Paisaje Ambiental Urbano y su Evolución
Paisaje Ambiental Urbano y su Evolución
“El Paisaje Urbano dentro del campo de conocimiento ambiental, es la expresión física
de la interacción entre la producción de una cultura urbana y su soporte físico,
interpretada por el habitante participe, quien le otorga los valores que según sus
experiencias de vida y su cultura lo permiten”……“El Paisaje Ambiental es un
compendio de valores naturales, sociales, culturales, tangibles e intangibles, existentes
en un lugar y en un momento determinado que influyen en la ida material y psicológica
del hombre” (Di Marco, 2004)
Estructura Ambiental
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Públicas estatal. En ambos casos, puede afirmarse que el paisaje fue utilizado y
modificado. Encontramos, por otra parte, dos formas de adaptación. La adaptación
puede relacionarse con el uso de la tierra por el hombre con vistas al crecimiento de
cosechas, aumento de existencias y suministro de recursos, o adoptar la forma de
“marcas” realizadas en la tierra como expresión de impulsos filosóficos y artísticos, de
necesidades anímicas. En el segundo tipo, y como ejemplo representativo, tenemos los
grandes jardines del mundo, como el de Villa Lante, obra del siglo XV y fruto del
Renacimiento Italiano. A todo lo largo de la historia de la civilización hay pruebas
evidentes de estos dos tipos de adaptación.
El grado en que alteramos la faz de la tierra y la velocidad con que ello se
realiza aumenta proporcionalmente con el desarrollo tecnológico. Los antiguos
cartuchos de dinamita y las modernas máquinas excavadoras tienen básicamente un
mismo uso, pero su capacidad es muy distinta. Estas dos herramientas pueden asociarse
con dos relaciones esenciales del hombre y la naturaleza, la relación yo-tú y la relación
yo-ello, definidas por E.D. Gutkind. La relación yo-tú representa la mutua adaptación
entre el hombre y la naturaleza, mientras que yo-ello refleja la desavenencia.
Durante el período que se conoce con el nombre de la civilización Gutkind se
registra tres fases en el cambio de actitud del hombre respecto a su entorno. La primera
fase, que se mantiene dentro de la tradición del yo-tú, se caracteriza por el temor, temor
a las fuerzas ocultas de la naturaleza, junto con el deseo de seguridad. Este es el modelo
mas generalizado en las sociedades primitivas, que formaban grupos autosuficientes
con la casa y la agricultura, donde el individuo reconocía la necesidad de otros
individuos para cooperar en su supervivencia. La relación de estas sociedades primitivas
con el paisaje en que trabajan y viven es muy directa, y la que mantienen las personas
con el mundo exterior está inspirada por el simbolismo. Remitiéndose a las formas
físicas, Gutkind contempla la interdependencia orgánica de los pueblos y campos
primitivos y de la disposición de asentamientos tribales como una manifestación de esta
fase.
En la segunda fase se observa un aumento de la confianza en sí mismo
conducente a una adaptación más racional del entorno, con vistas a distintas exigencias.
Sin embargo, el hombre acepta el reto de la naturaleza a modo de disciplina y, por tanto,
se conserva la relación yo-tú. En esta fase las gentes operan con la naturaleza sobre la
base de captar sus procesos y conocer las limitaciones que el hombre sufre a la hora de
manipularlas. Al paisaje se le mira como un medio y se sabe que la continuidad que la
producción cosechera anual depende de la fertilización y del buen gobierno de los
campos. Exteriorizaciones físicas de esta fase son los bacanales y campos de arroz de
China y Oriente, la regulación de ríos para el riego de cultivos en las antiguas
civilizaciones del Oriente Medio y las pirámides y templos de Egipto. Responden a ese
mismo tipo los pueblos medievales con su iglesia, su castillo y una tortuosa trama viaria
que se traba íntimamente a las características fisiográficas del lugar.
