Gnosis y Teología Prenicena de Orbe
Gnosis y Teología Prenicena de Orbe
ANTONIO ORBE:
LA GNOSIS Y LA TEOLOGÍA PRENICENA1
LUIS F. LADARIA
PONTIFICIA UNIVERSITÀ GREGORIANA
ROMA
1
Conferencia pronunciada en Roma, el 12 de diciembre de 2006, en el curso de un coloquio
organizado por Sources Chrétiennnes que tenía por título general Les patrologues humanistes
e
du XX siècle.
2
Cf. A. ORBE, Cristología Gnóstica I, 1976, XVI: “Algún crítico se me ha escandalizado de la
simpatía con que estudio a los sectarios. Es imposible estudiar a los grandes gnósticos sin la
apertura necesaria para sintonizar con ellos y robarles su extraña y vigorosa forma mentis. Hay
que presentarles como se presentarían ellos, defenderles ante las críticas demasiado ingenuas y
sopesar los grandes valores de exégesis y doctrina en las alturas en que espontáneamente se
mueven”. Teología de San Ireneo. I. Comentario al Libro V del “Adversus haereses” (Madrid-
Toledo 1985) 12: “Yo no gusto de hacer apología. Me han acusado de simpatizar con los gnósti-
cos. Infinito más simpatizo con Ireneo; mas también a los herejes busco sacarlos coherentes
antes que disparatados”.
3
A. ORBE, “La Patrística y el progreso de la teología”: Gregorianum 50 (1969) 542-570, 551-
552; Introducción a la teología de los siglos II y III, 2 vol. (Roma 1987) 7: “El error y la verdad
coinciden antes del bivio. Si el error viene siempre después de la verdad, tanto será más digno
de estudio cuanto mejor descubra sus comunes raíces o fuentes de inspiración”.
EL P. ANTONIO ORBE 419
4
A modo de ejemplo, A. ORBE, Antropología de San Ireneo (Madrid 1969) 5: “Hasta ahora he
dirigido la atención hacia los estudios valentinianos. Creo llegado el tiempo para abordar la
teología del Santo… En el campo infinito de novedades, hay una que me atrae: situar la teología
de Ireneo en su siglo, a la luz de los teólogos coetáneos, ortodoxos y herejes. Muchas veces
iluminan más los adversarios que los amigos”; ibíd., 518: “Ya es bastante entender a un Ireneo.
Pero si él solo no llega explicarse, porque se distrajo alguna vez atento a otro mundo de preocu-
paciones, habrá que iluminarlo desde fuera. Hay ciudades que sólo de noche revelan su belle-
za… Y hay autores que las revelan únicamente con ajena luz. Algo de eso le ocurre a s. Ire-
neo…”.
5
Introducción, 5: “A los valentinianos (y ofitas) corresponde el mérito de la prioridad. De
golpe, sin antecedentes que los anunciasen, se presentaron con absoluto dominio en todos los
campos de la teología, y trazaron la Economía de la Salud dentro de una línea continua. No se
advierte entre ellos indecisión… Hayan o no largamente reflexionado sobre los temas caracterís-
ticos de la Regla de fe, los teólogos valentinianos ofrecen un sistema complejo, definido hasta
los perfiles últimos… A la concepción unitaria de los heterodoxos respondieron los eclesiásticos,
por reacción, con otra también unitaria. La segunda mitad del s. II asiste al duelo dogmáticamen-
te más fuerte de la historia de la Iglesia. Dos teologías nacían y pugnaban por adueñarse del
campo, reclamando para sí las fuentes reveladas y la clave de su interpretación. Encuentro
global, en todos los frentes: trinitario, sobre el cosmos, antropológico, sobre Cristo… A diferencia
de los errores… del s. IV y siguientes, limitados a puntos muy concretos, la teología del s. II
presentaba batalla en todas sus líneas, por lo mismo que se ofrecía clausa, en bloque, sin dis-
tinción de partes”.
