUNCIA INTERNOS Y
EXTERNOS
Si bien la prensa nacional tardó años en desempeñar un papel fiscalizador del
ejercicio de las autoridades, existieron desde el comienzo del régimen militar
otras instancias que, en los hechos, actuaron como fuentes de denuncia de las
violaciones de los derechos humanos, alertando a la comunidad internacional
sobre las actuaciones anómalas del gobierno.
Durante las décadas de 1970 y 1980, el "caso chileno" suscitó la interacción
entre dos frentes básicos: uno, comprometido con la defensa de los derechos
humanos; el otro, opuesto, con la exculpación del gobierno chileno acusado de
violarlos sistemáticamente. Este último, indistinguible del Estado de Chile,
siempre se esforzó por desestimar esas acusaciones, para restar apoyo a la
oposición interna en la comunidad internacional y, así, reducir el aislamiento
de Chile en el concierto de las naciones. El otro frente, compenetrado con la
suerte de las víctimas, contó a su favor con la actitud vigilante de la comunidad
internacional de Estados que, como veremos en el siguiente apartado, no
escatimó las condenas a la dictadura; también, estuvo integrado por
organizaciones de derechos humanos, nacionales e internacionales, empeñadas
en sacar a la luz pública los atropellos en curso, con miras a salvar vidas y a
frenar la represión. Junto con el socorro a las víctimas, se aplicaron, pues, a la
tarea de recopilar y difundir la información que hoy sirve para reconstituir la
historia oculta de los años de censura, y que entonces permitió validar las
condenas internacionales contra el régimen militar. Ella también ha sido
elemento de juicio valioso para el trabajo de esta Comisión.
Deben considerarse, pues, las actividades de las organizaciones de derechos
humanos en Chile y en el extranjero. Se ha establecido ya en el apartado anterior
que el férreo control de los medios de comunicación actuó en contra de una
inmediata reacción organizada frente al panorama generalizado de atropello a
los derechos humanos. Ahora bien, en forma aislada, algunos grupos se
apresuraron a alertar sobre los masivos atropellos que estaban ocurriendo en
todo el país. En el ámbito internacional, se produjo la inmediata reacción de
importantes organizaciones de derechos humanos de carácter no gubernamental
(ONG), como Amnistía Internacional, Americas Rights Watch, así como por
el Consejo Mundial de Iglesias. A este respecto, es habitual aludir a la presenta-
ción realizada por Amnistía Internacional y la Comisión Internacional de Ju-
ristas, ya el 15 de septiembre de 1973, solicitando la intervención de Naciones
214
CAPÍTULO III • CONTEXTO
Unidas, debido a las patentes amenazas al derecho a la vida imperantes por
entonces en Chile. Esta actitud vigilante, sostenida en el tiempo, representó un
proceso de creciente validación de dichas entidades como legítimas represen-
tantes, en el nivel internacional, de una suerte de "sociedad civil" extraterrito-
rial, decidida a constituirse en un referente crítico global ante los estados na-
cionales, tanto más cuando éstos caían en poder de gobiernos dictatoriales. De
modo que las ONG, en alianza con organizaciones multilaterales, pasaron a
conformar una constelación de entes supervisores que gravitaron en torno de
Chile. En conjunto, intentan paliar la situación interna mediante la asistencia
directa de las víctimas. Asimismo, documentan ese proceso a fin de recabar la
información necesaria para evaluar con precisión la verdadera condición del país
en materia tan delicada, sorteando los escollos de la política de desinformación
implementada por las autoridades del régimen militar. En referencia a este pun-
to, sobresale la labor del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), cuyos
informes (sin violar sus normas de confidencialidad) servirían posteriormente
para la elaboración del Informe Rettig.
En el plano interno, destaca el rol protagónico de las iglesias, en especial la
Católica. Al margen de su actividad pastoral dirigida a toda la comunidad, a
causa de la represión y con la premura de una emergencia se implementaron
acciones concretas de socorro y amparo a las víctimas. Surgieron así, a la zaga
del golpe militar, dos instituciones llamadas a cumplir una labor fundamental:
la Comisión Nacional de Refugiados (CONAR) y, sobre todo, el Comité de
Cooperación para la Paz en Chile (Comité Pro Paz o COPACHI). Este último,
fundado el 6 de octubre de 1973 por el Cardenal Arzobispo de Santiago, Raúl
Silva Henríquez, tuvo por objeto "atender a los chilenos que, a consecuencia de
los últimos acontecimientos políticos, se encuentren en grave necesidad
económica o personal", procurando "dar asistencia jurídica, económica, técnica
y espiritual" a esas personas y a esas familias. Integrado por las iglesias Católica,
Luterana, Metodista de Chile, Ortodoxa y Pentecostal, además de la Comunidad
Hebrea de Chile, ya su carácter ecuménico revelaba por sí solo la naturaleza
global, por sobre cualquier división confesional, del problema de la represión.
Para apreciar la envergadura social de su trabajo, sirve recordar que prestó, no
obstante su breve existencia, asesoría jurídica en 6.994 casos de persecución
política en la capital, más 1.908 en provincias, amén de los 6.411 casos de despidos
laborales debidos a las mismas razones, y el abultado número de 16.992 personas
beneficiarias del programa de asistencia médica. En semejante contexto, la
defensa de los derechos humanos se transformó en imperativo ético-religioso
para distintos grupos cristianos, los cuales aunaron esfuerzos con personas no
creyentes o de otras comunidades religiosas, a fin de ofrecer un auxilio más
concertado -y por ende más efectivo- a quienes padecían el embate punitivo del
aparato estatal.
215
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Por razones obvias, el trabajo del Comité Pro Paz no pasó desapercibido para
las autoridades. Amortiguar el impacto de la represión era considerado un acto
de colaboración con el enemigo. De ahí el trabajo de hostigamiento hacia sus
miembros, sobre todo a quienes no pertenecían a la Iglesia Católica. Las
presiones, ejercidas incluso personalmente por el general Pinochet sobre el
Cardenal Silva Henríquez, forzaron su disolución el 31 de diciembre de 1975.
Debido a ello, el propio Cardenal y Arzobispo de Santiago fundó, el 1 de enero
de 1976, la Vicaría Episcopal de Solidaridad, con objetivos análogos a los del
ecuménico Comité Pro Paz. No sería ésta la única iniciativa destinada a brindar
apoyo a las víctimas de la represión. Otras organizaciones dignas de mención -
la mayoría creadas en la década de 1970-, fueron la Fundación de Ayuda Social
de las Iglesias Cristianas (FASIC, 1975), el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ,
1977), la Comisión Nacional Pro Derechos Juveniles (CODEJU, 1977 en
Valparaíso, 1978 en Santiago), la Comisión Chilena de Derechos Humanos
(1978), la Sección Chilena de Amnistía Internacional (1978), la Fundación para
la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE,
1979), el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU, 1980), la
Comisión Nacional contra la Tortura (1983), el Centro de Salud Mental y
Derechos Humanos (CINTRAS, 1985), y el Instituto Latinoamericano de Salud
Mental y Derechos Humanos (ILAS, 1988).
Con la creación de la Vicaría de la Solidaridad, en todo caso, la Iglesia Católica
continuó con su compromiso institucional con la defensa de los derechos
humanos, de manifiesto en el apoyo mayoritario de la Conferencia Episcopal a
la nueva iniciativa, también beneficiada por el respaldo de la Santa Sede y la
comunidad internacional. Si bien sus constantes acciones judiciales ante los
tribunales no lograron garantizar la integridad de las personas y el resguardo de
sus derechos fundamentales, no es menos cierto que la continua denuncia de
los abusos contribuyó a señalar y monitorear la represión, restándole validez a
la estrategia de negar su existencia , encaminadas a garantizar su acción
discrecional mediante su sustracción a cualquier forma de escrutinio público,
interno o externo. Aunque no es posible precisar el impacto de las presiones
internacionales alentadas por tal acción de denuncia, es evidente que en ausencia
de aquéllas el régimen militar no habría modificado sus políticas punitivas.
