Los fertilizantes sintéticos afectan a la atmósfera al liberar nitrógeno reactivo que se oxida
convirtiéndose en monóxido y dióxido de nitrógeno (NOx). Este proceso conduce a
diversos problemas ambientales, entre ellos que dichos gases son sumamente
perjudiciales para la capa de ozono (O3). Con cuya destrucción se incentiva el efecto
invernadero que acelera el calentamiento global.
Los fertilizantes químicos han contribuido al rendimiento de los cultivos, produciendo un
aumento en la producción de alimentos en el mundo. El consumo de fertilizantes a nivel
mundial fue de 181,9 millones de toneladas (t) en el periodo 2014/2015, correspondiente
a 102,5 millones de t de nitrógeno; 45,9 millones de t de fósforo y 33,5 millones de t de
potasio. En Chile el consumo para mismo periodo fue de 169 kt de nitrógeno, 130 kt de
fósforo y 99 kt de potasio.
La agricultura convencional depende de la aplicación de fertilizantes minerales solubles,
con el fin de lograr mayor rendimiento en los cultivos. Pero la aplicación excesiva ha
producido: eutrofización, toxicidad de las aguas, contaminación de aguas subterráneas,
contaminación del aire, degradación del suelo y de los ecosistemas, desequilibrios
biológicos y reducción de la biodiversidad
Los principales impactos negativos de los fertilizantes sobre el agua son: lixiviación, aguas
subterráneas y superficiales. En el caso del suelo los impactos negativos son: variación del
pH, deterioro de la estructura del suelo y deterioro microfauna. Por último, el efecto en el
aire se debe principalmente de la aplicación inadecuada de los fertilizantes.
El nitrógeno es uno de los nutrientes primarios, siendo el principal limitante para la
productividad agrícola, ya que el N es un constituyente de enzimas, proteínas, ADN, y
clorofila. Los principales impactos de la aplicación excesiva del nitrógeno son la
eutrofización, acidificación y toxicidad. Por último, el principal impacto al medio ambiente
es la aceleración del proceso de eutrofización del agua.
Existen cuatro tipos de fertilizantes:
1. Fertilizantes orgánicos: también se les conoce como abonos y son de
origen animal o vegetal. Su principal beneficio es que el uso de
fertilizantes orgánicos mejora el estado del suelo y favorece la retención
de agua y nutrientes. Por este motivo, se utilizan sobre todo en la
agricultura ecológica. Algunos tipos de fertilizantes orgánicos son el
estiércol, el compost y los abonos verdes.
2. Fertilizantes químicos: el mayor beneficio del uso de fertilizantes
químicos en la agricultura es que se obtienen resultados muy
rápidamente. De forma visible, mejoran el estado de salud de las plantas
y aumentan la producción de las cosechas. Sin embargo, deben usarse
eficazmente.
3. Biofertilizantes: llamamos así al fertilizante para plantas que contiene
microorganismos vivos. Al igual que los fertilizantes orgánicos, también
se utilizan en la agricultura ecológica, ya que son muy respetuosos con
el medio ambiente.
4. Bioestimulantes: también incluyen microorganismos. La diferencia
respecto a los biofertilizantes es que en este caso los microorganismos
no se utilizan como nutriente sino para estimular el crecimiento de las
plantas.
Conclusión
Los efectos de los fertilizantes químicos sobre el medio ambiente están
ampliamente probados y son incuestionables, estando demostrado que
su uso conlleva un riesgo elevado de daños ambientales, como son la
contaminación de las aguas subterráneas degradación de los suelos
sobre los que se aplican, quemaduras de sal. Crecimiento exagerado,
entre otros. Estos traspasan a los alimentos, animales y luego son
consumidos por el ser humano.
Por tanto, es necesario encontrar puntos de equilibrio y
complementarlos con abonos y compuestos orgánicos, además de
analizar los suelos y plantas constantemente para asegurarse de que los
diferentes valores sean los idóneos y detectar a tiempo reacciones
negativas.
Es aquí donde nuestra empresa Grupo TSI Life Science - Eurofins entra a
jugar un papel muy importante en el monitoreo de todos los
agroquímicos existentes en el mercado, donde podemos analizarlos en
todas las matrices: alimento vegetal y animal, suelos y aguas entre
otras.
FERTILIZANTES QUÍMICOS: UN RIESGO PARA EL MEDIO AMBIENTE
Si bien los fertilizantes químicos brindan nutrientes a las plantaciones
agrícolas, si se abusa de ellos, pueden suponer un peligro para el medio
ambiente. Y es que el excedente de nutrientes contamina suelos y
aguas.