6
Cf. en particular E. ROMERO POSE, “La obra escrita del P. Antonio Orbe”: Revista Española
de Teología 59 (1999) 149-198; ID., La investigación sobre la primera teología cristiana (signifi-
cado y alcance de la obra de A. Orbe). Discurso pronunciado en el acto de su toma de posesión
como académico numerario de la Real Academia de Doctores el día 14 de enero de 2004, Ma-
drid 2004; F. BERMEJO RUBIO, “La significación de la obra de A. Orbe para la comprensión del
gnosticismo valentiniano”: Compostellanum 40 (1995) 123-129.
420 L. F. LADARIA
7
La Patrística y el progreso, 552.
8
Orbe considera esta fórmula más decisiva que la otra también usada por el Alejandrino,
tamquam splendor a luce; cf. Hacia la primera teología de la procesión del Verbo (Roma 1958)
504.
9
Ibíd., 505.
EL P. ANTONIO ORBE 421
10
Cf. ibíd.
11
Ibíd., 507; cf. todo el contexto, 506-507; Orbe señala las similitudes y diferencias entre
valentinianos y arrianos, ibíd. 507: “Los arrianos habían sido denunciados por su inspiración
valentiniana… Se descubren analogías y diferencias entre unos y otros. Todos ellos admiten la
no-eternidad del Logos; la libertad en su procesión a Patre; y la intervención de la voluntad
divina en su origen. Pero mientras los valentinianos salvan muy bien la naturaleza divina del
Verbo, los arrianos, corrompiendo abiertamente la mentalidad valentiniana… atribuyen al Verbo
un origen ex nihilo”.
422 L. F. LADARIA
12
Hacia la primera teología, 752-753. Introducción a la teología, 48: “En resumen, Dios se
contempla desde siempre, con su intelecto en ejercicio (Ennoia), mas sin concebir ni engendrar
verbo. La concepción del Unigénito in sinu Dei es fruto de su querer positivo, y origen de la
economía de la revelación. A no haber decidido el Ignoto libro y gratuitamente manifestarse
afuera, tampoco hubiera tenido un Hijo. La Economía, inaugurada con la aparición del Unigénito,
es obra de la Charis, Gracia de Dios; fruto de un pensamiento graciosamente orientado extra
Deum”. Cf. ibíd., 49-50 para Hipólito y Tertuliano.
13
El elemento de la voluntad es el único que acomuna a valentinianos y arrianos. Estos
últimos pensaban que si el Logos viene libremente de Dios procede de la nada como las criatu-
ras. Pero el fundamental presupuesto arriano es la negación de toda procesión a partir de la
sustancia paterna. En este punto se apartan tanto de los eclesiásticos como de los gnósticos.
Por eso concluye Orbe, Hacia la primera teología, 752 : “Entre Valentín y Arrio hay más distancia
en las ideas que en el tiempo”.
14
Ibíd., 754: “La teología había de canonizar en efecto el proceso intelectual del Verbo,
eliminando con s. Atanasio su connotación libre a la Economía del mundo, y con s. Agustín las
etapas graduales “in deminorationem”; reteniendo la intelección intuitiva eterna de Dios sobre Sí
propio, y la salud del hombre mediante la visio paternalis del Hijo”.
EL P. ANTONIO ORBE 423
II. ANTROPOLOGÍA
Este juicio nos lleva a otro punto, las incursiones de Orbe en torno a la
antropología, en particular la de san Ireneo, a la que dedicó una de las obras
para él más queridas, su Antropología de san Ireneo. Precisamente en el
mismo año de la publicación de este libro caracterizaba Orbe la trayectoria
de las grandes tradiciones patrísticas, para él fácilmente reducibles a tres:
a) la tradición asiática, representada por algunos PP Apostólicos, Melitón,
ps. Hipólito…, Teófilo Ant., Ireneo, Tertuliano, Lactancio, elementos de Gre-
gorio de Elvira, Zenón de Verona, Prudencio.
b) la tradición alejandrina, arraigada en Filón, y definida genialmente por
los dos grandes (Clemente y sobre todo Orígenes). Entre los origenianos,
que son legión, se salvan bien pocos por su originalidad: s. Ambrosio en
puntos de cristología, y san Hilario en todo.
c) la tradición agustiniana.