Tampoco debe pasarse por alto, en el contexto del trabajo de esta Comisión, el
valor de la labor de la Vicaría en tanto fuente de acopio documental capaz de
proveer los materiales requeridos para abordar, con sólido fundamento empírico,
el estudio de la historia de la represión durante la dictadura. Su archivo, dotado
de más de 43.000 fichas con documentación fiel y cercana a la ocurrencia de los
hechos, en conjunto con diversos otros antecedentes reunidos o aportados, ha
sido de gran ayuda para la certificación de la veracidad de las afirmaciones de
los comparecientes afectados por la represión.
216
CAPÍTULO III • CONTEXTO
LA REITERADA CONDENA INTERNACIONAL
Al momento del golpe de Estado en Chile, el derecho internacional, perfeccionado
a la luz de la experiencia traumática de la Segunda Guerra Mundial, había puesto
de relieve la perentoriedad del respeto a los derechos humanos, existiendo acuerdo
sobre el carácter vinculante de su observancia por sobre las fronteras nacionales,
de modo que su violación suponía un atentado contra la convivencia dentro de un
país en particular, a la vez que contra la comunidad internacional en su conjunto.
Tanto la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como la Organización de
Estados Americanos (OEA) habían nacido en el mundo de la posguerra como
instancias articuladoras de un orden internacional que buscaba velar por el respeto
de los derechos fundamentales de las personas. En 1945, la Carta de la ONU
había declarado la resolución, por parte de sus integrantes, de "reafirmar la fe en
los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona
humana". Tres años más tarde, la Carta Fundacional de la OEA reiteró la vocación
de "respeto de los derechos esenciales del hombre" como fundamento inamovible
de sus propósitos.
A partir de estos parámetros -prueba del esfuerzo por avanzar en la gestión
mancomunada de un orden más civilizado y benigno-, la comunidad internacional
se reservaba el derecho de reclamar de los Estados transgresores el cumplimiento
de las exigencias impuestas en pro del respeto a los derechos humanos, sin que
aquéllos pudieran invocar en su favor la vulneración del principio de no
intervención o el trato discriminatorio -tal como haría la dictadura- en la aplicación
de mecanismos especiales de supervisión. En el caso chileno, el contrapeso de la
comunidad internacional cobraría mayor relevancia al prescindirse de las
instituciones que tradicionalmente permitían la defensa de los derechos humanos
en el país. En otros términos, desempeñaría una función supletoria en resguardo
de esos derechos, cuya necesidad se tornó imperiosa por el apoyo del Poder Judicial
a la política represiva. Ya el mismo exilio trasladó los conflictos de la política
doméstica a un plano transnacional. Como corolario, la comunidad internacional
-tanto los gobiernos y sus foros multilaterales como la opinión pública y las ONG
de distintas naciones- devino en copartícipe del proceso de denuncia, socorro y
rectificación humanitaria emprendido por los chilenos residentes en el país o en
el extranjero. ¿Qué funciones cumplía la supervisión internacional en materia de
derechos humanos? En primer lugar la revisión, que comporta un juicio de valor
o una medición de las circunstancias que se denuncian en el Estado sujeto a ésta,
con referencia a un estándar mínimo. En segundo lugar, la función correctiva,
que supone por parte de las autoridades la enmienda de las conductas que se
217
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
estiman violatorias. Y, finalmente, una función creativa, que involucra la adop-
ción de normas o la modificación de las mismas en orden a lograr un desarrollo
progresivo de los derechos humanos, más allá del mero acto de interpretación
de la ley.
La generalizada percepción de Chile como un país con una sólida tradición
democrática hizo reaccionar enérgicamente a las Naciones Unidas. Tres fueron
los órganos principales con roles protagónicos al efecto: la Asamblea General,
como sede o foro total de los Estados miembros; la Comisión de Derechos
Humanos, dependiente del Consejo Económico y Social y la Subcomisión de
Prevención de Discriminación y Protección de Minorías. Por añadidura, Chile
se transformaría en un caso paradigmático con relación al perfeccionamiento
de los mecanismos de control del sistema universal en materia de derechos
humanos. De hecho las Naciones Unidas, en respuesta al desafío representado
por Chile, implementaría nuevos mecanismos de supervisión y recolección de
información, que luego incorporaría a su modus operandi, en virtud de su mayor
eficacia. Por iniciativa de la Comisión de Derechos Humanos, en 1975 se nombró
un Grupo de Trabajo Ad Hoc para investigar la situación de los mismos en el
país. Al cabo de tres años de labor, la Asamblea General de las Naciones Unidas,
utilizando como base la resolución que originara ese Grupo de Trabajo, elaboró
el mandato conducente a la designación, previa elección entre sus propios
miembros, de un Relator Especial llamado a investigar la situación de los
derechos humanos en Chile, para informar de la misma a la Comisión y a la
propia Asamblea General. Hasta 1990, las Naciones Unidas mantendría el
sistema de Relator Especial para Chile.
Escapa al sentido de este Informe repasar cada resolución de condena emitida
por los órganos del sistema universal de protección de derechos humanos acerca
del caso chileno. Con todo, resulta pertinente establecer los principales hitos y
los patrones de conducta seguidos en las décadas bajo escrutinio de la Comisión.
Desde ya, puede afirmarse que las Naciones Unidas manifestaron preocupación
e incluso indignación en resoluciones de condena de la Asamblea General y de
la Comisión de Derechos Humanos, durante todos los años, desde 1974 hasta
1989. Es oportuno consignar, asimismo, que a raíz del trabajo del Relator Especial
designado para el efecto, se realizaron cuatro visitas in loco y se elaboraron
ocho informes relativos a la situación de Chile. Por añadidura, y pese a que
tanto la Asamblea General como la Comisión de Derechos Humanos son
órganos de composición política, todas las resoluciones fueron condenatorias
y con aplastantes votaciones a favor; si exceptuamos los gestos de apoyo al
régimen militar por parte de otras dictaduras, sobre todo latinoamericanas, ello
traslucía la existencia de un amplio acuerdo sobre la gravedad de la situación
reinante en Chile. Las resoluciones condenatorias reiteran constantemente la
preocupación, concordante con la desmedrada situación interna, por los temas
218
CAPÍTULO III • CONTEXTO
de la tortura, la prisión política y las detenciones arbitrarias. Sólo por vía de
ejemplo pueden citarse las siguientes resoluciones emanadas de la ONU alusivas
a la prisión política y la tortura en Chile:
1. Resolución 3219 (XXIX), "Protección de los derechos humanos en Chile",
AG. ONU, del 6 de noviembre de 1974, 29° período de sesiones, en la que se
expresa la profunda preocupación por las "manifiestas y masivas" violaciones a
los derechos humanos, especialmente aquellas que implican amenazas a la vida
y la libertad, basadas, inter alia, en arrestos arbitrarios, tortura y trato cruel,
inhumano y degradante de detenidos y presos políticos, detención sin acusación
y encarcelamiento por motivos políticos.
2. Resolución 3448 (XXX), "Protección de los derechos humanos en Chile", AG.
ONU, del 9 de diciembre de 1975, 30° período de sesiones, en la que se
solicita al gobierno de Chile la "no utilización del estado de sitio o emergencia
para violar los derechos humanos y libertades fundamentales, la adopción de
medidas adecuadas para poner fin a la práctica institucionalizada de la tortura
y de otras formas de penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, garantizar
en especial los derechos de detenidos sin acusación y de los que están en prisión
únicamente por motivos políticos".
