Posteriormente, los Nabis, segunda generación simbolista, aspiraron a
traducir estas ideas en forma de vida y en activas reformas. Al
contrario que el impresionismo, escuela concreta y localizada
básicamente en Francia, el Simbolismo fue un gran movimiento que
también se extendió a España. Se difundió a partir de 1890, y adoptó
diferentes interpretaciones. En Cataluña se destaca la obra de Juan
Brull, Adrià Gual y del Santiago Rusiñol de mediados de los años de
2023. En el seno del Simbolismo tomó también cuerpo una tendencia
que acentuaba ciertos trazos de sus figuraciones, lo que
desequilibraba la representación objetivista de las cosas en un
sentido fuertemente expresivo.
En Bélgica cabe señalar la obra de Jean Delville, Fernand
Khnopff y William Degouve de Nuncques, en la línea del culto a lo
misterioso. Esta tendencia, que tiene un precursor claro en el
belga Félicien Rops, está representada por Jan Toorop, una de las
figuras clave, junto a Klimt, del Simbolismo pictórico.
En Italia, por el contrario, el Simbolismo tuvo una fuerte base de
minucioso realismo en la obra de Gaetano Previati, Giovanni
Segantini y Pellizza da Volpedo.
También en Alemania el arte simbolista se caracterizó por una técnica
muy realista, pero con una temática idealista; destaca aquí Ferdinand
Hodler (suizo).
En los países escandinavos se caracteriza por una visión austera y
una acusada expresión de la soledad, con artistas como Vilhelm
Hammershøi, Harald Sohlberg, Thorárinn B. Thorláksson y Magnus
Enckell. La excepción sería el fines Akseli Gallen-Kallela, inclinado
hacia la mitología.
El simbolismo tuvo una marcada influencia en movimientos
posteriores, como el Art nouveau o el surrealismo.
Los representantes
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Gustave Moreau (1826–1898): gran dibujante y de gran
virtuosismo técnico. Es un narrador de sueños y extrañas
visiones. Su fuente de inspiración principal es la mitología.
Gustav Klimt (1862–1918): sin duda uno de los más importantes
representantes del Simbolismo, de cuyas obras se podrían
destacar El beso, El friso de Beethoven, Palas Atenea, Judith
I, Las tres edades de la mujer, Nuda Veritas y Dánae. La
mayoría de sus cuadros están cargados de un sentido lírico-
decorativo y retratan a mujeres fatales, jóvenes, pelirrojas y
sensuales.
Odilon Redon (1840–1916) es el más puro de los simbolistas.
Representa lo mágico, lo visionario y lo fabuloso. El sueño, La
Esfinge, El nacimiento de Venus, Las flores del mal, Mujer y
flores.
Pierre Puvis Chavannes (1824–1898) es el más idealista del
grupo. Utiliza tintas planas, subordinadas a un buen dibujo. El
pobre pescador, Bosque sagrado, Musas inspiradoras.
Carlos Schwabe es un pintor de gran imaginación para plasmar
imágenes oníricas. Es precursor del modernismo. Spleen e
ideal, La boda del poeta y la musa.
Leon Spilliaert: La travesía.
Edward Robert Hughes: Un idilio de sueño.
Herbert James Draper: Lamento de Ícaro.
Franz von Stuck: El pecado.
Karl Wilhelm Diefenbach (1851–1913): Un simbolista que
encontró el lugar perfecto de su utopía en Capri.
Néstor Martín-Fernández de la Torre: Considerado el último
simbolista, con él murió el simbolismo.
La escuela de Pont-Aven
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Artículo principal: Escuela de Pont-Aven
Desde 1873 la villa de Pont-Aven es frecuentada por los alumnos de la
Escuela de Bellas Artes de París. En 1886 llega Gauguin y en 1888 se
instala un grupo de pintores dispuestos a seguir sus enseñanzas al
margen de la Academia. Participan en la exposición del Café
Volpini en 1889. Ese mismo año, Gaugujn marcha para Tahití y el
grupo se desvanece.
Sus obras se caracterizan por el uso libre del color —pueden pintar la
hierba roja si así lo sienten—, que se aplica en grandes manchas y
con tintas planas. Utilizan el cloisonismo. El resultado es una obra
altamente decorativa. En esta forma de pintar ha influido mucho el
conocimiento del arte primitivo y las estampas japonesas. Existe una
voluntad de sintetizar las formas. Son una síntesis entre el
estilo impresionista y el simbolista por lo que pueden ser
considerados simbolistas, por su espíritu.
