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Aprende A Educar

El libro 'Aprende a educar a tu perro' de Miriam Olmedillo y Daniel Turrión ofrece un enfoque pedagógico y holístico sobre la educación canina, enfatizando la importancia de una relación respetuosa y basada en la confianza entre humanos y perros. A través de su experiencia en el campo, los autores buscan transformar la manera en que las personas se relacionan con sus mascotas, abordando problemas de conducta y promoviendo el bienestar animal. Además, el texto se complementa con un curso en línea para profundizar en los conceptos presentados.

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Aprende A Educar

El libro 'Aprende a educar a tu perro' de Miriam Olmedillo y Daniel Turrión ofrece un enfoque pedagógico y holístico sobre la educación canina, enfatizando la importancia de una relación respetuosa y basada en la confianza entre humanos y perros. A través de su experiencia en el campo, los autores buscan transformar la manera en que las personas se relacionan con sus mascotas, abordando problemas de conducta y promoviendo el bienestar animal. Además, el texto se complementa con un curso en línea para profundizar en los conceptos presentados.

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

ÍNDICE
Índice 1
Breve presentación 2
Introducción 4
Pedagogía y principios básicos aplicados a la Educación Canina 6
Educación canina. Sin castigos, respetuosa, holística 9
Nuestra parte de responsabilidad en sus problemas de conducta 16
El perro 29
Teorías sobre el aprendizaje canino 33
Las razas 42
Alimentación en el perro 48
Necesidades del perro 51
Etapas del perro 55
Educación del cachorro 56
La adolescencia del perro 78
El perro senior 88
Comunicación canina 96
Estrés y ansiedad 147
El paseo 172
Problemas de insistencia y exigencia 183
Problemas relacionados con el control 187
Problemas relacionados con conductas de protección 194
Miedos e inseguridades 201
Reactividad y agresividad 220
Ansiedad por separación 234
Conducta higiénica 240
Pseudogestación 245
Escapismo 246
Esterilización 249
Conclusiones 254
Recursos y servicios de Atúk 257

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

BREVE PRESENTACIÓN
Dentro del mundo de la Educación canina existen tantas formas de relacionarse con los
perros y de “trabajar” con ellos como personas haya. Educadores, adiestradores,
etólogos en positivo (con más o menos chantajes con comida y juego) en tradicional (con
más o menos nivel de castigo y sometimiento). La verdad que es un mundo de locos.
Elegir bien quién te va a acompañar a la hora de educar a tu compañero de vida es una
difícil elección, ya que de ello dependerá en gran medida el equilibrio emocional y la
felicidad de tu perro, y la tuya.

En este libro, Daniel Turrión y Míriam Olmedillo hemos querido resumir 16 y 15 años de
experiencia dentro del mundo de la educación canina y 20 años de colaboraciones
dentro del sector de la protección animal y el mundo del deporte canino. Hemos hecho
formaciones de todo tipo dentro del mundo de la educación canina, pero también una
licenciatura en pedagogía, que nos permite dar un enfoque adecuado hacia la persona.
Este libro está pensado para no solo trasmitir la información, sino que puedas
comprender e integrar lo importante y que lo apliques en tus rutinas y vida diaria. Entre
los dos, acumulamos formaciones de todo tipo en terapias alternativas como Terapia
Floral (Flores de Bach y de California), Tellington Ttouch, Reiki, Psicoaromateriapia,
Bioneuroemoción, Comunicación Animal, Chamanismo, etc. Y aunque no vais a ver ni
leer nada al respecto en este libro, a la vez estará en esencia en cada una de nuestras
palabras y aprendizajes.

Hemos tenido grandes maestros de 2 patas, entre los que destacamos sobre todo a Santi
Vidal de “Más Que Guau” ya que es el que más impronta ha dejado en nosotros dos en
el ámbito de la educación canina. Actualmente sigue realizando una increíble labor de
difusión y concienciación en España sobre otra manera de Educar, con respeto. Y Mariví
Simona, de “Entreespecies”, que ya no está en este plano. Ella nos metió en un mundo
de consciencia y espiritualidad que en otra ocasión ya os explicaremos.

También hemos tenido grandes maestros de 4 patas que nos hemos ido encontrando
en el camino, compañeros de vida y de alma: Kawick, Nita, Shu y Neus que ya no están
entre nosotros físicamente pero siempre están en esencia; y Rita, Maggie y Osete, con
los que tenemos la suerte de seguir compartiendo camino. Pero también debemos
grandes aprendizajes y lecciones, a los cientos de perros que han pasado de acogida por
nuestro hogar y en las instalaciones de nuestro centro; los miles de perros que han ido
pasando cada semana por el club, seminarios, talleres, paseos de socialización, sesiones
de perros reactivos, clases de cachorros, visitas a domicilio y jornadas de todo tipo en
ferias y eventos; y los que hemos ido conociendo en todos los refugios y protectoras con

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

los que hemos ido colaborando. ¡15 años rehabilitando perros no adoptables de
diferentes refugios y protectoras, dan para escribir un libro! ¡Y aquí lo tenéis!

Nuestros conocimientos y experiencia recopilados en un libro, dirigido y pensado para


ti, para personas y familias que han decidido compartir la vida con un perro.
Conocimientos de educación canina desde un enfoque pedagógico, holístico, consciente
y respetuoso. Os dejamos en este libro nuestra esencia y nuestro sentido de vida.

Este libro pretende cambiar, no sólo tu forma de educar y relacionarte con tu perro y
todos los que pasen por tu vida, sino que también, te cuestiones todo un sistema
educativo que crea seres inestables emocionalmente, inseguros y con innumerables
problemas adaptativos, tanto a humanos cómo a animales.

¿Te atreves a cuestionártelo todo?

El libro no te va a dejar indiferente, y con suerte, a través de él, podremos meternos en


tu hogar, dentro de tu familia y mostrarte una forma de educar más natural, respetuosa,
fluida y libre de conflictos. Te lo mostraremos de una forma sencilla, con palabras llanas
cargadas de emoción, de sentimiento y unas inmensas ganas de cambiar el mundo, de
generar mayor conciencia social y respeto animal. Pretendemos mejorar la calidad de
vida de los animales en esta sociedad, su bienestar y contribuir a eliminar el sufrimiento
y el maltrato subiendo el nivel de conciencia del ser humano. Cuando una persona es
capaz de tratar respetuosamente a otros animales con los que comparte su vida,
también es capaz de relacionarse de otra manera consigo mismo, sus hijos, su familia y
las personas de su entorno. Te proponemos una forma diferente de relacionarte con el
perro, los animales y con tu entorno.

Cuando el humano escape de la jaula de su mente, los


animales dejarán de vivir en ellas

Este libro va de la mano de un Curso On-Line mediante vídeos que te acompañan en


este proceso de transformación. Así que, si te ha gustado el libro y esta visión de la
Educación Canina, te recomendamos que hagas el curso On-line y así nos dejes tu puerta
más abierta para poder compartir contigo esta filosofía a un nivel más personal y más
profundo.

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

INTRODUCCIÓN
Desde Atúk Formación y Educación Canina, te presentamos este libro que
cuidadosamente hemos planificado para que tengas toda la información necesaria
relacionarte con tu perro y así establecer una buena base de educación canina basada
en el respeto y la confianza.

Vamos a ir desgranando el mundo canino para llegar al fondo de todas aquellas


conductas y comportamientos que dificultan la convivencia y el bienestar entre perros
y personas. Aquí no vas a leer sobre adiestramiento, ni sobre control de conductas, ni
sobre cómo imponerte para ser el “líder” o el que manda. Este tipo de complejos y
necesidad de mandar y anular al otro que tenemos las personas lo dejamos para los
profesionales de la salud mental (ya iréis conociendo nuestro humor). Con este libro te
proponemos seguir un camino de aprendizaje, autoconocimiento y toma de
responsabilidad, en primer lugar, para luego poder formarte en Educación Canina.

Qué información vamos a compartir:

- El conocimiento de la raza que tienes en casa para poder entender sus


comportamientos y necesidades.

- Peculiaridades de cada etapa de crecimiento y vida.

- Cómo interpretar el rico lenguaje del perro para saber qué le pasa en cada
momento y así saber acompañarlo correctamente de manera que te pueda entender.

- Saber cómo ponerle límites o darle a entender lo que quieres o lo que aceptas y
lo que no, lo que te gusta y lo que te incomoda.

- Entender qué es el estrés, saber equilibrarlo y así permitirle vivir tranquilo.

- Cómo jugar con él, cómo estimular su mente y sus sentidos según lo que necesita.

- Aprenderás a detectar qué conflictos hay en el paseo y en casa, qué los provoca
y cómo ayudarlo a superarlos.

- Aprenderás sobre miedos e inseguridades y cómo acompañarlos.

- Te daremos nuestra opinión sobre la alimentación natural y la esterilización

- Hablaremos sobre todos los problemas de convivencia y conducta que presentan


los perros en su vida con nosotros.

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

Estamos seguros de que te vamos a ayudar a entender a tu perro, a saber acompañarlo


a superar sus miedos, inseguridades y los diferentes estados emocionales negativos en
los que se encuentre. Esperamos, de corazón, que esta lectura cambie tu vida y la de tu
mejor amigo peludo. Este libro contempla todos los conocimientos necesarios para
comprender y entender la educación canina de manera holística, respetuosa y basada
en un vínculo de confianza mutua.

Éste es nuestro proyecto de vida, queremos compartirlo contigo. Esta forma de educar
y entender a los perros nos ha permitido rehabilitar a muchos de ellos, perros de
protectora con problemas graves de comportamiento al os que hemos podido ofrecerles
una oportunidad. Cientos de perros catalogados como no adoptables, rehabilitados y
adaptados a sus nuevas familias. Familias que han sido formadas y preparadas para no
cometer los mismos errores que una vez rompieron y destrozaron emocionalmente a
esos perros. Una filosofía que hemos compartido y perfeccionado durante más de 15
años con todo tipo de personas y familias y sus increíbles compañeros de 4 patas, con
protectoras y refugios y los miles de perros que rescatan cada una. Estas almas puras,
incondicionales, que saben dar amor y aceptar al ser humano como nadie más sabe
hacer, merecen mayor calidad de vida y de trato. Nuestras vidas son más bonitas gracias
a estos seres colaborativos y nobles. Ellos son los que mejor saben AMAR a las personas,
nos aceptan tal y como somos, y eso es lo que el ser humano busca en ellos.

Este libro va por y para ellos, para devolverles el


respeto, la admiración y la dignidad que nunca deberían
haber perdido.
¡GRACIAS POR TANTO!

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

PEDAGOGIA y principios
básicos aplicados a la
Educación Canina
Por más que un profesional conozca el mundo del perro y por bien que sepa diagnosticar,
para poder ayudar a una familia y a su perro es necesario que el mensaje llegue. En este
proceso, es imprescindible romper patrones, bloqueos y cambiar las creencias de cada
persona con respeto, humor, cercanía, paciencia y saber sostener y acompañar el
proceso de cada una de ellas. Y aunque sea en un libro, has confiado en nosotros, por
ello estas leyendo estas páginas. Nosotros asumimos esa responsabilidad y te
aseguramos que daremos lo mejor de nosotros para que la relación con tu perro llegue
a otro nivel de comprensión, conciencia y respeto.

Cada persona aprende de manera diferente, a veces estamos en estados emocionales


alterados, tenemos rachas de más estrés y, por lo tanto, de menos capacidad de
concentración y de aprendizaje o etapas donde estamos más sensibles, más inseguros,
más depresivos, más desbordados… Estados que afectan directamente a los problemas
de conducta del perro y a la capacidad de la familia para poder aprender y saber
acompañar a su amigo.

Déjanos decirte que el perro es el mayor terapeuta del mundo, el perro es capaz de sacar
lo mejor de cada persona, pero también con ellos nos atrevemos a sacar nuestra parte
más oscura. El perro parece no tener derechos, no poder quejarse, tener que aceptar
los golpes, tirones y los malos tratos una y otra vez sin dejar de querernos y aceptarnos
tal y como somos. Y aunque luego sintamos culpa cuando desbordamos, volvemos a
repetir el patrón una y otra vez. Cuando nos sentimos sobrepasados, a menudo es
porque no tenemos conocimientos y herramientas para sostener y llevar ese proceso o
situación. Cuando sabes qué hacer, todo se torna más sencillo. A veces desbordamos
por temas personales o laborales, ahí, te diríamos que la vida es aprendizaje y que todo
problema emocional necesita que pases por una toma de conciencia, aceptación y
decisión. Trabajarse a uno mismo es ser consciente de todo y empezar a tomar las
decisiones necesarias. Los perros muy a menudo nos meten de lleno en trabajos
personales y tomas de decisiones que pueden ser importantes en nuestra vida.
Recomendamos SIEMPRE: ACEPTAR EL RETO. Es el camino más directo hacia tu

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Aprende a educar a tu perro Miriam Olmedillo y Daniel Turrión

evolución y equilibrio. Si te pierdes en este camino rodéate de profesionales que puedan


ayudarte en el proceso (psicólogos, psiquiatras, terapeutas holísticos…)

Los problemas de conducta de tu perro, en parte, son un reflejo de tus estados


emocionales y de los errores que hayas cometido con él. Otra parte es la mochila que él
arrastra, sus miedos, inseguridades, carácter… En tus manos está el poder acompañarlo
a salir de esos estados negativos para permitirle vivir en paz y armonía.

Ahora empezarás a leer este libro, que esperamos que te aporte muchos conocimientos
nuevos y útiles. Te vamos a aconsejar que subrayes lo que en cada momento te sea
importante. Que no te saltes ningún apartado. Y que cuando acabes de leer el libro, en
un breve tiempo, vuelvas a releerte todo lo que hayas subrayado. Si puedes, visualiza
los vídeos del curso On-line, ya que hay personas que aprendemos mejor con práctica y
visualización. Tanto el libro cómo el curso on-line se han diseñado de manera conjunta
para proporcionar las familias con perro una formación completa y adaptada a todas las
necesidades de aprendizaje. En Educación Canina, es importante entender que es mejor
verlo y practicarlo para coger fluidez a la hora de interpretar correctamente aquello que
estamos viendo. Si te gusta esta filosofía de relacionarte con el perro insistimos en que
cuando termines el libro accedas a todo el contenido gráfico, práctico y visual que te
proporcionará el curso on-line.

A un nivel más pedagógico, cuando el ser humano aprende un nuevo contenido, en el


momento puede retener el 90% de lo que lee, pero en unos días este contenido
integrado bajará a un 30%, es la curva del olvido. Se recomienda leer y visualizar el
contenido 3 veces para llegar a integrar el 90% del contenido.

Aparte de leerlo varias veces, es importante que para asimilarlo e integrarlo, vayas
aplicándolo con tu perro a medida que avances y también que transmitas este contenido
a otra persona a la que le pueda interesar. De esta manera lo integrarás, no se te olvidará
y tu perro se beneficiará del potencial del libro.

Si eres profesional de la educación canina o alguna profesión vinculada al mundo del


perro, ten en cuenta que cada persona tiene una capacidad de concentración más o
menos desarrollada, aprende de forma diferente (unos necesitarán más práctica o
visualización y otros podrán absorber más cantidad de contenidos teóricos), pero
recuerda que el mayor aprendizaje es mediante el ejemplo. No podemos pedirle a una
persona que respete y no riña a su perro si nosotros juzgamos y no respetamos que ese
ser humano esté en un momento en el cual no contemple ninguna otra forma de educar.
Sólo podremos ganarnos la confianza de la persona mediante ejemplo, empatía,
paciencia y aprendiendo a sostener el proceso y los tiempos del otro. Sólo así podremos
llegar a ayudar a ese animal. Si donde hay maltrato damos ejemplo de intolerancia y
falta de paciencia, no conseguiremos llegar a cambiar la vida de ese perro.

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Si eres un particular que baraja la idea de contratar a un profesional del sector o estás
harto de pasar de mano en mano sin ningún resultado. Tenemos varios consejos para ti:

1. Ningún profesional va a llegar más lejos con tu perro de lo que lo ha hecho con
los suyos propios. Trata de conocer a sus perros, mira si le tienen miedo a él, si están
bien socializados, si viven tranquilos o estresados… Sus perros te darán toda la
información que necesitas, si sabes leerlos.

2. Busca un profesional que no solo sepa de perros, sino que se haya trabajado a
nivel emocional y personal. Siempre decimos que una persona puede trabajar en
positivo y sin castigo según el trabajo personal que haya hecho previamente. En este
sector fácilmente se pierden los estribos y se tiende a intentar anular al perro cuando
una persona inexperta o poco preparada se queda sin recursos.

3. Huye de quien intente controlar a tu perro, ya sea con chantajes constantes con
comida o con cualquier tipo de castigos y correcciones. No dejes que nadie maltrate a
tu perro. Educar no es reñir ni castigar. Educar tampoco es chantajear.

4. Huye del profesional que no te trate bien, que no tenga paciencia con tu proceso
personal, de quien te juzgue y no mire la manera de buscar herramientas para facilitarte
el cambio. Educar casi siempre va de la mano de un cambio personal, patrones que hay
que romper y estados emocionales personales de los que hay que empezar a salir. El
profesional que elijas debe saber sostener y acompañarte en este proceso con paciencia,
con presencia, aconsejando desde el ejemplo y dotándote de conocimientos y recursos.

5. No dejes a tu perro y pagues un pastón para que otro milagrosamente te lo


arregle ya que muy posiblemente lo quieran anular a base de castigos. Los cambios debe
hacerlos la familia, progresivamente e integrando cada fase en la convivencia y la rutina
familiar. En educación canina, los milagros no existen. Si alguien se te ofrece a
trabajarlos, te hará venir muchas veces para que tú también trabajes esos patrones en
el día a día. Si no tirarás el dinero por la ventana y las consecuencias emocionales
negativas para tu perro pueden ser enormes. Un buen profesional te lo explicará, te hará
venir y respetará a tu perro y a ti en todo momento.

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EDUCACIÓN CANINA
Sin castigos, respetuosa, holística

La finalidad de la educación canina en positivo es habituar al perro a convivir en una


sociedad de humanos no adaptada ni adecuada para sus sentidos. Habituarlos a
nuestros diferentes entornos urbanos, a nuestras rutinas, costumbres y normas de
convivencia, entendiendo siempre las necesidades del perro, sus características e
instintos, conociendo su comunicación y formas de aprendizaje.

Hacerlo en positivo significa no utilizar ninguna técnica ni sistema que pueda causarle
temor, miedo, dolor, malestar o falta de respeto. Teniendo siempre en cuenta el
entorno del perro, no sobre estimularlo, no estresarlo, no exigirle demasiado para su
edad, su capacidad de concentración y de aprendizaje, respetando siempre las señales
de comunicación que nos haga y los síntomas de estrés que nos indican que el perro
está empezando a llegar a su límite tolerable. Si no lo hacemos así, subir los niveles de
estrés y no respetar sus necesidades podría tener consecuencias negativas en su
comportamiento, bienestar, problemas de salud, conducta... No respetar su lenguaje y
lo que nos quieren trasmitir debilita el vínculo y la confianza que puedan tener hacia
nosotros e iría mermando su capacidad a la hora de comunicarse.

Esto sería un breve resumen de lo que Atúk llama educar en positivo.

En educación canina en positivo, se utilizan el refuerzo positivo (al realizar una conducta
correcta recibe un estímulo positivo), el castigo negativo (cesar un estímulo positivo
presente cuando el perro no actúa como deseamos) y la extinción (desaparición de una
respuesta aprendida cuando el estímulo que la controla se presenta repetidamente sin
refuerzos). En este tipo de educación no se utiliza NUNCA el refuerzo negativo (aplicar
estímulos negativos desvinculados del guía al perro hasta que aparece la conducta
solicitada) ni el castigo positivo (estímulo negativo tras una conducta).

En este sector encontraréis profesionales que os digan que trabajan en positivo, porque
a veces dan premios. Dar comida no es educar en positivo, lo es no castigar nunca y otras
muchas cosas que comprenderéis a lo largo del libro. No confiéis a vuestro perro a solas
a nadie y vigilar todo lo que hacen con él. No permitas nunca que ningún “profesional”
le riña, lo castigue, le pegue tirones de correa, que lo someta, lo intente anular, lo
ahogue o lo fría a calambrazos, lo único que conseguirá es que tu perro cada día esté
peor y vuestra convivencia cada día sea más difícil. Reñir y buscar formas de anular al
perro no es educar, es maltratar. El perro no aprende nada, solo a temerte a ti y a las
personas, a vivir con miedo y ansiedad.

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Que conseguimos con castigos y chantajes


No educamos con castigo porque, aunque se aplicarán en el momento e intensidad
adecuada, no se extingue el comportamiento, se queda latente, esperarán a realizarlo
cuando no estemos delante. O bien aparecerá en forma de otras conductas.

Las consecuencias de reñir y castigar, además, comporta un debilitamiento del vínculo


con ellos, nos volvemos impredecibles y de poco fiar para los perros. Subimos sus niveles
de estrés, los hacemos inseguros y nerviosos, podemos acabar creando reacciones de
agresividad hacia otros o hacia nosotros. Los castigos provocan un ambiente hostil en la
convivencia donde el perro siente que se tiene que defender del mundo. Riñendo y
castigando creamos el caldo de cultivo ideal para un sinfín de problemas graves de
comportamiento.

Todo esto sin tener en cuenta que somos sus referentes. Si educamos de manera
agresiva, impositiva o exigente, ellos se comportarán igual hacia su entorno. Están
aprendiendo a gestionar las situaciones de la misma forma en la que nosotros le
mostramos con nuestro ejemplo. O sea, de manera agresiva.

Castigar, reñir y agredir es un claro reflejo de nuestra frustración, de nuestra intolerancia


y nuestra incapacidad de poder hacerlo de otra manera. En cualquier problema de
conducta o comportamiento del perro, si lo ayudas sin castigo puede no funcionar, pero
no lo has perjudicado más, ni has intensificado ni creado más miedos. Si lo haces con
castigo, las consecuencias negativas asociadas pueden ser muchas. Las técnicas
tradicionales con castigo vinculadas a los términos de la dominancia y macho “alfa”
conlleva que tienes que imponerte y ser el líder. Que puede que existan personas a los
que les guste esta forma de ir por la vida, si es el caso, deberías mirar a un nivel
emocional: ¿porque te sientes bien con esta forma de educar habiendo alternativas
respetuosas mucho más eficaces y coherentes? Quizás debas revisar como has
aprendido a gestionar la rabia, frustración, miedo, impotencia para meterte dentro del
mundo del trabajo personal/emocional para dejar de pagar el pato con el perro y
hacerte responsable de tus propios sentimientos y romper los patrones que pueden
tenerte bloqueado.

Reñir y castigar libera de culpa y responsabilidad a la persona a quien en realidad ha


creado los conflictos en el perro a base de castigo y falta de comprensión. Una vez el
perro esta jodido, lo justificamos diciendo que es que es tan “dominante” que no tiene
solución. Resultado: sacrificio, calle o perrera. Pero sentimos que, como lo hemos
castigado mucho y hemos hecho todo lo posible (o sea, nada) nos libera de esta
responsabilidad y es más cómodo que reconocer que no tenemos herramientas para
hacerle entender al perro lo que queremos o ayudarlo a superar sus miedos. En
definitiva, con la mejor intención del mundo y sin conocimientos adecuados, hemos
perjudicado gravemente el estado emocional de nuestro mejor amigo, y el peor de los

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casos lo hemos condenado a una muerte en las calles, a una vida indigna entre rejas o a
una eutanasia.

Como compañeros de camino de un perro, tenemos que ser conscientes de lo que nos
vamos a encontrar a lo largo de su vida. En este libro quizás observes que tus creencias
y todo aquello que hayas entendido sobre los perros den un vuelco y se presente una
nueva realidad que permita un cambio sustancial en vuestras vidas. Te aseguramos que
será a mejor.

Cuando hablamos de educar a un perro de forma amable y respetuosa, debemos


entender que no se trata de permitir todas las conductas y/o comportamientos.
Obviamente, cuando surgen esas conductas indeseadas, es preciso cambiarlas o
extinguirlas por otras que sean sanas, tanto para el perro como para la persona y la
convivencia en familia. La cuestión es poder hacerlo de manera respetuosa, amable y
segura, y que haya un aprendizaje por parte del perro. De esta forma, el vínculo de la
persona con su perro no se verá afectado y podrá reconocer en nosotros a alguien en
quien confiar, el referente que todos los perros merecen y necesitan.

En la convivencia, debemos comprender que es necesario poner límites en los


comportamientos que surjan que generen conflictos. Si no se ponen límites o se hace
de forma incorrecta, podemos estar creando ciertas actitudes y conductas que pueden
perjudicar el bienestar y la armonía en el hogar. Es importante comprender que, si
tenemos un perro equilibrado en casa, todo lo demás que concierne a la educación del
perro, será mucho más sencillo.

Esto no significa que debamos estar dando chucherías todo el día, ni mucho menos. Pero
debemos entender que un reforzador no es sólo comida, también lo es el afecto y el
juego y todo lo que sea placentero para el perro, como ser rascado o tener acceso a algo
que le gusta, las felicitaciones y muchas cosas más que aprenderemos en adelante,
porque hasta el no hacer nada y permitirlo puede estar reforzando a algunos perros.
Aquí debemos tener en cuenta que para un perro que tiene problemas con los
manipulados, acariciarlo no va a ser un reforzador. Si le damos una comida que no le
gusta o motiva, tampoco lo será. Si no tiene vínculo con nosotros el afecto, las
felicitaciones y el juego no serán reforzadores.

Se puede utilizar todo esto para premiar conductas o estados emocionales correctos, o
si más no, lo que nosotros deseamos en ellos. Ofreciendo recompensas y acariciando,
también podemos generar problemas de conducta. Cuando premiamos al perro,
podemos estar reforzando estados emocionales subyacentes (ej. Un perro puede estar
sentado, pero ansioso. Si damos comida o afecto podemos estar reforzando ansiedad,
o descontrol emocional o conductas de insistencia).

De la misma forma se puede reforzar que el perro nos proteja o controle, generando
conductas no deseadas. También estados de aceleración, exigencia, ansiedad y otros

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muchos, muy comunes en el sector por hacer clicker u obediencia, atendiendo solo al
comportamiento sin tener en cuenta el estado emocional. Al no “poder” reñir en
educación canina en positivo no se suelen poner límites y se tiende a reforzar conductas
y estados emocionales incorrectos a base de tantas felicitaciones, recompensas y
chantajes constantes. Adiestrando en positivo también se pueden crear problemas de
conducta, pero estos serán aprendidos, nunca serán traumas tan grandes como los que
vienen de adiestramiento tradicional y han recibido todo tipo de correcciones y castigos.

En definitiva, educar a un animal es una gran responsabilidad y hay que ser consciente
de hacerlo de manera correcta para no tener que lamentarse de las consecuencias.

Cómo poner límites


Existen varias formas de poner límites según la situación. Si un perro está llamando la
atención puedes poner límites ignorando de manera que el comportamiento no salga
reforzado, abandonar tú el lugar para dejar de reforzarlo más rápido o echarlo con el
cuerpo caminando hacia él de forma tranquila, no agresiva, sin hablar ni gesticular hasta
que desista, se vaya, haga señales de calma o se tumbe mínimamente tranquilo. Dicho
de otro modo, es como si fuéramos un jugador de básquet que quisiera defender su
cancha. (En el curso on-line verás imágenes más prácticas sobre este tema, ponerlo por
escrito es complicado para que la persona lo asimile correctamente y pueda hacerse a
la idea del bloqueo corporal).

No todo tiene que ser por extinción, ignorando o intentando que no se produzca el
comportamiento, también se puede extinguir un comportamiento. Y mediante nuestro
lenguaje corporal, podemos ayudar a que el perro lo entienda antes. Una vez la conducta
está sucediendo, se le puede decir que esto no está permitido de forma amable, siempre
sin hablar, sólo con bloqueo y lenguaje corporal (señales de calma). A veces no ponemos
límites y tenemos al perro durante horas con la expectativa de recibir algo que si no le
damos puede extinguirse, pero si a veces la consigue, estamos entrando en una
incoherencia que puede conllevar mucho desgaste y ansiedad para el perro. Esto se
podría evitar haciéndole saber que no por estar pidiendo e insistiendo de esa manera lo
va a recibir, podemos echarlo de la situación con el cuerpo, como hacen ellos. Es un
límite basado en la no consecución del objetivo o de la expectativa, pero la finalidad de
este límite no va a ser que el perro pare porque tenga miedo de nuestra reacción, sino
que entienda qué es lo que le estamos dando a entender. Básicamente lo que queremos
que entienda es que, con esas conductas de exigencia, insistencia, aceleración que están
generando ansiedad en ellos no conseguirán aquello que quieren hasta que se
encentren en un estado de calma, tranquilidad y autocontrol.

Para que estos límites sean funcionales, tienen que estar integrados en la convivencia
con la máxima coherencia. Si a veces te pido A y a veces te acepto B, el perro no va a

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extinguir el comportamiento B porque a veces le está funcionando. Sin coherencia y


consciencia del proceso, no van a haber avances.

Hacia una Educación Canina respetuosa y con valores


Una vez tenemos claro que no queremos inculcar miedo en los perros y no queremos
reñir, castigar ni cohibirlos, viene la siguiente cuestión. Aparte de poner límites con
respeto y no reforzar conductas y estados emocionales no deseados, ¿qué más hacemos
para educarlos desde el respeto?

Para nosotros el único camino es educar en positivo, de manera coherente, de igual a


igual, con respeto, con sentido común, sin hacerles ningún tipo de daño físico, moral o
emocional y que así puedan vivir felices, tranquilos, sin haberles causado problemas
emocionales ni traumas. De esta manera puedan llegar a ser la mejor versión de sí
mismos.

Con estas herramientas vas a poder sumar en la relación con los perros, nunca restar o
perjudicarlos:

Empatía: Educar con empatía, ser capaz de ponernos en el lugar del perro, de entender
sus emociones, sus frustraciones, sus necesidades, sus intenciones, sus sentimientos,
etc. Entender por qué actúa o se comporta de una determinada manera, nos ayudará a
buscar la solución al conflicto y encontrar la forma de ayudarlo sin cohibirlo.

Intentamos ser empáticos con todo el mundo, pero no se suele tener empatía con
nuestros mejores amigos de cuatro patas, ni la tienen las personas que conviven con
ellos. Les obligamos a ser y a comportarse según nosotros necesitamos. La empatía está
vinculada directamente con el conocimiento y la consciencia. Nuestro objetivo con este
libro es trasmitir estos conocimientos para que las familias con perros adquieran esa
conciencia que les permita tratarlos y educarlos con empatía.

Respeto mutuo: Si la persona respeta a la familia y su entorno, el perro vive en ese clima
de respeto. Si uno respeta, el perro será respetuoso. Muchas veces la falta de respeto
hacia “algo” viene por una falta de conocimiento sobre ese “algo”, y esto suele ser la
base de muchos conflictos y frustraciones de los perros y sus personas.

Coherencia: Mantener una coherencia a la hora de educar es imprescindible, no


podemos pedir que no estén nerviosos si las personas del entorno lo están, o si sus
formas de hacérselo saber les causa nerviosismo. Es importante ser consciente de las
incoherencias que existen a la hora de educar a nuestro perro. Ej. No gritar si no
queremos que ladren para todo. Ser coherentes en las normas y lo que es aceptado en
la convivencia. No reforzar las conductas que no nos gustan y queremos que el perro

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deje de hacer, habitualmente somos los primeros en reforzarlas en la convivencia sin


darnos cuenta.

No criticarlos ni etiquetarlos: Ellos son consciente del tono y la vibración de nuestras


palabras. Los comentarios negativos e irrespetuosos sobre ellos, las críticas e insultos
demuestran inmadurez y falta de recursos por parte de la persona, pero también tienen
un efecto negativo sobre el perro que puede influir en su predisposición a colaborar o
puede mantenerlos frustrados e incomprendidos.

Acompañamiento y estar presente: Saber acompañar, significa saber estar presente en


todas las situaciones en que el perro lo necesite. Aunque estemos hablando con otras
personas o haciendo otras cosas, existen situaciones en las que el perro viene a pedir
ayuda o buscar referencia. Para que haya vínculo y confianza, debe encontrarla. Para
eso, debemos estar atentos en todo momento, saber lo que necesita el perro en cada
situación y actuar en consecuencia. Si no estas presente, el vínculo se debilita.

Comunicación mutua: Sentirse entendido y acompañado en tu mismo lenguaje y según


tus necesidades, reconforta y les permite vivir tranquilos. Que te hagas entender de la
forma que ellos comprenden permite un vínculo fuerte y un alto nivel de confianza. Que
la comunicación fluya puede marcar la diferencia entre un perro equilibrado y seguro
de sí mismo a uno miedoso, reactivo y estresado.

Felicitaciones y elogios: Las palabras buenas, reconfortantes, motivadoras y las


felicitaciones son talismanes de autoestima que les darán seguridad y los acompañará
toda su vida, fortaleciendo su autoestima, autoconfianza y la seguridad en sí mismos.
Acostumbrémonos a felicitar lo bueno, lo bien que lo hacen cuando ayudan y dejemos
de decirles constantemente todo lo que no está bien. Tendemos a expresar lo que no
queremos, pero se nos olvida darles a entender lo que sí gusta y/o esperamos de ellos.
Como si tuvieran que adivinar lo que nosotros queremos de ellos. El perro entiende
antes lo que está “bien”, que lo que está “mal”, y es importante que seas consciente.

Cariño, compañía y protección: El vínculo y la confianza con la persona se genera con


presencia, cuidado y cariño. Los perros tienen que sentirse protegidos y atendidos en
todas las situaciones en que lo necesiten. No hay que tener miedo a humanizarlos, darles
demasiado cariño, sino que tenemos que prestar atención a cuándo y cómo lo hacemos,
si es deseado por ellos o no, si es lo que ellos necesitan o es lo que nosotros necesitamos.
Para así no volcar nuestras carencias emocionales y problemas personales en ellos y
aprender a respetarlos.

En la convivencia, los perros necesitan personas que sepan entenderles, apoyarles, que
les comprendan, que les hagan sentir útiles, acompañados, respetados, valorados,
personas cariñosas y cercanas, que les presten atención y tiempo de calidad y que les
demuestren lo importantes que son en nuestra vida.
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Hay que procurar que los perros vivan en ambientes donde sus familias aprecien sus
diferencias por ser de una especie diferente, de una raza en concreto, que se tengan en
cuentas sus necesidades y características individuales, que haya comunicación y
entendimiento mutuo, que las reglas y límites sean flexibles, respetuosos, que se toleren
los errores y puedan vivir en ambientes armoniosos y tranquilos.

Poder llegar a ayudarlos, a veces, no solo va a necesitar conocimientos y práctica, sino


que podemos encontrarnos en situaciones muy complejas donde el problema puede no
estar en el perro, puede estar en el entorno, en la familia… Y ahí vamos a necesitar hacer
cambios personales o iniciar un camino de trabajo personal para empezar a construir
una nueva relación.

La mayoría de conflictos, que no todos, son causados por el ser humano o nuestros
despistes y errores. Muchas veces las personas, al recibir unas pautas, podemos
atenderlas sin problemas porque nos resuenan y nos parecen una buena solución, pero
otras veces no estamos preparados para poder seguirlas. Por ello, os recomendamos un
trabajo personal de autoconocimiento y ser consciente de los aspectos personales,
emocionales y sociales que tenemos que mejorar y trabajar para poder llegar a ayudar
a nuestro perro.

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NUESTRA PARTE DE
RESPONSABILIDAD EN SUS
PROBLEMAS DE CONDUCTA
Adoptamos y compramos animales para que convivan con nosotros dando por hecho
que deben saber vivir y adaptarse a nuestro entorno, a nuestras rutinas, a nuestros
horarios y formas de vida, sea cual sea. Es más, creemos que deben hacerse cargo y
soportar todos nuestros conflictos personales y emocionales (deben aceptar nuestras
caricias y agobios aunque no quieran, aguantar los disfraces y vestimentas que les
ponemos, salir a correr aunque no quieran, ir a “jugar” al pipican para que el humano se
sienta mejor, aguantar nuestros estados depresivos, ansiedad, impaciencia, intolerancia,
miedos, inseguridades… y todo lo que a nivel personal no nos trabajamos y pretendemos
que sostenga el otro y encima sin rechistar.

Como especie, como raza y como individuo único, cada perro tiene unos sentidos (vista,
oído y olfato) muchísimo más desarrollado que los nuestros. No tenemos en cuenta su
hipersensibilidad a estos ruidos o al movimiento, cada uno de ellos tiene su carácter
propio, sus necesidades, sus instintos pero también, cada uno ha tenido una infancia y
un nacimiento diferente (circunstancias y entornos distintos, lo que inculca cada madre
y sus problemas, lo que marcan los hermanos si ha podido estar o no con ellos, el miedo
que haya pasado, lo que hayan hecho con él las personas, el trato que le han dado, los
traumas que se les ha generado desde la más tierna infancia y las vueltas que haya dado
hasta acabar con nosotros). En definitiva, los cachorros llegan a las familias con muchos
más traumas y asociaciones negativas de lo que nos imaginamos y no somos conscientes
de ello.

Desde que son cachorros o recién adoptados de adultos, los metemos a convivir en
nuestra casa, en un entorno cerrado con nosotros moviéndonos rápido y hablándoles
continuamente en un lenguaje que ellos no entienden, en hogares ruidosos, paseos por
entornos urbanos a los que suponemos que ellos se tienen que habituar sí o sí sin
nosotros ayudarles, o peor aún, obligándolos y castigándolos cuando están superados y
no les hemos explicado, de forma que ellos puedan comprender, lo que esperamos o
necesitamos.

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Peor aún si los tenemos en el exterior, en patios, terrenos y terrazas. La mayor crueldad
para un animal social como son ellos, que necesitan de este contacto y la convivencia
con nosotros. Cada vez que pasen miedo no tendrán un referente ni nadie que los calme
cuando estén preocupados, luego nos quejamos de que los perros que viven aislados se
pasan el día ladrando a todo lo que pasa por delante de casa. A algunos hasta les gusta
porque creen que están vigilando, a costa de perpetuar su miedo, su angustia y la
ansiedad que esto conlleva. Un perro que vigila con seguridad no tiene la necesidad de
ladrar ni le estresará lo que hace, se le ha dicho exactamente qué cosa es peligrosa y qué
no. La diferencia es que el primero no está socializado y si se escapa o viene el cartero o
entra alguien puede optar por huir y esconderse, por seguir ladrando retrocediendo,
ladrar y abalanzarse y en caso de mucho miedo, si el perro es seguro de sí mismo: atacar.
Al que se le ha explicado qué debe hacer y está socializado, vigilará, pero si se escapa no
va a causar ningún mal a nadie. No va a ser un peligro para nuestros invitados, y lo más
importante es que va a poder vivir tranquilo y en armonía en el núcleo familiar.

Qué infancia han tenido


En esta sociedad, la gran mayoría de perros no han tenido una buena infancia. En los
primeros meses de vida, un cachorro, debería crecer en un entorno tranquilo, con una
madre equilibrada, criarse 2 o 2,5 meses con ella y con sus hermanos, permitir que sea
la madre quien los destete, los habitúe a separarse de ella de forma progresiva, vigilar
que no les inculque miedo con su lenguaje corporal hacia otros perros, hacia el ser
humano, hacia los ruidos u otras circunstancias... Debería empezar a pasear con ella de
forma gradual y siendo ella un referente correcto ante nuevos estímulos, que les permita
explorar el entorno con vigilancia por su seguridad pero también permitiendo libertad y
autonomía, sin que se le genere miedos, sin que se le sobreproteja. Debería tener un
contacto temprano con personas con las que establezca una buena relación, asociada a
tranquilidad, respeto y donde fluya una comunicación mutua. Progresivamente y cuando
vaya creciendo debería socializarse con todos los entornos urbanos y no urbanos en el
que cada perro vaya a tener que vivir de adulto. Esta socialización debería ser respetando
los tiempos y necesidades de aprendizaje de cada uno, y basada en un vínculo de
confianza, respeto y comunicación.

Cuando cogemos un cachorro, pueden tener muy diferentes procedencias y la gran


mayoría no va a ser correcta. Esto conllevará un fondo de estrés e inseguridad en el
cachorro que bien llevada se superará sin problemas, mal llevado dará pie a muchísimos
futuros problemas de conducta, por lo tanto, abandonos, confinamientos, sacrificios y
mucho sufrimiento.

Posibles procedencias de los cachorros:

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El perro de tienda, de “vitrina” o mercadillo


Suelen ser destetes prematuros, provienen de países del este o criadores legales o
ilegales (la mayoría sin ética ni escrúpulos). Los perros que vienen del Este son más
baratos, suelen venir con muchos traumas emocionales y enfermedades genéticas y
víricas. Los padres están en pésimas condiciones y lo poco que hayan estado con ellos
no dejará una buena impronta, todo lo contrario, serán cachorros temerosos, nerviosos
e inseguros. El largo viaje en camiones en condiciones deplorables donde ven morir a
hermanos y se les priva de agua, comida y tienen que hacer las necesidades en la misma
jaula donde descansan, no ayudará a que se cree un carácter estable, le generará más
traumas que arrastrarán durante mucho tiempo si no se saben acompañar.

Cuando llegan y los meten en vitrinas o jaulas donde tienen que dormir, comer, cagar y
mear, todo en el mismo sitio, provocará más traumas y problemas de conducta. Afectará
a la conducta higiénica. Como no ha podido explorar libremente y con la seguridad que
ofrece la madre, esto se traducirá en problemas de frustración, insistencia y miedos.
Cuando le piquen al cristal constantemente y oigan ruidos y vean gente a la que no
pueden acceder se les genera conflictos o reactividad hacia ruidos, frustración, ansiedad
y múltiples problemas asociados. Esos posibles clientes, acariciando, manipulando,
cogiendo al cachorro, pasándolo de mano en mano, sin que le respeten sus miedos y la
comunicación que está haciendo, provocará problemas asociados a manipulados y en la
mayoría de casos, miedo a personas. La falta de socialización con el entorno y de libertad
de exploración producirá dificultad en la adaptación cuando se vaya a un hogar. Estos
cachorros pasan el proceso de socialización o la mayor parte de él (hasta los 4 meses)
encerrados y sin ver mundo. Algunos hasta pasan allí su primer y segundo período
sensible, sus primeras etapas de miedos, sobre los 5 y los 8 meses.

A menudo les pincharán antibióticos hasta que los compren, para que no tengan
síntomas de enfermedad. Los síntomas aparecerán cuando lleven unos días en su nuevo
hogar, y como están enfermos empezarán fuera de tiempo a pasear y socializarse, ya con
una mochila de miedos que hay que revertir. Esto en el mejor de los casos porque otros
acaban muriendo por estas enfermedades y consecuencias de una mala cría. Pero
tranquilo que como si de unos zapatos se tratara, no importará tu dolor y su sufrimiento,
te lo reemplazarán por otra pobre víctima de este negocio sin escrúpulos. Y no quieras
saber que hacen con los cachorros “defectuosos” y enfermos que los clientes de estos
criadores y tiendas devuelven.

Los perros de criador


Hay algunos “buenos criadores” que miran que los padres estén sanos, sin patologías
físicas y que sean aptos para la cría, incluso no crían si tienen problemas de miedos y de

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agresividad. Estos incluso socializan con perros y con personas correctas desde la tierna
infancia, los empiezan a manipular correctamente y atienden a la comunicación. La pena
es que son poquísimos los que lo hacen bien y muchísimos los que lo hacen mal.

La mayoría de criadores tienen madres hartas de criar, que pasan de los cachorros o los
rechazan, con todo tipo de problemas emocionales y de ahí, no puede salir nada bueno.
Los criadores que tienen a los cachorros aislados de todo, incluso de la madre, porque
los chafa, los agrede, se los come o no los dejan ni moverse por sus propios problemas
de conducta (protección de recursos, reactividad al movimiento, etc.) nos venderán
cachorros con problemas: nerviosos, tensos, a la defensiva con perros (si no te puedes
fiar de tu madre de quien te vas a fiar). Hay criadores que no permiten visitas de personas
por un tema de enfermedades, en consecuencia, no estarán socializados con ellas. Los
que, si permiten las visitas y quieren socializar, la mayoría permiten y toleran que estas
manipulen, obliguen, alcen y generen asociaciones negativas en los cachorros. Incluso
permiten que los cachorros se conviertan en los juguetes de los niños que vienen a
visitarlos o los propios del criador. La consecuencia es peor que la de no socializar. Lejos
de generar buenas asociaciones de seguridad, diversión y tranquilidad, se está
produciendo todo lo contrario: traumas, inseguridades y malas asociaciones.

Esto mismo sucede con la socialización con perros. Si los demás perros del criador tienen
problemas con perros u otros problemas de conducta (que es lo más habitual en estos
casos), lo que les inculcará a los cachorros no va a ser bueno y nos tocará revertirlo en
casa y no sabremos porqué. Estos criadores suelen estar en lugares aislados,
posiblemente los perros podrán estar tranquilos, sí, pero, si no les empiezan a presentar
estímulos y si se van a un entorno urbano, hay que asegurar una adaptación muy
consciente y progresiva para lo que normalmente las familias no están preparadas.

Hay criadores que permiten que estén con la madre y los hermanos y los hay que no. Ya
sea por un tema económico, si la madre presenta problemas de conducta u otros, los
criarán por separado y a biberón, para asegurar su beneficio, pero sin tener en cuenta
las necesidades emocionales de esos cachorros y de esa madre. Por ejemplo, a veces
están con madres reactivas al movimiento que riñen a los cachorros por moverse, estos
cachorros tendrán problemas de socialización si no reviertes bien la situación. Pueden
estar con madres que protegen comida o recursos y aunque los cachorros sean lactantes,
los marcan constantemente generando traumas graves difíciles de revertir. Perras con
problemas de agresividad a perros que amamantan a sus cachorros con bozales y
siempre bajo supervisión para que no maten a sus cachorros situación que genera un
sinfín de problemas.

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Los perros de particular


Hay particulares que crían de manera irresponsable e ilegal. Algunos permiten que los
cachorros estén con la madre hasta los 2 meses y pueden empezar a socializarlos. Pero
la gran mayoría, a la que los cachorros se desarrollan y empiezan a moverse, les entra la
prisa por deshacerse de ellos, aunque no hayan estado el tiempo suficiente con la madre.
Aguantar tantos pipis, cacas, tanta energía y estrés cuando un montón de cachorros
empiezan a desplazarse por la casa, en personas que no están formadas ni preparadas,
conlleva que se empiece a reñir y castigar sin tener en cuenta que hasta los 4 meses
tienen licencia de cachorros (ningún adulto les riñe o castiga) y se les debería facilitar la
exploración y permitir conocer todo lo que necesitan. Suelen darse en adopción
demasiado pronto, esto hace que la madre no pueda hacer su trabajo y educarlos bien.
Si no pueden jugar con sus hermanos y con la madre, vendrán con pocas o nulas
habilidades sociales. Si la madre no los ha destetado progresivamente y se ha ido
separando de ellos correctamente, tenderán a tener problemas de ansiedad por
separación y dependencia. Si estaban en un entorno estresante o de castigos, nos
llegarán nerviosos, asustados y/o quizás a la defensiva como consecuencia de esos
castigos, sin hablar de los múltiples problemas de conducta que pudiera presentar la
madre y ha estado inculcando a los cachorros.

Los perros de protectora


A veces las perras llegan embarazadas y paren en la protectora. Muchas de estas
protectoras permiten un entorno tranquilo para ellas y sus cachorros, y son amables con
ellos y quizá puedan hasta relacionarse con otros perros correctos. Esto sería lo ideal.
Otras veces están en perreras, frías y con ruidos y ladridos de perros de fondo, esto
obviamente no será tan bueno. O que la gente que esté allí no los manipule bien, los
coja en brazos sin tener en cuenta cómo. Ni si tienen miedo o los esté riñendo y
castigando por desestresarse mordiendo pantalones o manos... Eso tampoco será una
infancia correcta. Otras veces vienen en cajas y los dejan en la puerta, quizá de un
particular que los haya tenido bien y hasta los dos meses o quizá hayan estado pasando
frío y miedo desde las dos semanas de vida o los hayan destetado el mismo día del
nacimiento. A menudo los intentan ahogar o los meten en bolsas llenas de piedras y los
golpean para que mueran. A veces sobreviven y esos cachorritos van a tener muchos
miedos e inseguridades en su adolescencia. En nuestras manos está que, vengan de
donde vengan, los ayudemos a que puedan superar estas infancias y no queden secuelas
o se intensifiquen por una incorrecta socialización y acompañamiento.

Lo que la sociedad hace con los cachorros es antinatural e irresponsable y esto se traduce
en los tantísimos problemas de comportamiento que presentan los perros en la
convivencia. La realidad es que, con una buena educación basada en la comprensión y

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el respeto, estos perros vivirán tranquilos y sin miedos, con una buena educación todo
es reversible. Pero si a una infancia incorrecta, sumamos una mala educación, así
tenemos el problema actual de falta de civismo, abandono y colapso en refugios y
centros de recogida.

Después de estas infancias, donde van a parar estos cachorros:

Familias que compran o adoptan como el que compra


unos zapatos
Estas familias están consumiendo perros. Ni leen, ni se forman ni buscan ayuda para
darle una buena educación. Todos creemos saber de perros y sobre cómo educarlos.
Como hasta los 5/6 meses no suelen aparecer los problemas de conducta más graves y
hasta los 8 meses no empiezan a intensificarse, creen que su cachorro es fácil, que es
súper obediente y que no necesitan ayuda porque ya lo saben todo, al igual que creemos
saber cómo educar a nuestros cachorros humanos. Nos limitamos a repetir el mismo
patrón con el que nos han educado a nosotros con todos aquellos seres que dependen
de nosotros. A los niños, como no podemos abandonarlos y devolverlos porque no está
bien visto y por las leyes que imperan, cuando son pequeños los medicamos y los
llevamos a especialistas. Cuando son adolescentes y se hacen evidentes los errores
cometidos porque aparece la rabia, la frustración, la intolerancia, la violencia y como
forma de evasión se enganchan a alcohol, drogas, tabaco, pantallas, aún ahí, pocas
familias se dan cuenta de que quizás deberíamos cambiar el paradigma educativo y
buscar otras formas de relacionarnos entre nosotros.

En la educación del perro cometemos los mismos errores y repetimos los mismos
patrones, solo que con ellos no tenemos la misma deferencia y miramientos. A ellos
cuando no nos gustan sus conductas o nos perturban sus estados, los aislamos de su
núcleo familiar en terrazas o balcones, los atamos en patios, los medicamos para que no
molesten, los echamos a la calle, los regalamos al primero que pasa por la calle, los
abandonamos en protectoras para que otros se hagan cargo de nuestros errores, los
dejamos en perreras o centros municipales de recogida para que se mueran de pena y
de asco el resto de su vida e incluso somos capaces de llegar a eutanasiarlos con tal de
quitarnos el problema de encima y no asumir nuestros errores.

Para educar correctamente a un cachorro, éste debería conocer y asociar de manera


tranquila, segura y positiva todo con lo que vaya a tener que convivir: perros, gatos,
personas, niños, coches, bicis, camiones, palos, bolsas, objetos y mobiliario urbano,
ruidos diferentes, cosas en movimiento... A menudo, en vez de socializar, sensibilizamos
y creamos miedos por no respetar sus necesidades, sus tiempos, su lenguaje o no

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conocerlo, por presentarle demasiados estímulos, por no respetar los tiempos de


concentración y de aprendizaje de cada perro, etc.

No siendo esto suficiente para generarles problemas y traumas, si los metemos en


situaciones que no saben gestionar y ofrecen conductas que nos molestan o no nos
gustan, les reñimos. Lo curioso es que en nuestra ignorancia acabamos por castigar y
reñir el miedo en ellos, con lo que conseguimos intensificar estos miedos a la vez que
generamos ansiedad, malas asociaciones y debilitamos el vínculo con nosotros. Luego
no nos harán ni caso, estarán siempre nerviosos y no confiarán en nosotros ni en otras
personas y no sabremos por qué.

A menudo queremos socializarlos con perros metiéndolos en pipicans y parques con


grupos de perros con problemas. El que no está ladrando, está obsesionado con la pelota,
o haciendo agujeros, o revuelcan a nuestro cachorro y lo permitimos, o lo persiguen
cuando corre ladrando y mordiéndole los tobillos para parar su movimiento. Los
metemos con perros tensos, con colas altas, con una comunicación que indica que están
a la defensiva. Y nuestro cachorro está ahí, tragando con todo mientras pueda, asociando
a los perros a nerviosismo, a tener que defenderse y aprendiendo todo tipo de conductas
evasivas inadecuadas. Luego no entenderemos por qué nuestro perro es reactivo con
perros, con lo mucho que hemos hecho para socializarlo. ¿¿¿Y por qué está tan nervioso
en casa con lo mucho que ha “jugado” en el parque???

Un juego sano dura 10/15 minutos, puede empezar algo acelerado, pero irá bajando de
intensidad con parones frecuentes entre los perros que juegan. Se van respetando la
comunicación mutuamente de manera que entienden los estados emocionales del otros
y así aprender habilidades sociales, coger seguridad y autoconfianza para gestionar
diferentes situaciones para finalmente acabar el “juego” ambos relajados, satisfechos y
tranquilos.

Un juego no es sano cuando corren y corren sin parar durante largo tiempo, no se
respetan los parones y las señales de calma, cuando el juego a contacto puede durar
horas, cuando hay lenguaje corporal de tensión, ladridos, gimoteo, colas altas,
erizamiento... Eso es gestionar miedo con juego y lejos de ser relajante y que les aporte
algún beneficio, les genera adrenalina y otras hormonas del estrés. Aunque el juego no
sea correcto, físicamente llegarán cansados, pero por dentro estarán revolucionados.
Este estrés lo sacarán en casa y afectará negativamente a los problemas de conducta.
Pasa lo mismo con el juego a pelota, que solo añade adrenalina. O el paseo con tirones,
o no permitirles oler lo que necesitan. Todo esto afectará gravemente a su equilibrio
emocional y subirá los niveles de estrés de manera considerable.

Es importante que, para socializarlos, elijamos perros y ambientes adecuados para el


cachorro, perros con habilidades sociales, que sepan qué hacer con un cachorro y que
sean referentes adecuados para ellos. Un perro equilibrado respetará su licencia de
cachorro, no le reñirá de forma bruta con menos de 4/5 meses, y si lo hacen es porque

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ese cachorro ya tiene problemas de agresividad. Si no respetan esta licencia, crearán


problemas de conducta en él. Si le van ladrando para que el cachorro pare y el cachorro
se va acelerando cada vez más, ese adulto está superado y no tiene habilidades
suficientes para educar a un cachorro, intervenir vosotros y pararle al cachorro sin hablar,
sin gritar, interponiéndoos caminando hacia él o parándolo con la correa si ya está muy
acelerado. Sin castigos, ya que podría asociarlo al perro con el que está o a la situación
y lo que quieres es normalizarla. Tu cachorro tiene que aprender a gestionarse y a saber
parar, y a esto le tienes que ayudar tú dando ejemplo y estando pendiente cuando se le
vaya la situación de las manos si el otro no lo hace bien o necesita ayuda. Debe haber un
equilibrio entre que aprenda de sus errores y permitirle hacer, pero que sepa que vas a
estar ahí para ayudarlo si le va la situación de las manos o se descontrola.

Si el cachorro tiene alrededor de los 4/5 meses los perros adultos equilibrados podrían
empezar a ponerle límites, aquí deberíamos estar atentos para ayudarles a gestionar la
situación si les desborda, asegurar que sus niveles de estrés sean óptimos para permitir
un aprendizaje, que el ambiente sea el correcto, no demasiado estresante ni que haya
otros perros ladrando o añadiendo tensión o nerviosismo a la situación. Si se produce la
corrección correcta por parte de otro perro, normalizarla. No ir a decirle pobrecito al
cachorro ni a reforzar su conducta, ya que entendería que quieres que la repita y la
corrección del otro adulto no serviría de nada. Pero tampoco pasar olímpicamente del
cachorro y acompañarlo a normalizar la situación con su mismo lenguaje corporal. Si el
adulto no está equilibrado, directamente, no debería producirse esta corrección porque
lo más seguro que no sea correcta. Si vemos al cachorro muy alterado, nos agacharemos
para darle apoyo sin tocarlo ni hablarle para no reforzarlo. Y en función de cómo
vayamos viendo la situación o nos quedamos si se hace la paz o nos vamos si sentimos
que no se está produciendo un aprendizaje o una socialización correcta.

Familias que sí intentan informarse y reciben una


formación no adecuada
En el mundo del perro hay muchísimas formas de trabajar. Hay familias que, si piden
ayuda, pero van a parar en manos de gente que va a empeorar el problema. ¿Qué
quieres? ¿Educarlo y darle a entender lo que esperas de él, ayudarlo a superar sus
miedos, que aprenda habilidades sociales para que sepa relacionarse con otros perros y
pueda jugar y disfrutar de ir suelto porque no es un peligro para nadie? ¿O quieres
enseñarle a qué se siente, se tumbe y se venga cuando lo llames sin tener en cuenta
porque está haciendo las conductas? Nosotros lo tenemos claro. Aunque nuestros
perros tienen una obediencia entrenada y muchas habilidades con clicker, solo las
utilizamos para jugar con ellos porque en el día a día no son necesarias, NUNCA.

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Cuando tienes un perro es importante acabar en manos de un buen profesional, gente


que trabaje con respeto hacia el perro y hacia ti, que no utilice collares de ahorque,
cordinos, de pinchos ni eléctricos, que no les den toquecitos, ni tirones de correa, ni
rodillazos y que busquen la manera de comunicarse con el perro y te ayuden a entender
qué le pasa, cómo ayudarlo a superar sus miedos y a adaptarse a nuestra forma de vida.
Si tu perro ladra a perros suele ser por miedo, control o conductas de protección o
insistencia. Nada bueno sacará si cada vez que ladra le riñes o le pegas tirones, quizá
pueda dejar de ladrar, pero nunca se llegará a relacionar con perros correctamente. Huye
también de quien se pasa toda la sesión dándole chucherías al perro sin que te explique
cómo ponerle límites en su lenguaje. Una cosa es ser respetuoso y otra es aceptarlo todo,
chantajearlo constantemente y atiborrar al perro a comida. Igual que con el castigo
generamos perros miedosos e inseguros que no confían en nosotros, solo dando
chucherías para reforzar lo bueno generamos perros exigentes y ansiosos que se pasan
el día pidiendo de forma interesada. Huye también del profesional que medica al perro
de por vida y te da pautas para controlar las conductas sin trabajar el miedo o el
problema que las genera.

Cuando pedimos ayuda para educar a un cachorro o perro adulto, este profesional, bajo
nuestro punto de vista, debería conocer al perro, sus rutinas, pasear con él para detectar
sus miedos, etc. Y luego formar a la familia en comunicación canina, para que puedan
entenderlo y comunicarse con él de forma comprensible para el perro, hacerle saber qué
miedos tiene y cómo resolverlos, cómo mantener al perro en unos estados de estrés
óptimos, explicarle como jugar con él, cómo pasear, cómo manejar la correa, explicarle
cómo y cuándo socializarlo, tanto en período de socialización como en períodos
sensibles (etapas donde aparecen los miedos) y durante toda la adolescencia del perro
(hasta los 2 años). Enseñarles cómo inhibir la mordida, entrenar la llamada, explicarle
cómo habituarlo a quedarse solo y prevenir la ansiedad por separación, cómo educar la
conducta higiénica, cómo educarlo y cómo ponerle límites y explicarle las normas en la
convivencia y las necesidades del perro, para llegar a un equilibrio. En todo ello debería
utilizar técnicas respetuosas y respetar las etapas de desarrollo, la capacidad de
aprendizaje, sus miedos y siempre se tendrá en cuenta el entorno y las necesidades e
instintos del perro.

Un perro es mucho más que una maquinita que tiene que obedecer órdenes y hacer lo
que tú le digas por qué sí. Él tiene miedos, él se siente incomprendido, se siente frustrado,
se puede sentir solo, aislado, puede tener miedos e inseguridades. Necesita una familia
humana al lado que lo ayude y lo acompañe en su vida, en su aprendizaje. Educar no es
enseñarle una obediencia. Educar contempla muchísimos aspectos importantes del
perro que hay que tener en cuenta.

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Cómo influye en el perro cada tipo de familia:


Nuestro perfil de familia y nuestras rutinas van a determinar en gran parte los problemas
en el perro, sobre todo si es cachorro. Tipos de familia:

Familia con otro perro/s en casa


Si nuestro perro adulto es equilibrado y no tiene problemas, nos hará más de la mitad
del trabajo educando al cachorro o al perro que entre en casa. Pero como tenga
problemas con perros, con personas, ruidos, gatos... y la socialización del cachorro o
perro inseguro sea con el otro perro adulto delante, en muy poco tiempo tendremos dos
perros con los mismos problemas, y encima se los reforzarán entre ellos. Aquí, nuestra
responsabilidad, es hacer la socialización del cachorro por separado para que este no
tenga miedos y en poco tiempo pueda ser él quién ayude al adulto. Muchas veces no se
hace por desconocimiento y otras por pereza, pasearlos por separado da mucho trabajo.
Pero si no se hace así, luego, en vez de un perro con problemas, tendremos dos con el
mismo problema y aquí sí que se complica el paseo.

Familias con niños pequeños


Cuando los niños son mayores no hay problema, incluso pueden ayudar y contribuir al
bienestar del perro. Cuando la familia tiene niños pequeños, el tiempo que se le puede
dedicar al perro es menor, aquí un cachorro puede salir perjudicado. Convivir con
cachorros y niños conlleva un reto importante y el tiempo para educar al cachorro no
está porque se priorizan las actividades y los ratos con los niños. Aquí un perro adulto
puede encajar perfectamente, solo hay que elegirlo bien.

Si una familia con niños quiere un cachorro, debe ser consciente de que hay que invertir
2 años en su educación y socializar al cachorro. Hay que plantearse si tendremos tiempo
para educar la conducta higiénica, sacar tiempo para socializarlo, relacionarlo con otros
perros, invitar gente a casa para socializarlo mientras no tiene vacunas, ponerle límites,
aunque el niño esté llorando, trabajar la reactividad al movimiento cuando los niños
corran, desensibilizar ruido cuando los niños lloren, chillen o jueguen a cosas con ruidos
que preocupan al perro, etc. Normalmente, los perros que conviven con niños pequeños
tienden a tener los niveles de estrés más altos, por ello es importante asegurarle una
buena rutina de paseos y tenerlo equilibrado y sin miedos.

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Familias con gatos u otros animales


Si adoptamos un perro adulto que no sea reactivo a movimiento y no tenga problemas
graves con gatos, será muy fácil de adaptar. A los cachorros hay que ayudarlos a
normalizar el movimiento de un gato. Mientras se habitúan, los niveles de estrés estarán
más altos de lo normal en la convivencia. Si tenemos loros, hámster, animales que hagan
ruido y que se muevan, lo mismo, habrá que hacer un proceso de habituación. Si no lo
hacemos bien y empezamos a reñir y a castigar, surgirán problemas en la convivencia
asociados al estrés y al miedo por las correcciones.

Familias más mayores y sin niños


A menudo estos perros están en jardín, pasean poco o se les da siempre los mismos
paseos aburridos y rutinarios. Estos perros estarán estresados y aburridos como ostras.
Si hay rutinas de paseos correctas, estos perros suelen vivir tranquilos. Si no se les puede
dar mucha actividad y paseos estimulantes, es importante elegir bien el tipo de perro
para que sea más tranquilo, de baja energía y así evitar que aparezcan problemas
asociados al estrés y la frustración. Si no se puede cubrir las necesidades físicas y
emocionales de un cachorro se debe introducir un perro adulto acorde a las rutinas de
la familia.

Pareja jovencita, sin niños ni animales


Su punto fuerte es la gran dedicación que le emplean y la motivación. El riesgo es la
exigencia, se les suelen pedir muchas tonterías para hacer perros perfectos y los perros
no tienen que ser perfectos, sino vivir tranquilos, felices y en armonía con nosotros. No
es necesario que se sienten cada vez que hay que cruzar la carretera ni que vayan a
nuestro lado, ni pasar nosotros primero por las puertas. Aquí es importante tener la
información correcta para saber en qué emplear el tiempo de la educación del cachorro,
que básicamente es socializar y cubrir todas sus necesidades.

También hay parejas jóvenes que se pasan el día trabajando, no es recomendable coger
un cachorro por no poder dedicarle tiempo suficiente a su socialización, por la mayor
complicación en habituarlo a quedarse solo sin ansiedad por separación, porque cuando
lleguen a casa no tendrán paciencia para hacer frente a las conductas de un cachorro
que no tienen sus necesidades básicas cubiertas.

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La importancia de ser un buen referente


Cuando decidimos compartir nuestra vida con un perro, ya sea cachorro o adulto, es
importante tener claro con lo que nos podemos encontrar y saber hacer frente a lo que
vaya saliendo en la adaptación o en su educación. Si nos hemos informado y tenemos
las herramientas y la preparación para educarlo correctamente y darle buena vida,
entonces adelante. Pero nos encontraremos con otro aspecto, a menudo no previsto por
la mayoría de las familias, y es que la llegada de un perro a casa a veces nos saca de
nuestro círculo de confort a nivel personal y emocional. A veces nos hace evidente
nuestra falta de recursos y de conocimientos, que para ello estamos elaborando este
libro y el Curso On-line.

El perro, a nivel personal y emocional, saca lo mejor y lo peor de uno mismo. Los que
hemos tenido cachorro hemos podido ver que un día llegas a casa y el perro está muy
tranquilo y otro día llegas y está muy nervioso, hace cosas “malas”, coge objetos, va
acelerado... Sí el día ha sido igual y no hay ningún cambio. ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué
ha pasado? Los perros son como espejos de nuestro estado emocional. Dicen que los
perros huelen el miedo. También huelen la ansiedad, la preocupación, la inseguridad, el
enfado... Son capaces de detectar la rigidez en nuestro cuerpo, los cambios hormonales,
los cambios en la dilatación de nuestras pupilas. A menudo nos conocen mejor que
nosotros mismos. Aquí es importante estar tranquilo y en armonía y el problema es que
no vale con parecerlo. Cada uno puede iniciar o no, un proceso de autoconocimiento y
trabajo personal, que con el perro es más directo. El perro te lleva al mundo de las
emociones y cuando entras allí por él, porque a menudo por nosotros mismos no lo
hacemos, pero por nuestros perros y nuestros hijos sí, te das cuenta de que ha valido la
pena y que tu vida es mucho mejor gracias a lo que te ha enseñado y a las decisiones
que has tomado.

Por otro lado, en educación canina igual que cuando educamos a un niño, lo más
importante es dar ejemplo y seguir lo que predicamos. Para los perros, nosotros somos
sus referentes. Si educamos con castigo y correcciones, luego no pretendamos que
nuestro perro sea tolerante y amistoso con los perros, si ve acciones violentas, él
también las hará. Si lo educamos con paciencia y con respeto y utilizamos la
comunicación, él también lo hará. Y no solo hacia él, los perros se ponen muy nerviosos
y se preocupan si ven personas discutir o ven cómo se le pega o se le grita a un niño, ahí
también estamos dando ejemplo. Uno de los perfiles de perros más complicados de
rehabilitar en protectoras, son los que vienen con problemas de agresividad procedentes
de familias de violencia familiar, no solo hacia el perro.

Importante es, también, que las personas que se relacionen con el perro, sean correctas
y respeten su lenguaje físico. De nada sirve que tú no refuerces el nerviosismo al llegar
a casa y no le des fiesta si cuando vienen invitados o el resto de la familia sí que lo hacen.
Hay que educar con coherencia, con paciencia y con respeto, y a menudo, esto nos lleva

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a aprender a poner límites a las personas de nuestro alrededor para que no te tiren al
traste el trabajo que estás haciendo con él. ¡¡Y cómo cuesta poner límites a familiares y
amigos eh!! A unos nos cuesta decir: no hagas eso, y que el otro haga caso, y a otros nos
cuesta decirlo de forma respetuosa para que no siente mal. ¡Encontrar el equilibrio es
importante, no solo para nuestro perro, sino para NUESTRA VIDA!

