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Medidas de Coerción en Derecho Penal

El documento aborda las medidas de coerción procesal penal, destacando su naturaleza como limitaciones a derechos fundamentales del imputado en el contexto de un proceso penal. Se enfatiza la importancia de principios como jurisdiccionalidad, legalidad, motivación de resoluciones y proporcionalidad para garantizar la legitimidad de estas medidas. Además, se establece que la motivación adecuada de las resoluciones es esencial para evitar arbitrariedades y proteger los derechos del imputado.
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Medidas de Coerción en Derecho Penal

El documento aborda las medidas de coerción procesal penal, destacando su naturaleza como limitaciones a derechos fundamentales del imputado en el contexto de un proceso penal. Se enfatiza la importancia de principios como jurisdiccionalidad, legalidad, motivación de resoluciones y proporcionalidad para garantizar la legitimidad de estas medidas. Además, se establece que la motivación adecuada de las resoluciones es esencial para evitar arbitrariedades y proteger los derechos del imputado.
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UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLITICAS


ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

DERCHO PROCESAL PENAL I


TEMA: MEDIDAS DE COERCIÓN PROCESAL PENAL

ESTUDIANTE:
AJALLI SARMIENTO, FRANZ EDWARD.

SECCIÓN:
C

CICLO:
VI

DOCENTE:
MORA ARCE, HUGO

TACNA – PERÚ
2024
ÍNDICE.
INTRODUCCIÓN.....................................................................................................................................3
I. LOS PRINCIPIOS DE LA MEDIDA DE COERCIÓN............................................................4
II. JURISDICCIONALIDAD......................................................................................................5
III. LEGALIDAD...........................................................................................................................7
IV. MOTIVACIONES DE LAS RESOLUCIONES....................................................................8
V. ROGATORIO............................................................................................................................10
VI. PROPORCIONALIDAD......................................................................................................11
1. JUICIO DE ADECUACIÓN...........................................................................................................12
2. JUICIO DE NECESIDAD....................................................................................................13
3. JUICIO DE PROPORCIONALIDAD EN SENTIDO ESTRICTO..............................................................14
CONCLUSIONES...................................................................................................................................16
BIBLIOGRAFÍA.....................................................................................................................................17
INTRODUCCIÓN.

Las medidas de coerción procesal son un conjunto de facultades que tiene los sujetos

legitimados, para incoar una medida que limita de derechos fundamentales del imputado en el

caso de las medidas coercitivas personales, tales como la libertad, el trabajo, la salud, o en el

caso de las medidas coercitivas reales, tal como el patrimonio, etc., que afecten al imputado u

al tercero civil responsable. Lo trascedente es que las medidas de coerción, es no son

sanciones anticipadas, que tengan por finalidad causar una afectación irreversible a los

derechos del sujeto pasivo de la acción, sino buscan prever acciones tendientes evitar obtener

un pronunciamiento sobre el fondo de la pretensión o a no hacer efectivo el pago de la

reparación civil. En este contexto el discente no debe plantearse las medidas de coerción

como si fueran un mecanismo para facilitar la investigación, sino como una alternativa

extrema, que se aplica cuando el sujeto pasivo denote una conducta obstruccionista impida la

emisión de un pronunciamiento de fondo u haga infectivo el pago de la reparación civil.


I. LOS PRINCIPIOS DE LA MEDIDA DE COERCIÓN

El proceso penal del Código Procesal Penal se adscribe a un modelo de

enjuiciamiento acusatorio. Este modelo acusatorio es propio de un Estado de Derecho, por

ello, tiene al ser humano como base del tratamiento al procesado, quien es considerado como

un sujeto de derechos y no un mero objeto. De aquí que el sistema acusatorio sea respetuoso

de la dignidad humana. Pero esto no significa que el modelo acusatorio abdique de su misión

de llegar a la verdad y, en su caso, llevar al juez a la convicción de que el procesado ha

cometido el delito y luego de declarar su culpabilidad, sancionarlo. Por ello es que este

sistema acusatorio combina la protección de las garantías y derechos del imputado y su

misión de ser eficiente en la búsqueda de la verdad acerca del caso del que tiene

conocimiento. Por ello es que se regulan de forma detallada en este NCPP todas las medidas

de coerción aplicables en el proceso penal, tanto las medidas de coerción personal y real,

como las medidas limitativas de derechos.