La tercera fase ha desembocado en nuestra situación actual y en ella se
encuentran las sociedades tecnológicamente avanzadas; se trata de una fase de agresión
y conquista. La adecuación al entorno, característica de la segunda fase, se ha sustituido
por la explotación y consumo de los recursos naturales. La relación yo-ello podía
simbolizarse por la expansión urbana de nuestros días, orientada por el automóvil, con
un hinterland que ofrece bosques de árboles talados, explotaciones mineras agotadas y
ríos contaminados. Argumenta Gurtkind que tal es el resultado de una
despersonalización de la naturaleza a través de la especialización científica que, desde el
siglo diecinueve, hizo languidecer el conocimiento del vínculo entre el hombre y la
naturaleza en toda su integridad.
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Gutkind declara que la cuarta fase se proyecta en el futuro y la describe como una
época de responsabilidad y unidad, la actitud yo-ello se convierte en una renovada
comprensión y percepción del funcionamiento de la naturaleza, cuyo fruto es una
conciencia social y una adaptación sensible a las condiciones ambientales. Estas nuevas
actitudes dependen d la ciencia de la ecología, y existen indicios ya de esta naciente
cuarta fase. El proyecto que la Tennessee Valley Authority ejecutó en 1930 y, más
recientemente, los estudios de planificación para las cuencas del Delaware y Potomac
significan las implicaciones de los vínculos ecológicos y del ciclo hidrológico en la
planificación y utilización del suelo. La labor que desarrollan la Association of Bay
Area Goverments y la Bay Conservation and Development Comission de California es
un síntoma de que tales actitudes, aunque lentamente, van ganando adeptos en todo el
mundo. La declaración u opinión de Gutkind es similar a la esperanza que alberga
Kenneth Boulding Boulding apunta el hecho de que nos hallamos en un proceso de
gran transición, fruto de los cambios que se producen en la ciencia y en la técnica, en la
maquinaria física de la sociedad y en el uso de la energía. El tema lo centra en que si
podemos eludir la trampa de la entropía, el derroche en el consumo energético y la
acechanza de la guerra, medidas que parecen de ardua puesta en práctica, y si podemos
aprender a servirnos para el bien y no para el mal, del enorme potencial que guarda esta
gran transición, entonces cabe la posibilidad de que alcancemos la cuarta fase de
Gutkind. Aunque todo ello parece difícil, se trata de una opción abierta, y una de las
obligaciones de las profesiones del ambiente, incluyendo la arquitectura paisajista, es
demostrar y defender esta alternativa frente a los clientes y al público, de todas las
formas posibles y en todo momento, pues estamos ante la única alternativa de
supervivencia.
Por consiguiente, y según dicen los optimistas, es evidente que estamos
abandonando (o, como mínimo, podemos abandonar) un criterio de prioridades brutal,
insensible e ignorante y nos encaminamos hacia una nueva era de ilustración, en la que
la remodelación del entorno se contempla como un medio, en términos de suelo y
paisaje, para que en primer lugar, se planifique y diseñe según los fundamentos de las
ciencias naturales y la ecología, y en segundo, para satisfacer las necesidades básicas de
las personas, a fin de alcanzar una salud mental y física que responda a los principios de
las ciencias sociales y del comportamiento.
Así, dentro de una teoría de la arquitectura paisajista que se ajuste a este nuevo
planteamiento, conviene que comprendamos los procesos naturales que componen y han
estructurado el paisaje, y los procesos sociales que representan o resultan, de la
utilización del paisaje o del entorno, así como de la forma en que eso de percibe. Un
paso más, y vemos la necesidad de una metodología para el análisis, la evaluación, la
síntesis y la resolución del problema. Y, por último, se requiere una técnica que perfile
la solución, para que esta pueda llevarse a la práctica. La técnica de la planificación
conlleva procedimientos políticos y económicos; el diseño conlleva cultivo y
construcción.
La arquitectura paisajista, además debe apoyarse en un conjunto de valores cuya
adquisición sea la parte más difícil de este planteamiento.