Y ahora sí que sí, nos metemos de lleno en educación canina sin dar más rodeos:

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EL PERRO
Vamos a empezar conociendo en profundidad a nuestro compañero de vida, primero
como especie, luego como raza o sus mezclas y luego como individuo único e irrepetible.

Características
El perro “canis familiaris” es un mamífero carnívoro de la familia de los cánidos. Se
estima que actualmente existen unos mil millones de canes en el mundo. Su capacidad
de adaptación y versatilidad han hecho que podamos encontrarlos en cualquier parte
del planeta.

Es un animal con una gran capacidad social, tienen la necesidad de vivir en manada. Su
estructura social está basada en la propia de cualquier núcleo familiar, padre, madre y
sus descendientes. Esto implica que para sobrevivir buscan la colaboración. Es decir, son
animales cooperativos que utilizarán sus habilidades para el bien común. Esto hará que
su propia naturaleza los lleve a ser serviciales, cooperativos y atentos con sus
semejantes y con el ser humano.

Al ser un animal preparado para la caza, tiene unas características físicas que han sido
aprovechadas por el ser humano para múltiples funciones. La caza, la búsqueda, el
pastoreo, la vigilancia y en la actualidad para terapia asistida, protección, rescate en
diferentes áreas, perros señal, perros policías y militares, de alerta médica….

Desde un punto de vista ancestral y genético, el perro proviene del lobo. Según la teoría
oficial con la que nosotros no compartimos ciertos aspectos.

Los sentidos
El perro es un animal con una capacidad sensorial extraordinaria y sus sentidos están
especializados y adaptados para la caza. Los utilizan para la propia supervivencia y la de
su especie.

En el mundo animal, la evolución de nuestro cerebro comenzó con el sentido del olfato.
Los olores son capaces de activar todas las regiones emocionales del cerebro. En el reino
animal, tener un buen olfato es de vital importancia. Si a esto le sumamos que es su
principal sentido, le daremos toda la importancia que requiere.

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En su nariz tienen su huella dactilar. Cada trufa es única.

El olfato del perro tiene entre 200 y 300 millones de receptores olfativos, esto los
convierte en especialistas de los olores, pero también implica que afecte directamente
a los estados emocionales.

Con su olfato pueden detectar todo tipo de sustancias materiales y son capaces de
analizar cada una por separado. Son auténticos expertos con un don, por eso
relacionaremos gran parte de nuestro trabajo a este sentido.

Los perros tienen una parte de su comunicación que es olfativa. Más adelante
profundizaremos sobre este tema.

El oído es un órgano sensorial de gran amplitud. Pueden detectar ultrasonidos e


infrasonidos. Si pusiéramos todas las teclas de un piano que un humano pudiese oír, el
perro podría escuchar hasta unas 15 teclas más por arriba y por debajo de la escala.

Su pabellón auditivo lo podemos ver con varios tipos de oreja, caídas, cortadas, con más
o menos pelos, pero aquella que digamos realiza la función original es la oreja erguida
en forma de triángulo.

Mientras que los seres humanos percibimos sonidos a 6 metros de distancia, los perros
pueden escuchar aquellos que se produzcan a 25 metros o más. Su oído registra hasta
35.000 vibraciones por segundo, estando cuatro veces más evolucionado que el nuestro.
De hecho, su alcance auditivo es de 10.000 a 50.000 Hz, siendo el de las personas de
16.000 a 20.000 Hz. Y es que los perros cuentan con 17 músculos en cada oreja, frente
a los 9 de los oídos humanos.

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Al tener mucha más capacidad auditiva, pueden sobre estimularse en ambientes


ruidosos con gran facilidad. Pueden sentir molestia e incomodad ante algunos tipos de
ruido aparte de sentir amplificados los sonidos que de forma natural más les suelen
preocupar (tormentas, petardos…)

De los cinco sentidos, en el perro el gusto es el menos desarrollado. La lengua del perro
dispone de menos de 2.000 papilas gustativas, frente a las 9.000 del ser humano. Su
lengua es más lisa, estrecha y plana que la nuestra, y se puede apreciar claramente la
ausencia de las típicas rugosidades que caracterizan este apéndice en los humanos. Eso
le hace menos sensibles que nosotros a los sabores.

No hay mucho más que decir sobre este órgano, solo destacar que esta limitación en el
gusto, frente a la fortaleza en el olfato, puede esconder un riesgo elevado, ya que el olor
atractivo de un objeto no comestible puede atraerle suficientemente como para llegar
a ingerirlo, sin que le preocupe el sabor del mismo.

El sentido de la vista se desarrolla completamente a los 3 meses de edad. Tienen visión


en color, aunque es bastante más limitada que la nuestra. Pero tienen una visión
nocturna excelente.

Podemos medir la vista del perro de la siguiente forma

• Capacidad para medir distancias (campo visual y percepción de profundidad): la


posición de los ojos en la cabeza del animal determina la visión periférica y la cantidad
de campo visual que puede observar con los dos ojos. Se conoce como visión binocular.
Ello le permite ver en profundidad y medir correctamente las distancias. El campo de
visión de los perros es de 240º, mientras que el nuestro es de 200º.

• Capacidad para enfocar objetos (agudeza visual): esta capacidad le permite


centrarse en distintos objetos y diferenciar uno de otro. La córnea y el cristalino son los
principales responsables de esta capacidad.

• Percepción del movimiento: los perros tienen una visión muy sensible al
movimiento. Hay incluso estudios que revelan que pueden detectar objetos o animales
en movimiento hasta a 800 metros.

• La diferenciación de colores: En cuanto a la visión o no en color de los perros,


podemos indicar que los perros tienen un tipo de visión en colores, pero no en los
mismos grados que los humanos. Los fotorreceptores usados en la visión color son los
conos. Estos conos están presentes, pero representan un poco menos del 10% del total
de los fotorreceptores del perro. Debido a esto, se podría decir que los perros
diferenciarían los tonos violetas, azul violáceo y azul. Los colores amarillo-verdoso y
amarillo y rojo se distinguirían como tonos amarillentos. Los tonos azules verdosos

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probablemente sean vistos por los perros como sombras grises. Pero los perros están
mucho mejor capacitados para diferenciar entre las distintas tonalidades de gris que
las personas, lo que es una gran ventaja para poder ver y discriminar objetos con luz
baja.

En conclusión, los perros tienen sentidos bastante más desarrollados que los nuestros.
Y esto es importante tenerlo en cuenta a la hora de adaptarlos y habituarlos a vivir en
entornos muy urbanos, ya que fácilmente se sobre estimularán y no será un proceso
sencillo para ellos.

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Teorías sobre el aprendizaje


canino

Esta parte puede ser muy técnica y complicada de entender y asimilar para algunas
personas. Es normal, y no pasa nada si no se acaba de interiorizar porque es útil para
entender, pero no necesaria para convivir ni saber acompañar correctamente a tu perro.
Léela con tranquilidad, sin presión y si es necesario vuelve a releerla para entender el
concepto general. Es corta y breve, en el resto del libro no encontrarás más tecnicismos
y contenidos tan densos.

¿Cómo aprenden los perros?


Los perros pueden aprender por imitación, por ensayo y error, por comprensión, por
mapas mentales (cambios alternativos para llegar a la misma solución) y suele haber una
motivación, positiva o negativa.

Los procesos de condicionamiento son formas de aprendizaje que asocian conductas


con estímulos externos al organismo. Estos procesos de condicionamiento son
determinantes en el aprendizaje del perro, pero bajo nuestro punto de vista no lo
explican no lo explican al 100%. Consideramos que el conductismo es una visión
simplista y obsoleta de entender como aprende un perro, pero si hay que tenerla muy
en cuenta y es necesario conocerla. Existen dos tipos de condicionamiento (Skinner):

1. Condicionamiento Clásico:

Cuando se crea una conexión entre un estímulo nuevo y neutro y un reflejo ya existente.
En este aprendizaje, el estímulo neutro que antes no generaba respuesta, hecha la
asociación al presentar el estímulo se genera la respuesta involuntaria. Aprendizaje por
asociación, estímulo - respuesta. Ejemplo campana de Pavlov. Por condicionamiento el
perro empezará a salivar solo oír la campana porque sabe que luego viene la comida.

¿Qué es el condicionamiento clásico?

El conductismo se basa en el supuesto de que todo el aprendizaje se produce a


través de las interacciones con el entorno, el cual moldea el comportamiento
(enseña). En el condicionamiento clásico, el proceso de aprendizaje se produce
mediante la asociación de un estímulo inicial (por ejemplo, el olor a comida) que

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provoca en el organismo una respuesta incondicionada regular y mensurable (por


ejemplo, salivación), con un evento neutro (por ejemplo, un ruido) que no
provocaba respuesta (salivación) antes del condicionamiento.

Después de varias presentaciones consecutivas de carácter espacio-temporal, el


evento neutro adquirirá las funciones del estímulo inicial, provocando la misma
respuesta que aquel. De este modo, un ruido podría terminar produciendo la
salivación.

Es importante tener en cuenta que el condicionamiento clásico implica colocar una


señal neutral antes que un reflejo natural. En el experimento clásico de Pávlov con
los perros, la señal neutral era el sonido de un tono y el reflejo natural era la
salivación en respuesta a la comida. Al asociar el estímulo neutral con el estímulo
ambiental (presentación de alimentos), el sonido del tono (estímulo condicionado)
podría producir la respuesta de salivación.

Cómo funciona el condicionamiento clásico: principios básicos

El condicionamiento clásico implica formar una asociación entre dos estímulos que
resultan en una respuesta aprendida. Para ello, hay tres fases básicas que aparecen
en este proceso:

Fase 1. Antes del condicionamiento

La primera parte del proceso de condicionamiento clásico requiere un estímulo (le


llamaremos no condicionado) que provocará automáticamente una respuesta. Por
ejemplo, siguiendo con el ejemplo planteado anteriormente, salivar en respuesta al
olor de la comida es un estímulo natural.

Durante esta fase del proceso, el estímulo no condicionado dará como resultado
una respuesta no condicionada. Por ejemplo, la presentación de alimentos
(estímulo no condicionado) desencadena de forma natural y automática una
respuesta de salivación (respuesta no condicionada).

También hay un estímulo neutral que todavía no produce ningún efecto. Cuando
este estímulo neutral se empareje con el estímulo no condicionado, es cuando
aparecerá la evocación de una respuesta.

Así, el estímulo no condicionado es uno que incondicional, natural y


automáticamente desencadena una respuesta. Por ejemplo, percibir el olor de un
alimento que guste mucho puede desencadenar hambre. Aquí, el olor de la comida
es el estímulo incondicionado.

La respuesta no condicionada es la respuesta no aprendida que ocurre naturalmente


en respuesta al estímulo incondicionado. Es decir, la sensación de hambre en
respuesta al olor de los alimentos es la respuesta no condicionada.

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Fase 2. Durante el acondicionamiento

Durante la segunda fase del proceso de condicionamiento clásico, el estímulo


previamente neutral se empareja repetidamente con el estímulo no
condicionado. Como resultado de este emparejamiento, se forma una asociación
entre el estímulo previamente neutral y el estímulo no condicionado. De este modo,
el estímulo una vez neutral se conoce como el estímulo condicionado. El sujeto
ahora ha sido condicionado para responder a este estímulo.

El estímulo condicionado es previamente un estímulo neutral que, después de


asociarse con el estímulo no condicionado, desencadena una respuesta
condicionada. Así, si a la vez que olemos un alimento que nos gusta escuchamos un
silbido y esto ocurre muchas veces, finalmente el silbido provocará por sí solo la
respuesta condicionada. En este caso, el silbido es el estímulo condicionado.

Fase 3. Después del acondicionamiento

Una vez que se haya hecho la asociación entre el estímulo no condicionado y el


estímulo condicionado, la presentación del estímulo condicionado solo provocará
una respuesta (incluso sin la presentación del estímulo no condicionado).

La respuesta resultante se conoce como la respuesta condicionada. La respuesta


condicionada es la respuesta aprendida al estímulo previamente neutral. En el
ejemplo anterior, la respuesta condicionada sería sentir hambre al escuchar el
silbido.

Principios clave del condicionamiento clásico

Los conductistas han descrito una serie de fenómenos diferentes asociados con el
condicionamiento clásico. Algunos de estos elementos implican el establecimiento
inicial de la respuesta, mientras que otros describen la desaparición de una
respuesta. Estos elementos son importantes para entender el proceso de
condicionamiento clásico.

La adquisición es la etapa inicial de aprendizaje cuando una respuesta se establece


por primera vez y se fortalece gradualmente. Durante la fase de adquisición del
condicionamiento clásico, un estímulo neutral se empareja repetidamente con un
estímulo no condicionado.

Recordemos que el estímulo no condicionado es algo que, de forma natural y


automática, desencadena una respuesta sin ningún aprendizaje. Una vez realizada
la asociación, el sujeto comenzará a emitir un comportamiento en respuesta al
estímulo previamente neutral, que ahora se conoce como estímulo condicionado .
En este punto, la respuesta ha sido adquirida.

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La extinción se produce cuando la aparición de una respuesta condicionada


disminuye o desaparece. En el condicionamiento clásico, esto sucede cuando un
estímulo condicionado ya no está emparejado con un estímulo no condicionado.

Sin embargo, a veces una respuesta aprendida puede resurgir repentinamente


incluso después de un período de extinción. La recuperación espontánea es la
reaparición de la respuesta condicionada después de un período de descanso o un
período de respuesta disminuida. Si el estímulo condicionado y el estímulo no
condicionado ya no están asociados, la extinción ocurrirá muy rápidamente después
de una recuperación espontánea.

La generalización del estímulo es la tendencia del estímulo condicionado a evocar


respuestas similares después de que la respuesta haya sido condicionada. En el
famoso experimento del Pequeño Albert de John B. Watson, un niño pequeño
estaba condicionado para temer a una rata blanca. El niño demostró una
generalización del estímulo al mostrar también miedo en respuesta a otros objetos
blancos borrosos, incluidos los juguetes de peluche y el propio cabello de Watson.

2. Condicionamiento Operante o Instrumental:

Aprendizaje mediante el cual un sujeto tiene más probabilidades de repetir los


comportamientos premiados y menos de continuar con las formas de conducta
castigadas. Hacen una conexión directa entre las acciones que ejecutamos y las
consecuencias que se derivan de ellas, porque el acto opera sobre el ambiente para
obtener estímulos compensatorios o positivos.

El proceso del condicionamiento instrumental requiere la siguiente secuencia: Estímulo-


respuesta-refuerzo

Repetimos lo que nos gusta, la ley del efecto descubierta por Thorndike, explica un
principio muy sencillo que consta de dos partes: la primera afirma que las respuestas
que producen consecuencias satisfactorias se consolidan, y, por consiguiente, se emiten
con frecuencia creciente. La segunda presupone que los organismos aprenden
respuestas que permiten evitar o evadir estímulos desagradables, lo que nunca nos han
explicados es que esta forma de “educar” conlleva implícitas consecuencias muy
negativas para la convivencia como ya hemos hablado en el apartado de porque no
educar con castigo.

Edward L. Thorndike dijo: la frecuencia del comportamiento depende de lo que ocurra


justo después, si es placentero el comportamiento incrementará su frecuencia. Si lo que
sigue al comportamiento es desagradable, este comportamiento disminuirá su
frecuencia. Según Thorndike, el aprendizaje se componía de una serie de conexiones
entre estímulo y una respuesta que se fortalecían cada vez que generaban un estado

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satisfactorio para el organismo. Esta teoría ofreció las bases para la teoría de Skinner
acerca del condicionamiento operante.

El objetivo principal de esta disciplina es aumentar o disminuir la probabilidad de que


una conducta se vuelva a repetir. Las acciones que obtengan una recompensa tenderán
a realizarse de nuevo; las que obtengan un castigo dejarán de hacerse. Pero nadie habla
de que esas conductas pueden no ser reforzadas ni castigadas, si son ignoradas o no
atendidas, al perro no le funciona y deja de utilizarlas para conseguir lo que quiere, pero
sin las consecuencias negativas de los castigos y las correcciones. Tampoco contemplan
que muchos perros, prefieren que les riñas mil veces antes de que les ignores, ya que lo
que quieren en algunos casos, es atención, sea positiva o negativa. Y sin darnos cuenta
estamos reforzando conductas que no deseamos. Además, persigue también los
siguientes objetivos:

• La adquisición. Conducta que se asocia al refuerzo positivo y/o al refuerzo


negativo. Como consecuencia del refuerzo, la conducta cada vez se da más rápidamente
y más veces.

• La extinción. Esta se centra en eliminar el reforzamiento de una conducta. Al


suprimir el refuerzo, la frecuencia de esta va decreciendo. No es un proceso inmediato,
sino gradual, por lo que no puede esperarse que la conducta desaparezca al momento.
Por este motivo es importante insistir en la aplicación de esta práctica para asegurar la
eliminación de la conducta.

Aspectos del condicionamiento

Bajo nuestro punto de vista existen aspectos importantes a la hora de entender los
condicionamientos. Estos se basan en el propio individuo, que será el que finalmente
presente ciertas conductas.

Predisposición genética: lo entenderemos como la información que recibe el perro de


sus progenitores. Toda esta carga genética será como los filtros con los que se comienza
a determinar cómo recibimos la información que se recibe del mundo exterior. Debemos
entender que esto implica el nivel físico, mental, emocional y energético.

A nivel físico, por ejemplo, veremos que la predisposición genética puede ser diferente
dependiendo de varios factores, ya sea por causa del humano o bien del lugar de donde
proceda el animal y del clima en el que viva el individuo (cálido, helado, húmedo…) Esto
determinará qué físico tendrá el perro para adquirir la capacidad de adaptación a cierto
clima o exigencia humana (un mastín tendrá un cuerpo fuerte, grande para su propósito
de proteger al ganado y también estará adaptado al terreno y al clima. Un bodeguero
tendrá un cuerpo pequeño y ágil para perseguir los ratones de las bodegas, también
tendrá pelo corto y claro para adaptarse a altas temperaturas.

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Tener en cuenta que un Mastín que viva en un clima cálido creará un condicionamiento
y recibirá esa información como “nueva”, que será muy diferente al de un Bodeguero
que ya tiene esa información integrada, y su condicionamiento será muy diferente en
este aspecto.

A nivel mental, debemos entender que esta es la parte más importante a la hora de
crear un condicionamiento. Esta es la parte que filtra las percepciones de aquello que
viene del exterior, y esta predisposición a ver el mundo de cierta manera creará grandes
diferencias a la hora de gestionar la parte emocional.

La información y predisposición mental dependerá mucho de la raza del perro. Es decir,


aquello para lo que haya sido creada la raza determinará su forma de “pensar” su
entorno. Un perro de pastor podrá “pensar” en los niños pequeños como algo a lo que
controlar y/o parar, un perro de presa como algo a lo que proteger y cuidar…

A nivel emocional, el aspecto a tener en cuenta es que vendrá condicionado por el


estado mental del individuo. Esta gestión de las emociones se ven condicionadas por la
información que reciben de sus progenitores, ya que los procesos químicos creados en
la gestación, influyen directamente en la predisposición a la hora de crear ciertas
hormonas y las consecuencias que conlleve. La gestión emocional determinará la acción
y, en consecuencia, el aprendizaje del individuo a lo largo de su vida. Cuando la gestión
emocional se ve alterada por la predisposición genética, los condicionamientos que se
crean y causan conductas graves para el perro y/o su entorno se arraigan y se vuelven
mucho más difíciles de cambiar.

A nivel energético debemos entender que los perros, como otros animales, son
sensibles a las energías que proceden del exterior. Los procesos energéticos que se
suceden en el núcleo familiar y en su entorno más cercano, afectan directamente al
perro.

Información familiar y del entorno: a partir del nacimiento de cualquier ser vivo la
información que se recibe viene del exterior, aunque posteriormente es filtrada por cada
individuo de una manera muy personal.

Obviamente, un cachorro que es criado por la madre y/o padre, le dará gran valor a la
información que reciba de ellos, que determinará en gran medida su forma de ver
aquello que le suceda que no su manera de actuar. Por ejemplo, si una madre tiene
miedo a las personas u otros, los cachorros recibirán señales de desconfianza,
protección, control… Por parte de ella.

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Motivar para conseguir el refuerzo


En Educación canina, un reforzador es todo lo que aumenta la frecuencia de respuesta.
Hay dos tipos de reforzadores: los positivos y los negativos. Un refuerzo es positivo
cuando consolida una respuesta al ser presentado después de ella y al ser considerado
por el sujeto como un premio (alimento, aprobación, cariño, juego...). Es negativo
cuando tiende a ser eliminado después de la respuesta, lo cual puede consolidarla.

El alimento o la supresión del dolor son reforzadores primarios, son innatos (hablamos
de ello para que lo conozcáis, pero nunca aprobaríamos técnicas basadas en que el perro
realice una conducta para dejar de producirle dolor o malestar y extinguirla). En cambio,
los halagos, las felicitaciones, el juego, las caricias, son secundarios y se aprenden en
general relacionados con los primarios.

Más adelante dedicaremos todo un apartado sobre este tema.

Indefensión aprendida: Es la imposibilidad de controlar los estados emocionales y de


sus propias acciones causados por circunstancias externas. Es la certeza de que nada de
lo que el perro haga mejorará la situación. El ser humano a veces quiere enseñar a un
perro sometiéndole a un estímulo, porque no conoce otras formas. Los adiestramientos
tradicionales a menudo llevan a los perros a estos estados crueles e inhumanos para que
sus conductas no molesten a sus personas sin tener en cuenta las necesidades del animal
ni el por qué las estaba realizando.

El castigo: El castigo es todo aquello que el perro pueda recibir como un aversivo o como
un peligro.

Aprendizaje por imitación: Este tipo de aprendizaje es increíblemente eficaz y permite


evitar los procedimientos de tanteo, ensayo y error que acompañan al
condicionamiento instrumental. Gracias a esto, también se aprende sin intentos previos
y se facilita el amplio repertorio de la conducta social.

Dentro del Condicionamiento Operante, cuando un comportamiento va seguido o


precedido por un hecho positivo o negativo, la realización de esa conducta puede variar.
Hay 5 paradigmas que explican las formas de aprendizaje conductista:

- Premio: Estímulo positivo tras una conducta, la aumenta.

- Escape: Estímulo negativo hasta que se produce la conducta. La aumenta.

- Evitación: Estímulo negativo si no se realiza una conducta. La aumenta.

- Castigo negativo: Estímulo positivo hasta que se produce la conducta. La disminuye.

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- Castigo positivo: Estímulo negativo tras una conducta. La inhibe.

La expectativa de aparición de un estímulo negativo o positivo es mejor reforzador que


el estímulo en sí mismo. Por ello, los programas de refuerzo variable (a veces aparece el
premio a veces no) son más eficaces respecto a consistencia y resistencia en la respuesta
que los de refuerzo fijo (siempre se premia la conducta).

La educación canina en positivo utiliza únicamente el refuerzo positivo (concesión del


premio para el perro) y el castigo negativo (la retirada o eliminación del premio).

Básicamente, se trata de reforzar las conductas adecuadas para que salgan reforzadas y
se repitan, y procurar impedir que sucedan las que no queremos, ignorarlas o
bloquearlas sin castigos. Para así extinguir todos esos comportamientos y conductas que
nos molestan o que dan problemas.

Condicionamientos y encadenamientos
A todos nos ha pasado que el perro se anticipa a lo que viene, ellos condicionan
situaciones y son capaces de encadenarlas. Por ejemplo, si vamos en coche, paramos y
ponemos marcha atrás o nos quitamos el cinturón o ponemos el freno de mano, el perro
ya se inquieta, porque sabe que con la marcha atrás o esta consecución de acciones
nuestras significa que ya hemos llegado y llega a un sitio nuevo o divertido. Para romper
el condicionamiento podríamos poner el freno de mano o quitarnos el cinturón en
situaciones donde aún no hayamos llegado, como en los semáforos. O cuando ve que
abrimos el cajón de las correas, ya sabe que va a la calle y al anticipar la situación le da
un subidón. En esta situación podríamos abrir el cajón de las correas varias veces al día,
colgarnos la correa del cuello y pasearnos por la casa o seguir con nuestras cosas. En
otras ocasiones son capaces de encadenar conductas. En teoría, premiamos lo último
que nuestro perro hace. Si lo llamamos, viene y premiamos, estamos reforzando el
haber venido. ¿Pero qué pasa si se va a ladrar a algo, lo llamamos y viene? Si premiamos,
¿qué estamos reforzando ahí? Podríamos estar reforzando un encadenamiento: voy a
ladrar porque luego me llaman y me dan la chuchería. Cuando tengáis dudas de que
estáis reforzando, no lo premiéis.

Factores que pueden influir en el aprendizaje del perro y


en los problemas de conducta
Hay técnicas que pueden funcionar con unos perros sí y con otros no, a veces lo que
parece un problema no lo es y lo está causando otra cosa, cada perro es único, cada
problema es único, cada miedo puede tener intensidades diferentes y estar

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condicionado por muchos otros factores, problemas o características del perro. Hay
factores que influyen en cada tratamiento o modificación de conducta: el ambiente,
mala alimentación, enfermedades, dolor, miedos, estados de ansiedad, cambios
hormonales, fatiga o cansancio físico. Con el perro siempre hay que trabajar de manera
holística e integrativa. Y para ello cada familia debe saber rodearse de los profesionales
adecuado para tener bien atendido a su animal. Nosotros, como educadores caninos
colaboramos laborar activamente con todo tipo de profesionales como pueden ser
veterinarios, etólogos, traumatólogos, oftalmólogos, acupuntores y expertos en
medicina china, fisioterapeutas…

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LAS RAZAS

La Federación Cinológica Internacional (FCI) es la organización canina mundial


encargada de estipular los estándares de cada raza de perros. Existen 354 razas de
perros aceptadas y algunas más en el proceso. Estas razas están clasificadas en 10 grupos
distintos.

1. Grupo 1: Perros de pastor y 38. Welsh corgi pembroke (Reino 77. Hovawart (Alemania) 110. Border terrier (Reino Unido)
boyeros Unido) 78. Leonberger (Alemania) 111. Fox terrier de pelo alambre
2. Perros de pastor 39. Perro de pastor rumano de 79. Landseer tipo europeo (Reino Unido)
3. Pastor alemán (Alemania) los Cárpatos (Rumanía) continental (Alemania, Suiza) 112. Fox terrier de pelo liso (Reino
4. Australian kelpie (Australia) 40. Perro pastor rumano de 80. Perro de pastor de Anatolia Unido)
Mioritza (Rumanía) (Anatolia) 113. Lakeland terrier (Reino Unido)
5. Perro de pastor belga 41. Perro de pastor de Rusia 81. Terranova (Canadá) 114. Manchester terrier (Reino
(Bélgica) Meriodonal (Rusia) 82. Pastor de Karst (Eslovenia) Unido)
6. Schipperke (Bélgica) 42. Pastor blanco suizo (Suiza) 83. Mastín del Pirineo (España) 115. Parson russell terrier (Reino
7. Perro pastor croata (Croacia) 84. Mastín español (España) Unido)
8. Perro lobo checoslovaco 43. Perros boyeros 85. Perro de montaña de los 116. Welsh terrier (Reino Unido)
(Eslovaquia) Pirineos (Francia)
9. Tchuvatch eslovaco 86. Perro de pastor yugoslavo de 117. Perros terriers de talla
44. Boyero australiano (Australia)
(Eslovaquia) Charplanina (Macedonia, pequeña
45. Boyero de las Ardenas
10. Perro de pastor catalán Serbia)
(Bélgica)
(España) 87. Perro de montaña del Atlas
46. Boyero de Flandes (Bélgica, 118. Australian terrier (Australia)
11. Perro de pastor mallorquín (Marruecos)
Francia) 119. Terrier japonés (Japón)
(España) 88. Perro de Castro Laboreiro
120. Cairn terrier (Reino Unido)
12. Perro pastor autraliano (Portugal)
121. Dandie dimmont terrier
(Estados Unidos) 89. Perro de la Sierra de la Estrela
47. Grupo 2: perros tipo pinscher (Reino Unido)
13. Pastor de los Pirineos de cara (Portugal)
y schnauzer, molosoides y 122. Nerfolk terrier (Reino Unido)
rasa (Francia) 90. Rafeiro del Alentejo (Portugal)
perros tipo montaña y 123. Norwich terrier (Reino Unido)
14. Pastor de Beauce (Francia) 91. Perro pastor de Asia Central
boyeros suizos. 124. Scottish terrier (Reino Unido)
15. Pastor de Brie (Francia) (Rusia)
48. Perros tipo pinscher y 125. Sealyham terrier (Reino
16. Pastor de Picardía (Francia) 92. Perro pastor del Cáucaso
schnauzer Unido)
17. Perro pastor de los Prineos (Rusia)
126. Skye terrier (Reino Unido)
de pelo largo (Francia) 93. Perro San Bernardo (Suiza)
127. Jack russell terrier (Reino
49. Affenpinscher (Alemania) 94. Dogo del Tibet (China)
18. Komondor (Hungría) Unido)
50. Dobermann (Alemania)
19. Kuvasz (Hungría) 128. West highland white
51. Pinscher alemán (Alemania)
20. Mudi (Hungría) terrier (Reino Unido)
52. Pinscher miniatura (Alemania)
21. Puli (Hungría) 95. Perros tipo montaña y 129. Terrier checo (República
53. Pinscher austriaco (Austria)
22. Pumi (Hungría) boyeros suizos Checa)
54. Schnauzer (Alemania)
23. Pastor bergamasco (Italia)
55. Schnauzer gigante (Alemania)
24. Perro de pastor de la 96. Boyero de Montana Bernes
56. Schnauzer miniatura 130. Perros terriers de tipo bull
Maremma y de los Abruzos (Suiza)
(Alemania)
(Italia) 97. Gran boyero suizo (Suiza)
57. Perro smous holandés 131. American staffordshire
25. Pastor holandés (Países Bajos) 98. Perro boyero de Appenzell
(Países Bajos) terrier (Estados Unidos)
26. Perro lobo de Saarloos (Suiza)
58. Terrier ruso negro (Rusia) 132. Bull terrier (Reino Unido)
(Países Bajos) 99. Perro boyero de Entlebuch
133. Bull terrier miniatura (Reino
27. Schapendoes neerlandés (Suiza)
59. Molosoides Unido)
(Países Bajos)
134. Staffordshire bull terrier
28. Perro de pastor polcao de las
(Reino Unido)
llanuras (Polonia) 60. Perro corso italiano (Italia)
100. Grupo 3: razas de perros
29. Perro pastor polaco de 61. Bóxer (Alemania)
terriers
Podhale (Polonia) 62. Gran danés (Alemania) 135. Perros terriers de compañía
101. Perros terriers de talla
30. Perro de pastor portugués 63. Rotweiler (Alemania)
grande y media
(Portugal) 64. Dogo argentino (Argentina) 136. Terrier sedoso australiano
31. Antiguo perro de pastor 65. Fila brasileño (Brasil) (Australia)
102. Terrier cazador alemán
inglés (Reino Unido) 66. Shar pei (China) 137. Terrier inglés toy (Reino
(Alemania)
32. Border collie (Reino Unido) 67. Broholmer (Dinamarca) Unido)
103. Terrier brasileño (Brasil)
33. Collie barbudo (Reino Unido) 68. Perro dogo mallorquín 138. Yorkshire terrier (Reino
104. Kerly blue terrier (Irlanda)
34. Collie de pelo corto (Reino (España) Unido)
105. Soft coated wheaten terrier
Unido) 69. Dogo canario (España)
irlandés (Irlanda)
35. Collie de pelo largo (Reino 70. Dogo de Burdeos (Francia)
106. Terrier glen de imaal irlandés
Unido) 71. Mastín napolitano (Italia) 139. Grupo 4: teckel
(Irlanda)
36. Perro pastor de Shetland 72. Tosa (Japón)
107. Terrier irlandés (Irlanda)
(Reino Unido) 73. Fila de San Miguel (Portugal)
108. Airedale terrier (Reino Unido)
37. Welsh corgi cardigan (Reino 74. Bulldog (Reino Unido)
109. Bedlington terrier (Reino 140. Dachshund estándar
Unido) 75. Bullmastiff (Reino Unido)
Unido) 141. Dachshund miniatura
76. Mastiff (Reino Unido)
142. Teckel para la caza del conejo

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189. Podenco canario (España) 237. Sabueso italiano de pelo raso 285. Braco italiano (Italia)
190. Podenco ibicenco (España) (Italia) 286. Perdiguero portugués
143. Grupo 5: razas de perros tipo 191. Cirneco de Etna (Italia) 238. Sabueso de montaña del (Portugal)
spitz y tipo primitivo 192. Podenco portugués (Portugal) Montenegro (Montenegro) 287. Deutsch langhaar (Alemania)
144. Perros nórdicos de trineo 193. Thai ridgeback dog (Tailandia) 239. Sabueso de Hygen (Noruega) 288. Gran münsterländer
194. Perro de Taiwán (Taiwán) 240. Sabueso de Halden (Noruega) (Alemania)
241. Sabueso noruego (Noruega) 289. Pequeño münsterländer
145. Husky siberiano (Estados
195. Grupo 6: Perros de tipo 242. Harrier (Reino Unido) (Alemania)
Unidos)
sabueso, de rastro y razas 243. Sabueso serbio (Serbia) 290. Spaniel azul de Picardia
146. Malamute de Alaska (Estados
semejantes. 244. Sabueso tricolor serbio (Francia)
Unidos)
196. Perros tipo sabueso (Serbia) 291. Spaniel bretón (Francia)
147. Perro de Groenlandia
245. Sabueso de Småland (Suecia) 292. Spaniel de Font-Audemer
(Groenlandia)
246. Sabueso de Hamilton (Suecia) (Francia)
148. Samoyedo (Rusia) 197. Chien de Saint Hubert
247. Sabueso schiller (Suecia) 293. Spaniel francés (Francia)
(Bélgica)
248. Sabueso suizo (Suiza) 294. Spaniel picardo (Francia)
149. Perros nórdicos de cacería 198. American foxhound (Estados
249. Perro tejonero de Westfalia 295. Prediguero de Drente (Países
Unidos)
(Alemania) Bajos)
199. Perro negro y fuego para la
150. Perro de osos de Carelia 250. Sabueso alemán (Alemania) 296. Perdiguero frisón (Países
caza del mapache (Estados
(Finlandia) 251. Basset artesiano de Bajos)
Unidos)
151. Spitz finlandés (Finlandia) Normandía (Francia) 297. Grifón de muestra de pelo
200. Billy (Francia)
152. Cazador de alces noruego 252. Basset azul de Gascuña duro (Francia)
201. Gascon saintongeois (Francia)
gris (Noruega) (Francia) 298. Espinone (Italia)
202. Gran grifon vendeano
153. Cazador de alces noruego 253. Basset leonado de Bretaña 299. Grifón de muestra bohemio
(Francia)
negro (Noruega) (Francia) de pelo duro (República
203. Gran sabueso anglo-francés
154. Lundehund noruego 254. Gran basset grifón vendeano Checa)
blanco y naranja (Francia)
(Noruega) (Francia)
204. Gran sabueso anglo-francés
155. Laika de Siberia Occidental 255. Pequeño basset grifón
blanco y negro (Francia) 300. Perros de muestra ingleses e
(Rusia) vendeano (Francia)
205. Gran sabueso anglo-francés irlandeses
156. Laika de Siberia Oriental 256. Basset hound (Reino Unido)
tricolor (Francia)
(Rusia) 257. Beagle (Reino Unido)
206. Gran sabueso azul de 301. Pointer inglés (Reino Unido)
157. Laika ruso-europeo (Rusia) 258. Perro tejonero sueco (Suecia)
Gascuña (Francia) 302. Setter irlandés rojo (Irlanda)
158. Perro cazador de alces sueco 259. Sabueso suizo pequeño
207. Sabueso francés blanco y 303. Setter irlandés rojo y blanco
(Suecia) (Suiza)
naranja (Francia) (Irlanda)
159. Spitz norrbotten (Suecia)
208. Sabueso francés blanco y 304. Setter gordon (Reino Unido)
negro (Francia) 260. Perros de rastro 305. Setter inglés (Reino Unido)
160. Perros nórdicos de guarda y
209. Sabueso francés tricolor
pastoreo
(Francia) 261. Rastreador de Hannover
210. Sabueso polaco (Polonia) (Alemania) 306. Grupo 8: razas de perros
161. Pastor finlandés de Laponia 211. Foxhound inglés (Reino 262. Rastreador montañés de cobradores de caza,
(Finlandia) Unido) Baviera (Alemania) levantadores de caza y
162. Perro finlandés de Laponia 212. Perro de Nutria (Reino Unido) 263. Dachsbracke de los Alpes perros de agua
(Finlandia) 213. Sabueso austriaco negro y (Austria) 307. Perros cobradores de caza
163. Perro de pastor islandés fuego (Austria)
(Islandia) 214. Sabueso de Tirol (Austria) 264. Razas de perros semejantes 308. Perro cobrador de Nueva
164. Behund noruego (Noruega) 215. Sabueso estirio de pelo
Escocia (Canadá)
165. Perro sueco de Lapnia áspero (Austria)
265. Dálmata (Croacia) 309. Chesapeake bay retriever
(Suecia) 216. Sabueso de Bosnia de pelo
266. Perro crestado rodesiano (Estados Unidos)
166. Spitz de los Visigodos - cerdoso (Bosnia y
(Sudáfrica) 310. Cobrador de pelo liso (Reino
Vallhund sueco (Suecia) Herzegovina)
Unido)
217. Sabueso de Istria de pelo
311. Cobrador de pelo rizado
167. Spitz europeos corto (Croacia)
267. Grupo 7: razas de perros de (Reino Unido)
218. Sabueso de Istria de pelo
muestra 312. Cobrador dorado (Reino
168. Spitz alemán (Alemania) duro (Croacia)
268. Perros de muestra Unido)
169. Volpino italiano (Italia) 219. Sabueso del Valle de Save
continentales 313. Labrador retriever (Reino
(Croacia)
Unido)
170. Spitz asiáticos y razas 220. Sabueso eslovaco
(Eslovaquia) 269. Braco alemán de pelo corto
semejantes 314. Perros levantadores de caza
221. Sabueso español (España) (Alemania)
222. Sabueso finlandés (Finlandia) 270. Perro de muestra alemán de
171. Eurásico (Alemania) pelo cerdoso (Alemania) 315. Perdiguero alemán
223. Beagle-Harrier (Francia)
172. Chow chow (China) 271. Perro de muestra alemán de (Alemania)
224. Briquet grifon vendeano
173. Akita (Japón) pelo duro (Alemania) 316. American cocker spaniel
(Francia)
174. Akita americano (Japón) 272. Pudelpointer (Alemania) (Estados Unidos)
225. Grifón azul de Gascuña
175. Hokkaido (Japón) 273. Weimaraner (Alemania) 317. Nederlandse kooikerhondje
(Francia)
176. Kai (Japón) 274. Antiguo perro de muestra (Países Bajos)
226. Grifón del Nivernais (Francia)
177. Kishu (Japón) danés (Dinamarca) 318. Clumber spaniel (Reino
227. Grifón leonado de Bretaña
178. Shiba (Japón) 275. Braco eslovaco de pelo duro Unido)
(Francia)
179. Shikoku (Japón) (Eslovaquia) 319. Cocker spaniel inglés (Reino
228. Pequeño sabueso azul de
180. Spitz japonés (Japón) 276. Perdiguero de Burgos Unido)
Gascuña (Francia)
181. Korea jindo dog (República (España) 320. Field spaniel (Reino Unido)
229. Porcelane (Francia),
de Corea) 277. Braco de Auvernia (Francia) 321. Springer spaniel galés (Reino
reconocido por la FCI desde
1964. 278. Braco de Airege (Francia) Unido)
182. Perros tipo primitivo 230. Sabueso anglo-francés de 279. Braco del Borbonesado 322. Springer spaniel inglés (Reino
tamaño mediano (Francia) (Francia) Unido
183. Basenji (África Central) 231. Sabueso artesiano (Francia) 280. Braco francés - Tipo Gascuña 323. Sussex spaniel (Reino Unido)
184. Canaan dog (Israel) 232. Sabueso del Ariege (Francia) (Francia)
185. Perro del faraón (Malta) 233. Sabueso poitevin (Francia) 281. Braco francés - Tipo Pirineos 324. Perros de agua
186. Xoloitzcuintle (México) 234. Sabueso helénico (Grecia) (Francia)
187. Perro sin pelo del Perú (Perú) 235. Sabueso de Transilvania 282. Braco Saint-Germain (Francia)
325. Perro de agua español
(Hungría) 283. Braco húngaro de pelo corto
(España)
188. Tipo primitivo - Perros de 236. Sabueso italiano de pelo duro (Hungría)
326. Perro de agua americano
caza (Italia) 284. Braco húngaro de pelo duro
(Estados Unidos)
(Hungría)

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327. Perro de agua francés 344. Grifon bruxellois (Bélgica) 362. Bulldog francés (Francia) 378. Galgo español (España)
(Francia) 345. Petit brabançon (Bélgica) 379. Lebrel húngaro (Hungría)
328. Perro de agua irlandés 380. Pequeño lebrel italiano (Italia)
(Irlanda) 346. Perros sin pelo 363. Chihuahueño 381. Azawakh (Mali)
329. Perro de agua de Romagna 382. Sloughi (Marruecos)
(Italia) 383. Lebrel polcao (Polonia)
347. Perro crestado chino (China) 364. Chihuahua (México)
330. Perro de agua frisón (Países 384. Greyhound (Reino Unido)
Bajos) 385. Whippet (Reino Unido)
348. Perros tibetanos 365. Spaniel continental enano de
331. Perro de agua portugués
compañía
(Portugal)
349. Lhasa apso (China)
350. Shih tzu (China) 366. Spaniel continental enano de
386. Grupo 10: perros lebreles
351. Spaniel tibetano (China) compañía (Bélgica, Francia)
332. Grupo 9: razas caninas de 387. Lebreles de pelo largo u
352. Terrier tibetano (China)
compañía ondulado
333. Perros bichones y razas 367. Kromfohrländer
semejantes 353. Spaniels ingleses de
388. Lebrel afgano (Afganistán)
compañía 368. Kromfohrländer (Alemania) 389. Saluki (Medio Oriente)
334. Bichón de pelo rizado 390. Lebrel ruso para la caza
(Bélgica, Francia) 354. Cavalier charles spaniel (Rusia)
335. Bichón maltés (Cuenca (Reino Unido) 369. Grupo 10: perros lebreles
mediterránea central) 355. King charles spaniel (Reino 370. Lebreles de pelo largo u 391. Lebreles de pelo duro
336. Bichón habanero (Cuenca Unido) ondulado
mediterránea occidental)
392. Lebrel irlandés (Irlanda)
337. Bichón boloñés (Italia) 356. Spaniels japoneses y 371. Lebrel afgano (Afganistán) 393. Lebrel escocés (Reino Unido)
338. Coton de Tulear (Madagascar) pekineses 372. Saluki (Medio Oriente)
339. Pequeño perro león (Francia) 373. Lebrel ruso para la caza
394. Lebreles de pelo corto
357. Pekinés (China) (Rusia)
340. Perro caniche 358. Spaniel japonés (Japón)
395. Galgo español (España)
374. Lebreles de pelo duro
396. Lebrel húngaro (Hungría)
341. Caniche (Francia) 359. Perros molosoides de talla
397. Pequeño lebrel italiano (Italia)
pequeña 375. Lebrel irlandés (Irlanda) 398. Azawakh (Mali)
342. Perros belgas de talla 376. Lebrel escocés (Reino Unido) 399. Sloughi (Marruecos)
pequeña 360. Pug (China) 400. Lebrel polcao (Polonia)
361. Boston terrier (Estados 377. Lebreles de pelo corto 401. Greyhound (Reino Unido)
343. Grifón belga (Bégica) Unidos) 402. Whippet (Reino Unido)

Nuestra forma de agrupar las razas


De cara a la educación canina y la modificación de conductas, nosotros clasificamos las
razas de diferente manera. Y dentro de estos grupos de razas tendríamos en
consideración a algunas razas en particular, que muestran comportamientos específicos
o presentan características particulares y tendencias que son más complicadas para la
convivencia con el ser humano.

Bajo nuestro criterio existen 5 grandes grupos de razas, que el ser humano ha ido
creando y moldeando a lo largo de los años. Estos grupos están basados en las etapas
de la caza que han potenciado en los cánidos. Conocer a qué grupo pertenece o qué
mezclas tiene el perro con el que convivimos nos va a dar pistas y nos va a permitir
comprender por qué cuando tiene miedo o tiene un pico de estrés, las conductas de
gestión de este subidón son específicas de ese grupo. La persona que quiere adoptar,
comprar o ya tiene un perro en casa, es necesario que comprenda para qué está creado
la raza del animal con el que comparte su vida, para que pueda colmar y entender cada
necesidad del perro y pueda acompañar cada comportamiento sin frustraciones.

En el primer grupo, tenemos a los perros a los que se les ha potenciado la primera etapa
de la caza, los perros de búsqueda y rastreadores. Siendo la sensibilidad del olfato,
aquello que se ha potenciado en este tipo de perros. Podemos encontrar razas como el
Beagle, los Basset, Tekel…

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Este tipo de perro, cuando se estresan, viven frustrados, tienen miedo o se sobre
estimulan, a menudo empiezan a buscar rastros de manera obsesiva, ya sea de cualquier
animal o cualquier rastro de comida o de cacas que haya por la calle, en el campo, etc.

Un perro tranquilo que utiliza el olfato, está relajado, olfatea el olor que encuentra y
sigue tranquilo su camino, con cabeza media, baja, pero relajado. El perro que busca
rastros no separa la nariz del suelo y su búsqueda es nerviosa y acelerada. Esta forma de
pasear no baja niveles de estrés sino todo lo contrario, aunque esté utilizando el olfato.
Aquí nos encontramos ante un perro que, ante los conflictos, se evade.

A la hora de educar estas razas, os recomendamos no potenciar una gestión del estrés
mediante olfateos de comida ni premios con comida. Trabajaremos el autocontrol y no
potenciaremos la exigencia con la comida. Al ser humano esta forma de gestionar sus
estados emocionales y subidones de estrés no les suele representar mucho problema y
no suelen buscar soluciones, se acaba normalizando y aceptando en la convivencia. En
algunos casos se les pone bozal o se les va riñendo. Pero lejos de ayudar al perro, que
así no puede equilibrar nada se sube frustración y se debilita el vínculo. Para ayudar al
perro habría que ver que hay debajo de este comportamiento, si ansiedad, miedos,
sobreestimulación, frustración alrededor de la comida, desnutrición…

Una vez encontrada la presa, se toma contacto visual, comienza la segunda etapa de la
caza y segundo grupo. Aquí están los perros tipo pastor. El acecho y el pastorear para
que la presa se mueva es aquello que se ha potenciado en este tipo de perros.
Encontraremos perros tipo Border Collie, Gos d’Atura y todo tipo de perros pastor. Este
grupo de perros suelen tener el sentido de la vista y del oído más desarrollados que el
resto de grupos. Por este motivo suele costar más de adaptarlos a entornos muy urbanos
donde se sobre estimulan fácilmente.

Para educar a estas razas es importante asegurar una socialización con entornos
urbanos de manera progresiva, sin sobre estimular. Empezar a desensibilizar
movimiento para que lo normalicen cuanto antes y puedan tener una vida más tranquila,
más adelante tocamos este tema. También hay que trabajar desde cachorros el tema
del control para no potenciarlo ni reforzarlo por parte de la familia, también hablaremos
de ello más adelante.

Lo que pasará cuando un perro pastor tenga un subidón de estrés es que se va a poner
a controlar y pastorear todo aquello que le preocupe o que lo gestione con movimiento.
Un perro pastor tendrá siempre la tendencia a controlar y si vive con niveles de estrés
altos tenderá a obsesionarse y controlarlo todo con descontrol, entrando así en
fijaciones y obsesiones. Son perros de trabajo, que en esta sociedad suelen vivir
frustrados y sobre estimulados. También encontraremos personas que saben que estos
perros necesitan actividad, pero no se la dan de manera adecuada, están en modo
trabajo todo el día y los colman de actividades estimulantes que les generan más

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adrenalina, en vez de relajarlos (Agility, Frisbee y otras modalidades deportivas y


actividades en estados emocionales no adecuados. Estos deportes llevados a la práctica
con consciencia si pueden ser muy beneficiosos).

En esta etapa de la caza también meteríamos a los perros de protección en un tercer


grupo, ya que también controlan, son sensibles al movimiento y desarrollan conductas
de acecho. Aquí entrarían los mastines, todo tipo de molosos…

Lo que se premia en estas razas es la valentía y la protección, que aseguren la integridad


del grupo y de la familia y que se enfrenten a cualquier peligro.

Cuando un perro de protección se estresa o tiene miedo, se enfrentará, protegerá a su


familia de todo lo que sienta un peligro o amenaza o de lo que interprete que su familia
quiere que aleje. Es especialmente importante en estas razas una buena socialización,
habituación a situaciones que puedan interpretar como amenazantes y que fluya un
lenguaje corporal correcto.

Luego hay mezclas entre perros de pastoreo y de protección como pueden ser los
Pastores Alemanes, los Pastores Belgas, etc. que presentaran las tendencias de ambos
grupos.

Cuando la presa se mueve y empieza a correr como consecuencia empieza la


persecución, la tercera fase de la caza. Aquí encontramos al cuarto grupo: los lebreles,
podencos y perros de caza en general.

Cuando un perro de estas razas tiene miedo o un subidón de estrés por lo que sea,
empezará a correr como forma de gestión y cuando se dé cuenta de que ha pasado el
peligro puede no saber ni donde está. Por ello, es común que este tipo de perros, galgos
y podencos, sobre todo, nos los encontremos llevando un GPS.

Es especialmente importante trabajar un buen vínculo con su persona para que


gestionen el miedo a través de ellas y socializarlos correctamente para asegurar el
mínimo de estrés posible y que vivan sin miedos para así evitar estas conductas. Trabajar
una buena llamada ante estímulos e inseguridades también se hace especialmente
necesario en este grupo.

Una vez finalizada la persecución llega la fase del contacto y el mordisco. Morder y
atrapar la presa es la cuarta etapa de la caza y aquí están los perros del quinto grupo:
los perros de presa: American, Pit Bull, Boxer… y los de cobro: Labrador, Golden, perro
de aguas, Spaniel, Braco, Perdiguero.

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Los perros de presa tenderán a gestionar el estrés mordiendo objetos u otros. Debemos
entender que esta etapa de la caza es la que requiere mayor autocontrol, ya que en
contacto con la presa es cuando un error puede costarte la vida.

Otra característica es que no suelen tener problemas con el contacto físico fortuito (que
no el manipulado).

En este grupo de perros, trabajar la inhibición del mordisco y el autocontrol con niveles
de estrés altos es muy importante. También socializar con otros perros adecuados y
mantener unos niveles de estrés óptimos durante su vida hará que este tipo de perros
sean unos perros de compañía muy completos.

Los perros de cobro, una diferencia a la hora de gestionar el estrés, es que “portarán” la
presa (objeto) en la boca, como forma para relajarse. Cuando el cazador dispara, el perro
de cobro va a por ella y se la lleva al cazador sin dañarla, tienen una boca blanda a
diferencia del perro de presa que se le premia una boca dura. Así, encontraremos a los
Golden y Labrador estresados desplazando objetos por casa, portando objetos en la
boca o ingiriéndolos.

Existe una quinta etapa de la caza que es el comer. Y como es un tema importante que
afecta a muchos niveles en la calidad de vida de nuestro compañero, le dedicamos un
apartado:

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ALIMENTACIÓN EN EL
PERRO
Añadimos un apartado de alimentación natural porque creemos que influye
directamente a nivel de comportamiento. Un perro mal alimentado está desnutrido y
frustrado. Presentará ansiedad, conductas insistentes o exigentes ante la comida,
obsesiones, frustración y por lo tanto empeorará su calidad de vida y la convivencia con
su familia.

La alimentación afecta directamente a nivel de salud. Un perro que come cereal tenderá
a padecer enfermedades inflamatorias, digestivas, articulares, etc. que afectará a los
niveles de estrés y por lo tanto a los problemas de conducta.

Algunos veterinarios tradicionales han dejado de recomendar nuestros servicios porque


nosotros no estamos de acuerdo con alimentar al perro a base de alimento procesado
con alto contenido en carbohidratos. Y nos han dicho que, a nivel laboral, nos metemos
en algo que no nos atañe. Pero estamos convencidos de que la alimentación, la salud y
la conducta están directamente relacionadas y es muy importante generar conciencia y
promover la alimentación sana y natural de nuestros compañeros peludos.

Una alimentación natural, ya sea cruda o cocinada, le da más vitalidad al perro ya que
esta comida facilita su digestión y el aporte de energía, además que con ella disfrutan a
la hora de comer. Las cacas disminuyen porque aprovechan más cantidad de nutrientes.
Están mejor hidratados y beben menos agua, el alimento ya la lleva de manera natural.
El pelo, la musculatura mejora y los problemas de piel disminuyen. Mejora su sistema
inmunitario al recuperar la flora intestinal.

A nivel de conducta, su necesidad de nutrición al encontrarse completa y satisfecha,


elimina o baja de intensidad conductas inadecuadas como la coprofagia (comer cacas),
la ansiedad al comer o alrededor de la comida, los robos, la inapetencia (conflictos por
no comer el pienso) y las conductas de pica (ingerir objetos).

Al reducir las inflamaciones intestinales y articulares, baja la ansiedad. Con sus


correspondientes beneficios en problemas de hiperactividad, agresividad, control,
protección, etc.

Hay que tener en cuenta que la alimentación puede influir tanto positiva como
negativamente en los problemas de conducta. Está claro que una buena alimentación
va a influir en el desarrollo físico del perro, pero también afecta a su cerebro. El

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comportamiento se regula por neurotransmisores y procesos hormonales cuyos


precursores pueden variar en función de su dieta, con lo cual el funcionamiento del
cerebro queda afectado.

El Triptófano, uno de los principales precursores y responsable de desencadenar


problemas de comportamiento en nuestros perros, es abundante en las dietas ricas en
proteínas. Una vez el triptófano se sintetiza, se convierte en serotonina. Si aumentamos
la serotonina en el perro, se relaja y puede soportar una mayor carga de estrés.
Aumentar el triptófano en la dieta se recomienda en perros con conductas agresivas.
Pero subir lo proteína no sirve de nada si no se añade carbohidratos (no cereales) 1 hora
antes de la ingesta de la proteína.

La transición a alimentación natural en problemas de conducta o en perros con


patologías veterinarias debería hacerse de la mano de un nutricionista canino o
veterinario integrativo y holístico. Para perros sanos, os dejamos a continuación los
porcentajes de alimentos recomendados, las cantidades por edad y algunos
suplementos recomendados para que os hagáis a una idea. Actualmente hay múltiples
dietas comerciales balanceadas a precios muy razonables, que nos facilitan poder darles
esta dieta. Si vamos a cocinarles nosotros, es imprescindible que la dieta este
balanceada y que se reciba asesoramiento sobre este tema. No se puede hacer a la ligera.

Porcentajes de alimentos en la dieta natural


Huesos carnosos 40%

Carnes 40%

Vísceras 10/15%

Fruta y verdura 10%

Suplementos
Especias como: Perejil, orégano, albahaca, tomillo

Kéfir, de leche o de agua. Probiótico

Aceite de coco. Antimicrobiano, antiparasitario, bueno para las articulaciones.

Huevo. Fuente de proteína animal.

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Aceite de Salmón. Fuente de omega 3 y 6. Ayuda en alergias e inflamaciones, artritis,


problemas renales y neuronales.

Semillas de calabaza (trituradas). Eliminan lombrices. Propiedades antioxidantes,


antimicrobianas y anticancerígenas.

Para cantidades y más asesoramiento sobre este tema podéis contactarnos por los
canales habituales.

Cantidades diarias
Destete hasta los 2 meses. Comen un 10% de su peso ideal

3 a 4 meses. 8% de su peso

5 a 6 meses. 4% de su peso

7 a 8 meses. 4% de su peso

9 a 10 meses. 3% de su peso

A partir de los 11 meses, comen entre el 2% y el 4% de su peso idea en función de su


nivel de energía y actividad física.

Este libro no va de alimentación natural en perros, ya hay muchos profesionales de la


Nutrición canina que se dedican a orientar a las familias y a generar conciencia sobre la
necesidad de dejar de alimentarlos con piensos y comida procesada. Hay gran variedad
de alimentación natural en el mercado. Y para perros con patologías veterinarias, es
importante acudir a un veterinario especializado en Nutrición que te oriente al cambio.
El cambio a alimentación natural en perros es un movimiento imparable. Te
recomendamos que empieces a valorar una dieta natural, ya que sumará positivamente
en cualquier modificación de conducta y en la calidad de vida de tu compañero.

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NECESIDADES DEL PERRO


No sé si te sonará lo que es la Pirámide de Maslow en psicología humana. Pero
básicamente lo que viene a decir es que conforme el ser humano satisface las
necesidades más básicas, desarrollamos necesidades y deseos más elevados como verás
en la siguiente pirámide de necesidades humanas.

Sólo se atienden y se proyectan necesidades superiores cuando se han satisfecho las


necesidades inferiores.

El ser humano necesita cubrir las necesidades más básicas para empezar a preocuparse
o desear las siguientes. En resumen:

Necesidades básicas
Son necesidades fisiológicas básicas

Respirar, beber agua y alimentarse; dormir y eliminar los desechos corporales; evitar el
dolor; mantener la temperatura corporal, en un ambiente cálido o con vestimenta;
relaciones sexuales.

Necesidades de seguridad y protección

Surgen cuando las necesidades fisiológicas están satisfechas. Se refieren a sentirse


seguro y protegido:

Seguridad física y de salud; seguridad de recursos (casa, dinero, automóvil…)

Necesidades sociales (afiliación)

Son las relacionadas con nuestra naturaleza social:

Relaciones sociales: amistad, pareja, colegas o familia; aceptación social.

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Necesidades de estima (reconocimiento)

Necesidad del respeto a uno mismo, sentimientos tales como confianza, competencia,
maestría, logros, independencia y libertad.

Respeto de las demás personas: la necesidad de atención, aprecio, reconocimiento,


reputación, estatus, dignidad, fama, gloria e incluso dominio.

Autorrealización

Es la necesidad psicológica más elevada del ser humano, es a través de su satisfacción


que encuentra una justificación o un sentido válido a la vida mediante el desarrollo
potencial de una actividad. Se llega a esta cuando todos los niveles anteriores han sido
alcanzados, hasta cierto punto, como mínimo.

Y ahora te preguntarás que tiene que ver esto con Educación Canina y como este tema
puede ayudarte con tu perro. Pues mucho más de lo que imaginas porque no somos tan
diferentes. Y aquí te dejamos la pirámide que hemos desarrollado con las necesidades
del perro:

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Sentirse
realizado

Autoestima y
reconocimiento

Relaciones sociales

Seguridad/vínculo

Fisiología

Necesidades fisiológicas:

Agua, nutrición correcta, descanso, necesidades fisiológicas en sitios adecuados y los


tiempos necesarios según necesidades; ausencia de dolor; mantener la temperatura
corporal óptima (ambientes cálidos para vivir); necesidad sexual; ejercicio físico
adecuado

Necesidad de seguridad y vínculo social:

Sentirse seguro y protegido; fuerte vínculo con su familia y fluidez en la comunicación;


seguridad e integridad física; hogar seguro

Necesidad de relación social y pertenecer a un grupo:

Relaciones sociales, tanto con los de su misma especie como personas. Pertenecer a un
núcleo social; Reconocimiento del círculo social; juegos e interacciones sanas

Necesidad de tener autoestima y reconocimiento social:

Autoconfianza; seguridad en sí mismo; respeto y aprobación social; gestión emocional

Necesidad de sentirse realizado:

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Sentirse útil en su grupo social; tener ratos de libertad y de exploración; vivir nuevas
experiencias; nuevos aprendizajes; capacidad de resolución de problemas.

Si te fijas, a los perros les pedimos/exigimos aspectos del último grupo de necesidades
como darles libertad y que vengan a la llamada, adiestramiento y actividades que
requieren de exigencia y concentración, los metemos en ambientes y situaciones que
ellos no saben llevar, y les exigimos a muchos niveles, sin tener cubiertas necesidades
básicas imprescindibles para que puedan gestionarse en lo que les estamos pidiendo.

La gran mayoría de perros no tiene una nutrición correcta, tienen dolores, necesidades
sexuales no cubiertas, etc. pero es que tampoco se sienten seguros ni protegidos porque
los tenemos viviendo solos en el exterior o los educamos con castigos y correcciones,
temen nuestros enfados. Muchísimos perros tampoco tienen cubiertas sus necesidades
sociales y muchísimo menos tienen una autoestima sana y fuerte o se les reconoce y
respeta, los educamos con castigos y chantajes, esto crea perros inseguros,
dependientes y anulados emocionalmente o frustrados y a la defensiva.

Así que coge bien esta pirámide y observa en qué nivel quieres que esté tu perro y mira
que necesidades se deberían cubrir para que esto pueda ser una realidad. Puede que tu
perro no tenga muchas de estas necesidades cubiertas porque no eras consciente de ello,
ahora podrás enmendarlas, poniéndote manos a la obra y así llevarlo a estadios
superiores de equilibrio, bienestar y felicidad plena.

Toma conciencia de lo que tenéis que equilibrar para que el resto de la información de
este libro te sea realmente útil.

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ETAPAS DEL PERRO


En Atúk consideramos que el perro es un cachorro hasta los 6 meses de vida. A partir de
los 6 hasta el 1,5 o 2 años son adolescentes, en función de la raza y el tamaño del perro,
de los 2 años hasta los 9 es la edad adulta. Los perros de tamaños grande y las hembras
en general suelen madurar antes que los perros de tamaño pequeño y los machos. A
partir de los 9 o a veces antes, depende de las razas, el perro entra en etapa senior y
cada senior, en función de su condición física, la raza y las patologías veterinarias que
tenga entraran antes o después en etapa geriátrica donde van a necesitar más cuidados
y atenciones.

En educación canina, cada etapa tiene sus peculiaridades y es importante que quien viva
con un perro sepa cómo debe acompañarlas y atenderlas correctamente.

Aunque no tengas un cachorro o adolescente o no tengas un perro senior, no dejes de


leer los siguientes apartados, ya que te va a aportar una visión global y te va a dar una
base de comprensión que te aclarará muchos conceptos. Además, hay varios temas
explicados en el apartado de cachorros que se pueden aplicar a perros adultos que
tengan problemas con los manipulados, por ejemplo, o la inhibición de la mordida.

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EDUCACIÓN DEL CACHORRO


La etapa de cachorro es la más importante en la vida del perro. De, cómo se acompañe
esta etapa y la adolescencia, va a determinar y marcar su carácter de por vida, su
estabilidad emocional y sus problemas de comportamiento futuros.

Hay que ser consciente de que, para el cachorro, entrar a formar parte de una nueva
familia supone un gran cambio. Separarse de su madre, de sus hermanos y del lugar
donde nació puede resultar muy difícil y es tarea nuestra hacer que ese cambio sea lo
más agradable y llevadero posible. Tenemos un momento irrepetible y es una gran
responsabilidad la que hemos asumido. De nosotros depende que el cachorro llegue a
ser un perro adulto equilibrado o un perro con problemas, reflejo de una mala elección,
de nuestra irresponsabilidad, de la falta de conocimiento y de los errores a la hora de
educarlo. Lo que hagamos o no, ahora, marcará el resto de su vida adulta y los errores
que cometamos, también.

Para un cachorro, la primera impresión que se lleva de su nuevo entorno, del hogar y de
las personas que forman esta nueva familia, es lo más importante. Se llama
condicionamiento clásico y aquello que hagamos en esos primeros momentos, en esos
primeros días, en esos primeros meses, conformará el adulto en el que se convertirá en
un futuro próximo. Esta etapa pasa volando, disfrútala y dale la atención y el esfuerzo
que merece.

Tenemos una gran responsabilidad en verso a esta nueva vida que hemos decidido
acoger en nuestro hogar. La empatía y el respeto hacia el cachorro podrá crear un vínculo
de confianza y entendimiento mutuo, pudiendo así acompañarlo de manera adecuada
en las diferentes etapas y procesos de su vida. Ayudándole a superar miedos e
inseguridades, a coger confianza con su entorno y a ir asimilando todo aquello que a lo
largo de su vida le vaya sucediendo.

Es por esto, que sería adecuado comprender cuales son los estados emocionales de las
personas que formáis la nueva familia del cachorro, ya que nuestras frustraciones,
exigencias, penas, miedos, inseguridades, preocupaciones, sentimientos de culpa,
hiperapegos, ansiedad, estados depresivos… van a influir en el proceso mucho más de
lo que te imaginas.

Aquello que hagamos ahora para ayudar en este momento tan importante para la vida
del pequeño y de la nuestra, marcará la diferencia entre poder fluir con la evolución del
cachorro o estar en lucha con él, corrigiendo, castigando, gritando, con frustraciones y
estrés constante….

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Para que la adaptación sea lo más llevadera posible es vital crear una buena base de
confianza y respeto. Esta base será posible a través del conocimiento del lenguaje y la
comunicación canina, que trataremos más adelante.

Habituación a manipulados
Uno de los temas básicos y de los principales motivos de consulta que tenemos es:
¿Cómo le quito la “manía” a mi cachorro de que me muerda las manos? Lejos de ser una
manía es un miedo que estamos generando nosotros sin ser conscientes. Las personas
cómo solución esperan consejos y formas de reñirles para que por arte de magia dejen
de hacerlo. Y para su sorpresa dejan de hacerlo en la misma sesión solo por ser
respetuosos en el trato hacia ellos y empezar a respetar su lenguaje corporal y lo que
con ello nos quieren pedir.

Debemos entender que hay que asociar bien las caricias, asociarlas a tranquilidad,
delicadeza, y respetando las señales de incomodidad que pueda presentar el perro. Una
vez tenga las caricias y el contacto físico normalizado será necesario comenzar a
habituarlo a manipulados higiénicos, de veterinario y de peluquería ya que es algo que
si o si va a necesitar a lo largo de su vida. Para esta parte más práctica os recomendamos
el curso On-line de educación canina para particulares.

Un cachorro no conoce lo que es un cepillo, un collar, una correa, etc. Habituarlos a todo
aquello que se le pueda presentar en un futuro, es una manera sencilla de evitar
conflictos, miedos, y un estrés innecesario para nuestro perro. Realizar este trabajo de
manera progresiva y por habituación prevenimos que aquello que pudiese crear un
problema en un futuro (poner arnés, collar, cepillados, cortar uñas, poner gotas en las
orejas, etc.) no nos suponga un suplicio a nosotros y un conflicto para el perro.

Para habituar a un cachorro a algo que pueda preocuparlo, debemos comenzar por
presentarle aquello que vayamos a hacer (cepillo, por ejemplo) e ir normalizando la
presencia de ese objeto, para posteriormente moverlo cerca y suavemente sin intención
de realizar el acto que queramos hacer (cepillado). Trataremos de atender a sus señales
para que el contacto con ese objeto sea agradable, sin tensiones, ni obligaciones.
También se puede hacer por desensibilización, que trata de asociar una situación, objeto
u otros, a algo positivo (comida, por ejemplo). Esta forma se suele utilizar cuando aquello
que se vaya a hacer, ya sepamos de antemano que no le va a gustar (bozal, collares,
correa, cortar uñas, etc.) o cuando ya lo tiene muy mal asociado, de manera que con la
misma base que la habituación, el perro pueda llegar a aceptar eso. Aunque haya comida
de por medio, las señales de calma del cachorro siempre deben ser aceptadas y
respetadas para luego proseguir con la desensibilización. Siempre parando cuando el
perro nos lo pide y seguimos.