3. Resolución 39/121, "Protección de los derechos humanos y las libertades fun-
damentales en Chile", AG. ONU, del 14 de diciembre de 1984, 39° período
de sesiones, en la que se solicita al gobierno de Chile, entre otras medidas,
"poner fin al régimen de excepción y a la práctica de declarar los estados de
emergencia, bajo los cuales se llevan a cabo graves y continuas violaciones de
los derechos humanos, el término a detenciones arbitrarias o ilegales y al
encarcelamiento en lugares secretos, el respeto al derecho a la vida, a la
integridad física, poniendo fin a la práctica de tortura y otros tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes".
4. Resolución 41/161, "Situación de los derechos humanos y libertades funda-
mentales en Chile", AG. ONU, del 4 de diciembre de 1986, 41° período de
sesiones, en la que se solicita al gobierno de Chile, inter alia, "el término de la
tortura física y sicológica y el respeto efectivo del derecho a la vida e integridad
física y moral y el fin de las detenciones arbitrarias y encarcelamiento en lugares
secretos".
5. Resolución 221 (XXXVI), "Cuestión de los derechos humanos en Chile",
CDH. ONU, del 29 de febrero de 1980, 36° período de sesiones, en la que se
conmina al gobierno de Chile a "tomar medidas eficaces para impedir la tortu-
ra y otras formas de tratos inhumanos o degradantes, enjuiciar y castigar a los
responsables, e insta a las autoridades a respetar escrupulosamente el deber
219
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
del poder judicial de ejercer cabalmente y sin reservas sus facultades constitu-
cionales aplicando el recurso de amparo para proteger a individuos contra la
detención y prisión arbitrarias, y evitar así, desapariciones".
A las condenas de la ONU hay que sumar las censuras de la OEA. La reacción
de la Comisión (CIDH), uno de los órganos especializados en el sistema
interamericano de protección de los derechos humanos, fue inmediata. Ya el 14
de septiembre de 1973, Amnistía Internacional y la Comisión Internacional de
Juristas expresaron (en un cable) a la Comisión su preocupación por las viola-
ciones a los derechos humanos que estaban ocurriendo en Chile. Acto seguido,
el 17 de septiembre de 1973, la Comisión requirió información al país, le formuló
recomendaciones preliminares sobre el respeto de los derechos fundamentales
y solicitó autorización al gobierno militar para realizar una visita in loco por
parte del secretario ejecutivo de la Comisión, visita que se consumó en octubre
del mismo año. Con idéntica finalidad se verificó otra visita in loco por parte de
cinco miembros de la Comisión, entre julio y agosto de 1974. La constante
preocupación de la Comisión se tradujo en la elaboración de cuatro informes
especiales sobre el país (1974, 1976, 1977 y 1985) y, cuando no se le renovó el
mandato, en la inclusión de Chile en un capítulo especial del Informe Anual.
En este sentido, el Informe de 1985 reviste particular importancia, pues, ante la
negativa del Estado de Chile a aceptar una visita in loco, pero gracias al apoyo
de sectores de la sociedad civil chilena involucrados en la defensa de los dere-
chos humanos, el documento resultante fue acumulativo e incluyó un análisis
global de sus violaciones, desde 1973 hasta 1985.
Para ilustrar la reiterada preocupación de la OEA en lo referente a la prisión
política y la tortura en Chile, cabe citar algunas de sus resoluciones:
1. Resolución 443 (IX-0/79), "Informe Anual de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos", del 31 de octubre de 1979, AG. OEA, 9° período ordi-
nario de sesiones, en la que "insta al gobierno de Chile a intensificar la adop-
ción y aplicación de las medidas necesarias para preservar y asegurar efectiva-
mente la plena vigencia de los derechos humanos en Chile".
2. Informe sobre la situación de los derechos humanos en Chile, observación in
loco practicada en la República de Chile del 22 de julio al 2 de agosto de 1974,
CIDH. OEA, de 24 de octubre de 1974. En este documento se requiere
expresamente al gobierno de Chile que "se disponga prontamente una investi-
gación exhaustiva, minuciosa, rápida e imparcial sobre la imposición de casti-
gos y trabajos forzados a los prisioneros así como de torturas y malos tratos,
la liberación de todos los prisioneros que no representen un peligro grave y
cierto para el mantenimiento de la paz pública y que se dicten normas precisas
que aseguren la eficacia del Recurso de Amparo, aún bajo estado de sitio".
220
CAPÍTULO III • CONTEXTO
3. Informe sobre la situación de derechos humanos en Chile, (período considera-
do: del 11 de septiembre de 1973 a julio de 1985), CIDH. OEA, de 2 de octubre
de 1985, en el que la Comisión establece como probado que "la tortura tanto
física como sicológica se ha aplicado en Chile por parte de los organismos de
seguridad y Carabineros como forma de intimidar a la población, para conse-
guir información o declaraciones autoinculpatorias, su práctica es sistemática,
por lo cual se cuenta con locales o recintos con la infraestructura adecuada, así
como también con medios de locomoción con dicha infraestructura".
Frente al escrutinio de los organismos internacionales y la as denuncias surgidas
en el mismo país, donde la sola proliferación de los recursos de amparo evidenciaba
el cuadro represivo en vigor, las autoridades intentaron desestimar las acusaciones.
Ante el repudio de la comunidad internacional y el consiguiente desprestigio de
Chile, la política exterior no pudo contrarrestar el debilitamiento de sus redes
diplomáticas. Esto no era irrelevante para un gobierno que se proponía transformar
el modelo de desarrollo, mediante el abandono de un esquema centrado en la
expansión del mercado interno y la preeminencia del Estado como agente econó-
mico, en beneficio de un sistema de apertura a los mercados externos y a la inicia-
tiva del sector privado, tanto nacional como extranjero. De ahí que la coopera-
ción formal con los organismos internacionales de derechos humanos apareciese
como una estrategia para neutralizar las denuncias que, ocasionalmente, redun-
daron en medidas de castigo contra Chile, por parte de gobiernos que buscaban
ejercer presiones correctivas.
Pero esta actitud de colaboración no podía perpetuarse: la evidencia adversa e
incriminatoria era imposible de ocultar. Los amagos de cooperación, pensados
como gestos de propaganda favorable, se alternaron entonces con la resistencia
oficial hacia los mecanismos internacionales de supervisión. En el ámbito del
sistema universal, por ejemplo, Chile había manifestado su aquiescencia para que
el Grupo de Trabajo Ad Hoc visitase el país; no obstante, el 4 de julio de 1975,
mientras los integrantes de dicho Grupo se reunían en Lima para organizar la
visita, el gobierno resolvió prohibirles el ingreso al país. Frente a esa decisión, el
trabajo del Grupo debió continuar con testimonios e información recogidos en
el exterior. A la par de esta falta de disponibilidad para someterse al escrutinio
externo, en enero de 1978, el gobierno realizó una "consulta nacional" -rito
publicitario con visos de representatividad popular- que pretendía legitimar el
rechazo hacia los mecanismos de las Naciones Unidas, por estimar que constituían
una "agresión internacional". Consignemos aquí que, para justificar la negativa a
colaborar con el trabajo de los mecanismos internacionales de supervisión, fue
común alegar la parcialidad de los mismos, producto de una "campaña" interna-
cional de desprestigio que se proponía vulnerar el principio de no intervención en
asuntos de jurisdicción interna.
221
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Aun cuando la consulta -del todo ajena a cualquier mecanismo de validación ob-
jetiva de sus resultados- fue por fuerza favorable a los intereses del régimen, a
instancias del gobierno norteamericano la Junta de Gobierno acabó por ceder y
autorizó finalmente la visita del Grupo de Trabajo Ad Hoc, en julio de 1978.
