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Capítulo II

El capítulo analiza la colonización en Colombia, centrándose en los estudios de James Parsons y Catherine Legrand, quienes ofrecen perspectivas contrastantes sobre las dinámicas sociales y territoriales en la región andina y la selva amazónica. Se discuten las limitaciones de la visión de Parsons sobre la 'raza antioqueña' y se destaca la importancia de reconocer las diversas oleadas de colonización y los conflictos por la tierra, así como las interacciones entre campesinos y terratenientes. Legrand critica la noción de un proceso de colonización homogéneo y propone un análisis más matizado que considere las realidades socioeconómicas y políticas de diferentes regiones.

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Capítulo II

El capítulo analiza la colonización en Colombia, centrándose en los estudios de James Parsons y Catherine Legrand, quienes ofrecen perspectivas contrastantes sobre las dinámicas sociales y territoriales en la región andina y la selva amazónica. Se discuten las limitaciones de la visión de Parsons sobre la 'raza antioqueña' y se destaca la importancia de reconocer las diversas oleadas de colonización y los conflictos por la tierra, así como las interacciones entre campesinos y terratenientes. Legrand critica la noción de un proceso de colonización homogéneo y propone un análisis más matizado que considere las realidades socioeconómicas y políticas de diferentes regiones.

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CAPÍTULO II

2.1 REGIÓN ANDINA: EL MODELO ANTIOQUEÑO DE PARSONS Y LA


LUCHA POR LA TIERRA DE CATHERINE LEGRAND: REFERENTES DE LA
COLONIZACIÓN AMAZÓNICA

Para entender el fenómeno social que implica el estudio de la colonización en


Colombia es necesario, tener como referente los primeros estudios que se hicieron en la
década de los cincuenta por James Parsons, y más tarde cuestionados en la década de los
ochenta por la historiadora Catherine Legrand, 1 que permiten comprender la colonización
en la selva amazónica, de forma comparativa, para encontrar las particularidades en las
dinámicas regionales tanto de la zona montañosa Andina, como el piedemonte, zona de
selva amazónica; esto posibilita indagar los elementos comunes y diferenciales para esta
región periférica. Para tal efecto se ha hecho lectura y análisis a los aportes hechos por dos
pioneros y referentes en las investigaciones, que provocaron polémica en el momento
histórico de su enunciación, los cuales han permitido nuevos desarrollos y nuevas
enunciaciones para contribuir al debate sobre los vacíos que hoy todavía se tienen al
respecto.

Así pues, para realizar un balance sobre la colonización amazónica 1830-1930, es


necesario conocer los aportes en el análisis sobre las dinámicas sociales generadas desde la
colonización, profundizados por Catherine Legrand, quien llegó al país en 1975, como
parte del momento intelectual que atraía a las jóvenes generaciones de investigadores
extranjeros, como es su caso con su trabajo de doctorado inicialmente pensado sobre la
colonización de las guerrillas liberales del Líbano (Tolima). En el trabajo de archivo
encontró enormes vacíos sobre el tema, lo que implicó construir un marco epistemológico
sobre el manejo y la tenencia de la tierra en Colombia para encontrar las claves de la
colonización campesina y los conflictos que esto trajo sobre lo que se conocía hasta ese
momento; todo esto cuando cursaba estudios en la Universidad de Stanford California,
interesada por la temática rural latinoamericana, “me interesaba la microhistoria como

1
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad Nacional
de Colombia, primera edición 1988, 2016).
forma de explorar las intersecciones entre economía, sociedad y política a escala humana” 2
que la llevaron a iniciar sus estudios sobre tierras, campesinos y baldíos.

En ese sentido, es fundamental referenciar tres autores en tres momentos de la


historiografía colombiana sobre el tema de la colonización, Parsons en los años cincuenta,
Legrand en los setenta y Serje en el 2005. Al referenciar estos tres autores, es necesario
retomarlos principalmente desde sus posturas historiográficas, es decir, James Parsons uno
de los geógrafos más conocidos de la escuela culturalista norteamericana, con una mirada
estructuralista, Catherine Legrand como historiadora social y Serje como antropóloga,
puesto que, desde la antropología cultural y la historiografía social, es posible determinar el
método que fue utilizado, así como los lugares de convergencia y divergencia sobre la
colonización.

En primer lugar, se debe ubicar las investigaciones en términos espacio- temporales


en los cuales Parsons y a Legrand concentran su interés, enfocados en las dinámicas
migratorias, crecimiento de la población, concentración de la tierra, niveles de lucha
política, reformas legislativas que afectan estos procesos y que sirven para ser comprados
con lo ocurrido en las tierras bajas de la selva.

Imagen 1. Fuente: Imagen recopilada del espacio, fotos antiguas de Manizales, 1910 3

2
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad Nacional
de Colombia, primera edición 1988, 2016), 3.
3
Imagen recopilada del espacio, fotos antiguas de Manizales 1910, que hacen parte de futuros trabajos de
historia comparada entre la colonización andina y el piedemonte de la Amazonía, a través de la fotografía se
permite reconocer rasgos muy particulares como el vestuario.
Para Parsons es importante resaltar la presencia de la “raza antioqueña” en las zonas
andinas, no obstante, en los análisis norteamericanos tienen como referente las teorías de
Turner4 en la colonización del oeste norteamericano, estas teorías han sido criticadas puesto
que se aprecian sesgos etnocéntricos.5 Parsons instala dicho modelo funcionalista del
modelo manifiesto, del colono como raza superior y mejor en tanto dinámicas sociales,
estos postulados de Parsons fueron replicados por muchos años en la academia y por la
clase dirigente del país. Para este autor los antioqueños fueron una raza excepcional en
tanto creía que estos lideraban los procesos de civilización del monte a la selva como los
hicieron los primeros colonos norteamericanos, desconociendo que en el país hubo varias
oleadas migratorias desde otros departamentos como el caso caucano, nariñense o de la
región de los Santanderes, en la movilidad provocada por la necesidad de tierras para
trabajarla o huir de los terratenientes.

Esto se explica a raíz de la escasa información que se tenía sobre la colonización en


el país, desconociendo a otros grupos sociales y regiones en tanto fueron invisibilizados por
sectores políticos interesados en resaltar la “pujanza de los paisas”, desconociendo los
procesos de colonización mestiza de que habla Legrand, por ejemplo, desde el Cauca, la
región de los llanos orientales o en los Santanderes, por los escasos análisis de documentos
y archivos de fuentes primarias6.

De esta manera, Parsons7 trabajó sus fuentes de información a partir de la


bibliografía de autores regionales, sobre todo de los archivos de Antioquia, mientras que
Catherine desarrolla su estudio por medio del Archivo General de Historia de Colombia,
quien lo expresa en los comentarios introductorios de la última edición de 2016. Impulsada
4
Jorge Brenna, La mitología Fronteriza: Tunner y la Modernidad, (México: Revista Estudios Fronterizos,
Vol. 12, número 24, 2011).
5
Parsons James, La Colonización antioqueña en el occidente colombiano. (Banco de la República archivo de
la economía nacional,1961).
6
Sus pesquisas de indagación se centraron en los Archivos General de la Nación y archivos locales de
poblaciones ubicadas en la región andina colombiana sobre las tres cordilleras, como lo reseña Marco Palacio
Colombia quien plantea que: “hubo un aumento de población desde mediados del siglo XIX y comienzos del
XX, pero ubicados no en las principales ciudades, sino dispersos en la zona rural”. En: ¿De quién es la
tierra?, propiedad, politización y protestas campesinas en la década de 1930. (Universidad de los Andes,
Fondo de Cultura Económica, 2011).
7
Parsons James, La Colonización antioqueña en el occidente colombiano. (Banco de la República archivo de
la economía nacional,1961).
por lo que encontró en la biblioteca Nacional, decidió organizarlo, hallando por casualidad
los estudios realizados sobre baldíos, por lo cual debió introducirlos en su trabajo y darse a
la tarea de ordenarlos en el Archivo General de la Nación8.

Legrand también descubre las demandas hechas por los pequeños propietarios,
quienes reclaman al Estado por el abuso y expropiación de sus tierras por parte de personas
que querían mejorar sus condiciones económicas con la invasión de baldíos. Estas
dinámicas no fueron homogéneas y fueron respondiendo a las necesidades de reclamo de
tierras y de la propia actitud benevolente del Estado, al colocarse de lado del gran capital,
es decir, de los comerciantes que empiezan a comprar bonos en forma de tierras baldías,
ofrecidas por el Estado a través de las reformas suscitadas a mediados del siglo XIX que
permitieron la legitimación de sus reclamos.

Parsons9 por su parte, encuentra una relación pasiva y amigable entre los colonos
pobres y el grupo de terratenientes, frente a ello, Legrand plantea que, aunque algunos
historiadores cuestionan dicha relación, otros como Marco Palacios, 10 adoptan una postura
mucho más conciliadora sobre las sociedades democráticas en Colombia, 11 según esta
visión dentro de la sociedad hay grupos que se comportan de manera solidaria y ejercen la
ayuda mutua como lo intenta sustentar Parsons, lo cual resulta particular y además ofrecería
una explicación frente a los avatares que represento la colonización en la zona andina
colombiana. Haciendo analogía con los campesinos antioqueños que llevaron a cabo el
desmonte de las montañas de la región Andina, con prácticas que requerían de un sistema
de organización el cual llevaría a asociarse en algunos casos, y en otros, las particularidades
de las familias numerosas lo que permitió tener un nivel muy alto de productividad y
sobrevivencia.