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La convivencia con el cachorro


La familia suele acoger la llegada del cachorro con gran ilusión, pero más pronto que
tarde, tiende a estresarse, se desborda y tiene mucha prisa en ponerle normas, decirles
todo lo que está mal, no se les permite explorar, se les reprime y castiga
constantemente… el cachorro vive estresado, descolocado, acelerado y preocupado.
Aquí es muy importante entender por qué no utilizar los castigos y las correcciones, pero
para eso os daremos herramientas a lo largo de este libro y en el Curso On-line para que
sepáis pararlos y cómo reaccionar correctamente ante cada situación de tensión o
conflicto para que la convivencia no se convierta en un calvario.

Cuando vivimos con un cachorro es importante establecer unas normas previamente


consensuadas y establecidas por la familia y formarse y asesorarse para saber cómo
hacerlo. Es importante que en estas normas haya una coherencia (subir al sofá a veces
si, a veces no, no es coherente) para que el perro pueda entenderlas. Para establecer
esas normas a veces deberemos poner límites (que no se coman la basura, los cables…
por ejemplo), pero estas normas NUNCA se van a establecer con castigos o correcciones,
sino que lo haremos con limites corporales y en su mismo lenguaje.

Estos límites deben ponerse de manera respetuosa y debemos aprender a hacerlo ya


que nadie nos ha enseñado, repetimos los patrones simplistas y obsoletos de la
educación que hemos recibido desde la infancia.

Castigar y chantajear no es educar, es reprimir y


manipular

Inicialmente si los límites tratan sobre la interacción con nosotros comenzaremos por
ignorar la actitud no deseada (que nos ladre, por ejemplo), y podremos hacer nosotros
señales para darle a entender que no queremos eso, (girar la cara varias veces de manera
tranquila, movernos poco a poco, dar el costado, incluso la espalda si no hacen caso a
las anteriores o nos alejaremos) si persistiera la actitud o se intensificara (mordiscos),
esos límites deberán ser más activos y bloquear con el cuerpo u otras técnicas según el
caso. Si son cachorros muy insistentes y con muy poca tolerancia a la frustración, te
recomendamos que aquí vaya un profesional y te aconseje. En esta etapa es importante
hacer las cosas correctamente para que en un futuro algo que es muy sencillo de
reconducir, se convierta en un grave problema de conducta. Estos límites se pondrán

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también en situaciones ajenas a nosotros, es decir, hacia otros estímulos. Con el cuerpo
y sin utilizar las manos, comenzaremos por bloquear al perro, nos interponemos entre
el perro y el estímulo de manera que no pueda acceder (papelera, ropa, comida…) hasta
que el perro desista, se relaje y no tenga expectativas. En estas situaciones es importante
ser un referente de calma tener paciencia y saber sostener el proceso de nuestro
cachorro sin expectativas ni prisas por solucionarlo ya. Es su proceso y aprendizaje y
según cada perro necesitará su tiempo, su ritmo y su acompañamiento. Los límites los
pondremos sin hablar y sin corregir nada de lo que se le ocurra hacer (hacerlo puede
suponer un refuerzo, ya que le estas dando atención e importancia a la situación),
también podemos ir alejando al perro del estímulo, haciéndolo de la misma forma, poco
a poco yendo hacia él, invadiendo su espacio hasta que desista. Esto puede suponer en
algunos casos un trabajo de paciencia para la persona, pero ten en cuenta que corregir,
castigar, gritar u otros, pueden resultar en falta de confianza, pérdida de vínculo e incluso
miedos y reactividades. Es importante bloquear con el mínimo movimiento y la máxima
tranquilidad para que el cachorro no se ponga más nervioso ni le generemos más miedos
y traumas.

Algo muy importante a tener en cuenta y que la familia debe saber es que, un perro feliz,
con sus necesidades cubiertas y en un entorno amable y correcto, no necesita hacer
cosas “malas” ni tiene comportamientos inadecuados porque no hay frustración.
Cuando hay un mal comportamiento, hay que ver siempre que hay debajo y encontrar
la causa. Muchas veces la familia entra en un estado de victimismo (pobrecito de mí, que
cachorro más malo me ha tocado…) cuando el estado del cachorro es consecuencia de
lo que se hace con él, de cómo se le educa y de lo vivido desde su nacimiento.

El juego del cachorro


Un cachorro necesita poder tener tiempos correctos de juego. Para comprender cuales
son las maneras de jugar con un perro debemos entender que la necesidad de juego está
relacionada con la propia supervivencia del individuo. Durante el juego, los cachorros
adquieren diferentes habilidades para relacionarse con sus semejantes y con el entorno.
Gracias a ese “juego” adquieren habilidades para la comunicación, para la caza, para
conocer sus límites, para gestionar los estados emocionales y todas aquellas habilidades
que sean necesarias para su propia supervivencia. Con esto lo que queremos decir es
que, a la hora de jugar con un perro, en este caso un cachorro, debemos tener en cuenta
varios factores.

Cuando jugamos con un perro, lo que estamos haciendo es sacar las etapas de la caza,
que son 5: La búsqueda a través del olfato, el acecho, la persecución, la presa (morder),
y la ingesta. Es de vital importancia jugar con un perro de manera equilibrada. Si solo
jugamos sacando una de las etapas de la caza (persecución con juego a pelota) haremos

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que este perro se llene de hormonas de activación (adrenalina y otras) y tendremos un


perro estresado, acelerado, obsesivo y posiblemente reactivo al movimiento. Por ello
nunca recomendamos el juego a pelota. Es la mejor forma de revolucionar a un cachorro,
generarle ansiedad, problemas de insistencia y obsesiones.

La familia puede y debe jugar con el cachorro estableciendo unas pautas para ir sacando
esas etapas de manera controlada, de forma que el perro pueda tener cubiertas esas
necesidades de juego.

Dentro de la palabra juego debemos entender que la interpretación que le damos a la


actividad que realiza un perro que “juega”, es la necesidad de cubrir una interacción
social, aprender a relacionarse, adquirir habilidades, de autocontrol, coger experiencia
en la gestión de situaciones, desfogar estados de estrés y ansiedad.

El tipo de juego según la etapa de la caza


Juegos de olfato

Todo lo que esté relacionado con el olfato del perro, llevará al cachorro a un estado de
concentración, que le será necesario para encontrar con su nariz aquello que esté
buscando. Esto ayudará al perro a mantener un equilibrio mental y para su propia
gestión emocional. Esta etapa del juego se puede realizar más a menudo ya que no
supone un subidón de estrés para el perro. Juegos de pensar, sembrados de comida,
mantas olfativas, búsqueda de sustancias, etc.

Los juegos relacionados con las siguientes etapas de la caza, deben hacerse teniendo en
cuenta la intensidad y el tiempo, ya que cuando realizamos estos juegos con ellos,
segregan hormonas del estrés y debemos exponerlos un tiempo limitado con la
intensidad adecuada, atendiendo siempre a sus necesidades emocionales.

Juegos de acecho

Tener algún objeto o comida en la mano y lanzarla hacia él hará que el perro “aceche”
aquello que tenemos. También, los perros tipo pastor pueden hacerlo pastoreando
ovejas, por ejemplo, o incluso a nosotros con alguna actividad como Dog Dancing o
Agility. Si se realiza de manera no adecuada puede generar obsesiones, reactividades y
agresividad.

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Juegos de persecución

Juegos tipo lanzar pelotas o palos pueden realizarse, puntualmente, aunque el tiempo y
las repeticiones deben ser pocas o muy limitadas. Debemos tener en cuenta la cantidad
de hormonas del estrés que se segregan cuando un perro persigue cualquier objeto que
lancemos. Nuestro consejo es que se sustituya por lanzar trozos de comida para que el
perro persiga la comida, luego la busque por el suelo y finalmente se la coma. Lanzar un
palito con nuestro olor para que así busque por olfato y no por la vista. De esta forma no
estará todo el rato generando hormonas de estrés. Su manera de correr no será tan
intensa como si buscara una pelota, y estará más concentrado en “cazar” la comida o
encontrar el palo que lleva tu olor. Aquí el perro se podrá divertir más con este tipo de
juego, ya que a la vez estaréis trabajando con varias etapas de la caza.

Los juegos de morder

Pueden ser muy útiles para trabajar el autocontrol y como ayuda para desfogar al perro.
Para jugar con un mordedor es importante hacerlo de forma calmada e ir poniendo
límites para que el perro pueda ir gestionando y equilibrando los subidones de estrés
que puede provocarle este tipo de juegos. Controlar los tiempos e intensidad del juego
es de suma importancia para que sea sano y estimulante para ellos.

En perros de presa está especialmente indicado para tener el control de la mordida y


enseñar un “suelta” cuando el perro hace presa y asegurar que el perro sabe
autocontrolarse cuando se le pide. Además, es un juego que suele gustar mucho a estas
razas ya que ellos desfogan utilizando la mandíbula. Durante este tipo de juegos la
manera en la que nos comuniquemos con ellos es muy importante, ya que pueden ver
agresión en nuestras formas de jugar. Es importante no acelerarlos hablando, no reñir ni
castigar, no mirar fijamente, no provocarlos, no abalanzarnos y mantener una actitud
tranquila.

Para estimular a un perro y que adquiera habilidades, el juego es muy importante. No


obstante, en otros momentos de su vida, como, por ejemplo, relacionarse con otros
perros y personas, superar miedos a pisar un tipo de superficie, etc. Nos necesitará como
referentes para poder crecer con propiocepción (conciencia corporal), para tener
autoestima y seguridad en sí mismo y así poder crecer con autonomía. Cómo referentes
debemos proporcionar esa tranquilidad, seguridad y capacidad de gestión para que el
perro pueda experimentar y tener capacidad de decisión sin estar dándole ordenes
constantemente, pudiendo así cometer los errores necesarios para su propio
aprendizaje.

En el curso On-line tenéis explicados de forma gráfica y visual todo lo que debemos tener
en cuenta para llevarlo a la práctica correctamente.

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Necesidades básicas de un cachorro


Cuando vamos a convivir con un cachorro en casa, existen unas necesidades básicas que
debemos conocer y cubrir:

Alimentación

Cuanto más natural mejor. Es decir, comida cocinada o cruda. También existe la
posibilidad de darle pienso, en este caso elegiremos un pienso lo más natural posible y
os recomendamos que os forméis en temas de alimentación para saber leer los
ingredientes y ser conscientes de lo que necesita un perro para alimentarse de forma
sana.

Las tomas para un cachorro serían 3/4 veces al día, a medida que vaya creciendo se le
irán reduciendo hasta darle entre 1 o 2 tomas al día una vez sea adulto.

Para evitar problemas de protección de recursos con la comida, es importante no


molestarles cuando estén comiendo, no poner su comida en sitios o lugares de paso y
no castigar si alguna vez ha podido agenciarse algo de comida que haya cogido por ahí.
Lo que si podemos hacer, de vez en cuando, es acercarnos a su plato de comida con la
intención de darle algo mejor, algo que le guste mucho. De manera que asocie nuestra
presencia con la obtención de algo más bueno de comida.

Para evitar problemas de ansiedad con la comida y conductas exigentes, siempre que
manipulemos comida, o vayamos a dársela, esperaremos a que el perro presente un
estado de tranquilidad, sin exigencias ni imposiciones. Es importante, ya que, si
corregimos, damos órdenes o castigamos, en verdad estamos reforzando esos estados
de exigencia y, además, añadiendo tensiones, estrés y malas asociaciones.

Descanso

Los descansos son muy importantes a edades tempranas, necesitan un lugar seguro y
tranquilo donde no ser molestado. La actividad de un cachorro cuando están despiertos
es corta en el tiempo. Cuando despiertan suelen hacer sus necesidades, buscan para
comer y realizan actividades de investigación, relación y juegos. Con la edad esos
tiempos augmentan, pero de inicio suelen ser de pocos minutos. Por eso, debemos tener
en cuenta si hay algo en su entorno que les impide relajarse y volver al descanso, ya que,
si no el cachorro estará generando ansiedad y estrés, teniendo como consecuencia
conductas asociadas a esto, como, por ejemplo, ladridos, mordiscos, nerviosismo…

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Estimulación mental y olfativa

La estimulación mental de un cachorro pasa por hacerle juegos de pensar y juegos con
los que deba utilizar el olfato, como ya hemos hablado anteriormente.

Las novedades que pueda encontrar en su día a día también sirven como estimulación.
Diferentes superficies, texturas, olores pueden ser de gran ayuda para la estimulación
temprana de nuestro cachorro.

Los paseos en brazos, cuando aún no tienen las vacunas, nos sirven para socializar y
estimular al cachorro antes de que pueda pisar el suelo. Desde esta posición podrá
investigar el mundo que le rodea y comenzar a ver y oler los estímulos que se le
presenten en condiciones de seguridad. También sería adecuado que el perro investigara
zonas seguras (libre del paso de otros perros y animales) por sí solo, pudiendo así
empezar a socializarse, vivir experiencias, coger autonomía y seguridad. Pero insistimos,
siempre lo haremos en zonas seguras donde no corra peligro y sepamos que la afluencia
de perros sea mínima hasta que no tenga todas las vacunas y el veterinario nos de el
permiso.

Otra forma de estimulación son ejercicios de propiocepción donde el perro trabajará la


coordinación y la conciencia corporal, ello le dará confianza y seguridad.

Exploración

Un cachorro debe poder explorar libremente, saltar, jugar, desarrollarse, aprender,


arriesgarse, investigar, ladrar, explorar, correr, equivocarse, volver a intentarlo, conocer
el mundo donde le toca vivir, disfrutar de su movimiento, del contacto físico, descubrir
las novedades del entorno, disfrutar las interacciones sociales, descansar, sentirse
respetado, amado y protegido (proteger no es igual a sobreproteger).

Compañía/afecto

Aislar a un cachorro en el exterior de la casa en patios, terrazas o balcones es una forma


de maltrato. Un cachorro necesita de una compañía adecuada y dejarlos solos en el
exterior puede comportar altos niveles de ansiedad y frustración ya que al no haber
ningún referente en el que poder apoyarse, provoca miedos e inseguridades que se irán
intensificando a medida que crezca. Las etapas sensibles (miedos) las pasará aislado y
sus miedos se irán intensificando.

Es necesario comprender que un cachorro no debería quedarse solo. Por este motivo,
siempre que se acoge a un perro, deberíamos tener unos días para poder adaptarlo a
nuestro estilo de vida e invertir tiempo en ayudarle en su proceso de adaptación. Para

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ellos, la soledad, a nivel emocional es un estado de desprotección y desamparo, pueden


sentirse en peligro. Si lo dejamos solo y desprotegido, estaremos creando muchas
inseguridades en el perro. Podemos irlo habituando progresivamente a quedarse solo
echando chucherías en alguna habitación o jardín para que sea él el que se aleje de
nosotros para ir a buscar la comida. De manera progresiva, iremos alargando el tiempo
con la intención de que el cachorro vaya comprendiendo que estar solo no significa nada
“malo”.

Cuando un cachorro llega a casa tenemos muchas ganas de darles todo nuestro afecto,
cariño y atención. Aquí es muy importante saber cómo y cuándo hacerlo.

Si un perro está en estado de nerviosismo, exigencia, frustración, ansiedad, etc. y en ese


momento reciben atención por nuestra parte, ya sea hablando, tocando, acariciando,
dando órdenes… Estaremos reforzando esos estados de ánimo, cosa que con el tiempo
se intensificará porque el perro va aprendiendo que ese tipo de comportamientos y
conductas, son las que funcionan para conseguir las cosas, en este caso nuestro afecto.
De esta forma, entienden que la manera de relacionarse con su entorno es esa. Con ese
tipo de conductas lo habitual es que reciba rechazo por parte de sus semejantes y de
personas. Por ejemplo, un perro que de cachorro saluda poniéndose a dos patas encima
de la persona para conseguir la atención, si la recibe estamos reforzando la conducta,
pero si le hablamos, lo tocamos o cogemos para decirle que no también puede ser un
refuerzo. Cuando son cachorros, puede no importar porque no suele molestar, pero una
vez de adultos se puede convertir en un problema que nosotros hemos creado, no
siendo coherentes a la hora de saludar y dar atención.

Seguridad

La familia debe ir supervisando aquello que esté haciendo el cachorro, pero es muy
importante hacerlo sin inculcarle miedos ni sobreprotegerlo.

Cómo podemos preparar la casa para que el cachorro se esté seguro durante esta etapa:

- Tapa los cables y zonas de riesgo, retira las cosas de valor de su alcance, las alfombras,
quita los productos tóxicos, guarda tu ropa, zapatillas…. Todo lo que no quieras que rompa y lo
que pueda ser peligroso

- Limpiar y desinfectar con productos sin lejía ni amoníaco, hacerlo con productos de pino
o limón

- Que no tenga acceso a los siguientes alimentos: Chocolate, uvas, pasas, paracetamol ni
medicamentos

- Quitar plantas venenosas, lúpulo, tejo, lirio de la paz, hortensias, tulipanes, lirios,
rododendro

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Amarilis Lúpulo

Tejo Lirio de la paz Rododendro

Hortensias Tulipanes

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Etapas del cachorro


- Las 2 primeras semanas. Ni ven ni oyen, solo huelen para detectar la leche. No hacen
caca ni pipi sin estimulación. Es la madre quien estimula al cachorro lamiendo para que
haga sus necesidades. No tienen dientes ni regulan temperatura corporal. Duermen 90%
del tiempo y maman el resto. Sería aconsejable que el humano aquí estableciera un
contacto correcto con ellos. Ser lo más neutros posible sería lo correcto.

- La 3 semana. Empiezan a desarrollar los sentidos, a ponerse de pie y a separarse un


poquito de la madre. Inician actividad de exploración

- La 4 semana. Ya oyen y ven perfectamente, empiezan a explorar su entorno, a jugar


entre ellos y a desplazarse para hacer sus necesidades

- La 5 y 6 semana. La madre los empieza a destetar y los cachorros se interesan por los
sólidos. Ya tienen los dientes de cachorros

- La 7 y 8 semana. Período de socialización. Son muy receptivos y confiados. Primeras


pautas de relación social y juegos. Están destetados.

- Entre los 2 y los 6 meses. Período de socialización.

- Entre los 3 y los 5 meses. Se caen los dientes de leche y a los 7 meses tendrán los
definitivos.

- De los 6 meses a los 24. Adolescencia

- 24 meses. Entrada a la edad adulta

Los perros de tamaño pequeño tienden a madurar antes que los de tamaño grande.

Que es la licencia de cachorro


Hasta los 4/5 meses los perros tienen lo que denominamos “licencia de cachorro”.
Durante este período los perros adultos permiten al cachorro comportamientos típicos
de esas edades. Subirse encima, morder, ser pesado, ladrar y muchos otros
comportamientos que de adultos no serían bienvenidos o tolerados. Un perro adulto
equilibrado nunca corregirá ese tipo de comportamientos en esas edades, permiten y
dan ejemplo simplemente. Solo corregirían en caso de que esas conductas conlleven
agresividad y lo harán con la intensidad justa para que el cachorro entienda.

Siempre es importante no reñir y castigar por nuestra parte, pero especialmente en este
período, ya que las consecuencias de hacerlo en un futuro inmediato pueden ser muy
graves. Al igual que hay que atender a las relaciones sociales con sus semejantes para

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asegurar que no se produzcan agresiones o malas asociaciones que quedarían gravadas


a fuego en este período.

Períodos sensibles, etapas de miedos


En estas etapas, los cachorros o adolescentes están más inseguros y temerosos a su
entorno. Comienzan una etapa de autoconsciencia. Por poner un ejemplo: si a un bebé
humano de un mes lo cogiéramos con los brazos y los sostuviéramos a fuera de un
balcón, éste no se alteraría ni tendría miedo, pero si eso mismo lo hiciéramos a una edad
más tardía, el pequeño tendría miedo y se alteraría, esto quiere decir que “es consciente
de sí mismo”. Entonces cuando hablamos de estos períodos sensibles estamos dando a
entender que el perro comienza a “ser consciente de sí mismo” a diferentes niveles
según la edad.

Pueden durar un par de semanas o incluso más. No tiene por qué ser exacto a los cinco
meses, pero si 1 o 2 semanas arriba o abajo en cada período.

- 8 semanas.

- No aconsejable cambiarlos de hogar o hacer grandes cambios en esta semana.

- 4/5 meses. Aún es cachorro

- 8/9 meses. Ya es adolescente. No se aconseja esterilizar durante esta etapa

- 13/14 meses.

- 24 meses

Como ayudarlos en estos períodos sensibles


Es importante ser consciente que nuestro perro entra en uno de estos períodos, para
acompañarle y ayudarle a llevarlos lo mejor posible. Nuestras reacciones deberán ser
tranquilas cuando nuestro perro se altere ante novedades u otros y nunca castigar las
reacciones que tenga ante situaciones que les provoquen miedo, aunque en estos
períodos sean más intensas. Debemos acompañarlos realizando señales de calma con
nuestro cuerpo, nos pregunte o no. Nos quedaremos quietos, cogeremos la distancia de
seguridad que necesite para que pueda haber aprendizaje y nos podemos agachar,
desviar la mirada o la cara y volver a mirar, repitiendo las veces que sea necesario para
darle a entender que no pasa nada. Es decir, si el perro nos mira necesita un feedback
por parte nuestra que él pueda entender y aunque no nos mire y no nos pregunte es

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importante hacerlo para que sepa que estamos ahí y que entendemos que es lo que le
preocupa y se sienta apoyado. Restar importancia a aquello que le preocupa, ignorando
el estímulo o permaneciendo tranquilo ante él, no siempre es suficiente, el perro
necesita que le digamos es su “idioma” que no pasa nada.

Dejarlos explorar su entorno, incluso lo que les preocupa, siempre bajo nuestra
supervisión, ni demasiado a su aire ni demasiado sobreprotectores.

En caso de que el perro vaya atado es importante no tensar nosotros la correa, ya que
podemos hacer que el perro acabe por asociar esa tensión a aquello que tenga delante
y así generar una mala asociación.

Durante estos períodos es importante evitar que el perro se enfrente a grandes retos o
situaciones para las que no esté preparado. Debemos ir asociando los objetos y
situaciones que le generen miedos a estados de tranquilidad, positivos, proporcionando
seguridad, pero sin reforzar ese estado de ánimo de ansiedad o aceleración. Es decir,
permitiremos que el perro tenga contacto con nosotros, pero no hablaremos o
acariciaremos para intentar calmarlo. Él solo necesita que estemos presentes, tranquilos,
que demos ejemplo de saber estar y no hablarle con la intención de calmarlo ni
acariciarle de manera nerviosa ya que hacerlo de la “forma humana” puede crear o
reforzar estados alterados que no son sanos. Por ejemplo, con el sonido de un petardo,
el perro se acerca a nosotros preocupado o acelerado, buscando apoyo y referencia, y si
intentamos calmarlo acariciando, hablándole y generando más inquietud, en nada lo
tendremos temblando e hiperventilando. En cambio, sí nos siente en calma, nos
comunicamos en su lenguaje y permitimos un contacto físico que le proporcione
tranquilidad se podrá llegar a relajar. Si le hacemos saber que estamos ahí, nos
agachamos para darle a entender que no pasa nada, le damos un contacto físico
tranquilo y de calma, esto lo ayudará a gestionarse y normalizar aquello que le ha
preocupado.

Mientras que el perro supera sus miedos, deberíamos descartar realizar actividades que
no sean conocidas y seguras para el perro, ya que se puede bloquear, sobreexcitar,
generar estados de ansiedad y otros estados emocionales que no serán sanos para
nuestro perro. En estos períodos es importante asegurar que las nuevas experiencias
sean positivas, seguras y tranquilas.

Que tener en cuenta en un cachorro


Un cachorro busca la seguridad de la familia y no suelen coger mucha distancia del
referente, es decir de nosotros o algún otro perro que pueda tener la familia. Antes de
los 6 meses siempre van a seguirnos a todas partes si existe un vínculo fuerte. No por
eso significa que podamos meterlos en cualquier situación que muy posiblemente no
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sepa llevar y gestionar porque, nos seguirá, pero estaremos generando futuros
problemas de comportamiento ya que estamos sobre estimulando y generando miedos.
Muchas veces en cierto tipo de situaciones sobrepasamos el umbral de estrés y de
seguridad que necesita el perro. Esto le llevará a entrar en estados emocionales
alterados que sembrarán una base negativa para futuros problemas de convivencia y
conducta.

Cuando hay alguna conducta o comportamiento no deseado, si castigamos o reñimos,


los cachorros casi siempre calmarán y evitarán el conflicto (no todos, algunos se
enfrentan y hay que tomarse su educación muy en serio porque no es lo natural en esta
etapa) pero les estaremos inculcando miedos, estados de alerta y desconfianza tanto
hacia nosotros, como a las personas en general. Necesitan referentes tranquilos, seguros
y de confianza en quien apoyarse sin temor a represalias.

Período de socialización
Desde que nacen hasta los 4 o 5 meses de vida, es una etapa de vital importancia. Todo
lo que hagamos o no hagamos, todos nuestros errores y aciertos y las malas o buenas
experiencias que viva quedarán grabadas a fuego y nos pasaremos el resto de la vida del
perro enmendando todo lo que no hayamos hecho bien en su momento. Es en esta etapa
cuando hay que habituarlo a todos los entornos y a nuestro estilo de vida, de manera
progresiva y adecuada. Durante este período miraremos de habituarlo a todos aquellos
estímulos con los que deberá convivir en su día a día para irlo exponiendo a ellos de
manera gradual según las necesidades del cachorro. Atendiendo a sus niveles de estrés,
a sus necesidades emocionales y físicas. Por ejemplo, una persona que tenga un taller y
quiera que el perro esté con él, debería exponerlo a los ruidos y estímulos que se puedan
generar allí. Esto se puede hacer en casa o lugar seguro para el perro, introduciendo
adecuadamente estos ruidos que podamos ir haciendo o reproduciendo en algún
aparato como móviles, televisión o cadenas de música para cuando esté preparado
exponerlo de forma directa mientras lo acompañamos con lenguaje corporal

Todos estos estímulos deberán estar asociados a momentos agradables, seguros y


establecer asociaciones positivas y que en todo momento se sienta acompañado por
nosotros.

Mientras no deban salir a la calle por falta de vacunas, podemos hacer paseos cortos en
brazos para que vean su entorno más cercano y conocer diferentes lugares, ruidos,
personas, situaciones... Así ya estaremos empezando a socializar y estimularlo
mentalmente.

No debemos “consolar” al perro a la mínima dificultad ni felicitarlo al mínimo logro.


Podríamos mermar su autonomía, generar dependencia y estados en los que el perro
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esté buscando aprobación continuamente. El placer de explorar es auto reforzante y la


base de la autonomía. El premiar al perro por querer agradarnos puede resultar en un
perro dependiente e inseguro.

En definitiva, es peor que haya tenido asociaciones negativas en este período de su vida
que no las haya tenido por falta de socialización. Ya que si la asociación ha sido negativa
deberemos revertirla para que viva tranquilo, en cambio si no ha tenido esas
asociaciones podemos comenzar de cero como una hoja en blanco. Obviamente
necesitará mucho apoyo, comprensión y buen hacer para que un perro tenga buenas
experiencias con su entorno.

Algunas cosas que deben conocer en estas etapas:

Perros de todas las edades y tamaño (equilibrados), personas y niños de todo tipo
(respetuosas y amigables), personas y niños con diferentes ropas y disfraces, bastones,
escobas, ir en coche, camiones, luces, veterinario, montaña, playa, gatos y otros
animales con los que tenga que convivir o ver en el exterior. En definitiva, todo aquello
que en su día a día o probablemente de adulto vaya a encontrarse. Lo que no conozca a
estas edades, es muy probable que, de adultos, les cause miedo y nos será más laborioso
y difícil habituarlos a todos estos estímulos.

Para crear asociaciones positivas y una correcta socialización, es importante que el perro
se sienta seguro, que esté tranquilo y que aquello que se le presente no sea demasiado
intenso y se pueda acercar según la distancia de seguridad que necesite en cada
momento y respetando siempre sus tiempos, sin prisas ya sean objetos, ruidos,
movimiento, etc. Se puede utilizar comida para asociarlo a algo que le guste mientras se
le expone al estímulo, solo en caso de que haya un miedo muy intenso. También si son
personas u otros animales, estos deberán ser respetuosos con él. No por exponerlo a
mucha gente o perros estará socializado, ya que si esas personas no respetan al perro
podremos estar creando el efecto contrario. Así, socializarlo no se trata de llevarlo a que
vea mucha gente, o que ésta lo atiborren a comida, sino que socializar es conocer a las
personas correctas y perros correctos y en entornos que permitan al cachorro
permanecer estar en estados de calma y seguridad.

Las relaciones con niños pueden ser difíciles de llevar para cualquier perro, ya que suelen
ser movidos, impredecibles y ruidosos y según qué niños y edades aún puede ser más
complicado. Lo que necesitan de nosotros es que les ayudaremos en caso de que lo
necesiten. Si un niño es demasiado movido para nuestro perro, iremos dándole
momentos de tranquilidad, sacándolo de la situación según se necesite y si es necesario
proporcionarle algún juego olfativo o snack recreativo para bajar ese subidón de estrés
extra que suelen provocar los niños. Siempre podemos buscar la colaboración del niño
explicando como jugar correctamente con el perro, que sean conscientes de que puede

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asustarles o incomodarlos, que sepan cómo tocarlos e interaccionar con ellos, y algo,
que es sumamente importante, explicarles cómo se comunica un perro y porque debe
ser respetado. Igualmente, siempre protegeremos y ayudaremos al perro cuando pueda
sentirse incomodo, asustado o nervioso delante de un niño para que así, si en algún
momento se siente sobrepasado, busque ayuda en nosotros y no tenga que tomar
decisiones por su cuenta.

La adaptación según el tipo de familia


Cuando llega un cachorro o un perro joven a casa hay que tener en cuenta que para ellos
adaptarse a entornos urbanos es mucho más complicado y estresante que adaptarse a
una urbanización o a vivir en el campo. Hay muchos más estímulos, muchos más ruidos,
cosas en movimiento, personas y perros. Estas adaptaciones deberán hacerse
progresivas, eligiendo sitios y horarios con menos estímulos al principio para permitir
que el perro lo pueda ir asimilando todo y normalizando de manera progresiva. En
cambio, en urbanizaciones, hay menos estímulos, pero muchos de los perros de las casas
por las que pasa el cachorro en el paseo le ladraran y amenazaran, creando así
asociaciones negativas con sus semejantes y una mala socialización con ellos. Para
revertirlo deberéis encontrar sitios alejados de estos perros que le ladran para
socializarlo con perros correctos y adecuados para generar asociaciones positivas y
aprenda a relacionarse de manera sana.

Si tenemos otros perros en la familia, los presentaremos en un sitio neutro y tranquilo


fuera de casa y los entraremos a convivir con nosotros cuando en el exterior no haya
tensiones entre ellos. Si los metemos a convivir directamente las tensiones y dificultades
de adaptación los primeros días serán mayores. En caso de cachorros muy bebes sí que
sería posible entrarlos directamente a casa.

Si nuestro perro adulto tiene problemas y metemos a un cachorro en casa sin haberlo
trabajado y sin tener pautas sobre cómo educar al cachorro y parar al adulto, tienes
muchísimas probabilidades de que el cachorro tenga exactamente los mismos
problemas que el perro de la familia, ya que va a ser su referente. Aquí se recomendará
socializar por separado. Si el perro adulto de la casa tiene problemas de agresividad con
perros, será más fácil que acepte a un cachorro, pero puede traumatizarlo y generarle
el mismo problema de agresividad a perros o puede que el cachorro calme las conductas
agresivas del adulto hasta que entre en la adolescencia. Es en la adolescencia cuando el
cachorro empieza a poner límites y empiezan a engancharse o a tener conflictos. Si
tenemos a un adulto con problemas y cogemos un cachorro, os recomendamos que
busquéis ayuda profesional para no cometer los mismos errores que con el cachorro. Y
que éste crezca equilibrado y sociable para que luego pueda ayudar al más mayor.

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Si tenemos gatos u otros animales en la familia, hay que hacer una habituación
progresiva cuando introducimos al nuevo miembro en el hogar, tanto si es un perro
joven como si es mayor. Para el animal de la familia, que entre un perro de fuera a su
hogar va a subir sus niveles de estrés y podría ponerlos a la defensiva. Si hacemos las
presentaciones en este estado, estos animales van a amenazar al cachorro, que puede
hacer malas asociaciones, preocuparse y subir los niveles de estrés. Recomendamos
hacer una habituación progresiva, durante 1 o 2 semanas, que el cachorro huela cosas
de los gatos o el otro animal a diario o, entre donde están los gatos y al revés, que el
otro animal huela cosas del nuevo miembro de la familia. Una vez no muestran interés
por el olor del otro, se les presenta a través de una valla o cristal durante unos días hasta
que no haya tensión entre ellos. Este sería el momento adecuado de hacer las
presentaciones directas y permitirles convivir, los primeros días siempre bajo
supervisión. Tendremos en cuenta que los niveles de estrés del cachorro durante los
primeros meses de convivencia van a estar más altos que si no hubiera otros animales
en la casa.

Si el cachorro tiene que convivir con niños y adaptarse a ellos es mucho más estresante
que si tuviera que convivir solo con adultos. Tiene que habituarse a su movimiento,
juguetes, los gritos, su imprevisibilidad, que a veces los manipulan mal o los agobian….
Y esto va a requerir que los padres tengamos que intervenir a menudo y gestionar las
situaciones para que la convivencia sea buena entre ellos. Si hay adolescentes en casa
también pueden estresarse más si se entra en conflicto a menudo con ellos o cuando
haya conflictos familiares. Igual que si todos educáis en positivo y un miembro de la
familia va por libre y no sigue la misma educación que el resto. Esto va a afectar a la
educación del cachorro. Sobre todo, si alguien riñe o castiga o pega al perro.

Si tenemos niños de menos de 5 años en casa, meter a un cachorro no va a ser lo más


recomendable a menos que queramos invertir mucho tiempo en la educación de cada
uno y en trabajar los problemas que va a ir saliendo en la convivencia. En cada etapa del
niño al perro se le trabaja diferentes aspectos: la habituación a los cambios, la
desensibilización de los llantos, los ruidos, del movimiento, de los malos manipulados….
Si no lo vamos a poder hacer bien, adoptar a un perro adulto de más de dos años es lo
más recomendable y elegirlo bien es imprescindible.

En el curso On-line encontrareis un apartado más amplio y detallado para la convivencia


de niños y perros y de perros con otros animales

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Preparar la llegada a casa del cachorro


Lo ideal antes de que llegue el cachorro es tener preparadas sus cosas antes de que se
instale en el nuevo hogar: Camita cómoda, cuencos, juguetes de diferentes tipos, arnés,
correa larga, cepillo, empapadores, una alimentación adecuada…

Decidir entre toda la familia donde va a estar y si le vais a dar acceso a toda la casa o no.
Desde el primer momento vamos a intentar ser lo más coherentes posibles con su
educación, todos vamos a seguir las mismas pautas. Se recomienda siempre tenerlos
viviendo dentro de la casa y en la zona donde más vida se haga en familia.

Las primeras noches, echará de menos a su madre y hermanos, es muy probable que
llore. Pensar que es un sitio nuevo y desconocido, está con personas que no conoce, sin
su madre ni hermanos…. Anticipémonos a los problemas: dormir en su habitación o en
el comedor con él unos días hasta que vaya normalizando el quedarse solo y separarse
de nosotros. Si son muy pequeños porque son destetes prematuros contemplar la
posibilidad de que duerman en la misma habitación que nosotros un tiempo y ya iremos
haciendo la transición progresiva a su zona cuando tenga 2 meses y medio y la
separación la pueda llevar como algo más natural.

Quizás, algo que a veces sucede es que, la familia deja solo al cachorro solo mucho
tiempo, y esto por norma general puede generar traumas en el perro. Además, nuestra
forma de gestionar la situación no suele ser la más adecuada. Si esa noche lo dejamos
solo y el perro llora, gimotea, ladra u otros y acto seguido vamos a darle atención,
estaríamos reforzando tanto la conducta como el estado emocional. Esto es bastante
probable que lo repita cada noche y no solo estamos generando un trauma de
desprotección en ellos, sino que estamos generando un patrón de que ladrar/llorar sirve
para llamar la atención cuando quiero algo.

Por otro lado, si lo ignoramos generamos traumas asociados a la desprotección,


abandono, miedos, etc. Por lo tanto, debemos anticiparnos y antes de que se produzca
la situación quedarnos con ellos hasta que estén preparados para normalizar esta
separación.

Dejarlos solos en el exterior, aislados del núcleo familiar no es natural para ellos y es
cruel. Esto va a generar que tengamos un cachorro y un adolescente estresado, nervioso,
con muchos problemas de miedos e inseguridades.

Educar conducta higiénica


La mayor de las preocupaciones de las familias con cachorros es su conducta higiénica y
en verdad es lo menos importante. Si hacemos las cosas correctamente es algo que fluye,

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se normaliza muy fácilmente y pronto, si tienen una rutina de paseos o salidas adecuada,
hacen sus necesidades a lo hora de salir al exterior.

Los cachorros necesitan hacer sus necesidades varias veces al día, su control de
esfínteres es muy bajo de un principio, cosa que van controlando a medida que crecen.
A partir de los 5 meses, empiezan a tener mayor control de los esfínteres. Antes de esta
edad es habitual y normal que hagan sus necesidades justo cuando sienten las ganas,
cuando se despiertan, después de jugar o comer/beber. Por eso es muy importante
comprender que, para el perro, esta sería una conducta normal y nunca deberíamos
reñirle por hacerlo. Ignorar ese hecho será la mejor forma de llevar la situación. Si les
reñimos, lo único que conseguiremos es que busque formas de hacerlo a escondidas de
nosotros, que lo hagan en sitios porosos para no dejar rastro (que aún nos molesta más)
y además nuestro vínculo con él se verá deteriorado e incluso puede llegar a tenernos
miedo.

Los cachorros tienen una rutina bastante marcada a la hora de hacer sus necesidades.
Suelen hacerlo en momentos concretos. Al despertarse, después de comer, después de
jugar y antes de dormir. Si podemos anticiparnos a estos momentos nos será más sencillo
conducirlos a donde queremos que hagan los pipis y las cacas. Poner unos empapadores
estratégicamente puestos en la casa nos ayudará a que el cachorro tenga éxito. Ellos
suelen buscar sitios donde el suelo sea poroso (tierra, hierba, papel…) y lugares alejados
del núcleo del hogar (puertas de salida y entrada tanto al jardín o patios, como a la calle).
Si colocamos los empapadores en estos lugares será más fácil que consigamos que el
perro lo haga allí y así poder premiarle con un muy bien, con chuches o de la manera
que sepamos que el perro entenderá que es premiado por ello. En la calle haremos lo
mismo, premiando después de que haya hecho sus necesidades. Otra cosa a tener en
cuenta, es el no darle acceso a toda la casa hasta que su conducta higiénica sea la
adecuada, así nos evitaremos que lo haga en habitaciones y otros.

También nos encontramos con cachorros y perros jóvenes que solo hacen sus
necesidades dentro de casa y nunca o muy pocas veces, en el exterior. Esto suele ser
debido a los miedos que pueda tener el perro cuando sale a la calle. Aquí es muy
importante ir trabajando esos miedos para que pueda llegar a relajarse y se disponga a
poder hacer sus necesidades fuera. Debemos tener en cuenta que para ellos pueden
existir muchos peligros fuera y esto hace que contraigan los esfínteres impidiendo hacer
pipí o caca.

Otro motivo por el que hacen sus necesidades en casa es cuando se quedan solos, por
ansiedad por separación, es decir por miedo a quedarse solos. De la misma forma se
debe ir trabajando con el perro para que esos miedos desaparezcan y hacer la
habituación progresiva.

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Inhibición de la mordida
Un cachorro muerde porque es su forma de interactuar y de jugar con sus semejantes.
También así descubren las texturas y los diferentes materiales que se pueden encontrar.
La inhibición de la mordida la trabajan con sus hermanos mientas juegan, pero su piel
es algo más dura que la nuestra y debemos darles a entender que nuestra piel es más
sensible y que nos duele. Esto lo podemos hacer en el momento que con sus dientes
tocan nuestra piel haciendo un pequeño grito, corto y agudo. Así como harían ellos.

Un error que cometen la gran mayoría de familias a la hora de educar a un cachorro es


reñirlo cuando éste está llamando la atención mordiéndonos. Si el cachorro quiere
atención y nos muerde, si le reñimos, lo tocamos, le hablamos o le paramos con las
manos les estamos dando esa atención. De esta manera el cachorro se habitúa a
demandar atención mordiendo y buscando la manera de enfadarnos porque sin ser
conscientes el humano, con las riñas y correcciones, está reforzando la conducta que se
supone que están queriendo parar.

Otro error muy común es no respetar las señales de calma del cachorro cuando los
queremos acariciar, coger en brazos o cualquier contacto físico. Como veremos en el
apartado de comunicación, si vamos a coger o acariciar un cachorro y este se chupa la
nariz, gira la cara, nos lame, se agazapa, nos da toque con la nariz…. Si no respetamos
este lenguaje sutil lo irá intensificando y acabará por mordisquear las manos con la
intención de que paremos. Lejos de respetarlo aquí las personas buscan una forma
milagrosa para que el cachorro deje de morder riñendo y castigando la conducta
generando así una base de desconfianza para futuros problemas de miedos y/o
agresividades.

En el cambio de dientes, también pueden morder por el dolor que les provoca las encías,
el hecho de morder les alivia. Ofrecerles mordedores de todo tipo y sncaks recreativos
es una buena solución para esta etapa ya que morder les alivia el dolor a la vez que
reduce los niveles de estrés. Hay mordedores con líquido dentro específicos para esa
etapa que se pueden congelar aliviando aún más ya que el frío ayuda a aliviar el dolor
de encías.

Para que tengan un control de la intensidad de la mordida es imprescindible que jueguen


con otros perros (siempre equilibrados) y cojan técnica y habilidad para no dañar cuando
interactúen con su boca.

¿Qué podemos hacer nosotros para que los cachorros no nos muerdan? Podemos hacer
nosotros es enseñarles a coger y soltar el mordedor con un comando, premiando
siempre el autocontrol y la calma. Realizado de manera adecuada este ejercicio es muy
útil para este fin. A nivel práctico queda explicado en el curso On-line. Respetar las
señales de calma en las interacciones con ellos para que no tengan que llegar a

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mordernos las manos y cuando nos llamen la atención mordiendo, no reforzar la


conducta, ignorando hasta que se calmen.

Habituar a manipulados básicos, de peluquería y


veterinaria
El afecto y las caricias deben ser correctas.

Para entendernos que sería correcto o no, es preciso saber que nosotros somos
homínidos y ellos cánidos, es decir, nosotros nos abrazamos como forma de dar afecto,
ellos no. Si a un perro lo abrazas su primera impresión es que está en peligro o que estas
perdiendo el control. Si lo haces respetando su lenguaje y su demanda lo podrá
normalizar y entender. De la misma forma, cuando sonreímos a un perro les enseñamos
nuestros dientes, ya sabes lo que significa que un perro ten enseñe los suyos. Por eso,
para ser correcto y respetuoso con un perro, sobre todo con un cachorro, debemos
tener en cuenta estas premisas. De esta manera si atendemos a sus necesidades y a su
lenguaje, les será mucho más sencillo normalizar nuestras interacciones y
comportamientos, tener confianza en nosotros y entender nuestra manera de
relacionarnos.

Debemos observar a nuestro cachorro y su lenguaje para saber que le gusta y que le
incomoda y así evitar de primeras, todo aquello que pueda molestarlo o asustarlo.
Normalmente no les gusta que les toquen las patas, orejas, por encima de la cabeza, el
rabo… Progresivamente iremos habituando al perro a este tipo de caricias y contacto,
previamente habiendo normalizado el contacto más básico en otras zonas del cuerpo
que más le pueda gustar. Por norma, no suelen querer que se les acaricie en exceso, solo
puntualmente y en momentos concretos. Las zonas más agradables en cada perro
pueden ser diferentes pero las más comunes son la zona del pecho y cuello.

Para habituarlo a manipulados y que los asocie positivamente, empezaremos por asociar
las caricias y manipulados a tranquilidad y respeto. De manera que el perro sepa que, si
nos dice que paremos (con señales de calma), siempre le haremos caso parando para
luego volver a preguntar y seguir normalizando. Esto hará que el vínculo se fortalezca,
se sienta tranquilo y confiado en nuestra presencia, que se sienta comprendido y
respetado en la convivencia y que no tenga que llegar a extremos o a estresarse por
tener que decirnos las cosas de otra manera. Hay que respetarlos en todo momento,
sobre todo cuando están descansando o comiendo.

Las caricias, el afecto y la atención pueden ser unos reforzadores poderosos, así que
miraremos de dárselos en los momentos que el perro esté tranquilo. Es muy importante
que no exija y no esté nervioso a la hora de darlos ya que si le prestamos esa atención

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cuando está en estos estados, estaremos creando un antecedente de comportamiento


que no vamos a querer en un futuro próximo. No deberíamos reforzar estados de
nerviosismo, descontrol e insistencia. Darle cariño, afecto o tenerlo en brazos
constantemente no es la mejor manera de relacionarte con un cachorro. Debemos
reprimir nuestras intenciones de achucharlo y otros. Él te lo agradecerá, ya que
agobiarlo no le permitirá ser un perro independiente, con autoestima y seguro de sí
mismo.

Ellos buscan pasar tiempo de calidad con nosotros, y ese tiempo pasa por comprender
y entender las necesidades que tienen, no centrarnos únicamente en las nuestras.

Atención a las señales de calma, respetarlas y


responderlas siempre

Es momento de, progresivamente, habituarlo a que se deje tocar patas, orejas, cuello,
rabo… A los manipulados de veterinario o peluquería. Si lo haces tú en casa y poco a
poco, le evitarás subidones de estrés y malas asociaciones en sitios externos y miedos
innecesarios cuando tenga que ir a veterinario y peluquería. Evitaremos llevarlos a estos
sitios estresantes si están en períodos y si ya tiene algún problema grave en relación a
este tema, comenzaremos por desensibilizar estos manipulados y todo lo que esté
asociado.

En el curso on-line se explica detalladamente todo este proceso de habituación y


desensibilización a nivel práctico.

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La adolescencia del perro


Cuando una familia coge un cachorro, lo hace con ilusión, algunos disfrutan con las
trastadas, son divertidos, inocentes, tiernos y dulces…. Como mucho los quebraderos de
cabeza son con algunos destrozos y la conducta higiénica, pero cuando son chiquitines
hacen bastante caso, nos siguen a todas partes, paran si les reñimos por miedo a que les
hagamos daño, vienen cuando los llamamos, se acercan amigablemente a perros y
personas… Si preguntamos a una familia con cachorro antes de los 6 meses de vida todos
te suelen decir que van muy bien, que no necesitan ayuda, que se apañan solos. Menos
cachorros que apuntan maneras desde pequeños, cachorros con una mala infancia y
traumas y familias que ya desde pequeños están riñendo mucho y están cometiendo
errores graves. En estos cacorros es especialmente importante hacer las cosas muy bien.

Cuando el cachorro entra en la adolescencia, hay un desarrollo hormonal donde el perro


no le teme a nada, pero en realidad todo le crea inseguridad. Es donde prueban los
límites, retan, descubren la sexualidad, quieren ser más libres y no se les suele permitir,
les pedimos que se comporten como perros adultos cuando no lo son.

Aquí empieza la etapa más complicada de la vida del perro, entre los 6/7 meses entran
en la adolescencia y no salen de ella hasta los 18/24 meses. Según el tamaño, la raza y
el individuo tardarán más o menos en salir de esta etapa.

Las necesidades que no sepamos cubrir tendrán consecuencias que se arrastrarán para
toda la vida. La adolescencia es donde más acompañamiento necesitan, es donde más
van a probar los límites y la paciencia de las personas y de otros perros, pero también es
donde se van a asentar las bases de la educación que le estas dando y donde se van a
afianzar los patrones de comportamiento que van a reproducir en su vida adulta.

La entrada en la adolescencia es uno de los mayores motivos de abandono. Miles de


perros abandonados por no saber educarlos ni acompañar su adolescencia y donde se
producen muchos de los sacrificios por problemas de conducta. Los cachorros por
norma general son pasivos gestionando miedos, pero cuando entran en la adolescencia
los que tienen un carácter más fuerte, es donde se empiezan a atrever a gestionar las
situaciones de una manera más activa, enfrentándolas.

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Que cambios se producen en esta etapa


Es una etapa de cambios físicos, psicológicos y de comportamiento. Hay un desarrollo
hormonal importante que genera cambios a nivel de comportamiento. Esta etapa tiene
que vivirla y tenemos que superarla siendo unos buenos referentes para que no nos pase
factura el resto de la vida del perro.

Es una etapa donde surge mucha frustración y tienden a la rebeldía. Empiezan a


desobedecer, ya no van cerca de la familia, se alejan mucho por su necesidad de
exploración y aventuras y ya no van cerca como hacían de cachorros, su familia ya no es
una prioridad en el exterior, lo es cualquier estímulo o la posibilidad de alguna relación
social…

Es donde se hacen latentes los problemas de conducta que ya arrastran desde cachorros
y donde saldrán a la luz los errores de su etapa de socialización (hasta los 5 meses).

Es donde empezaremos a ver claramente los problemas de ansiedad por separación,


estrés, problemas para relacionarse, inseguridades, control, hipervigilancia, conductas
de protección, agresividades, sumisión, hiperactividad, intolerancia, demanda de
atención….

Cuando se les ha “educado” corrigiendo, castigando o riñendo es más probable que


respondan más activamente ante situaciones de tensión. Si la familia ha educado con
agresividad, aquí se empezará a hacer evidente las consecuencias… y no nos van a gustar.

Aquello que de cachorros gestionaban con nerviosismo, señales de calma y evitando


conflicto, ahora responderán a nuestras riñas y correcciones con señales de aviso, o bien
ladrando, mordisqueando, gruñendo o incluso mordiendo. Es una época dónde buscan
los límites de aquello que está bien o está mal, para entendernos. Nos echan pulsos
para conseguir aquello que les interesa o quieren. Es muy importante mantener la calma,
pero insistiendo en poner límites de manera correcta y dándole a entender que deberán
ceder ante nuestras demandas. Cuando estemos educando a un perro cachorro o
adolescente, o de cualquier edad, la coherencia de nuestras peticiones debe ser clara,
ya que, si no, podemos generar ansiedad, estrés, desconfianza y estar reforzando
actitudes de insistencia, exigencia y otros. Hay perros que entran en agresividad por
insistir/exigir y de adultos, si no lo trabaja la familia que lo ha creado, será casi imposible
de revertir en muchos casos. Este tema lo tocaremos más adelante.

En estas edades anteponen la libertad, la exploración y la socialización a hacernos caso


u obedecer a nuestras peticiones. Es aquí donde es más importante comprender estas
necesidades y trabajar el vínculo y la llamada, además de explicar las normas de
convivencia y poner los límites de manera respetuosa, que ellos entiendan y hacerlo de
manera tolerante y flexible ante sus necesidades.

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Los adolescentes tienen poca capacidad de autocontrol y si ocurre algo excitante suelen
sobresaltarse, no saben controlarse y puede provocar malas asociaciones si no
gestionamos correctamente las situaciones que se presenten. Transmitir calma,
seguridad y poner límites (sin correcciones) es en lo que nos centraremos en este tipo
de situaciones. También son bastante propensos a sobre estimularse. Demasiados
estímulos de golpe pueden llevar al perro a estados alterados y de sobreexcitación.

En estas edades les gusta la acción, la velocidad y se aburren rápidamente si no pasa


nada. Debemos mantener un equilibrio entre la actividad, la estimulación y la calma.
Debe haber momentos para todo, tanto dentro como fuera de casa.

Son impacientes y efusivos. Los trabajos de autocontrol en estas edades son


convenientes para la gestión emocional. Y es muy importante que se les refuerce
únicamente los estados de calma, de autocontrol y las formas tranquilas y respetuosas
de pedir atención. Si reforzamos nerviosismo, insistencia, descontrol, impaciencia, etc.
cada vez el perro estará más en ese estado. Es importante jugar a un caliente/frio a la
hora de educarlos y premiar los estados que queremos en ellos, ignorar o parar los
comportamientos que no están aceptados en la familia o que provocan ansiedad en ellos.

Son más proactivos y tienen la “necesidad” de meterse en las situaciones que no son
correctas e intervenir. Suele ser habitual y normal que quieran solucionar cuestiones que
consideran que conllevan un conflicto. Nosotros debemos supervisar si sus habilidades,
su seguridad y su calma pueden hacer que su intervención de frutos y no le genere
ansiedad. Si no es así, le ayudaremos dependiendo de la situación, alejándonos,
haciendo señales nosotros, interviniendo de manera adecuada, poniendo límites, etc.

Las relaciones sociales


Debemos dejarles explorar y jugar con otros perros, pero miraremos de prever
situaciones que intuyamos o sepamos que no van a gestionar debidamente. Debemos
entender que para que haya un aprendizaje a veces se tienen que equivocar. Nuestra
tarea es acompañar, gestionar y ayudar para que esos errores no se conviertan en malas
asociaciones, tensiones innecesarias o incluso miedos y reactividades.

A menudo queremos socializarlos con perros metiéndolos en pipicans y parques con


grupos de perros con problemas, y el que no está ladrando está obsesionado con la
pelota, o haciendo agujeros, o revuelcan a nuestro cachorro y lo permitimos, o lo
persiguen cuando corre ladrando y mordiéndole los tobillos para parar su movimiento.
No solo lo permitimos, sino que cuando intervenimos solemos añadir más tensión por
hacerlo de manera no adecuada. Este tipo de parque de perro no suelen ser entornos y
contextos adecuados para que pueda producirse un aprendizaje y si lo hay no va a ser
el deseado. Los peros, entre otros, aprenden por imitación. Si lo metemos a relacionarse
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con perros tensos, con colas altas, a la defensiva y nuestro cachorro está ahí, tragando
con todo mientras pueda o no se atreva a enfrentarse, asociando a los perros a
nerviosismo, a tener que defenderse y aprendiendo todo tipo de conductas evasivas
inadecuadas. Luego no entenderemos porque nuestro perro es reactivo con perros, con
lo mucho que hemos hecho para socializarlo. ¿Y porque esta tan nervioso en casa con lo
mucho que ha “jugado” en el parque?

El juego sano dura 10/15 minutos, puede empezar algo acelerado, pero irá bajando de
intensidad, con parones mutuos y respetando la comunicación del otro. El juego puede
ser de persecución o de contacto, más o menos acelerado, pero siempre con parones y
sin conductas tensas ni impositivas, si el juego es sano en 15 minutos para y están
tranquilos y contentos por haberse relacionado. En la adolescencia un juego correcto y
un contacto social correcto es lo que más equilibra, reconforta y baja los niveles de
estrés más rápido. Cuando corren y corren sin parar, cuando el juego a contacto puede
durar horas, cuando hay lenguaje corporal de tensión, ladridos, gimoteo, colas altas,
erizamiento.... eso es gestionar miedo con juego y lejos de ser relajante para el perro les
genera adrenalina. Físicamente llegarán cansados, pero por dentro están
revolucionados y este estrés lo sacaran en casa. Pasa lo mismo con el juego a pelota,
que solo añade adrenalina. Más adelante hablaremos de ello. O el paseo con tirones, o
no permitirles oler lo que necesitan, afectará gravemente a su equilibrio emocional y
subirá los niveles de estrés considerablemente.

Es importante que elijamos perros adecuados para socializarlo, perros con habilidades
sociales, que sepan qué hacer con un cachorro o un adolescente, que sean referentes
para ellos. Un perro equilibrado respetará su licencia de cachorro, no le reñirá de forma
bruta con menos de 4/5 meses, y si lo hacen es porque ese cachorro ya tiene problemas
de agresividad. Si no respetan esta licencia crearán problemas de conducta en él. Si le
van ladrando para que el cachorro pare y el cachorro se va acelerando cada vez más, ese
adulto está superado y no tiene habilidades suficientes para educar a un cachorro.
Intervenir vosotros y pararle al cachorro, sin hablar, sin gritar, interponiéndoos,
caminando hacia él o parándolo con la correa si ya está muy acelerado. Sin castigos, ya
que podría asociarlo al perro con el que está o a la situación y lo que quieres es
normalizarla. Tu cachorro tiene que aprender a gestionarse y a saber parar y a esto le
tienes que ayudar tú, dando ejemplo y estando pendiente cuando se le vaya la situación
de las manos. Debe haber un equilibrio entre que aprenda de sus errores y permitirle
hacer, pero que sepa que vas a estar ahí para ayudarlo si le va la situación de las manos
o se descontrola.

Si el cachorro tiene alrededor de los 4/5 meses los perros adultos equilibrados podrían
empezar a ponerle límites. Aquí deberíamos estar atentos para ayudar a gestionarles la
situación, asegurar que sus niveles de estrés sean óptimos para permitir un aprendizaje,
que el ambiente sea el correcto, no demasiado estresante ni que haya otros perros

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ladrando o añadiendo tensión o nerviosismo a la situación. Si se produce la corrección


por parte de un perro adulto, normalizarla y no ir a decirle “pobrecito” al cachorro ni a
reforzar su conducta, ya que entendería que quieres que la repita y la corrección del
otro adulto no serviría de nada. Si el adulto no está equilibrado, directamente no debería
producirse esta corrección ya que quizá no sea correcta. Si vemos al cachorro muy
alterado, podemos agacharnos para darle apoyo sin tocarlo ni hablarle para no
reforzarlo. Saber acompañar estas situaciones generará un buen vínculo con él en la
etapa de la vida en la que más lo necesita.

Los perros no tienen que saludar y calmar a todos los perros con los que se encuentra.
Esta mentalidad hay que cambiarla. El perro debe relacionarse con el perro que quiera
y aprender a ignorar y evitar los conflictos con los perros tensos y con problemas.
Aprender esto para un cachorro y un perro adolescente es un trabajo importante. Para
el cachorro porque querrá ir a calmarlo y tranquilizar a todo perro con problemas, hay
que evitar que lo agredan y tenga malas asociaciones. Y para el adolescente, que la
tendencia será a ir a callar y hacer parar al perro que no se está comportando bien.
Tienen que ir aprendiendo a respetar y dejar pasar a todos esos perros con problemas
sin querer intervenir. La realidad es que muchos perros van tan tensos que no podrán
hacer nada y si se les deja ir serán agredidos y en un futuro próximo, tendremos otros
temas a trabajar más complicados, como reactividades y agresividades hacia perros por
haberlos asociado mal.

Trabajar el vínculo
Es muy importante trabajar el vínculo en esta etapa para ser una prioridad en la vida de
nuestro adolescente. Debemos trabajarlo y estar ahí siempre que el perro lo necesite y
pregunte y debemos aprender a estar presente y acompañarlo en todas las situaciones.

El vínculo se puede trabajar haciendo deportes con él, paseando, jugando y haciendo
actividades divertidas. Pero lo que más lo refuerza, es que se sienta comprendido y
respetado por su familia. Que le ayudemos cuando tienen conflictos con otros perros,
cuando lo sabemos acompañar en situaciones donde están inseguros o preocupados,
cuando sabemos estar presentes, acompañarlos y apoyarlos sin añadir más tensiones a
su conflicto, saber reaccionar correctamente cuando ellos lo necesitan. Ser conscientes
de lo que está pasando en todas las situaciones con el perro, saber interpretar su
lenguaje y el del perro con el que se relaciona para ayudarlos cuando es necesario, pero
al mismo tiempo, permitirles fluir, equivocarse, aprender del proceso y relacionarse de
manera sana. Saber dar libertad y trabajar para que el perro pueda tenerla, ayudarlo a
superar sus miedos y problemas. Esto es lo que más fortalece un vínculo.

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Cuando educamos a un perro, en la etapa de cachorro se sientan unas bases, pero es en


la etapa de la adolescencia donde hay que reforzarlas, hay que apoyarlo, acompañarlo
y ayudarlo a que sepa relacionarse correctamente con su entorno, no solo mediante
acompañamiento sino también mediante el ejemplo, recordar que las personas somos
sus referentes.

Si el vínculo no se trabaja, si todo se hace con castigos y correcciones, con tirones de


correa, gritos, obediencia, etc. O no se castiga, pero pasamos del perro, no nos
enteramos de nada y no lo ayudamos cuando lo necesita, en esta etapa es donde se
estarán forjando los problemas de reactividad y agresividad, uno de los mayores
problemas de conducta en esta sociedad. Trabajarlo en la etapa adulta es mucho más
complicado, laborioso y en problemas de agresividad, hay muchos más riesgos.

Actividad, juegos y estimulación


Para superar con éxito la adolescencia una de las partes más importantes es
proporcionarle actividad, estimulación y exploración según sus necesidades. En estas
edades si realizamos adiestramiento o actividades de concentración, las sesiones deben
ser cortas, la capacidad de concentración y atención suele ser limitada. Mejor hacer
varias sesiones, pero cortas y con tiempos adecuados de recuperación y calma. Siempre
atendiendo a los síntomas de estrés. Buscaremos ese equilibrio dependiendo de la
exigencia del trabajo y la intensidad. Es importante que, en un adiestramiento correcto,
permitamos al perro pensar, darle tiempo para que comprenda que esperamos de él, y
ser muy claros con nuestras señales para no confundirlo. Un perro tranquilo necesita
menos asociaciones para aprender algo, que uno que está estresado.

Más adelante hablaremos sobre como jugar y estimularlos, pero todo lo que sean juegos
de autocontrol, propiocepción, concentración, olfato, inhibición de la mordida, juego
sano con otros perros…. ayudará a que se mantengan los niveles de estrés adecuados y
evitará que surjan problemas de conducta asociados a la frustración y el aburrimiento.

Recordar que un perro feliz, con las necesidades básica cubiertas y sin problemas físicos
tenderá a no comportarse inadecuadamente.

Un perro feliz y sano es un perro equilibrado


Si el adolescente no está equilibrado, hay que revisar y equilibrar todo lo que no esté
bien en su vida. Porque por más que se hagan actividades y juegos de estimulación, si
no ponemos en orden lo que está generando la ansiedad, ese perro vivirá eternamente
con la necesidad de ser desfogado y cansado y esto no es algo natural, aunque muchas
familias crean que sí.

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Educación y socialización del adolescente con el entorno


Cuando cogemos un cachorro adquirimos una responsabilidad. Pocas personas se
informan ni se forman para saber educarlo y en la adolescencia del perro empiezan a
salir las consecuencias de no haberlo sabido educar correctamente. Todos creemos
saber de perros y como hasta los 5/6 meses no aparecen los problemas de conducta
más graves, no se busca solución. Hasta los 8 meses no empiezan a intensificarse estos
problemas, creen que su cachorro es fácil y que es super obediente y bueno y cometen
errores y dejan de socializar en la etapa más importante de la vida del perro.

Pero no por haber pasado la etapa de socialización hay que dejar de socializarlos. Hasta
los dos años se les tiene que seguir socializando y presentándole situaciones nuevas para
que sigan aprendiendo a gestionar sus emociones y hagan asociaciones positivas,
tranquilas y seguras con los diferentes entornos y contextos.

El perro debería conocer y asociar de manera tranquila y positiva todo con lo que vaya
a tener que convivir: perros, gatos, personas, niños, personas con todo tipo de
indumentarias y atuendos, coches, bicis, trenes, autobuses, camiones, palos, bolsas,
objetos y mobiliario urbano, ruidos diferentes, cosas en movimiento... A menudo, en vez
de socializar, lo que se hace es sensibilizar y creamos miedos por no respetar su lenguaje
o no conocerlo, por presentarle demasiados estímulos, por no respetar los tiempos de
concentración y de aprendizaje de cada perro. De cachorros no se ven tanto las
consecuencias de estos errores, solo vemos nerviosismo y llamadas de atención, pero
en la adolescencia todo cambia y se intensifica. Imponer y exigir que sepan comportarse
en situaciones que les alteran, no es socialización, es sensibilización, generan malas
asociaciones y revertirlo luego es lento y más laborioso que si se hubiera hecho bien y
de manera progresiva.

En el exterior, los miedos y la sobreestimulación ya estaban presentes en el cachorro.


Pero es ahora en la adolescencia cuando la familia ve los problemas de tensión en la
correa, nerviosismo, aceleración y reactividades. Al principio, los cachorros se bloquean
y se quedan inmóviles cuando tienen miedo. Cuando no los respetamos y los forzamos
a caminar, empiezan a ponerse nerviosos, a saltar, morder la correa o gestionar con
juego bruto, luego empiezan los problemas de ladridos y si este tema no se reconduce
es cuando aparecen las reactividades y agresividades.

A los cachorros y adolescentes, se les generan traumas y malas asociaciones cada vez
que los metemos en situaciones que no pueden llevar y les sobrepasan, pero es que
encima si sus formas de gestión de esa situación nos molestan o no nos gustan, les
reñimos, castigamos el miedo en ellos, con lo que conseguiremos intensificarlos y
debilitar el vínculo. Acompañándolos así no nos harán caso y no confiarán en nosotros.
Las personas solemos meter a los cachorros y adolescentes en situaciones complicadas

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de gestionar para ellos, encima no se les ayuda, no se suele ayudar ni acompañar


adecuadamente y encima reciben castigos e imposiciones por parte nuestra.

Gestión de correa
Este tema lo tocaremos más adelante en el apartado del paseo, pero es muy importante
la gestión de la correa en esta etapa. De esta gestión de correa, de la tensión o relajación
y del tipo de material de paseo, va a depender que surjan o no, posibles problemas de
conducta en el paseo, entre ellos, reactividad y/o agresividad. De esta gestión
dependerán también en gran medida los niveles de estrés del perro, su seguridad y la
capacidad de gestión de los miedos e inseguridades.

A través de la correa trasmitimos tensiones, inseguridades, miedos, vibraciones,


podemos poner al perro en alerta, podemos aceptar y dar permiso en actuaciones que
no deseamos por parte del perro. Así que hay que prestar especial atención a este tema
en la adolescencia. Si hay una buena gestión de la correa a través de la correa se
transmite calma y seguridad, lo que sentará una buena base para relacionarse con el
entorno de manera equilibrada.

La correa solo debería ser un elemento de seguridad y no


de control
Períodos sensibles
Durante la adolescencia, van pasando los períodos sensibles, períodos de miedos. Y hay
que acompañarlos correctamente, tal y como comentábamos en la educación de
cachorros. Así que pese a este coctel hormonal que llevan, hay que ser conscientes de
estos miedos para acompañarlos y ayudarlos correctamente. Alrededor de los 2 años,
pasan el último y a no ser que vivan alguna situación muy traumática, ya no aparecen
nuevos miedos. El perro entrará en la edad adulta. Habrá cambios a nivel de estabilidad,
baja el nivel de energía, la necesidad social también empieza a bajar y se producen
cambios agradables para la familia.

Esterilización
Castrar a los perros en esta edad se vende como la panacea y lo más importante. Varios
profesionales lo recomiendan como si fuera la solución a todo. Cuando al final resulta

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que pocas cosas resuelve y a veces empeora problemas de conducta. Es como una vía
rápida de acabar con todos los problemas y luego no resuelve casi nada. Y en muchas
ocasiones genera problemas de conducta extra o intensifica miedo a personas y a
manipulados porque estas castraciones suelen hacerse en períodos sensibles. En una
etapa sensible un desconocido me pincha y me obliga y hace cosas que me asustan.
Deberíamos asegurar que se castra en etapas donde no haya período sensible e intentar
que se desarrolle el máximo su crecimiento.

Castrar en etapas tempranas elimina hormonas necesarias para el crecimiento y


correcto desarrollo del perro joven. Están en pleno desarrollo hormonal y las hormonas
tienen una razón de estar ahí, son mensajeros químicos que dan información a las
células y son necesarias para el desarrollo y crecimiento tanto físico, cómo de los huesos,
de la musculatura, para el desarrollo psicológico y emocional.

Si el perro no es de protectora, por el bienestar del perro se recomienda castrar una vez
ha completado su desarrollo. Intentar no buscar soluciones rápidas para eliminar el
problema.

