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Lo inconsciente
ZEMQURA
Parte II
La teoría psicoanalítica
de Sigmund Freud
Heberto A. Rojo
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Las rupturas epistemológicas del pensamiento
freudiano
Algunas consideraciones generales
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palabra en diferentes artículos, pero teniendo en cuenta que dichas citas son el
resultado de una selección no caprichosa aunque seguramente subjetiva.
Sigmund Freud fue el fundador de una corriente de pensamiento que
colaboró en poner en tela de juicio algunos de los supuestos básicos desde los
que partía y descansaba el saber de la moderna cultura occidental, aunque su
libro La interpretación de los sueños (1900) -trabajo fundacional de la teoría
psicoanalítica en el que se expresan sus primeras hipótesis- tardó varios años
en vender su primera edición de 600 ejempiares.
Fue así ignorado por los científicos en general o, en el mejor de los casos,
duramente criticado. Sin embargo, apoyándose en la seguridad de sus
investigaciones, poco a poco comenzó a ser escuchado aunque no siempre bien
conprendido.
En sus primeros trabajos utilizó los términos análisis y análisis hipnótico
para dar cuenta de una nueva forma de abordaje de los fenómenos
psicológicos. El término psicoanálisis empieza a figurar en dos trabajos
escritos en 1896, siendo va Nuevas observaciones sobre la neuropsicosis de
defensa en donde puntualiza que es el único método que permite “hacer
consciente lo inconsciente”. Años después precisará:
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Psicoanálisis es el nombre de:
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“Freud se atreve así a nombrar lo innombrable, llegando a los umbrales de
lo prohibido”. De esta forma evidencia los límites de la razón, punto de
partida y meta final de la ciencia por aquel entonces.
“He dado por sentado que el psicoanálisis no es una rama especializada de la Medicina, y
por mi parte no concibo que sea posible dejar de reconocerlo. El psicoanálisis es una parte
de la Psicología, ni siquiera de la Psicología médica en el viejo sentido del término, ni de la
Psicología de los procesos mórbidos sino simplemente de la Psicología a secas. No
representa su totalidad, sino su infraestructura, quizá aún todo su fundamento.” Apéndice,
Análisis profano (1927).
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fantasías de los pueblos, tales como mitos y fábulas. Mientras que las fantasías
inpiden la aparición de la angustia (6), los mitos se construyen frente a hechos
que la han producido; en tanto haya un vacío, el mito es una construcción que
alivia.
Con respecto a la pedagogía, Freud señala que cuando los educadores se
hayan familiarizado con los resultados del psicoanálisis, les será más fácil
reconciliarse con determinadas fases de la evolución infantil, y no correrán el
peligro de exagerar la importancia de impulsos asociales del niño, ya que la
represión violenta desde el exterior no produce nunca la desaparición ni el
vencimiento de tales pulsiones, sino que por el contrario puede iniciar una
tendencia a ulteriores enfermedades neuróticas.
Por otra parte, el psicoanálisis resuelve también satisfactoriamente algunos
de los problemas entre el arte y el artista, así como otros hechos culturales y
sociales.
“La investigación psicoanalítica descubre en la vida psíquica del individuo humano hechos
que nos permiten resolver más de un enigma de la vida colectiva de los hombres, o por lo
menos fijar su verdadera naturaleza.” Freud, S.: Lecciones introductorias al psicoanálisis
(1916).
“En la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, el otro, como
modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo la psicología individual es al mismo
tiempo y desde un principio psicología social, en un sentido amplio pero plenamente
justificado”.
Durante los años en que desarrolló su obra no dejó nunca de replantear sus
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elaboraciones teóricas y sus aplicaciones, las que giraron sobre una idea
vertebral: su conceptualización del inconsciente y los procedimientos de
investigación para develar su discurso.
Su formación científico-cultural
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la entrada de la psicología al campo del conocimiento científico, donde
comenzó a despertar interés.
Una publicación de Fechner en 1873, titulada “Algunas ideas sobre la
historia de la creación y evolución de los organismos” será citada por Freud
en 1920 por coincidir en esencia con la concepción de placer y displacer
deducida por la teoría psicoanalítica.
Los aportes de la física contribuyen en la construcción del edificio de la
ciencia. A mediados de siglo, Herman von Helmholtz formuló el principio de
la conservación de la energía, señalando que la misma, al igual que la masa,
es cantidad y que puede transformarse pero no ser destruida. Desarrolla de
este modo lo que se considerará como el “campo de la dinámica”; la energía,
cuando desaparece en una parte del sistema, tiene que aparecer en otra parte
del mismo. Esto llevó a pensar en una nueva visión del ser humano
estudiándolo y comprendiéndolo como un sistema de energía.
