UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLITICAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
DERCHO PROCESAL PENAL I
TEMA: MEDIDAS DE COERCIÓN PROCESAL PENAL
ESTUDIANTE:
AJALLI SARMIENTO, FRANZ EDWARD.
SECCIÓN:
C
CICLO:
VI
DOCENTE:
MORA ARCE, HUGO
TACNA – PERÚ
2024
ÍNDICE.
INTRODUCCIÓN.....................................................................................................................................3
I. LOS PRINCIPIOS DE LA MEDIDA DE COERCIÓN............................................................4
II. JURISDICCIONALIDAD......................................................................................................5
III. LEGALIDAD...........................................................................................................................7
IV. MOTIVACIONES DE LAS RESOLUCIONES....................................................................8
V. ROGATORIO............................................................................................................................10
VI. PROPORCIONALIDAD......................................................................................................11
1. JUICIO DE ADECUACIÓN...........................................................................................................12
2. JUICIO DE NECESIDAD....................................................................................................13
3. JUICIO DE PROPORCIONALIDAD EN SENTIDO ESTRICTO..............................................................14
CONCLUSIONES...................................................................................................................................16
BIBLIOGRAFÍA.....................................................................................................................................17
INTRODUCCIÓN.
Las medidas de coerción procesal son un conjunto de facultades que tiene los sujetos
legitimados, para incoar una medida que limita de derechos fundamentales del imputado en el
caso de las medidas coercitivas personales, tales como la libertad, el trabajo, la salud, o en el
caso de las medidas coercitivas reales, tal como el patrimonio, etc., que afecten al imputado u
al tercero civil responsable. Lo trascedente es que las medidas de coerción, es no son
sanciones anticipadas, que tengan por finalidad causar una afectación irreversible a los
derechos del sujeto pasivo de la acción, sino buscan prever acciones tendientes evitar obtener
un pronunciamiento sobre el fondo de la pretensión o a no hacer efectivo el pago de la
reparación civil. En este contexto el discente no debe plantearse las medidas de coerción
como si fueran un mecanismo para facilitar la investigación, sino como una alternativa
extrema, que se aplica cuando el sujeto pasivo denote una conducta obstruccionista impida la
emisión de un pronunciamiento de fondo u haga infectivo el pago de la reparación civil.
I. LOS PRINCIPIOS DE LA MEDIDA DE COERCIÓN
El proceso penal del Código Procesal Penal se adscribe a un modelo de
enjuiciamiento acusatorio. Este modelo acusatorio es propio de un Estado de Derecho, por
ello, tiene al ser humano como base del tratamiento al procesado, quien es considerado como
un sujeto de derechos y no un mero objeto. De aquí que el sistema acusatorio sea respetuoso
de la dignidad humana. Pero esto no significa que el modelo acusatorio abdique de su misión
de llegar a la verdad y, en su caso, llevar al juez a la convicción de que el procesado ha
cometido el delito y luego de declarar su culpabilidad, sancionarlo. Por ello es que este
sistema acusatorio combina la protección de las garantías y derechos del imputado y su
misión de ser eficiente en la búsqueda de la verdad acerca del caso del que tiene
conocimiento. Por ello es que se regulan de forma detallada en este NCPP todas las medidas
de coerción aplicables en el proceso penal, tanto las medidas de coerción personal y real,
como las medidas limitativas de derechos.