8
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad Nacional
de Colombia, primera edición 1988, 2016). 11.
9
James Parsons, La Colonización antioqueña en el occidente de Colombia, (Bogotá: Carlos Valencia Editores,
Banco de la República, 1961), 129.
10
Marco Palacios, El Café en Colombia 1850-1970: Una historia económica, social y política, (2 ediciones,
1983).
11
Parsons y Turner acuñan este término sobre las sociedades democráticas en el sentido que los procesos de
colonización, aunque no son pasivos, si demuestran una conciliación entre sectores sociales que son
presentados recurrentemente en su discurso, para las explicaciones sobre las tierras baldías, en
arrendamientos, entre jornaleros y terratenientes o empresarios de la tierra.
Para Catherine Legrand el error de Parsons es creer que ese proceso se desarrolló
fue de la misma manera para todas las regiones del país, pues hoy está demostrado que este
tipo de análisis está por fuera de la realidad sobre todo en las zonas de periferia y más aún
para el caso amazónico, por tanto, fueron diversos los tipos de colonizaciones que se han
desarrollado en Colombia, por un lado, la dirigida por la iglesia a través de las Misiones
Catalanas desde 1889, y por el otro, la colonización espontánea, desarrollada en el Caquetá
por parte de los huilenses y tolimenses, que generalmente eran impulsados por
terratenientes.12

Por otro lado, dice Legrand: Parsons se convirtió en punto de referencia para futuros
estudios regionales, en tanto las historias regionales en la zona Andina estaban por
construirse, ello se evidencia con los trabajos de Valencia 13 sobre la colonización caldense
que es importante señalar fuente a la discusión de la colonización antioqueña. Los aportes
del profesor Albeiro Valencia permiten entender las dinámicas particulares y relacionales
frente a la colonización campesina y la colonización empresarial.

Las presiones más fuertes sobre emigración, manifestadas en Antioquia, se hicieron


latentes en las zonas de mayor concentración de la tierra y donde existía baja
productividad agrícola, especialmente en las tierras altas, densamente pobladas y donde
los recursos económicos de las clases dirigentes eran orientados hacia el comercio,
actividad con poca incorporación de fuerza de trabajo.14

Para futuros trabajos de investigación comparativa vale la pena explorar las


dinámicas en la zona centro andina y el piedemonte amazónico, investigados por Ciro;15
sobre el proceso de expansión estatal en el piedemonte caqueteño; a Melo 16 sobre el
Caquetá, y sobre el Putumayo y a Lina Sánchez sobre Mocoa 17 esto permite comparar
12
“Durante la mayor parte del siglo XIX, 1875 se continuó con la política de crear pueblos indígenas con
misiones. De los asentamientos fundados en esa época queda el núcleo de Solano, cambiando en varios
lugares de la historia” Oscar Arcila Niño, Caquetá construcción del territorio Amazónico, (Instituto
Amazónico de investigaciones científicas, Sinchi, 2000).
13
Albeiro Valencia Llano, Campesinos pobres y señores de la tierra, migración hacia el sur de Antioquia
1800-1900, (Manizales: Universidad de Caldas: Historia y Memoria número 6, 2013).
14
Albeiro Valencia Llano, Campesinos pobres y señores de la tierra, migración hacia el sur de Antioquia
1800-1900, (Manizales: Universidad de Caldas: Historia y Memoria número 6, 2013). 41.
15
Estefanía Ciro, El Estado en las Fronteras: proceso de expansión estatal en el piedemonte caqueteño, 1887-
1930, (Bogotá: Tesis maestría en Historia Universidad de los Andes, director: Fabio Zambrano; 2008).
16
Fabio Álvaro Melo Rodríguez, Colonización y poblamiento del piedemonte amazónico, En el Caquetá en el
Doncello (1918-1972). (Trabajo de Maestría, Pontificia Universidad Javeriana, 2014).
17
Lina Sánchez Sterling, Mocoa. Análisis histórico de los procesos de estructuración espacial y urbanización
en contextos de colonización, conflicto y migración. Siglos XVI-XX; (Pioneros, colonos y pueblos, memoria y
testimonio de los procesos de colonización, 2015).
procesos en tanto similitudes o diferencias entre la colonización andina y la colonización
del piedemonte Amazónico.

Legrand también cuestiona el haberse mirado el proceso de colonización antioqueño


como un fenómeno hegemónico18 por parte de algunos historiadores, en la medida en que
pretendían explicar este hecho como algo espontáneo, para la consecución de tierras por
parte de los campesinos, convirtiendo a los antioqueños en un modelo único, con ciertos
sesgos, para justificar el concepto del “progreso” y la llegada de la modernidad al país,
describiendo a los hombres emprendedores como una “raza” con la actitud indispensable
para conquistar estas tierras, y no bajo el análisis de las relaciones socio-económicas, que
se establecieron por parte de campesinos pobres y empresarios de la tierra; este tipo de
análisis de Parsons hace parte de la influencia de Turner bajo la idea del modelo
eurocéntrico y legitimando el modelo desarrollista norteamericano19.

La autora Catherine Legrand plantea que no solo los antioqueños desarrollaron


procesos de colonización, sino, que existieron en el país, diferentes oleadas colonizadoras,
provenientes de distintas latitudes, hacia las regiones fronterizas, es decir, a los baldíos:
Cauca, Nariño, Tolima Grande y la región de los Santanderes. En lo que sí coinciden, es
que los campesinos estaban avanzando de manera inconsciente para mover la frontera
agrícola, hecho que se puede explicar a raíz de las medidas políticas del Estado, quienes
promovieron una inusitada reforma agraria, permitiendo que pequeños propietarios
adquirieran tierras baldías20.

Esto le permitió al pobre y mediano campesinado huir de las relaciones de


servidumbre, control y dominación por parte de una frágil hacienda, que para 1850 estaba
debilitada producto de la escasez de mano de obra, debido a las constantes guerras civiles
que vivió el país a lo largo del siglo XIX, y la búsqueda de economías de auto
sostenimiento, que permitiera según Parsons, desarrollar en el país, una explosión
18
“Gramsci arriba a una comprensión de la hegemonía como una forma de dominación, en la cual, la coerción
y la violencia no desaparecen, pero sí coexisten, con formas de aceptación del poder y la dominación más o
menos voluntarias o consensuales por parte de los sujetos subalternos”, En: Diccionario de estudios culturales
latinoamericanos, compiladora: Mónica Szurmuk (2009), editorial siglo XXI.
19
Jorge Brenna, La mitología fronteriza: Turner y la modernidad. (México: Revista Estudios Fronterizos,
nueva época, Vol. 12, núm 24, 2011), 9-35.
20
Ley 61 de 1874 y la ley 48 de 1882, permitió que la gente más humilde exigiera que se respetara su derecho
a la posesión de tierras estipulado en la ley.
demográfica, en un periodo de tiempo simultáneo, desde mediados del siglo XIX hasta
mediados del siglo XX.21

La creación de sociedades democráticas, para el caso de la colonización antioqueña


es cuestionadas por Legrand22, “…muchos historiadores del movimiento de colonización
antioqueña han visto en él la génesis de una sociedad de pequeños campesinos, democrática
y próspera”, apoyada en investigaciones de otros autores como: López 23, Ocampo24, Brew25,
Machado26, dándose entre estos una disputa teórica a raíz de la validez o invalidez de dicho
concepto; en este sentido la tesis de Parsons y otros historiadores sobre las prácticas
sociales no explicaban, desde su origen, la manera como se organizaron los colonos para
asumir el control, distribución y trabajo de la tierra por parte de la comunidad o de los
empresarios que le apostaban con capital y trabajo a este proyecto colonizador, además del
poco o nulo apoyo que recibían por parte del Estado.

Esas prácticas sociales servirían para intensificar el poblamiento de estos


territorios, direccionado por la clase empresarial comerciante, apostándole a la colonización
en zonas mineras y de extracción agrícola como: la quina, el cacao, el caucho y el café; esta
relación entre empresarios y campesinos no siempre fue pacífica, y es la mayor diferencia
entre la explicación de Parsons y Legrand:

En muchas regiones del país, pequeños grupos de campesinos amenazados por un solo
terrateniente o compañía de explotación se opusieron obstinadamente a tales
expropiaciones. Estas disputas son prueba de que los colonos tenían clara conciencia de
sus propios intereses, distintos de aquellos de los terratenientes o caciques políticos, y de
que los campesinos se esforzaban como mejor podían para defender esos intereses. 27

21
Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor, Banco
de la República, 1961), 154.
22
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 118.
23
Álvaro López, Migración y cambio social en Antioquia durante el siglo diez y nueve, (Bogotá, 1970).
24
José Fernando Ocampo, El dominio de Clase en la ciudad colombiana. (Medellín, 1972).
25
Roger Brew, El desarrollo económico de Antioquia desde la Independencia hasta 1920, (Universidad de
Oxford, Publicaciones del Banco de la República, Archivo de la Economía Nacional. Tesis doctoral, 1977).
26
Absalón Machado, El desarrollo de la economía cafetera hasta la década de 1920, (Cuadernos
Colombianos número 9, Año III, primer trimestre, 1976).
27
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016) 101.
En relación con la colonización de las tierras del piedemonte Amazónico, quienes
abanderaron de manera planificada la creación y fundación de nuevos poblados a finales
del siglo XIX e inicios del XX fueron las misiones capuchinas, como lo anota Bonilla
(1968), entre poblados de indios, blancos o mestizos, también profundizado por otros
investigadores como Kuan Misael28; Lina Sánchez29 concluyéndose que a esta región y por
distintos caminos, llegaron oleadas de campesinos caucanos, nariñenses, tolimenses,
vallunos como parte de las dinámicas que vivía el país, la violencia política, aunado a la
necesidad de tierra para crear unidades productivas familiares, en contraposición al modelo
que venía imponiendo la iglesia a través de las misiones que, aunque quería hegemonizar
este proceso se enfrentaba a la clase políticas regionales sobre todo de Nariño.