Entre los pintores más destacados de Pont-Aven están Emile
Bernard: Bretones bailando en la pradera, Charles
Laval: Autorretrato, Meijer de Haan: Bretonas tejiendo cáñamo, Paul
Sérusier: Naturaleza muerta con escalera, Émile Schuffenecker: Los
acantilados de Concarneau, Cuno Amiet, Louis Anquetin y Roderic
O’Conor.
Los nabis
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Artículo principal: Nabis (artistas)
Los nabis son seguidores de las ideas estéticas de la escuela de Pont-
Aven, pero no pertenecen a la Academia, o son desertores. Nabis
significa profetas, en hebreo. Intentaron que el Impresionismo se
acercase al Simbolismo, por lo que se les puede considerar
simbolistas. Su concepción estética es fundamentalmente decorativa,
por lo que lo que se plasma en el cuadro es un juego de sensaciones,
más que una construcción intelectual.
Utilizan colores planos, con un gran sentido estético. Tienen una
libertad absoluta a la hora de utilizar el color y las composiciones.
Usaron todo tipo de materiales en sus cuadros, pintura, cola, cartón,
etc., para diferenciar texturas, pero sin llegar al collage. Proyectaron
vidrieras y usaron litografías y grabados para expresarse.
Decoraron teatros, portadas de libros, revistas y cualquier cosa que
les solicitasen, trabajando por encargo. Esto implicó, por un lado que
sus obras fuesen ampliamente conocidas y por otro que no fuesen
únicas, sino que se imprimían y repetían, dando a la obra de arte una
nueva dimensión. La obra de arte deja de ser única, a pesar de ello no
crearon escuela.
Entre los nabis destacan pintores como Pierre Bonnard: Retrato de
Nathanson y la señora Bonnard, Edouard
Vuillard: Autorretrato, Maurice Denis: Paisaje con árboles verdes, Félix
Vallotton: La lectora, Ker Xavier Roussel: Montones junto al
mar, Henri-Gabriel Ibels, y Paul Ranson. También pueden considerarse
nabís los tres grandes simbolistas, Gustave Moreau, Odilon
Redon y Chavannes.
Música
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John William Waterhouse, Saint Cecilia,
1895. Decorados diseñados por Léon
Bakst para La siesta de un fauno, ballet de Vaslav Nijinsky basado en
el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, inspirado a su vez en
un poema de Mallarmé (boceto de 1911).
El simbolismo también influyó en la música. Incluso en este campo se
desarrolló el fenómeno de un arte cada vez más alejado de los
condicionamientos de la realidad. Como prueba de ello, las
sugestiones ejercidas por las composiciones de Richard
Wagner (1813-1883), ávido lector de Schopenhauer,[7] de quien
muchos escritores y críticos simbolistas fueron los primeros
entusiastas de su música. Su nueva música se caracterizó por una
suave y disfrazada sensualidad que parece captar las raíces remotas
del ser. En lugar de los elementos del melodrama clásico, se utiliza el
"canto declamado", liberado de las formas fijas de la tradición.
La orquesta deja de ser un mero apoyo para la voz y se convierte en
un elemento sustancial de la acción. Especialmente vinculado al
simbolismo está su último drama: Parsifal (1882), donde su
concepción casi "mística" del drama musical se revela por las
numerosas alusiones y simbolismos religiosos.