Las ciencias naturales y sociales, la metodología y la tecnología se pueden
aprender; estos valores, en cambio, deben vivirse y asumirse. Es preciso desarrollar una
serie de prioridades y refrendar una ética del suelo, ambos en relación con nuestra firme
creencia en la “alternativa de supervivencia” de la que es impensable sacra provecho, a
corto plazo, a expensas de una regeneración y conservación de los recursos concebidos
a largo plazo. El impacto ambiental se ha de examinar en un contexto regional. La
cantidad se equiparará a la calidad. Es imprescindible que aprendamos a dictaminar
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conforme a lo que se considera mejor para el bien común y el futuro de la humanidad.
El profesional debe exponer tales criterios al banquero que invierte a los jefes de
departamento estatales y a todos aquellos que tienen poder de decisión; tal exposición
debe realizarse aun en aquellos casos en que las recomendaciones no respondan a los
programas del interlocutor.
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PATRONES AMBIENTALES CULTURALES
ETAPA PREHISPANICA
ETAPA HISPANICA
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El modelo bidimensional se implanta sin considerar los condicionantes de sitio y
situación, tales como topografía, suelo, clima, cursos de agua etc., contemplando solo la
localización de la plaza central con edificios religiosos y públicos, y viviendas de las
familias calificadas en su perímetro y la disposición de cuatro solares por manzana.
Por transferencia de la ciudad española y de las culturas mediterráneas en general, surge
como ciudad seca, ya que el verde solo se circunscribía a los patios domésticos y
quintas de manzanas de los alrededores. La plaza funciona como lugar de concentración
de tropas y de intercambio comercial (Plaza de Armas y de carretas), reservándose lo
social a las tertulias y encuentros de la vida familiar. Estaba concebida como un módulo
de la cuadrícula sin ocupar, más dos anchos de calles, apenas limitada por algunos
edificios bajos, es decir se delinea como un simple vacío urbano sin tratamiento alguno.
Por división de los solares, los edificios se yuxtaponen hasta conformar la calle o
espacio canal, demasiado ancho, de poca altura, y de características bidimensionales que
prevé el paso de peatones y vehículos de tracción a sangre. A través de ellos, las
visuales se proyectan hasta el paisaje natural. En esta etapa se fijan los elementos
estructurantes del Paisaje Urbano, vigentes y resistentes a toda posibilidad de cambio,
ellos son: cuadricula regular, canales bidimensionales, visuales prolongadas, centralidad
de la plaza, localización de edificios religiosos y públicos principales alrededor de ella
con clara lectura de concentración volumétrica.
Lo que singulariza la traza de las ciudades piemontanas como San Fernando del Valle
de Catamarca, respecto a otras ciudades, es la implantación de la cuadricula sobre el
plano inclinado de los conos de deyección del valle, determinante de situaciones
paisajistas particulares: mayor espectro de visuales hacia el paisaje exterior, lectura de
la morfología del conjunto urbano desde los miradores, clara identificación del sitio
noción del lugar sentido de apropiación e identidad del hecho urbano.
Los cerros que conforman el valle son los contenedores del paisaje y constituyen, la
referencia permanente determinando que San Fernando sea una ciudad de fachadas
naturales. Si bien la ciudad se encuentra sobre un plano inclinado de dirección NO-SE,
la cuadricula se dispuso en forma no coincidente, lo que produce actualmente problemas
en las redes de los servicios de infraestructura, habiendo prevalecido el parámetro de la
orientación sobre la topografía.
Las ciudades del noroeste argentino estuvieron ligadas entre si por razones económicas,
políticas y espaciales – geográficas y en su conjunto, al espacio geopolítico de
dominación española, el Océano Pacifico y las costas de las actuales repúblicas de
Chile, Perú, Ecuador, México y Estados Unidos. La arquitectura pública y doméstica
fue sencilla y austera, despojada de ornamentación y detalles relevantes. Como
testimonio de ello, quedaron en la zona de Las Chacras (Catamarca) un conjunto de
capillas: Oratorio de los Acuña, Iglesia de la Merced, Iglesia del Rosario, Capilla del
Señor de los Milagros, Capilla de Santa Bárbara, Iglesia de San José.
Por lo general se utilizaba para su construcción tecnología sencilla de gruesos muros de
adobe y cubiertas de madera y teja o paja.