Se podría mencionar que no se cumple en la Amazonía con el modelo de


colonización antioqueña, pues también hace parte del imaginario impulsado por las clases
dirigentes de la época, que le permitiera la articulación, con la necesidad de buscar
productos de mono exportación, iniciado por Rafael Reyes desde 1872.30

28
Misael Kuan Bahamón, La Misión Capuchina en el Caquetá y el Putumayo 1893-1929, (Bogotá: Maestría
en Historia Universidad Javeriana, 2013), 39.
29
Lina Sánchez Sterling, Mocoa. Análisis histórico de los procesos de estructuración espacial y urbanización
en contextos de colonización, conflicto y migración. Siglos XVI-XX; (Pioneros, colonos y pueblos, memoria y
testimonio de los procesos de colonización, 2015).
30
Felipe Martínez, Héroes de la civilización. La Amazonía como Cosmópolis agroexportadora en la obra del
General Rafael Reyes, (ACHSC, Volumen 40, numero2, julio-diciembre 2013), 145- 177.
Imagen 2. Fuente: Augusto Gómez, Putumayo, indios, misión, colonos y conflictos 1845-1970,
fragmentos para una historia de los procesos de incorporación de la Frontera Amazónica y su impacto sobre
las sociedades indígenas, 200531.

En la época de la colonización en la selva, los propios misioneros capuchinos tenían


la idea de llevar colonos antioqueños a la región del Valle del Sibundoy (Putumayo), por el
imaginario de que era lo mejor, pues se consideraban gente trabajadora, al parecer es un
discurso de larga duración como lo resalta Parsons y recordado por Bonilla en sus
estudios32.

Lo interesante de estos dos autores es su inclinación por entregar cifras estadísticas,


como el aumento demográfico, y la nueva fundación de poblados, que permitieron el
impulso de la colonización y la construcción de obras públicas como carreteras y vías de
penetración. Para el caso antioqueño, Parsons parte de la premisa señalada por Turner, 33
quien afirma que, sin caminos y vías férreas, no habría progreso, por lo cual, las carreteras

31
Esta foto hace parte de un artículo escrito por el antropólogo Augusto Gómez 2005, se observan rasgos
marcados de la aculturación, el vestuario, la sumisión de la mujer al hombre y el papel de las misiones en la
región del Putumayo.
32
Bonilla, también los cita como parte de los comentarios que hace Fidel Montclar en sus informes a la
iglesia. Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 145.
33
Frederick Turner, El significado de la frontera en la historia norteamericana, (Revista Secuencia, número
7, 1987), 187-207.
para el caso de Mocoa- Pasto o Florencia- Pitalito fueron indispensables en el intercambio
de mercancías, inspirado por el actual discurso de la “teoría del consumo”, lo anterior se
evidencia en el estudio de Ana María Otero 34 sobre el intercambio de bienes de consumo en
Colombia. Así mismo Giovanny Arteaga 35 en su análisis sobre el discurso de los religiosos
catalanes muestra la relación de intercambio debido a la apertura de vías de trasporte.

Otro elemento a resaltar en los trabajos, tanto para Parsons como para Legrand, es la
rivalidad territorial que se establece entre pobladores de las regiones, que se muestran
simultáneamente en las regiones Andinas y en las planicies Amazónicas; por ejemplo, entre
el norte del Valle del Cauca (Cartago) con las ciudades recientemente fundadas Pereira y
Manizales en 1905, siendo una constante en el proceso colonizador, simultáneamente como
lo visualiza Bonilla, entre poblados del Putumayo en las recién fundados poblados de
Sucre, con población estrictamente de colonos blancos y mestizos en San francisco; al
compararlo con la colonización Amazónica, se debe hablar de Nariño-Putumayo, Pasto-
Mocoa; o para el caso de Huila-Caquetá; Neiva- Pitalito y Florencia36.

Así pues, para los investigadores era necesario comprender el proceso de la


colonización en Colombia a lo largo de mitad del siglo XIX y comienzos del XX, a partir
de la premisa que los propietarios de la tierra no eran los campesinos propiamente, sino, los
grupos económicos y terratenientes que se fueron apropiando de las tierras que iban
recuperando los colonos pobres, a través de las mejoras, que aunque no estaban tituladas,
ellos se arriesgaban a desmontar la montaña para luego ser vendidas.

34
Ana Maria Otero, Foreign Machetes and Cheap Cotton Cloth: Popular Consumers and Imported
Commodities in Nineteenth-Century Colombia, (Hispanic American Historical Review 97:3, by Duke
University Press, 2017) E igualmente ensayo sobre: “Historia del consumo en el proceso de la colonización de
la Amazonía colombiana 1880-1930”, (maestría en historia Universidad del Valle, 2018), Fulvio Cabrera,
Mimeo. Apuntes en clase.
35
Giovanny Arteaga, Historia del tramo “camino viejo” en el Putumayo: importancia, teoría y metodología
para abordar el estudio de los caminos (Revista Historia 2.0, conocimiento histórico en clave digital, Año IV,
número 11, enero -junio. 2016); 85-104.
36
“En 1900, la conexión con el Magdalena desde las agencias caucheras era por los ríos y por carretera y esto
se reflejó en el trazo de las carreteras; principalmente cuatro caminos atravesaban en piedemonte de norte a
sur, el camino San Vicente - Campo alegre que comunicaba el Rio Caguán y la más importante agencia de ese
lado, Las Delicias. La otra ruta era Puerto Rico- Campo alegre que comunicaba el Río Guayas y el Río
Caguán con Neiva. El tercero era La Perdiz, o Florencia, con Altamira y Neiva que conectaba el río Orteguaza
y el último, una vía que comunicaba lo que sería más adelante Belén de los Andaquíes con Timaná” ,
Estefanía Ciro, “Simposio 4o. Fronteras en Latinoamericanas, el Estado en las fronteras: Economía, política y
espacio en el piedemonte Caqueteño en la primera década del siglo xx. (Bogotá: Universidad de los Andes,
economista, candidata maestría en historia, 2008).
Fueron múltiples las dinámicas en las que se vieron inmersos los pobladores, que,
motivados por las consecuencias de la persecución, las amenazas o el hecho de no poseer
tierras optan por desarrollar una economía de auto sostenimiento, en constante
movilización: en palabras de Legrand:

“En los primeros decenios del siglo XX empezó a crecer también el número de colonos
indígenas en la cordilleras Central y Occidental. Se establecieron haciendas ganaderas en
resguardos sobrevivientes, lo que obligó a algunos indios a desplazarse a baldíos montaña arriba o
hacia el sur, a la selva del Caquetá y del Putumayo”.37

En este sentido el análisis que hace Catherine muestra que, a medida que los
colonos eran cercados en sus propias tierras, estaban obligados a correr la frontera agrícola,
buscando terrenos baldíos para sus cultivos “…Colombia es un ejemplo excelente de la
expansión de la agricultura exportadora a tierras de dominio público y de los consiguientes
conflictos entre colonos, campesinos y empresarios territoriales, en torno al control de las
regiones fronterizas”.38

El gobierno nacional abre una brecha o esperanza para los colonos, no pensando
precisamente en los aspectos de su pobreza, como lo plantea Catherine Legrand, sino, en la
manera de poner en el mercado, bonos de deuda, representados en tierras baldías, como
fueron llamados los “Territorios Nacionales”, convirtiéndose en una tabla de salvación para
el Fisco Nacional, subsanando el hueco fiscal que ahogaba las finanzas de la Nación,
después de la guerra de los mil días.

Igualmente el gobierno de los Estados Unidos de Colombia (1863) de corte liberal,


se había propuesto poner a producir esas tierras improductivas, con la ayuda de empresarios
de la tierra, a raíz de sus nuevos intereses, dejando ver cómo campesinos con múltiples
necesidades, eran expropiados por parte de los terratenientes y hacendados de sus tierras;
por desgracia, no poseían títulos legales de las mismas más allá de la posesión, así que los
empresarios aprovechándose de dicho vacío jurídico, llegaron a muchas regiones
asegurando poseer títulos, pagando dinero sobre la mejora de la tierra, hechos que son
diferenciados al sur de país, en la medida en que, quien adjudicaba la tierra era la iglesia, a
37
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 42.
38
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 6.
diferencia con el proceso de la intendencia del Caquetá donde el estado es quien vende los
lotes baldíos, encabezando una junta de inmigrantes para el caso de Mocoa39.

Por otro lado, había intereses de las capas medias, que también impulsaban la
ocupación de tierras baldías, contratando trabajadores y campesinos pobres, como señala
Legrand. Igualmente estos campesinos por medio de las ley de tierras entre 1850 -1950,
impulsaron la lucha jurídica, a través de “colonos de gran escala” es decir, los colonos
recibirían asesoría de abogados tinterillos 40, que en algunos casos no contaban con su título
profesional como abogados, aun así, decidieron defender las luchas y los reclamos de
pequeños propietarios, debido a que los campesinos colonos no poseían muchos
conocimientos jurídicos-en muchas ocasiones iletrados-; estos aspectos vienen a ser
ratificados por Legrand, en los documentos de archivos que le sirvieron de fuente primaria.

