Y Todos Caen
- Arco Uno: Santa Mónica Muerta
Santa Mónica vibraba con la energía del 15º evento de arte en el muelle, cerca del
bullicioso Pacific Park. Entre la multitud, Jeremy, un niño, acompañaba a su madre,
camarera en un restaurante al final del muelle. Mientras tanto, en el lujoso Hotel
Saint North, una despedida de soltera desencadenaba pasiones y peligros. Eddy, un
stripper disfrazado de policía, encendía la fiesta, sin saber que Brand, un ex militar y
traficante, también estaba allí, proveyendo "mercancía" para la celebración. En la
playa, la reportera Taylor y su camarógrafo documentaban el evento artístico,
ajenos al caos que se avecinaba.
- El Caos Estalla
En el Hotel Saint North, la celebración se convirtió en pesadilla cuando la novia,
mordida e infectada, emergió del baño. Eddy y Brand, huyendo del horror, se
refugiaron en una suite del piso 57. En la playa, el caos era aún más violento. Noel,
un anciano que presenciaba el inicio del apocalipsis, llegó en su coche justo cuando
el compañero de Taylor era infectado. Sin dudarlo, Noel lo eliminó con dos disparos
uno en el pecho y otro en la cabeza, y ambos buscaron refugio en un arcade de
Pacific Park.
Jeremy, testigo del horror, fue mordido tres veces en ambos brazos y en una pierna.
Milagrosamente, el niño resultó inmune. Su madre, sin embargo, se unió a la horda.
La noche siguiente, una tormenta torrencial azotó la ciudad, brindando la
oportunidad perfecta para que Eddy y Brand escaparan del hotel. Usando los
truenos y la oscuridad densa como cobertura, se encontraron con Taylor y Noel en
el arcade. Tras una tensa conversación, el grupo vio cómo la montaña rusa se
encendía, atrayendo a una horda de zombies directo al muelle y directo a ellos.
En la huida desesperada por el muelle, encontraron a Jeremy, quien había
encendido la atracción en busca de ayuda. Brand, impulsado por el miedo, casi le
dispara al niño, pero la horda los obligó a huir hacia el final del muelle. Allí, junto al
restaurante, había una estación de radio. Intentaron comunicarse, pero las líneas
estaban saturadas. Finalmente, captaron una señal débil, la voz de Seung Min, un
estudiante universitario del IMC que trabajaba en el teatro temporal de la playa,
instalado para el evento. Seung Min los había visto correr y prometió ayudarlos.
- Distracción y Escape
Seung Min, consciente del peligro que acechaba al grupo, ideó un plan audaz.
Aprovechando su conocimiento del sistema de luces y sonido del teatro, preparó
una secuencia de luces estroboscópicas y sonidos estridentes. El espectáculo
improvisado atrajo la atención de la horda, desviándose del muelle hacia el teatro.
Bajo el caos y la confusión, el grupo aprovechó la oportunidad para escabullirse del
muelle. Mientras los zombis se congregaban alrededor del teatro, atraídos por el
espectáculo de luces y sonidos, el grupo corrió a través de la playa, guiados por la
voz de Seung Min a través de la radio. Finalmente, llegaron al teatro, donde Seung
Min los esperaba por la ventana trasera del cobertizo. Listo para brindarles refugio y
ayuda.
- Arco Dos: Sombras en el IMC
La travesía hacia el Instituto Mecánico de California fue un peregrinaje a través de
un paisaje devastado. Los senderos montañosos, antes senderos de tranquilidad, se
convirtieron en laberintos de sombras y peligros. Entre la espesura, encontraron a
Antony, un fantasma de la ciencia, su mente deshilachada por el aislamiento y el
terror. Sus palabras, una mezcla de jerga científica y delirios, pintaban un cuadro
sombrío de conocimiento sobre el virus, el equipo confundido lo tomaba como un
signo de locura y delirio.