15
En los albores de la exegesis ioannea (Ioh. I,3), Roma 1955, 343: «Sin violentar técnica-
mente lo más mínimo de la letra del Evangelio, conservando juntamente la jerarquía entre el
Logos y el Demiurgo, los valentinianos logran explicar cómo todas las cosas materiales del
cosmos han sido hechas por el demiurgo psíquico, de los judíos, mediante el Logos espiritual,
de los verdaderos cristianos… El tecnicismo de las partículas causales se armoniza con la doc-
trina cosmológica, con una perfección superior a la vislumbrada por Orígenes. Y constituye un
espécimen de la especulación primera del cristianismo intelectual, helenizante. Especulación
desentonada por antievangélica, pero dialécticamente impecable… Quienes más presumían de
espirituales, fueron en tal sentido los más dialécticos y literales en la exégesis de la Escritura».
16
Hacia la primera teología…, 753.
424 L. F. LADARIA
De las tres, la tradición asiática es la más fina, inmediata y fiel a las autén-
ticas esencias joanneas y paulinas; pero también la más ignorada y difícil17.
Las preferencias no se ocultan, como fácilmente se ve. También aquí la
referencia a la gnosis se revela positiva. Inspirados en 1 Ts 5,23, y alterando
en el espíritu y la letra el texto paulino, los gnósticos consideran los tres
componentes del hombre paulino como diversos, en el sentido de que no son
tres aspectos o dimensiones de un solo hombre sino tres hombres diversos,
cada uno con su destino peculiar. Y por consiguiente hubo tantas creaciones
del hombre como categorías de seres humanos hay. En Gn 1,26s, y 2,7 leí-
dos en diversos niveles, se descubre la creación de los tres hombres, espiri-
tual, psíquico e hílico. El hombre espiritual tiene su origen en el Anthropos
andrógino divino y en la Hembra separada después de él, de la misma sus-
tancia que Sofía (Espíritu Santo), creado por ello mismo a imagen del Salva-
dor. Se inserta en la historia con el alma viviente, dotada del Espíritu, espíritu
vivificante. Su creación se encontraría descrita en Gn 1, 26-27. El hombre
psíquico ha sido hecho sólo mediatamente e indirectamente a imagen del
Anthropos divino, pero inmediatamente hecho sólo a semejanza del demiur-
go, en similitud de sustancia con él, inserto en la historia con la psique de
Adán, alma viviente. Su creación se encuentra descrita en el soplo de vida
del demiurgo que recibe el hombre en Gn 2,7. El hombre hílico, no fue mode-
lado ni siquiera según el demiurgo, su creación se halla en la conformación
del barro misterioso, está sacado de la materia viva irracional; entra en la
historia con el plasma de Adán18.
Pero Orbe en esta ocasión no contrasta el esquema antropológico de
Ireneo con el de los gnósticos, sino también con el de Orígenes, inspirado en
Filón. La distinción fundamental se sitúa entre el hombre hecho a imagen y
semejanza de Dios de Gn 1,26s y el modelado o formado del barro según Gn
2,7. En el hombre hecho se colocan, junto a las cualidades platónicas pro-
pias del nous, las paulinas del hombre espiritual, celeste, nuevo, interior.
17
La patrística y el progreso de la teología, 545. Casi 20años más tarde, en la Introducción a
la teología, 6, señalará: “Tal vez la obra dogmáticamente más vigorosa y rica de la antigüedad
es el Adversus haereses de san Ireneo”.
18
Cf. Introducción a la teología, 213-215. Antropología de San Ireneo, 527: “La [antropolo-
gía] gnóstica gira en torno al Anthropos espiritual. Tiene su paradigma en el Unigénito, Anthro-
pos e Hijo del Anthropos… Lo que en el Unigénito preexistía como forma celeste, torna… como
persona. Los hombres animales (psíquicos) y materiales (hílicos) juegan un papel subsidiario. El
verdadero anthropos, en forma y en natura, es siempre el hijo natural de Dios: según la forma y
esencia características del Unigénito”.
EL P. ANTONIO ORBE 425
19
Introducción a la teología, 214-215; Antropología, 527: “La antropología de Orígenes debió
de ser –y así merece definirse– psicología, dispensación de la salud entre intelectos puros”.