Además de los tinterillos, colonos de gran escala desempeñaban a veces un papel de la


movilidad de los colonos y la canalización de sus descontentos. Por lo general estos
grandes colonos se componían de tenderos, artesanos, o autoridades locales que
contrataban a unos cuantos trabajadores para que sembraran y cosecharan o criaran
ganado en los baldíos vecinos.41

A finales del siglo XIX, la motivación de la colonización será, por un lado, mono
exportador y por el otro evidenciará un interés focal de la familia paisa por tener un terruño,
con la ayuda de la fuerza de trabajo de su propia familia “…Las familias numerosas han
sido, desde largos tiempos tradicionales entre antioqueños, y la fecundidad de las mujeres
maiceras, las antioqueñas que se alimentaban de maíz, exaltando con orgullo hasta los días
actuales”.42

39
“Para esclarecer el proceso de formación de las “tierras de misión” es indispensable examinar el criterio
adoptado por Fray Fidel, para la repartición del valle, el modus operandi de la expansión Capuchina y su
relación con la defensa de la propiedad indígena.” Bonilla (1969), 163.
40
En Colombia este apelativo es otorgado a los abogados que no habían terminado la faculta, pero que
sirvieron como apoderados de muchos campesinos, que, por su poca capacidad económica, se vieron en la
necesidad de contratarlos, para que adelantaran demandas locales y donde pedían la atención del Estado ante
la violación de las leyes sobre baldíos y tierras en Colombia en 1887.
41
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 110.
42
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961),155.
Imagen 3. Fuente: Centro virtual Isaacs, portal cultural pacifico colombiano, Los ecos de la
colonización antioqueña43.

En relación con la selva Amazónica, la preocupación de las misiones era poder


mezclar las “razas” blanca e indígena para que el mestizo pudiera tener “privilegios” a
través del impulso que demostraba el pueblo antioqueño, vendiendo el imaginario y la
representación del hombre aguerrido, que podría desmontar no solo la montaña sino la
selva.

Mientras que para la región Andina funciona el impulso de la economía mono-


exportadora del café y otros productos como el cacao; para las regiones de frontera como el
sur de la Nación eran las grandes empresas asociadas a economía extractiva, iniciando con
la quina, luego el caucho, la canela, y pieles preciosas, con las que sobrevendría el gran
flujo de colonos a la Amazonía.

Parsons, afirma que los colonos eran motivados por aspectos como: las minas de oro
que se encontraban en esa zona y el cultivo del café, impulsado por parte del gobierno

43
Esta es una representación de la colonización paisa como parte del imaginario que se construyó a lo largo
del siglo XIX y XX, desde la academia a partir de la identificación de la modernidad y de la pujanza de una
“raza”, específicamente la antioqueña, reforzada por Parsons y los historiadores regionales, las mulas de carga
son otro elemento adicional que algunos autores reconocen del instrumento colonizador, como el carriel, el
machete, el sombrero de paja, entre otros.
central y que empieza a descollar a nivel económico este mismo mecanismo de publicitar la
colonización que se aplicó en el Amazonas.

El prolongado fervor de las gentes montañeras del norte, deseosas de colonizar estas
tierras, parece haberse intensificado aquí por cuatro atractivos a lo menos a saber:
caucho, oro, alto precio de los cerdos y las ventajas de la región como refugio para
librarse de las guerras civiles que desolaban la república.44

Catherine Legrand por su parte, afirma que otro elemento que atrae las personas a
los territorios periféricos fue la llegada de tropas del ejército en distintos momentos a las
selvas, sobre todo por los campesinos que participaron en las guerras de mitad de siglo y
los destacamentos que llegaron fruto de conflictos fronterizos en 1912 y 1932 45, cuyas
tropas estaban integradas por soldados campesinos y jornaleros que no poseían riqueza,
reclutados en los pueblos, fueron quienes decidieron regresar a dichas tierras, después de
haberlas atravesado como ejército, que luego optarían por quedarse para colonizarlas.

Las guerras civiles ofrecieron a los campesinos otro medio para enterarse de la
existencia de áreas de colonización. Si algunos se trasladaron a las fronteras para
protegerse de los combates, otros se familiarizaron con esas zonas mediante su
participación en las interminables guerras del siglo XX.46

Esto en contraposición al análisis que hace Parsons de la zona escogida por los
arrieros antioqueños, empujando la frontera agrícola hacia el centro del país, concretamente
hacia la región del Manizales, Supía, Marmato, entre otras, pues había un firme interés por
seguir encontrando productos para su explotación 47. Por lo cual Parsons plantea que
muchas poblaciones en su proceso de crecimiento desplazaron el comercio y los circuitos
mercantiles, de las zonas en que históricamente habían sido manejadas, “Es entonces
cuando Manizales se convierte en un punto de competencia agrícola en productos como el
cacao, para los antioqueños”.48

44
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961), 120.
45
En el sur se ha librado muchos conflictos fronterizos, en especial con las tropas peruanas en varios
momentos de la historia 1912; el ataque de la guarnición de la Pedrera; y la toma de Leticia por parte del
ejército peruano en 1932.
46
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 45.
47
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961), 140.
48
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961), 115.
Al Putumayo llegaron colonos de distintos lugares, pero en mayor medida fueron
los antioqueños, por las cual esta región tomó cierta predilección, el propio jefe de la
misión Fray Fidel Montclar, mandó a reclutar colonos, a pesar de haber prometido esas
tierras a los campesinos pobres de Nariño;49 aun así, su verdadero interés era que la
población antioqueña llegara a la región, para ello publicita en volantes la colonización de
la Amazonía, donde anuncia ciertos privilegios.

2.1.1. Colonización y poblamiento

Cabe mencionar que, quienes poseían el control sobre las tierras baldías, eran las
misiones, encargándose de llevar colonos blancos, los cuales eran especialmente católicos,
“miembros blancos de la sobria, sana y católica raza antioqueña”50 en donde inician una
campaña para poblar estas regiones, una colonización dirigida por la iglesia en la que
prometían comida y otros aspectos para incentivar a los colonos a dirigirse a las mismas.

En un principio se inscribieron 535 personas de 12 municipios. Ciertas publicaciones


sobre la situación del Putumayo hicieron que pronto decreciera el entusiasmo, pese a lo
cual un grupo de familias siguió el llamado del jefe misionero quien, de acuerdo con la
junta de inmigración, les prometió auxilio de trasporte, herramientas, casa, alimentación
durante seis meses, servicio médico, medicinas y hasta hospital “llegado el caso. 51

La colonización, tanto en la región andina, como en la selva del piedemonte, estaba


basada en la fundación de poblados que permitieran un proceso evangelizador, en este
sentido, en el sur las misiones eran más persistentes en el aspecto evangelizador como parte
de la incorporación de los pueblos “salvajes”, tarea encomendada por el Estado en su
política denominada “reducción de salvajes”, también en la región andina las principales
ciudades están precedidas por la construcción de grandes templos, catedrales e imágenes
religiosas (Catedral de Manizales, Armenia, Pereira). Otro elemento fundamental y que
motivó esta colonización fue la económica y el boom del caucho entre 1902-1918 en el sur
del país, con la llegada de una serie de trabajadores y comerciantes que proveían alimentos,
herramientas, semillas, ganado, y herreros, que hicieron que el Putumayo y el Caquetá
crecieran.
49
Bonilla indago esto en el Boletín de la junta de inmigración, número 1, Pasto 27 mayo del 1914; 322.
50
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 145.
51
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 145.
Los círculos nariñenses, en cambio, estaban de acuerdo con los misioneros en lo relativo
a la fundación del poblado, que habría de servir, con San francisco, de escala hacia los
ambicionados mercados del oriente. Pero en desacuerdo con ambos bandos sobre la
repartición del valle, que aspiraban a realizar en forma inmediata. Como lo proponía la
asamblea departamental.52

El comercio es una variable fundamental para tener en cuenta en el análisis de este


proceso; varios historiadores hacen referencia a viajeros como Rocha 53 y Triana54 e
igualmente la historiadora Lina Sánchez 55, quien afirma que Mocoa para 1889, tenía un
gran movimiento comercial.

Joaquín Rocha describió a la Mocoa de la época como un caserío colmado de casas con
mucho movimiento comercial, por cuyas calles se desplazaban constantemente
forasteros y comerciantes con bueyes y mulas cargadas de quina y otras mercancías
importantes de otros países.56

Haciendo un paralelo entre lo que plantea Parsons referente a la fundación de


poblados, los misioneros estimularon la fundación de poblados tanto indígenas, como solo
de colonos y mixtos en la región Amazónica. Esta experiencia les permitió observar cómo
se comportaban dichos grupos étnicos, pues lo que estaba ocurriendo era un enfrentamiento
entre colonos e indígenas, pues los colonos recién llegados y a los cuales no se les había
adjudicado mejores tierras, corrían los cercos del resguardo para actividades de tipo
ganadero. Esto también con el ánimo de iniciar procesos de sincretismo cultural, entre la
población mestiza y la población indígena, acostumbrándola a las prácticas de los colonos
“blancos”.

Los colonos ya instalados se oponían a la fundación de Sucre y a la instalación de otros,


alegando que en las zonas aptas ya estaban ocupadas por ellos, y los indios; no quedaban
libres sino las montañas, paramos y el pantano central. Argumentos con lo que
pretendían asegurar la futura expansión de sus predios, en la mayoría de los casos
bastante reducidos.57

52
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 144.
53
Joaquín Rocha, Memorándum de viaje: regiones amazónicas, (Bogotá. Ed. De EL Mercurio, 1905).
54
Miguel Triana, Por el sur de Colombia. Excursión Pintoresca y científica del Putumayo, (Segunda edición
Biblioteca Popular de cultura colombiana; 1950).
55
Lina Sánchez Sterling, Mocoa. Análisis histórico de los procesos de estructuración espacial y urbanización
en contextos de colonización, conflicto y migración. Siglos XVI-XX; (Pioneros, colonos y pueblos, memoria y
testimonio de los procesos de colonización, 2015).103.
56
Lina Sánchez Sterling, Mocoa. Análisis histórico de los procesos de estructuración espacial y urbanización
en contextos de colonización, conflicto y migración. Siglos XVI-XX; (Pioneros, colonos y pueblos, memoria y
testimonio de los procesos de colonización, 2015), 80.
Según Sánchez Sterling,58 en su estudio sobre la urbanización de Mocoa, la
mayor motivación para la llegada de nuevos colonos a la región radicaba en la venta de
productos como la quina, el cacao, luego el caucho y, por último, productos como la
zarzaparrilla, la canela y la explotación de pieles, pero hasta ahora ningún trabajo
historiográfico ha debatido el crecimiento demográfico en Colombia, sobre todo en este
periodo de mediados del siglo XIX y comienzos del XX.