En 1873, Freud comienza sus estudios de medicina, decisión que toma por
la lectura de un ensayo goethiano “La Naturaleza”, pues hasta ese entonces
pensaba seguir abogacía. Se recibe tardíamente, en 1881, por dedicarse de
lleno a trabajos de investigación. Su primer investigación versó sobre el
estudio de las anguilas de río en la estación zoológica de Trieste, dirigida por
Carl Claus, quien motivó a Freud a que realizara su primera publicación
científica. En ella señala la posibilidad de que la diferenciación sexual de las
anguilas no estuviera determinada genéticamente (intersexualidad), sin
advertir en aquel momento la importancia posterior que tendrá para él la
temática sexual. Luego realiza investigaciones en el Instituto de Fisiología
dirigido por el destacado investigador Emst Brücke, donde desarrolla una
brillante carrera de investigación y gana en 1885 un concurso como docente de
neuropatología. En 1886 la facultad lo beca para continuar sus estudios en
París, y Freud elige la Clínica de la Salpetriére. Se interesa allí por los
trabajos sobre la histeria dirigidos por el médico Jean M. Charcot y descubre
el aspecto psicológico de la neuropatología y también la técnica de la
hipnosis. Tanto esta última experiencia como las novedosas
conceptualizaciones sobre fisiología dinámica de Brücke (quien sostenía que
el organismo vivo es un sistema dinámico al que se le pueden aplicar las leyes
de la física y de la química), marcarán un camino a seguir en sus posteriores
investigaciones. Tomando los aportes de Brücke pero extendiéndolos a lo
psicológico, configura un hecho trascendental cuando construye una psicología
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dinámica que intenta dar cuenta del conflicto psíquico.
A partir del trabajo realizado con el destacado médico clínico A. Breuer
sobre un caso de histeria y por las experiencias posteriores con sus pacientes,
Freud nota que los mismos manifestaban concientemente la búsqueda de una
solución a sus dolencias; pero por otro lado se hacían evidentes otras fuerzas
que se resistían a ello. Así llega a la conclusión de que los síntomas
neuróticos son el resultado de motivaciones inconscientes ocultas para el
paciente. Elaborará poco a poco la conceptualization de un aparato psíquico
dividido en Sistemas: Consciente-Preconsciente, y sistema Inconsciente,
tomando el término aparato no sólo en el sentido médico sino
fundamentalmente del concepto original de la física, en el sentido de trabajo,
de transformación de energía. Según esta nueva conceptualization, el sujeto
intentará mantener la cantidad de excitación o energía contenida en un nivel tan
bajo o constante como sea posible, lográndolo mediante la descarga o
evitando aquello que pudiera aumentarla.
A este trabajo de lo psíquico lo denominará posteriormente “principio de
constancia”. La diferenciación en sistemas del aparato psíquico permite
conprender el pasaje de energía libre a energía ligada. La energía libre es la
que fluye libremente en el inconsciente de una representación a otra buscando
su descarga. El pasaje al sistema preconsciente-consciente le permite ligarse a
una representación, posibilitando distintas vías posibles para su descarga,
siendo ésta una de las formas de comprensión del fenómeno psíquico desde el
modelo económico.
El pensamiento generalizado de aquella época partía de una concepción
iniciada por el Iluminismo, la que se fundaba en la razón y en el conocimiento
científico para arribar a la verdad: “Sapere Aude”, Ten valor de servirte de tu
propia razón (Kant). Pero el amplio espectro cultural contemplaba otras
formas de pensar, por ejemplo ciertas corrientes de la literatura se inclinaban
por lo emocional, la sensibilidad y lo instintivo, como caminos de acceso a la
verdad.
En el libro La literatura en Freud de S. Kobrin, se señala la notable
influencia del romanticismo alemán en él. “Esta corriente literaria estuvo
ligada a la exaltación de los aspectos profundos y oscuros de la conciencia, a
la aparición de la idea del inconsciente, a la revaloración de los sueños y a la
resignificación del concepto de locura. Será por medio de los sueños, mitos y
poesías que intentarán conectarse con lo cósmico absoluto.” Cercano a esta
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corriente podemos citar a Goethe, de quien fuera lector el joven Freud. Dice
Goethe en relación con el concepto de inconsciente: “El hombre no puede
permanecer mucho tiempo en el estado consciente; debe resumergirse en el
inconsciente, porque allí vive la raíz de su ser” (cita de S. Kobrin).