20
Introducción, 215-216.
426 L. F. LADARIA
oráculo (Gn 2,7): “Y tomó Dios de la tierra barro y plasmó al hombre”. Salta,
pues, a la vista, que el hombre modelado a imagen de Dios era carnal”21. Y
de manera semejante, también para Clemente Romano la plasmación del
hombre corpóreo corresponde al original designio del creador: “Finalmente,
con sus sacras e intachables manos, plasmó [Dios] al hombre, carácter de su
propia imagen. Habla, en efecto, Dios… (Gn 1,26-27)”22. El plasma y la ima-
gen no son por tanto incompatibles, más aún, se implican mutuamente. Dios
hizo al hombre formándolo, modelándolo del barro de la tierra. San Ireneo
seguirá este esquema y lo enriquecerá con la explícita mención del alma y
del Espíritu: “Pues convenía que primeramente fuera el hombre plasmado, y
plasmado recibiera el alma; y después así recibiera la comunión del Espíritu.
Por lo cual el primer Adán fue hecho por el Señor alma viviente, y el segundo
Adán Espíritu vivificante (1 Co 15,45)”23. Los tres elementos paulinos no de-
signan ya tres categorías de hombres, sino tres aspectos esenciales para
que se llegue al hombre perfecto. Para Ireneo indican el orden de la econo-
mía humana: viene en primer lugar el cuerpo, el limo de la tierra, que sería el
hombre plasmado a imagen de Dios; el soplo de vida lo constituye en hom-
bre animal con vida racional. Sólo la comunión del Espíritu lo hace hombre
espiritual. Del Génesis pasa Ireneo a san Pablo, su antropología se mueve
continuamente entre Adán y Cristo, éste último es el centro de la noción his-
tórica del hombre. “El plasma de Adán ha sido configurado a imagen del Cris-
to futuro. El primer Adán adopta la forma del segundo Adán. La figura huma-
na adoptada un día en futuro por el Unigénito de Dios, resulta en Cristo el
paradigma de la constitución de Adán”24. El hombre, en rigor no es imagen
de Dios, porque esta condición, según el Nuevo Testamento, pertenece en
exclusiva al Hijo Unigénito (cf. 2 Co 4,4; Col 1,15). El hombre ha sido creado
según la imagen, es imagen de la imagen, llamado a la perfecta semejanza
en la participación en la gloria de la resurrección. El paradigma último a partir
del cual y para el cual Dios ha modelado al primer hombre no es simplemen-
21
De Res. 7, cit. en Antropología, 14.
22
I Clem. 33,4-5, cit. en Antropología, 14; también en este mismo lugar se alude a A Diogne-
to, 10,2: “a los cuales plasmó a su imagen”.
23
Adv. Haer. V 12,2; cf. Antropología, 16. También Adv. Haer. V 6,1: “El hombre perfecto es
la crasis y unión del alma que asume el Espíritu del Padre, y unida en crasis a la carne plasma-
da conforme a la imagen de Dios”. Cf. Antropología, 128-131.
24
“La definición del hombre en la teología del s. II”: Gregorianum 48 (1967) 522-576, 564-
565; Antropología, 29: “El destino humano sale, pues, de la especie humana, para adentrarse en
la imagen y semejanza de Dios cuyo paradigma es Cristo… Verbo encarnado, imagen perfecta
de Dios en especie humana”.
EL P. ANTONIO ORBE 427
no como el Santo acertó a juntar los dos extremos al parecer más in-
compatibles –Espíritu y materia- para sobre ellos construir la Historia
Salutis28.
III. LA ENCARNACIÓN
28
Antropología, 528.
29
Adv. Haer. V 1,2. ORBE, Teología de San Ireneo I (Madrid-Toledo 1985) 88-89, traduce: “a
fin de excluir de la carne la Vida y condenar como ajena a Dios la plasmación”. Comenta el
autor, ibíd.: “Eran los dos pivotes de la doctrina valentiniana. La carne no podía vestir incorrup-
ción ni vivir eternamente. Ni el Dios verdadero debía construir el mundo material , o plasmar al
hombre de carne”.