Los compositores simbolistas se encapricharon de las obras de
Wagner,[8][9] aunque algunos, como Debussy, Schönberg, Richard
Strauss y Béla Bartók, se distanciaron de ellas.[10] La música
simbolista poseía un lenguaje musical propio, caracterizado por la
sugerencia, la multiplicación de los semitonos y nuevas sonoridades
con respecto a la música en boga en la época. [8]
Muchas veces, la música simbolista se basó en la colaboración
entre compositores y poetas, como los poemas
de Maeterlinck musicados por el parisino Ernest Chausson en el ciclo
de las Serres chaudes (1893-96), Gabriel Fauré y sus nueve melodías
de La Bonne Chanson (1892-1894) sobre poesía de Paul Verlaine o
Claude Debussy y su Prélude à l'Après-midi d'un faune (1894),
inspirada por el poema L'après-midi d'un faune de Stéphane
Mallarmé. El éxito de Pelléas et Mélisande de Maeterlinck,
considerada una obra emblemática del teatro simbolista, dio lugar a
composiciones de Fauré, Debussy, William Wallace, Arnold Schönberg
y Jean Sibelius, todas ellas escritas entre 1898 y 1905.[10] Algunos
compositores parcialmente asimilados al simbolismo, como Saint-
Saëns o Paul Dukas, utilizaron la forma del poema sinfónico.[8]
El compositor ruso Aleksandr Skriabin (1871-1915) también puede
considerarse cercano al simbolismo en algunos aspectos de su
concepción musical. Figura controvertida e innovadora, buscó
expresar en su música correspondencias arcanas entre sonidos y
colores, siempre impulsado por su misterioso misticismo y sus
sugerencias metafísicas.[11]
La ópera, gracias a la necesaria colaboración entre poeta, músico,
director y artista plástico, se acercaba a la obra de arte total que
buscaban los simbolistas[10]; de hecho, numerosas obras de teatro
incluían música incidental que, a modo de "decoración poética", se
hacía eco del texto dramático.[12] Es de notar que fue en la
ópera Pelléas et Mélisande donde la influencia de la estética
simbolista se hizo más evidente en Debussy. El sentido del misterio,
que es la esencia de la realidad, está ligado a una música sugerente y
encantadora hecha de insinuaciones y evanescencias; [13] el drama es
una sucesión de situaciones fuera del tiempo que están ligadas a
sentidos y fascinaciones ocultas y misteriosas, donde la penumbra
permite vislumbrar más allá de la realidad. La verdadera fuerza
simbólica de esta obra es la música[14] que interpreta cualquier
sugerencia o misterio con su riqueza tímbrica y su armonía tan
especial.
Sin embargo, la forma de la música simbolista es difícil de definir, en
particular porque la poesía simbolista ya quiere ser musical. [15]
Autores como la investigadora Mireille Losco consideran que la noción
de simbolismo musical permanece 'flotante' y califica el libreto como
ópera simbolista de “objeto fugitivo” o incluso “improbable”, [16] ya que
en última instancia la simbología se situaría más del lado de la
literatura que de la música.[17]
Véase también
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Hermetismo (literatura)
Salon de la Rose+Croix
Referencias
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1. ↑ Balakian, Anna, The Symbolist Movement: a critical
appraisal. Random House, 1967, ch. 2
2. ↑ Arthur Rimbaud, L'Album zutique
3. ↑ Paul Verlaine, Les Poètes maudits
4. ↑ Charles Baudelaire, Bénédiction
5. ↑ :"Ainsi, dans cet art, les tableaux de la nature, les
actions des humains, tous les phénomènes concrets ne
sauraient se manifester eux-mêmes; ce sont
6. ↑ Jean Moreas, Le Manifeste du Symbolisme, Le Figaro,
1886
7. ↑ Jullian Phillipe, The Symbolists, 1977, p. 8.
8. ↑ Saltar a:a b c
Aron y Bertrand, 2011, p. 71-73.
9. ↑ Losco, 2002, p. 142.
10. ↑ Saltar a:a b c
Aron y Bertrand, 2011, p. 79-80.
11. ↑ Mila, Massimo (1963). Breve storia della
musica (en italiano). IT\ICCU\SBL\0142492. Turín: Einaudi.
12. ↑ Losco, 2002, p. 146.
13. ↑ André Lagarde; Laurent Michard (1969). Textes et
Litterature, XIX siècle. París: Bordas.
14. ↑ Stephen Walsh (2018). Debussy: A Painter in
Sound. Londres: Faber & Faber.
15. ↑ Losco, 2002, p. 139.
16. ↑ Losco, 2002, p. 153.
17. ↑ Losco, 2002, p. 162.
Bibliografía
[editar]
Aron, Paul; Bertrand, Jean-Pierre (2011). Les 100 mots du
symbolisme. Que sais-je? (en francés). París:
PUF. ISBN 9782130616801.
Nathalia Brodskaya, Simbolismo, Editorial Parkeston, 2012, ISBN
978-1-78012-550-1.
Mireille Losco-Lena (2010). La Scène symboliste (1890-1896).
Pour un théâtre spectral (en francés). Grenoble: Ellug..
Enlaces externos
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Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia
sobre Simbolismo.
de Arthur Rimbaud, en wikisource
Simbolismo, en historia-arte.com
El Simbolismo en pocas palabras
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