Estas medidas tienen en común que restringen derechos fundamentales, de ahí que

sean eficaces en la persecución de delitos y, por tanto, sean idóneos para llegar a la verdad,

pues al afectar la intimidad, la libertad, el secreto de las comunicaciones, etc., se logra

encontrar fuentes de pruebas, cuidar las ya obtenidas, entre otros fines más, de ahí su

importancia. Para que esta afectación sea legítima debe estar acorde a los parámetros de un

Estado de Derecho, por ello, la doctrina, jurisprudencia y legislación han establecido una

serie de principios que deben ser respetados por el funcionario estatal que aplique alguna

medida de coerción. El NCPP regula estos principios en el Título Preliminar, pues como se

sabe el Título Preliminar es la parte del Código que sirve de criterio de interpretación de las

normas que contiene, desde el primero hasta el último. En ese sentido, el Título Preliminar es

también la conexión de la normativa ordinaria con la normativa constitucional, así viene a ser

una extensión aplicada de esta. De esto tenemos que el artículo VI del Título Preliminar es el
marco normativo por el cual el legislador ha establecido el marco constitucional que se debe

de respetar al momento de realizar una medida que implique una limitación a un derecho

fundamental dentro del proceso penal, en su búsqueda de la verdad. Este marco viene dado

por una serie de principios contenido en ese artículo que permitirán realizar una afectación

constitucional a un derecho fundamental. El artículo VI del Título Preliminar señala:

"Legalidad de las medidas limitativas de derechos Las medidas que limitan derechos

fundamentales, salvo las excepciones previstas en la Constitución, solo podrán dictarse por la

autoridad judicial, en el modo, forma y con las garantías previstas por la Ley. Se impondrán

mediante resolución motivada, a instancia de la parte procesal legitimada. La orden judicial

debe sustentarse en suficientes elementos de convicción, en atención a la naturaleza y

finalidad de la medida y al derecho fundamental objeto de limitación, así como respetar el

principio de proporcionalidad". Como se puede ver, para que una medida que restringe

derechos sea legítima debe de respetar los principios de jurisdiccionalidad, legalidad,

motivación de las resoluciones, rogatorio y de proporcionalidad. Esto lo desarrollaremos a

continuación.

II. JURISDICCIONALIDAD

En un Estado Derecho, las funciones de los sujetos procesales se encuentran

claramente delimitadas, pues para que un proceso sea justo y equitativo debe de

basarse en las reglas que un proceso penal de cuño constitucional estipula. Así, el

proceso penal debe de ser producto de una lucha entre partes, para ello se requiere de

un funcionario que impute un hecho a alguien, este viene a ser el fiscal, quien

perseguirá el delito. Para defenderse de la acusación, el imputado debe de tener a su

costado a un profesional del derecho que le pueda brindar la asesoría correcta, por

ello, se establece la defensa como contra parte de la imputación. Al medio de estas dos

partes debe de encontrarse el juez, quien debe de ser ajeno a estos intereses en
conflicto, para poder cumplir su labor: la de juzgar y tomar la decisión correcta para el

caso en concreto, de ahí la gran importancia de ser imparcial e independiente. En

sentido contrario, el papel del fiscal tiene relación con su calidad de órgano de

carácter constitucional persecutor del delito. En ese sentido, al Ministerio Público le

corresponde ejercitar la acción penal pública, de oficio o a petición de parte, así como

emitir dictámenes con anterioridad a la expedición de las resoluciones judiciales en

los casos que la ley contempla, debe de recordarse que estos actos per se no restringen