Imagen 4. Fuente: Revista Credencial, agosto 2011; cortesía corpoamazonas, vista parcial domingo de
ramos Mocoa 192359

Sobre la colonización del Caquetá, Estefanía Ciro 60 hace interesantes aportes al


comentar el aumento de la población de Florencia y los poblados cercanos como: Belén de
Andaquíes, Puerto Rico, San Vicente del Caguán y Solano, donde anota que para 1918 se
da la mayor movilidad hacia el Caquetá.

57
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 144.
58
Lina Sánchez Sterling, Mocoa. Análisis histórico de los procesos de estructuración espacial y urbanización
en contextos de colonización, conflicto y migración. Siglos XVI-XX; (Pioneros, colonos y pueblos, memoria y
testimonio de los procesos de colonización, 2015).
59
Esta imagen hace parte de las primeras calles de Mocoa e, muestra el trazado en cuadricula en la plaza
principal y la construcción de iglesia y recintos como parte de la demostración de la colonización dirigida por
las misiones capuchinas a principios de siglo, tomada por los misioneros capuchinos quienes procuraron tener
registrada de manera fotográfica. Comentado por la investigadora Carolina Perez, en el seminario de
investigación dictado en la maestría en historia 2018, Universidad del Valle, Mimeo.
60
Estefanía Ciro, “El Estado en las fronteras: economía, política y espacio en el piedemonte Caqueteño, en
la primera década del siglo XX”, (Articulo para el simposio sobre Fronteras Latinoamericanas; sus fuentes;
Dane 1912-1918, 1928, 1964, 1973; 2018), 1-26.
Así pues, como se ha mencionado anteriormente, la colonización dirigida 61 es un
aspecto a tener en cuenta para el sur del país, mientras que, por el contrario, en la región
andina, eran llevada a cabo por los empresarios independientes y colonos, quienes crearon
juntas en los pueblos y ciudades para instalarse a finales del siglo XIX, y comienzos del
siglo XX, en especial después de que el gobierno de Reyes creará nuevos departamentos
como el de Caldas y Valle del Cauca en 1905. Esto lo trabaja ampliamente Parsons en el
Capítulo VI titulado “Colonización Antioqueña Moderna”.

Parsons, también hace una reseña de los poblados como Pereira, Salento o Armenia
los cuales hacen parte de esa expansión antioqueña, quienes libraron conflictos con los
moradores, en este caso de Cartago, quienes no estaban de acuerdo con la llegada de los
nuevos colonos, y a su vez, al igual que con la competencia económica que representaba de
la nueva ciudad de Pereira tras la llegada de migrantes, sumado a ello, la constante lucha
por el control del nuevo departamento del Valle del Cauca, fundado en 1910. Por lo tanto,
como señala Parsons en la ciudad de Pereira se focalizan tanto población de origen
antioqueño como de origen del valle geográfico en 1900.

Es de anotar las inmensas contradicciones entre el poder político central y local y el


poder que tenían las misiones en el Putumayo, esto hace que estos dos poderes en 1916
entren en conflicto, como lo anota Bonilla, al plantear que el poder del gobierno central
había recibido informes sobre que las misiones estaban usufructuando enormes ganancias,
producto del manejo y la expropiación de minas de oro a los colonos.
No obstante, el peligro que parecía amenazar el predominio político-económico del
prefecto apostólico no estaba conjurado: el ministro de comercio había llegado a
proponer, ante el congreso nacional, que la reducción de indígenas y la colonización se
adelantasen a través de un nuevo ministerio.62

2.1.2. Los caminos.

61
“La colonización dirigida lo define Wilder como: el gobierno de un lugar o el Estado central promueve la
ocupación facilitando a través de normas, la legalización de predios a los colonos o en su defecto, crea
colonias como fue el caso de Boquea y Marmato” En: Wilder Carrero Delgado, Los procesos de formación
Estatal en Colombia, vistos a través de la colonización y las prácticas políticas en el Quindío 1880-1930.
(Colombia, 2015), 62.
62
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 152.
Al realizar un trabajo comparativo entre la colonización andina y las tierras bajas, es
decir, las tierras baldías de la zona selvática, se encuentran coincidencias, por ejemplo, la
necesidad de construir caminos que les permitiera a los colonos, misioneros y la empresa
caucheras extraer sus productos, comercializarlos y mantener el contacto con el centro; esto
traía contradicciones, ya que la economía extractivista no pretendía permanecer mucho
tiempo en las zonas63, por lo cual, la construcción de las carreteras o caminos no era su
prioridad. El auge del caucho fue en gran medida fundamental en el país, pues los ríos se
convierten en el canal de comunicación para que los empresarios del caucho que se
encontraban en Brasil, Perú y el Ecuador subieran hasta la región colombiana para instalar
sus lugares de almacenamiento, como fueron la Chorrera y el Encanto 64, así pues, el
principal interés de estos empresarios, eran los riachuelos, ríos y caños que los comunicaran
con el gran río Amazonas y este con el mercado mundial, puertos como Leticia, Manaos,
eran las líneas de flujo del caucho.

Para los misioneros, los caminos y las carreteras si constituían una prioridad,
Parsons y Catherine Legrand, mencionan que era el punto de conexión en donde las
primeras ciudades importantes de la selva van a ser lugares de almacenamiento de las
mercancías de exportación o bodegas para embalar las mercancías, que más tarde serán las
ciudades para poder sacar sus mercancías, con la intención de salir de la economía
autárquica en la que estaban sumergidos, luchando contra esta, para conectarse con la
economía de mercado.

La construcción de los caminos tanto desde la cordillera occidental hacia el


piedemonte del Putumayo, promovido por los misioneros capuchinos, como desde la
63
Augusto Gómez, lo denomina colonización tipo “campamento” es decir: “. La ocupación de la Amazonía
colombiana, en el transcurso de los últimos siglos, ha estado ligada a dos procesos estructuralmente
diferenciados: de un lado, a procesos económicos y sociales extractivos que han dado lugar históricamente a
estructuras de asentamiento “tipo campamento” y, de otro lado, a procesos de colonización, es decir, a la
construcción de espacios rurales y urbanos de carácter permanente.” Augusto Gómez y Otros. Pioneros,
Colonos y pueblos, Memorias y testimonio de los procesos de colonización y urbanización de la Amazonia
colombiana. (Bogotá: Universidad Nacional, Universidad del Rosario, 2015), 15.
64
La Chorrera y el Encanto son dos lugares históricos, campamentos de acopio donde se torturaba y asesinaba
a los indígenas que incumplieran con las cuotas de explotación como lo ha denunciado, inicialmente por
Roger Casement 1911, en el “libro Rojo” sobre el Putumayo; retomado por Gómez y Domínguez en sus
primeros trabajos 1994. También en Pineda (2002), “Holocausto en el Amazonas “; tema Invisibilizado por
muchos años por la literatura unos a favor otros en contra, mitificado en la reciente obra de Vargas llosa, “El
suelo del Celta”, 2010, editorial Planeta. Sánchez, Gómez, Gonzalo, Putumayo: la vorágine de las caucharías.
Memoria y testimonio, (Primera parte, 2014), 126.
cordillera oriental por el valle del río magdalena fueron ejes por donde se construyeron las
carreteras que hoy permiten la penetración de los territorios del Caquetá y el Putumayo.
Los autores que han registrado esto como Bonilla 65 describen el interés de la compañía
misionera de los tramos Pasto-Mocoa, gestionado con la ayuda del ex presidente Reyes
(1904-1909), quien fuera gran amigo del Jefe de la Prefectura Apostólica del Caquetá y el
Putumayo: Fray Fidel Montclar, prefecto entre 1902-1968; Reyes envía al ingeniero Triana
para el trazado y la construcción de la vía Mocoa- Pasto, que se construye hasta la mitad, y
va ser retomada por la misión con trabajo de colonos e indígenas; igualmente se acude al
trabajo por concesión, ocurrido en el tramo Florencia- Pitalito en el Caquetá registrado por
Ciro.66

Los colonos son utilizados para romper el cerco selvático, construyendo tramos
cortos de carretera con el trabajo de tala de bosque nativo, quienes ganarán por este trabajo
territorios baldíos, pero mientras se posesionan parcialmente, los empresarios de los
Territorios Nacionales o baldíos son quienes van a beneficiarse, comprando las tierras a
bajos precios y después que los colonos hacen las mejoras pertinentes de dichos terrenos,
acceden a vías legales para expropiarlos, ante notarías y juzgados regionales que ocurre
simultáneamente, tanto en la zona de colonización antioqueña en el centro del país, como
en la Amazonía.