Freud, en uno de sus últimos artículos, se refiere a aquellas aproximaciones
previas a la formulación de dicho concepto psicoanalítico:
“El concepto de inconsciente ha estado desde hace tiempo llamando a las puertas de la
psicología para que se le permita la entrada. La filosofía y la literatura han jugado con
frecuencia con él pero la ciencia no encontró cómo usarlo. El psicoanálisis ha aceptado el
concepto, lo ha tomado en serio y le ha dado un contenido nuevo.” Freud, S.: Algunas
lecciones elementales del psicoanálisis (1938).
Pese a su imperio, la razón sufrió varias heridas por no poder cumplir con
todo aquello que prometía.
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“Experimentamos la impresión de que la civilización es algo que fue impuesto a una
mayoría contraria a ella por una minoría que supo apoderarse de los medios de poder y
coerción. Luego, no es aventurado suponer que estas dificultades no son inherentes a la
esencia misma de la cultura desarrollada hasta ahora.
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y lo latente. Esta nueva relación correspondería a aquella que la conciencia
había instituido entre la apariencia y la realidad de la cosa.
La conciencia, fuente de conocimiento y autodominio, se tornará para Frcud
casi tan oscura como el inconsciente mismo, dejando caer la ilusión de la
plena conciencia de sí.
“...las fuerzas irracionales de la naturaleza humana son tan fuertes que las fuerzas racionales
tienen escasas posibilidades de éxito. La mayoría de los hombres se sienten cómodos
viviendo con sus engaños y supersticiones en lugar de la verdad.” Freud, S.: El porvenir de
una ilusión (1927).
En el último cuarto del siglo XIX se configuró una psicología científica que
construyó su objeto de estudio a partir del análisis de los hechos de
conciencia. Esta psicología se caracterizaba por ser experimental y centrarse
en el estudio de las funciones. Si bien no se descartaba la existencia de ideas
latentes, por debajo del nivel de conciencia (subconsciente), a éste y a otros
fenómenos psíquicos se los dejaba de lado por considerarlos nimios o
carentes de fuerza. A fines de siglo algunos hombres de ciencia comenzaron a
interesarse por el fenómeno de la sugestión y en especial por la hipnosis,
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cuyos orígenes se rescatan de los trabajos realizados por el médico vienés
Mesmer (magnetismo animal o mesmerismo). Paralelamente el interés popular
se inclinaba por el ocultismo y el espiritismo, lo que fuera denominado por
Pierre Richet como metapsíquica. Comienza a generarse así una idea colectiva
de que el psiquismo rebasa el campo de la conciencia.
Sobre el término inconsciente podemos encontrar antecedentes pre-
ffeudianos. Así como citamos antecedentes en la literatura por parte del
romanticismo alemán, desde la ciencia el reconocimiento oficial del término
fue adjudicado al médico y filósofo Pierre Janet, en cuya tesis para el
doctorado en letras (1889), y luego en el de medicina (1893), señala que en
las regiones inferiores del yo pueden aparecer segundas personalidades que le
hagan ejecutar al individuo actos cuya causa desconoce. Sin embargo, lo más
inportante para Janet es la “conciencia vigil”, que asegura en su fusión con lo
real el estado normal del individuo. Por eso no duda de que la disgregación de
este poder de síntesis sea lo que abre la puerta a las manifestaciones
inconscientes, es decir, a las “formas inferiores de la actividad humana”. En
sus investigaciones se propone penetrar en los procesos psíquicos de la
histeria, entendiéndola como una alteración degenerativa del sistema nervioso,
que se manifiesta en una innata debilidad de la síntesis psíquica, incorporando
por lo tanto a sus ideas, la influencia de las doctrinas dominantes en Francia
sobre la herencia y la “degeneración”. Mientras tanto, su maestro Charcot
sostenía que tanto la hipnosis como la histeria eran una condición morbosa del
sistema nervioso.
Paralelamente, en Nancy (Francia) Liebeault y Bemheim afirmaban, a
diferencia de Charcot, que la hipnosis no era un estado patológico sino un
sueño ordinario inducido por sugestión. Concluyeron, a partir de sus
investigaciones que los sujetos no podían dar cuenta de que la acción que
ejecutaban había sido inducida durante la hipnosis (sugestión poshipnótica) y
sí podían hacerlo si se insistía posteriormente para que recordaran.