Estas medidas tienen en común que restringen derechos fundamentales, de ahí que
sean eficaces en la persecución de delitos y, por tanto, sean idóneos para llegar a la verdad,
pues al afectar la intimidad, la libertad, el secreto de las comunicaciones, etc., se logra
encontrar fuentes de pruebas, cuidar las ya obtenidas, entre otros fines más, de ahí su
importancia. Para que esta afectación sea legítima debe estar acorde a los parámetros de un
Estado de Derecho, por ello, la doctrina, jurisprudencia y legislación han establecido una
serie de principios que deben ser respetados por el funcionario estatal que aplique alguna
medida de coerción. El NCPP regula estos principios en el Título Preliminar, pues como se
sabe el Título Preliminar es la parte del Código que sirve de criterio de interpretación de las
normas que contiene, desde el primero hasta el último. En ese sentido, el Título Preliminar es
también la conexión de la normativa ordinaria con la normativa constitucional, así viene a ser
una extensión aplicada de esta. De esto tenemos que el artículo VI del Título Preliminar es el
marco normativo por el cual el legislador ha establecido el marco constitucional que se debe
de respetar al momento de realizar una medida que implique una limitación a un derecho
fundamental dentro del proceso penal, en su búsqueda de la verdad. Este marco viene dado
por una serie de principios contenido en ese artículo que permitirán realizar una afectación
constitucional a un derecho fundamental. El artículo VI del Título Preliminar señala:
"Legalidad de las medidas limitativas de derechos Las medidas que limitan derechos
fundamentales, salvo las excepciones previstas en la Constitución, solo podrán dictarse por la
autoridad judicial, en el modo, forma y con las garantías previstas por la Ley. Se impondrán
mediante resolución motivada, a instancia de la parte procesal legitimada. La orden judicial
debe sustentarse en suficientes elementos de convicción, en atención a la naturaleza y
finalidad de la medida y al derecho fundamental objeto de limitación, así como respetar el
principio de proporcionalidad". Como se puede ver, para que una medida que restringe
derechos sea legítima debe de respetar los principios de jurisdiccionalidad, legalidad,
motivación de las resoluciones, rogatorio y de proporcionalidad. Esto lo desarrollaremos a
continuación.
II. JURISDICCIONALIDAD
En un Estado Derecho, las funciones de los sujetos procesales se encuentran
claramente delimitadas, pues para que un proceso sea justo y equitativo debe de
basarse en las reglas que un proceso penal de cuño constitucional estipula. Así, el
proceso penal debe de ser producto de una lucha entre partes, para ello se requiere de
un funcionario que impute un hecho a alguien, este viene a ser el fiscal, quien
perseguirá el delito. Para defenderse de la acusación, el imputado debe de tener a su
costado a un profesional del derecho que le pueda brindar la asesoría correcta, por
ello, se establece la defensa como contra parte de la imputación. Al medio de estas dos
partes debe de encontrarse el juez, quien debe de ser ajeno a estos intereses en
conflicto, para poder cumplir su labor: la de juzgar y tomar la decisión correcta para el
caso en concreto, de ahí la gran importancia de ser imparcial e independiente. En
sentido contrario, el papel del fiscal tiene relación con su calidad de órgano de
carácter constitucional persecutor del delito. En ese sentido, al Ministerio Público le
corresponde ejercitar la acción penal pública, de oficio o a petición de parte, así como
emitir dictámenes con anterioridad a la expedición de las resoluciones judiciales en
los casos que la ley contempla, debe de recordarse que estos actos per se no restringen
Derechos Fundamentales, pues son solo actos postularios. En cambio, el órgano
jurisdiccional por el principio de exclusividad jurisdiccional es el encargado de
restringir ciertos derechos, pues al tener la responsabilidad de proteger los derechos de
los imputados es el más idóneo para establecer la correcta restricción en el caso en
concreto, aplicando la proporcionalidad y la debida motivación. Como señala Miranda
Estrampes, como regla general, toda medida restrictiva de derechos fundamentales
adoptada durante una investigación penal requiere de una previa autorización
judicial, sin embargo, esto tiene excepciones, pues la policía y el Ministerio Público
también pueden restringir derechos, pero esto limitado a que esté previsto en la ley y
que concurran razones de urgencia o peligro en la demora, pero en todo caso se trata
de situaciones excepcionales que, además, deben ser interpretadas restrictivamente,
debiéndose guiar estas diligencias bajo el principio de proporcionalidad y el respeto
a la dignidad de la persona humana. Se exige el mandamiento del juez toda vez que
se considera que éste es el funcionario más idóneo para restringir derechos
fundamentales, pues siendo que en un Estado de Derecho existe la división de
funciones y este es un funcionario imparcial que se pone entre las partes, además tiene
la función de resguardar la legalidad de las actuaciones del proceso y la salvaguarda
de los derechos del imputado. Por ello, el control judicial de la investigación dirigida
por el Ministerio Público debe ser efectivo para que realmente cumpla con la función
de garantía que tiene encomendada y para que el nuevo sistema procesal penal sea
realmente operativo. Es por ello que, en determinados casos, solo el juez puede
ordenar limitar los derechos fundamentales y en especial en el caso de las
intervenciones a las comunicaciones. El fiscal no podrá realizar tal función, pues este
funcionario es una parte interesada a la cual no le compete salvaguardar los derechos
fundamentales del imputado, sino la persecución del delito y de su autor cumpliendo
con el principio de interdicción de la arbitrariedad.