El IMC, un bastión de conocimiento, se había convertido en una tumba. Las rejas,
antes símbolo de seguridad, yacían abiertas, invitando a los supervivientes a un
laberinto de muerte. Cadáveres de estudiantes y policías, testigos mudos de la
caída de la civilización, yacían entre autobuses abandonados, vestigios de un
intento desesperado de huida. Zombies, sombras errantes, vagaban por el campus,
pero algo más acechaba en las sombras, una presencia que los hacía retroceder, un
depredador supremo.
La torre estudiantil, un faro de esperanza en la desolación, se convirtió en su
refugio. La cancha de baloncesto, un espacio de alegría y competición, se
transformó en un taller improvisado, un santuario de supervivencia. Seung Min, con
la precisión de un mecánico profesional, desmanteló y reconstruyó armas,
adaptándolas a la nueva realidad. Entre el metal y las chispas, Brand y Eddy
encontraron un refugio emocional, un lazo que floreció en medio del caos. Brand, el
guerrero endurecido, reveló un lado vulnerable, un anhelo de afecto que plasmó en
un grafiti en la cancha: "Yo amo a E".
La torre, sin embargo, guardaba secretos oscuros. Los pisos superiores, bloqueados
y sellados, eran un enigma, un eco de horrores pasados. Las paredes, cubiertas de
sangre y mensajes crípticos, contaban una historia de desesperación y locura. De
repente, un ladrido rompió el silencio, una señal de vida en un mundo de muerte.
Taylor, con el bate de picos en mano, abrió la puerta cautelosamente. Un perro, un
alma perdida en el caos, entró corriendo, seguido de una sombra imponente.
- La Bestia Revelada
La criatura que emergió de las sombras no era un zombie común. Era una
abominación, una mutación grotesca, un depredador. Su piel, una maraña de
cicatrices y protuberancias, brillaba con un sudor viscoso, y sus ojos, pozos de
oscuridad, ardían con una sed de sangre insaciable. Seung Min, al ver a la criatura,
sintió un escalofrío helado recorrió su espalda. Reconoció a su padre, un hombre
transformado en un monstruo, un eco distorsionado de la humanidad.
La criatura, con una fuerza bestial, derribó la puerta, lanzándose contra el grupo.
Taylor, con la agilidad de una pantera, esquivó el ataque, lanzando un golpe con su
bate. Eddy, con una precisión sorprendente lanzó tajos con su machete
electrificado, buscando puntos débiles en la armadura de carne y hueso. Brand, con
la puntería de un francotirador demostrando sus habilidades militares, disparó
ráfagas de su pistola modificada, intentando derribar a la bestia.
Noel, el anciano guerrero, vigilaba la retaguardia, su escopeta mejorada lista para
rugir. Jeremy, el niño inmune, se mantuvo cerca de Seung Min, un escudo humano
contra el peligro. Antony, el científico loco, lanzaba piedras y gritos, un eco de la
locura que había consumido su mente.
La batalla fue un torbellino de violencia. La criatura, a pesar de su tamaño, se movía
con una agilidad sorprendente, esquivando ataques y contraatacando con una
fuerza brutal. Taylor, atrapada en un torbellino de carne y hueso, fue lanzada contra
la pared, el impacto resonando en sus huesos. Eddy, con la rapidez de un
relámpago, esquivó una mordida, pero sintió el aliento fétido de la bestia en su
cuello. Brand, con la precisión de un militar disparó a los ojos de la criatura,
cegándola temporalmente.
Aprovechando la oportunidad, Eddy, con un grito de guerra, clavó su machete
electrificado en el pecho de la criatura. La descarga eléctrica, un torrente de
energía, hizo que la bestia se convulsionara, un espasmo final antes de caer al
suelo, inerte.
Seung Min, con lágrimas corriendo por sus mejillas, se acercó al cuerpo de su
padre. A pesar de la monstruosidad, reconoció el rostro familiar, distorsionado por la
mutación, pero aún humano. Con un nudo en la garganta, se despidió con un adiós
amargo y desgarrador.