Derechos Fundamentales, pues son solo actos postularios. En cambio, el órgano

jurisdiccional por el principio de exclusividad jurisdiccional es el encargado de

restringir ciertos derechos, pues al tener la responsabilidad de proteger los derechos de

los imputados es el más idóneo para establecer la correcta restricción en el caso en

concreto, aplicando la proporcionalidad y la debida motivación. Como señala Miranda

Estrampes, como regla general, toda medida restrictiva de derechos fundamentales

adoptada durante una investigación penal requiere de una previa autorización

judicial, sin embargo, esto tiene excepciones, pues la policía y el Ministerio Público

también pueden restringir derechos, pero esto limitado a que esté previsto en la ley y

que concurran razones de urgencia o peligro en la demora, pero en todo caso se trata

de situaciones excepcionales que, además, deben ser interpretadas restrictivamente,

debiéndose guiar estas diligencias bajo el principio de proporcionalidad y el respeto

a la dignidad de la persona humana. Se exige el mandamiento del juez toda vez que

se considera que éste es el funcionario más idóneo para restringir derechos

fundamentales, pues siendo que en un Estado de Derecho existe la división de

funciones y este es un funcionario imparcial que se pone entre las partes, además tiene

la función de resguardar la legalidad de las actuaciones del proceso y la salvaguarda

de los derechos del imputado. Por ello, el control judicial de la investigación dirigida
por el Ministerio Público debe ser efectivo para que realmente cumpla con la función

de garantía que tiene encomendada y para que el nuevo sistema procesal penal sea

realmente operativo. Es por ello que, en determinados casos, solo el juez puede

ordenar limitar los derechos fundamentales y en especial en el caso de las

intervenciones a las comunicaciones. El fiscal no podrá realizar tal función, pues este

funcionario es una parte interesada a la cual no le compete salvaguardar los derechos

fundamentales del imputado, sino la persecución del delito y de su autor cumpliendo

con el principio de interdicción de la arbitrariedad.

III. LEGALIDAD

El principio de legalidad en un Estado Democrático de Derecho expresa el principio

de supremacía de las leyes (la primera de las cuales es la propia Constitución), del cual se

deriva la vinculación positiva a la ley del Poder Ejecutivo y del judicial y la reserva de ley

para la regulación de ciertas materias, entre los que se encuentran la limitación de los

derechos y libertades de los ciudadanos. Un segmento del principio general de legalidad es el

principio de legalidad procesal penal, que reclama tanto la regulación por normas con rango

de ley de los derechos que se ejercitan durante el proceso, como la autorización y regulación

por ley de cualquier intromisión en la esfera de derechos y libertades de los ciudadanos

efectuada con ocasión de un proceso penal, por tanto, cabría hablar de un principio "nulla

coactio sine lege", en ese sentido, la ley que restrinja derechos en el proceso penal ha de ser

"escrita", “estricta" y "previa”. En ese sentido se ha señalado la jurisprudencia de la Corte

Suprema que en el Recurso de Nulidad N° 1313-2008-Ayacucho, del catorce de enero de dos

mil diez, ha señalado que "el juez penal tiene un control de legalidad sobre el ejercicio de la

acción penal, por cuanto el procesamiento de quien resulte emplazado por el fiscal requiere

autorización o decisión judicial, la que no es automática, puesto que el juez no actúa como

simple receptor del procesamiento dispuesto por el Ministerio Público, pues lo que
corresponde al juez es evaluar si la promoción de la acción penal se amolda a los requisitos

que establece la ley procesal". Este principio también es conocido como principio de

taxatividad e implica que toda diligencia que restringe derechos para ser reputada como lícita

debe estar prevista en la ley y debe respetar las formas que la ley ha establecido para llevarla

a cabo. Otra manifestación de este principio es que no se puede restringir derechos mediante

un medio que no haya establecido la ley. De ahí se entiende que no se puede crear

jurisprudencialmente nuevas formas de limitar derechos que no estén en la norma procesal.