III. LEGALIDAD
El principio de legalidad en un Estado Democrático de Derecho expresa el principio
de supremacía de las leyes (la primera de las cuales es la propia Constitución), del cual se
deriva la vinculación positiva a la ley del Poder Ejecutivo y del judicial y la reserva de ley
para la regulación de ciertas materias, entre los que se encuentran la limitación de los
derechos y libertades de los ciudadanos. Un segmento del principio general de legalidad es el
principio de legalidad procesal penal, que reclama tanto la regulación por normas con rango
de ley de los derechos que se ejercitan durante el proceso, como la autorización y regulación
por ley de cualquier intromisión en la esfera de derechos y libertades de los ciudadanos
efectuada con ocasión de un proceso penal, por tanto, cabría hablar de un principio "nulla
coactio sine lege", en ese sentido, la ley que restrinja derechos en el proceso penal ha de ser
"escrita", “estricta" y "previa”. En ese sentido se ha señalado la jurisprudencia de la Corte
Suprema que en el Recurso de Nulidad N° 1313-2008-Ayacucho, del catorce de enero de dos
mil diez, ha señalado que "el juez penal tiene un control de legalidad sobre el ejercicio de la
acción penal, por cuanto el procesamiento de quien resulte emplazado por el fiscal requiere
autorización o decisión judicial, la que no es automática, puesto que el juez no actúa como
simple receptor del procesamiento dispuesto por el Ministerio Público, pues lo que
corresponde al juez es evaluar si la promoción de la acción penal se amolda a los requisitos
que establece la ley procesal". Este principio también es conocido como principio de
taxatividad e implica que toda diligencia que restringe derechos para ser reputada como lícita
debe estar prevista en la ley y debe respetar las formas que la ley ha establecido para llevarla
a cabo. Otra manifestación de este principio es que no se puede restringir derechos mediante
un medio que no haya establecido la ley. De ahí se entiende que no se puede crear
jurisprudencialmente nuevas formas de limitar derechos que no estén en la norma procesal.
Para Miranda Estrampes, el principio de legalidad se concreta en las siguientes exigencias:
a) que los supuestos tácticos habilitantes de la privación o limitación de los derechos
fundamentales estén previstos en la ley, b) que en su adopción los poderes públicos respeten
escrupulosamente los cauces y las garantías establecidas en la ley para la adopción y
mantenimiento de la medida; y, c) que la ley sea formulada con la suficiente precisión para
que un ciudadano pueda dirigir su conducta conforme a la misma.
IV. MOTIVACIONES DE LAS RESOLUCIONES
La motivación de las resoluciones es un principio básico de la actuación de los
órganos jurisdiccionales, tanto es así que sin este principio las decisiones en un sistema
procesal como el nuestro (sentencia, autos), serían arbitrarias, pues no estamos en un sistema
de íntima convicción o de prueba tasada, sino en uno de libre valoración de la prueba que
lleva aparejada la responsabilidad de sustentar las sentencias en razonamientos reproducibles,
coherentes y lógicos. El derecho a la motivación de las resoluciones está garantizado en el
artículo 139.5 de la Constitución Política del Perú y como ha señalado el Tribunal
Constitucional forma parte del derecho a un debido proceso, garantizando que el juez
resuelva las decisiones exponiendo las razones que justifican la decisión; por tanto, un juez
puede violar el deber de motivación, cuando omite exponer las razones que justifican la
decisión, como cuando, exponiéndolas, la motivación pueda ser calificada de aparente o
defectuosa, sea por una deficiente aplicación de las normas que disciplinan el caso o por una
errónea valoración de los hechos que inciden directamente en la decisión pronunciada. La
motivación tiene como función exteriorizar la justificación de la decisión, a fin que sea
controlada por los justiciables la aplicación de la ley llevada a cabo por el juez, es decir, ante
una petición de una de las partes, el juez resolverá motivadamente, dando a conocer la
procedencia o improcedencia del pedido y justificando su decisión, así el peticionante podrá
verificar si la decisión es ajustada a derecho o no. Esta justificación del razonamiento judicial
debe cumplir ciertos requisitos, en principio debe ser explícita, suficiente, racional y no
arbitraria El ser explícita supone que debe ser clara en la explicación de la decisión que ha
tomado, así debe explicar paso a paso los razonamientos que lo llevaron a tal decisión. La
suficiencia refiere que la justificación del razonamiento judicial debe tener la capacidad de