Más adelante dedicamos un apartado a este tema. Como se suele tomar la decisión de
castrar en esta etapa, hemos creído conveniente poneros aquí unas pinceladas. La
decisión de cuándo y cómo hacerlo debe tomarse atendiendo a las necesidades
individuales de cada perro. A groso modo, se recomienda castrar:

- Cuando hay pseudogestaciones. Si tienen una, normalmente las tienen 2 meses


después de cada celo. Si una hembra presenta pseudogestación lo más seguro es que la
presente en cada celo, con la correspondiente subida hormonal y de estrés. La perra
sufre y la familia no lo pasa bien.

- Escapismo

- Niveles de energía muy altos

- Machos con problemas de agresividad hacia otros machos.

- Hembras y machos que viven juntos

Esta desaconsejada en:

- Perros con miedos o inseguridades, si quitas la producción de testosterona


aumentará la inseguridad.

- Hembras con reactividad o agresividad tampoco porque puedes contribuir a que


se intensifiquen.

El problema del abandono es una realidad y es responsabilidad de todos nosotros hacer


algo al respecto y evitar camadas indeseadas. Hay otras alternativas de las que luego os

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hablaremos: Ligadura de trompas, la vasectomía, la esterilización. Con estas opciones


tampoco pueden procrear, pero no tocas el sistema endocrino.

Decidir si castrar o no conlleva una responsabilidad y no tiene vuelta atrás.

Conducta higiénica
Alrededor de los 5/6 meses el perro ya tiene capacidad de contención y suelen
desaparecer los problemas asociados a la conducta higiénica.

Si siguen teniendo problemas de este tipo después de los 6 meses hay que revisar niveles
de estrés y miedos en el exterior. Si el perro tiene miedo en el exterior, contrae
esfínteres y no hará pipi y/o caca hasta que llegue a casa, que es su sitio de seguridad.

Aquí hay que trabajar los miedos del perro y la seguridad en sí mismo, el vínculo con la
familia y revisar porque no se relaja en los paseos. Mientras podemos seguir premiando
la conducta higiénica en el exterior hasta que no tenga ningún incidente en casa.

Si se mean en sitios escondidos, en alfombras, rincones o se comen o beben el pipi y la


caca, tenemos que eliminar los castigos y las correcciones. Estas conductas las hacen
para no dejar rastro y así evitar el conflicto, ya que no han aprendido a hacerlo de otra
manera, solo han aprendido a temernos. Si solo se comen la caca, revisar niveles de
ansiedad y la alimentación que seguro que no es adecuada. Encontrareis estos
apartados ampliados más adelante.

Si los adolescentes se mean en sofás, camas o sitios donde le hemos bajado de malas
formas o le hemos reñido, hay que tener claro que el perro no lo hace por joder, muchas
veces está asociada a frustración. Os recomendamos que reviséis cómo habéis estado
bajando al perro de la cama o del sofá, que seguro que las formas han sido agresivas o
impositivas. Tenéis que recuperar el vínculo y la confianza perdida.

En resumen, en la adolescencia del perro, la familia debe saber enfrentar cada etapa,
cada problema, sabiendo acompañar al adolescente. Es una inversión de tiempo y, si lo
hacen bien, esta etapa pasará y todo se equilibrará. Es importante seguir socializando
con todo, estableciendo relaciones positivas con su entorno, con perros y otros animales,
proporcionarle actividad y estimulación adecuada y fortalecer el vínculo. En esta etapa
se trabajan especialmente los límites, se pasan curvas de extinción, hay que trabajar la
llamada y su atención frente estímulos y trabajar todos los miedos, inseguridades y
reactividades que aparezcan. El acompañamiento mediante comunicación y
entendimiento mutuo, con respeto, tolerancia y grandes dosis de paciencia y calma.

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EL PERRO SENIOR
Hemos hablado de las primeras etapas del perro. A partir de los 2 años entra en la edad
adulta y ahí recogeremos los frutos de nuestro trabajo a la hora de educarlo. Se
caracteriza por más equilibrio y estabilidad emocional y porque empiezan a bajar los
niveles de energía.

Pero el tiempo pasa, van cumpliendo años y van entrando en la vejez. Sobre los 9 años
es cuando se consideran senior. Aunque hay razas de tamaño grande que entran antes
en la vejez ya que viven menos tiempo.

Hay una serie de síntomas que indican que el perro se está haciendo viejito y es
importante que las familias sepan acompañarlos. Es una etapa de vida y no se puede
detener, pero si podemos hacer muchas cosas para mejorar la calidad de vida de los
perros ancianos. Mimarlos y regalarles bienestar para que los procesos de
envejecimiento se vayan retrasando.

Estos síntomas son:

- Les van apareciendo canas

- Dolores articulares

- Dolores musculares por compensaciones de los articulares

- Perdida de algunos sentidos

- Disfunción cognitiva

- Problemas urinarios, con la retención de pipis

- Enfermedades degenerativas

- Aparición de bultos

- Cambios en la piel, en el pelo, verrugas…

- Somnolencia y cansancio

- Problemas en los dientes, sarro, caries, dientes rotos

- Cambios en el peso y en la musculatura

- Se vuelven más dependientes de nosotros. Necesitan más compañía

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Nosotros siempre comentamos que en la vejez el perro pasa como una especie de
segunda adolescencia. Por un lado, son adorables y tranquilos, más seguros de sí mismos
y confiados con todo, pero a veces se ponen cabezones, gruñones, vuelven a echar
pulsos y se pueden poner en alerta de nuevo en el exterior, se vuelven más
dependientes e inseguros. Esto tiene que ver con los dolores y la inseguridad que
conlleva la perdida de sentidos y facultades físicas.

Es importante que conozcamos como afecta la vejez en el comportamiento del perro


porque hay problemas asociados y es necesario saber acompañarlos para darles calidad
de vida.

Los perros senior tienen que ir al veterinario por lo menos 1 vez al año a revisar que todo
está bien. Hay que explorarles a menudo la boca, el cuerpo y estar pendiente de sus
dolores y achaquitos. Ellos no pueden decirnos que les pasa y es la persona quien debe
estar pendiente de los cambios y los síntomas que puedan repercutir negativamente en
sus sentidos y en sus comportamientos.

En perros de protectora, este tema es especialmente importante, porque el ambiente


no es el idóneo para sus problemas físicos ni sus necesidades emocionales. Necesitan
compañía, seguridad, ambiente tranquilo, paseos tranquilos y correctos, cuidados y
atenciones…y lejos de esto tienen ambientes estresantes, poco estimulantes que van
mermando sus facultades, excesivo frio y calor que perjudica a nivel de salud,
aislamiento y soledad en una etapa en la que cogen hiper apegos y surgen inseguridades
y todo se intensifica por el dolor.

Personalmente no soportamos ver perros senior y geriátricos en refugios, es una


crueldad. Los perros mayores merecen los cuidados y el calor de un hogar, si estás
dispuesto a abrir las puertas de tu casa a uno de ellos, contáctanos y te ayudaremos
en el proceso, estés donde estés.

La agresividad en etapa senior


En esta etapa se intensifican los miedos porque ven menos, escuchan menos, les cuesta
adaptarse a estos cambios e interaccionar con el entorno desde esta pérdida de sentidos,
se sobresaltan ante nuevos estímulos y ante cosas inesperadas. Tienen que adaptarse a
esta alteración de los sentidos, y no es fácil para ellos, aquí pueden surgir agresividades
relacionadas con esta perdida sensorial.

Otras agresividades tienen que ver con el dolor, el envejecimiento del sistema musculo-
esquelético hace que aparezcan dolores asociados a antiguas lesiones, dolores

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secundarios por otras lesiones en las que ha estado años compensando pesos, dolores
articulares en general, dolor de espalda, lesiones en las vértebras o artrosis en ellas,
picos de loro, cauda equina, dolores musculares por sobrecarga, artritis….

Cuando su movilidad se ve perjudicada por el dolor y su vida está condicionada por él,
el perro sube niveles de estrés y hace que estén irritables y todo esto se intensifica
porque el perro con dolor esta inseguro ya que no se siente tan capaz de enfrentarse a
según qué situaciones, ya sea por el dolor y/o por la pérdida de sentidos.

El dolor
Todo lo que conlleve dolor o malestar sube niveles de estrés, con sus correspondientes
repercusiones: se aceleran, se ponen nerviosos, se ponen irritables y pueden llegar a
conductas agresivas.

Un perro que desde joven ha tenido conductas agresivas, si no se ha trabajado, de viejito


se intensificarán. Y aquí el pronóstico y la perspectiva de cambios y que desaparezca la
conducta es muchísimo más limitada que si se hubiera hecho en su debido momento.

Pero un perro que nunca las ha tenido, que cuando los niños o la familia lo molestaban
cogía, se levantaba y se iba a otro sitio, si ahora tiene dolor, levantarse se hace un mundo
y puede optar por gruñir o pegar una dentellada al aire para que esto pare. Si no se
respeta por parte de la familia, pueden surgir conductas agresivas.

En estas edades la familia tiene que evitar tocar zonas con dolor y si se tiene que hacer,
intentarlo de la forma más respetuosa y predecible posible. También hay que evitar
forzarlos a nivel físico, ya sea para pasar, subir al coche, echar al perro al lado en el sofá
o hacerlo delicadamente.

En estas edades también hay problemas por malas asociaciones previas y, debido a esta
pérdida de facultades, el perro anticipa situaciones donde antes era forzado y molestado
y aunque ahora no esté pasando, anticipan para que no vuelva a pasar. Es importante
ser consciente de esto para asegurar que no vuelva a suceder para que el perro, pueda
relajarse y deje de estar en alerta.

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La pérdida de sentidos
La vista:

La pérdida de este sentido es el que más afecta al comportamiento. Al no poder percibir


el entorno como lo hacían, surgen inseguridades, miedos y fobias. Mayor dependencia
de la familia. Y pueden surgir agresividades en el exterior, se ponen en alerta porque no
saben que les viene ni en qué estado.

El oído:

Cuando pierden el oído, la familia puede notar que llaman al perro y no viene, que ya no
ladra cuando escucha el timbre, etc. pero de normal es un sentido que si se pierde el
perro vive más relajado, dejan de tener señales de alerta y la única repercusión negativa
es el acudir a la llamada y que, si lo sueltan en la calle, hay que estar más pendientes de
ellos porque no escucharan a los coches acercarse ni a nosotros cuando les llamamos.
Tendremos que ir a buscarlos o agacharnos cuando nos mire para darles a entender que
queremos interaccionar con es en ese momento.

El tacto:

Como hemos dicho antes, con el dolor y la perdida de sentidos, el perro sube niveles de
estrés y este sentido también se ve afectado. Pueden estar con hipersensibilidad al
contacto físico y pueden rechazar algunos acercamientos, ya sean nuestros o de otros
animales con los que conviva.

Deterioro de sus funciones cerebrales


De manera progresiva, se van deteriorando sus funciones cerebrales y conducen al
Síndrome de disfunción cognitiva. Cuando un perro no consigue percibir los estímulos
de su entorno como antes lo hacía, empieza a desarrollar conductas que antes no tenía
como ladridos excesivos, miedos y fobias, conductas obsesivas y puede llegar a tener
también conductas agresivas.

Cuando el sistema nervioso central envejece, entran en lo que se llama Síndrome de


Disfunción Cognitiva. Debemos conocer estos síntomas asociados a ella:

- Cambios en el carácter

- Miedos, fobias e inseguridades

- Agresiones impulsivas

- Pérdida de memoria en las rutinas

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- Trastornos en la alimentación

- Subida de ansiedad, se sientes vulnerables ante estímulos externos

- Hiper apego

- Acicalamiento excesivo

- Hiper alerta

- Ladridos sin motivo aparente

- Cambios en los horarios del sueño, inquietud por la noche

- Problemas de contención o de conducta higiénica inapropiada

- Desorientación, caminar errante, confusión

- No reconocer miembros de la familia

Como mejorar la calidad de vida del perro senior

- Alimentación adecuada.

- Suplementos nutricionales para cada achaquito de la edad. Ejemplo: Omega 3 de


calidad para retrasar el envejecimiento.

- Fortalecer su sistema inmunitario.

- Respetar los descansos.

- Replantear la rutina de paseos, tiempos y zonas.

Estimulación:

- Estimulación táctil mediante masajes y contacto físico.

- Estimulación táctil mediante propiocepción.

- Estimulación mediante el sentido del gusto mediante complementos


nutricionales correctos.

- Masticación. Huesos recreativos. Zanahorias crudas para limpieza de dientes.

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- Estimulación del olfato para compensar otros sentidos perdidos y parar el avance
del deterioro cognitivo.

- Ejercicios de concentración para compensar la vista.

Cuidados y salud:

- Control veterinario 1 vez al año y cada vez que haya síntomas de alguna
enfermedad o dolor.

- Fisioterapia con un buen profesional.

- Acupuntura con un buen profesional para equilibrar el cuerpo, para los dolores
y para cualquier patología.

- Zoofarmacognosis para paliar dolores y equilibrar el sistema y como


enriquecimiento y estimulación sensorial. Con un buen profesional.

- Intentar pasar más tiempo con ellos.

- Proporcionarles paseos y rutinas adecuadas para ellos. Si hay limitaciones físicas


o dolores, rutinas más cortas y tranquilas, pero es importante proporcionarles entornos
estimulantes y ricos en olores. Meter novedades, tranquilas y ricas a nivel olfativos, para
estimular sus sentidos y su mente.

- Permitir el apego sano.

Para atender debidamente a un perro senior y a su familia debemos tener en cuenta


muchos factores que influyen directamente a la hora de trabajarlos.

- Si el perro lleva toda su vida con la familia, veremos que condicionamientos


existen que no sean sanos o estén causando ansiedad en el perro. Por ejemplo, con la
comida, con el contacto, a la hora de hablarle, los paseos…

- El vínculo que pueda existir determinará en gran medida el estado en el que se


encuentre el perro. Es decir, si su vínculo está basado en la confianza podremos ver un
perro tranquilo en el hogar, pero si, al contrario, no hay un vínculo correcto el perro
puede haber pasado y estar pasando por estados alterados y con la entrada en esta
etapa se han visto intensificados.

- Los miedos que no se hayan superado pueden mantener en tensión y alerta.


Nunca es tarde para comenzar a acompañarlos y superar esos miedos. Sin expectativas,
sin obligaciones y con mucha paciencia porque en estas etapas la capacidad cognitiva
esta mermada y algunos perros están en procesos de envejecimiento que son
complicados de gestionar a nivel emocional.

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- Grandes cambios que hayan sucedido o vayan a suceder, como, por ejemplo, una
mudanza, vacaciones, obras… Hay que acompañarlos mucho más de lo que lo hacíamos
cuando eran jóvenes, hay que estar ahí para ellos.

- Si el perro es recién adoptado, o bien lleva poco tiempo en la familia. Que la


familia entienda todo lo que puede estar influyendo.

- La incorporación de otros perros o animales. Esto puede hacer que comiencen a


hacer conductas que en otras circunstancias no llevarían a cabo. Proteger, controlar,
demanda de atención… Si se incorpora a un cachorro en la familia, se debe revisar muy
bien aquello que requiera una atención especial, teniendo en cuenta las necesidades de
ambos perros.

- En estas edades no vamos a meter nuevos adiestramientos y aprendizajes


complicados. Podríamos frustrarlos y estresarlos. Si han sido perros de trabajo,
racionarlos o jubilarlos cuando les esté afectando negativamente o subiendo demasiado
los niveles de estrés.

- Permitir el apego, sin reforzarlo demasiado

Para atender debidamente a un perro senior hay que tener en cuenta que varios
factores a nivel familiar que influyen directamente a la hora de trabajarlos:

- Si el perro lleva toda su vida en tu familia, veremos que condicionamientos


existen que no sean sanos o estén causando ansiedad en el perro. Por ejemplo, con la
comida, con el contacto, a la hora de hablarle, los paseos…

- El vínculo que pueda existir determinará en gran medida el estado en el que se


encuentre el perro. Es decir, si su vínculo está basado en la confianza podremos ver un
perro tranquilo en el hogar, pero si, al contrario, no hay un vínculo correcto el perro
puede haber pasado y estar pasando por estados alterados y con la entrada en esta
etapa se han visto intensificados.

- Los miedos que no se hayan superado pueden mantener en tensión y alerta.


Nunca es tarde para comenzar a acompañarlos y superar esos miedos. Sin expectativas,
sin obligaciones y con mucha paciencia porque en estas etapas la capacidad cognitiva
esta mermada y algunos perros están en procesos de envejecimiento que son
complicados de gestionar a nivel emocional.

- Grandes cambios que hayan sucedido o vayan a suceder, como, por ejemplo, una
mudanza, vacaciones, obras… Hay que acompañarlos mucho más de lo que lo hacíamos
cuando eran jóvenes, hay que estar ahí para ellos.

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- Si el perro es recién adoptado, o bien lleva poco tiempo en la familia. Que la


familia entienda todo lo que puede estar influyendo.

- La incorporación de otros perros o animales. Esto puede hacer que comiencen a


hacer conductas que en otras circunstancias no llevarían a cabo. Proteger, controlar,
demanda de atención… Si se incorpora a un cachorro en la familia, se debe revisar muy
bien aquello que requiera una atención especial, teniendo en cuenta las necesidades de
ambos perros.

- En estas edades no vamos a meter nuevos adiestramientos y aprendizajes


complicados. Podríamos frustrarlos y estresarlos. Si han sido perros de trabajo,
racionarlos o jubilarlos cuando les esté afectando negativamente o subiendo demasiado
los niveles de estrés.

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COMUNICACIÓN CANINA
El perro, de un principio no puede entender la comunicación oral del ser humano, por
más que nosotros intentemos hablarles, pidiéndoles cosas que previamente no hemos
enseñado. Lo que acabamos haciendo es que el perro condicione esa voz a situaciones,
conductas y estados emocionales.

El ser humano tiene un lenguaje corporal del que no es muy consciente y el perro percibe
mucha información a través de él. Nosotros somos homínidos y ellos cánidos. Tenemos
un lenguaje corporal muy parecido, pero con matices. Si un ser humano sonríe podemos
percibirlo como un gesto de felicidad, pero si un perro te ve sonreír, podría percibir que
estas mostrando los dientes. Un abrazo sería un gesto de amistad para nosotros, pero,
al contrario, esto puede percibirse por un perro como un gesto de agresión.

Imaginemos que un perro rompe algo al quedarse solo en casa, llega la persona, lo ve,
se enfada y riñe al perro. Las personas solemos creer que sabe que lo ha hecho mal
cuando llegas a casa porque se esconde, y realiza un ritual de señales respondiendo al
lenguaje corporal de la persona, esta y otras situaciones crean precedentes que acaban
relacionando. La persona lo que acaba viendo en el perro es el reflejo de la vez anterior
que tuviste ese lenguaje o la relación que tuvo con alguna situación parecida. La persona
cree que el perro sabe lo que es el No, o dice que el perro sabe que lo hace mal y lo que
ve el perro es que tú te tensas, que se te dilatan las pupilas o te enfadas. No entiende el
“NO”, no sabe lo que es. Sólo intenta calmarte porque sabe que estas tenso. Puede que
nunca asocie tu enfado a lo que ha hecho o puede ser que no sea capaz de evitar hacerlo.

La comunicación es la base de cualquier relación y esta tiene dos vías. Por más que ellos
hagan intentos de entendernos, nosotros deberíamos hacer lo mismo por entenderlos
a ellos. Ellos están en sintonía con nuestro lenguaje corporal, es el que ambas especies
compartimos y el que puede asegurar un equilibrio en la convivencia. Conocer el
lenguaje canino y saber utilizarlo va a permitir entender lo que el perro está diciendo y
poder darle una respuesta que el comprenda. Nos va a ahorrar muchas situaciones de
tensión y estrés producido por las malas interpretaciones de lo que el perro hace y los
malos entendidos que genera el desconocimiento de este tema. Cuando se salta esta
barrera de incomprensión, el vínculo con el perro se fortalece, mejora
exponencialmente la convivencia y el bienestar general del perro allí donde se
encuentre. A través de la comunicación se pueden resolver la gran mayoría de
problemas de comportamiento.

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¿Cómo se comunican los perros?


El perro es un animal social que vive en manada, por ello es importante tener un
lenguaje para comunicarse con sus compañeros a la hora de cazar en grupo, de
desplazarse y para vivir en paz y evitar los conflictos, ya que estos, causan daños físicos
y debilitan el grupo. Con estas señales fomentan una convivencia armoniosa y lo más
tranquila posible.

Los perros viven en un mundo de percepciones sensoriales, la gran mayoría visuales,


olfativas y auditivas. Fácilmente perciben detalles minúsculos: una ínfima señal,
cualquier pequeño cambio en nuestro comportamiento, la expresión en nuestros ojos,
nuestra tensión muscular, cambios hormonales…

Básicamente se comunican con el cuerpo, desde gestos con la mirada y los ojos apenas
perceptible para el ser humano hasta comunicaciones más intensas como hacer
marcajes en el aire o gruñir. Tienen una comunicación oral, que añade intensidad al
lenguaje corporal. En esta sociedad hay muchos perros comunicándose a nivel oral
porque parece que es lo único que las personas llegan a comprender.

Tienen también una comunicación olfativa, no perceptible ni entendible para el ser


humano.

Y en la convivencia, en la cercanía, hay una comunicación basada en el contacto físico


que utilizan para demostrar cariño, para cuidar al otro o como forma de pedir y de
calmar al otro. Para ellos el contacto físico equilibra y relaja si hay vínculo y la relación
está basada en el respeto. Cuando estamos estresados y nuestro perro se acurruca con
nosotros, nos relaja, baja la presión arterial y hace que segreguemos hormonas de
bienestar y felicidad. Pero igual pasa en ellos con nuestro contacto. ¿Pero si el perro al
que queremos tocar no lo conocemos, creéis que genera la misma respuesta? No. El
contacto físico tiene beneficios cuando sucede entre dos seres que confían mutuamente
el uno en el otro. Si no ese contacto físico no será relajante. De ahí que muchos perros
tengan problemas con los manipulados y presenten niveles de estrés altos.

Las señales de calma y resolución de conflictos


Los perros tienen un enorme repertorio de señales para calmar situaciones y expresar
estados emocionales y a menudo el ser humano perjudica el uso de este lenguaje en su
comunicación con nosotros (con castigos e ignorándolo) o cuando intentan relacionarse
y nosotros intervenimos de forma no adecuada.

Los perros tienen cerca de 30 señales de calma, quizás incluso más. Algunas de estas
señales son usadas por la mayoría de los perros. Hay perros con un rico vocabulario

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gestual y hay otros que lo utilizan poco, ya que no han tenido oportunidades para
aprenderlo o han visto que no funciona, por parte de perros estresados que no hacen
caso o por humanos que no las ven o no las respetan. O porque no han tenido posibilidad
de aprenderlo de sus madres y hermanos por destetes prematuros.

A la larga, el perro, puede no atreverse a expresar sus emociones y sus miedos o puede
que ocurra todo lo contrario, que busque formas exageradas de hacerlo porque su
lenguaje no es comprendido (reactividad y agresividad). Es aquí donde empiezan
muchos problemas en la convivencia porque entran en conflictos más a menudo, tanto
con nosotros como con otros perros y animales.

Los perros pueden llegar a inhibir este vocabulario cuando no les surge efecto, suele
pasar en casos de agresividad. O acabar utilizando señales muy exageradas por sus
estados de estrés o para asegurar que el otro lo vea (trufas rosas, etc.)

En protectoras este tema toma especial importancia ya que la seguridad y el bienestar


de los demás perros y de las personas que los cuidan, depende de que entendamos qué
nos están diciendo y si nos están avisando de que están tensos o asustados. Así
podremos evitar agresiones, agresiones entre ellos y a los cuidadores/ voluntarios y
bajar los niveles de estrés considerablemente, ya que sentirse comprendido y respetado,
relaja.

Estas señales son universales para los mamíferos, se pueden entender en todas partes
del mundo entre ellos. Los perros utilizan estas señales de menor a mayor intensidad, la
van subiendo de forma progresiva con la intención de que el otro las capte.

Cuando quieren comunicar algo las señales son sutiles, ya que de un principio no sería
necesario intensificarlas. Se incrementa esa intensidad cuando no hay una respuesta por
nuestra parte o por parte del otro animal. Si aquello que le molesta, preocupa o inquieta
es respetado y se retira o termina el malestar del perro no va a progresar, pero si es
ignorado, intentará comunicar el mensaje de forma más clara y más intensa.

Los perros utilizan este lenguaje con los humanos porque piensan que todo el mundo lo
entiende y es la única manera que saben para comunicarse, aunque hacen tremendos
esfuerzos por entender el nuestro y amoldarse a nuestros estilos de vida. Cuando las
ignoramos e incluso las castigamos, podemos provocar mucha intranquilidad en ellos,
problemas de estrés y de agresividad.

A la hora de leer el lenguaje corporal del perro, a parte de las señales que ofrece,
tendremos en cuenta el resto del lenguaje corporal, la intensidad y la tensión o
relajación física con que las hace. Hay que leer al perro en global porque hay señales que
difieren en significado en función de la intensidad y de la rigidez física con que se hacen.

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En la forma de comunicarse, también afectan directamente los niveles de estrés en el


perro. Un perro estresado se comunicará de forma acelerada o puede dejar de
comunicarse y ser muy maleducado. Al perro estresado tendremos que ayudarlo a
calmarse para que no reciba continuamente rechazo por parte de sus semejantes
porque si no acabará teniendo problemas más graves de comportamiento.

Hay que tener en cuenta que nosotros, para ellos, somos referentes, si los educamos
riñendo, con nerviosismo y de forma agresiva, eso es lo que aprenderán ellos para
relacionarse con las demás personas y perros. No pretendamos luego que los perros
sean sociables, si nosotros somos impredecibles y un mal referente para ellos. Si
educamos con rabia y descontrol emocional, la forma de relacionarse del perro estará
en el mismo nivel vibratorio. Más adelante profundizaremos en este tema.

COMUNICACIÓN ORAL
Esta comunicación es la que más fácilmente observa la persona y la que más tiene en
cuenta. El perro recurre a las vocalizaciones cuando la comunicación corporal no está
siendo atendida ni respetada. Cuando gimen, aúllan, ladran o gruñen tienen más
probabilidades de que las personas reaccionen y que esa comunicación sea más efectiva.

La comunicación oral sería como expresarse en voz alta, con la consecuente subida de
estrés y las posibles consecuencias de tener que hacerlo, ya que el ser humano cuando
un perro ladra, gimotea o gruñe quiere callarlo y suelen recibir correcciones por
comunicarse.

Este tipo de comunicación siempre se utiliza conjuntamente con la comunicación


gestual. La utilizan cuando necesitan intensificar la comunicación gestual, cuando hay
distancia o la visión es limitada.

Las personas no solo somos muy ruidosas en la convivencia, sino que además nos
solemos intentar comunicar con ellos sólo desde la voz (órdenes, castigos, correcciones
verbales, gritos, les hablamos y les explicamos…)

Al perro le afecta mucho el ruido, es muy sensible a él, y algunas razas o individuos más
que otros. Comunicarnos de manera corporal y silenciosa les ayudará a vivir tranquilos
y equilibrados. Más importante es aún que la familia no atosigue al perro hablándole y
con órdenes cuando viven en entornos urbanos con mucho ruido de fondo. No hablarle
demasiado contribuye a que pueda vivir tranquilo y bajen niveles de estrés. A veces en
problemas de agresividad en la convivencia, los perros han dejado de agredir por dejar
de hablarles y molestarlos.

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Vocalizaciones más habituales:

Ladridos:

Los ladridos varían de tono, en frecuencia y tiempo, en ocasiones se combinan con


gruñidos y gimoteos.

Los sonidos graves se asocian a agresión y advertencia, los agudos y los que suenan bien,
se asocian a señales más amistosas o de preocupación. Los perros tienen ladridos de:

- Alerta, aviso. Si solo son avisos suelen ser ladridos cortos y agudos, de baja
frecuencia, para que la persona se entere de que viene alguien o algo. Pueden avisar con
y sin miedo, si hay inseguridad o miedo, puede volverse más grave y el lenguaje corporal
será de tensión o de inseguridad.

- Ladridos de miedo. Acompañados de un lenguaje corporal de miedo o de tensión,


estos ladridos suelen ser cortos y agudos.

- Ladridos de advertencia. Ladridos graves, fuertes, mezclados con gruñidos y


lenguaje corporal amenazante y defensivo.

- Ladridos de exigencia, de insistencia. Agudos y repetitivos, de frecuencia alta.


Pueden ir intercalados con gimoteos.

- Para pedir lo que necesitan. Uno o dos ladridos para que te des por enterado. Si
el perro es insistente o tiene niveles de estrés altos también pueden ser muy repetitivos
y agudos. Si el perro es exigente también puede haber gruñidos.

- Llamada de atención. Acompañado de un lenguaje corporal amistoso este


ladrido también suele ser agudo, corto y un tono alegre, de frecuencia alta.

- De excitación y alegría. Suelen ser agudos, seguidos y constantes, de frecuencia


más alta junto con lenguaje corporal de alegría y nerviosismo. A veces también pueden
intercalar gruñidos.

Siempre se mirarán con el resto del lenguaje corporal para saber qué quiere trasmitir el
perro que ladra.

Hay razas e individuos que tienden a ladrar más y otros que raramente lo hacen. Los
perros que suelen ladrar poco, suelen hacerlo sólo en situaciones alerta o peligro.

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Gruñidos:

También hay diferentes intensidades y los utilizan con propósitos diferentes. La


intención con ellos es mantener alejado al otro animal o persona, el gruñido suele ser
defensivo. Si gruñen mientras ladran añade al ladrido un grado de amenaza.

También hay gruñidos como de protesta cuando nos hemos ausentado por largo tiempo
de casa o si no les damos comida. Aquí no hay amenaza, incluso pueden estar contentos
de que vuelvas, pero tiene un punto de enfado.

Pueden gruñir en el juego o en diferentes situaciones para indicar cierto grado de


malestar o incomodidad.

El gruñido es una comunicación que el ser humano suele castigar e intentar cohibir. Es
importante que el perro pueda comunicar al otro cuando tiene una queja, que algo no
le gusta, una intención si lo que está pasando no cesa. No es una comunicación peligrosa
que haya que cohibir, debemos preocuparnos de que no necesite hacerla, pero si la hace,
se respeta y es esto, lo que hará, es que nunca pase a comportamientos agresivos. Si se
castiga el gruñido, fácilmente el perro puede entrar en conductas agresivas porque los
avisos no han funcionado.

El gruñido solo se utiliza en distancias cortas para dar la posibilidad, al que se le está
dirigiendo el aviso, de que pare o cese.

Hay perros que pueden gruñir unas cuantas veces y pasar a la agresión o perros que
pueden vivir gruñendo toda su vida y no atreverse a pasar de ahí, aunque el lenguaje no
sea respetado. Depende del carácter de cada animal.

Aullido:

Suele estar asociado a soledad, el perro aúlla para atraer a su familia cuando se queda
solo, se ven más en razas nórdicas y lobos checos, en problemas de ansiedad por
separación y por temas de apareamiento.

El aullido es un sonido de largo alcance, que contiene información del perro que lo emite
y su estado emocional y otro perro podrá escucharlo a una larga distancia. Hay veces
que el aullido está orientado a atraer al otro y otras a ahuyentarlo.

Gemidos y gimoteos:

Se oyen a larga distancia porque son muy agudos, los cachorros los utilizan como
llamada de auxilio.

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Hay diferentes tipos de gimoteos. Y hay razas que los utilizan más que otras, es común
en pastores alemanes y perros de presa. Los gimoteos muestran ansiedad, preocupación
o impaciencia con ellos.

Gritos y alaridos:

En ansiedades por separación muy graves en los que el animal teme por su vida, en
dolores muy fuertes y sustos muy grandes.

Suspiros:

Dan a entender placer o decepción.

Jadeo:

En estados de excitación o ansiedad extrema. También jadean por la necesidad del perro
de controlar su temperatura corporal o cuándo tienen sed.

COMUNICACIÓN OLFATIVA
Dentro del sistema de comunicación del perro, el olfato cuenta con una gran
importancia. La memoria olfativa convierte al perro en un excelente rastreador,
pudiendo recordar objetos, personas, lugares u otros animales, no solo por su imagen,
sino por su olor.

La comunicación olfativa puede ser: directa o indirecta.

La directa es cuando dos perros se huelen y se identifican de forma individual, puede


informar al macho del estado reproductivo de la hembra, el estado de salud del otro, los
niveles de ansiedad, si hay miedo y mucha más información.

La indirecta es a través de las heces, la orina, el rastro, pueden sacar la misma


información, incluso puede provocar estados de alerta en el perro que huele, según
estuviera el perro que orinó allí.

Es una comunicación muy útil ya que les envía información sin necesidad de estar
presentes. Un perro huele un pipi y puede saber si acaba de pasar un perro tenso o hace
10 horas que paso, por lo que en el primer caso se pondría tenso y en el segundo no. O

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oler a una hembra en celo que acaba de pasar por ahí y veremos que sube niveles de
ansiedad por las expectativas y nosotros no nos enteraremos del porqué.

Nosotros también vamos dejando este rastro de información por el sitio que pasamos,
la zona que pisamos y todo aquello que tocamos. El perro gracias a este sistema olfativo
sabe mucho mejor que nosotros en qué estado emocional nos encontramos, si estamos
sanos, embarazadas, etc. Este olor en cada persona y animal es único.

Además del olor corporal formado por las diferentes secreciones del organismo, el perro
utiliza un segundo canal de trasmisión olfatoria, basado en la emisión y captación de
unas sustancias químicas denominadas feromonas.

Las feromonas son componentes volátiles elaborados en distintos puntos del organismo
que se encuentran presentes en los fluidos corporales de todos los mamíferos. Las
feromonas producen olores que trasportan información social. Son sustancias químicas
que sirven para comunicarse. Se producen en las glándulas sudoríparas, sobre todo en
las zonas genitales, en el área de la boca y las orejas.

Las feromonas son captadas por una especie de segundo olfato especializado en dicha
función denominado Órgano Vomeronasal, que es un auxiliar del olfato situado entre la
nariz y la boca, especializado en la detección de feromonas.

El Órgano Vomeronasal se dispone en la parte anterior del tabique nasal, en conexión


con el canal incisivo superior, pequeño conducto que pone en comunicación la cavidad
nasal con la cavidad bucal.

Mediante un movimiento de la lengua y de los labios, el perro consigue que una parte
del aire inspirado pase por el canal incisivo, permitiendo su entrada por el órgano
Vomeronasal.

La mucosa olfatoria y el Órgano Vomeronasal recogen los diferentes olores que hay en
el aire expirado y desde aquí son enviadas proyecciones nerviosas al sistema límbico y
según lo que reciba emitirá una respuesta u otra. Es como una máquina perfecta de
análisis químico.

Fuentes de feromonas:

- Heces

- Orina

- Secreciones vaginales

-Excreciones prepuciales, vaginales o anales

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-Glándulas: de la piel, anales y perianales, de la zona alta del dorso, salivares y plantares,
etc.

La función principal de las feromonas es la identificación individual, identificación entre


madres e hijos, del nido, del territorio, estado de salud, sexual o estado reproductor,
celo, miedo, otras especies, etc.

El olfato y las emociones están directamente relacionados, y esto influye en la


comunicación. Al igual que antes decíamos que un perro puede tensarse o preocuparse
por un olor o un rastro, si dos perros se huelen el olor puede tensarlos, aunque a
nosotros nos parezca un perro sociable, lo que emana es algo que ellos pueden oler y
nosotros no. Y lo mismo con personas u otros animales, perros sociables con gatos y a
algún gato no puede ni verlo. Los olores a los que prestan más atención son a todo lo
que tiene que ver con la comida, la sexualidad (si no están esterilizados) y lo que les
provoca miedo o inseguridad.

Las personas no tenemos acceso a este sistema olfativo y muchas veces no podemos
entender su intensidad. Desde ese olfato pueden percibir el mundo de una manera más
precisa, con percepciones a las que nosotros no tenemos acceso, es más complejo y para
nosotros difícil de entender. Por este motivo, a través de los aceites esenciales se puede
llegar a estados emocionales muy profundos.

Por ser un órgano de vital importancia para ellos, si lo pueden utilizar correctamente,
tener rutinas de paseo donde se les permita oler lo que necesitan y explorar,
mantendremos un sistema nervioso sano, perros más equilibrados y reduciremos
enormemente los problemas de comportamiento, estarán más concentrados y
motivados para poder tener aprendizajes y reducimos considerablemente sus niveles de
estrés.

Hay que tener en cuenta que muchos perros, aun teniendo rutinas de paseos correctas,
si no se pueden relajar porque hay miedos o conflictos en el exterior, no utilizaran el
olfato o lo pueden utilizar demasiado, sin levantarlo del suelo para evadirse, pero
tampoco se estarán relajando.

Cómo puede ayudar el olfato a la modificación de


conductas
Seguro que habrás escuchado que el perro puede oler el miedo en las personas, es cierto.
El miedo y cualquier estado emocional. Para un perro equilibrado y adulto, si su persona
está nerviosa, estresada o tiene miedo, podrá ayudarla y compensarla. Pero si tenemos
un perro inseguro, con miedos, un cachorro o perro joven, tener a una persona insegura

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o inestable al lado va a influir negativamente hasta que su persona encuentre un


equilibrio.

Cuando varios perros pasean juntos, si uno tiene miedo mira al otro perro o mira a la
persona, para buscar una referencia. A veces el lenguaje corporal no es suficiente si el
miedo es más intenso y lo que hace el perro inseguro es ir a oler el culo o la zona de las
orejas/boca del otro perro para comprobar que este no huele a miedo ni a preocupación.
Si estamos paseando a un perro inseguro con uno seguro de sí mismo y sin miedos, el
inseguro podrá normalizar los miedos a través del otro, o a través de su persona si es un
buen referente. Si paseamos dos perros con los mismos miedos o en el mismo estado,
entre ellos se refuerzan y el aprendizaje no es el deseado.

Si tienes un perro inseguro y viene una visita que a ti te incomode o te asuste o no te


lleves bien, puede haber reacciones por comunicación olfativa. El perro huele las
hormonas que tu desprendes. O si la persona va preocupada por la calle, por cualquier
motivo, el perro lo huele y lo sabe. Si es un perro protector ya sabemos lo que hará, y si
ya de por si el perro tiene miedos, nos metemos en una situación complicada de
equilibrar.

Cuando tenemos perros con conductas agresivas o reactivas, tenemos que trabajarnos
y tomar conciencia de nuestros estamos emocionales y lo que emanamos, porque estos
estados afectaran en el perro de manera muy directa. Hay que ir cogiendo seguridad y
confianza, porque cuando tienes miedo, te late más rápido el corazón, desprendes
hormonas de miedo, se te dilatan las pupilas, se te tensa la musculatura y esto es
fácilmente perceptible por parte del perro. Si tú tienes miedo, un perro inseguro y con
miedo a personas tenderá a desconfiar de ti. Si el perro con miedo es tu perro, si es
pasivo vivirá con miedos y evitando conflicto, si es activo y/o protector te protegerá de
todo lo que le preocupe a él o te preocupe a ti.

Así que, para ayudar a un perro con miedos, nosotros tenemos que tener los miedos
trabajados. Para que un perro pueda ayudar a un perro inseguro, miedoso o un cachorro,
este debe tener seguridad en sí mismo y autoconfianza porque esto el perro lo “huele”.
Si somos coherentes en lo que hacemos, firmes y decididos y estamos seguros de lo que
estamos llevando a cabo, tendremos muchas más probabilidades de que el perro
inseguro quiera hacernos caso y nos vea como un referente. Y aquí podremos observar
como muchos perros tienen conductas muy diferentes en función de la persona con la
que están en cada momento.

Nuestros estados influyen directamente en los suyos. Si queremos ayudar a un perro es


importante hacer un trabajo de autoconocimiento y crecimiento personal.

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COMUNICACIÓN GESTUAL
En la comunicación y el lenguaje canino existen diferentes niveles de comprensión. Para
ir desgranando más profundamente lo que significa este lenguaje, debemos ir
aprendiendo y entendiendo el lenguaje más directo que tenemos en el día a día, es decir,
su lenguaje corporal.

Para ir indagando en las señales que hacen, debemos entender que todas ellas están
influenciadas por varios aspectos, que pueden ser ambientales, mentales, emocionales,
físicos, circunstanciales y los niveles de estrés y/o ansiedad que tenga el perro.

Cuando empezamos a leer y prestar atención al lenguaje corporal de los perros y su


comunicación en general, al principio hay que estar muy presente y hacer un esfuerzo,
nos cuesta verlo. Pero a medida que cogemos práctica en esta “escucha” activa, ver y
devolver este lenguaje, empieza a ser natural y cómodo. De repente, cuando estas entre
perros todo es más sencillo y natural.

A medida que lo interiorizas, las situaciones empiezan a ser predecibles, sabes que
repertorio de señales dará cada perro en cada situación y como por arte de magia
empiezas a adivinar lo que va a pasar después de cada señal, en cada contexto, en cada
tipo de perro, en cada conflicto…

En un contexto determinado el perro parece tener un protocolo concreto, se va


preparando para intervenir. Cada perro y cada conflicto, con sus diferencias, pero a
medida que vas viendo el mismo contexto en varios perros diferentes, las actuaciones y
el orden de las señales empieza a ser predecible.

El lenguaje corporal en la educación canina


En nuestra forma de educar y trabajar con el perro, este lenguaje es lo más importante,
más que las técnicas de desensibilización, más que la estimulación mental…. La
comunicación correcta y un buen vínculo es la base para solucionar cualquier problema
de convivencia o de compartimiento y lo que le va a permitir al perro vivir tranquilo y
equilibrado.

Todos los movimientos y gestos que hace el perro, se deben ver de manera general,
dentro de un contexto y teniendo en cuenta cada gesto por separado para poder
interpretar de forma adecuada lo que el perro quiere transmitir. La combinación de
algunas señales con determinadas posturas corporales aporta diferentes mensajes.

Para entender correctamente una comunicación perro – perro o perro - persona habrá
que mirarla en ese contexto, pero también teniendo en cuenta el entorno donde se está

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dando, el ritmo de esa comunicación, la intensidad del movimiento y la tensión en el


lenguaje corporal.

Y una vez entendamos que nos está trasmitiendo, siempre buscaremos la manera más
correcta de responderle a este mensaje y hacerle llegar nuestra intención de la manera
más amable posible.

¿Cuál es esta comunicación corporal?


Los perros tienen un gran repertorio de señales. Para intentar simplificar y ser lo más
preciso posibles vamos a agruparlas todas primero en:

Señales de calma

Señales de aviso

Señales de amenaza

La agresión

De esta manera os iréis familiarizando con todas ellas y empezareis a orientarlas hacia
un tipo de comunicación con más o menos tensión. Luego las vamos a ir desglosando
por zonas corporales y de manera individual, para luego introducirlas en una señal más
del cuerpo del perro y ver el contexto en el que suceden.

- Señales de calma:

Bostezar, parpadear, lamerse el hocico (lo utilizan más los perros negros, con mucho
pelo o que tengan poca expresión facial), girar la cara en diferentes intensidades hasta
dar el lado o la espalda, posición de juego (la pueden utilizar frente a una agresión para
bajar la tensión del encuentro), olisquear el suelo u objetos con diferentes intensidades,
caminar a poco a poco (los movimientos rápidos ponen en alerta, sobre todo al perro
con niveles de estrés altos, moverse lentamente ante perros en estados de pánico o
desconfiados con personas), inmovilidad (en momentos de tensión el perro se moverá
lentamente, permanecerá inmóvil y volverá a moverse lentamente, ahí está calmando
una situación muy tensa. Puede pasarnos cuando dos perros se encuentran y van con
correa, quedarse inmóviles con movimientos lentos, erizamiento, etc.), sentarse (para
aportar calma a la situación. Dando la espalda a la situación muestra disconformidad
también, no aprobación), dar la pata, levantar la pata, poner la pata encima del otro
perro (hay varias intensidades), acercarse en curva (varias intensidades en las curvas,
aumentamos la preocupación de los perros inseguros si no se lo permitimos. Nosotros
podemos acercarnos en curva a perros miedos), chasquear los labios y la lengua, desviar
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la mirada, parpadear, orinarse encima u orinar en un conflicto, tumbarse hacia abajo o


tumbarse hacia arriba, interponerse entre perros, hacerse el ocupado, lavarse, pegar
culazos en los juegos….

Hay diferentes posiciones del rabo, de la cabeza y de las orejas que más abajo
concretaremos.

- Señales de aviso:

Chupar las manos, mordisquear las, pararlas con la boca, fijar mirada en ellas o en los
pies o la cara, comunicaciones exageradas como chuparse mucho la nariz, agazaparse
para que el otro le dé espacio y deje de acercarse, cola alta, levantar pata con rigidez,
nerviosismo, tensión física.

- Señales de amenaza:

Lenguaje corporal tenso, dejar de respirar y cerrar la boca, colocarse frontalmente en


una situación de conflicto, aproximarse de manera rápida y directa hacia el otro perro,
movimientos bruscos, rabo alto y tenso o movimiento tenso hacia los lados, orejas en
alerta, fijar mirada a la cara, manos o pies (depende del miedo del perro), inmovilidad
sin respiración, chuparse la trufa a poco a poco o con tensión, ladridos ofensivos, gruñir,
dentellada al aire, enseñar belfos y marcaje leve.

Aquí el perro aún está intentando evitar el conflicto, no hay agresión ni intención, está
esperando que el otro calme o se aleje. Importante no castigar y que este lenguaje salga
reforzado (irse o alejar lo que le preocupa) en casos de agresividad para que el perro vea
que comunicarse si funciona.

- La agresión:

Abalanzarse, recoger orejas en forma de ala delta, marcajes y mordidas (diferentes


intensidades y tipos de mordida en cada raza)

La intensidad de la agresión está influenciada por los niveles de ansiedad del perro, los
dolores físicos, su carácter, la intensidad del miedo y el ambiente en el que se produce.

Una agresión puede ser defensiva, para defenderse, u ofensiva y empezar el conflicto.

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Cuantas más veces se lleve al perro a esta situación de


agresión, menos tiempo tardará en alcanzarla de nuevo
en un conflicto posterior

Es importante hacer caso a las señales sutiles para evitar que llegue a este punto, ya que
antes trató de resolver el conflicto de otra manera, sin ningún resultado.

Ahora os vamos a desglosar y detallar este lenguaje por zonas corporales:

Los Ojos:
Ojos: este sentido en los perros, aparte de para ver y recibir información del entorno,
también transmite información y tiene una gran variedad de sutilezas a la hora de que
un perro se comunique. El ojo de un perro equilibrado, es un ojo con la musculatura del
párpado relajada pero firme, entreabiertos y dónde sólo veremos la pupila y el iris.

El estado de dilatación de la pupila nos puede dar información del estado emocional del
perro ya que, si por ejemplo está completamente dilatada, nos indica que su estado es
de alerta o miedo. En cambio, cuando van a atacar se contraen

Cada raza de perro puede tener los ojos ligeramente diferentes, pero todos pueden
abrirlos más si están asustados, entrecerrarlos como señal de calma…y nos aportará
gran cantidad de información. Después de tantos años trabajando con ellos, creemos
que es de la comunicación que más utilizan y donde más atención prestan.

Todas las razas de pastoreo se comunican de manera más intensa con la mirada, entre
ellas destaca el Border Collie. Un pastor, para que su perro haga lo que quiere sólo tiene
que mirar a la oveja que se sale del rebaño para que el perro pastor la reconduzca. Si
tenemos un perro de estas características debemos tener en cuenta este aspecto ya que
muy fácilmente podemos estar dando indicaciones o reforzando conductas con tan solo
mirarlo, y esto sin ser consciente de ello.

Un perro con seguridad en sí mismo y con grandes habilidades sociales, solo con la
mirada, puede conseguir una infinidad de resultados sin que los humanos se percaten
de ello. Una simple mirada con seguridad puede evitar conflictos.

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1. La mirada es el sentido que más utilizarán para intentar comunicar sus


intenciones. Lo que quieren, lo que temen, lo que les molesta… Lo indicarán con sus
ojos, señalando aquel estímulo con los ojos para luego mirarnos, por ejemplo, para
preguntarnos sobre eso. También pueden querer agua, o salir a la terraza, balcón… esto
lo indicaran señalando lo que quieren con la mirada, para luego mirarnos para que nos
demos cuenta de lo que enfocan, en definitiva, lo que quieren. Con la mirada suelen
señalar “aquello” a lo que están prestando atención y, probablemente, mirarnos a
nosotros o a otro animal para preguntar. Es decir, señalan gran variedad de cosas que
pueden preocuparles, o bien que quieren, o pueden estar preguntando sobre alguna
situación. También pueden fijar la mirada en objetos (donde puede haber obsesión o
insistencia), o a otros animales o personas (donde puede haber miedo o amenaza).

Para entendernos mejor, imaginemos que no pudiéramos hablar, ni señalar con el


cuerpo. ¿Cómo lo haríamos para pedir aquello que queremos? Es sencillo, lo primero
que haríamos, sería mirarlo, ¿cierto? Miraríamos lo que queremos y luego a la persona
que nos lo puede facilitar. O miramos aquello que nos preocupa, para acto seguido
preguntar a la persona o perro que le parece “eso” volviendo a mirar el estímulo en
cuestión.

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2. El movimiento de los ojos, es decir, desviar la mirada, es un movimiento ocular


que suelen utilizar para comunicarse a la hora de saludarse. Por ejemplo, si entramos en
un ascensor donde hay más personas, date cuenta que nunca fijaremos la mirada a
nadie, como mucho haremos un repaso rápido para ver quien hay y luego desviaremos
la mirada, probablemente al suelo o algún objeto. De esta manera, estamos siendo
“educados” con los de nuestro entorno.

También suele ser una forma de indicar algún tipo de incomodidad. Que pueden
intensificar acompañando con un giro de la cabeza.

3. El parpadeo, descartando cualquier dolencia o enfermedad, pueden hacerlo por


varios motivos, uno de los más habituales sería para pedir que la situación baje de
intensidad, para calmarla. Por ejemplo, si estamos acariciando a un perro de manera
inadecuada para él, o bien les estamos riñendo o castigando, muy probablemente vaya
parpadeando a menudo.

4. Algo parecido al parpadeo y que suelen utilizar mucho los gatos que se sienten
seguros y sin miedos es entrecerrar los parpados. Dejan los ojos como en una línea, lo

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suelen alternar con algún parpadeo suave. Tiene el mismo significado que el parpadeo,
con la diferencia que en este caso el perro tiene seguridad en sí mismo y habilidades
sociales. Quizás halláis visto la situación en la que un gato en lo alto de un muro, le está
ladrando un perro y el gato deja los ojos entrecerrados. Es una manera de decirle al
perro que se calme y que baje la intensidad.

También entrecierran los ojos cuando los acariciamos y les es agradable o relajante.

5. Mover las cejas. Mueven las cejas hacia un lado o hacia arriba, a veces
conjuntamente desviando la mirada. Es una señal de calma muy sutil para que pares o
bajes la intensidad.

6. Los ojos redondeados pueden estar mostrando varias cosas:

Que el perro muestre enfado o disconformidad ante una situación. Esta manera de
poner los ojos suele hacerlo un perro seguro de sí mismo.

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Que el perro muestre miedo. Los ojos se abrirán y las pupilas se dilatarán al máximo.
Pueden fijar la mirada o intercalarlo con desviarla. Dependerá de la intensidad del miedo
que tenga el individuo. Esto se puede medir si en ciertos casos podemos verles el blanco
de los ojos, que nos indicará el grado de alerta en el que se encuentra.

Que el perro esté intentando mostrar incomodidad a la vez que intenta calmar la
situación. Suele ir acompañada de orejas en forma de boina.

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Puede ser un gesto de atención, a diferencia de los ojos de miedo, estos tienen la
musculatura de la cara relajada y las pupilas adecuadas a la luz que haya.

7. Fijar la mirada. A veces lo hacen sólo para prestar atención y, si se cruzan con
otra mirada fija hacen señales de calma ya que, seguir fijando la mirada se consideraría
una amenaza. A veces algo les preocupa tanto que no pueden dejar de mirar fijamente,
lo que otros perros pueden interpretar como amenaza por la ausencia de otras señales.
Otras veces indica amenaza, irá acompañado de una leve bajada de cabeza y un cierre
de boca con un lenguaje corporal tenso.

8. Evitar el contacto visual es una manera de mostrar incomodidad, por ejemplo,


si los miramos fijamente o si les incomoda que una cámara les apunte o estamos
manipulándolos y les preocupa. También pueden mostrar indiferencia o evitar un
conflicto mayor. Cuando, por ejemplo, otro perro les ladra y evitan cualquier tipo de
contacto visual.

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En ocasiones pueden ladrar para advertir al otro de que pare, pero evitando el contacto
visual, para que el otro no lo sienta amenazante.

9. Mirar de reojo puede ser una manera de estar vigilando algo en concreto por
parte de un perro tímido o inseguro, pero sin intención de reaccionar, simplemente
observando.

También puede indicar un punto de aviso, una manera de hacer saber al que se le está
mirando de reojo, que pare o baje la intensidad de su conducta. Lo pueden intercalar
con otras señales.

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10. Cuando le vemos el blanco de los ojos a un perro, nos indica que hay altos niveles
de estrés y/o ansiedad en el individuo.

11. Mirar de reojo a una persona o perro, enseñando la parte blanca del ojo, y mirar
a un objeto o comida es una señal de amenaza. Suelen hacerlo cuando están
protegiendo algo. Se medio agazapan sobre el “recurso” se tensan, y te dedican una
mirada de reojo que intercalan con ir mirando el recurso para darte a entender que no
te acerques a ese recurso.

O si le dedican esa mirada a una persona mientras lo están atosigando o dando besitos,
suelen hacerlo mirándote a la cara o de donde proviene lo que le preocupa.

12. Mirada perdida. La pueden utilizar cuando quieres interaccionar con ellos y se
hacen los locos mirando a la nada, con lo cual te están diciendo que no les interesa esa
interacción, o que bajes la intensidad. Lo pueden hacer también cuando están aburridos
o en estados depresivos.

Las orejas:
Los perros tienen orejas de diferentes formas: caídas, erguidas, en forma de corazón,
unos las tienen pequeñas y otras grandes, etc. Tengan la forma que tengan, aparte de
para comunicarse, sirven para captar los sonidos del entorno, son receptores de sonidos
y las pueden orientar y mover para captarlos mejor. Pueden captar un sonido con una
oreja y con la otra hacernos señales de calma a nosotros.

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1. Recogidas hacia atrás. Esta pose de las orejas es un protocolo que los perros
tienen cuando están siendo amistosos y son cordiales con los que le rodean. Lo utilizan
bastante cuando pasean en grupo o cuando los llamas y se acercan a ti. Pero en ciertas
circunstancias pueden estar mostrando incomodidad.

2. Posición erguida. Sería la posición natural de las orejas, puede estar prestando
atención a algo y las moverá independientemente según de dónde esté prestando la
atención. Los perros que tienen las orejas caídas, la base de la oreja queda orientada
hacia delante.

Ambas orejas hacia delante nos indica que el perro está atento, alerta. Puede indicar
cierta amenaza y tensión cuando el resto del cuerpo así lo exprese.

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3. Orejas estiradas hacia arriba Esta posición suele expresar sorpresa con cierta
incomodidad. Como queriendo decir: ¡¡Que estás haciendo!!

4. Posición de ala delta. Nos indica que es posible una agresión. Advierte de las
intenciones si la situación persiste. Es una posición para proteger las orejas, no solo en
una agresión sino cuando corren por matorrales y zona de arbustos.

5. Posiciones independientes:

Con las orejas pueden indicar diferentes mensajes a múltiples posibles receptores. Es
decir, por un lado, puede estar siendo amigable con una persona (poniendo una oreja
en forma de boina) y por otro, en alerta o avisando a un perro poniendo la oreja erguida
en su dirección. Puede añadir la mirada de reojo en esta secuencia.

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La cabeza:
La cabeza, puede dar a entender y hacer variar el significado de otras señales. Es
importante observar la posición para determinar que está comunicando el perro. De
esta forma, vamos a hablar sobre las sutilezas que hay en esta parte del cuerpo.

Posiciones bajas de la cabeza:

1. Gesto de “oler”: bajan la cabeza con más o menos rapidez haciendo como que
huelen, normalmente mirando al estímulo de manera que se asegura que lo reciba. Con
este gesto están pidiendo que el “otro” se comunique, que responda. También pueden
estar asegurándose de que se recibe el mensaje de calma.

Puede hacerse también como gesto de preocupación o miedo, lo podremos ver si sus
patas traseras quedan estiradas preparadas para huir si es necesario o con un lenguaje
corporal más agazapado y de preocupación.

2. Con la nariz en el suelo en general un perro está indicando calma. Es decir, puede
estar simplemente olisqueando, o bien invitando a otro perro a hacer lo mismo. Esta
señal puede estar hecha con alguna intención o puede estar dando ejemplo a otros.

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Esta señal tiene algunas variaciones según otras partes del cuerpo:

· Mirar de reojo al estímulo: aviso sin intención de intervenir

· Mirar de reojo al estímulo con el rabo alto: aviso, con tensión y con intención de
intervenir.

· Quietud tensa: aviso con intención de reaccionar si no para la situación. Si hay fijación
de mirada tendrá intención de agredir.

3. Hacer un pequeño gesto, bajando ligeramente la posición de toda la cabeza, en


dirección al estímulo. De esta manera están amenazando de manera directa. La
intensidad, la tensión, la intención y la manera de gestionar se podrá observar leyendo
el resto del cuerpo. Bajar la cabeza con la mirada fija y tensión corporal es una clara
amenaza. Pero bajar la cabeza, con las orejas hacia atrás y con señales de calma es una
intención de evitar conflicto y calmar al otro.

Posiciones medias de la cabeza:

4. Girar la cara es una manera de comunicarse intentando ser amable, por ejemplo,
en un saludo. También puede ser un gesto de incomodidad o desaprobación de algo.
Esta señal, acompañada de cerrar la boca, es un aviso de que pare una situación,
esperando la respuesta pertinente, aunque de un principio el perro no tiene intención
de reaccionar.

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5. Voltear la cabeza es como un acto reflejo que realizan cuando intentan


comprender algo, normalmente un ruido.

6. En movimiento esta posición media-baja sería una manera relajada de pasear,


concentrado y atento a los olores que pueda encontrar.

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Posiciones altas de la cabeza:

7. Las posiciones en alto en general es que el perro está prestando atención a algo.

8. Mientras el perro va en movimiento y permanece con la cabeza levantada,


puede estar preocupado, controlando, a la defensiva o en alerta. En definitiva, el perro
va buscando posibles peligros y no se relaja.

9. Cuando está sentado estaría en modo vigilancia activa, observando o


supervisando una situación.

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Cuando también está fijando su atención hacia algún estímulo, es posible que esté
pensando si actuar o no. Dependerá del resto del cuerpo.

10. Gestos de abajo arriba como elevando el morro, son gestos que intentan calmar
un posible conflicto. También pueden estar pidiendo que pare una situación. A veces
puede ir acompañada de mirada fija.

Por otro lado, puede significar todo lo contrario, aprobación y aceptación de la situación.
Va acompañada de ojos cerrados o entrecerrados.

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11. Levantar la cabeza y apoyarla encima de otro individuo. Gesto impositivo y


maleducado que puede provocar una reacción si el otro no tiene suficientes habilidades.
En función de cómo lo gestione el otro, este gesto puede detonar en una agresión.

Nariz:
Si el perro está pendiente de olisquear el entorno de forma relajada nos estará dando
información valiosa, nos dice que esa es su prioridad.

Si en cambio está pendiente de observar y estar en alerta con lo que viene nos estará
diciendo que no se está relajando. Su prioridad en ese momento es otra y esto nos da
información a nivel de conducta.

1. Ponerse a olisquear ante un conflicto, es una forma de calmar al otro y evitar en


enfrentamiento. Suele ir seguido de darle el lateral o la espalda al perro tenso y caminar
a poco a poco.

2. Pasar oliendo entre medio de dos perros nerviosos o tensos. Intención de bajar
la intensidad de la interacción y calmar a los otros. Suele ir acompañado de meaditas
cerca para invitar a los otros a oler y así relajar la situación.

3. Oler el suelo o un objeto en una situación tensa o que incomoda, como señal de
calma para bajar la tensión. Oler e investigar no es el objetivo, el objetivo es calmar lo
que le preocupa.

4. “Olisquear el cuerpo” recorriéndolo y dando pequeños toques, es una forma de


dar avisos con la intención de que el “otro” cese su conducta. Puede ser una forma sutil
de parar las intenciones del otro.

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5. “Toque con la nariz” normalmente dirigido a las piernas si es hacia una persona
y en los laterales del cuerpo de otro perro o en la cabeza si es hacia un perro. Es una
forma de avisar, el perro que lo hace, da a entender que está vigilando y advirtiendo. Si
este perro en algún momento considera que hay alguna intención “sospechosa” que él
no considere correcta, intervendrá, está vigilando. Suelen hacerlo perros controladores
y/o impositivos, según la intensidad.

Boca, morro y lengua:


Junto con las orejas y los ojos, el morro es lo que primero percibes en un encuentro
frontal y puede aportar también mucha información. Una boca abierta y relajada, puede
indicar que está contento, pero muy abierta y con pliegue en los laterales es síntoma de
ansiedad. Una boca que se cierra y para la respiración, es una amenaza. Una boca
semiabierta y relajada suele indicar tranquilidad. Una boca con la lengua fuera puede
indicar cansancio o calor, pero si la lengua está hacia arriba, en forma de cuchara, indica
mucha ansiedad.

Un perro asustado suele tener la boca cerrada cuando se ve en peligro y los labios
pueden estirarse como síntoma de tensión y ansiedad.

1. Lamerse la trufa es una señal que tiene varios significados dependiendo de la


situación en la que se muestre. En un saludo es una manera de ser amable, siempre que
vaya acompañada de otras señales de calma. Si, por ejemplo, estamos tocando al perro
y se lame la trufa, es posible que no quiera ese contacto o interacción, por el motivo que
sea, o bien las formas o la zona, no le gustan.

Esta señal la hacen de forma más habitual los perros negros y oscuros porque contrasta
y se ve a más distancia que en perros claros y en perros de pelo largo, que al no poder

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contar con el lenguaje visual porque su pelo tapa la cara, tienen que intensificar las
señales que si se ven a mayor distancia.

Cuando el perro tiene problemas digestivos o dolores físicos, el lamido también es algo
más habitual que puede indicar malestar físico. Suelen ser lamidos más nerviosos y
repetitivos en este caso.

2. Lamer la cara y las comisuras de los labios de otro perro. Lo suelen hacer los
cachorros con la intención de que la madre regurgite la comida, para alimentarse y
calmarse. En las relaciones sociales esta señal está enfocada a calmar al otro si lo ve
tenso o si es un perro joven, en un intento de calmarse a sí mismo a través del otro.
Suele ser un lamido nervioso.

A veces lamen la cara como forma de acicalamiento y de dar cariño al otro, este lamido
es más tranquilo y pausado.

3. Chuparse las patas, morderse las uñas. Puede ser una forma de hacerse el
ocupado para que lo dejen en paz. Pero también puede ser un síntoma de ansiedad
cuando el acicalamiento es excesivo.

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4. Bostezar es una forma de expresar agobio por alguna situación. A veces después
de hacer varias señales de calma, el bostezo es más exagerado para que por fin lo
entiendan.

O pueden bostezar en un intento de calmarse a sí mismos, en situaciones donde


nosotros hemos puesto limites, hemos sido agresivos o impositivos, u otros perros le
hayan avisado o pedido que se calme.

Si el bostezo va acompañado de sonidos en forma de silbidos, indica que los niveles de


estrés están altos.

5. Cerrar la boca, es una forma de avisar de que algo no está bien. Suele ser un
aviso sutil que si no es respondido pueden intensificarlo, gruñendo, por ejemplo, o bien
redondeando los ojos. De un principio no hay intención de reaccionar. En algunos perros
puede ser el último aviso antes de la agresión, unido a inmovilidad física.

6. El mordisco al aire es una advertencia de que si la situación no cesa podría haber


una agresión. Muy probablemente antes arrugó el morro, enseñó los dientes, gruñó y
no le sirvió de nada. Morder al aire sigue siendo un intento de evitar un conflicto mayor.

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7. Con los belfos hacia delante el perro está a punto de gruñir (como una forma de
desaprobar algo, riña), o bien también puede estar a punto de ladrar por el motivo que
sea. A veces solo arrugan el morro y el otro perro ya lo entiende sin necesidad de llegar
al gruñido o ir a más. En esta situación los bigotes van orientados hacia delante.

8. Movimientos sutiles de los belfos es muy parecido a cerrar la boca, pero ahí ya
están dando a entender que su intención es reaccionar ante la situación. No enseñan los
dientes, pero lo pueden acompañar de gruñidos.

9. Levantar los belfos es lo siguiente a los movimientos sutiles, están subiendo la


intensidad.

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10. Abrir la boca es un “para ya” que te estás pasando.

11. Al enseñar los dientes Al enseñar los dientes ya están anticipando una agresión.
Puede ser de manera ofensiva o defensiva. Veremos el resto del cuerpo para poder
determinar la intención. Al enseñar los dientes, están avisando de que los pueden
utilizar para atacar o defenderse.

12. También pueden enseñar los dientes mientras hacen lamidos al aire o trufa, ahí
todavía están dando la oportunidad de evitar un conflicto mayor. Si tu paras yo paro.
Indica que tiene capacidad de autocontrol y no entra en descontrol emocional.

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13. Enseñar los dientes mientras va cerrando la boca. También indica autocontrol,
pero mucha seguridad en sí mismo. Es una amenaza muy directa. Enseñar mucho los
dientes con la boca abierta indica más inseguridad y descontrol.

14. Enseñar los dientes superiores, junto con un lenguaje corporal amigable, es una
sonrisa de ansiedad e indica que el perro está preocupado con lo que puede pasar pero
que va a evitar conflicto.

La cola:
A la hora de interpretar el mensaje de un perro, la cola es de vital importancia. Para la
persona es la vía más rápida de entender en qué estado emocional está el perro y cuáles
son sus intenciones.

Cuando mueven la cola también contribuye en el lenguaje olfativo del perro ya que se
activa y se escampan las feromonas del perro y su información puede llegar a más
distancia.

La cola les sirve para comunicarse, pero también como timón cuando nadan, como
equilibrio mientras corren o saltan, como freno cuando quieren parar de golpe, que la
pueden mover en círculos.

Cada perro y cada raza tiene la cola diferente, los pastores alemanes no pueden subir
mucho la cola por la morfología, pero hay Carlinos que la llevan pegada a la espalda.
Estas diferencias hay que tenerlas en cuenta a la hora de medir la tensión de la
comunicación.

De la cola, en cada contexto, nos dará información la posición, por un lado, y el


movimiento que haga por otro. Un perro más excitado y nervioso moverá más la cola
que uno que siente la misma emoción, pero está tranquilo. Los movimientos cortos y
rápidos tienden a indicar tensión.

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Los movimientos de cola que tienden a ir hacia la izquierda indican tensión y amenaza
mientras que, si tienden hacia la derecha, indican emociones positivas.

Hay perros con las colas amputadas, y habrá que observar el resto del lenguaje corporal
para entender bien lo que está trasmitiendo.

1. Metida entre las patas hacia la barriga nos está mostrando un estado de miedo.
La intensidad de ese miedo lo podríamos medir según lo metida que esté la cola en
dirección a la barriga.

2. La cola recogida muestra incomodidad, inseguridad o malestar ante la situación.

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3. La cola baja en quietud es un perro que está relajado y tranquilo.

4. Cola baja con movimientos leves de lado a lado es una forma de ser amigable.
Suelen hacerlo en saludos. Si este movimiento se prolonga y es continuado están
mostrando incertidumbre, inquietud o preocupación.

5. Cola baja con movimientos rápidos y cortos pueden estar mostrando estados
emocionales de nerviosismo, excitación que pueden estar causados por la propia
preocupación ante una situación.

