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Plásticos en la fauna peruana y salud humana

Una investigación liderada por Victor Gamarra-Toledo encontró plástico en carroñas y muestras de cóndores en Perú, evidenciando la omnipresencia del plástico en ecosistemas. Se estima que cada semana consumimos 5 gramos de plástico, principalmente a través del agua potable y mariscos, lo que plantea preocupaciones sobre la salud. A pesar de los esfuerzos legislativos en Perú para reducir el uso de plástico, se requieren acciones globales y un tratado vinculante para abordar la contaminación por plástico de manera efectiva.
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Plásticos en la fauna peruana y salud humana

Una investigación liderada por Victor Gamarra-Toledo encontró plástico en carroñas y muestras de cóndores en Perú, evidenciando la omnipresencia del plástico en ecosistemas. Se estima que cada semana consumimos 5 gramos de plástico, principalmente a través del agua potable y mariscos, lo que plantea preocupaciones sobre la salud. A pesar de los esfuerzos legislativos en Perú para reducir el uso de plástico, se requieren acciones globales y un tratado vinculante para abordar la contaminación por plástico de manera efectiva.
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Una tristemente conocida investigación liderada por Victor Gamarra-Toledo de la Universidad San

Agustín de Arequipa, encontró plástico en las carroñas y en casi todas las muestras de bolos
regurgitados de cóndores en áreas remotas del Perú, cerca de las áreas protegidas de la Reserva
Nacional San Fernando en Ica y la Reserva Nacional Pampas Galeras Bárbara D′ Achille en Ayacucho.
Incluso teniendo un menú diferente —ganado y camélidos en la región andina, y pinnípedos como
lobos y leones marinos, además de camélidos, en la zona costera— los emblemáticos buitres de
nuestra región sudamericana están ingiriendo material plástico de todo tamaño: mega, macro, meso
y microplástico. En un estudio anterior, Werner Chota-Macuyama y Jhancarlo Chong Mendoza, del
Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), registraron la presencia de microplásticos
en casi la mitad de muestras de individuos del boquichico, un pez de consumo ordinario en la dieta
amazónica proveniente del mercado Belén de Iquitos. Aquí se encontraron formas filamentosas y
fragmentos irregulares de microplástico con tamaños de 0,40 a 4,39 milímetros, casi invisibles al ojo
humano.
No hay duda, entonces, de que el plástico se ha infiltrado, literalmente, en nuestras vidas y se ha
vuelto omnipresente. Cada día, 8 mil millones de seres humanos —o al menos aquellos ya integrados
a la “civilización del consumo”— hacemos una inusual y tóxica ofrenda a la Madre Tierra: utilizamos
—y posteriormente botamos— casi 10 millones de bolsas por minuto. Esto significa 5 billones de
bolsas al año, que no sabemos cómo se usan y dónde terminan. O quizás sí. Y es que, como lo señala
el más reciente Informe del Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, los residuos
plásticos se encuentran prácticamente en todos los ecosistemas y hábitats de la Tierra, desde las
profundidades de las Fosas Marianas en el mar hasta la cima del monte Everest. Nuestro Perú no se
salva, desde la reserva San Fernando de Ica hasta la selva loretana, pasando por los picos altoandinos.
El 85 % de la basura marina es plástica y un reporte del Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen
Mac Arthurpredice que en 2050 habrá más plástico que peces en el océano. Con una población
humana que crece y un consumo que no deja de aumentar, la gestión de este material y de sus
residuos no tiene visos de resolverse. Producimos demasiado plástico de un solo uso, lo gestionamos
mal y lo reciclamos poco. Lo que preocupa son, especialmente, los microplásticos (1 μm a 5 mm) y
los nanoplásticos (<1 μm): esas partículas, fibras y fragmentos de origen sintético que se desprenden
