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El Último Amanecer

El fin del mundo llega sin aviso, sumiendo a la humanidad en el caos y la confusión. Lia, una joven periodista, se encuentra en medio de este apocalipsis y se encuentra con un hombre que le revela que el fin es parte de un ciclo eterno de renovación. Al final, Lia descubre que el apocalipsis no es el final, sino el comienzo de un nuevo mundo lleno de posibilidades.

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El Último Amanecer

El fin del mundo llega sin aviso, sumiendo a la humanidad en el caos y la confusión. Lia, una joven periodista, se encuentra en medio de este apocalipsis y se encuentra con un hombre que le revela que el fin es parte de un ciclo eterno de renovación. Al final, Lia descubre que el apocalipsis no es el final, sino el comienzo de un nuevo mundo lleno de posibilidades.

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El Último Amanecer

El fin del mundo llegó sin previo aviso. No hubo señales visibles ni un estruendoso
cataclismo como los que se cuentan en las antiguas leyendas. Todo sucedió en silencio, un
susurro profundo que recorrió las ciudades y los campos, un estremecimiento invisible que
se coló en los corazones de la humanidad sin que nadie supiera qué lo causaba.

Los científicos, que días antes discutían teorías sobre el cambio climático, las pandemias y
la inteligencia artificial, se vieron impotentes ante una nueva realidad. La atmósfera
comenzó a cambiar de color, oscureciéndose como si el sol estuviera apagándose
lentamente. Las estrellas, usualmente visibles solo por la noche, comenzaron a aparecer
incluso durante el día, como presagios de algo que aún no comprendían.

Era el comienzo del apocalipsis.

El cielo se tornó de un tono rojizo, y una niebla densa cubrió las ciudades. En medio del
caos, las personas corrían, buscaban refugio, o simplemente se quedaban paralizadas
mirando el horizonte con una mezcla de incredulidad y terror. Nadie entendía lo que estaba
pasando, pero todos sabían que era el fin.

Entre los supervivientes se encontraba Lia, una joven periodista que había vivido en una
pequeña ciudad costera. Había pasado sus días escribiendo historias sobre lo cotidiano,
nunca imaginó que escribiría sobre el fin de la humanidad. Lia se encontraba en su casa
cuando, al mirar por la ventana, vio cómo las olas del océano parecían retirarse lentamente,
como si el agua misma estuviera siendo absorbida por la tierra.

Decidió salir, a pesar del pánico que la rodeaba. La ciudad estaba vacía, los ruidos del
tráfico y las voces de la gente habían desaparecido. Solo quedaba el susurro de la niebla y
un eco distante que no parecía provenir de ningún lugar en particular. El tiempo ya no era el
mismo, y las horas parecían desvanecerse sin sentido.

Caminó por las calles desiertas hasta llegar al puerto, donde el mar ya no estaba. En su
lugar, una enorme grieta se abría en el suelo, como si la tierra misma estuviera
rompiéndose. Desde la grieta emanaban extrañas vibraciones, y el aire estaba cargado con
una electricidad rara, como si algo antiguo y poderoso estuviera despertando en lo más
profundo del planeta.

Allí, en el borde de la grieta, encontró a un hombre extraño, vestido con ropas de otro
tiempo, como si viniera de un pasado lejano. Él no parecía sorprendido, como si hubiera
estado esperando este momento durante toda su vida.

"¿Qué está pasando?" preguntó Lia, acercándose con cautela.

El hombre la miró, sus ojos reflejaban la luz de las estrellas que flotaban en el cielo rojizo.

"El ciclo ha llegado a su fin", dijo con voz grave. "La humanidad siempre ha creído que el
final del mundo era algo que podría evitarse. Pero la verdad es que el fin es parte de un
ciclo eterno. Cada vez que alcanzamos el límite de nuestra propia arrogancia y destrucción,
el universo reclama lo que le pertenece."

Lia no comprendía, pero algo en sus palabras la hizo sentir que todo lo que conocía, todas
las creencias que había tenido, se desmoronaban como un castillo de arena ante la marea.
El hombre continuó:

"El mundo que conoces está muerto. Lo que queda ahora es el último aliento de una era
que nunca entendió su lugar en el vasto tejido del cosmos. El apocalipsis no es un castigo,
sino una renovación. El universo se reinicia, y los que quedan son los que aún tienen la
capacidad de ver más allá de lo que los ojos pueden percibir."

De repente, la grieta comenzó a temblar con fuerza, y una luz cegadora emergió desde su
interior. Lia intentó retroceder, pero el hombre la detuvo.

"No temas", dijo él. "El ciclo se cierra. Algunos serán testigos del fin, otros serán parte del
nuevo comienzo. Pero todos tendrán la oportunidad de renacer, de ser parte de algo más
grande. El apocalipsis es solo un paso hacia lo que viene."

La luz comenzó a envolverlos, y Lia sintió cómo el suelo bajo sus pies se desvanecía. La
niebla desapareció, y todo lo que quedaba era una vasta oscuridad, un vacío en el que no
existían el tiempo ni el espacio.

Por un instante, Lia pensó que su vida había terminado, que el mundo que conoció había
desaparecido para siempre. Pero, al abrir los ojos, se encontró de nuevo en una pradera
infinita, rodeada de seres que no había visto jamás, ni en sus sueños más extraños.

Los árboles, las montañas, las estrellas en el cielo, todo era nuevo. El aire tenía un sabor
diferente, como si el mundo entero hubiera sido renovado.

Y en ese momento, Lia comprendió: el fin no había sido el final, sino el principio de algo
mucho más grande. La humanidad había caído, pero en su lugar, el ciclo de la vida
comenzaba de nuevo. Y ella, junto con aquellos que compartieron ese último amanecer,
sería testigo de la creación de un nuevo mundo, uno lleno de posibilidades infinitas.

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