Los nuevos propietarios se preocuparon inmediatamente por la construcción de un


camino de Santa Bárbara a Marmato, por el paso de Caramanta (la Pintada) a través de
su nueva concesión. Se ofrecieron parcelas de tierras a los colonos que convinieran en
trabajar tres días al año por camino”.67

2.1.3. La fundación de poblados.

La fundación de poblados se desarrollaron con gran fuerza durante finales del siglo
XIX y comienzos del XX, más tarde convertidos en grandes ciudades e incluso capitales
65
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969).
66
Estefanía Ciro, “El Estado en las fronteras: economía, política y espacio en el piedemonte Caqueteño, en
la primera década del siglo XX”, (Articulo para el simposio sobre Fronteras Latinoamericanas; sus fuentes;
Dane 1912-1918, 1928, 1964, 1973; 2018), 11.
67
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961), 128-129.
departamentales, para el caso andino: Pereira, Manizales, Armenia, registrado por Parsons,
como parte indiscutible de la colonización antioqueña; estas nuevas ciudades competirán
con las viejas ciudades fundadas desde la colonia, que perderán su importancia
principalmente porque salen de los circuitos económicos y la fluidez de las mercancías, ya
sea porque las nuevas ciudades inicialmente son bodegas de almacenamiento de los
productos de mono exportación para ser embarcados en las estaciones ferroviarias o
fluviales de las ciudades por donde se ha trazado las vías,68 o porque estos puertos secos son
por donde circulan las mercancías traídas vía Buenaventura o desde la costa Caribe hacia el
exterior donde se adelanta el nuevo comercio; para el sur del país las recién creadas
intendencias del Caquetá y el Putumayo en 1912, y su capitales: Florencia y Mocoa serán
lugares de un gran crecimiento poblacional, entre 1880-1910:

No fue una región aislada, al contrario, aun cuando la infraestructura vial fue precaria y
exclusiva de las agencias caucheras, los caucheros movilizaron mano de obra, viajaban
por los ríos, conocían el negocio y la historia de la región, nutriendo para su beneficio
también todos los imaginarios que la rodeaban.69

Pineda, es otro de los investigadores que en términos económicos intentará


responder: ¿Cómo fueron incorporadas estas zonas periféricas con la red comercial del
interior del país a los mercados internacionales?, ya que paradójicamente se integró más
rápido la selva a través de la economía extractiva del caucho, que la región andina con el
café a los circuitos de mercado internacional que requerían prioritariamente del caucho para
la creciente industria automovilística, en especial por la Casa Arana, pero también por las
empresas caucheras brasileras70.

Los poblados que fundó de manera organizada la misión catalana capuchina fueron:
Sucre (exclusivamente colonos blancos traídos de Nariño), Sibundoy; San Francisco;
Santiago; siendo Mocoa la sede de la Prefectura Apostólica71; concentrando el poder
68
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961), 245.
69
Estefanía Ciro, “El Estado en las fronteras: economía, política y espacio en el piedemonte Caqueteño, en
la primera década del siglo XX”, (Articulo para el simposio sobre Fronteras Latinoamericanas; sus fuentes;
Dane 1912-1918, 1928, 1964, 1973; 2018), 8.
70
Roberto Pineda, El ciclo del Caucho: 1850-1932, (Colombia Amazónica, Villegas Editores, 1987).
71
“La prefectura apostólica es una jurisdicción territorial instaurada por la Iglesia Católica en territorios que
aún no son consideradas como Diócesis, el carácter es provisional y su objetivo principal es evangelizar por
medio de misiones a los habitantes de la región. La prefectura apostólica de Caquetá y Putumayo fue
establecida por la Santa sede en Sibundoy el 20 de diciembre 1904, su coordinación se le confió a la orden de
los Capuchinos bajo la dirección del Padre Fidel del Montclar; el 31 de mayo de 1930 la Prefectura fue
económico de la misión por medio de tierras, ganado y aserríos; en su proyecto de
colonización misionera los capuchinos se propusieron el drenaje de las tierras pantanosas
de las regiones amazónicas lo cual es más una de las medidas que toma la prefectura
religiosa, para lo cual buscaron recursos de financiación a través del propio Estado en el
gobierno de Rafael Reyes(1904-1909) con la construcción de nuevas vías de comunicación,
desde Mocoa, hasta Pitalito, como lo registró Bonilla:

“…La obtención de que el ministerio de obras públicas se hiciera cargo de la apertura del
camino Mocoa-Alvernia, bajo el compromiso de prolongarlo hasta Pitalito (Huila). Es decir,
buscando comunicar la comisaria del Putumayo con el valle del rio Magdalena y el centro del
país”.72

Bonilla relata la importancia de las clases en el poder en el departamento de Nariño


en relación con la disputa por las tierras baldías al oriente de este, quienes tenían la
intensión de apodarse del control económico del Putumayo, disputándose dichas tierras con
las misiones religiosas. Los misioneros en su gran mayoría eran españoles, que entraron en
contradicción con el poder clerical local. Bajo el quinquenio presidencial de Rafael Reyes, 73
quien también había sido empresario cauchero entre 1974-1884, 74 les otorgó un nuevo
estatus a las regiones locales como el Putumayo y Caquetá en 1912, creando las comisarías
como parte de los “territorios nacionales” convirtiéndose en una política de Estado para
integrar estos territorios alejados del centro del país. Así pues, serán los departamentos, las
comisarias e intendencias, quienes le darían cierta autonomía política al Putumayo. Arteaga
por su parte expone el gran interés que tenían los nariñenses por el Putumayo:

En el informe de Triana, se expone que la mirada del nariñense hacia el Putumayo era
motivada por la expansión agrícola, ya que los predios eran escasos, costosos y de difícil
acceso para los más pobres. El ingeniero estableció un cuadro comparativo de cuatro
vías, dos de ellas que ya existían: “Santa Lucía” y “La Tortuga”, y propuso como

elevada a Vicariato apostólico por el papa Pio XI y en 1951 se erige junto a la recién creada Intendencia de
Caquetá. (Biblioteca Virtual Banco de la República, 1925).
72
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 153. Muchos han sido los autores que han elaborado la
biografía del expresidente Rafael Reyes por las particularidades como empresario Quinero en un periodo en
que las clases dirigente buscaba nuevos recursos para posicionar la económica colombiana en los enclaves
económicos que requería la sociedad industrial con nuevos recursos con las materias primas de esta región en
especial de la amazonia, inexplorada.
73
Carlos Quinchía, El Quinquenio de Rafael Reyes y la transformación del mapa político-administrativo
colombiano (Artículo de investigación, Montessori Bristh School, Vol. 38, número 1, 2011), 51-78.
74
Banco de la República, Red Cultural del Banco de la República, link
[Link]
reemplazo el “Proyecto por Funes” y el “Proyecto por San Andrés” para unir los Andes
y el Putumayo, con la característica que todas iniciaban en Pasto.75

En este método de historia comparada, que se ha adoptado para mostrar


paralelamente lo que estaba ocurriendo tanto en la región Andina como en la región de la
Amazonía se debe mencionar, por ejemplo, la caracterización que hace Parsons de la zona
caldense como selvática; el gobierno central de la época se interesó por adjudicar tierras de
la república o baldíos a empresarios y comerciantes, a quienes se les entregó terrenos, para
fundar poblados. Esto se dio, comercializando inicialmente, terrenos y baldíos, para luego
hacerlo con lotes y hectáreas de manera organizada; para el caso amazónico la
administración recaía sobre las misiones religiosas, pues fueron ellos quienes se apoderaron
de las mejores tierras de los resguardos indígenas del valle del Sibundoy con la
complacencia del Estado al firmar el Concordato entre Iglesia y Estado en 1889 y
normalizada en 1902, hecho que es ampliamente estudiando ampliamente por Misael
Kuan.76

En el Putumayo los baldíos fueron entregados por dos vías, la primera, por medio de
la Asamblea Departamental de Nariño, y segundo, por parte de la prefectura del Caquetá y
Putumayo, en cabeza de Fray Montclar, como parte de su estrategia, para atraer colonos de
Nariño, Cauca y Antioquia, para lo cual realizó una campaña publicitaria desde los púlpitos
y desde los informes de Misiones que publicaba de manera continua y que ha servido de
fuente bibliográfica para los investigadores del tema de misiones, no solo en la Amazonía
sino en el Chocó, Norte de Santander y la Sierra Nevada de Santa Marta 77. Estas
narraciones se pueden encontrar en los trabajos realizados por Bonilla, 78 pero también, en el
reciente trabajo sobre los caminos hacia el Putumayo, de Geovanny Arteaga Montes79.
75
Giovanny Arteaga Montes, Historia del tramo “camino viejo” en el putumayo: importancia, teoría y
metodología para abordar el estudio de los caminos. (Revista Historia 2.0, conocimiento histórico en clave
digital, Año IV, número 11, enero –junio 2016), 95.
76
Misael Kuan, Civilización, Frontera y Barbarie 1893-1929, (Bogotá: Universidad Javeriana, 2015).
77
Trabajo reciente sobre colonización en el Choco y la Sierra Nevada de Santa Marta por parte de la
historiadora Lina Marcela González Gómez (2015), “El Chocó en el siglo XIX: encrucijada histórica, social,
territorial y conceptual “En: Caldas, una región antigua y nueva, tradicional y moderna, local y nacional.
Hacia un nuevo siglo XIX, del noroccidente colombiano, balance bibliográfico de Antioquia, Caldas y Choco,
Tomo II, 200 años del Antioquia, universidad Nacional de Colombia.
78
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969)
79
Geovanny Arteaga Montes, Historia del tramo, camino Viejo en el putumayo: importancia, teórica y
metodología para abordar el estudio de los caminos. (Revista historia 2.0, conocimiento de historia en clave
digital, Año VI, número 11, enero –junio, 2016).
Por lo tanto, dice Arteaga, la importancia estratégica que tienen los caminos y
carreteras, es permitir la conexión entre el interior y la zona de selva, es decir, centro-
periferia, siendo la punta de lanza para la vinculación del Putumayo a los nuevos mercados.
Dichos caminos fueron construidos por los misioneros, gracias al enorme contacto que
tenía la prefectura con el gobierno central de Rafael Reyes, quien estaba igualmente
interesado en el proyecto, aunque al agotarse los recursos, las misiones se vieron obligadas
a centrar su trabajo con mano de obra indígena.