Para Miranda Estrampes, el principio de legalidad se concreta en las siguientes exigencias:

a) que los supuestos tácticos habilitantes de la privación o limitación de los derechos

fundamentales estén previstos en la ley, b) que en su adopción los poderes públicos respeten

escrupulosamente los cauces y las garantías establecidas en la ley para la adopción y

mantenimiento de la medida; y, c) que la ley sea formulada con la suficiente precisión para

que un ciudadano pueda dirigir su conducta conforme a la misma.

IV. MOTIVACIONES DE LAS RESOLUCIONES

La motivación de las resoluciones es un principio básico de la actuación de los

órganos jurisdiccionales, tanto es así que sin este principio las decisiones en un sistema

procesal como el nuestro (sentencia, autos), serían arbitrarias, pues no estamos en un sistema

de íntima convicción o de prueba tasada, sino en uno de libre valoración de la prueba que

lleva aparejada la responsabilidad de sustentar las sentencias en razonamientos reproducibles,

coherentes y lógicos. El derecho a la motivación de las resoluciones está garantizado en el

artículo 139.5 de la Constitución Política del Perú y como ha señalado el Tribunal

Constitucional forma parte del derecho a un debido proceso, garantizando que el juez

resuelva las decisiones exponiendo las razones que justifican la decisión; por tanto, un juez

puede violar el deber de motivación, cuando omite exponer las razones que justifican la

decisión, como cuando, exponiéndolas, la motivación pueda ser calificada de aparente o


defectuosa, sea por una deficiente aplicación de las normas que disciplinan el caso o por una

errónea valoración de los hechos que inciden directamente en la decisión pronunciada. La

motivación tiene como función exteriorizar la justificación de la decisión, a fin que sea

controlada por los justiciables la aplicación de la ley llevada a cabo por el juez, es decir, ante

una petición de una de las partes, el juez resolverá motivadamente, dando a conocer la

procedencia o improcedencia del pedido y justificando su decisión, así el peticionante podrá

verificar si la decisión es ajustada a derecho o no. Esta justificación del razonamiento judicial

debe cumplir ciertos requisitos, en principio debe ser explícita, suficiente, racional y no

arbitraria El ser explícita supone que debe ser clara en la explicación de la decisión que ha

tomado, así debe explicar paso a paso los razonamientos que lo llevaron a tal decisión. La

suficiencia refiere que la justificación del razonamiento judicial debe tener la capacidad de

explicar todas las cuestiones controvertidas sin dejar de explicar alguna, es decir, en materia

de recursos se debe pronunciar sobre todos los extremos de la pretensión impugnatoria. El ser

racional se refiere a que la justificación del razonamiento judicial debe ser tomada conforme

a las máximas de la experiencia, las reglas de la lógica y la coherencia. El no ser arbitrario

refiere a la interdicción de la toma de decisión judicial basada en razones subjetivas sin

sustento objetivo, es decir, la decisión debe ser ajustada al ordenamiento jurídico. Por tanto,

como señala la Sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Expediente N° 10340-

2006-PA/TC, un juez puede violar el deber de motivación, cuando omite exponer las razones

que justifican la decisión, por ello, este mismo Tribunal ha señalado que para que una

resolución respete la debida motivación, por sí misma debe expresar una suficiente

justificación de la decisión adoptada, aún si esta es breve, lo cual supone poner de manifiesto,

después de adoptada una decisión, las razones y argumentos que respaldan su legitimidad

jurídica y la hacen aceptable, por el ordenamiento jurídico. El Tribunal Constitucional ha

especificado, en la sentencia 728-2008 HC/ TC (Caso Llamoja), el contenido


constitucionalmente garantizado del derecho a la motivación de la sentencia condenatoria,

por tanto, los errores en la dación de una sentencia que violan este derecho constitucional

son:

1. Inexistencia de motivación o motivación aparente.

2. Falta de motivación interna del razonamiento.

3. Deficiencias en la motivación externa; justificación de las premisas.

4. Motivación insuficiente.

5. Motivación sustancialmente incongruente.

6. Motivaciones cualificadas.

Estas consideraciones en el proceso penal son especialmente válidas, toda vez que

estamos ante una serie de actuaciones que lesionan derechos fundamentales y estos tiene un

valor preferente en nuestro sistema jurídico, de ahí que toda medida que autorice la limitación

de estos, debe de ser especialmente motivada. Esta especial motivación debe de recaer sobre

todo en exteriorizar el juicio de proporcionalidad que se ha realizado, haciendo referencia

expresa a la a la necesidad de la medida limitativa; la suficiencia de la base indiciaría que

fundamenta la limitación; para ello el juez debe expresar las razones de la medida limitativa o

injerencia, tanto las razones tácticas como las razones jurídicas.

V. ROGATORIO

El principio rogatorio es uno que se deriva del principio dispositivo y de la separación

de funciones. Así por este principio solo se realizará alguna actuación que limite derechos

fundamentales a pedido de parte. Por ello, solo se podrá restringir derechos cuando el fiscal

lo solicite, el juez evaluará y de ahí recién se podrá restringir derechos. Como hemos visto, el

fiscal no decide, sino que más bien pide, es un órgano que solicita la restricción de los

derechos fundamentales, no los limita él mismo (pero sí debe respetarlos, pues se encuentra
vinculada al principio de interdicción de la arbitrariedad y al debido proceso). Así, en base a

lo establecido en la Constitución, tenemos que la intervención debe de ser realizada mediando

una autorización motivada emitida por el juez.

VI. PROPORCIONALIDAD

Cuando se hace necesario afectar un derecho fundamental, también se hace necesario

hacer un test de proporcionalidad, pues el principio de proporcionalidad establece criterios

claros y definidos para afectar de forma constitucional el derecho fundamental y no caer en la

vulneración del mismo. La vulneración de los derechos fundamentales no puede hacerse a

cualquier precio, el discurso político de garantía versus eficacia debe ser superado en aras de

la mejor protección de los intereses en conflicto. Como señala Miranda Estrampes, este

principio juega un papel absolutamente relevante durante la fase de investigación encaminada

a la búsqueda y localización de fuentes probatorias, pues toda invasión judicial de la esfera

jurídico-fundamental del individuo solo es admisible si es proporcionada. Este análisis debe

ser caso por caso, porque en momentos en que la criminalidad avanza a pasos agigantados y

se fortalece la tecnología, el Estado debe crear mecanismos de control y aseguramiento que

permitan ejercitar el ius puniendi con ponderación, llegando a una correcta sanción. En ese

sentido, el principio de proporcionalidad ayuda a limitar, en un Estado constitucional, los

derechos fundamentales desde dos perspectivas:

1. Limita la afectación del derecho fundamental para que solo sea

restringido lo mínimo posible es decir lo adecuado. Excluyendo, claro está el

contenido esencial de este derecho.

2. Afecta el derecho fundamental en la medida que es necesario para

lograr los fines que se busca con tal limitación.


Así, el Tribunal Constitucional en el expediente 0010-2002 AI/TC ha señalado que el

principio de proporcionalidad es un principio general del derecho expresamente positivizado,

cuya satisfacción ha de analizarse en cualquier ámbito del derecho. En efecto, en nuestro

ordenamiento jurídico, éste se halla constitucionalizado en el último párrafo del artículo

200.6 de la Constitución. En su condición de principio, su ámbito de proyección no se

circunscribe solo al análisis del acto restrictivo de un derecho bajo un estado de excepción,

pues como lo dispone dicha disposición constitucional ella sirve para analizar cualquier acto

restrictivo de un atributo subjetivo de la persona, independientemente de que aquel se haya

declarado o no. El principio de proporcionalidad exige tres requisitos para darse por

cumplido, estos son:

1. Juicio de adecuación.

2. Juicio de necesidad.

3. Juicio de proporcionalidad en sentido estricto.

La vulneración del principio de proporcionalidad, en cualquiera de sus tres exigencias

antes descritas, en el momento de acordar la práctica de una determinada diligencia de

investigación penal limitativa de derechos fundamentales hará que los elementos probatorios

obtenidos no puedan ser admitidos o valorados judicialmente por tratarse de un supuesto de

prueba ilícitamente obtenida.

