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El documento explora la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, destacando su impacto revolucionario en la ciencia y la psicología. Se analizan las influencias en su trabajo, las rupturas epistemológicas que introdujo y su enfoque en el inconsciente como parte integral de la psicología. Freud propone que el psicoanálisis trasciende la clínica, aplicándose a fenómenos culturales y sociales, y establece un nuevo paradigma en la comprensión de la mente humana.
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El documento explora la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, destacando su impacto revolucionario en la ciencia y la psicología. Se analizan las influencias en su trabajo, las rupturas epistemológicas que introdujo y su enfoque en el inconsciente como parte integral de la psicología. Freud propone que el psicoanálisis trasciende la clínica, aplicándose a fenómenos culturales y sociales, y establece un nuevo paradigma en la comprensión de la mente humana.
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Psicología

Lo inconsciente

ZEMQURA
Parte II
La teoría psicoanalítica
de Sigmund Freud
Heberto A. Rojo

ZEMQURA
Las rupturas epistemológicas del pensamiento
freudiano
Algunas consideraciones generales

Si compartimos la idea de que el desarrollo de la ciencia no se da en forma


lineal o acumulativa, como resultado de la resolución de enigmas, sino que se
produce, por lo que señala T. Khun en su primer trabajo, a través de
revoluciones científicas, será cierto entonces que el psicoanálisis produce una
revolución en el campo de la ciencia originando un nuevo paradigma que no
sólo influirá en el campo de la psicología sino que la trascenderá.
El objetivo de este trabajo introductorio es el de dar cuenta de algunas de
las influencias que recibe Freud y paralelamente, el de señalar las rupturas
epistemológicas que produce su desarrollo teórico con el saber de su época.
También, articular los conceptos más importantes de su obra, acudiendo a su

ZEMQURA
palabra en diferentes artículos, pero teniendo en cuenta que dichas citas son el
resultado de una selección no caprichosa aunque seguramente subjetiva.
Sigmund Freud fue el fundador de una corriente de pensamiento que
colaboró en poner en tela de juicio algunos de los supuestos básicos desde los
que partía y descansaba el saber de la moderna cultura occidental, aunque su
libro La interpretación de los sueños (1900) -trabajo fundacional de la teoría
psicoanalítica en el que se expresan sus primeras hipótesis- tardó varios años
en vender su primera edición de 600 ejempiares.
Fue así ignorado por los científicos en general o, en el mejor de los casos,
duramente criticado. Sin embargo, apoyándose en la seguridad de sus
investigaciones, poco a poco comenzó a ser escuchado aunque no siempre bien
conprendido.
En sus primeros trabajos utilizó los términos análisis y análisis hipnótico
para dar cuenta de una nueva forma de abordaje de los fenómenos
psicológicos. El término psicoanálisis empieza a figurar en dos trabajos
escritos en 1896, siendo va Nuevas observaciones sobre la neuropsicosis de
defensa en donde puntualiza que es el único método que permite “hacer
consciente lo inconsciente”. Años después precisará:

“Llamamos psicoanálisis al trabajo mediante el cual traemos a la conciencia (1) del


enfermo lo psíquico reprimido (2) en él”.

Pero si lo psíquico está referido a lo mental, ¿por qué análisis? Freud


señala en un artículo titulado Los caminos de la terapia psicoanalítica (1919)
que análisis significa descomposición, asociación, sugiriendo la actividad del
químico en el laboratorio. Esta técnica le permite partir de la consideración de
los síntomas psíquicos como manifestaciones altamente conpuestas para
llegar así a los elementos de su composición: motivaciones, mociones
pulsionales (3), pudiendo dar explicación a manifestaciones no patológicas
como sueños, actos fallidos y tendencias sexuales cuyas causas permanecían
ignoradas por el propio sujeto. Sin embargo, establece que esta comparación
con la química tiene ciertos límites, ya que, por ejemplo, cuando se desarticula
un síntoma (4), al liberar una moción pulsional de un conjunto de relaciones,
ésta no permanece aislada sino que pasa a formar parte de un nuevo conjunto.

La definición más abarcativa que da Freud a lo largo de su obra con


respecto a su teoría es la siguiente:

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Psicoanálisis es el nombre de:

“Un método de investigación de los procesos mentales prácticamente inaccesibles de


otro modo”.
“Un método basado en la investigación para el tratamiento de trastornos neuróticos
(5)”
“Una serie de concepciones psicológicas adquiridas por este medio y que en conjunto
van en aumento para formar progresivamente una nueva disciplina científica."
Enciclopedia (1922).

No es casual en esta definición su insistencia en el tema de la investigación,


ya que su elaboración teórica se nutre y se contrasta permanentemente en la
actividad clínica y no de la especulación como punto de origen. La teoría no
es un añadido contingente, ya que es constitutiva del objeto mismo. El
inconsciente como existente psíquico no es separable de los modelos tópico
(diferenciación del aparato psíquico en sistemas), económico (distribución y
circulación de energía) y dinámico (como un conflicto de fuerzas) que
constituyen la teoría.

N. Braunstein en su artículo “¿Qué entienden los psicólogos por


Psicología?” señala que el psicoanálisis como teoría trasciende el plano de la
práctica ideológica, a diferencia de otras teorías que a partir de la
observación, experimentación y clasificación establecen relaciones de
fenómenos más o menos constantes en sus posibles articulaciones, arribando a
leyes sin explicarlas. Para el psicoanálisis la conciencia y la conducta
constituyen el campo de lo apariencial e ideológico que deberá ser tratado por
un pensamiento científico. Las explicaciones dadas por Freud son el resultado
de tomar esas abstracciones simples (materia prima indeterminada) y
procesarlas a partir de los conceptos de una práctica teórica.
Una de las características del Psicoanálisis es que mientras las ciencias
trataban de lo universal, Freud va a partir de lo singular. La escucha del libre
discurrir de sus pacientes (técnica de la asociación libre) lo lleva a una
extensión de lo natural y lo social. Lo que claramente va a diferenciar a esta
teoría de otras es el rescate de la particularidad del sujeto de estudio, donde
las generalizaciones caen para dejar paso a la significación personal en
relación con su historia y sus deseos.

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“Freud se atreve así a nombrar lo innombrable, llegando a los umbrales de
lo prohibido”. De esta forma evidencia los límites de la razón, punto de
partida y meta final de la ciencia por aquel entonces.

“Una psicología que no ha conseguido explicar los sueños no podrá tampoco


proporcionarnos una explicación de la vida anímica normal; no tiene derecho alguno al
nombre de ciencia.” Freud, S.: Análisis profano (1926).

Contextual izando su cuerpo teórico en el campo de las ciencias señala:

“He dado por sentado que el psicoanálisis no es una rama especializada de la Medicina, y
por mi parte no concibo que sea posible dejar de reconocerlo. El psicoanálisis es una parte
de la Psicología, ni siquiera de la Psicología médica en el viejo sentido del término, ni de la
Psicología de los procesos mórbidos sino simplemente de la Psicología a secas. No
representa su totalidad, sino su infraestructura, quizá aún todo su fundamento.” Apéndice,
Análisis profano (1927).

Si bien sus trabajos se inician en el campo de la clínica, su teoría le permite


trascender la misma extendiendo su aplicación a diversos fenómenos
intersubjetivos y culturales. En el artículo Múltiple interés del psicoanálisis
(1913) Freud señala la colaboración del psicoanálisis con las ciencias no
psicológicas.
Aporta a la ciencia del lenguaje, pero no tan sólo a la expresión del
pensamiento en palabras, sino también al lenguaje de los gestos y a la
escritura, teniendo en cuenta que las interpretaciones del psicoanálisis son
traducciones que permiten el pasaje de una forma expresiva extraña a
nosotros, a otra familiar a nuestro pensamiento.
Con respecto a la biología, al estudiar la sexualidad del adulto y observarla
a la luz de los conocimientos adquiridos sobre la vida infantil, no se nos
muestra ya la sexualidad como una función encaminada sólo a la reproducción
y equivalente a las funciones digestivas, respiratorias, etc., sino que trasciende
lo biológico. El concepto de pulsión, a diferencia del de instinto, se inpone
como un concepto límite entre las concepciones biológica y psicológica.
El interés del psicoanálisis para la historia de la civilización surge en la
comparación de la infancia del individuo con la historia primitiva de los
pueblos, permitiendo un nuevo instrumento de trabajo y planteando así nuevos
interrogantes. Es posible, entonces, aplicar la concepción psicoanalítica
obtenida en el estudio de los sueños y las neurosis a los productos de las

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fantasías de los pueblos, tales como mitos y fábulas. Mientras que las fantasías
inpiden la aparición de la angustia (6), los mitos se construyen frente a hechos
que la han producido; en tanto haya un vacío, el mito es una construcción que
alivia.
Con respecto a la pedagogía, Freud señala que cuando los educadores se
hayan familiarizado con los resultados del psicoanálisis, les será más fácil
reconciliarse con determinadas fases de la evolución infantil, y no correrán el
peligro de exagerar la importancia de impulsos asociales del niño, ya que la
represión violenta desde el exterior no produce nunca la desaparición ni el
vencimiento de tales pulsiones, sino que por el contrario puede iniciar una
tendencia a ulteriores enfermedades neuróticas.
Por otra parte, el psicoanálisis resuelve también satisfactoriamente algunos
de los problemas entre el arte y el artista, así como otros hechos culturales y
sociales.