explicar todas las cuestiones controvertidas sin dejar de explicar alguna, es decir, en materia
de recursos se debe pronunciar sobre todos los extremos de la pretensión impugnatoria. El ser
racional se refiere a que la justificación del razonamiento judicial debe ser tomada conforme
a las máximas de la experiencia, las reglas de la lógica y la coherencia. El no ser arbitrario
refiere a la interdicción de la toma de decisión judicial basada en razones subjetivas sin
sustento objetivo, es decir, la decisión debe ser ajustada al ordenamiento jurídico. Por tanto,
como señala la Sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Expediente N° 10340-
2006-PA/TC, un juez puede violar el deber de motivación, cuando omite exponer las razones
que justifican la decisión, por ello, este mismo Tribunal ha señalado que para que una
resolución respete la debida motivación, por sí misma debe expresar una suficiente
justificación de la decisión adoptada, aún si esta es breve, lo cual supone poner de manifiesto,
después de adoptada una decisión, las razones y argumentos que respaldan su legitimidad
jurídica y la hacen aceptable, por el ordenamiento jurídico. El Tribunal Constitucional ha
especificado, en la sentencia 728-2008 HC/ TC (Caso Llamoja), el contenido
constitucionalmente garantizado del derecho a la motivación de la sentencia condenatoria,
por tanto, los errores en la dación de una sentencia que violan este derecho constitucional
son:
1. Inexistencia de motivación o motivación aparente.
2. Falta de motivación interna del razonamiento.
3. Deficiencias en la motivación externa; justificación de las premisas.
4. Motivación insuficiente.
5. Motivación sustancialmente incongruente.
6. Motivaciones cualificadas.
Estas consideraciones en el proceso penal son especialmente válidas, toda vez que
estamos ante una serie de actuaciones que lesionan derechos fundamentales y estos tiene un
valor preferente en nuestro sistema jurídico, de ahí que toda medida que autorice la limitación
de estos, debe de ser especialmente motivada. Esta especial motivación debe de recaer sobre
todo en exteriorizar el juicio de proporcionalidad que se ha realizado, haciendo referencia
expresa a la a la necesidad de la medida limitativa; la suficiencia de la base indiciaría que
fundamenta la limitación; para ello el juez debe expresar las razones de la medida limitativa o
injerencia, tanto las razones tácticas como las razones jurídicas.
V. ROGATORIO
El principio rogatorio es uno que se deriva del principio dispositivo y de la separación
de funciones. Así por este principio solo se realizará alguna actuación que limite derechos
fundamentales a pedido de parte. Por ello, solo se podrá restringir derechos cuando el fiscal
lo solicite, el juez evaluará y de ahí recién se podrá restringir derechos. Como hemos visto, el
fiscal no decide, sino que más bien pide, es un órgano que solicita la restricción de los
derechos fundamentales, no los limita él mismo (pero sí debe respetarlos, pues se encuentra
vinculada al principio de interdicción de la arbitrariedad y al debido proceso). Así, en base a
lo establecido en la Constitución, tenemos que la intervención debe de ser realizada mediando
una autorización motivada emitida por el juez.
VI. PROPORCIONALIDAD
Cuando se hace necesario afectar un derecho fundamental, también se hace necesario
hacer un test de proporcionalidad, pues el principio de proporcionalidad establece criterios
claros y definidos para afectar de forma constitucional el derecho fundamental y no caer en la
vulneración del mismo. La vulneración de los derechos fundamentales no puede hacerse a
cualquier precio, el discurso político de garantía versus eficacia debe ser superado en aras de
la mejor protección de los intereses en conflicto. Como señala Miranda Estrampes, este
principio juega un papel absolutamente relevante durante la fase de investigación encaminada
a la búsqueda y localización de fuentes probatorias, pues toda invasión judicial de la esfera
jurídico-fundamental del individuo solo es admisible si es proporcionada. Este análisis debe
ser caso por caso, porque en momentos en que la criminalidad avanza a pasos agigantados y
se fortalece la tecnología, el Estado debe crear mecanismos de control y aseguramiento que
permitan ejercitar el ius puniendi con ponderación, llegando a una correcta sanción. En ese
sentido, el principio de proporcionalidad ayuda a limitar, en un Estado constitucional, los
derechos fundamentales desde dos perspectivas:
1. Limita la afectación del derecho fundamental para que solo sea
restringido lo mínimo posible es decir lo adecuado. Excluyendo, claro está el
contenido esencial de este derecho.