Luego de emitido el Informe, en consideración de su previsible contenido adverso,
y reiterando la tesis de la "discriminación" hacia el país, Chile no le reconoció
existencia legal al grupo de expertos creado por la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU, manifestando que, en lo sucesivo, sólo se entendería con
la Secretaría General de las Naciones Unidas en lo tocante al problema de derechos
humanos. Esta actitud ambivalente, que combinaba los indicios de colaboración
con la abierta hostilidad, también caracterizó las relaciones con el Relator Especial
nombrado a partir de 1978. Tal como en varios pasajes de sus informes se reconocía
la colaboración del Estado, en otras ocasiones se denunciaban las trabas puestas a
su labor por parte de altos funcionarios del régimen, cuyas acciones obstruían el
debido cumplimiento de su mandato.
Como sea, cualquier consideración de la injerencia de los organismos externos en
el proceso de censura -estimulado por el trabajo de denuncia de las organizaciones
locales nacidas para amparar a las víctimas- del atropello de los derechos humanos
por parte del Estado de Chile debe referirse a las normas internacionales
obligatorias para el país al 11 de septiembre de 1973. ¿Cuáles fueron los
instrumentos vinculantes cuyo fin era proteger los derechos humanos, y que el
régimen militar invariablemente desconoció? Tómense, a modo de ejemplo, los
casos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), la
Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa
Rica (1969), y las Convenciones de Ginebra (1949).
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado en el ámbito
del sistema universal el 16 de diciembre de 1966, fue ratificado por el Estado
chileno el 10 de febrero de 1972. Aunque el gobierno militar dictó el Decreto
Supremo N° 778, con fecha 30 de noviembre de 1976, retardó injustificadamente
la publicación del mismo en el Diario Oficial hasta abril de 1989, con lo cual se
impidió, al amparo de argumentos de apariencia formal, que los tribunales le dieran
cabal aplicación. Al margen de la evidente vulneración al principio de pacta sunt
servanda, según el cual los tratados deben ser cumplidos de buena fe, esa omisión
premeditada indica el desconocimiento de los artículos 18 y 27 de la Convención
de Viena sobre Derecho de los Tratados (1969), en cuanto prescriben, desde la
firma, que un Estado debe abstenerse de realizar actos que frustren el objeto y el
fin del instrumento internacional, y que una parte no puede invocar las disposi-
ciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado.
En cuanto al Pacto de San José de Costa Rica, suscrito por el Estado de Chile el
22 de noviembre de 1969, el gobierno militar se abstuvo de realizar cualquier
222
CAPÍTULO III • CONTEXTO
trámite para su aprobación o ratificación. No obstante haber sido Chile uno de
los principales promotores de la iniciativa, ésta sólo se transformó en norma
obligatoria para el Estado el 5 de enero de 1991, una vez que el Congrego Nacional
democráticamente elegido concluyera por aprobarlo por unanimidad en ambas
cámaras. Finalmente, respecto a las Convenciones de Ginebra de 1949, es preciso
formular algunas precisiones. Primero, éstas eran normas obligatorias para el
Estado de Chile desde 1951. Segundo, varias normas dictadas por la Junta de
Gobierno declaraban formalmente la existencia de un estado de guerra, pese a lo
cual el gobierno violó las convenciones aludidas al negarse a reconocer el estatus
de prisioneros de guerra -garante de derechos básicos- a las personas detenidas.
Sobre el particular, es de interés consignar que la Conferencia Internacional de
Derechos Humanos, celebrada en Teherán en 1968, al pronunciarse acerca de las
obligaciones en los conflictos armados internos, había pedido al Secretario General
de la ONU que "tras celebrar consultas con el Comité Internacional de la Cruz
Roja, señale a la atención de todos los Estados Miembros del sistema de las
Naciones Unidas las normas actuales de derecho internacional sobre los conflictos
armados, aseguren que en todos los conflictos armados los habitantes y los
beligerantes estén protegidos de conformidad con los principios de las naciones,
surgidos de los usos y costumbres establecidos entre los pueblos civilizados, de
las leyes de humanidad y de los dictados de la conciencia pública". Esta disposición,
conocida como la cláusula Martens, estaba incluida ya en el preámbulo de las
Convenciones de La Haya de 1899 y 1907, relativas a las leyes y costumbres de la
guerra terrestre, siendo posteriormente incorporada en los cuatro Convenios de
Ginebra de 1949. La importancia histórica de esta cláusula para efectos del trabajo
de esta Comisión reside en sus tres principios consuetudinarios de protección de
los derechos humanos. Declara que el derecho de infligir daños al enemigo no es
ilimitado; le añade el deber de distinguir entre beligerantes y no beligerantes;
para concluir con la prohibición de lanzar ataques contra la población civil como
tal. Y, ciertamente, se encuentra la prohibición genérica de la tortura. Súmese a
esto el hecho de que la cláusula Martens ha sido incorporada al derecho
consuetudinario; por consiguiente, se aplica independientemente de la
participación en los tratados que la reconocen. Es de carácter inderogable y, más
importante aún, se aplica, así exista o no el estado de guerra declarado o su admisión
por una parte en el conflicto. Ya con anterioridad al golpe militar, la cláusula
Martens era internacionalmente considerada como un imperativo elemental de
humanidad, tan válido en la paz como en épocas de conflictos armados. De acuerdo
con lo anterior, la proscripción de la tortura se extendía a cualquier situación,
revestía el carácter de absoluta.
223
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
CAPÍTULO IV
Prisión política y
tortura, período a
período
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura
225
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
226
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
INTRODUCCIÓN
P ara comprender a cabalidad la historia de la privación de libertad por motivos
políticos que afectó a miles de personas durante el período cubierto por el
mandato de esta Comisión, se precisa considerar a la represión política como un
proceso con diferentes ciclos. Estos presentan características particulares en lo
relativo al número y perfil de las víctimas, a los organismos involucrados, a los
recintos de detención, a las normas jurídicas aplicadas como pretexto e instru-
mento de la privación de libertad, e incluso a los métodos de tortura perpetrados
en ese contexto. Sin perjuicio de ello, existen algunos elementos comunes que
estuvieron presentes durante el régimen militar, que permiten afirmar que la pri-
sión tenía motivaciones políticas. Dichos elementos, al margen de variaciones
coyunturales, son los siguientes:
1. La privación de libertad por disposición de organismos político-administrativos,
como el Ministerio del Interior, las jefaturas de estado de sitio u otros. Se
trata, en efecto, de organismos autorizados a este respecto por normas de
excepción constitucional, pero que en la situación en referencia fueron
desnaturalizadas, aprovechando que no había elementos de control democrático
de los estados de excepción, que los extendían durante períodos muy
prolongados y los renovaban en forma continua por la sola decisión del
Ejecutivo, sin necesidad de deliberación pública o de una adecuada
fundamentación que justificara tales determinaciones.
2. Las detenciones ordenadas por fiscales militares en ausencia de proceso judicial
contra el detenido, extralimitando así sus atribuciones.
3. Las detenciones practicadas por organismos de seguridad dependientes del
gobierno, como la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), y la Central
Nacional de Informaciones (CNI) u otros servicios creados en las Fuerzas
Armadas y en Carabineros, para realizar la represión política al margen del
Derecho, aun cuando algunos de éstos fueran consagrados por decretos leyes.
4. Las acusaciones de haber cometido delitos que no constituyen conductas
punibles bajo un Estado de Derecho, o no contrarían derechos consagrados
por la Constitución y el Derecho Internacional. De hecho, a partir del golpe
de Estado se dictaron decretos leyes que tipificaron delitos sancionables, como
la pertenencia a partidos políticos o la expresión de determinadas ideas; que
penalizaron el ingreso al país de personas expulsadas o con prohibición de
227
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
ingreso; y que sancionaron el ejercicio de derechos como el de reunión,
asociación y libre expresión. Se trató, entonces, de situaciones generalmente
comprendidas en la categoría de delitos de conciencia, respecto de los cuales
no existe fundamento jurídico para su penalización.