“La investigación psicoanalítica descubre en la vida psíquica del individuo humano hechos
que nos permiten resolver más de un enigma de la vida colectiva de los hombres, o por lo
menos fijar su verdadera naturaleza.” Freud, S.: Lecciones introductorias al psicoanálisis
(1916).

Debemos destacar que Freud no creía que el psicoanálisis estaba destinado


a una nueva concepción del mundo o que desde su teoría podía explicarse
todo; sólo la consideraba como un aporte más al conocimiento científico. Aun
con sus diferencias, estaba fuertemente determinado por el espíritu de la
época. Propiciaba, por lo tanto, una filosofía de la vida basada en la ciencia y
no en la metafísica y en la religión.

Freud instaura una psicología subjetivista, abriendo un espacio en la ciencia


para las diferencias. Hay un rescate del sujeto, pero éste no es un sujeto
aislado. En la introducción del artículo Psicología de las masas y análisis del
Yo (1920/21) señala:

“En la vida anímica individual aparece integrado siempre, efectivamente, el otro, como
modelo, objeto, auxiliar o adversario, y de este modo la psicología individual es al mismo
tiempo y desde un principio psicología social, en un sentido amplio pero plenamente
justificado”.

Durante los años en que desarrolló su obra no dejó nunca de replantear sus

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elaboraciones teóricas y sus aplicaciones, las que giraron sobre una idea
vertebral: su conceptualización del inconsciente y los procedimientos de
investigación para develar su discurso.

Su formación científico-cultural

Sigmund Freud nace en 1856 en Freiberg, Moravia, bajo el imperio


austrohúngaro. A los tres años va a vivir a Viena, ciudad en la que pasa la
mayor parte de su vida. Cuando en 1937 los nazis ocupan Austria, Freud se ve
obligado a refugiarse en Inglaterra. En 1939 muere en Londres.
En el año 1859, cuando Freud se instala en Viena, Charles Darwin publica
su trascendental libro El origen de las especies, marcando un hito inportante
en el desarrollo científico. Sus estudios e investigaciones señalan, a diferencia
de otras teorías como la de Lamarck, Chambers, Spencer y los
naturphilosophen alemanes, la no existencia de una meta ya establecida tanto
por Dios o por la naturaleza. Lamarck, quien tendrá cierta influencia en
posteriores conceptos del psicoanálisis (fantasías originarias y el inconsciente
colectivo de Jung) sostenía la transmisión hereditaria de los conocimientos en
la especie y la existencia de una tendencia interna de adaptación. Darwin,
contrariamente, va a hablar de una selección natural. Sus trabajos, aunque
fueron fuertemente resistidos en su momento, revolucionaron la concepción
que el ser humano tenía acerca de sí mismo.
Freud tomará dichos aportes como una de las tres heridas narcisistas que
históricamente sufre el hombre. La primera aparece cuando descubre que la
Tierra no es el centro del universo, perdiendo así el lugar jerárquico que se
había asignado. La segunda estará referida a los aportes de Darwin: el sujeto
humano pasa a ser un objeto más de estudio de la naturaleza, siendo el
resultado de la evolución de las especies. La tercera herida narcisista es el
descubrimiento del inconsciente, ya que a diferencia de lo que se pensaba no
somos íntegramente racionales; la mayor parte de las motivaciones de nuestras
conductas nos es desconocida.
Hacia 1860, G. Fechner, hombre de ciencia, filósofo alemán e iniciador de
la psicología experimental, demostró que los fenómenos mentales eran
pasibles de ser abordados científicamente y medirse cuantitativamente.
Recordemos que el paradigma científico de aquel momento era el de las
ciencias naturales. El trabajo de este pensador -y otros posteriores- facilitan

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la entrada de la psicología al campo del conocimiento científico, donde
comenzó a despertar interés.
Una publicación de Fechner en 1873, titulada “Algunas ideas sobre la
historia de la creación y evolución de los organismos” será citada por Freud
en 1920 por coincidir en esencia con la concepción de placer y displacer
deducida por la teoría psicoanalítica.
Los aportes de la física contribuyen en la construcción del edificio de la
ciencia. A mediados de siglo, Herman von Helmholtz formuló el principio de
la conservación de la energía, señalando que la misma, al igual que la masa,
es cantidad y que puede transformarse pero no ser destruida. Desarrolla de
este modo lo que se considerará como el “campo de la dinámica”; la energía,
cuando desaparece en una parte del sistema, tiene que aparecer en otra parte
del mismo. Esto llevó a pensar en una nueva visión del ser humano
estudiándolo y comprendiéndolo como un sistema de energía.
En 1873, Freud comienza sus estudios de medicina, decisión que toma por
la lectura de un ensayo goethiano “La Naturaleza”, pues hasta ese entonces
pensaba seguir abogacía. Se recibe tardíamente, en 1881, por dedicarse de
lleno a trabajos de investigación. Su primer investigación versó sobre el
estudio de las anguilas de río en la estación zoológica de Trieste, dirigida por
Carl Claus, quien motivó a Freud a que realizara su primera publicación
científica. En ella señala la posibilidad de que la diferenciación sexual de las
anguilas no estuviera determinada genéticamente (intersexualidad), sin
advertir en aquel momento la importancia posterior que tendrá para él la
temática sexual. Luego realiza investigaciones en el Instituto de Fisiología
dirigido por el destacado investigador Emst Brücke, donde desarrolla una
brillante carrera de investigación y gana en 1885 un concurso como docente de
neuropatología. En 1886 la facultad lo beca para continuar sus estudios en
París, y Freud elige la Clínica de la Salpetriére. Se interesa allí por los
trabajos sobre la histeria dirigidos por el médico Jean M. Charcot y descubre
el aspecto psicológico de la neuropatología y también la técnica de la
hipnosis. Tanto esta última experiencia como las novedosas
conceptualizaciones sobre fisiología dinámica de Brücke (quien sostenía que
el organismo vivo es un sistema dinámico al que se le pueden aplicar las leyes
de la física y de la química), marcarán un camino a seguir en sus posteriores
investigaciones. Tomando los aportes de Brücke pero extendiéndolos a lo
psicológico, configura un hecho trascendental cuando construye una psicología