Algunos años después de su experiencia con Charcot, Freud se dirige a la
escuela de Nancy a perfeccionarse en la técnica de la hipnosis.
“Fui testigo de las experiencias de Bernheim con los enfermos del hospital, adquiriendo
intensas impresiones de la posible existencia de poderosos procesos anímicos que
permanecían sin embargo ocultos a la conciencia.” S. Freud, Autobiografía (1924).
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El destacado médico clínico vienés J. Breuer había atendido en el año 1880
a una joven paciente con un cuadro polisintomático de histeria. Su nombre,
para la literatura psicoanalítica, será Ana O. (aunque su verdadero nombre fue
Berta Papenheim) a quien aplicó como método terapéutico la hipnosis. Esto le
permitió a la paciente hablar acerca de las causas relacionadas con sus
síntomas, temática que no recordaba sino a través de esta técnica. Breuer
observa que al salir a la luz estos sucesos juntamente con el afecto que ellos
habían suscitado, los síntomas desaparecían. Años después de dicho
tratamiento, junto con Freud, presentan un trabajo teorizando sobre la
experiencia, denominando al método utilizado “hipnosis catártica” (Freud, S.,
Breuer, J., Estudios sobre la histeria, 1895).
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acceder a temáticas más profundas y a posteriores elaboraciones (7).
Por aquel entonces, la Psicología tradicional relacionaba el deseo con
aquellas necesidades que el individuo aspiraba satisfacer a través del
ejercicio enérgico de su voluntad. Será a partir de Freud que el deseo
comienza a cobrar una nueva conceptualization. Aunque por momentos lo
utiliza desde su anterior acepción, el sentido estricto que cobrará para la
teoría psicoanalítica lo colocará en el orden de lo inconsciente y como motor
del aparato psíquico. Será irreductible a la necesidad dado que su origen no es
a partir de un objeto real sino de la fantasía. Este origen inconsciente lo lleva
a pretender imponerse más allá de lo anhelado (consciente) por el sujeto o de
las imposiciones de la realidad externa, constituyéndose junto con la defensa
en uno de los dos polos del conflicto psíquico.
Se configura así una nueva teoría sobre el sujeto humano, claramente
diferenciada desde su posicionamiento inicial a la psicología, a la sociología
o a la psiquiatría. Considera un sujeto inconsciente que opera a través de sus
deseos y que a su vez está estructurado por ellos, pero de los que no puede
dar cuenta conscientemente. Su teoría hace ruptura con el concepto de
individuo (indiviso, no divisible) vigente, para partir de la consideración de
una escisión básica del sujeto (inconsciente/consciente), punto de partida de
la predisposición universal a la neurosis. Tal escisión da lugar así a un nuevo
sujeto epistémico.
Con respecto a las consideraciones preliminares a Freud sobre el
inconsciente, J. Lacan comentará en el Seminario N° 11: “El inconsciente
freudiano no es en absoluto el inconsciente romántico de la función
imaginativa. No es el lugar de las divinidades de la noche... A todos estos
inconscientes siempre más o menos afiliados con una voluntad oscura
considerada como primordial, con algo antes de la conciencia, Freud opone la
revelación de que a nivel del inconsciente hay algo homólogo en todos sus
puntos con lo que sucede a nivel del sujeto: eso habla y eso funciona de
manera tan elaborada como a nivel de lo consciente, el cual pierde así lo que
parecía ser privilegio suyo”.
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ciencia médica, cuando empieza a explorar el campo de los fenómenos
psíquicos. Uno de sus primeros trabajos sobre el tema, Proyecto de una
psicología para neurólogos, señala este momento de transición. La exigencia
médico-científica de su formación lo lleva a insertar los descubrimientos de
los procesos psíquicos primarios (inconscientes) y secundarios (conscientes)
dentro de una concepción claramente biológica, ya que los relaciona al
sistema neuronal. Sin embargo, terminó desechando este trabajo y no
concluyéndolo. Es más, posteriormente no se refiere a él. Si lo retomamos y
analizamos hoy, vemos que contiene en sí el núcleo de gran parte de los
pensamientos del desarrollo posterior de la teoría psicoanalítica freudiana.
Pero quizás, la ruptura que comienza a realizar Freud con la medicina tiene
también otros orígenes.
“De joven no ansiaba más que el conocimiento filosófico, y ahora estoy en camino de
satisfacer este anhelo al pasar de la medicina a la psicología.” Freud, S.-.Carta a Fliess
(1896).