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CIUDAD LIBERAL (1860 – 1920 )
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La tensión entre estos polos con el centro histórico, determinó la apropiación urbana de
vías de vinculación, dando lugar a las denominadas “sendas urbanas”.
Igualmente se modificó la toponimia de calles y espacios públicos, así las calles reales
se denominaron por lo general calle República y la antigua Plaza de Armas incorpora
nombres vinculados a las personas o eventos emancipadores: Plaza General San Martín,
Plaza 25 de mayo o Plaza 9 de Julio etc.
Al mencionado proceso de urbanización, acompañó un proceso de “arquitecturización”
de las ciudades. Con la contratación de profesionales capacitados se proyectaron y
ejecutaron obras de arquitectura de gran envergadura y calidad, que dieron forma e
imagen a las mismas. Se caracteriza este período por su ruptura con el estilo
arquitectónico heredado de la ciudad Hispánica. Acorde a las corrientes europeizantes,
se incorporan nuevas tipologías edilicias y la modalidad o imagen arquitectónica
dominante es la suma de estilos en un marco netamente académico y de carácter
monumental. Se construyen en este periodo numerosas escuelas, hospitales, bibliotecas,
casas de gobierno, palacios de tribunales, legislativos etc.
En lo referente a la Arquitectura doméstica, las viviendas adoptaron también las
tipologías y lenguaje de la arquitectura académica, así las austeras casas de la Colonia
remodelaron sus frentes acordes al nuevo estilo.
La calle toma especial importancia, a mayor densidad las casas se adosan por simple
yuxtaposición consolidando el espacio canal. Las molduras, rejas y balcones,
balaustradas, puertas, llamadores, vidrios etc. conforman una textura especial, continua
y armónica. El juego de luz y sombra que estos elementos arrojan sobre el plano de
fachada, se contrapone a la austeridad del período anterior. La calidad arquitectónica es
relevante, se mejora la mano de obra y resaltan los detalles en la arquitectura pública y
doméstica.
La suma de edificios en la primera y la coherencia en la segunda, conforman ciudades
arquitectónicamente armónicas y bien trazadas, con una fuerte identidad cultural que ha
transferido su espíritu a nuestros días.
En lo referente al Paisaje Urbano, el cambio fundamental se manifiesta en la
incorporación del verde (vegetación) en las calles y espacios públicos, en
contraposición al modelo español de ciudad de espacios urbanos secos, modificándose
de este modo la tipología de plaza armas en paseo público o espacio verde, que perdura
en el presente. En sus diseños se consideraron las variables compositivas del estilo
mixto, incorporándose diagonales, círculos o formas orgánicas. Estos diseños debían
reflejar o reverenciar otra naturaleza, extraña e idílica proveniente del imaginario de los
países centrales europeos. Asimismo en ellas se incorpora infraestructura y
equipamiento, tal como farolas para el alumbrado público, generalmente a kerosén, se
construyen quioscos, bancos, fuentes, pérgolas etc.
En síntesis se produjeron importantes cambios en el paisaje urbano y en consecuencia
en la Imagen Pública de las ciudades, reflejando la coherencia entre el marco filosófico
y las expresiones físicas urbanos territoriales.
En este período las ciudades incorporan una nueva tipología urbano –arquitectónica: “el
barrio de viviendas masivas” o vivienda social, comúnmente llamadas casas baratas.
Esto como consecuencia de los programas de dotación de viviendas para los sectores de
menores recursos. Estos asentamientos residenciales se localizaron en las adyacencias
de las mismas. La traza urbana que se adopta es el damero con las variables
incorporadas del modelo de Ciudad Jardín Inglesa o Norteamericana del siglo XIX.
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Las características fundamentales de estas innovaciones fueron:
-Variables en la figura del damero cuadrado por formas rectangulares, o irregulares
según la influencia de la topografía.
-Separación de las medianeras incorporando la tridimensionalidad del objeto
arquitectónico.
-Incorporación a la calle pública el verde doméstico a través del jardín privado.
-Baja densidad edilicia por amplitud de las parcelas y dispersión del volumen de
edificación (casa rodeadas de verde).