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dinámica que intenta dar cuenta del conflicto psíquico.
A partir del trabajo realizado con el destacado médico clínico A. Breuer
sobre un caso de histeria y por las experiencias posteriores con sus pacientes,
Freud nota que los mismos manifestaban concientemente la búsqueda de una
solución a sus dolencias; pero por otro lado se hacían evidentes otras fuerzas
que se resistían a ello. Así llega a la conclusión de que los síntomas
neuróticos son el resultado de motivaciones inconscientes ocultas para el
paciente. Elaborará poco a poco la conceptualization de un aparato psíquico
dividido en Sistemas: Consciente-Preconsciente, y sistema Inconsciente,
tomando el término aparato no sólo en el sentido médico sino
fundamentalmente del concepto original de la física, en el sentido de trabajo,
de transformación de energía. Según esta nueva conceptualization, el sujeto
intentará mantener la cantidad de excitación o energía contenida en un nivel tan
bajo o constante como sea posible, lográndolo mediante la descarga o
evitando aquello que pudiera aumentarla.
A este trabajo de lo psíquico lo denominará posteriormente “principio de
constancia”. La diferenciación en sistemas del aparato psíquico permite
conprender el pasaje de energía libre a energía ligada. La energía libre es la
que fluye libremente en el inconsciente de una representación a otra buscando
su descarga. El pasaje al sistema preconsciente-consciente le permite ligarse a
una representación, posibilitando distintas vías posibles para su descarga,
siendo ésta una de las formas de comprensión del fenómeno psíquico desde el
modelo económico.
El pensamiento generalizado de aquella época partía de una concepción
iniciada por el Iluminismo, la que se fundaba en la razón y en el conocimiento
científico para arribar a la verdad: “Sapere Aude”, Ten valor de servirte de tu
propia razón (Kant). Pero el amplio espectro cultural contemplaba otras
formas de pensar, por ejemplo ciertas corrientes de la literatura se inclinaban
por lo emocional, la sensibilidad y lo instintivo, como caminos de acceso a la
verdad.
En el libro La literatura en Freud de S. Kobrin, se señala la notable
influencia del romanticismo alemán en él. “Esta corriente literaria estuvo
ligada a la exaltación de los aspectos profundos y oscuros de la conciencia, a
la aparición de la idea del inconsciente, a la revaloración de los sueños y a la
resignificación del concepto de locura. Será por medio de los sueños, mitos y
poesías que intentarán conectarse con lo cósmico absoluto.” Cercano a esta

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corriente podemos citar a Goethe, de quien fuera lector el joven Freud. Dice
Goethe en relación con el concepto de inconsciente: “El hombre no puede
permanecer mucho tiempo en el estado consciente; debe resumergirse en el
inconsciente, porque allí vive la raíz de su ser” (cita de S. Kobrin).
Freud, en uno de sus últimos artículos, se refiere a aquellas aproximaciones
previas a la formulación de dicho concepto psicoanalítico:

“El concepto de inconsciente ha estado desde hace tiempo llamando a las puertas de la
psicología para que se le permita la entrada. La filosofía y la literatura han jugado con
frecuencia con él pero la ciencia no encontró cómo usarlo. El psicoanálisis ha aceptado el
concepto, lo ha tomado en serio y le ha dado un contenido nuevo.” Freud, S.: Algunas
lecciones elementales del psicoanálisis (1938).

En efecto, como la ciencia estaba tan preocupada por la medición, la


experimentación y la objetividad, los aspectos más irracionales del ser
humano sólo eran abordados por la literatura. Cada época histórica está
determinada por una particular forma de construir la realidad, de valorar los
aspectos del acontecer social, de seleccionar lo que considera prioritario.
Este estructurante originario, que determina el pensar y el hacer, es el
“imaginario social”. Concepto que nos permite dar cuenta de la particular red
de significaciones del incipiente desarrollo de la modernidad; es a partir del
siglo XVIII cuando claramente comienza a establecerse una nueva forma de
ver la realidad y el ser humano. De la certeza de la religión y del saber
especulativo de la filosofía se pasa a la búsqueda de la “certeza” a través de
la ciencia. Pero la filosofía racionalista que se constituye a partir del cogito
cartesiano marcará los límites de este nuevo saber.

Las nuevas estructuras económicas y sociales favorecen el desarrollo de la


individualidad, la que venía construyéndose desde el Renacimiento, y dan
paso a la subjetividad moderna. La razón será el instrumento para controlar el
hacer y el sentir del sujeto ofreciéndole el camino de su desarrollo personal y
de su felicidad.

La ruptura con la filosofía racionalista

Pese a su imperio, la razón sufrió varias heridas por no poder cumplir con
todo aquello que prometía.

ZEMQURA
“Experimentamos la impresión de que la civilización es algo que fue impuesto a una
mayoría contraria a ella por una minoría que supo apoderarse de los medios de poder y
coerción. Luego, no es aventurado suponer que estas dificultades no son inherentes a la
esencia misma de la cultura desarrollada hasta ahora.

...Mientras en el dominio de la naturaleza ha realizado la humanidad continuos


progresos y pueden esperarse aún mayores, no puede hablarse de un progreso análogo
de las relaciones humanas.
...los límites de la educabilidad del hombre supondrán también los de la eficacia de tal
transformación cultural.” Freud, S.: El porvenir de una ilusión (1927).

Las primeras críticas a los valores de la modernidad comienzan a fines del


siglo XIX. Tanto P. Ricocur como M. Foucault, pese a ser filósofos de
posiciones muy distintas, comparten la idea de que las tres grandes obras que
cuestionan el pensamiento moderno son: El Capital de K. Marx (1867), El
nacimiento de la tragedia de F. Nietzsche (1878) y La interpretación de los
sueños, de S. Frcud (1900). Estos tres grandes “maestros de la sospecha”
llevan a cabo la desmitifícación de la razón y despejan el horizonte para dar
paso a una palabra más auténtica, no sólo a través de la crítica sino también
por la invención de un arte de interpretar. Descartes triunfa desde la duda
sobre la cosa, por la evidencia de la conciencia; ellos triunfan desde la duda
sobre la conciencia por una exégesis del sentido (J. Carvallo).

Para el pensamiento marxista el materialismo es el alma con el que se trata


de abolir la filosofía, que estaría al servicio de la burguesía (que identifica
con el idealismo). Para Marx será la realidad social la que determine la
conciencia de los seres humanos.
Por otro lado, Nietzsche denunciará la fragmentación de la realidad,
cuestionando la noción de verdad y de mundo verdadero, poniendo en tela de
juicio los ideales morales vigentes. Frcud dirá que su intuición se anticipó a
los descubrimientos del psicoanálisis: nadie hasta él había sido tan consciente
de la dualidad de la conducta humana.
P. Ricoeur, en Hermenéutica y psicoanálisis, nos explica que la filosofía
parte de que las cosas son dudosas, que no son tal como se nos aparecen, pero
de lo que no duda es de que la conciencia sea tal como se aparece a sí misma.
En ella coinciden sentido y conciencia de sentido, pero si la conciencia no es
entonces lo que cree ser debe instituirse una nueva relación entre lo manifiesto

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y lo latente. Esta nueva relación correspondería a aquella que la conciencia
había instituido entre la apariencia y la realidad de la cosa.
La conciencia, fuente de conocimiento y autodominio, se tornará para Frcud
casi tan oscura como el inconsciente mismo, dejando caer la ilusión de la
plena conciencia de sí.

“...las fuerzas irracionales de la naturaleza humana son tan fuertes que las fuerzas racionales
tienen escasas posibilidades de éxito. La mayoría de los hombres se sienten cómodos
viviendo con sus engaños y supersticiones en lugar de la verdad.” Freud, S.: El porvenir de
una ilusión (1927).

La razón, entonces, para el psicoanálisis deja de ser la única vía posible


para dar cuenta del sujeto y su mundo, y se interna para explorar y dar a luz a
los aspectos más irracionales, fuentes ocultas de motivación de la conducta
humana.

A diferencia de Descartes, quien sostenía “pienso, luego existo”, J. Lacan en


sus Escritos va a sostener desde el psicoanálisis “pienso donde no soy, y soy
donde no pienso”.
Pero el psicoanálisis no deja de tener en cuenta la conciencia. Freud nos va
a decir que la conciencia es engañosa pero es lo único con que contamos para
descubrir el discurso del inconsciente, verdadero estructurante originario del
sujeto. El psicoanálisis provoca un cierto malestar en la filosofía. El discurso
pasa a ser otro después de su obra. Los fantasmas que rodeaban a la filosofía
racionalista ya no pueden obviarse. Freud rescatará al sujeto allí donde el
sinsentido y la contradicción cobran una singular significación.

