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Cuaresma

La Cuaresma es un tiempo de ayuno y oración que busca llenar el corazón de la presencia de Dios y promover una transformación espiritual. Se invita a los fieles a practicar el ayuno de actitudes negativas y a acercarse a Dios a través de la oración y la caridad, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto. El Papa Francisco exhorta a no cansarse de hacer el bien, enfatizando la importancia de la renovación personal y comunitaria durante este periodo.

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Cuaresma

La Cuaresma es un tiempo de ayuno y oración que busca llenar el corazón de la presencia de Dios y promover una transformación espiritual. Se invita a los fieles a practicar el ayuno de actitudes negativas y a acercarse a Dios a través de la oración y la caridad, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto. El Papa Francisco exhorta a no cansarse de hacer el bien, enfatizando la importancia de la renovación personal y comunitaria durante este periodo.

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Cuaresma, Ayuno ¿De qué?

El ayuno y la oración tienen como objeto llenarlo de la


presencia de Dios.

"Ayunen los ojos de toda mirada curiosa...


Ayunen los oídos, no atendiendo a las palabras vanas y a
cuanto no sea necesario para la salud del alma...
Ayune la lengua de la difamación y la murmuración, de las
palabras vanas, inútiles...

Ayune la mano de estar ociosa y de todas las obras que no


sean mandadas.

Pero ayune mucho más el alma misma de los vicios y


pecados, y de imponer la propia voluntad y juicio. Pues, sin
este ayuno, todos los demás son reprobados por Dios." (SAN
BERNARDO).

Cuaresma, cuarenta días para qué, cuarenta días de qué, tal


vez hoy nos podríamos preguntar, ¿Qué es para mi la
cuaresma, qué beneficio real trae para mi vida, realmente
ejerce ese cambio, la auténtica transformación que mi vida, lo
que mi alma necesita hacer para dirigirse a Dios?. Cuarenta
días de un camino de intensa preparación espiritual.
Queremos volvernos a Dios, queremos acercarnos a la fuente
que llene nuestro corazón de paz y esperanza. Dios en su
infinita sabiduría a través de la Iglesia nos ofrece unas
prácticas sencillas pero eficaces: orar, ayudar y dar limosna.
En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de
ayuno y oración que el Señor vivió en el desierto antes de
emprender su misión pública, antes de hacer visible su
entrega hasta dar su vida por los hombres. Leemos en el
Evangelio: «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para
ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno
durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió
hambre» (Mt! 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las
Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar
al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y
ayunando se preparó para realizar su misión.

¿Qué valor y qué sentido tiene privarnos de algo que


creemos que está bien y no es así?

Es una gran ayuda para evitar el pecado.


Es un medio para recuperar la amistad con Dios.
Está presente desde el Génesis en toda la historia de la
salvación. «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas
del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque
el día que comieres de él, morirás sin remedio» (Gn 2, 16-17).

El verdadero ayuno consiste en cumplir la voluntad del Padre


celestial, que «ve en lo secreto y te recompensará» (Mt 6,18).
No tener la actitud de los fariseos que observaban
escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero
su corazón estaba lejos de Dios.

El ayuno y la oración tienen como objetivo vaciar nuestro


corazón para llenarlo de algo más valioso, de la presencia de
Dios y así adquirir la generosidad para entregar algo de
nosotros mismos a nuestros hermanos los hombres, para
llevar en nuestra vida, palabras y gestos de bien y de amor, y
así ser verdaderos reflejos de Dios en un mundo que busca
excluirlo, por eso vivamos esta cuaresma, con la intensión de
hacer un verdadero ayuno, una sentida oración y un buscar
dar algo a los demás.

 Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo que vive en


ellos.
 Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
 Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
 Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
 Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
 Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
 Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla
que es la vida.
 Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una
oración que no cesa.
 Ayuna de amargura; llénate de perdón.
 Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de
compasión por los demás.
 Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la
propagación del Reino, "porque no se trata de religión
sino de amor y compartir la paz verdadera."
 Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
 Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las
verdades que fundamentan la santidad.

"porque el centrarnos en lo material nos quita la paz y el salir


del yo para compartir con los demás simplemente nos llena"

Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo


que a él te acerque.

Deshazte de eso que sabes que está mal pero lo sigues


haciendo, hazlo con fé agárrate de Nuestro señor Jesucristo
cada vez que sientas que caerás y pide ayuda si no puedes
solo.
Así llegarás con un nuevo corazón a celebrar el Evento más
grandioso en la historia de la humanidad, la entrega
incondicional de Dios hasta dar su vida por ti y por mi y
vencer la muerte resucitando.

Hagamos de la oración y el ayuno las armas que podrán


vencer el pecado, los vicios y todo lo que nos separa de
nuestro padre, e imploremos a Dios por la paz en el mundo, el
fin de la guerra en Ucrania y en las otras naciones que viven
la tragedia de la violencia armada
Mensaje del Papa para la Cuaresma: “No nos cansemos de

hacer el bien”

Francisco exhorta a meditar asiduamente la Palabra de Dios,


para fortalecer la vida cristiana como “colaboradores de Dios”
haciendo el bien con la oración, el ayuno y la caridad.
«No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no
desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo.
Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos
el bien a todos» (Ga 6,9-10a), es la cita bíblica del apóstol
Pablo que medita el Papa Francisco en su mensaje para el
tiempo litúrgico de la Cuaresma de este año.
El Santo Padre inicia su mensaje recordando que “la
Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal
y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo
muerto y resucitado”.

Siembra y Cosecha
“¿Qué es para nosotros este tiempo favorable?”, se pregunta
el Papa en la meditación. Respondiendo luego que
“ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero
también lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la
Cuaresma es de alguna manera una imagen”.

Lamenta el Pontífice que “con demasiada frecuencia


prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo
de tener, y de consumir, como muestra la parábola evangélica
del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y
feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus
graneros (cf. Lc 12,16-21)”.
Por ello invita a escuchar asiduamente la Palabra de Dios,
para responder al don de Dios de ser sus colaboradores
obrando el bien.

«No nos cansemos de hacer el bien»

En el segundo apartado del mensaje para la Cuaresma 2022,


el Papa exhorta a que “no nos cansemos de hacer el bien”
(Ga 6,9), de manera especial a través de la práctica cristianas
de la oración, el ayuno y la caridad.

“No nos cansemos de orar. Jesús nos ha enseñado que es


necesario «orar siempre sin desanimarse» (Lc 18,1).
Necesitamos orar porque necesitamos a Dios. Pensar que nos
bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa”, afirma
el Papa.
También invita al “ayuno corporal que la Iglesia nos pide en
Cuaresma”, para que “fortalezca nuestro espíritu para la lucha
contra el pecado”.

Exhortando luego a recibir la gracia del perdón “en el sacramento


de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se
cansa de perdonar”.

Y pide “hacer el bien en la caridad activa hacia el prójimo”,


durante la Cuaresma dando con alegría (cf. 2 Co 9,7).

«Si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos»


Al utilizar la imagen del sembrado en la cita bíblica de san
Pablo (Ga 6,9-10a), invita el Papa a pedir “a Dios la paciente
constancia del agricultor (cf. St 5,7) para no desistir en hacer
el bien, un paso tras otro. Quien caiga tienda la mano al
Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien se encuentre
perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no
tarde en volver a Él, que es rico en perdón”.

Concluye resumiendo Francisco: “el ayuno prepara el terreno, la


oración riega, la caridad fecunda”.

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