“Allí donde los demás postulan un concomitante somático, nosotros postulamos la idea de
un inconsciente.” Freud, S.: Esquema del psicoanálisis (1923).
El inconsciente como tal es un constructo teórico que permite dar cuenta del
fenómeno psíquico; no teniendo entonces una localización anatómica, el
inconsciente freudiano tendrá un “carácter psíquico”.
Una de las diferencias con Breuer es que para Freud los contenidos que
caen bajo represión van a estar siempre referidos a una temática sexual. Pero
no sólo al modo en que Charcot asociaba a las histéricas con problemas de
alcoba o como el saber popular que asociaba sólo genitalidad a sexualidad.
Freud va a abordar este concepto desde una significación más amplia. Es así
que lo va a entender como la búsqueda de placer que nos acompaña a lo
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largo de la vida, cursando diferentes fases del desarrollo psicosexual hasta
llegar a la genitalidad. Se mete de lleno en un terreno hasta entonces vedado,
la sexualidad infantil. Esta temática, junto con la importancia que asignó al
Complejo de Edipo (8), generó una reacción adversa en los círculos culturales
y científicos de la época, resistencia que, en menor escala, aún perdura a
través de diferentes modalidades.
“No deja de ser singular el hecho de que todos los autores que se han ocupado de las
investigaciones de las cualidades y las reacciones del adulto sobre la sexualidad hayan
dedicado más atención a aquellos tiempos que caen fuera de la vida del sujeto, a la vida de
sus antepasados, antes que a la vida infantil. Reconociendo así mucho más la influencia de la
herencia que a la niñez misma del sujeto.” Freud, S.: Tres ensayos para una teoría sexual
(1905).
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Primera formulación freudiana del aparato psíquico
La consideración de este tema la podemos rastrear en los primeros
bosquejos que presenta Freud en el capítulo VII de La interpretación de los
sueños (1900), si bien su pleno desarrollo se plantea en los trabajos
metapsicológicos del año 1915. El término metapsicología fue utilizado en los
comienzos de sus investigaciones para situarse “al otro lado de la conciencia”
propuesta por la psicología tradicional; posteriormente retomará el término
para referirse a todo proceso psíquico en sus relaciones tópicas, dinámicas y
económicas. Esta primera formulación desde una concepción tópica supone
una diferenciación en sistemas dotados de características y de funciones
diferentes, además de una disposición en un determinado orden entre sí, lo que
permite considerarlos como lugares psíquicos, otorgándoles por lo tanto una
representación espacial figurada.
La diferenciación en sistemas va unida a una concepción dinámica de la
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teoría, según la cual estos lugares psíquicos se hallan relacionados entre sí
como un conflicto de fuerzas. Desde la concepción económica se podrán
explicar los procesos psíquicos entendiéndolos como el resultado de la
circulación y la distribución de la energía pulsional, por lo que cada sistema
tratará de establecer el nivel más bajo posible de la energía que por él circula.
Cuando hablamos de energía nos referimos a la transformación de energía
somática en energía psíquica y no de consideraciones místicas o metafísicas.
Se enlazarán así las tres formas de aproximación teórica que permiten dar
cuenta del fenómeno psíquico.
Utilizando un recurso didáctico para la descripción de esta tópica, Freud
nos propone representamos la imagen de un iceberg. Aquello que se nos
representará de él será comparable al sistema Percepción-Conciencia. El
nivel del mar será una censura (segunda) que nos obstaculizará la clara
visualization de su continuación; pero con un esfuerzo voluntario podremos
observar su prolongación. Este nuevo contomo se corresponderá al sistema
Preconsciente. Cada vez, será más difusa su percepción hasta llegar a un punto
en que sabiendo que se continúa no podremos ya dar más cuenta de él,
denominando a este límite perceptivo, represión o primer censura. Aquello de
lo que ya no podremos dar más cuenta será el sistema inconsciente, sabiendo
que se corresponde a la mayor parte de la estructura del iceberg, lo que lo
constituye como tal.
Esta figuración imaginativa nos permite introducirnos en el tema y así inferir
dos conceptos fundamentales: el de represión y el de inconsciente, que
diferencian claramente a la teoría psicoanalítica.