Otro elemento de comparación entre estos dos tipos de colonización, es decir, la


región Andina y la selva Amazónica, es el clima, en las dos, el colono se vio obligado a
resistir las enfermedades y las malas condiciones. Palacio, en su libro: “Fiebre de tierra
caliente, una historia ambiental de Colombia 1850-1930”80, quien escudriña en autores
como Gómez y Domínguez81, planteando que, los procesos de colonización fueron muy
similares frente a las condiciones adversas que debieron enfrentar los colonos, además
realiza un análisis geográfico y económico de los mismos, que resulta pertinente para este
balance, pues habla, entre otras cosas, de diversos lugares de colonización, poniendo en
contexto el tema del medio ambiente, siendo el clima una variable interesante para el
análisis.

Para este tipo de análisis Palacio,82 menciona los comentarios de Agustín Codazzi
sobre la Amazonía, augurando un futuro promisorio:

El único remedio para la soledad se encuentra en el futuro, ya que cree que la gente
europea vendrá en algún momento, aunque aspira, al menos, a que la gente del altiplano
Colombia no venga antes "descuajando selvas, abriendo caminos y fundando pueblos.83

80
German Palacio Castañeda, Fiebre de tierra caliente, una historia ambiental de Colombia 1850-1930,
(Bogotá: Editorial Filigrana, publicado digital, Universidad Nacional, 2006).
81
Camilo Domínguez y Augusto Gómez, Amazonia Colombiana: Formas de Acceso y de Control de la
fuerza de Trabajo Indígena (1850-1930). (Bogotá: Revista Colombiana de Antropología-Volumen XXVII,
1986).
82
German Palacio Castañeda, Fiebre de tierra caliente, una historia ambiental de Colombia 1850-1930,
(Bogotá: Editorial Filigrana, publicado digital, Universidad Nacional, 2006).
83
German Palacio Castañeda, Fiebre de tierra caliente, una historia ambiental de Colombia 1850-1930,
(Bogotá: Editorial Filigrana, publicado digital, Universidad Nacional, 2006), 199.
Así pues, considera que la postura de Codazzi es contradictora, ya que también
plantea que, la Amazonía es un desierto en términos económicos, y que, por lo tanto, a
futuro estas tierras serán colonizadas, conllevando que los “salvajes” sean, inevitablemente
sometidos.

En síntesis, Codazzi describe un territorio que, aunque poblado de "salvajes", declara


desierto y baldío pero lleno de potenciales tesoros, con lo cual, cuando sea poblado por
los habitantes provenientes de los Andes y, con mayor razón, por nueva sangre europea,
se hará realidad todo el potencial de la Amazonía.84

2.2 “La Colonización Dirigida”, misiones capuchinas en el Amazonas.

El proceso de dominación y colonización de las misiones en el sur del país (Caquetá


y Putumayo), entre 1902-1970, tiene un ingrediente nuevo según el investigador Bonilla
(1969), quien encuentra que las misiones sí usufructuaron las tierras indígenas entregadas
para su control, en especial las que se adjudicaron para sí, siendo esa la mayor denuncia,
realizada en el año de la publicación del libro de Bonilla que llevó en 1970 a ser revisado,
firmando un nuevo Concordato con el Vaticano.

Imagen 5. Fuente: Misiones Capuchinas en el Caquetá y el Putumayo 1912, internado de niñas


indígenas en el Putumayo, con el vestuario blanco y de algodón.

84
German Palacio Castañeda, Fiebre de tierra caliente, una historia ambiental de Colombia 1850-1930,
(Bogotá: Editorial Filigrana, publicado digital, Universidad Nacional, 2006), 104.
Las denuncias de Bonilla fueron fuertes y en cierta medida, políticas al demostrar
que las relaciones entre la iglesia y los colonos e indígenas no eran las mejores, ya que
mientras los pobladores atravesaban penurias, la misión, por el contrario, controlaba el
territorio sometiendo a todo aquel que lo habitara. Esta visión es estrictamente comercial y
nada piadosa por parte de la prefectura Apostólica del Putumayo; Bonilla plantea que Fray
Fidel Montclar declaraba: “Así pues, la sociedad necesita de pobres y ricos, de pequeños y
grandes propietarios, y será contrario a lo dispuesto por la provincia divina, excluir a
cualquiera de estos dos importantes factores”85

Por otro lado, Bonilla también destaca en su obra: “Puede, entonces, darse por
sentado que reinaba un estado generalizado de minifundio y miseria entre indígenas y
colonos ya que eran pocos los que habían logrado establecer fundos económicamente
explotables”.86 Esto significa, el gran poder que tenían las misiones en el sur del país; no
solo tenían la mano de obra barata de las comunidades indígenas, que les pagaban el
diezmo con trabajo, sino, que recibían las rentas o dineros que le entregaba el Estado
producto del Concordato 1887 y los acuerdos en 1902, 87 “Porque era bien conocido el
hecho de que la Misión Capuchina recibía del gobierno Nacional sumas más de cinco veces
superiores a las vertidas a la administración civil del territorio”88

Aunque las fuentes de Bonilla son los propios documentos de la Misión; informes
que desempolvó en los archivos de Pasto, Popayán y Bogotá 89; afirma que estos tenían
demasiadas restricciones, y era poco el acceso permitido:

Dada la inexistencia de información oficial sobre el empleo de los auxilios vertidos a los
doctrineros y ante la imposibilidad de tener acceso a la contaduría capuchina, hemos de
85
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969),162.
86
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969),162.
87
El dinero que debía pagar el Estado a la Misión para cubrir la labor “civilizadora y evangelizadora”, quedó
estipulada en el concordato 1889, y su reglamentación de la ley de Misiones de 1902.
88
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 163.
89
A partir del capítulo IV, del libro Siervo de Dios y amo de indios, Bonilla anota: “habíamos dejado la
historia del Alto Putumayo a finales del siglo XIX. Al reanudarla gozará de una notable ventaja: la existencia
de suficiente documentación. En especial, de las preciosas crónicas de los capuchinos, misioneros e
historiadores, quienes nos transmitirán numerosos documentos inéditos de gran valor”, 67.
basarnos exclusivamente en algunos documentos publicados o retenidos por la Misión.
Así, los datos numéricos y cartográficos adquieren irrefutable significado. 90

Una manera como los empresarios de la tierra atraen a los campesinos-colonos para
que se desplacen a las zonas de colonización fue el mito y leyenda indígenas, por ejemplo,
en las zonas mineras de Caldas, atrayendo guaqueros, sobre enterramientos en la región,
promoviendo que había un motivo para salir de la pobreza rápidamente; pero logrando
indirectamente que se desarrollase una actividad minera a gran escala, en regiones como
Supía-Marmato y Salento. “La conseja fue recibida con entusiasmo en Antioquia y atrajo
muchos aventureros, la mayor parte de los cuales se dirigieron al distrito de Salento, donde
fueron retribuidos con unas pocas huellas de oro halladas en las arenas del rio”.91

Dichas leyendas y mitos indígenas, como la ya conocida del Dorado, hicieron que
en el Putumayo se intensificara la llegada de colonos en busca de guacas y tesoros. Las vías
de comunican son un elemento importante, según Parsons, al encontrar en la indagación de
los archivos, que los propietarios, tanto latifundistas, como minifundistas, debían aportar su
fuerza de trabajo para la construcción de los caminos y carreteras, si querían acceder a
nuevos beneficios.

En este ejercicio comparativo entre la colonización de la zona Andina de Caldas y


Tolima, con lo que ocurrido en el Putumayo y el Caquetá, la idea de sociedades
democráticas, producto de la colonización antioqueña, se ha puesto en duda por parte de
algunos historiadores como se había anotado anteriormente 92, se cuestiona que se vendiera
la falsa idea de colonos democráticos, basados en la Revolución Francesa (sociedades
democráticas), así como, la iglesia y sus misiones, como sectores que traerían el progreso a
las regiones, cosa muy alejada de la realidad.

90
Víctor Bonilla Sandoval, Siervo de Dios y Amos de Indios, el Estado y la Misión Capuchina en el
Putumayo. (Bogotá: Editado por el Autor, 1969), 156. Es importante reseñar la fuente utilizada por Bonilla,
cual es El mapa y escritos del hermano Pedro Claver, fechado 1922. Esta utilizada “Amazonía Colombiana
Americanista n 2-3 Pp. 8 Texto Misceláneas y en una postal capuchina del mismo año. Ídem; 159, 161,165.
91
James Parsons, La Colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. (Bogotá: Carlos Valencia editor,
Banco de la República, 1961), 121.
92
Jaime Londoño, Los Procesos de Frontera y de Colonización del Suroccidente Colombiano. Un Modelo
Alternativo a la Colonización Antioqueña de James Parsons”. (Cali: Universidad del Valle publicado por
ICAH; 2002).
2.3. Catherine Legrand y los desarrollos sobre el estudio de la colonización a
nivel de protestas campesinas.

A lo largo de este capítulo se ha dejado claro que Legrand y Parsons son los
pioneros fundacionales en el tema de la colonización en Colombia, quienes estudiaron estos
procesos a finales del siglo XIX y comienzos XX. Legrand en 1978, siendo estudiante de la
Universidad de Stanford, en su doctorado en Historia Social, llegó a Colombia con la
intención de estudiar y comprender cómo se dio la colonización en el sur del Tolima,
interesándose, inicialmente, por un trabajo de microhistoria sobre los campesinos del
Líbano Tolima, pero en ese proceso de investigación encontró, en los repositorios del
Archivo General de la Nación, más de 400 archivos desordenados y sin catalogar, sobre las
denuncias al Estado por parte de tinterillos, apoderados legales de los campesinos ante el
Estado, para denunciar en su nombre, los presuntos abusos de terratenientes, que pretendían
robarles sus tierras.