Génesis del concepto de inconsciente y la ruptura con la psicología de la


conciencia

En el último cuarto del siglo XIX se configuró una psicología científica que
construyó su objeto de estudio a partir del análisis de los hechos de
conciencia. Esta psicología se caracterizaba por ser experimental y centrarse
en el estudio de las funciones. Si bien no se descartaba la existencia de ideas
latentes, por debajo del nivel de conciencia (subconsciente), a éste y a otros
fenómenos psíquicos se los dejaba de lado por considerarlos nimios o
carentes de fuerza. A fines de siglo algunos hombres de ciencia comenzaron a
interesarse por el fenómeno de la sugestión y en especial por la hipnosis,

ZEMQURA
cuyos orígenes se rescatan de los trabajos realizados por el médico vienés
Mesmer (magnetismo animal o mesmerismo). Paralelamente el interés popular
se inclinaba por el ocultismo y el espiritismo, lo que fuera denominado por
Pierre Richet como metapsíquica. Comienza a generarse así una idea colectiva
de que el psiquismo rebasa el campo de la conciencia.
Sobre el término inconsciente podemos encontrar antecedentes pre-
ffeudianos. Así como citamos antecedentes en la literatura por parte del
romanticismo alemán, desde la ciencia el reconocimiento oficial del término
fue adjudicado al médico y filósofo Pierre Janet, en cuya tesis para el
doctorado en letras (1889), y luego en el de medicina (1893), señala que en
las regiones inferiores del yo pueden aparecer segundas personalidades que le
hagan ejecutar al individuo actos cuya causa desconoce. Sin embargo, lo más
inportante para Janet es la “conciencia vigil”, que asegura en su fusión con lo
real el estado normal del individuo. Por eso no duda de que la disgregación de
este poder de síntesis sea lo que abre la puerta a las manifestaciones
inconscientes, es decir, a las “formas inferiores de la actividad humana”. En
sus investigaciones se propone penetrar en los procesos psíquicos de la
histeria, entendiéndola como una alteración degenerativa del sistema nervioso,
que se manifiesta en una innata debilidad de la síntesis psíquica, incorporando
por lo tanto a sus ideas, la influencia de las doctrinas dominantes en Francia
sobre la herencia y la “degeneración”. Mientras tanto, su maestro Charcot
sostenía que tanto la hipnosis como la histeria eran una condición morbosa del
sistema nervioso.
Paralelamente, en Nancy (Francia) Liebeault y Bemheim afirmaban, a
diferencia de Charcot, que la hipnosis no era un estado patológico sino un
sueño ordinario inducido por sugestión. Concluyeron, a partir de sus
investigaciones que los sujetos no podían dar cuenta de que la acción que
ejecutaban había sido inducida durante la hipnosis (sugestión poshipnótica) y
sí podían hacerlo si se insistía posteriormente para que recordaran.
Algunos años después de su experiencia con Charcot, Freud se dirige a la
escuela de Nancy a perfeccionarse en la técnica de la hipnosis.

“Fui testigo de las experiencias de Bernheim con los enfermos del hospital, adquiriendo
intensas impresiones de la posible existencia de poderosos procesos anímicos que
permanecían sin embargo ocultos a la conciencia.” S. Freud, Autobiografía (1924).

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El destacado médico clínico vienés J. Breuer había atendido en el año 1880
a una joven paciente con un cuadro polisintomático de histeria. Su nombre,
para la literatura psicoanalítica, será Ana O. (aunque su verdadero nombre fue
Berta Papenheim) a quien aplicó como método terapéutico la hipnosis. Esto le
permitió a la paciente hablar acerca de las causas relacionadas con sus
síntomas, temática que no recordaba sino a través de esta técnica. Breuer
observa que al salir a la luz estos sucesos juntamente con el afecto que ellos
habían suscitado, los síntomas desaparecían. Años después de dicho
tratamiento, junto con Freud, presentan un trabajo teorizando sobre la
experiencia, denominando al método utilizado “hipnosis catártica” (Freud, S.,
Breuer, J., Estudios sobre la histeria, 1895).

A partir de estas primeras teorizaciones y ya con la experiencia de sus


propios pacientes, Freud bosqueja algunas hipótesis, no todas compartidas por
su colega, comenzando así a separarse de él. En el mismo año (1895), un
sueño con una de sus pacientes (Sueño de la inyección a Irma'), lo lleva a
profundizar aún más en su historia clínica, lo que le permite empezar a sentar
las bases para su posterior obra La interpretación de los sueños y la teoría
psicoanalítica.
Freud arriba así a una nueva y reveladora conceptualization del
inconsciente, produciendo la caída hegemónica de la conciencia en el estudio
del psiquismo humano. Aquellos recuerdos olvidados a los que no se les daba
mayor importancia se considerarán como determinantes de los fenómenos
psíquicos, pero estos contenidos sólo accederán a la conciencia una vez
superado un mecanismo denominado por él como represión. Este es un
mecanismo por el cual el sujeto desaloja de la conciencia aquello que puede
tomarse displacentero a sus aspiraciones conscientes.
Desde sus primeras teorizaciones Freud comienza a bosquejar el concepto
de “determinismo de la vida psíquica”, aludiendo a que las vivencias y los
actos del sujeto no son azarosos sino que están ligados a una causalidad, por
lo que los sueños, síntomas y actos fallidos serían una forma enmascarada de
acceso a la conciencia de motivaciones inconscientes, esto es, algunos de los
modos privilegiados del retomo de lo reprimido.
Partiendo del concepto de determinismo y causalidad (tomado de la física)
abandona el método catártico, ya que la asociación libre y el método de la
interpretación suplían ampliamente la técnica de la hipnosis y permiten

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acceder a temáticas más profundas y a posteriores elaboraciones (7).
Por aquel entonces, la Psicología tradicional relacionaba el deseo con
aquellas necesidades que el individuo aspiraba satisfacer a través del
ejercicio enérgico de su voluntad. Será a partir de Freud que el deseo
comienza a cobrar una nueva conceptualization. Aunque por momentos lo
utiliza desde su anterior acepción, el sentido estricto que cobrará para la
teoría psicoanalítica lo colocará en el orden de lo inconsciente y como motor
del aparato psíquico. Será irreductible a la necesidad dado que su origen no es
a partir de un objeto real sino de la fantasía. Este origen inconsciente lo lleva
a pretender imponerse más allá de lo anhelado (consciente) por el sujeto o de
las imposiciones de la realidad externa, constituyéndose junto con la defensa
en uno de los dos polos del conflicto psíquico.
Se configura así una nueva teoría sobre el sujeto humano, claramente
diferenciada desde su posicionamiento inicial a la psicología, a la sociología
o a la psiquiatría. Considera un sujeto inconsciente que opera a través de sus
deseos y que a su vez está estructurado por ellos, pero de los que no puede
dar cuenta conscientemente. Su teoría hace ruptura con el concepto de
individuo (indiviso, no divisible) vigente, para partir de la consideración de
una escisión básica del sujeto (inconsciente/consciente), punto de partida de
la predisposición universal a la neurosis. Tal escisión da lugar así a un nuevo
sujeto epistémico.
Con respecto a las consideraciones preliminares a Freud sobre el
inconsciente, J. Lacan comentará en el Seminario N° 11: “El inconsciente
freudiano no es en absoluto el inconsciente romántico de la función
imaginativa. No es el lugar de las divinidades de la noche... A todos estos
inconscientes siempre más o menos afiliados con una voluntad oscura
considerada como primordial, con algo antes de la conciencia, Freud opone la
revelación de que a nivel del inconsciente hay algo homólogo en todos sus
puntos con lo que sucede a nivel del sujeto: eso habla y eso funciona de
manera tan elaborada como a nivel de lo consciente, el cual pierde así lo que
parecía ser privilegio suyo”.

La ruptura freudiana con algunos conceptos médicos de la época

Freud, médico neurólogo, con inportantes y reconocidas investigaciones en


el campo de la medicina durante los primeros años de su vida profesional,
poco a poco se aleja de algunas conceptualizaciones básicas que sostenía la

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ciencia médica, cuando empieza a explorar el campo de los fenómenos
psíquicos. Uno de sus primeros trabajos sobre el tema, Proyecto de una
psicología para neurólogos, señala este momento de transición. La exigencia
médico-científica de su formación lo lleva a insertar los descubrimientos de
los procesos psíquicos primarios (inconscientes) y secundarios (conscientes)
dentro de una concepción claramente biológica, ya que los relaciona al
sistema neuronal. Sin embargo, terminó desechando este trabajo y no
concluyéndolo. Es más, posteriormente no se refiere a él. Si lo retomamos y
analizamos hoy, vemos que contiene en sí el núcleo de gran parte de los
pensamientos del desarrollo posterior de la teoría psicoanalítica freudiana.
Pero quizás, la ruptura que comienza a realizar Freud con la medicina tiene
también otros orígenes.