2. Afecta el derecho fundamental en la medida que es necesario para
lograr los fines que se busca con tal limitación.
Así, el Tribunal Constitucional en el expediente 0010-2002 AI/TC ha señalado que el
principio de proporcionalidad es un principio general del derecho expresamente positivizado,
cuya satisfacción ha de analizarse en cualquier ámbito del derecho. En efecto, en nuestro
ordenamiento jurídico, éste se halla constitucionalizado en el último párrafo del artículo
200.6 de la Constitución. En su condición de principio, su ámbito de proyección no se
circunscribe solo al análisis del acto restrictivo de un derecho bajo un estado de excepción,
pues como lo dispone dicha disposición constitucional ella sirve para analizar cualquier acto
restrictivo de un atributo subjetivo de la persona, independientemente de que aquel se haya
declarado o no. El principio de proporcionalidad exige tres requisitos para darse por
cumplido, estos son:
1. Juicio de adecuación.
2. Juicio de necesidad.
3. Juicio de proporcionalidad en sentido estricto.
La vulneración del principio de proporcionalidad, en cualquiera de sus tres exigencias
antes descritas, en el momento de acordar la práctica de una determinada diligencia de
investigación penal limitativa de derechos fundamentales hará que los elementos probatorios
obtenidos no puedan ser admitidos o valorados judicialmente por tratarse de un supuesto de
prueba ilícitamente obtenida.
1. JUICIO DE ADECUACIÓN.
La adecuación o idoneidad constituye un criterio de carácter empírico que hace
referencia a la causalidad de las medidas en relación con sus fines y exige que las injerencias
faciliten la obtención del éxito perseguido en virtud. Entonces, corresponde realizar un
análisis desde el punto de vista de la adecuación de la medida adoptada, la medida será
idónea si con su ayuda la satisfacción del fin deseado se acerca o facilita, no lo es si despliega
absolutamente ninguna eficacia para la consecución del fin previsto por la norma. Debe
recordarse que queda excluido el estudio de otras medidas que pudieran ser más eficaces.
Este principio implica que toda injerencia en los derechos fundamentales de una persona debe
ser adecuada para fomentar un objetivo constitucionalmente legítimo, por tal motivo, supone
la legitimidad constitucional del objetivo y la idoneidad de la medida sub examine para su
consecución. Ahora bien, si la medida carece de aptitud para alcanzarla o simplemente no
tiende a la obtención de los fines legalmente previstos que autorizan la restricción, ha de
reputarse inconstitucional. No será adecuada, por ejemplo, si la finalidad que se persigue no
es legal, si la duración e intensidad de la medida no son exigidas por la finalidad que se
pretende alcanzar, sino se individualiza a la persona a la que se va a restringir sus derechos. A
través de la adecuación, la conclusión a la cual se arribe debe ser lo más ajustada posible a la
finalidad de la Constitución, explícita o implícitamente reconocida. En tal sentido, la acción
que realice la persona debe ser conveniente, jurídicamente hablando (la norma habrá de ser
accesible y previsible y contar con un fin legítimo.
2. JUICIO DE NECESIDAD
Este juicio implica que, para que una injerencia en los derechos fundamentales sea
necesaria, esta debe ser imprescindible, esta tiende a la optimización del grado de eficacia de
los derechos individuales frente a las limitaciones que pudieran imponer en su ejercicio los
poderes públicos, obliga a los órganos del Estado a comparar las medidas restrictivas
aplicables que sean suficientemente aptas para la satisfacción del fin perseguido y a elegir,
finalmente, aquella que se sea menos lesiva para los derechos de los ciudadanos. No debe
existir otra medida igualmente efectiva y adecuada para alcanzar el objetivo deseado y que
suponga una menor restricción para el derecho fundamental o una menor carga para el titular.
Para ello, deben analizarse todas las medidas que el legislador podría haber utilizado y
escoger la más benigna para el ejercicio del derecho fundamental, en tanto que la finalidad
que sostiene este principio es la de realizar el mínimo de intervención en el derecho
fundamental. En ese sentido, señala González-Cuellar, que la comparación entre los distintos
medios es el rasgo que permite distinguir este principio del resto de las exigencias derivadas
del principio de proporcionalidad, deduciéndose que la condición que deben cumplir las
medidas alternativas, para poder ser comparadas posteriormente en cuanto a sus efectos sobre
la esfera de derechos y libertades de los ciudadanos con las medidas examinadas, es la de ser
suficientemente aptas -n o igualmente aptas- para la consecución de la finalidad perseguida.