-La vivienda tradicional, casa patio, luego casa chorizo y finalmente casa vestíbulo, es
reemplazada por el “chalet”, con techos de tejas a dos o más aguas, eliminando el
espacio verde central para transferirlo a la periferia del volumen edificado.
-Ocupación atípica del damero por edificios públicos, ubicados en el centro de la
manzana liberando el perímetro, tratado como espacio verde, desplazando de esta
manera el tradicional patio o claustro.
No obstante estas intervenciones, al menos en las ciudades del NOA, no logran alterar la
morfología general del paisaje urbano que se caracteriza por una textura urbana chata y
homogénea de la cual emergen majestuosos los volúmenes, torres y espadañas de las
iglesias, conventos, seminario y capillas, constituyendo las principales referencias del
conjunto.
La arquitectura en la ciudad se expresa a través de los estilos clásicos depurados de
ornamentación, el neo-colonial originado en el movimiento de Restauración
Nacionalista, el estilo Art Decó y los inicios del movimiento moderno.
En los espacios públicos se intensifican los cuidados y mejoras y se incrementa su
número a través de la creación de nuevas plazas y plazoletas. Esto implica la
consolidación del modelo espacio público- espacio verde.
Corresponde a este período, la implementación de la ordenanza de retranqueo o
ensanche de veredas y los diseños del clásico bulevar con platabanda central.
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edificios en altura en los entornos de las plazas principales, en detrimento de la calidad
paisajística del modelo consolidado en el siglo XIX. Se dificulta la lectura de las torres
de iglesias y se interfieren importantes visuales desde el centro de la ciudad hacia las
expresiones del paisaje circundante.
El concepto de modernidad se aplicó también en vías principales con el intento de
ensanche de calles y remodelación de los Bulevares transformados en avenidas, con la
pérdida de los valores paisajísticos de los proyectos originales.
A partir de las confusas transferencias de los postulados CIAM, las ciudades sufren una
deteriorante renovación urbana que en términos generales se traduce en:
-Ruptura del tejido urbano por la ordenanza de retiros.
-Ruptura del espacio canal (calle) por la misma causa.
-Uso acontextual de la tercera dimensión arquitectónica con franco espíritu de ruptura
del sitio histórico.
-Uso indiscriminado de la propaganda comercial propiciando el caos visual.
-Ruptura de la trama verde consolidada en el casco histórico (Ej.: ejemplares de naranjo
en veredas angostas y eucaliptus en bulevares)
-Incorporación indiscriminada de especies arbóreas sin una planificación paisajística
integral que reconstruya el paradigma: paraísos, olmos, moras híbridas, gomeros,
brachos etc.
-Poda inadecuada de estos ejemplares.
La suma de estos factores determinan en la ciudad un nuevo fenómeno generalizado: el
deterioro ambiental.
Los espacios públicos tradicionales no quedan al margen de las nuevas intervenciones,
perdiéndose gran parte de los diseños históricos.
La década del 60 manifiesta un incipiente proceso de perforación del damero con calles
peatonales comerciales (Galerías) se acentúa en la década del 80, y se proyecta como
una modalidad viable y razonable del uso del espacio urbano y de la concentración de
actividades que consolidan la vigencia de la calle como componente estructurante del
espacio urbano.
A principios de la década del 80 las ciudades del NOA incorporan una nueva tipología,
prácticamente inexistente hasta ese período: la fábrica, como consecuencia de la Ley de
radicación Industrial. No obstante ello, no se logra revertir el rol de centros
administrativos por el de ciudades industriales o industrializadas.
En la década del 90, la falta de aplicación de un Plan General para las ciudades que
regule los impulsos que generan la vida urbana, y la aplicación de una política unilateral
respecto al uso indiscriminado del automóvil, ha generado una notable aceleración en el
fenómeno de deterioro del paisaje urbano. Resultando en consecuencia el más dañado el
patrimonio histórico de la ciudad, y particularmente la arquitectura doméstica,
transformada la mayoría de ella, en playas de estacionamiento.
Resulta asimismo notable la falta de una política respecto al arbolado urbano, a fin de
dar una respuesta funcional y estética que controle y revierta la contaminación visual,
ocasionada por la incorporación indiscriminada de especies en las calles de la ciudad.