Con respecto a la represión diremos que es una fuerza de desalojo de
aquellos contenidos que son vividos como displacenteros para el sentir
consciente. Será displacentero, para cada sujeto, aquello que dependa o
guarde relación con contenidos reprimidos, fundamentalmente ligados a la
historia sexual infantil. Aunque con diferencias particulares puede
considerarse su función como universal, ya que se constituye como el
determinante de la escisión básica entre inconsciente y consciente de todo
sujeto. El proceso de represión no suprime ni destruye los contenidos
displacenteros sino que éstos pasarán a formar parte del orden de lo
inconsciente, pero ya sea por desencadenantes internos o externos, dichos
contenidos pueden cobrar una mayor fuerza e intentarán retornar a la
conciencia. Lo reprimido, dice Freud, siempre tiende a retornar, pero por
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efecto de la fuerza de la represión lo hará por un camino indirecto, en forma
desfigurada o de alusión a través de las formaciones del inconsciente:
síntomas, sueños, actos fallidos, o deslizándose en el discurso.
Las representaciones inconscientes están siempre ligadas a una pulsión; en
tanto lo pulsional no puede devenir nunca consciente, lo hará a través de una
idea que lo representa. El modo en que podemos dar cuenta de la existencia de
la represión es a través de la resistencia-, a manera defensiva, en actos o
palabras, el sujeto vivenciará como ajeno a él todo contenido inconsciente, en
tanto éstos revelan deseos. Tanto la resistencia como la represión actúan con
las mismas fuerzas.
Para ilustrar estos conceptos tomaremos un ejemplo que da Freud en una
conferencia en la Universidad de Clark (Estados Unidos) en el año 1909:
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Todos los contenidos (deseos, representaciones) alojados en el
inconsciente están regidos por una legalidad propia de este sistema, y tienen
entonces la particularidad de ser:
Atemporales. Con respecto a esta característica, diremos que Freud produce
una ruptura con respecto al principio kantiano que sostiene que el tiempo y el
espacio son dos formas necesarias de todo pensamiento. Para el psicoanálisis,
los contenidos inconscientes no están ordenados temporalmente, y nada de
ellos será modificado por el tiempo, manteniendo la misma intensidad y fuerza
que le dio su origen, subsistiendo en él el inconsciente infantil entrelazado con
lo actual. Freud comentará: como las sombras del Hades en la Odisea, basta
que algo realimente las huellas mnémicas para que vuelvan a hablar.
Ausentes de contradicción. En el inconsciente se encuentran deseos que a
nivel consciente serían vividos conflictivamente por ser contradictorios; por
ejemplo, el amor al padre admirado y el odio al padre rival, como derivación
del Complejo de Edipo.
Determinados por el principio de placer. Es uno de los dos principios que
rige el funcionamiento mental. Tiene por finalidad evitar lo displacentero y
procurar el camino para darle libre acceso al placer. Tiende a imponer el
deseo originado por la descarga pulsional sin atender a los obstáculos que
pueda presentar la realidad exterior. El inconsciente interpretará la realidad
sólo acorde a sus deseos (realidad psíquica). La pulsión buscará así su
descarga por el camino más corto.
Determinados por el proceso primario. El análisis de los contenidos
oníricos permitió a Freud el conocimiento del funcionamiento psíquico y
llegar a la conclusión de que los sueños no carecen de sentido sino que hay un
deslizamiento permanente de éste. El inconsciente tendrá así la posibilidad de
desplazar los valores o investiduras que las representaciones tienen, pudicndo
condensarse en una nueva representación. No se establece entonces una fijeza
en la representación, porque intervienen para ello las dos formas de
funcionamiento anteriormente citadas. En el desplazamiento a una
representación originariamente sin intensidad y significación puede
atribuírsele un nuevo valor psíquico, adquiriendo así la intensidad y la
significación originalmente atribuidas a otra. Esta nueva representación que
desplaza a la anterior está ligada a la primera por una cadena asociativa.
Tomaremos como ejemplo una cita de Freud con respecto al olvido de
nombres propios:
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“En tales casos sucede que no sólo se olvida, sino que además se recuerda erróneamente. A
la conciencia del sujeto que se esfuerza en recordar el nombre olvidado acuden otros
nombres sustitutivos que son rechazados en el acto como falsos, pero que, sin embargo,
continúan presentándose en la memoria con gran tenacidad. El proceso que os había de
conducir al nombre buscado se ha desplazado y nos ha llevado a un sustitutivo erróneo. Mi
opinión es que tal desplazamiento no se halla a merced de un mero capricho psíquico sino
que sigue determinadas trayectorias regulares y perfectamente calculables, o por decirlo de
otro modo, presumo que los nombres sustitutivos están en visible conexión con el
buscado...” Freud, S.: Psicopatología de la vida cotidiana (1901).