1. JUICIO DE ADECUACIÓN.
La adecuación o idoneidad constituye un criterio de carácter empírico que hace

referencia a la causalidad de las medidas en relación con sus fines y exige que las injerencias

faciliten la obtención del éxito perseguido en virtud. Entonces, corresponde realizar un

análisis desde el punto de vista de la adecuación de la medida adoptada, la medida será

idónea si con su ayuda la satisfacción del fin deseado se acerca o facilita, no lo es si despliega

absolutamente ninguna eficacia para la consecución del fin previsto por la norma. Debe
recordarse que queda excluido el estudio de otras medidas que pudieran ser más eficaces.

Este principio implica que toda injerencia en los derechos fundamentales de una persona debe

ser adecuada para fomentar un objetivo constitucionalmente legítimo, por tal motivo, supone

la legitimidad constitucional del objetivo y la idoneidad de la medida sub examine para su

consecución. Ahora bien, si la medida carece de aptitud para alcanzarla o simplemente no

tiende a la obtención de los fines legalmente previstos que autorizan la restricción, ha de

reputarse inconstitucional. No será adecuada, por ejemplo, si la finalidad que se persigue no

es legal, si la duración e intensidad de la medida no son exigidas por la finalidad que se

pretende alcanzar, sino se individualiza a la persona a la que se va a restringir sus derechos. A

través de la adecuación, la conclusión a la cual se arribe debe ser lo más ajustada posible a la

finalidad de la Constitución, explícita o implícitamente reconocida. En tal sentido, la acción

que realice la persona debe ser conveniente, jurídicamente hablando (la norma habrá de ser

accesible y previsible y contar con un fin legítimo.

2. JUICIO DE NECESIDAD

Este juicio implica que, para que una injerencia en los derechos fundamentales sea

necesaria, esta debe ser imprescindible, esta tiende a la optimización del grado de eficacia de

los derechos individuales frente a las limitaciones que pudieran imponer en su ejercicio los

poderes públicos, obliga a los órganos del Estado a comparar las medidas restrictivas

aplicables que sean suficientemente aptas para la satisfacción del fin perseguido y a elegir,

finalmente, aquella que se sea menos lesiva para los derechos de los ciudadanos. No debe

existir otra medida igualmente efectiva y adecuada para alcanzar el objetivo deseado y que

suponga una menor restricción para el derecho fundamental o una menor carga para el titular.

Para ello, deben analizarse todas las medidas que el legislador podría haber utilizado y

escoger la más benigna para el ejercicio del derecho fundamental, en tanto que la finalidad

que sostiene este principio es la de realizar el mínimo de intervención en el derecho


fundamental. En ese sentido, señala González-Cuellar, que la comparación entre los distintos

medios es el rasgo que permite distinguir este principio del resto de las exigencias derivadas

del principio de proporcionalidad, deduciéndose que la condición que deben cumplir las

medidas alternativas, para poder ser comparadas posteriormente en cuanto a sus efectos sobre

la esfera de derechos y libertades de los ciudadanos con las medidas examinadas, es la de ser

suficientemente aptas -n o igualmente aptas- para la consecución de la finalidad perseguida.