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LA IMAGEN DE LA CIUDAD Y SUS ELEMENTOS
Sendas: las sendas son los conductos que sigue el observador normalmente,
ocasionalmente o potencialmente. Pueden estar representadas por calles vehiculares o
peatonales, senderos, líneas de tránsito, vías férreas, canales.
Para muchas personas estos son los elementos preponderantes en su imagen. La gente
va observando la ciudad a medida que las transita, permiten ir visualizando, conociendo.
Tienen una capacidad organizadora, estructuradora, comprensible, legible, aprensible.
A través de las sendas se pueden conocer los otros elementos ambientales. El trazado de
la cuadrícula nos da uniformidad en las sendas pero nos habla de un orden que nos
orienta.
En un trazado irregular (ciudad medieval) es más difícil la aprehensión por el carácter
laberíntico del mismo.
El sistema de sendas habituales o potenciales constituye el medio más poderoso para
poder ordenar el sistema urbano.
Por su función: pueden haber distintos tipos de sendas: una calle comercial, una vía
rápida de circulación, una vía lenta de paseo (costanera), una senda de peregrinación a
un lugar religioso.
Por sus formas o diseño: una calle arbolada, un pavimento distinto, una iluminación
especial, un estilo o tratamiento particular en las fachadas o en las formas combinadas
de todas o alguna de ellas.
La repetición de los elementos, árbol, faroles, fachadas, da una sensación de continuidad
y unificación.
Su selección y clasificación permite armar el esqueleto de la imagen de la ciudad. Las
reconocemos por su jerarquía visual y su análoga funciona: Una senda tensionada por
dos puntos de interés tiene mayor fuerza o vigor.
Entre ambos puntos o nodos de tensión pueden suceder situaciones particularizadas que
enriquezcan el ritmo funcional o morfológico: una plaza, un gran árbol, una fuente, etc.
Las redes de subterráneos son sendas o redes de sendas imperceptibles que adquieren
interés cuando se combinan con pasajes al exterior, ejemplo: París. Generalmente son
confusas y desorientan al usuario no habitual.
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Como ejemplos de sendas reconocidas a nivel mundial podemos citar la Rambla de
Barcelona, el Gran Canal de Venecia, la 5ta. Avenida de Nueva York, los Campos
Elíseos de París, La Vía Veneto en Roma, los caminos de peregrinación a Santiago de
Compostela, Carnaby Street en Londres.
En nuestro país, en la ciudad de Buenos Aires, las calles Lavalle, Corrientes, Florida, 9
de Julio, Libertador etc.
En Córdoba La Cañada y la Peatonal.
En la ciudad de Catamarca podemos reconocer como senda comercial la calle Rivadavia
(Senda del Visitante) Avenida Ocampo como senda de peregrinación y recreación,
avenida Moisés Varela como senda de peregrinación, pasaje Vélez Sarfield etc.
Bordes o Barreras: son aquellos elementos lineales que limitan y a veces definen un
barrio, un sector de la ciudad o toda una ciudad. Constituyen referencias laterales y no
ejes coordinados.
Cuando son elementos muy rígidos rompen la estructura urbana. Pueden ser bordes: la
ribera de un río, una playa, vías férreas, un canal, un muro o muralla, desniveles
topográficos, una barranca etc.
Pueden ser vallas más o menos penetrables que separan una región de otra o pueden ser
suturas, líneas según las cuales se relacionan y unen dos regiones. Si bien no son tan
dominantes como las sendas constituyen importantes rasgos organizadores. Pueden
tener cualidades directivas com las sendas. Si el borde es tratado y permite conexiones
deja de ser una barrera y se transforma en una junta constituyendose en una sutura o
línea de intercambio.
Como bordes reconocibles, convertido en junta o sutura, tenemos el río Danubio que
une las ciudades de Buda y Pest. La ciudad de Salvador en el estado de Bahía con su
ciudad baja y su ciudad baja y su ciudad alta. El río Sena en París, el Río Arno en
Florencia, las líneas de playas de Copacabana e Ipanema en Río de Janeiro, las murallas
de las ciudades de Avila y Segovia en España.