“De joven no ansiaba más que el conocimiento filosófico, y ahora estoy en camino de
satisfacer este anhelo al pasar de la medicina a la psicología.” Freud, S.-.Carta a Fliess
(1896).

Es así como a través de la escucha de sus pacientes, llega a determinar


varias hipótesis que irá confirmando posteriormente. Una de ellas es que los
síntomas neuróticos son de origen psíquico, postura diferente a la de la
medicina que buscaba afanosamente el origen somático de los mismos,
pasando a denominar a las neurosis (enfermedad de los nervios) como
psiconeurosis.

“Allí donde los demás postulan un concomitante somático, nosotros postulamos la idea de
un inconsciente.” Freud, S.: Esquema del psicoanálisis (1923).

El inconsciente como tal es un constructo teórico que permite dar cuenta del
fenómeno psíquico; no teniendo entonces una localización anatómica, el
inconsciente freudiano tendrá un “carácter psíquico”.

Una de las diferencias con Breuer es que para Freud los contenidos que
caen bajo represión van a estar siempre referidos a una temática sexual. Pero
no sólo al modo en que Charcot asociaba a las histéricas con problemas de
alcoba o como el saber popular que asociaba sólo genitalidad a sexualidad.
Freud va a abordar este concepto desde una significación más amplia. Es así
que lo va a entender como la búsqueda de placer que nos acompaña a lo

ZEMQURA
largo de la vida, cursando diferentes fases del desarrollo psicosexual hasta
llegar a la genitalidad. Se mete de lleno en un terreno hasta entonces vedado,
la sexualidad infantil. Esta temática, junto con la importancia que asignó al
Complejo de Edipo (8), generó una reacción adversa en los círculos culturales
y científicos de la época, resistencia que, en menor escala, aún perdura a
través de diferentes modalidades.

“No deja de ser singular el hecho de que todos los autores que se han ocupado de las
investigaciones de las cualidades y las reacciones del adulto sobre la sexualidad hayan
dedicado más atención a aquellos tiempos que caen fuera de la vida del sujeto, a la vida de
sus antepasados, antes que a la vida infantil. Reconociendo así mucho más la influencia de la
herencia que a la niñez misma del sujeto.” Freud, S.: Tres ensayos para una teoría sexual
(1905).

El atravesamiento del complejo nuclear (Complejo de Edipo) determinará


un tinte particular en la sexualidad de cada sujeto. Si bien nacemos hombre o
mujer, la masculinidad o la feminidad será resultado fundamentalmente del
transcurso de los primeros años de vida. “Frente a los modelos imperantes de
sexualidad en cada período histórico, el psicoanalista deberá apuntar a la
manera singular en que en cada sujeto y sus vínculos se despliega el deseo”,
ya que para el psicoanálisis no hay un saber normativo y universal.
La utilización de la técnica de la asociación libre instaurará una nueva
modalidad en la relación con el paciente, abriendo el camino para una
dignificación del mismo, a través de la escucha del analista, aun en los
estados delirantes.

‘La investigación psicoanalítica de la paranoia sería imposible si no nos permitiésemos ver


que los pacientes revelan espontáneamente, aunque alterado por la deformación, aquello
que los neuróticos ocultan como su más íntimo secreto.” Freud, S.: Observaciones
psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (1910).

Se produce así un corrimiento del saber médico imperante al saber del


paciente. El psicoanalista, a través de su técnica, sólo ayudará a develarlo.

ZEMQURA
Primera formulación freudiana del aparato psíquico
La consideración de este tema la podemos rastrear en los primeros
bosquejos que presenta Freud en el capítulo VII de La interpretación de los
sueños (1900), si bien su pleno desarrollo se plantea en los trabajos
metapsicológicos del año 1915. El término metapsicología fue utilizado en los
comienzos de sus investigaciones para situarse “al otro lado de la conciencia”
propuesta por la psicología tradicional; posteriormente retomará el término
para referirse a todo proceso psíquico en sus relaciones tópicas, dinámicas y
económicas. Esta primera formulación desde una concepción tópica supone
una diferenciación en sistemas dotados de características y de funciones
diferentes, además de una disposición en un determinado orden entre sí, lo que
permite considerarlos como lugares psíquicos, otorgándoles por lo tanto una
representación espacial figurada.
La diferenciación en sistemas va unida a una concepción dinámica de la

ZEMQURA
teoría, según la cual estos lugares psíquicos se hallan relacionados entre sí
como un conflicto de fuerzas. Desde la concepción económica se podrán
explicar los procesos psíquicos entendiéndolos como el resultado de la
circulación y la distribución de la energía pulsional, por lo que cada sistema
tratará de establecer el nivel más bajo posible de la energía que por él circula.
Cuando hablamos de energía nos referimos a la transformación de energía
somática en energía psíquica y no de consideraciones místicas o metafísicas.
Se enlazarán así las tres formas de aproximación teórica que permiten dar
cuenta del fenómeno psíquico.
Utilizando un recurso didáctico para la descripción de esta tópica, Freud
nos propone representamos la imagen de un iceberg. Aquello que se nos
representará de él será comparable al sistema Percepción-Conciencia. El
nivel del mar será una censura (segunda) que nos obstaculizará la clara
visualization de su continuación; pero con un esfuerzo voluntario podremos
observar su prolongación. Este nuevo contomo se corresponderá al sistema
Preconsciente. Cada vez, será más difusa su percepción hasta llegar a un punto
en que sabiendo que se continúa no podremos ya dar más cuenta de él,
denominando a este límite perceptivo, represión o primer censura. Aquello de
lo que ya no podremos dar más cuenta será el sistema inconsciente, sabiendo
que se corresponde a la mayor parte de la estructura del iceberg, lo que lo
constituye como tal.
Esta figuración imaginativa nos permite introducirnos en el tema y así inferir
dos conceptos fundamentales: el de represión y el de inconsciente, que
diferencian claramente a la teoría psicoanalítica.
Con respecto a la represión diremos que es una fuerza de desalojo de
aquellos contenidos que son vividos como displacenteros para el sentir
consciente. Será displacentero, para cada sujeto, aquello que dependa o
guarde relación con contenidos reprimidos, fundamentalmente ligados a la
historia sexual infantil. Aunque con diferencias particulares puede
considerarse su función como universal, ya que se constituye como el
determinante de la escisión básica entre inconsciente y consciente de todo
sujeto. El proceso de represión no suprime ni destruye los contenidos
displacenteros sino que éstos pasarán a formar parte del orden de lo
inconsciente, pero ya sea por desencadenantes internos o externos, dichos
contenidos pueden cobrar una mayor fuerza e intentarán retornar a la
conciencia. Lo reprimido, dice Freud, siempre tiende a retornar, pero por

ZEMQURA
efecto de la fuerza de la represión lo hará por un camino indirecto, en forma
desfigurada o de alusión a través de las formaciones del inconsciente:
síntomas, sueños, actos fallidos, o deslizándose en el discurso.
Las representaciones inconscientes están siempre ligadas a una pulsión; en
tanto lo pulsional no puede devenir nunca consciente, lo hará a través de una
idea que lo representa. El modo en que podemos dar cuenta de la existencia de
la represión es a través de la resistencia-, a manera defensiva, en actos o
palabras, el sujeto vivenciará como ajeno a él todo contenido inconsciente, en
tanto éstos revelan deseos. Tanto la resistencia como la represión actúan con
las mismas fuerzas.
Para ilustrar estos conceptos tomaremos un ejemplo que da Freud en una
conferencia en la Universidad de Clark (Estados Unidos) en el año 1909:

“Acaso me sea lícito ilustrarles el proceso de la represión y su nexo con la resistencia


mediante un grosero símil que tomaré, justamente, de la situación en que ahora nos
encontramos. Supongan que aquí, dentro de esta sala y entre este auditorio cuya calma y
atención son ejemplares, se encontrara empero un individuo revoltoso, que me distrajera de
mi tarea con sus impertinentes risas, charlas, golpeteo con los pies. Y que yo declarara que
así no puedo proseguir la conferencia, tras lo cual se levantarán algunos hombres vigorosos
entre ustedes y tras una breve lucha pusieran al barullero en la puerta. Ahora él está
‘desalojado’ (reprimido) y yo puedo continuar mi exposición. Ahora bien, para que la
perturbación no se repita, si el expulsado intenta volver a ingresar en la sala, los señores que
ejecutaron mi voluntad colocan sus sillas contra la puerta y así se establece como una
‘resistencia’ tras un esfuerzo de desalojo (represión) consumado. Si ustedes transfieren las
dos localidades de lo psíquico como lo inconsciente y lo consciente, obtendrán una imagen
bastante buena del proceso de represión”.