30
Cristología gnóstica. Introducción a la soteriología de los siglos II y III, 2 vols. (Madrid
1976).
31
Ibíd., vol 2, 627. Interesante a modo de ejemplo el valor atribuido a los milagros de Jesús
por las diversas familias gnósticas a diferencia de los eclesiásticos y de Ireneo en particular;
ibíd., 57: “Se prestan particularmente al estudio del simbolismo las curaciones en general. La
EL P. ANTONIO ORBE 429
Según los gnósticos no se podía comprender a Jesús sólo por los caminos
del Antiguo Testamento. Había que interpretarlo también a la luz de los prin-
cipios incontrovertibles de la filosofía para poderle entender. Algunos ejem-
plos que Orbe propone: la antítesis entre el Dios desconocido y el demiurgo,
subrayada con el recurso a la mediación del Hijo; la sublimación de los miste-
rios terrenos y sensibles de Cristo a un nivel superior; la moral del sabio es-
toico que pasa a los hombres espirituales, que reciben la iluminación divina,
y que son superiores a las categorías éticas; el menosprecio de los signos:
“He ahí, entre otras, algunas categorías paganas que hacen continuo acto de
presencia en la cristología sectaria, enervando el sentido del Evangelio. Todo
se subordina a la verdad espiritualmente concebida. Lo sensible, umbrátil, no
tiene valor en el mundo, ni en el hombre ni en el propio Cristo. Para buscar la
verdad en la economía terrena –desde Adán hasta la consumación– hay que
mirar siempre al oculto divino, a lo no terreno. Sólo eso alcanzará eterni-
dad”32. Con el respeto a la letra de la Escritura se crea una teología coheren-
te y unitaria, que sacrifica lo esencial del mensaje de la salvación. Se sacrifi-
ca el interés por el hombre en su integridad (cuerpo y alma) y la validez defi-
nitiva del evangelio para todos los hombres, sin privilegios de categorías ni
de clases. Salvación de todo el hombre y para todos los hombres, es el prin-
cipio evangélico que la gnosis sacrifica en aras de una ideología elitista. To-
do ello porque se niega la mediación salvadora según la carne33. Ni el hom-
bre ha sido formado por Dios ni ha sido llamado a configurarse con Cristo
circunstancia de que no fueran psíquicas, sino corpóreas, y afectaran al barro del hombre, daba
pie a San Ireneo para orientarlas hacia la salus carnis, meta de la universal economía. A los
gnósticos, en cambio, les solicita a buscar por otra parte el significado. Las dolencias y enferme-
dades del cuerpo simbolizan espontáneamente las pasiones y delitos del alma. Al curarlas, el
salvador se presentaba como médico de almas y de espíritus; atento únicamente a salvar el
hombre interior”.
32
Ibíd., 631.
33
Cf. ibíd., 631-632; ibíd., 632: “Tanto apuraban al hombre interior que sacrificaban el exte-
rior y arrastraban al mismo sacrificio la alteza de su Creador y plasmador, de un lado, y la salud
del individuo por Él configurado, de otro. Destruidos ambos extremos –el Creador y la resurrec-
ción de la carne-, ¿dónde queda la mediación de Cristo?”. La unción del Verbo (Estudios Valen-
tinianos III; Romae 1961) 645: “Los eclesiásticos repugnaron con razón el exagerado optimismo
de la antropología gnóstica, no sólo porque arrancaba de una pretendida filiación natural de
Dios, y enseñaba una cierta predestinación racial; ni tampoco porque vinculaba la suerte huma-
na (espiritual) a la angélica; sino sobre todo porque destruía la universalidad de la humana
Salud. Los valentinianos discurrían con un egoísmo brutal, eliminando de la Salvación a la ma-
yor parte de los hombres: a los unos –paganos, hombres materiales– por su corrupción radical,
a los otros –judíos y eclesiásticos– por su inhabilidad radical para la Visión del Padre”.