6. La cola a media altura e inmóvil, nos indica un perro a la expectativa, aunque sin
intención alguna, simplemente disfrutando quizás de un paseo. Es posible también que
vaya acompañado de movimientos a los lados mostrando cierta felicidad o emociones
positivas.

7. Cola a media altura, en movimientos laterales. Están contentos. Cuanto más


rápido el movimiento más intensidad en la emoción o puede estar con niveles de estrés
altos.

8. Cuando la cola, estando a media altura la mueven de manera rápida existe cierta
excitación, nerviosismo, insistencia y hasta cierto descontrol emocional.

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9. La cola en alto y en quietud muestra tensión. A más rigidez y curvatura mayor


tensión. También puede estar amenazando, veremos el resto del cuerpo.

10. La cola en alto con movimientos leves de lado a lado, con vaivén, sin tensión
en el extremo, es de un perro que se encuentra en una situación tensa, pero intenta ser
amigable. También está diciendo que si es necesario reaccionará. En otros contextos
puede estar exigiendo algo y puede haber cierta incertidumbre.

11. La cola en alto con movimientos rápidos pero amplios de lado a lado nos está
indicando que el perro está exigiendo con cierta tensión alguna cosa. En un saludo está
advirtiendo que le tensa la situación, pero intenta ser amistoso.

12. La cola en alto con movimientos rápidos y cortos de lado a lado, con tensión en
el que mueven de la mitad hacia el final del rabo. Es como un movimiento espasmódico.
Aquí la amenaza es intensa, es un perro que está alertando de un ataque directo.

Patas:
1. Si al caminar el perro mueve las patas con soltura, nos está indicando que el
perro va alegre, y disfrutando de ese momento.

2. Cuando levantan una pata, como encogiendo una de las patas delanteras, están
apaciguando e indicando que sus intenciones son buenas. Lo suelen hacer con cosas que
oyen y/o huelen, pero no ven, aunque también la utilizan como manera de darle
intensidad a otras señales.

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En un contexto donde el otro perro está siendo maleducado o insistente, después de


varias señales de aviso, encoger la pata puede ser la última señal de calma antes de
pegar un aviso.

3. Un indicativo de miedo, es la posición de las patas traseras hacia atrás, como


estiradas, están preparadas para la huida en caso de que lo consideren necesario.

4. “Dar la pata” puede indicarnos que el perro quiere parar algo y levanta una pata
delantera a modo de límite. También en otros contextos puede estar exigiendo algo. O
haciéndose el gracioso o como comportamiento aprendido cuando quiere conseguir un
premio o tu atención.

Posición corporal:
A grandes rasgos, un perro que quiere evitar conflicto o es inseguro, se suele hacer
pequeñito, se encoje, recoge la cola, se agazapa, orejas recogidas, ojos entrecerrados…

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un perro seguro o que está dispuesto a defenderse tiende a hacerse grande, se estira,
eleva las orejas, la grupa, la cola…

Estático

1. Encoger el cuerpo, hacerse más pequeño, es una manera de indicar


preocupación, inseguridad o miedo.

2. Ir de frente hacia el estímulo es una manera activa de comunicarse y de hacer


llegar el mensaje de manera directa a algo en concreto.

3. Ir de lado al estímulo es una manera más pasiva de comunicarse, siempre


indicando que sus intenciones son calmar la situación y bajar la intensidad.

4. Ir dando el lado/espalda a la situación el perro está indicando desaprobación,


indignación o también puede estar indicando que quiere alejarse o ir en cierta dirección.
Aunque dar la espalda en un conflicto es una clara intención de evitarlo.

5. Ponerse boca arriba. Si giran la cara, meten la cola hacia dentro suele ser señal
de evitar conflicto y calmar al otro. Si están panza arriba relajados, con la cola suelta y
respiración tranquila, la postura es de relajación y confianza.

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En movimiento

6. Sentarse suelen hacerlo cachorros y perros inseguros cuando la situación parece


desbordarles, necesitan tiempo para asimilar lo que está sucediendo y que no vaya a
más. El sentado no es una postura cómoda para los perros, es una posición de transición
entre el tumbado (relajación) y a cuatro patas (activación). En esta posición dependiendo
de la situación, pasarán a ponerse de pie o a sentarse bien y más cómodo, según cómo
evolucione el momento.

7. Tumbarse es una manera de exagerar el sentado, están pidiendo espacio. Desde


esa postura pueden reaccionar si la situación se intensifica.

También puede ser una manera de hacer presión pasiva, una manera de decir que no
quieren seguir o no quieren ir en esa dirección o de evitar conflicto directo.

8. Boca arriba o de lado, es una postura en la que piden que la situación pare o baje
de intensidad. Por ejemplo, en un juego, el perro que enseña la barriga está pidiendo al
otro que baje la intensidad.

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9. Abalanzarse, poniendo las patas delanteras encima de otro individuo es una


forma de indicar preocupación, acompañada de excitación e inseguridad ante la
situación. Puede ir junto con toques de nariz. Suelen hacerlo perros que gestionan de
manera activa. Es de muy mala educación para otros perros recibir esta forma de
acercamiento.

10. Inmovilidad. Se quedan inmovilices cuando no quieren avanzar o como señal de


calma cuando algo les preocupa. También la suelen utilizar como señal de aviso en una
agresión inminente. Se quedan inmóviles, sin respirar. Esta inmovilidad es una amenaza
que a menudo pasa desapercibida para el ser humano que solo ve que el perro se
abalanzó sin previo aviso.

Orientación del cuerpo:


1. Inclinar el cuerpo hacia atrás, dejar las patas traseras retiradas, indican miedo e
inseguridad, el perro en esta postura está preparado para salir huyendo.

2. Inclinar el cuerpo hacia delante, da a entender interés y confianza.

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Más señales de calma importantes


1. Cuerpo inclinado hacia delante, pecho en el suelo y culo en el aire es señal de
juego. Con esta postura suelen invitar a jugar, bajar la intensidad del juego si está siendo
demasiado intenso pidiendo parones.

También la pueden utilizar para responder de forma amigable a otro perro que esta
tenso para gestionar un conflicto de manera amistosa y evitar enfrentamiento. A veces
pueden hacerla incluso erizados.

2. Aumentar la distancia entre el perro y el conflicto: Como acercarse en semicurva


a la situación, o si van caminando coger distancia en relación a lo que le preocupa. Esta
comunicación es muy importante quien vive con un perro la conozca. Si llevamos a un
perro inseguro y con miedos y expresa preocupación, no podemos aproximarlo a lo que
le preocupa de forma directa, ni obligarlo a llegar, deberemos respetar las curvas y las
distancias de seguridad de cada perro.

Un perro que se ve dentro de una situación de tensión y quiere evitar conflicto irá
cogiendo distancia, entrecerrando los ojos, desviando mirada, girando cara, girando
cuerpo, dando la espalda, si es un juego tenso, pegará un culazo y se irá, a poco a poco,
para no incitar al otro.

Cuando sí o sí tienen que ir atados a nosotros y los metemos de lleno en situaciones que
no saben gestionar, el perro no puede coger esta distancia ni evitar el conflicto
acercándose en semicurva, porque nosotros lo obligamos a ir de frente generando así
un conflicto. Lo que hará será congelarse, se quedará inmóvil. Si no se le permite se
sentará o tumbará para intentar permanecer inmóvil frente aquello que le preocupa. Si
esto se castiga o no se le permite, la siguiente reacción será ladrar para alejar el estímulo
que le preocupa. Así empiezan las reactividades.

3. Caminar a poco a poco y movimientos lentos. Son mensajes de calma. Los


movimientos rápidos y caminar rápido pone al perro en alerta. Con perros con mucho
miedo es muy importante que nuestros movimientos y nuestra forma de caminar sea
lenta, tranquila y predecible.

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4. Interponerse. Cuando hay tensión o mucha aceleración un perro puede


interponerse para calmar la situación. Puede interponerse para frenar a uno de los
perros y bloquearlo con el cuerpo. Esta es la señal que nosotros utilizamos para poner
límites. Más adelante lo explicaremos.

5. Sígueme. Igual que piden algo mirando al objetito y mirándonos. Esta señal es
igual pero cuando captan nuestra atención dan unos pasos como enviándonos a
seguirlos.

6. La monta. Lejos de ser un comportamiento sexual (fuera del celo, claro está)
cuando un perro monta a otro suele ser una situación estresante o que no saben cómo
gestionar o parar. Aunque también se puede dar cuando el perro esta frustrado ante una
situación porque no ha conseguido lo que esperaba.

Señales de estrés y de miedo:


Hay un tipo de comunicación física que no es intencionada, pero a las personas nos
puede dar gran cantidad de información. El perro que se eriza, que dilata sus pupilas, al

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que le tiemblan las piernas o el que se mea encima, no lo hace de forma intencionada.
Es lenguaje corporal, pero es una respuesta del organismo ante el miedo.

De igual forma, hay todo un lenguaje que indica que el perro está estresado o tiene
niveles de ansiedad altos, y este lenguaje nos da mucha información, pero no es un
comportamiento que el perro pueda controlar. Señales de estrés puede ser el sacudirse
o estornudar después de una situación que lo ha estresado, bostezar para auto calmarse,
pero también comportamientos como portar objetos en la boca, destrozarlos, inquietud,
no poder parar de hacer cosas, muchos pipis, escarbar, rebozarse, beber de manera
obsesiva, lamerse, cazar sombras, moscas y comportamientos obsesivos. En el apartado
de estrés profundizaremos en este tema.

¿Como descansa el perro?


Saber cómo y en que sitios descansa el perro nos dará información útil sobre su estado
en la familia. Las posturas a la hora de descansar y de dormir nos dará información
importante:

1. Panza arriba o estirado de lado. Esta confiando y relajado.

2. Encogido. Puede sentir cierta incomodidad o simplemente tener frío. Puede


haber conflictos en el entorno familiar.

3. Estirado tipo esfinge. En alerta, controlando.

4. Debajo de camas, mesas. Preocupado e inseguro. Ahí suelen descansar perros


con miedos.

5. En sitios donde pueden verlo todo. Perro controlando y descansando en


posiciones estratégicas dentro de la casa donde pueda controlar todo lo que viene de
fuera o los movimientos de toda la familia.

Tipos de encuentro entre dos perros:


1. Encuentro correcto y amistoso entre dos perros: Dos perros que se ven,
aminoran el ritmo o se paran, echan las orejas hacia atrás, huelen el suelo o desvían la
mirada y se acercan en semicírculo y esperan el turno para olerse. En el resto de la
interacción, en el resto de la interacción hay un respeto mutuo de las señales y peticiones
del otro.

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2. Perro amistoso y perro en tensión: Uno de los perros emite un protocolo


correcto y el otro emite mensajes de amenaza: tensa la cola, se cuadra, fija la mirada y
baja la cabeza, orejas hacia delante, ausencia de señales de calma... El perro equilibrado
coge distancia con movimientos lentos y haciendo señales de calma, para darle a
entender al otro que evita conflicto. Un perro equilibrado permite la distancia de
seguridad que el otro necesita y no se dirige hacia el otro si la interacción no es deseada.
Por muchas ganas o necesidad que tenga, un perro respetuoso priorizará evitar el
conflicto.

3. Dos perros tensos: Dos perros sueltos tensos pueden lanzarse mensajes de
amenaza mutuamente y acabar gestionando la situación sin escalar el conflicto y sin
agresión. O pueden engancharse con diferentes intensidades, esto vendrá determinado
por la edad, los niveles de estrés de los perros, la intensidad del miedo, la reacción de
las personas, el entorno, si otros perros median bien o mal o meten más tensión.

4. Perro “acosador” y perro equilibrado: El perro acosador es el que por más que
el otro le pide de buenas maneras que pare, este no respeta y sigue en su empeño.
Pueden acosar de forma pasiva siendo insistentes, irrespetuosos, pero sin tensión ni
amenaza, solo con insistencia. También pueden acosar siendo exigentes, amenazantes o
controladores. Si el perro a quien se lo hace tiene habilidades, podrá relacionarse con él,
aunque acabarán siendo corregidos o agredidos por la mayoría de perros que
encuentren, ya que no todos tienen habilidades suficientes para gestionar sin agresión
este tipo de situación. Esto nos lo encontramos en gran medida en la adolescencia, hay
que ayudarles a adquirir habilidades sociales adecuadas y proporcionarles situaciones
seguras donde puedan crecer a nivel emocional y aprender a gestionar la impaciencia y
la frustración cuando el otro no quiere la interacción.

5. Perro equilibrado y perro miedoso pasivo: Un perro equilibrado respetará


siempre las distancias y la inseguridad de un perro con miedo. No iniciará un encuentro
o una presentación si el otro perro no la desea. Le dará el tiempo y el espacio que el otro
perro necesite para sentirse seguro en la situación. Respetará la necesidad del otro en
todo momento.

6. Perro equilibrado y perro estresado. El perro estresado suele relacionarse de


manera nerviosa e incómoda para el resto, a menudo este estado no les permite poder
observar y darse cuenta de todas las señales que los demás peros les hacen. Suelen
buscar maneras de llamar la atención y pueden tener fijaciones a la hora de relacionarse,
como ser muy insistentes, oler el culo del otro de manera invasiva o durante mucho rato,
incluso levantado el culo del otro, no ven las señales de advertencia… Suelen tener
correcciones por parte de los demás perros y por sus altos niveles de estrés (poca
capacidad de concentración y de aprendizaje) no suelen aprender de los errores. Incluso
pueden ir haciendo malas asociaciones y acabar teniendo problemas de agresividad con
otros perros. Un perro equilibrado intenta ayudarlo y calmarlo, si ve que no puede, lo

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ignora o se va. El perro que gruñe mil veces para parar al otro no está gestionando bien
la situación, necesita ayuda. Ninguno de los dos sacará ningún aprendizaje positivo si no
mediamos correctamente en la situación.

Como en todos los aspectos de la vida, que el perro pueda vivir tranquilo y comunicarse
correctamente con su entorno no sólo depende de sus habilidades sociales y el gran
repertorio de comunicación que tenga, sino que también depende de que viva con unos
niveles de estrés óptimos, que se sienta seguro en su entorno y confíe en las personas y
perros de su familia, que se sienta en harmonía, que sienta confianza en sí mismo, que
se sienta seguro y capaz de controlar y gestionar las situaciones que se va encontrando
y que si no lo está, que se sienta correctamente acompañado, que no sienta frustración
ni necesidad de mostrar su enfado al mundo.

Lo más importante de todo, es el vínculo con nosotros y con las personas de su familia,
como nos comunicamos las personas con ellos y que desprendemos a nivel energético.
Porque esto es otro tipo de comunicación, más emocional, más espiritual. Pero nosotros
creemos que está ahí y afecta en la convivencia. Si nosotros estamos enfadados con el
mundo, si vivimos estresados, asustados, a la defensiva, si vivimos frustrados, va a
afectar, no solo a la comunicación con nuestro perro sino a su forma de ver el mundo a
través de nosotros.

En este curso has aprendido a leer y entender el lenguaje corporal de tu perro. En la


segunda parte, te explicaremos como comunicarte tu con él y como hacerle llegar los
mensajes, los límites y la información que necesitas de forma que el entienda, sin
castigos, ni correcciones. Esto es importante para que la convivencia sea fluida y sencilla,
el vínculo sea fuerte y no haya tensiones ni conflictos en el día a día.

COMUNICACIÓN PERSONA-PERRO
Comunicación oral
Os invitamos a observar cómo las personas nos dirigimos a los perros. Parece que
siempre estamos enfadados con ellos, intentando parecer autoritarios para que sepan
quien manda. ¿Os imagináis poneros en su lugar? Las personas son hostiles. Cuanto
daño ha hecho la teoría de la dominancia.

Como ya hemos comentado anteriormente, su percepción auditiva es mucho más


elevada que la nuestra, no hay necesidad de gritar para darle comandos a los perros. Ni
poner tonos rígidos y autoritarios para que nos hagan caso. Ellos nos oyen de sobras si
hablamos bajito.

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Con el tono de voz, anticipamos lo que viene luego. Si llamas al perro de forma
autoritaria el perro anticipa un castigo, por lo que se acercará lentamente, olisqueando
y “haciéndose el loco”, por lo que suele recibir castigo y gritos por parte de su persona
porque no ha venido rápido. Este es un ejemplo de cómo castigamos la comunicación y
como nosotros mismos creamos los problemas de convivencia.

Si educas con respeto en el día a día, llamas a tu perro de forma amigable y al llegar
recibe cosas buenas: voz amable, juego, caricias o premio, el perro vendrá muy rápido
cada vez que lo llames. Utilizar el mismo tono agudo y bajo, sería lo adecuado para
pedirle cosas ya que es el que utilizamos cuando lo premiamos. Hay que tener en cuenta
que un perro con niveles de estrés altos y/o miedos, no es que no obedezca a la llamada,
seguramente ni te oye, hay que solucionar los problemas que crean ese estado.

Los perros agradecen el silencio. A la hora de relacionarnos con ellos, deberíamos


tenerlo en cuenta. Dejar de hablarles y explicarles nuestra vida. Dejar de darles ordenes
constantemente y dejarlos ser, relajarse y poder aprender a tomar decisiones sin
depender constantemente de nuestra aprobación.

En definitiva, para que puedan vivir más tranquilos, algo importante es dejarlos en paz
y dejar de hablarles. Y cuando les hablemos o pidamos algo, hacerlo en tono amigable,
tranquilo y respetuoso. Esto fortalece el vínculo mucho más de lo que os imagináis.

No os ha pasado nunca que si alguien no para de hablar acabas por no escucharle ni


prestarle atención. Pues a ellos les pasa algo parecido con nosotros.

Nuestro lenguaje corporal


En relación a nuestro lenguaje corporal podemos ayudarles con varias señales que para
nosotros son fáciles y cómodas hacer:

- Girar la cara y volverlos a mirar. Funciona muy bien cuando nos preguntan qué
pasa con eso que tienen delante o un ruido o algo que les ha preocupado.

- Agacharnos y dar el costado o la espalda a eso que les ha preocupado. Funciona


igual que la anterior, sólo que es más intensa y funciona mejor para perros que no están
habituados a que su persona se comunique, es un mensaje más claro y evidente para
perros más alterados. O para perros estresados o con mucho miedo. Interponernos con
el cuerpo entre medio, nuestra mano o brazo en situaciones de preocupación o de
tensión para darles a entender que no pasa nada y que estamos pendientes de la
situación.

- Señalar el suelo en situaciones de tensión para invitar a oler, invitar a la calma y


darles a entender que estamos presentes y todo está bien.

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- Movernos poco a poco. En presencia de perros con muchos miedos o reactivos


al movimiento. Pero también en los paseos, ir a poco a poco en situaciones donde ellos
están preocupados es enviar mensajes de tranquilidad. Moverte rápido es enviar
mensajes de alerta.

- Desviar la mirada o la cara cuando nos encontramos en el pasillo, etc.

- Saludarlos agachándonos, no dirigiéndonos a ellos de forma frontal si no lateral


y mostrarles las manos antes de acariciarlos para que sepan cual es nuestra intención y
ver que responden ellos.

- Manipularlos correctamente de forma lenta, suave y predecible y parar siempre


que ellos hagan señales de calma, aunque luego tengamos que seguir.

- Interponernos o pararlos con el cuerpo. Si un perro está siendo pesado o


irrespetuoso con otro o si está amenazando. Sin hablar, sin tocar, solo bloqueando hasta
que el perro pare su conducta y se comunique con nosotros.

- En situaciones con niños pequeños, personas adultas o perros que no se sepan


comportar, estar siempre presentes, que se sientan apoyados e intervenir de forma
correcta siempre que ellos lo necesiten. Con niños pequeños es importante que
mediemos entre ellos y les paremos a los niños cada vez que el perro no lleve bien algo
o lo esté estresando.

- Hacerte el ocupado. Cuando tengamos a un cachorro o adolescente llamando la


atención.

- Bostezar. Si te sale de forma natural, para pedirle calma a un perro nervioso.


Nosotros no lo utilizamos, pero si sale natural puede funcionar.

- Chasquear la boca cuando ellos están a gustito, para devolver el feedback.

- Intentar aportar calma siempre desde nuestro lenguaje. Tranquilidad, seguridad


y ser predecibles y respetuosos.

Hay que tener en cuenta que la falta de naturalidad y la incomodidad a la hora de hacer
nosotros algunas señales de calma, pueden resultarles inquietantes. Si nos ven haciendo
señales de calma de manera poco natural, podemos crear una tensión o conflicto donde
antes no lo había, pero, aunque nos mirará preocupado, el perro verá que nuestra
intención es solucionarlo de manera amistosa.

Una vez conocido este lenguaje, nuestro trabajo consistirá en respetarlo, responderlo e
infundirles la confianza necesaria para que se atrevan a utilizarlo. Infundirles confianza
sobre todo si ya se ha generado un problema entorno a él. Respetar su lenguaje y
entender sus estados emocionales para que ellos tengan la seguridad de que van a ser

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comprendidos, para que no renuncien a él y puedan vivir tranquilos y en armonía con


nosotros y los demás perros.

En la convivencia, podemos ayudarles mucho a relajarse moviéndonos de forma


tranquila, sin correr, evitando hacer ruidos, hablándoles poco, dándoles caricias
tranquilas, agachándonos cuando estén asustados, mostrarles las manos antes de
acariciarlos para ser previsibles, o enseñarles el collar o el mosquetón de la correa antes
de ponérselo para mostrarles nuestra intención. Pero, sobre todo, responder a las
señales de calma y darles feedback cuando nos están pidiendo ayuda o preguntando
que tienen que hacer en las situaciones que lo demanden.

Por ejemplo, nuestro perro ladra para avisar de los ruidos que hay fuera en el rellano, al
otro lado de la puerta o a cualquier ruido del jardín. La forma correcta de acompañarlo
y actuar de manera que él entienda sería dirigirnos con calma hacia donde el perro nos
indica que pasa algo, hacer como que miramos o escuchamos para luego comunicarnos
con el perro con señales de calma (girar la cara o agacharnos), dándole a entender que
todo está bien. Si no tenemos vinculo, si esta estresado, si lo está haciendo como
conducta aprendida o lo hemos reforzado durante mucho tiempo por callarlo o porque
con este comportamiento ha estado llamando la atención, primero, pararemos el
comportamiento interponiéndonos con el cuerpo y bloqueando la reacción, sin hablarle,
sin tocarlo ni manipularlo, hasta que cese de ladrar y nos mire, y a partir de aquí
empezaremos a responderle con lenguaje corporal si ha cesado su ladrido.

Resumen
Esta sociedad está “obsesionada” con enseñar al perro quien manda e imponer aún más
nuestra voluntad y nuestras necesidades por encima de las suyas, en vez de respetar al
máximo ese animal con unas necesidades diferentes a las nuestras. En su educación
deberemos buscar la manera amable para hacerles entender que es aceptado y que no,
lo que necesitamos de ellos, pero permitirles el máximo de respeto y libertad,
asegurando cubrir todas sus necesidades. Viven donde les imponemos, comen lo que
nosotros queremos, cuando queremos y las veces que queremos, mean y cagan cuando
nosotros decimos y les permitimos, juegan a lo que nosotros queremos, pasean por
donde a nosotros nos va bien, y encima se les riñe por todo… Aprendamos, mediante
empatía, a entender lo que necesitan, un poquito más allá de sus necesidades básicas
mínimas. Así podremos entender el porqué de tanta frustración y reactividad en los
perros, la frustración tiene un papel importante aquí.

Os invitamos a educar con paciencia, con coherencia y con respeto, siempre estando
tranquilos y buscar soluciones amables a los conflictos. Solo así, los perros aprenderán
de sus errores y lograrán entender lo que se espera de ellos sin perder la confianza en ti

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y sin miedo a recibir castigos ni a ser asustados. Cuando en la convivencia no hay castigos
ni correcciones, cuando ponemos límites solo en situaciones necesarias, el perro los
aceptará mejor y tendremos muchas menos posibilidades de que se metan en líos. Si
quitamos castigos y correcciones estamos quitando frustración y tensión a su vida.

La comunicación en la convivencia con un animal de otra especie es de vital importancia,


en nuestras manos esta aprender cada día más sobre ella. Y si, en vez de controlar e
imponer, nos comunicamos y les damos la posibilidad de elegir y de crecer, esto les
permitirá ser la mejor versión de ellos mismos. Que los respetemos les permitirá vivir
tranquilos y les dará también mayor seguridad en sí mismos, les permitirá mantener una
autoestima fuerte y sentirse bien consigo mismos. Démosles libertad para gestionar y
ayudémosles cuando lo necesiten. Dejémosles crecer y desarrollarse sin controles
innecesarios, sin anularlos ni cohibirlos.

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ESTRÉS Y ANSIEDAD
El concepto de estrés en el mundo canino no es el estrés al que nos referimos las
personas cuando tenemos mucho trabajo, tenemos preocupaciones o vamos
desbordados. Al perro le suben los niveles de estrés (cambios hormonales) al estar en
contacto o en situaciones con estímulos que le producen miedo e inseguridades y
algunos estados emocionales.

¿Qué es el estrés?
El estrés es un mecanismo que activa al perro a buscar solución o adaptarse a una nueva
situación o exigencia. El estrés es algo normal y útil para la supervivencia, de manera
natural suben los niveles de estrés cuando el perro tiene que cazar, hacer frente a un
peligro para huir o atacar. Ante una exigencia biológica o física, genera estrés, y el
cuerpo del animal reacciona fisiológicamente. El estrés puede darse desde dentro,
cuando el perro tiene una exigencia o expectativa, o desde fuera cuando es el entorno
quien somete al perro.

Los perros tienen nuevas exigencias a menudo en el día a día y siempre y cuando sepan
gestionarlo, estos niveles de estrés, si son correctos y si el animal lo controla
adecuadamente se le llama estimulación o eutrés (estrés positivo). El estrés es
perjudicial cuando es intenso o se produce durante un tiempo muy prolongado.

Pero cuando las situaciones que les dan miedo, que los alteran, los excitan, no les gustan,
les incomodan, les causa dolor o les causa malestar, se producen a menudo o la
respuesta de su organismo a estas situaciones es desmesurada, nuestro perro tendrá
subidas de estrés que, si se producen a diario, se convertirá en una patología, entonces
tendremos un perro con ansiedad.

Si el subidón de estrés es puntual, el perro se repone, descansa, lo desfoga corriendo,


jugando, mordiendo objetos, olisqueando, haciendo agujeros…y seguirá con una vida
normal, pero si esta subida de estrés es habitual y el perro pasa a vivir en un estado de
ansiedad, tendrá dificultades para relajarse, para gestionar situaciones y verá peligros
donde no los hay. Si va unido a miedos, los intensificará, inducirá a estados de tensión y
alerta y estará a la defensiva o preocupado por todo su entorno. Si el problema se va
empeorando, llegará a tener conductas obsesivas, nerviosismo, falta de modales,
lamidos excesivos, ladridos constantes, ansiedad con la comida, destrozos, estereotipias:
chupar objetos, perseguirse el rabo, conductas de caza exageradas, perseguir moscas,

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sombras, etc. El estrés se convierte en ansiedad en el momento en que empieza a privar


al cuerpo de los recursos necesarios. La ansiedad activa los mecanismos de lucha y de
huida, disminuye los umbrales de miedo y de frustración.

Si no ayudamos al perro a superar sus miedos e inseguridades, si no normalizamos sus


rutinas, la convivencia y su día a día, tendremos un perro cada vez más nervioso, que
reacciona ante cosas que no deberían darle miedo, que no sabe comportarse, ni atiende,
ni se concentra, que puede empezar a tener comportamientos agresivos y/u obsesivos….
Por lo que se altera la convivencia y cada vez surgen más problemas de conducta.

El estrés agudo
Cuando un perro experimenta un acceso repentino o agudo de estrés o miedo, la
amígdala se ve bombardeada con señales excitatorias, y, a su vez, ella estimula al resto
de la mente y el cuerpo para activar los procesos de emergencia.

La adrenalina se libera en el torrente sanguíneo cuando el perro está asustado. El


corazón late más fuerte y el flujo sanguíneo se dirige de la piel y los intestinos hacia los
músculos para así estar preparado para la lucha o la huida. La noradrenalina y la
dopamina se secreta en la corteza prefrontal. La mayor actividad de estos
neurotransmisores es en la corteza prefrontal y provoca una suspensión temporal de la
función propia de esta, responsable del aprendizaje y los procesos de pensamiento más
complejos.

Cuando un perro se ve afectado de manera aguda por estímulos estresantes, una ola de
sustancias químicas inunda su cerebro. En estas condiciones, su umbral para responder
de forma reactiva o agresiva es más bajo y su capacidad relacional, incluida cualquier
estrategia aprendida para afrontar situaciones difíciles, se inhibe. El perro está
preparado para luchar o huir. El cuerpo está en alerta roja. Esto es bueno si realmente
existe una situación de emergencia, pero a menudo no es así. Las respuestas al estrés
agudo obligan a los perros a pagar un precio muy alto.

El estrés crónico
El estrés crónico puede ocurrir con una presentación más gradual del estímulo
estresante o puede ocurrir después de que el cuerpo no haya logrado sostener una
respuesta al estrés agudo. En este último caso, la ola de sustancias químicas que provoca
la respuesta al estrés agudo se mantiene hasta que se agotan estas sustancias químicas
en el cuerpo. Durante esta respuesta al estrés, el cuerpo se mantiene en un estado de
emergencia durante un periodo prolongado y agota recursos valiosos como los que

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afectan a la salud del sistema inmunitario, el crecimiento, el endocrino y el aprendizaje.


La serotonina se almacena en el cerebro y se convierte en melatonina, que nuevamente
se vuelve a transformar en serotonina. Este proceso de conversión es el que configura
el reloj cíclico que marcan los períodos de sueño y vigilia. En este proceso están también
profundamente involucrados los mecanismos de coordinación de temperatura, el
cortisol, la hormona más importante del cuerpo en la lucha contra el estrés y los
procesos reguladores de los ciclos de vigilia. Aquí nos interesa especialmente el cortisol.
Cuando la secreción de cortisol es muy alta, el cuerpo está preparado para hacer frente
al estrés. A medida que el estrés es continuo, la serotonina, la noradrenalina y la
dopamina se van agotando. Cuando se agotan, también se termina la función de
producción de endorfinas. Las endorfinas son las sustancias químicas que el cuerpo
produce para aliviar el dolor. La noradrenalina es la responsable, entre otras cosas del
nivel de energía del perro. Por estrés, el cuerpo bloquea el gasto de energía y se genera
un estado de letargia y depresión, se compromete el sistema inmune. Se deteriora la
capacidad de aprendizaje y, posiblemente en edades avanzadas, la función de la
memoria. El cuerpo sólo puede operar por cierto tiempo antes de bloquearse
completamente. A medida que el estrés continua, el agotamiento resultante provoca
trastornos en los patrones del sueño, dificultad para pensar claramente, trastornos en
la actividad racional de la mente, hipersensibilidad al dolor, dificultades de aprendizaje
y la incapacidad de experimentar placer o sensaciones gratificantes. Y ahora nos
podemos poner en la piel de los perros que llevan años en refugios con niveles altes de
estrés.

En la respuesta al estrés crónico el cuerpo se bloquea. El perro puede llegar a


experimentar dolor crónico y estado de letargo. A menudo, los perros que viven en un
entorno de castigo sistemático viven continuamente en una respuesta al estrés crónico.

¿Qué es la ansiedad?
Es ese estado en el que entra el perro cuando no tiene suficientes reservas biológicas
para satisfacer el coste biológico de la respuesta ante el estrés y debe desviar recursos
que deberían estar destinados a otras funciones biológicas (crecimiento, aprendizaje,
apoyo al sistema inmune, sistema endocrino…) por lo que se deteriora el bienestar
general del perro.

Según las diferencias individuales de cada perro, puede haber diferencias entre lo que
llega a ser ansiedad para un animal y no para otro. Algunos perros pueden estar
genéticamente predispuestos a estar más calmados y emocionalmente más
equilibrados bajo la influencia de la función límbica y el tono parasimpático, y otros, en
los que domina el tono simpático, presentan mayor sensibilidad y reacción a los
estímulos, son más propensos a generar reacciones de miedo-paralización-huida.

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El sistema nervioso simpático y parasimpático


El sistema nervioso simpático es una de las divisiones del sistema nervioso autónomo.
Regula de forma involuntaria numerosas acciones, entre ellas la contracción de
los músculos lisos y la secreción de muchas glándulas. Sus efectos son generalmente
opuestos a los del sistema nervioso parasimpático. Los neurotransmisores más
importantes del sistema simpático son la adrenalina y noradrenalina. Su acción principal
está relacionada con una respuesta de lucha o huida ante estímulos externos que
puedan poner en peligro al organismo, por este motivo aumenta la frecuencia y fuerza
de los latidos del corazón, dilata los bronquios del pulmón, dilata la pupila, aumenta
la presión arterial, dilata los vasos sanguíneos que aportan sangre a los músculos de
todo el cuerpo. Este conjunto de acciones puede considerarse como una preparación
para la lucha o huida, pero se desencadenan de forma automática ante cualquier
estímulo intenso, como un sobresalto, un dolor punzante o una situación generadora de
ansiedad.

El sistema nervioso simpático actúa sobre numerosos órganos y sistemas:

Sistema cardiovascular. Aumenta la frecuencia y fuerza de las contracciones del corazón,


por lo que este órgano es capaz de bombear mayor cantidad de sangre por minuto.
Aumenta la presión arterial al disminuir el calibre de las pequeñas arterias que llevan
sangre a la piel y otros órganos, sin embargo, dilata las arterias que aportan sangre a los
músculos, con lo cual estos reciben mayor cantidad de oxígeno y pueden realizar un
trabajo más intenso.

Aparato respiratorio. Dilata los bronquios del pulmón, facilitando de esta forma que el
aire inspirado llegue con mayor facilidad a los alveolos pulmonares que es el lugar donde
se produce el intercambio gaseoso con la sangre.

Ojo. Produce la dilatación de la pupila (midriasis).

Aparato digestivo. Disminuye la contracción de los músculos lisos que se encuentran en


la pared del tubo digestivo. Esta acción disminuye el peristaltismo y hace que el proceso
de digestión sea más lento. Al mismo tiempo aumenta el tono de los esfínteres, entre
ellos el esfínter anal.

Glándula suprarrenal. Estimula la producción de adrenalina por las glándulas


suprarrenales. La adrenalina así liberada actúa a su vez sobre los restantes órganos.

Tiene lugar por determinados estímulos emocionales o dolorosos muy intensos que
producen a través del hipotálamo una activación del sistema simpático en todo el
organismo. El cuerpo se prepara de esta forma para desarrollar una importante
actividad muscular, aumenta la presión arterial, aumenta el flujo de sangre a los
músculos y lo disminuye a otros órganos no vitales, sube la frecuencia cardiaca como

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preparación para una actividad física agotadora y aumenta el metabolismo celular y la


producción de glucosa.

Este sistema es el encargado de preparar al cuerpo ante una situación de huida o


emergencia, haciendo que las pupilas se dilaten y los latidos del corazón se aceleren
para enviar sangre a las diferentes partes del cuerpo que pudieran necesitarla.

El sistema nervioso parasimpático forma junto con el sistema nervioso simpático,


el sistema nervioso autónomo, que controla las funciones y actos involuntarios. Está
integrado por varios nervios que nacen del encéfalo y otros que surgen de la médula
espinal a nivel de las raíces sacras.

La activación del parasimpático provoca, entre otras acciones, disminución de


la frecuencia cardiaca y de la fuerza contráctil del corazón, contracción de
la pupila (miosis), estimulación del peristaltismo intestinal, relajación de los esfínteres
gastrointestinales, broncoconstricción, relajación del esfínter uretral y contracción del
músculo de la vejiga urinaria.

Su función es la de recuperar el estado normal del organismo tras un esfuerzo o situación


de estrés, siendo así la antítesis del sistema simpático.

* Una parte del contenido técnico hasta aquí se ha extraído del libro: Neuropsicología canina. Introducción al sistema nervioso, el

estrés, la emoción y la reducción del estrés, Dr. James O´Heare. Kns Ediciones, recomendamos su lectura para profundizar y ampliar

conceptos.

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¿Qué situaciones les genera estrés?


- Miedos/inseguridades. Estar ante el estímulo que lo desencadena

- Nuestros enfados, castigos y correcciones

- Nuestros comportamientos nerviosos y poco previsibles

- Acontecimientos que ocurren a gran velocidad o que no son predecibles

- Cambios en el entorno o rutinas

- Cuando se sienten incapaces de solucionar una situación

- Amenazas nuestras o de otro animal

- Tirones y correcciones con la correa

- Empujarlo y forzarlo a hacer cosas con nuestras manos

- Poco o demasiado ejercicio

- Poca o demasiada actividad y estimulación mental

- Paseos inadecuados, no dejarles olisquear, tensión en la correa, collares de


ahorque, pinchos, eléctricos, etc.

- Excesivas exigencias en la convivencia

- Excesivo ruido o discusiones, peleas y violencia en su entorno, ya sea de la familia


humana o de los demás animales con los que vive

- Juegos excitantes mal gestionados: de pelea, mordedores, perseguir objetos

- Que siempre se les esté molestando y dándoles “afecto”, imposibilidad de


relajarse

- Manipulados incorrectos o manipulados básicos si el perro tiene problemas con


ellos

- No atender a sus señales

- Cambios no previsibles o repentinos en su día a día o en la convivencia

- Soledad

- Aburrimiento

- Estados permanentes de control o protección

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- Falta de rutina en el día a día, frecuencia de novedades y de cambios (cambios


de trabajo, de hogar, llegada de bebe, obras en el edificio, etc.)

- Hambre

- Sed

- Frio o calor excesivo

- Cuando sienten dolor, malestar o incomodidad (articulaciones, dolor de oídos,


ruidos de chapas en el collar, arneses puestos, etc.)

- Educación o adiestramiento incorrecto o muy exigente

- Un mal referente que sea imprevisible y no indique bien al perro lo que se desea

- Las expectativas no cubiertas. Estados de frustración y competición

El dolor como fuente de ansiedad


Pocas veces se tiene en cuenta el dolor como fuente de estrés crónico. Al igual que las
personas, un perro con dolor crónico se muestra más irritable, menos paciente y más
tenso cuando presenta un dolor o malestar permanentemente.

En Educación Canina hay que tener los dolores muy presentes, porque si pretendes bajar
niveles de estrés, trabajar miedos o cualquier problema de conducta sin paliar o eliminar
la fuente de ese dolor o malestar, no conseguiremos buenos resultados. Esto toma
especial importancia cuando hablamos de problemas de agresividad. En perros que
presentan conductas agresivas lo primero a tener en cuenta es hacer una revisión
veterinaria o estar muy pendiente a cualquier síntoma de dolor en el perro para poder
buscar soluciones y paliarlo.

Llevamos muchos años rehabilitando perros de protectora de difícil adopción por


problemas de conducta y la gran mayoría de perros que han tenido conductas agresivas
tenían diferentes patologías veterinarias que cursaban con dolor.

Los problemas articulares, de huesos y musculares se pueden detectar fácilmente


mediante observación. Si atendemos a las formas de caminar, de correr, de levantarse,
cuando los cepillamos o los acariciamos si atendemos a su comunicación, el perro nos
dará mucha información.

Pero a veces tienen problemas en los oídos, a diferentes niveles, puede ser que ladeen
la cabeza o la sacudan o se rasquen mucho el oído.

A veces se lamen a nivel externo lo que les duele a nivel interno.

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A veces están muy inquietos y mean mucho, si con una reducción de estrés sigue
pasando, hay que hacer analítica de orina o mirar riñones. Si sacan el glande al orinar o
defecar, es síntoma de dolor. Puede tener diferentes causas y hay que buscarlas.

Hay perros que meten la cabeza en esquinas o pegan la frente a la pared, es un síntoma
de dolor en la cabeza.

Hay perros que caminan erráticos, sin sentido o deambulan. Revisar si puede haber
déficit cognitivo o cualquier problema físico.

Es importante ponerte en manos de un buen veterinario y trasmitirle todos los síntomas


y comportamientos del perro ya que lo que para a ti puede ser insignificante, para el
veterinario puede ser una gran pista para saber qué le pasa. Y si crees que el perro tiene
dolor y no se lo encuentran, no abandonar y seguir buscando opiniones y acudiendo a
diferentes especialistas. A veces hemos necesitado 5 veterinarios hasta encontrar la
causa del dolor en un perro.

Una vez diagnosticado el problema, hay que buscar la manera de reducir el dolor o
malestar. A veces la solución son los fármacos y tratamientos veterinarios y también hay
muchas alternativas naturales para reducirlo y paliarlo.

Cómo detectarlo
Podemos saber si nuestro perro tiene niveles de estrés altos si presenta algunos de estos
síntomas físicos o de comportamiento:

Síntomas físicos:

Si tiene caspa o alergia, mal olor corporal y de aliento, musculatura tensa, trufa o piel
seca, jadeo, rascado excesivo, respiración entre cortada, temblores, tiene diarrea o
vómitos a menudo, hace sus necesidades con más frecuencia de lo normal, pérdida del
apetito o ansiedad con la comida, caída y/o pérdida de pelo, a menudo tiene
conjuntivitis y otitis, sistema inmune débil en general, etc.

Síntomas de comportamiento:

Hiperactividad, nerviosismo, si reacciona excesivamente a los acontecimientos y


situaciones (perros acercándose, teléfono, timbre…), se rasca, se lava, se mordisquea o
se sacude a menudo, repite comportamientos que no tienen lógica, destroza objetos,
ladra o gimotea a menudo, aúlla, comportamientos compulsivos como intentar
morderse la cola o las patas, dificultad para concentrarse, exceso de señales de calma,
muestra fijación por ciertos objetos (luces, moscas, pelotas, sombras…), reacciones
exageradas a los ruidos, aumento de miedos, perseguir bicis en movimiento, personas

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corriendo, patinetes, niños, gatos, etc., ansiedad por separación (cuando es evidente y
cuando pasa desapercibida), mala conducta higiénica, “desobediencia”, gruñidos,
agresiones, etc.

Emociones vinculadas al estrés


Las emociones son la causa principal de los niveles de estrés, ya sea que las causen
estados emocionales o estímulos externos.

Las emociones son la fuente de la respuesta física. Es decir, cuando un individuo genera
cierta emoción, ésta se convertirá en la principal causa de la respuesta física que surgirá.
El cuerpo reaccionará según la gestión emocional de cada individuo y cabe decir que,
puede ser igual de perjudicial una emoción positiva que una negativa. Ya que, si esa
emoción se repite, se intensifica y se alarga en el tiempo, puede llevar a la dependencia
de ese estado emocional y las hormonas que lo acompañan. El juego a pelota es un claro
ejemplo de cómo un “emoción positiva” se convierte en algo negativo.

Emociones básicas que causan estrés:

La angustia

La frustración

El miedo

Diferentes percepciones de un mismo estímulo


Ante las diferentes situaciones en las que se puede encontrar un individuo, es
importante comprender que la percepción que tenga cada cual, es decir, aquello que
piensa sobre lo que sucede, hará la diferencia ante la respuesta que dará y las
consecuencias que conllevará.

Los condicionamientos, la predisposición al aprendizaje, las experiencias vividas, la


información recibida, los miedos, inseguridades… configurarán la forma en la que
percibirá el mundo y su respuesta ante él. Por eso, ante un mismo estímulo, cada
individuo podrá dar respuestas totalmente diferentes. Subiendo más o menos los
niveles de estrés.

Por ejemplo, si presenciamos una pelea entre dos perros que se hacen daño, una
persona puede vivirlo y reaccionar desde la pena, desde la rabia, desde la impotencia o

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la frustración o puede que ni siquiera le importe y siga su camino. La pelea es neutra,


cada uno la vive diferente y reacciona a ella de forma diferente.

Diferentes gestiones del estrés


Una vez tenemos un perro que ha sufrido un subidón de estrés, podremos observar que
cada cual lo gestiona de maneras muy diversas. Esto podrá depender en gran medida de
la raza, pero también hay aspectos propios de cada individuo que determinarán la forma
en la que gestione el estrés, o si el individuo presentaba ya de por sí, niveles de estrés
altos antes del subidón. Estas formas de gestionar el estrés son utilizadas para volver a
equilibrar su estado emocional, físico y mental:

- Aceleración

- Nerviosismo

- Obsesiones y/o fijaciones

- Morder objetos

- Exaltación

- Descontrol emocional

- Llamadas de atención

- Exceso de señales de calma

- Ladridos excesivos

- Sacudirse

- La monta

Aunque la intención sea volver al equilibrio con estas conductas, hay perros que, con las
formas de gestionar anteriores, no lo consiguen. Ahí debemos intervenir para ayudarles
a encontrar la manera adecuada de volver a un estado de homeostasis, de equilibrio y
calma. Aquí, ayudarles a encontrar esta calma a través del olfato, sería la manera
adecuada de lograrlo.

Cuando el perro está gestionando un pico de estrés, es posible que se haya reforzado
dicho estado alterado. Es decir, cuando, por ejemplo, un perro ladra, o muerde algún
objeto, o llama la atención, etc. es posible que personas, perros u otros animales hayan
actuado de manera que el estado emocional de ese perro se acentúe, se prolongue en
el tiempo e incluso que se convierta en una conducta aprendida y la forma habitual en

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la que el perro gestione el estrés. Que muy probablemente no sea la adecuada para
volver a un estado de calma.

El estrés asociado a cada raza


En el grupo de razas que asociamos a las diferentes etapas de la caza, podemos ver que,
la forma de gestionar el estrés tendrá peculiaridades sobre cada grupo de razas. Esto no
quiere decir que cada raza pueda o no gestionarlo de maneras diferentes.

Un perro del primer grupo (perros de rastro) tenderá a gestionar el estrés olfateando,
intentando utilizar su nariz para relajarse, aunque a veces llegan a evadirse y meterse
en bucle. De la misma forma, el perro pastor, de la segunda etapa de la caza, lo harán
“pastoreando”. Aquí habrá que ver si este tipo de gestión le aporta calma o más
aceleración. Los del tercer grupo (perros de persecución) correrán y harán conductas de
desplazamiento. Y los del cuarto grupo (perros de presa) morderán objetos con tal de
relajarse. Y veremos a los de cobro, desplazando objetos de un lado a otro.

Cuando un perro sube niveles de estrés, las conductas que ofrece son para las que están
creados, pero suelen salir de formas aceleradas y nerviosas, que lejos de aportarles
tranquilidad, a menudo perpetúan problemas de ansiedad si el ser humano no sabe
reconducir la situación y ayudarlos en esta gestión.

Diferentes personalidades
Cada individuo es único, y única será su “perronalidad”. Esto es de suma importancia a
la hora de determinar los niveles de estrés de un perro. La manera de enfrentar y
gestionar el estrés de una situación dependerá de si el perro lo gestiona de manera
pasiva o activa, llevando al perro a exteriorizarlo de manera evidente o gestionarlo de
manera interna y menos evidente.

Por ejemplo, un perro pasivo (no quiere decir que siempre sea pasivo o activo) puede
gestionar el estrés con inmovilidad, jadeo extremo, rascándose, evadiéndose, exceso de
señales de calma, sacudirse, lamerse, obsesiones… Y un perro activo puede gestionarlo
con ladridos, nerviosismo, aceleración, llamadas de atención, abalanzarse, utilizarán
señales de aviso y advertencia para que pare aquello que le genera el estrés.

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Cómo reducir el estrés y equilibrar


En Educación Canina muchas veces los profesionales se centran en reducir estrés
permanentemente con juegos, ejercicio y estimulación, pero no se centran en eliminar
los focos y los estados emocionales que lo están generando. Así que esto conlleva que
el perro y la familia sigan en el mismo bucle, aunque por lo menos se permite un
desfogue de estos niveles de estrés. A veces en perros que viven con personas mayores
o familias con poco tiempo libre para dedicarle al perro, no pueden seguir estas pautas
y entonces se pueden intensificar los problemas.

Reducir estrés en cada perro es diferente. Cada perro tiene diferentes entornos, familias,
rutinas, material de paseo, manejo de correa, diferentes miedos, inseguridades, carácter,
traumas, apegos, diferentes personas con sus problemas y peculiaridades. Hay
situaciones y rutinas que podemos cambiar o eliminar fácilmente y otras con los que el
perro va a tener que aprender a convivir sí o sí.

Vamos a dividir la reducción de estrés en tres partes, la primera estará orientada a


reducir y eliminar progresivamente los focos de estrés en la convivencia del día a día que
no permiten que el perro pueda vivir tranquilo. La segunda estará orientada a revisar los
problemas y miedos presentes en el exterior, ya que si no los trabajamos serán focos de
estrés eternos. La tercera parte, la centraremos en proporcionarle al perro estimulación,
ejercicio y juegos adecuados para que pueda desfogar esta adrenalina que sobra. Hay
que encontrar un equilibrio entre desfogar y bajar los niveles de estrés e ir trabajando
los miedos, inseguridades y problemas de conducta que están generando la ansiedad.

1. Eliminar los focos de estrés en la convivencia:

Lo primero que hay que conseguir es que el perro pueda vivir 100% tranquilo, relajado
y confiado en el interior de la vivienda. Así, aunque haya miedos y problemas en el
exterior, cuando esté dentro de casa podrá relajarse y reducir el estrés que genera en
los paseos. Si no puede estar tranquilo ni dentro ni fuera de casa, los niveles de estrés
altos están asegurados.

Revisar la convivencia en el día a día, la relación con nosotros y con el entorno cercano:

- Revisar el vínculo del perro con la familia, con los niños con los que convive y si
hay otros animales en su entorno. Asegurar que comprendemos el lenguaje y las
necesidades del perro; Ser conscientes de lo que le preocupa, a que le tiene miedo y
saberlo acompañar; Empezar a poner límites de forma respetuosa y saber trasmitirle las
normas de forma que el perro entienda; Eliminar todo tipo de castigos y aversivos en la
vida del perro; Que no se refuercen estados emocionales alterados y situaciones no
deseadas; Saber mediar en los conflictos entre los niños y el perro o entre los otros

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animales con los que conviva; Fortalecer el vínculo y la confianza; Si hay problemas con
los manipulados o está a la defensiva, trabajarlo. Es básico que el perro pueda confiar en
su familia. Si no confía en su gente, el miedo a personas desconocidas está asegurado.

- Revisar que no haya conductas de “control” o “protección” hacia los miembros


de su familia, otros perros de casa, gatos o que controle todos los estímulos, y ruidos
externos. Si lo hace hay que trabajarlo. Encontraras estos apartados más adelante en
conductas de control y de protección.

- Mirar si hay sensibilidad al ruido. Si solo controla los ruidos, pararlo y bloquearlo
cada vez que lo haga. Si es por preocupación, desensibilizarlos o normalizarlos por
habituación. Si hay hipersensibilidad, centrarse en bajar niveles de estrés y amortiguar
todos los ruidos posibles.

- Revisar todas las conductas de insistencia y de exigencia. Asegurar que no sean


reforzadas en casa. Si hay conductas que no se pueden ignorar como destrozos o
amenazas o estados donde el perro se vaya reforzando solo, hay que pararlo y
bloquearlo. Sin atención, sin contacto, de forma aburrida para asegurar que no se
refuerce. Poner límites de forma respetuosa, asegurar que el perro cede porque ve que
no funciona, no por miedo a las represalias. Este punto lo tocamos más adelante que
estará bien detallado.

- En estados muy exagerados de control y exigencia, valorar la posibilidad de


quitarle la atención y caricias al perro hasta que no salga de ese estado, que
probablemente la persona ha estado aceptando y reforzando sin darse cuenta. La
atención se vuelve a introducir en el momento en el que el perro sale de ese estado
alterado y su persona es consciente de lo que está reforzando en cada momento.
Reforzar únicamente estados de calma y autocontrol.

- Miedo o preocupación con las caricias y manipulados básicos. Respetar las


señales de calma, hacer trabajos de habituación o desensibilización progresiva, según
convenga en cada caso.

- Respetar el descanso del perro y no molestarlo. Que el sitio de descanso sea


cómodo y no esté en lugares de paso.

- Si hay conflictos con otros perros u otros animales con los que convive, poner
solución.

- Asegurar una buena alimentación. Eliminar frustraciones y carencias


alimentarias.

- Detectar dolores y patologías físicas. Atenderlas y paliar dolores o molestias


físicas.

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- Revisar que las rutinas de paseo y estimulación sean adecuadas.

- Ser un referente correcto, que trasmite calma y seguridad a nuestro perro.

2. ¿Qué revisar en el exterior para reducir estrés?

Después de la convivencia, el paseo es el aspecto más importante a la hora de equilibrar


los niveles de estrés. Casi todos los conflictos que generan picos de estrés en el exterior,
también están presentes en la convivencia en el hogar con intensidades más leves, y
estos se acentúan en el paseo, sólo que a las personas nos cuesta ver la relación. Pero a
veces, estos conflictos o comportamientos sólo se dan en el exterior.

- Revisaremos si los paseos con nuestro perro están siendo correctos:

Teniendo en cuenta el lugar y la zona donde vivimos, que puede ser muy muy diferente
de una familia a otra, tenemos que ser conscientes de que estímulos y que situaciones
preocupan y estresan a nuestro perro. Quizá a un perro de ciudad le preocupen los
ruidos fuertes o todo lo que este en movimiento y a perros que viven en urbanización,
los perros que ladran amenazantes desde las casas. Hay que tener en cuenta el tipo de
entorno por donde lo llevamos a pasear, los horarios de más afluencia de estímulos,
pero también atender a sus necesidades individuales: su edad, inseguridades, miedos,
reactividades, problemas con el movimiento, el ruido, etc. Y valorar las mejores opciones.

Para un perro que no tiene problemas con el ruido ni el movimiento, un paseo en


Barcelona puede ser relajante y para un perro recién adoptado que siempre ha vivido
en el campo va a representar una inundación o como mínimo una sobreestimulación.

En función del perro y el entorno, hay que encontrar un equilibrio y buscar las mejores
opciones posibles de paseo atendiendo a las zonas, la intensidad de estímulos (que al
perro le preocupan), los tiempos de exposición y los horarios donde puedan haber más
o menos estímulos de los que queremos evitar para una reducción de estrés.

En una reducción de estrés buscaremos eliminar del paseo durante 2/4 semanas la
mayor cantidad de estímulos preocupantes para el perro, para que pueda hacer un
“reset”. Más adelante es cuando se empezarán a normalizar, socializar, habituar o
desensibilizar estos miedos de forma progresiva. En algunos casos, aquello que le
provoca picos de estrés al perro, está presente en el trayecto y se debe trabajar sí o sí
de un principio. Por ejemplo, si el hogar tiene un mecánico, un bar, un colegio… que es
imposible evitar, se dará prioridad a la desensibilización o habituación a dicho estímulo.
Para como trabajar cada miedo tienes un apartado más adelante.

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- Material de paseo correcto:

Un arnés adecuado, cómodo y acorde con la morfología del perro. Existen varios tipos
de arnés, para elegir uno adecuado tendremos en cuenta si el perro tiene algún conflicto
con la manipulación a la hora de poner el arnés. Para utilizar un collar, éste debería ser
acolchado y ancho para que no dañe el cuello en caso de algún tirón. Para ir con collar,
es importante hacerlo con un perro que no tire de la correa, que esté acostumbrado a
ir atado y siempre estar pendiente por si el perro hace cualquier cambio de dirección
para no dar tirones. Correa de entre 2m y 2,5m es una buena distancia para que el perro
pueda pasear libremente y poder llegar allí donde quiere sin necesidad de dar tirones.
En el apartado del paseo se revisará todo este tema.

- Zonas:

Para encontrar la zona adecuada de paseo miraremos que es aquello que activa o
preocupa al perro. Ir por zona de bosque no significa que el perro se relaje. Si un perro
es reactivo a animales, o busca presas o rastros, si lo paseamos por zona de monte, lo
más seguro es que suba niveles de estrés con la expectativa de que pueda encontrar
alguno. Este mismo perro puede relajarse antes si el paseo se realiza por un entorno
urbano, ya que la expectativa de encontrar algún animal es mucho más baja. Hay que
tener en cuenta que cada perro es diferente y hay que conocer a cada uno en particular,
en su paseo. Atendiendo a estas individualidades, se buscará la ruta más amena y
relajante para él, atendiendo a las zonas y los horarios, para evitar así situaciones que lo
alteren innecesariamente.

- Horarios:

Siempre buscaremos las horas de menor exposición a los estímulos que activan o
preocupan al perro, para intentar que pueda hacer un “reset” de su paseo habitual y de
esta forma descondicione todo aquello que en su día a día le generó estrés.

- Tiempos:

Los tiempos de paseo es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta. Si por
algún motivo sobrepasamos los niveles de estrés óptimos para el aprendizaje, esto se
volverá en contra de la finalidad del paseo, que es relajarlo. De esta forma, a la hora de

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determinar los tiempos de paseo, miraremos la cantidad de estímulos que nos


encontramos, tanto fijos cómo puntuales, y la gestión del perro ante tales estímulos. Es
decir, como lleva el perro todo lo que le sucede, de manera que cuando se observen
signos de estrés, ansiedad o descontrol, el paseo ya debería haber terminado. Debemos
buscar un equilibrio entre la necesidad de pasear y los niveles de estrés óptimos en cada
individuo.

Un perro con miedos necesita pasear más tiempo en zonas tranquilas, si no se lo


podemos proporcionar, la exposición a entornos urbanos estresantes, en un inicio y
hasta que no lo normalice y supere sus miedos, debería ser más corta. Se debe poner fin
a cada paseo atendiendo a sus síntomas de estrés.

Detectar aquello que les preocupa es otro aspecto a tener en cuenta, ya que, si no lo
vemos, o lo ignoramos, estará causando un efecto negativo en el perro y no lo podremos
trabajar conscientemente, de manera que los niveles de estrés seguirán altos. Lo mismo
sucede con la reactividad al movimiento y la sobreestimulación por ruidos. Debemos ser
conscientes de cómo gestiona estos aspectos y el entorno en el que se producen, para
determinar correctamente el tiempo de paseo adecuado para cada perro.

- Cuando revisamos si el paseo de un perro es correcto, debemos tener en cuenta


los siguientes aspectos que hay que revisar y poner en orden o trabajar si existe conflicto:

Problemas de manipulados con el arnés o con la correa en casa


Condicionamientos y reacciones cuando el perro es consciente de que sale a pasear.

Conflictos asociados a ir atado a una persona

Reactividad al movimiento

Sobreestimulación por ruidos

Miedos a personas/niños/indumentarias

Miedo a otros perros

Reactividad a gatos

Estados de hiperalerta

Perros controladores

Perros protectores

Indefensión

En el módulo del paseo se profundizará en todos estos aspectos y otros para realizar el
paseo correcto para cada perro. Dando herramientas y pautas adecuadas para los

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posibles casos que nos encontremos. Y en el apartado de miedos y en el de reactividad


y agresividad, se hablará sobre como trabajar cada problema.

3. Ejercicio, estimulación y juegos correctos

Si tenemos perros jóvenes o perros inseguros o con miedos, mientras los equilibramos
y trabajamos van a necesitar desfogue o sentir que se divierten y hacen algo útil con su
vida. Liberar ese estrés es imprescindible para equilibrar a este tipo de perro mientras
los ayudamos con todo lo demás.

¿Como podemos ayudarles a desfogar ese estrés?

- Ejercicio físico:

Darles la posibilidad de correr, libres cada día o el máximo de veces a la semana posible,
si ellos quieren. Sin necesidad de incitarlos.

El juego correcto con otros perros es lo más rápido para bajar estrés y que el perro se
sienta satisfecho y pleno. Si el juego no es correcto, subirán niveles de estrés porque
estarán gestionando conflictos.

Cualquier deporte con ellos, bien hecho y atendiendo a sus necesidades y lenguaje
corporal, puede ayudar a bajar estrés.

Cuando quieres relajar a un perro porque ha tenido unos días estresantes, lo mejor es
irse a caminar por la montaña y hacer una buena excursión o llevarlos a una zona de
agua donde pueda bañarse y desfogar. Si el perro tiene obsesiones con los rastros o
animales u otro tipo de conflictos en este entorno, buscaremos otro tipo de paseo que
le sea más relajante al perro.

Ir a correr con ellos, si son reactivos al movimiento y son inseguros en el exterior, no es


conveniente. En vez de bajar estrés lo suben. Para salir a correr con el perro o realizar
deportes como Agility o Frisbee, es necesario hacer un trabajo previo de normalizar el
movimiento de forma progresiva. Más adelante en el apartado de miedos se explica
cómo.

- Juegos:

Las personas a veces nos obcecamos con que el perro no juega lo suficiente. En realidad,
son los cachorros y los perros jóvenes los que necesitan jugar para desarrollar sus
sentidos y sus habilidades de caza. Los adultos que juegan lo hacen para ayudar a los
perros jóvenes a trabajar habilidades, autocontrol, gestión emocional o para evitar

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situaciones tensas o conflictos sin necesidad de agresión. Utilizan el juego como forma
de gestión para calmar al otro ante una situación de conflicto.

Los perros son animales proactivos que el ser humano ha utilizado para una labor
concreta en cada raza, ellos quieren hacer algo con su vida. Por ello necesitan paseos y
algún tipo de estimulación para no tenerlos 24 horas aburridos en casa como una ostra.
Pero no es cierto que un perro adulto necesite jugar. Si un perro adulto está
obsesionado con jugar es porque tiene problemas de conducta y lo está gestionando a
través de ese “juego”.

Las pelotas y los juegos obsesivos de perseguir, generan adrenalina y solo cansan
físicamente, activando el sistema simpático del perro, aquél que genera todas esas
hormonas del estrés que con el tiempo y las repeticiones de este tipo de “juegos” se
habitúan a tener en el cuerpo estas hormonas convirtiendo a el perro en un “yonky” de
esos químicos. En vez de tirarle la pelota podemos sustituirla por alguna chuche. Este
juego de lanzarle chucherías les puede resultar algo complicado al principio, por este
motivo sería necesario empezar por lanzarlas cerca de un lado a otro y poco a poco ir
augmentando la distancia para que acabe de buscar utilizando el olfato y no la vista.

Juegos a estirar de la cuerda, trapo o peluche. Siempre con autocontrol y sin castigos si
son recomendables para reducir estrés. Si lo hacemos a lo loco podemos estar
reforzando la ansiedad, la exigencia, conductas obsesivas, descontrol emocional, etc. En
el curso On-line os explicamos como lo hacemos nosotros.

Eliminar del día a día juegos de persecución, de lucha o de peleas con las manos que
sólo los hacen sentirse incomodos y atacados.

Todos estos juegos están relacionados con la caza, con los sentidos de la vista y el oído
del perro, que es lo que activa el sistema simpático del perro. Ahora os explicaremos
otras formas de estimular a los perros sin generarles estrés.

- Estimulación:

Estar acompañados y pasar ratos de calidad junto a personas ya es algo que equilibra y
relaja al perro. Pasar ratos con ellos en casa, tumbados y relajados o en el paseo, en un
lugar tranquilo y tumbaros juntos ya es relajante de por sí. Para que el perro pueda
relajarse junto a nosotros es imprescindible que él no sienta que puede ser castigado,
reñido, corregido, gritado, presionado, obligado o golpeado en ningún momento. Que,
si el contacto no es deseado, nosotros atenderemos a su lenguaje corporal y lo
respetaremos en todo momento. Si esto no se respeta y no se tiene en cuenta, ya
podemos hacer mil ejercicios de estimulación que nada funcionará, porque lo básico
que es la confianza y el vínculo, falla.

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Hay muchas formas de estimular a los perros, no solo a nivel olfativo y mental. Todo lo
que sea estimular y potenciar la concentración del perro aportará beneficios y
tranquilidad.

Menos a nivel visual, se puede jugar con el perro a estimular todos sus sentidos.
Estimulación visual ya tienen demasiada en su día a día. Así como las personas nos
relajamos por la vista (leemos, vemos la tele, cine, vamos de viaje a ver sitios, etc.) a
ellos este sentido les activa. Son animales cazadores, todo lo que pasa rápido por
delante es susceptible de ser perseguido. Por lo tanto, no lo estimularemos nunca en
una reducción de estrés. Eliminaremos el perseguir pelotas, perseguirnos a nosotros,
jugar a perseguir una luz laser, etc.

1. Estimulación auditiva

Los juguetes con pitidos o golpes que hacen ruido en el suelo como puede ser el juego
del tentempié que lleva comida dentro, si hace ruido en el suelo puede estresar. Los
juguetes con pitos o campanitas hacen que se metan en bucle, las botellas de plástico
también generan ruido, así que se van activando mientras suena el juguete. Por eso, hay
perros que pueden estar jugando horas con objetos ruidosos. No estar recomendado en
una reducción de estrés ni en perros con problemas de conducta.

Hacer ruidos que sabemos que los alteran o les preocupan, aunque nos parezcan
graciosas sus reacciones, no ayuda, sólo nos divertimos nosotros. No proporciona
ningún beneficio y sube niveles de estrés.

En ansiedades por separación hay gente que deja radio o tele cuando se quedan solos.
Hay perros que se pueden sentir entretenidos, pero si hay inseguridades hacia personas
y hablan o son sensibles a ruidos, los mantendremos en alerta todo el tiempo que
estemos fuera.

A nivel auditivo podemos estimularlos con música relajarte, de yoga, de reiki, música
clásica, mantras, sonidos naturales y agradables para ellos. Para saber si les relaja o les
altera es importante que nos fijemos en sus reacciones cuando lo escuchan.

2. Estimulación táctil

Darles caricias suaves, largas y relajantes por zonas que sabemos que les gusta.
Cualquier tipo de masaje relajante o Tellington Ttouch puede aportar calma y bienestar.

Evitaremos tocar zonas donde tienen dolor, a no ser que sea un especialista y sepa cómo
hacerlo.

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No están recomendados los juegos de pelea ni jugar a molestar o enfadar al perro, ahí
sólo te diviertes tú, el sólo te aguanta y lo alteras.

3. Estimulación física/propiocepción

Ejercicios de propiocepción (conciencia corporal) y conocimiento de los límites del


propio cuerpo, con la idea de que se concentren y sean conscientes de sus movimientos
y lo que están haciendo con su cuerpo. Hay muchas ideas por Internet. En perros con
patologías físicas o dolores, lo haremos sólo con pautas de un fisioterapeuta o
profesional de este sector.

Estos ejercicios se pueden hacer utilizando entornos naturales como zonas de roca o
piedras de diferentes niveles para que el perro sea consciente de como posiciona sus
patas, o utilizar materiales caseros o de fitness humano como roscos, pelotas, esterillas,
etc.

Sobre este tema hay mucha información en Internet si os interesa, no nos vamos a
entretener en explicarlo porque es un mundo.

Cuando hagamos este tipo de ejercicios no puede haber ansiedad por la comida
mientras se les anima a hacerlo por conseguir la chuche. Si hay ansiedad por la comida
se debe entrenar un luring (que aprendan a seguir la mano sin comida en ella) antes de
empezar, que el perro aprenda a seguir nuestra mano sin que haya comida en ella para
guiarlo a hacer los ejercicios.

4. Pistas de confianza/miedos

Jugar con ellos a superar pistas con diferentes materiales, texturas en el suelo para las
almohadillas, cortinas de diferentes materiales, escalar, pasar tablas haciendo
equilibrio… todo tipo de ejercicios que les ayude a coger confianza, a superar miedos, a
coger seguridad en sí mismos, fortalecer la autoestima y trabajar el vínculo con nosotros.

Podemos ir añadiendo a las pistas objetos y materiales que suelen preocupar a los
perros para que se vayan habituando a ellos y normalizándolos (paraguas, gorros,
carritos, escobas, globos…)

A nivel táctil también se pueden trabajar texturas haciendo una pista con diferentes
materiales como papel de plata, plásticos de diferentes texturas, colchonetas, papel de
bolas, rejillas metálicas, etc.

No los obligaremos a pasar por las pistas, les haremos un olisqueo con comida para
incitarlos a que quieran entrar o con chuches en las manos les invitaremos a seguirnos

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y que la vayan haciendo respetando su ritmo, sin presionar, sin enfadarnos, premiando
sus atrevimientos y logros. Si el perro va muy obsesionado con la comida y no presta
atención a lo que hace, habrá que enseñarle un luring para que nos siga la mano sin
comida.