Podemos así arribar a la idea de que el inconsciente se irá conformando, a


partir de la represión, especialmente con aquellos contenidos relacionados
con la historia sexual infantil. Pero no por ello debemos dejar de señalar que
Freud va a hablar de un proceso hipotético denominado represión originaria,
que se constituirá en la base por la que se ejerce posteriormente la represión,
ya que una representación no puede ser reprimida si no lo es por la atracción
proveniente de contenidos que ya son inconscientes. Agrega así, a esta
construcción hipotética, las fantasías originarias (vida intrauterina, escena
originaria, castración, seducción), que son el resultado del patrimonio
filogenético y las organizadoras de las fantasías del sujeto.

ZEMQURA
Todos los contenidos (deseos, representaciones) alojados en el
inconsciente están regidos por una legalidad propia de este sistema, y tienen
entonces la particularidad de ser:
Atemporales. Con respecto a esta característica, diremos que Freud produce
una ruptura con respecto al principio kantiano que sostiene que el tiempo y el
espacio son dos formas necesarias de todo pensamiento. Para el psicoanálisis,
los contenidos inconscientes no están ordenados temporalmente, y nada de
ellos será modificado por el tiempo, manteniendo la misma intensidad y fuerza
que le dio su origen, subsistiendo en él el inconsciente infantil entrelazado con
lo actual. Freud comentará: como las sombras del Hades en la Odisea, basta
que algo realimente las huellas mnémicas para que vuelvan a hablar.
Ausentes de contradicción. En el inconsciente se encuentran deseos que a
nivel consciente serían vividos conflictivamente por ser contradictorios; por
ejemplo, el amor al padre admirado y el odio al padre rival, como derivación
del Complejo de Edipo.
Determinados por el principio de placer. Es uno de los dos principios que
rige el funcionamiento mental. Tiene por finalidad evitar lo displacentero y
procurar el camino para darle libre acceso al placer. Tiende a imponer el
deseo originado por la descarga pulsional sin atender a los obstáculos que
pueda presentar la realidad exterior. El inconsciente interpretará la realidad
sólo acorde a sus deseos (realidad psíquica). La pulsión buscará así su
descarga por el camino más corto.
Determinados por el proceso primario. El análisis de los contenidos
oníricos permitió a Freud el conocimiento del funcionamiento psíquico y
llegar a la conclusión de que los sueños no carecen de sentido sino que hay un
deslizamiento permanente de éste. El inconsciente tendrá así la posibilidad de
desplazar los valores o investiduras que las representaciones tienen, pudicndo
condensarse en una nueva representación. No se establece entonces una fijeza
en la representación, porque intervienen para ello las dos formas de
funcionamiento anteriormente citadas. En el desplazamiento a una
representación originariamente sin intensidad y significación puede
atribuírsele un nuevo valor psíquico, adquiriendo así la intensidad y la
significación originalmente atribuidas a otra. Esta nueva representación que
desplaza a la anterior está ligada a la primera por una cadena asociativa.
Tomaremos como ejemplo una cita de Freud con respecto al olvido de
nombres propios:

ZEMQURA
“En tales casos sucede que no sólo se olvida, sino que además se recuerda erróneamente. A
la conciencia del sujeto que se esfuerza en recordar el nombre olvidado acuden otros
nombres sustitutivos que son rechazados en el acto como falsos, pero que, sin embargo,
continúan presentándose en la memoria con gran tenacidad. El proceso que os había de
conducir al nombre buscado se ha desplazado y nos ha llevado a un sustitutivo erróneo. Mi
opinión es que tal desplazamiento no se halla a merced de un mero capricho psíquico sino
que sigue determinadas trayectorias regulares y perfectamente calculables, o por decirlo de
otro modo, presumo que los nombres sustitutivos están en visible conexión con el
buscado...” Freud, S.: Psicopatología de la vida cotidiana (1901).

El otro modo de funcionamiento es la condensación, por la cual varias


representaciones expresadas por las cadenas asociativas confluyen en una sola
representación. En los sueños, si bien es una modalidad que puede adoptar la
censura, también es una forma de escapar de la misma, ya que permite
dificultar la comprensión del relato manifiesto.

“En mi obra interpretación de los sueños he expuesto el papel que desempeñad


proceso de condensación en la formación del llamado contenido manifiesto del sueño a
expensas de las ideas latentes del mismo. Una semejanza cualquiera de los objetos o de las
representaciones verbales entre dos elementos del material inconsciente es tomada como
causa creadora de un tercer elemento que es una formación compuesta o transaccional. Este
elemento representa a ambos componentes en el contenido del sueño, y a consecuencia de
tal origen se halla frecuentemente recargado de determinantes individuales contradictorios.
La formación de sustituciones y contaminaciones en la equivocación oral es, pues, un
principio de aquel proceso de condensación que encontramos que toma parte activísima en
la construcción del sueño.” Freud, S.: Psicopatología de la vida cotidiana (1901).

Debemos destacar que tanto el desplazamiento como la condensación no son


sólo una manera de eludir la censura sino una característica del pensamiento
inconsciente. En el inconsciente, las representaciones son esencialmente
imágenes visuales, que no están ligadas a un lenguaje verbal sino a lo que
Freud denominó representación-cosa, a diferencia del sistema preconsciente
donde las representaciones están ligadas al lenguaje verbal, lo que le
permitirá al sujeto tomar conciencia de los contenidos inconscientes
(representación-palabra).

El sistema preconsciente contiene aquellas representaciones, ideas y


recuerdos que no están presentes en el campo actual de la conciencia pero que
con un pequeño esfuerzo tienen libre acceso a ella. Su funcionamiento está

ZEMQURA
acorde con la lógica que reconocemos como propia por lo que su legalidad
tiene las siguientes características:

Se rige por el proceso secundario: a diferencia del proceso primario, no


admite el libre desplazamiento y la condensación; cualquier representación no
puede ocupar el lugar de otra y si esto ocurre, por ejemplo en la metáfora,
debe guardar una relación lógica o poética con la primera.

Temporalidad: esta característica permite una organización cronológica de


lo vivido, diferenciando los recuerdos de vivencias infantiles y los actuales.
Principio de contradicción: intenta resolver los conflictos que puedan
ocasionar dos contenidos que se contrapongan hasta lograr una solución, ya
que no es lo mismo asumir la contradicción de amar u odiar a una persona.
Principio de realidad: tiene la característica de cumplir una función
reguladora con respecto al principio de placer, postergando las demandas
inconscientes, o dándoles curso mediante rodeos de acuerdo con las
condiciones que plantea el mundo exterior.
La oposición entre proceso primario y secundario corresponde a la forma
de circulación de la energía psíquica en libre o ligada, y paralelamente a la
oposición entre principio de Realidad y principio de Placer.
La conciencia es un momento fugaz, donde las representaciones o ideas, una
vez que acceden voluntariamente a ella, dejan inmediatamente su lugar a otros
contenidos. Esto permite un orden y una discriminación en el pensamiento
consciente del sujeto.

Situada, tópicamente, en la periferia del aparato psíquico, cumple la función


de diferenciar las percepciones internas y externas dentro del conjunto de los
fenómenos mentales, constituyéndose en lo que Freud denominó el Sistema
Percepción-Conciencia. Será entonces un “lugar de percepción anímica” con
respecto a pensamientos, recuerdos, sentimientos, sensaciones placenteras y
displacenteras. Dispone para ello de la atención, aunque su ejercicio no es
totalmente independiente del funcionamiento del aparato psíquico en su
totalidad.