Importa la ausencia de una solución más efectiva y adecuada de la que se esté tomando. Lo

que se busca realizar a través de este juicio es elegir, entre las medidas posibles, la mejor que

exista, siendo esta operación una valorativa, son tres las condiciones que propone González-

Cuellar para elegir una alternativa menos gravosa sin que esto signifique la nula efectividad

de los derechos fundamentales y la no consecución de los fines propuestos:

a) idoneidad y menor lesividad de la medida alternativa.

b) cobertura legal suficiente de la limitación de los derechos que la medida restrinja.

c) existencia de la infraestructura necesaria para su aplicación.

3. JUICIO DE PROPORCIONALIDAD EN SENTIDO ESTRICTO


De acuerdo con el principio de proporcionalidad, strictu sensu, para que una

injerencia en los derechos fundamentales sea legítima, el grado de realización del objetivo de

esta debe ser, por lo menos, equivalente o proporcional al grado de afectación del derecho

fundamental, comparándose dos intensidades o grados: el de la realización del fin de la

medida examinada y el de la afectación del derecho fundamental, al representar una

valoración ponderativa de intereses contrapuestos, permitiendo la observación de todas las

circunstancias relevantes para el caso. Una vez que este aceptada la idoneidad y necesidad de

una medida, con el fin de determinar, mediante la utilización de las técnicas del contrapeso de

bienes o valores y la ponderación de intereses según las circunstancias del caso en concreto,

si el sacrificio de los intereses individuales que comporta la injerencia guarda una relación
razonable o proporcionada con la importancia del interés estatal que se trata de salvaguardar.

Si el sacrificio resulta excesivo, la medida deberá considerarse inadmisible, aunque satisfaga

el resto de presupuestos y requisitos derivados del principio de proporcionalidad. En el

ámbito del proceso penal, esta clase de medidas limitativas de derechos fundamentales viene

justificada por razones de interés general, esto es, para garantizar la eficacia del ius puniendi.

Sin embargo, no es suficiente con la investigación de cualquier delito para justificar el

sacrificio de un derecho fundamental. Debe tratarse de delitos que merezcan la calificación de

graves. Es posible comparar valores y medir intereses con el fin de encontrar el adecuado

equilibrio entre la eficacia de uno y el sacrificio de otro; operación que aunque presenta

dificultades, sobre todo si se tiende a la optimización, es realizable también en el proceso

penal. Como ha señalado parte de la doctrina alemana, la persecución penal y los intereses

individuales se materializan sobre una escala ordenada de valores sociales. El peso del interés

de persecución penal solo puede ser legítimamente comparado con la relevancia de los

derechos fundamentales limitados si dicho interés es concebido como el interés propio de los

órganos de persecución penal, tendente a asegurar la protección final de los bienes jurídicos

tutelados por el Derecho Penal, mediante la aplicación de restricciones que en el proceso

resulten necesarias, ya tengan finalidad cautelar, preventiva o de investigación. La doctrina

alemana ha aislado los siguientes indicadores del interés estatal: la consecuencia jurídica, la

importancia de la causa, el grado de la imputación y el éxito probable de la medida.


CONCLUSIONES.

 Las medidas de coerción personal afectan la libertad personal sujetan al

imputado al proceso, sin que quepa desnaturalizar su finalidad cautelar y usarla como

una herramienta punitiva.

 Estamos ante herramientas de uso excepcional que busca garantizar la

eficacia de la decisión final por lo que sólo plantearse y concederse en la medida

estrictamente necesaria para garantizar eficazmente la finalidad cautelar.


BIBLIOGRAFÍA.

 BERNAL PULIDO, Carlos. El principio de proporcionalidad y los

derechos fundamentales. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid,

2003.

 ANDRÉS IBÁÑEZ, Perfecto. Las garantías del imputado en el proceso

penal. 2004.

 CASTILLO, CÓRDOVA. Luis. “Criterios de interpretación para

evaluar la constitucionalidad del mandato de detención”. Revista Actualidad Jurídica.

Editorial Gaceta Jurídica, Tomo 137, abril 2005.

 MIRANDA ESTRAMPES, Manuel. Ob. cit., p. 205.

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