5. Estimulación mental

Juegos comerciales de pensar y de resolución de problemas, donde tienen que


ingeniárselas para sacar la chuche de dentro de los cajones, pestañas, cajas giratorias,
tapas, tiradores de diferente tipo….

Alfombras olfativas con juegos, juegos de sacar chuches de dentro de objetos caseros,
congs, juguetes rellenables y todo lo que sea adiestramiento positivo y respetuoso.

Enseñar habilidades con Clicker y cualquier actividad o adiestramiento que haga pensar
al perro, siempre que se haga de forma respetuosa.

En un inicio hay que ayudarlos y enseñarles cómo funciona, ponérselo fácil y, conforme
vayan aprendiendo, ir subiendo la dificultad. Si no lo hacemos progresivo se frustrarán
y esto sube niveles de estrés en vez de bajarlos.

6. Estimulación olfativa

Podemos jugar con ellos con alfombras olfativas escondiendo chuches en cada recoveco,
juegos de buscar comida por la casa o por el patio a nivel horizontal y vertical poniéndolo
en muebles, repisas, zócalos, etc. Buscar comida dentro de toallas dobladas, objetos,
juguetes, cajas de cartón o dentro de materiales para reciclar.

Se les puede enseñar a buscar algún olor, jugar a que nos busque por casa o en la
montaña (siempre que no haya ansiedad por separación), presentarles objetos con
diferentes olores o especias (no picantes) y con aceites esenciales de la mano de un
profesional ya no que los perros prefieren unos olores y rechazan otros y hay que saber
cómo presentárselos.

Estas últimas herramientas se tienen que realizar de la mano de un buen profesional


que nos indique como hacerlo correctamente.

7. Ejercicios de concentración

Pistas donde haya objetos y palos donde el perro tenga que pasar y concentrarse en lo
que está haciendo con sus patas y su cuerpo.

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Los ejercicios de propiocepción, de estimulación mental, de estimulación olfativa y la


pista de miedos es también una pista de confianza y concentración sólo que además
trabaja otros aspectos. Todo lo que sea que el perro se concentre, va a ayudar a bajar
los niveles de estrés, bajar frustración y activar esa parte más racional del cerebro.

8. Estimulación gustativa

El sentido del gusto también se puede estimular. A menudo los perros están aburridos
y frustrados con su alimentación. Nosotros somos partidarios de una alimentación
natural sin cereales, luego hablaremos de ella.

La estimulación gustativa va muy bien para entretener y dar calidad de vida en perros
más mayores que no tienen tantas ganas de actividad.

Ofrecerles huesos, nervios de toro, tráqueas, pezuñas, zanahoria cruda, etc. que
permitan una masticación. A parte de limpiar el sarro de los dientes y ayudar a la salud
dental, les proporciona un montón de beneficios a nivel emocional ya que segregan
endorfinas, dopamina y serotonina, lo cual va muy bien para bajar niveles de estrés y
sentirse bien. Si son perros que no están habituados a huesos, mejor siempre con
supervisión por si hay mucha ansiedad al comérselos. Los huesos siempre crudos para
que no se astillen.

Darles un poquito de fruta 1 vez al día para complementar la dieta y porque les gusta
(menos uvas).

Darles unas cucharaditas de kefir 2 veces por semana, les gusta y le aporta probióticos
a su sistema digestivo.

Hacer juegos donde darles a elegir el tipo de chuche o de comida que quieren ese día.
Una comida en una mano, se la mostramos, otra comida en la otra, se la mostramos, las
separamos y el perro elige.

Utilizar chuches naturales y nutritivas en los olisqueos o juegos de estimulación mental.


Que busquen trozos de pescadito o vísceras deshidratadas, de fruta, cualquier tipo de
proteína…. y evitar las chuches procesadas que no nutren y que están hechas de cereales
que encima les inflama.

A nivel de Zoofarmacognosis, se les ofrecen aceites macerados y todo tipo de plantas y


flores secas que el perro elige según sus necesidades físicas o según sus patologías.
Insistimos en que, si necesitáis un profesional, nos contactéis y os pondremos en
contacto.

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Cuando estimular al perro


Es importante tener claro cuando podemos estimular al perro. En internet hay muchos
videos de estimulación, pero se ven reforzando estados emocionales que no son
adecuados y esto es contraproducente.

A menudo la persona juega con el perro para cansarlo cuando está llamando la atención,
cuando se pone insistente o pesado y no se dan cuenta de que están reforzando esos
comportamientos y estados emocionales alterados.

Podremos jugar con el perro siempre que este en calma o lo pida de forma correcta. Y
podemos utilizar estos juegos para trabajar autocontrol y reforzar estados de calma. Por
ejemplo, si estamos preparando un juego de estimulación mental y tenemos al perro
lloriqueando o ladrando para que se lo pongamos, esperaremos a que se calme y se
relaje para reforzar esto y no lo anterior. Hay que ser muy consciente de que jugar con
ellos es un gran refuerzo y según lo que premiemos es lo que irán afianzando. No
reforcéis estados de alteración, insistencia, exigencia, descontrol emocional, obsesiones,
etc. Y si no se calma, paramos, lo dejamos y cuando se relaje volvemos al juego. No le
pediremos que se siente ni nada de obediencia, porque un perro puede estar sentado y
ansioso, lo que queremos es que el mismo sepa calmarse para aceptar ese estado
emocional poniendo el juego en el suelo.

Si estamos jugando con ellos y muestran síntomas de estrés (se evade, jadea, se acelera,
nos ladra, se chupa mucho la nariz…) lo dejaremos que se recupere. Más vale varias
sesiones cortas, que pocas y largas donde no habrá aprendizaje ni relajación. La
capacidad de concentración va aumentando conforme se van haciendo estas
actividades. Cada día se contentarán un poquito más. Los perros jóvenes o perros que
vienen de protectoras estresados, tienen una capacidad de concentración muy corta y
reducida, esta se ira intensificando conforme crezca, se adapte a los cambios y la nueva
vida, y conforme vaya practicando el concentrarse en diferentes actividades.

¿Se debe estimular a los perros mayores?


Como los perros mayores son más tranquilos, no molestan, se conforman con todo… no
se juega con ellos ni se les estimula. Ellos también necesitan estimulación ambiental,
estimulación física y mental para ralentizar el deterioro físico y cognitivo. La
estimulación táctil, gustativa, los juegos de estimulación mental y olfativa son muy
buenos en estas edades.

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La estimulación en perros jóvenes


Necesitan quemar más energía, estimulación de todo tipo, novedades, conocer gente y
perros para sentirse bien, pero sin generarles más excitación ni nerviosismo.

También es importante que aprendan a estar tranquilos y relajados en todas las


situaciones. Esto se puede conseguir también mediante masajes y estimulación táctil. El
perro joven también tiene que aprender a estar sin hacer nada, sobre todo en el exterior
les cuesta. Quedarnos quietos un rato en los paseos y si están tranquilos darles un
masaje o unas caricias para reforzar este estado e irlo habituando.

Que tener en cuenta a nivel de conducta cuando


estimulamos
- No estimularles con comida cuando el perro presenta protección de recursos o
mucha ansiedad en relación a ella. Habrá que hacer trabajos previos de respeto de
comida.

- Si hay más de un perro en casa y hacemos juegos con comida, mirar si hay
tensiones o se generan ansiedad por competir. Si es así, los juegos se hacen por
separado hasta que se habitúen y se trabaje el respeto de la comida y se pongan límites
a la insistencia.

- Ser conscientes de los estados emocionales en los que se encuentra el perro


cuando jugamos con él. No reforzar estados alterados. Reforzar la paciencia, el
autocontrol y la calma.

- No hacer juegos físicos si hay dolores.

- Si observamos que el juego en vez de relajarlo, lo altera, lo dejamos. Buscar que


relaja a cada perro.

- No añadir excitación donde ya hay problemas de ansiedad y descontrol. No


juguéis a estirar si vuestro perro tiene problemas para parar y calmarse, jugar a algo que
lo induzca a estados de calma como un juego de buscar o de pensar.

- En los juegos de olfato, si no están habituados a concentrarse, facilitarles que


encuentren rápido poniendo bastantes chuches y añadir dificultad de forma progresiva.

- En los juegos de estimulación mental, ayudarles hasta que entiendan el juego y


que no se frustren. Tener en cuenta el tiempo y la dificultad.

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- Si hacemos juegos de propiocepción con objetos que le dan miedo, habituarlos


o desensibilizarlos antes para no subir niveles de estrés.

- No exigirles jugar o seguir jugando si ellos no quieren o muestran síntomas de


estrés. Darles tiempos de descanso si lo necesitan.

- No os enfadéis con ellos si no lo entienden o si no saben hacer los juegos, para


él, deja de ser divertido y tampoco será relajante si siente vuestra presión o frustración.
Jugar con su persona en un ambiente agradable y sin presión fortalece el vínculo.

En el siguiente módulo trataremos en profundidad el paseo y los problemas asociados a


él y en el siguiente, hablaremos sobre cómo ayudar al perro a superar cada tipo de
miedo y de problemas asociados a inseguridades. En este módulo hemos tocado sólo el
tema por encima para hacer referencia a lo que genera estrés en el perro y más adelante
hablaremos sobre como trabajar cada aspecto en profundidad.

También trataremos más adelante la importancia de la dieta y los complementos


nutricionales para la reducción de estrés y reestablecer el equilibrio en el organismo

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EL PASEO
El paseo es uno de los aspectos más importantes para el equilibrio emocional del perro
y en consecuencia para su propia felicidad.

Los perros que por algún motivo viven en la calle, suelen pasar el día caminando,
investigando, descansando, curioseando, en manadas o en pareja. Si los metemos entre
4 paredes, sin paseos, sin conocer nada, sin investigar, sin relacionarse con otros perros,
sin disfrutar de sitios nuevos, sin utilizar su olfato con olores diferentes, campos, zonas
de agua, playas…. se aburren y se frustran.

Si queremos equilibrar a cualquier perro y ayudarlo a superar sus problemas de


conducta, el paseo es uno de los aspectos más importantes a tratar y equilibrar.

En todo tratamiento, debemos revisar el paseo, y en el caso de que no paseen, hay que
tomar conciencia de su importancia, no solo por el ejercicio físico sino también porque
necesitan utilizar el olfato y oler novedades a diario, necesitan relacionarse con otros
perros y personas y de ver y descubrir mundo para no vivir frustrados y estresados. Aquí
es importante recalcar que para aquellos perros que viven en patios de casas encerrados,
en balcones o terrazas, con rutinas de paseos adecuadas se eliminarían los destrozos,
los agujeros en la tierra, los ladridos, etc. o como mínimo, si hay otros problemas,
contribuiría a bajarlo todo de intensidad.

Tiempos y número de paseos al día


El número y el tiempo de los paseos puede variar según la raza o el nivel de energía, el
entorno, los miedos e inseguridades del perro, la edad y su estado de salud.

Si atendemos a la edad, para los cachorros hasta los 6 meses, se recomienda 3 o 4 paseos
diarios. Necesitan mayor frecuencia de salidas, ya que el control de esfínteres es por lo
general, más bajo y deben hacer sus necesidades a menudo. Realizar los paseos después
de que coman, jueguen o se despierten, ya que es cuando hay más probabilidades de
que hagan sus necesidades. La duración aconsejada sería alrededor de 5 minutos por
mes de vida. A partir de los 6 meses, 3 paseos al día sería lo ideal.

En una etapa senior, hay que valorar los dolores y problemas de salud. Si tenemos un
perro mayor, con incontinencia urinaria, con problemas renales, o que toma alguna
medicación que provoque más necesidad de orinar, etc. aumentaremos la frecuencia de

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los paseos o le daremos acceso al patio o terraza si lo hay. Si lo que presenta es dolor
articular, artrosis, ceguera, etc. y valoramos que puede ser más esfuerzo o complicación
cada paseo, miraremos de dejar al perro con 2 paseos al día y revisar las zonas y los
tiempos que necesite el animal, pero también le sirva para mantener unos niveles de
estrés óptimos. Un perro con problemas de cataratas, si no ve bien, puede subir niveles
de estrés a causa de la inseguridad que le puede producir. Lo que antes podía ser un
paseo relajante, ahora podría causar el efecto contrario. Un perro que presenta artrosis
puede subir niveles de estrés en el paseo por el dolor o el esfuerzo que le representa
caminar. En la etapa senior hay que tener muy en cuenta los “achaques” de la edad. A
menudo en perros senior con mucho dolor se les evita el paseo si viven en casas, valorar
el llevarlo en coche a otros sitios ricos en olores o simplemente para cambiar y tumbarse
a descansar en la montaña o el campo. Romper su monotonía en algún entorno rico y
estimulante en olores, a la vez que tranquilo y agradable.

Si tenemos en cuenta la raza del perro, el nivel de energía en cada una de ellas puede
ser muy diferente, al igual que su edad. Los molosos suelen tener un nivel de energía y
necesidad de trabajar o hacer algo, bastante más bajo que otras razas más de tipo pastor
o de caza. Sobre todo, los 2 primeros años de vida todos los perros presentan un mayor
nivel de energía, pero según la raza, estos niveles podrán ser muy variables. Aquí
tendremos en cuenta para que sirve la raza o sus mezclas, para intentar entender para
que fue creado y que necesidades básicas necesitan ser cubiertas. Si tenemos un pastor
alemán, un Border Collie, un Malinois, etc. y ni siquiera tiene una buena rutina de paseos
o los paseos no son correctos, el resto de la terapia puede estar condenada al fracaso.
En algunos perros, los paseos rutinarios, aunque sean frecuentes no son suficientes y
necesitaran relacionarse, largos paseos por campo, montaña, frecuencia de novedades,
de interacción social o alguna actividad concreta para cubrir la necesidad de trabajo. A
menudo la familia sabe que necesitan más actividad y los vuelven locos con pelotas,
saliendo a correr, clicker mal hecho o actividades mal gestionadas que están provocando
más ansiedad e incluso llegar a estereotipias.

Pero a parte de lo anterior, a la hora de establecer una buena rutina de paseos, algo muy
importante es tener en cuenta en que entorno se suelen realizar los paseos que hace el
perro. No es lo mismo pasear por una urbanización, por campo, por un pueblo o por una
gran ciudad. Cada entorno tiene sus peculiaridades y genera reacciones y estados
diferentes en el animal.

Los perros que pasean por urbanización, es posible que al salir se encuentren que los
perros de los alrededores estén ladrando, y es bastante probable que se puedan generar
asociaciones negativas con perros. En general, todos aquellos perros que estén ladrando

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al perro que está paseando, pretenden echarlo y lo amenazan. Intentan agredir de


alguna manera y esto es como pasear por un mundo de locos. Si el perro es inseguro o
aún es un cachorro, no deberían pasear por esa zona hasta que esté socializado con
perros correctamente, se desensibilicen los ladridos y sepan relacionarse bien con sus
semejantes. Si lo paseamos por sitios donde reciben amenazas en poco tiempo tenemos
a un perro con problemas de comportamiento con otros perros y no sabemos por qué.

Los perros que pasean por campo y montaña, si tienen miedo a ruidos, personas,
movimiento puede ser ideal para que bajen niveles de estrés. Casi siempre es así. Pero
a veces nos encontramos perros que se pasan el paseo buscando rastros o que se activan
ante cualquier tipo de movimiento. Otros pueden ir obsesionados esperando que algo
se mueva y van mirando los matorrales de forma obsesiva, otros van buscando cacas de
otros animales de forma obsesiva, otros corren sin parar, o no saben parar y se ponen a
morder piedras o se enzarzan con palos o arboles…. Aquí el paseo también puede estar
generando que suban los niveles de estrés y no está siendo relajante. A veces los
profesionales de este sector dicen que paseen por la montaña como si fuera la panacea
del relax y no se revisa cómo va el perro por la montaña. No siempre es relajante,
aunque si suele serlo.

Los entornos urbanos pueden serlo en diferentes intensidades, no es lo mismo un


pueblo pequeño que una ciudad, no es lo mismo el centro que las afueras, no es lo
mismo vivir en una calle peatonal que en una con 4 carriles de coches nada más salir del
portal. En todos los entornos urbanos, si el perro presenta miedos e inseguridades habrá
que valorar las rutas más tranquilas en relación a ruidos, o paso de personas, de coches,
evitar zona de bicis y corredores si son reactivos a movimiento.

Finalmente, hay que atender a los miedos e inseguridades del perro. Una vez sabemos
que le preocupa o ante que reacciona, determinaremos la ruta y el tiempo de paseos. Si
tenemos un perro sensible a ruidos evitaremos zonas de mucho movimiento de coches,
zonas de parques y niños gritando, evitaremos salir en hora punta. Si el perro tiene
miedo a personas, buscaremos las horas y las zonas donde menos personas haya. Aquí,
una zona peatonal, puede ser peor que una de más movimiento de coches. Hay que
buscar siempre la mejor opción para que el perro pueda pasear lo más relajadamente
posible.

A nivel de consejo general, una rutina de paseos que sea correcta para el bienestar del
perro seria de tres paseos al día con una duración de entre 20 y 30 minutos. Para
determinar el tiempo de paseo miraremos, el tipo de estímulos, la cantidad de ellos,
como los gestiona el perro y la capacidad que tiene para volver a la calma después de
cada estímulo y/o los síntomas de estrés que presente. De esta forma tendremos un
baremo para la evolución del perro en el paseo.

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Pero si el perro vive en una casa con patio, si es más mayor y está tranquilo, o tiene
dolores o le hacen juegos de estimulación mental, 2 paseos al día podrían ser más que
suficientes. O si son perros que varias veces a la semana hacen actividades o excursiones
largas quizás con 2 paseos de 20 min el resto de la semana, sea más que suficiente.

Consejos generales para el paseo


Que se recomienden paseos de 20/ 30 minutos, no significa que no se puedan hacer
salidas o excursiones más largas, si son perros jóvenes, tres o cuatro veces por semana
sería adecuado proporcionar al perro salidas al campo, montaña, zonas de agua… de
una duración más larga donde pueda estar suelto y correr si lo desea, es decir, sin
incitarle a ello. Los paseos muy largos no deberían ser un hábito diario, sobre todo si el
perro presenta miedos, inseguridades o desconfianza cuando se encuentra en el exterior.

Debe poder jugar o relacionarse con perros equilibrados, sobre todo si son jóvenes o
tienen esa necesidad social, aunque sean más mayores. Establecer relaciones sociales
correctas es importante para ellos ya que son animales sociales y necesitan de esta
interacción. Es lo que más rápido baja niveles de estrés, lo que más rápido les hace sentir
bien y equilibra. A veces sólo un paseo en grupo puede hacer que un perro este
equilibrado el resto de la semana. De ahí que hagamos paseos de socialización grupales,
para cubrir esta necesidad social de manera adecuada a la vez que se forma a las familias
en educación canina y se acompaña a los perros a normalizar diferentes tipos de
entornos a través de la seguridad que proporciona un grupo social correcto.

Los perros deben poder hacer ejercicio de forma natural, sin tener que perseguir objetos
varios durante largos períodos de tiempo. El hecho de realizar una persecución genera
en el animal gran cantidad de hormonas del estrés (adrenalina entre otras), y 15 minutos
de esta actividad genera una cantidad tal, que para eliminarla de su cuerpo de forma
natural necesitan de unas 2 semanas. Si esa actividad se prolonga, tendremos perros
nerviosos, hiperactivos, obsesionados con objetos varios y con una reactividad más
elevada.

Con un planteamiento de relajar, estimular y bajo la premisa de equilibrar a nuestros


perros, podemos realizar paseos largos, correr por el campo (previo trabajo de
desensibilización al movimiento), ir a la playa, a ríos, excursiones a parques amplios, un
ejercicio sano y si puede ser con más perros y personas mejor.

Es muy importante que, durante el paseo, el perro pueda oler todo lo que desee, es vital
para ellos, viven en un mundo de olores. Cuando el perro esté suelto, no le atosiguemos
llamándolo o riñéndole constantemente por todo. Es su momento. Debemos permitir
que se relajen y paseen tranquilos sin exigirles nada, permitiendo de esta forma que el
paseo pueda ser gratificante, estimulante para ellos y así puedan llegar a relajarse. Si no
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vamos a parar de llamarlo, no le des libertad y permite que se pueda relajar. Dale
libertad en sitios donde le puedas dar libertad a todos los niveles.

El material de paseo
Para la salud de los perros es más recomendable el arnés que el collar. Los collares a la
larga pueden generar daño físico al perro, por los tirones (en la tráquea, oído, vista,
tiroides...). Se desaconseja totalmente los collares de púas, de ahorque y cualquier collar
que produzca dolor o malestar al perro. No nos gustan tampoco los halties de morro.
Hacen girar el hocico pudiendo provocar problemas en las cervicales y es incómodo para
ellos. Aunque a veces con perros de tallas gigantes y personas mayores o con poca fuerza,
puede ser el único remedio y permite poder hacer que la familia les quite los collares de
ahorque.

Recomendamos arneses. Antitiro si es necesario, pero que siempre permitan el


movimiento del omoplato y que no opriman las patas ni les causen molestias físicas. O
arneses normales con argolla delantera, para así poder poner el mosquetón de la correa
por lo que sería el pecho del perro, de esta manera cuando tiran de la correa su cuerpo
gira y no les sirve para avanzar. Esto solo mientras se trabaja el problema de base que
está generando la tensión en la correa, no como remedio para toda la vida. Ya que llevar
al perro de lado, porque tira y su cuerpo gira, puede conllevar problemas en el sistema
musculoesquelético a medio/largo plazo.

Cuando un perro tira cuando va atado, no lo hacer porque sí, no les gusta ir tirando,
entendiendo la incomodidad que conlleva hacerlo. Existen varios motivos que causan
esa tensión en la correa, bien por preocupación, porque esté sobre estimulado, por
excitación y altos niveles de estrés, por miedo, inseguridad, por ser una conducta
aprendida, porque no va confiado por la gestión de correa de su persona... Por lo tanto,
cuando el perro presenta estos y otros síntomas, debemos trabajar en la base del
conflicto que lo crea para que así puedan pasear tranquilos y no ir caminando poniendo
parches al problema.

Cómo ponerles el material de paseo


A los cachorros, antes de salir al paseo y como primera prioridad, debemos habituarlos
al collar/arnés estando en casa, así mismo también debemos hacerlo con la correa. De
esta forma podemos asociarlo de manera positiva y tranquila en un entorno seguro para
ellos y así tener mayores posibilidades de que para el perro, el hecho de estar atado, no
suponga un problema.

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El momento de ponerles el collar o arnés debe ser tranquilo, sin prisas y no añadir
excitación ni órdenes. Agacharnos, movernos a poco a poco, intentando poner el arnés
de abajo arriba todo y no de arriba abajo.

Si tu perro ya tiene asociado el collar/arnés con el paseo, es posible que muestre


nerviosismo, excitación y conductas asociadas al estrés como anticipación de lo que
pueda suceder en el exterior. Muchas veces se pueden confundir esas conductas con
que el perro está contento. Para ayudar a que el paseo sea más tranquilo, poner el
collar/arnés y correa dentro de casa y dejar pasar el tiempo suficiente para que el perro
pueda relajarse un poco y se le haya pasado el “subidón”. Esto ayudará a que nuestro
paseo diario no se convierta en un calvario.

Cuando les ponemos el collar, el arnés o el mosquetón de la correa debemos atender a


las señales de incomodidad para ver que les preocupa y así poder actuar en
consecuencia y devolverles las señales. Es decir, comunicarnos con ellos. De esta forma
el perro puede sentirse comprendido y así logre tener confianza mientras le ponemos el
material de paseo y al hecho de ir atado a nosotros.

En el caso de que ya esté muy mal asociado, deberemos realizar un trabajo de


desensibilización para poder habituarlo a llevarlo puesto sin que le suponga un conflicto.
Se puede hacer poniendo chucherías varias en el interior del collar/arnés con la mano,
para que sea el perro quien meta la cabeza, con movimientos lentos y respetando sus
señales, iremos desensibilizando su miedo. Obviamente, cada perro es un mundo y si el
conflicto es grave se debería mirar el fondo del problema para hacer un tratamiento
adecuado.

Si el problema viene por la correa, por estar atado a su persona, se empieza a trabajar
con una correa más larga y se asegura que su persona no vuelva a obligarlo o castigarlo
con la correa. Así, poco a poco empezar a trabajar que nos siga o que camine con
nosotros, con paciencia con tranquilidad, sin prisas, dándole al perro el tiempo que el
necesite para volver a ir confiado a nuestro lado.

Si nos encontramos con un perro de protectora o rescatado que tiene pánico a ir atado,
se le puede poner una correa fina de tela, atada en el cuello para que se habitúe a
caminar con ella, tirándole olisqueo para que lo asocie positivamente y cuando ya la
haya normalizado, atar una correa más larga al extremo de la que lleva y empezar a
caminar con él sin que sienta ninguna tensión, acompañándolo siempre con mucha
comunicación y dando premios si es necesario para asegurar que se atreva a caminar
con nosotros, en un principio.

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El momento de salir al paseo


Si el perro se pone nervioso cuando va a salir a pasear, se debería ignorar esa actitud,
no hablarles y no añadir más excitación a ese momento. También si el perro no es capaz
de parar por sí solo, se pondrán límites hasta que se relaje, bloqueando la puerta con el
cuerpo hasta que se calme. Es importante no pedirles que se sienten, ni que se tumben,
ni quietos porque el perro puede estar sentado y a la vez estar impaciente o tenso y
estaríamos aceptando ese estado emocional. Bloquear, para darles a entender que de
formas alteradas no saldremos y esperaremos pacientemente que se vaya relajando.
Esto les ayuda a poder volver a la calma y asegura que el perro vaya entendiendo que
en ese estado no va a salir a pasear. Si no trabajamos esto antes de salir a la calle, no
vamos a poder controlar el paseo y que sea agradable y gratificante. El perro va a ir en
el mismo estado en el que salió e incluso puede ir a más.

Cuando coges la correa, él ya sabe que va a pasear, no hace falta que se lo digas. Este
momento debería ser tranquilo y pausado, si tu perro ya sale excitado y nervioso de casa,
es muy probable que empiece por tirar de la correa y pude resultar difícil que deje de
hacerlo a lo largo del paseo.

Si cuando coges la correa, o las llaves, o te pones ropa para salir a la calle y tu perro se
pone nervioso porque sabe que va a salir, continuar con el proceso y las acciones que le
acercan a salir a la calle es una forma de reforzar la conducta y su estado emocional.
Una manera de bajar ese nerviosismo es hacer estas acciones sin que ello represente
que salgáis a pasear. Con varias repeticiones, tu perro entenderá que no siempre que
coges la correa, llaves.... toca paseo. Esto puede ayudar a que en un futuro salga algo
más tranquilo.

Salir a pasear es un gran reforzador para el perro. Utilízalo para premiar los
comportamientos adecuados y calmados. Abre la puerta para el paseo solo, si tu perro
muestra tranquilidad y se autocontrola, si está nervioso y abres la puerta refuerzas ese
estado de nerviosismo. Así cada vez tendremos un perro más y más nervioso o exigente.

En el momento de salir, o de ponerle el arnés o la correa, o al empezar a caminar, no se


deberían exigir “sentados”, ni “tumbados”, ni “quietos” para que se autocontrole. En
verdad se está reforzando esa actitud, es decir, el perro se podrá sentar (a veces,
dependiendo del estado en el que esté el perro, no lo hace porque o bien no te escucha,
o su estado interior no se lo permite) pero el estado emocional del perro, es lo que se
está reforzando. Si se tiene que repetir el comando más de una vez, estás añadiendo
estrés y tensión a ese momento, poniendo aún más nervioso al perro. Se debe buscar
que el perro logre ese autocontrol sin pedirle nada, de manera que no tengas que estar
toda la vida diciéndole como. De esta forma tendrá herramientas para su propio
autocontrol en estas y otras situaciones.

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Podemos acompañarlo en este proceso haciendo “nuestras señales de calma”. El trabajo


de la persona es darle naturalidad y tranquilidad a ese momento, tener paciencia y
premiar conductas de serenidad. Si el momento de salir por la puerta es tranquilo, habrá
muchas más posibilidades de que el paseo también lo sea.

El tipo de correa recomendado


Utilizaremos correa larga, de mínimo 2 metros. Si paseamos con correa corta, es como
si pidiéramos a nuestro perro que tire para poder oler o llegar a donde desea y así no
podrá relajarse en el paseo.

No es recomendable el uso de correas extensibles, ya que el perro, con ellas, aprende a


tirar para llegar donde quiere y siempre existirá tensión en la correa. Si hay tensión, en
perros inseguros o reactivos se empeorará el problema. También afecta que al utilizar
este tipo de correas el perro nunca sabrá cuál es el límite de la correa ya que a veces es
larga y otras corta y generará tensiones.

Un paseo correcto
Para que el paseo sea relajante es muy importante que no haya tensión en la correa y
que la salida de casa sea correcta, como ya hemos explicado. ¿Pero que hacer luego en
la calle?

En los paseos no se deben dar tirones al perro. Ellos difícilmente asociaran el dolor del
cuello a que no deben tirar, es más pueden asociar ese dolor con lo que tienen delante,
es decir, otros perros, personas, niños, o cualquier otro estímulo que haya en ese
instante. A la larga, si tu perro asociara a los perros con dolor es muy probable que
comience a ladrarles o a tener actitudes nada amistosas con ellos, incluso querer
pelearse para que se alejen y de esa manera no haya dolor en el cuello por los tirones.

Si recibe tirones, el perro cada vez irá más nervioso, preocupado, tenso y ansioso con el
entorno e irá mermando su confianza en la persona, el vínculo se irá debilitando y los
miedos irán subiendo de intensidad.

¿Qué hacer para que no tire de la correa?


Si el perro tira de la correa porque va nervioso o impaciente o excitado, no avances, no
lo mires, no le riñas, párate y quédate quieto. De esta forma llegará el momento en el
que él también se quede quieto, pero con tensión en la correa. Es ahí donde aflojamos
la correa, sin movernos, solo con el brazo aliviaremos esa tensión, si tira te quedas

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quieto de nuevo y repetimos. Si no tira, avanza. Puedes utilizar algún silbido suave o
ruidito para llamar su atención si ves que no deja de haber tensión en la correa y cuando
afloje puedes premiarle con la voz y seguir el paseo. Si tira de manera exagerada intenta
que no llegue a lo que quiere, otros perros, olores, personas, parque, etc. En cuanto no
tire de la correa puedes premiar esa actitud acercándole a aquello que desea o
soltándolo. Estos son reforzadores muy potentes, asegúrate de que refuerzas el
comportamiento que deseas, no recompenses la tensión en la correa. Cuando el perro
entienda que cuando no hay tensión en la correa, consigue llegar donde quiere y
tampoco sucede nada “malo”, tu perro dejará de tirar. Es importante entender que, si
el perro tiene miedos, este ejercicio le resultará difícil de realizar en presencia de ellos.
Lo mejor en estos casos es hacerlo en lugares con el mínimo de estímulos posible.

Cuando el perro tira mucho y no es capaz de llegar a un autocontrol, hay que ver qué es
lo que le preocupa o a lo que tiene miedo. Siempre existe un miedo detrás de la tensión
de la correa. Muy a menudo tiran cuando están en presencia de cosas en movimiento o
de ruidos.

Sabremos que el paseo está siendo relajante y correcto cuando al salir de casa empiece
a oler las novedades desde el inicio del paseo, irá con el cuello relajado y la cabeza
mirando hacia abajo o en horizontal a su cuerpo, buscando olores que investigar. Si por
el contrario va con la cabeza alta y sin oler, nos indica que va buscando posibles peligros
y no se está relajando. Si va tranquilo, olisqueando lo que encuentra a su paso
atendiendo a los olores, vamos bien. Si va permanentemente oliendo es posible que
esté buscando comida, con lo cual genera ansiedad, o bien es posible que se esté
evadiendo del entorno buscando rastros o haciendo señales de calma para intentar
relajarse. Decir, que debajo de este comportamiento hay miedos intensos y no existe
reducción de estrés.

La posición de la cola también puede ser un indicativo del estado emocional del perro.
Si salimos a la calle y nuestro perro lleva el rabo alto, es señal de que va en tensión,
insistiendo o a la defensiva, si lo lleva entre las patas es miedo pero que intentará evitar
enfrentarse, si lo lleva ligeramente recogido es inseguridad y/o incomodidad y tampoco
se relaja, si lo lleva constantemente en movimiento es que está nervioso por las
circunstancias. Lo correcto sería que fuera con el rabo caído relajado, bajo o medio,
quizás con un ligero movimiento que luego debe ir bajando de intensidad hasta relajarse.

Para saber acompañarlos cuando tienen problemas de reactividad, agresividad o miedos


en general, lo hablaremos en el módulo de este tema.

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Un poquito de empatía con ellos


La realidad de muchos perros es que únicamente suelen tener 2 paseos diarios e incluso
menos. Paseos con el tiempo justo para hacer sus necesidades, no se les permite oler lo
que necesitan, cada vez que ven u olfatean algo interesante se tira de ellos para impedir
esa conducta, causando malestar en el cuello y frustración a nivel emocional. A muchos
no se les deja ir a conocer a otros perros, o no se les permite oler pipis y cacas de otros
perros. Los perros, son perros y conocen el entorno a través del olfato. Se pasan el día
en casa y cuando salen deben ir donde tu elijas, intentan oler lo que puedan o lo que les
dé tiempo, mirando a ver si el dueño se despista y les da tiempo de oler esa perrita que
pasa. Se pasan todo el día esperando un paseo que luego resulta frustrante y que lejos
de relajar, los estresa y son poco gratificantes. Otros perros van de casa al parque y del
parque a casa. Son perros adictos a los parques donde suelen haber altos niveles de
estrés y ansiedad. Luego no saben pasear y callejear por otros ambientes, son tantos los
estímulos a los que no están acostumbrados que van muy nerviosos. Los parques y pipi-
can suelen estar llenos de estrés y de otros perros adictos al parque. Normalmente estos
perritos están poco equilibrados por lo que son comunes las broncas, las peleas, los
comportamientos nerviosos y obsesivos. No es malo ir a los pipi-can o parques donde
hay perros de vez en cuando, a ellos les gusta, pero si veis gente gritando a su perro o
riñéndoles, perros gruñendo, jugando bruscamente, que ladran constantemente, que
están obsesionados con el juego a pelota, piedras, excavando.... vete de allí, deja que tu
perro salude un par de minutos y aléjate. Le haces un favor a tu perro y no le generarás
problemas innecesarios. Eso no es relacionarse, pedirle que se quede ahí, es algo
negativo y le perjudica. Si te quedas, llegarás a casa con tu perro alterado, y si lo haces
a menudo, puede que tu perro empiece a tener algún problema de comportamiento
relacionado con el estrés y reactividad o agresividad a perros.

Imagínate como te sentirías llevando un collar en el cuello y que te forzaran a través de


él o te fueran pegando tirones no previstos. ¿Puedes sentir esas emociones negativas?
¿Humillación, frustración, inseguridad, preocupación? Ponte en su lugar, sus emociones
no son diferentes a las nuestras.

¿Nos hemos planteado si somos una buena compañía para ellos? ¿En este caso en el
paseo? ¿Nos gustaría salir a pasear con alguien que siempre nos dice dónde ir? Que
siempre esté diciendo, siéntate, no huelas, ven aquí, no hables con ese, ignora a este
que no quiero que hables con él. Alguien que te va dando tirones en el cuello. Y peor
aún, los hay que te irían pegando toquecitos con el talón del pie y poniéndote boca
arriba, amenazándote del cuello cuando tú estás nervioso. Cuando lo que realmente
necesitas es su apoyo, él te amenaza. ¿Querrías pasear con él, te sentirías bien con él,
sería un paseo gratificante? ¿Podrías ir tranquilo y confiado?

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Recuerda, el paseo es el momento de tu perro. ¡¡Es suyo!! Las horas que pasan en casa,
en el sofá, son interminables. Llevarlos mucho al campo, a la playa, a ríos, a sitios donde
disfruten del momento, es buenísimo para ellos y para nosotros. Darles buenos paseos,
ni muy cortos ni muy largos. Los paseos demasiado largos o un exceso de actividad
también estresan. Permítele contacto social adecuado, que huela, investigue, corra...
enseñarle habilidades o jugar con él a juegos de olisqueo, haz actividades que os gusten
a los dos. Seamos una buena compañía para ellos y un ejemplo a seguir, seamos buenos
referentes de tranquilidad, seguridad y cariño, ellos aprenden por imitación y se pasan
el día observándonos. Tenemos que ser un buen ejemplo de cómo queremos que se
comporten. Trátalo bien, no le exijas acciones constantemente (si te pasas, llegará un
momento en que tu perro no te haga ni caso), no tires de él ni le pegues tirones, llámalo
si cambias de dirección, avísalo, ponte en su lugar, a ti también te gustaría que te
avisaran y no tiraran de tu cuello. Ayúdate de un arnés adecuado si tu perro tira mucho,
correa larga, premia la no tensión e ignora la tensión en la correa, no la refuerces.
Recuerda que el perro solo hace lo que le funciona y si va preocupado, no tendrá control
de lo que hace o le costará tenerlo, acompáñalo correctamente.

Disfruta del paseo con él, no lo hagas solo por cumplir. Si vas a pasear con él, es muy
diferente a que tengas que pasear con él. Es importante trasmitir este mensaje a las
familias.

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PROBLEMAS DE
INSISTENCIA Y EXIGENCIA
Uno de los problemas de conducta más frecuentes en la convivencia, son las conductas
de insistencia y/o exigencia. Estas conductas mantienen a los perros en estados
alterados de ansiedad y frustración.

Suelen empezar a mostrarlas por frustración como consecuencia de no tener las


necesidades mínimas cubiertas o cada vez que quieren conseguir algo (contacto social,
paseo, comida, atención, juego...). Suelen empezar a mostrarlas en la etapa de
cachorros y se intensifican en la adolescencia, que es donde hay que trabajar la
tolerancia a la frustración, el autocontrol y el saber aceptar que no todo es como ellos
quieren. Si se trabajan estas conductas desde cachorro y en la adolescencia, en la etapa
adulta, no estarán presentes, el erro ya ha aprendido como pedir algo sin entrar en
estados alterados. Esos estados y comportamientos se perpetúan porque las personas
las normalizamos, las aceptamos y reforzamos a veces, sin ser conscientes. Acabamos
aprendiendo a convivir con ellas porque pensamos que el perro es así y tiene ese
carácter.

Igual que con los niños, una parte de su Educación es que aprendan a gestionar sus
emociones, con los perros debería hacerse este mismo trabajo desde cachorros. Un
cachorro debe aprender a gestionar la impaciencia, la frustración, la rabia y el miedo. En
Educación canina esto parece tenerse poco o nada en cuenta. Basamos la educación del
perro en un adiestramiento para que permanezcan en posiciones u obedezcan
comandos sin tener en cuenta los estados emocionales que estamos reforzando y
perpetuando a nivel interno.

Las conductas de insistencia y exigencia pueden ser diferentes en cada raza o individuo
y pueden mostrarse en diferentes intensidades. Por ejemplo, un perro de presa o un
pastor alemán, puede insistir con diferentes gimoteos, un Yorkshire puede insistir
ladrando, un Border Collie puede insistir yendo una y otra vez desde ti hacia lo que
quiere o girando alrededor tuyo, etc. Son diferentes conductas de un mismo estado
emocional.

Cuando el perro quiere algo o tiene la expectativa de conseguir algo, muestra una serie
de comportamientos esperando conseguirlo. Desde gimotear, ladrar, saltar sobre la
persona, pegar picotazos con el morro, rodear a la persona, caminar inquieto de arriba
abajo, destrozar objetos cuando no lo están consiguiendo y algunos perros pueden

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llegar al extremo de gruñir, amenazar y/o agredir para conseguirlo. Si estas conductas
nerviosas no les funcionaran, las extinguirían, pero como suelen salir reforzadas por
parte nuestra, se van intensificando y cada vez el perro genera más expectativas y
ansiedad en su día a día.

Para diferenciar si una conducta es para pedir o comunicar un mensaje (sería una forma
de comunicar adecuada y tranquila) o si está exigiendo o insistiendo (conducta nerviosa
y/u obsesiva) deberemos observar si ese comportamiento o conducta provoca ansiedad
en el perro.

Si un perro tiene sed y ve su bebedero vacío, lo más seguro que busque una manera de
hacerse entender y comunicar que no hay agua. Quizá vaya a buscarte y te quiera guiar
hacia su cuenco, o gimotee delante del cuenco o a tu lado, le dé al cuenco con la pata,
te ponga el cuenco en medio del paso, vaya de ti al cuenco un par de veces, haga como
que bebe agua para que te des cuenta que no hay, se te quede mirando y cuando lo
mires él mira el cuenco.... esto son maneras de hacerte llegar el mensaje de lo que el
necesita y son conductas y comportamientos normales, adecuados y aceptables. Pero si
tu perro quiere comer y se pone a chupar el suelo de la cocina como un loco, a ladrarte
cuando sacas su cuenco o comida, te salta, te da vueltas alrededor, no para de gimotear
o estar acelerado, etc. esto sí que representa una subida de los niveles de estrés cada
vez que el perro tenga la expectativa de conseguir algo. Si estas conductas están
presentes varias veces en el día a día y el perro permanece en ese estado emocional
constantemente, sus niveles de estrés estarán altos, por más que el resto de su vida sea
correcta y por más reducciones de estrés y paseos que hagamos.

Podemos detectar fácilmente esos estados emocionales alterados en perros con un


lenguaje corporal de tensión, que siempre llevan la cola alta, que muestran
comportamientos nerviosos, acelerados y repetitivos a la hora de relacionarse con otros
perros o personas.

Este problema en Educación Canina no se tiene muy en cuenta, no se contempla y es


uno de los principales generadores de estrés. Hay formas de trabajarlo y sacar a los
perros de esos estados alterados. Habrá perros que bajaran la intensidad de su conducta
o dejaran de hacerlas, depende de su edad y carácter y el tiempo que las hayamos
estado reforzando. Dejar de reforzar estas conductas insistentes, es básico en cualquier
proceso de reducción de estrés.

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¿Como trabajar el problema?


Deberíamos revisar todo el día a día del perro, detectar donde muestra
comportamientos insistentes y exigentes y mirar de quitar el refuerzo. Por ejemplo, si el
perro ve que sacas el cuenco de la comida y se altera ladrando y caminando para arriba
y abajo, hasta que no se calme no se le pondrá el cuenco en el suelo. Tiene que entender
que por ponerse en ese estado no va a conseguir antes la comida. Que, a partir de ahora,
todas las cosas buenas vendrán por estar en un estado de calma y autocontrol. No por
obedecer una orden de sentado o de quieto, que no sirve de nada. Un perro puede
hacerte caso y sentarse si se lo pides, pero seguramente siga en el mismo estado de
insistencia y descontrol a nivel interno. Si le das las cosas por sentarse y está nervioso,
igualmente estas reforzando la insistencia y ese estado alterado. Deberíamos empezar
a premiar la tranquilidad en vez de los “sentados”.

Si el perro ve que hasta que no se calma y se relaja no hay comida, no hay caricias, no
hay paseo, no hay atención, no hay juego, etc. Aprenderá a estar en este estado. Pero si
vamos aceptando estados de nerviosismo, insistencia, exigencia, impaciencia,
descontrol emocional y, no sólo lo aceptamos, sino que lo reforzamos dándole lo que
quiere estando en ese estado, cada vez tendremos al perro más nervioso, más
descontrolado, más impaciente, más estresado, más insistente, etc. Esos problemas de
conducta no son por el carácter del perro (aunque el carácter y la edad puede influir),
esos problemas y esos estados de ansiedad los estamos creando y perpetuando
nosotros, que los hemos acabado normalizando, aceptando y reforzando sin ser
consientes.

Cuando el estado de exigencia o insistencia es muy intenso, ignorar hasta que se calma,
puede ser eterno y mientras se pasa esta curva de extinción, el perro está subiendo
niveles de estrés. En estos casos lo que aconsejamos es bloquear al perro con el cuerpo,
sin hablarle, sin cogerlo, sin tocarlo, sólo echándolo de la situación. Si es con la comida
nos pondremos frente a él, delante del cuenco y no lo dejaremos seguir saltando, si ladra,
caminaremos hacia él pidiéndole espacio y echándolo de la situación, si es para salir a la
calle y lo tenemos tenso, obsesivo, ladrando o rascando o saltando delante de la puerta
de la entrada, nos pondremos delante y hasta que no se calme, no nos quitaremos y,
volveremos a esperar a que se calme sin abrir la puerta, hasta que no vuelva a estar
tranquilo.

Cuando una conducta ha estado funcionando durante x tiempo, cuando quitamos el


refuerzo el perro intensifica la conducta, es como quemar el último cartucho para
comprobar porque no está funcionando algo que antes si daba el resultado que el
esperaba. Aquí es importante aguantar lo que se llama curva de extinción, no reforzar
ese comportamiento intensificado ya que, si reforzamos ahí, estaríamos enseñando al
perro a insistir y cada vez la curva sería más intensa. Si durante unos días el

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comportamiento deja de funcionarle para lo que espera, desistirá o buscará otro


comportamiento alternativo. Aquí es importante reforzar únicamente la tranquilidad, el
autocontrol y el pedir las cosas con señales de calma (sería como pedirlo por favor).

Las personas intentamos parar estos estados riñendo, castigando, pegando, gritando,
corrigiendo. Esto nos “funcionará” con algunos perros pasivos que paren por miedo a lo
que podamos hacerles, pero no está solucionado el problema, pararan esa conducta en
ese momento, pero está creando inseguridades y miedo a personas en ellos y a la
mínima que no vean peligro lo volverán a intentar. La gran mayoría de perros jóvenes,
que lo que quieren es atención, con estas correcciones, sin darnos cuenta, les estamos
prestando la atención que buscan. Por lo tanto, estamos reforzando la conducta y jamás
dejaran de hacer lo que no nos gusta porque no se lo estamos sabiendo trasmitir.

Aunque con cada corrección consiguen atención, también con cada corrección subimos
niveles de estrés, debilitados el vínculo porque no entienden porque nos enfadamos y
nos volvemos imprevisibles, somos poco fiables para ellos. Así, de esta manera, creamos
círculos viciosos. Es como el pez que se muerde la cola. Cuanto más reñimos más
muestran ese estado y esos comportamientos y más vamos empeorando el estado
general del perro y su desconfianza hacia nosotros. ¿Resultado? El perro sigue
mostrando esas conductas que nos molestan y los alteran y encima se van poniendo a
la defensiva con las personas y van subiendo niveles de estrés.

Para trabajar este problema de conducta, hay que eliminar del día a día todo tipo de
correcciones y castigos, y todo lo que sea contacto y conlleve atención hacia el perro. Si
no lo eliminamos, la conducta persistirá y seguirá subiendo de intensidad cada vez más.

Es importante tener en cuenta que un perro que se relaciona de esta manera con su
familia, que cree que insistir es la única manera de conseguir lo que quiere, mantendrá
este patrón de comportamiento hacia todo con lo que se relacione. Será insistente y
pesado con otras personas, con otros perros y animales. Y esto estará afectando
directamente a lo sociable que sea con otros perros.

Cuando un perro es pesado y no respeta lo que el otro le pide, los perros se acaban
enfadando. Si va recibiendo correcciones y amenazas por parte de sus semejantes, por
maleducado e irrespetuoso, lo que empieza como un problema de insistencia puede
acabar como un miedo hacia los demás perros o con conductas de reactividad o
agresividad hacia ellos.

En el curso On-line esta explicada toda la parte más práctica y se proponen ejercicios
para que el perro entienda antes este cambio en sus rutinas diarias.

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PROBLEMAS
RELACIONADOS CON EL
CONTROL
¿Qué es el control?
Es una conducta donde el perro intenta que el otro haga lo que él considera correcto o
intenta que la situación sea como él necesita o como su persona le está pidiendo. Es una
necesidad de que todo suceda como uno cree que debe suceder y si esto no pasa, el
perro entra en un conflicto. En función del perro y su raza, las formas de control y la
intensidad de la conducta puede ser diferente.

¿Que necesitan controlar?


Un perro se encuentra en la tesitura de controlar por varios motivos que iremos
desgranando. Hay que entender que cuando llegan a la vida, lo hacen con una
información que ancestralmente se ha ido transmitiendo de generación en generación.
Esto quiere decir que los aspectos de comportamiento más de conexión con su
naturaleza los llevan de serie (etapas de la caza) y será lo que de un principio tenga
predispuesto.

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, ahora veremos que las diferentes razas
han integrado informaciones diferentes en relación a la colaboración con el ser humano.
Los perros tipo pastor, de búsqueda o caza, antiguamente vivían fuera de lo que es la
casa, y su relación estaba basada en el trabajo y colaboración en las tareas propias de
cada individuo y situación: cazadores, pastores, protección del ganado…. Por otro lado,
los perros tipo presa y otros, sí que han sido criados dentro del hogar y en convivencia
con los humanos. Por ejemplo, el Staffordshire Bull Terrier en Inglaterra se le llama
“Nany”, por la gran capacidad que tiene a la hora de relacionarse y cuidar a los niños.
Esto ha sido posible porque antiguamente era el sustento de muchas familias que los
utilizaban como perros de pelea. A la hora de convivir, cada raza tendrá una serie de
predisposiciones genéticas que facilitará o dificultará la convivencia en familia. Para
entender estas predisposiciones, es importante saber para qué ha sido creada cada raza,

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que se ha seleccionado en ellos y como ha convivido con el ser humano durante


generaciones.

Con esto damos a entender que la información obtenida a lo largo de los años, ha sido
diferente para cada tipo de perro y que ello conllevará cierto grado de control en
aspectos concretos en su día a día. El perro pastor tenderá a presentar dificultades para
la adaptación dentro del hogar y se complicará en el exterior por la predisposición a
entrar en “modo trabajo”, en modo “control”. Por otro lado, los perros de presa serán
de más fácil adaptación a las rutinas de un hogar y a la convivencia con humanos, pero
pueden presentar mayor dificultad a la hora de socializar y relacionarse con sus
semejantes.

Esto son generalidades que existen a la hora de comprender que es aquello que
necesitan controlar. Un perro tenderá a controlar todo aquello que le preocupe, que le
parezca un riesgo o sea novedad. Un perro no controlará algo que no le preocupe o nada
que le parezca “normal” o que su persona no le diga.

¿Que sería lo normal para un perro? Pues pensemos en lo que han ido normalizando
cada raza durante su selección genética hasta hace poco y lo que ahora deben
normalizar, mirando que en muy pocas generaciones han tenido que adaptarse a
muchos cambios por nuestra forma de vivir en entornos más urbanos.

Si un perro pastor vive en el campo y se socializa en él, desde cachorro, se habituará al


movimiento de los animales, a sus ruidos y sabrá cual es el movimiento que tiene que
controlar (el de las ovejas, por ejemplo), porque otros perros pastor adultos se lo
mostrarán y podrá aprender por imitación. Al igual que un perro mastín, tenderá a no
controlar, porque por naturaleza lo que se les ha seleccionado es la protección y es lo
que llevará de serie.

Pocas personas se van a parar a mirar para qué ha sido creada la raza del perro que
compran o adoptan, y menos aún se van a parar a mirar como buscar la manera de
ayudarlos a normalizar esos instintos o tendencias para que puedan vivir en nuestra
sociedad sin conflictos, sin tensiones y poder disfrutar de una vida tranquila. Lejos de
entenderlos y ayudarlos, van a castigar e intentar eliminar mediante imposición u
obediencia todo aquello que les resulte poco agradable, incómodo o molesto en sus
vidas.

Básicamente aquello que será susceptible de ser controlado son el movimiento, lo que
hace ruido que preocupa, la familia, lo externo que se acerca a la familia, lo que le
preocupa al perro, a su persona o a otros perros de la familia.

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Diferentes motivos por los que un perro siente la


necesidad de controlar
Dentro de casa: El interior de un hogar es el lugar donde, en principio, todo debe estar
en armonía. Esto sería así si el núcleo familiar del perro se comporta de manera
adecuada. Si existe una coherencia en el hacer y ciertas rutinas diarias, como el contacto,
el afecto, los manipulados, la alimentación, la comunicación, el movimiento de las
personas, los ruidos y demás y que todo esto, el perro lo tenga normalizado y no
suponga una fuente de estrés. Si el perro vive estas rutinas y momentos del día a día
como algo conflictivo o que no entra dentro de su “normalidad”, puede surgir la
conducta de controlar aquello que crea conveniente. Que nos persiga por la casa, que
controle a los niños de la familia, a los gatos, a la visita, ciertos ruidos… Un perro que
controla en la convivencia no puede relajarse y sube niveles de estrés.

Movimiento en el interior: A la hora de desplazarnos por la casa solemos hacerlo con


movimientos rápidos e imprevistos. Por ejemplo, si estamos en una posición de sentado
y nos queremos dirigir a otra parte (baño, cocina, balcón…) solemos hacerlo de manera
repentina y rápida. De esta forma estamos enviando señales de que algo sucede. Esto
puede que el perro lo interprete como que existe un posible peligro, o que nos hemos
alterado… y se ponga en estado de alerta y nos siga por la casa, controlando para ver
donde está aquello que nos ha hecho levantarnos de manera exagerada. Pueden
controlar el movimiento de los niños jugando, corriendo, con pelota, con bicis, etc. y el
movimiento de otros perros o gatos con los que conviven.

Cuando un perro se muestra controlador en el hogar, esto le provoca estar en estados


de ansiedad constante y provoca que le sea imposible relajarse. Estar pendiente de la
persona 24h no es algo que el perro quiera hacer, no es sano, de manera que debemos
entender cuáles son los motivos por los que entra en “modo control” para sacarlo de
ahí.

Ruido en el interior: Cuando un perro está en estado de alerta por los ruidos, que
pueden proceder tanto del interior como del exterior, dependiendo de la intensidad y
la frecuencia con que se produzcan, provocará que el perro esté con niveles de estrés
más o menos altos. Debemos comprender que no es lo mismo un ruido cualquiera
(objetos, tv, radio, elementos de cocina, aspiradores…) que el ruido de un ladrido o de
una persona que está parada en el rellano de la puerta de su casa. Este último tiene un
significado con carga emocional que implica un mensaje (excitación, miedo, angustia,
exigencia, amenaza…). En definitiva, debemos distinguir estos dos tipos de ruidos para
determinar en qué medida afecta.

Otros aspectos a tener en cuenta son si los ruidos son conocidos o desconocidos para el
perro, ya que, algo conocido y mal asociado también puede generar inseguridad o miedo.

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Dentro de estos dos aspectos también miraremos si son de procedencia conocida o


desconocida para él.

Cuando el perro quiere controlar ruidos por el motivo que sea, suele dirigirse hacia el
lugar de donde proceden. Si tienen acceso a él, probará de pararlo de diferentes
maneras (ladrará, dará con la pata, morderá el objeto, dará vueltas…). Si no tiene acceso,
como por ejemplo pueden ser ruidos exteriores, se acercará hacia el lugar más cercano
a la procedencia del ruido o que tenga una visual más amplia, puertas y ventanas y estará
pendiente de él. En función del carácter del perro, de la intensidad de la emoción y sus
niveles de estrés, podrá estar callado detrás, reaccionar, ladrar, gruñir….

En el exterior: Fuera de casa todas las emociones se intensifican y las conductas se


intensifican. Puede suceder que el perro se muestre activo gestionando la situación
dentro de casa, pero, al contrario, en el exterior se muestre pasivo, y al revés. Esto no
quiere decir que al perro no le afecte, quizás simplemente no se atreva a mostrarlo por
otros motivos (miedo, sobre estimulación, castigos, indefensión…)

Algo que debemos entender, es que en el exterior todo puede ser más imprevisible. Eso
puede afectar al estado de alerta del perro y provocar que esté más tenso y a la
defensiva.

Movimiento en el exterior: Los niños corriendo, bicis, patinetes, tráfico y demás, todo
esto son estímulos que provocaran que el perro quiera controlar aquello que esté en
movimiento. Debemos sumarle que a veces pueden ser movimientos inesperados o que
sobrepasen el umbral de seguridad del perro. Más adelante en el apartado de miedos
se explica como normalizar el movimiento.

Al haber más cantidad de cosas que controlar que en el interior de una casa, hará que
los niveles de estrés suban acorde a la cantidad de estímulos, su intensidad y cercanía.

Ruido en el exterior: Motores, gritos, persianas, golpes, ruidos metálicos… un sinfín de


sonidos que controlar.

Otras personas: Si tenemos un perro inseguro, preocupado porque nos pase algo,
tenderá a querer reagrupar a la familia si ésta se separa o si algún miembro se aleja. Si
tiene miedo a personas quizá se ponga a controlar que no se te acerquen otras personas,
o que no se les acerquen a los niños de la familia o al otro perro de su círculo familiar.

Otros animales: Si el perro tiene miedo o inseguridades con otros perros quizá controle
que otros perros o los otros animales que a él le preocupan, no se acerquen.

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¿Un perro equilibrado puede controlar?


La tendencia de un perro a controlar es algo que nunca vas a poder eliminar, el perro
que por su raza y carácter está “programado” para tal función nunca dejará de hacerlo.
Pero existe una gran diferencia cuando el perro lo hace por miedo, con un fondo que le
causa ansiedad y/o está en modo “control” gran parte del día o cuando controla de
forma serena y correcta.

Que controle de manera equilibrada o lo haga por miedo y con ansiedad dependerá de:

- Su socialización. Como hemos comentado anteriormente, un perro suele


controlar lo que le preocupa. Si socializamos bien con todo (personas, perros, animales
y diferentes entornos) el perro no tendrá que controlar nada porque nada le preocupa.

- Si normalizamos correctamente el ruido. Si desde cachorros asociamos


positivamente todos los ruidos con los que va a tener que convivir, de adulto no tendrá
la necesidad de controlar esos ruidos que haya normalizado.

- Si normalizamos correctamente el movimiento. Los perros son cazadores y


normalizarles el movimiento es un proceso al que hay que dedicarle tiempo y hacerlo
correctamente. Si se normaliza, evitamos mucha ansiedad en su día a día y eliminamos
la necesidad de controlar todo aquello que está en movimiento (Bicis, patines, patinetes,
niños corriendo, perros corriendo y jugando, gatos y otros animales en movimiento,
corredores, etc.)

- Ser consciente de no estar reforzando ese estado o conductas asociadas al


control.

- Si somos capaces de mantenerlos con unos niveles de estrés óptimos en la


convivencia. Si no es así y tenemos a los perros estresados, surgirá esta necesidad de
control y de hacer algo en su día a día. Ahí pueden empezar las frustraciones, obsesiones
y estereotipias por control como perseguir moscas, sombras, etc. Si el perro vive
estresado aumentamos las posibilidades de que surjan las conductas para las que ha
sido creado.

Cuando un perro controla con miedo, preocupación o ansiedad, sus niveles de estrés
subirán, creará más dopamina y causará que la conducta se repita con mayor frecuencia
e intensidad. De esta forma tendremos un perro que no sabrá discernir entre aquello
que representa algo que se debe prestar atención y controlar, a aquello que no. No sabrá
discernir un peligro de lo que no lo es.

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El perro de trabajo
Veamos un ejemplo de cómo un perro equilibrado puede controlar. Un perro pastor que
vive con su persona y por la mañana acompaña al pastor a conducir las ovejas. El can se
dedicará a controlar el rebaño de manera que, si alguna se sale del camino establecido,
se rezaga o bien intenta correr hacia otro lugar, será rápidamente guiada de nuevo hacia
el resto de ovejas. Esto de por sí, no le causará ansiedad ya que no habrá frustración,
sobre estimulación, miedos, u otros. Teniendo en cuenta que el trato del humano sea el
correcto y que el entorno es adecuado para el perro. Una vez llegado al lugar de pasto,
las ovejas se van dispersando. Ahí, el perro sigue en modo trabajo, sigue controlando,
pero sabe distinguir que en ese momento no hay necesidad de agruparlas y es capaz de
relajarse. Una vez la jornada termina, tocará recoger al rebaño y esto hará que el perro
se ponga otra vez a reagruparlas y guiarlas de nuevo al punto de partida. Esta actividad
no genera ansiedad, es un ejercicio físico y mental adecuado que se realiza con cierta
intensidad y gracias a su gran capacidad de colaborar con los humanos y el resto de
perros.

Ahora vamos a ver que sucede cuando esto mismo lo extrapolamos a un perro que vive
en una casa con jardín, sin salir a pasear y con acceso a ver y oír lo que sucede fuera de
los límites de la parcela.

Todo perro que conviva con un humano, opta en algún momento, por preguntar a un
referente, habitualmente humanos sino convive con otros perros o animales, cuando se
le presenta algo o alguna situación que es nueva o pueda haber algún miedo o
preocupación para él. Un ejemplo sería aquel perro que, por primera vez, ve pasar
delante de la casa a una persona que camina por la acera. Éste, como primera acción
mirará y preguntará a su referente sobre eso que acaba de pasar. Lo habitual es que la
persona no se dé ni cuenta de la situación y con el tiempo el perro empezará a estar más
alerta y controlará más aspectos relacionados con situaciones parecidas. El perro irá
intensificando la señal para darse a entender. Suelen hacer como un “buf” donde parece
llenar la boca de aire, para avisar. Esto se intensifica con el paso de cada situación, si no
recibe respuesta correcta por parte de su persona o de otro perro que lo tenga ya
normalizado, llegará a ladrar y correr hasta que el estímulo se aleja, que es precisamente
lo que el perro espera. A estas alturas, la persona ya ha intentado corregir, reñir, gritar,
castigar… de manera que aún ha sido más reforzado, porque al hablarle nos damos por
enterados y lo reforzamos. En el momento el perro parará, pero a la que se vuelva a
repetir la situación, el perro volverá avisar porque cree que es lo que tiene que hacer.
Esto provoca que el “modo control” del perro se vaya exagerando, se alargue en el
tiempo y cada vez genere más ansiedad en él.

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¿Estas conductas de control se pueden trabajar?


Debemos empezar a parar las conductas de control por un lado y socializar y normalizar
todo lo que le preocupa por otro, para que no tenga la necesidad de controlarlo.

En la convivencia se deben parar todas las conductas de control hacia nosotros o hacia
todo lo externo. Si nos sigue por todos lados, si nos avisa de cualquier ruido de fuera o
del rellano, si nos controla a las visitas, a otros animales de la casa, a los niños, etc.
Bloquearemos la conducta con el cuerpo. En el curso On-line os lo mostramos a un nivel
más práctico para asegurar que sea para adecuadamente.

En el exterior, cuando un perro controla se detecta porque va en tensión y pendiente a


todo. Este comportamiento en el exterior también se puede parar. Si va toda la familia
y en un punto se separan y el perro si va suelto va del primero al último sin parar o si va
atado entra en descontrol emocional. Esto se debe ir trabajando progresivamente para
que normalice la situación y no le provoque ansiedad la separación. Esto es complicado
de explicar por escrito, porque la forma de trabajarlo en cada perro puede ser diferente
y hay que ver bien que es lo que hay debajo de cada conducta.

A la vez que paramos el control, hay que ir trabajando todos los miedos e inseguridades
que tenga el perro, para que así no necesite controlarlo.

Y lo más importante es aprender a ver dónde y cómo estamos reforzando estas


conductas para darle el mensaje opuesto al perro y decirle que a partir de ahora no
queremos que nos controle nada, para así liberarlo de esa responsabilidad y permitir
que viva tranquilo. Como mínimo no le daremos atención o le hablaremos cada vez que
nos siga por la casa o se vaya a ladrarle a algo.

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PROBLEMAS
RELACIONADOS CON
CONDUCTAS DE
PROTECCIÓN
El instinto de protección se puede decir que es natural en cualquier animal y ser humano.
La familia, los amigos, el hogar es algo que a todos nos gusta que esté en armonía y si,
algún posible peligro acecha, buscaremos la manera de proteger a los nuestros. Aquí
haremos un inciso muy importante y es que el ser humano se puede proteger de cosas
que no son reales o que no están sucediendo en el momento presente. El perro lo hará
en situaciones en las que el peligro sea real e inminente y que bajo su perspectiva es
preciso proteger al individuo.

Desde este punto de vista, debemos comprender que aquello de lo que protege un perro,
para él es un peligro real y supone una reacción acorde con la situación.

En Educación canina, desde Atúk, no solemos hacer distinciones entre hembras y


machos, ya que los conflictos en general suelen ser los mismos y no diferencian de sexos.
En este caso sí que haremos una puntualización. Los machos suelen ser más protectores
que las hembras (no quiere decir que una hembra no pueda serlo), es algo que el sexo
masculino en general lleva en los genes. Proteger el nido, la familia, la madriguera…
suele ser tarea del macho ya que su morfología (generalmente más fuerte) permite que
físicamente tenga más posibilidades de éxito. Del mismo modo, las hembras buscarán
que las situaciones estén controladas y en armonía. Todo esto son generalidades que en
ningún caso especifican el comportamiento de hembras o machos, pero sí deberemos
tenerlo en cuenta para determinar a qué es debido ciertas conductas del perro.

Que el núcleo familiar se encuentre seguro es importante para la supervivencia del


grupo. El problema es que el perro vea peligros donde los hay o sienta que debe proteger
innecesariamente.

Cuando un perro protege siempre lo hará por quien tiene a su lado. No es un perro que
ataca, sino que defiende. Puede proteger cualquier cosa, pero no lo hacen para uno
mismo. Es decir, el motivo de proteger siempre es por un tercero.

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La intención del perro siempre será alejar del individuo o del otro perro, todo aquello
que considere un peligro. Pueden ser otras personas, perros o animales y situaciones.

A menudo, perros que no han mostrado comportamientos protectores, al venir niños a


la familia o al traer otro perro cachorro o inseguro a casa, pueden empezar a mostrarlas.

La protección como una conducta sana


Como hemos comentado, la protección de un individuo, familia… es algo natural y es
por eso que se puede mostrar de manera sana en un perro. Cuando existe un peligro
inminente, el perro actuará razonando y sopesando las posibles soluciones. Quizás
hayas visto alguna vez como un perro se interpone entre las escaleras y un bebé para
protegerle de una posible caída, o interponerse para que no caiga al agua de una piscina.
Sacar a otros perros o personas del agua cuando se están ahogando o se lo puede
parecer, o sacarlos de un incendio… Quizás hayas visto como protegen a una persona
que está siendo agredida por otra persona o animal. Como un perro protege a niños de
otros perros tensos o alterados. No por proteger deben mostrar conductas agresivas
hacia el peligro, pueden proteger de manera muy equilibrada y utilizando sus
habilidades sociales.

Un perro que actúa de manera razonada, valorando la situación y en la justa medida, es


un individuo que posiblemente sea seguro de sí mismo, sin miedos y servicial.

Cuando el perro se excede en las formas, actúa con nerviosismo o excitación, ladra en
exceso, o genera mayor peligro del que había, podemos decir que no es una actuación
equilibrada y esta forma de ir por la vida no es sana para él ni para nadie. Estos estados
son el resultado de una incorrecta educación y socialización. El perro está actuando con
descontrol emocional, no gestiona la situación, le supera y le está generando unos picos
de estrés descomunales que conllevará consecuencias negativas. A parte del riesgo
social que representa tener a un perro en este estado de alerta.

La predisposición a proteger
Hay razas con una clara tendencia a la protección, todas las razas que se han utilizado
como protección de ganado y del territorio. Los cachorros de estas razas tenderán a
mostrar una predisposición a la protección desde su tierna infancia, pero en función de
cómo se eduque y como se socialice, lo hará de manera equilibrada o no. Los Mastines,
Rottweilers, Pastores Alemanes, Pastor Belga Malinois, perros de presa y molosos en
general mostrarán una tendencia a esta conducta.