5. Finalmente, también constituyó prisión política aquella privación de libertad
ordenada por un tribunal civil o militar, en el marco de un proceso judicial en
el que se investigaban delitos tipificados como tales por cualquier ordenamiento
jurídico democrático, pero en la que no se respetaron las garantías del debido
proceso y la protección frente a torturas, dos derechos violados de modo
sistemático.
En todo caso, cualquiera fuese el período de la represión, ésta, por definición,
estuvo acompañada de abusos de poder por parte de agentes amparados en su
impunidad.
En definitiva, esta Comisión ha adquirido la convicción moral acerca de la
concurrencia de estos elementos determinantes de la prisión política verificada
entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990 en todos los casos que
han sido calificados. Ello permite concluir que durante ese período existió una
política de represión organizada por el Estado,y dirigida por sus más altas
autoridades.
228
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
En otro plano, es perentorio recordar que la práctica de la tortura ha estado
expresamente prohibida desde 1876, año de entrada en vigencia del Código Penal,
en cuyo artículo 150 se sancionaba a los que "decretaren o prolongaren
indebidamente la incomunicación de un procesado, le aplicaren tormentos o
usaren con él de un rigor innecesario". La norma disponía, además, un aumento
de las penas "Si de la aplicación de los tormentos o del rigor innecesariamente
empleado resultaren lesiones o la muerte del paciente". Otros cuerpos legales
reforzaron este marco normativo. El Código de Justicia Militar, dictado en 1926,
en el artículo 261 hace penalmente responsable al que "obligue a los prisioneros
de guerra a combatir contra sus banderas, los maltrate de obra, los injurie
gravemente, o los prive del alimento indispensable o de la asistencia médica
necesaria". Complementariamente, el artículo 330, sanciona también al "militar
que, con motivo de ejecutar alguna orden superior o en el ejercicio de funciones
militares, empleare o hiciere emplear sin motivo racional, violencias innecesarias
para la ejecución de los actos que debe practicar", aumentándose las sanciones
según la gravedad de las lesiones o el resultado de muerte, para concluir que
todas esas penas se agravan si las "violencias se emplearen contra detenidos o
presos con el objeto de obtener datos, informes, documentos o especies relativos
a la investigación de un hecho delictuoso".
Del total de personas con testimonios validados ante esta Comisión, el 94%
refiere haber sufrido torturas durante su detención. Los relatos concuerdan en
que estos hechos fueron cometidos de manera similar y coordinada por efectivos
de las distintas ramas de las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad y de los
servicios de inteligencia, como la DINA y la CNI, registrándose también casos
excepcionales que mencionan la participación de civiles. De esos testimonios se
desprende que, como se ha reiterado, la tortura fue una práctica recurrente
durante el régimen militar. Varían el número de las personas perjudicadas y las
características de las víctimas, pero poco o nada los métodos empleados. Es así
como, en los primeros años se caracterizaron por su brutalidad y por dejar
secuelas evidentes, poniendo con frecuencia en grave riesgo la vida de las víctimas,
existiendo posteriormente mayor especialización en el tipo de presión física
aplicada sobre el detenido. Salvo excepciones, los testimonios coinciden en que,
durante su detención, las personas afectadas sufrieron la aplicación de más de
un método de tortura, en que los golpes eran el más utilizado y, comúnmente,
el primero en aplicarse. A partir de la información recabada, esta Comisión ha
elaborado un cuadro de conjunto cuyo fin es ofrecer una síntesis que ilustre
sobre el trato dado a los detenidos, los métodos de tortura empleados y, en
términos más genéricos, los recintos en que esos hechos ocurrieron.
229
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
En procura de una mayor claridad expositiva de los antecedentes a disposición de
la Comisión, el análisis de cómo se verificaron la prisión y la tortura por motivos
políticos se ha dividido en tres períodos diferentes. Cabe insistir en que las
divisiones temporales aquí adoptadas son tentativas, no tajantes, con la única
finalidad de discernir etapas de acuerdo a la diversidad y al desarrollo de un proceso
represivo continuo. En general, los hechos materia de este Informe no suceden,
ni dejan de suceder, ni cambian radicalmente, en una fecha precisa. Entonces, el
criterio de segmentación temporal responde a la consideración de indicadores
tales como: organismos de seguridad involucrados, número y perfil de las víctimas,
y contexto nacional imperante.
230
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
PRIMER PERÍODO
Septiembre - diciembre de 1973
El 67,4% de los testimonios calificados por la comisión refieren haber sido
detenidos entre septiembre y diciembre de 1973 (18.364 personas, 22.824 deten-
ciones) Durante ese período, la tortura fue práctica que ejecutaron miembros
de las Fuerzas Armadas, Carabineros y la Policía de Investigaciones, respon-
diendo a una práctica generalizada a escala nacional.
Como los otros períodos, éste tampoco se mantuvo inalterable. Los hechos
que anuncian el fin del período son variados y no ocurrieron en forma simultánea,
ni en todas las regiones del país. Algunos hitos a considerar son el cierre, en
noviembre de 1973, del centro con el mayor número de detenidos, el Estadio
Nacional; la entrada en funcionamiento del primer recinto secreto de detención,
Londres 38; y la articulación, si bien todavía informal, del primer organismo de
seguridad especializado en la represión, la Dirección de Inteligencia Nacional
231
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
(DINA). Aparecen, por consiguiente, dos de los rasgos distintivos del segundo
período -la acción discrecional de la DINA y el funcionamiento de centros
clandestinos de detención y tortura- pero aún sin imponer la tónica del proceso
represivo.
En este período, se invocaron las facultades de los estados de excepción para
efectuar las detenciones. Algunos detenidos fueron enjuiciados en consejos de
guerra. A otros, aunque nunca fueron procesados, los recluyeron por tiempos
variables en estadios, campos de detenidos habilitados para esta finalidad,
regimientos, comisarías o cárceles. A algunos se les impusieron medidas de
relegación administrativa; otros fueron condenados a relegación por los
tribunales militares. Fue frecuente también que, una vez recobrada la libertad,
se les impusiera a las personas arrestos domiciliarios u otras medidas restrictivas,
como la prohibición de abandonar la ciudad de su residencia. Algunos de los
detenidos en este período, incluso luego de haber permanecido años detenidos,
fueron expulsados del país, ya sea conmutándoseles sus penas de prisión por
extrañamiento o bien, tras forzar su abandono del país, prohibiéndoseles
mediante decisiones administrativas, su reingreso.
Durante este período, especialmente en los días inmediatamente posteriores al
11 de septiembre, se produjeron arrestos masivos en allanamientos a empresas,
poblaciones, asentamientos campesinos, centros mineros y universidades. Estos
allanamientos respondían a un mismo patrón en todo el país. Comenzaban de
madrugada y se prolongaban por varias horas. Las personas afectadas, reunidas
en un mismo lugar, eran forzadas a permanecer tendidas de cara al suelo, con
las manos en la nuca. Muchas recibían golpes. Concluido el registro, se procedía
a trasladar a los detenidos a recintos de reclusión. También se publicitaron
sucesivas listas de personas conminadas a presentarse ante las nuevas autoridades.
Hubo además personas detenidas en sus domicilios, lugares de trabajo o reunión
y en la vía pública, cuya pesquisa emprendieron efectivos de Carabineros o
Investigaciones en coordinación con alguna de las ramas de las Fuerzas Armadas.