En La Cañada en la ciudad de Córdoba es el más claro ejemplo de borde convertido en
junta o sutura.
En nuestra ciudad constituyen bordes el Río del Valle, los arroyos Fariñango y Florida,
el canal de calle mariano Moreno, las antiguas vías del ferrocarril.
Barrios: los barrios o distritos son sectores más o menos extensos con los cuales está
conformada una ciudad. Son identificables desde el interior y también se los usa para la
referencia exterior.
Se los puede reconocer por su uso: residencial, comercial, industrial o por su
morfología: esto es el estilo arquitectónico, materiales predominantes, arbolado urbano,
la topografía, por su estructura social y económica: barrios obreros barios residenciales,
barrios marginales, como también se los puede identificar por la raza o religión de sus
habitantes.
Son estos elementos que definen el carácter de un barrio.También el nombre del barrio
y su tradición contribuye a darle identidad.
Los barrios tiene diversos tipos de límites: unos son rígidos, definidos, precisos (barrios
cerrados o amurallados como las juderías en España, villas miserias, que constituyen
ghetos en la estructura urbana.
Otros límites pueden ser suaves o inciertos como una calle arbolada y también regiones
o barrios que carecen de límites definidos o precisos.
Cuando lo límites son muy rígidos, ya sean físicos o sociales (nivel económico) la
ciudad se transforma en una sumatoria de ghetos
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Esto determina que un barrio sea extravertido o sea comunicado con la ciudad,
integrado a ella o introvertido y cerrado a la vía urbana.
Por lo tanto el límite debe ser penetrable, debe ser una sutura y no una barrera. Un
barrio puede unirse con otro por yuxtaposición, intervisibilidad, una senda, un nodo u
otro barrio pequeño.
La sumatoria de caracteres menores refuerzan el carácter principal del barrio por
ejemplo si hay coincidencia entre el carácter social, el nombre del barrio, el uso y el
tratamiento morfológico general: estilo arquitectónico dominante, arbolado público,
iluminación, pavimentos, equipamiento y mobiliario urbano.
Como barrios tradicionales de fuerte identidad podemos citar Montmartre en París,
barrio Chino en Boston y Londres. En nuestro país en Buenos Aires, San Telmo y La
Boca. En córdoba San Vicente, barrio Talleres, barrio jardín, Cerro de la Rosas etc.
En Catamarca, barrio Parque Chacabuco, Círculo médico, La Tablada, La Viñita, Villa
Cubas.
Mojones o Hitos: los mojones son otro tipo de referencia, en este caso el observador
no entra en ellos, sino que son externos, son de carácter formal.
Por lo común se trata de un objeto físico definido con bastante sencillez, por ejemplo un
edificio, un tanque de agua, una torre, una cúpula, una montaña. Pueden estar dentro de
la ciudad o a una distancia que simbolice una dirección constante.
Influye la escala urbana en la que se sitúa el observador ya que pueden ser elementos
menores como letreros, un árbol y otros detalles urbanos que caben en la imagen de los
observadores.
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Son claves de identidad, de estructuras usadas frecuentemente y se confía en ellos a
medida que el trayecto se hace más familiar
La característica fundamentadle un mojón es su singularidad, su contraste con su
contexto o con su fondo. La prominencia espacial atrae la atención particularmente.
Puede resultar necesario el control del mojón y su contexto, la restricción de los letreros
a superficies especificadas, los límites de altura que se aplican s todos los edificios a
excepción de uno.
El objeto resulta asimismo más notable si posee claridad en la forma general, además
influye si tiene cierta riqueza de detalles o de texturas.
La ciudad de París es un claro ejemplo e estructuración paisajista en base a grandes
sendas ejemplo el Duomo y el Campanile de Florencia y Venecia.
En nuestro país en la ciudad de Buenos Aires tenemos como ejemplo el Obelisco o en
Abad Carlos Pellegrini.
La ciudad de Catamarca estuvo señalizada con mojones significativos de carácter
religioso: Catedral, iglesia de San Francisco, Seminario Conciliar.
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