430 L. F. LADARIA
39
Cf. ibíd., 662; cf. La Unción del Verbo, 46-52; 312-313; ibíd., 632: “El bautismo en Espíritu
señala… una nueva economía, paralela a la del Verbo creador. En su centro se halla Jesús, el
Verbo Humanado. El signo de la nueva unción está en lo humano. Dios unge la naturaleza
humana. El Hijo de Dios, recibe en carne (=cuerpo) el Espíritu, como le había primero recibido
en cuanto Verbo. La universal perspectiva a que se orientaba la Unción primera del Verbo, se
limita. La de Jesús se encamina a la salud de los hombres. Por eso recae sobre un hombre,
afecta al Verbo en cuanto hombre”.
40
Cf. ibíd., 630-631. De esta unción cósmica derivaría también la de los “ungidos” del Anti-
guo Testamento; cf. ibíd., 32-36; 521-528.
432 L. F. LADARIA
Si la unción del cosmos tiene como objeto la “teleíosis” del universo, así
también la unción del Verbo encarnado en el bautismo del Jordán es acto
inicial y previo a la “teleíosis” del nuevo mundo, la Iglesia.
Así como el Padre, para Justino42 e Ireneo, no ha ungido al Verbo eterno
por el hecho de engendrarlo (ni tampoco para crear el universo, sino para
conservarlo y mantenerlo), igualmente la unción del Verbo encarnado en
cuanto hombre, no tiene lugar para los primeros autores eclesiásticos ni en
Nazaret ni en Belén, sino en el Jordán, cuando el Verbo ha adquirido como
hombre la madurez. Jesús recibe en su carne la unción para ser habilitado
para su nueva misión mesiánica y salvadora. La unción de Jesús, que él
personalmente no necesita para sí, se encamina a la salvación de los hom-
bres; por ello ha de ser santificada su humanidad. En el bautismo Jesús es
constituido salvador de los hombres porque, ungido como hombre, puede dar
el Espíritu a los demás, y así salvar lo semejante por lo semejante:
Ni la encarnación ni sus obvias consecuencias soteriológicas represen-
taban una necesidad personal del Hijo de Dios preexistente. El Hijo
había querido nacer y morir en cuanto hombre para salud de los hom-
bres. Las manifestaciones todas de su vida humana estaban condicio-
nadas por la finalidad soteriológica, gratuita, de su Encarnación. Per-
sonalmente no tenía necesidad alguna de los dones anunciados por
Isaías, ordenados como estaban a la salvación de los hombres. Pero
los recibió en cuanto hombre, porque sólo en cuanto hombre podía
salvar a los hombres, y sólo mediante su naturaleza humana previa-
mente ungida con los dones del Espíritu podría Jesús santificar
43
“connaturalmente” a los hombres .
41
Ibíd., 631-632.
42
La relevancia de la investigación de Orbe sobre la unción en Justino ha sido puesta de
relieve por A. GRILLMEIER, Jesus der Christus im Glauben der Kirche. Band 1, Von der
apostolischen Zeit bis zum Konzil von Chalkedon (451) (Freiburg-Basel-Wien 1979) 68-72.