Los domicilios de las personas detenidas en estas circunstancias, a semejanza
de lo ocurrido con quienes fueron aprehendidos tras responder al llamado de
las autoridades, fueron sometidos a allanamientos, en los que solía emplearse
una violencia desmedida, causando el destrozo de enseres, acto al cual se sumaba,
ocasionalmente, la sustracción de bienes muebles o dinero. Adicionalmente, de
manera más frecuente en los primeros días del régimen militar, las Fuerzas
Armadas y de Orden recibieron la colaboración de civiles resueltos a denunciar
a vecinos y a compañeros de trabajo identificados como militantes o
simpatizantes de izquierda. La delación debe ser entendida como la culmina-
ción de un intenso proceso de polarización social, que llegó al extremo de con-
vertir al adversario político en un enemigo. Este fenómeno posibilitó la deten-
232
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
ción de personas en el contexto de los allanamientos, las redadas y los operativos
militares, pero también se registraron casos puntuales en que se denunció a
individuos de forma equivocada, o con el premeditado propósito de cobrar
revancha por anteriores rencillas particulares, ajenas al conflicto político.
En este período, la mayoría de los detenidos fueron funcionarios del gobierno
depuesto o simpatizantes, militantes y líderes de izquierda o miembros de
organizaciones sociales. De las 27.255 personas reconocidas como víctimas de
prisión política y tortura por esta Comisión, 5.373 fueron detenidas entre el 11
y 13 de septiembre, y trasladadas a recintos de las Fuerzas Armadas, de
Carabineros o de Investigaciones.
Debido a que la capacidad de estos recintos fue rápidamente desbordada, ya el
12 de septiembre se empezaron a habilitar como centros de reclusión lugares
capaces de mantener personas bajo vigilancia, como centros deportivos, cen-
tros culturales, centros de eventos, escuelas y liceos, edificios públicos, monu-
mentos, hospitales, buques de la Armada y barcos mercantes de empresas pri-
vadas, contenedores portuarios, y dependencias de fundos, como casas patro-
nales. En provincias, al tiempo que volvían a utilizarse antiguos campamentos
de prisioneros, se construían apresuradamente otros nuevos. Tampoco se pres-
cindió del recurso a las cárceles, disponiéndose el ingreso a los centros peniten-
ciarios de Gendarmería por instrucciones verbales o escritas de las Fiscalías
Militares, cuyas órdenes fueron frecuentemente impartidas al margen de todo
juicio o proceso. Al respecto, se recomienda remitirse al capítulo de este Infor-
me en donde se identifican los recintos de detención, así como sus principales
características.
233
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
Es preciso aclarar que la mayoría de estas detenciones se efectuaron por orden
de las jefaturas de estado de sitio, en virtud de disposiciones de los estados de
excepción constitucional, sin formular cargos o acusaciones. Algunas de estas
detenciones fueron ordenadas por fiscales militares, pero al margen de cualquier
proceso, bajo acusaciones vagas y antijurídicas como ser activista marxista, y, a
la postre, sin traducirse en juicio alguno. Hubo otras ocasiones en las que,
después de semanas o incluso meses, se formularon cargos y las personas fueron
sometidas a consejos de guerra, en los que fueron absueltas o condenadas. En
localidades rurales fueron frecuentes las detenciones practicadas por
Carabineros, sin orden alguna de autoridades judiciales ni administrativas, luego
de los cuales los afectados permanecían en los retenes y las comisarías, en donde
muchos fueron torturados, para luego ser liberados sin formulación de cargo, o
para ser puestos a disposición de la autoridad administrativa correspondiente y
remitidos a otros centros de detención.
En todo caso, resulta ilustrativo hacer el seguimiento de algunos casos
individuales, a fin de dimensionar la arbitrariedad del proceso represivo y la
vulnerabilidad de sus víctimas frente a los atropellos. El 15 de septiembre de
1973 fue detenido por Carabineros un hombre de 43 años, simpatizante del
Partido Comunista, que se desempeñaba como funcionario público. En total,
estuvo detenido durante más de un año, primero en la Comisaría de Tocopilla
y, luego, ya en manos del Ejército, en el Regimiento de Telecomunicaciones
Nº 6 de Tarapacá y en el campamento de Prisioneros de Pisagua. Durante el
prolongado período de su privación de libertad, que concluyó en
sobreseimiento, fue puesto a disposición de un tribunal militar, pero se
desconoce el proceso y su rol, cuyo contenido el afectado nunca llegó a
conocer. Abundan los casos de prisioneros sometidos a largos períodos de
prisión arbitraria, que fueron transferidos de un lugar de deteción a otro,
lugares, con frecuencia, a cargo de organismos distintos. Otro empleado
público, militante del Partido Socialista, de 35 años a la fecha del golpe de
Estado, fue detenido por militares y personal de la Policía de Investigaciones,
el 27 de septiembre de 1973. También estuvo prisionero más de un año,
alternando los recintos de detención y los organismos a cargo de su custodia.
Del Cuartel de Investigaciones de Copiapó, pasó al Regimiento de Copiapó,
para recalar finalmente en la cárcel de esa misma ciudad, lo cual le significó
estar bajo el control consecutivo de Investigaciones, del Ejército y de
Gendarmería. Nunca se le enjuició ni se le puso a disposición de tribunal
alguno. Esta situación fue bastante común, a juzgar por la información
recopilada. Otro caso ilustrativo del carácter arbitrario de la prisión política
es el siguiente: un joven de 18 años, dirigente estudiantil de enseñanza
secundaria, afiliado a las Juventudes Comunistas, cuyo período de privación
de libertad -primero en el Fuerte Borgoño, luego en la isla Quiriquina, siempre
bajo custodia de la Armada- se prolongó desde el 17 de octubre de 1973 hasta
234
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
el 8 de agosto de 1974, durante casi once meses, en el transcurso de los cuales
nunca se le sometió a juicio.
Otra práctica anómala fue condenar a presidio por delitos supuestamente
cometidos con anterioridad al 11 de septiembre de 1973, cuya penalización
respondía a los intereses de la política represiva en curso. Baste con citar el caso
de un funcionario del Servicio de Salud, militante del Partido Socialista, detenido
el 1 de octubre de 1973 por personal del Ejército, en la XII Región. No salió en
libertad hasta el 10 de septiembre de 1975, completando casi dos años de prisión
política, a manos del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y Gendarmería,
organismos a cargo de los cinco lugares por los que transitó: dos recintos
militares, un estadio fiscal, la isla Dawson y, finalmente, la cárcel de Punta
Arenas. Puesto a disposición del Tribunal Militar de esa ciudad (rol 20/73),
éste condenó al afectado a tres años de presidio, acusándole, entre otras cosas,
de haber inducido a funcionarios del hospital donde trabajaba a formar una
brigada de choque (antes del golpe de Estado). Tampoco hay que olvidar que la
libertad no siempre deparaba el fin de la persecución de los ex prisioneros
políticos. Éstos podían volver a ser detenidos y torturados, o quedaban sujetos
a medidas de control, firmas períodicas en cuarteles o comisarías o a la
prohibición de salir de la ciudad de residencia, por meses o hasta años. O bien,
el abandono de la reclusión no significaba reintegrarse a la vida cotidiana, pues
se les expulsaba del país por decreto.
Los testimonios recibidos correspondientes a este período indican que la tortura
y los malos tratos comenzaron a practicarse desde el instante de la aprehensión,
se prolongaron durante el traslado a los recintos de detención, y continuaron tras
verificarse el ingreso en los mismos. En estos lugares se aplicaron métodos de
tortura más especializados, como forma de represalia contra los partidarios del
gobierno depuesto y técnica auxiliar de los interrogatorios. Casi invariablemente,
las detenciones registradas en este tiempo se acompañaban, desde el primer
momento, con golpes reiterados de pies y puños, alternados con culatazos,
insultos, ofensas y amenazas, de muerte la mayoría de las veces. Numerosos y
concordantes testimonios relativos a los días sucesivos al 11 de septiembre de
1973 señalan que una vez aprehendidos, los detenidos eran obligados a permanecer
tendidos contra el suelo por horas, en espera del transporte que los llevaría al
recinto de detención, mientras los efectivos militares o policiales les propinaban
golpes al menor movimiento, pisoteándolos y aun saltando sobre ellos.