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Un cachorro puede, a temprana edad, desplegar una serie de señales con las que
determinar si tenderá a proteger a los “suyos”. Dichas señales solemos confundirlas con
algo muy humano, y que son los celos. Esta forma de actuar es de un principio sutil.
Cuando la persona interactúa con un tercero, el perro empieza a poner su cuerpo entre
los dos, lame al otro individuo, se interpone, da “toquecitos” con el morro, lo puede
hacer a ambos individuos con la intención de que se separen. Quizás actúe de manera
nerviosa, abalanzándose, lo puede gestionar con “juego”, mordisqueando…

Pueden hacerlo porque de alguna forma entiende que esa situación puede generar un
conflicto.

Estas conductas suelen reforzarse por parte del humano, ya sea acariciando, hablando,
riñendo, etc. Con el tiempo y las interacciones, este comportamiento se va
intensificando. Las formas de gestionar y las conductas pueden comenzar a ser más
directas. Pueden empezar a dar señales de aviso y si todo sigue igual, empezar a
amenazar. Fijación de mirada, interponerse con tensión y quietud, gruñidos, subir belfos,
enseñar dientes… Aquí el humano, ya se empieza a preocupar y las correcciones y
castigos pueden ser la manera más habitual de reaccionar. Esto solo hace que empeorar
la situación y provocará que en futuras interacciones el perro acabe por reaccionar con
mayor intensidad y llegará más rápidamente a la agresión.

Otros motivos por los que un perro siente que tiene que
proteger
Ciertamente es posible que el perro tenga miedo de “algo” y proteja a la persona u otros
perros de sus propios miedos e inseguridades. Es decir, que cuando el perro ve, oye, o
huele aquello que le provoca miedo, entra en “modo protección” por si hay que alejar
al estímulo. Dependiendo de la intensidad y la distancia en la que se presenta la
situación (por ejemplo, no es lo mismo un niño caminando tranquilo, que el mismo niño
corriendo y gritando), las experiencias vividas y la gestión emocional del perro provocará
cierto grado de reactividad.

Existe la posibilidad que, de manera consciente o inconsciente, la persona haya pedido


o haya reforzado la conducta protectora del perro. En este caso deberemos revertirlo y
darnos cuenta de cómo lo hemos pedido o reforzado. Por ejemplo, si caminando junto
a un perro, éste se encuentra en “modo protección” y la persona continúa el camino sin
prestar atención al estado del perro, de alguna manera le está diciendo que se le permite
que lo haga. Igual que si lo acaricia o le presta cualquier tipo de atención en ese estado.
Se debería dar a entender al perro que no queremos que nos proteja y para ello
utilizaremos las señales pertinentes que luego ampliamos.

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Otro motivo es que los miedos sean de un tercero, y el perro al ser consciente de ello,
proteja al individuo, niño o animal. Aquí es habitual que ambos compartan los mismos
miedos.

Nuestras interacciones, abrazos, palmadas en la espalda, ir de frente, darnos besos,


gritos, empujarse (aunque sea jugando), saludar dando la mano, abalanzarse…. Pueden
resultar conductas sospechosas a ojos de un perro inseguro y protector, cosa que puede
hacer que el perro llegue a protegernos de esas situaciones. Lo pueden hacer por sus
propios miedos, para que pare la situación, o bien porque de alguna manera (consciente
o inconscientemente) se le ha pedido al perro que nos proteja.

Si educamos al perro con castigos y correcciones, por pequeños que sean y aunque no
se les agreda ni se les pegue, metemos al perro a vivir en un mundo hostil. Si nosotros
podemos ser peligrosos para ellos, los estímulos desconocidos y externos fácilmente se
percibirán como peligrosos y verán el mundo a la defensiva. Castigar al perro lo meterá
en un mundo de hostilidad y si no cambiamos la forma de educarlo y acompañarlo
difícilmente saldrá de ahí.

Como trabajar las conductas y problemas asociadas a la


protección
1. Como en todo tratamiento, primero de todo miraremos que los niveles de estrés
del perro estén equilibrados, para que el perro no vea peligros donde no los hay.

2. Aseguraremos que la comunicación fluye en la convivencia para que nos atienda


cuando la utilicemos para darle a entender lo que esperamos de él. Si sólo nos
comunicamos para decirles que no proteja, no funcionará.

3. Vamos a eliminar todos los castigos y correcciones del día a día del perro. Que
no sienta que debe protegerse ni proteger a nadie de nada, el mundo debe empezar a
ser un lugar seguro y agradable para él.

4. Si observamos que el perro comienza a hacer conductas asociadas a protegernos


de algo, deberemos comenzar a pedirle con el cuerpo, haciendo señales de calma que
no es necesario que nos proteja, de forma tranquila bloquearemos su tensión con
nuestro cuerpo. Para ayudarle a entender que no pasa nada porque un tercero se
acerque, nos abrace o haga las cosas que un perro puede considerar de dudosa
seguridad. Deberemos habituarlos poco a poco a ese tipo de formas de relacionarse para
que no tenga la intención de protegernos ante estas “normalidades humanas”.

5. El miedo puede ser un motivo por el que el perro proteja al humano. Si el perro
tiene miedo a personas, por ejemplo, es posible que proteja a su persona de sus propios

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miedos. Aquí primero se deberá trabajar con el perro aquello que le preocupe para
facilitar que no proteja posteriormente. Esto puede suceder con cualquier otro miedo.

Debemos entender que un perro que sea protector de los suyos nunca dejará de serlo.
Pero existe una gran diferencia cuando el hecho de proteger le suponga un estado de
ansiedad constante, o bien sea corregido o castigado por hacerlo. En cierto modo es
normal que el perro quiera proteger a su familia, pero es importante que sepa discernir
aquello que supone un peligro real, de aquello que no lo es. Como también lo es, el
hecho de que no tenga miedos, inseguridades o niveles de estrés altos ya que esto
acentuará la conducta y las formas con las que actúe ante lo externo.

Cuando algún miembro de la familia (otros perros y animales también) tiene algún
miedo, el perro, consciente de ello, puede protegerlos porque cree que es lo que
necesitan de él. Así que aquí deberemos hacer nosotros un trabajo personal, o si es el
otro perro el miedoso, socializarlo y ayudarlo a superar sus miedos por separado del
perro que protege.

Protección de su familia
Si detectamos que a la hora de acercarse e interactuar con un tercero, el perro presenta
ese estado de protección deberemos actuar de manera adecuada para pedirle al perro
que cese de proteger. Para eso, primero deberemos identificar cual es el motivo o
motivos por los que el perro entiende que debe protegernos.

Cuando la intensidad a la hora de proteger, es baja, podemos llegar a conseguir


normalizar situaciones con comunicación sutil. Contestando cuando nos pregunta que
hacer, agachándonos cuando él está tenso o preocupado, interponiéndonos entre él y
la persona, perro u situación de la que nos protege, siempre mirando hacia él y
bloquearlo con el cuerpo.

En casos donde la intensidad es más alta, deberemos comunicarnos de manera más


clara, incluso poner límites si la conducta del perro no es adecuada o no es capaz de
aceptar nuestras señales, ya que ahí entra el carácter del perro a la hora de enfrentarse
a las diferentes situaciones. Si el perro ya está mostrando conductas de reactividad o
agresividad, hacerlo siempre bajo situaciones controladas, con correas o bozales para
evitar sustos.

Cuando trabajamos estos problemas es importante tener muy en cuenta el ambiente,


ya que estos perros tienden a sobre estimularse fácilmente. Un perro puede gestionar
una situación y atender a nuestro lenguaje si se está acercando una persona que le
preocupa, pero si además tiene un perro ladrando cerca o pasan bicis por detrás, puede
sobre estimularse y reaccionar mucho más fácilmente. Si el ambiente no es correcto, el

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perro se sobre estimula o lo sometemos a inundaciones (situaciones que el perro no


puede gestionar) no habrá aprendizaje.

Cuando trabajamos este tipo de problema, la comunicación y la interacción de la familia


del perro en estos momentos es lo más importante. De nada sirve socializar con
personas desconocidas, intentar hacer buenas relaciones sociales con el perro, si por
detrás su familia está riñendo y castigando, o están reforzando indirectamente estas
conductas de protección o si no se están comunicando correctamente con él.

Cuando un perro tiene problemas de protección, sus personas deben responderle en su


lenguaje cada vez que pregunta, ya sea girando la cara y volver a mirarlo o agacharse. Si
se tensa, nos anticiparemos y antes de que reaccione habremos cogido distancia, le
habremos dicho a la persona que no siga caminando, nos habremos interpuesto y hecho
señales de calma si el perro para de avisar y pregunta, si no para, nos pondremos delante
y bloquearemos al perro sin castigos ni tirones. Se harán las aproximaciones progresivas,
según el perro vaya aceptando, desensibilizando o no según el estado del perro y el tipo
de problema. Si hay miedo podemos desensibilizar, si no hay miedo, no se le darán
chuches al perro. Pero en todo momento haremos señales de calma y mantendremos
un lenguaje corporal acorde a la situación para darle a entender que no hay nada de lo
que preocuparse y que nosotros estamos tranquilos, confiados y seguros de nosotros
mismos en todo momento.

Si él está tenso o preocupado, evitaremos que nuestro cuerpo dé el frente a la situación


a la cual el perro le presta atención con la intención de proteger.

Por ejemplo: dos personas que están hablando una frente a la otra, con un perro que
protege. Ladeando un poco el cuerpo dejando de dar el frente a la otra persona
podemos dar a entender al perro que la situación no implica ningún riesgo y que no
tiene nada de lo que proteger.

Introduciremos las situaciones tensas y de conflicto de manera tranquila, sin


movimientos rápidos, sin gritos y en entornos adecuados facilitará que el perro
normalice antes todo tipo de relaciones entre personas.

Protección de perros u otros animales


Cuando un perro protege a otros perros o animales es muy importante reconocer cual
es el motivo. Normalmente puede haber dos motivos detrás:

1. El perro que protege tiene miedo/inseguridades hacia otros perros y protege a


los suyos de sus propios miedos.

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Aquí hay que socializar al perro a solas con lo que le de miedo, otros perros u otros
animales. Mientras se socializa, se le parará con límites corporales toda intención de
proteger, tanto en casa como fuera, y a la que cese, se le harán señales de calma como
agacharse en presencia de lo que le preocupa.

2. Es el otro perro o animal quien está inseguro o tiene miedo o manda al otro a
reaccionar. Puede tener miedo de otros perros o de personas. A menudo, en estos casos,
el otro perro puede enviar al otro a encargarse de gestionar la situación.

Trabajar a los perros por separado. Socializar y trabajar a uno los miedos y al otro la
conducta de protección. A la hora de introducirlos juntos, se valorará si desensibilizar o
poner límites a la conducta de protección. Muy probablemente si el otro perro ya no
tiene miedo a perros o personas, el otro no verá la necesidad de protegerlo.

Es necesario que, estando en presencia de un perro protector pueda ver que el trato y
lo que sucede es adecuado y que no representa ningún peligro. Para esto es necesario
que haya comunicación tanto con el animal que presenta el miedo como con el perro
protector, simultáneamente.

En los problemas de conducta asociados a conductas de protección, se hace


imprescindible que os acompañe un buen profesional en el proceso. Ya que explicarlo
bien es casi imposible y queda uno de vosotros puede interpretarlo y llevarlo a cabo de
formas muy diferentes y puede que incorrectas. Un perro que protege puede ser un
peligro para el resto, es importante hacerlo bien y ayudar a ese perro a salir de ese
estado ya que la mayoría de ellos acaba abandonado o sacrificado. Ponernos en
contacto por privado, si tenéis a un perro en ese estado y os asesoramos.

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MIEDOS E INSGEURIDADES
El miedo es un estado de supervivencia que surge como respuesta ante una situación
eventual de peligro. También puede hacer referencia al sentimiento de desconfianza de
que pueda ocurrir algo malo. El miedo es una emoción primaria necesaria para vivir, es
vital y motiva conductas de protección y/o control. La alegría, la felicidad...expanden la
energía y el cuerpo, el temor en cambio, lo retrae. Vivir constantemente en este estado
de miedo perpetúa la ansiedad.

El miedo conlleva unas reacciones físicas como el enfrentamiento o la huida ante dicha
situación que lo genera. En Atúk formación y educación canina entendemos que un
perro es activo cuando se enfrenta al miedo o pasivo cuando huye y evita el conflicto,
ya sea alejándose, gestionando con nerviosismo, aceleración o juego. Algunos perros
pueden ser activos o pasivos depende de con que miedo (por ejemplo, puede tener
miedo a perros y personas, pero ante un perro atacar y ante una persona evitar).

Aquello que se puede interpretar como un posible peligro, provoca en el individuo una
reacción con la que poder estar preparado para hacer frente a la situación o huir y así
poder sobrevivir. La idea de que algo pueda amenazar la seguridad o vida del perro,
causa que el cerebro se active y envíe órdenes al cuerpo generando una serie de
compuestos químicos para poder responder ante un peligro inminente.

El miedo conlleva cierto proceso fisiológico


Primero los sentidos reconocen el peligro, llevándolo al cerebro para ser interpretado.
Una vez estudiado se pasa a la acción. El sistema límbico, que se encarga de regular las
emociones, es el causante de la activación de la amígdala que comenzará a liberar las
hormonas necesarias.

Esto provocará los diferentes síntomas o reacciones:

1.- Aumento del ritmo cardíaco

2.- Aumento de la glucosa en sangre

3.- Aumento de la velocidad en el metabolismo

4.- Aumento de la adrenalina

5.- Aceleración de la respiración

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6.- Contracción muscular

7.- Dilatación de la pupila.

La intensidad con la que se gestione variará según cada perro. Pueden ir desde un
poquito de inseguridad y ansiedad, hasta un pavor total y entrar en estado de pánico.
La respuesta del organismo se presentará acorde a la intensidad con la que el individuo
vive esa situación.

Esta intensidad se verá afectada según la perspectiva con la que el perro ve el mundo.
Entender que las habilidades sociales, la experiencia acumulada, la “perronalidad”, la
predisposición o no a la solución de conflictos, el apoyo recibido, el sentirse “obligado”,
la incapacidad de llegar a una solución, la gestión emocional y otros muchos factores
son determinantes a la hora de llegar a ver peligros donde no los hay.

Cómo empiezan los miedos


Cuando el perro está en la etapa de socialización (hasta los 4 meses), de manera natural
se relaciona de forma abierta, amistosa y con mucha curiosidad con todo el entorno.
Cuando un cachorro presenta miedos o agresividad antes de los 5 meses, sus vivencias
hasta el momento no han sido las adecuadas y habrá que socializar muy bien y no
cometer errores en el período de socialización para poder revertir adecuadamente este
estado. Quizá haya tenido algún trauma, no ha sentido la protección de su madre, sufrió
un destete prematuro, fuera abandonado a su suerte, haya recibido alguna agresión de
otro perro adulto, personas que posiblemente no lo hayan tratado bien, hayan sido
hostiles, poco fiables, o viera como un ser humano pegaba a otro, o pegaba a un perro
o lo mataba, hayan sufrido incendios, inundaciones.... Existen un sinfín de historias. Las
más comunes y que podemos ver en el día a día son desprotección por destetes
prematuros, castigos y tratos hostiles por parte del ser humano, falta de respeto e
imposición de las personas con las que trata desde que son muy pequeñitos. Traumas
por abandonos en diferentes lugares (carreteras, contenedores, bolsas…). También
están los que se generan en las protectoras por la masificación y el hecho de socializar
a los cachorros con perros no adecuados.

Cuando el cachorro tiene 5 meses es cuando empiezan a “salir los miedos”, se llaman
etapas sensibles. Como ya hemos visto en el apartado de cachorros, en estos períodos,
los perros comienzan a ser conscientes de ciertos aspectos, y esto implica la conciencia
de uno mismo, que conlleva el autoconocimiento de sus propias limitaciones. Así pues,
este individuo debe comenzar a saber sobrevivir, de manera que empezará a investigar
y estudiar aquello que pueda ser un posible peligro.

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Aquí, el cachorro comenzará a fijarse en perros o personas de su entorno que le puedan


servir de referente, por lo que en esta etapa es importante que se relacione con perros
adultos y adolescentes correctos que puedan guiarlo y ayudarlo a superar los posibles
miedos que puedan surgir. También esto afectará en el modo de comportarse.

Es importante que antes de esta etapa y durante los periodos sensibles y toda su
adolescencia, se le trate bien, de manera respetuosa y aseguremos que las relaciones
sociales que le ofrecemos sean adecuadas, tanto con perros como con personas y niños.
Sobre los 6 meses entrarán en la adolescencia, cogerán más confianza en sí mismos y
van a empezar a mostrar más activamente sus miedos. Alrededor de los 8 meses viene
el siguiente período sensible, la diferencia con la anterior etapa, es que el perro ya no
es un cachorro, está en plena adolescencia. Entre los 13/14 meses pasan por la siguiente
etapa sensible, así mismo lo harán a los 16 y los 24 meses, donde ya se habrán
convertido en adultos.

Si durante estos períodos, no hemos llevado bien este acompañamiento, ayudándoles a


superar sus miedos, ya sea a través de otros perros o de nosotros mismos, estos se
intensifican e implican una reacción emocional y ciertas conductas asociadas que a veces
de forma inconsciente y otras no, se corrigen y castigan. En definitiva, acabamos
riñendo, corrigiendo, o castigando miedos. También provoca que el perro se relacione
de manera no adecuada con otros perros y termine por recibir rechazo a la hora de
relacionarse. Dependiendo de la intensidad y la frecuencia con la que se hayan castigado
esos miedos, en un futuro podrían convertirse en reactividades o incluso en conductas
agresivas. Por este motivo, es importante realizar una correcta socialización hasta que
se hagan adultos, para acompañarlos en todos aquellos aspectos que vayan surgiendo y
sobre todo, con aquellos miedos que se estén intensificando.

El miedo forma parte del crecimiento normal del perro en su etapa de cachorro y la
adolescencia. Se puede perpetuar en la edad adulta si no recibe un correcto
acompañamiento. Los miedos pueden existir porque el perro siente que su vida puede
estar en peligro, siente que está en juego su integridad. El miedo no se puede eliminar,
no podemos hacerlo desaparecer. Se convierte en un problema cuando no les ayudamos
ni les prestamos un acompañamiento correcto.

¿Que provoca en nosotros los estados de miedo de nuestro perro? Los miedos de
nuestros perros nos desestabilizan. No los entendemos o nos molestan las formas que
tienen de hacernos saber que eso les preocupa o atemoriza. Intentamos tapar y
esconder estas reacciones mediante castigos, correcciones, los ignoramos y
menospreciamos, con lo cual estos miedos se acentúan y se pueden ir generalizando (si
al principio me daban miedo los hombres con barba, cuanta más ansiedad genere el
individuo, este miedo se irá generalizando a todos los hombres, luego a mujeres,
niños…). Queremos hacerles ver rápido que no pasa nada y con ello no solo aumentamos
la intensidad del miedo, sino que debilitamos la seguridad que tenga el perro en sí

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mismo y su autoestima. Cuando les castigamos o reñimos por tener miedo, no les
estamos enseñando como superar su miedo, sino que les estamos enseñando a tener
más miedo, ahora además nos tiene que temer a nosotros y nuestros enfados y
perpetuamos este estado de angustia. A parte que perdemos el vínculo y la confianza
que tenían en nosotros.

Diferentes tipos de miedos


Miedos adquiridos: Ya sean por la educación recibida mediante castigo, gritos,
amenazas, tirones, golpes... Se los inculcamos porque siempre se los estamos
imponiendo, siempre van a tener miedo al castigo o a lo que le puedas hacer. Todo el
acompañamiento emocional que no reciben en la infancia, se puede convertir en un
miedo, ya que se van integrando en el día a día del perro (Ejemplo. Nuestro cachorro
salta a los desconocidos como forma de demostrar preocupación o porque quiere
saludar y esta impaciente, lo castigamos por saltar. Él lo asocia al desconocido porque
es su temor o es lo que tiene delante. En vez de ayudarlo y darle a entender que no pasa
nada o que necesita aprender a autocontrolarse, le hemos perpetuado e intensificado
ese miedo).

También pueden adquirirlos, mediante el ejemplo de sus referentes u otros perros de la


familia. Si su humano, o el otro perro de la familia tiene miedo de algo, lejos de
normalizar la situación, el cachorro o perro más joven va a adquirir el mismo miedo de
su referente.

Les traspasamos nuestros miedos e inseguridades ya sea a través del manejo de correa,
nuestras formas de llamarlos para evitar alguna situación que nos preocupa, a través de
las hormonas que segregamos y nuestras reacciones corporales involuntarias cuando
estamos frente aquello que nos atemoriza. Si los dejamos con familiares, amigos,
residencias, etc. también pueden adquirir los miedos de estas personas o de otros
perros o animales de la familia y amigos. Estos miedos son lentos de trabajar y se
acompañan de un trabajo personal de su persona.

Miedos irreales: Cuando aparentemente no hay nada y no sabemos ver que les
preocupa: cuando sopla el viento, en la oscuridad, etc. Estas situaciones son lentas de
trabajar. En estos miedos es importante reducir los niveles de ansiedad del perro ya que
cuanta más ansiedad, el perro siente más peligros irreales. La ansiedad hace que se
intensifiquen los miedos y vean peligros donde no los hay. Aquí hay que trabajar en que
el perro coja seguridad y confianza en sí mismo.

Miedos por poca información: Por ser algo desconocido o una situación u objeto nuevo,
nunca visto o vivido antes por el perro. Aquí podemos ayudarles aportándoles
información a través de nuestro lenguaje corporal, con señales de calma, sin imponer,
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respetando sus ritmos hasta que normalice esa situación. Una vez normalizada ya no
vuelven a mostrar inseguridad o miedo en la misma situación (Ejemplos: subir al coche,
al tren, un ascensor por primera vez, a un perro de campo meterlo en sitio urbano…).
Bien acompañados, son muy fáciles y rápidos de normalizar.

Miedos por traumas: Accidentes y eventos traumáticos que se quedan gravados.


También pueden generar miedo a objetos, personas o animales que envolvieron o
rodearon ese evento traumático. Si me atacó un perro en el campo, había niños cerca y
un Labrador, quizá no quiera volver a ir al campo, ni saber nada de niños o de Labradores.
Asocian lo que había cerca como algo malo a parte de quien lo agredió, que también se
suele condicionar negativamente. A menudo, estos miedos, son muy complicados,
lentos de superar y más si ocurrieron en edad temprana o períodos sensibles en la
adolescencia. Los perros recuerdan perfectamente situaciones vividas en los dos
primeros meses de vida y muchas asociaciones quedan gravadas a fuego.

Miedos por falta de atención y de amor incondicional en los primeros meses de vida:
Los momentos en los que les faltaron atenciones reales a todos los niveles: emocionales,
sociales, de salud, fisiológicas como alimento o agua, cobijo.... Ya sea porque les
separaron de su madre, la madre los rechazó, o no les dio de mamar, algún ataque de
perros del entorno sin que mamá lo proteja, pisotones, abandonos, aislamiento y todas
nuestras acciones incorrectas como castigar o ignorar sus miedos. Todo lo que no haya
vivido desde el amor, la coherencia, el respeto, la protección y el sentido común, es
susceptible de convertirse en miedo porque ha estado inculcado.

Miedos genéticos: Miedos heredados. El perro nace con esta predisposición ya que hay
una carga genética porque sus antecesores ya los tenían.

Miedos por cambios en su vida: Todo lo que sean cambios en su vida o cambios de
rutinas y horarios. Meter otro perro, gato en casa, llegada de un bebé, cambio de piso,
divorcios, viaje de los propietarios, estancias en sitios desconocidos, etc. Los cambios
pueden generar miedos que si se acompañan correctamente se van igual de rápido que
vienen.

¿Cómo podemos acompañarlos en estos miedos?


Que no hacer:

1. No menospreciar sus miedos, ni ignorarlos, ni burlarnos de ellos.

2. No forzar las situaciones ni obligarlos a superar sus miedos. Cuanto más fuerces, más
tardará en superarlo y menos confiará en ti. Esto va a dificultar que les podamos ayudar
a superar sus miedos en un futuro.

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3. No enfadarnos con ellos porque tienen miedo. Enfadarnos machaca su autoestima,


intensifica los miedos y debilita el vínculo. Aceptemos sus miedos y prestemos un
acompañamiento tranquilo y adecuado. Sin frustraciones, sin presiones. De esta manera
les permitimos avanzar sobre seguro, sin preocuparse por nosotros, ni por si en algún
momento vayamos a perder los papeles con ellos.

4. No sentirnos culpables. La culpa perpetua un estado de inmovilidad que no lleva a


nada bueno. Si no lo he hecho bien, no me culpo ni me preocupo, sino que, me ocupo y
empiezo a poner remedio a la situación.

A muchos de nosotros nos molestan los miedos de nuestro perro. Si tenéis hijos y
prestáis atención, quizá os sorprendáis viendo que también os molestan sus miedos, los
presionamos para que los superen cuanto antes forzando las situaciones. A veces les
decimos ¡Anda ya! Si no pasa nada… Si esto no es peligroso… ¡vaya tontorrón/a! Tener
miedo es lícito, está permitido y ellos tienen que saberlo. Nos solemos enfadar cuando
vemos los miedos en ellos y sus reacciones. Hay que acompañarlos y permitírselos para
que puedan estar tranquilos y poder superarlos. ¿Porque nosotros podemos tener
miedo a que ellos hagan daño o se lo hagan o se pongan enfermos y no queremos que
ellos se lo tengan a otros perros? ¿O a los ruidos? Es un miedo igual, nosotros también
los tenemos. Es un ejercicio de empatía.

El perro es un ser independiente al que debemos acompañar y ayudar, ya que tú has


sido quien ha elegido tener un perro en casa. Si lo acompañas, podrá llegar a ser feliz,
aprender a gestionar sus miedos y luego superarlos. Os animamos a ser valientes y
emprender este viaje junto a ellos, de acompañamiento sin querer negar o eliminar la
reacción, haciendo ver que no existe tal miedo, pues es lo que se suele hacer en esta
sociedad con los perros. El castigo perpetúa e intensifica el miedo, solo que va anulando
o modificando las reacciones, pero no permite un entorno correcto en el que el perro
algún día pueda llegar a superarlo y hacer una vida más tranquila. Lo más importante es
que vea a su familia, como compañeros de vida que lo apoyan, lo guían y lo ayudan. No
como algo a lo que temer más que a sus propios miedos.

¿Cómo ayudarles a superarlos?


- Ofrecer protección y seguridad sin frenar su miedo y sin generar otro miedo, por
supuesto. Tu apoyo, sin presión. Permitiendo la distancia de seguridad en la que el perro
pueda sentirse a salvo y asegurando que la intensidad del miedo no sobrepasa lo que el
perro puede asimilar. Las situaciones que no dependan de nosotros, le ofreceremos
tranquilidad, serenidad y apoyo. La finalidad es que, a nuestro lado, se sienta seguro
esté donde esté.
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- Reconocer y aceptar sus miedos. A veces cuando el perro muestra sus miedos con
nerviosismo, aceleración, con juego tenso.... a nosotros nos cuesta más entender, que
el fondo de lo que está haciendo, es miedo. Primero hay que ser consciente de todo lo
que le preocupa y todo lo que le causa miedo, luego aprendamos a estar en paz con ello
y aceptar sus formas de expresarse. Así, podremos ir dándoles la información que
necesitan de forma neutra, para que los puedan superar sin que nuestro estado les
afecte.

- Dejemos que expresen su miedo. Si se coarta con castigo, se paraliza un proceso


fisiológico (temblar, jadear, llorar, taquicardia, ladrar…) si lo castigamos frenamos su
mecanismo de defensa y el perro se queda reprimido o al revés, descontrolarse y ser
capaz de llegar a agredir. Intentaremos que no se metan en ese estado ya que
conocemos sus miedos, a que distancia o intensidad reaccionan y nos anticiparemos,
pero si se produce la reacción, no la castigaremos ni reñiremos, lo sacaremos o
alejaremos sin castigo. Nos amoldamos a su miedo, les ofrecemos seguridad y así podrán
empezar a superarlo.

- Utilizaremos técnicas respetuosas para trasmitirles que esa situación, objeto, perro o
persona no es peligrosa mediante desensibilización sistemática o habituación (esto lo
trabajaremos y explicaremos en el módulo de Reactividad y Agresividad en perros), les
ofreceremos tranquilidad y apoyo mediante comunicación no verbal (señales de calma),
estaremos atentos a la situación para ser seguros y confiables para ellos (importante, si
nos ponemos a hablar con alguien, vamos despistados y no somos conscientes de sus
miedos el perro pierde confianza en nosotros porque estamos demostrando que él y su
miedo, no son nuestra prioridad). Si tenemos en cuenta que está en juego su seguridad,
el vínculo se debilita y no confiará en nosotros.

- Ellos solo están donde nosotros hemos decidido e intentan adaptarse. El trabajo de
acompañamiento es nuestro, y más, si tenemos un cachorro, un adolescente o un perro
adulto con el que hemos hecho cosas ¨mal¨. La responsabilidad es nuestra y la solución
está en nuestras manos.

- Si estamos educando a un cachorro podemos hacerlo bien desde el principio. Si ya


hemos cometido errores con nuestro perro que ya es adulto, hay que revertir lo que
hemos creado, aprender a acompañarlo y recuperar su confianza.

No os fustiguéis por haber hecho cosas incorrectas. La información se trasmite para


avanzar y mejorar en nuestra convivencia con ellos y siempre se está a tiempo. No
queráis cambiar rápido el estado del perro, la velocidad de aprendizaje la pone el
individuo. Ofrecerles acompañamiento, ayuda, protección y comprensión (sin reforzar
estados ansiosos y los miedos mediante caricias o sobreprotección). Hay que saber estar
ahí, tranquilo/a, sin miedo a equivocarse, sin miedo a gestionar esta situación de forma
diferente, sin presión, con paciencia. Mucha paciencia.

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Miedos más comunes


A continuación, hablaremos de los miedos más comunes y sobre cómo ayudarlos a
superar cada uno de ellos. Aquí nos centraremos en el trabajo con perros pasivos, los
que no reaccionan y no se enfrentan a lo que les preocupa. De perros activos, que se
enfrentan y muestran reactividad o conductas agresivas, hablaremos en el siguiente
apartado.

El miedo es el mismo en un perro que huye como en uno que ataca, sólo que depende
del carácter, la raza, los niveles de estrés y el tipo de educación recibida, el perro podrá
gestionar el miedo de forma pasiva, huyendo o evitando el conflicto ya sea con juego,
nerviosismo o calmando, o podrá gestionarlo de manera activa, ya sea con reactividad
(ladridos y comunicación para ahuyentar lo que le preocupa, sin agresividad) o con
comportamientos agresivos (aquí el perro es capaz de causar una agresión con tal de
salir de la situación).

La agresividad y la reactividad puede estar causada por miedo, pero también por control,
por protección o aprendida, por eso se trata en un módulo aparte.

1. Miedo a personas

Junto al miedo hacia otros perros, el miedo a personas es el más común. ¿Como puede
ser que viviendo con personas los perros tengan miedo de ellas? Puede deberse a varios
factores. Poca socialización en edades tempranas junto con malas experiencias con
personas. Que coincidan manipulados veterinarios y curas, junto con una pobre
socialización en etapas sensibles. Malos manipulados desde cachorros por parte de las
personas que los cuidan. Que las personas no atiendan su comunicación, que castiguen,
riñan o le peguen. Que hayan presenciado como otras personas riñen o maltratan a
otros animales o personas. En definitiva, el perro cree que relacionarse con personas
puede ser algo peligroso y ve el mundo como algo hostil.

Si hay castigos y correcciones dentro de casa, por más que socialicemos con personas,
fuera no avanzaremos. Si la gente de casa no es fiable, las de fuera menos.

Hay perros con problemas de agresividad a personas de fuera de la familia y los hay que
presentan la agresividad o desconfianza dentro de la familia. Si es dentro de la familia,
siempre hay una educación impositiva y con castigos, o exceso de correcciones. El
entorno del perro no es respetuoso con él y el perro se puede poner en alerta y a la
defensiva con este entorno.

El perro puede tener miedo a personas o a los manipulados o las intenciones de las
personas y huir o evitar conflicto escondiéndose, apartándose, calmando al otro, con

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nerviosismo o gestionando con juego, pero también puede mostrar conductas reactivas
o agresivas hacia las personas o ante sus intenciones.

Cuando los perros reaccionan ante personas desconocidas puede ser por miedo, pero
puede haber otras causas que estén creando el problema, como la protección, el control
y las conductas exigentes. Esto lo hablaremos en el apartado de Reactividad y
Agresividad.

Para socializar al perro con personas, tiene que ir conociendo personas desconocidas sin
que estas fuercen la situación, y que se sienta seguro, respetado y si puede ser, que
asocie la situación y la presencia de la gente con algo positivo como comida. Si hay
pánico, para que empiece a confiar y coger comida, se puede empezar de espaldas,
luego de lado, hasta poder dar el frente. Primero siempre sentado, luego agachado para
que cuando el perro coja confianza se la puedas entregar de pie.

Si tiene miedo a las intenciones y/o a los manipulados de las personas, estas deberán
ser respetuosas, tranquilas, moverse a poco a poco y de forma predecible, saber
respetar la comunicación del perro y comunicarse correctamente con él para que pueda
empezar a confiar.

Si tiene miedo a manipulados, curas, cepillado, se puede iniciar un trabajo de


desensibilización y hacerlo de manera progresiva y siempre respetando su lenguaje
corporal y parando siempre que el perro lo pide. A nivel práctico lo tenéis en el curso
On-line.

2. Miedo a perros

El miedo hacia otros perros puede venir por una pobre socialización con ellos en etapas
tempranas, por destetes prematuros, separación temprana de la madre y hermanos y
aislamiento social o por malas experiencias con otros perros. Cuando un perro tiene
miedo a otros perros o a un tipo de perro en concreto (raza, tamaño, color) como
mínimo, ha habido una mala experiencia o alguna mala asociación con sus semejantes.
Aunque también pueden darse comportamientos reactivos o agresivos porque el perro
vive en un estado de control o protección de su persona u otro perro con el que convive,
esto lo hablaremos en el siguiente apartado.

No es lo mismo socializar a un perro con otros perros, si éste nunca ha estado en


contacto con ellos, ya que parte de cero e implica que no ha habido malas asociaciones,
aunque sea algo desconocido. Que socializar con perros a un individuo que ha tenido
malas experiencias o traumas con ellos.

Socializar a un cachorro o a un perro inseguro que ha vivido aislado y sin contacto social
con sus semejantes, es muy sencillo, solo tiene que conocer perros equilibrados y con

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habilidades sociales que respeten sus tiempos, sus distancias y se comuniquen


correctamente y evitarle malas asociaciones con perros tensos, maleducados o
estresados que no lo vayan a respetar. Conforme vaya cogiendo confianza, seguridad y
habilidades sociales podrá ir relacionándose con más tipos de perros, ahí si podrá
atreverse a calmar a un perro estresado, insistente, maleducado, controlador, etc. Pero
nunca lo meteremos a relacionarse con perros que presenten conductas agresivas o
impositivas hacia otros perros.

Si el perro tiene miedo a perros por malas asociaciones o experiencias negativas, su


persona tiene que ser muy consciente de que es lo que le preocupa o asusta, para no
volver a exponerlo a esa situación. Que aprenda sobre cómo se comunican los perros,
de manera que pueda comprender con qué tipo de perros se encuentra en los paseos o
con los que convive para poder detectar tensiones y conflictos y actuar en consecuencia.

La intensidad del miedo hacia otros perros es proporcional al número de malas


experiencias, a la intensidad de ellas y a los niveles de estrés que presente el perro. La
expresión de este miedo y la forma de gestionarlo, estará muy determinada por el
carácter del individuo y su raza, si gestiona el miedo de forma pasiva o de forma activa,
que lo hará evitar el conflicto o enfrentarse, el vínculo que tenga con su persona, su
seguridad, autoestima, sus habilidades sociales y el entorno.

Para empezar a trabajar este problema con un perro con miedo, habrá una primera
etapa donde su persona evitará contacto con otros perros para que su perro vuelva a
confiar en él y no se sienta expuesto ni a la defensiva, lo acompañará con lenguaje
corporal correcto cada vez que pase otro perro cerca (coger distancia, agacharse,
permanecer inmóvil hasta que el otro perro pase) en el caso de que un perro suelto se
acerque, la persona se interpondrá entre ellos y echará al otro perro para que el suyo se
sienta seguro y sepa que su persona se ha dado cuenta del miedo y lo protege, o se irá
de la situación nada más vea que está suelto para evitar la situación tensa.

Cuando el perro sale de ese estado de alerta y vuelve a confiar en su persona, que ahora
lo entiende y se comunica, buscaremos perros tranquilos, con habilidades sociales y
respetuosos para empezar a hacer paseos, primero manteniendo la distancia que
necesiten hasta que se puedan empezar a dar los acercamientos cuando el perro está
preparado. Es importante que el perro sea correcto, porque si no, podemos conseguir
el efecto contrario y retroceder. Una vez quiere relacionarse con ese perro, se buscan
otros perros adecuados para relacionarse y que vaya rompiendo esas malas
asociaciones con perros que lo respetan y con los que va a establecer una relación social
correcta y respetuosa. Y así, progresivamente, le devolvemos las ganas de relacionarse
con sus semejantes. No olvidemos que son animales sociales, necesitan la relación social
para estar en equilibrio.

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Si conseguimos que un perro miedoso tenga como referente a un perro equilibrado, éste
podrá ser una buena forma de ayudarle a superar sus miedos mediante la observación
de cómo se relaciona el perro con otros perros y personas. Nosotros podemos intentar
transmitir un mensaje a un perro durante meses y un perro puede hacer llegar el mismo
mensaje en pocos minutos.

En casos de reactividades y agresividades lo hablaremos en el siguiente apartado.

3. Miedo a otros animales

El miedo hacia otros animales se da por no haberlos conocido o asociado positivamente


en etapas tempranas, por haber tenido malas asociaciones y experiencias o por miedo
a lo desconocido.

En cualquier caso, si tienen que convivir, las presentaciones se harán de forma


progresiva. Primero durante una o dos semanas se deberían habituar primero al olor del
otro dentro de casa, turnándolos para que no se vean físicamente, solo se huelan.
Damos tiempo a que se adapten a las novedades y se hagan a la idea de que allí hay otro
animal. Una vez ya no tienen curiosidad por el olor del otro, procedemos a que se vean
a través de un cristal o reja. Si hay reacciones a través de la reja o cristal, las paramos
con el cuerpo y acompañamos la situación con señales de calma, para darles a entender
que no pasa nada. Aquí seremos los mediadores de la situación. Así se van habituando
al olor y a la presencia del otro sin exponerlos a reacciones o malas experiencias que
luego nos costaría mucho más de reconducir. Cuando son capaces de olerse y verse sin
reaccionar ninguno de los dos, se saca al perro atado en presencia del gato o del otro
animal. Si ambos están tranquilos y no reaccionan, se le suelta y se media si tienen
cualquier tensión parándolos con el cuerpo, sin gritos ni correcciones, solo con el cuerpo.
Al principio siempre bajo supervisión hasta que veamos que ya confían el uno en el otro.

Puede pasar que el perro solo reaccione al movimiento del otro animal. Aquí
empezaremos a desensibilizar movimiento para que no tenga la necesidad de pararlo.
Si el otro animal es una gallina, pueden reaccionar al aleteo, es cuestión de
desensibilizarlo de forma sistemática (con distancia donde el perro no se active cada vez
que la gallina aletee, chuche al suelo, y si no va reaccionando cada vez más cerca. En
sesiones cortas, cada día un ratito, unos 5 o 10 min. Será suficiente y el resto del día que
no tenga acceso a ver ese comportamiento en el otro animal.

4. Protección de recursos

Incluimos la protección de recursos en el apartado de miedos porque el perro no confía


en su entorno, siente que tiene que protegerse y proteger su comida, juguetes o cosas,

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del resto de personas o perros con los que convive. Estos problemas siempre están
asociados a malas experiencias a temprana edad o adiestramientos incorrectos
alrededor de la comida o sus juguetes.

A menudo, con la intención de prevenir este problema lo acabamos creando por aplicar
técnicas incorrectas e impositivas que no tienen ningún sentido. Técnicas del Paleolítico
donde mientras el cachorro come, ir quitándole la comida, molestándole y si gruñe, se
lo quitas o le pegas un toquecito. La realidad es que acabamos creando un problema y
una mala asociación donde antes no lo había y el perro comerá delante de ti incomodo,
en alerta y probablemente a la defensiva. Si dejas que el perro coma tranquilo y nunca
lo molestas o de vez en cuando te acercas para darle algo más bueno mientras come,
nunca tendrá ese problema.

Una vez creado el problema, cuando el perro ya protege comida u otros objetos, hay
que revertir la creencia que tiene el perro que cuando nos acercamos es un riesgo para
él. Siempre que nos acerquemos nunca le cogeremos ni tocaremos su comida o juguete.
Si necesitamos hacerlo por fuerza mayor, le tiraremos un trozo de comida en dirección
contraria para cogerlo sin riesgos. Y siempre que pasemos cerca de él mientras come,
haciendo señales de calma, le lanzaremos algo de comida de mayor calidad de lo que
está comiendo. Cada vez le iremos poniendo ese trocito de comida extra más cerca de
su plato. Que vea que nuestra presencia es algo positivo. Y lo mismo si protege un palo,
hueso, juguete, etc. respetando distancias de seguridad y haciendo siempre señales de
calma, nos iremos acercando para premiarlo con comida por dejar que nos acerquemos
y romper esa mala asociación que tiene con las personas.

En el caso de protección de recursos con otros perros, si solo se echan porque el otro
viene a molestar o a comerse lo suyo, es normal y correcto que echen al otro. Pero si
hay problemas graves de protección tenemos que mediar y evitar la situación. A menudo
estos problemas tienen de fondo una ansiedad muy alta. La prioridad será reducirla para
que no vea peligros donde no los hay. Pero aparte de mediar y desensibilizar la presencia
del otro mientras van comiendo, en situaciones seguras, atados o con reja de por medio,
poco se puede hacer, esto se tiene que trabajar de cachorros.

5. Miedo por dolor o pérdida de sentidos

Cuando un perro tiene dolor puede no tener miedo a perros, pero sí de que un cachorro
o perro joven sea bruto jugando con él. Puede no tener miedo a los manipulados, pero
si a que le toques la zona que le duele. O puede tener miedo de no poder gestionar las
situaciones como lo hacía antes porque físicamente no se ve capaz. Por ejemplo, un
perro que de joven veía un conflicto entre perros y se encargaba de pararlos sin ningún
problema, ahora este mismo perro puede verse en una condición física que limita la
forma en que lo hacía antes y esto puede generar inseguridad en él.

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Cuando un perro pierde o empieza a perder sus sentidos, normalmente vista y/o oído,
inicia un proceso de readaptación a su entorno. Ver mal o dejar de ver puede generar
mucha ansiedad, angustia o inseguridades en ellos y a menudo se puede observar cómo
están mucho más sensibles a los ruidos, ya que, junto con el olfato, es el sentido que les
queda para ser conscientes de lo que hay en su entorno.

La pérdida de audición, sobre todo en perros inseguros o miedosos, que antes estaban
en alerta, puede acentuar estados de miedo y angustia. Cuando un perro nace sordo
suelen adaptarse fácilmente a su entorno. Pero cuando siempre han escuchado y se
quedan sin este sentido, pueden entrar en estados de angustia y pueden aumentar sus
inseguridades. También puede darse efecto contrario y que, al no oír ruidos se relaje ya
que la fuente de sus miedos ya no la oye.

En ambas situaciones se hace imprescindible un buen acompañamiento del proceso por


parte de su familia. Una buena comunicación y entendimiento, saber acompañarlo
cuando se sienta inseguro, no forzar y saber estar ahí presentes para que se sientan
seguros y facilitar esta complicada adaptación y vaya aprendiendo otras formas de
relacionarse con su entorno.

6. Miedo a objetos o indumentarias

Cuando llega a nuestro hogar un perro recién adoptado o un cachorro, va a tener que
adaptarse a un montón de objetos e indumentarias nuestras que pueden preocuparle.
Cuando el cachorro está expuesto a ellas desde cachorro se habitúan rápido y
normalizan todo. Cuando no han tenido acceso a estos objetos en su período de
socialización, habituarlos en la adolescencia o en la etapa adulta es un poco más lento.

Para habituarlos a objetos o indumentarias nuevas podemos hacerlo, a base de ir


exponiendo al perro a ese objeto o indumentaria hasta que la normaliza,
presentándoselo en entornos tranquilos y con una comunicación adecuada por nuestra
parte para darle a entender que no pasa nada, hasta que se muestre indiferente ante
ese objeto. Por ejemplo, en las sesiones de cachorros nos solemos sentar con ellos y
mientras estamos con ellos nos vamos poniendo indumentarias u objetos (gafas, gorras,
guantes...) para que se vayan habituando a todo. O mientras están jugando o relajados
en el lugar, sacamos objetos de vez en cuando cómo paraguas, carritos de la compra,
escobas, palos, nos ponemos chalecos reflectantes, etc. mientras nos van viendo por allí
y lo van normalizando todo.

Cuando hay algo que les da mucho miedo, en entorno tranquilo y si puede ser con perros
referentes que lo ayuden, le presentamos el objeto. Por ejemplo, un casco de moto. Lo
dejamos en el suelo, tiramos chuches de calidad alrededor, soltamos correa y
permitimos que sea el quien decida acercarse o no, a comerlas. Nosotros nos

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quedaremos entre medio, agachados, moviéndonos a poco a poco y felicitamos los


atrevimientos a acercarse al casco. Hasta que lo normalice. Una vez normaliza el casco
en el suelo en varias sesiones, podemos coger el casco y mientras hacemos un olisqueo
en el suelo vamos cogiendo el casco a poco a poco y lo vamos moviendo. Si reacciona o
se va, dejamos el casco en el suelo, giramos la cara y nos movemos a poco a poco para
ayudarlo a calmarse. Si se calma, volvemos a coger el casco lentamente y le vamos
premiando el que se vaya acercando, que lo huela... hasta que lo normalice. Así le vamos
trabajando todo aquello que le preocupe.

A menudo puede preocupar el objeto, pero también puede preocupar el ruido


(aspirador o secador) o el movimiento del objeto (bici, patín, patinete) o ambas a la vez
(motos o juguetes de niños que se mueven y gritan). Si pasa esto hay que desensibilizar
el ruido y el movimiento del objeto a la vez que el objeto en sí y esto se hace mediante
desensibilización.

7. Miedo a ruidos

El miedo y la hipersensibilidad a los ruidos es uno de los problemas más frecuentes en


los perros. Cuando el perro muestra hipersensibilidad a los ruidos solo podemos bajar
los niveles de estrés para ayudarlos. A un perro estresado le molestan y le preocupan
más los ruidos. Un perro que optimiza los niveles de estrés puede gestionar mejor el
ruido de aquello que no le es agradable o le preocupa.

La hipersensibilidad tiene que ver con unos sentidos más desarrollados en algunas razas
o individuos. Esta hipersensibilidad unida a niveles altos de estrés puede hacer que el
perro entre en estados de miedo, de angustia o que pueda llegar a redirigir. Por ejemplo,
los Bull terrier son muy sensibles a los ruidos. Un Bull terrier, en una protectora
enjaulado, sin paseos, con un perro al lado ladrando, puede redirigir a la persona que lo
saca y morderle la pierna. Esto es agresividad redirigida, y en este caso es por ruido. Aquí
se puede ayudar al perro haciendo un proceso de reducción de estrés y desensibilización
de ladridos.

A veces los ruidos como tormentas, petardos, disparos, ruidos de motores, ladridos de
otros perros, etc. pueden preocupar mucho al perro o llevarlos a estados de pánico. Para
la hipersensibilidad no hay solución, solo amortiguar los ruidos fuertes que les molestan
o inquietan. Pero para normalizar los miedos a ruidos sí que hay una solución.

Cuando un perro se asusta por algún ruido las personas queremos calmarlos igual que
haríamos con otra persona, hablando y acariciando. Lo único que hacemos así es
reforzar ese estado y subir la intensidad de esa angustia. Lo que necesita de nosotros es
vernos tranquilos, ver que nos hemos dado cuenta de que esta asustado y hacer señales
de calma como agacharnos, y permitir que haya contacto físico que le pueda aportar

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calma. Sin hablarles y sin acariciarlos de manera nerviosa. El contacto físico con alguien
tranquilo les aportara calma y seguridad. Amortiguar los ruidos cerrando ventanas,
cortinas, persianas y poner música relajante tranquila, permitirles esconderse en sitios
más interiores de la casa menos expuestos a ese ruido.

Cuando un perro tiene miedo a ruidos se puede esconder o cobijar debajo de sitios o
meterse en sitios reducidos, puede temblar, se le dilatan las pupilas y abren más los ojos,
meten la cola entre las piernas, se agazapan, se bloquean y se agarrotan, intentan huir,
ladran, aúllan, gimen, pueden destrozar objetos o agredir si intentas tocarlos y no hay
vínculo con la persona o los niveles de ansiedad están muy altos.

Los miedos más típicos en perros suelen ser los petardos, las tormentas y los ladridos de
otros perros, pero hay muchísimos otros ruidos que también pueden preocuparles:
Ruidos de motores, disparos, ruidos metálicos o golpes secos, tv, radio, ruido de
aspiradoras o electrodomésticos en casa, sirenas, alarmas, persianas, radiales y
herramientas de obras, niños jugando, hombres hablando, gatos peleándose, etc.

Algo importante a tener en cuenta, es saber diferenciar que no es lo mismo un ruido


neutro, como puede ser los comentados anteriormente, que el “ruido” de un perro
ladrando. Cuando un perro ladra, a parte del “ruido” que escuchamos también emite un
mensaje, que por norma expresa un estado alterado. Ladran por exigencia, por amenaza,
por alejar algo o alguien, por descontrol, por miedo, por soledad… Esto quiere decir que
si nuestro perro tiene miedo a esos “ruidos” no solo es a ese “ruido” si no al mensaje
que lleva. Para ayudarles a superarlo, intentamos identificar cuál es ese “mensaje” al
que reacciona el perro para ver el fondo de la preocupación de nuestro perro. Quizás
reaccione a un ladrido de exigencia, pues miraremos si debemos trabajar la exigencia en
nuestro perro o quizás ponerle límites, ya que puede estar queriendo corregir a ese
perro, y así darle a entender que no tiene que parar todo lo que está mal. Si es a un
ladrido de amenaza, pues trabajaremos el acompañarlo, darle la protección que
necesite o desensibilizarlo activamente.

Todos los ruidos que provocan miedo se pueden trabajar de dos maneras. Por
habituación y por desensibilización.

En primer lugar, aseguraremos que el perro tiene unos niveles de estrés óptimos. Si el
perro presenta niveles de estrés altos, cuando lo metamos en un proceso de
desensibilización los vamos a subir más aún. Así que si esta estresado lo primerio es
asegurar una reducción de estrés.

Si el miedo no es muy intenso, exponiendo al perro a esos ruidos de manera gradual y a


baja intensidad, el perro va normalizando ese ruido a base de exposición. Si está
acompañado por un perro que no tiene miedo a ese ruido, el otro puede ayudarlo a
normalizarlo. La persona debe comunicarse y acompañar el proceso con señales de
calma y responder al perro siempre que lo mire buscando referencia.

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Si el miedo es intenso, se puede hacer mediante desensibilización. Exponiendo al perro


al estímulo de manera gradual. En este caso, el ruido que provoca miedo, lo
presentaremos a una intensidad muy baja para que no le provoque ansiedad mientras
se le hacen juegos de olfato y concentración. Conforme el perro se concentra y no
reacciona al ruido, este se va subiendo de manera progresiva y lenta. Asegurando de no
subir la intensidad del ruido que preocupa si no hay concentración. Si el perro huele, no
hace señales de calma y está concentrado en el juego, se va subiendo el volumen. Se
hace en sesiones cortas de 2 o 3 min. Y progresivamente se va subiendo la intensidad.
Si el perro muestra síntomas de estrés o de miedo, se baja el ruido y se acaba la sesión.
Se puede empezar desensibilizando 2 o 3 veces a la semana y si vemos que los niveles
de estrés en general no suben, podremos hacerlo día sí, día no y si no suben, cada día
un rato. En las desensibilizaciones menos, es más. Es importante que las sesiones sean
cortas y no se fuerce. Si forzamos en intensidad o tiempo de exposición podemos correr
el riesgo de sensibilizarlos con el ruido y aumentar el problema.

8. Reactividad al movimiento

¿Tu perro persigue, ladra, agrede o se pone en medio de los coches, las bicis, los corredores? ¿de
los otros perros que corren? ¿Se va detrás de los conejos, de las palomas y de cualquier cosa que
esté en movimiento?

La solución no es castigar la reacción, o reñirle cuando lo haya hecho. Tampoco lo es ponerle


collares de castigo ni eléctricos para pegarle un calambrazo o un tirón cada vez que lo intente.
La solución tampoco es entretenerlo o contra condicionar para darle una alternativa cuando
haya algo en movimiento. No vas a poder estar siempre pendiente y siempre estará la posibilidad
de que reaccione.

Hay técnicas para desensibilizar y normalizar el movimiento, empezando por el nuestro propio,
por el de otros perros y animales y el de los objetos en movimiento de los entornos urbanos
(bicis, corredores, motos, patinetes, coches…)

La reactividad al movimiento es uno de los problemas de conducta más frecuentes en perros, y


más acentuado aún en razas de perros de pastor. Es una fuente de ansiedad y frustración para el
perro y para el propietario que no sabe cómo parar estas reacciones. Si no ayudamos a nuestro
perro a normalizar este movimiento que se produce de manera tan habitual y constante en
nuestro entorno, el perro siempre mantendrá unos niveles de estrés altos, con las
correspondientes repercusiones (el estrés intensifica los miedos, hace que vean peligros donde
no los hay, están más sensibles, a la defensiva, en alerta, nerviosos, les cuesta concentrarse y
aprender...)

Por ello vamos a dedicarle un buen apartado:

La importancia del entorno

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Un perro que vive en el campo o en una urbanización o zona tranquila podrá vivir con unos
niveles de estrés óptimos, aunque no se le trabaje esa reactividad al movimiento. Pero siempre
te podrá reaccionar y ponerse nervioso ante el movimiento de un animal de campo, gallinas,
conejos… algunos perros con las moscas, abejas, mariposas.

En función de cómo nos movamos y desplacemos nosotros por casa sus niveles de estrés
también se verán afectados. Hay perros que reaccionan ante el movimiento del brazo, de la
pierna. Si somos personas nerviosas o no paramos de movernos y cuando lo hacemos nos
movemos rápido o nos sobresaltamos a menudo, nuestro perro, hasta que normalice nuestro
movimiento va a estar estresado.

Las familias donde hay niños pequeños tenemos que tener en cuenta que para el perro
normalizar todo este movimiento extra de los niños (correr, saltar, desplazarse sin sentido,
abalanzarse sobre ellos, patines, patinetes, bicis…) es un enorme trabajo para él, si es que logra
normalizarlo.

Las familias que tenéis otros animales como gatos, conejos, hurones…. también representan más
movimiento.

Si hay niños y/o animales y además vivís en un entorno muy urbano tu perro no se va a poder
relajar ni dentro ni fuera de casa, y eso mantendrá los niveles de ansiedad altos.

Si vivimos en entornos más urbanos, tener en cuenta que hace 80 años no había este nivel de
movimiento en las calles. No había coches, ni motos ni camiones, como mucho había caballos,
carros de caballos y su movimiento era mucho más lento. Los perros están teniendo que
adaptarse a marchas forzadas a este entorno y a normalizarlo todo porque nosotros se lo
exigimos y se lo imponemos sin miramiento y todo con imposiciones. Para ellos era más fácil
adaptarse y habituarse a los otros entornos menos ruidosos y con menos movimiento. Se les
premiaron los sentidos que les permitían desarrollar un mejor trabajo y una mejor funcionalidad
para el ser humano y estos mismos sentidos tan desarrollados son los que ahora les están
complicando esta adaptación.

Los sentidos del perro

Los perros son animales cazadores y tienen los sentidos diseñados para tal función, la capacidad
de poder observar a una presa corriendo es una habilidad básica de supervivencia para ellos.
Cada raza, y según lo que el ser humano ha potenciado en ellos para la fase de la caza que
quisieran utilizar, va a determinar una mayor o menor reactividad al movimiento. Y según la raza
reaccionará a él de una determinada manera.

En este “problema” de conducta, el sentido de la vista es el que más repercute. Los perros tienen
mayor capacidad para detectar un objeto en movimiento, que uno que está estático. Un objeto
en movimiento a 1 km despertaba un mayor interés en el perro que el mismo objeto estático a
500m. Sumado a que determinadas razas, con los hocicos alargados como los pastores alemanes,
Collies, Galgos, etc. les permite una visión binocular mucho más amplia ya que escanean el
entorno desde un ángulo mucho más amplio.

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Su función

El ser humano ha utilizado estas razas de pastoreo, de persecución y de presa para controlar las
especies de animales que criaba. Y a otras razas para la protección y la guarda de estos animales
o de las viviendas.

Todo ello es un coctel biológico perfecto para que la mayoría de razas quieran perseguir, azuzar
o detener cualquier cosa en movimiento.

A este estupendo coctel añadimos la dopamina que les hace sentir bien cada vez que lo hacen y
la adrenalina que segregan en cada persecución o en cada intento. Cuando más altos tengan los
perros los niveles de ansiedad más en alerta van y más predisposición a la caza tienen.

Las razas y el movimiento

Así como las razas de protección (mastín, montaña del pirineo, etc.) se ponen en alerta y avisan
ladrando o intentan tumbar o parar lo que se mueve. Los perros de caza (galgo, podenco,
bodeguero, setter, etc.) se activan, se aceleran y empiezan a perseguir. Los perros pastor (Boder
Collie, Gos d’Atura, etc.) pastorean, rodean a los objetos o personas o animales que se mueven
y pueden soltar bocaditos en las ruedas de las bicis o los tobillos de las personas o perros que se
mueven, que es lo que le harían a una oveja si el perro está estresado. En los perros de presa
(Pitbull, American, etc.) hacen presa o agarran con el cuerpo para inmovilizar el objeto en
movimiento. Las formas serán distintas en cada raza o en cada mezcla, pero el fondo es el mismo,
con mayor o menor intensidad y hay que trabajarlo igual hasta que no muestren reactividad a
ningún tipo de movimiento. Esto les permitirá vivir tranquilos y relajarse en la convivencia y en
los paseos.

Cómo desensibilizar el movimiento

Habitualmente en educación canina y en adiestramiento se suele contra condicionar o pedirle


conductas alternativas al perro para que no vaya detrás de lo que se mueve. Estas técnicas
perpetúan el problema y en los pocos casos en los que se consigue controlar la conducta no
deseada, el perro convive con esa ansiedad y esa frustración. Si encima se castiga, tendremos a
un perro además de lo anterior, asustado, inseguro y cohibido, probablemente con miedos o
inseguridades hacia personas por las correcciones recibidas.

Nuestra propuesta para trabajar este problema es acompañar al perro en este proceso de
habituación y normalización al movimiento con técnicas respetuosas. Desensibilizamos primero
nuestro propio movimiento y el de otras personas, desensibilizar el movimiento de otros perros
con la ayuda de perros que ya lo tienen normalizado y desensibilizar en una zona controlada a
corredores, ciclistas, motos, atendiendo siempre al lenguaje corporal del perro, tanto sus señales
de calma como sus síntomas de estrés. En estas exposiciones controladas trabajaremos siempre
atendiendo a los tiempos y a las distancias de exposición al estímulo.

En la formación On-line esta explicado cómo hacerlo.

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Tener paciencia. Hay perros que en dos semanas normalizan y hay perros que tardan 2 años. Va
en función de la raza, del resto de miedos que tenga, de los niveles de ansiedad, del entorno en
el que viva, si hay perros referentes que ayudan y lo que la familia se comprometa y se aplique
en trabajarlo.

9. El descanso y el vínculo en los perros con miedos

Es importante que cuando trabajamos perros con miedo y queremos ayudarlos a


superarlos, estos puedan descansar y tener un sueño reparador. Si hay miedos fuera de
casa, la convivencia en el hogar debe estar 100% libre de problemas para que dentro del
hogar pueda reponerse y reducir el estrés del exterior. Si nuestro perro tiene frentes
abiertos en casa, esto es lo primero que hay que trabajar para poder continuar con los
miedos o problemas en el exterior.

Para que un perro pueda descansar, su ambiente debe ser tranquilo y hacerlo en un
lugar confortable y cómodo. También poder estar a resguardo del frío y la humedad.
Tener ciertas actividades para activar el organismo como correr libremente, jugar,
diversión y ocio regularmente, nadar, momentos de relax, estimulación física y mental
para que puedan ejercitar su musculatura y no se aburran, etc. El no poder realizar
actividades variadas puede provocar problemas de frustración y exceso de energía.

Una mala alimentación también afecta directamente a los estados de frustración y altera
el descanso. Un perro bien alimentado y nutrido puede cubrir esa necesidad tan básica,
y no suponerle problemas añadidos. Si queréis información sobre alimentación natural,
consultarnos. La salud también es algo que afecta directamente a que el sueño sea
reparador. Los perros con dolores o malestares no pueden descansar adecuadamente.
Otro aspecto a tener muy en cuenta es, si el perro está en estados de control, de
protección o insistencia/exigencia. Hay que sacarlo de ahí y trabajarlo para que pueda
descansar, desconectar y reponerse.

Trabajar el vínculo y la comunicación con la familia o con el guía del perro es importante,
más, en situaciones donde el perro tiene miedo. Los perros con miedo por norma tienen
los niveles de estrés más altos. La oxitocina, la hormona del bienestar y del amor
aumenta su producción si existe un vínculo basado en el respeto por parte de su familia
y tiene una implicación directa en la reducción del estrés y en la respuesta ante el miedo.
Así que es importante aprender a acompañar correctamente a nuestros perros en
situaciones de estrés y de miedos.

Todos estos aspectos hay que tenerlos en cuenta para que el descanso sea reparador.

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REACTIVIDAD Y
AGRESIVIDAD
Diferencia entre reactividad y agresividad
Un perro que presenta un comportamiento agresivo tiene intención de hacer daño.

Un perro reactivo puede ladrar, amenazar y hacerse el loco, sin intención ninguna de
causar daño a nadie. Normalmente la reactividad suele estar presente en perros con
miedo y en perros inseguros en estados de miedo, protección y/o control. Si un perro
no ha mordido nunca, por más que ladre y amenace, no es un perro agresivo.

En ambos casos debemos revisar los niveles de estrés para equilibrarlo, ya que cuando
un perro llega a estos estados alterados, los niveles altos de ansiedad y/o estrés están
asegurados.

¿Que consideramos agresividad?


Cuando un perro ha pasado por una comunicación sutil con la intención de que aquello
que está sucediendo pare y el conflicto continúa, por consiguiente, esas señales no han
funcionado, irá intensificando las señales con el mismo fin. Si sigue sin funcionar
empieza con señales de aviso y si persiste el problema, las señales se irán acentuando
hasta ser amenazantes. En este punto, se puede iniciar la agresión. En personas,
equivaldría a pasar de las palabras a los gritos, y de los gritos a las manos. Pero no todas
las agresiones son iguales.

Un perro que muerde, suelta y para, ha hecho un marcaje y la intención es seguir


diciendo lo que le “molesta” o preocupa, pero también sigue evitando el conflicto,
aunque se le empieza a ir de las manos. Hay perros con bocas más duras o perros con
niveles de estrés muy altos, que provoca cierto descontrol emocional pudiendo hacer
que el marcaje pueda hacer daño. Siempre hay que contextualizar la agresión. En Atúk
no consideramos agresión al perro que realiza un marcaje, lo vemos más bien una
advertencia.

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Consideramos agresión cuando la intención del perro es causar una lesión, tanto hacia
otro perro como hacia una persona. El marcaje que se utiliza para evitar un conflicto, o
algo que le provoca miedo o evitar una pelea entre dos perros no es una agresión.

Las agresiones siempre hay que contextualizarlas, entender la situación, el entorno, los
niveles de estrés, si hay factores que hayan intensificado la agresión, si ha habido avisos
o no, es decir, cual ha sido la comunicación hasta la agresión, la intensidad y el número
de mordidas, el descontrol emocional, cual es la intención, el carácter del perro etc.

Niveles de mordida en etología


1. Nivel 1. Amenazas y avisos, marcajes al aire

2. Nivel 2. Marcajes leves sin herida o con rascada

3. Nivel 3. Marcaje con herida un poco profunda. Solo 1 marcaje

4. Nivel 4. Mordida con herida profunda. Solo agrede 1 vez

5. Nivel 5. Varias mordidas de intensidad 4. Descontrol emocional. Le cuesta parar


y pierde el control

6. Nivel 6. Ha matado a alguien o lo ha intentado

Se diferencia entre perros y personas. Un perro puede presentar agresividad sólo hacia
perros o solo hacia personas o solo hacia niños. O puede presentar una intensidad de
agresión en un caso y otra intensidad en otro.

¿A quién pueden agredir?


A personas

A niños

Personas con indumentarias concretas

Personas u objetos en movimiento

Personas u objetos que hagan ruido

A perros

Otros animales

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¿Porque un perro puede llegar a agredir?


Por miedos y defenderse

Por protección hacia su familia

Para adquirir privilegios

Por control/imposición

Por redirigir en situación de desborde o frustración (por ruido o por movimiento o por
descontrol emocional)

Por sobreestimulación

Por frustración

Por dolor o patologías físicas

Por malas asociaciones

Para organizar los contenidos vamos a dividir la agresividad en dos grupos: agresividad
entre perros y agresividad hacia personas.

Reactividad y agresividad intraespecífica (entre perros)


En todos los tratamientos que a continuación planteamos, primero de todo, se deberá
realizar un trabajo para equilibrar los niveles de estrés y revisar el vínculo con la persona.
Dando por entendido que habrá trabajos paralelos de estimulación mental, olfativa y
demás, que sirvan de complemento al tratamiento. En todos los casos la comunicación
con el perro será lo que prevalezca y a lo que daremos especial atención. Realizaremos
un protocolo de señales con la intención de calmar al perro e iremos intensificando las
señales según necesidad. Llegando a poner límites en caso de que fuera necesario.

1. Por miedo: la intención siempre será que el estímulo cese, que se aleje o bien
que desaparezca para no sentir ese miedo que le provoca la situación. El miedo a perros
puede ser en general, a todos los perros, a razas, tamaños o colores concretos o bien
puede tener alguna particularidad añadida. Es decir, es posible que el perro tenga miedo
a todos los perros, pero solo reaccione a algunos en concreto.

Ese miedo puede ser debido a diferentes causas y experiencias vividas:

- Por la tensión del otro perro

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- Por el nerviosismo

- Por las intenciones

- Por la inseguridad

- Por el tamaño

- Malas asociaciones

- Falta de habilidades sociales y de experiencias positivas con otros perros

Tratamiento:

Determinar cuál es el umbral de seguridad del perro en el que no hay reacción activa
(ve, huele, oye al perro, pero no reacciona) para comenzar a trabajar los miedos desde
ese punto.

Observar cuál es la causa del miedo y su intensidad. El erizamiento del pelo, que suele
ser frecuente en estos casos, es un buen medidor del grado de miedo que tiene el perro.
Cuanto más se extienda a lo largo de la columna vertebral más intenso es el estado
emocional.

Dependiendo de lo anterior, podemos trabajar por habituación, con perros neutros de


un principio, para ir poco a poco, añadiendo perros con ciertas características hasta
presentar aquella particularidad del perro que le provoca mayor miedo.

En casos de miedos intensos o si las condiciones de vida del perro no permiten trabajarlo
por habituación, lo trabajaremos mediante desensibilización sistemática. Asegurando
que se respeta su distancia de seguridad, asociaremos la presencia de otro perro o del
tipo de perro que le preocupa, con un refuerzo positivo. Si cada vez que ve a un perro
recibe un premio (comida) por no reaccionar, (es importante premiar en el momento
adecuado y siempre en dirección contaría al estímulo, que dé el trasero a la situación)
en poco tiempo, a la que el perro ve a otro perro nos mirará para preguntarnos. Será el
momento de empezar a retrasar el premio, entendiendo que esto subirá los niveles de
estrés y deberemos ser muy progresivos durante este proceso, hasta que podamos
llegar a premiar solo una vez el perro haya salido de nuestra vista. Es ahí donde podemos
felicitar con la voz la no reacción para posteriormente ir eliminado la comida como
premio.