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acorde con la lógica que reconocemos como propia por lo que su legalidad
tiene las siguientes características:
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vencer la segunda censura dejando a los contenidos en un libre acceso a la
conciencia. Como ambos sistemas participan de la misma legalidad, Freud se
refiere a ellos unificándolos como Sistema Preconsciente-Consciente.
Si bien el psicoanálisis, al elaborar esta tópica, produce una profunda
ruptura con los postulados de la psicología clásica, no por ello deja de
considerar la importancia de la conciencia en el funcionamiento psíquico del
sujeto. La finalidad del análisis será “hacer consciente lo inconsciente”. Esto
implicará un levantamiento de la represión integrando los contenidos
inconscientes al sistema preconsciente-consciente. Esta labor, denominada
trabajo elaborativo, consiste en darle palabra a los contenidos inconscientes.
El tiempo que llevará la misma será lo que permitirá la integración progresiva
de estos contenidos a la verbalización por parte del sujeto. El pasaje de la
representación-cosa a la representación- palabra será lo que permita la toma
de conciencia.
En las conferencias citadas anteriormente en la Universidad de Clark, Freud
señala que la toma de conciencia puede tener tres caminos: juicio adverso,
sublimación o satisfacción parcial o total de los deseos. Cuando la represión
es sustituida por unjuicio adverso, puede haber ocurrido que el sujeto haya
producido en su vida infantil una represión de la pulsión sólo porque en esa
época él era muy endeble y su organización muy imperfecta. Con su madurez y
fortaleza actual y como resultado del análisis quizás pueda gobernar lo que le
es displacentero, rechazándolo ya a nivel consciente.
Un segundo desenlace del trabajo psicoanalítico es poder aportarle a las
pulsiones inconscientes descubiertas aquella aplicación posible acorde con
los fines que ya hubiera debido hallar si el desarrollo no hubiera estado
perturbado. Un desarrollo adecuado implica la posibilidad de que dicho
contenido sea sublimado.
La sublimación es un mecanismo mediante el cual la energía de las
mociones infantiles de deseo no es bloqueada sino que se canaliza hacia otro
fin, siendo el mismo reconocido y valorado socialmcntc. Aunque su fin
aparentemente ya no es sexual, la energía que lo sustenta halla sus fuerzas en
una pulsión sexual.
“Es probable que a los aportes de la energía ganados de esta manera para las operaciones
anímicas debamos los máximos aportes culturales.” S. Freud.
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parte del sujeto para los resultados del tratamiento analítico.
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Desde un principio Freud escuchó a sus pacientes con frecuencia relatar
algunos de sus sueños y que éstos eran tan incomprensibles para ellos como
sus síntomas. El análisis de estos relatos lo lleva a establecer una relación
entre los mismos.
“El fenómeno onírico es por sí mismo un síntoma neurótico que presenta, además, la
inapreciable ventaja de poder ser observado en todo el mundo, incluso en los individuos de
salud normal.” Freud, S.: Lecciones introductorias al psicoanálisis (1916).
Hay que diferenciar el contenido manifiesto del sueño, tal y como se lo recuerda con
extrema vaguedad por la mañana, que se reviste penosamente y con aparente
arbitrariedad de palabras, de las ideas latentes del sueño, que permanecen en lo
inconsciente...
De este modo resulta tan difícil para el sujeto reconocer el sentido de sus sueños
como para el histérico la relación y el significado de sus síntomas.” Freud, S.:
Psicoanálisis (1909).
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como una manifestación enmascarada de un deseo reprimido.
‘La elaboración onírica nos hace remontar a una doble prehistoria: en primer lugar a la
prehistoria individual, o sea a la infancia, en tanto y en cuanto todo individuo reproduce
abreviadamente en el curso de su infancia el desarrollo de la especie humana, la prehistoria
filogenética.” Freud, S.: Lecciones introductorias al psicoanálisis (1916).
Los sueños serán estimulados por deseos sexuales infantiles y actuales, dice
Freud, a veces con tan desenfrenada licencia, que han hecho necesaria la
institución de una censura y de una deformación onírica.
“... Estableceremos una distinción entre restos diurnos e ideas latentes, dando este nombre
a todo aquello que averiguamos por medio de la interpretación y reservando el de restos
diurnos para una parte especial de tales ideas. Diremos entonces que a los restos diurnos ha
venido a agregarse algo que pertenecía también a lo inconsciente, o sea un deseo intenso,
pero reprimido, y que este deseo es lo que ha hecho posible la formación del sueño. La
acción ejercida por él sobre los restos diurnos crea un nuevo acervo de ideas latentes,
precisamente aquellas que no pueden ser consideradas como relaciones explicables en la
vida despierta.”