A partir de la lectura confrontada de distintos relatos pueden destacarse algu-
nas modalidades típicas de trato a los detenidos. La persona afectada era obliga-
da, mediante golpes y amenazas, sin dejar de ser apuntada por personal armado,
a subir al medio de transporte habilitado, que podía ser un bus, un camión o
una patrullera policial o militar; ocasionalmente se usaban camiones tipo frigo-
235
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
rífico pertenecientes a empresas estatales y, en algunos casos, a particulares.
Algunas personas indicaron a esta Comisión haber sido previamente maniata-
das, para luego ser arrojadas como bultos inertes al camión, en donde se las
apilaba unas encima de las otras. Otros concurrentes manifestaron que, cuando
eran transportados en buses, a los detenidos se les obligaba a ponerse de rodi-
llas frente al respectivo asiento, obligándoles a mantener la cabeza gacha, y se
les propinaban golpes al menor movimiento. Los testimonios coinciden en
señalar que durante el traslado lo habitual era seguir recibiendo todo tipo de
golpes; quienes viajaban tendidos en el piso y apilados, debían soportar, por
añadidura, pisotones y saltos, mientras se proferían todo tipo de insultos, burlas
y amenazas.
La mayoría de quienes concurrieron a la Comisión dejaron constancia de que,
una vez alcanzado el destino, los detenidos recibían nuevos golpes de pies, puños
y culatas, responsabilidad ahora de los efectivos a cargo de la custodia del recinto.
Quienes ingresaron en centros donde había una gran cantidad de detenidos
mencionaron reiteradamente la práctica conocida como el "callejón oscuro",
consistente en hacer circular a los detenidos por entre dos hileras de
uniformados, mientras éstos los golpeaban con sus botas y sus armas. Si alguien,
en su carrera por esquivar los golpes, caía al suelo, era levantado a golpes por los
uniformados y obligado a seguir corriendo por dicho callejón.
El trato dado a los prisioneros una vez que ingresaban en el centro de detención
variaba entre un recinto y otro, dependiendo, por ejemplo, del organismo
encargado de la custodia. Con todo, el análisis de los testimonios
correspondientes a este período arroja algunas características comunes a todos
los recintos. En general, la alimentación era inadecuada, el abrigo insuficiente,
las amenazas constantes, los golpes reiterados y el hacinamiento, impedía o
dificultaba conciliar el sueño. A los detenidos se les mantenía en "incomunicación
colectiva", régimen éste distinto a la incomunicación individual, que suponía la
reclusión solitaria en celdas de aislamiento. La "incomunicación colectiva" no
sólo impedía las visitas de familiares sino además comunicarse con un abogado.
Esto último fue excepcionalmente permitido, cuando el detenido era sometido
a consejo de guerra; y siempre y cuando existiese ya el dictamen del fiscal con el
objeto de preparar la defensa, concediéndose un brevísimo plazo de visita,
insuficiente para que el profesional pudiese preparar una estrategia adecuada.
Adicionalmente, a los familiares no se les entregaba información del paradero
del detenido, de si efectivamente el afectado se encontraba en dicho centro o en
otro, si había sido liberado o condenado, o, en fin, si se encontraba vivo o muerto.
Esta situación -el incomunicado era un virtual desaparecido, no sólo sustraído
del contacto con sus familiares y cercanos, sino también impedido de relacio-
narse con un abogado- excede las facultades de un régimen normal de incomu-
nicación, aun en el contexto de un Estado o tiempo de guerra. De hecho los
236
CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
familiares, no rara vez, sólo tuvieron noticias de los detenidos al momento de
ser liberados, o bien cuando aparecían en algún recinto de Gendarmería de Chile,
a la espera de un posible consejo de guerra, y entonces podían o no recibir
visitas, según fuera el parecer de las autoridades. Los detenidos de este período
que acudieron a esta Comisión coinciden en indicar la sensación de extrema
incertidumbre que los embargaba respecto a su destino final. Al respecto, basta
con señalar la abundancia de relatos de detenidos forzados a presenciar la eje-
cución de compañeros de prisión, reales o simuladas; y a ver u oír las torturas
padecidas por otros. Un elevado número de concurrentes ante esta Comisión
señaló haber sido sometido a simulacros de fusilamiento.
Sin perjuicio de todo lo anterior, los testimonios reservan los hechos más graves
de tortura para el momento del interrogatorio, el cual solía realizarse en un
lugar distinto del sitio en donde se mantenía a los detenidos, ya fuere dentro
del perímetro del recinto de reclusión o en sus inmediaciones. En Santiago, por
ejemplo, las personas confinadas en el Estadio Nacional fueron mantenidas en
las escotillas, los camarines y los baños, pero los interrogatorios se realizaron
en el velódromo del mismo estadio, o en las casetas destinadas a la prensa. En la
provincia de San Antonio, los detenidos fueron llevados al Campo de Prisioneros
de Tejas Verdes y los interrogatorios se efectuaban en el casino subterráneo de
la Escuela de Ingenieros del mismo lugar. Generalmente, en provincias, los
detenidos fueron mantenidos en cárceles y en otros recintos de Gendarmería; a
la hora de interrogarlos, se les llevaba al lugar donde funcionaban las Fiscalías
Militares, sitios tales como regimientos o intendencias provinciales.
Los relatos presentados sobre torturas refieren que los interrogatorios
comenzaban con preguntas sobre armas, la posible preparación militar o
paramilitar del detenido, así como los pormenores del supuesto Plan Z, seguidas
de otras más específicas, como la actividad desarrollada por el detenido, militancia
política, e interrogantes derivadas de las propias respuestas. Numerosos
testimonios indican que las preguntas se inscribían en afirmaciones o acusaciones
de ser marxista, activista, socialista o comunista, como si la condición de tal
fuese un delito que debía confesarse. Estas acusaciones se entremezclaban con
insultos y golpes, mientras el interrogado se encontraba amarrado, habitualmente
a una silla, no rara vez con la vista vendada o con una capucha en la cabeza. Esta
Comisión registró casos que indican que los golpes, las preguntas, las acusaciones
y los insultos se sucedían unos a otros sin dar tiempo de contestar al detenido.
Entre los métodos de tortura registrados durante los interrogatorios en este
período, el más utilizado, después de los golpes, fue la aplicación de electrici-
dad, a la que podían sumarse, por ejemplo, las amenazas, la asfixia (submarino
húmedo, submarino seco y otros) y diversas lesiones corporales causadas delibe-
radamente al detenido, entre las cuales sobresalían las quemaduras. Con refe-
rencia a estos meses inaugurales de la represión política, más masiva que en
237
INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
cualquier otro período, esta Comisión también recabó testimonios sobre otras
técnicas de tortura -como la violación a mujeres y a hombres- que se definen en
el capítulo sobre Métodos de Tortura del Informe.
Los equipos de interrogadores, se formaron con integrantes de todas las ramas
de las Fuerzas Armadas y de Orden. También hubo colaboración de la Policía
de Investigaciones, sin perjuicio de que dicho organismo policial, además,
mantuvo detenidos y practicó interrogatorios en sus propios recintos, sobre
todo en las zonas urbanas. Lo habitual era que mientras uno de los agentes
preguntaba, otros torturaban y tomaban nota de las respuestas del detenido.