La relación con el preconsciente es que éste cumple la función de


almacenamiento de recuerdos y vivencias, que con poco esfuerzo permiten

ZEMQURA
vencer la segunda censura dejando a los contenidos en un libre acceso a la
conciencia. Como ambos sistemas participan de la misma legalidad, Freud se
refiere a ellos unificándolos como Sistema Preconsciente-Consciente.
Si bien el psicoanálisis, al elaborar esta tópica, produce una profunda
ruptura con los postulados de la psicología clásica, no por ello deja de
considerar la importancia de la conciencia en el funcionamiento psíquico del
sujeto. La finalidad del análisis será “hacer consciente lo inconsciente”. Esto
implicará un levantamiento de la represión integrando los contenidos
inconscientes al sistema preconsciente-consciente. Esta labor, denominada
trabajo elaborativo, consiste en darle palabra a los contenidos inconscientes.
El tiempo que llevará la misma será lo que permitirá la integración progresiva
de estos contenidos a la verbalización por parte del sujeto. El pasaje de la
representación-cosa a la representación- palabra será lo que permita la toma
de conciencia.
En las conferencias citadas anteriormente en la Universidad de Clark, Freud
señala que la toma de conciencia puede tener tres caminos: juicio adverso,
sublimación o satisfacción parcial o total de los deseos. Cuando la represión
es sustituida por unjuicio adverso, puede haber ocurrido que el sujeto haya
producido en su vida infantil una represión de la pulsión sólo porque en esa
época él era muy endeble y su organización muy imperfecta. Con su madurez y
fortaleza actual y como resultado del análisis quizás pueda gobernar lo que le
es displacentero, rechazándolo ya a nivel consciente.
Un segundo desenlace del trabajo psicoanalítico es poder aportarle a las
pulsiones inconscientes descubiertas aquella aplicación posible acorde con
los fines que ya hubiera debido hallar si el desarrollo no hubiera estado
perturbado. Un desarrollo adecuado implica la posibilidad de que dicho
contenido sea sublimado.
La sublimación es un mecanismo mediante el cual la energía de las
mociones infantiles de deseo no es bloqueada sino que se canaliza hacia otro
fin, siendo el mismo reconocido y valorado socialmcntc. Aunque su fin
aparentemente ya no es sexual, la energía que lo sustenta halla sus fuerzas en
una pulsión sexual.

“Es probable que a los aportes de la energía ganados de esta manera para las operaciones
anímicas debamos los máximos aportes culturales.” S. Freud.

Freud considerará como muy importante la capacidad de sublimación por

ZEMQURA
parte del sujeto para los resultados del tratamiento analítico.

El tercero de los desenlaces posibles es la satisfacción parcial o total de


las mociones libidinales, que fueron reprimidas otorgando libre acceso y
canalización a los deseos postergados, en tanto ya no se contraponen con la
actividad consciente del sujeto.
Como ilustración del levantamiento del mecanismo de represión
continuaremos con el ejemplo dado por Frcud en la conferencia antes citada.
“... Consideremos que con el distanciamiento del miembro perturbador y la colocación de
los guardianes ante la puerta el asunto no necesariamente queda resuelto. Muy bien puede
suceder que el expulsado, ahora enconado y despojado de todo miramiento, siga dándonos
qué hacer. Es verdad que ya no está entre nosotros; nos hemos librado de su presencia, de su
risa irónica, de sus observaciones a media voz, pero en cierto sentido, el esfuerzo de
desalojo no ha tenido éxito, pues ahora de ahí afuera genera un espectáculo insoportable, y
sus gritos y sus golpes de puño que aplican contra la puerta estorban mi conferencia más
que antes su impertinente conducta. En tales circunstancias no podríamos menos que
alegrarnos si, por ejemplo, nuestro estimado presidente, el Dr. Stanley Hall, quisiera asumir
el papel de mediador y apaciguador. Hablaría con el miembro revoltoso ahí afuera y acudiría
a nosotros con la exhortación de que lo dejáramos reingresar, ofreciéndose él como garante
de su buen comportamiento. Atendiendo a la autoridad del Dr. Hall, nos decidimos entonces
a cancelar el desalojo, y así vuelven a reinar la calma y la paz. En realidad no es una
figuración inadecuada de la tarea que le compete al médico en la terapia psicoanalítica de la
neurosis.”

Las formaciones del inconsciente

Se podrá ya acordar que el concepto de inconsciente freudiano posee las


características de ser un existente psíquico, de ser reprimido y agregaremos,
de ser eficaz, y lo es en tanto produce efectos: sueños, síntomas y actos
fallidos.
El psicoanálisis no sólo ha oído sino que ha podido escuchar, otorgando
sentido al sinsentido en que se manifiestan las formaciones del inconsciente.
Por ejercicio de la represión, los contenidos inconscientes retoman
deformados a la conciencia, como resultado de una transacción o compromiso
entre el deseo que pugna por su satisfacción y la defensa que intenta
mantenerlo reprimido. En el análisis de estas formaciones de compromiso o
sustitutivas, podemos observar la legalidad y el modo de funcionamiento del
inconsciente (desplazamiento y condensación).

ZEMQURA
Desde un principio Freud escuchó a sus pacientes con frecuencia relatar
algunos de sus sueños y que éstos eran tan incomprensibles para ellos como
sus síntomas. El análisis de estos relatos lo lleva a establecer una relación
entre los mismos.

“El fenómeno onírico es por sí mismo un síntoma neurótico que presenta, además, la
inapreciable ventaja de poder ser observado en todo el mundo, incluso en los individuos de
salud normal.” Freud, S.: Lecciones introductorias al psicoanálisis (1916).

Arriba así a la conclusión de que en ambos casos el deseo imaginariamente


se ve cumplido. En la vida despierta los deseos se hallan sometidos por la
censura. La disminución de la misma durante el dormir permite que estos
deseos tengan mayor posibilidad para manifestarse. La función del sueño es la
de ser el medio por el que se suprimen las excitaciones psíquicas que acuden a
perturbar el reposo, supresión que se efectúa por medio de una satisfacción
alucinatoria.

El sueño para el psicoanálisis es un fenómeno psíquico pero que se toma


como una manifestación incomprensible, aunque es muy probable que el sujeto
sepa de qué se trata: “no sabiendo que lo sabe, cree ignorarlo”.
“Dichos sueños han sufrido una deformación; el proceso psíquico que entrañan hubiera
debido hallar originalmente una muy diferente traducción verbal.

Hay que diferenciar el contenido manifiesto del sueño, tal y como se lo recuerda con
extrema vaguedad por la mañana, que se reviste penosamente y con aparente
arbitrariedad de palabras, de las ideas latentes del sueño, que permanecen en lo
inconsciente...
De este modo resulta tan difícil para el sujeto reconocer el sentido de sus sueños
como para el histérico la relación y el significado de sus síntomas.” Freud, S.:
Psicoanálisis (1909).

La elaboración del sueño será la labor que transforma el sueño latente en el


sueño manifiesto. Los efectos de la misma son: el desplazamiento, la
condensación y la transformación de las ideas en imágenes visuales-, no es
ésta la única forma en que las ideas se pueden revestir, pero las imágenes
constituyen lo esencial en la formación de los sueños.

El sueño manifiesto, como resultado de la elaboración, se puede considerar

ZEMQURA
como una manifestación enmascarada de un deseo reprimido.

‘La elaboración onírica nos hace remontar a una doble prehistoria: en primer lugar a la
prehistoria individual, o sea a la infancia, en tanto y en cuanto todo individuo reproduce
abreviadamente en el curso de su infancia el desarrollo de la especie humana, la prehistoria
filogenética.” Freud, S.: Lecciones introductorias al psicoanálisis (1916).

Los sueños serán estimulados por deseos sexuales infantiles y actuales, dice
Freud, a veces con tan desenfrenada licencia, que han hecho necesaria la
institución de una censura y de una deformación onírica.

En su construcción las ideas latentes se entrelazarán con otras ideas que el


sujeto puede recordar y que corresponden a vivencias del día anterior. Estos
restos diurnos, bajo una ingenua apariencia, ya que hallan una relación más o
menos lejana con el deseo inconsciente, ofrecen algo indispensable al sueño,
ya que burlarán a la censura expresando bajo esta envoltura contenidos
reprimidos.

“... Estableceremos una distinción entre restos diurnos e ideas latentes, dando este nombre
a todo aquello que averiguamos por medio de la interpretación y reservando el de restos
diurnos para una parte especial de tales ideas. Diremos entonces que a los restos diurnos ha
venido a agregarse algo que pertenecía también a lo inconsciente, o sea un deseo intenso,
pero reprimido, y que este deseo es lo que ha hecho posible la formación del sueño. La
acción ejercida por él sobre los restos diurnos crea un nuevo acervo de ideas latentes,
precisamente aquellas que no pueden ser consideradas como relaciones explicables en la
vida despierta.”