de las botellas de agua, de la ropa sintética, de las bolsas plásticas erosionadas por el sol o por las
olas del mar, tan o más pequeñas que el ancho de un cabello humano, un grano de sal o una bacteria.
Se incluye residuos plásticos degradados, escamas de pinturas sintéticas, partículas de neumáticos,
microplásticos abrasivos agregados a las pastas de dientes y detergentes que se han encontrado en
el agua que bebemos, los alimentos que consumimos, el aire que respiramos, la ropa que vestimos;
pequeños invasores que ingresan a nuestro organismo a través del aparato digestivo, respiratorio y
hasta de la piel. Escalofriantes investigaciones recientes señalan que cada semana comemos 5
gramos de plástico, el equivalente a una tarjeta de crédito. Son 2.000 las pequeñas partículas de
plástico que ingerimos sin saber cada semana, equivalentes a un cuarto de kilo por año. La principal
vía de ingestión es el agua potable, y al tomar gaseosas o agua embotellada en plástico, el número
de partículas aumenta. La segunda vía de ingestión son los mariscos, pues los consumimos enteros,
después de que han pasado su vida filtrando agua de mar contaminada por plásticos. Con nuestra
dieta peruana tan dependiente del mar, ¿cuántos microplásticos estaremos absorbiendo? ¿Nos
estaremos enfermando por ello? En Perú haríamos bien en incrementar los estudios sobre este
fenómeno y sus impactos en nuestra salud, aún poco conocidos.
Además de soluciones a nivel nacional, local e individual, la tragedia del plástico requiere enfrentarse
a nivel internacional, pues su producción es global y su comercio no conoce fronteras. El gobierno
peruano presidió la comisión encargada de impulsar el Tratado Global contra la Contaminación por
Plástico que se discutió la semana pasada, con magros resultados, en Naciones Unidas. Nuestro
embajador, Gustavo Meza-Cuadra, lideró la elaboración del “borrador cero” del tratado, un esfuerzo
para que los 175 países adherentes a la iniciativa se pusieran de acuerdo para regular la vida
completa, desde la fabricación hasta el desperdicio del plástico, y su permanencia en nuestros lagos,
ríos y mares. Sin embargo, los países con fuerte industria petroquímica productora de plásticos
bloquearon un acuerdo mínimo, y organizaciones con perfiles tan diversos como Greenpeace, WWF
Internacional y la Coalición de Empresas Responsables denunciaron el lobby obstaculizador. Se
necesitarán mayores esfuerzos para llegar a un tratado vinculante a fines de 2024, cuando la
comisión encargada termine su mandato.
En América Latina, el Perú ha sido pionero en aprobar una legislación para reducir el consumo de
plástico, con la Ley 30884, que regula el plástico de un solo uso y los envases descartables, incluyendo
el tecnopor, que ya está prohibido en nuestro país. Marcos Alegre, presidente del Grupo GEA y
director de residuos sólidos de la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria (AIDIS) señala
que aún nos falta mucho para implementar la norma y fiscalizar su complimiento, y que necesitamos
gestionar soluciones que abarquen todo el ciclo de vida del plástico, desde el ecodiseño de productos
y empaques, a la gestión de los residuos plásticos y su reciclaje. También sugiere que, como
ciudadanos, midamos nuestra huella plástica, y así nos será más fácil hacer nuestra parte: decirle NO
a inútiles cañitas plásticas y al tecnopor, comprar al granel, elegir productos en envases de plástico
reciclado y evitar el consumo de empaques inútiles.
Entre tanto, mientras esperamos que la ley se aplique, yo seguiré caminando al mercado con mi bolso
de tela, tatareando las estrofas de Plástico, la profética salsa de Rubén Blades y Willie Colón:
Era una ciudad de plástico de esas que no quiero ver
De edificios cancerosos y un corazón de oropel
Donde en vez de un sol amanece un dólar
Donde nadie ríe, donde nadie llora
Con gente de rostros de polyester
Que escuchan sin oír y miran sin ver
Gente que vendió por comodidad
Su razón de ser y su libertad.

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