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La interpretación analítica a partir de las asociaciones del paciente
permitirán acceder al contenido latente del sueño. Por lo tanto, lo recordado
(manifiesto) ya no serán imágenes relacionadas entre sí sino que pasará a ser
un discurso que puede expresar uno o varios deseos.
El simbolismo onírico implica una representación figurada e indirecta de un
conflicto que por este rodeo puede escapar a la censura. El psicoanálisis
tomará a toda formación de compromiso como simbólica, es decir, el
resultado de la relación entre el símbolo y lo simbolizado inconsciente.
Todo síntoma posee un sentido que se halla ligado a la vida psíquica del
sujeto. Este sentido fue descubierto por el Dr. Breuer en 1880, mediante el
tratamiento de un caso de neurosis. Cabe señalar que recién publicó estas
observaciones diez años después en colaboración con Freud. Este
descubrimiento se constituye en la base del tratamiento psicoanalítico:
partiendo del síntoma se arribó a la existencia del inconsciente.
“Para expresarlo más directamente, por medio de la investigación de los histéricos y otros
enfermos neuróticos, llegamos al convencimiento de que en ellos ha fracasado la represión
de la idea que entraña el deseo intolerable. Ha llegado a expulsarla de la conciencia y de la
memoria ahorrándose así aparentemente una gran cantidad de dolor, pero el deseo
reprimido perdura en lo inconsciente, espiando una ocasión para ser activado, y cuando ésta
se presenta sabe enviar a la conciencia una disfrazada e insustituible formación sustitutiva
de lo reprimido, a la que pronto se enlazan las mismas sensaciones displacenteras que se
creían ahorradas por la represión. Este producto sustitutivo de la idea reprimida, el síntoma,
queda protegido de subsiguientes ataques de las fuerzas defensoras del yo, y en lugar de un
conflicto poco duradero, aparece ahora un interminable padecimiento.” Freud, S.:
Psicoanálisis (1909).
ZEMQURA
Si profundizamos en la teoría nos dirá también que todos podemos ser
considerados neuróticos, pues hasta los supuestamente más sanos llevan en sí
las condiciones que posibilitan la formación de síntomas. Debemos agregar
que el síntoma psíquico es perjudicial o por lo menos inútil y parasitario, y
que el sujeto lo realiza en contra de su voluntad, experimentando así
sensaciones displacenteras o dolorosas que demandan un esfuerzo psíquico
muy alto, quitando dicha energía a otras actividades.
Freud dirá que es un representante de lo reprimido cerca del Yo y de un
dominio muy lejano a él, por lo que el paciente lo vive como incongruente
con sus anhelos, incoercible en la medida en que no lo puede controlar, y
como señalamos anteriormente, incomprensible.
La diferencia fundamental con las otras formaciones del inconsciente es que
pertenece al campo de lo psicopatológico, mientras que el sueño y los actos
fallidos pertenecen al campo de lo que Freud llama “psicopatología de la vida
cotidiana”.
Con respecto a los actos fallidos, diremos que son aquellas acciones en las
que no se obtiene el resultado esperado conscientemente, sino que éste se
encuentra reemplazado por otro sin justificación aparente alguna. Freud
demostró que estas acciones son también formaciones de compromiso entre la
intención consciente y lo reprimido.
En sentido extenso, el acto fallido no sólo engloba a las acciones
aparentemente equivocadas, sino también a los lapsus linguae, olvidos,
pérdida de objetos, errores en la lectura, en la escritura y del
funcionamiento psíquico en general.
“Por motivos desconocidos para él había Jones dejado sobre su mesa, durante varios días,
una carta, sin acordarse de echarla. Por último se decidió a hacerlo pero al poco tiempo le
fue devuelta por las oficinas de correo a causa de haberse olvidado de consignar las señas.
ZEMQURA
Corregida esta omisión, echó la carta, olvidándose esta vez de poner el sello. Después de
esto no pudo dejar de ver ya su rechazo a mandar dicha carta.”
Este mismo modelo será utilizado para explicar la génesis de toda conducta
humana.
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Factores hereditarios + factores congénitos
Fijación
(o Disposición)
Serie constitucional + sucesos infantiles
Serie definitiva