Al premiar con comida podemos hacerlo directamente en la boca o en el suelo.

También podemos ir trabajando mientras nos movemos estilo acordeón (hacia el


estímulo y luego, en dirección contraria) y nunca hacerlo recto hacia el otro perro.

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Sin olvidarnos nunca de prestar atención a nuestro lenguaje corporal, trasmitirle calma
y seguridad, responderle con señales siempre que lo necesite o las pida, no forzando las
situaciones y esperar a que de manera natural se vaya propiciando la situación para ir
acortando distancias para en un fututo empezar a hacer aproximaciones y finalmente,
ayudarles a normalizar los encuentros y presentaciones.

En las aproximaciones y presentaciones, es muy importante elegir el entorno y contexto


adecuado, sin más estímulos que sumen tensión y elegir bien a los perros con los que
trabajar. Ya que si el otro perro se comunica y le dice al perro con miedo que no pasa
nada ayudará, mientras que, si el otro también amenaza, lejos de generar una buena
asociación los seguirá condicionando negativamente. Nuestro manejo de correa y
seguridad con la que lo hagamos en estos momentos, es crucial para el avance del perro.

2. Intrasexual: en este caso es probable que el perro haya tenido alguna mala
experiencia con alguno de sus semejantes y haya condicionado el sexo del perro a esa
mala experiencia. El carácter del perro y la intención con la que reaccione es muy
importante para determinar el tratamiento.

Posibles causas:

- Por miedo (malas experiencias)

- Por competición, épocas de celo

Tratamiento:

Si la causa de la agresividad es por miedo, seguiremos las pautas que hemos descrito
anteriormente.

Si hay competición en épocas de celo, tanto en machos como en hembras, se


recomienda esterilizar para eliminar las hormonas sexuales al individuo que genere más
conflicto o a ambos. Sobre todo, si tienen que convivir juntos.

3. Imposición/exigencia/competición: Cuando la agresividad o reactividad ante


una situación está marcada por una de estas tres características, debemos entender que
hay una gran parte del carácter del perro que influye en su comportamiento. En estos
casos los niveles de estrés que tenga el individuo determinarán en gran medida el grado
de agresión y/o reactividad.

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Insistencia/Exigencia: Para entender la diferencia, veremos que un perro podría estar


demandando algo de manera pasiva, pero de forma pesada y continuada sin respeto por
lo que el otro dice. Algo como “juegas, juegas, juegas, me haces caso, me haces caso…”
la exigencia sería cuando el perro añade tensión, intensidad y malas formas al no
conseguir lo deseado. Es decir, que aparte de insistir añade tensión a la situación.

Estos estados emocionales el perro los suele normalizar e intensificar en la convivencia


con nosotros ya que las personas solemos aceptar y reforzar estas conductas. De manera
natural el perro repetirá estos patrones de comportamiento a la hora de relacionarse
con sus semejantes. Entiende que esa es la forma habitual de conseguir las cosas. Las
situaciones más habituales en las que sale reforzada la insistencia/exigencia:

- Demanda de atención

- Comida

- Juego

- Adiestramiento

- Ante de salir a pasear y durante este.

Si en su día a día con el ser humano, para conseguir lo que quieren o necesitan,
reforzamos esta insistencia/exigencia, cuando se relacionen con perros, lo más habitual
es que también lo hagan con ellos de la misma forma. Lo más probable es que reciba
rechazo/indiferencia/agresión por parte de los demás perros. Con ello generaran malas
asociaciones y mayores niveles de frustración por no poder cubrir la necesidad social.

Si este patrón de relación social no se trabaja desde el núcleo familiar, al perro le será
muy difícil aprender a relacionarse correctamente con sus semejantes, generando gran
variedad de conflictos (frustraciones, malas asociaciones, inseguridades, hasta
convertirse en reactividad y agresividad).

Imposición: Aquí el perro sube un grado más e impone aquello que quiere, cómo y
cuándo. La principal característica es la intolerancia y es cómo si dijeran ¡lo quiero así y
lo quiero ya! Y son capaces de “llegar a los dientes” si es necesario para conseguirlo.

Competición: En esta modalidad, tiene que haber un segundo perro (o animal) donde lo
que buscan, lo quieren los dos (atención, caricias, comida, juego, un palo…) son capaces
de llegar a la agresión o reaccionar si lo creen necesario con tal de conseguirlo.

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Conductas repetitivas y nerviosas con las que el perro ha aprendido a reclamarlo y


exigirlo todo. Puede haber diferentes intensidades y generar más o menos ansiedad en
el perro. Es un comportamiento antinatural que hay que trabajar para que el perro
empiece a pedir las cosas de forma calmada y pueda relajarse. De esta manera llegar a
que el perro entienda que puede conseguir lo mismo sin necesidad de alterarse.

Tratamiento:

Debemos identificar todas las situaciones del día a día donde el perro se pone en modo
insistente/exigente. Las personas que traten con el perro deben ser conscientes de ello
para cambiar la forma de responder ante estas situaciones y dejar de reforzar y
normalizar este tipo de conductas y estados emocionales que son totalmente
antinaturales.

Una vez trabajado el problema en casa, deberemos generalizarlo en el exterior, tanto


con otras personas, como con las relaciones sociales con otros perros. Por un lado, no
permitiremos que el perro se acerque insistiendo/exigiendo y esperaremos a que se
calme para permitir el acercamiento. Una vez se está relacionando pararemos todas
esas conductas y estados emocionales que le lleven a insistir/exigir. Jugaremos a
caliente frío. Permitimos contacto y en el momento que su gestión no sea la adecuada
lo pararemos de manera tranquila y respetuosa. Una vez relajado, calmado, volveremos
a permitir otra interacción y siempre supervisaremos que se comporta adecuadamente.
Aquí es importante no llevar al perro a niveles de estrés altos, ya que no le permitirá un
aprendizaje óptimo.

Cuando empiece a relacionarse de nuevo es importante seleccionar perros que no vayan


a reforzar esa insistencia/exigencia. Si lo acercamos a perros igual o más
insistentes/exigentes que él se reforzaran mutuamente, siendo difícil que haya un
aprendizaje sobre esa situación. Es importante no acercarlos a perros tensos que vayan
a corregir esa conducta, o que, si lo hacen, lo hagan de manera correcta.

Imposición: Al igual que la insistencia/exigencia, este patrón se trabajará en casa


y se pondrán límites en cualquier situación en las que el perro imponga. En cuanto el
perro esté aceptando esos límites se comenzará a extrapolar en la relación con otros
perros. Aquí dependiendo de los niveles de estrés, las habilidades sociales y el carácter
del perro nos costará más o menos que pueda llegar a relacionarse de manera sana con
el resto de perros. Siempre vamos a elegir perros neutros y pasivos para comenzar a
relacionarse. Al igual que en el apartado anterior pararemos todo tipo de conductas
impositivas, maleducadas, entendiendo que para ningún perro es sano relacionarse con
perros en ese estado.

En este conflicto de agresión por imposición, debemos entender que estamos


intentando moldear el carácter del perro y que esto es algo lento, agotador y muy
complicado.

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4. Protección de recursos: proteger un recurso puede ser una fuente de conflictos.


Un perro puede proteger comida, un palo, el sofá, su camita, un agujero… lo puede hacer
por motivos varios (miedo, llamada de atención…). Dentro de la protección de recursos
existen unas diferencias a observar.

- El perro defiende el recurso, es decir su reacción siempre estará asociada a la cercanía


de la persona o perro a su “recurso”.

- El perro ataca para conseguir el recurso. Aquí el perro reaccionará y atacará con tal de
conseguirlo.

- El perro es el que porta el recurso causante del conflicto y lo presenta ante alguien u
otro perro y comienza la agresión.

Tratamiento:

La protección de recursos entre perros en edad adulta es casi imposible de trabajar a no


ser que sea el otro perro que le vaya diciendo que no pasa nada. En cachorros son los
demás perros adultos o la madre que les van diciendo al cachorro que eso no es
necesario y cuando pasan la etapa de licencia de cachorro, se lo corrigen.

Si la protección de recursos es hacia personas, mientras el perro come o tiene el objeto


que protege, te puedes ir acercando con señales de calma para dejar caer o tirarle
comida más buena y sobre todo respetarle el recurso para que el no sienta que lo deba
proteger. Que entienda que nuestra presencia es siempre respetuosa y que además le
cae algo mejor o más buen. Así al final tendrá ganas de que nos acerquemos y podremos
romper esa mala asociación.

5. Territorial

Muchos perros tienden a proteger su zona, casa, coche, etc. A menudo hay perros
sociables con perros que no dejan que otros entren en su casa o coche cuando fuera se
llevan bien con ellos.

Tratamiento:

Es algo bastante natural en ellos. Las adaptaciones a convivir juntos hay que hacerlas de
manera progresiva en el exterior hasta que se tienen confianza e introducirlos en el
hogar, con el perro territorial atado para que no pueda parar que el otro explore la casa.
Una vez se relaja, se le suelta y se le para las conductas impositivas. A menudo los perros
quieren dejar claras las normas al nuevo, que a veces son normas correctas y otros no
tienen utilidad ni sentido.

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6. Redirigida: Agresión que, ante la imposibilidad de parar o de llegar a aquello que


genera el conflicto redirige la agresión hacia la persona o perro que tenga más cercano.
También pueden redirigir a objetos.

Tratamiento:

Aunque la agresión no vaya dirigida a aquello que provoca la reactividad, deberemos


tener presente que hasta que no se trabaje en el perro aquel miedo (ruido,
movimiento…) que ocasiona la reacción, éste continuará redirigiendo la mordida por los
altos niveles de estrés que puede provocar la situación desencadenante. O bien pueden
redirigir hacia aquello que le imposibilita poder acceder.

Esta conducta suele estar asociada a perros a los cuales no se les han puesto límites de
manera adecuada y que en su día a día han ido consiguiendo aquello que quieren
exigiendo o imponiendo.

Reactividad y agresividad hacia personas

1. Por miedo a personas

Un perro puede tener miedo a personas en general, a un perfil de persona concreto


como personas de color, hombres, hombres mayores, etc.

Tratamiento: Respetar todas y cada una de las señales que haga el perro. Debe
comenzar a comprender que será respetado. Crear un vínculo basado en la confianza y
el respeto, eliminando todo tipo de correcciones, castigos o riñas. La comunicación
humano-perro es muy importante. En el paseo se pueden desensibilizar las personas
que nos encontramos y crear situaciones con personas desconocidas para que genere
experiencias tranquilas y positivas respecto a ellas. Aunque de nada servirá
desensibilizar si en la convivencia sus personas de confianza castigan o riñen y no son
100% fiables para el perro.

2. Por miedo a niños

Un perro puede agredir a niños bien porque les tema o los tenga mal asociados, bien
porque haya asociado negativamente sus manipulados o porque le preocupen los ruidos
que hace o sus movimientos.

Tratamiento:

En este caso debemos mirar si el miedo a niños es sumado al miedo a personas adultas
también. Ya que previamente se trabajará ese miedo antes de comenzar con el miedo a

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los niños. Si únicamente su reacción es hacia los niños observaremos en qué


circunstancias el perro reacciona. Si es por su presencia, desensibilizaremos de la forma
más neutra posible y mediaremos entre ellos para que el perro siempre se sienta
acompañado y respetado. Es importante que el niño sepa comportarse adecuadamente
para obtener un buen resultado.

Es posible que el perro reaccione a otras cosas como a los ruidos o movimientos de los
niños. En ese caso trabajaremos los ruidos y/o el movimiento previamente, antes de
hacerlo con los niños in situ.

3. Por miedo a manipulados: Cualquier contacto físico que se haga con las manos
entre humano y perro se considerará “manipulado” ante un perro que agrede por este
motivo.

Tratamiento:

Se evitará todo contacto con las manos en la medida de lo posible hasta que el perro
haya bajado los niveles de estrés, para posteriormente ir trabajando el contacto con el
perro respetando toda comunicación en verso a los manipulados.

Dependiendo del grado de trauma que presente el perro deberemos desensibilizar. Por
ejemplo, para comenzar un contacto adecuado, podemos poner encima de nuestra
mano, a la altura de la muñeca, un trozo de comida de manera que el perro pueda
cogerla sin más. Volvemos a poner otro trozo, y esta vez con los dedos rozaremos la
parte inferior de la boca del perro sin más intención, e iremos repitiendo la acción
moviendo cada vez más los dedos. Siempre nos fijaremos en las señales de miedo que
presente el perro. Ante cualquier señal de calma o de aviso, paramos y retiramos las
manos, si él quiere seguir la interacción, podemos seguir desensibilizando.

4. Por miedo a las intenciones: Debemos saber diferenciar cuando el perro tiene
miedo a personas o reacciona a las intenciones que pueda tener la persona. Es decir, un
perro puede no reaccionar cuando pasa alguien por su lado, pero si esta misma persona
le mira o se dirige hacia él, esto podría desencadenar una reacción, dado que ya existe
una intención y es la de observar o tocar o coger. Otro ejemplo sería si un perro
reacciona cuando la persona lleva algún objeto en las manos, palo, cepillo, arnés,
jeringuilla con alguna intención hacia el perro y no lo hace cuando no hay objeto.

Tratamiento:

Revisaremos el vínculo, para fortalecerlo y que haya confianza y asegurar que se respeta
la comunicación del perro. Nos aseguraremos de que el perro comprende que se le está

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respetando su comunicación para comenzar a introducir intenciones en nuestra


comunicación. Mirar, hablar, acercarse, acariciar, manipular con y sin objetos…
mediante desensibilización. Todo esto debe introducirse asociándolo a algo bueno como
comida, tranquilidad y respetando cualquier señal de incomodidad, de aviso o de calma
que emita el perro y deberá trabajarse entendiendo que la velocidad de aprendizaje la
pondrá el perro.

5. Por imposición/exigencia: La exigencia puede llegar a ser un motivo de agresión.


Pueden exigir atención, juego, comida… y a medida que se va reforzando este estado
(es decir, que consigue lo que quiere) el perro va intensificando la conducta. De por sí
sola, esta conducta no suele ser motivo para una agresión, cuando esto sucede, es
porque existen otros estados emocionales relacionados, como puede ser miedo, sobre
estimulación, descontrol emocional, etc. Esta conducta siempre estará condicionada
con altos niveles de estrés a diferencia de la conducta impositiva que no tiene por qué.
La agresión por imposición es de las conductas más difíciles de tratar, que implica que
la conducta es producida en gran parte por la “personalidad” del individuo a parte de lo
que la persona ha ido reforzando. Esto quiere decir que el perro ha sobrepasado una
línea entre exigir algo, a llegar a imponerlo y ser capaz de llegar a la agresión con tal de
conseguirlo.

Tratamiento:

Cuando el perro impone y es capaz de agredir para exigir algo o evitar algo, se puede
trabajar de autocontrol, dejar de reforzar la exigencia y toda conducta de insistencia. Si
lo trabaja la familia que ha originado el problema, el perro es capaz de poder salir de ahí.
Si los abandonan, las personas desconocidas para el perro en ocasiones pueden sacar al
perro de ese estado, pero otros no. Siempre existe el riesgo de que si el perro quiere o
no quiere algo pueda agredir para conseguirlo. La persona tendrá que estar muy
pendiente y controlar muy bien la comunicación del perro.

6. Por control /protección: Lo habitual a la hora de tratar la mayoría de casos, es


primero equilibrar los niveles de estrés, pero en estos casos de control y protección se
comenzará el tratamiento desde un principio ya que cuando el perro se encuentra en
esos estados, los niveles de estrés no se equilibrarán dado que son generados por estar
en modo control o protección.

Tratamiento:

Pararemos en la convivencia y en el exterior cualquier tipo de conducta protectora o


controladora hacia nosotros u otros miembros de la familia.

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Si controla o protege por miedo a algo, habrá que socializar o desensibilizar aquello que
le preocupa. Aseguraremos que las personas que conviven con el perro dejen de reforzar
y permitir estas conductas.

7. Maternal: Un hembra podrá agredir por proteger o ayudar a un tercero. Puede


querer proteger a otro perro (sus crías o perros con los que convive), o a otra persona
(generalmente niños).

En este apartado haremos un inciso para explicar que, si una madre tiene miedo a las
personas y está con sus crías, esto puede implicar que los cachorros adquieran esos
miedos y tiendan a expresarlo desde temprana edad.

Tratamiento:

Veremos previamente cual es el motivo de la agresión. Si es por los miedos de ella o si


son por los miedos del otro individuo. Una perra que protege a crías o animales que
están a su “cargo” o bebes, los protege de lo que a ella le preocupa. En ocasiones no
agreden para sí mismas, pero si para proteger a otros. Aquí hay que trabajar los miedos
hacia personas o perros que haya de fondo. Si es una perra con sus crías, deberemos
ganarnos la confianza de la perra mediante comunicación y respeto.

8. Redirigida por ruido, movimiento o sobre estimulación: en este caso la agresión


es debida a la incapacidad del perro de parar la situación o que cese, o no saber sabe
cómo gestionarla sin descontrol emocional.

Tratamiento:

Cuando un perro redirige su mordida hacia algo o alguien, bien existe cierto grado de
frustración o una falta de auto control, que genera esa reacción. Si redirige por
frustración, lo que hay que trabajar es esa tolerancia a la frustración y que sepa aceptar
límites. Si redirige porque se descontrola desensibilizaremos el ruido que le preocupa o
el movimiento., Una vez deja de preocupar la agresividad redirigida desaparece.

9. Por dolor o patologías físicas: En este caso, los dolores pueden ser un factor
importante de la conducta del perro. Aunque también suelen influir malas asociaciones
previas, como malos manipulados y contactos, o perros nerviosos que no respetan las
señales. El perro suele atacar como anticipación al posible dolor que le pueda causar la
situación.

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Tratamiento:

Tratar a nivel veterinario las posibles patologías que tenga el perro y paliar en la medida
de lo posible los dolores que presente. Asegurar que se respeta su comunicación cuando
se muestra incómodo o está anticipando el dolor que pueda tener ante un contacto o
manipulado.

Cómo parar una pelea


Primero de todo hay que valorar si es una pelea o es un conflicto o una corrección. Ante
un conflicto leve o corrección, si las personas se alejan, los perros suelen parar.

Si los perros se van a hacer daño, si hay que intervenir. Siempre se hará de la forma más
tranquila posible, intentando no generar más tensión ni nerviosismo en la situación. La
mayoría de las veces, si no intervenimos como mucho se harían marcajes, pero si
generamos más tensión y nerviosismo, acaban intensificando la agresión. A veces es
cuando la persona tira del perro que se generan los desgarros. Si las personas gritan,
golpean, dan patadas a los perros, etc. la intensidad de la agresión aumentará.

En cualquier intervención, miraremos de que herramientas disponemos y en qué


situación se encuentran los perros. Si son perros conocidos o desconocidos, su raza. Si
llevan arneses o collares, si hay correas o no, de cuantas personas se dispone para parar
la pelea. Y sobre todo hay que valorar la intensidad de la pelea.

Si son tus perros o perros conocidos, si sabes que no redirigen, cada persona cogerá a
uno de ellos por detrás, de las ingles, y levantará, a la vez. Cuando se descolocan,
tenemos unos segundos donde se desenganchan, para tirar hacia atrás y hacia arriba.

Si estas tu sólo con los 2 perros, antes de intervenir para parar una pelea, deberemos
observar las señales que hay en esa pelea, para poder determinar que perro será el que
evite el conflicto una vez intervengamos y nos sea más fácil tener éxito. Si paramos al
que sólo se defiende, sólo lo dejaremos indefenso y la pelea no parará. Si paramos al
que agrede, si pararemos la agresión porque el otro evitará. Siempre suele haber uno
que tiende a parar cuando ve que el otro no controla, aunque a veces ninguno de los
dos sabe parar y si estas solo y son perros grandes parar una pelea puede ser complicado.

En perros grandes, que sabemos que pueden redirigir a la persona, enfocarle una
manguera a presión o hacer un fuerte ruido metálico al lado, puede funcionar para que
paren. Si los niveles de estrés de los perros están muy altos, puede no funcionar.

Si no son de presa normalmente los perros se sueltan y se van volviendo a coger.


Pararlos en el momento que sueltan. Si se tienen pillados y la persona tira se producen
lesiones más graves y desgarros, por lo que hay que actuar con calma.

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Atarles una correa alrededor del cuello y separarlos cuando se sueltan es una opción.

Parar una pelea entre perros de presa


Los perros de presa tienen más potencia de mordida y mucha más fuerza. Si gritamos,
golpeamos, agitamos y/o añadimos nerviosismo o excitación, esto provocará que el
perro intensifique y se potencie la mordida. En el momento de intervenir, es necesario
hacerlo de manera segura y tranquila.

Una vez han hecho presa, un perro puede intentar inmovilizar, y controlar la presión de
mordida o puede ir tirando hacia atrás para destrozar al otro o zarandearlo de lado a
lado para matarlo.

Inmovilizarlos para que no estiren ni zarandeen, privarles de aire apretando la tráquea


para que abran la boca para respirar y suelten, nos dará unos segundos para poder
separarlos. Si sólo hay uno de presa, primero pararlo a él si está agrediendo. Si son dos
perros de presa, entre dos personas es más probable que se puedan separar.

En protectoras conocemos casos donde algún perro de presa con problemas, si hay
errores humanos y se enganchan, se destrozan sin que nadie pueda hacer nada para
evitarlo. Con estas razas, las agresiones cobran mayor intensidad, hay que ir con cuidado
y ser responsables con ellas. En protectoras, los perros de presa con problemas con otros
perros, deberían llevar collares y arneses para poder pararlos rápido si se enganchan. Si
tienen arnés, se les puede parar de él, si van con collar se puede atar la correa para
retirarlos. No es aconsejable cogerlos del collar para pararlos si hay riesgo de que
redirijan. Si sabemos que el perro puede redirigir, si no queremos correr riesgos
nosotros sólo se pueden parar con correas, bloqueos físicos con algún objeto y con
cuidado. A veces, los manguerazos pueden funcionar también con estos perros, aunque
no con todos.

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ANSIEDAD POR
SEPARACIÓN
La ansiedad por separación es un problema de conducta muy habitual en los perros, a
veces lo llegamos a normalizar y convivimos con el problema dejándolos en trasportines,
atados, en patios, terrazas y terrenos donde el perro no va a molestar y no puede
destrozarnos la casa.

Este problema surge cuando el perro tiene miedo a quedarse solo. En función de sus
miedos e inseguridades con el entorno, la intensidad de este miedo a perdernos de vista
será más o menos alta. Si un perro tiene miedo a personas, o a perros, o a ruidos.... no
va a querer que nos vayamos porque gestiona estos miedos a través de nosotros y nos
va a necesitar como referentes cada vez que pase algo que le genere inquietud.

En educación canina este problema suele ser un cajón desastre donde acaba siendo
diagnosticado todo lo que comporta destrozos y nerviosismo al quedarse solos. Pero a
menudo, dentro de la “ansiedad por separación”, hay otros problemas asociados que la
intensifican y que si no trabajamos de forma paralela puede bajar de intensidad, pero
no desaparecerá. Estamos hablando de cuando el perro nos controla, si nos vamos
querrá seguir haciéndolo y lo exigirá, de la insistencia que sale premiada en la
convivencia, si quiere venirse con nosotros y en el día a día le premiamos que sea pesado
y exigente, nos montará el pollo para salirse con la suya, a veces los destrozos son por
aburrimiento o para desfogar el estrés que le ha provocado algo como estar en
presencia de ruidos que le preocupan cuando se quedan solos, o desfogan el estrés de
un mal paseo lleno de estímulos negativos mal gestionados, el gato de la casa se mueve
y es reactivo al movimiento, aburrimiento juvenil, a veces el perro nos protege y si nos
vamos de casa quiere seguir haciéndolo y se frustra, a veces es reactivo a ruidos y se
descontrola si oye un ruido que le provoca miedo y tú no estás delante. Entonces aquí
de nada servirá trabajar el miedo a quedarse sólo si no trabajamos de manera paralela
todos los demás puntos que están afectando al comportamiento cuando se queda solo.

Para solucionar este problema hay que encontrar la manera de normalizar en cada perro
las entradas y salidas de su familia humana y buscar una coherencia en la convivencia
donde no debemos reforzar aquellas conductas de dependencia de nosotros, exigencia
o control del perro hacia nosotros, cuando el perro no sabe estar sin hacer nada, darle
estímulos o acariciarlo cada vez que lo pide, ayudarlo a superar sus miedos e
inseguridades....

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A menudo conlleva un trabajo emocional/personal de apego de la persona hacia el perro


o carencias propias de la persona, estos estados emocionales nuestros puedes estar
generando gran parte del problema o afectando negativamente en él.

¿Porque es tan común este problema?


Los perros son animales sociales y gregarios. Para ellos, lo lógico y normal, sería ir con
su familia a todas partes, que es lo que hacen como manada. Para ellos, no es fácil
entender que se tienen que quedar en casa, pero si los habituamos desde el primer
momento, lo entenderán sin problemas. Lejos de normalizarlo, a las personas nos
encanta llegar a casa y que el perro nos haga fiestas y se lo reforzamos, en vez de
normalizar las entradas y las salidas, hacemos una fiesta de ellas y reforzamos todo tipo
de estados alterado. Lo mismo en las protectoras, donde nada más entrar reforzamos
conductas ansiosas y nerviosas y, en cachorros, donde a este proceso lo debería habituar
su madre de manera gradual, nos encontramos con destetes prematuros donde la
madre no ha podido hacer su trabajo y el humano ya ha reforzado y empezado a crear
el problema de dependencia.

¿Como podemos evitar que surja la ansiedad por


separación desde el principio?
- Habituarlo a estar solo a poco a poco.

- No utilizar la soledad como castigo.

- No despedirnos ni decirles nada min. 10 min. antes de irnos de casa.

- No saludarlo efusivamente cuando llegamos de trabajar. Decirles “hola” de manera


tranquila y esperar a que se calmen para darles atención si están nerviosos. Cuando esté
tranquilo y no nos esté persiguiendo, ya lo podemos acariciar de forma calmada.

- Darle de comer justo antes de irnos.

- Darle de comer en Kongs y juguetes rellenables o dejarle algún hueso. Conforme crezca,
ir escondiéndole los Kongs para que busque y olisquee, esto si veis que está preocupado
cuando ve que va a quedarse solo.

- No reñirle ni castigarle cuando destroce o muerda algo. No evitará que lo haga, pero
subirá estrés y debilitará vínculo con nosotros.

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- Darle suficiente actividad física, una rutina de paseos correcta y estimulación mental
suficiente.

- No reforzar la dependencia hacia nosotros en la convivencia, no decirle nada cuando


nos persiga a todas partes. Reforzar la independencia y la tranquilidad en él.

Aunque tu perro no destroce ni muerda objetos, no significa que no pueda tener


ansiedad por separación y no lo pase mal cuando vosotros no estéis. Algunos perros
lloran, ladran, rascan, se hacen pipis, vomitan (estas son las que nosotros
notamos) pero pueden quedarse quietos y preocupados esperando a que vuelvas,
algunos se auto mutilan, tiemblan, se enroscan detrás de la puerta y babean, van y
vienen nerviosos y no se relajan, se deprimen o se ponen tristes. Esto lo sabréis porque
se pone excesivamente contento cuando llegáis y tarda mucho tiempo en calmarse,
siempre os persigue por todos los sitios de la casa, puede querer mucha atención cuando
estáis en casa y busca que lo acariciéis, trata de impedir que os vayáis, se pone triste, se
pone muy nervioso o ansioso ante la posibilidad de que os vayáis a ir.

A veces las ansiedades por separación son solo hacia un miembro de la familia y no con
todos (hacia quien le de seguridad porque es un perro miedoso, o hacia quien se la
refuerza).

Hay veces, que solo con que se queden acompañados de otro perro o gato, ya se quedan
tranquilos y no hay ansiedad.

¿Como trabajar la ansiedad por separación si nuestro


perro ya la tiene?
Este problema se puede resolver habituando al perro a quedarse solo y haciendo
ejercicios progresivos y controlados de separarse de ti que impliquen situaciones
positivas y tranquilas para el perro. Teniendo en cuenta que no hay que forzar mucho
porque lo está pasando mal en tu ausencia, hay que ayudarlo a superar ese malestar.

Que hacer:

- Proporcionarle algo de ejercicio o paseos correctos antes de dejarlo solo.

- No despedirte ni hablarle, ni acariciarle antes de irte ni saludarlo al entrar durante min.


10/15 minutos o hasta que se calme y no te siga a todas partes.

- En la convivencia no refuerces comportamientos dependientes como seguirte a todas


partes.

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- Tampoco refuerces comportamientos exigentes a la hora de ponerle la comida, salir a


pasear, cuando piden caricias ladrando, rascando, con rabo alto o se ponen muy pesados.
Si no se pondrá igual de exigente cuando no quiera que te vayas.

- No refuerces que te controle y te siga por todas partes ni el controlar en la convivencia,


si echa al gato y tú lo acaricias, si el perro va de una habitación a otra controlando a los
niños, a ti, al otro perro, o está controlando quien entra y quien sale, quien se mueve y
va recibiendo caricias y halagos o atención, va a querer controlar cuando vosotros no
estáis y como no podrá cuando lleguéis estará muy ansioso y frustrado. Parar el control
y no reforzarlo.

- Darle la comida justo antes de irte tú, preferentemente en juguetes rellenables para
que este entretenido. O darle un hueso para entretenerse las horas que este solo.

- Dejarle juguetes, ir variándolos para que no se canse de ellos.

- Debes estar atento a tu perro y detectar cuales son las cosas que le dan a entender a
qué te vas a ir (coger las llaves, ponerte la chaqueta, el bolso...) Una vez detectado, coge
a menudo estas cosas o ponte la chaqueta y no salgas. Coge las llaves y paséate con ellas
por casa, que vaya viendo que no siempre que coges x objeto o te pones la chaqueta o
el bolso te vas a ir, así evitarás que anticipe.

- Puedes practicar salidas falsas en habitaciones y luego fuera de casa. Primero abrir y
cerrar la puerta. Luego abrir, salir, entrar. Luego abrir la puerta, salir, cerrar y entrar.
Luego estar fuera 2 min y entrar... y así progresivamente dejándole comida de calidad
en el sitio donde se queda solo, al principio, hasta normalizar la situación.

- Puede ayudar que coja vínculo con otras personas en casos donde el perro solo confía
en su persona y entra en pánico si se separa. Que otras personas lo paseen, jueguen con
él, convivan con él, que creen asociaciones positivas y tranquilas siempre con respeto a
la comunicación que ofrezca.

- Puedes hacer juegos de buscar durante la convivencia donde el perro tenga que
separarse de ti e ir a otra habitación porque el olisqueo se lo has hecho en un sitio
diferente a dónde vas a estar. Así puede ver que si se separa de tí no se acaba el mundo
e incluso puede llegar a ser bueno. Puedes atar un hueso en otra habitación para que se
lo coma allí y si ya tolera que cierres puertas, se lo das cierras y en x minutos vuelves.
Progresivamente subes la cantidad de tiempo de quedarse sólo.

- Proporciónale distracciones y estimulación mental: rutina de paseos correcta, paseos


por el campo, sesiones divertidas de obediencia o clicker siempre de forma respetuosa,
juegos de olisqueo, algo de actividad física mientras trabajes este problema para reducir
el estrés de quedarse sólo.

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No des atenciones a tu perro si no está tranquilo, no lo premies cuando te esté siguiendo


a todas partes en la casa, el premio puede ser una caricia, una palabra, una mirada. A
menudo reforzamos la ansiedad premiando al perro por pegarse a nosotros. Aquí es la
persona donde tiene que trabajarse. A menudo somos incapaces de no tocar al perro
aun sabiendo que no es bueno para él. O cada vez que nos vamos, nos sabe mal dejarlo
en casa y no poder llevarlo con nosotros, eso el perro lo sabe, ese hiper apego se lo
pasamos nosotros. Hay personas a las que no les gusta la idea de no poder tocar al perro
cuando llegan a casa, sabiendo que estas reforzando preocupación y ansiedad con ello,
quien no puede dejar de hacerlo estaría bien que revisara sus carencias para no seguir
traspasándole el problema al perro.

El perro que tiene ansiedad por separación suele tener miedos, y estos hay que
trabajarlos de forma paralela junto a las pautas de ansiedad por separación. Si tiene
ansiedad generalizada, también hay que hacer una reducción de estrés, el perro con
ansiedad, ve peligros donde no los hay, y estoy incluye los de quedarse sólo. Si hay
problemas de exigencia, aunque nos hayamos habituado a aceptarlo y vivir con el perro
en ese estado, hay que entender que el perro exigente o que es impositivo, vive con
mucha ansiedad de fondo siempre intentando de todas las maneras conseguir lo que
quiere, puedes seguir todas las pautas de ansiedad por separación y si no aprendes a
poner límites de manera correcta al perro, el problema perdurará. Puedes seguir
también todas las pautas, pero si refuerzas o permites que te controle a ti o algún
miembro de la familia, querrá hacer lo mismo cuando no estáis y seguirá montando el
pollo cuando no pueda controlarte. Los límites para estos perros serán sin castigos, en
silencio, sin correcciones y sin hablarles, así aseguramos no inquietarlos, no ponerlos
nerviosos y no reforzarlos. Nos interpondremos y los echaremos de nosotros caminado
hacia ellos de forma decidida pero neutra, sin mirarlos directamente ni amenazar, como
pidiéndoles espacio. Nos pondremos delante de ellos si vemos que controlan al gato, o
la puerta, o a los niños…al principio todas las veces que sean necesarias hasta que paren.
Lo que suele pasar luego es que entienden que eso ya no es necesario o no funciona y
se van a descansar, ahí es cuando empiezan a poder relajarse y bajan los niveles de
ansiedad. Si aprenden a parar estando tú en casa, cuando no estés ya no tendrán la
necesidad de hacerlo.

Hay ansiedades por separación donde el perro pierde el control de los esfínteres, o no
come ni bebe agua hasta que llegamos a casa. Estos casos son muy graves y van a ser
mucho más difíciles de trabajar. A menudo esos perros tienen miedos concretos muy
intensos y es eso lo que hay que trabajar en primer lugar. A veces somos las personas
las que estamos creando que ese perro viva en semejante estado de pánico, sin ser
conscientes de ello.

Como en todos los problemas de conducta del perro, aquí también es importante tener
en cuenta su lenguaje corporal para atenderlo y contestarlo. No es lo mismo llegar a

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casa, ignorarlo y empezar a moverte y hacer cosas (señales de alarma para él), que llegar,
quedarte inmóvil, girar varias veces la cara y empezar a moverte lentamente, esto lo
ayudará a calmarse mucho más rápido y permitirá normalizar las entradas más rápido.
No provoca la misma reacción salir de forma tranquila de casa que hacerlo con prisas y
movimientos acelerados. Lo mismo en la convivencia. Este lenguaje es importante verlo
cuando el perro está controlando o exigiendo, suelen ir tensos, con rabos altos y orejas
en alerta, si no ponemos límites por lo menos que el perro no reciba atención en este
estado para que no entienda que lo aceptamos. Si hay problemas de exigencia, a veces
hay que trabajar la ansiedad por separación de manera diferente, si no puede pasar que
a la que se acaban la comida rascan o ladran porque quieren más.... e intentando evitar
un problema estamos creando otro.

En este problema, lo más importante es estar nosotros tranquilos, no parecerlo, estarlo,


y ser conscientes en la convivencia con ellos de lo que estamos reforzando directa o
indirectamente, de nuestra forma de ir por la casa, de si vamos acelerados por la vida,
si estamos todo el día tocándolos o lo hacemos sin darnos cuenta... tomar conciencia de
ello ayudará a nuestro perro a normalizar todas las situaciones.

En Educación Canina, la ansiedad por separación es uno de los problemas más difíciles
de trabajar. Ante problemas graves, os recomendamos trabajarlo de la mano de un buen
profesional que atienda a todas las causas que pueden estar provocando el problema.
Huir del “profesional” que castiga y riñe, que pone collares anti ladridos, que mete a tu
perro en trasportines, lo ata o lo cierra en un balcón. Para poner parches al problema y
maltratar al perro no necesitas pagarle a nadie.

En nuestro canal de YouTube tienes una formación gratuita colgada sobre este tema:

Atúk Formación y educación canina

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CONDUCTA HIGIÉNICA
¿Que se considera un problema de conducta higiénica?
Que un cachorro de menos de 6 meses se haga pipi y caca en casa, no es un problema
de conducta higiénica. Igual que no lo es que un perro recién adoptado, que aún no
conoce sus rutinas de paseo y que no está adaptado, haga algún pipi. Tampoco es un
problema de conducta higiénica los perros que hacen pipi o caca por problemas físicos,
enfermedades que afectan al control de esfínteres.

Los problemas de conducta higiénica son aquellos donde los perros de más de 6 meses
y sin problemas físicos, hacen pipis y cacas dentro del hogar.

La conducta higiénica en el cachorro


Cuando un perro es recién nacido, toda la conducta higiénica es gestionada por la madre.
Lamiendo sus partes, la madre estimula las secreciones y las ingiere. De esta forma
mantiene el lugar limpio y evita que los olores puedan ser captados por un posible
depredador. Cuando el cachorro está preparado para salir de la madriguera, la conducta
higiénica empieza a hacerla en los alrededores del núcleo familiar. De manera natural
evitan hacer sus necesidades dentro de “casa” y buscarán alejarse para hacerlo.

Rondando los 5-6 meses de edad, un perro comienza a ser capaz de controlar sus
esfínteres. Antes de eso, podemos saber y anticipar cuando un perro se dirigirá a hacer
sus necesidades. Habitualmente lo suelen hacer al despertar, después de las comidas,
después del juego o bien cuando algo les preocupe y genere un pico de estrés. Los
lugares que buscarán, son los más cercanos a la salida. Ya sea la puerta de la casa o bien
balcones, terrazas u otros. También mirarán de hacerlo en lugares porosos, telas,
alfombras… para no mancharse las patitas. Es en estos momentos donde debemos estar
pendientes de abrirles la puerta al exterior o incitarlos a que lo hagan en el sitio que
queremos y posteriormente felicitar y premiar de forma tranquila.

Para un cachorro, no será lo mismo tener acceso a un patio o jardín donde puede cubrir
esa necesidad sin mayor problema o uno que no tenga acceso al exterior y deba hacer
sus necesidades dentro de la casa. El aprendizaje es diferente y hay que tener más
paciencia y empatía.

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A un cachorro nunca le reñiremos por hacer pipi o caca en casa, lo que haremos es
premiarlo cuando lo haga donde nosotros esperamos para así darle a entender dónde
nos gusta que lo haga. Los primeros meses, mientras aun no salen a pasear, en el
empapador o en la terraza y jardín y cuando ya salen a pasear, lo premiaremos cuando
lo haga en la calle.

Es importante que nunca se le riña por hacer sus necesidades, ellos no entenderían que
está mal, sino que somos impredecibles, peligrosos y que nos enfada algo que para él es
natural. Si consiguen entender que es algo que nos enfada, empezaran a hacer los pipis
y las cacas en sitios donde no los veamos, rincones, sofás, camas, etc. y a escondidas. Si
seguimos riñendo, el perro puede llegar a comerse los pipis y las cacas para no dejar
rastro y no ser reñidos. Luego de forma natural empezará a hacerlo en el exterior, pero
habremos afectado su equilibrio emocional y el vínculo con nosotros y habremos
generado miedos e inseguridades hacia personas.

El perro senior o con problemas físicos


A veces las familias no son conscientes de que su perro se está haciendo mayor y que
muchas patologías veterinarias como los problemas urinarios y de riñón tienen como
síntoma la perdida de orina. Los perros que están tomando cortisona necesitan evacuar
el pipi cada 2 horas. Aquí es importante que el perro reciba una asistencia veterinaria
correcta y que se entiendan sus necesidades por parte de la familia. Cuando un perro
que siempre ha tenido una correcta conducta higiénica, empieza a eliminar en sitios
inadecuados, nunca se reñirá y se revisará su estado de salud para encontrar la posible
causa.

PROBLEMAS DE CONDUCTA HIGIÉNICA


El perro adulto recién adoptado

Que un perro recién adoptado haga pipis o marcajes en casa los primeros días de llegar,
es normal y no hay de que preocuparse. En las adaptaciones, sobre todos de machos,
solemos explicar que esto puede pasar, que pueden marcar objetos verticales que estén
en sitios de paso. Que no le den importancia, lo limpien y no le riñan. A la que el perro
coja las rutinas de paseo y se adapte, lo dejará de hacer de forma natural. Si se empieza
a reñir y castigar, se pueden crear problemas de comportamiento más graves, subir
niveles de estrés, debilitar el vínculo o crear problemas de desconfianza y/o agresividad.

Si una vez pasada la primera semana, los pipis persisten, entonces sí habría que mirar
cual es el problema concreto y solucionarlo.

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El perro con miedo


Un perro que tiene miedo en el exterior, que va sobre estimulado, que va preocupado,
tirando como un loco, le pegan tirones y correcciones constantemente, que lleva algún
tipo de collar de castigo o tiene miedos a personas, perros, ruidos, movimiento, etc. en
el paseo no podrá relajarse. Si el perro va estresado y asustado en el paseo, contraerá
los esfínteres y sólo los relajará en sitio seguro, que normalmente es dentro de casa o
en zonas más tranquilas.

Hay familias que pasean al perro con miedo durante horas en entornos urbanos y el
perro mea al entrar en casa. Aquí hay que revisar el manejo de correa, elegir zonas y
horarios más tranquilos de paseo, que su familia se sepa comunicar en su lenguaje y
acompañarlo a superar estos miedos, para que pueda relajarse y hacer sus necesidades
fuera.

Los primeros pipis y cacas que haga en el exterior se pueden premiar como si se tratara
de un cachorro. Lo que queremos es asegurar que entiende que nosotros queremos que
lo haga fuera y le añadimos énfasis. Si lo hace en casa, nunca lo reñiremos, esto
empeoraría su estado de miedo y de ansiedad.

En ansiedades por separación graves, el perro que se queda sólo entra en pánico y se
caga y se mea por toda la casa. Aquí hay que trabajar la ansiedad por separación y los
miedos e inseguridades que tenga el perro.

El perro estresado
Cuando un perro vive con niveles de estrés altos evacuará esas hormonas que produce
su cuerpo mediante el jadeo y el pipi. Un perro estresado necesita evacuar mucha más
cantidad de pipi que un perro que vive con niveles de estrés óptimos.

Aquí hay que revisar todo el día a día del perro, sus rutinas de paseo, etc. para hacer una
correcta reducción de estrés como ya hemos hablado antes.

El perro que vive en un ambiente hostil o que muestra


enfado y frustración
Hay perros que se mean encima a la hora de ser acariciados por aquellos que en otras
situaciones les riñen. Cuando los cachorros se mean cuando van a ser acariciados, es
que la situación les provoca miedo.

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Hay perros que se mean en los sofás o camas si los bajan de estas con castigos y
correcciones. Muy a menudo, los perros que hacen pipis en estos lugares, están
indicando donde se produce el conflicto.

En ambas situaciones, hay que eliminar todo tipo de castigos y correcciones en la


convivencia con el perro. Si no se quiere que el perro suba al sofá, se le bajará con el
cuerpo o con la correa cada vez que suba y se le dará una alternativa cómoda, pero
siempre sin castigo.

Territorialidad
Cuando mean sus camitas, pueden hacerlo recién llegados a casa cuando están
estresados y preocupados, no lo tendríamos en cuenta porque en unos días no volverá
a pasar. Pero cuando hay conflictos con las camas con otros perros o animales de la
familia, también pueden mearlas. Aquí deberíamos revisar que está pasando entre ellos
y poner solución. Ya sea añadir otra cama, si una es más cómoda que la otra, trabajar
protección de recursos, mirar que las dos camas estén igual de cerca de nosotros, etc.

Cuando metemos un perro en casa de otro, puede haber mayor nivel de marcajes, sobre
todo los primeros días o si hay tensiones entre ellos. Aquí hay que trabajar el problema
que haya si tras pasar unos días de adaptación lo siguen haciendo. Lo suelen hacer más
los machos que las hembras.

Conductas aprendidas
Son las más difíciles de eliminar. A menudo, los perros que de cachorros viven en
expositores, vitrinas y jaulas, se habitúan a hacer sus necesidades, dormir y comer en la
misma zona. Cuando salen de ahí, lo han normalizado. Para trabajar esto premiaremos
con chuche de calidad cada vez que el perro haga sus necesidades en la calle o en el
patio donde queramos que haga sus necesidades.

A veces hay casos donde los perros se mean y se hacen caca delante de la familia como
llamada de atención. Suelen ser perros que se refuerzan con los castigos y prefieren que
les riñan mil veces a que los ignoren.

Los perros son animales limpios por naturaleza, tienden a hacer sus necesidades en el
sitio más alejado posible de donde comen y descansan. Cuando esto no es así y en la
edad adulta, la conducta higiénica no es correcta, hay que revisar que es lo que no está
bien y ayudarlos a normalizarla para poder vivir en harmonía con ellos.

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Si hay problemas físicos, preguntar a vuestro veterinario por opciones de pañales y


fajitas para evitar los marcajes en casa o las pérdidas de pipi si hay incontinencia.

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PSEUDOGESTACIÓN
La pseudogestación, también llamada embarazo psicológico es un proceso que sucede
por un desajuste hormonal en las hembras entre los 45-60 días después del celo. Se
producen una serie de cambios a nivel físico como la inflamación de las mamas, se
hincha la vulva y segregan leche. Pero también tiene una serie de cambios a nivel de
comportamiento, que según los niveles de estrés de la perra puede derivar en
problemas graves de comportamiento. Entre estos cambios de comportamiento vemos
que suben los niveles de estrés y nerviosismo, hacen destrozos, están más inquietas,
buscan cachorros por la calle, pueden adoptar muñecos u objetos como cachorros, pero
también pueden llegar a mostrar conductas agresivas respecto a estos objetos, etc.

Aquí se debe acudir al veterinario para que pare la subida hormonal y la leche y evitar
problemas de mastitis o que sigan subiendo los niveles de estrés.

Las perras que viven en estados crónicos de estrés, tienen más tendencia a tener
pseudogestaciones. Si una perra la tiene en el primer celo, lo más probable es que la
tenga cada vez que pase un celo. Aquí si el estado en el que entra a nivel de
comportamiento la desestabiliza a nivel emocional, se recomienda la esterilización
como solución.

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ESCAPISMO
Como escapismo entendemos todos aquellos comportamientos en los que se alejan de
su hogar o de su familia cuando están en libertad. Pero no todos los problemas de
escapismo tienen la misma base ni se trabajan igual.

Primero de todo, los dividiremos entre perros que se escapan estando en casa y perros
que se escapan en los paseos.

Escapismo en casa
¿Qué puede llevar al perro a querer escaparse de su casa, de su hogar?

Aburrimiento y falta de paseo. Es el motivo más frecuente. Normalmente el perro que


se escapa de su casa si está la familia dentro de la casa, suele ser por aburrimiento, falta
de paseo, de diversión, de contacto social y de novedades. Una vez se pasea y se
relacionan por su cuenta vuelven al hogar.

La solución a este tipo de escapismo es una buena rutina de paseo diaria y estable, que
le proporcione el ejercicio, la estimulación mental y olfativa y el contacto social que
necesita. Podemos hacerles juegos de búsqueda en el jardín, para darles algo que hacer
y estimulación en el interior de la vivienda y no quieran irse a buscarla fuera.

Apareamiento. Si no están esterilizados cuando las hembras estén en celo o los machos
huelan hebras en celo, necesitarán aparearse. Una vez consiguen el objetivo vuelven a
venir a casa.

La solución aquí es esterilizar.

Falta de vínculo y/o ambiente hostil en la familia. Si tiene vínculo con su familia, un
perro que se escapa, hace lo que necesita y vuelve. Si no son bien tratados o lo educan
con castigos y correcciones, el vínculo se va deteriorando y dejan de venir. Si castigan al
perro cuando vuelve, ellos creen que riñen el haberse ido y están castigando el volver.
Si esto sigue pasando hay perros que pueden estar días fuera o no volver nunca.

Para fortalecer el vínculo la familia debe aprender a educar a su perro de una forma
amable sin castigos, entender su lenguaje y comunicarse de forma que su perro entienda
a partir de ahora. Habrá que trabajar todos los traumas y malas asociaciones que hayan
creadas entre el perro y su familia.

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Por frustración y aislamiento social. Los perros que viven fuera, aislados, privados de
una convivencia y un contacto social cercano, los perros que viven encadenados o
enjaulados en los patios, viven frustrados. Quieren cambiar de vida y luchan por ello. A
menudo vemos perros escapistas por este motivo que al cambiar de hogar o de rutinas,
dejan de serlo rápidamente.

Aquí la solución es cambiar de vida o de familia para que deseen seguir en ella. Si están
aislados y solos en el jardín, permitirles convivir y que la convivencia sea respetuosa y
se viva en harmonía.

En la mayoría de casos, no hay un único motivo, si no que suelen ser varios de ellos
juntos y hay que trabajarlo todo a la vez.

Para familias que no quieran ceder a dejar entrar al perro en casa, se nieguen a sacarlos
a pasear a diario o vayan a seguir riñendo, sólo podemos reforzar su cárcel, vallas más
altas para que no los encadenen y que hagan muchos olisqueos para darle algo que
hacer a los perros, que baje su frustración y estrés y bajar la posibilidad de que quieran
escapar.

Escapismo en el paseo
Los perros que se escapan en el exterior, en los paseos y cuando los sueltan pueden
tener varios motivos.

Perros en pánico o con miedos. Un perro que está en pánico, que está sobre estimulado,
un perro al que se le obliga a caminar cuando esta asustado o bloqueado, si puede, se
escapará de ese humano que lo fuerza y no le ayuda ni lo sabe acompañar. Si estos
perros se escapan es difícil que vuelvan a no ser que haya un vínculo fuerte. La
intensidad del miedo en cada perro puede ser diferente y de ello y del vínculo con la
persona dependerá que se atreva a volver o no.

La solución a este tipo de escapismo es ayudar al perro a superar sus miedos y aprender
a acompañarlo mediante lenguaje corporal. Que su familia sepa acompañarlo y ayudarlo
en cada situación que le preocupe. Una vez no tenga miedo, el escapismo desaparece.

Reactividad al movimiento. Hay perros que si van sueltos sólo se escaparan si algo en
movimiento pasa cerca. La solución a este tipo de escapismo es desensibilizar el
movimiento a la vez que se entrena una llamada.

Miedo a los ruidos. Hay perros que no son escapistas, pero si tienen miedo a ruidos
concretos como disparos, petardos, ladridos, tormentas, etc. si oyen aquello que les
preocupa echarán a correr o a buscar un escondite.

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La solución a este problema viene por desensibilizar los ruidos que lo asustan, fortalecer
el vínculo con su familia y trabajar que el perro huya hacia la familia en busca de ayuda.

Perros es estados de control o protección. Pueden escaparse para ir a ladrar a algo que
le da miedo o preocupa.

La solución es trabajar los miedos hacia lo que le preocupa a la par que trabajamos las
conductas de control o protección.

No hay vínculo con la familia. Si lo sueltan y el perro pasa de su persona cuando lo llama,
revisar si hay entrenada una llamada. Estos perros acaban viniendo cuando les da la gana
y prefieren irse con cualquiera antes que con su familia.

Aquí hay que reforzar el vínculo y trabajar la llamada. Reforzar el vínculo la mayoría de
veces significa dejar de castigar, de reñir y de controlar al perro, pero muy a menudo el
vínculo esta deteriorado porque la persona es muy pesada con el perro, en casa lo
atosiga mucho, lo acaricia o lo agobia o le habla demasiado. Su persona tiene que
aprender a darle espacio al perro y respetar lo que le pide.

Miedo a los manipulados, castigos o interacciones. Vienen cuando los llaman, pero se
quedan a unos metros para que no puedan cogerlos, o se acercan muy lento y van
gestionando con movimiento/juego que parece que quieren que les persigan.

En estos problemas hay que desensibilizar manipulados, romper malas asociaciones,


utilizar mucho el lenguaje corporal y fortalecer el vínculo.

Entrenar una llamada. Cuando sueltas a un perro y no viene cuando lo llamas, pero
siempre se queda cerca de la familia, simplemente hay que entrenar una llamada.

Como en el escapismo dentro de casa, en el escapismo en el exterior normalmente hay


varios motivos juntos y hay que trabajarlos a la par. Por ejemplo, hay perros que ven un
conejo o un animal en movimiento y se evaden detrás de él, cuando se dan cuenta están
perdidos. En este tipo de perro hay que bajar niveles de estrés, trabajar la reactividad al
movimiento y todo lo necesario para equilibrar su día a día. Hay perros, sobre todo
jóvenes y cachorros, que en el exterior pasan de su humano y cualquier cosa es más
importante. Aquí hay que asegurar que las necesidades sociales se están cubriendo, que
tenemos un buen vínculo y que no estamos molestando y agobiando al perro en casa
todo el día. Si lo molestamos en la convivencia, en el exterior huyen de nosotros.

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LA ESTERILIZACIÓN EN
PERROS
Esterilizar a un perro, macho o hembra, significa someterlos a una operación quirúrgica
que interviene sus órganos reproductores enteros. En la castración, se extirpan las
glándulas sexuales (testículos y ovarios). En la esterilización, no siempre hay que castrar,
hay posibilidad de conservar las gónadas. En ambos casos, se evita la posibilidad de
fertilizar del animal. En los machos se hacen Vasectomías (extirpan un fragmento del
conducto que conduce los espermatozoides) y en las hembras una Histerectomía
(mantienen los ovarios, extirpan el útero y los cuernos uterinos).

Las operaciones de los machos son bastante más sencillas que las de las hembras, al
igual que su recuperación.

En España hay un claro problema de masificación y abandono y una parte de la solución


contempla la esterilización de los perros, tanto machos como hembras, para contribuir
a erradicar el abandono.

A nivel de conducta, sobre todo en machos, la esterilización se presenta como la


solución milagrosa a todos los problemas de agresividad y de “dominancia”. Lejos de
esto, en vez de una solución, puede complicar los problemas conductuales. Las familias
tienen unas expectativas muy altas en relación al cambio de conducta con las
esterilizaciones. Y el punto de vista veterinario en relación a este tema es muy simplista,
se recomienda la esterilización cuanto antes mejor.

Cuando estamos ante casos de perros adoptados, lo único que se puede valorar es el
momento de esterilizar. Las protectoras están obligadas por ley a dar en adopción al
perro esterilizado. Y según a que protectora, se le puede presentar una alternativa a la
esterilización sin retirar las hormonas sexuales.

Para el resto de perros, a nivel de conducta, habrá que valorar caso por caso, según edad,
carácter, problemas de conducta y razas. No es una decisión sencilla si se piensa en el
bienestar del animal. Aquí un buen etólogo es el que mejor podrá recomendar lo
correcto.

Si los perros no tuvieran que vivir en entornos urbanos masificados de perros, esterilizar
o no, no tendría tanta afectación a nivel emocional. La realidad es que los perros tienen
unas necesidades sexuales que en este panorama social es imposible que puedan cubrir,
y si lo hacen, agravarían el problema de sobrepoblación y abandono. Así que esterilizar
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o no, se acaba convirtiendo en una decisión ética y de bienestar emocional para el


animal, aunque pueda perjudicarlo a nivel de salud en algunos casos.

Como aquí lo que nos atañe es la importancia y la afectación de la esterilización a nivel


de conducta, es importante tener en cuenta que cuando un perro tiene necesidad de
aparearse y sabe que hay perras en celo o machos alrededor, se generarán unas
expectativas que, al no poder cubrir, los mantienen en estados de ansiedad, frustración
y angustia. Este estado va a repercutir negativamente y agravar otros problemas de
conducta, aparte de aumentar la posibilidad de agresiones entre machos y problemas
de escapismo.

Más adelante hablaremos sobre cómo evitar la gestación sin necesidad de eliminar las
hormonas sexuales.

¿Cuándo esterilizar?
A nivel de conducta es importante no castrar ni esterilizar hasta que no se alcanza la
madurez sexual (mínimo 6 o 7 meses). Si hay posibilidad de elegir, nosotros
recomendamos que puedan desarrollarse totalmente y pasar todos los períodos
sensibles de la adolescencia (hasta los 2 años). Esto, como más adelante leeréis, también
será algo positivo a nivel de salud.

Menos en casos de hembras con pseudogestación que afectan negativamente la


convivencia con su familia. Y en casos de machos que conviven y ya hay
tensiones/agresiones por competición/exigencia/imposición o hay una hembra de por
medio o en casos de escapismo cuando hay hembras en celo y la vida del perro corra
peligro. Tendremos que poner en una balanza las consecuencias a nivel de
comportamiento y a nivel de salud y a partir de ahí, tomar la decisión.

Consecuencias positivas de la esterilización


A nivel de conducta:

En machos:

1. Disminuyen las conductas relacionadas con los instintos sexuales como el


escapismo y los conflictos con otros machos.

2. Disminuyen los marcajes de orina.

En hembras:

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1. Elimina la necesidad de aparearse y por lo tanto la frustración y la ansiedad de


no conseguirlo.

2. Elimina el riesgo de tener pseudogestación y sus consecuencias a nivel de


conducta.

3. En agresividades intrasexuales y/o conflictos relacionados con la presencia del


celo disminuyen las tensiones. Cuando las agresividades aparecen después del celo o en
él. Cuando el pico de estrógeno está acentuando algún comportamiento, si quitas el pico
de estrógeno disminuye la conducta.

A nivel físico:

1. Se reduce la posibilidad de padecer algunos tipos de cáncer, tanto en hembras


como en machos. A tener en cuenta el cáncer de mama y el de próstata.

2. Las hembras reducen considerablemente las infecciones en el área genital y anal.

3. En machos, ayuda a prevenir la hiperplasia, adenomas de glándulas anales y


hernias perianales (aunque el pronóstico no es grave).

4. En hembras previene piometras, que son graves, pero de baja mortalidad, los
quistes ováricos y metritis (no es grave).

5. Mayor longevidad. Las hembras son un 24% más longevas y los machos un 14%

6. No manchan de sangre con el celo

7. Elimina la pseudogestación y las consecuencias a nivel de salud (mastitis)

Consecuencias negativas de la esterilización


A nivel de comportamiento:

En machos:

1. Si se esteriliza a un macho con miedos, quitas la testosterona que ayudaría a


modular y superar ese miedo.

En hembras:

1. Los estrógenos modulan el comportamiento, en agresividades que aparecen


antes del primer celo, esterilizar puede agravar la conducta.

2. Las agresividades que no están relacionadas con el celo, si se esterilizan pueden


aumentar. Esterilizar desinhibe la agresividad y empeora el problema.

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A nivel físico:

1. Aumento de peso ya que cambian el metabolismo. La obesidad genera un estado


inflamatorio en el cuerpo que predispone a muchas enfermedades y a una artrosis
temprana.

2. Incontinencia urinaria en hembras. Cuanto más joven se esteriliza mayor


posibilidad de padecerla.

3. Mayor riesgo de hernias inguinales

4. Mayor predisposición a padecer algunos tipos de cáncer.

5. Mayor predisposición a padecer problemas ortopédicos: displasia de cadera, de


codo, rotura de ligamentos y problemas de artrosis en las articulaciones. Este tipo de
problemas afectan mucho a la calidad de vida del animal. Las hembras esterilizadas
tienen muchas posibilidades de sufrir rotura de ligamentos.

6. Cuanto más joven se esterilizan más probabilidad de padecer problemas


ortopédicos. Afecta al crecimiento de los huesos porque no hay hormonas sexuales
que dirijan el desarrollo y el cierre de las placas de crecimiento de los huesos. Cuanto
más grandes de tamaño peor porque están más tiempo en crecimiento (hasta los 2 años)

Castración química
Consiste en introducir un implante hormonal bajo la piel que actúa inhibiendo la
actividad de los testículos. El efecto se mantiene durante unos 6 meses, en perros
pequeños a veces más y en grandes a veces menos. Tras el implante, durante 1 mes, se
produce un subidón de testosterona que puede agravar problemas de conducta. Los
efectos positivos, si los hay, se producen entre los 15 días o a partir del primer mes
aproximadamente. La castración química sólo es posible realizarla en machos.

Se puede recomendar en perros de avanzada edad o con problemas de salud para no


someterlos a cirugía. O para perros con problemas de agresividad entre otros machos o
escapismo, para ver si tiene consecuencias positivas para tomar la decisión de esterilizar
o no de manera definitiva.

Alternativas a la esterilización tradicional


Todo lo que sea evitar la gestación sin retirar hormonas sexuales.

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En machos:

VASECTOMIA. Cirugía más rápida y menos invasiva. No retira los testículos, corta los
conductos que llevan los espermatozoides desde los testículos hasta la uretra. No puede
fertilizar, pero a nivel médico y hormonal es como si fuera un macho entero.

En hembras:

LIGADURA DE TROMPAS. Por laparoscopia. Es una cirugía, de mínima invasión, donde


se atan las trompas. Produce esterilidad permanente ya que impide el paso del óvulo al
útero. No pueden gestar, pero si sangran y a nivel médico y hormonal la hembra estará
entera. No hay muchos veterinarios que la hagan porque permanece el riesgo de
piometra y se puede dar el cáncer de mama igualmente.

HISTERECTOMIA. Cirugía para retirar el útero, pero dejando intactos los ovarios. Es más
invasiva que esterilizar porque se corta más trozo de útero para prevenir piometras.

A nivel médico y hormonal, la hembra estaría entera pero no sangran y no son fértiles.

Es una cirugía novedosa que realizan pocos veterinarios y más abiertos de mente.

OVARIECTOMÍA. Cirugía donde sólo sacan los ovarios por laparoscopia y transvaginal,
sin incisión. Cirugía de mínima invasión, reduce las complicaciones posoperatorias
derivadas de la manipulación del útero. La hembra es estéril y no hay más riesgo de
piometra.

Desmintiendo mitos
- No es necesario que las hembras paran una vez en la vida por temas de salud.

- Los problemas de agresividad en machos no desaparecen por esterilizar

- Les cambia el carácter si se esterilizan

- Dejan de querer trabajar y les quitas su esencia

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CONCLUSIONES
Ahora tienes una información valiosa para cambiar la vida de tu perro y llevar vuestra
relación a otro nivel. A menudo, las personas y familias que han pasado por nuestra vida,
al tener esta información que resuena con ellos fácilmente y ven los resultados de
educar de otra manera, pasan por una etapa donde sienten culpa por haber “educado”
mal a su perro o a otros perros que han tenido anteriormente. Si te pasa a ti, no te ancles
en ella. Es parte del proceso. Siéntela, se consciente de ella, perdónate a ti mismo y
CAMBIA la forma en la que te relacionas, no solo con tu perro, sino con todos los
animales, incluidos con los que caminamos a dos patas, pero, sobre todo, CAMBIA la
forma con la que te relacionas contigo mismo.

Ahora que ya nos conocemos y tenemos tu confianza, permítenos que en estas últimas
línias te hablemos y te introduzcamos, si no lo estás ya, dentro de un mundo de
autoconocimiento, trabajo personal, emocional y espiritual (o como quieras llamarlo),
que no es Educación Canina, pero esta directamente relacionado con ella.

Cuando empezamos a relacionarnos con nuestro perro a través del respeto y la empatía,
emprendemos un camino en el cuál, a veces, nos enfrentamos a nosotros mimsos. Es
decir, todo aquello que intentábamos cohibir, castigar y oprimir, creyendo que era lo
correcto y la única manera de educar, hace que ahora, al empezar a respetar las
necesidades y la esencia del otro, implique que deba CAMBIAR MIS FORMAS y esto, nos
mete de lleno en este mundo de trabajo personal y de toma de conciencia, en muchos
aspectos de nuestra vida.

Aquí solo os vamos a poner cuatro consejos generales, que a nosotros nos han sido de
mucha utilidad y guian nuestra vida y nuestro trabajo con estos maravillosos seres de 4
patas, a los que les debemos tanto. Deja que la relación que tienes con tu perro te meta
de lleno en un mundo de conciencia y crecimiento. Rompe patrones heredados, deja de
juzgar a los demás, cuestionate tus creencias y busca la COHERENCIA en tu vida, a todos
los niveles, no solo en la forma de educar a tu compañero de vida.

El trato que le damos a nuestro perro es el reflejo de como nos tratamos a nosotros
mismos. Si le has reñido o castigado mucho, si le has pegado… mira cómo te tratas a ti
mismo, cuanto te exiges, cuanto te cuidas. Si a él nunca le das libertad o lo controlas
constantemente, si se la das, mira cuanta libertad te das a ti mismo, cuantas cosas haces
porque te gusta o por cumplir o por no saber decir que no.

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Y dirás, a que se refieren con buscar la coherencia. Si PIENSAS A, SIENTES B y HACES C,


estas en incoherencia. Deberíamos ser conscientes de que sentimos, de que pensamos
y actuar en consecuencia. A nivel personal, a nivel de relaciones, a nivel de trabajo, a
nivel de vida. Y cuando no hay coherencia, por lo menos se consciente y busca la forma
de encontrarla, la vida es una TOMA DE DECISIONES constante. Tómalas sin miedo, sigue
los pasos que te dicte tu corazón. Tu corazón es el que puso a ese perro en tu camino
para conocer que es el amor incondicional y crecer a su lado.

Un último consejo que te damos, es que busques el silencio en la relación con tu perro.
No sólo el silencio que todos conocemos, que sería hablarle poco al perro, sino el silencio
mental, empezar a meditar y parar la mente o empezar a ser conscientes de todo lo que
nos pasa por la cabeza, los perros a un nivel más espiritual, también lo agradecen. Y
buscar también, el silencio a nivel físico. Intenta ser conscientes de cuantísimo nos
movemos y gesticulamos cuando estamos con ellos. Buscar el silencio corporal y la
calma que va asociada, ayuda enormemente en cualquier trabajo de reeducación que
hagamos con nuestro compañero

Si quieres profundizar en este mundo de trabajo personal a través del perro, Daniel
Turrión tiene un libro titulado: SER HUMANO… SER PERRO donde invita al lector a verla
función terapéutica del perro hacia el ser humano y su profunda conexión. Aquí os
dejamos el link. ¡Abstenerse personas que no esten abiertas de mente!

A un nivel más pedagógico, te recomendamos que la leas este libro varias veces para
interiorizarlo, ya que hay mucha más información de la que te imaginas. Una semana
después de leer el libro, se te olvidará más del 60% del contenido y según qué parte de
él, no estas preparado para absorberlo. Cuando pase un mes de haberlo leído, vuelve a
empezarlo y toma notas o haz un resumen de lo más importante que tengas que aplicar.
Y si puedes, trasmite a otra persona todo lo que aprendas con él. Esto te ayudará a
integrar el 100% y aplicarlo en el día a día. De ello depende en gran medida el bienestar
de tu mejor amigo. Este libro es la parte teórica del curso On-line, ambas partes están
diseñadas a nivel pedagógico para que haya el máximo de asimilación e integración de
todos los conceptos importantes.

Deseamos de corazón que este libro cambie tu vida a mejor y que a partir de ahora veas
y trates a los animales desde otra perspectiva.

A continuación, encontrarás un resumen de todos los recursos que te podemos dar y el


acceso al curso On-line.

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encontrarás explicaciones prácticas y más visuales, de todos estos contenidos. En los vídeos del
curso, encontrarás un acompañamiento, paso a paso, del proceso de equilibrar y reeducar a tu
perro. En el curso On-line te podemos ofrecer un acompañamiento más personal, más amplio y
estructurado, pero sobre todo, tendrás acceso, tema a tema, a vídeos prácticos donde te
mostramos cómo llevar a la práctica lo que hemos explicado en este libro. Al igual que con este
libro, también tendrás acceso de por vida a sus contendidos y podrás realizarlo a tu ritmo.

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¡MIL GRACIAS DE ANTEMANO!

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