43
Ibíd., 41. Ibíd. 510-511: “El fin de la unción define su índole. Para evangelizar a los humil-
des sólo pudo recibirla en naturaleza humilde, proporcionada a su misión y mediación con
humildes… La homogeneidad de la Unción ejemplar (=principal) de Jesús con la de sus redimi-
dos, así lo reclama. Y juntamente la conveniencia –o necesidad hipotética– de que el don sote-
riológico destinado a los hombres, se comunique mediante un elemento connatural, un instru-
EL P. ANTONIO ORBE 433
Jesús fue bautizado por tanto para bien de los hombres, para evangelizar
a los pobres y sanar a los contritos de corazón (cf. Is 61,1; Lc 4,17). Tanto el
magisterio de Jesús como los milagros que lo acompañan son efecto de la
unción bautismal. El hombre personalmente unido a Dios va penetrando en
el dinamismo del pneuma, hasta habituarse a lo divino44. Por ello el bautismo
del Jordán significa para Jesús una verdadera novedad. “Verbo personal de
Dios, desde el seno de la Virgen, no estaba ungido por Dios con su Espíritu,
ni habilitado en la carne para los actos mesiánicos. A raíz del bautismo de
Espíritu es Jesús cristificado en su naturaleza humana, a favor de la Igle-
sia”45. Y todavía con más detalle expone Orbe en otro lugar:
Entonces tuvo lugar en efecto una nueva generación, distinta de la fi-
liación natural divina, y explícitamente denunciada por una variante de
Lc. 3,22b: «Filius meus es tu, ego hodie genui te». Mucho más que la
extensión de tal variante entre los primeros escritores cristianos, y su
signo discutible de autenticidad, interesa aquí la teología ingenua que
encubre. En el Jordán Dios engendra a una nueva vida la humanidad
de Jesús, en cuanto cabeza de la Iglesia, y manantial para ella de la fi-
liación adoptiva. Jesús es humanamente adoptado por el Padre, me-
diante el Espíritu; no lo era hasta entonces, y necesitaba serlo en bien
de sus hermanos, como cabeza de ellos y principio de una ida divina
transferible a los hombres. Recibe aquí una filiación incompatible con
su persona, pero compatible con su humanidad. Por eso la recibe sólo
en su naturaleza humana, no en cuanto Verbo46.
mento humano. Bien entendido que si la unción se destinara sin más al Universo creado, no
tenía por qué haberle recibido el Verbo en su naturaleza humana”.
44
Cf. Introducción, 670.
45
Introducción, 673.
46
La unción del Verbo, 655. Ibíd., 636: “El Salvador ha de actuar íntegramente, como Dios y
como hombre. La unión hipostática no connaturaliza por sí el Espíritu al hombre. Le connaturali-
za la vida íntima que el propio Espíritu provoca en el alma y cuerpo de Jesús, cuando le invade
con nuevos conocimientos, afectos y vivencias. En el Jordán cambió radicalmente la vida huma-
na de Jesús. El hombre sintióse instrumento eficaz para la santificación de sus hermanos”.
47
Adv. Haer. III 9,3; el pasaje es comentado en La unción del Verbo, 507-511. Nota Orbe
que esta sentencia recuerda Jn 1,16, “de su plenitud todos hemos recibido”; cf. Introducción,
669.
434 L. F. LADARIA
50
Introducción, 676; cf. 675-677.
51
Adv. Haer. II 22,4.
436 L. F. LADARIA
Resumen.- El P. Antonio Orbe (1917-2003) ha sido uno de los grandes especialistas en la teo-
logía patrística, especialmente prenicena, del siglo XX. El artículo trata de algunos de los puntos
que suscitaron su interés en el curso de su dilatada carrera científica: las primeras especulacio-
nes en torno a la procesión del Verbo; la antropología de los autores eclesiásticos en el contras-
te con los gnósticos; la verdad de la encarnación frente al escándalo que suponía para muchos
la asunción de la carne; la unción de Cristo en el Jordán para la santificación de su carne en
orden a la misión salvadora a favor de todos los hombres.
Summary.- Fr. Antonio Orbe (1917-2003) has been one of the greatest specialists of the twenti-
eth century in Patristic theology, especially in the Pre-Nicean period. The article is about some of
the points that have aroused his interest during his extensive scientific career: the first specula-
tions about the procession of the Verb; the anthropology of the ecclesiastical authors in contrast
with the Gnostic ones; the truth of the incarnation in front of the scandal which supposed, for
many people, the assumption of the flesh; the unction of Christ in the Jordan River for the sancti-
fication of his flesh in order to his redeeming mission in favour of all the mankind.
52
A. ZANI, “Presentazione dell’edizione italiana”, en: A. ORBE, La teologia dei secoli II e III. Il
confronto della Grande Chiesa con lo gnosticismo, vol I (Casale Monferrato-Roma 1995) 7: “Non
tutti potranno condividere le conclusioni cui l’Autore giunge. Non è questo un tratto negativo. La
dissonanza, se mai vi sarà e non vorrà essere aprioristica, dovrà poggiare su un pari rigore
analitico e su un’analoga verifica delle fonti, diventando in tal modo, più che un semplice corretti-
vo, un approfondimento ulteriore”.