Importa la ausencia de una solución más efectiva y adecuada de la que se esté tomando. Lo
que se busca realizar a través de este juicio es elegir, entre las medidas posibles, la mejor que
exista, siendo esta operación una valorativa, son tres las condiciones que propone González-
Cuellar para elegir una alternativa menos gravosa sin que esto signifique la nula efectividad
de los derechos fundamentales y la no consecución de los fines propuestos:
a) idoneidad y menor lesividad de la medida alternativa.
b) cobertura legal suficiente de la limitación de los derechos que la medida restrinja.
c) existencia de la infraestructura necesaria para su aplicación.
3. JUICIO DE PROPORCIONALIDAD EN SENTIDO ESTRICTO
De acuerdo con el principio de proporcionalidad, strictu sensu, para que una
injerencia en los derechos fundamentales sea legítima, el grado de realización del objetivo de
esta debe ser, por lo menos, equivalente o proporcional al grado de afectación del derecho
fundamental, comparándose dos intensidades o grados: el de la realización del fin de la
medida examinada y el de la afectación del derecho fundamental, al representar una
valoración ponderativa de intereses contrapuestos, permitiendo la observación de todas las
circunstancias relevantes para el caso. Una vez que este aceptada la idoneidad y necesidad de
una medida, con el fin de determinar, mediante la utilización de las técnicas del contrapeso de
bienes o valores y la ponderación de intereses según las circunstancias del caso en concreto,
si el sacrificio de los intereses individuales que comporta la injerencia guarda una relación
razonable o proporcionada con la importancia del interés estatal que se trata de salvaguardar.
Si el sacrificio resulta excesivo, la medida deberá considerarse inadmisible, aunque satisfaga
el resto de presupuestos y requisitos derivados del principio de proporcionalidad. En el
ámbito del proceso penal, esta clase de medidas limitativas de derechos fundamentales viene
justificada por razones de interés general, esto es, para garantizar la eficacia del ius puniendi.
Sin embargo, no es suficiente con la investigación de cualquier delito para justificar el
sacrificio de un derecho fundamental. Debe tratarse de delitos que merezcan la calificación de
graves. Es posible comparar valores y medir intereses con el fin de encontrar el adecuado
equilibrio entre la eficacia de uno y el sacrificio de otro; operación que aunque presenta
dificultades, sobre todo si se tiende a la optimización, es realizable también en el proceso
penal. Como ha señalado parte de la doctrina alemana, la persecución penal y los intereses
individuales se materializan sobre una escala ordenada de valores sociales. El peso del interés
de persecución penal solo puede ser legítimamente comparado con la relevancia de los
derechos fundamentales limitados si dicho interés es concebido como el interés propio de los
órganos de persecución penal, tendente a asegurar la protección final de los bienes jurídicos
tutelados por el Derecho Penal, mediante la aplicación de restricciones que en el proceso
resulten necesarias, ya tengan finalidad cautelar, preventiva o de investigación. La doctrina
alemana ha aislado los siguientes indicadores del interés estatal: la consecuencia jurídica, la
importancia de la causa, el grado de la imputación y el éxito probable de la medida.
CONCLUSIONES.
Las medidas de coerción personal afectan la libertad personal sujetan al
imputado al proceso, sin que quepa desnaturalizar su finalidad cautelar y usarla como
una herramienta punitiva.
Estamos ante herramientas de uso excepcional que busca garantizar la
eficacia de la decisión final por lo que sólo plantearse y concederse en la medida
estrictamente necesaria para garantizar eficazmente la finalidad cautelar.
BIBLIOGRAFÍA.
BERNAL PULIDO, Carlos. El principio de proporcionalidad y los
derechos fundamentales. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid,
2003.
ANDRÉS IBÁÑEZ, Perfecto. Las garantías del imputado en el proceso
penal. 2004.
CASTILLO, CÓRDOVA. Luis. “Criterios de interpretación para
evaluar la constitucionalidad del mandato de detención”. Revista Actualidad Jurídica.
Editorial Gaceta Jurídica, Tomo 137, abril 2005.
MIRANDA ESTRAMPES, Manuel. Ob. cit., p. 205.