Pero después de 1874, se produjo un cambio significativo: los colonos independientes


comenzaron a organizarse para oponerse a la usurpación de los empresarios. En muchas
regiones del país, pequeños grupos de campesinos, amenazados por un solo terrateniente
o compañía de explotación se opusieron obstinadamente a tales expropiaciones. 93

En relación con lo que estaba ocurriendo en el sur de país, el campesino también


denuncia frente a los entes estatales, a los propios colonos que fueron traídos, o por la
iglesia, o por los gobernantes nariñenses, quienes no perdían su intención de influir
políticamente en el proceso mismo de la región del Putumayo y Caquetá, las cuales en 1905
se convirtieron en comisarías.

Este proceso, llamó poderosamente la atención de la investigadora, también por


recomendación del profesor Marco Palacios, quien le sugirió a Legrand, adelantar un
trabajo ambicioso que consistía en el estudio de los baldíos en Colombia y los conflictos
sociales que esto traería, producto de la lucha por la tierra, que no solo se aplicaba para los
campesinos, colonos, indígenas y todos quienes pelearan por un terruño para vivir en este
vasto territorio deshabitado, desatando un periodo de protestas campesinas no historiado
entre 1850-1950, y que hasta ese momento (1978), nadie lo había hecho. Esta investigación

93
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 94.
le permitió a Legrand, poner en tela de juicio la investigación de James Parsons, que en la
década de los cincuenta había hecho afirmaciones muy románticas sobre la colonización
antioqueña, como ya se ha analizado.

La colonización incluye la participación de diversos sectores sociales, desde los


desterrados, perseguidos, muchas veces invisibilizados, hasta las elites como comerciantes
y banqueros, como promotores de este proceso con la fundación de ciudades en el eje
cafetero en la región montañosa, y la iglesia como promotora de la colonización en el sur
del país, a través de su destacamento de misioneros, con todo el poder otorgado por el
Estado, aunado a procesos espontáneos y dirigidos, para la llegada de colonos de otras
latitudes como Cauca, Nariño y Tolima e incluso los antioqueños.

La gran diferencia, entre la colonización del centro del país, o región Andina y la
Amazonía son los intereses, como lo mencionan los autores Camilo Domínguez y Augusto
Gómez94, si bien los primeros colonos en la selva entraron en busca de tierras para
explotarlas; lo que más motivó la llegada de nuevos pobladores fue su interés por participar
en la extracción del caucho, y la economía extractivista que estaban viviendo. Es decir, no
se puede escapar a la manera como el Estado asume la dirección y el control sobre su
espacio físico, pero también cómo los agentes distintos al poder estatal tratan de sacar el
máximo provecho a esta condición, en ese sentido la Casa Arana será el más claro
exponente de esta disputa por el poder por la territorialidad de esta.

La historiadora Catherine Legrand hace un valioso e importante aporte al estudio de


la colonización en Colombia, partiendo de una veta de información hallada en el Fondo
sobre Baldíos, que fundamentalmente le permitió hacer seguimiento de todo el proceso de
tierras y las leyes sobre la adjudicación de estas, después de la Independencia.

El procedimiento legal para titular baldíos consistía en dirigirse al gobierno nacional en


solicitud de una concesión. Muchos empresarios que adoptaron este método compraban
la· tierra con bonos territoriales. Durante el siglo XIX y comienzos del XX, estos
representaban un recurso legítimo para obtener concesiones. Una vez en el mercado, los
bonos tendían a devaluarse rápidamente a una fracción apenas de su valor nominal. 95

94
Camilo Domínguez y Augusto Gómez, La Economía Extractiva en la Amazonía colombiana 1850.1930,
(Corporación colombiana para la Amazonía colombiana Araracuara, 1990).
95
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 72.
Los empresarios de la tierra poco se interesaron por internarse en la montaña o la
selva, por lo que crearon compañías que se encargaron de desarrollar toda la
infraestructura, para realizar la venta de hectáreas a los colonos interesados en comprar
tierras en la región cafetera, los campesinos más pobres buscaban los lugares jamás
penetrados por dichas compañías, por otro lado, los “banqueros” empezaron a comprar
bonos que expedía el Estado para cubrir sus deudas con los bancos, más tarde con el auge
de la política exportadora, al Estado ya no le interesaba vender a bajos precios la tierra o
entregarla para abrir o colonizar la frontera agrícola, sino, realizar concesiones a los
empresarios exportadores que necesitaban de esas tierras, con la firme intención de
comprometerse a abrir caminos y mantenerlos, especialmente a compañías extranjeras en la
zona mineras, como lo ha investigado Garner96 donde explica la llegada de una gran colonia
de extranjeros al país, interesados en desarrollar la minería y realizar trabajos en la
construcción de ferrocarriles y caminos. Anota Catherine Legrand que el Estado tenía 3
grandes objetivos sobre la venta o adjudicación de baldíos:

La política de la colonización en Colombia entre 1820-1870 estaba orientada a 3


objetivos específicos: mediante la oferta gratis de tierra, el gobierno procuraba a traer
inmigrantes extranjeros, poblar las regiones adyacentes a sus límites territoriales, y
mantener la red vial.97

La primera emisión de bonos territoriales se produjo en 1838, de allí hasta 1898 se


siguió desarrollando este tipo de política por parte del congreso colombiano, anota Legrand,
que el Estado se dedicó a entregar extensiones de tierras, unas a los empresarios
exportadores, y otras a medianos y pequeños colonos, con la condición de abrir carreteras y
desarrollar actividades agrícolas necesarias que conecten con el resto de país. Quienes
aprovecharon esta explosión de bonos fueron el sector financiero, al punto que las personas
con gran capital compraban dichos bonos para luego, con una cantidad considerable,
solicitar se le adjudicara en los territorios donde fuera más productiva.

Otro elemento importante que señala Legrand, como parte de las ideas o la
definición de tierras baldías, era que, para mediados del siglo XIX en Colombia el 60% de

96
Álvaro Garner, Los Místeres de la minería, crónica de la colonia europea más grande de Colombia en el
siglo XIX, surgida alrededor de las minas de Marmato, Supía y Riosucio, (Manizales: Editorial Universidad
de Caldas. Primera edición en 2005, 2015).
97
Catherine Legrand, Colonización y Protestas Campesinas en Colombia (1850-1950). (Universidad
Nacional de Colombia, primera edición 1988, 2016), 34.
la tierra era improductiva, predominando grandes extensiones de tierra sin poblar, sin
producir y habitada por algunos indígenas, pero en su gran mayoría eran tierras que estaba
deshabitada.

Con la vinculación de Colombia al mercado internacional, con productos agro-


exportadores, de ciclos muy cortos como el tabaco (1854-77), algodón (1863-70), el índigo
(1868-76), y la chinchona (1869-1882), señala Pérez, 98 se buscaba sostener un Estado
endeudado, y potenciar las economías internas, que indiscutiblemente necesitaban impulsar
las vías de transporte y comunicación con la construcción de los ferrocarriles(1860) y más
tarde las carreteras, Gómez99 y Sánchez,100 consideraban que las vías de comunicación para
la Amazonía, eran claves para sacar del anonimato, dichas tierras y ponerlas a producir, ya
sea por impulso de los particulares o por la iglesia.

Catherine Legrand hace una fuerte crítica, en su texto, a la exaltación que se ha


hecho de la colonización antioqueña, como expresión de “prácticas democráticas”, como
es el caso de la política de baldíos que se desarrolló en varias regiones del país entre 1820 y
1870, que entrego por ejemplo de 7.500 a 12.000 hectáreas, de las cuales 200 a 400
hectáreas fueron destinadas a los pueblos o tierras comunitarias. Lo anterior hizo parte de
una política de fundación de pueblos donde se contrataba un agrimensor nombrado por el
gobierno departamental para repartir estas tierras entre “las familias calificadas”. Así pues,
estas dejaban de ser democráticas, en la medida en que, los comerciantes se iban
apropiando igualmente, adjudicándose los terrenos. La autora anota, por tanto, que esta
serie de leyes, fueron solo un repertorio, donde en últimas se llevó a cabo una apropiación
de grandes extensiones de baldíos, buscando provocar un volcamiento, tanto de capital
como de mano de obra sobre las tierras baldías, lo cual explicaba los avances que se
iniciaban en la frontera del sur y las expediciones adelantadas de Rafael Reyes en 1876.101

98
Carolina Pérez, Nosotros y los otros, las representaciones de la Nación y sus habitantes, Colombia 1880-
1910. (Bogotá, Editorial Universidad Javeriana, 2015)
99
Gonzalo Sánchez Gómez, (Compilador). Nuestra Vida ha Sido Nuestra Lucha, Resistencia y Memoria en el
Cauca Indígena. (Bogotá: Informe del Centro de Memoria Histórica, Taurus pensamiento editores, 2012).
100
Lina Sánchez Sterling, Mocoa. Análisis histórico de los procesos de estructuración espacial y
urbanización en contextos de colonización, conflicto y migración. Siglos XVI-XX. (En Pioneros, colonos y
pueblos, memoria y testimonio de los procesos de colonización, Universidad del Rosario, Universidad
Nacional de Colombia, 2015).
101
Estefanía Ciro Rodríguez, Reyes, Rafael (1924), Por la América del Sur, Memorias de Rafael Reyes,
(2018), 8.

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