El sueño será entonces un cumplimiento de deseos aunque esto no se puede


deducir del contenido manifiesto ya que puede ser tan engañoso que nos diga
lo contrario. El análisis de las pesadillas, por ejemplo, nos suele mostrar este
cumplimiento. Lo que ha ocurrido es que se ha expuesto tan claramente el
deseo que lejos de ser aceptado es rechazado.

En 1932, en el artículo Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis,


Freud hace una acotación señalando al sueño como una tentativa de
cumplimiento de deseos, ya que en determinadas circunstancias el sueño
puede conseguir muy imperfectamente sus propósitos o tiene que
abandonarlos; por ejemplo, en los casos de una fijación a un hecho traumático,
este hecho puede hacer fallar el trabajo de la elaboración onírica.

ZEMQURA
La interpretación analítica a partir de las asociaciones del paciente
permitirán acceder al contenido latente del sueño. Por lo tanto, lo recordado
(manifiesto) ya no serán imágenes relacionadas entre sí sino que pasará a ser
un discurso que puede expresar uno o varios deseos.
El simbolismo onírico implica una representación figurada e indirecta de un
conflicto que por este rodeo puede escapar a la censura. El psicoanálisis
tomará a toda formación de compromiso como simbólica, es decir, el
resultado de la relación entre el símbolo y lo simbolizado inconsciente.
Todo síntoma posee un sentido que se halla ligado a la vida psíquica del
sujeto. Este sentido fue descubierto por el Dr. Breuer en 1880, mediante el
tratamiento de un caso de neurosis. Cabe señalar que recién publicó estas
observaciones diez años después en colaboración con Freud. Este
descubrimiento se constituye en la base del tratamiento psicoanalítico:
partiendo del síntoma se arribó a la existencia del inconsciente.

“Para expresarlo más directamente, por medio de la investigación de los histéricos y otros
enfermos neuróticos, llegamos al convencimiento de que en ellos ha fracasado la represión
de la idea que entraña el deseo intolerable. Ha llegado a expulsarla de la conciencia y de la
memoria ahorrándose así aparentemente una gran cantidad de dolor, pero el deseo
reprimido perdura en lo inconsciente, espiando una ocasión para ser activado, y cuando ésta
se presenta sabe enviar a la conciencia una disfrazada e insustituible formación sustitutiva
de lo reprimido, a la que pronto se enlazan las mismas sensaciones displacenteras que se
creían ahorradas por la represión. Este producto sustitutivo de la idea reprimida, el síntoma,
queda protegido de subsiguientes ataques de las fuerzas defensoras del yo, y en lugar de un
conflicto poco duradero, aparece ahora un interminable padecimiento.” Freud, S.:
Psicoanálisis (1909).

El síntoma será entonces un signo y un sustitutivo de una expectativa de


satisfacción de un deseo y también del resultado de la represión. Algunos
síntomas están más al servicio de la satisfacción del deseo y otros más al
servicio de la satisfacción de la defensa. Estas dos fuerzas opositoras, por
medio de una transacción, se reconcilian en el síntoma. Esto nos muestra cuál
es la causa por la que su disolución presenta tanta resistencia por parte del
paciente. Para Freud, la sola desaparición de un síntoma no implica la
disolución de la enfermedad, pues, manteniéndose aún aquellos contenidos
inconscientes que lo originaron, es posible que encuentren nuevas formas de
expresión

ZEMQURA
Si profundizamos en la teoría nos dirá también que todos podemos ser
considerados neuróticos, pues hasta los supuestamente más sanos llevan en sí
las condiciones que posibilitan la formación de síntomas. Debemos agregar
que el síntoma psíquico es perjudicial o por lo menos inútil y parasitario, y
que el sujeto lo realiza en contra de su voluntad, experimentando así
sensaciones displacenteras o dolorosas que demandan un esfuerzo psíquico
muy alto, quitando dicha energía a otras actividades.
Freud dirá que es un representante de lo reprimido cerca del Yo y de un
dominio muy lejano a él, por lo que el paciente lo vive como incongruente
con sus anhelos, incoercible en la medida en que no lo puede controlar, y
como señalamos anteriormente, incomprensible.
La diferencia fundamental con las otras formaciones del inconsciente es que
pertenece al campo de lo psicopatológico, mientras que el sueño y los actos
fallidos pertenecen al campo de lo que Freud llama “psicopatología de la vida
cotidiana”.
Con respecto a los actos fallidos, diremos que son aquellas acciones en las
que no se obtiene el resultado esperado conscientemente, sino que éste se
encuentra reemplazado por otro sin justificación aparente alguna. Freud
demostró que estas acciones son también formaciones de compromiso entre la
intención consciente y lo reprimido.
En sentido extenso, el acto fallido no sólo engloba a las acciones
aparentemente equivocadas, sino también a los lapsus linguae, olvidos,
pérdida de objetos, errores en la lectura, en la escritura y del
funcionamiento psíquico en general.

“Así pues el psicoanálisis ha extendido considerablemente la amplitud del mundo de los


fenómenos psíquicos y ha conquistado para la psicología dominios que anteriormente no
formaban parte de ella.” Lección IV, Los actos fallidos (1916).

Debemos señalar que estos actos no son fallidos en relación con el


contenido inconsciente, ya que ésta es la forma indirecta que encuentra para su
emergencia. Citaremos un ejemplo que da Freud en el artículo Psicopatología
de la vida cotidiana (1901) en el que podemos observar una combinación de
actos fallidos que se repiten con notable insistencia.

“Por motivos desconocidos para él había Jones dejado sobre su mesa, durante varios días,
una carta, sin acordarse de echarla. Por último se decidió a hacerlo pero al poco tiempo le
fue devuelta por las oficinas de correo a causa de haberse olvidado de consignar las señas.

ZEMQURA
Corregida esta omisión, echó la carta, olvidándose esta vez de poner el sello. Después de
esto no pudo dejar de ver ya su rechazo a mandar dicha carta.”

Agregaremos otros actos a los que ya no denominaremos fallidos sino actos


casuales y sintomáticos, que se muestran también como fallidos, inmotivados
y faltos de trascendencia, y se distinguen de los anteriormente citados por la
ausencia de otra intención distinta a aquella con la que tropiezan. Tornaremos
como ejemplo a aquellos actos casuales que se realizan sin tener una finalidad
aparente: enrollarse el pelo mientras se habla, dibujar garabatos durante un
diálogo telefónico, etc. Estos actos poseerán un sentido, son pequeños indicios
reveladores de otros procesos psíquicos más complejos.

‘^Observaréis que el investigador psicoanalítico se caracteriza por una estricta fe en el


determinismo de la vida psíquica. Para él no existe nada pequeño, arbitrario ni casual en las
manifestaciones psíquicas; espera hallar siempre una motivación suficiente hasta en
aquellos casos en los que no se suele sospechar ni inquirir la existencia de la misma, y está
incluso preparado a encontrar una motivación múltiple del mismo efecto psíquico,
mientras que nuestra necesidad causal, que suponemos innata, se declara satisfecha con una
única causa psíquica.” Psicoanálisis (1909).

El modelo de las series complementarias


Si bien en el comienzo de sus elaboraciones teóricas, Freud parte del
concepto de deterninismo en un sentido simple (causa-efecto), pronto
percibirá que son varias las causas que producen un fenómeno psíquico,
arribando así a la idea de una sobredeterminación. Es decir, a la existencia de
una superposición de diferentes cadenas causales en relación a un mismo
efecto. En 1916, en el artículo “Lecciones introductorias al psicoanálisis”,
define, con mayor claridad, que desde el punto de vista etiológico confluyen
en mayor o en menor medida, según cada caso, tanto factores endógenos
(fijaciones) como exógenos (frustración) para desencadenar una neurosis y la
fijación a ciertos puntos en la trayectoria infantil del sujeto debe ser
conprendida como una cristalización de una determinada cantidad de energía
libidinal.

Este mismo modelo será utilizado para explicar la génesis de toda conducta
humana.

ZEMQURA
Factores hereditarios + factores congénitos
Fijación
(o Disposición)
Serie constitucional + sucesos infantiles

Serie disposicional + factor desencadenante o actual

Serie definitiva

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