No era raro que un detenido fuera sometido a más de un interrogatorio; las
torturas podían darse con la excusa de inquirir respuestas o como simple medida
de escarmiento. Se acostumbraba regresar a la víctima a su lugar de detención,
para que quedaran a la vista de sus compañeros las secuelas físicas de la reciente
tortura, con el consiguiente efecto amedrentador sobre el resto de los
prisioneros. A todo lo anterior se sumaban las insuficientes condiciones de
higiene y alimentación en los recintos, que dificultaban la recuperación física
del detenido. Aun cuando escapa al mandato de la Comisión, cabe consignar
que algunos detenidos, después de ser llevados fuera de los recintos de prisio-
neros, pasaron a engrosar las listas de detenidos desaparecidos al perderse el
rastro de su paradero; los cadáveres de otros fueron arrojados en la vía pública
o entregados a sus familiares directos.
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CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
De las personas que acudieron ante esta Comisión, y que permanecieron privadas
de libertad durante este período, el 3.571 permanecieron en un solo recinto de
detención, 5.314 pasaron por dos recintos, y 9.437, por tres o más.
El 42,7% de los detenidos de esta época en conocimiento de esta Comisión,
fueron arrestados por Carabineros, lo que equivale a 11.397 personas. Por regla
general, a los detenidos no se les daba a conocer su traslado ni el lugar donde
serían llevados, tampoco se informaba a sus familiares. Al salir del recinto de
detención, al ser transportados y al ingresar al nuevo destino de reclusión, se
repetían los maltratos. Se les sometía al mismo régimen punitivo y debían
enfrentar ocasionalmente nuevos interrogatorios y, en otras oportunidades, la
instancia culminante de un consejo de guerra que, no rara vez, recién consideraba
su caso tras meses de reclusión. Especialmente, en los recintos importantes y
en aquellos con algún tipo de registro de detenidos, la liberación debía ser pre-
cedida por la firma de un documento -una declaración jurada, una notificación,
un certificado, o un "documento de situación"- en que la persona se comprometía
a no participar en actividad política alguna, y a informar cualquier cambio de
domicilio o lugar de trabajo. Conste que ocasionalmente se obligaba a declarar
que se había recibido un buen trato durante la "prisión preventiva". En muchos
de estos documentos, sobre todo en los certificados de detenidos que entregó
el Ejército y después la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos ( SENDET),
se indicaba que la persona quedaba en "Libertad Condicional", pudiendo ser
requerida nuevamente por las autoridades en cualquier momento. Desde el punto
de vista jurídico, cabe precisar quela libertad condicional es un beneficio
carcelario que se otorga a quien, habiendo sido condenado, ha tenido buena
conducta en el recinto penitenciario. De la mayoría de los concurrentes ante
esta Comisión, los menos fueron sometidos a juicio. También sucedió,
particularmente en provincias, que las personas liberadas sin mediar juicio alguno
quedaban sujetas a control de firma ante la autoridad militar, policial o de
Gendarmería. Sobre todo en localidades apartadas, la mayoría de las cuales
estaban a cargo de Carabineros, a los detenidos puestos en libertad se les indicaba
verbalmente que no podían salir del pueblo o abandonar sus domicilios sin previa
autorización.
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INFORME • COMISIÓN NACIONAL SOBRE PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA
SEGUNDO PERÍODO
Enero de 1974 - agosto de 1977
Del total de testimonios validados ante esta Comisión, 5.266, que equivalen a 19,3%,
se refieren a prisioneros políticos detenidos entre enero de 1974 y agosto de 1977.
En este período, o durante parte del mismo, perduraron características de la etapa
precedente, a la vez que comenzaron a decantarse nuevas modalidades de detención
y tortura. No obstante, cabe insistir, el tránsito de una fase a otra fue paulatino,
hasta consumarse en junio de 1974, cuando la DINA recibió reconocimiento legal
pleno y presupuesto propio. A pesar de ello, los campamentos de detenidos,
característicos del primer período, se mantuvieron en funcionamiento incluso hasta
1976. En cualquier caso, éste fue un tiempo marcado por la acción represiva de la
DINA. Desde que terminó la fase de arrestos masivos, las detenciones de carácter
político fueron practicadas de preferencia por este organismo y del total de
detenciones calificadas en el período, 2.892 corresponden a personas que señalan
haber permanecido en al menos un recinto de la DINA . Otros agentes militares y
policiales disminuyeron ostensiblemente su participación en la represión, si bien
siguieron colaborando con esta entidad y luego, también, con el Comando Con-
junto, una asociación colaborativa formada por miembros de las diferentes remas
de las Fuerzas Armadas y Carabineros. La segunda línea de la represión pone a
disposición de los agentes de los servicios más activos a detenidos y sospechosos.
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CAPÍTULO IV • PRISIÓN POLÍTICA Y TORTURA, PERÍODO A PERÍODO
Ahora el objetivo prioritario son los cuadros directivos del MIR y de los partidos
Comunista y Socialista, a fin de impedir la rearticulación clandestina de redes
opositoras a la dictadura.
A diferencia del primer período, en que las detenciones habitualmente ostentaban
un carácter masivo, ahora adquieren un modus operandi selectivo. La mayoría de
los relatos sobre esta etapa dan cuenta de detenciones individuales, realizadas en
los domicilios, en los lugares de trabajo, en la vía pública. Los agentes represivos
irrumpían en el entorno de la vida cotidiana, preguntando por quien buscaban;
conocían su ocupación, su rutina habitual, los lugares que frecuentaba, los nombres
de sus familiares y amigos, su militancia política. En otros casos, las detenciones
se realizaron mediante redadas en lugares de reunión, en donde se juntaban
militantes y simpatizantes de los partidos y movimientos de izquierda declarados
ilegales por las autoridades. Esta Comisión también recibió testimonios de
personas con compromisos militantes, detenidas en conjunto con familiares -
parejas, hijos, padres o madres-, haciéndose abstracción de si éstos estaban o no
involucrados en organizaciones políticas. Muchas de las personas detenidas en el
período anterior y posteriormente liberadas, fueron detenidas nuevamente en
esta etapa más selectiva.
En este período, las detenciones corrieron por cuenta de agentes de civil, que no
se identificaban o, cuando mucho, indicaban verbalmente su pertenencia a alguno
de los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas o de Orden, o bien, que
eran parte de la DINA. Las detenciones eran decididas por los mismos organismos,
sin una orden de autoridad ni de tribunal alguno, y, en muchos casos, no se
reconocían las detenciones ni siquiera ante el requerimiento de los tribunales. En
ocasiones, éstas eran admitidas con posterioridad, como consecuencia de la
presentación de un recurso de amparo, a propósito del cual el Ministerio del
Interior validaba a posteriori el arresto, dictando un decreto en virtud de las
atribuciones que otorgaban los estados de excepción constitucional. De todas
formas, tal como se ha señalado, los tribunales solían rechazar los amparos, sea
sobre la base de la información proveniente de los organismos de seguridad o del
Ministerio del Interior que negaba la detención, o fundándose en los decretos
que la reconocían y le daban apariencia de legalidad.
A diferencia de la etapa previa, no se trasladaba a los detenidos en vehículos
militares o policiales. Al comienzo se emplearon camiones tipo frigorífico, con la
sección de carga, completamente cerrada, destinada a los detenidos; más tarde se
utilizaron camionetas Chevrolet C-10 con la parte posterior cubierta por una
lona, o vehículos requisados con antelación a otros prisioneros. En general, los
vehículos carecían de patente o portaban imitaciones de matrículas extranjeras.
Las detenciones se practicaban sin exhibir ante los detenidos ninguna orden de
detención. Ocasionalmente se les enseñó una orden en blanco que se llenaba al
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