Esto se debe a las pautas de producción y utilización actuales, además
de a una falta de gestión eficiente. Ello no es sostenible y, además,
conlleva efectos negativos para la salud.
A continuación, listamos los mayores inconvenientes de utilizar estas
sustancias en demasía:
PROBLEMAS DE SALUD
Se estima que se producen 385 millones de envenenamientos
involuntarios anuales y 11 mil muertes por plaguicidas. Asimismo,
un mal uso de los fertilizantes químicos puede incurrir en cánceres y
otras consecuencias neurológicas, inmunológicas y reproductivas.
INFERTILIDAD DE LOS SUELOS
Si bien los fertilizantes químicos contribuyen al desarrollo de las plantas,
éstos no ayudan al suelo donde crecen. Es más, pueden causarle un
importante daño. Los excesivos niveles de nutrientes de algunos
fertilizantes químicos saturan la tierra, anulando la efectividad de
otros nutrientes fundamentales. Todo ello lleva a la infertilidad de los
suelos.
SUELOS ÁCIDOS
Los suelos también pueden resultar estériles por el aumento de
acidez que los fertilizantes químicos provocan. Y es que muchos de
ellos incorporan ácido sulfúrico y clorhídrico. Si se utilizan en exceso,
pueden afectar negativamente a los microorganismos y al pH del suelo
(y, por ende, al desarrollo de las plantas).
INCREMENTO PELIGROSO DE LOS MICROORGANISMOS
En cambio, los fertilizantes químicos ricos en nitrógeno pueden tener el
efecto contrario a los fertilizantes más ácidos. Y esto tampoco es
positivo para los suelos. Demasiado nitrógeno incrementa el número
de microorganismos. En caso de que su población sea excesiva, estos
seres dañarán a las plantas en lugar de ayudarlas. Esto se debe a que
consumen toda la materia orgánica y nutrientes del lugar.
CONTAMINACIÓN DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS
Como adelantábamos, las plantas únicamente pueden absorber una
cantidad limitada de nutrientes. Por lo que, si aplicamos demasiados
nutrientes sintéticos, el fertilizante se filtrará por el suelo, llegando a
arroyos, ríos, mares y lagos. Por supuesto, la consecuencia es que estos
fertilizantes químicos, mal empleados, pueden contaminar los
suministros de agua potable.
EXCESO DE CRECIMIENTO DE LAS PLANTAS
Dada la alta intensidad de los fertilizantes químicos, en ocasiones, éstos
pueden provocar que las plantas adquieran demasiado tamaño para
su salud. Las extremidades más largas y gruesas pueden dañar el
follaje. Asimismo, un notable incremento de peso ejercería una presión
indeseada sobre las raíces de los cultivos.
QUEMADURAS DE SAL
Los fertilizantes químicos pueden hacer quemaduras de sal en ciertas
partes de las plantas, deshidratando sus tejidos y secándolos.
Los efectos negativos de los fertilizantes químicos se deben, en su
mayoría, al empleo abusivo e ineficiente que se hace de ellos.
SOLUCIONES: BIOFERTILIZANTES Y BIOESTIMULANTES
Por suerte, se está intentando revertir la situación. Existen empresas
que producen biofertilizantes y bioestimulantes para mejorar los cultivos
y recuperar los suelos:
Biofertilizantes: estos fertilizantes poseen microorganismos vivos, por
lo que son mucho más respetuosos con el medio ambiente.
Bioestimulantes: también contienen microorganismos. Se distinguen
de los biofertilizantes en que no se utilizan como nutrientes para las
plantas, sino como estimulante de su crecimiento.
En definitiva, hablamos de abonos sostenibles que aumentan la
disponibilidad de nutrientes en las cosechas, a la vez que respetan el
medio ambiente. En otras palabras, aunque mejoran el rendimiento de
los cultivos, mantienen el suelo en óptimas condiciones y previenen la
contaminación de las aguas subterráneas. Además, pueden aplicarse en
la mayor parte de suelos existentes.
CONCLUSIÓN
Si bien los fertilizantes pueden ser de gran ayuda para la agricultura, el
uso excesivo de sustancias químicas está lejos de resultar sostenible.
Por ello, cada vez más empresas apuestan por la producción de abonos
ecológicos y biofertilizantes que contribuyan a las cosechas sin poner
en riesgo al medio ambiente.